Ayer 118/2020 (2): 225-253
Sección: Estudios
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2020
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/118-2020-09
© Marició Janué i Miret
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License
Recibido: 11-09-201 | Aceptado: 08-02-2018
«Carácter nacional» español y diplomacia cultural nacionalsocialista *
Marició Janué i Miret
Universitat Pompeu Fabra
maria.janue@upf.edu
Resumen: Las representaciones del «carácter nacional» han desempeñado un papel importante en la diplomacia cultural europea contemporánea, asociándose al destino de los pueblos en Europa y en el mundo. Tras la derrota en la Primera Guerra Mundial, Alemania convirtió a España en objetivo prioritario de su política cultural exterior, a lo que acompañó un auge del hispanismo alemán. Hispanistas germanos destacados teorizaron sobre la esencia del carácter español y su significado en el contexto europeo. También durante el nacionalsocialismo, hispanistas alemanes prestigiosos examinaron el carácter de la nación española y la hispanidad, lo que plasmaron en monografías y artículos con pretensiones científicas, pero con voluntad de difusión pública e influencia política. El artículo analiza estas publicaciones preguntándose por los mecanismos empleados en su discurso para readaptar el carácter de la nación española a los intereses nacionalsocialistas.
Palabras clave: diplomacia cultural, relaciones culturales hispano-alemanas, hispanistas alemanes, hispanidad, relaciones nacionalsocialismo-franquismo.
Abstract: Representations of «national character» have played an important role in contemporary European cultural diplomacy, being associated with the destiny of peoples in Europe and the world. After the defeat in the First World War, Germany made Spain a priority objective of its foreign cultural policy, which was accompanied by a boom in German Hispanic studies. Noteworthy German Hispanists theorized about the essence of Spanish character and its significance in a European context. Also during National Socialism, prestigious German Hispanists examined the character of the Spanish nation and hispanidad, which they captured in monographs and articles. Although these were written with scientific pretensions in mind, the authors also aspired to acquire publicity and exert political influence. The article analyses these publications by exploring the discursive mechanisms used to adapt the character of the Spanish nation to national socialist interests.
Keywords: cultural diplomacy, German-Spanish cultural relations, German Hispanists, hispanidad, relations National Socialism- Francoism.
En Europa, desde finales del siglo xix, las ciencias sociales y las humanidades asumieron enfoques que aceptaban la existencia de rasgos étnicos originarios como instrumento para explicar la transformación de las sociedades. Desde esta perspectiva, se consideraba que el carácter y los valores de una sociedad podían inferirse de su cultura, tradiciones, folklore, gustos y capacidades. Estas prácticas culturales y los valores asociados se vincularon al concepto de «cultura nacional» en tanto se consideraban elementos determinantes de la nación. Intelectuales y académicos de los ámbitos de las humanidades y las ciencias sociales participaron en la elaboración de teorizaciones sobre la idiosincrasia de los pueblos, su carácter y las mentalidades nacionales 1. La cultura de un territorio se interpretaba como la manifestación del «ser», «alma», «esencia», «carácter» o «espíritu» (Volksgeist) de la nación. Cultura y carácter nacionales se asociaron al valor moral de la actuación de los pueblos y, con ello, a su destino y misión en Europa y en el mundo. En sus representaciones de las culturas nacionales, intelectuales y académicos se sirvieron de estereotipos culturales 2, sobre los que emitían juicios de valor. Se esperaba que el reconocimiento social de estos estereotipos otorgara verosimilitud a las representaciones nacionales.
Las proposiciones resultantes de los discursos que asumían la existencia de caracteres nacionales concordaban bien con los intereses nacionalistas e imperialistas de las grandes potencias, porque les ofrecían argumentos para legitimar su primacía sobre otros pueblos, como, por ejemplo, las naciones o razas latinas. En el caso de España, la pérdida de sus últimas colonias en el «Desastre de 1898» afectó a su percepción internacional reforzando la imagen de decadencia, atraso material y mentalidad anacrónica 3. Francia y Gran Bretaña fueron los países que ofrecieron con más frecuencia visiones de España y exportaron su concepción al resto del mundo 4.
La pretensión científica de quienes formulaban las representaciones nacionales otorgaba a estas atractivo en vistas a fundamentar determinados discursos políticos. De esta manera, la explotación de las representaciones nacionales pasó a desempeñar un papel importante como instrumento de la diplomacia cultural 5. Desde el último cuarto del siglo xix, la batalla de los Estados para lograr la hegemonía de la nación en el orden internacional pasó a disputarse también de forma intensiva en la vertiente de la diplomacia cultural, que ha sido calificada como «poder blando», una segunda cara del poder 6. En el transcurso del siglo xx, la diplomacia cultural fue incrementando cada vez más su valor como mecanismo de legitimación del poder en el ámbito de las relaciones internacionales. Los gobernantes de los Estados contemplaron como agentes del poder blando a intelectuales, académicos y artistas porque eran conscientes de que el específico prestigio mantenido por cada campo de la cultura no podía subyugarse, sin más, al poder político, al económico o al ejercicio de la violencia 7. Esto planteó a los Gobiernos límites en el control de estos agentes, a la vez que la necesidad de desarrollar mecanismos para ejercerlo.
Por parte de los intelectuales, ante un cambio político debían resolver si y cómo adaptarse si aspiraban a mantener el reconocimiento del Estado y las ventajas vinculadas; en otras palabras, hasta qué punto deseaban y estaban dispuestos a convertirse en «siervos del poder» 8. Académicos, intelectuales y artistas contribuyeron a afianzar determinados estereotipos nacionales reforzando, con ello, los intereses o determinadas visiones políticas del Estado, en el interior y en las relaciones internacionales.
Ya en el periodo de entreguerras, la crisis del liberalismo y el auge de los nacionalismos imperialistas y las ideologías extremas reforzaron los enfoques esencialistas sobre las naciones. En esta etapa, numerosos hispanistas germanos prestigiosos teorizaron sobre la esencia de la cultura española y su significado en el contexto europeo 9. A pesar de notables excepciones, la tendencia de los intelectuales alemanes a ocuparse de temas hispánicos era mayor entre los católicos, por la afinidad confesional y por las simpatías que les despertaba el buen trato al catolicismo por parte del Estado español en contraste con la Kulturkampf alemana. Hispanistas germanos destacados como Ernst Robert Curtius o Karl Vossler, e incluso científicos sociales como Alfred Rühl, teorizaron sobre la esencia de la cultura española y su significado en el contexto europeo 10.
Este auge del hispanismo alemán fue de la mano del crecimiento del interés de la diplomacia cultural germana por España. Tras la derrota en la Gran Guerra de 1914-1918, Alemania había convertido a España, dada su neutralidad en el conflicto, en objetivo prioritario de su política cultural exterior 11. Se esperaba que esta política actuase como «multiplicador» 12 refinado de la influencia sobre las elites españolas para que sus decisiones fueran favorables a los intereses alemanes. Entre 1917 y 1931, las tres escuelas alemanas existentes hasta entonces en España pasaron a ser doce 13; en 1923 se fundó en Barcelona el Centro Alemán de Estudios e Intercambio/Deutsche Wissenschaftliche Vermittlungsstelle (en adelante DWV) y dos años más tarde, en Madrid, el Centro de Intercambio Intelectual Germano-Español/Arbeitsstelle für Deutsch-Spanische Wissenschaftbeziehungen (en adelante ADW), ambos con apoyo económico del Auswärtiges Amt (en adelante AA); en 1931, el Servicio Alemán de Intercambio Académico/Deutscher Akademischer Austausch Dienst (en adelante DAAD), creado seis años antes, inauguró una oficina subsidiaria en Madrid.
Es relevante tener en cuenta que la diplomacia cultural germana en relación con España no solo consideró la expansión de la cultura germana en España, sino que también incorporó la difusión de la cultura hispánica en Alemania, apoyando la institucionalización de la hispanística germana. En 1917 se inauguró el Instituto Ibero-Americano de Hamburgo/Ibero-Amerikanisches Institut Hamburg (en adelante IAI-H). En 1926, la Sociedad Gorres/Görresgesellschaft (en adelante GG), instituto científico alemán de orientación católica, creó una sede en Madrid y, desde 1928, editó los Spanische Forschungen der Görresgesellschaft (en adelante SFGG), una de las más prestigiosas revistas alemanas sobre cultura hispánica 14. En 1930 se fundó el Instituto Ibero-Americano/Ibero-Amerikanisches Institut (en adelante IAI) de Berlín 15. El año siguiente se inauguró, también en Berlín, la Sociedad Germano-Española/Deutsch-Spanische Gesellschaft (en adelante DSG) 16. Numerosos intelectuales y académicos alemanes especialistas en temas hispánicos se vincularon a estas instituciones, que se convirtieron en referentes para el establecimiento de redes intelectuales y académicas.
Con la llegada al poder de los nacionalsocialistas, también las instituciones vinculadas a las relaciones culturales hispano-germanas fueron forzadas a reorganizarse para adaptarse a la dictadura (Gleichschaltung). En el caso de la DSG, en 1936 pasó a presidirla Wilhelm Faupel, un militar retirado, quien ya desde 1934 era presidente del IAI 17. La antipatía mutua entre los regímenes nazi y de la Segunda República ocasionó fricciones en las relaciones entre ambos países. Los intelectuales alemanes, que en estos años se ocuparon del tema de la esencia del español, incorporaron a sus obras tres aspectos: los vínculos entre el carácter y la cultura españoles y el advenimiento del régimen republicano; la incompatibilidad de la República con la naturaleza de la nación española, y el contraste entre los sistemas políticos republicano español y el nazi.
Un ejemplo lo tenemos en Herbert von Beckerath, catedrático en economía, quien desde 1925 dirigía el Instituto de Ciencias Económicas y Sociales (Institut für Gesellschafts- und Wirtschaftswissenschaften). Beckerath era conocido en los círculos de la diplomacia cultural alemana en España, puesto que en 1932 había impartido en la DWV una conferencia sobre «La crisis económica de Alemania» y en 1934 impartiría otra en la ADW sobre «Autoridad estatal y libertad económica» 18. Recién instalado el régimen nacionalsocialista publicó un librito sobre España desde la Revolución, que era el resultado de una conferencia pronunciada el año anterior en la Escuela Superior Alemana de Politología/Deutsche Hochschule für Politik (en adelante DHP), dependiente del Ministerio de Ilustración Popular y Propaganda del Reich/Reichsministerium für Volksaufklärung und Propaganda (en adelante RMVP) 19. En este texto, Beckerath subraya los dos rasgos que considera más significativos de la naturaleza de España: el ser histórica y culturalmente una tierra intermedia, a la vez, entre África y Europa, y entre oriente y occidente, lo que había obstaculizado la definición de su ser nacional, y el ser un país geográficamente aislado con grandes diferencias entre sus regiones interiores y con graves dificultades de comunicación entre estas y con el exterior.
A pesar de estas diferencias, destaca el autor tres elementos que los españoles sí comparten: la deficiente educación, el individualismo y el hábito de vida católico y fanatismo religioso. Considera que con estos tres elementos encajaba bien el sistema caciquil de la monarquía de la Restauración, instalada desde finales de 1874. Sin embargo, el desastre colonial de 1898 hizo que este sistema entrara en crisis, desatando reivindicaciones de regeneración. La monarquía intentó acallar estas demandas imponiendo, en 1923, la reaccionaria dictadura de Primo de Rivera. Como consecuencia, según Beckerath, la idea de la revolución republicana, que en principio se había originado entre los sectores socialistas, obreristas y masones, fue ampliando apoyos. Sin embargo, sostiene el autor que las ideas socialistas no se correspondían con la estructura social española, en su mayoría agraria y pequeño-burguesa. Esto explicaría que las fuerzas socialistas que habían encabezado la revolución republicana hubieran tenido que recurrir a valores democrático-burgueses. Beckerath distingue dos fuentes de problemas para la supervivencia del régimen republicano: el carácter exclusivamente intelectual de la clase política, ausente de representantes de los sectores productivos, y la inmensidad de las reformas que se había propuesto: la agraria, la del poder de la Iglesia y la descentralización regional.
En otro texto titulado España y Alemania, publicado el mismo año, Beckerath comparó las «revoluciones» republicana y nacionalsocialista. Se trata de uno de los capítulos de una obra colectiva en lengua española destinada al fomento de las relaciones entre Iberoamérica y la Alemania nazi, que constituye una edición especial de la revista Zeitschrift für Politik (en adelante ZfP), órgano de la DHP 20. El principal editor del libro era Faupel, el futuro presidente del IAI y la DSG. Al año siguiente a la aparición del libro, la ZfP publicó el texto de Beckerath como artículo en alemán 21. En sus páginas, el autor define la revolución republicana española como burguesa antifeudal y anticlerical, la cual en Alemania ya se había superado. En el país germano también se había vencido ya la tentación marxista, aún presente en España. El autor profetiza que, al igual que ya lo había conseguido Alemania, España encontraría, tras la fase republicana, la forma política que se correspondía con su carácter nacional, la de un catolicismo renovado. Entonces ambos países podrían reconocerse mutuamente las semejanzas que compartían.
Beckerath es el único de los autores que aquí comentamos que más tarde se enemistó con el nacionalsocialismo y acabó emigrando a Estados Unidos, donde durante la Segunda Guerra Mundial publicaría una obra de denuncia contra la amoralidad del totalitarismo 22.
En el libro editado por Faupel que acabamos de mencionar contribuyó también Alfons Adams con un capítulo donde vincula la cultura española al establecimiento del régimen republicano 23. Adams, con formación en filosofía, teología y derecho, era desde finales de 1929 director de la ADW, cargo que desempeñó hasta 1936 24. También fue secretario del Grupo Alemán de la Unión Intelectual Española (en adelante GAUIE) creado en 1930, dedicado a fomentar los intercambios intelectuales entre España y Alemania. Asimismo, Adams, de confesión católica, era miembro de la GG. Sus argumentaciones en el capítulo del libro al que nos estamos refiriendo son concurrentes con las de Beckerath.
En un artículo posterior publicado en lengua alemana en la revista órgano del DAAD, se propone Adams mejorar el entendimiento entre los regímenes de Alemania y España 25. Para lograrlo, considera necesario explicar la naturaleza del pueblo y la cultura españoles. Se lamenta el autor de que la cultura española sea menospreciada internacionalmente sobre la base de visiones erróneas, que clasifica en dos tipos: la romántica, que ensalza la perpetuación, singularidad y heterogeneidad de sus costumbres, y la que considera a su cultura y vida espirituales como carentes de toda conexión con la cultura europea. Frente a estos planteamientos, defiende Adams la persistencia de una unidad metafísica y ontológica entre los españoles, que concreta en su espiritualidad, menos compleja que la del «europeo normal», lo que no significa inferior. Según este autor, el español se acercaba a las cosas del mundo de manera intuitiva, sin pensamiento racional ni formulación teórica. En la relación con las personas, lo que le resultaba decisivo era la simpatía. A partir de este punto, pasa Adams a explicar las razones del advenimiento de la Segunda República, que califica como una revolución nacional-patriótica reformadora surgida como reacción al juicio internacional negativo sobre España, fundamentado en el dominio de la monarquía y el excesivo poder de la Iglesia. Deriva de ello el autor el que sectores cada vez más amplios de la sociedad española hubieran pasado a ver en la eliminación de estos dos factores la condición necesaria para el resurgimiento del país. En cuanto al contraste con la revolución nacionalsocialista, coincide aquí Adams otra vez con Beckerath en el carácter renovador de ambas revoluciones, aunque su contenido ideológico fuera muy diferente: con la revolución de 1931 España quería sumarse a la modernidad, mientras que la revolución nacionalsocialista quería liquidar esta modernidad y empezar una nueva.
La irrupción de la Guerra Civil española en el verano de 1936 otorgó a los ojos de las autoridades nacionalsocialistas un renovado significado a las relaciones germano-españolas 26. Según la explicación oficial alemana, la razón principal de la guerra española era la lucha contra el comunismo, lo que concordaba con una de las misiones fundamentales del régimen nazi en Europa 27. También en esta coyuntura, los esfuerzos nazis para incentivar la colaboración cultural consideraron la vertiente de la promoción de la cultura española en Alemania. Con su fomento, se buscaba prevenir suspicacias por parte de las autoridades franquistas ante los esfuerzos nazis de acercamiento cultural transmitiendo un mensaje de interés y consideración por la cultura hispánica. No es baladí que fuera precisamente a Faupel a quien se nombró primer encargado de negocios alemán y, poco más tarde, embajador en la España de Franco, aunque pronto fue relevado del cargo por su rechazo a subordinar a las directrices franquistas sus relaciones con la Falange, el partido fascista español. A continuación, se reincorporó a la presidencia de la DSG, dando un espectacular impulso a sus actividades 28.
En cuanto a los intelectuales alemanes que escribieron sobre el carácter de España durante la Guerra Civil, su prioridad pasó a ser la legitimación del levantamiento franquista sobre la base, por un lado, del signo antinacional, y, por tanto, contrario al espíritu español, del régimen republicano, y, por otro, de la adecuación de la ideología falangista al espíritu español.
Uno de los romanistas e hispanistas destacados que se afanó por legitimar el golpe de Estado franquista fue Edmund Schramm. Schramm estaba bien situado en las redes de la diplomacia cultural alemana, puesto que fue profesor del Colegio Alemán de Madrid y también estuvo vinculado al ADW, donde de 1926 a 1929 había participado en la edición de las revistas Investigación y Progreso y Boletín Bibliográfico 29. También fue miembro del GAUIE y de la GG, habiendo publicado en los SFGG. Se había habilitado en Greifswald bajo la dirección de Petriconi —de quien hablaremos más adelante— 30 con una investigación sobre el antiliberal español Donoso Cortés que publicaría el IAI-H 31. A finales de 1936 impartió una conferencia en la Universidad de Greifswald con la finalidad de explicar las precondiciones de la Guerra Civil, que también publicó la ya mencionada ZfP 32. Schramm argumenta en el texto que la razón fundamental de la guerra española era el previo fracaso de España en la creación de un Estado nacional. Este fracaso había venido condicionado por la disolución del Imperio español y la pérdida de la lucha por la unidad religiosa de Europa. De ello se había derivado la marginación de España en el continente europeo.
No obstante, explica el autor, el Desastre de 1898 originó un movimiento de reforma del que los escritores de la Generación del 98 —sobre los cuales él había tratado con anterioridad— 33 eran exponentes. Estos intelectuales buscaban nuevos valores y vías de desarrollo para la nación. Sin embargo, sostiene Schramm, la debilidad de la conciencia nacional española impidió que consiguieran superarse las tensiones políticas. Estas tensiones, junto con las insuficiencias de las prestaciones sociales del Estado, ocasionaron el advenimiento de la Segunda República. En este punto, el autor pasa a abordar las limitaciones del régimen republicano, que —sostiene— fue traído por los intelectuales y era extraño al pueblo; un pueblo que, por otro lado, estaba desunido y necesitado de renovación social. Dado que estos factores imposibilitaban todo resurgimiento y que la única alternativa era entre el Frente Rojo y el fascismo español, el levantamiento militar de Franco perseguía unir a los diferentes grupos políticos que deseaban evitar la bolchevización de España.
Ya en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, Schramm publicaría un libro cuyas tesis complementan las que acabamos de exponer 34. La acentuada intencionalidad política de la publicación se pone con claridad de manifiesto si consideramos que fue editada por la Deutsche Informationsstelle, que era un departamento del Deutsches Institut für Aussenpolitische Forschung controlado por el AA 35. El cuerpo del trabajo lo constituye una recopilación de documentos para demostrar la implicación militar y propagandística de Francia en favor de la Segunda República durante la Guerra Civil. Sin embargo, el apartado más sugestivo del texto es el introductorio sobre la actitud de Francia frente a España en perspectiva histórica. Según Schramm, Francia apoyó a la República porque sus intereses imperialistas estaban vinculados al mantenimiento de España como un país débil. El advenimiento de la República española potenció el imperialismo cultural francés y su ideal político de la democracia occidental sobre España. En consecuencia, la Segunda República era incapaz de liberar a España de su impotencia política. No obstante, en esta España surgieron las fuerzas que habrían de acabar con la República, lo que no interesaba a Francia que, sin embargo, no pudo impedir el triunfo de Franco.
También importó justificar el golpe de Estado franquista al romanista, hispanista y violinista alemán Werner Beinhauer. Beinhauer había estudiado Filología Románica en la Universidad de Bonn. Durante sus estudios pasó tres años en Madrid, donde fue discípulo del prestigioso especialista de la literatura clásica española Américo Castro. Consiguió su doctorado bajo la dirección del notorio romanista e hispanista Leo Spitzer con una tesis sobre el lenguaje coloquial español, temática en la que se convirtió en una autoridad reconocida a nivel internacional. Fue profesor en las Universidades de Colonia y Bonn. En 1937 publicó un libro dedicado al «carácter nacional español» dirigido al público germano 36. Parte del contenido del libro había aparecido publicado en el periódico Deutsche Bergwerkszeitung (en adelante DW), de la zona minera del Ruhr, como una serie de artículos con el encabezamiento común de Spanische Menschen (tipos humanos españoles) 37. Para el autor, la principal peculiaridad del carácter español era el respeto a la dignidad de las personas por encima de la consideración de atributos burgueses como los logros y méritos. Vinculado a ello, existía la importancia que el español otorgaba a la libertad individual, lo que comportaba su tendencia al anarquismo y la indisciplina. Esto explicaba, según Beinhauer, la dificultad del pueblo español para organizar la sociedad y ser gobernado. El fundamento de esta concepción de la dignidad humana lo encontraba en la religiosidad cristiana. En el caso de las mujeres, su religiosidad, pudor y recato eran opuestos a la imagen de la «Carmen» de la novela de Prosper Mérimée —inspiradora de la homónima ópera de Bizet—, lo que demostraba la ignorancia internacional sobre la naturaleza del español.
El autor subrayaba la prioridad que el español concedía al fallo de la sociedad, las apariencias y las convenciones, que ponía por delante de la profesión, el trabajo y el ahorro. Asimismo, relacionaba la soberbia e hidalguía españolas con un orgullo indiferente a los logros materiales y el dinero, lo que explicaba el desprendimiento e indolencia del español. De la misma manera, Beinhauer atribuía como características del español la genialidad y la pasión del artista, ligadas a la inconstancia, la improvisación y el desprecio de la técnica. Con todo, al parecer del autor, la Guerra Civil había obligado al pueblo español a ceder a la necesidad de subordinar y posponer los intereses individuales frente a los de la sociedad. En este punto, esboza Beinhauer la que, a su parecer, era la misión de la «España Nacional», a saber, realizar la síntesis que armonice las exigencias de la modernidad con la espiritualidad española. En el último capítulo del libro, dedicado a «El trasfondo humano de la Guerra Civil», el autor, de manera similar a otros autores que hemos visto, subrayaba la incompatibilidad entre el individualismo español y las ideas socialistas y comunistas. Asimismo, la adecuación del carácter revolucionario y modernizador de la Falange, compatible con la religiosidad tradicional, a los retos de futuro de España, vinculados al acrecentamiento de la igualdad social y el sentido del bien común. Beinhauer insiste en que la nueva España Nacional no debía apoyarse solo en la derecha tradicional, puesto que solo el programa modernizador del falangismo podía superar las carencias del país. Es significativo que este último apartado se suprimiera en la versión en lengua española del libro publicada en 1944, lo que se entiende teniendo en cuenta que entonces hacía ya tiempo que Franco había «puesto en su lugar» a los sectores más radicales de la Falange, lo que lo convertía en desaconsejable 38.
Al año siguiente de la publicación de la versión alemana del libro que acabamos de comentar, Beinhauer editó un compendió de textos representativos de los grupos ideológicos de la España franquista 39. Entre los autores compendiados se encontraba el escritor regeneracionista e ideólogo neotradicionalista Ramiro de Maeztu, difusor del concepto de hispanidad —del que nos ocuparemos más adelante—, y, asimismo, el dictador Francisco Franco, de quien reproduce un discurso sobre su programa para la «Nueva España». La obra se cierra con la copia del programa de Falange. Aunque los textos están reproducidos en la lengua original española, están dirigidos al público alemán, como lo indica el anexo con notas aclaratorias del vocabulario español. El libro constituye el segundo volumen de una «colección española» de la editorial alemana Schöningh, que ya había publicado la versión alemana del libro de Beinhauer sobre el carácter español. Del resto de la colección solo conocemos el anterior primer número, que se ocupa, precisamente, del tema de la hispanidad 40.
En cuanto a Beinhauer, parece que en 1939 fue interrogado por la Gestapo por unas declaraciones contrarias al nacionalsocialismo y expulsado de la Universidad 41. Sin embargo, si nos atenemos a la fecha de la traducción española del libro sobre el carácter español, siguió apoyando sin vacilaciones la causa franquista. Durante la Segunda Guerra Mundial fue capitán del ejército alemán y fue hecho prisionero por la Unión Soviética, donde permaneció cautivo nueve años. En 1966, el Gobierno español le otorgó la cruz al mérito civil.
También el historiador alemán especializado en temas hispánicos y latinoamericanos más reconocido de la etapa, Richard Konetzke, se interesó por el carácter nacional español. Aunque tradicionalmente se ha descrito su obra como un ejemplo de distanciamiento consciente respecto a la publicística propagandista, análisis más recientes han cuestionado su imagen de neutralidad y objetividad científica 42. En 1939 publicó un volumen sobre la historia de los pueblos español y portugués 43 donde, focalizando la historia de España en función de su proceso de formación como Estado nacional orgánico, incorporó un lenguaje premeditadamente sugestivo de planteamientos racistas 44. Esto ha permitido calificar su obra como «representativa de una historiografía considerablemente condicionada por el nacionalsocialismo en sus intereses, en sus estrategias argumentales y, sobre todo, en su lenguaje» 45.
Konetzke publicaría en 1943 su obra más famosa dedicada al Imperio español 46, donde se manifiesta una «relación casi simbólica entre el aparato conceptual y el lenguaje político del nacionalsocialismo» 47. Defiende el autor en esta la legitimidad de la idea imperial y la vigencia de una conciencia de misión europea basada en la supuesta superioridad civilizadora. En este marco, el autor sostiene la función europeizadora de España a lo largo de la historia, así como su contribución a la historia universal en su conjunto. Este libro sería traducido en 1946 al español 48, si bien con significativos matices en las expresiones empleadas, que en la nueva coyuntura huyen de la asociación con el nacionalsocialismo, asimilándose a los lugares comunes de la historiografía franquista 49.
Entre 1944 y 1952, Konetzke trabajó como investigador en España, entre otros, becado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, incorporándose más tarde a la Universidad de Colonia.
En enero de 1939, tres meses antes del fin de la Guerra Civil, España y Alemania firmaron un Convenio sobre la Colaboración Espiritual y Cultural 51, aunque nunca llegó a ser ratificado debido a la oposición del Vaticano y la jerarquía de la Iglesia católica española 52. Con todo, acabada la guerra, el régimen nacionalsocialista se encontraba en una posición favorable para ejercer influencia sobre la política, la cultura y la ciencia españolas gracias a su contribución a la victoria de Franco y al apoyo de las elites académicas germanófilas españolas.
El estallido de la Segunda Guerra Mundial incrementó el interés nacionalsocialista en vincular España a su causa 53, dado que la industria de guerra alemana se convirtió en dependiente de los suministros españoles 54. Derivado de ello, también se intensificaron los esfuerzos alemanes para el acercamiento cultural. En este escenario, la temática sobre el carácter de España y los españoles siguió estando presente en las obras de los intelectuales y académicos alemanes con prestigio en el ámbito de los estudios hispánicos. Sin embargo, en un considerable número de sus producciones adquirió un papel fundamental la difusión de las ideas de la hispanidad, propugnadas entonces por el imperialismo franquista y consideradas un instrumento propagandístico útil en el continente americano.
Como es sabido, la doctrina de la «raza de la hispanidad» tiene su origen en la conmemoración del descubrimiento de América el 12 de octubre de 1492 por Cristóbal Colón, quien estaba al servicio de los Reyes Católicos. El recuerdo de esta hazaña pretendía reforzar la imagen de España en América Latina enfatizando la unidad de los pueblos hispánicos. Sectores políticos conservadores promovieron en 1913 denominar a esta conmemoración «Fiesta de la Raza» o «Día de la Raza». Alrededor de esta festividad, un grupo de intelectuales institucionalizó un discurso que aspiraba a la recuperación de España como poder imperial. Vinculado a este discurso se encontraba el concepto de hispanismo, que afirmaba la existencia histórica de una cultura española genuina vinculada al catolicismo. Esta cultura había sido llevada por los españoles a América transformando a sus habitantes en miembros de la misma «raza». El hispanismo se oponía al concepto de «panamericanismo» de orientación anglosajona. En 1918, un decreto fijó el Día de la Raza como fiesta nacional de España. En el contexto de la Segunda República, el hispanismo, que pasó a denominarse hispanidad —término que ya hemos dicho fue difundido por Maeztu— 55, se convirtió en elemento fundamental de la ideología conservadora.
Los fascistas españoles adoptaron con matices el discurso de la hispanidad. Por encima de todo, exacerbaron la glorificación del elemento imperial que, junto al de la «revolución» que había de restaurarlo, consideraban la precondición para el resurgimiento de la patria 56. Su comprensión de la hispanidad tenía también una dimensión europea. Con la hispanidad expresaban la «misión» de España de afirmar su «imperio cultural católico» también en Europa. Dado que España ya había probado a lo largo de la historia que podía ser un imperio, debía volver a serlo, como lo eran el Imperio alemán y la Italia fascista.
Durante los primeros años de gobierno de Franco, el discurso de la hispanidad fue empleado como instrumento para reforzar su posición tanto dentro del país como a nivel internacional 57. En el interior del país, las políticas de promoción de la hispanidad servían para legitimar la dictadura conectándola a la «España imperial y eterna», de la que el régimen se declaraba continuador de su «misión universal» 58. Fuera del país, en particular a partir del inicio de la Segunda Guerra Mundial, la hispanidad pretendía incrementar el valor de la contribución española al nuevo orden europeo.
En Alemania, la Fiesta o Día de la Raza empezó a celebrarse con regularidad en la etapa de entreguerras. A partir de la fundación del IAI, fue esta la institución encargada de organizar los actos conmemorativos en la capital alemana 59. Al crearse este instituto, resulta significativo que sus promotores escogieran el nombre de «Ibero-Americano» en lugar de «Latinoamericano», porque esta última denominación era la que propagaba Francia de acuerdo con sus intereses en América. En cambio, el IAI estaba interesado en institucionalizar una perspectiva que considerara la historia y cultura de la América Latina como una colonización civilizadora por parte de los países ibéricos, frenando así la influencia de Estados Unidos en el subcontinente americano.
Tras la llegada al poder de los nacionalsocialistas y la posterior Guerra Civil Española, la celebración de la Fiesta de la Raza por parte del IAI se propuso demostrar las especiales relaciones de la Alemania nazi con la España franquista 60. La hispanidad encajaba bien con las ambiciones alemanas de prevenir una alianza continental bajo liderazgo norteamericano. Así, en el verano de 1939, el AA propuso a las misiones del sur y centroamérica utilizar el nuevo imperialismo político-cultural español en beneficio de Alemania intensificando las relaciones culturales con España para influenciar propagandísticamente el continente americano 61. En una línea parecida, la DSG manifestó en su informe de 1939-1940 que: «No hay duda de que la amistad entre Alemania y España desde el punto de vista cultural significa para nosotros un puente importante hacia Ibero-América. Alemania y España tienen el mismo interés en frenar la influencia allí de ingleses y franceses y, sobre todo, norteamericanos» 62.
La retórica de la Fiesta de la Raza siguió en el Reich las mismas pautas que en la España franquista, reproduciendo la simbología que la representaba como madre de las hijas latinoamericanas 63. En el marco de esta simbología, el IAI se situaba a sí mismo como «hermano» de España y con ello, a la vez, «tío» de Ibero-América. De esta política se aprovechaba también España, dado que le facilitaba presentarse como compañera de la poderosa Alemania. Con ello, la celebración de la Fiesta de la Raza simbolizaba también el consenso intercontinental fascista. De todos modos, en 1942, tras la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial contra Alemania y el subsiguiente rompimiento de las relaciones diplomáticas con el Reich por parte de la mayoría de los países de América Latina, el AA abolió la Fiesta de la Raza.
La difusión en Alemania de las ideas de la hispanidad fue apoyada por diversos intelectuales y académicos germanos prestigiosos. Entre estos se encuentra el romanista e hispanista, catedrático de la Universidad de Greifswald, Helmut Petriconi, el director de la tesis de Schramm. Petriconi era miembro de la junta directiva de la DSG, así como del consejo de dirección de Ensayos y Estudios, revista en lengua española editada desde enero de 1939 por el IAI. En 1941 publicó un texto sobre la imagen de España en la conciencia alemana 64, resultado de una conferencia que había pronunciado a propósito de la inauguración en Barcelona de la Exposición del Libro Alemán 65. Petriconi situaba el momento decisivo del avance de las relaciones culturales hispano-germanas en la coronación de Carlos V a la vez como emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico y como rey de España. También destacaba que en la obra literaria alemana más famosa del siglo xvii, Der abenteuerliche Simplicissimus, de Grimmelshausen, se entendía por España al conjunto del Imperio hispánico, al cual no se hacía crítica alguna, de lo que deducía la falsedad de la «leyenda negra». El autor vinculaba el alejamiento parcial y transitorio del siglo xviii entre ambos países al fin de la dinastía Habsburgo en España y el consiguiente incremento de la influencia francesa. Afirmaba que en el siglo xix se produjo una nueva etapa de entusiasmo alemán por la cultura española, aunque fundado en una imagen idealizada de la figura del rey Felipe II y la Contrarreforma. Explica el autor que, después de la Primera Guerra Mundial, se tradujeron al alemán las obras de autores como Unamuno y Baroja que, con su redescubrimiento de Castilla, acercaron a los alemanes a una imagen más realista del país. En cambio, se lamenta Petriconi de que se siguiera olvidando la filiación esencial entre España y la América hispana. Termina el autor calificando el golpe de Estado franquista como el momento del resurgimiento de una España consciente de su misión imperial.
También el hispanista Hermann Hüffer, que fue consejero de cultura de la embajada alemana en Madrid, afirmó en un artículo en una revista portavoz de la Academia Alemana (Deutsche Akademie) —precedente del actual Goethe-Institut— que la época de Carlos V había representado el momento culminante del avance de las relaciones entre Alemania y España 66. Asimismo, en dicho artículo asociaba la entrada de España en la decadencia al fin de la dinastía Habsburgo y el consiguiente alejamiento de Alemania. El autor señala que las relaciones mutuas volverían a emprender el vuelo en la última década del siglo xviii, como lo ilustraba la obra de los hermanos Humboldt. Se refiere también a la idealización del Siglo de Oro español por parte de los románticos alemanes. De la misma manera, subraya la influencia adquirida en la España del siglo xix por la escuela del «krausismo», seguidora de la obra del filósofo alemán Krause. A continuación, destaca Hüffer el intenso intercambio científico y cultural que se produjo al término de la Primera Guerra Mundial. Según el autor, la proclamación de la Segunda República repercutió en un retroceso de las relaciones mutuas, aún más intenso tras la llegada al poder del nacionalsocialismo. Sin embargo, las relaciones entre ambos países volverían a mejorar gracias al levantamiento nacional del general Franco y su triunfo. Lo ilustra con la inauguración en 1941 del Deutsches Kulturinstitut en Madrid, así como la creación el mismo año en la misma capital española y por españoles —aunque con apoyo económico del RMVP— de la Asociación Hispano-Germana. También subraya Hüffer las visitas a Alemania de destacados intelectuales falangistas por mediación de la DSG. El artículo fue publicado ya acabada hacía tiempo la Segunda Guerra Mundial en la Revista de Estudios Políticos, publicación oficial del Instituto de Estudios Políticos.
De la misma manera, durante la Segunda Guerra Mundial el reconocido hispanista profesor de la Universidad de Hamburgo Rudolf Grossmann puso el acento en la nueva misión europea de la España franquista. Grossmann era director del IAI-H desde 1936 y uno de los dos autores del diccionario de las lenguas española y alemana Slaby/Grossmann (1932-1937). En 1941 publicó un artículo en la revista órgano del IAI-H donde predecía el resurgimiento de España como una gran potencia 67. Afirma allí el autor que a lo largo de la historia la responsabilidad de España ante Europa había consistido en defenderla de la penetración extranjera. La fecha clave sería 1492, cuando España culminó la Reconquista venciendo definitivamente al Islam y expulsando a los judíos. Según Grossmann, tuvo lugar en la misma fecha un tercer hito histórico fundamental, el descubrimiento de América, que extendió el cristianismo occidental a Ultramar. El autor compara el significado histórico de estos logros con los de la Alemania nacionalsocialista. Considera que estas consecuciones se encuentran en la base del espíritu del pueblo español hasta el presente.
Sin embargo, la etapa contemporánea había comportado la introducción de dos elementos debilitadores del espíritu español: el enfrentamiento entre pensamiento liberal y tradición eclesiástica, y las luchas particularistas entre sus regiones interiores. La pérdida de las últimas colonias en 1898 significó la degradación de España a un país de segunda clase, provocando un hundimiento espiritual de la nación. Los primeros en reaccionar fueron los intelectuales, que originaron un movimiento de renovación, aunque sin intervenir políticamente. En consecuencia, señala Grossmann, el país cayó en un desorden político que culminó con la caída de la monarquía y la llegada de la Segunda República. El autor califica el régimen republicano como «el último capítulo oscuro del drama español», cuando quedaron disueltos todos los vestigios del orden estatal. En su opinión, ahora «había llegado el momento en que España había de cumplir de nuevo con su misión europea, la de ser puerta de vigilancia contra los enemigos de occidente». Grossmann señala como agente de esta tarea histórica al general Franco, que podía apoyarse en la Falange, partido que llevaría a la práctica política las ideas de los reformistas de la Generación del 98. Al parecer del autor, con su mirada al fascismo y al nacionalsocialismo, la Falange se vinculaba a la Europa más nueva y creativa. Además, con la renovación de los sectores tradicionalistas, Franco había posibilitado un movimiento político unitario en favor de las nuevas ideas, lo que permitía compararlo con el Duce italiano y el Führer alemán. Culminaba el autor reafirmándose en que el nuevo Estado español unitario pondría las bases para que el país se convirtiera de nuevo en una gran potencia.
En publicaciones posteriores, Grossmann trataría también la cuestión de la esencia de la cultura y el carácter de los españoles. Lo haría, primero, desde la misma revista órgano del IAI-H 68 y, más tarde, en un librito editado por la filial de la DSG en Leipzig resultado de una conferencia impartida allí a inicios de 1943 69. Sus planteamientos siguen muy de cerca a los anteriormente comentados de Beinhauer. Determina como principal elemento de unidad de la cultura española a la «humanidad», de la cual se derivarían el orgullo y la humildad del español. Estos rasgos estarían fundamentados en la religiosidad cristiana. Según Grossmann, la humanidad española estaba en contradicción con las luchas sociales y de clase de la época capitalista. Por tanto, necesariamente la España roja solo podía limitarse a ser un episodio de la historia española. Según el autor, la humanidad española, fundamentada no en la razón, sino en los sentimientos, se manifestaba en el carácter individualista e indisciplinado del español y su falta de sentido de comunidad, a diferencia del alemán. También en la falta de aprecio al trabajo, que constituía, en cambio, un valor ético para los alemanes.
Al parecer de Grossmann, el español estaba dominado por los sentimientos, lo que condicionaba su impulsividad, apasionamiento y tendencia al extremismo. Se entendía así que la sociedad española fuera una sociedad polarizada, donde convivían alta cultura y analfabetismo, riqueza y pobreza, e inexistencia de clase media. En opinión del autor, esta tragedia de la cultura española solo podía superarla el régimen franquista gracias a su aproximación a la ética del nacionalsocialismo y el fascismo. Observaba, en concordancia con otros de los autores comentados, que, a pesar de la falta de sentido de comunidad del español, había un elemento vinculador que mantenía la relación del individuo con el Estado, la religiosidad, histórico motor de la Reconquista y el Imperio. El régimen franquista significaba el tercer gran momento glorioso de la historia española, dado que estaba guiado por un sentimiento unitario de religiosidad que la Segunda República había amenazado.
Las visiones sobre el carácter español de los hispanistas alemanes de la etapa del nacionalsocialismo son poco originales con respecto a las realizadas en las décadas precedentes tanto en la misma Alemania como en otros lugares de Europa. Esta constatación resulta contradictoria con el hecho de que los autores analizados remarcaran repetidamente que querían aportar una visión alternativa a las difundidas hasta entonces. Se referían con ello tanto a las imágenes orientalizantes e idealizadoras de la etapa del Romanticismo como a las que desde el «Desastre de 1898» se habían centrado en explicar la decadencia española. Sobre todo estas últimas, en particular las francesas, actuaban entonces de patrón europeo sobre cómo eran los españoles.
Es cierto que varios de los intelectuales considerados denuncian como erróneos algunos paradigmas románticos sobre el español influyentes en la época, como la ardiente «Carmen». Sin embargo, en términos generales, sus obras reproducen las características básicas atribuidas entonces en Europa al español: la decadencia material, las grandes diferencias sociales y regionales, la mentalidad desfasada, la holgazanería y la indolencia, el individualismo y la indisciplina, la ignorancia, la superficialidad y el esteticismo, el fatalismo y fanatismo religioso, la corrupción política y la falta de una moderna conciencia social y nacional. En la balanza positiva quedan, apenas, la «humanidad» y la «genialidad», virtudes que en la consideración de las coetáneas sociedades europeas avanzadas se situaban muy en segundo plano frente a las «burguesas» vinculadas al mérito y a los logros.
Ahora bien, también es evidente que los autores consultados pretenden que se haga de estas características españolas una apreciación mucho menos negativa y determinista de lo habitual. Como resultado, el tono de sus análisis se caracterizará por una condescendencia exagerada, que a veces incluso resulta artificiosa. Las muestras de revalorización en clave positiva de las peculiaridades españolas frente a la pauta europea y la alemana por parte de los intelectuales considerados son múltiples. Si bien aceptan la existencia de disparidades económicas, sociales y materiales entre los habitantes y regiones de España, coinciden en que no debe deducirse de este hecho la inexistencia de una sustancia común entre los españoles, cuyo componente esencial encuentran en la religión católica. Su referente en este punto eran las propuestas más derechistas del regeneracionismo, que también los fascistas de la Falange utilizaban como patrón en la elaboración de su discurso nacionalista.
Además, los textos examinados incorporan algunos aspectos que, por lógica cronológica, sí son nuevos frente a análisis previos. Se trata de las consideraciones sobre el advenimiento de la Segunda República española, la legitimación del golpe de Estado de Franco y la subsiguiente Guerra Civil, así como la determinación del carácter del franquismo.
En relación con la llegada de la República, en la gran mayoría de los casos no se cae en un juicio simplista que la interprete solo como un complot bolchevique, sino que las razones fundamentales se hacen recaer en las negligencias históricas de los anteriores regímenes españoles. En este punto, las dos instituciones clave objeto de crítica son la Iglesia y la monarquía, cuyos motivos de reprobación pueden sintetizarse en un elemento: la falta de sensibilidad y de voluntad y capacidad de modernización social.
Por lo que hace a la crítica a la monarquía, la cuestión social es la fundamental, aunque muy a menudo se sazone con explicaciones historizantes groseras y con connotaciones racistas, en el sentido de que a España le fue bien mientras su corona llevaba sangre germánica y mal a partir de la llegada de los borbones, cuando pasó a llevarla francesa.
En cuanto a la Iglesia española, importa poner de relieve que la valoración de los autores considerados sobre su papel en el desarrollo del país no es positiva, y en algunos casos es incluso muy crítica. Esto llama más la atención si se tiene en cuenta que una parte relevante de estos autores es de confesión católica. A pesar de ello, hay una coincidencia amplia en que la cultura y la vida españolas están marcadas por un clericalismo excesivo. Ahora bien, de ello no se deriva que deba eliminarse el cristianismo de la sociedad española. Se considera que la Iglesia española debe y puede reformarse gracias a Franco y el falangismo, pero España tiene que mantenerse cristiana, porque el cristianismo es el eje de la unidad esencial de los españoles. Aún más, lo es también de la entidad histórica de Europa.
Gran parte de los autores consultados reconoce al régimen republicano la voluntad de reforma social, aunque también constata su fracaso al implantarla. La causa se atribuye a la incompatibilidad de la Segunda República con la idiosincrasia española por su anticlericalismo, la influencia liberal-democrática francesa y la del socialismo bolchevique. En este contexto, la legitimación del golpe de Estado de Franco y la subsiguiente Guerra Civil se fundamentan en su carácter de levantamiento nacional frente al imparable desmoronamiento de la nación que comportaba el régimen republicano.
El régimen franquista se describe como el único que puede salvar nacionalmente a España, puesto que conjuga la necesaria voluntad reformadora con el mantenimiento de la esencia católica española. A ello debe sumarse su compatibilidad con el nuevo orden europeo. De todos modos, diversos autores advierten al nuevo régimen español que debe evitar caer en el conservadurismo del pasado y, en lugar de ello, dejarse guiar por las orientaciones fascistas modernizadoras de la Falange.
Del mismo modo, la revalorización se aplica en el caso de las visiones sobre el Imperio español y la hispanidad, muy enraizadas también en los pensamientos conservador y franquista españoles. A pesar de que el Imperio español se había hundido, los intelectuales analizados no hacen de su gestión por parte del país ibérico una lectura negativa —o, al menos, no solo negativa—. Al parecer de nuestros autores, la crueldad colonial española en América no habría sido mayor que la practicada por otros imperios coloniales. La ampliación de la hegemonía cristiana al continente americano lograda por el Imperio español se interpreta como un engrandecimiento de la unidad y hegemonía europeas. Transportada al presente, la misión imperial de España en América no pasaría por recuperar la posesión territorial, porque tampoco esta constituyó el elemento esencial de aquel Imperio, sino el dominio espiritual. La hispanidad, que el franquismo haría resurgir, se reinterpretaba como la ampliación del nuevo orden europeo a América frente a las amenazas anglosajona y bolchevique. Con esta equiparación se conseguía hacer de la hispanidad, a la vez que un instrumento de acercamiento al régimen de Franco, una idea en plena sintonía con los intereses geoestratégicos alemanes.
En el trasfondo de las obras publicadas en el marco de la Segunda Guerra Mundial ocupa un lugar preeminente la cuestión del encaje de España en el nuevo orden. En este aspecto, de nuevo los autores hacen una reconsideración de los argumentos tradicionales que enfatizaban la divergencia. Aun admitiendo los elementos diferenciales, consideran que España ha desempeñado en su histórica lucha por la unidad cristiana de Europa un papel clave en la defensa de la supremacía del continente. En esta lucha histórica, España fue en el pasado derrotada, pero iba a resurgir con Franco. Nuestros autores secularizan el combate por la universalización del cristianismo conmutándolo en el presente por la lucha por el nuevo orden político europeo encabezado por los Estados totalitarios, a los que España se ha integrado. La conclusión que derivan de ello es que España debía tener un papel clave en el nuevo orden europeo porque ya en el pasado había contribuido a salvar Europa y podía volver a hacerlo en el presente.
Las ventajas de esta conmutación encadenada de catolicismo por cristianismo y nuevo orden son múltiples y nuestros autores no muestran ningún escrúpulo en asumirla: en el caso de los hispanistas católicos, su adopción está de acuerdo con sus intereses confesionales; además, facilita elementos de encuentro con el nacionalcatolicismo franquista; también conecta con las visiones menos clericales del nacionalsocialismo y de los sectores radicales de la Falange; asimismo, coincide con la concepción nacionalsocialista de una Europa unida en el totalitarismo y el antibolchevismo, a la vez que complace los deseos franquistas de que se reserve a España un papel relevante en el nuevo orden europeo.
Sin duda, el discurso de las publicaciones consideradas encajaba a la perfección con los intereses imperialistas de la política exterior nazi relativos a España: en síntesis, la integración en el nuevo orden totalitario y el reforzamiento de sus vínculos con América Latina. En las relaciones con España, los nacionalsocialistas se mostraron conscientes del valor de la diplomacia cultural para conseguir sus objetivos. Las técnicas de difusión e institucionalización cultural que utilizaron eran modernas y, si consideramos el fomento de la cultura española en Alemania, podemos decir que incluso sofisticadas. La promoción en el país germano del hispanismo pudo sustentarse en continuidades personales en las relaciones culturales mutuas desde el periodo de entreguerras tanto en España como en Alemania. El desarrollo de la diplomacia cultural alemana con respecto a España permitió el surgimiento de instituciones que se convirtieron en referentes para el establecimiento de redes intelectuales y académicas. El concepto de cultura de la diplomacia cultural nazi se caracterizó por una radical parcialidad ideológica acorde con sus finalidades imperialistas. No obstante, al menos en el caso que hemos tratado aquí, no puede calificarse de popular o vulgar ni de indiferente a criterios de calidad. Siempre bajo la premisa del acuerdo ideológico, las autoridades procuraron atraerse a los intelectuales y académicos más relevantes del momento.
* Este artículo se ha realizado en el marco del proyecto «Ciencia, cultura y nación en España: del desastre de 1898 al fin de la dictadura franquista» (FFI-HAR2016-7559-P (AEI/FEDER, UE). Agradezco a los evaluadores de la revista Ayer sus muy útiles y constructivos comentarios.
1 Empleamos aquí el concepto de intelectual según la acepción de la época como minoría culta con ambición de influencia político-social. Véase Christophe Prochason: «Sobre el concepto de intelectual», Historia Contemporánea, 27 (2003), pp. 799-811.
2 A saber, imágenes reducidas basadas sobre todo en elementos de la cultura popular. Véase Hans Manfred Bock: «Nation als vorgegebene oder vorgestellte Wircklichkeit? Anmerkungen zur Analyse fremdnationaler Identitätszuschreibung», en Ruth Florack: Nation als Stereotyp: Fremdwahrnemungen und Identität in deutscher und französischer Literatur, Tubinga, De Gruyter, 2000, pp. 11-36.
3 Rafael Núñez Florencio: Sol y sangre. La imagen de España en el mundo, Madrid, Espasa Calpe, 2001.
4 Sebastian Balfour: «El hispanismo británico y la historiografía contemporánea en España», Ayer, 31 (1998), pp. 163-181; Enrique Moradiellos: «Más allá de la leyenda negra y del mito romántico: el concepto de España en el hispanismo británico contemporaneista», Ayer, 31 (1998), pp. 183-199, y Antonio Niño Rodríguez: Cultura y diplomacia: los hispanistas franceses y España de 1875 a 1931, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1988.
5 Esta la entendemos aquí en sentido amplio como las actuaciones en los diversos ámbitos de la cultura que son apoyadas por el Estado en tanto que las reconoce como representativas de la nación y sus valores políticos en el extranjero. Véanse Jessica C. E. Gienow-Hecht: «What Are We Searching For? Culture, Diplomacy, Agents and the State», en Jessica C. E. Gienow-Hecht y Mark C. Donfried (eds.): Searching for a Cultural Diplomacy, Nueva York-Oxford, Berhahn Books, 2010, pp. 3-12.
6 El poder blando aspira a conseguir influencia no por medio de los mecanismos tradicionales de la fuerza y la coerción, sino empleando la atracción y persuasión mediante elementos culturales de consenso, la admiración de los valores y/o de los resultados, convirtiéndose en referente. Véase Jessica C. E. Gienow-Hecht y Mark C. Donfried: «The Model of Cultural Diplomacy. Power, Distance, and the Promise of Civil Society», en Jessica C. E. Gienow-Hecht y Mark C. Donfried (eds.): Searching for a Cultural Diplomacy, Nueva York-Oxford, Berghahn Books, 2010, pp. 13-29, esp. p. 21.
7 Martin G. Benjamin: The Nazi-Fascist New Order for European Culture, Cambridge, Harvard University Press, 2016, p. 9.
8 Laura Baca Olamendi: Bobbio. Los intelectuales y el poder, México, Océano, 1998, pp. 23 y ss.
9 Thomas Bräutigam: Hispanistik im Dritten Reich. Eine wissenschaftliche Studie, Fráncfort del Meno, Vervuert, 1997, pp. 15-70; Dietrich Briesemeister: «El auge del hispanismo alemán (1918-1933)», en Jaime de Salas y Dietrich Briesemeister (eds.): Las influencias de las culturas académicas alemana y española desde 1898 hasta 1936, Fráncfort del Meno, Iberoamericana, 2000, pp. 267-286, y Hans Jurestschke: «Das Spanienbild der deutschen Hispanistik», en Miguel Ángel Vega Cernuda (ed.): España y Europa: estudios de crítica cultural. Obras completas de Hans Juretschke, vol. III, Madrid, Editorial Complutense, 2001, pp. 1129-1136.
10 Véanse Ernst Robert Curtius: «Spanische Kulturprobleme der Gegenwart», Hochland, 13 (1926), pp. 678-691, y Karl Vossler: «Die Bedeutung der Spanischen Kultur für Europa», Deutsche Vierteljahresschrift für Literaturwissenschaft und Geistesgeschichte, 1 (1930), pp. 33-60. Sobre Rühl véase Marició Janué i Miret: «Subdesarrollo y ética económica. La mirada de un científico social alemán a la España de entreguerras», Arbor, 726 (2007), pp. 523-536.
11 Véanse Jesús de la Hera Martínez: La política cultural de Alemania en España en el periodo de entreguerras, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2002; Marició Janué i Miret: «Autorrepresentación nacional y conflicto sociopolítico: Alemania en la Exposición Internacional de Barcelona de 1929», Spagna Contemporanea, 31 (2007), pp. 113-136; íd.: «Im Spiegel der deutschen Wissenschaft und Kultur: Stipendiaten der Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE) in Deutschland/La ciencia y la cultura alemanas como espejo: pensionados de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE) en Alemania», en Sandra Rebok (ed.): Traspasar fronteras. Un siglo de intercambio científico/Über Grenzen Hinaus. Ein Jahrhundert Deutsch-Spanische Wissenschaftsbeziehungen, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2010, pp. 169-191, y Ernst W. Pöppinghaus: Moralische Eroberungen? Kultur und Politik in den deutsch-spanischen Beziehungen der Jahre 1919 bis 1933, Fráncfort del Meno, Vervuert, 1999.
12 Sobre este concepto véase Oliver Gliech: «Lateinamerikanische “Multiplikatoren” im Visier. Kulturpolitische Konzeptionen für das Ibero-Amerikanische Institut zum Zeitpunkt seiner Gründung», en Reinhard Liehr, Günther Maihold y Günter Vollmer (eds.): Ein Institut und sein General. Wilhelm Faupel und das Ibero-Amerikanische Institut in der Zeit der Nationalsozialismus, Fráncfort del Meno, Vervuert, 2003, pp. 17-66.
13 Jesús de la Hera Martínez: La política cultural de Alemania..., pp. 124-125.
14 Ibid., pp. 48-56, y Thomas Bräutigam: Hispanistik im Dritten Reich..., pp. 109-111.
15 Reinhard Liehr, Günther Maihold y Günter Vollmer (eds.): Ein Institut und sein General. Wilhelm Faupel und das Ibero-Amerikanische Institut in der Zeit der Nationalsozialismus, Fráncfort del Meno, Vervuert, 2003.
16 Marició Janué i Miret: «La cultura como instrumento de la influencia alemana en España: la Sociedad Germano-Española de Berlín (1930-1945)», Ayer, 69 (2008), pp. 21-45, e íd.: «Imperialismus durch auswärtige Kulturpolitik: die Deutsch-Spanische Gesellschaft als “zwischenstaatlicher Verband” unter dem Nationalsozialismus», German Studies Review, 31, 1 (2008), pp. 109-132.
17 Oliver Gliech: «Wilhelm Faupel. Generalstabsoffizier, Militärberater, Präsident des Ibero-Amerikanischen Instituts», en Reinhard Liehr, Günther Maihold y Günter Vollmer (eds.): Ein Institut und sein General. Wilhelm Faupel und das Ibero-Amerikanische Institut in der Zeit der Nationalsozialismus, Fráncfort del Meno, Vervuert, 2003, pp. 131-279.
18 Jesús de la Hera Martínez: La política cultural de Alemania..., pp. 212 y 302-303.
19 Herbert von Beckerath: Spanien seit der Revolution, Leipzig-Berlín, Teubner, 1933.
20 Herbert von Beckerath: «España y Alemania», en Wilhelm Faupel et al.: Ibero-América y Alemania. Obra colectiva sobre las relaciones amistosas, desarme e igualdad de derechos, Berlín, Carl Heymanns, 1933, pp. 148-152.
21 Herbert von Beckerath: «Spanien und Deutschland», Zeitschrift für Politik, 4 (1934), pp. 217-221.
22 Herbert von Beckerath: In Defense of the West: A Political and Economic Study, Durham, Duke University, 1942.
23 Alfons Adams: «Aspectos culturales de la República española», en Wilhelm Faupel et al.: Ibero-América y Alemania. Obra colectiva sobre las relaciones amistosas, desarme e igualdad de derechos, Berlín, Carl Heymanns, 1933, pp. 141-147.
24 Jesús de la Hera Martínez: La política cultural de Alemania..., esp. pp. 87-90, 195-208 y 271-300.
25 Alfons Adams: «Zur Erkenntnis Spaniens», Hochschule und Ausland, 12 (1934), pp. 20-29.
26 Marició Janué i Miret: «Relaciones culturales en el “nuevo orden”: la Alemania nazi y la España de Franco», Hispania, 75, 251 (2015), pp. 805-832, e íd.: «The Role of Culture in German-Spanish Relations During Nationalsocialism», en Fernando Clara y Cláudia Ninhos (eds.): Nazi Germany and Southern Europe, 1933-1945. Science, Culture and Politics, Nueva York, Palgrave Macmillan, 2015, pp. 84-104.
27 Walter L. Bernecker: «Alemania y España en la época del nacionalsocialismo», en Miguel Ángel Vega Cernuda y Henning Wegener (eds.): España y Alemania. Percepciones mutuas de cinco siglos de historia, Madrid, Editorial Complutense, 2002, pp. 155-181, esp. pp. 161-165, y Jesús de la Hera Martínez: La política cultural de Alemania..., pp. 343-357.
28 Marició Janué i Millet: «La cultura como instrumento...», e íd.: «Imperialismus durch auswärtige Kulturpolitik...».
29 Jesús de la Hera Martínez: La política cultural de Alemania..., esp. pp. XIII, 21, 53, 61, 63, 87, 89, 130, 355, 435, 469 y 483.
30 Junto a los ya mencionados Vossler, Petriconi, Schramm y Grossman —también trataremos de él en las páginas que siguen— se encuentra entre los diez «auténticos hispanistas» alemanes de la etapa, Thomas Bräutigam: Hispanistik im Dritten Reich..., p. 103.
31 Edmund Schramm: Donoso Cortés. Leben und Werk eines spanischen Antiliberalen, Hamburgo, Ibero-Amerikanisches Institut, 1935.
32 Edmund Schramm: «Die geistigen und politischen Voraussetzungen des spanischen Bürgerkrieges», Zeitschrift für Politik, 27 (1937), pp. 41-59.
33 Edmund Schramm: «Nationale Kulturprobleme in der neueren spanischen Literatur», Germanisch-Romanische Monatschrift, 21 (1933), pp. 111-125.
34 Edmund Schramm: Frankreichs Einmischung im spanischen Bürgerkrieg, Berlín, Deutsche Informationsstelle, 1940.
35 Gideon Botsch: «Politische Wissenschaft» im Zweiten Weltkrieg. Die «Deutschen Auslandswissenschaften» im Einsatz, 1940-1945, Paderborn-Múnich-Viena-Zúrich, Ferdinand Schöningh, 2006, p. 263, y Eckardt Michels: Das deutsche Institut in Paris, 1940-1944. Ein Beitrag zu den deutsch-französischen Kulturbeziehungen und zur auswärtigen Kulturpolitik des Dritten Reiches, Stuttgart, Franz Steiner, 1993, pp. 37.
36 Werner Beinhauer: Der spanische Nationalcharakter, Paderborn, Ferdinand Schöningh, 1937.
37 Deutsche Bergwerkzeitung, 17 y 24 de noviembre, y 10, 20 y 25 de diciembre de 1936, y 5 de enero de 1937.
38 Werner Beinhauer: El carácter español, Madrid, Ediciones Nueva Época, 1944.
39 Werner Beinhauer (ed.): La Nueva España, Paderborn-Viena-Zúrich, Ferdinand Schöningh-Raimund Fürlinger-B. Götschmann, 1938.
40 Friedrich Schlupp: La epopeya española en las Américas, Paderborn-Viena-Zúrich, Ferdinand Schöningh-Raimund Fürlinger-B. Götschmann, 1938.
41 Ursula Doetsch: «Necrología. In memoriam Werner Beinhauer (1896-1983)», Revista de Filología Española, 64, 1-2 (1984), pp. 161-164.
42 Thomas Bräutigam: Hispanistik im Dritten Reich..., pp. 106 y 229-245. Seguimos, sobre todo, a Antonio Sáez Arance: «Entre la “Volksgeschichte” alemana y la historiografía nacionalista del franquismo: una relectura de las primeras publicaciones de Richard Konetzke sobre España (1929-1946)», Ayer, 69 (2008), pp. 73-99.
43 Richard Konetzke: Geschichte des spanischen und portugiesischen Volkes, Leipzig, Bibliographisches Institut, 1939.
44 Antonio Sáez Arance: «Entre la “Volksgeschichte” alemana...», pp. 84-85, quien cita a Thomas Bräutigam: Hispanistik im Dritten Reich..., pp. 235 y ss.
45 Antonio Sáez Arance: «Entre la “Volksgeschichte” alemana...», pp. 90-92.
46 Richard Konetzke: Das Spanische Weltreich: Grundlagen und Entstehung, Múnich, Georg D. W. Callwey, 1943.
47 Antonio Sáez Arance: «Entre la “Volksgeschichte” alemana...», pp. 92-93.
48 Richard Konetzke: El Imperio español. Orígenes y fundamentos, Madrid, Ediciones Nueva Época, 1946.
49 Antonio Sáez Arance: «Entre la “Volksgeschichte” alemana...», pp. 94-96.
50 Se refiere a la denominación otorgada por la Alemania nacionalsocialista a su proyecto de establecer una nueva organización de Europa bajo su dominio. Véase Martin G. Benjamin: The Nazi-Fascist New Order..., p. 1.
51 Jesús de la Hera Martínez: La política cultural de Alemania..., pp. 404-431.
52 Antonio Marquina Barrio: «La Iglesia española y los planes culturales alemanes para España», Razón y Fe, 975 (1979), pp. 354-370.
53 Sobre las relaciones durante la guerra véanse Stanley G. Payne: Franco y Hitler. España, Alemania, la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, Madrid, La Esfera, 2008; Manuel Ros Agudo: La guerra secreta de Franco (1935-1945), Barcelona, Crítica, 2002, y Klaus-Jörg Rühl: Franco, Falange y «Tercer Reich». España en la Segunda Guerra Mundial, Madrid, Akal, 1986.
54 Sobre las relaciones económicas véanse Rafael García Pérez: Franquismo y Tercer Reich, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1994, y Christian Leitz: Economic Relations between Nazi Germany and Franco’s Spain, 1936-1945, Oxford, Oxford University Press, 1996.
55 Ramiro de Maeztu: Defensa de la hispanidad, Madrid, Cultura Española, 1934.
56 Lorenzo Delgado López-Escalonilla: Imperio de papel. Acción cultural y política exterior durante el primer franquismo, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1992, pp. 121-129, 251-258, 268-274 y 283-284; Bailey W. Diffie: «The Ideology of Hispanidad», The Hispanic American Historical Review, 23, 3 (1943), pp. 457-482; Marcela García Sebastiani y David Marcilhacy: «América y la fiesta del 12 de octubre», en Javier Moreno Luzón y Xosé M. Núñez Seixas (eds.): Ser españoles. Imaginarios nacionalistas en el siglo xx, Barcelona, RBA, 2013, pp. 364-398, esp. 381-387; Eduardo González Calleja y Fredes Limón Nevado: La hispanidad como instrumento de combate. Raza e imperio en la prensa franquista durante la Guerra Civil Española, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1988, pp. 26-30 y 57-70, e Ismael Saz Campos: España contra España. Los nacionalismos franquistas, Madrid, Marcial Pons, 2003, pp. 184-185 y 279-280.
57 William B. Bristol: «Hispanidad in South America», Foreign Affairs, 21 (1942-1943), pp. 312-321; Lorenzo Delgado López-Escalonilla: Diplomacia franquista y política cultural hacia Iberoamérica, 1939-1953, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1988, pp. 8-9, y Eduardo González Calleja y Fredes Limón Nevado: La hispanidad como instrumento de combate..., pp. 74-80.
58 Mercedes Barbeito Díez: «El Consejo de la Hispanidad», Espacio, Tiempo y Forma. Serie V, Historia Contemporánea, 2 (1989), pp. 113-137, y Eduardo González Calleja y Fredes Limón Nevado: La hispanidad como instrumento de combate..., pp. 88-89.
59 Seguimos a Dawid Danilo Bartelt: «Rassismus als politische Inszenierung. Das Ibero-Amerikanische Institut und der Día de la Raza», en Reinhard Liehr, Günther Maihold y Günter Vollmer (eds.): Ein Institut und sein General. Wilhelm Faupel und das Ibero-Amerikanische Institut in der Zeit der Nationalsozialismus, Fráncfort del Meno, Vervuert, 2003, pp. 67-129.
60 Ibid.
61 Geheimes Staatsarchiv Preußischer Kulturbesitz IHA, Rep. 218, 216, 13 de julio de 1939.
62 Ibero-Amerikanisches Institut, F 00/10, 929 (las traducciones de citas son todas mías).
63 Dawid Danilo Bartelt: «Rassismus als politische Inszenierung...».
64 Hellmuth Petriconi: «Das Spanienbild im deutschen Bewusstsein», Geist der Zeit. Wesen und Gestalt der Völker. Organ des deutschen Akademischen Austauschdienstes, 19, 2 (1941), pp. 65-75.
65 La Vanguardia, 12 de febrero de 1941.
66 Hermann Hüffer: Deutsch-spanische Kulturbeziehungen in alter und neuer Zeit, edición especial de la revista de la Deutsche Akademie, Deutsche Kultur im Leben der Völker, 1, 17 (1942), e íd.: «Las relaciones hispanogermanas durante mil doscientos años (un resumen)», Revista de Estudios Políticos, 56 (1951), pp. 43-75.
67 Rudolf Grossmann: «Spanien wird wieder Grossmacht», Ibero-Amerikanische Rundschau, 6 (1941), pp. 126-129.
68 Rudolf Grossmann: «Vom Wesen der spanischen Kultur», Ibero-Amerikanische Rundschau, 1 (1942), pp. 3-6.
69 Rudolf Grossmann: Der spanische Nationalcharakter. Vortrag gehalten in Leipzig am 10. Januar 1943, Leipzig, Schriften der Deutsch-Spanischen Gesellschaft Zweigstelle Leipzig 2, 1943.