Ayer 131 (3) 2023: 21-49
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2023
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/1487
© Carolyn N. Biltoft
Recibido: 18-08-2019 | Aceptado: 10-01-2020 | Publicado on-line: 07-07-2023
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License

Pivotes informativos y giros lingüísticos: filosofías geopolíticas del lenguaje en la Sociedad de Naciones

Carolyn N. Biltoft

Graduate Institute, Geneva
carolyn.biltoft@graduateinstitute.ch

Resumen: Este artículo ofrece una relectura de la relación de la Sociedad de Naciones con la información y la política del lenguaje resituando la organización en los contextos geopolíticos y filosóficos de largo plazo del llamado «giro lingüístico». Al mismo tiempo, el artículo argumenta que observando en detalle incluso las cuestiones de lenguaje más peculiares que se le plantearon a la Liga, podemos ver vínculos profundos y a menudo tecnológicamente impulsados entre las transformaciones en los dominios de la filosofía y la lingüística y las estrategias políticas nacientes en el escenario mundial. Ambos reflejaron un cambio conceptual hacia la idea de que las palabras constriñeron, moldearon, o incluso alteraron la «realidad».

Palabras clave: giro lingüístico, política del lenguaje, Sociedad de Naciones, esperanto, reforma del alfabeto.

Abstract: This paper offers a re-reading of the League of Nations’ relationship to information and language policy by resituating the organization within the long-term geopolitical and philosophical contexts of the so-called «linguistic turn». At the same time, the paper argues that by examining looking in detail even at the most peculiar language questions that came before the League, we can see deep and often technologically­-driven links between transformations in the domains philosophy and linguistics and nascent political strategies on the world stage. Both reflected a conceptual shift towards the idea that words constrained, shaped, or even altered «reality».

Keywords: linguistic turn, language politics, League of Nations, Esperanto, alphabet reform.

La Sociedad de Naciones y el giro lingüístico

Este trabajo sugiere que la historia de la Sociedad de Naciones (en adelante, SdN) puede ser contada como ligada a un momento significativo —el momento de entreguerras— en la historia más larga de la geopolítica del lenguaje desde el siglo xix 1. Incluso más intencionadamente, afirma que los registros de la SdN ofrecen recursos novedosos para escribir una historia conceptual global del «giro lingüístico» 2.

El «giro lingüístico», habitualmente, designa al movimiento de finales del siglo xix y del siglo xx en filosofía y lingüística que se propuso redefinir la relación entre el lenguaje y el mundo de los hechos y los objetos 3. Algunas corrientes de pensamiento que surgieron de esta transformación conceptual enfatizaron el papel del lenguaje en la estructuración del pensamiento o incluso en la configuración de la realidad misma 4. Los académicos de numerosos campos han seguido tomando partido en estos debates, tratando de determinar en qué medida las palabras, ideas o incluso estadísticas reflejan o crean lo «real» 5. Y, sin embargo, a menudo esos argumentos hacen pocas referencias a las revoluciones en las comunicaciones y la tecnología de la información que «re-­cablearon» la relación entre el mundo inmaterial de «signos y señales» y el «mundo material» de los cuerpos, el territorio y los mercados. Al mismo tiempo, si bien los académicos reconocen la influencia que las tecnologías de la información tuvieron en la política de masas moderna (propaganda, vigilancia, opinión pública, diplomacia cultural) y en los mercados (publicidad, transferencias electrónicas, códigos bursátiles), esos cambios rara vez se relacionan con los conceptos filosóficos del determinismo lingüístico. Por el contrario, este artículo busca llevar la historia de esos hilos dispares a una conversación entre ellos. Al hacerlo también ofrece una perspectiva novedosa desde la que reconsiderar la importancia histórica de la Sociedad de Naciones en su centenario.

¿Qué sucede si nos acercamos a la SdN como, en cierto sentido, una criatura de las estructuras y mentalidades más amplias que impulsaron el giro lingüístico? Por un lado, esa perspectiva rechaza la afirmación centenaria de que la SdN no era más que una simple «tertulia», todo palabras y poca «acción» 6. Por supuesto, la historiografía reciente sobre la organización ha ido más allá de los rechazos tan estrechos del «idealismo» de la SdN, mostrando en cambio sus logros en varios campos técnicos, incluidos los medios y las comunicaciones 7. Si bien estos trabajos han producido una importante reevaluación del historial de la SdN, también han perdido la oportunidad de preguntarse por qué la SdN, para empezar, puso tanto énfasis en las «palabras». En una excepción importante, Susan Pedersen ha afirmado que el hecho de que la SdN se centrara en «hablar» en realidad ayudó a producir «normas» internacionales 8. Si bien la elaboración de normas fue una dimensión significativa del proyecto de la SdN, un punto de vista más amplio permite un análisis de cómo el experimento de la SdN, incluidos los debates que generó, reflejaban una creciente preocupación filosófica y lingüística con el poder de los signos para dar forma a la realidad 9. Por tanto, en algún nivel, la SdN funcionó como un sistema simbólico y, en consecuencia, puede ser «leída» tanto como «descrita» o «evaluada» 10.

Este replanteamiento ofrece una lente diferente para ver no solo el énfasis de la SdN en la opinión pública, sino también la cantidad y variedad de cuestiones lingüísticas en su agenda. Entre 1920 y 1939, la SdN realizó extensas investigaciones sobre el estado de los idiomas oficiales, problemas de traducción, dialectos raros y moribundos, y la estandarización de la nomenclatura científica. Más que seguir todos esos senderos, este artículo se centra en dos cuestiones lingüísticas relacionadas que surgieron ante la SdN. Primero, explora los debates sobre el lenguaje artificial esperanto y, segundo, analiza la discusión de la SdN sobre los esquemas nacionales e internacionales de reforma alfabética en la década de 1930. El objetivo no es discernir lo que la SdN logró en términos de dar forma a la política lingüística dentro o fuera de los muros de la organización. En cambio, esos dos casos proporcionan ejemplos vívidos de cómo incluso problemas de lenguaje aparentemente periféricos se entrecruzaron con líneas de falla entre la SdN y el mundo en general 11.

Sin embargo, el significado completo de esas cuestiones «periféricas» de lenguaje será más evidente después de volver a examinar los contextos geopolíticos del giro lingüístico.

Pivotes, giros y el poder de la «palabra»

A finales del siglo xix, el lingüista suizo Ferdinand de Saussure separó las palabras (signos, significantes) y los objetos a los que supuestamente correspondían (significados). De repente, emergió la pregunta: ¿por qué una silla debería llamarse silla? ¿Cuál era la naturaleza de la relación entre las palabras y los objetos o fenómenos que nombraban? En el mismo momento, la filosofía del lenguaje también trató de discernir cómo las cifras configuraban el comportamiento humano, las percepciones humanas, e incluso tejían la trama de la experiencia humana 12. Un número limitado de académicos ha rastreado las formas sutiles en que las transformaciones tecnológicas ayudan a respaldar esos cambios de paradigma conceptual 13. Como Timothy Mitchell ha argumentado, en 1895, cuando Marconi mostró por primera vez su sistema de telegrafía inalámbrica, el lenguaje adquirió un nuevo significado. El lingüista francés Michel Bréal declaró en 1897: «Las palabras son signos... no tienen otra existencia que las señales del telégrafo inalámbrico» 14. Bréal articuló así la desorientación intelectual que acompañó este estiramiento del lenguaje más allá de sus límites naturales 15.

Sin embargo, más allá de producir disfasia conceptual, esas mismas tecnologías dotaron a los signos de un poder naciente. Una vez que la tecnología había hecho posible que las palabras viajaran a través de los continentes en un abrir y cerrar de ojos, los académicos podían reconsiderar el papel del lenguaje en la configuración o mediación de la realidad 16. El hecho mismo de que las palabras se pudieran separar del territorio las convirtió en herramientas flexibles de creación y proyección en lugar de meras reflexiones 17.

Las mismas fuerzas tecnológicas que llevaron a los lingüistas a reflexionar sobre el potencial afectivo de los «signos» también tuvieron implicaciones para la geopolítica. En su ensayo de 1904, The Geographical Pivot of History, el geógrafo británico Halford J. Mackinder describía el globo como un solo organismo, que respondería holísticamente a los cambios de poder en cualquier parte de la superficie de la tierra. Mackinder afirmó que quien controlara el «pivote geográfico» en el corazón de Eurasia, también podría controlar el «imperio del mundo» 18. Y, sin embargo, obtener el control del «corazón» del mundo requería más que simplemente colocar una bandera en la tierra. En la medida en que nuevas infraestructuras comenzaron a atravesar continentes (ferrocarriles, cables, estaciones de telégrafo, sucursales bancarias), las redes que crearon también reconectaron la naturaleza y los términos de la hegemonía política 19. Michael Geyer y Charles Bright han argumentado que la competencia interestatal de repente «tenía como objetivo controlar las vías globales de comunicación e intercambio y vivir de los excedentes de esta circulación» 20. Además, la vigilancia, la inteligencia, la censura y la propaganda se convirtieron en lo que Daniel Headrick llamó las «armas invisibles» de los Estados modernos 21. En otras palabras, a mediados del siglo xix, el mundo había llegado a «pivotar» tanto en la información y los flujos financieros como en la geografía.

De gran interés aquí es ver cómo esos esfuerzos por controlar las redes mundiales de información se combinaron a menudo con los esfuerzos por reformar o estandarizar los idiomas nacionales 22. Benedict Anderson ha argumentado que los Estados modernos utilizaron las herramientas del «capitalismo de imprenta» para generar un sentido compartido de identidad nacional, que incluyó esfuerzos para consolidar una lengua nacional común 23. Por ejemplo, el reciente pero imperfectamente unificado Estado italiano impuso el uso del dialecto florentino a toda la población italiana 24. Además, las potencias imperiales europeas codificaron las lenguas indígenas y aplicaron selectivamente la lengua de los colonizadores en puestos de avanzada imperiales 25. En cada caso, la reforma del lenguaje permitió a los Estados controlar a las poblaciones nacionales o imperiales y vincularlas a la autoridad centralizada del Estado 26.

Aquí vemos un patrón dialéctico que se repetiría en diferentes momentos y lugares; a saber, donde los Estados competían por la hegemonía transnacional a través de la expansión de las redes de comunicación, a menudo perseguían simultáneamente reformas lingüísticas nacionales/coloniales 27. Estas estrategias políticas adquieren un significado adicional cuando se vinculan nuevamente con las transformaciones conceptuales más amplias en las nociones sobre qué era el lenguaje y qué debería «hacer» 28. Incluso más allá de la semiótica y la lingüística, el concepto más amplio del lenguaje llegó a encarnar dos roles diferentes. Por un lado, sirvió como un medio etéreo de comunicación global y, por otro lado, reflejó y reforzó un sentido compartido de identidad local o nacional 29. Si bien cierto tipo de «esfera pública global» también había cristalizado a través de las herramientas del «capitalismo de imprenta», carecía del poder de consolidación de una lengua vernácula compartida 30. Por lo tanto, el uso del lenguaje permaneció ligado a las rivalidades globales y, a menudo, constituyó el medio a través del cual esas rivalidades continuaron expresándose 31.

El matiz más importante aquí es que el lenguaje se convirtió en una cuestión de interés filosófico y político, en parte debido a la naturaleza cada vez más global y cada vez más impulsada por la información de las economías políticas emergentes 32. Porque la construcción competitiva del Estado y del imperio se llevó a cabo no solo a través de las tecnologías de «fuerza», sino también, cada vez más, a través de formas de «publicidad», incluidas las herramientas de «marca nacional» 33. Las exposiciones universales y coloniales son solo dos ejemplos de esta naciente economía política de la «exhibición» de prestigio nacional e imperial 34. Como otros han argumentado en esta misma línea, el dominio lingüístico constituyó un «bien de prestigio», que ayudó a asegurar el poder y la cuota de mercado 35. Con estas dinámicas a la vista, podemos definir el «pivote lingüístico» como un eje de esfuerzos competitivos locales y globales, tanto para controlar los medios de comunicación, como también para asegurar un monopolio de los signos y señales. Tales monopolios trataron de controlar tanto lo que se decía (vigilancia, censura, propaganda) como también en qué lengua (política lingüística y reforma).

Ese mismo conjunto de fuerzas estaba en funcionamiento en la Primera Guerra Mundial. Los esfuerzos por controlar no solo los cables y las estaciones de radiodifusión, sino también la publicidad, la propaganda y las noticias constituyeron casi otro «frente» de guerra 36. En la medida en que las «palabras» en general se convirtieron en armas, las cuestiones del lenguaje también adquirieron una importancia renovada. Por ejemplo, en 1915, el lingüista francés Albert Dauzat escribió un panfleto en el que afirmaba: «Parece cada vez más que el lenguaje es uno de los principales factores que favorecen la expansión global de un pueblo». Dauzat insistió además en que el francés y el inglés podrían iniciar una «entente cordial» en el dominio lingüístico que luego conseguiría la «ruina del pangermanismo y haría que sus ambiciones hegemónicas fueran imposibles para siempre» 37. Aquí Dauzat demostró hasta qué punto el idioma se había convertido en un elemento a través del cual algunos Estados-nación podían aspirar al dominio global, mientras que otros Estados y sus lenguas tendrían que permanecer encerrados dentro de sus respectivas fronteras nacionales.

Como he argumentado en otra parte, también podemos vislumbrar esos procesos en el trabajo en la Conferencia de Paz de París, cuando el Comité de Nuevos Estados buscó reordenar el mapa de Europa en líneas etnolingüísticas 38. Y, de hecho, en los mapas que dejó la Conferencia de Paz, las palabras «borde lingüístico» aparecían en negrita atravesando los mapas, que también contenían los nombres de Estados nuevos o revisados 39. De esta manera, el ideal imposible de un pueblo/un territorio se convirtió en una plantilla para volver a dibujar las fronteras en medio de las poblaciones étnica y lingüísticamente diversas de los imperios disueltos 40. Y, sin embargo, mientras algunos «idiomas» tendrían que retirarse dentro de las fronteras de pequeños Estados, otros, como sugirió Dauzat, continuarían luchando por el dominio en el escenario global.

Aquí, entonces, encontramos nuestro camino de regreso a la SdN, que continuó y representó el orden mundial sellado después de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, a pesar de las políticas claramente conflictivas en torno a las comunicaciones y, de hecho, al propio lenguaje, los arquitectos de la SdN aún expresaron optimismo en el hecho de que las palabras finalmente podrían reemplazar a «la espada» como el principio organizador de la geopolítica 41. Esa fe en la discusión, el arbitraje y la «publicidad» como las mejores herramientas para estabilizar la comunidad global se repitió continuamente en la SdN, especialmente en los primeros años de su vida 42. Quizás por esa razón, la Sección de Información fue una de las secciones mayores ¿más importantes? de la SdN, y controlaba un centro de líneas telefónicas y estaciones de telégrafo y radio, además de producir películas 43.

Existe una amplia y creciente literatura sobre el trabajo de la SdN en los dominios de las comunicaciones y la publicidad 44. Sin embargo, muy poca de esa producción se ha preguntado por el orden simbólico en el que la SdN se insertaba y qué pretendía reproducir 45. Aún menos trabajos han considerado seriamente la cantidad y el tipo de cuestiones lingüísticas que llegaron a Ginebra en esos años. Es precisamente pensando la SdN como un sistema simbólico, incrustado en las estructuras y mentalidades de su propia coyuntura, como podemos «leer» los debates sobre el lenguaje desde una nueva perspectiva 46.

Signos lingüísticos y simbolismo en la SdN

En el mismo momento en que el experimento de la SdN estaba cristalizando en Ginebra, figuras como C. K. Ogden, Ludwig Wittgenstein, Benjamin Lee Wharf y Edward Sapir se preocupaban por articular aún más las cualidades deterministas del lenguaje 47. Cada una de estas figuras tenía diferentes opiniones sobre cómo y para qué fines el lenguaje formaba o restringía el pensamiento y, por lo tanto, la realidad material misma. El lingüista estadounidense Benjamin Lee Wharf, por ejemplo, veía el lenguaje como la materia prima a partir de la cual se construía la conciencia humana 48. Edward Sapir, un lingüista antropológico estadounidense, también se centró en el caparazón lingüístico que encierra la conciencia humana. Afirmaba: «Los seres humanos no viven solo en el mundo objetivo..., sino que están muy a merced del lenguaje particular que se ha convertido en el medio de expresión de su sociedad» 49. Sin embargo, más allá de un interés en el poder restrictivo de ciertas estructuras lingüísticas y vocabularios, Sapir también estaba interesado en cómo la difusión de idiomas a través de las comunicaciones modernas podría reconfigurar el pensamiento y, por lo tanto, el comportamiento humano en todo el mundo.

Sin embargo, de gran relevancia para la historia de la SdN son las formas en que las teorías del lenguaje comenzaron a adoptar una postura activa sobre la formulación de políticas. Un texto, coescrito por Sapir y sus colegas lingüistas Otto Jespersen y Herbert S. Shenton, describió la lingüística como una rama de la ingeniería que podría construir un «mundo mejor». El texto decía: «Esta es una era de ingenieros. Se han apoderado de las ciencias físicas y están transformando todo el mundo de las cosas. Sus dispositivos materiales están cambiando las relaciones temporales y espaciales de los seres humanos, están revolucionando los contratos sociales, las distancias sociales y las tendencias sociales». Luego venía la conclusión de su argumento: «¿Pueden los ingenieros sociales mejorar la situación lingüística internacional?» 50.

Tal visión optimista de la ingeniería del lenguaje aún eludía el grado en que los conflictos geopolíticos tenían como objetivo asegurar el acceso privilegiado a los «pivotes de información» del mundo 51. Ni los sistemas de comunicación del mundo, ni el lenguaje en sí, eran simples conductos de intercambio, libres de dinámicas de poder. Por ejemplo, los arquitectos de la SdN negaron varias propuestas iniciales para tratar de «neutralizar» los sistemas de cable y comunicaciones del mundo 52. Esto no es terriblemente sorprendente dado el grado en que la geopolítica activó un pivote lingüístico 53. Sin embargo, esto nos lleva a ver la red de conceptos en conflicto e intereses en los que surgió la SdN. Por un lado, el énfasis fundacional de la SdN en el poder de la discusión y la publicidad reflejaba el determinismo lingüístico de su época. Y, sin embargo, cuanto más parecían las «palabras» capaces de moldear o controlar la «realidad», más se convertían en terreno para las luchas competitivas de poder 54.

Una cosa que revelan los archivos de la SdN es la cantidad de borradores elaborados de cada documento oficial, ya fuera un memorando interno o un comunicado de prensa, antes de que circulara la versión final 55. A veces, los procesos de producción de documentos podían incluir largas digresiones sobre el uso o el significado de palabras individuales 56. La SdN, en virtud de su énfasis en la publicidad, se convirtió en una especie de plataforma publicitaria global. Y en la medida en que la SdN representó la encarnación del orden mundial posterior a la Primera Guerra Mundial, con cada elección de palabra envió un mensaje. Descartar simplemente la SdN como una sirviente de los intereses de las «grandes potencias» es perder otras dimensiones más profundas de la huella simbólica de la organización. Debido a que la SdN aspiraba (incluso si no lo lograba) al universalismo, también abrió un espacio internacional para la discusión multilateral y, por lo tanto, contra los reclamos y disputas continuos 57. Más allá de la elección de palabras, los delegados también debatieron sobre quién podía hablar, con qué frecuencia, en qué formato, sobre qué temas, durante cuánto tiempo y, en última instancia, también en qué idioma.

Por lo tanto, pensar en la SdN como un «cartel» global también arroja luz sobre el hecho de que el francés y el inglés constituían los únicos dos idiomas oficiales de la organización 58. En cierto sentido, por supuesto, la política de lenguaje dual constituía un anuncio permanente de la primacía hegemónica de Francia y Gran Bretaña (y, aunque estaba ausente, Estados Unidos). Sin embargo, las críticas a la política bilingüe de la SdN se convirtieron en tema de acalorados debates en la Asamblea más de una vez. En la Primera Asamblea en 1920, un grupo de dieciocho delegados presentó una propuesta para incluir el español entre los idiomas oficiales de la organización 59. Después de un debate polémico y prolongado, la moción finalmente fracasó 60. Sin embargo, el «fracaso» no disminuyó necesariamente el poder simbólico de plantear la pregunta para empezar.

El segundo desafío principal al sistema de lenguaje dual provino de una fuente menos tradicional. No mucho después del rechazo a la propuesta española, el delegado sudafricano Robert Cecil, junto con delegados de muchos otros países, presentó una resolución que establecía que la SdN debería apoyar una iniciativa a favor de promover la enseñanza del idioma artificial esperanto en las aulas del mundo 61. La propuesta no era un esfuerzo para que el esperanto fuera aceptado como un idioma «oficial» de la SdN, pero aun así marcó un esfuerzo para impulsar a la SdN a ofrecer su apoyo simbólico a la idea de una lengua común y neutral.

A modo de antecedentes, el Dr. Ledger Ludwik Zamenhof creó el esperanto específicamente a partir del material de su propia experiencia dentro del contexto del conflicto social y lingüístico en el imperio ruso 62. Zamenhof nació en 1859 en una familia judía en la polaca Bialystok, una ciudad cuya población estaba formada por rusos, polacos, alemanes y judíos de habla yiddish. Si bien la idea de un lenguaje artificial universal se remontaba hasta el siglo xvii, no fue hasta el siglo xix cuando los lenguajes artificiales auxiliares, con gramática y vocabularios simplificados, comenzaron a multiplicarse y ganar seguidores 63. Especialmente, después de la violencia de la Primera Guerra Mundial, los partidarios de los idiomas internacionales comenzaron a argumentar que los idiomas nacionales eran una causa de las rivalidades que habían desencadenado la guerra. Por tanto, todas esas lenguas estaban manchadas de sangre y no podían convertirse en instrumento de una auténtica paz internacional 64. En la medida en que el lenguaje moldeaba la percepción y el comportamiento, un nuevo idioma limpio, cosmopolita, podría ayudar a engendrar un mundo verdaderamente pacífico 65. ¿Qué mejor manera de reunir el poder del determinismo lingüístico para dar forma al mundo que crear una nueva «lengua universal» compartida? 66 De hecho, la afirmación de Sapir de que el lenguaje podría ser «rediseñado» para crear un mundo mejor finalmente lo llevó a prestar su apoyo a la idea del lenguaje auxiliar universal o inventado.

Para los defensores del lenguaje internacional, Ginebra —y la Sociedad de Naciones en general— marcó el epicentro geográfico simbólico del cosmopolitismo pacífico. En su Short History of the International Language Movement, el estudioso francés de literatura comparada Albert Léon Guérard declaró lo siguiente: «Finalmente, la Historia y la Geografía han llegado a ver la importancia mundial de unos pocos puntos. Su posesión por cualquiera de las grandes potencias es resentida por el resto del mundo. Si los haces nominalmente independientes, habrá tal discrepancia entre la debilidad de sus gobiernos locales y la magnitud de los intereses que controlan, que la corrupción y la intriga prevalecerán eternamente. Una vez más, la SdN debería asumir el control, a través de un protectorado cosmoglótico realmente neutral» 67. Haciéndose eco del concepto del eje geográfico de la historia, Guérard argumentaba que un «centro» verdaderamente neutral del cosmopolitismo, unido al lenguaje neutral, podría cambiar el equilibrio global de poder hacia la paz y la cooperación.

En esa línea, en 1920, había una gran cantidad de esquemas internacionales en circulación con nombres como volapük, esperanto, ido, parlamento, occidental y cosmoglotta 68. Todos competían por la atención de la SdN y todos afirmaban ser más adecuados que los demás para resolver las dificultades lingüísticas del mundo 69. Sin embargo, de todos esos contendientes, el esperanto fue el único que recibió atención de la SdN 70.

En 1920, la Asociación Universal de Esperanto logró finalmente captar el interés de varias delegaciones de la SdN, que luego presentaron su propuesta a favor de promover el idioma en la educación pública en todo el mundo ante la Asamblea 71. Y, sin embargo, cuando la propuesta a favor del esperanto llegó a la SdN, se encontró con una resistencia inmediata y virulenta, desde muchos lados 72. En lugar de adoptar la propuesta, la Asamblea acordó solicitar a la Secretaría que investigara hasta qué punto el esperanto se estaba utilizando en todo el mundo. Con ese fin, el Secretariado envió un cuestionario sobre el tema a un número y variedad sorprendente de escuelas e instituciones públicas y privadas en todo el mundo 73.

El Secretariado recibió una gran cantidad de respuestas a su circular. Las más entusiastas y detalladas vinieron de las sociedades de promoción del esperanto; sin embargo, muchas otras oficinas y organizaciones también proporcionaron una información amplia. Según el informe del Secretariado, había incluso varios Estados-­nación donde las escuelas públicas estaban experimentando con la enseñanza del idioma, incluidos Albania, Bulgaria, Brasil y Japón 74. A pesar de la evidencia de un fuerte apoyo mundial popular y un apoyo gubernamental limitado pero creciente, cuando la SdN discutió los hallazgos del informe en 1922, la oposición al lenguaje inventado había aumentado, no disminuido. Así, en su reunión del 21 de septiembre de 1922, la Tercera Asamblea acordó transferir la cuestión al Comité Internacional de Cooperación Intelectual (CICI) 75. En otras palabras, la Asamblea decidió declarar el esperanto un tema intelectual más que político.

Después de examinar los materiales recopilados sobre el esperanto hasta ese momento, el CICI tomó una decisión rápida sobre el asunto. El 1 de agosto de 1923, presentó una declaración, indicando que, si bien el Comité no negaba la ventaja práctica de un idioma internacional, no pensaba que fuera prudente que la SdN continuara considerando prestar su apoyo a tal esquema. Más bien, consideraba que los esfuerzos de la SdN «deberían estar dirigidos principalmente a promover el estudio de los idiomas modernos y de la literatura extranjera, en vista del hecho de que dicho estudio constituye uno de los métodos más efectivos para lograr una comprensión moral e intelectual entre los hombres de diferentes nacionalidades, un entendimiento que es, de hecho, el ideal de la SdN» 76. Sin embargo, el CICI consideró la idea de revivir el latín como un medio de comunicación entre los intelectuales del mundo. También dio su apoyo a la idea de ayudar a diversas disciplinas académicas y sistemas de transporte para estandarizar su terminología 77. Además, el CICI se comprometió a ayudar a preservar los idiomas «auténticos» en peligro de extinción 78. Más allá de estas iniciativas, sin embargo, el CICI consideró que esquemas como el del esperanto amenazaban la sacrosanta «autenticidad» de las lenguas maternas.

En 1924, la Asamblea hizo su última declaración oficial en referencia al esperanto para que fuera aceptado como un lenguaje claro para las comunicaciones telegráficas y de radio 79. Después de eso, el esperanto desapareció de la agenda de la SdN. Muchos esperantistas continuaron escribiendo a la SdN buscando su aliento y apoyo para la lengua neutral. El 22 de enero de 1923, la Academia Francesa de Ciencias presentó una petición de apoyo al esperanto, que incluía la firma de notables como el Príncipe Alberto de Mónaco y el Príncipe Roland Bonaparte, entre otros 80. La sufragista izquierdista Sylvia Pankhurst también se interesó por la cuestión y mantuvo una correspondencia extensa con el Secretariado sobre el destino del esperanto que continuó hasta 1927 81. Además, la Asociación Universal de Esperanto continuó invitando a la SdN a sus conferencias hasta 1939 82. Sin embargo, después de 1924, cada petición que llegaba a la SdN a favor del esperanto o cualquier otro esquema de lenguaje internacional recibía una respuesta cortés pero poco receptiva; el Secretariado fue siempre a su pesar incapaz de dedicar más tiempo o recursos al asunto.

Sería tentador descartar, como finalmente lo hizo la SdN, la importancia o seriedad de la cuestión del esperanto. Sin embargo, en lugar de sugerir que el esperanto era una reliquia condenada del internacionalismo utópico, podríamos pensar en cómo la idea misma de un lenguaje «neutral» desafió la lógica del «pivote lingüístico» o la búsqueda competitiva del control de signos y señales. Para subrayar el alcance de la amenaza que representaba el esperanto, solo necesitamos mirar fuera de su destino en la SdN. En la década de 1930, varios estados totalitarios atacaron directamente a los partidarios de los idiomas internacionales. El régimen de Joseph Stalin internó a muchos esperantistas en el Gulag por sus filosofías internacionalistas 83. Peor aún, en la década de 1930 Adolfo Hitler lanzó una invectiva contra el esperanto como una conspiración judía. Esa posición ya había sido anunciada en Mein Kampf, donde Hitler afirmaba: «Mientras el judío no se haya convertido en el amo de otros pueblos, debe hablar sus idiomas, le guste o no, pero tan pronto como se conviertan en sus esclavos, todos tendrían que aprender un idioma universal (esperanto, por ejemplo) para que por este medio adicional los judíos pudieran dominarlos más fácilmente» 84. Los descendientes de Zamenhof, finalmente, murieron en un campo de concentración polaco 85.

Una forma de leer el espectro de hostilidad contra el esperanto —desde el desdén de la SdN hasta la enemistad más violenta de Stalin y Hitler— sería sugerir el triunfo de las fuerzas del nacionalismo contra las del internacionalismo. Sin embargo, tal oposición binaria sería una simplificación excesiva. Las cuestiones sobre el lenguaje simplemente reflejaban los procesos aparentemente contradictorios por los cuales los Estados-nación buscaban asegurar su propio prestigio y dominio simultáneamente en casa y en el escenario mundial 86.

En la tumultuosa década de 1930, tanto dentro como más allá de la SdN, las cuestiones de lenguaje contenían las tensiones inherentes entre el poder nacional y la presencia internacional. Debido a que la SdN se convirtió en un centro donde diferentes intereses competían por una representación simbólica, los archivos de la SdN también contienen evidencia de cómo cambió la política del lenguaje en la cada vez más violenta década de 1930. En particular, en aquellos Estados que se sintieron «marginados» del centro hegemónico del poder, la política y la reforma del lenguaje aparecieron como vías para consolidar o expandir el alcance del poder local y globalmente. En retrospectiva, parece que los esfuerzos por modificar los vocabularios nacionales o modernizar los alfabetos se convirtieron en un presagio de la violencia que los gobiernos totalitarios adoptarían tanto dentro de sus fronteras como en el extranjero. Si bien esos esfuerzos nunca llegaron al «centro» de las discusiones de la SdN, hay mucho que podemos ver sobre la naturaleza de la política lingüística desde sus «márgenes».

Reordenamientos alfabéticos

Como eco de los movimientos de estandarización lingüística de mediados del siglo xix, el momento de entreguerras vio un resurgimiento de los esfuerzos para «reformar» y «modernizar» ciertos idiomas como parte de un conjunto de otras estrategias de «modernización». En la SdN, la reforma del lenguaje era un tema marginal en comparación con las cuestiones políticas y económicas más «apremiantes» de los años treinta. Sin embargo, lo que vemos en los documentos de la SdN sobre la reforma del lenguaje es, de hecho, la cristalización de patrones que la organización misma aún no veía. Los movimientos de reforma del lenguaje y el alfabeto precedieron a las formas de violencia patrocinada por el Estado contra todo tipo de «otros», ya sea en casa o en el extranjero.

En 1929, en el curso de la Undécima Asamblea, el CICI apoyó una propuesta de M. M. Lin-Yu Yang y M. Tanakadate, que recomendaba «a todos los países la adopción universal de los caracteres latinos» 87. La propuesta sugería que las naciones que usaban ideogramas u otras escrituras no latinas (árabe, etc.) deberían trabajar para crear un equivalente alfabético, no para reemplazar sus idiomas nacionales, sino como una forma de facilitar las comunicaciones internacionales mientras se preservaba la autenticidad de las lenguas maternas 88. Uno de los argumentos centrales que impulsaron este movimiento fue la afirmación de que las escrituras complicadas se interponían en el camino de la alfabetización masiva, un obstáculo importante para el pleno desarrollo de los pueblos 89. Además, según el argumento, los caracteres no latinos creaban obstáculos para las comunicaciones telegráficas. Al igual que la investigación del Secretariado sobre el esperanto, el CICI envió cuestionarios a varios comités nacionales de cooperación intelectual, así como a prominentes lingüistas pidiendo un informe sobre la reforma del alfabeto en sus naciones o en las naciones que constituían su área de especialización.

Como el Secretariado pronto descubrió, varios de estos proyectos ya estaban de hecho en marcha. Tanakadate, por ejemplo, fue un defensor del movimiento Romaji de Japón, que apoyaba la conversión del alfabeto japonés a la escritura latina. La idea era que tal transformación no solo facilitaría la comunicación con Occidente, sino que también «modernizaría» la mentalidad de la juventud japonesa. El subsecretario general de la SdN, Inazō Nitobe, también apoyó el movimiento Romaji por razones similares. Según Nitobe, con tanto camino por recorrer para «ponerse al día», «los recursos intelectuales de Japón no deben desperdiciarse en la adquisición o retención... de símbolos complicados» 90. En ese sentido, Nitobe expresó con frecuencia admiración por el «valor» del Gobierno búlgaro, que había eliminado tres letras «innecesarias» de su alfabeto en 1921. A pesar del discurso de «modernización» y «comunicación internacional», había otra lógica enterrada en el movimiento Romaji. A saber, ofrecía una forma para que Japón liberara su idioma de los vestigios de los caracteres kanji o chinos 91. Entonces, el movimiento reflejaba dos deseos: el primero implicaba más prestigio para Japón en el escenario internacional y el segundo constituía un método para deshacerse de elementos «indeseables extranjeros» en el idioma. De esta manera, el movimiento de reforma del alfabeto japonés reflejó el discurso que sustentaba la invasión japonesa de Manchuria en 1932 92. Durante la invasión misma, algunos nacionalistas chinos se movilizaron con el eslogan «Esperanto por la liberigo de cinio» (esperanto para la liberación de China) con la asunción de que una identidad internacional podría traer protección en la forma de una acción interestatal en contra del militarismo japonés.

Hubo otros movimientos de reforma del lenguaje que reflejaron este doble esfuerzo por mejorar la posición internacional de un Estado en el escenario mundial y al mismo tiempo «erradicar» las indeseables influencias «extranjeras» del interior. Podemos observar un patrón similar en la rápida latinización del alfabeto turco por Mustafa Kemal 93. Después de la disolución del Imperio Otomano al final de la guerra, Kemal «Ataturk» retomó la tradición de la reforma del lenguaje como una forma de «modernizar» Turquía. En 1928, Ataturk ordenó la adopción de un alfabeto basado en la escritura latina en lugar de la árabe. Kemal tenía la intención de que el nuevo alfabeto cortara el vínculo entre la Turquía moderna y el pasado musulmán otomano registrado en la escritura árabe. Por lo tanto, el Gobierno turco no solo estableció rápidamente un comité del alfabeto para controlar los cambios, sino que posteriormente emprendió una campaña de alfabetización masiva que movilizó a los educadores en todos los rincones del Estado para enseñar a los alfabetizados el nuevo alfabeto y a los analfabetos a leer 94.

En opinión de Kemal, estos ciudadanos recién educados contribuirían a la mejora científica e industrial de Turquía, mientras que el alfabeto latino garantizaría una correspondencia más estrecha y fácil con la comunidad internacional. Sin embargo, en la década de 1930, el enfoque de la reforma del lenguaje pasó de la latinización a la depuración del vocabulario turco de todas las influencias extranjeras. En 1930, Kemal afirmó que la nación que había podido defenderse de aquellos que querían obstaculizar su independencia «también debe liberar su idioma del yugo de las lenguas extranjeras» 95.

Como Geoffrey Lewis ha señalado, este esfuerzo fue «un éxito catastrófico», por el cual el vocabulario turco se rehízo de tal manera que los ciudadanos se encontraron buscando palabras que ya no existían en el sentido oficial. A medida que la reforma del lenguaje casi traumática comenzó a crear confusión interna y división, intervino un acto de prestidigitación lingüístico. Derivado del trabajo de lingüistas franceses y austriacos sobre los orígenes sumerios del habla, los lingüistas turcos propusieron la «teoría del lenguaje del sol». Por lo tanto, librar al idioma turco de la influencia externa se volvió redundante, ya que todas esas palabras fueron derivadas desde el principio 96. La clave, sin embargo, era la medida en que el lenguaje representaba tanto un significante de unidad y pureza nacional como una apuesta por el prestigio en el escenario mundial 97.

La investigación del CICI sobre la latinización también descubrió dimensiones relacionadas, aunque ligeramente diferentes, de la geopolítica de los alfabetos. Por ejemplo, cuando se le preguntó acerca de la posibilidad de adoptar caracteres latinos, la Organización Sionista Mundial respondió al CICI que consideraba tal medida como «un acto de profanación y destrucción del espíritu de la raza» 98. Después de todo, el sionismo como movimiento nacionalista había trabajado durante mucho tiempo para convertir un idioma escrito en uno hablado. Como afirmó Llan Stavans, Eliezer Ben-Yehuda (1858-1922) había rediseñado y promovido minuciosamente la plena reforma y reactivación del hebreo como idioma hablado. Sin embargo, Ben Yehuda también estaba convencido de que el hebreo podría continuar viviendo solo mientras la comunidad judía se arraigara en los suelos de Palestina/Israel 99. Después de todo, Yehuda fue quien ayudó a iniciar una oleada de inmigrantes judíos a Palestina y luego los alentó a aprender hebreo en su vida diaria 100. Por lo tanto, la oposición de la Organización Sionista Mundial a la latinización creció desde la perspectiva de que el idioma hebreo era una cuerda indispensable, aunque aún frágil, que vinculaba a una comunidad judía diversa con su nueva patria en Palestina.

La visión sionista de la latinización también aparece más allá del CICI en los registros de la Comisión Permanente de Mandatos (CPM) de la SdN, ya que Palestina estaba entre los territorios de los poderes derrotados reasignados al final de la Primera Guerra Mundial y, luego, administrada por Estados seleccionados bajo la observación de la SdN 101. Gran Bretaña había heredado el mandato de Palestina y sus estatutos garantizaban «los derechos civiles y religiosos de todos los habitantes de Palestina, independientemente de su raza y religión» 102. Más específicamente, el artículo 22 declaraba que el inglés, el hebreo y el árabe funcionarían en igualdad absoluta como idiomas oficiales para fines administrativos y oficiales 103. En el caso de cualquier violación de esos términos, un habitante de un mandato tenía derecho a presentar una petición a la CPM en Ginebra, llamando la atención sobre la infracción 104.

En mayo de 1931, Israel Amikam de Haifa advirtió al CPM y al secretario de Estado de las Colonias en Londres sobre una infracción percibida en la práctica lingüística de la administración británica en Palestina. El memorándum original de Amikam para el CPM y el Alto Comisionado para Palestina en Jerusalén lo presentó como «Violación por parte del Departamento de Correos y Telégrafos del Gobierno de Palestina del derecho del idioma hebreo a la igualdad con los otros idiomas oficiales de Palestina» 105. Allí, Amikam afirmó que el hebreo era la única lengua vernácula de los judíos de Palestina; «sin embargo, los derechos del idioma hebreo están siendo violados por el Departamento de Telégrafos del Gobierno de Palestina, y todas las protestas han sido en vano» 106. La naturaleza de la violación, según Amikam, se basaba en el hecho de que los telegramas en hebreo tenían que escribirse en caracteres latinos. Aparentemente, los telegramas podrían enviarse en idiomas europeos no oficiales como el alemán, el italiano y el francés. Además, un sujeto árabe podía enviar y recibir telegramas en caracteres árabes; sin embargo, todos los telegramas en hebreo tenían que enviarse en caracteres latinos 107. Al igual que la respuesta sionista al CICI, la petición de Amikam presentaba el uso de caracteres latinos como una amenaza a los lazos de la comunidad judía en Palestina 108. Una vez más, aunque la cuestión de los caracteres latinos apareció como un asunto de solidaridad nacional, también era importante para los esfuerzos sionistas el asegurar el reconocimiento internacional como un Estado floreciente con una lengua nacional legítima 109 Amikam insistió en su petición hasta 1934, cuando finalmente, el Gobierno británico capituló levemente y de mala gana, afirmando que experimentaría con el uso de la escritura hebrea en algunas provincias, pero no con fines internacionales 110. Cualesquiera que fueran la política interna y los conflictos entre las poblaciones palestina y judía, que la petición de Amikam ignoró, percibió correctamente lo que podría estar en juego en la señal de los caracteres latinos enviados al mundo.

El informe final que el CICI emitió sobre el tema de la latinización en 1934 recordó al lector que los caracteres latinos eran la mejor opción para la comunicación internacional porque eran los usados «en los países de mayor importancia para el mundo» 111. Hubo así, de hecho, una pizca de imperialismo lingüístico en la propuesta desde el principio. Al final, como con la mayoría de las otras propuestas lingüísticas en la SdN, el CICI decidió que la cuestión era, en última instancia, de política nacional más que internacional, por lo que debería dejarse a cada Estado la capacidad de decisión.

A través de la discusión en la SdN de la reforma alfabética podemos observar el resurgir de un patrón decimonónico en el que la competencia entre los Estados por la hegemonía internacional a menudo influía y era influida por los conflictos locales intra-­nacionales étnico-lingüísticos. La Segunda Guerra Mundial derivó en parte de la búsqueda competitiva e impulsada por la propaganda de vastos imperios transnacionales, que, sin embargo, permanecían atados a raíces etnolingüísticas (violentamente purificadas) 112. No es una coincidencia, en este marco, que la Alemania nazi justificara su propia búsqueda del «espacio vital» global con la premisa de que debería reunir al Volk alemán disperso (en Austria, Polonia y Checos­lovaquia) caracterizado en parte por su lengua compartida 113.

Conclusión

Al traer la historia de la filosofía, la lingüística y la economía política de la información a la historia de la Sociedad de Naciones, este artículo ha ofrecido un marco diferente para interpretar la relación de la organización con la «información». Como hemos visto, las filosofías nacientes del lenguaje que surgieron después de 1850 cristalizaron también como una serie de prácticas políticas locales y globales. Cada dominio se preocupó cada vez más por el poder e incluso el peligro de las palabras con respecto a su impacto en la «realidad». Al ofrecer una plataforma publicitaria global, la SdN encarnó y reflejó las tensiones hegemónicas del «pivote lingüístico» 114. Por lo tanto, incluso las periféricas discusiones sobre el lenguaje en la SdN ofrecen una visión única de las contradicciones de un sistema mundial en el que el poder y las ganancias «pivotan» tanto en las palabras como en el territorio y los combustibles fósiles.


1 Para cuestiones básicas, véanse Karl Nordenstreng y Tara Seppa: «The League of Nations and the Mass Media: The Rediscovery of a Forgotten Story», en XV Conference of the International Association for Mass Communication Research, Nueva Delhi, 1986, y Jo-Anne Pemberton: «New Worlds for Old: The League of Nations in the Age of Electricity», Review of International Studies Review of International Studies, 28(2) (2002), pp. 311-336.

2 Richard Rorty: The Linguistic Turn; Recent Essays in Philosophical Method, Chicago, Chicago University of Chicago Press, 1967.

3 Elizabeth A. Clark: History, Theory, Text Historians and the Linguistic Turn, Cambridge, Mass., Harvard University Press, 2004.

4 Peter L. Berger y Thomas Luckmann: The Social Construction of Reality. A Treatise in the Sociology of Knowledge, Nueva York, Open Road Media, 2011.

5 Jacques Rancière, Hassan Melehy y Hayden White: The Names of History: On the Poetics of Knowledge, Minneapolis, University of Minnesota Press, 1994; Ethan Kleinberg: Haunting History. For a Deconstructive Approach to the Past, Standford, Calif, Stanford University Press, 2017, y John R. Searle: Mind, Language and Society, Londres, Phoenix, 2000.

6 Edward Hallett Carr: The Twenty Years’ Crisis, 1919-1939. An Introduction to the Study of International Relations, Londres, Macmillan & Co., 1946.

7 Para un resumen de estas tendencias, véase Susan Pedersen: «Back to the League of Nations», The American Historical Review, 112(4) (2007), pp. 1091-1117. Véase también C. N. Biltoft: «Sundry Worlds within the World: De-Centered Histories and Institutional Archives», Journal of World History, 31(4) (2020), pp. 729-760.

8 Susan Pedersen: The Guardians: The League of Nations and the Crisis of Empire, Oxford, Oxford University Press, 2015, e íd.: «The Meaning of the Mandates System: An Argument», Geschichte Und Gesellschaft, 32(4) (2006), pp. 560-582.

9 Jo-Anne Pemberton: «New Worlds for Old...», y Karl Nordenstreng y Tara Seppa: «The League of Nations...»; véase también la introducción de Simon Jackson y Alanna O’Malley: The Institution of International Order. From the League of Nations to the United Nations, Abingdon, Routledge, 2018.

10 Véase mi trabajo «Sundry Worlds within the World...» y también el de Natasha Wheatley: «Mandatory Interpretation: Legal Hermeneutics and the New International Order in Arab and Jewish Petitions to the League of Nations», Past & Present, 227(1) (2015), pp. 205-248.

11 Mi enfoque se basa especialmente en los siguientes estudios: Marshall Berman: All That Is Solid Melts into Air. The Experience of Modernity, Nueva York, Simon and Schuster, 1982, y Stephen Kern: The Culture of Time and Space, 1880-1918, Cambridge, Harvard University Press, 2003.

12 Véase, por ejemplo, Fredric Jameson: The Prison-House of Language. A Critical Account of Structuralism and Russian Formalism, Princeton, Princeton University Press, 2015.

13 George Steiner: After Babel. Aspects of Language and Translation, Oxford, Oxford University Press, 2006.

14 Timothy Mitchell: Colonising Egypt, Berkeley, University of California Press, 1988, pp. 140-141.

15 Hans Aarsleff: From Locke to Saussure. Essays on the Study of Language and Intellectual History, Minneapolis, University Of Minnesota Press, 1985.

16 Simone M. Müller: Wiring the World. The Social and Cultural Creation of Global Telegraph Networks, Nueva York, Columbia University Press, 2016, y Michael Bentley: «Victorian Politics and the Linguistic Turn», The Historical Journal, 42(3) (1999), pp. 883-902.

17 Pierre Bourdieu y John B. Thompson: Language and Symbolic Power, Cambridge, Harvard University Press, 1991, y Peter L. Berger y Thomas Luckmann: The Social Construction...

18 Halford John Mackinder: «The Geographical Pivot of History (1904)», The Geographical Journal, 170(4) (2004), pp. 298-321.

19 Dwayne Roy Winseck y Robert M. Pike: Communication and Empire. Media, Markets, and Globalization, 1860-1930, Durham, Duke University Press, 2007, y Edward A. Comor: The Global Political Economy of Communication. Hegemony, Telecommunication, and the Information Economy, Nueva York, St. Martin’s Press, 1994.

20 Michael Geyer y Charles Bright: «Global Violence and Nationalizing Wars in Eurasia and America: The Geopolitics of War in the Mid-Nineteeth Century», Comparative Studies in Society and History, 38(4) (1996), pp. 619-657, esp. p. 653.

21 Daniel R. Headrick: The Invisible Weapon: Telecommunications and International Politics, 1851-1945, Nueva York, Oxford University Press, 1991; Edward A. Comor: The Global Political Economy...; Simone Müller: Wiring the World..., y Simone Müller y Heidi Tworek: «The Telegraph and the Bank: On the Interdependence of Global Communications and Capitalism, 1866-1914», Journal of Global History, 10(2) (2015), pp. 259-283.

22 Eric J. Hobsbawm: Nations and Nationalism Since 1780. Program, Myth, Reality, Cambridge, Cambridge University Press, 1992, y Eric J. Hobsbawm y Terence O. Ranger: The Invention of Tradition, Cambridge, Cambridge University Press, 1983.

23 Benedict R. Anderson: Imagined Communities. Reflections on the Origin and Spread of Nationalism, Londres, Verso, 1991. Sobre el uso del lenguaje en los proyectos de construcción estatal de finales del siglo xix, véase James C. Scott: Seeing Like a State. How Certain Schemes to Improve the Human Condition Have Failed, New Haven, Yale University Press, 1998.

24 Véanse Eric J. Hobsbawm: Nations and Nationalism..., y Alessandro Masi: L’italiano Delle Parole. Appunti Per Una Politica Lingüística, Albano Laziale, Anemone purpurea, 2006.

25 Bernard S. Cohn: Colonialism and Its Forms of Knowledge. The British in India, Princeton, Princeton University Pres, 1996; John M. Mackenzie: Imperialism and Popular Culture, Manchester, Manchester University Press, 1986, y Edward W. Said: Culture and Imperialism, Londres, Chatto and Windus, 1993.

26 James C. Scott: Seeing Like a State...

27 Lindsay Bell y Mireille McLaughlin: «John E. Joseph: Language and Politics», Language Policy, 7(4) (2008), pp. 393-395.

28 Sobre la simbiosis entre nacionalismo e internacionalismo, véanse Glenda Sluga: Internationalism in the Age of Nationalism, Philadelphia, University of Pennsylvania Press, 2013, y Daniel Laqua: Internationalism Reconfigured. Transnational Ideas and Movements between the World Wars, Londres, IB Tauris, 2011. Sobre el concepto de «hacer» cosas con las palabras, John L. Austin, J. O. Urmson y Marina Sbisà: How to Do Things with Words. The William James Lectures Delivered at Harvard University in 1955, Oxford, Clarendon Press, 2011.

29 Para un relato sobre la coproducción del nacionalismo y el internacionalismo, véase Glenda Sluga: Internationalism...

30 Giddens aborda la cuestión del lenguaje y la esfera pública global en Anthony Giddens: Runaway World. How Globalization Is Reshaping Our Lives, Nueva York, Routledge, 2000. Sobre la creación de las esferas públicas nacionales escribe Jürgen Habermas: The Structural Transformation of the Public Sphere. An Inquiry into a Category of Bourgeois Society, Cambridge, Polity, 2014.

31 Tim Harper: «Empire, Diaspora and the Languages of Globalism, 1850-1914», en Antony G. Hopkins (ed.): Globalization and World History, Londres, Norton, 2002, pp. 141-166.

32 Marc Flandreau y Juan H. Flores: «Bonds and Brands: Foundations of Sovereign Debt Markets, 1820-1830», The Journal of Economic History, 69(3) (2009), pp. 646-684.

33 Carolin Viktorin et al.: Nation Branding in Modern History, Nueva York, Berghahn Books, 2018.

34 Peter H. Hoffenberg: An Empire on Display: English, Indian, and Australian Exhibitions from the Crystal Palace to the Great War, Berkeley, University of California Press, 2001, y Paul Greenhalgh: Ephemeral Vistas. The «expositions Universelles», Great Exhibitions and World’s Fairs, 1851-1939, Manchester, Manchester University Press, 2000.

35 The Sociolinguistics of Lingua Franca Communication: Standardization and Self-Regulation, International Journal of the Sociology of Language, 177, Berlín, Mouton de Gruyter, 2006, y David Crystal: English as a Global Language, Cambridge, Cambridge University Press, 2003.

36 George Creel: «The Battle in the Air Lanes: A Heretofore Unwritten Chapter of American History», Popular Radio, (1922), p. 3. Véase también Jonathan Reed Winkler: Nexus. Strategic Communications and American Security in World War I, Cambridge, Harvard University Press, 2008; Daniel Headrick: The Invisible Weapon..., p. 138; Jonas Brendebach, Martin Herzer, y Heidi Tworek (eds.): International Organizations and the Media in the Nineteenth and Twentieth Centuries. Exorbitant Expectations, Nueva York, Routledge, 2018; Paul M. Haridakis, Barbara S. Hugenberg, Stanley T. Wearden (eds.): War and the Media. Essays on News Reporting, Propaganda and Popular Culture, Jefferson, McFarland & Company, Inc., Publishers, 2009, y Jonathan Silberstein-Loeb: The International Distribution of News: The Associated Press, Press Association, and Reuters, 1848-1947, Nueva York, Cambridge University Press, 2014. Hay una enorme cantidad de estudios que han explorado la cuestión de la propaganda en relación con la modernidad de la «guerra total». Harold D. Lasswell: Propaganda Technique in the World War, Mansfield Centre, Martino Publishing, 2013.

37 Albert Dauzat: Le Français Et L’anglais Langues Internationales, París, Librarie Larousse, 1915, p. 2.

38 Leon Dominian: The Frontiers of Language and Nationality in Europe, Nueva York, H. Holt and Company, 1917, p. 332, y Carolyn N. Biltoft: «The Meek Shall Not Inherit the Earth: Nationalist Economies, Ethnic Minorities at the League of Nations», en Christoph Kreutzmüller, Michael Wildt y Moshe Zimmermann (eds.): National Economies. Volks-Wirtschaft, Racism and Economy in Europe Between the Wars (1918-1939/45), Newcastle upon Tyne, Cambridge Scholars Publishing, 2015, pp. 138-154.

39 Nelson ha argumentado que Wilson era optimista no solo sobre la posibilidad de que las potencias vencedoras pudieran ajustar las fronteras políticas en esas regiones para reflejar las divisiones etno-lingüísticas, sino también sobre que tales ajustes proveerían las bases de un orden democrático estable. Harold I. Nelson: Land and Power: British and Allied Policy on Germany’s Frontiers, 1916-1619, Londres, Routledge, 1963, p. 61.

40 Jacob Robinson: Were the Minorities Treaties a Failure?, Nueva York, Institute of Jewish Affairs of the American Jewish Congress and the World Jewish Congress, 1943, p. 43.

41 Ray Stannard Baker: Woodrow Wilson and World Settlement, 3 vols., Garden City, Doubleday, Page & Co, 1922, p. 42.

42 Akira Iriye: Global Community. The Role of International Organizations in the Making of the Contemporary World, ACLS Humanities E-Book, Berkeley, University of California Press, 2002.

43 League of Nations: The Aims and Organisation of the League of Nations, Ginebra, League of Nations, 1930.

44 Frank Schipper, Vincent Lagendijk e Irene Anastasiadou: «New Connections for an Old Continent: Rail, Road and Electricity in the League of Nations Organization for Communication and Transit», en Alexander Badenoch y Andreas Fickers (eds.): Materializing Europe. Transnational Infrastructures and the Project of Europe, Londres, Palgrave, 2010, pp. 133-143; Jo-Anne Pemberton: «New Worlds for Old...»; Heidi Tworek: «Peace through Truth? The Press and Moral Disarmament through the League of Nations», Medien&Zeit,, 25(4) (2010), pp. 16-28, y Jonas Brendebach, Martin Herzer y Heidi Tworek: International Organizations... Véase también Simon Jackson y Alanna O’Malley: The Institution of International Order...

45 Tal enfoque está mucho más cerca en Markus Krajewski: Server. A Media History from the Present to the Baroque, New Haven, Yale University Press, 2018, y Cornelia Vismann: Files. Law and Media Technology, Stanford, Stanford University Press, 2008.

46 John Earl Joseph, Talbot J. Taylor y Nigel Love: Landmarks in Linguistic Thought II. The Western Tradition in the Twentieth Century, Londres, Routledge, 2001.

47 Edward Sapir: Selected Writings in Language, Culture and Personality, Berkeley, University of California Press, 1949, p. 162.

48 Benjamin Lee Whorf: Language, Thought, and Reality. Selected Writings, Cambridge, Technology Press of Massachusetts Institute of Technology, 1956.

49 Edward Sapir: Selected Writings..., p. 162.

50 Herbert N. Shenton, Edward Sapir y Otto Jespersen: International Communication. A Symposium on the Language Problem, Londres, K. Paul, Trench, Trubner, 1931, p. 13.

51 Noam Chomsky y Carlos Peregrín Otero: Language and Politics, Montréal, Black Rose Books, 1988.

52 Citado en David Hunter Miller: My Diary at the Conference of Paris, with Documents, Nueva York, Appeal Printing Company, 1924, p. 430.

53 Daniel Laqua: Internationalism Reconfigured...; íd.: «Transnational Intellectual Cooperation, the League of Nations, and the Problem of Order», Journal of Global History, 6(2) (2011), pp. 223-247, y Daniel Laqua y Rachel Bouyssou: «Internationalisme ou Affirmation de La Nation? La Coopération Intellectuelle Transnationale Dans L’entre-Deux-Guerres», Critique Internationale, 52 (2011), pp. 51-67.

54 Los siguientes trabajos tratan ampliamente con el lenguaje como significante de las relaciones de poder globales: David Crystal: English as a Global Language, Cambridge, Cambridge University Press, 2003, y Adrian Blackledge: Discourse and Power in a Multilingual World, Ámsterdam, John Benjamins Pub, 2005.

55 League of Nations: How to Make the League of Nations Known and to Develop the Spirit of International Co-Operation. Recommendations by the Sub-Committee of Experts, International Committee on Intellectual Co-Operation, League of Nations, Ginebra, League of Nations, 1927.

56 Para tener una idea del procedimiento antes de la publicación, véase «Memorandum of the Supervisory Commission concerning League publications», Archivo de la Sociedad de Naciones (ASdN), R1711.

57 Sunil Amrith y Glenda Sluga: «New Histories of the United Nations», Journal of World History, 19(3) (2008), pp. 251-274, y Carolyn Biltoft: «Sundry Worlds...».

58 Véanse Margaret Macmillan: Paris 1919. Six months that changed the world, Nueva York, Random House, 2001, pp. 55-56, y Harold Nicolson: Peacemaking, 1919. Being Reminiscences of the Paris Peace Conference, Nueva York, Houghton Mifflin, 1933, p. 240.

59 Records of the First Assembly of the League of Nations, p. 173, ASdN.

60 Ibid.

61 Entre los otros firmantes se encontraban delegados de Rumania, Bélgica, Persia, Checoslovaquia, Colombia, China, Finlandia, Albania, Japón, Venezuela, Polonia, Italia, Chile e India. Records of the First Assembly of the League of Nations, pp. 218-219. Véase también «Esperanto as an International Auxiliary Language», League of Nations Document, A.5.1922, 2.

62 La mejor biografía de Zamenhof es la de Esther H. Schor: Bridge of Words: Esperanto and the Dream of a Universal Language, Nueva York, Metropolitan Books, 2016.

63 Arika Okrent: In the Land of Invented Languages. Esperanto Rock Stars, Klingon Poets, Loglan Lovers, and the Mad Dreamers Who Tried to Build a Perfect Language, Nueva York, Spiegel & Grau, 2009. Para un balance de los objetivos del movimiento del lenguaje internacional, véase Arika Okrent: Esperanto, Interlinguistics, and Planned Language, Lanham, University Press of America, 1997; Peter G. Forster: The Esperanto Movement, The Hague, Mouton, 1982, y Esther Schor: Bridge of Words...

64 Ulrich Lins: The Contribution of the Universal Esperanto Association to World Peace, Rotterdam, Universal Esperanto Association, 1986, y Carolyn Biltoft: «Reversing the Curse of Babel? International Language Movements and Inter-War Chasms», en Patrick Manning (ed.): World History: Global and Local Interactions, Princeton, M. Wiener, 2005.

65 Para el crecimiento del determinismo lingüístico de posguerra, véase Madeleine Mathiot (ed.): Ethnolinguistics: Boas, Sapir and Whorf Revisited, La Haya, Mouton, 1979.

66 Para una descripción del nacimiento de los idiomas internacionales, incluyendo el esperanto, véase Peter Forster: The Esperanto Movement... Para la historia anterior, especialmente con respecto a la idea del lenguaje internacional como ayuda para las comunidades epistémicas/científicas, véase Michael D. Gordin: Scientific Babel: How Science Was Done before and after Global English, Chicago, The University of Chicago Press, 2015.

67 Albert Léon Guérard: A Short History of the International Language Movement, Londres, T. F. Unwin, 1922, pp. 207-208.

68 Roberto Garvía: Esperanto and Its Rivals. The Struggle for an International Language, Philadelphia, University of Pennsylvania Press, 2015.

69 Aquí he condensado los argumentos más comunes encontrados en las peticiones sobre la cuestión del idioma internacional que llegaron a la SdN. La mayoría de estas peticiones se encuentran dispersas en las siguientes cajas: R 1008, 1048, 1049, 1050, 1051, 1063, 1075, 11554, 1554, 1557, 2228 y 3993, ASdN.

70 Carolyn Biltoft: «Reversing the Curse of Babel...», pp. 179-194.

71 Ulrich Lins: The Contribution..., y Carolyn Biltoft: «Reversing the Curse of Babel...».

72 Records of the First Assembly of the League of Nations, p. 413.

73 Esperanto as an International Auxiliary Language: Report of the General Secretariat to the Third Assembly, League of Nations Publication, París, Presses Universitaires de France, 1922.

74 Ibid.

75 Sobre el Comité de Cooperación Intelectual, véanse Jan Kolasa: A League of Minds. The International Intellectual Cooperation Organization of the League of Nations, Princeton, Princeton University Press, 1960, y Daniel Laqua: «Transnational Intellectual Cooperation...».

76 Minutes of the I.C.I.C, August 1, 1923, Box R 1048, File 23516, Folder 29913, ASdN.

77 Standardization of Railway Nomenclature, Box R 2568; Standardization of Philosophical Terms, Box R 1087, LNA; Unification of Graphic Symbols, Box R 2224, y Standardization of Scientific Terminology, Box R 2190, 11839, Folder 260, ASdN.

78 «Languages in Danger of Extinction», Discussions at the 11th session of the sub-committee on bibliography, July 1929, Box R 2190, File 11839, Folder 260, ASdN.

79 Records of the First Assembly of the League of Nations..., p. 117, ASdN.

80 Letter of General Sebert to the Secretary General, January 22, 1923, Box R 1048, File 23516, Folder 25988, ASdN.

81 Letters of Sylvia Pankhurst to the Secretariat, June 19, 1924-July 19, 1927, Box R 1049, File 23516, Folder 60295, ASdN.

82 Numerosas invitaciones de la Asociación al Secretariado para que atendiera los Congresos Mundiales de Esperanto en Box R 3993, File 1144, Folder 1144, LNA.

83 Peter Forster: The Esperanto Movement...

84 Adolph Hitler: Mein Kampf, Cambridge, Riverside, 1943, p. 307.

85 Peter Forster: The Esperanto Movement...

86 Glenda Sluga y Patricia Clavin: Internationalisms: A Twentieth-Century History, Cambridge, Cambridge University Press, 2016.

87 «Draft Resolution Concerning the Universal Adoption of Roman Characters and the Standardization of Methods of Writing Languages», July 20th, 1930, Box R 2251, File 21496, Folder 21496, ASdN.

88 International Institute of Intellectual Co-Operation and League of Nations: L’adoption Universelle Des Caractères Latins, París, Société des Nations, Institut International de Coopération Intellectuelle, 1934.

89 Ibid.

90 Inazō Nitobe: The Works of Inazō Nitobe, vol. VIII, Tokyo, University of Tokyo Press, 1979, p. 435.

91 «Circumstances of Introducing Roman Characters into Japanese Writing», Pamphlet by A. Tanakadate, Box R 2251, File 21496, Folder 21496, ASdN. Para una discusión general de la reforma de la escritura japonesa, véase Nanette Gottlieb: Language and the Modern State. The Reform of Written Japanese, Londres, Routledge, 1991.

92 Wen-ssu Chin: China and the League of Nations. The Sino-Japanese Controversy, Nueva York, St. John’s University Press, 1965; Parks M. Coble: Facing Japan. Chinese Politics and Japanese Imperialism, 1931-1937, Cambridge, Harvard University Press, 1991; Thomas W. Burkman: Japan and the League of Nations. Empire and World Order, 1914-1938, Honolulu, University of Hawaii Press, 2007, e Ian Nish: Japan’s Struggle with Internationalism. Japan, China, and the League of Nations, 1931-1933, Londres, K. Paul International, 1992.

93 Mehrdad Kia: The Ottoman Empire, Westport, Greenwood Press, 2008, pp. 115-137, y Roderic H. Davison: Nineteenth Century Ottoman Diplomacy and Reforms, Istanbul, Isis Press, 1999.

94 Geoffrey Lewis: The Turkish Language Reform. A Catastrophic Success, Oxford, Oxford University Press, 1999.

95 Citado en Geoffrey Lewis: The Turkish Language..., p. 78.

96 İlker Aytürk: «Turkish Linguists against the West: The Origins of Linguistic Nationalism in Atatürk’s Turkey», Middle Eastern Studies, 40(6) (s. d.), pp. 1-25; Hugh Poulton: Top Hat, Grey Wolf, and Crescent. Turkish Nationalism and the Turkish Republic, Nueva York, New York University Press, 1997; Ziya Gökalp: Turkish Nationalism and Western Civilization. Selected Essays, Londres, Allen and Unwin, 1959, y Uriel Heyd: Language Reform in Modern Turkey, Jerusalén, Israel Oriental Society, 1954.

97 Prakash aborda un aspecto de la tendencia global de las naciones en evolución o aspirantes a intentar alcanzar tanto la «autenticidad» nacional como una modernidad competitiva en su trabajo sobre ciencia y nacionalismo indio. Véase Gyan Prakash: Another Reason. Science and the Imagination of Modern India, Princeton, Princeton University Press, 1999.

98 International Institute of Intellectual Co-Operation and League of Nations: L’adoption Universelle...

99 Citado en Ilan Stavans: Resurrecting Hebrew, Nueva York, Nextbook, 2008.

100 Ibid.

101 Los estudios más importantes sobre el CPM son: Susan Pedersen: The Guardians..., y Michael D. Callahan: Mandates and Empire. The League of Nations and Africa, 1914-1931, Brighton, Sussex Academic, 2008. Véase especialmente Dov Gavish: A Survey of Palestine Under the British Mandate, 1920-1948, Londres, Routledge, 2005.

102 British Information Services: Britain’s Mandate for Palestine, Nueva York, British Information Services, 1944; Dov Gavish: A Survey...; Great Britain and League of Nations: Report by His Majesty’s Government in the United Kingdom of Great Britain and Northern Ireland to the Council of the League of Nations on the Administration of Palestine and Trans-Jordan Reformatted from the Original and Including, Government of Palestine Report: Report on Palestine Administration, Londres, HMSO, 1922.

103 British Information Services: Britain’s Mandate for Palestine...

104 Susan Pedersen: The Guardians..., y Michael Callahan: Mandates and Empire...

105 «Memorandum on the Violation by the Department of Posts and Telegraphs of the Government of Palestine of the Right of the Hebrew Language to Equality with the other Official Languages of Palestine», Memorandum by Israel Amikam submitted to the Permanent Mandates Commission of the League of Nations, May 10, 1931 (C)olonial (O)ffice 733/262/13, Document no 37438/12, BNA, C0733/206/4, no. 87246, British National Archive (BNA).

106 Ibid.

107 Ibid.

108 Véase Caroline Elkins y Susan Pedersen (eds.): Settler Colonialism in the Twentieth Century. Projects, Practices, Legacies, Nueva York, Routledge, 2005, pp. 41-69.

109 Memorandum on Mr. Israel Amikam’s petition to the Permanent Mandates Commission, June 23, 1931, C0 733/206/4, no 87246, BNA.

110 Observations of Arthur Wauchope on the second memorandum dated the 11th of May, 1934, presented by Mr. Israel Amikam of Haifa to the Permanent Mandates Commission of the League of Nations on the subject of the transmission of telegrams in Hebrew script, annex to dispatch from Arthur Wauchope, High Commissioner for Palestine to Sir Philip Cunliffe-Lister, Secretary of State for the Colonies, August 11, 1934, C0 733/262, no 37438/12, BNA.

111 International Institute of Intellectual Co-operation and League of Nations: L’adoption...

112 Mark Mazower: Hitler’s Empire: How the Nazis Ruled Europe, Nueva York, Penguin Press, 2009.

113 Dan P. Silverman: Hitler’s Economy. Nazi Work Creation Programs, 1933-1936, Cambridge, Harvard University Press, 1998; Harold James: The Deutsche Bank and the Nazi Economic War Against the Jews. The Expropriation of Jewish-Owned Property, Oxford, Cambridge University Press, 2001; íd.: The Nazi Dictatorship and the Deutsche Bank, Cambridge, Cambridge University Press, 2004, y J. Adam Tooze: The Wages of Destruction. The Making and Breaking of the Nazi Economy, Londres, Allen Lane, 2006.

114 Wilson P. Dizard: Inventing Public Diplomacy. The Story of the U.S. Information Agency, Boulder, Lynne Rienner Publishers, 2004.