Ayer 131 (3) 2023: 299-326
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2023
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/1493
© Guillem Colom-Piella
Recibido: 21-01-2021 | Aceptado: 10-09-2021 | Publicado on-line: 07-07-2023
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License
¿Estuvo el mundo al borde del apocalipsis en 1983? Una reinterpretación de Able Archer 83
Guillem Colom-Piella
Universidad Pablo de Olavide
gcolpie@upo.es
Resumen: Uno de los episodios más insólitos de la Guerra Fría sucedió en noviembre de 1983, coincidiendo con el ejercicio de mando aliado Able Archer. La tesis mayoritaria plantea que Moscú interpretó que estos ejercicios para ensayar procedimientos de empleo de armas nucleares podían ocultar un ataque por sorpresa. En consecuencia, la Unión Soviética se preparó para atacar preventivamente. Basándose en la documentación disponible, este artículo pretende reconstruir estos acontecimientos y su interpretación para exponer sus incoherencias y proponer una explicación alternativa: Moscú conocía Able Archer y los movimientos militares no estaban motivados por el pánico sino por una demostración de fuerza.
Palabras clave: Able Archer, RYaN, Guerra Fría, crisis nuclear, ataque con misiles.
Abstract: One of the most unusual episodes of the Cold War took place in November 1983, coinciding with NATO’s command post exercise Able Archer 83. There is a broad consensus that Moscow miscalculated these exercises aimed at testing NATO’s nuclear release procedures as a cover for a surprise attack. Consequently, the USSR prepared to conduct a first strike. By using available sources, this article aims to recreate the events and the prevailing interpretation to expose inconsistencies and to propose an alternative explanation: Moscow knew about the exercise and the military response was not motivated by a «war scare» but by a show of force.
Keywords: Able Archer, RYAN, Cold War, nuclear crisis, missile attack.
Uno de los episodios más insólitos de la Guerra Fría sucedió en 1983, coincidiendo con Able Archer 83. La tesis mayoritaria plantea que Moscú interpretó que estos ejercicios de mando aliados podían ocultar un ataque nuclear por sorpresa, por lo que la Unión Soviética se preparó para hacerlo preventivamente. Cuarenta años después, estos sucesos todavía no se han esclarecido.
Washington empezó a considerar esta posibilidad en 1984 por un informe británico que sugería que Able Archer podía haber provocado la alarma en Moscú, siendo el repunte de la actividad militar soviética y los relatos de Oleg Gordievsky, un agente doble cuya identidad desconocía Estados Unidos, muestras de ello. Sin embargo, esta hipótesis fue desechada por considerarla una maniobra propagandística para evitar el despliegue de los euromisiles. Fue necesario esperar hasta 1989 para que Washington reevaluara los sucesos y concluyera que los ejercicios alarmaron al Kremlin hasta el punto de considerar un ataque nuclear.
Este cambio de parecer estuvo motivado por la disponibilidad de nuevos datos y, sobre todo, por la credibilidad otorgada a Gordievsky, el espía que informó a Londres del pánico soviético, protagonista y principal divulgador de esta historia 1. Sus planteamientos también serían fundamentales para establecer una sucesión de los hechos que parten del temor soviético a un ataque por sorpresa, RYaN (acrónimo de Raketno-Yadernoe Napadenie o ataque con misiles nucleares) para proporcionar alerta temprana del mismo y Able Archer como la profecía autocumplida. Esta concatenación de acontecimientos está avalada por numerosos indicios, como los miedos de Andropov, la retórica de Reagan, el creciente desequilibrio militar europeo, una Unión Soviética con signos de agotamiento, una estrategia estadounidense más asertiva 2 o unos extraños movimientos durante los ejercicios, incluyendo la alerta de fuerzas nucleares. Las razones que explicarían esta crisis incluirían fallos de disuasión, errores de cálculo, problemas de comunicación, sesgos de confirmación o que Moscú había asumido su propia propaganda. Y todo ello durante el momento más tenso de la Segunda Guerra Fría, poco después del derribo del vuelo KAL-007 3 y semanas antes del despliegue de los Pershing II en Alemania.
Esta sería la tesis del informe The Soviet «War Scare» 4 del Consejo Asesor Presidencial en Inteligencia Exterior (PFIAB) que, considerado como «el relato definitivo de Able Archer 83» 5, fue desclasificado parcialmente en 2015 en medio de una gran expectación. Aunque no resuelve el problema, su publicación revitalizó estos debates 6 y los integró en la cultura popular. El segundo hito en su popularización se produjo siete años antes con el documental 1983: On the Brink of the Apocalypse 7. Este reportaje, que contó con la participación de casi todos sus protagonistas, continúa siendo una de las principales fuentes para estudiar estos sucesos. Aunque su montaje sugiere que el mundo estuvo al borde del apocalipsis, las transcripciones de las entrevistas son menos concluyentes 8. El tercer y último hito para que estos sucesos se convirtieran en un ícono pop también se produjo en 2015 con la serie Deutschland 83 9, que trata de un joven reclutado por el espionaje alemán para participar en RYaN y que acaba abortando una guerra nuclear durante Able Archer. Aunque sus protagonistas y situaciones son ficticias, el desarrollo de la serie coincide con la interpretación mayoritaria.
Sin embargo, esta interpretación no está exenta de críticas por el excesivo peso de Gordievsky, las preguntas que permanecen sin respuesta, la imposibilidad de verificar ciertos planteamientos o las inconsistencias que presentan varios de ellos 10. Este artículo pretende reconstruir los acontecimientos y su interpretación para exponer las incoherencias y proponer una explicación alternativa: Moscú conocía Able Archer y los movimientos militares no estaban motivados por el pánico sino por una demostración de fuerza. No pretende ser la interpretación definitiva, ya que muchas fuentes soviéticas continúan clasificadas. Sin embargo, uno de los principales hallazgos de los archivos del Pacto de Varsovia es, precisamente, la falta de referencias sobre estos sucesos y el estado embrionario de RYaN, por lo que difícilmente podría haber informado de la posibilidad de ataque durante Able Archer 11.
El artículo se dividirá en tres secciones: la primera describirá los ejercicios, la segunda analizará la reconstrucción tradicional de los hechos y la última propondrá una interpretación alternativa basándose en las inconsistencias del relato anterior y los datos que se han van conociendo.
Proyectados como culminación de las maniobras Autumn Forge, estos ejercicios se celebraban anualmente para ensayar los protocolos de empleo de armas nucleares. Autumn Forge 83 simulaba una crisis entre la OTAN y el Pacto de Varsovia que culminaba en una guerra nuclear limitada. El escenario empezó en septiembre con la invasión de Yugoslavia, Finlandia y Noruega y los ejercicios Reforger para desplegar fuerzas desde Estados Unidos. Continuó con unas maniobras en el Frente Central y desembocó en Able Archer 83. El 4 de noviembre, el Pacto de Varsovia atacaba el saliente de Fulda y rebasaba las líneas de defensa aliadas utilizando armas químicas. Tres días después empezaba el ejercicio: incapaces de detener la ofensiva soviética, los mandos militares aliados solicitaban el empleo de armas nucleares contra varios objetivos enemigos. Tras las consultas políticas, el 9 se realizaba un primer ataque contra blancos alemanes, checoslovacos y polacos. Dos días después se realizaba un segundo ataque contra blancos estáticos y objetivos móviles de la retaguardia enemiga. El ejercicio terminaba el 11 por la tarde con el cese de la ofensiva soviética.
Estos ejercicios eran habituales durante la época. Sin embargo, este tenía varios rasgos que lo diferenciaban de ediciones anteriores y lo hacían más realista. Entre ellos destaca el empleo de un nuevo sistema de cifrado de las comunicaciones 12, el despliegue de fuerzas sobre el terreno 13, el transporte y montaje de ojivas nucleares simuladas 14, la utilización del término «ataque» para definir las salidas de los aviones 15 o el repunte de la seguridad en los cuarteles estadounidenses 16, entre otros elementos distintivos 17.
La réplica soviética también fue inusual 18. Aunque muchas de las actividades identificadas por la inteligencia estadounidense y británica continúan clasificadas 19, puede certificarse que aumentó la actividad militar en el Báltico, Polonia, Checoslovaquia o la RDA y repuntó la alerta de varias fuerzas de vanguardia 20. Se cancelaron los vuelos rutinarios 21 y varios regimientos de cazabombarderos capaces de portar armamento nuclear incrementaron su alerta. Algunos, incluso, se pusieron en orden de combate 22. Varios escuadrones de caza entraron en alerta en pista, armados y con los motores encendidos 23. También se realizaron vuelos de reconocimiento sobre los mares del Norte, Báltico y Barents 24, se suspendió la información meteorológica y repuntaron las comunicaciones urgentes entre los ejércitos del Pacto de Varsovia 25. Años después se mencionarían movimientos mucho más peligrosos, como «la alerta de las unidades del 4.º Ejército Aéreo soviético, incluyendo preparativos para el empleo inmediato de armas nucleares» 26 o el «transporte helitransportado de armas nucleares desde los polvorines a las unidades» 27.
Paralelamente, los relatos de algunos de sus protagonistas 28 podrían indicar que una parte de la fuerza de misiles intercontinentales incrementó su nivel de alerta, incluyendo varios UR-100N 29. Varias decenas de misiles de alcance intermedio RT-21M se desplegaron a sus puestos de lanzamiento 30 y, al menos, un submarino lanzamisiles podría haber navegado hasta su zona de lanzamiento bajo el casquete polar 31. Finalmente, varias fuentes certificarían que el jefe de Estado Mayor de la Defensa se trasladó a su búnker de mando 32. Otros indicadores de la alerta soviética —el montaje de ingenios atómicos en cazabombarderos, la distribución a los mandos de los códigos de lanzamiento de los misiles 33 o los preparativos para realizar la secuencia de disparo de las lanzadoras móviles 34— no pueden corroborarse por fuentes primarias, quedando dentro del terreno de la especulación.
Able Archer transcurrió con aparente normalidad sin descubrirse ninguna señal de alarma 35. Las únicas situaciones inusuales conocidas parece que fueron detectadas por la inteligencia criptográfica estadounidense 36, caso del aumento del alistamiento de los cazabombarderos del Grupo de Fuerzas Soviéticas en la RDA, incluyendo la puesta en orden de combate de varios escuadrones 37. Sin embargo, al poco tiempo de terminar estos ejercicios 38, quizás coincidiendo con la revisión y puesta en común de los datos de inteligencia, comenzaron a aflorar varias anomalías. Por un lado, se constató que, durante Able Archer, las informaciones meteorológicas de las radios soviéticas se cancelaron, varias unidades del Báltico, Checoslovaquia y la RDA entraron en alerta y el 4.º Ejército Aéreo —que disponía de aviones capaces de lanzar armamento nuclear— aumentó su alistamiento 39. También se suspendieron la mayoría de los vuelos militares 40 y varios escuadrones de caza se pusieron en alerta en pista 41.
Un informe de la CIA de diciembre de 1983 advirtió de estas actividades observadas durante los meses anteriores 42. Sin embargo, estimó que estaban relacionadas con el despliegue de los Pershing II. Por otro lado, se descubrió que los operativos de la inteligencia militar soviética (GRU) habían recibido una instrucción de Moscú instándoles a obtener indicadores de posibles preparaciones militares enemigas 43, probablemente de RYaN 44.
No fue hasta primavera de 1984 cuando los acontecimientos del noviembre anterior empezaron a ser objeto de debate 45. Ello se debe a que Washington recibió un informe de la inteligencia británica indicando que «los soviéticos habían pensado que una guerra nuclear podría haber sido inminente durante Able Archer» 46. Aunque su contenido continúa clasificado 47, los indicativos de «una reacción soviética sin precedentes y [...] una supuesta inquietud a un ataque aliado por sorpresa» 48 provenían de un agente con acceso a RYaN y del repunte de la actividad militar enemiga durante los ejercicios 49. Combinadas, ambas informaciones certificarían la paranoia del Kremlin con Able Archer y podrían indicar que Moscú se preparó para asestar un primer golpe.
El informe contendría varios indicadores procedentes de tres fuentes 50: la primera, un oficial de inteligencia checoslovaco 51 que habría reportado una solicitud de KGB a mediados de 1983 a los servicios secretos alemanes y checoslovacos para que detectaran indicios de un ataque nuclear aliado y monitorizaran cualquier ejercicio que pudiera servir para encubrirlo (es decir, RYaN) 52. El mismo agente también informó de que la alerta en los acuartelamientos estadounidenses tras los atentados de Beirut del 23 de octubre había generado malestar en Moscú 53. Otra fuente sería la inteligencia criptográfica británica, que habría detectado un repunte en la actividad enemiga antes y durante los ejercicios. La última fuente sería Gordievsky, que durante Able Archer era el segundo jefe de la KGB en Londres 54. Según Gates, este habría manifestado que Moscú entró en pánico porque los formatos y procedimientos utilizados para lanzar el ataque nuclear eran distintos que los utilizados anteriormente 55 y porque las fuerzas enemigas pasaron por todas las fases de alerta, desde el alistamiento normal hasta la movilización general 56. También, porque este ejercicio parecía tener tropas sobre el terreno y porque los cuarteles estadounidenses en Europa incrementaron su seguridad. Estos indicios mediaron para que «la KGB concluyera que las fuerzas americanas se habían puesto en estado de alerta e incluso pudieran haber empezado la cuenta atrás para la guerra nuclear» 57.
Es probable que este informe también incluyera alguna referencia al cable urgente que, supuestamente, recibieron las residencias de la KGB indicando que varias fuerzas estadounidenses se habían puesto en alerta máxima y solicitando a los operativos que confirmaran esta posibilidad. Este telegrama, que insinuaba «que una de las posibles explicaciones de esta alerta (inexistente) era que ya había empezado la cuenta atrás para el ataque nuclear» 58 (siendo los atentados de Beirut y los ejercicios las otras posibles explicaciones), será esencial para construir el relato de los hechos.
A pesar de las pruebas aportadas por la inteligencia criptológica y Gordievsky, no toda la comunidad de inteligencia británica compartía estas conclusiones. De hecho, parecían «existir distintas visiones en el JIC (Comité Conjunto de Inteligencia) sobre el peso que debe otorgarse a la reacción soviética» 59 que no se conseguirían cerrar en análisis posteriores.
No obstante, sí existía un consenso sobre la conveniencia de establecer medidas de confianza con Moscú sobre futuros ejercicios que contemplaran el uso de armas nucleares porque «debemos impedir cualquier malinterpretación soviética, por pequeño que sea el indicio» 60. La alarma generada por Able Archer y la necesidad de notificar a Moscú la celebración de estos ejercicios no solo centraron la ofensiva británica en Estados Unidos, sino que contribuyeron para que Thatcher redefiniera su política hacia la Unión Soviética 61.
La hipótesis del pánico soviético fue recibida con escepticismo por una inteligencia estadounidense convencida de que había sido una campaña de desinformación 62. Además, tanto la CIA como los departamentos de Estado y Defensa sospechaban que Londres estaba utilizando estos hechos para intentar que Reagan moderara su retórica y dilatara el despliegue de los euromisiles 63. A pesar de los recelos mostrados, el informe británico tuvo un efecto inmediato —quizás por el convencimiento de Gates y Reagan— y Langley preparó una estimación especial de inteligencia para esclarecer los hechos.
La posibilidad que planteaba Londres parecía plausible: la retórica belicista de Reagan había sido percibida por Moscú con preocupación. Sus inversiones militares amenazaban con alterar la correlación de fuerzas con la Unión Soviética. La «opción cero» propuesta para resolver el dilema de las Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio acabaría con el balance de fuerzas europeo y la codificación de las opciones selectivas abría la opción de librar guerras nucleares limitadas y lanzar ataques de decapitación contra el Kremlin.
¿Era posible que Moscú hubiera podido interpretar los ejercicios como la antesala de un primer golpe?, ¿Era posible que Washington no hubiera considerado esta posibilidad cuando los diseñó?, ¿Nadie había realizado un ejercicio de empatía estratégica para ponerse en la piel de su antagonista?, ¿Tan difícil era intentar conocer las intenciones del contrario? Y, por encima de todo, ¿había estado el mundo al borde de un holocausto por un error de cálculo?
Estas preguntas guiarían la elaboración de la estimación especial de inteligencia de mayo de 1984 64. Elaborada por el Consejo Nacional de Inteligencia a petición de Gates, este informe pretendía examinar los movimientos político-militares soviéticos desde Able Archer para dilucidar qué pudo suceder 65. Desclasificado parcialmente en 2011, este trabajo concluyó que no existían evidencias suficientes para afirmar que la Unión Soviética hubiera entrado en pánico.
Este informe restó importancia al testimonio de Gordievsky 66 y minimizó la relevancia de RYaN al considerarla una acción propagandística para incrementar las tensiones entre los aliados 67. Aseveraba que el desequilibrio estratégico a favor de Washington y el despliegue de los euromisiles inquietaban a Moscú porque percibía que la correlación de fuerzas estaba desapareciendo. También indicó que las maniobras Autumn Forge habían sido más grandes y asertivas que años anteriores 68. Estos elementos pudieron mediar para que, durante Able Archer, repuntara la actividad militar soviética, pero sin evidenciar que Moscú hubiera entrado en pánico, se hubiera preparado para repeler un ataque o planeara lanzar un ataque preventivo. Por lo tanto, «aunque la reacción soviética fue, de alguna manera, más elevada de lo normal, al limitar el repunte de la alerta a varias unidades aéreas, Moscú reveló que no creía en la posibilidad de un ataque aliado» 69. Señales como la ausencia de una alarma generalizada o la puesta en orden de combate del ejército evidenciaban que la Unión Soviética no anticipaba ningún ataque enemigo 70.
El memorándum concluía que Moscú habría «alzado la voz y expuesto firmeza con una demostración controlada de su músculo militar» 71. En otras palabras, la Unión Soviética habría realizado una demostración de fuerza, exactamente lo mismo que había hecho, quizás sin pretenderlo, la OTAN durante Autumn Forge 72.
Estas conclusiones serían refrendadas poco después por una nueva estimación especial 73. El respaldo de la CIA a la primera interpretación de los hechos planteaba otra cuestión que intentaría responderse años después: ¿la comunidad de inteligencia ratificó estas conclusiones porque consideraba irrelevante la información aportada por Londres o porque no quería admitir que se había equivocado? 74. En cualquier caso, dos meses antes del tercer refrendo, el director de la CIA alertó que «el comportamiento de las fuerzas armadas [soviéticas] es inquietante. El despliegue operativo de los submarinos, la suspensión del apoyo a las cosechas o los retrasos en las rotaciones de fuerzas indican su determinación por reducir su vulnerabilidad estratégica [...] estos comportamientos entrañan grandes costes militares [...] que indicarían una preocupación real que, a menudo, no se refleja en los informes de inteligencia» 75.
Aunque el informe británico apenas influyó en la interpretación estadounidense de los hechos, ambos documentos que reconocían la escalada de tensión entre ambas potencias contribuyeron para que el presidente Reagan tomara conciencia de los peligros de una conflagración nuclear y modificara su política hacia la Unión Soviética 76.
Poco antes de caer el muro de Berlín, el PFIAB, un organismo de expertos independientes que aconseja al jefe del ejecutivo estadounidense en asuntos de inteligencia, volvió a abrir el caso. Esta revisión se realizó a petición del director de la Agencia de Inteligencia de Defensa, Leonard Perroots, que durante Able Archer había sido el segundo jefe de inteligencia de las fuerzas aéreas en Europa. Poco antes de jubilarse, solicitó que revisaran este episodio porque consideraba que había recibido un tratamiento inadecuado 77. Una de las razones era personal, ya que Perroots fue el oficial que no incrementó el nivel de alerta de la fuerza aérea cuando detectó los aviones soviéticos en alerta en pista, desescalando la situación y quizás salvando el mundo del holocausto. En reconocimiento a su carrera, el PFIAB resolvió revisar estos sucesos.
Teóricamente, este panel pretendía revisar los procedimientos utilizados para elaborar las estimaciones de inteligencia e identificar sus limitaciones para evaluar riesgos 78. En febrero de 1990 se presentó el memorándum final. Con un nivel de clasificación por encima de Top Secret por la sensibilidad del material contenido y los métodos utilizados para obtenerlo, este trabajo siempre estuvo rodeado de un halo de misterio. Muchos creían que permitiría despejar las dudas sobre Able Archer y, con ello, descifrar el comportamiento y las relaciones de las superpotencias durante la Segunda Guerra Fría.
Tras doce años de litigios, este memorándum se desclasificó parcialmente en 2015 en medio de una gran expectación. El trabajo ahonda en algunos detalles relevantes como el incremento del nivel de alarma y las movilizaciones de fuerzas enemigas. No obstante, debido a la cantidad de pasajes que permanecen censurados (especialmente los relacionados con los indicativos de la alarma soviética obtenidos mediante inteligencia electrónica y criptológica), también deja otros asuntos sin resolver. En cualquier caso, este informe tampoco permite concluir, definitivamente, que Moscú estuviera a punto de lanzar un ataque nuclear.
Considerando que «las evidencias de entonces, y mucho menos las de ahora, apoyan las conclusiones categóricas [del informe de 1984]» 79, este memorándum contiene abundantes reproches a la inteligencia estadounidense por haber menospreciado la alerta británica, subestimado el miedo soviético y malinterpretado su escalada bélica hasta el punto de haber podido provocar una catástrofe. Entre sus críticas destaca que la estimación de 1984 no se tomó en serio Able Archer y que ignoró cualquier prueba que no se adecuara a su interpretación de los hechos. También, que menospreció RYaN —considerada como un factor esencial para explicar las percepciones soviéticas sobre el ejercicio— 80 y que no tuvo en cuenta las aportaciones de Gordievsky. Asimismo, sugiere que la escasa influencia del informe británico se debe a las sospechas de que Londres había adulterado sus conclusiones para influir sobre Estados Unidos 81.
Para enmendar los errores del informe anterior y esclarecer lo ocurrido durante Able Archer, el PFIAB estudió un centenar de informes y realizó más de setenta y cinco entrevistas 82. Ello le permitió concluir que el ejercicio había alarmado a Moscú hasta el punto de prepararse para lanzar un ataque preventivo. Entre las pruebas que demostrarían que «varias fuerzas se prepararon para prevenir o contraatacar un ataque aliado lanzado bajo la cobertura de Able Archer» se hallaban las identificadas por el informe de 1984. Otras evidencias que revelarían la entidad de la alerta continúan censuradas. En cualquier caso, el PFIAB aseveraba que Estados Unidos no había visto tal nivel de alerta desde la Segunda Guerra Mundial 83. Sin embargo, al no acompañarse de una movilización a gran escala, la heterogénea respuesta del Kremlin —situando algunas fuerzas en orden de combate, pero sin llamar a la movilización general— podía deberse a la incertidumbre que generaron los ejercicios 84. En otras palabras, «en 1983 pudimos poner nuestras relaciones con la Unión Soviética en el disparadero» 85.
Esta interpretación de los hechos de noviembre es la que, en mayor o menor medida, se ha terminado consolidando en el imaginario común. Sin embargo, ¿es posible concluir que Estados Unidos y la Unión Soviética estuvieran al borde de la guerra en noviembre de 1983?
Las fuentes del antiguo Pacto de Varsovia permiten certificar que la Unión Soviética conocía las características del ejercicio antes de su celebración. Además, las inteligencias alemana, checoslovaca y soviética informaron del mismo antes, durante y después. Coincidiendo con el inicio de Autumn Forge, el ministro de defensa alemán comunicó a Erich Honecker que estas maniobras congregarían menos fuerzas que otros años, pero se incrementaría su vertiente nuclear 86. El día que este empezaba, Berlín informó que «constituye el fin de la serie de ejercicios aliados Autumn Forge y sirve para adiestrar a los mandos y estados mayores en materia de planeamiento, organización y ejecución de operaciones con ataques nucleares selectivos y masivos» 87. También se sabía que el paso por los distintos niveles de alerta «era parte de los objetivos del ejercicio y no refleja la valoración aliada de la situación internacional» 88, se indicaba que implicaría el lanzamiento simulado de los euromisiles y que usaría nuevos estándares de comunicación. Los informes posteriores tampoco revelan nada especial, argumentando que Able Archer era la culminación de Autumn Forge, que experimentó la transición de un conflicto convencional a una guerra nuclear y que ensayó las consultas, protocolos y procedimientos para el uso de armas atómicas 89. Apreciaciones similares pueden hallarse en los recuerdos de varios de sus protagonistas, aunque no pueden considerarse como una prueba definitiva 90. Uno de los más interesantes procede del general Yesin porque podría proporcionar varias claves explicativas de estos sucesos. Este declaró: «sabíamos que la OTAN estaba realizando un ejercicio [...] aunque no podíamos eliminar totalmente la posibilidad de que se produjera un ataque nuclear [...] estábamos en una situación de alerta, no esperando un ataque» 91.
Aunque la inteligencia soviética percibiera que se trataba de un ejercicio, y los nuevos estándares de cifrado de las comunicaciones aliadas quizás habían sido descifrados 92, no significa que Able Archer no fuera monitorizado 93. Atendiendo su miedo a un ataque por sorpresa aprovechando unas maniobras 94, cualquier ejercicio aliado recibía la atención del Pacto de Varsovia 95, especialmente si este implicaba el empleo de armas nucleares y se celebraba durante el aniversario de la revolución rusa 96. En consecuencia, parece lógico que sus operativos se movilizaran para confirmar que Able Archer no era ninguna estratagema para encubrir un primer golpe 97. Además, atendiendo al memorándum del PFIAB, es probable que existieran algunas fuerzas sobre el terreno 98. Quizás podría tratarse de varios Pershing I (los euromisiles según el informe alemán) incapaces de batir Moscú con sus 740 kilómetros de alcance. Aunque los Pershing II, cuyo alcance estimado por la Unión Soviética era de 2.500 kilómetros, no empezarían a llegar hasta finales de mes, Moscú desconocía con exactitud cuándo se desplegarían 99. Por estas razones, parece lógico que la inteligencia soviética también observara cualquier movimiento de los misiles 100. En conjunto, la necesidad de cerciorarse de que Able Archer era un ejercicio explicaría la interceptación de las comunicaciones para detectar anomalías, la movilización de los operativos para vigilar instalaciones militares 101 o el repunte de las comunicaciones de la KGB y GRU con Moscú para reportar cualquier información por inverosímil que fuera 102. En este contexto podría situarse el cable que recibió Rainer Rupp el día 9 preguntando si la OTAN estaba preparando un ataque, al que respondió negativamente 103. Que no se contactara nuevamente a esta fuente tan bien posicionada en la OTAN podría indicar que Moscú solo pretendía verificar sus informaciones 104.
En el caso que Moscú hubiera entrado en pánico, la ejecución del ataque preventivo requeriría unos procedimientos. Aunque el secretario general sería el responsable de dar la orden final, el Politburó debería aprobarla previamente. Por lo tanto, sería de esperar que sus miembros fueran informados con los indicios de que Able Archer encubría un ataque nuclear y se produjeran varias reuniones de urgencia. Aunque la mayoría de las minutas y diarios de sesiones continúan clasificadas en los archivos del presidente de la Federación Rusa, uno de los miembros del Politburó, Mijaíl Gorbachov, niega que se tratara este asunto 105. Las comisiones inmediatamente posteriores tampoco se refieren a los ejercicios, lo que indicaría que nada de lo ocurrido merecía ser incluido en el orden del día para su discusión 106. Tampoco hay constancia de que un Andropov gravemente enfermo se reuniera de urgencia con asesores, autoridades o miembros del Politburó en el hospital donde estaba ingresado 107. Ello podría deberse a que ni la KGB ni el GRU transmitieron la información que iban recogiendo durante los ejercicios, lo que podría indicar su escasa relevancia y, quizás, la voluntad de no sugestionar más a un Andropov aterrado por la retórica de Reagan 108.
Las crónicas de Gordievksy continúan siendo la principal fuente que demostraría que Moscú había entrado en pánico 109, ya que «todo lo que conocemos sobre [Able Archer] se debe primariamente —pero no exclusivamente— al desertor de la KGB Oleg Gordievsky» 110. Este agente destinado a la rezidentura de Londres aporta dos pruebas. La primera, un telegrama del 5 de noviembre —cuando el escenario concebía los primeros ataques químicos— exponiendo que RYaN podría requerir entre siete y diez días de preparación y definiendo una serie de indicadores de la cuenta atrás para el ataque 111. La autenticidad de este cable reproducido en las memorias de este agente está certificada. La segunda, un telegrama urgente de Moscú enviado el 8 o 9 a las sedes de los países aliados señalando que el incremento de la alerta y el repunte de la seguridad en las bases estadounidenses podían indicar la inminencia de un ataque nuclear y solicitándoles una respuesta inmediata 112. Sin embargo, este documento nunca se ha hallado, quizás porque un telegrama así debía destruirse tras su lectura 113. No se ha podido validar su existencia o contenido 114 y, aunque existiera, varias fuentes argumentan que podría tratarse de una exageración o distorsión de los hechos 115. Las más plausibles serían que el espía malinterpretó este cable que podía tratar de los rumores que debían ser reportados por las residencias europeas 116 o que solicitaba datos del repunte de la seguridad en los cuarteles por los atentados en Beirut 117. En cualquier caso, choca que ninguno de los telegramas de RYaN que aporta Gordievsky para justificar sus planteamientos mencione Autumn Forge o Able Archer ni tampoco solicite extremar la vigilancia coincidiendo con su desarrollo 118. Además, varias fuentes indican que RYaN no estaba operativa cuando se produjeron estos sucesos 119. Es probable que esta iniciativa para proporcionar alerta temprana de un ataque nuclear fuera poco más que un proyecto de investigación en 1983 120. Aunque Gordievsky —y el PFIAB basándose en las estimaciones del primero— hablan abundantemente de los indicadores del ataque por sorpresa 121, se especula que estos no se cerraron hasta 1986 122. De hecho, un mes antes de celebrarse Able Archer, el director de la KGB le expuso a su colega de la Stasi Markus Wolf cuál era la situación de RYaN: «no se han tomado todavía las decisiones centrales y fundamentales [...] el trabajo está siendo realizado en el instituto de investigación y problemas operativos» 123. De ser así, se alteraría la sucesión de los acontecimientos planteada por Gordievsky, certificada por el PFIAB (y quizás por Londres) y consolidada en la literatura occidental: los miedos soviéticos a un ataque por sorpresa, RYaN para proporcionar alerta temprana del mismo y Able Archer como la profecía autocumplida 124. En consecuencia, no se trataría de una causalidad entre ambos hechos, sino una simple correlación temporal entre ellos, y RYaN no tendría nada que ver con Able Archer.
Por lo tanto, ¿cuál podría ser la explicación de los sucesos de noviembre? Los extraños movimientos observados durante el ejercicio ni respondían al pánico soviético ni tampoco estaban determinados por una RYaN en proceso de definición, sino que eran un mensaje de advertencia. Un aviso de que Moscú conocía el ejercicio, que estaba en alerta y que estaba preparado para responder a cualquier contingencia. Esta demostración de fuerza sería una respuesta inequívoca a las acciones que Washington había realizado los últimos meses: incursiones en el espacio aéreo soviético, operaciones navales cerca de sus costas para negar el control de su flota, la «guerra de las galaxias», las opciones selectivas, el despliegue de los euromisiles 125 y, quizás sin pretenderlo, Autumn Forge y Able Archer. Estas acciones mandaban una señal a Moscú 126: le comunicaban la capacidad que tenía Estados Unidos para imponerse en un conflicto con la Unión Soviética y su determinación de hacerlo si era necesario. Washington estaban señalizando su postura disuasoria.
Ante esta situación, Moscú quizás aprovechó los ejercicios para señalar o negociar coercitivamente con Estados Unidos. Aunque peligrosas por sus potenciales efectos escalatorios, acciones como la movilización de algunas fuerzas de vanguardia, la suspensión de la información meteorológica, la cancelación de los vuelos rutinarios, la alerta en pista de los aviones o el hipotético montaje de ingenios nucleares en cazabombarderos, deberían ser detectadas por los sistemas de alerta temprana estadounidenses. Sin embargo, para dificultar que esta contramovilización fuera (mal)interpretada por Estados Unidos como la antesala de un ataque, Moscú canceló la alerta el 9 de noviembre, cuando la OTAN lanzaba el primer ataque nuclear y los vuelos volvieron a la normalidad el 11, cuando realizaba el segundo 127. Ello permitiría explicar la sucesión de los acontecimientos, demostrar que Gordievsky malinterpretó los indicios —incluyendo el cable— incurriendo en un sesgo de confirmación y concluir que el informe del PFIAB no es «el relato definitivo de Able Archer 83» 128. Aunque no permitiría despejar totalmente las dudas sobre estos sucesos, si permitiría situar estos acontecimientos dentro de la lógica de actuación de estas potencias, donde comunicaban sus capacidades militares y su determinación de utilizarlas con una amplia variedad de demostraciones de fuerza, siendo los ejercicios una de ellas.
Quizás ello explicaría por qué en abril de 1984, dos meses después del fallecimiento de Andropov y al medio año de los acontecimientos de noviembre, Moscú realizara «el mayor ensayo de guerra nuclear detectado por Estados Unidos en la historia» 129. Aunque el PFIAB sostenía que se trataba de un aviso a Washington para que no explotara el éxito del despliegue de los euromisiles, quizás también era la respuesta a Able Archer. Sin embargo, esto sería una temática para otro artículo.
No sabemos con certeza qué ocurrió durante Able Archer. Los documentos que podrían esclarecer los hechos continúan clasificados en los archivos del presidente de la Federación Rusa, de la KGB o del antiguo GRU y algunos de sus protagonistas ya no están con nosotros. Otros, como Gordievsky, mantienen su relato inicial con pequeñas matizaciones, defendiendo la paranoia soviética, pero aceptando que, quizás, el pánico fue menor del reportado inicialmente 130. Aunque podría deberse a que el espía descubrió nuevas informaciones, cualquier relato tiene limitaciones por la tendencia, consciente o no, de reconstruir y reinterpretar los hechos vividos. Y en un caso como el de Able Archer, donde una única fuente tiene un peso significativo en la elaboración del relato, tal y como demuestran los informes de 1984 y 1990, puede tener importantes efectos que todavía persisten. Sin embargo, esto no significa que el memorándum original estuviera en lo correcto: obvió las demostraciones de fuerza realizadas por Estados Unidos y el malestar que podían generar en Moscú y desechó rápidamente cualquier miedo soviético al calificarlo como simple propaganda.
La interpretación mayoritaria de estos acontecimientos siempre ha tenido lagunas que han quedado sin responder. Algunas empezaron a vislumbrarse cuando varios de sus protagonistas fueron entrevistados, como la aparente tranquilidad de unos altos mandos que parecía contrastar con los miedos de Andropov o la escasa atención prestada a los sucesos de noviembre. Sin embargo, la mayoría de ellas han quedado patentes tras la desclasificación de varios archivos del Pacto de Varsovia, como la abundante información sobre RYaN y su limitada operatividad en 1983, el conocimiento de los ejercicios o la falta de crónicas que avalen la tesis del pánico. Esto no significa que la interpretación de este trabajo sea la correcta o definitiva. Existen otras posibilidades, pero ninguna de ellas es plenamente satisfactoria.
1 Aunque todas sus obras tratan estos sucesos, destacan Christopher Andrew y Oleg Gordievsky: KGB: The Inside Story of its Foreign Operations from Lenin to Gorbachev, Nueva York, HarperCollins, 1990, e íd.: Comrade Kryuchkov’s Instructions: Top Secret Files on KGB Foreign Operations, 1975-1985, Palo Alto, Stanford University Press, 1993. Antes de que Gordievsky escribiera sus memorias, varios periodistas con contactos en la Casa Blanca y Whitehall habían escrito sobre estos rumores (Benjamin Fischer: A Cold War Conundrum: the 1983 Soviet War, Scare, CS97-10007, Langley, CIA, 1997, nota 87).
2 A finales de 1970, Estados Unidos redefinió su doctrina y capacidades militares, compensando la superioridad cuantitativa soviética y elaborando planes para repeler un ataque enemigo sin recurrir al empleo de armamento atómico (Guillem Colom: «La segunda Guerra Fría y el desplazamiento del balance de fuerzas en Europa», Ayer, 99 (2015), pp. 175-198).
3 Este incidente se produjo el 1 de septiembre, cuando un caza soviético derribó un avión de Korean Airlines sobre la Península de Kamchatka. Moscú lo confundió con un avión de reconocimiento estadounidense que había estado sobrevolando esta zona horas antes. Ante la ofensiva diplomática estadounidense, Moscú se vio forzado a justificar este derribo argumentando que el KAL-007 realizaba labores de espionaje (Seymour Hersh: «The Target is Destroyed»: What Really Happened to Flight 007 and What America Knew About It, Nueva York, Random House, 1986). Precisamente, numerosas fuentes rusas —entre las que destacan las declaraciones del secretario general Mijaíl Gorbachov o el jefe de la KGB Vladimir Kryuchkov— califican este hecho como uno de los más peligrosos de la década mientras obvian Able Archer. Simon Miles: «The War Scare that Wasn’t. Able Archer 83 and the Myths of the Second Cold War», Journal of Cold War Studies, 22(3) (2020), p. 100 proporciona una treintena de fuentes que lo avalan.
4 President’s Foreign Intelligence Advisory Board (PFIAB), The Soviet «War Scare», 15 de febrero de 1990.
5 Nate Jones: Able Archer 83: The Secret History of the NATO Exercise That Almost Triggered Nuclear War, Nueva York, New Press, 2016, p. 37.
6 Además de los trabajos citados, pueden mencionarse Benjamin Fischer: «Scolding Intelligence: The PFIAB Report on the Soviet War Scare», International Journal of Intelligence and CounterIntelligence, 31(1) (2018), pp. 102-115; Len Scott: «November 1983: the most dangerous moment of the Cold War?», Intelligence and National Security, 35(1) (2020), pp. 131-148, y Mark Ambinder: The brink: President Reagan and the nuclear war scare of 1983, Nueva York, Simon&Schuster, 2018. En español podemos hallar Darío Migliucci, Ferran Martínez y Katharina Benecke: «La crisis Able Archer (1983): un caso ejemplar de misperception», Historia Actual Online, 42(1) (2017), pp. 23-34, y Guillem Colom: «Cuando la realidad supera la ficción: la operación RYAN (1981-1991)», Ayer, 112 (2018), pp. 265-293.
7 Henry Chancellor: 1983: On the Brink of the Apocalypse, Londres, Flashback, 2007. En 2018, su productor ejecutivo publicó una obra que incide en la tesis del pánico (Taylor Downing: 1983: Reagan, Andropov, and a World on the Brink, Londres, Little Brown, 2018).
8 Las transcripciones completas de las entrevistas pueden hallarse en Liddle Hart Centre for Military Archives (LHCMA), Brink of Apocalypse, KCLMA GB-099, Londres, King’s College London.
9 Anna Winger y Jörg Winger: Deutschland 83, Colonia, RTL-UFA, 2015.
10 Sobre estos asuntos, Vojtech Mastny: «How Able Was “Able Archer”? Nuclear Trigger and Intelligence in Perspective», Journal of Cold War Studies, 11(1) (2009), pp. 108-23; Beatrice Heuser: «Military exercises and the dangers of misunderstandings: the East West Crisis of the Early 1980s», en Beatrice Heuser, Tormod Heier y Guillaume Lasconjarias (eds.): Military Exercises: Political Messaging and Strategic Impact, Roma, NDC, 2018, pp. 113-140; Mark Kramer: «Die Nicht-Krise um “Able Archer 1983”: Fürchtete die sowjetische Führung tatsächlich einen atomaren Großangriff im Herbst 1983?», en Oliver Bange y Bernd Lemke (eds): Wege zur Wiedervereinigung: Die beiden deutschen Staaten in ihren Bündnissen 1970 bis 1990, Múnich, Oldenbourg, 2013, pp. 129-49; Gordon Barrass: The Great Cold War: A Journey Through the Great Cold War, Stanford, Stanford University Press, 2009; íd.: «Able Archer 83: What Were the Soviets Thinking?», Survival, 58(6) (2016), pp. 7-30, o Raymond Garthoff: «Soviet Leaders, Soviet Intelligence, and Changing Views of the United States, 1965-91», en Paul Maddrell (ed.): The Image of the Enemy: Intelligence Analysis of Adversaries since 1945, Washington, Georgetown University Press, 2015, pp. 41-80.
11 La principal fuente es The Able Archer 83 Sourcebook (https://nsarchive.gwu.edu/project/able-archer-83-sourcebook) de la Universidad George Washington. La colección Das MfS und die Zusammenarbeit mit anderen kommunistischen Geheimdiensten (https://www.bstu.de/informationen-zur-stasi/quellensammlungen/das-mfs-und-die-zusammenarbeit-mit-anderen-kommunistischen-geheimdiensten) del Comisionado para los archivos del Ministerio de Seguridad del Estado detalla la cooperación entre la Stasi y la KGB en RYaN. Las colecciones Intelligence Operations of the Cold War, https://digitalarchive. wilsoncenter.org/collection/45/intelligence-operations-in-the-cold-war, y Mitrokhin Archive https://digitalarchive.wilsoncenter.org/collection/52/mitrokhin-archive, de la fundación Woodrow Wilson, también contienen información sobre RYaN.
12 Benjamin Fischer: A Cold...
13 PFIAB, The Soviet..., p. 35.
14 Ibid., pp. 35-36; Department of the Air Force, Exercise Autumn Forge 83, MAC/000XE, 30 de enero de 1984, pp. 19-28. La OTAN reitera que el ejercicio no implicó ningún despliegue (Supreme Headquarters Allied Powers Europe, Able Archer 83, Mons, OTAN, 2013).
15 Seventh Air Division, Exercise ABLE ARCHER 83 After Action Report, 1 de diciembre de 1983, p. 3.
16 Peter Pry: War Scare: Russia and America on the Nuclear Brink, Nueva York, Praeger, 2000, pp. 37-38, y Benjamin Fischer: A Cold... Aunque la naturaleza del ejercicio obligaba a que los estados mayores incrementaran su alerta, el refuerzo de la seguridad fue por los atentados de Beirut.
17 También podría mencionarse la aparente participación de líderes políticos y altos funcionarios (Peter Pry: War Scare..., pp. 33-44. Sin embargo, las agendas de los dignatarios sugieren lo contrario (Simon Miles: «The War Scare...», pp. 108-109). Probablemente, el programa definitivo se alteró para evitar interpretaciones erróneas (PFIAB, The Soviet..., pp. 56-58).
18 Mientras la primera estimación calificó estas actividades como algo más grandes de lo habitual [Director of Central Intelligence (DCI), Implications of Recent Soviet Military-Political Activities, SNIE 11-10-84, 18 de mayo de 1984, p. 4], el PFIAB (The Soviet..., p. 7) las califica como sin precedentes.
19 Los memorándums británicos dedicados a Able Archer —Joint Intelligence Committee (JIC), Soviet Union: Concern About a Surprise NATO Attack, JIC-84-N-45, 23 de marzo de 1984, y JIC, The Detection of Soviet Preparations for War Against NATO, JIC-84-5, 15 de junio de 1984— continúan clasificados. La mayoría de los movimientos enumerados por el PFIAB, también (PFIAB, The Soviet..., pp. 71-74).
20 Robert Gates: From the Shadows: The Ultimate Insider’s Story of Five Presidents and How They Won the Cold War, Nueva York, Simon&Schuster, 1996, p. 272.
21 Los vuelos se suspendieron entre el 2 y el 10, retomándose el 11, cuando se lanzaba el segundo ataque (PFIAB, The Soviet..., p. 74). El general Viktor Yesin, jefe de los misiles de alcance intermedio del cuartel general de la fuerza de misiles estratégicos, establece tres fechas clave: el 9 se canceló la alerta soviética, el 11 se retomaron los vuelos y el 14 las fuerzas nucleares volvieron a sus posiciones normales (LHCMA, Brink..., 2/1). Sobre estos asuntos, Gordon Barrass: «Able Archer 83...», p. 21, y Simon Miles: «The War Scare...», p. 115.
22 Esto se produjo el 2 de noviembre (cinco días antes de arrancar Able Archer) y fue notificado por la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) el 4 [Elizabeth Charles (ed.): Foreign Relations of the United States, 1981-1988, vol. IV, Soviet Union, January 1983-March 1985, Washington, Department of State, 2021, p. 1427). Hay fuentes que hablan de aviones Su-17 (Richard Rhodes: Arsenals of folly, Nueva York, Knopf, 2007, p. 165) y otras de Su-24 (Don Oberdorfer: The Turn: From the Cold War to a New Era, Baltimore, Johns Hopkins University Press, 1998, p. 61). Ambos modelos podían lanzar armas nucleares. También se conoce que la Unión Soviética había desplegado aviones con capacidad nuclear a la RDA, Polonia y Hungría (PFIAB, The Soviet..., pp. 56 y 71).
23 Len Scott: «Intelligence and the Risk of Nuclear War: Able Archer-83 Revisited», Intelligence and National Security, 26(6) (2011), p. 768.
24 PFIAB, The Soviet..., p. 71, especula sobre si estos vuelos pretendían descubrir si la flota estadounidense estaba preparándose para apoyar el ataque desde el flanco norte.
25 Don Oberdorfer: The Turn..., p. 65.
26 Palabras del general Perroots, segundo jefe de inteligencia de la fuerza aérea estadounidense, en Elizabeth Charles (ed.): Foreign..., p. 1427. Esta información procedería, supuestamente, de un informe de la NSA de diciembre de 1983. Aunque esta reflexión ha avivado los debates sobre Able Archer, tampoco existen pruebas que corroboren esta hipótesis. No obstante, un hipotético montaje de armas nucleares en aviones tampoco sería algo descabellado, puesto que era una práctica habitual en muchos ejercicios soviéticos (James Blackwell: Cognitive Hyper-Dissonance: Nuclear Signaling Through Military Exercises, Alexandria, CNA, 2020, pp. 33-34). Sobre este nuevo debate, véanse Nate Jones y David Hoffman: «Newly released documents shed light on 1983 nuclear war scare with Soviets», The Washington Post, 17 de febrero de 2021, y Simon Miles: «The mythical war scare of 1983», War on the Rocks, 16 de marzo de 2021, recuperado de internet, https://warontherocks.com/2021/03/the-mythical-war-scare-of-1983.
27 PFIAB, The Soviet..., p. 72. Benjamin Fischer: A Cold..., s. n., también sugiere esta posibilidad que plantea más preguntas que respuestas y que otros rechazan por falta de pruebas (Len Scott: «November...», p. 139). Atendiendo a la centralización del mando y control nuclear, ¿el Kremlin había ordenado su despliegue?, ¿pretendía que ello fuera detectado por la inteligencia aliada?, ¿Moscú no tuvo en cuenta la escalada que podría generarse cuando Washington detectara su transporte? Ninguna de estas cuestiones tiene una respuesta clara con los datos disponibles.
28 La indisponibilidad de los archivos lleva a que la mayoría de las fuentes soviéticas sean las memorias de sus protagonistas. Una fuente esencial son las transcripciones de las entrevistas del documental mencionado. Aunque varios movimientos pueden verificarse cruzando estas entrevistas, otros pueden corroborarse con las palabras de otros oficiales interrogados por Estados Unidos (John Hines, Ellis Mishulovich y John Shull: Soviet Intentions 1965-1985, McLean, BDM Federal, 1995).
29 Capitán Viktor Tkachenko, al mando de un silo de misiles, en KCLMA, Brink..., 2/2. Este también relata que se les comunicó que la alarma repuntó por el aniversario de la Revolución rusa.
30 General Yesin (ibid., 2/1).
31 Capitán de navío Sergey Lokot, comandante del submarino (ibid., 2/4).
32 General Yesin (ibid., 2/1). Gordon Barrass: The Great..., p. 300, indica que fue el 2 de noviembre.
33 Peter Pry: War Scare..., p. 44. Ello implicaría que el Kremlin hubiera dado la orden directa.
34 Nate Jones: «One Misstep Could Trigger a Great War»: Operation RYAN, Able Archer 83, and the 1983 War Scare, Washington, George Washington University Press, 2009, p. 35.
35 Si se hubiera detectado alguna alarma durante su celebración, probablemente habría quedado reflejada en algún informe. De hecho, el primero realizado tras los ejercicios solo hace referencia al despliegue de los Pershing [National Intelligence Council (NIC), Why is the World So Dangerous, 30 de noviembre de 1983].
36 La inteligencia criptográfica británica también detectó algunas señales, aparentemente durante el ejercicio (Len Scott: «November...», p. 140). Sin embargo, se desconoce qué descubrió.
37 Tradicionalmente se había asumido que estas anomalías habían sido detectadas por la fuerza aérea. Sin embargo, en 2021 salieron a la luz varios documentos, entre los que se halla el End of Tour Report Addendum que Perroots escribió coincidiendo con su retiro y que sirvió para que el PFIAB reevaluara Able Archer [Elizabeth Charles (ed.): Foreign..., pp. 1425-1429]. El documento permite certificar que la NSA alertó del incremento del alistamiento de varias unidades. En otro mensaje, la NSA habría advertido que un escuadrón solicitó no montar sistemas de contramedidas electrónicas. Perroots interpretó que estos movimientos se debían a Able Archer y que la ausencia de las contramedidas podría sugerir que los aparatos estaban montando cargas nucleares. Aunque Perroots rehusó incrementar la alerta porque no creía que existieran pruebas suficientes, su percepción varió cuando afloraron las primeras anomalías meses después (ibid., p. 1427).
38 Cuando las fuerzas soviéticas volvían al estatus normal, el ministro Ustinov acusó a Estados Unidos de «imprudente» y «temerario» por llevar al mundo hacia una «catástrofe nuclear» (PFIAB, The Soviet..., p. 74). El PFIAB argumenta que este discurso estaría relacionado con Able Archer.
39 Elizabeth Charles (ed.): Foreign..., p. 1427.
40 Robert Gates: From the Shadows..., p. 272. Durante años se ha especulado sobre si estas anomalías fueron detectadas durante o después de los ejercicios. Ahora puede afirmarse que esta suspensión se realizó en secreto, se circunscribió a las unidades del Frente Central y que no fue detectada hasta después de los mismos [Elizabeth Charles (ed.): Foreign..., p. 1428].
41 Elizabeth Charles (ed.): Foreign..., p. 1427. Su misión sería seguir y derribar los misiles de crucero (Gordon Barrass: «Able Archer 83...», p. 20).
42 Directorate of Intelligence, Soviet Thinking on the Possibility of an Armed Confrontation with the United States, SOV-M-84-10013X, 30 de diciembre de 1983. Perroots también se refiere a un informe de la NSA de diciembre que apoyaría sus hipótesis. Sin embargo, no existe ninguna fuente que mencione este trabajo. También es cierto que los documentos sobre Able Archer que permanecen clasificados proceden de la inteligencia criptográfica.
43 Robert Gates: From the Shadows..., pp. 271-72, menciona una reunión que el director de la CIA tuvo con Reagan el 22 de diciembre de la cual no existe constancia. En el mismo pasaje Gates habla de información del GRU y la KGB, aunque, en teoría, esta última no llegaría a Estados Unidos hasta marzo. En sus relatos, Gordievksy expone que alertó inmediatamente a Londres, aunque los archivos disponibles no permiten ratificarlo.
44 Washington y Londres conocían la existencia de RYaN desde, al menos, principios de 1983. Benjamin Fischer: «Anglo-American Intelligence and the Soviet War Scare: The Untold Story», Intelligence and National Security, 27(1) (2012), pp. 76-77.
45 PFIAB, The Soviet..., p. 10.
46 Robert Gates: From the Shadows..., p. 272.
47 El informe es JIC, Soviet Union... Este memorándum, cuya desclasificación fue bloqueada en 2015, inicialmente tenía otro nombre más sugerente: WP Reactions to NATO Exercise Able-Archer-83. D/DIS(CS): JIC Paper: Soviet Concern About a Surprise NATO Attack, 11-1-2, 20 de marzo de 1984, p. 1.
48 Ministry of Defence, Soviet Union: Concern About a Surprise NATO Attack, 8 de mayo de 1984, p. 1.
49 Michael Herman, secretario del Comité Conjunto de Inteligencia, argumenta que el Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno (GCHQ) tuvo un papel esencial en este suceso. Este organismo encargado de la inteligencia criptográfica presionó para que este asunto se debatiera en el JIC y se elaborara un informe específico (citado en Len Scott: «November...», pp. 140-141).
50 Robert Gates: From the Shadows..., pp. 272-273. Las tres fuentes es una interpretación propia basada en la información disponible.
51 Este agente cuya identidad se desconoce estaba asignado a RYaN (Benjamin Fischer: «Scolding...», pp. 108-109).
52 Posiblemente se trataba de los telegramas enviados entre febrero y marzo instando a obtener indicadores, emplear todos los medios posibles y reclutar colaboradores para informar sobre RYaN. Su contenido puede hallarse en Christopher Andrew y Oleg Gordievsky: Comrade..., pp. 69-78.
53 Esta apreciación podría contribuir a explicar el cable de Gordievsky.
54 Washington recibía versiones resumidas de los informes de Gordievsky (Private Secretary for Foreign Affairs to the Prime Minister, Gordiyevskiy, C/6058, 26 de septiembre 1985). Londres no empezó a compartir con Estados Unidos la información completa hasta su deserción y solo después de que Washington garantizara la reciprocidad en esta materia. La correspondencia e informes de la oficina del primer ministro sobre Gordievsky (Soviet Union (UK/Soviet Relations: defection of Oleg Gordievsky), PREM 19/1975, no está disponible en el Archivo Nacional británico ni la Fundación Margaret Thatcher.
55 Robert Gates: From the Shadows..., p. 271. El cuarto o quinto día del ejercicio, los operativos soviéticos en varios países aliados recibieron instrucciones para detectar cualquier indicativo de contactos y consultas políticas entre Estados Unidos y Gran Bretaña, por lo que se desplegaron varios equipos de reconocimiento cerca de las bases estadounidenses en Europa (Gordievsky, en Christopher Andrew: For the President’s Eyes Only. Secret Intelligence and the American Presidency from Washington to Bush, Nueva York, HarperCollins, 1996, pp. 475-76; Yuri Shvets: Washington Station: My Life as a KGB Spy in America, Nueva York, Simon&Schuster, 1994, pp. 74-75, y PFIAB, The Soviet..., p. 8).
56 Christopher Andrew y Oleg Gordievsky: KGB..., p. 502.
57 Robert Gates: From the Shadows..., p. 271.
58 Christopher Andrew y Oleg Gordievsky: KGB..., p. 600.
59 Prime Minister’s Private Secretary, Soviet Concern about a Surprise NATO Attack, B23/618, 10 de abril de 1984, p. 1. Este informe se elabora varias semanas después del que recibiría Estados Unidos. La falta de una conclusión firme también es expuesta por otro documento que se discutiría con Washington (Ministry of Defence, Soviet Union..., p. 1). Simon Miles («The War Scare...», p. 93) sostiene que la mayoría de la inteligencia británica se tomó con incredulidad el relato de Gordievsky pero no aporta pruebas que lo corroboren. Quizás, la explicación es que muchos agentes consideraban que la KGB intentaba manipularles (Peter Burt: Thirty years ago: the nuclear crisis which frightened Thatcher and Reagan into ending the Cold War, Reading, NIS, 2013, pp. 13-15).
60 Deputy Under Secretary (Policy), Soviet Concern about a surprise NATO Attack, borrador, abril de 1984, p. 2.
61 Benjamin Fischer: «Anglo-American...», pp. 84-88, y Len Scott: «November...», pp. 141-42. Thatcher ya había considerado contraproducente y peligrosa la retórica de Reagan antes de estos sucesos.
62 Tampoco parece comprensible que Londres enviara el informe de marzo a Washington sabiendo la falta de consenso existente.
63 PFIAB, The Soviet..., p. 11.
64 DCI, Implications...
65 Gates asumió con preocupación este potencial error porque la CIA no tenía ninguna fuente en el Kremlin (Robert Gates: From the Shadows..., p. 270). De hecho, la situación era peor: la inteligencia estadounidense fue incapaz de reclutar a ningún agente con acceso a altas instancias soviéticas, y los mejores eran agentes dobles que proporcionaban información falsa a la CIA (Melvin Goodman: Failure of Intelligence: The Decline and Fall of the CIA, Lanham, Rowman&Littlefield, 2008, pp. 110-112). Paradójicamente, Gordievsky será el que ofrecerá esta información: «What Gordievsky was giving us was information about the thinking of the leadership and that kind of information was for us as scarce as hens’ teeth» (entrevista para Chancelor, 1983...).
66 Benjamin Fischer: «Scolding...», pp. 109-110. La CIA era reticente en otorgar credibilidad a Gordievsky, que no conocía ni sabía de su buena fe y cuyas informaciones eran filtradas por Londres (Benjamin Fischer: «Anglo-American...», p. 91).
67 El informe declaraba «this war scare propaganda has reverberated in Soviet security bureaucracies and emanated through other channels [...] We do not believe that it reflects authentic leadership fears of imminent conflict» (DCI, Implications..., p. iii).
68 El informe obvia que en abril Estados Unidos había desplegado tres grupos aeronavales en el Pacífico Norte en el marco de los ejercicios FleetEx 83 y Autumn Forge había congregado a 100.000 efectivos.
69 Ibid., p. 4.
70 Esta idea sería ampliada —y relacionada con una compleja campaña de desinformación— varios años después por Jeremy Azrael: The Soviet Civilian Leadership and the Military High Command 1976-1986, Santa Monica, RAND, 1987, pp. 20-22.
71 Ibid., p. 5. Como expondría el autor principal del informe, Moscú estaba «just rattling their pots and pans» (Fritz Ermath: «Observations on the War Scare of 1983 from an Intelligence Perch», Parallel History Project on NATO and the Warsaw Pact, 6 de noviembre de 2003, p. 3, recuperado de internet: http://www.php.isn.ethz.ch/lory1.ethz.ch/collections/colltopic320b.html). Sin embargo, el informe obvia otros aspectos relevantes —desde los temores soviéticos a un ataque por sorpresa enraizados en su cultura estratégica, los miedos de Andropov a un conflicto accidental o el mensaje que mandan los ejercicios de este tipo— que podrían haber provocado un error de percepción soviético. Un marco más general de este asunto puede hallarse en Nate Jones: «Soviet “Huffing and Puffing”, “Crying Wolf?”, “Rattling Pots and Pans?” or “A Real Worry That We Could Come into Conflict through Miscalculation?”», The 1983 War Scare: «The Last Paroxysm» of the Cold War, 16 de mayo de 2013, recuperado de internet: https://nsarchive2.gwu.edu/NSAEBB/NSAEBB426/.
72 Gordon Barrass: «Able Archer 83...», p. 23, no aporta detalles, pero apoya las conclusiones del informe estadounidense.
73 DCI, Soviet Policy Toward the United States in 1984, SNIE-11-9-84, 9 de agosto de 1984.
74 Robert Gates: From the Shadows..., p. 273, argumenta que la comunidad estaba dividida. Fritz Ermath: «Observations...», p. 4, afirma que había consenso. Benjamin Fischer: «Scolding...», plantea varias hipótesis alternativas que reparten las responsabilidades.
75 DCI, US/Soviet Tension, CR-NIC-03508-04, 19 de junio de 1984.
76 Se desconoce el impacto de Able Archer, los informes de inteligencia o las palabras de Thatcher en la reorientación de la política estadounidense hacia la Unión Soviética. El principal redactor del informe le otorga un papel fundamental (Fritz Ermath: «Observations...», p. 5). Otra fuente estima que fueron Gordievsky y Thatcher (Beth Fischer: The Reagan Reversal: Foreign Policy and the End of the Cold War, Columbia, University of Missouri, 1997, p. 75). También podría deberse a sus miedos a las armas nucleares junto con sus creencias religiosas (Richard Rhodes: Arsenals..., pp. 20-21). En sus memorias, Reagan relata que la película El día después —que expone los efectos de un ataque nuclear contra Estados Unidos— le sumió en la desesperanza (Ronald Reagan: An American Life: The Autobiography, Nueva York, Simon&Schuster, 1990, p. 257) y que, «the more experience I had with the Soviet leaders [...] the more I began to realize that many Soviet officials feared us [...] as potential aggressors who might hurl nuclear weapons at them in a first strike» (ibid., p. 585). Paradójicamente, su consejero de Seguridad Nacional sostiene que Gordievsky fue vital para que Reagan se convenciera del pánico soviético. Sin embargo, ello no habría influido porque había previsto aumentar su presión sobre la Unión Soviética durante el primer mandato y buscar acuerdos diplomáticos en el segundo (citado en Elizabeth Charles (ed.): Foreign..., p. 1424).
77 Este informe salió a la luz en 2021, pudiéndose hallar parcialmente desclasificado (ibid., pp. 1425-1429).
78 PFIAB, The Soviet..., p. ix.
79 Ibid., p. vii.
80 Ibid., p. 43.
81 Ibid., p. 11.
82 Ibid. Se desconoce la identidad de los entrevistados y los documentos manejados.
83 Ibid., p. 13.
84 Ibid., p. 75.
85 Ibid., p. xii.
86 Simon Miles: «The War Scare...», p. 109.
87 Ministerium für Nationale Verteidigung (MfNV), Aufklärungsmeldungen, 32672b, 7 de noviembre de 1983, en Beatrice Heuser: «Military exercises...», p. 123). Varios archivos militares no están disponibles online, pudiéndose consultar solo in situ.
88 MfNV, citado en Simon Miles: «The War Scare...», p. 109.
89 Estimaciones similares pueden hallarse en los archivos de la inteligencia militar checoslovaca. Simon Miles («The War Scare...», p. 110) referencia una fuente que tampoco se encuentra en su portal de documentación online https://ibadatelna.cz.
90 Véase los testimonios del general Igor Kondratiev del GRU o el almirante Vladlen Smirnoff de la flota del Mar del Norte, en LHCMA, Brink..., 2/4 y 2/5. El viceministro de asuntos exteriores Georgii Kornienko afirmó que Able Archer nunca le llamó la atención (transcripción, Don Oberdorfer Papers Series 1: Soviet Interviews, 1990, MC-162, recuperado de internet: https://findingaids.princeton.edu/ collections/MC162/c0013). Sin embargo, un artículo en la principal revista militar soviética planteaba que los ejercicios habían sido tan reales que era difícil diferenciarlos de los preparativos de guerra (L. V. Levadov: «Itogi operativnoy podgotovki Ob’yedinonnykh sil NATO v 1983», Voennaya mysl’, 2 (1984), pp. 67-76).
91 Yesin, en LHCMA, Brink..., 2/1.
92 General Geli Batenin, del Estado Mayor General, en John Hines, Ellis Mishulovich y John Shull: Soviet Intentions..., p. 8. Vladimir Kriuchkov ratifica esta posibilidad, en LHCMA, Brink..., 3/5. De ser cierto, esto falsaría la hipótesis de que los nuevos códigos, indescifrables por Moscú, habrían contribuido al pánico soviético. Simon Miles («The War Scare...», p. 110) explica este asunto con detalle.
93 Batenin, en John Hines, Ellis Mishulovich y John Shull: Soviet Intentions..., p. 8, expone que el ejército soviético tenía una gran confianza en sus capacidades de alerta temprana.
94 Christopher Andrew y Oleg Gordievsky: KGB..., pp. 599-601. Probablemente, el único protagonista realmente preocupado por esta posibilidad fuera el mismo Andropov (Anatoly Dobrynin: In Confidence: Moscow’s Ambassador to Six Cold War Presidents, Seattle, University of Washington Press, 1995, pp. 522-524). Kryuchkov ratifica esta percepción del embajador soviético en Estados Unidos cuando, al ser preguntado si alguien de la jerarquía soviética temía un ataque por sorpresa, respondió: «Maybe Andropov. He was more fearful of an attack than others» (Raymond Garthoff: «Soviet Leaders...», p. 68).
95 Durante años, el descubrimiento de los preparativos de un ataque por sorpresa enmarcaba maniobras como Zapad-83, Druzhba-85, Druzhba-86 y Druzhba-87 o Sever-88 (Beatrice Heuser: «Military exercises...», p. 135).
96 Este escenario, que reflejaba el pensamiento soviético, sería un caso paradigmático de maskirovka (Benjamin Fischer: «Anglo-American...», pp. 83-84).
97 Rainer Rupp, agente de la Stasi en el Cuartel General de la OTAN, en LHCMA, Brink..., 8/9. Probablemente habría sido el encargado de alertar a Moscú del ataque (Bernd Schaefer: «The Warsaw Pact’s Intelligence on NATO: East German Military Espionage against the West», Parallel History Project on NATO and the Warsaw Pact, 28 de octubre de 2016, recuperado de internet: http://www.php.isn.ethz.ch/lory1.ethz.ch/collections/coll_stasi/intro_schaefere6c7.html).
98 PFIAB, The Soviet..., p. 35.
99 Estos misiles tenían un alcance de 1.770 kilómetros, insuficiente para batir Moscú. Sin embargo, la Unión Soviética estimaba que tenían la misma autonomía que los misiles Gryphon y que eran el puntal de las opciones selectivas por su capacidad de primer golpe.
100 Gordon Barrass: «Able Archer 83...», pp. 13-18.
101 Len Scott: «November...», p. 138, plantea que no hubo ninguna movilización de la Stasi. Warner Grossman, subdirector de la Stasi, en LHCMA, Brink..., 3/9, argumenta que tenía a medio millar de agentes capaces de identificar dónde estaban los Pershing. Ningún archivo de la Stasi permite avalar que hubiera tal participación.
102 Tanto Rupp como Gordievksy utilizan el mismo argumento: tenían que reportar cualquier información o rumor con independencia de su escepticismo (Christopher Andrew y Oleg Gordievsky: KGB..., p. 489).
103 Rupp, en LHCMA, Brink..., 8/9.
104 Gordon Barrass: «Able Archer 83...», p. 19, sostiene que esto demuestra la ausencia de pánico. Len Scott: «November...», p. 140, va más allá al afirmar que la fuente de la comunicación es el mismo Rupp, ya que tampoco existen otras pruebas que la avalen.
105 Raymond Garthoff: «Soviet Leaders...», p. 45.
106 Mark Kramer: «Die Nicht-Krise...», pp. 142-143.
107 Boris Klyuyukov, segundo jefe de seguridad de Andropov, en LHCMA, Brink..., 3/6. Un análisis más detallado puede hallarse en Simon Miles: «The War Scare...», pp. 111-112, y Len Scott: «November...», pp. 137-138.
108 Vojtech Mastny: «How Able...», pp. 110-113.
109 Recuérdese que era el único activo de la inteligencia occidental con aparente acceso al pensamiento del liderazgo soviético. Véase la nota 62.
110 Robert Gates: From the Shadows..., p. 270.
111 Christopher Andrew y Oleg Gordievsky: KGB..., p. 583. Algunos de ellos —la alerta en las bases o la movilización de fuerzas— se divisarían con el arranque del ejercicio. Sin embargo, la identificación de estos indicadores sería labor del GRU.
112 Ibid., p. 600.
113 Benjamin Fischer: «Anglo-American...», p. 78. Aunque ello no explicaría por qué el espía conservó los otros cables y este no.
114 A Viktor Cherkashin, segundo jefe de la KGB en Estados Unidos durante Able Archer, no le consta haber leído este telegrama ni ningún otro cable que indicara que el Kremlin hubiera entrado en pánico. Tampoco recuerda ningún suceso especialmente peligroso a finales de 1983. También considera exagerados los relatos sobre esta crisis nuclear (Viktor Cherkashin y Gregory Feifer: Spy Handler: Memoir of a KGB Officer, Nueva York, Basic Books, 2005, pp. 143-145).
115 Una de las críticas más ácidas procede del mariscal Sergei Akhromeev, segundo jefe de Estado Mayor, que argumentó que se trataba de falsificaciones ya que «he told such stories to improve his standing in the West. War was not considered imminent» (John Hines, Ellis Mishulovich y John Shull: Soviet Intentions..., p. 6).
116 Mark Kramer: «Die Nicht-Krise...», pp. 147-148. Obviando la animadversión entre el ejército y la KGB, el general Danilevich consideró que la KGB podía haber exagerado el nivel de tensión por desconocer los asuntos de defensa (en John Hines, Ellis Mishulovich y John Shull: Soviet Intentions..., p. 26). Esto reforzaría el argumento del PFIAB (The Soviet..., p. 81), donde afirma que «KGB Residency’s reports [censurado] contained information that had, at best, only tenuous connections to real military activities» y permitiría validar la hipótesis del error de interpretación.
117 Gordon Barrass: «Able Archer 83...», pp. 18-22.
118 Ibid., pp. 18-19. Este propone que los telegramas no se referían a los ejercicios sino a la llegada de los Pershing.
119 Cherkashin, en LHCMA, Brink..., 3/1.
120 Simon Miles: «The War Scare...», p. 105. De hecho, mientras los documentos de la Stasi hablan de RYaN como «problema», el PFIAB (Able..., p. iii) lo denomina «modelo».
121 Christopher Andrew y Oleg Gordievsky: Comrade..., pp. 67-90. Este reproduce varios telegramas de RYaN solicitando indicadores (véase, especialmente el cable 373/PR/52, 17 de febrero de 1983) (ibid., pp. 70-75) e identificar rutas de evacuación y catalogar destinos seguros para los funcionarios clave de los gobiernos aliados.
122 Ministerium für Staatssicherheit (MfS), Über die Entwicklung und den erreichten Stand der Arbeit zur Früherkennung gegnerischer Angriffs- und Überraschungsabsichten (Komp1ex RJAN), 23 de abril de 1986. Posiblemente, los indicadores se referían al proyecto y no a su operacionalización. MfS, Merkmale zur Erkennung der gegnerischen Vorbereitung auf einen überraschenden Raketenkernwaffenangriff, 26 de noviembre de 1984, p. 2.
123 MfS, Notizen über Ausführungen des Genossen Generaloberst Krjutschkow, 3 de octubre de 1983, p. 8.
124 Nate Jones: Able Archer 83..., pp. 22-31.
125 Guillem Colom: «Haciendo posible lo impensable: opciones selectivas, disuasión a medida y fallos en la disuasión nuclear (1984-1994)», Revista Española de Ciencia Política, 54 (2020), pp. 135-136.
126 Recuérdese que la disuasión está compuesta por tres elementos: capacidad, credibilidad y comunicación, siendo la señalización (signalling) una forma que el disuasor puede utilizar para convencer al disuadido de su determinación de utilizar la fuerza. Los despliegues, movimientos y demostraciones de fuerza, el emplazamiento de armas nucleares en puntos concretos o las maniobras son ejemplos típicos de señalización. Sin embargo, en muchas ocasiones la señalización no logra el efecto deseado, ya que el disuadido observa la acción, pero no su intencionalidad. Esta técnica es también utilizada en la gestión de crisis para apoyar la negociación coercitiva, comunicando al adversario las líneas rojas que no debe traspasar. Sin embargo, no existe ningún consenso sobre las ventajas coercitivas de los arsenales nucleares en estas negociaciones por el problema de interpretar las intenciones [Thomas Schelling: The Strategy of Conflict, Cambridge, Harvard University Press, 1960; James Fearon: «Signalling Foreign Policy Interests: Tying Hands versus Sinking Costs», Journal of Conflict Resolution, 41(1) (1997), pp. 68-90, o James Blackwell: Cognitive Hyper-Dissonance...].
127 Yesin, en LHCMA, Brink..., 3/1.
128 Nate Jones: Able Archer 83..., p. 37.
129 PFIAB, Able..., p. 83.
130 Gordon Barrass: The Great..., p. 301.