Ayer 141 (1) 2026: 23-53
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2025
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/3176
© Miguel Ángel del Arco Blanco
© Ana Cabana Iglesia
Recibido: 17-07-2025 Aceptado: 06-10-2025 Publicado on-line: 08-01-2026
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License

La larga posguerra de todos. La historiografía sobre el primer franquismo (1939-1959) en el siglo xxi

Miguel Ángel del Arco Blanco

Universidad de Granada
maarco@ugr.es

Ana Cabana Iglesia

Universidade de Santiago de Compostela
ana.cabana@usc.es

Resumen: Este artículo ofrece una revisión historiográfica de las dos primeras décadas de la dictadura franquista (1939-1959), con especial atención a los avances alcanzados a partir del año 2000. Se analiza el giro sociocultural de la investigación, que ha permitido profundizar en el conocimiento de la dictadura franquista y de la vida de los hombres y mujeres que vivieron bajo esta. La historiografía ha madurado gracias a la renovación metodológica, la internacionalización y la incorporación de enfoques interdisciplinares, abordando aspectos que han permitido ensanchar lo social: nueva historia política, actitudes sociales, vida cotidiana, género, políticas sociales, el papel de la Iglesia y la memoria. Asimismo, se advierte sobre la necesidad de enfocar el interés hacia un periodo aún insuficientemente explorado que ofrece una valiosa oportunidad para profundizar en la comprensión del franquismo, como es la década de 1950. El trabajo subraya la importancia de innovar en las temáticas y cronologías estudiadas y de trasladar los avances académicos al conjunto de la sociedad para contribuir a la deconstrucción de los mitos de la dictadura y al fortalecimiento de una memoria democrática.

Palabras clave: franquismo, posguerra, historiografía, historia social, años cuarenta y cincuenta.

Abstract: This article offers a historiographical review of the first two decades of Franco’s dictatorship (1939-1959), with particular attention to the advances achieved from the year 2000. It analyses the sociocultural turn in research, which has made it possible to deepen our understanding of the Franco dictatorship and the lives of the men and women who lived under it. Historiography has matured thanks to methodological renewal, internationalisation, and the incorporation of interdisciplinary approaches, addressing aspects that have broadened the social dimension: new political history, social attitudes, everyday life, gender, social policies, the role of the Church, and memory. The article also highlights the need to overcome the triumphalist narratives about the 1950s, a still insufficiently explored period that offers a valuable opportunity to deepen our understanding of Francoism. It underlines the importance of innovating in the themes and chronologies studied and of transferring academic advances to society as a whole, in order to contribute to the deconstruction of the dictatorship’s myths and to the strengthening of democratic memory.

Keywords: Francoism, postwar, historiography, social history, 1950s.

A los cincuenta años de la muerte de Franco se hace difícil sintetizar todo lo que sabemos de las dos primeras décadas de su dictadura (1939-1959). Este artículo asume este reto, tratando de poner en valor los principales aportes historiográficos que han visto la luz en lo que va del siglo, aun a sabiendas de la imposibilidad de ser minuciosos por motivos de espacio 1. Queremos precisar varias cuestiones importantes antes de entrar en materia. La primera es que en nuestra síntesis dejamos de lado los trabajos relacionados con la violencia, la Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (FET-JONS) o la oposición al franquismo, dado que ya son abordados en otros artículos del presente dosier. La segunda, que priorizamos, siempre que sea posible, investigaciones que se adscriban a las dos primeras décadas del franquismo sobre aquellas que traten todo el periodo dictatorial en aras a visibilizar las especificidades del estudio de nuestro periodo de referencia. En este sentido, no deja de ser interesante advertir la enorme variabilidad de fechas consignadas por las investigaciones para hacer referencia al final del periodo definido como «primer franquismo». Las investigaciones han probado que la misma fecha de corte no es operativa para los diferentes temas y geografías, por lo que, en este caso, esa heterogeneidad debe interpretarse como resultado del alto nivel de representación territorial y de especialización alcanzado por el corpus. Y la tercera cuestión tiene que ver con que nuestra revisión historiográfica parte del año 2000, en sintonía con lo planteado en el espíritu de este dosier, y porque, con anterioridad, la revista Ayer ha dedicado diversos números al primer franquismo (número 33 en 1999) o a temas esenciales para su conocimiento, por lo que la persona interesada siempre puede acudir a ellos para conocer las publicaciones más relevantes del último cuarto del siglo xx. Esta decisión no es óbice para reconocer que el avanzado estado de conocimiento de esos veinte años de dictadura sería impensable sin las esenciales aportaciones historiográficas de la centuria anterior, en especial las publicaciones que vieron la luz en su última década y que marcaron la agenda de la investigación de los siguientes años.

Las páginas que siguen quieren demostrar la significativa progresión habida en el conocimiento de ese primer franquismo. Un auge que, en nuestra opinión, viene definido por un elemento transversal, un giro sociocultural que ha permitido comprender la dictadura no solo mirando a sus altas instancias, sino a su funcionamiento cotidiano, poniendo el foco en el conjunto de la sociedad, y que ha viabilizado la integración de aspectos como las percepciones, las retóricas y los símbolos junto con aspectos más tangibles del ejercicio del poder y más clásicos del estudio de los corpus ideológicos 2.

Conferimos a la historiografía sobre el primer franquismo una madurez que puede cifrarse en varios factores que van más allá de la abundancia de títulos. Primero, una notable renovación metodológica, que bebe de la asimilación de las tendencias historiográficas internacionales más en boga y además, en el caso de algunos trabajos, de la incorporación de enfoques interdisciplinares. Segundo, el protagonismo alcanzado por esas investigaciones en congresos de relevancia académica más allá de los especializados en el propio régimen (valgan de ejemplo las últimas ediciones de los congresos de la Asociación de Historia Contemporánea, la Asociación Española de Investigación de Historia de las Mujeres o la Sociedad de Estudios de Historia Agraria), y que en su mayoría se han convertido en artículos publicados de manera independiente o en dosieres en revistas académicas de prestigio, lo que permite hablar, en puridad, de un corpus específico y de calidad contrastada. Tercero, en la confirmación de la internacionalización de la historiografía española, como evidencia la publicación en revistas y editoriales internacionales de prestigio 3.

Ahora bien, no todas las temáticas y los periodos temporales han experimentado idéntico avance. Y, como ejemplo de ello, examinaremos la menor y mucho más tardía atención historiográfica que han concitado los años cincuenta, porque una revisión de los títulos publicados desde el cambio de milenio demuestra una hipertrofia de los estudios centrados en la década de 1940, predilecta de la historiografía del franquismo.

Miradas hacia lo político en la larga posguerra

Los autores de este artículo recuerdan que, durante la primera década del siglo xx, había una pregunta que centraba buena parte de los debates de los Encuentros de Investigadores del Franquismo —que comenzaron en 1992 y se han confirmado en sus once ediciones como la reunión de referencia del gremio de historiadores especializados en la dictadura— a la que trató de darse respuesta en muchas investigaciones: ¿qué fue el régimen franquista?, ¿un régimen autoritario, una dictadura católica o un régimen fascista? Todavía seguía viva la polémica suscitada por el politólogo Juan José Linz a finales de los años sesenta al clasificar al franquismo como un régimen autoritario con «pluralismo limitado». No es sitio este para reproducir todo el debate suscitado entonces. Baste decir que una parte de la historiografía rebatió esa conceptualización y lo tildó de régimen fascista, algo que se argumentaba con explicaciones de clase o por la «misión histórica» que habría venido a desempeñar. Otros recuperaron las aseveraciones del republicano Manuel Azaña para tildarlo de «una dictadura por la gracia de Dios». Más allá del consenso para calificar al régimen de Franco, la importancia del debate sobre la naturaleza de este radicó en que marcó parte de la agenda investigadora y también las investigaciones que comenzaban entonces 4.

Quizá uno de los temas que más atrajeron la atención de las investigaciones de comienzos de siglo fue el proceso de implantación de la dictadura. En el fondo no era más que el reverso de la violencia desplegada por el franquismo, dado que sus dimensiones y su virulencia pusieron de manifiesto la implicación y la colaboración de la sociedad civil en ella. Al igual que la ciudadanía de a pie ­actuó en los mecanismos represivos, también se mostró dispuesta a construir el «Nuevo Estado». Se puso en claro que el franquismo nació y se implantó durante la guerra civil, al tiempo que se destruyó la República y a sus partidarios. El conflicto bélico fue un momento crucial que lo cambió todo. Tanto en aquellos territorios donde el golpe triunfó y «no hubo guerra» como en los que fueron conquistados durante la contienda o con el final de esta: al tiempo que se limpiaba la retaguardia de «enemigos de España», se iban armando los poderes municipales y provinciales 5.

Siguiendo la senda de trabajos precedentes, algunas investigaciones profundizaron en el proceso de implantación de la dictadura en el ámbito local y provincial. Encontraron un panorama más complejo del que se esperaba. Demostraron que, durante la guerra, las comisiones gestoras de los Ayuntamientos o los Gobiernos Civiles fueron ocupados por personas con experiencia política previa dentro de la esfera de las derechas: el final de la Restauración, la dictadura de Primo de Rivera o partidos derechistas durante la República (monárquicos, católicos o carlistas, fundamentalmente). Para ellos, la juventud había pasado —la mayoría superaba los cuarenta años— y socioeconómicamente pertenecían a clases medias acomodadas o altas. Cuando la guerra todavía estaba en juego, la naciente dictadura no hacía experimentos. Todo comenzó a cambiar al término de la guerra. Entre 1939 y 1941 aproximadamente, tanto a los Gobiernos Civiles como a los Ayuntamientos comenzó a llegar un personal político nuevo. Hombres que no habían desempeñado cargos políticos previamente, más jóvenes y con un perfil socioeconómico más heterogéneo: en las comisiones gestoras de numerosos pueblos, por ejemplo, muchos pertenecían a las heterogéneas clases medias que apoyaron al franquismo (medias-bajas, medias o medias-altas). Pero la gran novedad era su participación en la guerra: algunos eran excombatientes o excautivos, familiares de «caídos» o «mártires», o habían demostrado su lealtad desempeñando algún cargo en la contienda. Esta se convertía, así, en el crisol de donde nacía el franquismo, la experiencia que unía a las diversas facciones políticas que se adhirieron al golpe para acabar con la República 6. Ahora bien, esta renovación del personal político no fue total: junto con los hombres nuevos pervivieron viejas elites, que ocuparon sillones de los propios Ayuntamientos, a veces a través de redes familiares o clientelares. En suma, todo refleja que el franquismo fue capaz de ampliar y diversificar sus apoyos sociales, dando entrada a nuevos políticos pertenecientes a grupos so­ciales hasta entonces poco representados, pero sin apartar del todo a las elites tradicionales.

Esta cuestión de la renovación del personal político generó otro vivo debate en la primera década de siglo para el que las investigaciones no han dado una única respuesta: ¿fue el franquismo un régimen caciquil o algo nuevo? Algunas investigaciones sostuvieron entonces que la renovación del personal no fue más que una mera pantalla dado que, en las sombras, el caciquismo siguió imperando. La guerra civil habría supuesto, en esta lógica, una restauración de las viejas elites 7. En cambio, otras pusieron el acento en el nuevo personal político y en las consecuencias de su acceso a las instancias de poder. No solo habrían cambiado los nombres, ampliándose los apoyos sociales del franquismo, sino también las políticas y sus resultados sobre la vida e incluso el patrimonio de los leales al régimen 8. Más recientemente, algunas visiones pretenden dar nuevos aires a este debate, llamando la atención sobre la necesidad de estudiar las culturas políticas y las trayectorias del personal político en la configuración del poder franquista 9.

Si la guerra civil fue la partera del franquismo, la Iglesia resultó clave en su instauración y legitimación, y como tal ha recibido atención historiográfica específica, que parece haberse intensificado en la segunda década de la presente centuria. Algunas aportaciones relevantes han reflexionado sobre la relación entre la Iglesia y el franquismo, así como el papel del nacionalcatolicismo en la conformación del nacionalismo franquista en el contexto de la Europa de entreguerras 10. Por otro lado, el impulso de los llamados historiadores del Concilio y una nueva generación de jóvenes investigadores más académicos han logrado construir un discurso historiográfico maduro, desmarcándose de las viejas obras laudatorias de todo lo eclesiástico, así como de visiones apriorísticas y maniqueas de lo religioso. Quizá el mayor aporte para los años cuarenta haya sido demostrar que, aunque las relaciones entre la Iglesia y el régimen estuvieron presididas por un clima de sintonía y de plena colaboración, existieron episodios de tensión, en especial relacionados con Falange y con su proyecto fascistizante. El estudio de documentación inédita (incluido el Archivo Secreto Vaticano) ha sacado a la luz los conflictos y suspicacias que parte de la Iglesia guardó con el fascismo, mostrándose en la lucha por el control del ámbito político, educativo, sindical o de propaganda 11.

En estos últimos veinticinco años la historiografía también nos ha ofrecido una mirada distinta de la política, quizá más definitoria de la primera década del franquismo, la autárquica. Hoy se ha refutado el mito, tan sostenido por el régimen y por sus historiadores más leales, de que esta política intervencionista que perseguía la autosuficiencia fue impuesta por las circunstancias. En realidad, la autarquía no solo fue voluntariamente adoptada, sino que era parte del proyecto cultural y político del franquismo, según el cual la nación debía purgar sus miembros enfermos, cerrarse sobre sí misma y regenerarse conforme a los valores de la «verdadera España» 12. Las desastrosas consecuencias de la autarquía fueron demostradas desde poco después de la muerte de Franco gracias a la historia económica. Sin embargo, la preocupación por la dimensión social de la posguerra ha llevado a profundizar en ellas, descubriendo la presencia de una hambruna homologable a las ocurridas en Europa en la época de entreguerras. Aun teniendo presente el factor de la guerra civil, la hambruna española estuvo generada y agravada por las políticas autárquicas del franquismo. Así, dentro de las dificultades de «los años del hambre» (1939-1952), tuvo lugar una hambruna entre 1939 y 1942 y en 1946 que provocó la muerte de unas 200.000 personas por inanición o por enfermedades derivadas de la desnutrición. Sus principales víctimas fueron las clases bajas, pero también golpeó especialmente a los «enemigos de la patria», a los «rojos»: muchos sufrieron en sus carnes las consecuencias de la desnutrición y de las enfermedades mientras estuvieron encerrados en el universo penitenciario del franquismo y otros fueron castigados a no conseguir empleo ni, por ende, sustento. La investigación más reciente ha convertido el hambre en un factor decisivo para explicar la larga posguerra 13.

La preocupación por la esfera de lo social y por reclamar para la historia el terreno de los mitos construidos durante la dictadura, que alimentaron (y alimentan) el «franquismo sociológico», provocó que se incluyese en la agenda investigadora el estudio de las políticas sociales del régimen. Como sucedió con los Estados fascistas de entreguerras, el franquismo no renunció a captar a las masas a través de sus políticas sociales y de su propaganda, aunque desde luego sus políticas sociales nunca fuesen una prioridad 14. La mayoría de los investigadores se han aproximado a este tema a través del estudio de las instituciones falangistas del régimen, desde las cuales se desplegó la mayoría de esas políticas. Sin duda en estos años el protagonista fue el Auxilio Social (AS). Tras los primeros estudios de los años noventa, se produjeron aportaciones decisivas en el conocimiento de la génesis, inspiración y labor de la institución. Hoy han quedado atrás las visiones que señalaban el componente tradicional, arcaizante y meramente católico de la institución creada por Mercedes Sanz Bachiller en octubre de 1936. Esta siempre estuvo en manos de Falange, aunque al final fuese arrebatada a la fundadora e integrada en la Sección Femenina de Pilar Primo de Rivera para tener un tono más convencional 15. Otros estudios han probado cómo la acción del AS se vio superada por la miseria reinante y resultó incapaz de paliar el hambre: las comidas de los comedores eran escasas o de pésima calidad, y el menaje o las instalaciones, deficientes 16. La institución asistió sobre todo a las familias de los perdedores, en muchos casos afectadas por la violencia y empobrecidas por las políticas de la victoria, lo que demuestra que un aspecto esencial de las políticas sociales fue el adoctrinamiento que las acompañó. En esa lógica de ofrecer redención, el AS siempre estuvo marcado por la simbología y por los ritos del franquismo: antes y después de comer se cantaban himnos, se rezaba o se celebraban ritos religiosos cargados de contenido político.

Mucho menor interés que el AS han concitado otras instituciones falangistas, como el Frente de Juventudes. De nuevo la dictadura seguía el rastro de algunos regímenes fascistas europeos que, en sus políticas, no descuidaron en ningún momento la educación de la juventud a través del ocio como elemento de transformación de las comunidades nacionales que querían fortalecer. El análisis de algunos estudios de caso, que se han centrado en la España rural, demuestra que, como pudo suceder con los entes sindicales, la implantación del Frente de Juventudes fue muy lenta y estuvo llena de dificultades, pero no ha de tomarse como un fracaso de un régimen que no logró que funcionase un organismo de movilización de la población, como pudo pretender el fascismo, pues su meta no era otra que el encuadramiento y la socialización de la juventud en la ideología y los valores del régimen 17.

Las políticas sociales del primer franquismo puede que no hayan recibido toda la atención merecida en la producción historiográfica dada su trascendencia en la retórica falangista de la «justicia social» tantas veces invocada y en el modo de hacer política del periodo. Pero, siendo esto así, consideramos que las investigaciones publicadas hasta el momento han llegado a conclusiones de gran interés. Destacan los avances logrados en los últimos años por las investigaciones sobre políticas de la vivienda y sanidad, ambas —también— pilares de los mitos que legó el régimen.

Respecto a las políticas de la vivienda, los trabajos publicados coinciden en afirmar su fracaso durante la posguerra, una época marcada por la infravivienda y la pésima calidad de buena parte del parque inmobiliario. El Instituto Nacional de la Vivienda (creado en 1939) logró construir entre 1940 y mediados de los años cincuenta solo 72.000 viviendas protegidas, un número muy por debajo del previsto. No sería hasta la segunda mitad de los años cincuenta cuando el franquismo emprendió una política de vivienda más decidida, en parte con la creación del Ministerio de la Vivienda en 1957. Había que atender la demanda creciente de viviendas en unas ciudades que aumentaban su población ante las sucesivas olas migratorias. No obstante, en lugar de accionar políticas de vivienda pública, el franquismo optó por promover viviendas para propietarios, concediendo la construcción a empresas particulares que se enriquecieron. La dictadura utilizó la vivienda como instrumento para condicionar las actitudes sociales: por ejemplo, para acceder a una propiedad impulsada por la Obra Sindical del Hogar era necesario estar encuadrado en el Sindicato Vertical. Además, la orientación hacia la construcción de vivienda privada debe entenderse como una apuesta del régimen por asegurar la «moderación política» de sus habitantes 18.

Los trabajos sobre la asistencia médica han puesto en cuestión uno de los mitos más célebres del franquismo: su papel en la cobertura médica universal y la protección social. Las investigaciones sobre la Obra Sindical 18 de julio, la Obra Sindical de Previsión Social, el Seguro Obligatorio de Enfermedad o la entrada de nuevas corrientes que hubieron de cambiar el modelo de protección social falangista normalmente superan el marco cronológico de referencia que aquí empleamos, extendiéndose al menos a los años sesenta, y lo mismo acontece con aquellas que tratan de examinar el sistema hospitalario y los sanatorios y consultorios médicos. La razón tiene que ver con que solo así es posible complejizar un análisis que para los años cuarenta y cincuenta es extremadamente simple: implantación muy lenta, una vida muy precaria, manifiesto desequilibrio entre el ámbito rural y el urbano, quedando el agro especialmente desatendido, y un propósito central: protagonizar discursos propagandísticos capaces de generar, pese a las limi­tadas consecuciones, actitudes de consentimiento social hacia el régimen y hacia Falange, a la vez que reforzaban jerarquías y apuntalaban el control social 19.

Y, precisamente, sobre el control social ejercido por la dictadura ha surgido una línea de estudios que, en los últimos años, ha atraído a numerosos historiadores. Nacidos al calor del impresionante desarrollo del ámbito de la violencia desplegada tras la guerra civil, los aportes realizados ayudan sobremanera a dibujar el «sistema represivo» que fue el franquismo. Tras la conquista de las últimas ciudades en manos de los republicanos, la dictadura puso en marcha un sistema de control social sin precedentes. La vida de posguerra se llenó de instituciones y políticas de control que determinaban los umbrales de lo permitido y que siempre contaron con la colaboración de parte de la población para hacer funcionar los dispositivos de dominación: comisarías, cuarteles, puntos de abastecimiento, alcaldías de barrio, porterías y un largo etcétera. La victoria se garantizó con el control de los cuerpos y de los comportamientos, generando una impresión de continuidad respecto al periodo bélico 20.

Estas políticas de control del franquismo se aplicaron también a un ámbito quizá hasta ahora olvidado en el relato sobre la posguerra: el de la emigración. Este tema había sido abordado sobre todo para las últimas décadas de la dictadura, pero recientemente ha sido tratado en trabajos dedicados a los cuarenta, dejando claro que sin los años del hambre no podemos comprender la historia de la emigración interior durante el franquismo. El «Nuevo Estado» hizo todo lo posible por fijar la población al campo y evitar la marcha de esta a las ciudades, estableciendo mecanismos de control como la expedición de cédulas personales, mediante la vigilancia policial o incluso mediante las cartillas de racionamiento. Pero a pesar de ello se produjo una emigración clandestina, protagonizada en gran parte por personas humildes, algunas de las cuales tenían un pasado familiar republicano que las estigmatizaba. Las causas de las emigraciones de posguerra fueron múltiples, pero todo parece indicar que el hambre y la atmósfera de revancha fueron los factores principales. El régimen no solo no toleró la marcha del rural a las urbes, sino que, en ellas, tomó medidas efectivas para recluir a los emigrantes a la fuerza y reenviarlos de vuelta a sus lugares de origen. El caso de Barcelona es paradigmático: durante la década de 1940, el 30 por 100 de los emigrantes que llegaron a la Ciudad Condal fueron enviados de vuelta 21.

El estudio de la emigración y del control social remite a otra temática referida al mundo del trabajo. A las investigaciones que desde 2000 siguieron atendiendo a la destrucción del mundo sindical republicano, el control laboral mediante la represión y la violencia y el establecimiento de salarios de miseria favorables a los empresarios agrícolas o industriales 22, se unieron las que comenzaron a auscultar con más detenimiento la capacidad de encuadramiento y de utilidad del Sindicato Vertical 23. Así, cabe apuntar la relevancia del impulso experimentado por la historiografía sobre el mundo rural, que ha demostrado que las Hermandades Sindicales de Labradores y Ganaderos no fueron un mero decorado en la posguerra española, sino instituciones clave para influir en la producción o en la comercialización de los productos 24.

Otro avance también sustancial en esta esfera de lo político ha sido el experimentado por las relaciones internacionales durante la posguerra. Baste decir que, tras los primeros pasos a finales de la centuria pasada y las perspectivas de corte clásico y diplomático de entonces, en los últimos veinticinco años se han abierto nuevas temáticas y profundizado en algunas anteriores. A ello contribuyeron factores como el progresivo acceso a documentación archivística, la internacionalización de los historiadores, la publicación de numerosos monográficos en revistas y obras colectivas o la progresiva madurez de esta corriente historiográfica en España, pese a que la primacía del enfoque de las políticas estatales es irrefutable 25. Destacan, por ejemplo, los trabajos sobre la España franquista y su conflictiva relación con los aliados durante la Segunda Guerra Mundial, que han desmontado los mitos de la neutralidad franquista 26. Pero también se han ampliado las temáticas con el estudio de las relaciones económicas durante la contienda mundial y la «batalla del wolframio», el hambre y las relaciones internacionales, la postura del Gobierno de Franco frente al Holocausto, los refugiados nazis en España, las relaciones culturales o las transferencias científico-tecnológicas 27.

El ensanche de lo social y el giro cultural

Si ha habido dos campos especialmente prósperos para la historiografía de las primeras dos décadas del franquismo y que han supuesto una progresión notable en el conocimiento de la sociedad de ese periodo, estos han sido el de las actitudes sociales y el de la historia de las mujeres.

La historiografía española interesada en el estudio de las actitudes sociales y la opinión popular ha ampliado su área de análisis en dos direcciones desde el 2000: de arriba abajo, al interesarse por la fabricación de consensos por parte del franquismo y, desde abajo hacia arriba, al atender a la ruptura de dichos consensos a través de resistencias cotidianas y protestas 28. Las investigaciones han negado la posibilidad de que la dictadura se mantuviera valiéndose solo de la violencia y el terror 29. Y, sin dejar de tener en cuenta su concurso en las actitudes de adaptación de amplias capas sociales, las aportaciones sobre la construcción de consensos han subrayado la incidencia de aspectos como la implantación de la «cultura de la victoria», el éxito de la propaganda, el uso de púlpitos, ejército o pupitres para el adoctrinamiento o el engarce de los valores franquistas en tradiciones culturales y lenguajes reconocibles por la población. E, igualmente, como hemos comentado al tratar el tema de las políticas sociales, la repercusión de las políticas desplegadas y la labor de gobierno y actuaciones de las instituciones y las autoridades, que tenían entre sus objetivos discriminar entre una «comunidad nacional», que debía resultar beneficiaria de sus medidas (vivienda pública, cargos, subsidios, puestos de trabajo, premios, etc.), y los expulsados de esta, abocados a padecerlas.

Estas investigaciones también han animado el debate iniciado en las historiografías italiana y alemana sobre la dinámica entre «consenso» y represión. Como reflejo del avance en el estudio de los espacios de adhesión al franquismo, cabe citar el propio cuestionamiento del concepto de «consenso» a favor del de «consentimiento» para dar cabida a las múltiples caras que pueden adoptar las actitudes sociales, no solo en el espectro de la resistencia, sino en el de la afección. Para ello, no solo ha sido necesaria la crítica historiográfica a conceptos reduccionistas, sino también superar las clasificaciones simplistas construidas por el propio régimen y examinar la vida cotidiana de una población que, en su día a día, decidía sobre la coexistencia de actitudes de adhesión con actos de resistencia que demostraban sus descontentos y desacuerdos. Las cartas enviadas a Franco y a otras autoridades son un excelente ejemplo de esa convivencia de actitudes, pues prueban el grado de asimilación de los postulados y valores del régimen a la vez que exponen las ­desavenencias y querellas de quienes las escriben, dando cuenta de la capacidad de adaptación de la población 30.

En cuanto a las resistencias cotidianas, han sido documentadas actuaciones que suponían incumplir y desobedecer las leyes, aprovechar las brechas del sistema, apropiarse y reelaborar consignas y representaciones del régimen o negociar su situación para tratar de sacar ventaja. El pequeño estraperlo, extender rumores insidiosos sobre alguna autoridad, cursar quejas administrativas firmadas colectivamente, participar en motines, cooperar con la guerrilla o negarse a cumplir con el ceremonial, los cupos, las cuotas o los plazos impuestos han sido algunas de las fórmulas más habituales de alterar la «paz social» de la que alardeaba el régimen 31.

Los estudios sobre actitudes sociales han estado indisolublemente unidos a la investigación sobre la vida cotidiana, y ambas líneas han afianzado un sujeto de investigación: la gente común o ciudadanía corriente. Se trata de una categoría sin límites demasiado rígidos en la que caben aquellos individuos sin relación directa con el poder y aquellos que ocuparon «los márgenes» de la sociedad 32. Entre los primeros destaca el protagonismo alcanzado por la población rural y las mujeres de las clases populares como sujetos de análisis 33. Dentro de los segundos, sobresalen dos colectivos: los delincuentes comunes y los menores. El estudio de los primeros, realizado a través de la documentación de la justicia ordinaria, ratifica que fue la miseria soportada por muchas familias en los años cuarenta y cincuenta la que provocó que uno o varios de sus miembros quebrantaran la ley por primera vez. Se convirtieron en mendigos, prostitutas o rateros para tratar de garantizar su supervivencia y la de los suyos y, por serlo, fueron castigados por no responder a los criterios de ciudadanía sana y moral del franquismo 34. La infancia ha interesado sobre todo por ser blanco de la reeducación que el franquismo quería acometer dentro de su proyecto político, y buen ejemplo de ello son las experiencias de niños y niñas en las escuelas, su vinculación con la acción de Auxilio Social, ya mencionada, pero también las de aquellos que tuvieron contacto con los tribunales tutelares de menores, que se emplearon a fondo para separar a los hijos de sus padres, normalmente sumidos en la pobreza o con malos antecedentes «morales y políticos» 35.

El otro campo especialmente próspero por haber ensanchado los límites de las investigaciones sobre la sociedad del primer franquismo ha sido el de la historia de las mujeres. No hay duda de que el franquismo hizo del género un asunto central. La discriminación por razón de género era una pieza fundamental en la construcción del orden social anhelado y por ello se manifiesta tanto en la legislación como en la manera de hacer política del régimen 36. El estudio de la Sección Femenina, organismo encargado del encuadramiento de las mujeres y de su adoctrinamiento en los patrones de género que el franquismo concibió para ellas, como era esperable, ha concitado buena parte de los esfuerzos de la investigación. Los primeros acercamientos priorizaban los análisis de corte institucional y político, y, de este modo, se centraban en el estudio de sus líderes y las disputas internas y externas (con las católicas) por el poder, así como en establecer los parámetros de la relación de dependencia de sus cuadros con sus homólogos masculinos. En los últimos años se ha transitado hacia un enfoque más cultural, que ha permitido ahondar en la conformación y evolución de los ideales de género construidos para las mujeres y desterrar la idea de un modelo único y estable en el tiempo. También ha posibilitado problematizar aspectos sobre los que parecía reinar el acuerdo, como las contradicciones entre los modelos de feminidad predicados y los asumidos por las mujeres encargadas de (re)educar a las demás o sobre la eficacia de la labor proselitista desplegada a través de su acción pedagógica y cultural sobre las mujeres movilizadas, y sobre las que no lo estaban 37.

Las investigaciones sobre las mujeres de los años cuarenta y cincuenta también han prestado especial atención al estudio de las vencidas, las mujeres que fueron el contrapunto de aquellas de derechas, falangistas y católicas que encontraron fácil acomodo en el Nuevo Estado y participaron en la reformulación del ideal femenino 38. Se ha incidido en la dimensión sexuada de las tácticas represivas desplegadas contra las «rojas» y las «caídas», contra todas aquellas mujeres que, a juicio del Estado, transgredían sus ideales de domesticidad y moralidad por su compromiso político (mujeres de presos, guerrilleras o enlaces de las partidas armadas, etc.), y algunas investigaciones han extendido su análisis a las mujeres del exilio. En el caso de la violencia política y el control social, como en otros ámbitos, puede hablarse de una experiencia femenina diferenciada de vivir en dictadura 39. Directamente vinculados con esta línea de investigación se encuentran los estudios sobre el Patronato de Protección de la Mujer, institución creada en 1941 para la censura de la moralidad femenina y cuyo concurso se ha demostrado indispensable en el proceso de construcción e implantación de los modelos de feminidad y familia nacionalcatólicos y de represión de cualquier atisbo de alteridad 40.

Ya fueran afines o desafectas, ya estuvieran solas al cargo de sus familias o no, ya habitaran espacios rurales o urbanos, y con independencia de su estado civil, las españolas durante la posguerra y los años cincuenta debieron acudir al «tajo» 41. Por mucho que la legislación incidiera en fijar los arquetipos del varón que «gana el pan» y la mujer «ángel del hogar», las condiciones económicas de las que no pertenecían a clases privilegiadas no posibilitaron asumir el modelo. La historiografía que se ha preocupado por el binomio mujer/trabajo ha demostrado la importancia de la mano de obra femenina en estas décadas en todos los nichos laborales, tanto los que visibilizaba el régimen, por entender según su ideología de género que eran «propios» de las mujeres, como los que invisibilizaba en su retórica y en sus balances económicos 42.

Tras los debates (y excesos) del giro lingüístico, los historiadores utilizaron la cultura para tratar de comprender y explicar el pasado, extendiendo las dimensiones de lo que entendemos por lo social. Pero no solo eso, como se afirmaría en alguna publicación, el franquismo tenía que ser estudiado como si tomásemos un caleidoscopio, recurriendo a diversas metodologías de la antropología, la crítica cultural o la sociología, entre otras 43.

El debate de la naturaleza del franquismo puede servir de ejemplo. Se publicaron trabajos que, con enfoques en la historia intelectual o de las ideas, arrojaron luz sobre la fisonomía, los objetivos o la ideología del franquismo. A pesar del riesgo de una simplificación excesiva, queremos recoger aquí el fructífero y rico debate sostenido entre aquellos que consideraban al franquismo como un régimen fascistizado y quienes lo catalogaban como fascista. Los primeros aludían a la preminencia y el triunfo final de un nacionalismo católico y ultra que lo alejaría de las pretensiones revolucionarias de los movimientos fascistas; estos consideraban que fue durante la guerra y hasta 1941 cuando el franquismo estuvo más cerca de ser un régimen fascista, para convertirse en un régimen fascistizado a partir de esa fecha. Los segundos llamaban la atención sobre la impresionante capacidad integradora del fascismo, su carácter europeo y su habilidad para mutar y adaptarse a las nuevas circunstancias 44.

Este debate fue muy evocador para los investigadores del franquismo. Se reflejó, por ejemplo, en las investigaciones sobre los discursos y símbolos de la dictadura. Las hubo que miraron al verano de 1936 y a la guerra civil, cuando se va fraguando la «cultura de la victoria»: en unos casos se utilizarán viejos símbolos con nuevos significados y en otros sería decisivo el influjo del falangismo 45. Nacieron no solo símbolos, sino también ritos, liturgias y festividades políticas que, aunque no lograron movilizar a la población con la misma intensidad que por ejemplo el fascismo italiano, sí fueron fuente de su legitimidad y la autoridad del «Nuevo Estado» 46. El empleo de la lente cultural también se trasladó al estudio del discurso falangista de nación, por el cual se identificó a España y al Estado franquista con una serie de atributos vinculados a la virilidad, la fortaleza y la serenidad, frente a la nación degenerada, corrupta y afeminada identificada con la democracia 47.

Otro aspecto interesante de la llegada de este «giro cultural» a los estudios del franquismo fue su aplicación a la sociedad. De este modo, la historia cultural ha servido como báculo para la historia social, completando la dimensión material con la ideológica o simbólica. Destacan aquí los trabajos de algunos historiadores que se han preocupado por las políticas nacionalizadoras del franquismo a través de símbolos, ritos y fiestas durante y tras la guerra civil. Entonces el espacio público fue «recuperado» para la «verdadera España», a través de ceremonias patrióticas o religiosas, de misiones rurales e incluso con la intervención en el diseño del espacio público. Algunas de estas manifestaciones han permitido reflexionar sobre cómo la población que apoyó al franquismo también participó políticamente e incluso expresó su fidelidad o adhesión a través de gestos, símbolos o creencias. La Semana Santa es un ejemplo paradigmático: aunque fuese instrumentalizada por el régimen, también fue durante la inmediata posguerra un espacio de participación donde se expresó la religiosidad popular conforme a unos valores y principios que comulgaban con los del «Nuevo Estado» 48.

Estas miradas a los mitos y al terreno de lo simbólico han llegado incluso a la figura de Francisco Franco. Así, algunos trabajos se han preocupado de reflexionar sobre la percepción o influencia que pudo tener sobre la población el «mito del Caudillo», ahondando en la propaganda que lo construyó o revisando su biografía a través de esta lente para explicar, comprender y cuestionar la figura del dictador 49.

La mirada cultural a lo social incluyó, finalmente, una nueva dimensión: el estudio de la memoria. Sin duda marcados por el contexto de la recuperación de la memoria democrática y las «guerras de memoria» del siglo xxi, algunos investigadores se ocuparon de las políticas públicas de memoria del franquismo. Temas tan variados como las políticas de la memoria de la dictadura, la construcción de monumentos conmemorativos (destacando sobre todo las cruces de los caídos) o la intensa campaña de exhumaciones de los caídos «por Dios y por España» del franquismo 50. Otros estudios se centraron en las memorias que anidaban en la sociedad, bien entre la comunidad de los vencedores, bien entre los vencidos.

Años cincuenta: el camino a transitar más y mejor

El estudio de la conocida como «década bisagra» (1950-1959) quedó durante mucho tiempo como una tierra de nadie, como un periodo sin identidad propia y como una mera transición de los años del hambre a los del desarrollo. Quizá fue desatendida por la historiografía porque, tras la muerte de Franco, primó el interés por los años de la inmediata posguerra para entender la violencia o incluso la atención a los últimos años del franquismo para explicar la oposición al régimen y la construcción de la democracia. Todo ello ha provocado que, en cierta manera, hayan pervivido los discursos triunfalistas erigidos por la dictadura, según los cuales los cincuenta fueron unos años en los que todo era paz social y la situación socioeconómica mejoró notablemente, tanto que prepararon a España para el «milagro económico» de la década siguiente.

Lo que sabemos de los cincuenta parece marcado por los hitos políticos principales, que, por cierto, fueron bien difundidos y celebrados por el franquismo: la firma de los pactos con Estados Unidos y la Santa Sede (1953), la entrada en Naciones Unidas (1955) o el Plan de Estabilización (1959). De hecho, es el régimen mismo el que parece haber delimitado la cronología del periodo, clausurándolo con la aprobación del citado plan económico de 1959, supuesta génesis de todas las virtudes del progreso de las últimas décadas del franquismo.

Sin embargo, los cincuenta fueron algo mucho más complejo y lleno de contrastes. Por fin la economía creció con vigor; sin embargo, según la percepción y memoria de la gente corriente que vivió aquellos años, «la cosa siguió más o menos igual» 51. Estas contradicciones cuestionan la narrativa triunfalista del régimen. Como se afirmó hace tiempo, «la pobreza sustituyó a la miseria», tanto en los suburbios urbanos como en los pueblos 52. La emigración creció de forma exponencial, profundizando en uno de los fenómenos que más cambiarían la sociedad española. La agricultura se transformó con la modernización agrícola y el fin de la sociedad tradicional. Apareció una nueva generación que no había vivido la guerra, con los consiguientes cambios que ello tuvo en la vida cotidiana. De hecho, emergió entonces con fuerza inesperada el movimiento estudiantil, que azuzó los cimientos de la dictadura en febrero de 1956. Y, por supuesto, la oposición al régimen también sufrió un cambio significativo: el Partido Comunista propugnó su política de la reconciliación nacional, semilla de la futura transición a la democracia.

Pese a todas esas mudanzas de los cincuenta, no existen demasiadas publicaciones monográficas que se ocupen de esa década de manera específica 53. A comienzos de siglo algunos trabajos se centraron en la alta política del régimen o en su vida intelectual, prestando especial atención al papel de los católicos en ese tiempo, pero sorprenden ausencias de temas como el falangismo o la protesta social en estos análisis 54.

No obstante, hay algunos ámbitos en los que esta década se ha convertido en un periodo fértil, como el de las relaciones internacionales. La apertura y aceptación del régimen franquista han propiciado estudios sobre cuestiones políticas, como la firma de los acuerdos con Estados Unidos o la Santa Sede, o económicas, como el ingreso en la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, 1951), el Fondo Monetario Internacional (1958) y la Organización Europea para la Cooperación Económica (1959) o el diseño del Plan de Estabilización Económica. Pero también se han desarrollado estudios con una pluralidad de enfoques, destacando en particular las relaciones con Estados Unidos: a los habituales temas diplomáticos se han sumado cuestiones como la ayuda económica, la diplomacia pública cultural, la incidencia del cine o la implantación de los American Studies. Parece que también aquí se deja sentir la preocupación por la sociedad, a través del estudio tanto de las políticas como de su recepción 55.

Han aparecido también renovadores estudios que se ocupan del marco institucional del régimen y de sus intentos de adaptación, aunque extienden su análisis más allá de la década de 1950. Destacan las investigaciones que, con la mirada en otras dictaduras europeas y en el contexto de la Guerra Fría, profundizan en las elecciones de la «democracia orgánica» del franquismo aunando la perspectiva histórica y herramientas de la ciencia política. Trabajos que han mirado al mundo municipal o incluso a los procuradores en Cortes, deteniéndose en concreto en el tercio familiar, el más representativo y plural de la sociedad. Otros han analizado los proyectos franquistas para la reforma de su sistema electoral a finales de la década, que al final quedaron en nada, como buen reflejo de la necesidad de la dictadura de adaptarse a los nuevos tiempos, pero también de su naturaleza autoritaria 56.

Algunos títulos se han ocupado del ámbito sindical franquista, adoptando visiones originales: destacan, por ejemplo, los estudios sobre las visiones y críticas del catolicismo al verticalismo del régimen, hasta el punto de considerar que había que ponerle fin 57. También merece mención el análisis de instituciones poco estudiadas hasta ahora, como el Servicio Universitario del Trabajo. Creado en 1950 por inspiración del jesuita José María Llanos e integrada en Falange, aspiraba a poner en contacto a los jóvenes con el mundo obrero y campesino. Hoy no solo conocemos los orígenes, los objetivos y el personal político de esta institución, sino que las investigaciones han desvelado que la experiencia vivida por unos trece mil jóvenes junto con obreros, jornaleros, mineros o albañiles en pueblos o lugares apartados y pobres fue decisiva en su forma de entender el mundo e incluso para la militancia política democrática futura de algunos de ellos 58.

Desde la historia religiosa también han soplado aires renovadores. Aunque la Iglesia siguió colaborando estrechamente con la dictadura, en los cincuenta es posible percibir las primeras críticas y algunas transformaciones significativas que explicarían el «despegue de la Iglesia» respecto al régimen ya en el desarrollismo. Se han mirado los debates existentes dentro de la Acción Católica, la celebración del XXXV Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona (1952), las actuaciones del catolicismo social en la esfera sindical, publicaciones como El Ciervo o las conversaciones entre católicos imbuidos por el reformismo católico de posguerra para explicar este lento viraje que, también, acabaría afectando a parte de la sociedad 59.

Las puertas de lo social se van abriendo también para los años cincuenta. Es cierto que a veces son continuaciones de estudios que arrancan en la guerra civil o que cubren todo el franquismo, como los trabajos sobre las actitudes cotidianas de los españoles ya citados o aquellos sobre el ocio, la radio o la televisión, a través de los cuales la dictadura difundía la propaganda política y los valores del nacionalcatolicismo 60. Pero hay temáticas para las que la atención se particulariza en los cincuenta. Es el caso de las aportaciones sobre la emigración, que siguió una tendencia al alza durante toda esta década y que afectó a todas las regiones 61.

Estos trabajos revelan cuán fértil es el terreno de la década de 1950, máxime si tratamos de escapar de los discursos esculpidos por el franquismo y que, en gran parte, han llegado hasta nosotros. Una vez que tanto el primer como el segundo franquismo van siendo mejor conocidos, es necesario acudir a los años cincuenta para explicar aspectos decisivos del pasado de la dictadura. Quizá la fórmula de hacerlo sea inspirarse en el camino que, con firmeza, se ha transitado hasta ahora para conocer el primer franquismo.

Conclusiones

La historiografía sobre el primer franquismo ha logrado situarse en un grado de madurez indiscutible. Ha ello han contribuido los estudios pioneros realizados en las décadas que siguieron a la muerte de Franco, pero sobre todo el trabajo de historiadores e historiadoras en lo que va del siglo. Se ha participado en debates internacionales y se han integrado nuevas metodologías y marcos conceptuales, logrando un objetivo nada menor: deconstruir los mitos del franquismo. Y para ello ha sido clave profundizar en la dimensión social y cultural de la historia de la dictadura, apostando por explicar la vida de los españoles y españolas a los que tocó convivir con ella en sus primeras dos décadas de vigencia.

Por supuesto, quedan retos por delante. Queremos señalar al menos dos. El primero, innovar en perspectivas teóricas y temáticas, pero también ahondar en cronologías menos transitadas, pues, como hemos señalado, los años cincuenta están llamados a ser una verdadera oportunidad historiográfica. De no hacerlo así corremos el riesgo de caer en reiteraciones continuadas y, a la larga, en la intrascendencia. Para evitarlo, a nuestro juicio, es necesario, además de la debida actualización historiográfica, apostar todavía más por la multidisciplinariedad derivada de la integración en el análisis histórico de las herramientas conceptuales de otras ciencias sociales y disciplinas humanísticas. El segundo reto tiene que ver con la divulgación, con convertir el hecho de traspasar la membrana de la célula académica en el mayor triunfo y reconocimiento para historiadores e historiadoras. Convertirnos en el recurso preferente de la ciudadanía a la hora de acercarse a nuestro periodo de estudio. Ese, y no otro, sería el camino más eficaz para deconstruir los mitos del franquismo que todavía perviven en la memoria colectiva y coadyuvar así a la construcción de una sociedad más democrática.


  1. 1 Obras con vocación de estados de la cuestión que incluyen capítulos o apartados sobre este periodo serían Manuel Ortiz Heras: ¿Qué sabemos del franquismo? Estudios para comprender la dictadura de Franco, Granada, Comares, 2018; Nicolás Sesma: Ni una, ni grande, ni libre. La dictadura franquista, Barcelona, Crítica, 2024; Nicolás Sesma y Jaume Claret: «50 libros para 50 años. Una aproximación bibliográfica a la dictadura franquista», Vínculos de Historia, 14 (2025), pp. 455-469, y François Godicheau y Jorge Marco (eds.): Anatomía de una dictadura (1936-1977), Granada, Comares, 2025.

  2. 2 Este auge de lo social también se detecta en el estudio de la guerra civil española. Véase José Luis Ledesma: «¿Existe una historia social de la guerra civil de 1936 en el siglo xxi?», Historia y Política, 51 (2024), pp. 185-217.

  3. 3 Ismael Saz et al. (eds.): Reactionary Nationalists, Fascists and Dictatorships in the Twentieth Century. Against Democracy, Cham, Palgrave, 2019, y Miguel Ángel del Arco Blanco y Peter Anderson (eds): Franco’s Famine. Malnutrition, Disease and Starvation in Post-Civil War Spain, London, Bloomsbury, 2021. Los historiadores españoles asentados en universidades extranjeras y los hispanistas han contribuido a esta visibilización internacional; entre otros, Antonio Cazorla: Fear and Progress. Ordinary Lives in Franco’s Spain, 1939-1975, Oxford, Wiley-Blackwell, 2009; Aurora Morcillo: The Seduction of Modern Spain. The Female Body and the Francoist Body Politic, Lewisburg, Bucknell University Press, 2010, y Jorge Marco: Guerrilleros and Neighbours in Arms. Identities and Cultures of Antifascist Resistance in Spain, Brighton, Sussex Academic Press, 2016.

  4. 4 Juan José Linz: Un régimen autoritario. España, s. l., s. e., 1964; Eduardo Sevilla Guzmán: La evolución del campesinado en España, Barcelona, Península, 1979, pp. 126-133; Josep Fontana: «Reflexiones sobre la naturaleza y las consecuencias del franquismo», en Josep Fontana (ed.): España bajo el franquismo, Barcelona, Crítica, 1986, y Manuel Pérez Ledesma: «Una dictadura por la gracia de Dios», Historia Social, 20 (1994), pp. 173-193.

  5. 5 Ismael Saz: «Política en la zona nacionalista: la configuración de un régimen», Ayer, 50 (2003), pp. 55-83.

  6. 6 Julián Sanz Hoya: «FET-JONS en Cantabria y el papel del partido único en la dictadura franquista», Ayer, 54 (2004), pp. 281-303; Francisco Cobo Romero y Teresa María Ortega López: «No sólo Franco. La heterogeneidad de los apoyos sociales al régimen franquista y la composición de los poderes locales. Andalucía, 1936-1948», Historia Social, 51 (2005), pp. 49-71; Domingo García Ramos: Las instituciones palentinas durante el franquismo, Palencia, Diputación de Palencia, 2005; Damián Alberto González Madrid: Los hombres de la dictadura. Personal político franquista en Castilla-La Mancha, Ciudad Real, Almud, 2006, y Miguel Ángel del Arco Blanco: «“Hombres nuevos”. El personal político del primer franquismo en el mundo rural del sureste español (1936-1951)», Ayer, 65 (2007), pp. 237-267.

  7. 7 Antonio Cazorla: Las políticas de la victoria. La consolidación del Nuevo Estado franquista (1938-1953), Madrid, Marcial Pons Historia, 2000, pp. 46-60; Óscar J. Rodríguez Barreira y Antonio Cazorla: «Hoy Azaña, mañana... Franco. Una microhistoria de caciquismo en democracia y dictadura. Berja (Almería), 1931-1945», Hispania, 68, 229 (2008), pp. 471-502, y Óscar J. Rodríguez Barreira: Miserias del poder. Los poderes locales y el nuevo Estado franquista, 1936-1951, València, Publicacions de la Universitat de València, 2013.

  8. 8 Antonio F. Canales: Las otras derechas. Derechas y poder local en el País Vasco y Cataluña en el siglo xx, Madrid, Marcial Pons Historia, 2006; Miguel Ángel del Arco Blanco: Hambre de siglos. Mundo rural y apoyos sociales del franquismo en Andalucía Oriental (1936-1951), Granada, Comares, 2007, y Javier Tébar: Contrarrevolución y poder agrario en el franquismo. Rupturas y continuidades. La provincia de Barcelona (1939-1945), tesis doctoral, Universitat Autònoma de Barcelona, 2007.

  9. 9 Óscar J. Rodríguez Barreira: «Tratando de hacerse fascistas... Falange y el personal político franquista en provincias. Parafascismo, culturas políticas e hibridaciones, 1933-1945», Historia y Política, 51 (2024), pp. 125-154.

  10. 10 Alfonso Botti: Cielo y dinero. El nacionalcatolicismo en España, Madrid, Alianza Editorial, 2007, y Alfonso Botti, Feliciano Montero y Alejandro Quiroga: Católicos y patriotas. Iglesia y nación en la Europa de entreguerras, Madrid, Sílex, 2013.

  11. 11 Pablo Martín de Santa Olalla: De la victoria al concordato. Las relaciones Iglesia-Estado durante el primer franquismo (1939-1953), Barcelona, Laertes, 2003; Francisco Morente Valero: «Los fascismos europeos y la política educativa del franquismo», Historia de la Educación, 24 (2005), pp. 179-204; Miguel Ángel ­Dionisio Vivas: Por Dios y la Patria. El cardenal Gomá y la construcción de la España Nacional, Toledo, Instituto Teológico San Ildefonso, 2015; Enrique Berzal de la Rosa: «Iglesia y franquismo. Tensiones dentro de una estrecha colaboración», en Feliciano Montero et al. (eds.): La historia religiosa de la España contemporánea, Alcalá de Henares, Universidad de Alcalá, 2017, pp. 87-88, y Eduardo González Calleja: Iglesia, Falange y Nuevo Estado. La jerarquía católica ante el proceso de fascistización del primer franquismo, Granada, Comares, 2023.

  12. 12 Michael Richards: Un tiempo de silencio. La guerra civil y la cultura de la represión en la España de Franco, 1936-1945, Barcelona, Crítica, 1999.

  13. 13 Miguel Ángel del Arco Blanco: La hambruna española, Barcelona, Crítica, 2025.

  14. 14 Carme Molinero: La captación de las masas. Política social y propaganda en el régimen franquista, Madrid, Cátedra, 2005, y Manuel Ortiz Heras y Damián ­Alberto González Madrid: «El mito de la política social franquista. Vivienda, educación y seguridad social», en Manuel Ortiz Heras (ed.): ¿Qué sabemos del franquismo? Estudios para comprender la dictadura de Franco, Granada, Comares, 2018, pp. 43-67, esp. pp. 45-46.

  15. 15 Ángela Cenarro: La sonrisa de Falange. Auxilio Social en la guerra civil y en la posguerra, Barcelona, Crítica, 2005.

  16. 16 Carme Molinero y Pere Ysàs: «El malestar popular por las condiciones de vida. ¿Un problema político para el régimen franquista?», Ayer, 52 (2003), pp. 255-282, esp. p. 266; Antonieta Jarne: «Vencidos y pobres en la Cataluña rural: la subsistencia intervenida en la posguerra franquista», Historia del Presente, 5 (2005), pp. 167-183; Óscar J. Rodríguez Barreira: «Auxilio Social y las actitudes cotidianas en los Años del Hambre, 1937-1943», Historia del Presente, 17 (2011), pp. 127-147; Lucio Martínez Pereda: El pan y la cruz. Hambre y Auxilio Social durante el primer franquismo en Galicia, Madrid, Biblioteca Nueva, 2017, pp. 144 y 150-159, y Gloria Román Ruiz: «Mothers and Children without Bread. Hunger in the Auxilio Social Cocinas de Hermandad and Comedores Infantiles during Post-War Francoism», Culture & History Digital Journal, 13(2) (2024), 521.

  17. 17 José Antonio Cañabate: Les organitzacions juvenils del règim franquista (1937-1960), Mallorca, Documenta Balear, 2004; Pedro Ortega Aparicio: «Una mirada sobre el Frente de Juventudes (1940-1961)», en Pedro García Colmenares­ (coord.): Historia y memoria de la guerra civil y primer franquismo en Castilla y León, Valladolid, Universidad de Valladolid, 2007, pp. 137-168; Óscar J. Rodríguez­ Barreira y Daniel Lanero Táboas: «Juventud y campesinado en las falanges rurales. España, 1939-1950», Historia Agraria, 62 (2014), pp. 177-216, y Óscar J. ­Rodríguez Barreira: «No tan prietas las filas: ocio y deporte en el Frente de Juventudes», en Claudio Hernández Burgos y Lucía Prieto Borrego (eds.): Divertirse en dictadura. El ocio en la España franquista, Madrid, Marcial Pons Historia, 2024, pp. 101-125.

  18. 18 Moisés Llordén: «La política de vivienda del régimen franquista: nacimiento y despegue de los grandes constructores y promotores inmobiliarios en España, 1939-1960», en Glicerio Sánchez Recio y Julio Tascón (eds.): Los empresarios de Franco. Política y economía en España, 1936-1957, Barcelona, Crítica, 2003, pp. 145-169; José Candela: Del pisito a la burbuja inmobiliaria. La herencia cultural falangista de la vivienda en propiedad, 1939-1959, València, Publicacions de la Universitat de València, 2019, y Daniel Lanero Táboas (ed.): De la chabola al barrio social. Arquitecturas, políticas de vivienda y actitudes sociales en la Europa del Sur (1920-1980), Granada, Comares, 2020.

  19. 19 Margarita Vilar Rodríguez y Jerònia Pons: «El sistema hospitalario público y privado en España en las primeras décadas del Franquismo (1942-1963)», en Margarita Vilar-Rodríguez y Jerònia Pons (eds.): Un siglo de hospitales entre lo público y lo privado (1886-1986), Madrid, Marcial Pons Historia, 2018, pp. 179-261; Daniel Lanero Táboas: «Franquismo y política social: una aproximación crítica a las políticas de vivienda y asistencia sanitaria», Historia del Presente, 38(2) (2021), pp. 31-47, y Damián Alberto González Madrid y Manuel Ortiz Heras: «Del seguro a la Seguridad Social. La modernización del concepto y sus límites durante el primer franquismo», Historia Social, 108 (2024), pp. 151-170.

  20. 20 Peter Anderson: ¿Amigo o enemigo? Ocupación, colaboración y violencia selectiva en la Guerra Civil española, Granada, Comares, 2017; Gutmaro Gómez Bravo: Geografía humana de la represión franquista. Del golpe a la guerra de ocupación (1936-1941), Madrid, Cátedra, 2017; Alejandro Pérez-Olivares: Madrid cautivo. Ocupación y control de una ciudad (1936-1948), València, Publicacions de la Universitat de València, 2020; Daniel Oviedo Silva: El enemigo a las puertas. Porteros y prácticas acusatorias en Madrid (1936-1945), Granada, Comares, 2023, y Luis Enrique Otero y Jaume Claret (eds.): El gran retroceso. El primer franquismo, Madrid, Los Libros de la Catarata, 2025.

  21. 21 Enrique Tudela Vázquez: Marcharse lejos. Migraciones granadinas a Barcelona durante el primer franquismo (1940-1960), tesis doctoral, Universitat de Barcelona, 2018, y Miguel Díaz Sánchez: Fronteras de papel. Franquismo y migración interior en la posguerra española (1939-1957), València, Publicacions de la Universitat de València, 2024, pp. 210-213.

  22. 22 Teresa María Ortega López: Del silencio a la protesta. Explotación, pobreza y conflictividad en una provincia andaluza, Granada 1936-1977, Granada, Universidad de Granada, 2003, e íd.: «Las miserias del fascismo rural. Las relaciones laborales en la agricultura española, 1936-1948», Historia Agraria, 43 (2007), pp. 531-553.

  23. 23 Francisco Bernal: El sindicalismo vertical. Burocracia, control laboral y representación de intereses en la España franquista (1936-1951), Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2010.

  24. 24 Daniel Lanero Táboas: Historia dun ermo asociativo. Labregos, sindicatos verticais e políticas agrarias en Galicia baixo o franquismo, A Coruña, Tresctres, 2011, y Miguel Ángel del Arco Blanco: «Los auténticos representantes del campo español. Hermandades sindicales de labradores y generación de adhesión y consentimiento hacia el franquismo», Historia Social, 84 (2016), pp. 93-112.

  25. 25 Lorenzo Delgado: «El estudio de las relaciones internacionales de España durante el franquismo. Allegro ma non troppo», en Raanan Rein y Joan María Thomàs (eds.): Guerra civil y franquismo. Una perspectiva internacional, Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2016, pp. 201-244.

  26. 26 Enrique Moradiellos: Franco frente a Churchill. España y Gran Bretaña en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), Barcelona, Península, 2005; Joan ­María Thomàs: Roosevelt y Franco. De la Guerra Civil española a Pearl ­Harbor, Barcelona, Edhasa, 2007, y Misael Arturo López Zapico: Las relaciones entre ­Estados Unidos y España durante la Guerra Civil y el primer franquismo (1936-1945), Xixón, Trea, 2008.

  27. 27 Carlos Collado Seidel: España, refugio nazi, Madrid, Temas de Hoy, 2005; Joan María Thomàs: La batalla del wolframio. Estados Unidos y España de Pearl Harbor a la Guerra Fría (1941-1947), Madrid, Cátedra, 2010; Javier Muñoz Soro y Emanuele Treglia (coords.): Patria, pan... amore e fantasia: la España franquista y sus relaciones con Italia (1945-1975), Granada, Comares, 2017; David Brydan: Franco’s Internationalists. Social Experts and Spain’s Search for Legitimacy, New York, Oxford University Press, 2019; Enrique Moradiellos, Santiago ­López ­Rodríguez y César Rina: El Holocausto y la España de Franco, Madrid, Turner, 2022; Pablo del Hierro: Madrid, metrópolis (neo)fascista, Barcelona, Crítica, 2023, y Miguel Ángel del Arco Blanco y Francisco J. Rodríguez Jiménez (eds.): Pan o imperio. Franquismo, autarquía y relaciones internacionales en los años del hambre, Madrid, Marcial Pons Historia, 2025.

  28. 28 Jordi Font: «Nosotros no nos cuidábamos de la política. Fuentes orales y actitudes políticas en el franquismo. El ejemplo de una zona rural, 1939-1959», Historia Social, 49 (2004), pp. 49-56; Óscar J. Rodríguez Barreira: Migas con miedo. Prácticas de resistencia al primer franquismo. Almería 1939-1953, Almería, Universidad de Almería, 2008; Ana Cabana Iglesia: La derrota de lo épico, València, Publicacions de la Universitat de València, 2013; Carlos Fuertes Muñoz: Viviendo en dictadura. La evolución de las actitudes sociales hacia el franquismo, Granada, Comares, 2017; Francisco J. Leira Castiñeira y Mercedes Peñalba Sotorrío (eds.): Disidencias en la articulación social del Franquismo, dosier de Ayer, 126 (2022), y Ana Cabana Iglesia y Claudio Hernández Burgos: «Lidiar con el franquismo cotidiano. El concepto de Eigen-Sinn y las interacciones sociales en el contexto de una dictadura», Ayer, 133 (2024), pp. 141-165.

  29. 29 Antonio Cazorla Sánchez: «Sobre el primer franquismo y la extensión de su apoyo popular», Historia y Política, 8 (2002), pp. 303-320; Ana Cabana Iglesia:­ «De imposible consenso. Actitudes de consentimiento hacia el franquismo en el mundo rural (1940-1960)», Historia Social, 71 (2011), pp. 89-106; Miguel Ángel del Arco Blanco et al. (ed.): No sólo miedo. Actitudes políticas y opinión popular bajo la dictadura franquista (1936-1977), Granada, Comares, 2013; Julio Prada (dir.): No solo represión. La construcción del franquismo en Galicia, Madrid, Biblioteca Nueva, 2014, y Claudio Hernández Burgos: «En busca de la paz prometida: actitudes de normalización durante el primer franquismo (1936-1952)», Ayer, 104 (2016), pp. 177-201.

  30. 30 Verónica Sierra Blas: «En espera de su bondad, comprensión y piedad. Cartas de súplica en los centros de reclusión de la guerra y posguerra españolas (1936-1945)», en Verónica Sierra y Antonio Castillo (eds.): Letras bajo sospecha. Escritura y lectura en centros de internamiento, Xixón, Trea, 2005, pp. 165-199; Irene Murillo: «“A vuestra excelencia con el mayor respeto y subordinación”. La negociación de la Ley desde abajo», en Julián Casanova y Ángela Cenarro (eds.): Pagar las culpas. La represión económica en Aragón (1936-1945), Barcelona, Crítica, 2014, pp. 203-226; Antonio Cazorla: Cartas a Franco de los españoles de a pie (1936-1945), Madrid, RBA, 2014, y Gloria Román Ruiz y Óscar J. Rodríguez Barreira: «Queridísimo Caudillo... Victoria, miseria y corrupción. Las cartas de los españoles a Franco, 1936-1952», Historia Contemporánea, 74 (2024), pp. 117-151.

  31. 31 Gloria Román Ruiz: Franquismo de carne y hueso. Entre el consentimiento y las resistencias cotidianas (1939-1975), València, Publicacions de la Universitat de València, 2020, y Ana Cabana Iglesia: «Logros y renovación en el estudio de las resistencias cotidianas al franquismo», en Ángel Herrerín López, Mónica Moreno Seco y Bruno Vargas (coords.): Radiografía del antifranquismo en España y Francia (1939-1977). Partidos, sindicatos y movimientos sociales, Madrid, Universidad Nacional de Educación a Distancia, 2025, pp. 93-107.

  32. 32 Carme Agustí et al. (coords.): Pobreza, marginación, delincuencia y políticas sociales bajo el franquismo, Lleida, Universitat de Lleida, 2005, y Óscar J. Rodríguez Barreira (ed.): El franquismo desde los márgenes. Campesinos, mujeres, delatores, menores..., Almería-Lleida, Universidad de Almería-Universitat de Lleida, 2013.

  33. 33 Encarnación Barranquero y Lucía Prieto: Así sobrevivimos al hambre. Estrategias de supervivencia de las mujeres de la posguerra española, Málaga, Diputación de Málaga, 2003; Claudia Cabrero Blanco: «Espacios femeninos de lucha. Rebeldías cotidianas y otras formas de resistencia de las mujeres durante el primer franquismo», Historia del Presente, 4 (2004), pp. 31-45; Irene Murillo: En defensa de mi hogar y mi pan. Estrategias femeninas de resistencia civil y cotidiana en la Zaragoza de posguerra, 1936-1945, Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2013, y Antonio Cazorla: Los pueblos de Franco. Mito e historia de la colonización agraria en España, 1939-1975, Madrid, Galaxia Gutenberg, 2024.

  34. 34 Gloria Román Ruiz: Delinquir o morir. El pequeño estraperlo en la Granada de posguerra, Granada, Comares, 2015; Francisco Alía et al.: «Mujeres solas en la posguerra española (1939-1949). Estrategias frente al hambre y la represión», Revista de Historiografía, 26 (2017), pp. 213-236; Francisco Gómez Westermeyer y ­Javier Puche: «La delincuencia común en la Región de Murcia durante la posguerra civil: evolución general y tipología delictiva», Ayer, 137 (2025), pp. 193-222, y Tamara López Fernández: Á marxe da lei. Delincuencia común en Lugo durante o franquismo (1945-1966), Lugo, Diputación Provincial de Lugo, 2025.

  35. 35 Ángela Cenarro: Los niños de Auxilio Social, Madrid, Espasa, 2009; Óscar J. Rodríguez Barreira: Pupitres vacíos. La escuela rural de postguerra. Almería 1939-1953, Almería, Instituto de Estudios Almerienses, 2015; Carlos Álvarez ­Fernández: «Jóvenes en “el lecho de Procusto”. Una aproximación a los ideales de género de posguerra», Arenal, 27(2) (2020), pp. 331-354; Amélie Nuq: «Reformar a niños peligrosos, proteger a niñas en peligro. Una aproximación desde la perspectiva de género a la desviación juvenil en la España de Franco», en Conxita Mir y ­Ángela ­Cenarro (eds.): Mujeres, género y violencia en la guerra civil y la dictadura de Franco, València, Tirant lo Blanch, 2021, pp. 281-314; Peter Anderson: Separando niños de sus padres (1926-1945). El caso español en el movimiento internacional por la suspensión de la patria potestad, València, Tirant lo Blanch, 2023, y Gloria Román Ruiz (ed.): Los niños de Franco. Entre el control, la pobreza y la picaresca (1939-1969), Madrid, Sílex, 2024.

  36. 36 Rosario Ruiz Franco: ¿Eternas menores? Las mujeres en el franquismo, Madrid, Biblioteca Nueva, 2007.

  37. 37 Kathleen Richmond: Las mujeres en el fascismo español. La Sección Femenina de Falange, 1934-1959, Madrid, Alianza Editorial, 2004; Inmaculada Blasco ­Herranz: «Sección Femenina y Acción Católica. La movilización de las mujeres durante el franquismo», Gerónimo de Uztáriz, 21 (2005), pp. 55-66; Inbal Ofer: Señoritas in Blue the Making of a Female Political Elite in Franco’s Spain, Brighton, Sussex Academic Press, 2009; Sofía Rodríguez López: El patio de la cárcel. La Sección Femenina de FET-JONS en Almería (1937-1977), Sevilla, CENTRA, 2010; Sescún Marías: Por España y por el campo. La sección femenina en el medio rural oscense (1933-1977), Huesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, 2011; Ángela Cenarro: «La Falange es un modo de ser (mujer). Discursos e identidades de género en las publicaciones de la Sección Femenina (1938-1945)», Historia y Política, 37 (2017), pp. 91-120, y Begoña Barrera: La Sección Femenina, 1934-1977. Historia de una tutela emocional, Madrid, Alianza Editorial, 2019.

  38. 38 Aurora Morcillo: True Catolic Womanhood. Gender Ideology in Franco’s Spain, DeKalb, Northern Illinois University Press, 2000, y Mónica Moreno Seco: «Ideal Femenino y protagonismo de las mujeres en las culturas políticas católicas del Franquismo», Arenal, 15(2) (2008), pp. 269-293.

  39. 39 Pilar Amador y Rosario Ruiz Franco (eds.): La otra dictadura. Las mujeres y el franquismo, Madrid, Universidad Carlos III, 2007; Pura Sánchez: Individuas de dudosa moral. La represión de las mujeres en Andalucía (1936-1958), Barcelona, Crítica, 2009; Mary Nash (ed.): Represión, resistencias, memoria. Las mujeres bajo la dictadura franquista, Granada, Comares, 2013; Mélanie Ibáñez Domingo: «Estómagos vacíos. La miseria de las mujeres vencidas en la inmediata posguerra», Vínculos de Historia, 3 (2014), pp. 302-321; Julio Prada: «Escarmentar a algunas y disciplinar a las demás. Mujer, violencia y represión sexuada en la retaguardia sublevada», Historia Social, 87 (2017), pp. 67-83; Mercedes Yusta: «Hombres armados y mujeres invisibles. Género y sexualidad en la guerrilla antifranquista (1936-1952)», Ayer, 110 (2018), pp. 285-310; María de los Llanos Pérez Gómez y Damián Alberto González Madrid (coords.): Las mil caras de la violencia contra las mujeres durante la guerra civil y la dictadura franquista, 1936-1966, Granada, Comares, 2024, y Alba Martínez: Nosotras las refugiadas. Género, identidades y experiencias de las españolas refugiadas en Francia (1939-1978), Granada, Comares, 2024.

  40. 40 Lucía Prieto Borrego: Mujer, moral y franquismo. Del velo al bikini, Málaga, Universidad de Málaga, 2018; Carmen Guillén Lorente: «La prostituta como víctima del sistema represivo franquista. Un análisis desde los Informes del Patronato de Protección a la Mujer», Géneros, 10(2) (2021), pp. 98-120, y Pilar Iglesias Aparicio: «Violación de los derechos humanos de las mujeres en las Lavanderías de la Magdalena de Irlanda y los centros del Patronato de Protección a la Mujer de España», Transatlantic Studies Network, 6(11) (2021), pp. 231-244.

  41. 41 Teresa María Ortega López et al.: «Mujeres en el tajo. La visibilización de las trabajadoras agrarias durante el franquismo a través del Censo de Mujeres Campesinas (1959)», Arenal, 25(1) (2018), pp. 5-34.

  42. 42 Pilar Díaz Sánchez: «Trabajo y género en la España franquista. Estudio comparado de dos sectores: la confección textil y los ferrocarriles», en Gloria Nielfa (ed.): Mujeres y hombres en la España franquista. Sociedad, economía, política, cultura, Madrid, Universidad Complutense, 2003, pp. 221-239; Carmen ­Sarasúa y Carme Molinero: «Trabajo y niveles de vida en el franquismo. Un estado de la cuestión desde una perspectiva de género», en Cristina Borderías (ed.): Historia de las mujeres. Perspectivas actuales, Barcelona, Icaria, 2008, pp. 309-354; Eider de Dios: Sirvienta, empleada, trabajadora de hogar, Málaga, Universidad de Málaga, 2018, y Laura Cabezas Vega: «Capaces de rendir trabajo útil. Las mujeres en la política de colonización franquista», Arenal, 30(2) (2023), pp. 627-658.

  43. 43 Zira Box y César Rina: El franquismo en caleidoscopio. Perspectivas y estudios transdisciplinares sobre la dictadura, Granada, Comares, 2020.

  44. 44 Para la primera postura, véase Ismael Saz: España contra España. Los nacionalismos franquistas, Madrid, Marcial Pons Historia, 2003, e íd.: Fascismo y franquismo, València, Publicacions de la Universitat de València, 2004; para la segunda, Ferrán Gallego: El evangelio fascista. La formación de la cultura política del franquismo (1930-1950), Barcelona, Crítica, 2014.

  45. 45 Claves de este proceso en Rafael Cruz: En el nombre del pueblo. República, rebelión y guerra en la España de 1936, Madrid, Siglo XXI, 2006, y Chris Ealham y Michael Richards (eds.): España fragmentada. Historia cultural y guerra civil española, 1936-1939, Granada, Comares, 2010.

  46. 46 Zira Box: España, año cero. La construcción simbólica del franquismo, Madrid, Alianza Editorial, 2010.

  47. 47 Zira Box: La nación viril. Género, fascismo y regeneración nacional en la victoria franquista, Madrid, Alianza Editorial, 2025.

  48. 48 Francisco Bernal: «Misiones interiores, ejercicios espirituales y conferencias cuaresmales. Formas de recristianización en la España franquista, 1940-1960», ­Trashumante, 23 (2004), pp. 98-123; Mary Vincent: «Expiation as Performative Rhetoric in National-Catholicism. The Politics of Gesture in Post-Civil War Spain», Past and Present, 203 (2009), pp. 235-256; Claudio Hernández Burgos: Granada azul. La construcción de la «Cultura de la Victoria» en el primer franquismo (1936-1951), Granada, Comares, 2011, y César Rina: El cielo está con nosotros. Los imaginarios franquistas y la religiosidad popular, 1936-1949, Madrid, Marcial Pons Historia, 2025.

  49. 49 Francisco Sevillano: Franco. Caudillo por la gracia de Dios, Madrid, Alianza Editorial, 2010; Laura Zenobi: La construcción del mito de Franco. De jefe de la legión a Caudillo de España, Madrid, Cátedra, 2011; Antonio Cazorla: Franco. Biografía del mito, Madrid, Alianza Editorial, 2014, y Javier Rodrigo: Generalísimo. Las vidas de Francisco Franco, 1892-2020, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2022.

  50. 50 Javier Rodrigo: Cruzada, paz, memoria. La guerra civil en sus relatos, Granada, Comares, 2013; Ángel Alcalde: Los excombatientes franquistas. La cultura de guerra del fascismo español y la Delegación Nacional de Excombatientes (1936-1965), Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2014; Michael Richards: Historias para después de una guerra. Memoria, política y cambio social en España desde 1936, Barcelona, Pasado y Presente, 2015; Gustavo Alares: Políticas del pasado en la España franquista (1939-1964). Historia, nacionalismo y dictadura, Madrid, Marcial Pons Historia, 2017; Jesús Alonso Carballés: Memorias de piedra y acero. Los monumentos a las víctimas de la guerra civil y del franquismo en Euskadi (1936-2017), Gernika Lumo, Fundación Museo de la Paz, 2017; Miguel Ángel del Arco Blanco: Cruces de memoria y olvido. Los monumentos a los caídos de la guerra civil española (1936-2021), Barcelona, Crítica, 2022, y Miriam Saqqa: Las exhumaciones por Dios y por España, Madrid, Cátedra, 2024.

  51. 51 Claudio Hernández Burgos: Franquismo a ras de suelo. Zonas grises, apoyos sociales y actitudes durante la dictadura (1936-1976), Granada, Universidad de Granada, 2013, y Carlos Fuertes Muñoz: Viviendo en dictadura...

  52. 52 Ismael Saz y Alberto Gómez Roda (eds.): El franquismo en Valencia. Formas de vida y actitudes sociales en la posguerra, València, Publicacions de la Universitat de València, 2025, p. 61.

  53. 53 Abdón Mateos (ed.): La España de los cincuenta, Madrid, Eneida, 2008, y Miguel Ángel del Arco Blanco y Claudio Hernández Burgos (eds.): Esta es la España de Franco. Los años cincuenta del franquismo (1951-1959), Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2020.

  54. 54 Véase El ecuador del régimen de Franco: los años cincuenta, número especial de Aportes, 20(57) (2005). También Pablo Hispán Iglesias de Ussel: La política en el régimen de Franco entre 1957 y 1969. Proyectos, conflictos y luchas por el poder, Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2006.

  55. 55 Ángel Viñas: En las garras del águila. Los pactos con Estados Unidos, de Francisco Franco a Felipe González (1945-1995), Barcelona, Crítica, 2003; Núria Puig y Adoración Álvaro: «La Guerra Fría y los empresarios españoles. La articulación de los intereses económicos de Estados Unidos en España, 1950-1975», Revista de Historia Económica, 22(2) (2004), pp. 387-424; Pablo León Aguinaga: Sospechosos habituales. El cine norteamericano, Estados Unidos y la España franquista, 1939-1960, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2010; ­Francisco J. Rodríguez Jiménez: ¿Antídoto contra el antiamericanismo? American Studies en España, 1945-1969, València, Publicacions de la Universitat de València, 2010; Lorenzo Delgado y Pablo León (eds.): Americanización y franquismo, monográfico de Historia del Presente, 17 (2011); Antonio Niño y José A. Montero: Guerra Fría y propaganda. Estados Unidos y su cruzada cultural en Europa y América Latina, Madrid, Biblioteca Nueva, 2013, y Rosa Pardo y María Elena Cavallaro: «La FAO en la modernización del sector agropecuario español, 1950-1975», Ayer, 137 (2025), pp. 77-105.

  56. 56 Carlos Domper Lasús: Dictatorship and the Electoral Vote. Francoism and the Portuguese New State Regime in Comparative Perspective, 1945-1975, Brighton, Sussex Academic Press, 2020.

  57. 57 Francisco Bernal: «La Iglesia católica y el sindicalismo vertical entre la colaboración y la crítica, 1951-1959», Historia Contemporánea, 74 (2024), pp. 331-366.

  58. 58 Miguel Ángel Ruiz Carnicer (dir.): Una juventud en tiempos de dictadura. El Servicio Universitario Del Trabajo (SUT) (1950-1969), Madrid, Los Libros de la Catarata, 2021, y Manuel Titos Martínez: Estudiantes, obreros y campesinos. Cara a cara y sin caretas de por medio. El Servicio Universitario del Trabajo en Granada, 1952-1969, Granada, Universidad de Granada, 2022.

  59. 59 Feliciano Montero y Joseba Louzao: Catolicismo y franquismo en la España de los años cincuenta. Autocríticas y convergencias, Granada, Comares, 2016, y ­Natalia Núñez Bargueño: Fe, modernidad y política. Los congresos eucarísticos internacionales, Granada, Comares, 2024, pp. 181-376.

  60. 60 Sergio Blanco Fajardo: «Los consultorios sentimentales de radio durante el primer franquismo. A propósito del programa “Hablando Con La Esfinge” (1946-1956)», Arenal, 23(1) (2016), pp. 59-83, y Claudio Hernández Burgos y Lucía Prieto Borrego (eds.): Divertirse en dictadura. El ocio en la España franquista, Madrid, Marcial Pons Historia, 2024.

  61. 61 Javier Silvestre: «The Occupational Mobility of Rural-Urban Migrants. Madrid in the 1950s», Historia Agraria, 67 (2015), pp. 147-178; Enrique Tudela, Marcharse lejos...; Angelina Puig i Valls y Teresa María Ortega López: Andalucía y Catalunya. Dictadura y emigración, Barcelona, Bellaterra, 2020; Miguel Díaz Sánchez: Fronteras de papel. Franquismo y migración interior en la posguerra española, València, Publicacions de la Universitat de València, 2024.