Ayer Avance en línea
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2025
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/2229
© Xavier Casals Meseguer
© Josep Pich Mitjana
Recibido: 24-02-2024 Aceptado: 18-06-2024 Publicado on-line: 07-07-2025
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License
La unión fallida del españolismo barcelonés. La Liga Patriótica Española y la Unión Monárquica Nacional (1918-1919) *
Xavier Casals Meseguer
Universitat Ramon Llull
xaviercm@blanquerna.url.edu
Josep Pich Mitjana
Universitat Pompeu Fabra
josep.pich@upf.edu
Resumen: Este artículo analiza la creación simultánea de la Liga Patriótica Española (LPE) y la Unión Monárquica Nacional (UMN) en Barcelona entre fines de ١٩١٨ e inicios de ١٩١٩ y sus vínculos. La LPE fue un grupo nacionalista español apartidista violento y la UMN fue un partido de aristócratas partidarios de Alfonso XIII. Ambas organizaciones encarnaron la respuesta del españolismo más belicoso a la campaña que reclamaba autonomía para Cataluña. La UMN quiso controlar a la LPE para liderar el conjunto del españolismo y su proyecto fracasó, pero marcó el desarrollo posterior del españolismo barcelonés.
Palabras clave: Liga Patriótica Española, Unión Monárquica Nacional, Mancomunitat de Catalunya, extrema derecha, nacionalismo español.
Abstract: This article analyses the simultaneous creation of the Spanish Patriotic League (LPE) and the National Monarchist Union (UMN) in Barcelona between the end of 1918 and the beginning of 1919 and their links. The LPE was a non-partisan Spanish nationalist group and the UMN was a party of aristocratic supporters of Alfonso XIII. Both organisations embodied the response of the bellicose radical Spanish nationalism or «Spanishism» to the campaign demanding autonomy for Catalonia. In this framework, the UMN wanted to control the LPE in order to lead Spanish nationalism as a whole. Although this project failed, it marked the subsequent development of Spanish nationalism in Barcelona.
Keywords: Liga Patriótica Española, Unión Monárquica Nacional, Mancomunitat de Catalunya, far-right, Spanish nationalism.
Entre noviembre de 1918 y febrero de 1919 se desarrolló en Cataluña una campaña en favor de la autonomía que impulsó el grueso de sus fuerzas políticas: la Lliga Regionalista, el jaimismo y el republicanismo, tanto el catalanista como el liderado por Alejandro Lerroux. Este apoyo amplio al autonomismo hizo que la vida pública española se vertebrase en torno a las demandas de autonomía para Cataluña 1. Esta campaña se inició el 15 de noviembre al presentarse en el Ayuntamiento barcelonés el aval del 98 por 100 de los consistorios catalanes a la petición de autonomía aparentemente sin trabas, pues el día previo Alfonso XIII la avaló en privado a Cambó 2. Entonces el presidente de la Mancomunitat, Josep Puig i Cadafalch, creó una ponencia con los partidos que la apoyaban y el día 25 aprobó las Bases per l’Autonomia de Catalunya. Pero el Gobierno del liberal Manuel García Prieto se dividió ante la demanda de autonomía, cayó el 5 de diciembre y le sucedió otro del también liberal conde de Romanones. La situación se complicó con la desabrida acogida de la propuesta autonomista en el Congreso de los Diputados. En este marco, el día 12 la Lliga Regionalista, necesitada de mostrar su nacionalismo ante las filas catalanistas, dejó sus escaños para presionar a Romanones. Entonces este pactó con Cambó crear una comisión extraparlamentaria que redactase un estatuto para presentarlo a las Cortes en febrero. Pero los republicanos catalanistas (Francesc Macià, Marcel·lí Domingo) querían que lo hiciera la Mancomunitat y la Lliga asumió su propuesta. Por tanto, en enero de 1919 se fraguaron dos propuestas de autonomía: la que planteó Romanones y la surgida de la Mancomunitat que defendió la Lliga 3.
Este marco hizo de la autonomía catalana un elemento harto desestabilizador del sistema de la Restauración, que conocía ya un desgaste creciente. Y, sobre todo, acentuó el rol de Barcelona como «anticentro» español, que —siguiendo al historiador Enric Ucelay-Da Cal— reflejó la frustración de la capital catalana por ser la capital económica de España con el poder político de una capital de provincia. Ello tuvo consecuencias decisivas y muy relevantes para el tema de este trabajo:
«Esta frustración estructural transformó a Barcelona en el “anticentro” natural de toda la vida española, respecto al cual gravitaba toda forma de protesta y disgusto con el orden existente. Como consecuencia, se generó mucha renovación intelectual, análisis social y elucubración utópica, todo de una manera u otra centrado en la proposición de que Barcelona, en vez de Madrid, debía ser el foco del interés “nacional”. La amenaza subyacente era que, si la capital catalana resultaba suficientemente frustrada con la falsedad inherente a la estructura de España y no podía cambiarla, la ciudad y su región marcharían sencillamente por su cuenta» 4.
La magnitud que cobró la campaña autonomista pareció hacer realidad tal amenaza. Así, generó una reacción virulenta del nacionalismo español en todo el país que en Barcelona se plasmó especialmente en la eclosión simultánea de la Liga Patriótica Española (LPE) y la Unión Monárquica Nacional (UMN). La LPE fue un ente apartidista de acción. Surgió de la oficialidad castrense barcelonesa vinculada a las Juntas de Defensa y de las filas policiales. También sumó civiles descontentos con sus partidos (notablemente lerrouxistas, jaimistas y mauristas), funcionarios que recelaban de una administración catalana e hinchas del Real Club Deportivo Español. Los escasos trabajos sobre la LPE trazan su evolución desde su irrupción a fines de diciembre de 1918 hasta su clausura el 28 de enero de 1919 por orden del gobernador civil Carlos González Rothwoss, siendo desconocida su continuidad.
Pese a su carácter efímero, la LPE suscita interés por varias razones: importó a la península el nacionalismo español intransigente de Ultramar, a través de los militares repatriados después de 1898 que la integraron (de hecho, en 1896 ya surgió una primera LPE en Argentina que impulsó su colonia española en apoyo de España contra la insurrección separatista de Cuba); codificó el discurso antiseparatista de la ultraderecha española del siglo xx, y en Cataluña fijó el antagonismo aún vigente entre ultranacionalismo español y separatismo catalán, pues ambos movimientos políticos irrumpieron de forma simultánea. Por todo ello, ha sido considerada la expresión embrionaria de un primer fascismo español, anticipándose al mussolinismo, con elementos concomitantes con las ligas francesas de inicio de siglo 5. En cambio, la UMN constituyó un partido de patricios alfonsinos anticatalanistas, próximo al entonces capitán general Joaquim Milans del Bosch, apenas analizado 6. Su irrupción cortocircuitó en Cataluña a los dos partidos que eran los pilares del sistema de la Restauración (el Liberal y el Conservador) y articuló una constelación política de patricios españolistas «de orden» que gravitó en torno a la capitanía general barcelonesa, en estrecha simbiosis con ella, aunque con disonancias.
Así las cosas, la LPE y la UMN hasta ahora se han estudiado por separado por falta de nexos conocidos entre ambas, enigma que esclarecemos aquí empleando principalmente fondos de la Mancomunitat hallados en 2006 en el domicilio de su presidente Josep Puig i Cadafalch y hasta ahora inéditos. Estos constatan su actuación contra la LPE por la vía judicial y diplomática, infiltrando a un espía que brindó informes regulares sobre ella, sus lazos con la UMN y los militares. A partir de ellos sostenemos que la relevancia de la LPE y la UMN fue mucho mayor de la que se les ha atribuido hasta el momento por dos razones. Por una parte, porque la documentación muestra que la UMN intentó controlar a la LPE, conformar una suerte de milicia civil clandestina en su seno y unificar el españolismo barcelonés bajo su batuta. Esta maniobra habría marcado el inicio en Barcelona de lo que se ha calificado como «capitanía cubana», un artefacto político-militar que cristalizó en Cuba: la actuación de un capitán general como virrey de facto contra el «separatismo» cubano (sustituido ahora por el catalanismo) y la «revolución» de los esclavos (sustituida ahora por el sindicalismo) con el apoyo de las elites locales y una milicia civil. Este fenómeno, que cuajó con el enfrentamiento de Milans con los sindicalistas durante su paso por capitanía (1919-1920), se consolidó con Severiano Martínez Anido como gobernador civil de la urbe (1920-1922) y fue la piedra de toque de la dictadura de Miguel Primo de Rivera en 1923 7. Por otra parte, la documentación refleja cómo la creación y los apoyos recibidos desde Madrid por la UMN y su entorno apuntan un doble juego plausible de Romanones y del propio rey, impulsando un estatuto autonómico y fomentando la oposición españolista a este. Ello ilustra que, en gran medida, la partida final y decisiva del sistema de la Restauración empezó a jugarse en la Ciudad Condal en 1919.
La LPE irrumpió en diciembre de 1918. Entonces tomó forma el primer separatismo catalán liderado por Macià, nucleado en gran medida entre jóvenes de esta orientación del Centre Autonomista de Dependents del Comerç i de la Indústria (CADCI) 8. Pese a ello, el primer partido separatista, la Federació Democràtica Nacionalista (FDN), se constituyó poco más tarde (febrero de 1919) 9. Los ultracatalanistas crearon una rutina los días laborales a partir de las 20:00 horas: confluían en las Ramblas, donde emitían «consignas independentistas y cantaban canciones catalanistas, Els Segadors y La Marsellesa». Allí se producían choques entre manifestantes y policías secundados por oficiales del Ejército «y se convirtió en un deporte destacado entre los jóvenes nacionalistas intentar desgarrar el uniforme o romper el sable de los militares» 10. El 13 de diciembre, los manifestantes desarmaron a un teniente que quiso detener a un joven que gritaba «Visca Catalunya!» en la plaza Cataluña. El día 15 Milans manifestó por telegrama el enojo de su oficialidad al ministro de la Guerra 11. Esa jornada murió una mujer, Pilar Carbó, por disparos de guardias de seguridad contra catalanistas 12.
En tal escenario la LPE surgió informalmente el día 18 en las Ramblas, como respuesta a la amenaza separatista. Un grupo españolista intimidó con garrotes a catalanistas con plácet policial. Entonces se sucedieron incidentes entre «ligueros» y ultracatalanistas y la noche del día 22 un teniente de seguridad resultó gravemente herido en la calle de la Cera e ignoramos si falleció 13. En este marco, la lucha entre jóvenes separatistas y «ligueros» también fue una pugna por el dominio simbólico de este bulevar como alegoría del control de la urbe 14.
El 24 la prensa anunció la creación de la LPE, con una dirección de su secretario Manuel Sanz Antón 15, cabo de policía 16. A fines de diciembre circuló su primer manifiesto («¡Viva España!»), dirigido a «los buenos españoles» que «tienen a honor el no haber nacido en ninguno de los pueblos de las cuatro provincias catalanas». El texto asoció a todos los catalanes con el catalanismo («No os fieis de catalán alguno, pues visto y probado está ya que, en cada catalán, clerical o avanzado, jaimista o radical, hay un cobarde separatista»). El discurso era —además— abiertamente germanófilo, pues identificó a los imperios centrales con «el orden, la religión, la disciplina, la seguridad». Sus autores aseguraron que los catalanes habían sido aliadófilos durante la Gran Guerra por su «odio a España» (apoyando a Estados Unidos en la crisis de 1898) y anunciaron que actuarían contra los «perros separatistas que ladran y huyen». Plasmó el carácter castrense de sus impulsores en su presunto apoyo de «los pundonorosos oficiales del invicto Ejército Español» que «no titubearon en marchar a Cuba y Filipinas y hoy menos se harán rogar para salir en defensa de la Madre Patria» 17. El manifiesto tenía dos firmantes, ambos militares: Pío Brezosa, oficial médico vallisoletano que recaló en Barcelona tras estar destinado en Cuba 18, y Manuel Canga-Argüelles, comandante de infantería y secretario general del Círculo del Ejército y de la Armada, conocido como Casino Militar 19. Esta eclosión de la LPE fue inseparable del apoyo de Lerroux a la autonomía, pues hasta entonces este se había opuesto al catalanismo y sus seguidores más belicosos habían sido la fuerza de choque del españolismo. Al sumarse Lerroux a la campaña autonomista, la LPE ocupó el vacío que dejaron sus huestes callejeras 20.
Los estatutos de esta entidad, datados el 31 de diciembre de 1918, afirmaban que quería «velar por la unidad de la Patria» y acogía a individuos y entes. Deseaba ser «ajena por completo a la política» (aunque recomendaría candidatos electorales) e «impedir la campaña separatista que se viene haciendo». Ansiaba expandirse con círculos provinciales y regionales y la gestionaría un directorio que editaría un diario llamado El Español 21. Firmó la normativa Jaime Bordas Figueras, «un procurador suspendido y procesado por delitos de estafa» 22, que devino líder de la LPE.
En enero de 1919 los choques entre ligueros y separatistas retornaron a las Ramblas y del día 11 al 16 se centraron en las actuaciones de la cupletista Mary Focela en el teatro Goya, cercano a las Ramblas 23. La LPE se identificó con su canción: «La hija de Malasaña», de vibrante pareado: «Lucho como una leona al grito de ¡Viva España! / Y es que por mis venas corre la sangre de Malasaña» 24. Sus actuaciones devinieron un campo de batalla metafórico (y a veces físico) entre catalanistas que la abucheaban y españolistas que la defendían 25.
El 12 de enero la LPE afirmó superar las siete mil adhesiones 26. Igualmente, difundió otro manifiesto («¡Ciudadanos!») que tomó distancias del primero al carecer de rúbrica militar (lo firmó «El Directorio») y considerar que parte de los catalanes se sentían españoles. El texto recabó su apoyo porque con la «Autonomía Integral, vamos camino de la desmembración del territorio patrio». La proclama anunció el deseo de la LPE de crear un Círculo Español en Barcelona e insertó la dirección de la que fue su sede permanente (Rambla Canaletas, 7, principal, sobre el restaurante Petit Pelayo) y su lema «Todo por España y para España» 27. Así, Las Ramblas acogieron las sedes de la LPE y de los separatistas del CADCI (este local estaba en la Rambla de Santa Mónica, 10).
Gracias al citado espía catalanista infiltrado en la LPE conocemos su directorio, en el que figuraban —entre otros— Juan Rosich, secretario y seguidor del entonces jefe de Gobierno, el liberal conde de Romanones; José Lastra González, abogado de la entidad; alguien apellidado Burgos (no consta nombre en la documentación), presidente de sus juventudes (la Juventud Española o Españolista) 28, y, al parecer, el capitán Joaquín Peris de Vargas, cuyo paso por la dirección del Fútbol Club Barcelona entre 1914 y 1915 suscitó un motín de los jugadores 29. Inicialmente LPE contó entre sus escuadristas con jaimistas españolistas, como Ramón Sales (fundador del Sindicato Libre) 30, pero suponemos que no se sumaron a la entidad por su carácter alfonsino. El espía atribuyó a la LPE once mil inscritos 31. Juzgamos harto excesivas estas cifras de adheridos, pero apuntan una dinámica ascendente del colectivo, posiblemente por inscripciones de fuera de Cataluña que debieron estimular su vocación de expansión estatal.
A la vez que se fraguó la LPE lo hizo la UMN. A fines de 1918 un grupo de patricios barceloneses organizó «actos de afirmación monárquica» para movilizar a los sectores conservadores desmoralizados por la Revolución bolchevique 32. Con tal afán convocaron el 6 de enero de 1919 un «Día de Afirmación Monárquica» y llamaron a la ciudadanía a unirse «alrededor de los principios fundamentales de orden, patria y religión» y expresarlo dejando una tarjeta en capitanía o firmando allí listas puestas con tal fin. Cabe pensar que su titular, Milans, bendijo la iniciativa. Esta sumó más de cuarenta y dos mil firmas e incluyó a «regionalistas significados y antiguos republicanos» 33. El día 23 hubo otra recepción en capitanía con «entusiastas vivas» a Alfonso XIII, a España y al Ejército 34.
Pero estos eventos dividieron a los monárquicos entre anticatalanistas y autonomistas al originar dos partidos antagónicos: la UMN y la Federació Monàrquica Autonomista (FMA) 35. Lideró la UMN Alfons Sala, empresario textil egarense españolista vinculado hasta entonces al Partido Liberal 36. Su presidente honorario fue el marqués de Comillas y la formación reunió monárquicos destacados, como Mariano de Foronda (gerente de la compañía de tranvías barceloneses). Sala actuó con aquiescencia de Alfonso XIII para reestructurar el monarquismo catalán y crear una alternativa a la Lliga Regionalista 37. Para lograrlo, incorporó, al grueso de políticos dinásticos, liberales y mauristas, grupos conservadores (incluyendo el Comité de Defensa Social) 38. Milans amparó el proyecto al que intentó sumar a Antonio Maura 39. La UMN celebró su reunión inicial el 28 de enero de 1919 40, siendo su divisa: «Monarquía, Unidad Política y Orden Social», principios de «la base secular de la nación española» 41. La FMA conformó otro grupo de patricios en sintonía con la Lliga y esta fractura monárquica puso fin, de facto, a la acción en Cataluña de los partidos dinásticos, Liberal y Conservador 42. Así, entre diciembre de 1918 y enero de 1919 se conformaron en Barcelona dos polos españolistas, la LPE y la UMN, articulados en torno a capitanía y de españolismo acérrimo. Era lógico que tuvieran nexos y confluyeran. Pero, antes de abordar esta cuestión, debemos volver a los choques de las Ramblas para entender por qué Puig i Cadafalch actuó contra la LPE.
El 19 de enero de 1919 los ligueros se enfrentaron a un grupo de catalanistas en la calle Valldonzella y mataron de un tiro en la cabeza a Manuel Miralpeix, de diecisiete años. Y el día 27 asesinaron con otro disparo al quinceañero Joan Benet. En la documentación citada de Puig i Cadafalch hay una foto de Benet con una nota de la familia en el reverso y otra del padre de Miralpeix pidiéndole una entrevista 43. Ello permite pensar que ambos homicidios, unidos a la violencia que practicó la LPE, llevaron a Puig i Cadafalch a actuar contra ella, a la par que pudo facilitar pistolas a catalanistas radicales que le visitaron 44, pues algunos de ellos se organizaron contra la LPE 45.
De los documentos que Puig ocultó se desprende que llevó su acción contra la LPE de forma discreta y directa a través de su secretario particular, el abogado Ramón Cunill i Bastús 46. Su mayor éxito fue infiltrar al espía mencionado en la LPE, Carlos Vela 47. Este era un joven funcionario de la Mancomunitat 48. Idealista, rechazó cobrar por su labor y pidió que le facilitasen un revólver 49. Tuvo hilo directo con Agustí Farré Sempau (subcabo de los Mossos de Esquadra) para desarticular acciones de la LPE 50. Redactó sus informes en castellano, muy fluidos entre el 29 de enero y el 12 abril de 1919, que envió a un enlace no identificado. Como recogió información, chismes y rumores, y —además— varía su grafía de algunos nombres, es difícil valorar su solvencia.
De forma paralela a la infiltración, Cunill habría coordinado la recogida de declaraciones de una setentena de testigos de la violencia de la LPE contra catalanistas para presentar denuncias 51, que ignoramos si se tramitaron. Juzgamos solventes los testimonios recogidos, pues estos facilitaron su nombre y domicilio y sabían que se haría uso judicial de sus manifestaciones. Estas acreditaron una identificación diáfana entre «ligueros» y policías, visible en la descripción de esta razia:
«el domingo día 26, a las 12:45 horas, entre la plaza Cataluña y la calle de la Canuda, habiendo sonado un toque de atención se desplegaron dos filas compactas de policía, cerrando el paso una de ellas entre el Bar Canaletas y el Café Ribes y la otra entre las calles Tallers y Canuda. Que inmediatamente[,] como obedeciendo a una consigna[,] salieron un numeroso grupo de individuos de la “Liga Patriótica” armados de bastones y revólveres, las emprendieron a bastonazos y tiros contra los que no habían tenido tiempo de refugiarse en los portales, arrancando [...] las enseñas catalanas que llevaban» 52.
Puig i Cadafalch conoció las circunstancias de las muertes de Miralpeix y de Benet gracias a la información reunida de este modo. Supo que un comandante, Armando Zamora, manifestó lo siguiente: «El grito de muera España no se puede tolerar. El oficial que mató a Miralpeix, de cuyo hecho yo fui testigo, hizo muy bien» 53. Pero Vela afirmó que el asesino fue un joven liguero: José Maria Jonama, que se autoinculpó del crimen 54. Asimismo, Vela afirmó conocer al asesino de Benet (que también se autoinculpó), aunque no precisó su identidad. Como Jonama, este era de la Juventud de la LPE, su sector más aguerrido 55. Puig i Cadafalch también actuó contra esta entidad mediante el diputado de los Pirineos Orientales Emmanuel Brousse, con quien tenía estrecha relación 56. Este elevó una queja a su ministro de Exteriores, Stephen Pichon, para pedir aclaraciones al Gobierno español por el manifiesto germanófilo inicial de la LPE. Y el embajador galo en España, Gabriel Alapetite, habría hecho gestiones para que Romanones clausurara la LPE y sancionara a ambos militares 57.
Volviendo a la LPE, en enero de 1919 su actividad creció. Ese mes difundió tres manifiestos, el día 26 Bordas la presentó en Madrid y en Barcelona vio la luz un diario afín, La Nación.
Los nuevos manifiestos de la LPE tuvieron funciones diferentes. Dirigió uno a los ayuntamientos catalanes para evitar que se manifestaran favorables a la autonomía, tal como se los exhortaba desde la Mancomunitat. Para la LPE, esta chantajeaba a los consistorios con tal desiderata (al juzgar que estaban endeudados con las diputaciones provinciales) y les pedía que no apoyaran la autonomía, que asociaban a la independencia. Su texto señaló que ello implicaría la ruina catalana, ya que la petición de autonomía generaría un boicot comercial 58. La entidad dedicó otro manifiesto «a los profesores de Cataluña» en el que les solicitó que inculcaran «el amor a la Patria Española, por la cual nuestros antepasados tanta sangre derramaron [...]. Hacedlo y [...] salvaréis Cataluña» 59. Cabe pensar que con su proclama la LPE quiso ganar apoyos entre el funcionariado docente. El tercer manifiesto («A la Nación») estuvo asociado a la presentación de la LPE que Bordas hizo en Madrid el 26 de enero de 1919, pues está firmado en esta ciudad y Barcelona a la vez. La citada presentación acabó con una manifestación en el centro de Madrid con «Vítores a Cataluña española y a los catalanes españoles» 60. El manifiesto atribuyó un carácter ideológico transversal a la LPE al afirmar que reunía elementos «procedentes de todos los campos de la política española, así de las derechas como de las izquierdas». Además, asoció «el cáncer separatista» con la revolución social y contorneó la idea de una «anti-España», pues señaló que el catalanismo «daba calor al sindicalismo, al bolcheviquismo, al anarquismo» en «un maquiavélico plan de desmembramiento del territorio patrio». Igualmente, el manifiesto devino su único texto programático al explicitar las metas de la LPE: defender la unidad de España; llevar a juicio a exministros que consideraban que habían actuado contra ella (en alusión implícita a Cambó y otros exministros de la Lliga Regionalista); defender el castellano como único idioma oficial; lograr que el Estado asumiera el control de la Educación; mantener la unidad del poder judicial; disolver el CADCI, por considerarlo la sede del separatismo, y la Mancomunitat, pues al pedir la autonomía actuaba contra la «UNIDAD NACIONAL» 61.
La Nación. Diario de la tarde fue portavoz del españolismo de la LPE y de la UMN. Lo dirigió Fernando Pintado, una «figura poliédrica [...] dentro de la edición anarquista». Nacido en Zaragoza en 1888, dirigió en Barcelona una cabecera izquierdista y contraria a la Lliga Regionalista, Los Miserables, de aparición discontinua entre 1913 y 1918 62. Se exilió en París por delitos de opinión, se afilió a la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y fue cercano al lerrouxismo 63. Trabajó en Fuerzas y Riegos del Ebro, filial del holding anglocanadiense Barcelona Traction, Light and Power (La Canadiense), lo que quizá le conectó con patricios de la UMN. Pero su elección pudo deberse a que profesaría «un anticatalanismo acérrimo», pues habría cobrado de la Embajada alemana y colaborado con el excomisario Manuel Brabo Portillo, que laboró para los germanos en la Gran Guerra 64. De hecho, Pintado reflotó una cabecera proalemana madrileña desaparecida, La Nación. Diario de la mañana 65.
Sin embargo, el éxito de Bordas en Madrid y el lanzamiento de La Nación de aquel 26 de enero quedaron ensombrecidos el día 28, ya que el gobernador civil de Barcelona, González Rothwoss, ordenó la clausura de la LPE y del CADCI para acabar con los choques en las Ramblas. Entonces la LPE tuvo una continuidad opaca inseparable de la UMN, que conocemos por los informes de Vela (el espía) y es la aportación más novedosa de este trabajo.
Bordas desplegó una gran actividad en Madrid, que Vela recogió. Afirmó que allí obtuvo financiación: «Se da por cierto que el conde de Romanones le dio 1.000 [¿?] pesetas, D. Facundo Dorado, Pte. Del Centro Hijos de Madrid [donde Bordas habló el día 26] 3.000 y otra cantidad el director de La Correspondencia Militar» 66. Bordas habría querido formar en la urbe «una especie de Liga contra Cataluña, para lo cual ha hablado á varios diputados castellanos, yba [sic] nombrado a Diputado Sr. Armiñan como Jefe de los mismos». Suponemos que era Luís de Armiñán, un liberal alineado con Santiago Alba. Ello parece verosímil, pues en febrero Armiñán protagonizó un enfrentamiento violento en el Congreso con Pere Rahola, de la Lliga Regionalista, cuando este atacó a la LPE 67. Vela añadió que Bordas había alcanzado un acuerdo con el diputado de orientación anarquista Eduardo Barriobero «para la campaña contra el catalanismo», el conservador Augusto González Besada y «el Sr. Matos» (suponemos que alude al liberal Leopoldo Matos) 68. No obstante, Bordas debió magnificar sus andanzas, según Vela, pues más tarde «salieron a relucir todos los líos madrileños, y resulta que pidió dinero a muchas personalidades, pero fueron pocas las que le facilitaron el mismo» 69.
En este marco, La Nación no fue un órgano de la LPE, pues la financiaron los patricios de la UMN. Así, Mariano Foronda entregó doce mil pesetas por ciento veintitrés acciones del periódico. Y es que una vía para sumar apoyos al diario pasó por invitar a comprar acciones a personalidades significadas. Vela informó de que Basilio Paraíso —que en 1900 lideró la regeneracionista Unión Nacional (UN)— compró dos por doscientas pesetas 70. Igualmente, Romanones envió dos mil pesetas por veinte acciones mediante su secretario Manuel Brocas 71. Pese a ello, Vela señaló que La Nación tenía problemas (un día Pintado tuvo que vender un gramófono y un colchón para imprimirlo) y el 7 de febrero hizo esta reflexión: «Creo que no tendrá vida dicho periódico, pues ni el Gobernador, ni el Capitán General sueltan más de 200 ptas.» 72. Pero su augurio no se cumplió porque lo sostuvo la UMN. Como no hemos hallado ejemplares iniciales de La Nación, solo podemos apuntar su línea editorial con artículos sueltos que Puig i Cadafalch conservó en su documentación. Sabemos así que la cabecera, al ver la luz, tuvo que desmentir un rumor que la asociaba a la LPE:
«No estamos uncidos a ninguna clase de secta o partido y no tenemos nada que ver con la Liga Patriótica Española. Acaso coincidamos en el fondo, pero discrepamos en el procedimiento. “España ante todo”, este es nuestro lema; pero los de la Liga Patriótica han adoptado una actitud distinta a la nuestra, serena y reflexiva. Ellos van por un camino y nosotros por otro» 73.
Pero su oposición al autonomismo pronto fue beligerante 74, constituyendo el eje central de su mensaje 75. Mostró así escasas diferencias con la LPE en este comentario a un documento «separatista»: «Ante esas demasías de los filibusteros, solo cabe emplear un procedimiento de exterminio con todos los medios a nuestro alcance: con la pluma, con el revólver y con la estaca, pero siempre al grito sacrosanto de ¡¡VIVA ESPAÑA!!» 76. De hecho, Conrado Gimeno Castrillo (conserje de la LPE) 77 hizo apología de su entidad en el diario tergiversando los hechos: «los catalanistas, [...] con sus insultos y agresiones, obligaron a la “Liga Patriótica” a adoptar una actitud de defensa, repeliendo por la fuerza, a los que por la fuerza pretendían imponérseles» 78.
Como Pintado era conocido en medios republicanos y cenetistas barceloneses por haber dirigido Los Miserables, si los patrocinadores del diario querían generar un anticatalanismo «popular», él podía darle cierta credibilidad. No tenía lazos con el ejército, la corona o la burguesía y su cabecera cargó contra Lerroux por renunciar a defender la españolidad de Cataluña y los intereses de sus obreros: «El señor Lerroux abandonando a Barcelona [...] colaborando con Cambó en exposiciones, [...], imponiendo [...] conductas impropias de republicanos» había dejado «de ser para siempre el popular Lerroux, emperador del Paralelo» 79.
El diario, en suma, devino un órgano de «marca blanca» de la UMN. Según Vela, el 14 de febrero esta le aportó nueve mil pesetas y desde entonces habría facilitado su edición 80. En paralelo, los umenistas decidieron controlar la LPE, pues carecían de base popular y posiblemente este colectivo les era útil al ser un paraguas político españolista, monárquico, interclasista y apartidista. Tenía eco en Madrid, apoyo castrense y elementos susceptibles de actuar como fuerza de choque. Este aspecto no era desdeñable porque el 5 de febrero de 1919 se había iniciado una huelga que lideraba la CNT en el citado holding de La Canadiense. El paro pronto adquirió grandes dimensiones y comportó la suspensión de garantías constitucionales en Barcelona el día 16 de ese mes.
Coincidiendo con la huelga se inició una pugna entre Bordas y los umenistas por el control de la LPE. Vela señaló que el 7 de febrero el marqués de Olérdola (Manuel Rius), uno de los fundadores de la UMN, «quiere capitanear el elemento político, en ayuda del partido romanonista, sin meterse en nada con las Juventudes» 81. Finalmente, entre el 15 y el 19 de febrero la UMN desembarcó en la LPE. Según Vela, ingresaron como socios «figuras de posición» como el conde de Fígols (José Enrique de Olano) y el marqués de Castellflorite (Ángel Dulce). A la par, Vela afirmó que «existen varias altas personalidades que se guardan en una grandísima reserva y son las que [...] contribuyen para el mayor éxito de La Liga» 82. Pero Bordas se negó a dejar su cargo si no le garantizaban mil pesetas mensuales: «Yo soy un personaje que conoce a todo el mundo, y todo el mundo me tiembla», afirmó desafiante 83.
El día 18 el médico y articulista de ABC José Antich se presentó a los socios de la LPE como nuevo dirigente, apadrinado por la UMN, y se creó una fractura interna inmediata. Según Vela, un sector receló de Antich porque en su directorio «hay varios catalanes [sic], y se teme que quieran encauzar la Liga para fines políticos». De hecho, en la reunión se acordó que las próximas elecciones «“había que ganarlas por la buena ó por la mala” para [...] la candidatura monárquica [la UMN]» 84. Antich también propuso rebautizar a la LPE como Liga Nacionalista Española. Sin embargo, sus detractores lo rechazaron y creyeron que en su junta había catalanistas infiltrados para hundirla 85. En consecuencia, se constituyeron dos Ligas: la de Antich y la de Bordas. Coincidiendo con el desembarco umenista en la LPE, según Vela, La Nación ganó la adhesión del edil conservador madrileño José Álvarez Arranz y del secretario de la infanta Isabel de Borbón (la Chata), Alfonso Coello de Portugal. A la vez, Santiago Alba (impulsor de la mencionada UN con Paraíso) rechazó adquirir acciones del diario, pero se sumó a la LPE 86.
La pugna entre ambas Ligas perduró y, si nos atenemos a los reportes de Vela, Milans aparentemente habría querido poner orden en el embrollo de la LPE y su entorno sin éxito. De este modo, el 24 de febrero envió un oficio a Antich para que dimitiesen los jefes y oficiales del directorio de la LPE 87. Igualmente, se rumoreó que quiso prohibir que Pintado dirigiera La Nación al saber que había sido condenado por injurias al rey 88. Quizá por ello —siguiendo a Vela— Milans envió una carta intimidatoria a los umenistas para que financiasen El Español que Bordas promovía: «caso de no querer ó no poder [contribuir], no olviden que aún sigue siendo el Capitán General», manifestó 89. Milans también hizo requerir al citado capitán Peris para que dejara la junta de la LPE (ignoramos cuál de ellas) y este se negó manifestando «que él está designado [para el cargo] por las Juntas de Defensa, y tiene un perfecto derecho á hacer lo que hace, incluso á proceder contra el Capitán General» 90. De ello se infiere que las Juntas tenían presencia corporativa en la LPE y Milans tenía un entorno que no controlaba, pues junteros y umenistas hacían oídos sordos a sus desideratas.
Bordas quiso que mediase en su contencioso Alfonso XIII y habría escrito el 17 de marzo al general palaciego africanista Manuel Fernández Silvestre (futuro responsable del «desastre de Annual») para que hablara al rey «de la Liga, de su actuación y la manera de acabar con el catalanismo-separatista con autorización secreta del Gobierno [¿?]» 91. También el día 29 habría intentado enviar otro texto a Alfonso XIII a través de Silvestre 92. A su vez, el entorno de Milans habría escrito a Silvestre para que hablase al rey de la insubordinación de Peris 93. Ello revela el carácter omnipresente del monarca en el mundo castrense y en el del españolismo barcelonés.
De forma simultánea y aparentemente vinculada a la reorientación de la LPE que quiso imponer la UMN, según informes de Vela, hubo otra de sus juventudes para conformar una organización paramilitar. El 7 de febrero este espía asistió a una conferencia de jefes de grupo de las juventudes y reportó que había una gran confusión en su seno, pues un sector de estas la había abandonado, y alertó que entre sus miembros «existen muy malas ideas especialmente contra los Sres [Francesc] Cambó, [Josep] Puig i Cadafalch, [Joan] Ventosa, [Lluís] Duran y Ventosa, [Pere] Rahola y [Francesc] Macià». Afirmó que querían «matar a 3 ó 4 de los nombrados» 94. Otro informe de Vela, que atribuimos al día 15 o 16 de ese mes (cuando Antich desembarcó en la LPE), expuso que se había creado esta trama militarizada:
«Esta tendrá una sección llamada Juventudes, que consta hoy de 16 grupos de 6 personas con su correspondiente Jefe. El Jefe de todos los grupos, [...] Dionisio Martín, [...] recibe las órdenes de las altas personalidades [...]. Dichas Juventudes se organizarán como una secta masónica, con sus correspondientes sobrenombres y contraseñas. Todos los días habrá un grupo de guardia cobrando dos duros cada individuo, y encargados de la directiva de comunicar al centro, oficina y tienda que el día tantos permita que su dependiente no vaya á trabajar. Caso de que alguno de los individuos que componen las Juventudes cayese herido, se le llevará a la Clínica del Rosario, sala de pago, por cuenta de la Directiva, facilitándose también a los mismos armas y municiones. Habrá varias casas y bares con teléfono convenido con el Círculo Militar, para que previa contraseña, pedir auxilio al retén de oficiales que estará de guardia permanente. Como se supone que en el Círculo siempre habrán 8 ó 10 oficiales y 4 ó 6 capitanes, y estos son de la Liga, en caso de apuro y previo aviso irán al sitio del movimiento» 95.
Vela explicó que Dionisio Martin («muy peligroso») era clave. Vendedor de elixires para el dolor de muelas (le apodaban Sacamuelas), fue el hombre de confianza de Bordas. Iba armado y estaba vinculado a dos oficiales activos en la acción callejera, Rafael Castillo —o Castilla— y Rafael Guerrero 96. Esta red paramilitar solo era viable con sostén de la UMN y cabe pensar que no solo contempló actuar contra los catalanistas, sino también contra los sindicalistas ante la huelga de La Canadiense. Suponemos que el proyecto quedó cortocircuitado por la confusión que cundió entre las juventudes de la LPE por su división 97; por la prohibición de Milans a los militares de actuar en este ente, y porque el 22 de enero se constituyó el Somatén de Barcelona bajo el mando del general Pedro Cavanna 98. No obstante, Vela señaló que la militarización de elementos de la LPE persistió a través de una «ronda volante» que organizó Emilio Vidal-Ribas Güell, promotor de la UMN y cabo del Somatén. Uno de sus miembros, el citado Conrado Gimeno, explicó que este grupo obraba al margen del Somatén al ver «incapaces» de actuar a sus miembros y juzgarlos «exaltados catalanistas» en su mayoría. Describió así el proceder de la «ronda»:
«Las órdenes, verbalmente transmitidas por Vidal y Ribas, eran [...] que al que se le encontrara un carnet [sindical] se rompiese y se llevase al detenido, no sin antes calentarle [sic]. Continuamente nos repetía que por el cargo y su protección éramos impunes y que [...] no vaciláramos en hacer uso de las armas [...], pues entendía él que solo un día de sangre podía normalizar la situación» 99.
Vela informó que Vidal-Ribas le nombró miembro del grupo 100. Señaló que sus componentes eran miembros de la LPE, como Martín, y se rebelaron contra Vidal-Ribas cuando les requirió el carné de somatenistas que les dio para llevar armas. La decisión del patricio obedeció a que el general Cavanna le ordenó disolver su grupo y trascendió que había dado trescientos carnés de somatenista «sin saber a quién» en la Comandancia de Artillería y tuvo que recuperarlos con apremio 101.
Este es el último episodio relevante de los informes de Vela sobre los lazos de la LPE con la UMN. Todo apunta a que la LPE se diluyó en la irrelevancia mientras su pugna fraccional persistió durante 1919. Así, el 20 de julio Bordas editó finalmente El Español. Periódico independiente defensor de los ideales patrios. El diario afirmó que no era el órgano de la LPE (pese a tener su lema) ni de la UMN 102. Y el 1 de septiembre apareció Patria. Diario Monárquico de la tarde, afín a la UMN 103. Igualmente, el 25 de noviembre La Nación publicó una extensa intervención pública sobre el «problema social» de Antich, presentado ahora como líder de la Liga Española 104. Por lo demás, Pintado mostró una capacidad extraordinaria de transformismo, pues confirió un carácter izquierdista a su diario, rebautizado como La Tarde desde el 9 de enero de 1920, que «impulsó las carreras de muchos escritores obreros y cenetistas represaliados» 105. Pintado se proyecta así como un singular periodista «rojipardo», posiblemente más por afán de supervivencia que por sincretismo ideológico.
Lo expuesto refleja que la LPE fue importante en la medida en que a través de ella y La Nación se plasmó una confluencia anticatalanista de medios políticos estatales dispares que —si la información de Vela es cierta— reunió desde liberales (como Alba y Romanones) hasta conservadores (González Besada), pasando por lerrouxistas (Pintado) o anarquistas (Barriobero). Igualmente, la tentativa de la UMN de controlar a la LPE reflejó las dificultades de aunar el universo españolista «de arriba» (los aristócratas alfonsinos) y el «de abajo» (las juventudes de la LPE y elementos del lumpen como Martín o Gimeno). En este combativo españolismo barcelonés también se contorneó la idea de una «anti-España» que amalgamó catalanismo y sindicalismo revolucionario. En tal aspecto, los integrantes más significados de la LPE (y la propia LPE) mutaron su carácter de ente de combate contra el catalanismo en otro de fuerza de choque contra el obrerismo. En este sentido, la huelga de La Canadiense cercenó la demanda catalanista de autonomía y el núcleo duro de la LPE —sus elementos de choque— se redireccionó hacia la lucha contra los sindicalistas con la tutela de aristócratas y figuras de la UMN.
De este modo, la pugna por el dominio urbano de Barcelona entre separatistas y españolistas se desplazó a la desarrollada por los elementos de orden (que reunían tanto a los monárquicos alfonsinos como la Lliga Regionalista) y los sindicalistas 106. No sorprende así que el citado Martín deviniese confidente de la policía y hombre de acción del Sindicato Libre 107. O que Gimeno se uniera a los pistoleros del falso barón de Koenig e ingresara en la Legión Española 108. Asimismo, La Nación moduló ocasionalmente un discurso con ribetes de monarquismo intransigente propio de los años veinte: aludió a los «Cruzados del Rey», formuló reivindicaciones territoriales y demandas explícitas de dictadura militar 109. En las elecciones de junio de 1919 pidió el voto españolista de derechas para la UMN y el de izquierdas para Lerroux y parafraseó a Cambó: «¿Monarquía? ¿República? ¡España!» 110.
Ateniéndonos a lo expuesto, planteamos que el intento de aunar la acción de la LPE y la UMN en torno a la capitanía general catalana esbozó la creación de la Unión Patriótica (UP) en 1923. No por azar, el funcionario de la diputación barcelonesa Emilio Sánchez Álvaro afirmó que tras pertenecer a la LPE se sumó a la UMN y en 1923 lo hizo a la UP 111. Igualmente, la UMN —que acabó absorbida por la UP— contó entre sus candidatos electorales de 1919 con el maurista Antonio Goicoechea 112. Con esta reflexión queremos concluir que en la Barcelona de 1919 se atisbó ya una derecha ultranacionalista y monárquica «dura», deseosa de expandirse al resto de España y capaz de tender puentes con el lerrouxismo a través del españolismo. Tal estrategia la exploró de nuevo en Barcelona el diario La Palabra entre diciembre de 1922 y mayo de 1923 113. Ello indica que esta ciudad fue desde fines de 1918 el gran laboratorio estatal del españolismo más intransigente y de su mutación en una fuerza de choque antisindicalista asociada al universo castrense. Fue esta conjunción de civiles y militares la que conformó la base de la «capitanía cubana» barcelonesa que hemos definido al inicio del artículo y que catapultó a Primo al frente de una dictadura en 1923 114.
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1 Sobre la campaña, véanse Albert Balcells: El projecte d’autonomia de la Mancomunitat de Catalunya del 1919 i el seu context històric, Barcelona, Parlament de Catalunya, 2010; Enric Ucelay-Da Cal: «La Diputació i la Mancomunitat, 1914-1923», en Borja de Riquer (dir.): Història de la Diputació de Barcelona, vol. 2, Barcelona, Diputació de Barcelona, 2007, pp. 109-165, y Javier Moreno Luzón: «De agravios, pactos y símbolos. El nacionalismo español ante la autonomía de Cataluña (1918-1919)», Ayer, 63 (2006), pp. 119-151.
2 Enric Ucelay-Da Cal: «La Diputació...», pp. 117-118.
3 Ibid., pp. 138-140, 142-143 y 152, y Javier Moreno Luzón: Romanones. Caciquismo y política liberal, Madrid, Alianza Editorial, 1998, pp. 364-365.
4 Enric Ucelay-Da Cal: El imperialismo catalán. Prat de la Riba, Cambó y D’Ors a la conquista moral de España, Barcelona, Edhasa, 2003, p. 268. Cursiva de los autores.
5 Sobre la LPE, véanse Xavier Casals y Enric Ucelay-Da Cal: El Fascio de Las Ramblas. Los orígenes catalanes del fascismo español, Barcelona, Ediciones de Pasado y Presente, 2023, pp. 161-175, y Joan Esculies: «La primera denúncia per aturar un Estatut d’Autonomia», Revista de Catalunya, 291 (2015), pp. 15-25.
6 Sobre la UMN, véanse Josep Puy Juanico: «La Unión Monárquica Nacional frente al catalanismo de la Lliga, 1918-1923», Estudios de Historia Social, 28-29 (1984), pp. 467-473, y Xavier Marcet: «Unió Monàrquica Nacional», en Isidre Molas (ed.): Diccionari dels partits polítics de Catalunya segle xx, Barcelona, ICPS-Enciclopèdia Catalana, 2000, p. 327.
7 Véase, para un amplio desarrollo de este tema, la investigación plasmada en Xavier Casals y Enric Ucelay-Da Cal: El Fascio de Las Ramblas...
8 Joan Esculies: Via fora, lladres! El separatisme català i el teatre patriòtic, Barcelona, Edicions de 1984, 2014, pp. 74-86; Manuel Lladonosa i Vall·Llebrera: «Catalanisme i reformisme social. El CADCI entre 1903 i 1923», L’Avenç, 164 (1992), pp. 38-39, y Martí Sans Orenga: Els treballadors mercantils del moviment obrer català, Barcelona, Pòrtic, 1975, pp. 97-98 y 109-111.
9 Sobre el primer separatismo catalán, véanse Enric Ucelay-Da Cal: Breve historia del separatismo catalán, Barcelona, Ediciones B, 2018, pp. 79-95; Joan Esculies: «El nacionalismo radical catalán (1913-1923)», Spagna Contemporánea, 43 (2013), pp. 7-28, e Isidre Molas: «Federació Democràtica Nacionalista (1919-1923)», Recerques. Història, Economia, Cultura, 4 (1974), pp. 137-153.
10 Enric Ucelay-Da Cal: «La Diputació...», p. 153.
11 Albert Balcells, Enric Pujol y Jordi Sabater: La Mancomunitat de Catalunya i l’autonomia, Barcelona, Institut d’Estudis Catalans-Edicions Proa, 1996, p. 124.
12 «Grave incidente. Un muerto y cinco heridos», La Vanguardia, 16 de diciembre de 1918, p. 5.
13 Sobre los enfrentamientos, véase Albert Balcells: El projecte..., pp. 63-64. Sobre la posible muerte del militar, Joan Esculies: Via fora..., p. 91.
14 Enric Ucelay-Da Cal: «La Diputació...», p. 154, y Joan Esculies: «The Cradle of Catalan Separatism. White Collars in Barcelona during WWI», Studies on National Movements, 2 (2014), especialmente pp. 14-16.
15 Recorte de La Vanguardia, 24 de diciembre de 1918, p. 4.
16 «Tribunales. Vista por delito social», La Vanguardia, 21 de diciembre de 1922, p. 9.
17 Liga Patriótica Española: «Viva España!», en «Fulls volants de la Liga Patriótica Española (1919)», Arxiu Nacional de Catalunya (en adelante, ANC), Fons núm. 737, codi 5426, U.I. núm. 298/1.
18 Josep Maria Calbet i Camarasa: «El coronel metge Pío Brezosa Tablares (1868-1939)», Gimbernat. Revista d’Història de la Medicina i de les Ciències de la Salut, 78 (2022), pp. 193-206.
19 Manuel Canga-Argüelles Villalón: Memoria de los trabajos llevados a cabo para la creación del Círculo del Ejército y de la Armada de Barcelona, Barcelona, s. e., 1918. Consultada en «Fulls volants de la Liga Patriótica Española (1919)», ANC, Fons núm. 737, codi 5426, U.I. núm. 298/1.
20 Véase Juan Caballero Rodríguez: El separatista (Cómo se ha formado un alma en el catalanismo), Barcelona, Biblioteca de Montserrat, 1919, pp. 236-237.
21 «Estatuts Lliga Patriòtica Espanyola», ANC, Fons núm. 737, codi 5425, U.I. núm. 298/1.
22 Joan Esculies: «La primera denúncia...», p. 18.
23 Véanse los choques más significativos en Joan Esculies: Via fora..., pp. 89-92. Véase una aproximación novelada en Josep María Vilà: La ciutat malalta, Barcelona, Casa del Llibre, 1956, pp. 110-158, y Juan Caballero Rodríguez: El separatista...
24 Véase la canción en Fernando Soldevilla: El año político 1919, Madrid, Imprenta y encuadernación de Julio Cosano, 1920, p. 13.
25 Enric Ucelay-Da Cal: «La Diputació...», pp. 154-155, y Fernando Soldevilla: El año..., p. 5.
26 «Campaña antiseparatista en Barcelona», ABC, 12 de enero de 1919, p. 25.
27 Liga Patriótica Española: «¡Ciudadanos!» (enero de 1919), en «Testimonis repressió anticatalanista (1918-1919)», ANC, Fons núm. 737, codi 5427, U.I. núm. 298/1.
28 Informe del 21 de febrero de 1919 y nota indatada en «Espia catalanista a la Liga Patriótica Española (1919)», ANC, Fons núm. 737, codi 5428, U.I. núm. 298/2.
29 Sobre Peris, véase una nota mecanografiada indatada con la relación de la directiva en «Espia catalanista...». Véase también Josep Bobé: «Quan els militars van escriure el primer himne del Barça», www.ara.cat (consultado el 7 de mayo de 2017).
30 Sobre Sales, véase Ángel Pestaña: Terrorismo en Barcelona (memorias inéditas), Barcelona, Planeta, 1979, p. 110, y sobre la presencia jaimista en la LPE, véase L’Intransigent, 16 (20 de diciembre de 1918), p. 4.
31 Véase al respecto el informe del 29 de enero de 1919 y sendas notas indatadas en «Espia catalanista...».
32 Joaquim M. de Nadal: Memòries. Vuitanta anys de sinceritats i de silencis, Barcelona, Aedos, 1965, p. 295.
33 Véase Almanaque del Diario de Barcelona para el año 1920, Barcelona, Imprenta barcelonesa, 1919, p. 24; «Día de afirmación monárquica», La Vanguardia, 5 de enero de 1919, p. 4, y «En la capitanía general», La Vanguardia, 7 de enero de 1919, p. 3.
34 «En capitanía general», La Vanguardia, 24 de enero de 1919, p. 5, y Almanaque del Diario de Barcelona..., p. 25.
35 Joaquim M. de Nadal: Memòries..., pp. 296-297, y Enric Ucelay-Da Cal: «Entre el ejemplo italiano y el irlandés. La escisión generalizada de los nacionalismos hispanos, 1919-1923», Ayer, 63 (2006), pp. 98-102.
36 Sobre Sala, véanse Josep Puy Juanico: Alfons Sala i Argemí. Industrial i polític, 1863-1945, Terrassa, Arxiu Tobella, 1983, y Aurelio Joaniquet: Alfonso Sala Argemí. Conde de Egara, Madrid, Espasa-Calpe, 1955.
37 Xavier Marcet: «Unió Monàrquica...», p. 327.
38 Enric Ucelay-Da Cal: «La Diputació...», p. 226.
39 Soledad Bengoechea: El locaut de Barcelona (1919-1920), Barcelona, Curial, 1998, p. 38.
40 «Telegrama», La Vanguardia, 19 de enero de 1919, p. 10. En febrero hizo público un manifiesto, «La Unión Monárquica Nacional al país», Arxiu Històric de la Ciutat de Barcelona (en adelante, AHCB), colección «Fulls volanders», C-17-5E-II, doc. 5E.II-648.
41 Véase «La Unión Monárquica Nacional al país...».
42 Francesc Vilanova: «Federació Monàrquica Autonomista», en Isidre Molas (ed.): Diccionari dels partits politics de Catalunya segle xx, Barcelona, ICPS-Enciclopèdia Catalana, 2000, p. 105.
43 Véase esta documentación en «Testimonis repressió anticatalanista...», y Josep M. Francès: Memorias de un cero a la izquierda, México, Olimpo, 1962.
44 Joan Esculies: «La primera denúncia...», p. 20. Puig dispuso de pistolas que ocultó con su archivo en su buhardilla. Véase Manuel Manonelles i Tarragó: Conèixer i ésser coneguts! Josep Puig i Cadafalch i els orígens d’una diplomàcia de la Catalunya autònoma (1917-1923), Barcelona, Generalitat de Catalunya, 2022, p. 21.
45 El historiador Josep Maria Solé Sabaté así lo oyó explicar al histórico militante del nacionalismo radical catalán Daniel López Bibrian, cuya verdulería fue lugar de reunión para preparar choques rambleros (testimonio de Josep Maria Solé Sabaté, 23 de enero de 2024).
46 Lo hemos asociado a Ramon Cunill Bastús al constar un papel con su membrete y anotaciones sobre agresiones de la LPE en «Accions de la Liga Patriótica Española i el Capità General Milans del Bosch. Anticatalanisme 1919», ANC, Fons núm. 737, codi 5429, UI 298/2. Asimismo, el espía alude a «Cunill» en sus informes como persona de referencia.
47 Aunque sus informes son anónimos, lo hemos identificado porque el 26 de febrero de 1919 explicó que puso su nombre real como director de una escuela de tauromaquia inexistente («La Protectora») en un anuncio de la publicación Rojo y Gualda. Semanario Gráfico Nacional, 1 (22 de febrero de 1919). Un ejemplar de ella se halla en «Testimonis repressió anticatalanista...».
48 Señala su condición de funcionario en su informe del 26 de febrero de 1919 en «Accions de la Liga Patriótica Española...».
49 Informe mecanoscrito indatado (posiblemente de fines de febrero de 1919).
50 Vela alude a su enlace con los Mossos como «el amigo Farré», que hemos identificado como Agustí Farré Sempau por una tarjeta de visita con su filiación con anotaciones que citan a Vela y Cunill. Se halla en «Accions de la Liga Patriótica Española...».
51 Véase la documentación recogida en «Testimonis repressió anticatalanista...».
52 Testimonio de Joan Santos Salmerón en «Testimonis repressió anticatalanista...».
53 Carta de Enric Arderiu Valls a Puig i Cadafalch (9 de febrero de 1919), en «Testimonis repressió anticatalanista...».
54 Informe del 3 de febrero de 1919, en «Accions de la Liga Patriótica Española...».
55 Informe del 26 de febrero de 1919, en «Accions de la Liga Patriótica Española...».
56 Manuel Manonelles i Tarragó: Conèixer..., p. 35. Sobre Brousse, véase Antoni Moliner Prada: «Identitats compartides. Emmanuel Brousse i la Nacionalitat Catalana», Butlletí de la Societat Catalana d’Estudis Històrics, 28 (2017), pp. 401-439.
57 «Les insulteurs de la France», L’Indépendant (Perpiñán), 11 de febrero de 1919. Puig conservó esta noticia en su archivo («Fulls...») y la documentación de su fondo refleja claramente que facilitó la información de la LPE a Brousse.
58 Liga Patriótica Española: «A los ayuntamientos todos de Catalunya» (enero de 1919), en «Testimonis repressió anticatalanista...».
59 Liga Patriótica Española: «A los profesores de Cataluña» (enero de 1919), en «Testimonis repressió anticatalanista...».
60 «En pro de la unidad de España», El Globo (Madrid), suplemento al núm. 14771, 26 de enero de 1919, en «Fulls...».
61 Liga Patriótica Española: «A la Nación» (enero de 1919), en «Testimonis repressió anticatalanista...».
62 Just Arévalo: «Algunes reflexions sobre la revista Los Miserables (1913-1918) i altres capçaleres republicanes d’extrema Esquerra», Assaig de Teatre. Revista de l’Associació d’Investigació i Experimentació Teatral, 21 (1999), p. 395.
63 Alejandro Civantos Urrutia: «Semblanza de Fernando Pintado», https://www.cervantesvirtual.com/obra/fernando-pintado-zaragoza--toulouse-1960-semblanza-934382/ (consultado el 9 de febrero de 2024).
64 Informes de 7 de febrero y 5 de marzo de 1919. Véase también una nota manuscrita en catalán sobre Pintado en «Accions de la Liga Patriótica Española...». Sobre Brabo, véase Josep Pich Mitjana y David Martínez Fiol: «Manuel Brabo Portillo. Policía, espía y pistolero (1876-1919)», Vínculos de Historia, 8 (2019), pp. 387-408.
65 Su último número se publicó el 31 de diciembre de 1918. Véase La Nación (Madrid), 1916, en https://hemerotecadigital.bne.es/hd/es/card?sid=3820991 (consultado el 9 de febrero de 2024).
66 Informe del 5 de febrero de 1919, en «Accions de la Liga Patriótica Española...».
67 Informe del 12 de febrero de 1919, en «Accions de la Liga Patriótica Española...». Sobre su choque con Rahola, véase «España. Nota política», La Vanguardia, 5 de febrero de 1919, p. 11.
68 Informe del 14 de febrero de 1919, en «Accions de la Liga Patriótica Española...».
69 Informe del 18 de febrero de 1919, en «Accions de la Liga Patriótica Española...».
70 Informe del 7 de febrero de 1919, en «Accions de la Liga Patriótica Española...».
71 Informe del 14 de febrero de 1919, en «Accions de la Liga Patriótica Española...».
72 Informe del 7 de febrero de 1919, en «Accions de la Liga Patriótica Española...».
73 «Una aclaración», La Nación, 28 de enero de 1919, p. 3. Sobre su aparente afán de equidistancia inicial, véase en el ejemplar de ese mismo día Humberto Rivas: «Irreverencias», p. 1.
74 «¡Viva Cataluña española!», La Nación, 5 de febrero de 1919, p. 1.
75 Véase «De la autonomía. Patria sin ideales. Ideal sin Patria» y «¡Viva Cataluña española!», La Nación, 5 de febrero de 1919, p. 1.
76 «A la opinión española. El separatismo catalán es una realidad», La Nación, 4 de febrero de 1919, p. 1.
77 Informe del 10 de febrero de 1919, en «Accions de la Liga Patriótica Española...».
78 Conrado Gimeno Castrillo: «Calumnia que algo queda», La Nación, 7 de febrero de 1919, p. 1.
79 Francisco Iribarne: «El partido radical no existe», La Nación, 26 de abril de 1919, p. 1.
80 El 14 de marzo Vela informó que Pintado y elementos de la LPE aquella tarde iban «á ver a los Sres. de la Unión Monárquica (calle de Rivadavia, 4) á cobrar las 1.500 pesetas que entregan semanalmente» (informe del 14 de marzo de 1919).
81 Informe del 7 de febrero de 1919, en «Accions de la Liga Patriótica Española...».
82 Informe indatado que atribuimos al 15 o 16 de febrero, en «Accions de la Liga Patriótica Española...».
83 Informe del 17 de febrero de 1919, en «Accions de la Liga Patriótica Española...».
84 Informe del 19 de febrero de 1919, en «Accions de la Liga Patriótica Española...».
85 Informe del 25 de febrero de 1919, en «Accions de la Liga Patriótica Española...».
86 Informe del 21 de febrero de 1919, en «Accions de la Liga Patriótica Española...».
87 Causaron baja Pío Brezosa y un capellán castrense, Argimiro Nieto (informe del 24 de febrero de 1919, en «Accions de la Liga Patriótica Española...»).
88 Informe del 14 de marzo de 1919, en «Accions de la Liga Patriótica Española...».
89 Informe del 22 de marzo de 1919, en «Accions de la Liga Patriótica Española...».
90 Informe del 14 de marzo de 1919, en «Accions de la Liga Patriótica Española...».
91 Informe del 17 de marzo de 1919, en «Accions de la Liga Patriótica Española...».
92 Vela adjunta una copia del documento enviado al rey en su informe del 29 de marzo de 1919, en «Accions de la Liga Patriótica Española...».
93 Informe del 22 de marzo de 1919, en «Accions de la Liga Patriótica Española...».
94 Informe del 7 de febrero de 1919, en «Accions de la Liga Patriótica Española...».
95 Informe indatado que atribuimos al 15 o 16 de febrero de 1919, en «Accions de la Liga Patriótica Española...».
96 Sobre estos tenientes, véanse los informes de los días 3, 10 y 28 de febrero de 1919, en «Accions de la Liga Patriótica Española...».
97 Informe del 25 de febrero de 1919, en «Accions de la Liga Patriótica Española...».
98 Véase Xavier Casals Meseguer y Enric Ucelay-Da Cal: El Fascio de Las Ramblas..., pp. 202-204, y Eduardo González Calleja y Fernando del Rey Reguillo: La defensa armada contra la revolución. Una historia de las guardias cívicas en la España del siglo xx, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1995, pp. 71-103.
99 Ángel Pestaña: Terrorismo..., p. 109.
100 Informe del 26 de marzo de 1919, en «Accions de la Liga Patriótica Española...».
101 Informe indatado que atribuimos al 28 de marzo e informe del 29 de marzo de 1919, en «Accions de la Liga Patriótica Española...».
102 El Español, 20 de julio de 1919, anuncio de p. 6.
103 «Profesión de fe», Patria, 1 de septiembre de 1919, p. 5.
104 «Solución actual problema obrero», La Nación, 25 de noviembre de 1919, pp. 1-2.
105 Sobre la reconversión de La Nación en La Tarde, véase 200 anys de premsa diària a Catalunya, Barcelona, Fundació Caixa de Catalunya, 1995, p. 357. Sobre su promoción de autores anarquistas, véase Alejandro Civantos Urrutia: «Semblanza...».
106 Véanse al respecto José Luis Oyón: La quiebra de la ciudad popular. Espacio urbano, inmigración y anarquismo en la Barcelona de entreguerras, 1914-1936, Barcelona, Ediciones del Serbal, 2008, y Chris Ealham: La lucha por Barcelona. Clase, cultura y conflicto, 1898-1937, Madrid, Alianza Editorial, 2005.
107 Paco Ignacio Taibo II: Que sean fuego las estrellas, Barcelona, Crítica, 2016, pp. 319 y 366.
108 Xavier Casals Meseguer y Enric Ucelay-Da Cal: El Fascio de Las Ramblas..., pp. 206-207.
109 «Los cruzados del Rey», La Nación, 28 de mayo de 1919, p. 1; «Tánger es nuestro», La Nación, 27 de octubre de 1919, p. 1; Julio Camba: «Yo quisiera un gobierno de militares», La Nación, 5 de diciembre de 1919, p. 1, y Pey Ordeix: «Venga una dictadura militar», La Nación, 3 de diciembre de 1919, p. 1.
110 «¡¡Españoles!! ¿Monarquía? ¿República? ¡España!», La Nación, 30 de mayo de 1919, p. 1.
111 «Expediente administrativo núm. 329 que se instruye al funcionario Amilio [sic] Sánchez Álvaro», 21 de noviembre de 1919, AHCB.
112 Véanse las candidaturas de la UMN en Gaceta de Cataluña, 12 de diciembre de 1920, portada. Consultada en «Testimonis repressió anticatalanista...».
113 Xavier Casals Meseguer y Enric Ucelay-Da Cal: El Fascio de Las Ramblas..., pp. 316-322.
114 La «capitanía cubana» y su importancia es el tema central de Xavier Casals Meseguer y Enric Ucelay-Da Cal: El Fascio de Las Ramblas...