Ayer 124/2021 (4): 81-107
ISSN: 1134-2277
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2021
DOI: 10.55509/ayer/124-2021-04
© Enrique Bengochea Tirado
© Juan Carlos Gimeno Martín
© Rocío Medina Martín
Recibido: 15-03-2019 | Aceptado: 10-01-2020
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License

Mujeres, colonialismo y nacionalismo saharaui: hilvanando historia(s) *

Enrique Bengochea Tirado

Universidade Nova de Lisboa
etirado@fcsh.unl.pt

Juan Carlos Gimeno Martín

Universidad Autónoma de Madrid
juan.gimeno@uam.es

Rocío Medina Martín

Universitat Autònoma de Barcelona
rocio.medina@uab.cat

Resumen: Combinando la indagación en los archivos coloniales de la actuación de la Sección Femenina y los testimonios de mujeres y hombres saharauis recogidos en el terreno sobre la participación social y política de las mujeres saharauis, el texto aborda cómo las intervenciones coloniales en el sistema sexo-género, además de transformar las vidas de los y las saharauis durante el colonialismo tardío (1958-1976) y en el proceso de liberación nacional saharaui, fueron imprescindibles para imponer los intereses económicos, sociales y culturales de la metrópolis. Este trabajo nace de insertar en diferentes disciplinas y metodologías, como la historia y la antropología, una perspectiva feminista descolonial que evidencia la necesidad que han tenido los proyectos coloniales de intervenir los sistemas sexo-género precoloniales como operación indispensable de la lógica colonial.

Palabras clave: colonialismo, descolonialidad, género, Sahara Occidental, Sección Femenina.

Abstract: The article is based upon research in colonial archives of Sección Femenina of the Spanish Falange, together with oral testimony collected in the field about the social and political participation of Sahrawi women. It demonstrates how colonial interventions in the sex-gender system, in addition to transforming the lives of Sahrawi men and women during late colonialism (1958-1976) and the subsequent period of national liberation, imposed metropolitan economic, social and cultural interests. This work inserts a feminist decolonial perspective within the different disciplines and methodologies of history and anthropology. To be sure, the intervention into precolonial sex-gender systems was an indispensable operation in the colonial logic.

Keywords: colonialism, decoloniality, gender, Western Sahara, Sección Femenina.

Introducción

Aunque la contribución de las mujeres a las luchas anticoloniales y a los procesos de construcción nacional es cada vez más tenida en cuenta, sigue habiendo un déficit de su presencia que resulta llamativo en ciertos procesos históricos. Esto es especialmente cierto en el caso de las mujeres saharauis, que están en el centro de este artículo, tanto en el periodo final de la colonización española como en el surgimiento y desarrollo del movimiento de liberación nacional. Su silenciamiento, acentuado con la invisibilización y olvido de la cuestión del Sahara Occidental 1, incrementa el desconocimiento de su contribución a las luchas anticoloniales, la autodeterminación y la construcción de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) 2. Este trabajo nace del diálogo de diferentes disciplinas y metodologías que incluyen la historia y la antropología, articulando una perspectiva de género con un enfoque que tome en cuenta la colonialidad de los procesos históricos específicos, delimitados en el espacio y el tiempo.

Entendemos que la investigación de los procesos históricos debe tener en cuenta los dos sentidos de la historia y sus relaciones a los que se refiere el antropólogo haitiano Michel Rolph Trouillot: los hechos ocurridos («la historia de lo que fue») y las narraciones de estos hechos [«la(s) historia(s) que se cuenta(n)»] 3. La historia del Sahara Occidental todavía está por hacer (tanto en cuanto a los hechos como a las narraciones que los producen con significación histórica): en la condición de territorio cuyo futuro está en disputa, librada a partir de una larga guerra entre Marruecos y el Frente Polisario que se hallaba (hasta finales de 2020) en lo que parecía un punto muerto, y también están en disputa las interpretaciones históricas sobre el conflicto. La dificultad de acceder al «campo» de estudio y la condición del mismo, en tanto que objeto de investigación constituido como «campo minado», han hecho que las investigaciones históricas sobre el territorio hayan tenido que reducirse en gran medida al trabajo de archivo; un archivo colonial cuyas categorías y sistematización responden a las exigencias de conocimiento y control metropolitano sobre las poblaciones colonizadas. Hoy no es posible desconocer las dimensiones eurocéntricas y androcéntricas de la producción de los documentos coloniales y la necesidad de utilizar los documentos de archivo de manera crítica para desvelar la realidad de la población colonizada —aquí la población saharaui— y de una manera aún más crítica si se refieren a las mujeres y a las relaciones de género. Por otra parte, la contemporaneidad del conflicto del Sahara Occidental, que contribuye paradójicamente a producir su olvido, exige de quienes investigan perspectivas que reconozcan a los sujetos subalternizados y contribuyan a hacer visibles sus cuerpos y escuchar (con atención) sus voces negadas; exige también explicitar la localización y actitud de las personas investigadoras, el lugar de autoridad desde donde producen sus investigaciones y escriben sus textos.

Así, en este trabajo, centrado en la contribución de las mujeres saharauis a las luchas anticoloniales y a la descolonización del pueblo saharaui, tratamos de contribuir al esfuerzo por descolonizar los relatos orientalizados respecto a las mujeres árabes, beduinas como son las mujeres saharauis, mediante un enfoque que nos sitúe «cerca» de estas mujeres y nos prevenga para no hablar «acerca» de ellas 4, un enfoque que, en definitiva, buscaría comprender la vida de estas mujeres saharauis tal y como es vivida por ellas mismas.

Situando el contexto histórico: historia y relatos

El pueblo saharaui es un pueblo beduino, nómada, que habita un territorio que fue colonizado por España y Francia a finales del siglo xix 5. Antropológicamente se trata de un pueblo que practicaba estrategias de adaptación ecológica y organización tribal segmentaria 6 y supuestamente patriarcal 7, en un hábitat árido, al oeste del desierto del Sahara, un amplio territorio denominado Trab al-bidan que ocupaba el sur actual de Marruecos, el Sahara occidental, el norte de Mauritania, el suroeste de Argelia y el noroeste de Mali 8. Caracterizado por una rica tradición oral producto de una hibridación de pueblos (bereberes, árabes, negros), el conjunto de qabilas 9 (o tribus) englobadas en la sociedad sahariana se enfrentó a la colonización mediante la acomodación y apropiación y, a la par, una persistente resistencia anticolonial 10. En el proceso fue conformándose el pueblo saharaui, a la luz de los procesos de descolonización que desde los años 1950 movilizaron las luchas anticoloniales en el Magreb y en África. Fruto de esta movilización fue la guerra Ifni-Sahara, la última guerra colonial española que solo en la actualidad ha comenzado a ser objeto de estudio histórico. Tras la misma, el Gobierno español intentó blindar la situación de la colonia a través del Decreto de Provincialización de 1958 que declaró el Sahara español como «provincia de ultramar» el 10 de enero de 1958, a pesar de que desde 1955 la ONU pedía cuentas a España sobre el proceso de descolonización.

Desde el punto de vista identitario, aunque desde 1884 se dividió a la sociedad saharaui entre la influencia francesa y la española, la población mantuvo relaciones de parentesco, muchos elementos de su cultura y, sobre todo, la solidaridad agnática, lo que permitió más adelante el fermento revolucionario tanto en las ciudades como en el desierto (la badia). Asimismo, el hecho de concebirse como un mismo pueblo 11 se hace presente en la resistencia saharaui organizada, que con precedentes históricos anticoloniales, crea el 12 de diciembre de 1969 el Movimiento de Vanguardia para la Liberación del Sahara (MLS), dirigido por Mohamed Uld El Hadj Brahim uld Lebsir, un joven saharaui nacido en Tan Tan y conocido como Bassiri. El MLS se fijó como objetivo la independencia del Sahara, pero conservando los lazos con España, de la que se iría desprendiendo de forma gradual. Para mediados de 1970, la organización contaba con 5.000 personas adscritas, y con ocasión de la decisión del Gobierno General del Sahara de convocar el 17 de junio de 1970 una reunión en El Aiún para mostrar la adhesión saharaui a España, el MLS respondió con una manifestación alternativa a la que acudieron miles de saharauis de todo el país mientras el mencionado encuentro quedaba apenas sin asistencia. Tras algunas negociaciones que hacían aparecer como posible el diálogo político, a las siete y media de la tarde se empezó a cargar contra la manifestación provocando decenas de muertos y heridos 12. Tras la matanza, Bassiri fue detenido y trasladado a la cárcel, donde, tras ser interrogado y torturado, desapareció hasta hoy. Lo relatado fue el «grito» de Zemla, intifada y mito fundacional del nacionalismo saharaui e hito histórico que abonó la emergencia del Frente Polisario el 10 de mayo de 1973; según este mito, Bassiri se convertía así en el primer mártir y desaparecido del nacionalismo saharaui a manos del ejército español.

El Acuerdo Tripartito de Madrid, firmado el 14 de noviembre de 1975, condujo al abandono unilateral del territorio del Sahara Occidental por España en febrero de 1976, al mismo tiempo que se proclamaba la RASD. La ocupación violenta por sus vecinos, Marruecos y Mauritania, no había esperado a los acuerdos; en octubre de 1975 se produjo un «éxodo» masivo de la población saharaui a los actuales campamentos que ocupan al sur de Argelia. Organizado como Frente Polisario, el pueblo saharaui mantuvo una guerra con sus vecinos ocupantes hasta 1991 (Mauritania abandonó la guerra en 1979). Tras el alto el fuego en 1991, el Frente Polisario y el Reino de Marruecos aceptaron la celebración de un referéndum para dirimir la cuestión; el conflicto del Sahara Occidental entra entonces en una nueva dinámica. El pueblo saharaui vive hoy dividido, separado por un muro de 2.700 kilómetros construido desde 1981 por Marruecos para contener las incursiones del Frente Polisario. A un lado, una parte del pueblo saharaui vive bajo la ocupación marroquí; al otro, el resto vive en los campamentos al sur de Argelia. Una pequeña porción habita el territorio liberado que está en manos del Frente Polisario, donde se concentran sus fuerzas militares y donde es posible, aunque complicada, la vida nómada (por la existencia de millones de minas sembradas durante la guerra y la escasez de agua y otros recursos). Un porcentaje creciente de la población saharaui vive hoy en la diáspora en distintos lugares, en especial en España, si bien muchas de estas personas se encuentran en situación de apátridas.

Haciendo española la nueva provincia africana

Un factor clave en el cambio de la actitud de España frente a sus colonias se dio tras su entrada en las Naciones Unidas en 1955, cuando, en virtud del capítulo XI de la carta de la organización, le fue requerida información sobre los territorios no autónomos bajo su soberanía. Para evitar comprometer su permanencia en las colonias africanas y en consonancia con la respuesta portuguesa 13 a la misma situación, negó su estatus colonial. Sahara, Ifni, Río Muni y Fernando Poo pasaron a ser consideradas provincias, evitando, con esta figura retórica, la citada categoría. Para ello transformó la antigua Dirección General de Marruecos en la Dirección General de Provincias y Plazas Africanas, aprobándose en enero de 1958 un decreto que daba a las colonias del oeste sahariano el estatus de provincias y poco después otro para las ecuatoriales.

Se trata de un proceso que en lo económico está englobado en lo que se ha venido a llamar «segunda colonización» 14. En este contexto, el colonialismo europeo acometió una intensificación de la inversión pública en un tipo de economía dirigida bajo el marco de la modernización; un proceso al que las propias metrópolis no eran ajenas. Los esfuerzos franquistas por construir infraestructuras e industrias propias se plasmaron tanto en las colonias como en la Península, coincidiendo en los primeros años sesenta la intensificación de la colonización de la provincia con la aplicación de los planes de desarrollo 15. En este sentido, merece la pena señalar cómo no solo se potenció una economía extractiva basada en los fosfatos 16, sino que se realizaron una serie de esfuerzos encaminados a transportar a la provincia africana lógicas económicas que estaban teniendo éxito en otros puntos de la geografía española como, por ejemplo, su conversión en destino turístico.

De forma paralela a la instalación industrial y transformación productiva, se dotó al territorio de toda una serie de instituciones y prácticas que simbólicamente equiparaban la provincia africana al resto de las metropolitanas. Con el tiempo, hospitales, escuelas, institutos y otros edificios dependientes de la administración fueron poblando los centros urbanos de nueva creación. El tropo del desarrollo y la modernización impregnó todas estas iniciativas de la mano de un discurso imperial que justificaba la permanencia española en el Sahara en su capacidad de integrar lo saharaui en la cultura «nacional». Pese a la hegemonía de este discurso, se crearon unas condiciones de desigualdad social entre colonizadores y colonizados en el ámbito urbanístico 17, educativo 18, judicial y laboral 19. Como explicaba Tiba, director de cultura del Ministerio de Cultura de la RASD en 2011: «La intención del colonizador era dominar. Los saharauis eran ciudadanos de segunda clase, se trataba de que no adquirieran conocimientos para poder independizarse; hubo saharauis a quienes se enseñó a conducir, pero se les prohibió abrir el capó de un coche» 20. Esta situación queda comprendida en la categoría de mímesis, mediante la cual Homi Bhabha se refiere a una estrategia del discurso colonial cuya intención es «normalizar» al sujeto colonial, pero siempre como una figura incompleta, de manera que el sujeto colonizado «es casi lo mismo, pero no exactamente» al sujeto colonizador 21.

Construyendo el proyecto hispanizador a través
de la Sección Femenina

Es en este contexto en el que debemos situar la presencia de la Sección Femenina en el Sahara español. Durante el primer lustro de los años sesenta, la organización implementó toda una serie de intervenciones en la provincia, sobre todo en El Aaiún, la capital, aunque también se llevaron a cabo actividades en Villa Cisneros y, con el tiempo, en otros centros urbanos menores como Smara, Aargub, La Güera y Bu Craa. Este programa de aculturación, referido como «hispanización», vendría a constituir una agenda asimilacionista 22. En este caso, no diferiría mucho de lo desarrollado bajo otros imperios coloniales. La «cultura española» que se trataba de transmitir en las instituciones educativas coincide con lo que Aimé Césaire definía como subcultura. Con este término, el pensador martiniqués definía una reconstrucción artificial de la propia cultura del colonizador enunciada para cumplir con la «misión civilizadora» 23. Un proyecto que, en gran medida, era evaluado respecto al añorado Imperio español en América y que tenía como principal referente la utilización del castellano, aunque también incluía la incorporación por parte de la población colonizada de rasgos, costumbres y lugares comunes de «lo español» 24. Dichas incorporaciones se impulsaban al margen de la población local, sobre la cual había un gran desconocimiento por parte de los agentes metropolitanos, tanto en el caso de las mujeres como en la sociedad en general, que hasta los años de 1960, cuando se puso en marcha la urbanización, se habían mantenido al margen de la influencia colonial.

Cabe señalar el contexto de cambio económico y social que estaba viviendo la sociedad saharaui, así como la importancia dada al hogar como elemento estructurador de la célula básica de consumo por parte de la organización falangista, para entender el concepto de hispanización. La central situación simbólica de las mujeres en este espacio hacía especialmente relevante la actuación sobre ellas. Estas debían atender a su familia en el hogar, pudiendo acceder al trabajo solo como complemento del salario masculino. Su participación política debía pasar en exclusiva por las instituciones propias de las mujeres presentes en la dictadura, en este caso la Sección Femenina. Por su parte, para los hombres se debía dejar la preeminencia en el trabajo y el control de la política, ambos incluidos en una esfera pública masculinizada.

A lo largo de 1963 y 1964, los primeros documentos creados por la organización falangista para el territorio fueron definiendo este proyecto hispanizador. En 1963, una vez se decidió que la Sección Femenina iba a iniciar en el Sahara una delegación provincial, se envió a la inspectora del Sindicato Español Universitario (SEU), organización universitaria del partido único, para realizar un informe sobre las posibilidades de acción de la organización en el territorio. El análisis de este resulta muy revelador de las expectativas que las falangistas tenían sobre la sociedad saharaui y sobre cómo pretendían transformarla, tanto por las descripciones que hizo de la misma como de las oportunidades de desarrollo en las que incidía.

Para realizarlo, la inspectora visitó El Aaiún, Daora y Villa Cisneros entre los días 8 y 15 de marzo de 1963. Después se dirigió a Rio Muni y Fernando Poo, donde hizo lo propio respecto de las provincias ecuatoriales. Durante estos días visitó ciertos puntos clave de las ciudades y se entrevistó con ciertas personalidades, la gran mayoría españoles metropolitanos, bien pertenecientes al Gobierno, bien relacionados con la educación. En la lista en la que se enumeran estas opiniones solo aparece «el Hatri y otro jefe nativo» en El Aaiún y «dos niñas nativas, dependientas de una tienda» en Villa Cisneros.

El resultado fue un proyecto en el que todas las autoridades parecían interesadas. «Los padres de las niñas europeas y ellas mismas» se sintieron atraídas por las actividades que podían desarrollar, como las vinculadas al Círculo de Juventudes; además, tanto el gobernador general como el secretario general, el delegado gubernativo de la zona sur, el delegado de información y seguridad, el del Frente de Juventudes y el prefecto apostólico consideraron que sería «fundamental» y «necesario» para las mujeres saharauis. Solo las autoridades saharauis parecían no estar entusiasmadas: «El jefe principal de los nativos, el Hatri, una vez se le explicó lo que se pretendía hacer, agradeció nuestro interés y dijo le parecía bueno se capacitara a sus niñas y mujeres. Y que no podía aportar ninguna idea, pues desconocía lo que se podía hacer por ellas» 25.

Esta reacción resulta muy reveladora de la presión exógena que suponía el proyecto falangista sobre la sociedad saharaui, así como de la intersección entre autoridad colonial y masculina. Las autoridades metropolitanas privilegiaban la intermediación masculina en su relación con las sociedades colonizadas, produciendo un cambio en la capacidad de decisión de los hombres en las mismas 26. Desde ese momento se implantaría la organización de mujeres en una doble encrucijada. En tanto que poder colonial, supuso la realización de ciertas políticas desde un grupo (mujeres metropolitanas) hacia otro (mujeres colonizadas), y en tanto que propuesta generizada, se proyectaba una jerarquización por la cual los hombres tendrían el poder político a través del control del espacio público y las mujeres serían reconducidas al nuevo espacio privado 27.

El informe describía una sociedad extraña, alejada de la metropolitana. Respecto a la organización familiar, dejaba constancia tanto del divorcio, que podía tener lugar por iniciativa del hombre o de la mujer, como del matrimonio temprano de algunas niñas, además de las formas de filiación basadas en la qabila 28. Difícilmente este sistema podía ser asimilado al propuesto desde el falangismo, que situaba en una posición central el matrimonio cristiano (con una gran aversión al divorcio) reunido alrededor de un hogar que comprendía marido, esposa e hijos, cada uno con roles diferenciados, pero que, en su conjunto, era concebido como la célula básica de la nación, pivote central en las formas de identificación 29.

Pese a describirse un sistema familiar que no se correspondía con las expectativas de lo que la Sección Femenina deseaba para la sociedad española, las posibilidades de acción de la organización falangista se encauzaron al ámbito del trabajo. El reparto generizado del mismo resultó chocante a la inspectora, diciendo de los hombres que eran «orgullosos, guerreros, pues han vivido mucho del pillaje, poco trabajadores; se dedican solo al pastoreo en la actualidad y a muy pocos oficios. Solo he visto a majarreros o plateros. Hacen las tareas normales de la casa. De tal manera que son mejores para el servicio doméstico que las mujeres» 30.

En este sentido el problema era doble, ya que no solo los hombres no cumplían con los roles asignados para su género en el reparto del trabajo, sino que no se permitía a las mujeres desarrollar aquellas actividades que les eran propias. En un contexto de desarrollo como era el de mediados de los años sesenta, en el que la Sección Femenina pretendía abanderar la lucha de las mujeres por el acceso al mercado de trabajo, resultaba imprescindible que las saharauis accedieran a los nichos de trabajo remunerado reservado para ellas. Así, con indignación indicaba la inspectora en el apéndice dedicado a «Trabajo»: «Servicio doméstico: no existe elemento femenino europeo. Los que trabajan en esto son los nativos, ellos (pues ellas no saben hacer nada), y se les da el nombre de ordenanza y el Gobierno paga a cada funcionario suyo dándole 1.300 pesetas al mes y comida. También hay bastantes “ordenanzas para todo” entre los legionarios» 31.

Resulta interesante cómo en esta situación las categorías de raza y género se cruzan con la de clase, relacionando las formas de trabajo también con la posición social. Los legionarios eran considerados una clase baja dentro de la militarizada jerarquización de la provincia y, por tanto, asimilable a ciertos hombres saharauis 32. En este juego, a las mujeres saharauis se les reservaba la categoría de «mujer rural», una figura que la organización falangista había estado utilizando desde los momentos más tempranos de la instalación de la dictadura franquista y que continuaba siendo un paternalista objeto de desarrollo en el contexto de los años sesenta. Así, el discurso que dio Pilar Primo de Rivera en el Primer Consejo Nacional de la Sección Femenina en 1939, por el que mostraba una visión idealizada de la vida rural para el futuro de la España arrasada por la guerra, seguía mostrando el eje programático de la actuación de la organización veinticinco años después en la colonia: «Para vosotras los pueblos de España serán más limpios, más alegres, más cultos; por vosotras los niños cantarán en las plazas y en las eras romances antiguos sacados de vuestra propia tierra; por vosotras las mujeres volverán a tejer en los telares mientras duermen a los niños y preparan la comida para cuando vuelva el marido a la casa» 33.

En el Sahara, el informe preliminar indica que lo más importante para el futuro de la organización pasa por el desarrollo de actividades manuales, debido a que a las mujeres «les cuesta asimilar lo cultural» 34. De este modo, la propuesta de la inspectora es la implantación de una escuela de formación específica para ellas: «Capacitar a las nativas en la escuela de formación que monte la SF en las cosas más elementales sobre todo en algo de artesanía y en industrias rurales con el material natural que allí tienen: lana de camello, curtido de piel de camello y cabra, fabricación de esteras, etc.» 35. Estas propuestas nacen de la imposibilidad de comprender el papel productivo y reproductivo desarrollado por las mujeres en la sociedad precolonial. El informe abunda en referencias a la ociosidad femenina y a su incapacidad para trabajar de forma correcta, pudiéndose leer fragmentos como: «Se sabe juguete del hombre, luego muy caprichosas y vagas. Casi solo saben hacer las telas de lana de camello para cubrir sus jaimas. Siempre están reunidas amigas y parientes tomando té». Sin embargo, a través de figuras como la tuiza no solo estas participaban de la producción 36, sino que se estrechaban los lazos de sororidad que constituían un importante mecanismo social.

Pero las actividades de la Sección Femenina no estaban solo dirigidas a las mujeres saharauis, pues había toda una línea de intervención dirigida a las mujeres metropolitanas. Algunos elementos, como el planteamiento del Servicio Social, que era obligatorio para las jóvenes metropolitanas y optativo para las de la colonia, planteaban una soterrada línea divisoria entre ambos colectivos. Sin embargo, la organización falangista tenía entre sus objetivos su comunión y planteaba proyectos como clases de trabajos manuales conjuntos: «Se podría organizar para nativas y europeas clases de trabajos manuales que todas están deseando» 37, aunque el deseo planteado en este fragmento surgiese solo de las españolas.

Otros documentos interesantes para comprender los entresijos del proyecto que la Sección Femenina planteó en un principio para la colonia tienen por título: «Plan para las provincias africanas» 38 y «Guión general de los servicios de artesanía y rural como posibles para organizar en la provincia africana de Aaiún» 39. Ambos fueron escritos entre la visita de la inspectora del SEU y la efectiva instalación de las primeras falangistas —alrededor de 1963—, y fueron redactados desde Madrid aplicando a la información que habían recibido programas que habían desarrollado en la metrópolis. El primero de estos textos incide en el desarrollo de las actividades relacionadas con las escuelas. Se proponía el apoyo a las maestras y profesoras de las enseñanzas de la Sección Femenina, así como la selección de alumnas para disfrutar de becas en la Península en colegios menores y escuelas profesionales. También se alentaba la creación de círculos de juventudes en El Aaiún y en Villa Cisneros. Al respecto se apuntaba: «Teniendo en cuenta las características de estas poblaciones de África, organizaremos, además de las actividades que le son propias, cursos para desarrollar y cultivar la artesanía propia del país, de enseñanzas del hogar y ciencia doméstica» 40. Sin embargo, poca adaptación se podía concretar desde Madrid, donde se escribió esta guía. Las siguientes páginas se centran en describir las actividades comunes a todos los círculos de juventudes, planteando incluso seguir el calendario litúrgico cristiano para el mismo. Solo al final se puede encontrar una pequeña mención a las niñas saharauis: «Tenemos que lograr que con esta formación que vayan recibiendo las niñas indígenas, consigamos en ellas una educación que las haga capaces como futuras madres de elevar la vida de estas provincias y de dirigir dentro de unas generaciones, por sí mismas, todas estas actividades» 41.

La formación que proponía la Sección Femenina, tanto para las saharauis como para las metropolitanas, estaba íntimamente ligada al hogar, al ser las mujeres las encargadas de formar a otras en las técnicas que permitiesen un adecuado trabajo reproductivo tanto en la crianza como en la higiene del espacio de la casa. Pero, debido a su condición colonial, se tenía especial cuidado en introducir a las mujeres saharauis en las lógicas culturales españolas, bien a través de la inmersión en la cultura metropolitana con las becas en la Península, bien por la intimidad con las niñas españolas en los círculos de juventudes.

El segundo texto anterior al desarrollo de la delegación provincial fue redactado por la Regiduría de Trabajo y consistía en una serie de propuestas para el desarrollo de la artesanía local. En este sentido, la propuesta era empezar montando la «obra social de ayuda al hogar» para poder desarrollar, en un futuro, una cooperativa artesana. Entre los objetivos de estas actividades estaría el «aumentar los ingresos familiares con el trabajo de la mujer hecho en el hogar y a horas compatibles con sus obligaciones caseras» 42, así como «resurgir e intensificar la producción artesana o tratar de crearla sobre bases de alguna circunstancia de tradición, existencia de materias primas, vida de sus pobladores, etc.» 43. Estos planes tendrían que seguir varios pasos, siendo el primero localizar algún nicho de producción susceptible de ser considerado industria artesana y rural. De este modo se folclorizaban las formas de producción del lugar, estandarizándolas e introduciéndolas en la lógica del mercado. El trabajo aportado por las mujeres en este proceso estaría ligado al hogar económicamente, como suplementario del salario principal aportado por el hombre. Además, el hogar estaría ligado a la tradición, siendo solo las labores «típicas» las susceptibles de desarrollarse en este sentido, poniendo un límite simbólico a la capacidad de las mujeres de contribuir a la «modernización» del territorio.

Con el tiempo, estos planes se tuvieron que adaptar a la experiencia sobre el terreno de las propias falangistas, concretándose en una serie de intervenciones. Las principales fueron las Escuelas de Hogar de El Aaiún y Villa Cisneros, donde grupos de mujeres recibían clases de costura, corte, cocina, puericultura, economía doméstica y formación familiar y social, además de alfabetización y canciones y danzas, según la edad de las participantes. En El Aaiún se encontraba también la Escuela-Hogar, un proyecto educativo en régimen de internado o seminternado para niñas saharauis y, durante algún tiempo, niñas metropolitanas. Junto a la misma se encontraba el taller de confección, que terminó transformándose en una cooperativa industrial textil. Además, por todo el territorio circularon cátedras ambulantes buscando introducir a las mujeres saharauis en ciertas formas de habitar los hogares.

Todas estas iniciativas ponían en relación una imagen cultural que hacía referencia a «lo español» con ciertas prácticas productivas y reproductivas a través de la figura del hogar. A su vez, haciendo recaer en las mujeres la responsabilidad sobre este espacio generizado, se podía medir en ellas el alcance del proyecto colonial. En este sentido, las mujeres saharauis que participaban en la organización falangista encarnaban el éxito de la labor colonial española. Sin embargo, y paradójicamente, cuando emergió el movimiento nacionalista del Frente Polisario, estas mujeres se integraron en él, menospreciando la iniciativa política promovida por el gobierno de la metrópoli de crear un partido político, el PUNS, ya en 1974.

Las mujeres saharauis frente al proyecto colonial

Atendemos ahora a la dimensión salvífica del discurso colonial que, instrumentalizado por mujeres de la Sección Femenina y destinado a las mujeres saharauis, insinuaba la justificación de la colonización también en la liberación de las mujeres saharauis de la ignorancia, de la falta de higiene, etc. Todo ello implicó el intento de asimilación de las mujeres saharauis de familias recientemente sedentarizadas a los estándares de género del nacional-catolicismo bajo un aparente respeto a la religión islámica, convertida en marcador racial naturalizado e invisibilizado. Hay indicios para pensar que este entramado de resignificaciones pudo ser percibido por las mujeres saharauis como una pérdida de poder. Juliano recoge una expresión muy citada entre las mujeres saharauis que, a día de hoy, aún las mujeres de mediana edad suelen recordar: «Nuestras abuelas y nuestras madres nos decían, os estáis volviendo muy sumisas» 44. Concepción Mateo, delegada provincial de la Sección Femenina, reconocía en sus informes los espacios de poder que las mujeres saharauis mantenían dentro de la sociedad: «La mujer de este territorio no solo influye, sino que manda» 45.

Como señala María Lugones, es una característica de los órdenes coloniales restringir los espacios de poder que las mujeres mantienen en un determinado orden patriarcal previo en connivencia con los hombres 46. Esta restricción también se intentó en el Sahara, donde el poder de los hombres saharauis se potenció de la mano de la política de distribución de «ayudas sociales» que identificaba a los varones saharauis como cabezas de familia en una construcción colonial, occidentalizada y androcéntrica de la tribu 47. Por señalar un solo ejemplo: la readaptación colonial española de la Yemáa impuso que el divorcio, reconocido tradicionalmente en la sociedad saharaui y regulado a partir de controles informales y leyes no escritas, implicase un pago de 50.000 duros por parte de la mujer que quisiera divorciarse. Correale muestra, en base al trabajo de archivo, que durante los años sesenta del siglo pasado las «ayudas sociales» procedentes de la metrópolis eran proporcionadas a los chiuj, quienes intentaron reforzar una autoridad sin verdadero prestigio, a la vez hacia sus propias familias y redes de parentesco y hacia las autoridades coloniales, y escribe:

«Una de las consecuencias más relevantes de esta política es la creación de un embrión de clase mediana saharaui, tanto en el sentido económico-liberal del término, que en el sentido de intermediarios entre el ejecutivo provincial y la gente que no tiene acceso directo a la administración. Esta clase está representada esencialmente por los Chiuj y su personal que gestionan la distribución de las ayudas; y por los que, entre ellos, se apropian ilegalmente de los donativos para ponerlos en los circuitos comerciales informales que salen de Sahara y alcanzan Argelia, Marruecos y Mauritania» 48.

El reforzamiento del patriarcado por el orden colonial tuvo su correlato en la clasificación de la sociedad en tribus, lo que se ha proyectado hasta el momento presente. Isidoros nos recuerda que «la lista de identificación del votante se basó en el último censo colonial español de 1974, que a su vez procedía de Del Barrio et al., 1973, Las tribus del Sahara. Ha habido otros intentos de contar a los saharauis como si fueran una sociedad tribal, como ocurrió con el “censo” de repatriación de ACNUR (1998-2000), que trató de localizar al patriarca (o cabeza de familia) de cada casa familiar» 49. De este modo, observamos cómo el orden colonial potenciaba el papel de los hombres saharauis como interlocutores con la metrópolis, haciendo que ocupasen el espacio público y político delimitado por esta y resignificando en este intercambio sus posiciones sociales, tal y como ha argumentado la feminista Rita Laura Segato sobre la hiperinflación del espacio público y del rol de los hombres en él, abriendo así la posibilidad de pensar en los pactos entre hombres colonizados y colonizadores 50.

Las resignificaciones de los derechos no escritos de las mujeres tuvieron que contar con la connivencia entre los hombres saharauis de la Yemáa y los hombres españoles, no sin resistencia por parte de las mujeres ni de otros saharauis. De hecho, frente al poder colonial, pero también frente al sistema de colaboración de los chiuj con el mismo, se alzarían jóvenes estudiantes y mujeres saharauis desde la médula de la movilización social nacionalista del Frente Polisario. De algún modo, el poder sobre las mujeres saharauis y su domesticación, aparentemente atenuada por el movimiento nacionalista, se convirtió en una contrapartida que algunos hombres saharauis obtenían por su colaboración con la colonia 51, a la par que la introducción de las mismas prácticas y valores de lo moderno que se impulsaban con la modernización generaban tensiones con mujeres y jóvenes por los nuevos espacios de libertad abiertos. Teniendo en cuenta el contexto político revolucionario de la época, es comprensible que jóvenes estudiantes y mujeres saharauis se convirtiesen desde finales de los sesenta en los grupos de movilización social y política fundamentales en torno a los discursos nacionalistas, en los cuales, por las razones expuestas, la dimensión de género se volvería fundamental, pues las mujeres saharauis tenían razones sólidas para ser motor decidido del movimiento de liberación 52.


Género y nacionalismos en el periodo revolucionario

La participación masiva y directa de las mujeres saharauis en la lucha anticolonial fue esencial. Participación que continúa hoy coprotagonizando la lucha por la autodeterminación. Los dos proyectos identitarios nacionalistas surgidos en el Sahara Occidental a principios de los años 1970 contenían discursos de género. Por un lado, frente al impresionante auge político del Frente Polisario, la metrópoli promueve en 1974 la fundación del Partido de Unión Nacional Saharaui (PUNS), cuyo discurso desarrollista, en concordancia con el proyecto de la Sección Femenina, era afín a la modernización impulsada por el régimen colonial y estructurado desde el poder estatal. Por otro, el Frente Polisario, cuyo discurso político estaba estructurado desde la movilización de la sociedad saharaui en lucha por su liberación. Ambos reivindicaron un «mayor papel de la mujer en la vida pública», pero con importantes diferencias.

En primer lugar, el discurso del PUNS, que respondía a directrices españolas, ralentizaba la independencia bajo la protección desarrollista española y defendía «valorar la personalidad de la mujer saharaui, tanto en el ambiente familiar como social, a fin de que pueda participar activamente en la vida política, cultural y económica del país» 53. En el segundo caso, el Polisario exigía soberanía inmediata sobre los recursos naturales y aludía «a las tradiciones como elementos de diferenciación en clave progresista» 54.

Según Dolores Juliano, la reivindicación de género como parte de la propia tradición saharaui se convirtió en un elemento central de la tradición que se deseaba mantener y de la nueva sociedad por construir, hasta el punto de asumir la reivindicación de género como elemento nuclear de la identidad étnica y diferenciador del adversario 55. El programa del Polisario se proponía así «restablecer todos los derechos políticos y sociales de la mujer y abrir ante ella todas las perspectivas» 56, en base a las cuales articuló un discurso nacionalista que hacía del voto femenino, la resignificación de la dote o la educación de las mujeres bandera del nacionalismo saharaui 57. Según argumentan las propias mujeres saharauis, desde su creación, el Frente Polisario estaba convencido de que «había que promocionar la participación de la mujer, dado que su activismo constituía un factor esencial para la movilización a favor de la lucha revolucionaria» 58. De hecho, Lippert argumenta que la educación de las mujeres fue una estrategia clave del Frente Polisario para llevar a cabo la revolución social que superase la división de una sociedad históricamente tribal 59. Así, la revolución saharaui se presentaba con una clara vocación igualitarista que cuestionaba no solo las jerarquías tribales preintrusión, en lo que se denomina «patriarcado de baja intensidad» 60, sino también las imposiciones de género coloniales domesticadoras de las mujeres 61.

Otro hito fundamental para el pueblo saharaui es el Pacto de Unión Nacional del 12 de octubre de 1975 en Ait Ben Tili, que fue ratificado el 6 de diciembre en Guelta, cuando el pueblo saharaui deslegitima la Yemáa, cuya cooptación pretende el invasor, y declara al Frente Polisario como único representante legítimo del pueblo saharaui. El Pacto de Unión Nacional supuso un nuevo contrato social: la abolición del sistema tribal y la conciliación entre formas de socialismo árabe y tradiciones democráticas beduinas, y supuso un paso fundamental para las mujeres. Entre los avances más destacables, se abolieron prácticas como la ablación y el cebado de las niñas, se instauró el consentimiento femenino para el matrimonio, se reconoció el derecho al voto y a la educación de las mujeres, y se redujo la dote a un dinar simbólico 62. Sin embargo, el Pacto de Unión Nacional no implicó una necesaria «destribalización»; más bien lo ocurrido en Ait Ben Tili se fundamentaba en una organización intertribal antes referida y fundada en la assabiya, el Ait Airban 63. Este argumento ha sido confirmado por personas entrevistadas sobre el terreno. Una de ellas señaló: «El FP no encontró al pueblo saharaui tan desestructurado, estaba el Ait Arbain, Consejo de los 40, que representaba a todas las qabilas. España creó la Yemáa, Consejo que representaba de alguna manera al pueblo saharaui, pero España logró cooptarlos para la colonia. El Polisario surgió frente a la Yemáa cooptada» 64.

A la dimensión política del discurso del Frente Polisario en clave de género hay que añadir el análisis de la masiva participación de las mujeres en los comienzos del movimiento y sus posibles implicaciones en el futuro devenir feminista de las mujeres saharauis. Nos referimos, en concreto, a la politización de espacios públicos y privados a través de la participación de las mujeres, contrarrestando la hiperinflación de los hombres y del espacio público producido por la colonia. Ya antes de la fundación del Polisario, se reconocen importantes tareas de las mujeres en las labores de concienciación, enlace clandestino y divulgación en los años 1960. Posteriormente, en hitos históricos como la represión de Zemla en 1970 o la visita de la ONU el 12 de mayo de 1975, las mujeres son reconocidas como fundamentales en labores de proselitismo y organización 65. Nos relata Zenia Ahmed sobre esta visita de la misión de la ONU:

«Nos visitó la Misión de las Naciones Unidas, y todas las masas se lanzaron a la calle y se consolidó la fuerza del FP como representante legítimo del pueblo saharaui, en su mayoría fueron mujeres. Esto los puedes constatar en los archivos de las Naciones Unidas y ver en las imágenes el porcentaje de mujeres. La velocidad y la rapidez con que se correspondió el llamamiento del Polisario a las mujeres fue algo rápido y veloz. Nos transformamos políticamente casi siendo analfabetas, gracias al discurso del Polisario y nuestra correspondencia con él» 66.

Especial presencia tuvieron las mujeres en los actos de sabotaje al PUNS 67. Además, el espacio «privado» resultó profundamente repolitizado por las mujeres. Estas, durante el periodo revolucionario, no solo no quedaron confinadas en el espacio doméstico, sino que politizaron el espacio «público» organizando y participando masivamente en mítines, manifestaciones, revueltas, o incluso en el frente como guerrilleras. En sus casas convencían y afiliaban a los militantes, acogían a los guerrilleros/as, escondían las armas, confeccionaban las banderas y, sobre todo, generaban grupos de concienciación política, bastante cercanos en su metodología a los grupos de autoconciencia feminista de la época en otras partes del mundo. Entre los testimonios del momento puede leerse de parte de una militante y guerrillera del Polisario:

«Reuníamos a las mujeres en las casas en las que las familias eran dignas de confianza. El pretexto era confeccionar jerseys o participar de las tareas de la casa. Las discusiones comenzaban siempre por las dificultades de las vidas cotidianas, sobre los salarios de los maridos, la insalubridad, las enfermedades de los niños... Y partiendo de los problemas personales de cada uno, llegábamos juntas hasta la fuente de nuestros males comunes: el colonialismo español» 68.

El sistema de género propuesto por el Polisario permitió «canalizar reivindicaciones cotidianas» de las mujeres 69 y, a su vez, la mujer saharaui «fue objeto de sublimación en la construcción de la identidad como un factor distintivo de la revolución social impuesta por el Frente Polisario, fenómeno que no tiene parangón en las sociedades árabo-beréber-musulmanas limítrofes» 70.

Conclusiones

La combinación de la indagación en los archivos coloniales de la actuación de la Sección Femenina y los testimonios de mujeres y hombres saharauis recogidos en el terreno sobre su participación social y política nos ha permitido poner de manifiesto algunas transformaciones que incidieron en la vida de las mujeres saharauis en los últimos años del colonialismo (1958-1976) y en el proceso de liberación nacional saharaui, primero contra el colonialismo español, después contra la ocupación de sus vecinos, Mauritania y Marruecos. De una situación de patriarcado de baja intensidad (que hay que matizar en función de la adscripción estatutaria y tribal), la actuación colonial propició varios procesos de cambio sociocultural que no dejan de ser contradictorios. La labor de aculturación ideológica de la Sección Femenina proporcionó a jóvenes mujeres saharauis información, conocimientos y capacidades que las llevaron a acercarse y apoyar activamente el movimiento del Polisario. El investigador Enrique Satué 71 señala que la acción de la Sección Femenina acercó a las jóvenes al Polisario. Sin llegar a estar de acuerdo con él, sin duda los procesos de modernización impulsados por el régimen colonial dieron lugar a una apropiación vernácula, en especial por parte de los hombres y mujeres saharauis jóvenes, de las promesas ofrecidas por la modernidad. El problema para las personas saharauis no era tanto la falta de modernidad, sino que la mayor parte de ellas, por su condición de saharauis, eran privadas de sus recompensas 72.

La modernidad en el Sahara Occidental era al mismo tiempo un constructo discursivo y un hecho empírico: el discurso alimentaba las aspiraciones de la población saharaui, mientras el hecho empírico era que en la práctica estas aspiraciones no se cumplían. Además, la vía del diálogo fue rechazada por la violencia colonial en Zemla.

La acción colonial propició el reforzamiento y transformación a la vez de una estructura asimétrica de relaciones de género que reproducía una división sexual del trabajo, con los hombres saharauis trabajando en empresas de construcción e infraestructuras y en el ejército, mientras la labor de las mujeres era concebida centrada en el hogar familiar, reproduciendo relaciones patriarcales reforzadas en lo sociopolítico a través de una política que hablaba el lenguaje paternalista del régimen franquista, basada en la colaboración con las instituciones coloniales de los chiuj, representando a la sociedad saharaui en la Yemaa y en los puestos de administración local tutelados por la metrópoli, en la reproducción de ese orden.

La alianza de las mujeres saharauis con el Polisario, liderado por los jóvenes y apoyado por saharauis de toda edad y condición, contribuyó a enfrentar no solo la autoridad tribal basada en la edad, sino también en su dimensión de relaciones de género patriarcales. Como sugieren Isidoros 73 y Gimeno 74, esta nueva alianza social ampliaba las relaciones de solidaridad en la sociedad saharaui, la assabiya, desbordando las diferencias entre los segmentos tribales de la sociedad para acometer una acción común ante nuevos retos, como se había hecho históricamente. Esta integró también una alianza con los excluidos: esclavos, majarreros y también las mujeres. El nuevo contrato social que constituyó el pueblo saharaui se hizo desde ese horizonte igualitario, que ya quedó expresado en la proclamación de la RASD en 1976 y que se ha desarrollado en todas sus constituciones.

Esta historia, que hemos podido empezar a hilvanar con el trabajo en los archivos y con entrevistas y conversaciones sobre el terreno, está realmente por escribir. Las instituciones del Estado saharaui no han abordado hasta el momento este esfuerzo tanto por falta de medios como por una cuestión de prioridades estratégicas, centradas en la visibilidad de la justicia de su causa, la lucha contra la violación de los derechos humanos y la supervivencia en los campamentos de refugio. En este sentido cabe destacar el esfuerzo realizado por el intelectual y diplomático Emborik Ahmed Omar, que realiza una lectura de la historia del nacionalismo saharaui confrontando los textos y archivos que componen la biblioteca colonial con los testimonios orales de una gran cantidad de protagonistas de esta historia 75. Su trabajo constituye un ejercicio de contrahistoria del Sahara Occidental 76. Mediante este ejercicio trata de revertir la escasa contribución saharaui al conocimiento de su realidad a través de investigaciones históricas: «La inexistencia de esa interpretación autóctona de los acontecimientos más relevantes ocurridos en el país, sobre todo lo que pudieron apuntalar sus reivindicaciones como nación independiente, les priva a los saharauis de una arquitectura argumental propia y los expone, como explican los defensores de la subalternidad, a ser víctimas de un acto de “apropiación” que excluye al rebelde como sujeto consciente de su propia historia y lo incorpora como elemento contingente de otra historia con otro protagonista» 77. Esta aproximación es bienvenida en el terreno de la producción de historias de la región producidas desde otros intereses, entre ellos desde el irredentismo marroquí y el neocolonialismo europeo en el norte de África.

Es un hecho conocido que las historias poscoloniales africanas ven en la lucha anticolonial el proceso que hizo posible restaurar la integridad del pasado nacional e imaginan el futuro de los estados independientes ligados a unos nuevos relatos orientados por la modernidad. La contrahistoria de Ahmed Omar 78 forma parte y nutre estas narraciones. En su trabajo tiene muy en cuenta la participación de las mujeres en la respuesta saharaui a la recolonización marroquí, destacando su papel histórico y reconociendo que la cuestión de género está presente, de forma transversal, en toda la política social del gobierno saharaui; la importancia de esta cuestión, sin embargo, puede medirse en el número de páginas que le dedica: solo cinco de las 294 páginas del texto. Como señala Guha 79, las reglas de la escritura de la historia no solo suelen ser elitistas, también se adaptan plenamente a las líneas que marca el patriarcado. En el caso del Sahara Occidental, las mujeres y hombres saharauis y los hombres y mujeres que investigan la historia de todas partes deberemos estar muy atentos a estas tendencias para reconocerlas y revertirlas.


* Esta investigación ha recibido la financiación del European Research Council (ERC) bajo el programa de investigación e innovación Horizon 2020 (Grant Agreement 716467).

Este artículo ha sido desarrollado en el marco de los resultados del proyecto de investigación I+D+i, «Consolidación y declive del orden colonial español, Ifni-Sahara Occidental, 1958-1976» (HAR 2012-36414), coordinado por Juan Carlos Gimeno Martín y financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad de España.

1 Una primera explicación de la ausencia del Sahara Occidental en la bibliografía internacional sobre el colonialismo en África es que la bibliografía española sobre el colonialismo español es poco conocida. La experiencia española raramente figura en términos comparados con los otros colonialismos europeos.

2 Joanna Allan: Silenced Resistance. Women, Dictatorships, and Genderwashing in Western Sahara and Equatorial Guinea, Madison, The University of Wisconsin Press, 2019.

3 Michel Rolph Trouillot: Silencing the Past: Power and the Production of History, Boston, Beacon Press, 1995.

4 Trinh T. Minh-ha: Women, Native, Other: Writting Posfolonity and Feminism, Bloomington, Indiana University Press, 1989.

5 Jesús María Martínez Milán: España en el Sahara Occidental y en la zona sur del Protectorado en Marruecos, Madrid, UNED, 2003.

6 Alberto López Bargados: Arenas coloniales. Los Awlad Dalim ante la colonización franco-española del Sahara, Barcelona, Bellaterra, 2003.

7 Dolores Juliano: La causa saharaui y las mujeres «siempre hemos sido muy libres», Barcelona, Icaria, 1998.

8 Sophie Caratini: Les Rgaybat (1610-1931), 2 vols., París, L’Harmattan, 1989.

9 El término «tribu», junto a otros como primitivo y salvaje, fue largamente criticado en la década de 1970 por los etnólogos del Tercer Mundo (Ikenna Nzimiro, 1979, p. 77). «Qabila» es el concepto árabe para referirse a la tribu (Hernández Moreno, 1988, p. 75). En el artículo usaremos el término qabila para referirnos a la sociedad segmentaria sahariana, salvo en el caso que los autores o contextos (coloniales) exijan el uso del término «tribu».

10 Juan Carlos Gimeno Martín y Juan Ignacio Robles: «Hacia una contrahistoria del Sahara Occidental», Cahier d’EMAM, 24-25 (2015), pp. 183-206.

11 Stephen Zunes y Jacob Mundy: Western Sahara: War, Nationalism, and Conflict Irresolution, Siracusa, Syracuse University Press, 2010.

12 Emboirik Ahmed Omar: El movimiento nacionalista saharaui de Zemla a la Unidad Africana, Madrid, Beginbooks, 2017, pp. 85-86.

13 Sobre las similitudes y diferencias de las estrategias frente a los procesos de descolonización impulsados por la ONU véase Adolfo Cueto Rodríguez: «Las “descolonizaciones” ibéricas. Similitudes y diferencias entre el comportamiento de España y Portugal en África (1945-1974/76)», en Beatriz Frieyro de Lara y José Luis Rodríguez Jiménez (eds.): Las relaciones de España con Guinea Ecuatorial y Sahara Occidental: dos modelos de colonización y de descolonización, Granada, Universidad de Granada, 2015, cap. 4.

14 Anthony Low y John Lonsdale: «Introduction», en Anthony Low y John Lonsdale (dirs.): History of East Africa, vol. III, Oxford, Clarendon Press, 1976, p. 13.

15 Este proceso fue muy tardío en el caso del colonialismo español en contraste con otros colonialismos. El colonialismo español siguió un camino paralelo al portugués, para divergir después, según Adolfo Cueto Rodríguez: «Las “descolonizaciones” ibéricas...».

16 Javier Morillas: Sahara Occidental, desarrollo y subdesarrollo, Madrid, El Dorado, 1988.

17 José A. Rodríguez Esteban y Diego A. Barrado Timón: «Los procesos de urbanización en el Sahara español (1884-1975): un componente esencial del proyecto colonial», Les Cahiers d’EMAM, 24-25 (2015), pp. 77-94, y Tomás Bárbulo: Historia prohibida del Sahara Occidental. Las claves del conflicto que condiciona las relaciones entre España y el Magreb, Madrid, Destino, 2002.

18 Mariam Salek Hamada: «Investigación, universidad y perspectiva de género: el caso de las mujeres saharauis», en Rocío Medina (ed.): Mujeres saharauis, tres tuizas para la memoria de la resistencia, Sevilla, Aconcagua, 2016.

19 Alicia Campos y Violeta Trasomontes: «Recursos naturales y segunda ocupación», Les Cahiers d’EMAM, 24-25 (2015), pp. 107-129.

20 Entrevista al director de cultura en Dajla, Sevilla, julio de 2011, en Rocío Medina Martín: Mujeres saharauis. Experiencias de resistencias y agencias en un devenir feminista decolonial, tesis doctoral, Universidad Pablo de Olavide, 2016.

21 Homi Bhabha: El lugar de la cultura, Buenos Aires, Manantial, 1994, p. 112.

22 Gustau Nerín: La Sección Femenina de la Falange en la Guinea Española (1964-1969), Valencia, CEIBA, 2006, p. 3. Al respecto merece la pena destacar el trabajo de Andreas Stucki para una perspectiva comparada dentro del imperialismo español. Véase Andreas Stucki: Violence and Gender in Africa’s Iberian Colonies: Feminizing the Portuguese and Spanish Empire, 1950s-1970s, Cham, Palgrave, 2019. También merece mención el trabajo de Enrique Bengochea centrado en la organización provincial de la Sección Femenina en Sahara. Véase Enrique Bengoechea Tirado: La Sección Femenina en la provincia de Sahara. Entrega, hogar e imperio, Barcelona, Bellaterra, 2019.

23 Aimé Césaire: «Culture et colonisation», Présence Africaine, 8 (1956), pp. 197-198.

24 José Ramón Diego Aguirre cita los esfuerzos de las falangistas por transmitir la receta de «la fabada o la paella como parte de su labor formativa o deformativa». Véase José Ramón Diego Aguirre: «La lucha del Frente Polisario, 1973-1975», Historia 16, 151 (1988), pp. 12-22, esp. p. 12.

25 María Dolores Bermúdez Cañete: «Informe general de mi visita como inspectora nacional a la provincia del Sahara, a su capital el Aaiún, a la ciudad de Villa Cisneros y al puesto interior de Güera» (Madrid, 14 de marzo de 1963), Archivo General de la Administración (en adelante, AGA), Fondo de Cultura, caja 236.

26 Este proceso se ha dado en otros contextos en los que la colonialidad de género ha permitido una alianza tácita entre los hombres colonizadores y colonizados al favorecer la creación de una «esfera pública» que le es propia; lo que Rita Laura Segato llama «hiperinflación de la masculinidad». Véase Rita Laura Segato: «Género y colonialidad: en busca de claves de lectura y de un vocabulario estratégico descolonial», en Karina Bidaseca y Vanesa Vázquez Laba (coords.): Feminismos y poscolonialidad. Descolonizando el feminismo desde y en América Latina, Buenos Aires, Godot, 2011, pp. 17-48. Véase también Rocío Medina Martín: Mujeres saharauis...

27 Ibid.

28 María Dolores Bermúdez Cañete: «Informe general de mi visita...».

29 Teresa González Pérez: «Dios, patria y hogar. La trilogía en la educación de las mujeres», Hispania Sacra, 66, 133 (2014), pp. 337-363.

30 María Dolores Bermúdez Cañete: «Informe general de mi visita...».

31 Ibid. Cursiva en el original.

32 Elena Fiddian-Qasmiyeh: «Histories of Displacement: Intersections between Ethnicity, Gender and Class», Journal of North African Studies, 16, 1 (2011), pp. 31-48.

33 Discurso de Pilar Primo de Rivera en el Primer Consejo Nacional de la SF, citado en Kathleen Richmond y José Luis Gil Aristu: Las mujeres en el fascismo español: la Sección Femenina de la Falange, 1934-1959, Madrid, Alianza Editorial, 2004. p. 153.

34 María Dolores Bermúdez Cañete: «Informe general de mi visita...».

35 Ibid.

36 La tuiza era una forma de trabajo colectivo realizado bien por hombres o por mujeres, dependiendo del objeto del mismo. Para una descripción véase Julio Caro Baroja: Estudios Saharianos, Madrid, ONO, 1958, pp. 124-125 (también Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas-Instituto de Estudios Africanos, 1955).

37 María Dolores Bermúdez Cañete: «Informe general de mi visita...».

38 «Plan para las provincias africanas. Normas de actuación» (1963), AGA, Fondo de Cultura, caja 236.

39 «Guion general de los servicios de artesanía y rural como posibles para organizar en la provincia africana de Aaiún» (Madrid, julio de 1963), AGA, Fondo de Cultura, caja 236.

40 «Plan para las provincias africanas, Normas de actuación» (1963), AGA, Fondo de Cultura, caja 236.

41 Ibid.

42 «Guion general de los servicios de artesanía y rural como posibles para organizar en la provincia africana de Aaiún» (Madrid, julio de 1963), AGA, Fondo de Cultura, caja 236.

43 Ibid.

44 Dolores Juliano: La causa saharaui y las mujeres..., p. 58.

45 «Informe de Concha Mateo Merino como inspectora nacional de Sahara, Sección Femenina del Movimiento» (1974), AGA, Fondo de África, caja S2877.

46 María Lugones: «Colonialidad y Género», Tabula Rasa, 9 (2008), pp. 61-76.

47 Konstantina Isidoros: «The silencing of unifying tribes: the colonial construction of tribe and its “extraordinary leap” to nascent nation-state formation in Western Sahara», Journal of the Anthropological Society of Oxford, 7, 2 (2015), pp. 168-190.

48 Francesco Correale: «Levantar los camellos para aplastar el espacio: la invención de las ayudas sociales (1959-1975)», comunicación presentada en el VIII Congreso Ibérico de Estudios Africanos «Bajo el árbol de la palabra», Madrid, 2012, p. 15.

49 Konstantina Isidoros: «The Silencing Of Unifying Tribes...», p. 170.

50 Rita Laura Segato: «Género y colonialidad...», pp. 17-48.

51 Partha Chatterjee (1999): «La nación y sus mujeres», en Saurabh Dube (coord.): Pasados poscoloniales, México, CEAA-El Colegio de México.

52 Rocío Medina: «Mujeres saharauis, colonialidad del género y nacionalismos: un acercamiento a partir de los feminismos decoloniales», Revista de Relaciones Internacionales, 27 (2014), pp. 13-34.

53 Claudia Barona: Los hijos de las nubes, estructura y vicisitudes del Sahara español desde 1958 hasta la debacle, Madrid, Langre, 2009, p. 231.

54 Enrique Bengoechea: «La movilización nacionalista saharaui y las mujeres durante el último periodo colonial español», Revista Historia Autónoma, 3 (2013), pp. 113-128, esp. p. 125.

55 Se trata de lo que Juliano denominó como la «tercera posibilidad», frente a los casos centroamericanos, donde se subalternó la lucha feminista frente a la liberación nacional, y los integrismos islámicos, que entienden las reivindicaciones de género como occidentales y distorsionadoras de la unidad por la liberación nacional. Véase Dolores Juliano: La causa saharaui y las mujeres..., p. 22.

56 Rafael Wirth y Soledad Balaguer: Frente Polisario, la última guerrilla, Barcelona, Paperback, 1976.

57 Sophie Caratini: «La prisión del tiempo: los cambios sociales en los campamentos de refugiados saharauis», Cuadernos Bakeaz, 77 (2006), esp. p. 7.

58 Aunque se crearon las organizaciones de masas para la movilización de las mujeres, no fue hasta 1985 cuando se creó oficialmente la Unión Nacional de Mujeres Saharauis (UNMS) como organización dentro del Movimiento de Liberación del Frente Polisario. Véase Unión Nacional de Mujeres Saharauis (UNMS): La fuerza de las mujeres. Experiencia de la UNMS, Campamento «27 de febrero», Tinduf (Argelia), 2011.

59 Anne Lippert: «Sahrawi Women in the Liberation Struggle of the Sahrawi People», Chicago Journals, 17, 3 (1992), pp. 636-651.

60 Rita Laura Segato: «Género y colonialidad...».

61 Rocío Medina: «Mujeres saharauis, colonialidad del género...».

62 Sophie Caratini: «La prisión del tiempo...», p. 7.

63 Konstantina Isidoros: «The Silencing Of Unifying Tribes...», y Juan Carlos Gimeno Martín: Transformaciones socioculturales de un proyecto revolucionario: la lucha del pueblo saharaui por la liberación, Caracas, Universidad Central de Venezuela, 2007, pp. 57-59.

64 Entrevista al director de cultura en Dajla, Tiba, abril de 2011.

65 Rafael Wirth y Soledad Balaguer: Frente Polisario..., p. 25.

66 Entrevista a Zenia Ahmed, exsecretaria de la UNMS, Smara, abril de 2015.

67 Enrique Bengochea: «La movilización nacionalista saharaui...», p. 125.

68 Rafael Wirth y Soledad Balaguer: Frente Polisario..., pp. 84 y 85.

69 Enrique Bengochea: «La movilización nacionalista saharaui...», p. 125.

70 Francesco Correale: «La narración de la historia en situación de crisis. Reivindicaciones y contradicciones en la construcción de la memoria saharaui», Les Cahiers d’EMAM. Sahara occidental: mémoires, culture, histoires, 24 (2015), p. 112.

71 Enrique Satué Olivan: Tiza y arena, un viaje por las escuelas del Sahara español, Huesca, Diputación de Huesca, 2016.

72 Los salarios de los trabajadores saharauis eran inferiores a los salarios eu­ropeos; los soldados indígenas no tenían canales de ascenso, los estudiantes saharauis solo podían acceder a carreras técnicas, etcétera.

73 Konstantina Isidoros: «The Silencing Of Unifying Tribes...».

74 Juan Carlos Gimeno Martín: Transformaciones socioculturales...

75 Emboirik Ahmed Omar: El movimiento nacionalista saharaui...

76 En la crítica de Foucault a la historia como discurso del poder y la fascinación que ejerce este propone la contrahistoria como el «discurso de los que no poseen la gloria o de los que habiéndola perdido se encuentran en la oscuridad y el silencio». Véase Michel Foucault: Genealogía del racismo, Madrid, Altamira, 1996 (1.ª ed., 1976). Gimeno y Robles hacen uso de esta categoría para sugerir la importancia de producir una historia de Sahara Occidental por los propios saharauis, como un mecanismos de contrastar otras historias producidas desde otras localizaciones. Véase Juan Carlos Gimeno Martín y Juan Ignacio Robles: «Hacia una contrahistoria del Sahara Occidental...».

77 Ranahit Guha: Las voces de la historia y otros estudios subalternos, Barcelona, Crítica, 2002, p. 81.

78 El relato contrahistórico utilizado por Ahmed Omar plantea cuatro contrapuntos a los relatos hegemónicos sobre el Sahara Occidental: 1) sitúa el impulso del movimiento nacionalista en relación con la configuración de un sentimiento no solo de lucha anticolonial, sino de descolonización impulsada por el espíritu de la conferencia de Bandung (1956), frente a las causas regionales; 2) evalúa la resistencia saharaui al colonialismo español en función de la memoria oral saharaui y los testimonios de protagonismos saharauis en los acontecimientos son recogidos en los archivos coloniales, a partir de los cuales se construyen las narraciones hegemónicas sobre la historia del Sahara Occidental; 3) revela las estrategias del Ejército de Liberación Popular saharaui y sus éxitos frente a los ejércitos mauritanos y marroquíes, poniendo en valor su protagonismo, y 4) inserta la situación del conflicto del Sahara y sus posibles soluciones en el contexto africano, reivindicando el protagonismo de la RASD en la Unión Africana y el papel de esta en la solución del conflicto, frente a las propuestas centradas en el papel del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

79 Ranahit Guha: Las voces de la historia..., p. 29.