Ayer 130/2023 (2): 247-272
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2023
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/1275
© Roque Sanfiz Arias
© Andrés Domínguez Almansa
Recibido: 12-01-2021 | Aceptado: 24-05-2021 | Publicado on-line: 10-04-2023
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License
La «epidemia» del sport. Educación, socialización y expansión del deporte en Galicia y Cataluña (1870-1914) *
Roque Sanfiz Arias
Universidade de Santiago de Compostela
roquesanfiz@gmail.com
Andrés Domínguez Almansa
Universidade de Santiago de Compostela
andres.dominguez@usc.es
Resumen: Desde la perspectiva comparada analizamos la introducción y el arraigo social del fenómeno deportivo en Galicia y Cataluña. El proceso comenzó en los gimnasios, iniciando un modelo asociativo que paliaba la ausencia de cultura física en el sistema educativo. Continuó con la expansión de la bicicleta y se consolidó mediante la creación de clubs de fútbol en localidades diversas, convirtiéndose en un deporte de masas con fuerte anclaje en la identidad territorial. La comparación Galicia-Cataluña permite observar su incorporación al fenómeno deportivo de forma sincrónica, alentada por idénticos agentes sociales y un universo cultural compartido.
Palabras clave: perspectiva comparada, Galicia, Cataluña, cultura deportiva, modernidad.
Abstract: We analyze the beginnings and growing social influence of organized sport in Galicia and Catalonia through a comparative perspective. The process began in gymnasiums, which initiated an associative model that played a role that the educational system lacked. It continued with the expansion of bicycling. The phenomenon became consolidated with the creation of football clubs in cities and towns. Football became a mass sport intimately linked with identity. The comparison between Galicia and Catalonia shows how these territories came to embrace organized sport around the same time, encouraged by identical social agents and a shared cultural universe.
Keywords: comparative perspective, Galicia, Catalonia, sports culture, modernity.
Para Jaime Solá el sport ya era epidémico en 1909 1. Calificaba así al deporte en Vida Gallega, revista viguesa exponente de la modernidad 2. El Diccionario enciclopédico hispano-americano de 1890 entendía que una epidemia requería dos características básicas: que se tratase de una enfermedad infecciosa y que el elemento morboso fuese independiente de la disposición individual 3. El deporte se propagó por Europa y por la península con una velocidad casi contagiosa y, pese a disponer de un componente individual, se trató de una tendencia generacional que empujó a miles de jóvenes a introducirse rápidamente en las prácticas deportivas. Solá valoraba la expansión en clave positiva y en inglés, como dictaban los cánones de lo novedoso y digno de perdurar.
En este trabajo se pretende mostrar y analizar cómo se propagó esa «epidemia» en Cataluña y Galicia. Su fase inicial, muy vinculada a un interés educativo y socializador, sus vías de propagación, consecuencias e irremediable cura. Se parte de la convicción del potencial de la fusión de la historia social y cultural como herramienta de análisis de la cultura de la modernidad y la asimilación de las corrientes europeas del momento a través del deporte 4. Se aborda mediante un estudio comparado entre Cataluña y Galicia, para tratar de analizar la recepción y adaptación de la práctica deportiva en dos espacios distintos, pero con un universo de transformación común 5. En ambos se produjeron debates sobre la irrupción del fenómeno deportivo con impacto en unos medios escritos que evolucionaron adaptándose a esta nueva realidad.
La comparación parte de una concepción de la historia del deporte como análisis de un fenómeno surgido en la sociedad contemporánea 6. En esta línea interpretativa se inscribe la amplia producción de historia social del deporte en Cataluña, con una trayectoria de treinta años de investigación, especialmente gracias a los trabajos de Carles Santacana y Xavier Pujadas. La producción sobre historia social del deporte en Galicia es mucho más reciente, destacando la obra de Andrés Domínguez-Almansa. Esta comparación se asienta en estas dos líneas de investigación, partiendo de una revisión de los trabajos sobre historia social del deporte en Cataluña y Galicia. La descompensación entre los estudios de uno y otro territorio hicieron necesario complementar el análisis con una consulta de prensa generalista y especializada. Así, fue posible establecer una comparación sobre asuntos que ya han sido tratados en el ámbito catalán, pero que no han sido investigados de una forma tan sistemática en el caso gallego. Para esto, se han utilizado principalmente dos de las más destacadas cabeceras gallegas del periodo estudiado, La Voz de Galicia y El Correo Gallego, y otras revistas de tipo cultural que mostraban interés por el deporte como Vida Gallega o Galicia Moderna. La prensa ayuda a salvar los obstáculos de la situación débil y fragmentaria de la documentación archivística sobre asociacionismo deportivo.
Nuestra atención se centra en las dos últimas décadas del siglo xix y los comienzos del xx, con punto final en 1914. En esta fecha se puede considerar que el deporte ya se había constituido como fenómeno social y cultural. Lo que sucedería a continuación sería un avance en términos cuantitativos y una constante imbricación en las dinámicas sociales del futuro inmediato hasta 1936 7. Estudiar el fenómeno deportivo supondrá abordar una nueva comprensión de las sociedades gallega y catalana en los primeros años del siglo xx y ubicarlas en el contexto europeo. También, desde la comparación, contribuir a una construcción historiográfica que ha venido ofreciendo una perspectiva más amplia de la sociedad gallega, superadora del mito del atraso y el estatismo social 8.
La península ibérica tuvo sus propios ritmos de industrialización, que no fueron acompasados en sus distintos territorios 9. En la segunda mitad del siglo xix, algunas ciudades y comarcas catalanas experimentaban un abierto proceso de industrialización. Barcelona era un núcleo puntero que atraía población rural de dentro y fuera de Cataluña y en el que se consolidaba una nueva burguesía industrial y comercial 10. Fue en este contexto de transformación en el que se dieron las condiciones oportunas para el desarrollo del deporte como fenómeno contemporáneo, hijo y a la vez síntoma de la modernización 11. Mientras tanto, Galicia mantuvo un empeño industrializador con distintos resultados 12. Lo representaba un sector textil que intentaba incorporar al campesinado mediante el putting-out-system, una industria del cuero ya en declive y las industrias naval y conservera. Fijadas a lo largo del litoral, estas últimas fueron las que se convirtieron desde finales del siglo en auténticos ejes del desarrollo industrial gallego 13.
En sincronía con la industrialización empezaron a formarse núcleos urbanos favorecedores del binomio modernidad-deporte. Barcelona experimentaba un crecimiento notable cuando A Coruña y Vigo incrementaban su protagonismo demográfico en Galicia, amparándose en sus posibilidades como urbes portuarias receptoras de buques y donde comenzaban a abundar los talleres navales 14. No era una banalidad que, desde esta perspectiva, la paradigmática ciudad catalana se apreciase y asumiese como eje del progreso. Así, el Vigo del momento se representaba como la ciudad industrial de Galicia, la futura Barcelona del Oeste 15, optimismo y confianza que superó el discurso de decadencia amparado en la derrota militar en Cuba. Esta vitalidad, asentada en un espíritu fabril y urbano, propició un clima favorable para la introducción del deporte en espacios peninsulares abiertos al mar 16.
A mediados del siglo xix, en los pequeños núcleos urbanos gallegos, sectores de la nueva burguesía empezaron a apreciar el valor social del ocio, que pronto arraigó en su día a día. Esto constituyó un hecho indispensable y previo a la introducción y aceptación del deporte 17. Las primeras traducciones de la asunción del ocio como valor social fueron el teatro, las tertulias en cafés o el paseo. Estas actividades tuvieron su influencia en la morfología de los núcleos urbanos, con la creación de teatros, parques y alamedas que se popularizaron en las ciudades catalanas y gallegas e incluso llegaron a villas y pueblos. En este ambiente de renovación de las costumbres surgieron los primeros brotes de la cultura deportiva: los gimnasios.
En Europa existía una polémica entre dos vertientes de gimnasia firmemente arraigados en el contexto educativo 18. La primera, ampliamente extendida en Prusia, debía responder a los intereses bélicos nacionales, mejorando la forma física general de la población para un eventual conflicto armado por lo que debía formar parte de la enseñanza reglada en colegios y en el ejército 19. Esta vertiente motivó los primeros intentos llevados a cabo en Madrid que por desidia de unos y desconfianza de otros frustraron la obligatoriedad de la educación física de corte castrense 20.
En otro plano se situaban los que consideraban los ejercicios físicos vitales para la salud y los nuevos criterios estéticos 21. Lejos de intereses nacionalizadores o belicistas, promovían la creación de sociedades privadas para desarrollar la cultura y la educación física. Los gimnasios estaban compuestos de un universo de prácticas asociadas al progreso y al avance de la civilización, como las lecturas científicas, la promoción de la cultura, o los nuevos negocios, mediante los que se mostraba un prestigio y una capacidad de intervenir en el marco social. Uno de los primeros gimnasios de este tipo en Barcelona empezó a funcionar en 1860 de la mano de Joaquim Ramis 22. En la década de 1880 comenzaron a proliferar en consonancia con la pujanza industrial catalana. Destacaron la Sociedad Gimnástica Gerundense, el Sport Figuerense o el Gimnàstic de Tarragona 23.
En la Galicia de 1870 las clases de cultura física cobraron protagonismo en locales acondicionados, en centros de enseñanza privados y en las primeras sociedades gimnásticas en Santiago de Compostela, Ferrol y A Coruña 24. En este escenario de tentativas para importar y educar en costumbres novedosas con carácter europeísta, supuso un importante salto cualitativo la sociedad El Gimnasio de Vigo (1880) 25. Gozaría de gran estabilidad, impulsada por empresarios emergentes, algunos de origen catalán y asociados a la industria del mar, y nuevos agentes culturales y cívicos. Su éxito sería seguido en diferentes localidades gallegas asociados a emergentes grupos burgueses locales, tal y como ocurría en Cataluña desde 1880 26.
Actividades con pedigrí aristocrático como la caza o la esgrima, integradas en las nuevas redes asociativas, tuvieron cabida en las costumbres de estos grupos burgueses con vocación progresista. También la gimnasia y las pesas, cuyas técnicas requerían del magisterio de profesores curiosamente formados en los débiles frustrados planes educativos del estado, adaptándose ahora a demandas más consistentes y con perspectiva de futuro 27.
En paralelo a la difusión de las sociedades gimnásticas, las páginas de los diarios locales mostraban cada vez más abiertamente, y no siempre en positivo, las reivindicaciones de visualización social de las mujeres. Frente a quienes las negaban cualquier acercamiento a la cultura física, algunos defendían que se las formase en la realización de ejercicios para la corrección de las dolencias y variaciones del periodo menstrual 28. Otras voces llegaban más lejos promoviendo su integración total en una cultura física asociada a una vida más sana para el conjunto de la ciudadanía 29. En este sentido, como claro y pionero ejemplo de coeducación, el Gimnasio de Vigo organizaba clases de gimnasia conjunta para niñas y niños, formando a las mujeres que décadas después continuarían dando pasos por la emancipación femenina en clave deportiva y cívica. Pero también a unos hombres más propicios a que esto sucediese 30.
En Cataluña y en Galicia triunfó la vertiente higienista y estética de la gimnástica asociada a la cultura de los nuevos tiempos abocados al progreso. Lo que favoreció una mentalidad abierta a la cultura deportiva y a las diferentes manifestaciones que circulaban por Europa. Así, de una gimnasia practicada en la intimidad de los locales se dio el paso hacia las primeras expresiones del ciclismo en la vía pública y la posterior organización de clubs de fútbol, caso del FC Barcelona o el Deportivo de A Coruña, concebidos en el gimnasio Solé y en la Sala Calvet respectivamente.
La bicicleta supuso un salto cualitativo desde la educación física de los gimnasios hasta la socialización en la modernidad, mediante la asociación entre máquina y práctica deportiva protagonizada por los jóvenes representantes de la burguesía industrial 31. Los velocípedos comenzaron a mostrarse por ciudades y rutas como actividad lúdica asociada a la vida moderna y, dicho con el sentir de la época, al sport. Máquinas y velocidad señalaban los nuevos tiempos ante quienes se aferraban al pasado o no entendían los cambios del presente 32.
En 1888, la Exposición Universal de Barcelona, que puede contemplarse como una vía de educación no formal en los avances técnicos, incorporó el ciclismo en sus actividades, relacionando el ocio deportivo con la modernidad y el desarrollo industrial 33. Un año antes, el Gimnasio de Vigo organizaba las primeras competiciones ciclistas de la ciudad, con motivo de las fiestas de la Reconquista 34. También se registró la sociedad velocipedista de Vigo 35. Dos años después, ya se celebraban carreras en Vigo, Pontevedra, Santiago y Coruña. En el caso catalán, las primeras competiciones ciclistas también se incluían en el marco de las festes majores 36. En 1887, se fundó en Barcelona el Veloz Club y en los cuatro años siguientes se constituyeron clubs ciclistas en Reus, Tarragona, Tortosa, Valls, Mataró, Terrassa, Sabadell, Girona, Olot y Figueres 37. Aun siendo procesos paralelos en cuanto a propuestas y grupos promotores, la intensidad del fenómeno deportivo fue mayor en Cataluña debido a su más desarrollado y potente tejido urbano e industrial.
Las competiciones ciclistas fueron las primeras manifestaciones deportivas que lograron conquistar el espacio público 38. Su consolidación propició la construcción de velódromos en los que se cobraba entrada por ver un espectáculo. Prueba evidente del interés suscitado en una ciudadanía que, en pocos años, había pasado del asombro al entusiasmo. En 1890 se inauguró el de Vigo 39 y tres años después el de Figueres, el primero de Cataluña 40. La construcción de velódromos continuó en estos años impulsada por un factor económico adicional, la lucrativa actividad de las apuestas. En muy poco tiempo se había pasado de la excepcionalidad del gentleman amateur, poseedor de una sofisticada máquina, a una socialización deportiva abierta a la inclusión social, la protoprofesionalización, el espectáculo y una incipiente atención de la prensa, permitiendo intuir las posibilidades futuras no solo del ciclismo sino del deporte en general.
También provocó intercambios deportivos transfronterizos con un sesgo lúdico y cultural. A Figueres llegaban ciclistas franceses para medirse a los catalanes y ciclistas portugueses cruzaban el río Miño hacia Galicia 41. En los dos territorios se produjo de forma paralela un constante aumento de la afición por el ciclismo, la formación de clubs y el número de pruebas, aunque hubo diferencias notables. Mientras en Galicia la información sobre este deporte se seguía mediante prensa generalista 42; en Cataluña se hacía también a través de El Ciclista (1891), El Veloz y Revista de Sport (1895) 43. Diferencia cualitativa que conllevaría una cuantitativa: mayor captación de socios y más sólida difusión de la afición al ciclismo 44. Cuestiones que se concretan al atender a otro aspecto fundamental del deporte: su tendencia a la federación en instancias superiores. Así, la creación de la Unión Velocipédica Española (1894), evidenciaba al mismo tiempo la fortaleza de esta práctica deportiva y la preponderancia de Cataluña. Estaba dividida en once regiones, con representantes distribuidos en función de la cantidad de clubs e individualidades de cada una. A principios del siglo xx, Cataluña contaba con 43 y Galicia unida a Asturias, con cinco. Prueba de la excesiva focalización de la cultura deportiva en Galicia que, aun así, solo era superada por Aragón, Euzkadi y Andalucía occidental 45.
En Cataluña y Galicia se empezaron a ver máquinas sofisticadas, plasmación del avance industrial y motivo de orgullo para los grupos de sportmen. La modernidad tenía dos ruedas, un cuadro y un sistema de transmisión. Estos ingenios mecánicos se empezaron a importar para su comercialización e incluso a producir en talleres catalanes y gallegos que se anunciaban en la prensa. La rápida expansión de la cultura deportiva era «un exponent d’una nova manera d’entendre les activitats d’oci de la societat industrial» 46 y aunque en Galicia fuese menor en número, era «un dos elementos que definen a cultura urbana finisecular galega» 47.
Una generación de mujeres educadas y socializadas en el ejercicio físico en el ámbito de los gimnasios comenzaron a implicarse en el ciclismo. Contaron con la complicidad de hombres capaces de truncar resistencias mayoritariamente ajenas a la nueva cultura deportiva. En unas carreras organizadas en 1891 por el ayuntamiento de Barcelona y la casa real se incluía la categoría «señoritas» 48. En A Coruña se relataba que «señoritas de nuestra buena sociedad (la discreción nos veda adelantar por ahora sus nombres, ni siquiera sus iniciales) han comenzado a dedicarse también al ciclismo. [...] ¡A ver si cunde el ejemplo!» 49. Más allá del ámbito urbano, en la villa ourensana de Ribadavia se constituyó, en 1894, una sociedad velocipédica de la que formaban parte varias mujeres 50. Un ejemplo paradigmático del paso del gimnasio a la bicicleta fue Attilio Pontanari 51. De los espectáculos físicos, pasó a detentar el cargo de profesor en el Gimnasio de Vigo y se convirtió en uno de los grandes impulsores del ciclismo 52. Su hija Gloria fue reconocida pionera de la bicicleta, alentando la participación femenina. Siguiendo su ejemplo, en Pontevedra se anunciaban las intenciones de «las señoritas de aquella localidad para decidirse por el ciclismo» 53.
Igual que la gimnasia, al ciclismo también se le atribuían beneficios educativos, sanitarios y estéticos para la mujer. Sin embargo, añadía un reivindicado carácter liberador que se manifestaba hasta en el revolucionario uso del pantalón. Las voces contrarias a la liberación femenina apelaban a supuestos argumentos médicos como la pérdida de la fertilidad. En una publicación que se reivindicaba como moderna y en la que participaban sectores vinculados al ámbito cultural e intelectual gallego de la época, Galicia Moderna también tenían cabida sátiras sobre la incorporación de las mujeres a este nuevo marco de sociabilidad 54.
El ciclismo fue un avance en la asunción del deporte moderno. A su alrededor se organizaban competiciones regladas con jurados para certificar el ganador, categorías diferentes en función de las distancias a recorrer o del peso de las bicicletas y récords cronometrados a batir. También se crearon por primera vez instituciones a nivel local que se asociaron en federaciones a nivel estatal y se estableció un calendario propio, ya independiente del calendario festivo tradicional. En los campeonatos había presencia de ciclistas de otras zonas del estado y de estados vecinos, dándole una dimensión internacional hasta el momento desconocida.
Imagen 1
Galicia Moderna, 26 (1898), p. 23.

Las competiciones difuminaron también la barrera de clase. Los movimientos económicos asociados a las carreras permitieron establecer premios en metálico propiciatorios de una apertura social en un escenario favorecedor de la promoción o éxito individual en función del esfuerzo 55. A medida que las técnicas de fabricación de bicicletas fueron siendo más accesibles, también lo fue su precio e incluso las posibilidades de alquiler. Esta popularización en una sociedad de clases propició que algunos de los gentlemen pioneros del ciclismo se incorporasen con ese mismo sesgo y afán al automovilismo 56. Con todo, los hijos de las burguesías emprendedoras, cosmopolitas y poco fieles a la tradición aún desempeñarían un papel fundamental en el tercer y más intenso eslabón de la socialización deportiva: la apropiación cultural de una práctica genuina del ámbito británico como el football 57.
Los puertos urbanos gallegos servían de abrigo para las marinas alemana e inglesa. Marineros y oficiales desembarcaban y practicaban deportes como el fútbol o el rugby. La prensa recogía estas manifestaciones mostrando el distanciamiento de las poblaciones locales. Se presentaba un juego, cuya vestimenta «sobrado fresca» chocaba con la moralidad de la época y que «por fortuna no se conoce en España y del que se habla mucho estos días en El Ferrol, con motivo de dedicarse frecuentemente a él los oficiales de la escuadra inglesa» 58. Entroncando con lo acontecido en Galicia, el periodista catalán Josep Elías i Juncosa recordaba su descubrimiento del fútbol:
«Era en pleno invierno de 1893, en que, como buen enamorado del mar, iba, el que suscribe, á ver batir las olas contra la escollera del Morrot, entonces desierta y abandonada, huyendo de la ciudad para respirar á plenos pulmones aire puro. Mi espíritu, abierto á toda observación, me hizo ver algunos grandes coches amarillos [...] que se dirigían con aire de fiesta por el pie de Montjuich y se perdían más allá de Casa Antúnez; movido á curiosidad, el domingo siguiente seguía yo el mismo camino tras los coches y ¡oh fortuna! descubría algo tan exóticamente nuevo y tan atrayente, que áquel campo fui durante muchas fiestas á saborear bellísimas emociones, satisfaciendo un afán intenso de conocer nuevos aspectos de la vida.
Poco á poco llegué á comprender lo que jugaban; supe que eran jóvenes de la colonia inglesa de Barcelona y que en su tierra, que entonces solo conocía en el atlas, grandes y chicos jugaban al foot-ball.
Porque aquello era el sport hoy tan popular entre nosotros, encerrado durante mucho tiempo en estos pequeños límites. Poco después algún compatriota alternaba con lo ingleses y más tarde todo un equipo del Club de Regatas (entonces la más importante sociedad atlética entre nosotros) llegaba por mar, en una canoa, para contender con los ingleses, con los que se jugó durante tres meses» 59.
Al igual que en Cataluña, en los principales focos industriales gallegos se establecieron colonias de ingleses y alemanes. En Vigo tenía una sede la Great Eastern Telegraph Company, encargada de desplegar el cable submarino necesario para la comunicación entre el Reino Unido, Europa y América. Además de atender a sus negocios fue promotora del sport. Ingenieros y especialistas no dudaron en conservar prácticas habituales en territorio británico y así, al finalizar la jornada laboral o los días festivos, acostumbraban a disputar partidos de foot-ball, lo que incluso llevó a la organización de clubs. En 1909, británicos asociados a los astilleros de Ferrol constituyeron el Shipbuilding Foot-ball Club 60.
A estas manifestaciones foráneas, se fueron incorporando elementos locales conscientes de estar participando en una expresión de modernidad compartida internacionalmente 61. Pero para que este acercamiento se consolidase, fue fundamental que jóvenes de familias de las burguesías emergentes, necesitados de formación industrial o mercantil, se instalasen preferentemente en ciudades inglesas o suizas para cursar sus estudios. En los centros de formación el foot-ball desempeñaba un papel importante como actividad de ocio, cargada de un valor instructivo 62. Ya desde fechas tempranas la prensa local da cuenta de esta novedad, especialmente cuando se producía algún hecho significativo 63. Finalizado el curso académico o su etapa educativa emprendían el camino de vuelta habiendo adquirido conocimientos, experiencias y costumbres como el deporte.
Introdujeron esta nueva forma de sociabilidad en ciudades de Galicia y Cataluña, creando contextos propicios para que otros jóvenes entrasen en contacto con el sport como referente de vida moderna y el foot-ball como práctica asociada a esta. Gaspar Matas, tras cursar sus estudios en Inglaterra, regresó a Palamós y organizó los primeros partidos de fútbol en la localidad 64. En Galicia, J. M. Abalo, Ramón Piñeiro y los hermanos Lapique hicieron lo propio en A Coruña y Ferrol 65. Más allá del fútbol y la representación masculina, el tenis llegó por esta vía a Reus 66 y una joven de la burguesía coruñesa, Luisa Puentes, finalizados sus estudios en Suiza, pasó a ser conocida representante de la raqueta en la ciudad 67.
Los retornados y sus redes de sociabilidad tuvieron entonces un productivo encuentro con los antes exóticos ingleses, ya fuesen ingenieros de empresas u oficiales de la Armada que se convirtieron en sus maestros, competidores y, a la postre, miembros de los clubs pioneros, hecho que trasgredía el ámbito de las principales ciudades. Así, en la localidad marítima de Boiro, el fútbol se desarrolló mediante la acción conjunta de técnicos ingleses asociados a las minas y sportmen locales 68. Lo mismo sucedió en Lleida para el caso del tenis, donde a los empresarios ingleses de La Canadiense se les acabarían uniendo representantes de la burguesía local 69.
Esta relación dio lugar a la participación de los consulados y sus cuerpos diplomáticos. Su interés por integrar a sus compatriotas en las colonias locales y proporcionarles un ámbito de sociabilidad encontró un marco idóneo en el deporte. Los hijos del cónsul británico en Barcelona, los hermanos Witty, fueron promotores del fútbol llegando a ser directivos del FC Barcelona 70. Lo mismo ocurría en A Coruña, donde el cónsul Henry Little organizó en 1892 The Corunna British Tennis Club, considerándose un deporte menos violento, se aceptaba como más apto para las «señoritas» que el fútbol. Se abría así un espacio de sociabilización para las mujeres de las clases altas, destacándose la participación de mademoiselle Moratti, hija del cónsul francés 71.
El proceso de difusión social del deporte estaría incompleto sin atender a cómo se propagó más allá de las ciudades. Jóvenes de familias pudientes del ámbito rural debían desplazarse por motivos de estudios durante el curso académico a la ciudad. Esa movilidad estacional favoreció la expansión de una práctica de fácil reproducción como el fútbol, dada su normativa y escasas necesidades materiales. Durante el curso escolar participaban en una emergente cultura deportiva que, posteriormente, compartirían con sus vecinos de edad juvenil o infantil. De esta forma, la frontera que tiempo atrás habían difuminado los estudiantes en Europa expandiendo el fútbol en sus ciudades, se derrumba cuando un número mayor de estudiantes en las ciudades promueven su expansión en sus modestas villas o aldeas natales. En la localidad gallega de Boiro, los hermanos Saturnino, Benjamín y Manolo Fajardo habían estudiado en Vilagarcía de Arousa, donde el fútbol fue conocido desde pronto gracias a su actividad portuaria y a la conexión con agentes británicos. A su regreso, contribuyeron a su popularización 72. Un caso más tardío, pero muy ilustrativo, es el del municipio de Fene 73. El sportman Joaquín Pérez, hijo de emigrantes retornados, estudió derecho en Madrid donde jugó al fútbol. Regresado a su pueblo natal, fundó un club donde entrenó «un núcleo grande de jóvenes campesinos» 74.
La desproporción en cuanto a población, servicios y centros educativos de Barcelona con el resto de las cabeceras de comarca hizo que jóvenes de toda Cataluña estudiasen en la capital. Debido al temprano desarrollo que habían tenido allí los deportes, muchos jóvenes entraron en contacto con ellos. Así ocurrió en los años diez en Sant Feliu de Guíxols donde «una colla de nois començaren a jugar a pilota seguint les regles que s’havien establert i amb les aportacions tècniques dels guixolencs que estudiaven a Barcelona» 75.
El mismo camino seguían aquellos que ingresaban en el seminario. En 1910, la revista Vida Gallega recoge una fotografía del primer equipo de fútbol organizado en la Universidad Pontificia Compostelana «merced a los entusiasmos del joven escolar D. Celestino Rodríguez Martínez» 76. De allí salieron curas que luego difundieron el deporte en sus destinos 77.
También hubo en Galicia un importante retorno de costumbres de los principales centros de la emigración americana. En las ciudades porteñas, Bahía o La Habana muchos gallegos entraban en contacto con el deporte 78. Esto pudo hacer que, en la lógica de una migración tipo golondrina, de vuelta en sus localidades fomentasen estas actividades sin necesariamente haber pertenecido a ningún grupo privilegiado, aunque si puedan disfrutar ahora de una mejor posición socioeconómica 79.
Las tipologías anteriores responden en la mayoría de los casos a perfiles de personas con una buena posición social, económica o cultural que mediante una búsqueda del progreso en términos económicos y políticos pretendían difundir la práctica deportiva como parte del necesario marco de transformación. A pesar de estas vías de expansión del deporte, muy bien ejemplificado en el fútbol tanto en Galicia como en Cataluña, la incorporación de clases populares a la práctica deportiva fue más lenta, aunque mediada la década de 1910 ya se mostraba imparable. De su difusión exponencial daría cuenta en 1929 el galeguista Victor Casas, para quien «non hai unha vila en Galicia de algunha importancia que ao entrar nela non amose como primeira cousa un campo de fútbol» 80.
El fútbol logró ser el deporte más popular gracias a dos tendencias determinantes. Una de ellas seguía anclada en los ideales educativos y de modernidad cultural en los que se había originado. En esta línea educativa, y con mucha intensidad fuera del ámbito escolar, participaban maestros que vieron en el fútbol una poderosa herramienta de socialización y una oportunidad para el fomento de la actividad física entre una juventud llamada a apuntalar un futuro de progreso y modernidad 81. Sus consignas fueron claras: «¡Hay que hacer sport!» 82. El catalanismo político, que se encontraba en fase de formación, destacó entre los grupos que alentaron el deporte y el fútbol como sinónimos de desarrollo de educación cívica. Uno de los promotores deportivos catalanes más famoso, Narcís Masferrer, tenía claro que «Los pueblos donde más y mejor se practican los deportes son los más cultos» 83. El apoyo decidido del catalanismo al deporte fue incrementando su peso, con importantes pasos como la creación de la Ponència d’Educació Física por la Mancomunitat de Catalunya en 1921 84.
El éxito de esta importación inglesa, teñida de un liberalismo globalizador, no fue desatendido por remozados activistas del catolicismo. Así, integraron la actividad deportiva en sus discursos y actividades, incluyendo matices disciplinarios útiles para la corrección moral y la erradicación de los vicios de la sociedad. Los curas iniciados en el fútbol en los seminarios observaron su poder socializador, promoviéndolo como método de acercamiento de la juventud al catecismo y al ideal del mens sana in corpore sano 85. La posición eclesiástica pasó de escandalizarse por las vestimentas a que «nuestro Santo Padre presta todo su apoyo a estas cultísimas distracciones» 86. Esto fue un espaldarazo para que colegios religiosos y privados comenzasen a fomentar la organización de equipos y torneos, intentando orientar el deporte juvenil desde sus preceptos 87. Al igual que la institución eclesial, aprovecharon el binomio fútbol-juventud agentes propios del conservadurismo, el imperialismo y el militarismo. Veían en el deporte una oportunidad de regeneración racial básica para sus sueños patrióticos, difíciles de cumplir ante la realidad de las guerras de Rif 88.
La segunda tendencia en la popularización del fútbol es menos discursiva pero mucho más eficaz. Se enraíza en las dinámicas internas del propio deporte; esto es, en el interés suscitado por unas competiciones con cada vez más cobertura mediática, su paulatina conversión en espectáculos de masas y la conquista de espacios para la construcción de estadios 89. Además de a la mercantilización, la competición supuso una integración en el campo simbólico, convirtiéndose los equipos en representación de comunidades y localidades. La identificación con los equipos introdujo a las clases populares en la actividad deportiva, llegando en muchos casos a desbordar los márgenes de la idea del progreso e incorporando a los nuevos tiempos una identidad territorial heredada del pasado 90. El fútbol pasó, en pocos años, de ser una actividad fomentada por unos pocos en defensa de la modernidad a mover a grandes masas de público gracias a su poder representativo, lo que culminó en la idea del deporte como espectáculo 91.
Frente al optimismo exultante de quienes contemplaban el fenómeno deportivo como un camino imparable hacia la modernidad, desde la apertura de los primeros gimnasios con su ideario de progreso surgieron voces de rechazo a la existencia de un tiempo nuevo. Las manifestaciones deportivas fueron recibidas con escepticismo, difundidas entre burlas e incluso tachadas de inmorales. De esta manera, quienes no entendían el hecho deportivo prestaban atención a la indumentaria «sobrado fresca» de los marineros que disputaban matchs en el puerto de Ferrol 92, prácticas consideradas violentas, que solo servían para «desarrollar salvajes instintos» 93. Las posturas críticas se producían, en un principio, en grupos sociales que provenían de una tradición política y cultural distinta a los promotores de la socialización deportiva, de mentalidad abiertamente liberal, o tenían una distancia generacional considerable. Se trataba, en definitiva, de un rechazo a máquinas y modas que evidenciaba «su incapacidad de adaptación, total o parcial, al proceso de modernización y de la modernidad, ya sea por un distanciamiento generacional o por motivos socioculturales o ideológicos» 94.
Aparte de las consideraciones morales y religiosas, entraban en juego prejuicios y recelos contra el ideario de quienes fomentaban los deportes. En este sentido, la propia figura del inglés, objeto de culto para los sportmen locales, chocaba con las posiciones tradicionalistas y era denostada por los herederos del odio a la pérfida Albión, rival en batallas de un mítico pasado. Recurrían incluso a la lírica para burlarse de la admiración que algunos tenían por el «caballo de los ingleses»:
«Tampouco falarei d’os micos eses
Que pol-o sport se crían antr’ as bestas
Sin outro Dios... qu’os facos d’os ingreses.
[...]
Nin d’o que clubs e prazas alborota
Com’un paxáro... cando cái d’un niño;
Nin d’os que van ós xogos de pelota,
C’a sua... no tellado d’o veciño;
Nin das señoras que n’a calle vexo
Sempre, como San Roque.. c’o canciño» 95.
No faltaron casos en los que la diatriba dio paso a la acción: «un sujeto que colocó una larga traviesa de madera en la carretera de Bayona, con el malévolo objeto de hacer caer a unos velocipedistas que por allí pasaban» 96. El fundador del FC Barcelona, Joan Gamper, vivió el prejuicio al extranjero cuando intentó convencer al barcelonés Gimnàs Tolosa para crear un club de fútbol: «me dejaron entrever que no admitirían extranjeros» 97.
Estas resistencias iniciales, con eco en publicaciones del momento, no pudieron frenar la expansión del deporte en Cataluña y en Galicia. El fútbol, desde la década de los diez, congregaba un destacado número de espectadores mediante una dimensión competitiva y ritual, cuyas pasiones desataban episodios violentos. Esta nueva deriva, inimaginable para los pioneros, provocó rechazos de grupos muy diversos en sus posiciones ideológicas. Incluso algunos de sus promotores iniciales consideraban corrompidos los valores con que lo habían difundido. Así, el maestro Adolfo Revuelta, organizador del Club Deportivo de Santiago, observaba que los partidos del momento ya no eran de «balompié jugado con las prudentes reglas de Asociación, sino con las de patada y tente tieso con que nuestros falsos deportistas se entregan a tan funesto entretenimiento; y conste que son legión» 98. La deriva del fútbol hacia la espectacularización provocó muchas críticas que mostraban su oposición a un proceso que «desnaturalizaba» la cultura física y alejaba al deporte de su vertiente cívica y pedagógica 99. Estas críticas se mostraban en publicaciones deportivas como La Jornada Deportiva, L’Esport Catalá o La Nau dels Esports, provenientes de los defensores de una corriente formativa y pedagógica, partidarios de que volviese al viejo espíritu higienista 100.
Violencia asociada a defensas territoriales que encontraban en el fútbol un excelente escenario. El intelectual galleguista Manuel Lugrís Freire veía dichos comportamientos en los partidos Deportivo vs Celta, disociando lo beneficioso de la práctica física en sí misma de su papel negativo en la despreocupación de la juventud o los enfrentamientos localistas 101. La tensión también podía ser por la predominancia en un mismo pueblo. En 1923, tuvo lugar en Vic una batalla campal en un partido entre el equipo controlado por eclesiásticos y otro con un carácter secular. La disputa provocó críticas en la prensa recomendando que no se repitiesen esos partidos «que porten perjudicis i escisions als jugadors, rivalitats i odis a la ciutat, i fan del joc del fut-bol abominable» 102.
Desde una perspectiva de clase, partidos y organizaciones obreras veían cómo grupos populares se incorporaban a la socialización deportiva, promovida por la burguesía, y mostraron una posición muy crítica con el deporte por tratarse de actividades alienantes 103. La postura oficial era de oposición, pero muchos de los integrantes de sindicatos y partidos obreros practicaban deporte a título individual. Hasta la década de 1920 no se puede hablar del surgimiento de un fenómeno como el «deporte popular» en Cataluña 104.
En Galicia, algunos dirigentes mostraron su interés por el deporte como forma de movilización de la juventud, como el socialista Xaime Quintanilla 105, pero otros mantuvieron una oposición a la espectacularización mercantil considerando que distanciaba a la juventud de los ideales canónicos. Incluso en plena república, cuando la mayoría había superado estas reticencias, seguían teniendo voces críticas al respecto 106.
La cultura deportiva se propagó con clara coincidencia cronológica por puertos y espacios de desarrollo urbano en Galicia y Cataluña, pero también del común de Europa. En este sentido no pudo ser más acertada la expresión de «sport epidémico», acuñada en 1909 por Jaime Solá, periodista vigués con apellido catalán. Era una característica compartida con otros propulsores del deporte en los puertos gallegos, asociados a un emergente tejido empresarial. En este contexto industrial y urbano, el deporte, desde los gimnasios al fútbol, cumplió un doble papel. Por un lado, reflejaba un ideario de modernidad abrazado por quienes sentían estar participando en un poderoso proceso de transformación. Al mismo tiempo, se convirtió en un poderoso instrumento para educar y socializar a amplias capas de la juventud en el binomio modernidad-transformación. Fue un claro ejemplo de cómo una práctica considerada beneficiosa para grupos nucleados por una burguesía emergente pasó a ser referente cultural de herederos de clases populares y elites del pasado.
La perspectiva comparada ha evidenciado cómo las dinámicas sociales propiciatorias de la práctica deportiva en Galicia fueron muy similares a las que operaron en Cataluña, aunque aquí el peso de Barcelona incrementase el número de participantes. Cataluña y Galicia incorporaron la cultura física y deportiva en fechas muy similares, pero las diferencias de población y potencial económico hicieron que, a partir de los años diez, Cataluña experimentase un crecimiento exponencial en número de practicantes y sociedades que en Galicia tardó una década más en realizarse. Aparte de unas inconsistentes y efímeras disposiciones, la educación estatal no introdujo la educación física en las escuelas. Desde otras perspectivas más modernizadoras, esa misión fue desarrollada por la sociedad civil. Gimnasios, sociedades ciclistas y clubs de fútbol familiarizaron a varias generaciones en la gestión de espacios y asociaciones que pasaron de ser un hecho aparentemente anecdótico a consolidarse, mostrando tanto un incremento numérico como una pluralidad de prácticas y objetivos, convirtiéndose en un fenómeno imparable hasta la sublevación militar que dio lugar a la guerra civil.
El éxito de la cultura deportiva en las ciudades fue indiscutible y distintos testimonios de la época permiten aventurar que traspasó el marco urbano, permeando contextos agrarios y marineros. Esto orienta la investigación hacia un ámbito tan importante como el rural, tanto en términos demográficos como de transformación social en relación con el movimiento agrario. Cabe pues, plantearse nuevas preguntas: ¿cuándo y dónde se produjeron los primeros ejemplos de socialización deportiva; ¿quiénes los protagonizaron y cuáles eran sus objetivos? ¿Fue la emigración un camino para la introducción o consolidación de la cultura deportiva? ¿Se pueden establecer relaciones con movimientos políticos y sociales?
Evidentemente tanto en el contexto rural como en el urbano sería necesario ampliar el horizonte investigador más allá de 1936 para seguir el recorrido de la cultura y el asociacionismo deportivo en contextos muy alejados del liberalismo cosmopolita en el que se originaron y consolidaron.
* Debemos agradecer la ayuda prestada por el profesor Carles Santacana en la investigación que ha permitido realizar este artículo.
1 Jaime Solá: «El sport en Galicia», Vida Gallega, 7 (1909), p. 15.
2 Sobre el papel de Jaime Solá y de Vida Gallega en la promoción del progreso, véase Roberto Ribao: A fotografía na revista Vida Gallega: un silendeiro universo de sentido, tesis doctoral, Universidade de Santiago de Compostela, 2007.
3 Diccionario enciclopédico hispano-americano de literatura, ciencias y artes, t. 7, Barcelona, Montaner y Simón, 1890, p. 463.
4 Patrick Joyce: «Materialidad e historia social», Ayer, 62 (2006), pp. 73-87, y Andrew McFarland: «Spanish Sport and the Challenges of its Recent Historiography», Journal of Sport History, 38 (2011), pp. 211-221.
5 Jürgen Kocka: «La comparación histórica», en Jürgen Kocka: Historia social y conciencia histórica, Madrid, Marcial Pons, 2002, pp. 43-64, y Xavier Pujadas y Carles Santacana: «Deporte y modernización en el ámbito mediterráneo. Reflexiones para una historia comparada (1870-1925)», Cercles: revista d’història cultural, 3 (2000), pp. 43-58.
6 Xavier Pujadas (coord.): Atletas y ciudadanos: historia social del deporte en España (1870-2010), Madrid, Alianza Editorial, 2011, p. 26.
7 Andrés Domínguez-Almansa y Xavier Pujadas: «Estadios y trincheras: Deporte y retaguardia en la Guerra Civil, 1936-1939», en Xavier Pujadas (coord.): Atletas y ciudadanos: historia social del deporte en España (1870-2010), Madrid, Alianza Editorial, 2011, pp. 169-201.
8 Véase Lourenzo Fernández Prieto: «O paradigma do atraso: razóns dun éxito», en Ramón Villares (coord.): Galicia no contexto global: Un país periférico?, Santiago de Compostela, Universidade de Santiago de Compostela, 2018, pp. 23-36, y Lourenzo Fernández Prieto: «O atraso: o éxito dun falso mito. Imaxes contra os tópicos do mundo rural e os labregos», en Isidro Dubert (ed.): Historia das historias de Galicia, Vigo, Xerais, 2016, pp. 357-391.
9 Jordi Nadal (dir.) y Albert Carreras (coord.): Pautas regionales de la industrialización española (siglos xix y xx), Barcelona, Ariel, 1990, pp. 259-295.
10 Josep Oliveras i Samitier: «La consolidació d’una ciutat industrial. Barcelona, 1881-1935», Barcelona quaderns d’història, 19 (2013), pp. 229-260.
11 Xavier Pujadas: «Els orígens de l’esport a la Catalunya contemporània: entre la modernització del lleure i la massificació (1870-1936)», en Carles Santacana (coord.): Nadala 2008: L’esport a Catalunya, Barcelona, Fundación Carulla, 2008, pp. 13-27, esp. p. 14.
12 La expresión «empeño» resume perfectamente los distintos intentos de industrialización en Galicia. Véase Xoán Carmona Badía: El empeño industrial de Galicia: 250 años de historia (1750-2000), A Coruña, Fundación Pedro Barrié de la Maza, 2005.
13 Luís Alonso Álvarez: «La economía de Galicia, una panorámica, c. 1750-2010», Historia Contemporánea, 42 (2011), pp. 15-65, esp. pp. 33-35, y Xoán Carmona Badía: «O mar e a industrialización de Galicia», en Gerardo Pereira Menaut (coord.): Galicia fai dovs mil anos o feito diferencial galego, vol. 2, Santiago de Compostela, Museo do Pobo Galego, 1997, pp. 251-276.
14 Para una perspectiva general del crecimiento de las ciudades gallegas, véase Ramón Villares: Historia de Galicia, Vigo, Galaxia, 2016, pp. 318-323. Para un análisis concreto, véase Xosé M. Souto González: Vigo: cen anos de historia urbana (1880-1980), Vigo, Xerais, 1990.
15 José Campo: «Apuntes de Vigo», Galicia Moderna, 7 (1897), p. 19.
16 Xavier Pujadas: «Els orígens de l’esport...», p. 16; Carles Sirera Miralles: Cuando el fútbol no era el rey. Los deportes en el espacio público de la ciudad de Valencia (1875-1909), Valencia, Universitat de València, 2008, y William Macalevey: «Football and local identity; The case of Athletic Club de Bilbao as seen through the Growth of its Crowds, 1911-1932», en Francisco Caspistegui y John Walton (eds.): Guerras danzadas fútbol e identidades locales y regionales en Europa, Pamplona, EUNSA, 2001, pp. 87-118, esp. p. 92.
17 Andrés Domínguez Almansa: Historia social do deporte en Galicia cultura deportiva e modernidade, 1850-1920, Vigo, Galaxia, 2009, p. 125.
18 Gertrud Pfister: «Cultural Confrontations: German Turner, Swedish Gymnastics and English Sport. European diversity in Phisical Activites from a Historical Perspective», Culture, Sport, Society, 6 (2003), pp. 61-91.
19 Berit Elisabech Dencker: «Popular Gymnastics and the Military Sport in Germany, 1848-1871», Central European History, 34 (2001), pp. 503-530, esp. p. 511.
20 Xavier Torrebadella-Flix: «El gimnasio moderno en España y Francia. Una relación franco-española equidistante y divergente en el siglo xix», RICYDE. Revista Internacional de Ciencias del Deporte, 60 (2020), pp. 153-179, esp. p. 155.
21 Vanessa Heggie: «Bodies, Sport and Science in the Ninenteenth Century», Past & Present, 231 (2016), pp. 169-200.
22 Xavier Torrebadella-Flix: «Los gimnasios de Barcelona durante el reinado de Isabel II (1837-1868)», El Futuro del pasado, 11 (2020), pp. 305-355, esp. p. 335.
23 Xavier Pujadas y Carles Santacana: Historia il-lustrada de l’esport a Catalunya, vol. I, 1870-1931, Barcelona, Columna- Diputació de Barcelona, 1994, pp. 40-41.
24 Gaceta de Galicia: Diario de Santiago, 6 de noviembre de 1879, p. 4; El Diario de Santiago, 18 de octubre de 1878; El Correo Gallego, 8 de septiembre de 1878, y El ejemplo: Diario de La Coruña, 13 de octubre de 1874.
25 Andrés Domínguez Almansa: Historia social..., p. 138.
26 Xavier Pujadas y Carles Santacana: Historia il-lustrada..., pp. 37-42.
27 Andrés Domínguez Almansa: Historia social..., p. 144; Xosé Luís Antas Ramos: «Historia de educación física en Galicia (1879-1923)», Revista Galega de Educación, 52 (2012), pp. 20-23.
28 Como, por ejemplo, decía Julián de las Barreras, quien escribió en 1903 uno de los pocos ensayos sobre la gimnástica femenina, Los ejercicios gimnásticos en el bello sexo, editado por el periódico Los Deportes de Barcelona. Citado en Xavier Torrebadella-flix: «Revisión histórica de la bibliografía gimnástico-deportiva impresa en Barcelona (s. xix-1910)», Biblios, 65 (2016), pp. 52-69, esp. p. 58.
29 Cristina López Villar: Pioneiras do deporte en Galicia, A Coruña, Deputación, 2017, p. 33.
30 Andrés Domínguez Almansa: «Un esfuerzo contra la exclusión: mujer, modernidad y cultura deportiva (Galicia 1880-1940)», en III Ciclo de conferencias: xénero, actividade física e deporte (2011-2012), A Coruña, Universidade da Coruña, 2013, pp. 33-45, esp. p. 35; Xavier Pujadas y Dolors Ribalta: «Les dones i l’esport com a objecte d’estudi a Catalunya 1870-2010», Quadern Dones i Esport, 8 (2015), pp. 7-15, y Xavier Pujadas: «De espectadoras a protagonistas. Las mujeres y el deporte en la II República española (1931-1936)», en III Ciclo de conferencias: xénero, actividade física e deporte (2011-2012), A Coruña, Universidade da Coruña, 2013, pp. 47-57.
31 Andrés Domínguez Almansa: Historia social..., p. 216, y Carles Santacana: «Esport, societat i identitat col·lectiva a la Catalunya contemporània», Catalan Historical Review, 7 (2014), pp. 159-168, esp. p. 160.
32 Andrés Domínguez Almansa: Historia social..., p. 217.
33 Xavier Pujadas: «Els orígens de l’esport...», p. 18.
34 Xerardo González Martín: 120 anos de ciclismo galego, Vigo, Galaxia, 2007, p. 18.
35 Andrés Domínguez Almansa: Historia social..., p. 205.
36 Xavier Torrebadella-Flix: 150 anys d’esport a les terres de Lleida, 1850-2000, Lleida, Generalitat de Catalunya Consell Català de l’Esport, 2003, p. 20.
37 Xavier Pujadas y Carles Santacana: Historia il-lustrada..., p. 43.
38 Xavier Pujadas: «L’espai d’ús esportiu en la formació de la Barcelona metròpoli (1870-1936)», Plecs d’hitòria local, 92 (2001), pp. 1442-1445.
39 Xerardo González Martín: 120 anos..., p. 37.
40 Xavier Pujadas: «Els orígens de l’esport...», p. 16.
41 No es necesariamente la primera vez, pero en 1891 se habla de ocho velocipedistas de Porto. Lo que desde luego no es la última vez que ciclistas portugueses van a Galicia, llegando a competir en campeonatos por toda la geografía gallega y obteniendo fama. Xerardo González Martín: 120 anos..., p. 42.
42 Andrés Domínguez Almansa: Historia social..., p. 205.
43 Xavier Pujadas y Carles Santacana: Historia il-lustrada..., p. 43.
44 Para la historia de la prensa deportiva en Cataluña, véanse Xavier Pujadas y Carles Santacana: L’Esport és notícia: història de la premsa esportiva a Catalunya (1880-1992), Barcelona, Col·legi de Periodistes de Catalunya, 1997, e íd.: «Prensa, deporte y cultura de masas. El papel del periodismo especializado en la expansión social del deporte en Cataluña hasta la guerra civil (1890- 1936)», Historia y Comunicación Social, 17 (2012), pp. 141-157. Para la prensa deportiva gallega, véase Gerardo Vázquez Morandeira: A prensa deportiva en Galicia: historia, modelos e tipoloxía (1909-2009), tesis doctoral, Universidade de Santiago de Compostela, 2012.
45 Andrés Domínguez Almansa: Historia social..., p. 209.
46 Xavier Pujadas: «Els orígens de l’esport...», p. 16.
47 Andrés Domínguez Almansa: Historia social..., p. 227.
48 El Deporte Velocipédico, 16 de septiembre de 1897. Citado en Xerardo González Martín: 120 anos..., p. 70.
49 «Notas ciclistas», La Voz de Galicia, 5 de mayo de 1896, p. 2.
50 «Los velocípedos», Faro de Vigo, 20 de noviembre de 1894. Citado en Xerardo González Martín: 120 anos..., p. 68.
51 Véase Xosé Luís Antas Ramos: «Attilio Pontanari Maestrini: o precursor da educación física en Compostela no declinar do século xix», Sarmiento. Revista Galego-Portuguesa De Historia Da Educación, 22 (2019), pp. 171-188.
52 Xerardo González Martín: 120 anos..., p. 18.
53 «Notas ciclistas», La Voz de Galicia, 12 de mayo de 1896, p. 3.
54 Galicia Moderna, 26 (1898), p. 23.
55 Andrés Domínguez Almansa: Historia social..., p. 220.
56 Carles Santacana: «Esport, societat i identitat col·lectiva a la Catalunya contemporània», Catalan Historical Review, 7 (2014), pp. 159-168, esp. p. 161.
57 Tony Collins: How Football Began: A Global History of How World’s Football Codes Were Born, Londres, Routledge, 2018.
58 «La escuadra inglesa», El Correo Gallego, 11 de noviembre de 1892, p. 2.
59 Josep Elías i Juncosa: «El Foot-ball en Barcelona (Historial)», Los Deportes, 15 de marzo de 1910.
60 Jorge Deza Rey: Historia do Racing Club de Ferrol (1919-1939), Ferrol, Embora, 2005, p. 22.
61 Véanse Tony Collins: How Football Began..., y Maarten van Bottenburg: «The Differential Popularization Of Sports In Continental Europe», en Eric Dunning y Dominic Malcolm (eds.): Sport. Critical Concepts in Sociology, vol. II, The Development of Sport, Londres, Routledge, 2003, pp. 357-384.
62 James A. Mangan: A Sport-Loving Society. Victorian and Edwardian middle-class England at play, Londres, Routledge, 2006.
63 El Correo Gallego recoge la siguiente noticia sobre la muerte de un estudiante gallego jugando el fútbol en Nueva York: «Refiere un periódico de Nueva York que días pasados estaban jugando los alumnos del colegio de Eastman, en Pougbkeepsie, al football, [...]Al salir al encuentro de la pelota para mandarla á su lado varios estudiantes, entre ellos uno español, llamado D. José Pérez, y otro mister Nory, de Massachussetts, éste chocó violentamente con su cabeza contra la frente del primero, el que cayó al suelo sin conocimiento». Extraído de «Cosecuencia del “football”», El Correo Gallego, 20 de noviembre de 1892, p. 2.
64 Xavier Pujadas y Carles Santacana: Historia il-lustrada..., p. 35.
65 Véase Andrés Domínguez Almansa: Historia social..., p. 384, y Jorge Deza Rey: Historia do..., p. 21.
66 Xavier Pujadas y Carles Santacana: Historia il-lustrada..., p. 35.
67 Cristina López Villar: Pioneiras..., p. 63.
68 Antón Rodríguez Gallardo: «As orixes do fútbol organizado en Boiro (1922-1927)», Barbantia. Anuario de estudios do Barbanza (2015), pp. 165-178, esp. p. 170.
69 Las pistas donde jugaban al tenis habían sido pagadas por la propia empresa, véase Xavier Torrebadella-Flix: 150 anys d’esport..., p. 24.
70 Xavier Pujadas y Carles Santacana: Historia il-lustrada..., p. 36.
71 Cristina López Villar: Pioneiras..., p. 55.
72 Antón Rodríguez Gallardo: «As orixes do fútbol...», p. 170.
73 Véase Roque Sanfiz Arias: «Febre no campo. Fútbol en Fene ata 1936», Murguía. Revista Galega de Historia, 39 (2019), pp. 71-93.
74 Chuco da Riveira: «Paladines deportistas», El Correo Gallego, 11 de julio de 1920, p. 5.
75 Josep Muñoz i Ayats: El futbol a Sant Feliu, Sant Feliu de Guíxols, Ajuntament de Sant Feliu de Guíxols-Arxiu Municipal, 1987, p. 6.
76 Vida Gallega, 20 (1920), p. 8.
77 Andrés Domínguez Almansa: Historia social..., p. 291.
78 Jefferson Bacelar: «Memória visual da presença galega na Bahía: exposição fotográfica», en María del Rosário Suárez Albán: Língua e imigração galegas na América Latina, Salvador, EDUFBA, 1998, pp. 51-62, y Santiago Prado Pérez de Peñamil: El fútbol y los clubes españoles de la Habana, 1911-1937. Asociacionismo y espacios de sociabilidad, La Habana, Fundación Fernando Ortiz, 2013.
79 Sobe la influencia de los emigrados a su retorno o mediante las remesas invisibles, véase Xosé Manoel Núñez Seixas: «Migraciones y política. Las remesas invisibles. Algunas notas sobre la influencia socio-política de la emigración transoceánica en Galicia (1890-1930)», Estudios Migratorios Latinoamericanos, 9 (1994), pp. 301-346.
80 Victor Casas: «Fenestra», El Pueblo Gallego, 11 de julio de 1929, p. 1.
81 Destacan en este esfuerzo las iniciativas promovidas por la Mancomunitat de Catalunya creada en 1914. Véase Conrad Vilanou: «L’esport en la pedagogia catalana», en Carles Santacana (coord.): Nadala 08 L’esport a Cataluya, Barcelona, Fundación Carulla, 2008, pp. 59-71.
82 «Notas de sport», El Correo Gallego, 27 de julio de 1920, p. 4.
83 Xavier Pujadas: «Els orígens de l’esport...», p. 22.
84 Carles Santacana: La Mancomunitat de Catalunya i la política esportiva, Esplugues de Llobregat, Generalitat de Catalunya-Consell Català de l’Esport, 2004.
85 Andrés Domínguez Almansa: Historia social..., pp. 289-296, y Xavier Pujadas y Carles Santacana: Historia il-lustrada..., p. 80.
86 Iza: «Concurso Atlético», Noticiero de Vigo, 7 de mayo de 1913, p. 2.
87 Un caso destacado es el club de fútbol Marià Ausa de Vic. Véase Josep Casanovas: «L’esport a Vic. De símbol elitista a pràctica formativa», Plecs d’història local, 92 (2001), pp. 48-51. Más ejemplos en Xavier Torrebadella-Flix: «Revisión histórica de la bibliografía gimnástico-deportiva...», p. 60.
88 «Nuestro legendario valor y la pericia de nuestros caudillos, se estrellaron en la falta de resistencia física de nuestros improvisados soldados, que fueron impelidos por la horda agarena compuesta de hombres-lobos, ágiles, fuertes, resistentes, que andaban, corrían y trepaban á saltos con la seguridad y decisión que, a parte de su intenso fanatismo, les daba el conocimiento de la superioridad física sobre nuestros bisoños, débiles y fatigados». Adolfo Revuelta Fernández: Necesidad e importancia de la educación física, Santiago de Compostela, Tipografía Galaica, 1912.
89 Xavier Pujadas y Carles Santacana: «La mercantilización del ocio deportivo en España. El caso del fútbol 1900-1928», Historia Social, 41 (2001), pp. 147-167.
90 Andres Domínguez-Almansa, Roque Sanfiz Arias y Tania Riveiro-Rodríguez: «Deporte, educación, violencia: Outra perspectiva do proceso civilizador (Galicia 1890-1936)», en Miguel Cabo y Francisco J. Leira-Castiñeira (eds.): A xustiza pola man. Violencia e conflictividade na Galicia Contemporánea, Vigo, Xerais, 2021, pp. 217-241.
91 Xavier Pujadas y Carles Santacana: «Del barrio al estadio. Aspectos de la sociabilidad deportiva en Catalunya en la década de los años treinta», Historia y Fuente Oral, 7 (1992), pp. 31-45.
92 «La escuadra inglesa», El Correo Gallego, 11 de noviembre de 1892, p. 2.
93 «Progreso yankée», El Diario de Pontevedra: periódico liberal, 27 de noviembre de 1897, p. 1.
94 Andrés Domínguez-Almansa: «La práctica de la modernidad: Orígenes y consolidación de la cultura deportiva en España, 1870-1914», en Xavier Pujadas (coord.): Atletas y ciudadanos: historia social del deporte en España (1870-2010), Madrid, Alianza Editorial, 2011, pp. 55-88, esp. p. 73.
95 «Tampoco hablaré de los monos esos/ que por el sport se crían entre las bestias / sin otro dios que los caballos de los ingleses./ Ni de quien clubs y plazas alborota/ como un pájaro cuando cae de un nido/ Ni de los que van a los juegos de pelota/ con la suya... en el tejado del vecino/ Ni de las señoras que en la calle veo/ Siempre, como San Roque... con el perrito» (traducción propia). Enrique Labarta Pose: «Sátira de costumes contemporáneas», Galicia Moderna, 12 (1897). Autoría de Enrique Labarta Pose, poeta y trabajador de hacienda que vivió en A Coruña y Barcelona colaborando e impulsando muchas publicaciones periodísticas y culturales a lo largo de su vida. Se relacionó con intelectuales como Alfredo Brañas, representante del regionalismo tradicionalista. Paradójicamente, murió en 1925 atropellado por un tranvía en Sarrià. Xosé Manuel Varela Varela: «Enrique Labarta Pose: Apuntamentos para unha biografía», Boletín Galego de Literatura, 13 (1995), pp. 105-115.
96 El diario coruñés La Voz de Galicia informaba de la detención de un individuo por estos hechos el 16 de abril de 1891, p. 2.
97 Citado en Xavier Pujadas: «1899-1908. La construcció d’un club de futbol», en Carles Santacana (dir): Barça: 110 anys fent història, Barcelona, Angle, 2010, p. 14.
98 Las cursivas son del original. Adolfo Revuelta Fernández: La falta de cultura física, como causa de decaimiento social, Santiago, s. e., 1919.
99 Xavier Pujadas y Carles Santacana: Historia il-lustrada..., p. 133.
100 Carles Santacana: «Pensant l’esport: els intel·lectuals i l’esport a Catalunya», en Carles Santacana (coord.): Nadala 08 L’esport a Cataluya, Barcelona, Fundación Carulla, 2008, pp. 29-43, esp. p. 35.
101 «Al mal tiempo... Marcha de Cádiz», El Pueblo Gallego, 29 de enero de 1925, p. 7.
102 Cróniques esportives. Suplement de la Gazeta de Vich, 10 de junio de 1923. Citado en Josep Casanovas: «L’esport a Vic...», p. 49.
103 Andrés Domínguez Almansa: Historia social..., p. 313.
104 Xavier Pujadas y Carles Santacana: «El club deportivo como marco de sociabilidad en España. una visión histórica (1850-1975)», Hispania. Revista española de historia, 63 (2003), pp. 505-522, esp. p. 517.
105 Xaime Quintanilla: «Comentarios breves», Ferrol Deportivo, 4 de julio de 1920, p. 13.
106 «Nada ve el joven que rebosante de salud y lleno de alegría, acude a los campos de deporte, bailes y cafés, importándole un bledo la miseria de que está rodeado». Benito Varela: «La juventud y el deporte», Solidaridad, 19 de octubre de 1935, p. 3. Frente a esta visión, en Galicia había desde hacía años equipos con nombres muy representativos como el «Comunista» de Vigo. El Pueblo Gallego, 22 de julio de 1931, p. 6. En Cataluña la importancia del deporte popular y obrero iba a culminar en el verano de 1936 en la Olimpiada Popular, a la que asistiría una representación gallega, y que no se celebró debido al golpe militar. Véase Carles Santacana: L’Altra olimpíada, Barcelona’36, Barcelona, Llibres de l’Índex, 2006.