Ayer 125/2022 (1): 353-368
Sección: Hoy
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2022
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/125-2022-14
© Manuel González de Molina
Recibido: 16-03-2021 | Aceptado: 16-04-2021
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License

La historia ante el cambio climático: la conciencia de los límites

Manuel González de Molina

Universidad Pablo de Olavide
mgonnav@upo.es

Resumen: Este artículo es una reflexión sobre la historia en los tiempos actuales de crisis ecológica y emergencia climática. Constata la distancia existente entre el discurso historiográfico dominante y las demandas sociales de conocimiento y de experiencias útiles que impone la realidad. Nos encontramos en una situación en la que los retos que hay que afrontar no encuentran respaldo en los relatos del pasado que reproducimos, enseñamos o construimos. El discurso historiográfico dominante solo sirve para legitimar una sociedad en crisis, retardando la conciencia del cambio. El artículo reivindica el importante papel que el conocimiento histórico puede desempeñar en la resolución de los problemas ambientales. Para ello es necesario que la historiografía cambie la manera en que se relaciona con la naturaleza y sitúe al ser humano, la materia prima del relato, en su medio ambiente biofísico. No es esta una pretensión anacrónica o presentista, sino un modo de operar necesario, nada distinto de lo que hicieron otras sociedades en el pasado. Cree necesario, pues, un giro ambiental que refuerce los usos públicos de la historia, difundiendo la conciencia de los límites y cooperando a la resolución de la emergencia climática y, en general, de la crisis ecológica. Ello de manera independiente de quienes quieran comprometerse más activamente en la resolución de la crisis practicando la Historia Ambiental.

Palabras clave: medio ambiente, crisis ecológica, cambio climático, historia ambiental, historia aplicada.

Abstract: This article is about the role of history in these times of ecological crisis and climate emergency. There is a significant gap between the dominant historiographical discourse and the social demands for useful knowledge imposed by reality. We historians find ourselves in a situation in which the challenges to be faced do not find support in the narratives we reproduce, teach or construct. The dominant historiographical discourse only serves to legitimise a society in crisis, delaying the conscience of change. This article also claims the important role that historical knowledge can play in solving environmental problems. This requires historiography to change the way it relates to nature and to place the human being, the raw material of the history, in the biophysical environment. This is not an anachronistic or presentist pretension but a necessary mode of operating, no different from what other societies did in the past. Therefore, an «environmental turn» is necessary to reinforce the public uses of history, spreading awareness of the environmental limits and cooperating in solving the climate emergency and, in general, of the ecological crisis. This is independent of those who want to engage more actively in the resolution of the crisis by practising environmental history.

Keywords: environment, ecological crisis, climate change, environmental history, applied history.

Introducción

Hace unas semanas, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres presentaba un informe 1 que arroja conclusiones alarmantes: la humanidad se enfrenta a graves problemas que están alterando los parámetros biofísicos que sostienen la vida: el cambio climático, la contaminación de los ecosistemas y la pérdida dramática de biodiversidad. Las previsiones sobre el aumento de las temperaturas son muy pesimistas, haciendo cada vez más cercano el escenario de un incremento de tres grados respecto de los niveles preindustriales; más de un millón de especies animales y vegetales están en un peligro de extinción; y la contaminación causa más de nueve millones de muertes prematuras al año. El deterioro del medio ambiente está agravando, además, la desigualdad, la pobreza y el hambre. Guterres advertía que el cambio se está produciendo a gran velocidad, cerca ya de un punto de no retorno, y de que para evitarlo debe variar drásticamente nuestra relación con la naturaleza. Seguir como estamos ya no es una opción.

Desde la Revolución Industrial, al menos, nuestra civilización ha basado su progreso en la ignorancia de la naturaleza y de sus límites físicos, provocando el deterioro de los ecosistemas y el agotamiento de los recursos. La humanidad se encuentra inmersa en lo que John McNeill llamó un «gigantesco y peligroso experimento» 2, conducido por ella misma, donde los procesos naturales y sociales se articulan de una manera sin precedentes, generando dinámicas y sinergias inéditas, impredecibles y sorpresivas, que amenazan a la especie, al equilibrio global y a la vida entera. De hecho, el ser humano se ha convertido en una nueva fuerza geológica, inaugurando a una nueva era en la historia del planeta, el Antropoceno 3.

Lo que sigue es una reflexión sobre el papel de la historia en este momento crítico que busca reivindicar su labor en la resolución de la crisis. Pero para que ello sea posible es necesario que hagamos caso del llamado de António Guterres y que también la historiografía cambie la manera en que se relaciona con la naturaleza. Hemos ignorado los límites ambientales, considerando las sociedades como si viviesen en el vacío material, como si todo fuese posible, y hemos servido como instrumento de legitimación de un modo de proceder que nos ha conducido a la crisis. Del mismo modo que las otras ciencias dedican cada vez más energías a la búsqueda de soluciones, la historia debería también cooperar en ese esfuerzo común. Para ello es necesario que corrijamos esta anomalía y situemos al ser humano, la materia prima del relato, en su medio ambiente biofísico. No es este un ejercicio anacrónico, que reivindique la necesidad de un discurso apegado a la actualidad, sino un modo de operar necesario, nada distinto de lo que hicieron otras sociedades en el pasado.

Unos síntomas preocupantes

El concepto de «límites planetarios» fue acuñado por Rockström y colegas 4 para evaluar si estamos en un «espacio operativo seguro» para la humanidad en nueve dimensiones clave. Estos investigadores sugieren que cuatro de los nueve límites han sido ya sobrepasados 5. Las actividades económicas son la mayor fuerza motriz de las transformaciones biofísicas y directamente responsables de que se hayan sobrepasado tales límites en lo que respecta al cambio climático, los flujos biogeoquímicos y la pérdida de biodiversidad 6.

Gráfico 1
CO2 en la atmósfera y emisiones anuales (1750-2019)

Fuente: https://www.climate.gov/print/8431 (acceso 10 de marzo de 2021).

El fenómeno más preocupante es sin duda el cambio climático, que está provocando el calentamiento global del aire y del océano; la subida del nivel del mar; el deshielo de los glaciares, el permafrost y el hielo marino del Ártico; cambios en los ciclos del carbono, del nitrógeno y del agua; inseguridad alimentaria; escasez de agua dulce; y eventos climáticos cada vez más frecuentes y extremos. Está provocando también la acidificación de los océanos y afecta a la composición, estructura y funcionalidad de los ecosistemas Desde 1880, la temperatura media mundial ha aumentado entre 0,8 y 1,2 grados centígrados. Ocho de los diez años más cálidos registrados se han producido en la última década 7. Ello es debido a la acumulación de gases de efecto invernadero (GEI) de larga duración, cuyo origen se encuentra en la extracción y fabricación de combustibles fósiles y su uso para la generación de electricidad, la industria y el transporte; aunque también tienen su origen en el cambio de uso del suelo, la agricultura y la silvicultura. La concentración en la atmósfera de GEI ha pasado de 277 partes por millón (ppm) en 1750 a 403,3 ppm en 2016, según la Organización Meteorológica Mundial 8. Más de la mitad de las emisiones acumuladas desde la Revolución Industrial se han emitido en las últimas décadas. Las emisiones acumuladas de CO2 para el periodo 1750-1970 (220 años) se estiman en 910 Gt (gigatoneladas), en tanto que las del periodo 1970-2010 ha sido de 1.090 Gt, según el IPCC 9.

Las actividades humanas están provocando también la extinción de especies y comprometiendo la capacidad de los ecosistemas para satisfacer las necesidades humanas. La biodiversidad ayuda a regular el clima, filtra el aire y el agua, permite la formación de suelos y mitiga el impacto de los desastres naturales. También proporciona madera, pescado, cultivos, polinización, ecoturismo, medicinas y beneficios para la salud. Ha quedado demostrada, además, la estrecha relación existente entre la salud ambiental y la salud humana. De hecho, muchas enfermedades infecciosas emergentes están impulsadas por actividades que afectan a la biodiversidad. Los cambios en el paisaje (a través de la extracción y uso de recursos naturales, por ejemplo) pueden facilitar la aparición de enfermedades en la fauna salvaje, los animales domésticos, las plantas y las personas. Se calcula que las zoonosis representan más del 60 por 100 de las enfermedades infecciosas humanas 10. La pandemia causada por el virus SARS-Cov-2 es un ejemplo paradigmático de ello 11.

Se considera que el 42 por 100 de los invertebrados terrestres, el 34 por 100 de los invertebrados de agua dulce y el 25 por 100 de los invertebrados marinos están en peligro de extinción. Entre 1970 y 2014, la abundancia de las poblaciones de especies de vertebrados a escala mundial disminuyó en un promedio del 60 por 100. También se han documentado fuertes descensos en la abundancia de polinizadores. Las presiones más importantes sobre la biodiversidad son ejercidas por el propio cambio climático, la pérdida y la degradación del hábitat; las prácticas agrícolas insostenibles; la propagación de especies invasoras; la contaminación, incluidos los microplásticos; y la sobreexplotación, incluida la tala ilegal y el comercio de fauna silvestre.

Causas estructurales

Todos estos síntomas, y otros más que no hay espacio para señalar, son expresión de la crisis metabólica 12 que experimentan nuestras sociedades, que han ignorado sistemáticamente los límites ambientales. De hecho, el deterioro de los ecosistemas y el agotamiento de los recursos amenazan con arruinar el mecanismo clave que ha hecho funcionar el crecimiento económico, esto es, la apropiación y capitalización de la naturaleza 13. La era de las materias primas baratas parece haberse acabado 14. El consumo de materiales ha alcanzado los 70 gigatoneladas (Gt)/año en 2010, diecinueve veces más que en 1850, casi siete veces más que en 1900 y cinco más que en 1950 15. Unas cifras desproporcionadas que, además, no se distribuyen de manera equitativa. Los países pobres se ven obligados a exportar recursos naturales a precios irrisorios que no pueden invertir en su propio desarrollo. Algunos trabajos han mostrado que el crecimiento económico de los países ricos se mantiene cada vez más gracias a este mecanismo, al que denominan intercambio ecológico desigual 16.

No es posible generalizar los niveles de consumo de los países industrializados ni es posible que ello se consiga mediante el crecimiento económico. Si todo el planeta alcanzara el perfil metabólico medio que actualmente tiene Europa, aproximadamente unas 16 t/capita/año en torno al año 2050, en el que existirán más de nueve mil millones de individuos, el consumo global de materiales alcanzaría los 140 Gt anuales 17. Algunos estudios elevan esa cantidad a 180 Gt/año o 20 t/capita/año en torno a 2050 18. Esto significaría que muchos países tendrían que aumentar su metabolismo en cinco veces el actual; habría que doblar sobradamente el uso de biomasa, cuadruplicar el uso de combustibles fósiles y triplicar el uso anual de minerales y materiales de construcción. Las emisiones per capita podrían triplicarse y las emisiones totales podrían cuadruplicarse hasta alcanzar las 28,8 Gt de Carbono/año, superando el escenario de emisiones más pesimista que ha calculado el IPCC 19. Ni es física ni socialmente posible que la transición al régimen metabólico industrial se complete: la naturaleza no lo permite.

La inviabilidad del modelo no está, pues, en discusión; lo que está en discusión es el tiempo en que podrá mantenerse sin grandes reformas estructurales que lo cambien de arriba abajo. El fenómeno migratorio, que ya es un fenómeno global, no es sino la respuesta de los países pobres ante el expolio de sus recursos y el impacto socioecológico del extractivismo. El auge de las actitudes xenófobas y de los populismos de derecha son respuestas defensivas ante el deterioro creciente y el aumento de la desigualdad que también afecta los países ricos.

Entre tanto, seguimos elaborando relatos del pasado, especialmente de los últimos siglos, que tienen que ver poco con esta realidad. La distancia entre el discurso historiográfico dominante, en su enfoque y en sus contenidos convencionales, y las demandas sociales de conocimiento y de experiencias útiles se hace cada día más evidente. Un discurso diseñado para exaltar el crecimiento económico y fomentar el consumo de bienes y servicios, la manipulación de la naturaleza para incrementar la base física de la producción, sin cuidarse de los costes sociales y ambientales, no puede aportar soluciones a la actual crisis ambiental. Nos encontramos, pues, en una situación en la que los retos que hay que afrontar no encuentran respaldo en los relatos del pasado que reproducimos, enseñamos o construimos. El discurso historiográfico dominante solo sirve para legitimar una sociedad en crisis, retardando la conciencia del cambio.

Un «giro ambiental» necesario

Es necesario, pues, un giro ambiental de la historia o para ser más preciso, de la historiografía. Un giro que permita volver a considerar la naturaleza dentro de la sociedad, de donde fue expulsada por el iluminismo racionalista y su concreción antropocéntrica, el optimismo tecnológico. Si se analizan con cuidado las preocupaciones económicas y sociales de otras culturas, distintas a la occidental, constataremos que las preocupaciones por los recursos naturales, por el medio ambiente, y por la propia «sostenibilidad» de las relaciones sociales han estado presentes con anterioridad al predominio de la civilización industrial. Antes de que se afianzara el antropocentrismo en nuestra cultura, y aún hoy en muchas sociedades no occidentales, la naturaleza formó parte de las preocupaciones de la gente 20. Un giro que parta de un principio fundamental, que las sociedades humanas, cualesquiera sean sus condiciones o niveles de complejidad, no existen en un vacío físico sino que afectan y son afectadas por los fenómenos y las leyes de la naturaleza.

Desde finales de los años ochenta la Historia Ambiental viene reivindicando este giro. En España se asentó a inicios de los años noventa. Sin embargo, no ha logrado permear al conjunto de la historiografía española y ha quedado relegada a una corriente minoritaria. ¿Por qué ha ocurrido esto? ¿Por qué, pese a la gravedad de la crisis, especialmente del cambio climático, el medio ambiente sigue estando ausente de los relatos y metarrelatos que construimos?

Esta pregunta tiene varias respuestas. En primer lugar es debido al ensimismamiento de la historiografía española y su escaso contacto, salvo honrosas y cada vez más numerosos excepciones, con la historiografía internacional y sus corrientes más activas. Precisamente la Historia Ambiental es una de ellas, convocando congresos y reuniones internacionales masivas 21 y revistas de alto impacto en los rankings de historia 22. Es debido a la inercia historiográfica que impone agendas muy cercanas a la realidad política, desde el problema de la articulación territorial del Estado hasta la recuperación de la memoria histórica. También podría argüirse cierta inconsciencia de los problemas ambientales, que corre paralela a la ausencia o baja valoración que en general tiene la opinión pública de ellos. Se puede comprobar, por ejemplo, en la falta de un movimiento ecologista fuerte, en una agenda pública donde apenas tiene cabida esta problemática o en la anómala ausencia de una opción verde en el parlamento español, en contraste con los que sucede en Europa.

Pero también hay que reconocer que quienes nos dedicamos a estos temas no hemos sabido transmitir esta necesidad, ni hemos logrado hacerlos atractivos al resto. Hemos tratado temas y utilizado instrumentales teóricos y metodológicos alejados de los habitualmente utilizados. De hecho, podría decirse que muchos de los temas son considerados más propios de las ciencias naturales y en concreto de los estudios ambientales que propiamente históricos. Solo en la Historia Agraria, y en menor medida en la Historia Económica, han tenido cierta acogida. Ello es producto de una especie de «pecado original» de los historiografía ambiental española. Esta disciplina híbrida 23 surgió vinculada en buena medida a la crisis de la historiografía marxista y la militancia ecologista de muchos de sus miembros. Una disciplina que desde sus comienzos estuvo muy conectada con los debates internacionales. Eso explica su preferencia por los temas más puramente «ecológicos» o ambientales, que significaban una «rematerilización» de los relatos, e incluso la búsqueda de un nuevo metarrelato alternativo. Todo ello en un medio historiográfico dominado por el giro cultural y la dispersión y fragmentación temática. Quizá por ello, los contactos tuvieron lugar más con las ciencias naturales que con la propia historiografía, fundados en la necesidad de un acercamiento transdisciplinar a las temáticas abordadas. Dicho más claramente, la agenda de investigación ambiental ha corrido en paralelo y sin apenas contacto con la historiografía contemporaneísta. A ello hay que añadir que las metodologías cuantitativas a menudo utilizadas no son precisamente atractivas. Como dice Stafania Gallini, refiriéndose a la historiografía latinoamericana, «los términos Revolución Verde, conflictos socio-ambientales, transiciones energéticas, agroecosistema, conservación, bosques y, por supuesto, cambio climático. Su recurrencia en textos de historia general se puede buscar con facilidad... El resultado de la búsqueda es contundente: la historia ambiental ha crecido en un nicho. Sus palabras claves no aparecen en la lengua vernácula de la disciplina histórica» 24. Tampoco ha ayudado el tono aparentemente «catastrofista» a veces adoptado por el movimiento ecologista, los propios estudios ambientales y, en consecuencia, por la historiografía ambiental. A menudo ha elaborado narrativas declesionistas, en contrate con la inercia whig que perdura en la profesión.

Efectivamente, preocupada por los graves problemas ecológicos que emergían por doquier, desde el comienzo la historiografía ambientalista adoptó un tono de denuncia. Así surgió en España, vinculada a la privatización de los montes y a la deforestación subsiguiente, paradójicamente en un momento en que estaba creciendo como nunca la superficie forestal y dentro de ella, la superficie arbolada 25. Siguió con los impactos de la agricultura, la minería, los conflictos ambientales, el movimiento ecologista, etc., temas poco frecuentados. No es de extrañar, pues, que la Historia Ambiental haya sido percibida como una historia del medio ambiente o como una historia de los desastres ambientales.

En un trabajo fin de máster, defendido recientemente en la Universidad de Cádiz, Alberto Martín Torres ha analizado la influencia de la Historia Ambiental en las investigaciones históricas de las últimas décadas 26. Tras una revisión de los artículos aparecidos en las revistas españolas de mayor impacto y alguna de Latino América, el autor concluye que casi todos se corresponden con la categoría «impacto del ser humano en el medio ambiente» y «con temáticas de tipo económico, como métodos de producción, tipos de cultivos, etc. También constan algunos ejemplos que mencionan tierras comunales [...] y conflictos sociales» 27. El autor concluye, a la vista de los números, que la Historia Ambiental en España tiene poco impacto y que sigue siendo muy minoritaria en la historiografía española. Quizá ello pueda explicarse porque, al contrario de lo que sostiene el autor, la historia ambiental española se dirige habitualmente a foros internacionales y publica sus contribuciones en inglés. Se puede comprobar en las revistas internacionales de impacto y en el alto número de citas obtenidas. En la revisión hecha por Martínez Torres se echa en falta un buen número de artículos referidos a la historia de España publicados en revistas como Enviromental History, Environment and History, Rural History, Comparative Studies in Society and History, Human Ecology, Ecological Economics, Land Use Policy, Journal of Industrial Ecology, Ecological Modelling, Anthropocene, Energy Policy, Ecology and Society, Agricultural Systems, etc.

En consecuencia, la historiografía ambiental española no ha logrado influir ni en la agenda de investigación de la historiografía española ni tampoco ha logrado cambiar los relatos más difundidos sobre nuestro pasado contemporáneo. Es el momento de que esto cambie. Quizá no haya que esperar a que la Historia Ambiental española tenga más practicantes o una influencia mayor, quizá lo que haya que perseguir es un objetivo más modesto, pero no menos importante: la asunción del medio ambiente como una variable también explicativa del comportamiento humano y, por tanto, como un componente más de la explicación de los fenómenos históricos.

La conciencia de los límites y los usos de la historia

En cualquier caso, el giro ambiental es un cambio que la realidad demanda. La emergencia climática o la recurrencia de las pandemias, exponen a nuestra civilización ante sus límites y ello debería tener consecuencias para toda la comunidad historiográfica. El giro ambiental debería traducirse en un cambio epistemológico y axiológico que introduzca la preocupación por la sostenibilidad. Pero también en un reforzamiento de los usos públicos de la historia, difundiendo la conciencia de los límites y cooperando a la resolución de la emergencia climática y, en general, de la crisis ecológica. Esta doble función del discurso histórico debería afectar al quehacer de quienes hacen historia.

En efecto, independientemente de que sean construidas por la historiografía ambiental o por la historiografía general, las narrativas deben reflejar este necesario cambio de perspectiva: la acción humana tiene límites naturales que han tenido y tiene costes cuando se sobrepasan. Pese a la imagen catastrofista que evocan, los colapsos socio-ecológicos de civilizaciones a lo largo de la historia comienzan a ganar cada vez mayor consistencia historiográfica, oscurecidos hasta ahora no solo por su dimensión local, sino también por el hábito de construir relatos en el que el progreso no tiene fin 28.

La toma de conciencia de los límites ambientales es quizá la contribución mayor que la historiografía pueda hacer hoy a la resolución de la crisis ecológica. Como constructora de relatos socialmente útiles y como responsable de su difusión, en primer lugar entre el estudiantado. Como dice John McNeill, «thousands of my former students are citizens and consumers, and it is possible that by exposing them to environmental history I have helped shape their behavior in ways that, however small, address global problems» 29.

Pero no solo eso, «los historiadores, utilizando su formación y capacidad de análisis crítico, deben volver a la esfera pública y plantear soluciones a los grandes problemas de la civilización actual: la desigualdad, la gobernanza y el cambio climático», tal y como reclaman J. Guldi y David Armitage 30. Efectivamente, como científicos y científicas, podemos contribuir a la resolución de los problemas globales desde las humanidades. Como acertadamente han señalado Paul Holm y Ruth Brennan, «Human preferences, practices and actions are the main drivers of planetary change in the 21 st century. The academic disciplines of the humanities are largely concerned with how humans perceive, articulate and behave as a species» 31. En esa misma dirección, Paul Holm y demás colegas, empeñados en esta tarea de colaboración de las humanidades con las ciencias del clima, toman las propias observaciones del Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC) para destacar el importante papel que deben desempeñar las Humanidades en la lucha contra el cambio climático: «the world already has at its disposal the technologies for climate change mitigation and adaptation but that the big challenge is related to human acceptance of costs and socio-cultural consequences» 32; y añaden: «Long-term historical analysis not only benefits from but also contributes to the natural sciences, especially in the fields of climate changes, landscape, environment, and conservation. While environmental sciences often rely on relatively recent information from empirical collection and testing, history and archaeology are able to provide baselines for biodiversity and population change on centennial and millennial scales. In recent years, these new interdisciplinary approaches have led to the revision of public conservation and management strategies» 33. Un muestra reciente de estas «integrated environmental humanities» puede verse en el estudio del cambio climático y sus efectos en la Groenlandia medieval, donde los historiadores han tenido un relevante papel 34.

No obstante y con este afán interdisciplinar, los historiadores y las historiadoras pueden involucrarse más activamente en la resolución de los problemas globales practicando Historia Ambiental. De ninguna manera es este un ámbito disciplinario ajeno, propio de las ciencias naturales. La Historia Ambiental no es la Historia del medio ambiente. Puede ser definida como el estudio de la evolución y del cambio de las sociedades humanas, en el que los procesos naturales y sociales son considerados como «agentes activos» en permanente y mutua determinación 35. Parte de un principio básico que define de una manera específica la relación entre naturaleza y sociedad: la consideración del sistema social como una parte más de los sistemas naturales. La Historia Ambiental aspira a entender, pues, la acción humana en su contexto natural, pero no pretende explicarlo todo desde el prima ambiental. En esa medida, aporta al discurso historiográfico la preocupación por la sustentabilidad, en coherencia con su vocación consecuentemente materialista y con la condición material de toda relación social.

En esa medida, es cada vez más frecuente entre la llamada Sustainability Science 36, encontrar quienes destacan el papel fundamental que puede desempeñar la Historia Ambiental para revertir la crisis ecológica. En ese sentido se viene insistiendo en esta dimensión aplicada de la Historia 37. Nosotros mismos lo hemos demostrado, por ejemplo, trabajando sobre los manejos tradicionales del olivar para diseñar técnicas de agricultura ecológica 38; para recuperar variedades tradicionales de trigo, útiles para la industria harinera, por medio de métodos de historia experimental 39; para recuperar y diseñar paisajes sustentables en las áreas metropolitanas 40; o incluso para cooperar al conocimiento de las causas del incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero 41. En definitiva, es hora de que la comunidad de los historiadores e historiadoras dejemos de mirar para dentro de la disciplina y, en colaboración con otras ciencias, nos impliquemos en la resolución de los problemas sociales y ambientales que acucian a la humanidad. Es nuestra responsabilidad como científicos, pero también como ciudadanos y ciudadanas.


1 United Nations Environment Programme (2021). Making Peace with Nature: A scientific blueprint to tackle the climate, biodiversity, and pollution emergencies. Nairobi. https://www.unep.org/resources/making-peace-nature.

2 John R. McNeill: Something New under the Sun: An environmental history of the Twentieth Century World, Londres, Penguin Books, 2000.

3 Will Steffen et al.: «Anthropocene: conceptual and historical perspectives», Philosophical Transaction. Royal Society A, 369 (2011), pp. 842-867, o Paul J. Crutzen y Eugene F. Stoermer: «The anthropocene», en IGBP Newsletter. vol. 41(2000), pp. 17-18.

4 Johan Rockström et al.: «A safe operating space for humanity», Nature, 461 (2009), pp. 472-475.

5 Will Steffen et al.: «Planetary Boundaries: Guiding human development on a changing planet». Science, 347, 6223 (2015).

6 Bruce M. Campbell et al.: «Sustainable intensification: What is its role in climate smart agriculture?» Current Opinion in Environmental Sustainability, 8 (2014), pp. 39-43.

7 United Nations Environment Programme, Global Environment Outlook Geo-6. Summary for Policy Makers. Cambridge, Cambridge University Press, 2019, p. 7.

8 United Nations Environment Programme, Global Environment Outlook GEO-6. Helathy Planet, healthy People. Cambridge, Cambridge University Press, 2019, p. 47.

9 Intergovernmental Panel on Climate Change, Global Warming of 1.5 °C an IPCC Special Report on the Impacts of Global Warming of 1.5 °C Above Pre-Industrial Levels and Related Global Greenhouse Gas Emission Pathways, in the Context of Strengthening the Global Response to the Threat of Climate Change, Sustainable Development, and Efforts to Eradicate Poverty, 2018. http://www.ipcc.ch/­report/sr15/.

10 United Nations Environment Programme, Global Environment Outlook Geo-6. Summary..., p. 8.

11 En este sentido es interesante consultar el recién traducido libro de Rob Wallace: Grandes granjas, grandes gripes, Madrid, Capitán Swing, 2020.

12 Francisco Garrido: «Crisis, democracia y decrecimiento», en Alexandra Aragão, Gisela M. Bester y Gloriete M. Alves Hilário (coords.): Direito e ambiente uma democracia sustentavel. Diálogos multidisciplinares entre Portugal y Brasil, Curitiva, Instituto Memorias. 2015.

13 Jason Moore: Capitalism in the Web of Life. Ecology and the Accumulation of Capital, Londres, Verso, 2015.

14 UNEP (United Nations Environment Programme), Decoupling natural resource use and environmental impacts from economic growth, A Report of the Working Group on Decoupling to the International Resource Panel. Le Mont-sur-Lausanne, Switzerland, United Nations Environment Programme, 2011, y UNEP (United Nations Environment Programme), Global Material Flows and Resource Productivity. Assessment Report for the UNEP International Resource Panel, Le Mont-sur-Lausanne, Switzerland, United Nations Environment Programme, 2016.

15 Fridolin Krausmann et al.: «Material Flow Accounting: Measuring Global Material Use for Sustainable Development», Annual Review of Environment and Resources, 42 (2017), pp. 647-675.

16 Alfred Hornborg: A Lucid Assessment of Uneven Development as a Result of the Unequal Exchange of Time and Space, Lund University Centre of Excellence for Integration of Social and Natural Dimensions of Sustainability (LUCID). LUCID Assessment No 1, November 2011.

17 Fridolin Krausmann et al.: «Material Flow Accounting...», p. 663.

18 Heinz Schandl et al.: «Decoupling global environmental pressure and economic growth: scenarios for energy use, materials use and carbon emissions», Journal of Cleaner Production, 132 (2016), pp. 45-56.

19 Fridolin Krausmann et al.: «Material Flow Accounting...», p. 663.

20 Véanse Víctor M. Toledo y Narciso Barrera-Bassols: La Memoria Biocultural. La importancia agroecológica de las sabidurías tradicionales, Barcelona, Editorial Icaria, 2008, y José Manuel Naredo: La economía en evolución: historia y perspectivas de las categorías básicas del pensamiento económico, Madrid, Siglo XXI editores, 1987.

21 Véanse los congresos bianuales que celebran, por ejemplo, la European Society for Envoiromental History (http://eseh.org/); la American Society for Envi­romental History (https://aseh.org/); o la Sociedad Latinoamericana y Caribeña de Historia Ambiental (http://solcha.org/).

22 Véanse, por ejemplo, Environmental History (https://academic.oup.com/envhis) o Environment and History (http://www.whpress.co.uk/EH.html), ambas en el Q1 de Historia en el Journal Citation Report. En España, la revista Historia Agraria, donde más trabajos de historia ambiental se publican, está situada en Q2, con un factor de impacto muy cercano al de las anteriores.

23 Víctor M. Toledo: «Las disciplinas híbridas: 18 enfoques interdisciplinarios sobre naturaleza y sociedad», Persona y Sociedad 13 (1999), pp. 21-26.

24 Stefania Gallini: «¿Qué hay de histórico en la Historiografía ambiental en América Latina?», Historia y Memoria, núm. especial (2020), pp. 179-233, p. 196.

25 Véase Manuel González de Molina et al.: Historia de la agricultura española desde una perspectiva biofísica, 1900-2010, Madrid, Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, 2019.

26 Alberto Martín Torres: El impacto de la historia ambiental en la historiografía española, TFM Máster de Estudios Hispánicos, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Cádiz, 2016, 98 pp.

27 Ibid., p. 68.

28 Véanse, por ejemplo, Karl W. Butzer: «Collapse, environment, and sicety», PNAS, 109 (10) (2012), pp. 3632-3639; Robert Costanza et al.: «Sustainability or Collapse: What Can We Learn from Integrating the History of Humans and the Rest of Nature?», AMBIO: A Journal of the Human Environment, 36 (7), 2007, pp. 522-527, y Kathy A. Hibbard et al.: «Group report: Decadal-scale interactions of humans and the environment», en Robert Costanza, Lisa J. Graumlich y Will Steffen (eds.): Sustainability or collapse?, Cambridge, MA, MIT Press, 2007, pp. 341-377.

29 John R. McNeill: «As Useful as We Want to Be», en Seeing the woods, blog de Rachel Carson Center: March 1, 2017 (https://seeingthewoods.org/2017/03/01/the-uses-of-environmental-history/).

30 Jo Guldi y David Armitage: Manifiesto por la Historia, Madrid, Alianza, 2016, p. 27.

31 Paul Holm y Ruth Brennan: Humanities for the Environment 2018 Report-Ways to Here, Ways Forward, Vol. 7(3) (2018), p. 1.

32 Citado en Paul Holm et al.: «Collaboration between the natural, social and human sciences in Global Change Research», Environmental Science & Policy 28 (2013), pp. 25-35, p. 26.

33 Ibid., p. 32.

34 Steven Hartman et al.: «Medieval Iceland, Greenland, and the New Human Condition: A case study in integrated environmental humanities», Global and Planetary Change, 156 (2017), pp. 123-139.

35 Rolf Peter Sieferle: «Qué es la historia ecológica», en Manuel González de Molina y Joan Martínez-Alier (eds.): Naturaleza Transformada: estudios de historia ambiental en España, Barcelona, Icaria Editorial, 2001, pp. 31-54.

36 Joachim H. Spangenberg: «Sustainability science: a review, an analysis and some empirical lessons», Environmental Conservation, 38 (3), 2011, pp. 275-287.

37 Véase, por ejemplo, Manuel González de Molina y Víctor Toledo: The Social Metabolism. A Socio-Ecological Theory of Historical Change, Nueva York, Springer, 2014.

38 Manuel González de Molina, Juan Infante Amate y Gloria Guzmán Casado: «Del manejo tradicional al manejo orgánico del olivar: aplicaciones prácticas del conocimiento histórico», Revista de Historia, 70 (2014), pp. 37-68.

39 Guiomar Carranza-Gallego et al.: «Addressing the Role of Landraces in the Sustainability of Mediterranean Agroecosystems», Sustainability, 11 (2019), p. 6029.

40 Joan Marull et al.: «Comparative Energy-Landscape Integrated Analysis (ELIA) of past and present agroecosystems in North America and Europe from the 1830s to the 2010s», Agricultural Systems, 175 (2019), pp. 46-57.

41 Eduardo Aguilera et al.: Emisiones de gases de efecto invernadero en el sistema agroalimentario y huella de carbono de la alimentación en España, Madrid, Real Academia de Ingeniería, 2020.