Ayer 123/2021 (3): 79-106
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2021
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/123-2021-04
© Amaia Lamikiz Jauregiondo
Recibido: 18-1-2019 | Aceptado: 10-1-2020
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License

La acción cultural del franquismo en el País Vasco durante la dictadura: las posibilidades de un sano vasquismo español

Amaia Lamikiz Jauregiondo

Santo Tomas Lizeoa (San Sebastián)
amaia.lamikiz@eui.eu

Resumen: Durante el franquismo, el nacionalismo vasco se percibió no solo como problema político, sino también cultural, por lo que se propuso una acción cultural para hacerle frente. Pero ¿hasta qué punto esta acción cultural fue capaz de afrontar los retos planteados por visiones alternativas? El presente artículo muestra cómo desde sectores de la derecha vasca afines al régimen de Franco se propuso un discurso acerca de la cultura vasca centrado en los estrechos ­vínculos existentes entre lo vasco y lo español, así como en la negación de una cultura vasca diferenciada, como manera de contrarrestar la amenaza del nacionalismo vasco. La actividad de entidades como la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País y el Instituto Vascongado de Cultura Hispánica nos permite observar la evolución de este discurso a lo largo de casi cuatro décadas de dictadura, mostrando, asimismo, los límites de una acción cultural dirigida por unas elites progresivamente distanciadas de las experiencias y expectativas de la mayoría.

Palabras clave: nacionalismo, vasquismo español, cultura vasca, hispanidad, asociacionismo.

Abstract: The Franco dictatorship perceived Basque nationalism not only as a political problem but a cultural one. In order to meet this challenge, it organized a series of cultural initiatives, which confronted the difficult task of attempting to confront alternative visions. This article sheds light on how Basque right-wing sectors, which sympathized with the Franco regime, articulated a discourse about Basque culture that focused on the close connections between what was considered Basque and Spanish culture. This discourse also negated the existence of a distinct Basque culture, as means to counteract the perceived threat of Basque nationalism. The activity of cultural societies such as the Real Sociedad Bascongada de Amigos del País and the Instituto Vascongado de Cultura Hispánica allows us to observe the evolution of this discourse over almost four decades of dictatorship. It also shows the limits of such initiatives, articulated by an elite progressively drifting apart from the experiences and expectations of the majority.

Keywords: nationalism, Spanish vasquismo, Basque culture, spanishness, associations. 

La Guerra Civil marca un antes y un después en la actividad cultural desarrollada en las provincias vascas. En el contexto de posguerra y dictadura, también la cultura reflejó las tensiones de una sociedad dividida entre vencedores y vencidos; se imponía una vida cultural dominada por la visión y las concepciones de los vencedores, mientras que la cultura de los vencidos quedó silenciada y relegada a los espacios privados 1. La cultura se convirtió en un espacio desde el que justificar y legitimar la política de los vencedores, lo que en el caso vasco se traducía en la necesidad de hacer frente al separatismo incluso desde el ámbito cultural. ¿En qué medida podía la cultura contribuir al establecimiento de un nuevo discurso que contrarrestase la amenaza latente del nacionalismo vasco?

Partimos de la hipótesis de que, además de la censura y estrecho control que sin duda ejerció sobre toda actividad cultural susceptible de ser utilizada por el nacionalismo vasco, el régimen franquista facilitó el desarrollo de una visión de la cultura vasca que subrayaba su contribución a España. Con el apoyo institucional, la derecha vasca afín al régimen fue progresivamente definiendo su discurso sobre la cultura vasca, del que surgió la propuesta de una acción cultural positiva para crear nuevos consensos y contrarrestar la amenaza separatista.

Las siguientes páginas pretenden contribuir a aclarar la formación y desarrollo de dicho discurso sobre la cultura vasca, así como su influencia en la conformación y alcance de una política cultural llevada a cabo por las autoridades franquistas. Un componente importante de esa posible política cultural fue la visión regionalista desde la que se abordó el problema, visión que contribuyeron a reforzar algunos de los intelectuales vascos de aquel momento 2. No se trata aquí de definir qué es cultura vasca, sino más bien de entender cómo desde distintas posiciones se conformaron visiones diversas —y en ocasiones contrapuestas— acerca de dicha cultura, que a su vez reflejaban maneras diferentes de entender la realidad social y política del país. El objetivo de estas páginas es contribuir al debate acerca del desarrollo de un discurso regionalizador franquista en el País Vasco y su posible influencia sobre la acción cultural del régimen. ¿Cómo y hasta qué punto funcionó el uso patriótico de los recursos culturales promovido por el franquismo desde el País Vasco a la hora de hacer frente a la concepción de la cultura vasca que tenía el nacionalismo vasco, al cual acusaban de utilizar la cultura con fines políticos? ¿Hasta qué punto el franquismo fue capaz de desarrollar una política cultural que le permitiese asimilar aquellas expresiones culturales que de otra manera podían constituir una amenaza a su visión de lo que debería ser España?

Una mirada al ambiente cultural de las provincias vascas durante el franquismo nos permitirá aclarar estas cuestiones. Para ello, nos centraremos en el contexto en que aparecieron instituciones como la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País en 1944 (en adelante, RSVAP) o el Instituto Vascongado de Cultura Hispánica en 1954 (en adelante, IVCH), así como la respuesta de las autoridades al progresivo desarrollo de una alternativa cultural promovida por sectores próximos al nacionalismo vasco y los debates que al respecto tuvieron lugar en el seno del Consejo Nacional del Movimiento (en adelante, CNM).

Cultura al servicio de la política: la creación del consenso

En junio de 1939, Zacarías de Vizcarra publicaba en San Sebastián su Vasconia españolísima, uno de cuyos principales objetivos era hacer frente a la desafección a España que propagandistas de­sorientados habían sembrado en parte de la población de las provincias vascas. Vizcarra lamentaba en su libro las divisiones, luchas y ruina que el desamor a España había provocado y proponía anular los prejuicios antiespañoles —que no se arrancan por las armas— por medio de las ideas. En su opinión, lo más eficaz para desalojar ideas falsas era sustituirlas por otras verdades que anulasen aquellas en el mismo orden intelectual 3. Treinta años más tarde, en 1968, miembros de la junta de censura se valdrían de similares argumentos a la hora de valorar la realización del documental Ama Lur: se debía hispanizar el contenido del documental, apropiándose de los símbolos y mitos del nacionalismo vasco y dándoles la interpretación adecuada 4. Parece, pues, que hubo cierta continuidad en el discurso de determinados sectores cercanos al régimen.

Las iniciativas arriba mencionadas nos permiten matizar la creencia de que la política cultural del régimen de Franco fuese más una política negativa de control a través de una rigurosa censura que una política afirmativa de creación de una cultura propia y original 5. Si bien el nuevo régimen se caracterizó por el control ejercido sobre todo tipo de actividades culturales consideradas opuestas a su visión de la cultura —de la que Fusi destaca su exaltación nacionalista y ferviente catolicismo—, cabe señalar que las investigaciones realizadas en los últimos años subrayan la existencia de una mayor complejidad dentro de las distintas familias que apoyaban al régimen. Las investigaciones de Zira Box nos muestran la diversidad existente en el bando vencedor: en los primeros años de la dictadura se desarrolló una pugna entre las distintas familias del régimen por imponer su visión de España e imbuir de sus propios contenidos a la nueva simbología del régimen 6. Desde las provincias vascas, donde sectores próximos al régimen provenían del carlismo y la derecha monárquica, también intentaron integrar su visión de lo vasco en la nueva España como vía para promover acuerdos y sustituir el silenciado proyecto cultural del ­nacionalismo vasco.

Sin olvidar el papel de la censura como una de las principales estrategias del régimen para hacer frente a aquellas expresiones culturales alternativas a la oficial, proponemos fijar nuestra atención en los intentos del franquismo por buscar el consenso a través de la apropiación, asimilación e incluso reinterpretación de las distintas expresiones culturales que surgían en aquellos años. Más allá de prohibiciones y restricciones, sugerimos centrar nuestro interés en una acción cultural que incluía iniciativas más positivas, a fin de ver hasta qué punto esta estrategia pudo funcionar como una política cultural coherente frente a la percibida amenaza separatista. En el País Vasco, donde las autoridades franquistas entendieron el separatismo no solo como problema político, sino también cultural, se intentó otorgar nuevos significados a las prácticas culturales llevadas a cabo por los nacionalistas. Conocedoras del apoyo que en las provincias vascas podía tener un sano vasquismo español, las autoridades trataron de adoptar algunos símbolos carlistas a fin de crear consenso 7.

Pero ¿quién se encontraba tras la construcción de este discurso? Mediante la celebración de reuniones y conferencias o la publicación de revistas y boletines, aquellos sectores de la derecha vasca vinculados al régimen consiguieron reunir a su alrededor a numerosos intelectuales vascos de su época. Es en ese ámbito donde una serie de grupos e iniciativas culturales —surgidos como respuesta al vacío cultural percibido por los intelectuales de la época— desarrollaron su acción conforme al concepto de cultura promovido por el nuevo régimen. Si bien su actividad se limitó por lo general a un reducido círculo y difícilmente alcanzaron al gran público, reflejan bien el discurso desarrollado por sectores de la derecha en el País Vasco en su intento de hispanizar la cultura vasca 8.

El caso guipuzcoano ejemplifica las estrechas relaciones entre las diversas instituciones culturales que desarrollaron su actividad desde mediados de la década de 1940. El resurgir de la RSVAP se centró en esta provincia, de donde procedían la mayoría de sus miembros y entre los que se encontraba una parte importante de la elite política y cultural guipuzcoana, en su mayoría afín al régimen. Muchos de ellos participaron, asimismo, en la refundación del Círcu­lo Cultural y Ateneo Guipuzcoano (1944), entre ellos José Berruezo y Manuel Agud Querol, así como los hermanos José María e Ignacio Lojendio. También es posible encontrar entre los miembros de la RSVAP a conocidos carlistas, como el lingüista Julio Urquijo o Antonio Arrúe, que promovieron numerosas iniciativas e instituciones culturales en aquellos años.

Poco a poco se fue formando un entramado de grupos e iniciativas culturales en el que encontramos a una serie de personas que destacaron por su actividad: se movían en los mismos círculos y participaban en las mismas asociaciones, frecuentaban reuniones, apoyaban iniciativas y colaboraban en publicaciones promovidas por estos grupos. Entre ellos se encontraban personas a las que unía su catolicismo y su ideología conservadora, a menudo próximos al régimen franquista. Era un grupo políticamente variado en el que se podían encontrar desde sectores de la derecha monárquica, una cierta presencia del tradicionalismo e, incluso, algunos nacionalistas vascos no necesariamente activos políticamente, pero sí ávidos de saciar sus inquietudes intelectuales y culturales, que hallaron en este ambiente la posibilidad de seguir con su actividad. A través de sus miembros, la RSVAP se conectaba con grupos como la Asociación Vicente Manterola, el Círculo Cultural y Ateneo Guipuzcoano o, incluso, las más informales reuniones de intelectuales celebradas en la rebotica de la biblioteca de la Diputación de Guipúzcoa alrededor de José de Arteche y Fausto Arocena 9. En ese ambiente se podía encontrar la elite económica y política local de aquellos años, así como intelectuales de reconocido prestigio.

Desde estos grupos se promovió una cultura que respondía al discurso conservador que la derecha vasca fue configurando en esos años: una cultura elitista, que recurría a menudo a discursos de décadas anteriores y recogía las ideas de Vizcarra sobre la participación de los vascos en la nación española. Una cultura, por lo demás, acorde con la descripción que Fusi hace de la cultura oficial de esos años: católica, que idealizaba la unidad nacional y exaltaba el pasado imperial glorioso enlazándolo con la idea de la Hispanidad 10.

Este discurso abría la posibilidad de acercarse a la cultura vasca sin resultar sospechoso, lo que atrajo a un grupo de intelectuales no necesariamente identificados con el régimen, pero que veían en él una vía para poder seguir desarrollando sus inquietudes culturales. Sánchez Erauskin comenta que ese fue el «camino posibilista» de algunos tradicionalistas que intentaron, a veces con grandes esfuerzos, salvar de la quema franquista los aspectos más folklóricos y costumbristas del país 11. Esa fue también la opción de un grupo de intelectuales liberales vascos para continuar con su labor investigadora y creadora, a través de las oportunidades que les ofrecía el mencionado entramado de asociaciones e iniciativas culturales. Desde distintas posiciones, estos intelectuales propugnaron valores de convivencia a través de una propuesta que ponía en valor la región, a la vez que defendía la identidad española 12.

Pero estos intelectuales no estaban solos en su labor: contaron con la ayuda de las instituciones locales. De hecho, algunos de los miembros de las asociaciones y grupos estudiados en estas páginas fueron diputados provinciales, sobre todo en las décadas de 1950 y primera mitad de la siguiente, a menudo elegidos por el tercio de corporaciones y entidades. En el caso guipuzcoano, cabe mencionar el apoyo recibido por la Diputación de Guipúzcoa, cuya labor durante la dictadura fue rigurosamente controlada por el Gobierno 13. A pesar de sus limitados recursos, la Diputación fomentó y apoyó diversas actividades culturales en la provincia. Mediante su importante actividad de conservación del pasado, llevó a cabo lo que podemos denominar una política de la memoria: mantenimiento del servicio de archivos y bibliotecas, restauración y conservación de edificios históricos, concesión de subvenciones a instituciones culturales, financiación de conferencias, homenajes y exposiciones acerca de personajes ilustres del pasado guipuzcoano... Estas actividades respondían precisamente a la idea de cultura que la RSVAP consideraba su misión promover 14.

Ya en 1939, José Eizaguirre, presidente de la Diputación de Guipúzcoa y carlista, propuso crear una colección de libros que divulgasen la historia bélica de la provincia en defensa de la Madre España 15. Dos años más tarde, la Diputación redactó un proyecto de ordenación de la cultura general de la provincia y creó, bajo la presidencia de Julio Urquijo, el Instituto Esteban de Garibay para velar por la conservación del pasado guipuzcoano 16. La propuesta había sido realizada por el entonces presidente de la Diputación, el también carlista Elías Querejeta, con el objetivo de vigorizar las actividades culturales en la provincia mediante la promoción y difusión de investigaciones y estudios históricos, filológicos, de folklore, arte y arqueología. En palabras de los promotores, se trataba de salvaguardar los valores eternos de una provincia que tanto se había destacado a lo largo de los siglos en el engrandecimiento de España 17.

En 1942, la Diputación participó activamente en la creación del Archivo Histórico de Protocolos de Guipúzcoa y la Junta Provincial de Archivos y Bibliotecas, de la que formaban parte miembros destacados de la Diputación junto con futuros miembros de la ­RSVAP como Julio Urquijo, Javier Gaytán de Ayala, Fernando del Valle, Joaquín Yrizar, Juan Zaragüeta y Luis Lojendio 18. Desde sus inicios, esta institución se dedicó a localizar y publicar documentos inéditos que pudiesen servir para la celebración de actos conmemorativos. Las instituciones provinciales también se interesaron por la identificación, adquisición y conservación de monumentos de interés histórico para la provincia: junto con la Universidad de Oñati, restauraron las casas natales de Tomás de Zumalacárregui en Ormáiztegui y Miguel López de Legazpi en Zumárraga.

Por lo que respecta a la conservación de la lengua vasca, en 1951 la biblioteca de la Diputación adquirió el fondo de Julio Urquijo, fallecido el año anterior, y en 1953 se creó el centro de estudios filológicos Seminario de Filología Vasca Julio Urquijo. Los principales impulsores de esta iniciativa fueron los filólogos Manuel Agud Querol, Antonio Tovar y Luis Mitxelena, que más adelante ingresarían como miembros de la RSVAP. Por aquellas mismas fechas, en 1952 se creó en la Universidad de Salamanca la cátedra Larramendi, primera cátedra de Lengua y Literatura Vascas promovida por Antonio Tovar y más tarde ocupada por Luis Mitxelena.

Una nueva era: el discurso del sano vasquismo español
durante la posguerra y la década de 1950

La Guerra Civil supuso un estancamiento de la actividad cultural en el País Vasco. Como decía el arquitecto guipuzcoano y miembro de la RSVAP Joaquín Yrizar al recordar los inicios de la nueva etapa de esta sociedad hacia 1943:

«El momento era difícil. Si una guerra había maltratado, en el s. xviii, la fundación de Munive, otra fratricida, que hemos sufrido todos, había apagado violentamente nuestra vida cultural.

Y no podíamos los Amigos, sin un dolor amargo, el contemplar que mientras la vida social e industrial iba renaciendo con vigor en las tres provincias hermanas, los mejores cerebros y las plumas más ágiles estuvieran enmohecidos» 19.

Tras la Guerra Civil, la posible amenaza del nacionalismo vasco estuvo muy presente entre las preocupaciones de las autoridades franquistas; cualquier intento por parte del nacionalismo vasco de reorganizarse fue estrechamente vigilado y contenido. Las actividades relacionadas con la cultura vasca se consideraban sospechosas, lo cual hacía muy difícil acercarse a aquellas manifestaciones culturales que pudiesen relacionarse con la historia, lengua o literatura vascas. El día de San Sebastián de 1945, el doctor Ignacio María Barriola se lamentaba en su diario de la fatal persecución de que era objeto la lengua vasca, que trataba de renacer de las catacumbas tras verse expulsada de teatros, fiestas y homenajes 20.

El papel de las autoridades locales fue fundamental en este aspecto, pues eran quienes mantenían informado al gobernador civil, que a su vez lo comunicaba al Gobierno a través de informes y memorias anuales. En los informes acerca de la situación en sus provincias, los gobernadores civiles describían la actitud de los habitantes, el desarrollo de la vida asociativa y cultural, y las amenazas que percibían, sobre todo por parte del nacionalismo vasco. Estos informes dejaban entrever las sospechas que las autoridades locales tenían de que el nacionalismo vasco utilizaba las actividades culturales y la red asociativa emergente en la provincia para promover sentimientos nacionalistas entre la población. Ocultos tras la organización de festivales y actividades culturales, veían siempre los intereses políticos del nacionalismo vasco.

El estrecho control que las autoridades ejercían sobre la vida cultural de las provincias vascas se extendía también a la vida asociativa: la nueva legislación limitó considerablemente el espacio de actuación de las asociaciones en la posguerra 21. Durante la década de 1940 numerosas asociaciones experimentaron enormes dificultades para constituirse y funcionar con normalidad, y otras ni siquiera lo lograron. Hasta mediados de la década apenas se crearon asociaciones y fueron contadas las que comenzaron su actividad en los años siguientes. Solo cuando las autoridades estaban seguras de la lealtad de sus miembros y su labor no era considerada una amenaza se daba el permiso para su constitución 22.

Precisamente hacia mediados de la década de 1940 comenzaron a surgir de nuevo asociaciones que pretendían retomar la actividad cultural interrumpida en años anteriores. Tanto el Círculo Cultural Guipuzcoano como la RSVAP —ambas con una larga historia que había quedado en suspenso hasta que un grupo de intelectuales vascos próximos al régimen trataron de revivirlas— recuperaron su actividad a partir de 1944. En contraste con lo que sucedió con otros grupos y asociaciones, estas iniciativas contaron con un importante apoyo institucional y no tuvieron ningún problema para comenzar a funcionar.

El resurgir de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País (1944)

Con anterioridad se ha mencionado el significativo papel que un grupo de intelectuales que se reunían regularmente en torno a la biblioteca de la Diputación de Guipúzcoa tuvieron en el entramado cultural de la provincia. Fueron los integrantes de este grupo, reunidos en torno al archivero Fausto Arocena, quienes decidieron volver a poner en marcha la RSVAP, que ostentaría la delegación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (en adelante, CSIC) en esta provincia. José Berruezo, Joaquín Mendizábal, Gonzalo Manso de Zúñiga, Joaquín Yrizar y Mariano Ciriquiain se encontraban entre los promotores de esta iniciativa, para la que contaban con el apoyo de Julio de Urquijo 23.

En verano de 1943 se celebró una reunión en el palacio Arrietacúa de Motrico, propiedad de la familia Churruca, en la cual José María Areilza propuso dar nueva vitalidad a la RSVAP 24. En dicha reunión pronunció un discurso titulado «Pasado y futuro de la Real Sociedad Vascongada» en el que defendía la misión de esta asociación en la nueva época que comenzaba tras la guerra. En su discurso Areilza reescribía la historia de la RSVAP adaptándola al nuevo contexto de la posguerra, mostrando su lealtad al nuevo régimen y distanciándose de posibles conexiones con ideologías liberales. En un intento de apartarse de todo cuanto pudiese oler a liberalismo y republicanismo, insistía en librar a la RSVAP de cualquier sospecha de masonería y denunciaba la falsedad de semejantes acusaciones, obviando los orígenes ilustrados de la sociedad y sus más que probables vínculos con la masonería. Si bien valoraba la labor modernizadora de la RSVAP en el ámbito científico, lamentaba la influencia negativa del liberalismo en el siglo xix, que habría llevado al pueblo a una ­revolución innecesaria 25.

Areilza hacía además referencia al debate intelectual y político que se había desarrollado en el contexto de la Primera Guerra Mundial entre los defensores de la Kultur alemana y la Civilisation francesa 26. Utilizó este debate para posicionarse en favor de la cultura y defender la dimensión social y política de un proyecto que permitiría mantener un orden tradicional, sobre el cual se sustentarían las bases del nuevo estado y serviría para contrarrestar la amenaza representada por la emergencia de las masas con la revolución liberal. Se trataba de una visión ciertamente elitista, ya que recaía en los miembros de la RSVAP la responsabilidad de salvar la cultura de la incuria e indiferencia de las gentes. La RSVAP debía ser el patriciado cultural que conectaría con los nuevos tiempos y ayudaría a revivir la nueva España 27.

Por otra parte, Areilza ofrecía una visión muy negativa del nacionalismo vasco, al que se refería como una enfermedad cuyo contagio se debía evitar. Frente al nacionalismo, se decantaba por el cariño a la región, perfectamente compatible con su amor a la patria 28:

«Nuestro amor a España se completa y perfecciona en un entrañable cariño al país vascongado. [...] Nuestra tierra es en esta hora como una mujer amada a la que después de una grave enfermedad le hubiese desa­parecido la lepra o costra que afeaba su belleza. Hasta ahora acercarse con amor a las cosas de Vasconia era correr el riesgo del contagio real o aparente con la erupción nacionalista. Hoy, desde que el separatismo ha enmudecido, parece como si la tierra y sus tradiciones nos gustaran más, como si pudiéramos entregarnos a su afecto sin temor ni escrúpulo. Y cultivar todo lo propio, autóctono, desde el recuerdo histórico o prehistórico hasta la modalidad filológica, puede llenar una parte de nuestra actividad social».

Eran años difíciles en los que cualquier actividad relacionada con los estudios vascos despertaba desconfianza. A pesar de ello, la RSVAP se convirtió en el centro de una serie de grupos culturales que surgieron en su órbita y que progresivamente fueron adquiriendo prestigio y vida propia, entre ellos la Sociedad de Ciencias Naturales Aranzadi (1947), la Sociedad Fotográfica de Guipúzcoa (1948), el Instituto Ibero de Arquitectura (1965) y el grupo Doctor Camino de historia donostiarra (1966). Probablemente una de las actividades más significativas de la RSVAP fue la publicación del Boletín de la Real Sociedad Vascongada, del que regularmente aparecieron varios números anuales en los que se incluían artículos sobre temas vascos relacionados con historia, arte, arquitectura, toponimia, lingüística, etnología y costumbres del país. Además del mencionado boletín, se publicó la revista literaria en euskera Egan (1948) y la Sociedad de Ciencias Aranzadi se encargó de la publicación periódica de la revista Munibe.

Sin embargo, más allá de las intenciones iniciales expresadas por Areilza, no parece que la actividad de esta asociación fuese demasiado extensa. Además de las juntas anuales en Azcoitia, la organización de ciclos de conferencias y homenajes a personas ilustres, paseos didácticos y excursiones para conocer el patrimonio histórico, las publicaciones de la sociedad constituyeron su actividad más significativa 29. Hacia finales de la década de 1950 se observa cierta apatía en su actividad, confirmada por las actas de la junta general celebrada en Azcoitia en 1960:

«El último periodo ha sido corto en realizaciones, lo que no se debe a que en el País carezcamos de lugares amables para seguir reuniéndonos alrededor de una buena mesa, o a que nos falten las aficiones artísticas que los Amigos estamos acostumbrados a cultivar; por el contrario, nuestra aludida penuria se debe a que cada día estamos más apegados a ­­nuestras tareas respectivas» 30.

En opinión del doctor Ignacio María Barriola, la actividad de la RSVAP se desarrollaba en un tono menor muy próximo a la infecundidad absoluta 31. Participante activo de la vida cultural guipuzcoana de aquellos años, Barriola recuerda su discurso de recepción en la RSVAP en 1954 como un acto meramente protocolario seguido de una asamblea que más parecía la excusa para una reunión gastronómica. Aun así, no debemos menospreciar la labor de esta asociación en favor del mantenimiento y promoción de la cultura vasca en unos años en los que la dictadura ejerció un estrecho control sobre todo tipo de actividades culturales. Sirvió de puente en los años de posguerra, en los que progresivamente fue abriendo camino y dando continuidad a la labor de los intelectuales vascos de las décadas anteriores a la Guerra Civil. Las reuniones, conferencias y publicaciones de la RSVAP permitieron a los intelectuales vascos de la época continuar con sus investigaciones y labor cultural, poniendo las bases de su posterior desarrollo en las últimas décadas de la dictadura. Los miembros de la RSVAP aprovecharon los espacios de que dispusieron para promover la cultura vasca dentro de los límites permitidos por la situación política del momento 32.

La creación del Instituto Vascongado de Cultura Hispánica (1954)

En 1954 se creó en Bilbao el Instituto Vascongado de Cultura Hispánica (en adelante, IVCH), dependiente del Instituto de Cultura Hispánica, creado en 1946 en sustitución del Consejo de la Hispanidad (1940). En 1948 se había creado el Instituto de Estudios Hispánicos de Barcelona y en 1950 se inauguró el Instituto Cultural Hispánico de Aragón 33.

Cabe destacar el importante apoyo institucional del que desde sus inicios disfrutó esta institución, cuyos miembros provenían de la elite política y económica vizcaína: además de la ayuda económica de la Diputación Provincial de Vizcaya, el Instituto de Cultura Hispánica subvencionaba al IVCH con una cantidad anual 34. Como en el caso de la RSVAP, a la que no pocos de sus miembros estaban vinculados, esto lo situaba en una posición privilegiada respecto de otras instituciones culturales que afrontaron grandes dificultades para llevar a cabo su actividad en aquella época. Además, desde su fundación el IVCH se había propuesto extender su actividad a Álava y Guipúzcoa con el objetivo de aumentar su proyección en Iberoamérica, si bien esta ampliación no se concretó hasta 1962 35. En esos años el IVCH mantuvo una estrecha relación institucional con las diputaciones vascas, siendo sus vicepresidentes los representantes de las diputaciones de las tres provincias.

El concepto de Hispanidad, desarrollado por Ramiro de Maeztu, se encuentra en los orígenes de estas instituciones. Maeztu, en su época de embajador en Argentina, había conocido a Zacarías de Vizcarra, en quien se inspiró a la hora de dar contenido a esta idea 36. Para Maeztu, la idea de hispanidad debía servir para otorgar conciencia unitaria a la nación española, fragmentada por múltiples conflictos sociales, políticos y religiosos. En el caso vasco, esta idea enlazaba con la propuesta de Vizcarra de subrayar la contribución vasca a la historia de España; de ahí las numerosas iniciativas que mostraban la contribución de los vascos a la Hispanidad. Además de convertirse en un programa de vertebración nacional, la Hispanidad podía servir para proyectar un ideal colectivo hacia el exterior, dotando de contenido cultural a una política exterior dirigida hacia América latina en un momento de aislamiento internacional 37.

Según sus estatutos, el IVCH era una asociación para el estudio, defensa y difusión de la cultura hispánica 38. Sus fines, muy similares a los de instituciones semejantes creadas en otras provincias, eran apoyar iniciativas que contribuyesen al crecimiento y expansión de la cultura hispánica, fomentando las relaciones culturales con los países iberoamericanos a través de un ideal católico. El IVCH se ocuparía de estudiar la presencia vasca en el pasado de la Hispanidad, entablar contacto con los núcleos vascos diseminados por América y fomentar las relaciones económicas con Hispanoamérica. Suponía una manera más de unir lo vasco con lo español a través de sus conexiones con el mundo hispánico. Para ello se promovería la publicación de libros y revistas, conferencias, representaciones teatrales y exposiciones. Los temas de las conferencias solían estar relacionados con temas de actualidad, como la construcción europea o las relaciones entre España e Hispanoamérica, pero también se trataban temas históricos. Había además bastante interés por la organizaron de coloquios literarios sobre poesía, novela y teatro. Sin embargo, con los años las conferencias fueron perdiendo popularidad, en parte por falta de interés de un público cada vez más atraído por los medios de comunicación modernos 39.

Una actividad a la que el IVCH otorgó siempre bastante protagonismo fue la celebración del Día de la Hispanidad. Desde su creación se celebró este día con una misa solemne acompañada de exposiciones y actos conmemorativos que subrayaban el papel de los vascos en la creación del imperio español de ultramar. Especialmente significativa fue la celebración de 1964, cuando Gernika y Zumárraga fueron escogidas como escenario de la celebración a nivel nacional 40. Coincidiendo con el décimo aniversario de la ­fundación del IVCH y el 400 aniversario de la expedición de Miguel López de Legazpi a Filipinas se decidió celebrar el Día de la Hispanidad en el País Vasco 41. Pero este evento fue sobre todo significativo porque era el año en que el franquismo celebraba los «veinticinco años de paz» y se escogió un lugar tan simbólico como Gernika, que había sufrido el bombardeo durante la guerra. Tampoco resultaba casual que ese año el nacionalismo vasco celebrase el primer Aberri Eguna en el territorio del Estado español tras la guerra precisamente en la misma ciudad. De nuevo la cultura, convertida en campo de batalla por la apropiación de símbolos, parecía ponerse al servicio de intereses políticos.

La actividad con más repercusión fue el Certamen Internacional de Cine Documental Iberoamericano y Filipino de Bilbao, celebrado por primera vez en 1959 y que se encuentra en los orígenes del actual Zinebi 42. Siendo el cine un medio de comunicación y entretenimiento al alcance de la mayoría, se consideró que podía servir como instrumento de educación y cultura para difundir los valores de la hispanidad 43. Uno de los premios más importantes otorgado en este festival era el premio Conde de Foxá, que se daba al documental que mejor exaltase los valores hispánicos.

La actividad del IVCH no se limitó al ámbito estrictamente cultural. El aislamiento internacional que vivió la dictadura durante sus primeros años llevó a la diplomacia española a utilizar las actividades culturales para estrechar lazos políticos y económicos con América Latina. En 1954 el IVCH había participado en el proyecto del Ciudad de Toledo, barco construido en los astilleros Euskalduna que albergó una exposición itinerante y visitó los principales puertos americanos mostrando el progreso industrial del país. Los lazos culturales ayudaban así a reforzar los fines comerciales de los promotores del IVCH. Más adelante otorgaría becas y organizaría cursos de verano para estudiantes hispanoamericanos a los que se ofrecían prácticas en empresas y estudios de tipo económico y técnico en el País Vasco 44. También se creó una Oficina de América a través de la cual conectaba con organizaciones de estudiantes, centros vascos y casas de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava. Tras el vínculo simbólico y cultural con la patria chica estaba el interés comercial, comprensible si tenemos en cuenta que los miembros del IVCH participaban frecuentemente en los consejos de dirección de las grandes empresas vizcaínas del momento.

El final del consenso: una nueva mirada sobre la cultura vasca en la década de 1960

Desde principios de la década de 1960 actividades alternativas a la cultura oficial fueron progresivamente ocupando los espacios públicos. Grupos y asociaciones que promovían una concepción de cultura vasca que iba más allá de lo folklórico y pintoresco aceptado por las autoridades comenzaron a adquirir cada vez mayor protagonismo. Aunque habían comenzado tímidamente en algunos pueblos a mediados de la década anterior, la tendencia a organizar festivales vascos aumentó a medida que avanzaba la década de 1960.

Paralelamente a la actividad de la RSVAP y el IVCH se habían celebrado durante la posguerra varios festivales vascos, equivalente popular del sano regionalismo de las elites que guiaba por aquel entonces la actividad de las mencionadas instituciones. En 1940 San Sebastián recuperó la idea de celebrar las Fiestas Euskaras, que se habían celebrado en los años anteriores a la Guerra Civil, y ya a comienzos de la década de 1950 el Seminario de Filología Vasca Julio Urquijo colaboró en su organización. Certámenes literarios, teatro, exhibiciones de danzas y juegos populares tenían lugar en el marco de estas celebraciones, que si bien contribuyeron a impulsar la cultura vasca en los años de la dictadura, estaban ambientadas en un escenario de calles y balcones engalanados con banderas españolas. Constituían ocasiones en las que mostrar el folklore regional como auténtica, espontánea e ingenua representación del pueblo, no exentas de motivaciones económicas ligadas al turismo.

Pero este tipo de festivales no eran siempre bien recibidos por todos. Para muchos vascos estas exhibiciones de folklore transmitían una visión estereotipada y superficial de la cultura vasca que consideraban insuficiente. Son reveladoras las palabras del médico e intelectual Ignacio María Barriola:

«Suenan en la Avenida los cuernos de los “albokari” y poco después pasa el desfile de grupos y carrozas que se dirigen al festival folklórico. No me he levantado de la mesa a verlos. Desde que nuestro idioma, convertido en “Monumento” ha pasado de las calles a los laboratorios de los filólogos, y nuestras costumbres, vigiladas con prevención en su ambiente, en números de atracción para los forasteros y fuente de ingresos para empresas, la promiscuidad de nuestras esencias me da dolor; dolor y grima» 45.

También se solían incluir actividades que limitaban la cultura vasca a su dimensión más rural y a menudo ridiculizaban al aldeano vasco: el espectáculo de Pello Kirten, por ejemplo, provocaba las risas del público con su representación del atraso y la estupidez del campesino vasco. Muchos jóvenes rechazarían este tipo de espec­táculos en las décadas siguientes, criticando su superficialidad y reclamando una cultura más actual e innovadora.

Los últimos años de la década de los cincuenta coincidieron con la reactivación de la red asociativa de las juventudes católicas. En el caso vasco proliferaron grupos locales dedicados a promover actividades de ocio para la juventud, entre las que destacaban homenajes a personalidades locales y festivales vascos que aprovechaban para recuperar tradiciones populares. Con el tiempo, estas actividades fueron adquiriendo creciente relevancia como actos de afirmación cultural y política, en los que el sentimiento nacionalista vasco emergía con fuerza. Bajo la protección de la red asociativa católica, sectores próximos al nacionalismo vasco fueron recuperando las calles con actividades que escapaban al estrecho control de las autoridades civiles.

Surgieron así una serie de iniciativas cuyo objetivo era promover una nueva concepción de cultura vasca acorde con los nuevos tiempos y centrada sobre todo en la promoción de la lengua. Las jóvenes generaciones que surgían en los años sesenta estaban más interesadas en la creación de nuevas expresiones culturales inspiradas en la realidad social del momento y capaces de influir en un público más amplio que en el mantenimiento y conservación del patrimonio o las investigaciones limitadas al ámbito académico. En el caso del nacionalismo vasco, la difusión y el uso de la lengua fueron adquiriendo un protagonismo creciente: junto con las primeras ikastolas, se creó una red de asociaciones dedicadas a la enseñanza del euskera a adultos, se promovieron ferias del disco y libros vascos, teatro en euskera, semanas culturales vascas, etcétera 46.

Tras los años de silencio de la posguerra, esta creciente actividad cultural provocó en las autoridades franquistas una renovada preocupación por la amenaza del separatismo vasco. Informes del gobernador civil de Guipúzcoa en 1960 señalaban distintos grupos que merecían ser vigilados, entre ellos las jóvenes generaciones del movimiento nacionalista vasco. El gobernador civil sugería que se debía controlar cualquier actividad que pudiese derivar en divisiones políticas, al tiempo que se protegía el cultivo de la «sincera tradición» 47. Los informes enviados por las autoridades locales revelan la sospecha de que el nacionalismo vasco instrumentalizaba políticamente las características culturales de las provincias vascas, por lo que, además del control, prohibición y censura practicados en las décadas anteriores, se planteó afrontar el problema mediante una acción cultural integradora.

Entre 1961 y 1963 se desarrolló un debate en el CNM en el cual algunos de los participantes plantearon llevar a cabo lo que denominaron acción positiva para contrarrestar las críticas de quienes afirmaban que el régimen de Franco perseguía la lengua vasca. Algunos miembros del CNM propusieron promover una cultura integradora que presentase cada expresión de lo vasco como genuinamente español. Esta acción cultural debía desarrollarse en diversos ámbitos, como el folklore, la lengua o la investigación acerca de la historia y costumbres. Se negaba así la existencia de una cultura vasca distinta de la española, silenciando los esfuerzos del nacionalismo por desarrollar una cultura propia 48. Retomando el discurso del vasquismo español, proponían hispanizar las expresiones culturales de las distintas regiones a fin de promover la unidad; se debían proteger los valores históricos, espirituales y culturales de las diversas regiones como parte de una herencia común española 49. Aunque no todos los miembros del CNM estaban de acuerdo y había quienes alertaban de los riesgos de promover la cultura regional en aquellos lugares donde el problema del separatismo ­estaba latente.

Conscientes del valor de la lengua como principal elemento diferenciador, insistieron en que el vascuence era incapaz de expresar las ideas de la alta cultura, por lo que no merecía la pena promover su aprendizaje, tan solo mantener su pureza en tanto que vestigio del pasado. Precisamente en el momento en que la revalorización y modernización de la lengua vasca se convertía en principal objetivo de los sectores próximos al nacionalismo vasco, los miembros del CNM insistían en promover su uso académico. Un cultivo de la lengua como curiosidad lingüística que convivía con la prohibición del uso cotidiano del euskara en la escuela y espacios públicos. Además, se consideraba urgente la creación de un Centro de Estudios Vascos conectado a la Universidad y al CSIC como instrumento esencial para impulsar investigaciones científicas acerca de la historia, lingüística y filosofía vascas, evitando así que el nacionalismo vasco impusiese su interpretación.

Sorprende escuchar estas propuestas cuando existían ya una serie de instituciones dedicadas precisamente al estudio de los aspectos arriba mencionados. Euskaltzaindia, creada en 1918, continuaba desarrollando su actividad de investigación filológica y la RSVAP, desde el reinicio de su actividad en 1944, se dedicaba a cumplir precisamente la función propuesta en los debates del CNM. Descartada su ignorancia, cabría pensar que estas instituciones no se consideraban eficientes, quizá porque en su seno comenzaban a escucharse voces discordantes. De hecho, además de la tradicional labor de investigación lingüística e histórica y la protección del patrimonio, algunos miembros de la RSVAP comenzaban a promover iniciativas como la creación de una universidad vasca o la unificación del euskara, que iban más allá de los objetivos declarados por esta sociedad en su refundación casi veinte años antes.

Lo cierto es que en unos años en que la noción de cultura vasca moderna y adaptada a los nuevos tiempos fomentada por el nacionalismo vasco ocupaba cada vez más espacios públicos y disfrutaba de un éxito creciente, la mayor parte de las iniciativas promovidas por la RSVAP y el IVCH continuaban inmersas en el discurso de décadas anteriores, progresivamente alejadas de lo que sucedía en las calles del País Vasco de la última década del franquismo.

Otro ejemplo de acción cultural basada en el vasquismo español fue la actitud de la censura con respecto al documental Ama Lur (1968) al proponer presentar esta película como un símbolo de hispanidad en vez de simplemente prohibirla por considerarse un símbolo vasco 50. Desde el nacionalismo vasco se entendía este documental como un paso importante de afirmación cultural, ya que recogía numerosas referencias a símbolos presentes en su discurso: los orígenes prehistóricos de un pueblo que hablaba la lengua más antigua de Europa, las referencias a las instituciones forales, las siete provincias vascas, etc. Los censores comprendieron desde el principio el trasfondo político del documental, por lo que trataron de reaccionar manipulando su contenido.

Una vez más, entre las autoridades franquistas no había acuerdo acerca de la manera en que se debía hacer frente a la actividad cultural promovida por el nacionalismo vasco. Mientras algunos defendían la prohibición, otros se decantaban por la acción positiva, transformando el contenido del documental a fin de hispanizarlo. Esta estrategia se proponía sobre todo desde aquellos sectores de la sociedad vasca vinculados al régimen, opuestos al nacionalismo vasco, pero con el que compartían determinados símbolos. Frente a aquellos que veían en Ama Lur un documental provasco carente de hispanidad, el abogado bilbaíno José María Sotomayor argumentaba que este podía interpretarse como muy español si se llevaba a cabo una política de apropiación de los símbolos y mitos vascos 51. En su opinión, el documental debía ser promocionado en Madrid y se le debía otorgar algún premio. Al final, Ama Lur recibió el premio Conde de Foxá a la mejor exaltación de los valores hispánicos en el Certamen Internacional de Cine Documental y Cortometraje de Bilbao, organizado precisamente por el IVCH.

Pero esta política activa llevada a cabo por los censores para transformar el significado de Ama Lur no tuvo el efecto esperado. En parte porque ignoraba el hecho de que las expresiones culturales no adquieren su significado solamente del contenido y menospreciaba el papel activo de una audiencia predispuesta a leer las imágenes en clave nacionalista vasca. Una manipulación superficial de la película basada en la omisión o transformación de determinadas secuencias no era suficiente 52. Extrapolando, se podría decir que este era también el caso de la reinterpretación de la cultura vasca que el régimen franquista trató de establecer.

A pesar de su aplicación en casos puntuales, las propuestas planteadas en los debates del CNM no tuvieron gran recorrido, ya que el debate se planteaba de nuevo a principios de la década de 1970 en términos similares 53. No había habido grandes avances desde los anteriores debates, lo que sugiere el estancamiento de una política incapaz de adaptarse a las nuevas circunstancias. De hecho, las iniciativas guiadas por el denominado vasquismo español resultaban cada vez menos atractivas para el gran público y las asociaciones que las promovían parecían distanciarse progresivamente de los cambios que estaban teniendo lugar en la ­sociedad vasca.

En 1973 Ignacio María Barriola criticaba en sus memorias las reuniones de la RSVAP comparándolas con tertulias intrascendentes y presuntuosas 54. Barriola subrayaba además la falta de arraigo público de una asociación que consideraba inoperante y desfasada. En su opinión, solo dando paso a una juventud idealista y entusiasta conseguirían dar el giro radical que la RSVAP necesitaba para ocupar su debido lugar en la vida cultural contemporánea 55. Por las mismas fechas, las memorias del IVCH reflejaban una significativa falta de actividad, al tiempo que una de sus más exitosas iniciativas, el Certamen Internacional de Cine Documental, pasaba a depender de las instituciones locales.

Varios años más tarde, una vez comenzado el proceso de transición a la democracia, los propios miembros de la RSVAP comentaban la necesidad de adaptarse a los nuevos tiempos 56. Entre 1976 y 1978 se planteó la necesidad de redactar unos nuevos estatutos a la vez que, siguiendo la propuesta de la Diputación de Guipúzcoa, se proponía la dinamización de entidades culturales y académicas vascas a nivel autonómico, acercándolas a la realidad cultural del país. Los nuevos estatutos reflejaron la cooficialidad del euskera y la sociedad recuperó su nombre original: Real Sociedad Bascongada [con B] de Amigos del País 57. Además de promover un distrito universitario común vasco, la RSBAP centró su interés en la publicación de obras acerca de la cultura vasca, los fueros y el estatuto de autonomía. Defendieron en repetidas ocasiones la recuperación de las libertades forales, insistieron en la necesidad de elaborar un estatuto de autonomía y ofrecieron su colaboración al Consejo General Vasco, del que varios de sus socios fueron miembros 58.

Conclusiones

La actividad descrita en las páginas anteriores muestra cómo desde sectores de la derecha vasca afín al régimen se construyó y difundió un discurso sobre la cultura vasca dirigido a probar la españolidad de lo vasco y subrayar la lealtad histórica de los vascos a España. Parece claro que la acción cultural positiva mencionada en los debates del CNM a principios de la década de 1960 tuvo su origen en las iniciativas llevadas a cabo en las décadas anteriores por diversos grupos e intelectuales vascos políticamente vinculados al régimen franquista más que en las propias autoridades nacionales. Fue además un discurso que mostró bastante continuidad, pues en líneas generales se mantuvo durante todo el periodo estudiado, desde la propuesta de Zacarías de Vizcarra en su Vasconia españolísima hasta el final de la dictadura.

Lógicamente, la oferta regionalista provino en gran medida de las propias provincias vascas, articulada en torno a la elite local afín al régimen, que veía el sano regionalismo del franquismo como una posible alternativa para integrar las provincias vascas en la idea de España y obtener consenso. El apoyo de las autoridades provinciales, que además de ofrecer financiación ejercieron un menor control sobre su actividad, fue fundamental. Las autoridades a nivel nacional, en cambio, no siempre mostraron un apoyo tan decidido. Difícilmente cabía esperar que quienes no tenían directo conocimiento del contexto vasco apreciasen las ventajas de este planteamiento. Fuera de las provincias en las que existía algún conflicto entre identidades nacionales y regionales era difícil comprender el valor de estas propuestas.

Las propuestas presentadas en el CNM tuvieron un alcance limitado: ni tuvieron el éxito esperado ni calaron en la mayoría de la sociedad vasca. No parece que se tomaran demasiado en serio en la práctica, ya que solo aquellos sectores próximos al régimen aceptaron y fomentaron esa visión estereotipada de lo vasco. Más que de una política cultural coherente y aplicada de forma general por las autoridades, deberíamos hablar de una actitud y una serie de iniciativas por parte sobre todo de sectores conservadores y católicos provenientes de las provincias vascas que trataron de materializar e imponer su visión de la cultura vasca.

Diversos motivos explican el poco éxito de estos intentos de establecer una cultura integradora. Por una parte, la escasa capacidad de penetración o difusión que tuvo la cultura oficial, que se mantuvo en el reducido ámbito de una elite afín al régimen. La actividad de asociaciones como la RSVAP o el IVCH se centró sobre todo en la organización de reuniones y conferencias que congregaban a un reducido grupo de personas o en la publicación de artículos académicos que difícilmente llegaban al gran público. Al menos en las provincias vascas, no se esforzaron demasiado por apoyar la promoción de la cultura a nivel más popular. La participación en los coros y danzas de la Sección Femenina nunca suplió la falta de ayudas a una red asociativa popular que fomentase un tipo de cultura más popular y acorde con los afanes integradores del régimen. Las casas regionales, por ejemplo, apenas recibieron ayuda oficial si las comparamos con los apoyos recibidos por los Ateneos, la ­RSVAP o el IVCH en el País Vasco. Tal como se planteó, la política cultural del franquismo no tenía demasiadas oportunidades ni invirtió los recursos necesarios para calar en la sociedad.

Es más, en las provincias vascas pervivía un rechazo a este tipo de cultura y los estereotipos que promovía. El discurso oficial no fue capaz de constituir una alternativa al emergente movimiento cultural vasco promovido por sectores afines al nacionalismo vasco desde finales de los años cincuenta y, sobre todo, durante la década siguiente. Areilza se equivocaba cuando en 1944 afirmaba que el nacionalismo vasco, vencido, ya no suponía un reto. El nacionalismo vasco había resistido durante la dictadura manteniendo su disidencia en los espacios privados, limitándose a menudo a un silencioso rechazo, hasta que progresivamente volvió a ocupar los espacios públicos con una nueva concepción de la cultura vasca que acabaría imponiéndose.

En un nuevo contexto en que los jóvenes se sentían atraídos por movimientos de izquierda que propugnaban cambios revolucionarios en la sociedad, no parece que las jóvenes generaciones de principios de la década de 1960 se identificasen con un discurso conservador y anticuado sobre la cultura vasca gestado en las décadas inmediatamente posteriores a la guerra. A finales de la década de 1950 y principios de la siguiente surgirían una serie de grupos y asociaciones más populares cuya actividad respondía a un concepto de cultura más moderno y progresista promovido por nuevas generaciones nacidas en la posguerra. Fiestas vascas, ferias del disco y libros, conciertos de música, actuaciones de teatro... alcanzaban a un público más amplio y terminarían desarrollando un concepto de cultura adaptada a las transformaciones que habían tenido lugar en la sociedad. El consenso que había tratado de establecer el régimen fracasó hacia mediados de la década de 1960, cuando las voces que se habían mantenido en la esfera privada comenzaron a escucharse y ocupar los espacios públicos con visiones alternativas.

La acción cultural positiva descrita en las páginas anteriores fracasó porque pretendía transmitir un concepto de cultura vasca anclado en el pasado y un tanto anacrónico. Además, sus promotores no habían conseguido llegar al gran público, ni probablemente había sido la intención de la mayoría de ellos, a juzgar por el tipo de actividades que promovieron. Una vez llegado el final de la dictadura, instituciones como la RSBAP, que había retomado su actividad en el seno del discurso del sano regionalismo, se fueron adaptando a los cambios de una sociedad en la que se imponían nuevas visiones de la cultura y la política.


1 Hace ya varias décadas que el desarrollo de los estudios culturales propuso estudiar la cultura como espacio en el que afloran tensiones existentes en la sociedad. La historia cultural del siglo xx español refleja el conflicto entre diferentes maneras de interpretar la sociedad española, que llevó a una pugna por imponer determinados significados a costa de silenciar otros. Véase Helen Graham y Jo Labanyi (eds.): Spanish Cultural Studies: An Introduction, Oxford, Oxford University Press, 1995, p. 6.

2 Siguiendo la propuesta de Núñez Seixas, se pretende ver el papel que las culturas subnacionales y su oferta de un patrimonio cultural sobre el que refundar la nación tuvieron a la hora de articular el nacionalismo franquista. Este nacionalismo regionalizado tenía la ventaja de que podía ser compartido por actores ideológicamente diversos dentro del nacionalismo franquista, colaborando así a la creación de cierto consenso. Véase Xosé Manoel Núñez Seixas: «La región y lo local en el primer franquismo», en Stéphane Michonneau y Xosé Manoel Núñez Seixas (eds.): Imaginarios y representaciones de España durante el franquismo, Madrid, Casa de Velázquez, 2014, pp. 127-154, esp. pp. 127-128.

3 Zacarías de Vizcarra: Vasconia españolísima. Datos para comprobar que Vasconia es reliquia preciosa de lo más español de España, San Sebastián, Editorial Española, 1939, p. 2. La propuesta de Vizcarra no era novedosa: existía en las provincias vascas un discurso foralista conformado en siglos anteriores que había construido una narración que resaltaba los estrechos lazos que unían a las provincias vascas con el resto de la nación. Dicho discurso defendía el mantenimiento del régimen foral junto con la adhesión a la corona, mostrando la posibilidad de una convivencia entre lealtades e identificaciones complementarias. Es más, desde comienzos del siglo xx se fue conformando en el plano intelectual y político un «españolismo» promovido especialmente por la burguesía vizcaína que defendía la integración de los vascos en la nación común española. Véase Luis Castells y Juan Gracia: «La nación española en la perspectiva vasca», en Antonio Morales Moya, Juan Pablo Fusi y Andrés de Blas Guerrero (dirs.): Historia de la nación y del nacionalismo español, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2013, pp. 977 y 985.

4 Amaia Lamikiz Jauregiondo: «Ambiguous “Culture”: Contrasting Interpretations of the Basque Film Ama Lur and the Relationship Between Centre and Periphery in Franco’s Spain», National Identities, 4, 3 (2002), pp. 291-306.

5 El régimen de Franco se dotó de un importante aparato de medios de comunicación a su servicio y estableció una rigurosa censura, que junto con las consignas oficiales y el control estatal contribuyeron a restablecer el dogma católico y el ideal nacional. Véase Juan Pablo Fusi: Un siglo de España. La cultura, Madrid, Marcial Pons, 1999, p. 101.

6 Zira Box: España, año cero: la construcción simbólica del franquismo, Madrid, Alianza Editorial, 2010.

7 Cándida Calvo: «Franquismo y política de la memoria en Guipúzcoa. La búsqueda del consenso carlista (1936-1951)», en Alicia Alted (coord.): Entre el pasado y el presente. Historia y memoria, Madrid, UNED, 1995, pp. 163-182.

8 El caso vasco no fue una excepción a la hora de cultivar la cultura regional para promover la unidad nacional, como muestra el trabajo de Andrea Geniola acerca de las delegaciones locales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en las primeras décadas del franquismo. Véase Andrea Geniola: «El nacionalismo regionalizado y la región franquista: dogma universal, particularismo espiritual, erudición folklórica (1939-1959)», en Ferrán Archilés e Ismael Saz (eds.): Naciones y Estado. La cuestión española, València, Universitat de València, 2014, pp. 189-224, esp. pp. 206-208.

9 Varios miembros guipuzcoanos de la RSVAP pertenecían al grupo de intelectuales que se reunían en la Biblioteca Provincial. Idoia Estornés, hija del editor Bernardo Estornés, comenta en sus memorias que los contertulios se solían reunir en un ambiente bastante conservador y hablaban de temas por lo general poco comprometedores. En aquellas tertulias se reunían José Miguel de Azaola, Manuel Agud Querol, Luis Mitxelena, José Berruezo, José María Busca Isusi, Antonio Valverde, Mariano Ciriquiain y Miguel Pelay Orozco, entre otros. Véase Idoia Estornés ZubizarretaCómo pudo pasarnos esto: crónica de una chica de los sesenta, Donostia, Erein, 2013, pp. 155-156.

10 Juan Pablo Fusi: Un siglo de España..., pp. 99-101.

11 Javier Sánchez Erauskin: El nudo corredizo. Euskal Herria bajo el primer franquismo, Tafalla, Txalaparta, 1994, p. 90.

12 Luis Castells y Juan Gracia denominan «generación de encuentro» a un grupo de intelectuales liberales vasquistas entre los que se encuentran Azaola, Mitxelena, Caro Baroja, Santamaría, Arocena y Arteche. Desde distintas posiciones, estos autores preconizaron valores de convivencia y comprensión, representando una cultura liberal de afinidad con España de la que el País Vasco se consideraba un órgano vital. Véase Luis Castells y Juan Gracia: «La nación española en la perspectiva...», p. 991.

13 Leyre Arrieta y Miren Barandiaran: Diputación y modernización: Gipuzkoa, 1940-1975, San Sebastián, Diputación Foral de Guipúzcoa, 2003, p. 20. En Vizcaya, la Diputación —a través de la Comisión de Monumentos y la Junta de Cultura de Vizcaya—, y especialmente su presidente Javier de Ybarra, colaboró con la comisión vizcaína de la RSVAP. Véase Alfonso Carlos Saiz Valdivielso: Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País. Crónica de cincuenta años (1943-1993), Bilbao, Fundación BBV, 1993, p. 29.

14 José María de Areilza: Pasado y futuro de la Real Sociedad Vascongada, San Sebastián, Sociedad Vascongada de Amigos del País, 1944, pp 14-18. Areilza entendía la labor cultural de la RSVAP como recuperación y protección del patrimonio cultural heredado del pasado. A ello añadía el interés por los estudios eruditos acerca de la lengua, historia y tradiciones del país, que supondrían buena parte de las contribuciones al boletín de esta asociación.

15 Cándida Calvo: Poder y consenso en Guipúzcoa durante el franquismo ­(1936-1951), tesis doctoral, Universidad de Salamanca, 1994, p. 450.

16 La Diputación albergó en sus edificios los distintos servicios del Instituto Esteban Garibay, facilitando el uso de sus fondos archivísticos y bibliotecarios y apoyándolo económicamente. Véase Leyre Arrieta y Miren Barandiaran: Diputación y modernización..., pp. 176-177.

17 El proyecto, aprobado en octubre de 1941, quedó suspendido cuando su principal promotor Elías Querejeta fue nombrado gobernador civil de Murcia a finales de aquel año. Véase Cándida Calvo: Poder y consenso..., p. 452.

18 Leyre Arrieta y Miren Barandiaran: Diputación y modernización..., pp. 180-182.

19 «Discurso acerca de Joaquín Javier Mendizábal Cortázar, conde de Peñaflorida, y preparado por Joaquín de Yrizar para leerlo ante los miembros de la Real Sociedad Vascongada de los Amigos del País», San Sebastián, Biblioteca Koldo ­Mitxelena, 1955, FR 091-MS 309.

20 «¿Renace el euskera?», 20 de enero de 1945. Véase José María Urkia Etxabe (ed.): Barriola íntimo: un médico humanista vasco en su Diario (1928-1998), Zarauz, Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, 2007, p. 674.

21 Orden de 28 de julio de 1939 disponiendo la disolución de todas las asociaciones constituidas con posterioridad al 17 de julio de 1936 que tengan por finalidad única o principal el mantenimiento de círculos de recreo, cualesquiera que sea su denominación, BOE, 15 de agosto de 1939, y Decreto de 25 de enero de 1941: modificaciones al régimen de asociaciones, Archivo General de la Administración (en adelante, AGA), Gobernación, 388.

22 Amaia Lamikiz Jauregiondo: «Espacios para una cultura desde abajo: asociacionismo donostiarra e imágenes de la nación durante el franquismo», Historia y Política, 38 (2017), pp. 129-159.

23 Alfonso Carlos Saiz Valdivielso: Real Sociedad Bascongada..., p. 13.

24 José María de Areilza: Pasado y futuro...

25 Areilza insistía en las consecuencias negativas de la Ilustración, que provocó la transición desde la cultura a la civilización, culminando a finales del siglo xviii con la revolución liberal que arrasó altar y trono, rompiendo los modelos de sociedad tradicional. Véase ibid., pp. 11-14.

26 Juan Goberna: «Conceptos en el frente. La querella de la Kultur y la civilisation durante la Primera Guerra Mundial», Historia Contemporánea, 28 (2004), pp. 425-437.

27 José María de Areilza: Pasado y futuro..., pp. 14-18.

28 Ibid., p. 18.

29 Alfonso Carlos Saiz Valdivielso: Real Sociedad Bascongada..., p. 19. En los primeros años existieron dificultades económicas para realizar proyectos, si bien con el tiempo el apoyo de las diputaciones provinciales y cajas de ahorros permitió una mayor actividad.

30 Las actas de la RSVAP reflejan la escasa vitalidad de la sociedad a finales de la década de 1950, así como la necesidad de atraer socios jóvenes que aportasen ideas nuevas. Véase Alfonso Carlos Saiz Valdivielso: Real Sociedad Bascongada..., pp. 44-48.

31 «Memorias de I. M. Barriola» (23 de junio de 1954), en José María Urkia Etxabe (ed.): Barriola íntimo..., p. 747. Barriola era un intelectual que no ocultaba su nacionalismo y siempre mostró una actitud de apoyo y defensa de la cultura vasca.

32 Algo semejante sucedió con Euskaltzaindia, que no se limitó a ser una sumisa asociación al servicio de la dictadura ni promovió la resistencia activa, sino que aprovechó los espacios disponibles para desarrollar su actividad cultural. Véase Antón Ugarte Muñoz: Gerraosteko Euskaltzaindiaren historia kulturala (1936-1954), Bilbao, Euskaltzaindia-Universidad del País Vasco, 2018.

33 Gustavo Alares: «Una sinfonía de multicolor variedad: el Instituto Cultural Hispánico de Aragón (1950-1971)», Revista de Historia Jerónimo Zurita, 80-81 (2006), pp. 253-274, esp. p. 257. Véase también Gustavo Alares: Políticas del pasado en la España franquista (1939-1964). Historia, nacionalismo y dictadura, Madrid, Marcial Pons, 2017.

34 Ponencia del Instituto Vascongado de Cultura Hispánica sobre sus actividades pasadas y algunas posibilidades del futuro, Bilbao, Imprenta Provincial de Vizcaya, 1963, p. 17.

35 IVCH: Memoria del curso 1961-1962, Bilbao, Biblioteca de la Diputación Foral de Vizcaya, MSV-140, 1962, p. 18.

36 Luis Castells y Juan Gracia: «La nación española en la perspectiva...», p. 988.

37 Sobre el significado de Hispanidad véase Pedro Carlos González Cuevas: «Hispanidad», en Javier Fernández Sebastián y Juan Francisco Fuentes (dirs.): Diccionario político y social del siglo xx español, Madrid, Alianza Editorial, 2008, pp. 617-622. Acerca de la dimensión internacional de este concepto véase Gustavo Alares: «Una sinfonía de multicolor variedad...», p. 254. Véanse también Lorenzo Delgado: «La política latinoamericana de España en el siglo xx», Ayer, 49 (2003), pp. 121-160, y Antonio Cañellas Mas: «Las políticas del Instituto de Cultura Hispánica, ­1947-1953», Historia Actual Online, 33 (2014), pp. 77-91.

38 «Expediente de inscripción de la asociación Instituto Vascongado de Cultura Hispánica», AGA, IDD (08)022.002, sig. 52-00341-05902.

39 Ponencia del Instituto Vascongado de Cultura Hispánica..., p. 8.

40 Marcela García Sebastiani y David Marcilhacy: «América y la fiesta del 12 de octubre», en Javier Moreno Luzón y Xosé Manoel Núñez Seixas (eds.): Ser españoles. Imaginarios nacionalistas en el siglo xx, Barcelona, RBA, 2013, pp. 364-398, y Marcela García Sebastiani: «El 12 de octubre de 1964 en el País Vasco y su impacto transnacional en Venezuela», Mélanges de la Casa de Velázquez, 50, 2 (2020), pp. 141-167.

41 Programa del Día de la Hispanidad, Bilbao, 1964, Biblioteca de la Diputación Foral de Vizcaya, VF-2407. El IVCH aprovechó esta ocasión para publicar el libro Los vascos en la Hispanidad.

42 Santiago de Pablos: El cine en Euskal Herria, 1896-1998, Vitoria, Fundación Sancho el Sabio, 1998, pp. 18-24.

43 II Certamen Internacional de Cine Documental Iberoamericano y Filipino, Bilbao, IVCH, 1960, pp. 22-23.

44 Ponencia del Instituto Vascongado de Cultura Hispánica..., pp. 15-19.

45 «Memorias de I. M. Barriola» (5 de agosto de 1951), en José María Urkia Etxabe (ed.): Barriola íntimo..., p. 751.

46 Amaia Lamikiz Jauregiondo: Sociability, Culture and Identity: Associations for the Promotion of an Alternative Culture under the Franco Regime (Gipuzkoa, 1960s-1970s), tesis doctoral, European University Institute, 2005.

47 «Memoria del Gobierno Civil de Guipúzcoa, 1960», AGA, Gobernación, caja 11310.

48 La cultura vasca debía presentarse como un resto del pasado, nunca una alternativa de futuro. Véase «Actuación política de los nacionalistas vascos», AGA, CNM, caja 9835.

49 «Política de unidad. Estudio crítico del separatismo», AGA, CNM, caja 9839.

50 Amaia Lamikiz Jauregiondo: «Ambiguous “Culture”...».

51 «Ama Lur, informes y correspondencia relativos a la Junta de Censura y Apreciación de películas (1967-1968)», Archivo del Ministerio de Cultura, exp. 47806. Sotomayor era además miembro destacado del Nuevo Ateneo de Bilbao. Véase Antón Ugarte Muñoz: «Un vasquismo liberal imposible: el Nuevo Ateneo de Bilbao (1950-1952)», Vasconia, 43 (2019), pp. 133-163.

52 Amaia Lamikiz Jauregiondo: «Ambiguous “Culture”...», p. 298.

53 «Concepción política del Movimiento y su proyección frente a la subversión ideológica», AGA, CNM, caja 254.

54 «Memorias de I. M. Barriola» (23 de junio de 1973), en José María Urkia Etxabe (ed.): Barriola íntimo..., pp. 792-793.

55 Ibid., pp. 903-904.

56 «Memoria de actividades», Boletín de la RSBAP, año 33, cuaderno 3-4 (1977), pp. 561-565, y «Memoria de actividades», Boletín de la RSBAP, año 34, cuaderno 1-2 (1978), pp. 273-281.

57 Alfonso Carlos Saiz Valdivielso: Real Sociedad Bascongada..., pp. 80-81.

58 Ibid., pp. 76-78.