Ayer 126/2022 (2): 213-241
Sección: Estudios
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2022
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/816
Arturo Zoffmann Rodríguez
Recibido: 03-04-2019 | Aceptado: 30-09-2019 | Publicado: 21-04-2022
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License

De Moscú a Zaragoza: la ruptura entre la CNT y la Internacional Comunista (1921-1922)

Arturo Zoffmann Rodríguez

Instituto de História Contemporânea, Universidade Nova de Lisboa azoffmann@fcsh.unl.pt

Resumen: El enamoramiento de los anarcosindicalistas de la CNT con la Revolución rusa en sus primeros años es bien conocido. Su abrupta separación con la Internacional Comunista en junio de 1922, sin embargo, sigue rodeada de misterio. Para gran parte de la historiografía, la ruptura con la Comintern fue una epifanía ocasionada por la llegada de informes alarmantes sobre el autoritarismo del régimen soviético. Usando fuentes nuevas, este artículo revisa esta interpretación, analizando meticulosamente la enconada batalla política que sacude a la Confederación entre octubre de 1921 y junio de 1922 y ubicándola en el contexto político del momento.

Palabras clave: CNT, Internacional Comunista, Internacional Sindical Roja, anarquismo, Revolución rusa.

Abstract: The honeymoon between the anarcho-syndicalists of the CNT and the Russian Revolution in its early years is well known. However, mystery still envelops its sudden rupture with the Communist International in June of 1922. Within much of the historical literature, the split with the Comintern was an epiphany, brought about by the inflow of worrisome reports about the authoritarianism of the Soviet regime. Using new sources, this article revisits this interpretation. It thoroughly analyses the pitched political battle that shook the Confederation between October 1921 and June 1922, and grounds it in the political context of the moment.

Keywords: CNT, Communist International, Red International of Labour Unions, anarchism, Russian Revolution.

La Revolución rusa abrió una fase de agitación revolucionaria por toda Europa (y más allá) de una escala no vista, al menos, desde 1848. España no fue ninguna excepción en este proceso, y en los años 1917-1920 fue sacudida por una imponente oleada de luchas sociales, el llamado «trienio bolchevique». Los tumultos de estos años estremecieron al malogrado régimen de la Restauración, dando pie, como sucedió en diversos países europeos, a tendencias autoritarias entre las clases dominantes y sentando las bases para el golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923. La Revolución rusa se convirtió en un poderoso acicate para el movimiento obrero español en un contexto de fuertes convulsiones. Las principales organizaciones obreras del país acudieron a la llamada de la Tercera Internacional, uniéndose a la heterogénea constelación de izquierdistas y radicales de todo el mundo que asistieron a sus primeros congresos.

Lo peculiar del caso español en estos años es que, a diferencia de otros países europeos, donde los principales preconizadores del bolchevismo provenían del ala izquierda de la socialdemocracia, en España los heraldos de la revolución social no pertenecían a la tradición marxista, sino a la bakuninista. La Confederación Nacional del Trabajo (CNT), central sindical fuertemente influida por el anarquismo, se convirtió en una firme defensora de la Revolución rusa, adhiriéndose a la Tercera Internacional en 1919. En parte gracias a su asociación con la Revolución rusa, la CNT fue capaz de encauzar el entusiasmo revolucionario de estos años, poniéndose al frente de las grandes luchas y experimentando un crecimiento vertiginoso: pasó de unos 80.000 afiliados en julio de 1918 a 790.948 en diciembre de 1919, superando con creces en tamaño e influencia a su rival histórico, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y la Unión General de Trabajadores (UGT).

La inaudita luna de miel de los anarcosindicalistas españoles con los comunistas rusos fue tan intensa como breve, y para mediados de 1922 la mayor parte de la militancia de la CNT había dado la espalda al régimen soviético. La delegación cenetista enviada a Moscú el verano de 1921, encabezada por Andreu Nin (que se quedaría en Rusia) y Joaquín Maurín, generó una gran polémica al haber respaldado las principales tesis comunistas. De vuelta a España, Maurín fue incapaz de ganarse la confianza de la organización. En la conferencia de Zaragoza de junio de 1922, la CNT comenzó oficialmente el proceso de ruptura con Moscú, reafirmando su espíritu antiautoritario.

El «momento bolchevique» de la CNT ha sido estudiado con bastante detenimiento por la historiografía 1. Ahora bien, la ruptura de los cenetistas con Moscú es menos conocida, en gran medida debido a la escasez de las fuentes. La durísima represión a la que fue sometido el anarcosindicalismo en 1921-1922 dificultó la elaboración de documentos y la publicación de su prensa. Buena parte de las pocas publicaciones cenetistas de estos años se ha perdido, así como numerosos documentos internos y la correspondencia oficial de la organización.

Una magra base empírica, centrada sobre todo en la irregular y fragmentaria prensa cenetista, ha dado lugar a errores de interpretación. Una parte de la historiografía ha tendido a minimizar la unión entre anarquistas y bolcheviques, achacándola a un simple malentendido fruto de la falta de noticias fiables de Rusia, que permitió a los cenetistas crearse una imagen ingenua de los comunistas rusos. Cuando empezaron a llegar a España informaciones inequívocas sobre el autoritarismo de los bolcheviques, sostienen estos autores, la CNT decidió de manera lógica romper con la Revolución rusa. Este argumento ha caracterizado sobre todo a los historiadores con afinidades anarquistas, como José Peirats o Murray Bookchin, o, más recientemente, Jason Garner 2. Sin embargo, hasta cierto punto, esta explicación también se puede encontrar en obras más desapasionadas, como las de Antonio Bar, Robert Kern, Juan Avilés o Julián Vadillo 3.

Este artículo revisa meticulosamente el proceso de ruptura de la CNT con la Rusia soviética utilizando fuentes nuevas de los fondos de la Comintern del Archivo Estatal Ruso de Historia Socio-Política (RGASPI) de Moscú y del archivo de la CNT del Instituto Internacional de Historia Social (IISG) de Ámsterdam. Este alberga las actas de la conferencia de Zaragoza de 1922, mientras que en aquel se encuentra la correspondencia de Andreu Nin con sus compañeros en España y gran cantidad de documentos de la Comintern relacionados con la CNT. El artículo concluye con algunas observaciones generales sobre la naturaleza política de la ruptura que supuso la conferencia de Zaragoza.

De la Comedia al Kremlin

Desde la toma del poder por parte de los bolcheviques, abundaron los elogios a la Revolución rusa en el anarcosindicalismo español. La prensa cenetista de estos años está llena de declamaciones en apoyo al hecho soviético. Esta simpatía por la Rusia revolucionaria se concretó oficialmente en el congreso de la Comedia de diciembre de 1919. Tras un acalorado debate, la CNT resolvió adherirse «provisionalmente» a la Internacional Comunista, reafirmando al mismo tiempo su identidad bakuninista 4.

El congreso de la Comedia marcó el punto álgido de desarrollo de la CNT de estos años. A partir de 1920, su enorme fuerza se vio erosionada por una oleada de violenta represión (sobre todo en Barcelona por parte del general Martínez Anido) y por el agotamiento de sus bases tras años de luchas. Es difícil historiar la CNT en los años 1920 y 1921 debido a la falta de fuentes. Mas cabría suponer, basándonos en la evidencia de que disponemos, que el apoyo a la Revolución rusa, aunque algo deshinchado, se mantuvo más o menos intacto en el año y medio que siguió al congreso de la Comedia 5. Ángel Pestaña, delegado cenetista al congreso de la Comintern de julio de 1920, regresaría a España desilusionado, pero no haría públicas sus opiniones hasta la aparición de sus famosos informes a comienzos de 1922.

El pleno nacional de la CNT que tuvo lugar en Barcelona en abril de 1921 ha estado rodeado de controversia. Los delegados allí presentes reafirmaron su adhesión a la Comintern y su apoyo al concepto de la dictadura del proletariado «ejercida por los sindicatos» 6. El pleno resolvió participar en el congreso fundacional de la Internacional Sindical Roja (ISR), frente sindical de la Tercera Internacional, que había de tener lugar en julio en Moscú. Se eligió una delegación formada por Andreu Nin, a la sazón secretario de la Confederación; Joaquín Maurín, del comité regional catalán; Hilario Arlandis, y Jesús Ibáñez. Estos jóvenes distaban de la ortodoxia cenetista. Nin, con formación normalista pero volcado en el periodismo de izquierdas, había iniciado su militancia política en el republicanismo catalán, pasando más tarde por el PSOE para afiliarse, en 1918 o 1919, a la CNT, donde haría gala de un sindicalismo ecléctico, cercano al de Seguí, pero con tintes bolcheviques. En 1920 entraría al comité regional catalán y en marzo de 1921 pasaría a ser secretario nacional. Maurín también se había formado como maestro y, como Nin, había simpatizado con el socialismo, pero el apogeo de la CNT en 1919 le acercó a las tesis sindicalistas. En 1920, se curtiría organizando las fuerzas confederales en Lérida y Huesca, siendo aupado al comité catalán a comienzos de 1921. Tanto Nin como Maurín eran representativos de una capa de jóvenes intelectuales de izquierdas atraídos en estos años a la CNT, que ascendieron vertiginosamente a la dirección del movimiento en un momento de fuerte represión. Ibáñez, carpintero de Mieres, militó en el socialismo, pero se pasó a la CNT ante el descrédito de un PSOE renuente a entrar en la Comintern. Arlandis, marmolista valenciano, sí era un anarcosindicalista veterano bastante conocido, aunque tal era su admiración por el hecho soviético que se afilió al Partido Comunista Español (PCE) en 1920. Los cuatro, pues, desentonaban con la tradición libertaria. Más tarde, se cooptaría a la delegación al anarquista «puro» Gaston Leval, y, en París, se invitaría a adherirse al grupo a un anarcosindicalista catalán exiliado en la capital francesa, Pere Foix (alias León Xifort), que contaría con un voto consultivo. Otros dos libertarios españoles, Bruno Lladó y Francisco Durán, se sumarían también al grupo de manera extraoficial 7.

Al año siguiente los anarquistas tacharían el pleno de Barcelona de «irregular», pero lo cierto es que la delegación que allí se eligió y las mociones que se aprobaron contaron con el apoyo unánime de los diez representantes de seis regiones diferentes que consiguieron asistir al encuentro 8. En periodos de clandestinidad, era inevitable que se tomaran decisiones trascendentales en plenos reducidos, convocados atropelladamente. Así las cosas, era fácil cuestionar estas decisiones lanzando acusaciones de ilegitimidad, en las que a menudo se subsumían discrepancias ideológicas 9. En realidad, es probable que los militantes reunidos en Barcelona reflejaran el estado de ánimo de al menos un sector importante de la Confederación que seguía apoyando al régimen soviético.

En Moscú, en el congreso fundacional de la ISR, los delegados mantuvieron una actitud crítica ante la mayoría comunista. Defendieron planteamientos libertarios y presentaron numerosas enmiendas y documentos alternativos. Su agitación por la amnistía de los presos anarquistas rusos también fue intensa. Sin embargo, en última instancia los delegados (a excepción de Leval) acabaron respaldando las tesis fundamentales del congreso. Estas eran de carácter claramente comunista y, entre otras cosas, defendían la dictadura del proletariado; rechazaban la formación de sindicatos minoritarios, recomendando «conquistar» las grandes centrales reformistas; abogaban por un «frente único» entre anarcosindicalistas, comunistas y socialdemócratas; y, lo más polémico, preconizaban un «vínculo orgánico» de los sindicatos con la Comintern y sus secciones, lo que en España implicaba la colaboración (¿o subordinación?) con un PCE minúsculo y dividido. Arlandis aceptó integrarse al comité ejecutivo de la ISR, mientras que Nin pasó a formar parte de su consejo central 10. Sin duda, la simpatía por la Rusia soviética, la emoción del viaje y su deseo de permanecer en la ISR estaban por encima de las disquisiciones teóricas. No les sería fácil defender estas tesis en España.

El giro antibolchevique

En el verano de 1921 se empieza a notar un cambio de actitud claro hacia la Revolución rusa en ciertos sectores de la CNT. Aparecen nuevos semanarios, como Redención (en Alcoy) o Nueva Senda, de Madrid, con un tono marcadamente anticomunista. Al frente de estas publicaciones se encontraban viejos cuadros del movimiento que otrora habían alabado la Revolución rusa, pero que por entonces le volvían la espalda, como Manuel Buenacasa, Eusebio Carbó, Galo Díez o Mauro Bajatierra 11. Este giro se vio reforzado por la campaña antibolchevique de los anarquistas de otros países europeos y americanos 12.

Distintos factores explican este giro abrupto contra la Revolución rusa. Gran parte de la historiografía ha achacado este viraje a una cuestión empírica, arguyendo que los informes que empezaban a llegar de Rusia sobre el autoritarismo bolchevique hicieron «rectificar» a los anarquistas 13. No cabe duda de que estas noticias desconcertaron a la militancia cenetista. Sin embargo, cabría añadir que estas informaciones inquietantes llegaban a España en un contexto de desmoralización generalizada para el movimiento obrero y, sobre todo, para la CNT, que tras años de crecimiento y de victorias entró en una fase de disgregación y de derrotas. El fracaso de la huelga general de diciembre de 1920 fue un mazazo especialmente duro. Meses de represión implacable en la Barcelona del general Martínez Anido diezmaron a la CNT en su plaza fuerte 14. En sus cartas a su amigo Nin a su vuelta a España, Maurín pintaba un cuadro desolador: «La organización no existe; las masas se han apartado» 15. El dirigente anarcosindicalista Joan Peiró hablaba de una CNT «corroída» por «el confusionismo y las desviaciones» 16. El pesimismo, la amargura y la inseguridad se adueñaron del movimiento, que buscó amparo en sus tradicionales doctrinas libertarias. Era una reacción conservadora a una crisis grave 17. Maurín no se mordía la lengua en su retrato del conservadurismo ideológico del anarquismo anticomunista: «Los ideólogos de calderilla —Carbó, Quemades, Buenacasa, Galo, etc.— son momias galvanizadas. Están en 1902 todavía» 18.

Por otra parte, hay que subrayar la importancia del surgimiento del Partido Comunista de España (PCE), que aparece como organización unificada en noviembre de 1921. A pesar de ser una fuerza con poca implantación, para la CNT se convirtió en un contrincante inoportuno, que hacía alarde de sus vínculos con la Tercera Internacional. En 1921-1922, la prensa cenetista se cebó con el PCE, reflejando el temor, en un momento de dificultad, a ser desplazados por los comunistas 19.

Ahora bien, el alejamiento de la CNT de la Tercera Internacional no se produjo de golpe, sino que fue el resultado de una batalla política enconada que se libró entre octubre de 1921, con el retorno de Maurín a España, y junio de 1922, cuando las tesis anarquistas prevalecieron en la conferencia de Zaragoza. El giro antibolchevique comenzó entre un núcleo de dirigentes libertarios fuertemente ideologizados, que consiguieron convencer gradualmente al grueso de la militancia. Durante meses, esta mantuvo una actitud vacilante hacia la cuestión.

Una victoria efímera: octubre de 1921

El regreso de los delegados a España tuvo lugar en circunstancias adversas. Maurín e Ibáñez, que viajaban juntos, fueron arrestados por la policía alemana al desembarcar en Stettin (la actual Szczecin, en Polonia), en el norte de Alemania, a mediados de septiembre 20. Maurín fue liberado al cabo de un par de días, consiguiendo llegar a Barcelona a principios de octubre. Tomaría el relevo de Nin al frente del secretariado nacional de la CNT. Ibáñez fue transportado a Berlín y de allí fue deportado a Bélgica, siendo encarcelado en Bruselas. Fue liberado tras unos días, para ser detenido de nuevo al cruzar los Pirineos a finales de octubre. Permanecería en la cárcel Modelo de Barcelona hasta abril de 1922 21.

El periplo de Nin resultó aún más complicado. Fue arrestado en Berlín a finales de octubre junto con los cenetistas Luis Nicolau y Lucía Concepción, siendo implicados todos ellos en el asesinato del presidente Eduardo Dato. Nin quedó libre el 7 de enero de 1922, pero fue extraditado de Alemania y regresó a Moscú. Supuestamente, esta decisión estaba motivada por los riesgos que entrañaba la vuelta a España para este destacado militante 22. Ahora bien, aunque el miedo a la represión fue un factor, su correspondencia con Maurín muestra que había decidido hacerse funcionario de la ISR y que viajó a Alemania para desempeñar labores políticas para la Internacional. A su vuelta a Moscú, se integró en la ejecutiva de la ISR. En España, esto se mantuvo en secreto porque sería visto por los anarquistas como «un premio a la claudicación». La idea era que Maurín pronto lograría ganarse a la CNT a las tesis de la ISR y que Nin podría convertirse en el representante oficial de la Confederación en Moscú 23.

Por su parte, Arlandis permaneció en Rusia hasta finales de octubre, trabajando para el comité ejecutivo de la ISR. En noviembre se dirigió a Alemania. Tras un breve arresto en Berlín, se acabó asentando en París, donde permanecería hasta mayo de 1922 (al igual que Leval, Foix y Lladó). En Francia se dedicó a organizar el buró latino de la ISR. Además del miedo a la represión, Arlandis tenía pocos amigos en Valencia. Se extendió la noticia de que había viajado a Moscú con un doble mandato, de la CNT y del PCE. Esto dio lugar «a una serie de líos y hostias», según Maurín, al exigir los anarquistas valencianos su retirada inmediata del comité ejecutivo de la ISR 24.

Por lo tanto, en el otoño de 1921 el único defensor de peso de la ISR sobre el terreno era Maurín. Nada más llegar a Barcelona, llevó a cabo una actividad política frenética. «Te aseguro que estoy agobiado de trabajo», le escribió a Nin, «pero con unos cojones como un toro» 25. Su aislamiento era relativo, pues Maurín ya contaba con un núcleo de seguidores, sobre todo cenetistas leridanos que le acompañaron en sus giras de propaganda de 1920: Pere Bonet, Natalia Castarlenas, Tomàs Pàmies o Víctor Colomer, además de algunos militantes de Barcelona, como Daniel Rebull, Josep Foix o Tomàs Tussó. Maurín también mantenía una buena relación con un círculo de conocidos periodistas oscenses cercanos a la CNT, Ramón Acín, Gil Bel, Felipe Alaiz y Ángel Samblancat 26. La boquilla de los partidarios de la ISR era el semanario Lucha Social, portavoz de la CNT en las comarcas leridanas. El semanario recibía subsidios (muy irregulares) de la ISR. Maurín pasaría el invierno a caballo entre Barcelona y Lérida 27.

El enfrentamiento con los anarquistas fue inmediato tras el regreso de Maurín. Antes de llegar, el 14 de agosto, había tenido lugar un pleno nacional en Madrid al que asistieron 34 delegados. Buenacasa presentó una moción desautorizando la delegación a Rusia y el pleno de abril en el que fue elegida, aunque su propuesta resultó rechazada tras un intenso debate. Sin embargo, se emitió un comunicado reafirmando que el objetivo de la Confederación era el comunismo libertario y asegurando su «independencia y autonomía absolutas frente a todos los partidos, incluso los llamados comunistas» 28.

Maurín contraatacó nada más pisar suelo ibérico, convocando un pleno nacional clandestino en Barcelona el 15 y 16 de octubre, donde rendiría cuentas sobre su conducta en Rusia. Asistieron 18 delegados de ocho regiones (solo faltó la gallega). Con doce votos a favor y seis en contra, Maurín consiguió que se aprobara una resolución respaldando la afiliación provisional a la ISR y manteniendo una representación en sus órganos directivos, hasta que un congreso nacional llegase a una decisión definitiva. Tras escuchar un informe sobre el viaje a Rusia, se resolvió que la conducta de los delegados en Moscú había sido «regular». Además, se «ratificó la confianza» en Maurín como secretario nacional 29. Aun así, este tuvo que ceder ante la presión de los delegados valencianos de que Arlandis fuera retirado del comité ejecutivo de la ISR. En su lugar, propusieron nombrar al anarquista intransigente Eusebio Carbó, aunque Maurín fue capaz de evitarlo aduciendo que «no conoce el francés [y] sin otra lengua diferente a la española era inútil ir allá». Así las cosas, Arlandis se mantendría transitoriamente como emisario en la ISR a falta de otro candidato. La esperanza de Maurín era que al final Nin pudiese ocupar el puesto, pero evitó plantear su candidatura en el pleno «en vista de que la tormenta podía complicarse» 30.

Maurín escribió un informe detallado a Nin sobre la correlación de fuerzas tras este pleno:

«Cataluña: completamente de acuerdo [con la adhesión a la ISR] y Vizcaya y Asturias. Expectativa con tendencia a una aceptación por parte de La Rioja y Aragón. Oposición por la cuestión de Arlandis en Levante. Opinión seria en la comarcal de Guipúzcoa (Galo y Buenacasa) y en Andalucía, tierra de comunismo libertario y federalismo económico. Opinión con tendencias a un cambio, Madrid. Ese es el plano. Ahora bien, Valencia no comparte por completo ese criterio. Precisamente es donde los comunistas han arraigado más» 31.

Típicamente, Maurín hacía un balance voluntarista y optimista, concluyendo que «no cabe duda de que si trabajamos la Conf[ederación] irá a Moscú [...] saliendo de las orientaciones rutinarias y desastrosas del anarquismo troglodita» 32. Así pues, para Maurín era el momento de realizar «un fuego graneado de propaganda». «Hâtez-vous en la cuestión monetaria», le escribió a Nin, pidiéndole fondos 33. Aunque recibió varios subsidios de la ISR en los meses siguientes, estos fueron menores y menos frecuentes de lo que él esperaba, y tuvo que aparcar la mayoría de sus proyectos.

Las esperanzas de Maurín no se corresponderían con la realidad. Sin embargo, debe tenerse en cuenta la carga de adrenalina que había recibido en Moscú y el ambiente de fuerte optimismo revolucionario que generó la Revolución rusa. Todo parecía posible a este joven con un poco de voluntad y energía. Los ejemplos de los partidos comunistas de Francia o Italia, que lograron importantes éxitos en este periodo, estimularon las expectativas de Maurín. Como él mismo afirmaba, «ha contribuido mucho a esta opinión mía ver la actividad del PC de Italia» 34. Aunque sería incapaz de encontrar en la CNT un apoyo de masas para el comunismo en España, solo cabe reparar en el ejemplo de Gramsci, de Bordiga o de Monatte para comprender que las esperanzas de Maurín y sus camaradas de convertirse en dirigentes de masas tenían una cierta base histórica.

La victoria en el pleno de Barcelona resultó efímera. Maurín se vio cada vez más acorralado en los meses siguientes. Se produjo una avalancha de acusaciones contra la delegación a Rusia y sus seguidores en España. Haciendo referencia a Maurín y su gente, Redención avisaba que «el peor obstáculo para nuestra organización es tener en nuestro seno a estos revolucionarios. Se impone, pues, echarlos por la borda» 35. A estas durísimas críticas se sumó la amenaza, lanzada por el comité guipuzcoano y respaldada más tarde por Valencia y Navarra, de escindirse si Maurín no dimitía y se desa­utorizaba la delegación a Moscú 36. Se exigía además que se trasladase la residencia del comité nacional de Barcelona, donde Maurín contaba con bastante apoyo, a Guipúzcoa, donde Buenacasa y Galo Díez predominaban (el comité nacional era elegido por el comité local de la localidad donde residía) 37.

El armatoste teórico de esta campaña lo proporcionaban las polémicas entre Marx y Bakunin en la Primera Internacional. «La división de aquellos dos focos luminosos que se llamaron Marx y Bakunin subsiste hoy», expresó un teórico libertario 38. Se trataba de una puesta al día del viejo antimarxismo anarquista, dirigiéndolo contra los bolcheviques y su dictadura del proletariado. La represión contra los libertarios rusos devino una cause célèbre para el anarquismo español y europeo. Por otro lado, se criticaba duramente el firme control bolchevique sobre la Comintern. Se objetaba que el «víncu­lo orgánico» entre la ISR y la Tercera Internacional era «atentatorio a la absoluta autonomía del movimiento sindicalista», y, aún peor, ataría a la CNT al PCE 39. Este devino una bestia negra para los anarquistas. Durante la polémica, se enfatizó el origen de este partido en el PSOE. Los comunistas «sois de la misma calaña, tenéis los mismos vicios y defectos» que los socialistas 40. Se explotaba así la vieja suspicacia de los libertarios hacia el partido socialista. Esta actitud se veía reforzada por las críticas al frente único que promovía la ISR, que los anarquistas presentaban como una trampa que fundiría a la CNT con la UGT «contrarrevolucionaria» 41.

El comunismo-sindicalista

Por su parte, Maurín no cejó en su defensa de la delegación, publicando un informe detallado de su conducta. Asimismo, sacó pecho por su desempeño como secretario nacional bajo el régimen de terror de Martínez Anido. Crítico la intransigencia ideológica de los anarquistas, que, decía, buscaban convertir la Confederación en una «agrupación de sectas». También lanzó dardos al sector moderado de la organización encabezado por Salvador Seguí, que a sus ojos encarnaba una «desviación» hacia el «reformismo puro» 42. Por otra parte, Maurín preparó un contraataque teórico al anarquismo con la publicación del panfleto El sindicalismo a la luz de la revolución rusa, donde trataba de poner al día la doctrina sindicalista y armonizarla con el bolchevismo. Como todos los escritos de Maurín de estos meses, adoptó un lenguaje ecléctico a medio camino entre el marxismo y el anarquismo, que utilizaba los escritos eclécticos de Georges Sorel como puente entre ambas ideologías. Este «comunismo-sindicalismo» sui generis tomaba «todo lo que hay de formidable en el pensamiento de Marx» y «las ideas federalistas de Proudhon y la crítica al Estado» del anarquismo 43. Los escritos heterodoxos han llevado a muchos historiadores a presentar la facción de Maurín como un grupo en lenta transición del anarcosindicalismo al marxismo, transición que no se completaría hasta 1923 o 1924 44.

Lo cierto, sin embargo, es que Maurín volvió de Rusia como un comunista convencido. Todavía acarreaba un cierto bagaje sindicalista y su conocimiento del marxismo era aún limitado. Además, se mostraba escéptico hacia el PCE. No mantuvo prácticamente ninguna relación con este hasta finales de 1922: juzgaba que sus dirigentes «no valen nada» y preveía que «caerá muerto» 45. No se planteó seriamente entrar en el partido hasta 1924 y no se dio de alta hasta octubre de ese año 46. El único cabecilla del grupo afiliado al partido era Arlandis, aunque mantenía una actitud de desconfianza hacia su dirección. Pero, a pesar de todo, la correspondencia de Maurín atestigua que su conversión al comunismo tras su viaje a Rusia era total, lo mismo que la de Nin, Arlandis e Ibáñez. Su objetivo era refundar el movimiento comunista español desde Cataluña usando la arcilla de la CNT, desbancando así al PCE oficial. «La dirección del movimiento [comunista] debe corresponder siempre a Cataluña, por lógica marxista», escribió a Nin en noviembre de 1921 47. «Yo devengo cada día más comunista de partido (¡en secreto, eh!)», confesó. «A la postre no hay otro remedio que crear un PC fuerte que encauce todo el movimiento» 48.

Los resabios libertarios de Lucha Social eran una concesión táctica a la cultura anarquista del proletariado cenetista. «Si ahora se hablase de Partido», escribía Maurín en noviembre de 1921, «el fracaso sería fulminante. Hay que cortar con los prejuicios arraigados. Pretender superarlos de golpe llevará al fracaso» 49. Arlandis era aún más explícito hablando sobre el nuevo semanario comunista-sindicalista que lanzaría en Valencia: «el periódico tiene que tener un carácter bastante híbrido. Si se diera un matiz más francamente comunista [...] nuestra labor sería estéril» 50. Esta táctica contaba con el respaldo de la Profintern, mientras que sería atacada duramente por el PCE, con el respaldo de la ISR 51.

A pesar de sus ambiciones, la posición de Maurín se volvía cada vez más precaria, falto de cuadros, y con Lucha Social como único medio de expresión fiable, «es decir, una cosa ínfima» 52. Asimismo, el trasfondo de esta batalla era la implacable represión de Martínez Anido contra la CNT catalana y el reflujo en la movilización obrera. No era un contexto idóneo para «hacer una CNT nueva» como deseaban Maurín y sus seguidores 53.

El 22 de febrero las cosas dieron un vuelco a peor para los comunistas-sindicalistas. Maurín fue detenido y encarcelado en la prisión Modelo de Barcelona, delatado por un excompañero. Así, el grupo perdía a su principal organizador. Lucha Social, editada por Bonet en Lérida, empezó a aparecer de manera más irregular. Por otra parte, la influencia de los anarquistas no dejaba de aumentar. Contaban con numerosas publicaciones semanales y decenas de agitadores influyentes por todo el país. En marzo se empezó a publicar el informe de Pestaña sobre su viaje a Rusia de 1920, de tono marcadamente negativo, y que «ha venido a reforzar la jauría que se ha desatado aquí». En mayo reapareció en Valencia el órgano diario de la CNT, Solidaridad Obrera, con una clara orientación anarquista. «Lo central del periódico es una repugnante campaña contra Rusia», informó a Nin el comunista madrileño César González 54.

Por otra parte, el arresto de Maurín permitió que el secretariado de la CNT pasara a manos de los anticomunistas. Joan Peiró fue elegido secretario nacional por el comité local de Barcelona, lo cual refleja que Maurín había perdido apoyos en Cataluña. Tras su nombramiento, Peiró emitió un comunicado afirmando que «somos esencialmente anarquistas». Recordaba que la adhesión a la ISR era «provisional» y que «somos enemigos irreconciliables de cualquier dictadura» 55.

Desde París, Arlandis envió a Nin un balance pesimista de la correlación de fuerzas:

«Se ha producido un hecho nuevo que marca de una manera inquietante la trayectoria establecida del Comité Nacional. Es el último manifiesto publicado, donde se acentúan mucho más aún los términos de la ideología anarquista y es la que se dice que la adhesión a la ISR es provisional hasta la reunión del próximo pleno donde incontestablemente seremos derrotados» 56.

Peiró versus Lozovsky

El veterano sindicalista Peiró era más cercano al sector pragmático de Seguí que a los ideólogos intransigentes que dirigían la campaña contra Rusia; pero en la primavera de 1922 se fraguó un pacto fáustico entre las tendencias radicales y moderadas de la CNT contra la ISR. Un informe del PCE sobre la Confederación explicaba que «cuando se trata de combatir a los comunistas estas tendencias desaparecen, forman el frente único» 57. La idea de Seguí de una CNT estable e independiente, que formara alianzas tácticas con otras fuerzas progresistas, no encajaba con la estructura jerárquica de la Internacional Comunista y de la ISR. Como diría Seguí, «nuestras ideas, francamente federalistas, no pueden obligar a que las organizaciones adopten determinadas actitudes en ciertos momentos» 58. Tampoco tenía ningún interés en vincular a la Confederación con el diminuto PCE. Y, tal vez más importante, los moderados esperaban que el repudio del comunismo exorcizaría las corrientes aventuristas de los años anteriores, que habían estado estrechamente ligadas al entusiasmo por la Revolución rusa. Maurín preveía una «ola de reformismo formidable» que, «encubierto por el ropaje de una plena independencia, del federalismo, del libertarismo y otras músicas por el estilo, predicará la paz social» 59. Arlandis añadió que esta campaña antibolchevique permitía a Seguí «rehabilitarse» como dirigente anarquista, recuperando el bakuninismo prístino del que había abjurado en otros ámbitos 60.

Peiró se enzarzó en una áspera polémica epistolar con el secretario de la ISR, Solomón Lozovsky. La manzana de la discordia no era ni la dictadura del proletariado, ni la política interna del Gobierno soviético, ni siquiera la relación entre la ISR y la Comintern y sus secciones, sino la cuestión del frente único con la socialdemocracia promovido desde Moscú. Cabe suponer que la acalorada controversia sobre el frente único se infló para propiciar una escisión que se venía fraguando desde el otoño anterior. De hecho, mientras Peiró se atrincheraba en la intransigencia ideológica para rechazar cualquier colaboración con los socialistas, Seguí mantenía negociaciones con destacados dirigentes republicanos 61.

«Nos sorprende extraordinariamente», escribió Peiró a Lo­zovsky, «vuestra indicación de que se imponga una alianza permanente y estrecha entre todas las organizaciones revolucionarias [sic], que es tanto como aconsejarnos la unión con los traidores». «Nosotros os decimos», zanjó, «que la CN [sic] de España no pactará alianza alguna con los elementos que no son netamente anarquistas y sindicalistas». Asimismo, expresó su decepción por el fracaso de la ISR a la hora de organizar un boicot internacional contra la represión en España, como había solicitado anteriormente Maurín 62.

La respuesta de Lozovsky fue lo más diplomática posible. Alabó la «lucha heroica» de la CNT, que, afirmaba, era seguida desde Rusia con un «interés particular». En su opinión, Peiró había «malinterpretado» el frente único, que «es una unión estrecha con los elementos que han dado muestra [...] de su sinceridad revolucionaria», y no con los «burócratas» de la UGT. Se excusó por el fracaso del boicot, justificándose por el hecho de que la ISR «todavía se encuentra en pleno periodo de organización» y era incapaz de lanzar tamaña iniciativa 63.

La respuesta de Peiró fue tajante: «Solo os diremos que en España los reformistas están en un lado y los revolucionarios en otro; y entre unos y otros, hoy por hoy, no es posible establecer pactos ni alianzas que de nada habrían de servir». A su vez, desdeñaba los argumentos de Lozovsky sobre el fracaso del boicot, afirmando que ya habían desistido de «aspirar a la solidaridad moral internacional» 64.

Ante esta respuesta, Lozovsky endureció su postura. Le recordó a Peiró que los españoles «no os deberíais considerar una excepción», puesto que el terror blanco se había extendido por gran parte de Europa. Era imposible para una organización neonata como la ISR lanzar boicots internacionales contra todos los Gobiernos represivos del momento. Sobre el frente único, explicó que el movimiento obrero internacional había entrado en una fase de reflujo desde 1920 y había que preparar una lucha defensiva amplia. El objetivo final de la táctica era comprometer en la práctica a los «jefes reformistas», desenmascarándoles a ojos «de los elementos sinceramente revolucionarios» que seguían teniendo ilusiones en la socialdemocracia 65.

La conferencia de Zaragoza

En marzo de 1922, un nuevo Gobierno encabezado por el conservador Sánchez Guerra asumió el poder en Madrid con el deseo de hacer las paces con la CNT. Cientos de destacados presos cenetistas fueron liberados a principios de abril y se puso fin a la suspensión de garantías constitucionales. Maurín e Ibáñez salieron de la cárcel, pero también lo hicieron sus contrincantes, incluido Pestaña. Arlandis por fin volvió a España desde Francia. Pero también regresaron del exilio los anarquistas Lladó, Foix y Leval, agitando activamente contra la Rusia soviética. Sin embargo, Maurín se mostraba optimista al salir de la cárcel. Preparó un plan de acción ambicioso para una coyuntura que juzgaba decisiva. «En un mes tiene que decidirse todo. Y auguro que la situación es favorable», escribió a Nin 66. Pero al cabo de unos días, al familiarizarse con la situación real sobre el terreno, sus ilusiones se fueron desvaneciendo:

«La situación es muy ambigua. [...] Presiento el triunfo de [...] un sindicalismo anárquico-troglodítico. No es que sea pesimista, pero las cosas van en general en ese sentido [...]. Las campañas de unos cuantos malvados han hecho perder en la masa la simpatía que existía por la Revolución rusa y hoy hay un confusionismo grande. Los anarquistas vuelven a colocarse al frente de las organizaciones. [...] Presumo que la sesión del Pleno que habrá de dictaminar sobre nuestra conducta triunfará la corriente opuesta a nosotros» 67.

Pero la tenacidad de Maurín se sobrepuso a las dificultades. Organizó una gira de agitación por España, dando charlas en Tarragona y Lérida y preparando viajes a Huesca, Zaragoza y Bilbao. Puso a Lucha Social a trabajar a toda máquina, «a pesar de su pequeño tamaño hace una labor brutal». Ibáñez regresó a Asturias, donde «trae frito a los anarquistas». Allí, en pocas semanas los comunistas-sindicalistas cosecharon importantes éxitos, consolidando la lealtad de la Regional asturiana a la ISR 68.

Pero sobre el grupo se cernía una catástrofe inesperada. A pesar de la distensión iniciada por Sánchez Guerra, el temible general Martínez Anido seguía siendo gobernador de Barcelona, mientras que el sádico coronel Miguel Arlegui estaba al frente de la policía de la ciudad. Por lo tanto, Barcelona seguía «oprimida bajo las espuelas vesánicas» de la «reacción torquemadesca» 69. Irritado por la excarcelación de Maurín, Arlegui le citó en su despacho para tener una entrevista a finales de mayo. Tras consultarlo con Peiró, el desventurado Maurín decidió presentarse en comisaría. Durante dos horas, Arlegui le torturó, amenazando con matarle si no abandonaba Barcelona. Maurín salió de comisaría «desorientado y dolorido», por lo que se cayó hacia atrás cuando trataba de subir a un tranvía, fracturándose el cráneo. Según el testimonio de Arlandis, los médicos del Clínico le dieron por perdido. Pero milagrosamente empezó a recuperarse. Sobreviviría, pero estos percances le alejarían de la política durante todo el mes de junio de 1922, un mes que sería crucial en la batalla por la CNT 70.

El comité nacional convocó una conferencia (un pleno ampliado) el 11 de junio en Zaragoza. En el orden del día estaba la cuestión de la ISR y la conducta de la delegación a Rusia de 1921, así como el inminente congreso internacional anarcosindicalista que tendría lugar en Berlín ese mismo mes para proyectar una alternativa libertaria a la Internacional moscovita. La conferencia se organizó deprisa y corriendo, precisamente para poder enviar delegados a Alemania. A finales de mayo, un comité nacional ampliado debatió la cuestión internacional en Barcelona. El 4 de junio, una asamblea de toda la Confederación Regional catalana tuvo lugar en Blanes, donde se buscó llegar a una postura unificada sobre la ISR de cara a la conferencia. En sus cartas a Nin, Arlandis dejó una reseña de ambas reuniones:

«Fuimos primero una reunión con el Comité Nacional a la que asistieron Pestaña, Lladó y Perro Chico [posiblemente Foix]. Allí se aclararon ya muchas cosas respecto a nuestro viaje y a la forma en que se nombró la delegación, etc. Después, el domingo siguiente, 4 de junio, se nos invitó a todos los que habíamos estado en Rusia, con delegación o sin ella, para asistir a una reunión en Blanes donde acudieron la mayor parte de los militantes de Barcelona, con los comités regional, local y nacional en pleno. Durante todo el día sostuve la batalla contra Pestaña, Leval y Lladó, quienes llegaron a decir que el P[artido] C[omunista] suponía el verdadero enemigo de la Revolución [...]. Los asistentes, un centenar, estaban divididos en tres grupos: uno de oposición irreductible, otro de acuerdo con nosotros y el tercero, el más numeroso, adoptaba una posición intermedia. Ello dio por resultado el que se diera mandato a los delegados que habían de ir al Pleno de Zaragoza para que defendiesen los siguientes puntos: sobre la ISR: no tomar ninguna decisión firme reservándolo para el próximo Congreso de la CNT. Sobre el envío de delegados a la conferencia de Berlín: que se enviaran, pero solo a título consultivo. Pestaña apoyó esa proposición» 71.

Para Arlandis, también en Valencia la mayoría de los militantes estaban indecisos. Un anarquista asturiano que mantuvo correspondencia con Maurín apuntaba a un ambiente análogo: «Mi impresión íntima personal [...] es que la Regional Asturiana no está incondicionalmente con Moscú. Pero tampoco está en contra. Más bien está a favor» 72. Los propios anarquistas reconocían este estado de las cosas. Galo Díaz lamentaba que «gran parte de los militantes de la CNT no comparten sus doctrinas» 73. De manera aún más palmaria, Soledad Gustavo afirmaba que «la masa sindicalista no es anarquista», y que estaba «más cerca de la dictadura de Lenin que de la concepción de Kropotkin» 74. Todo apunta a que en la primavera de 1922 la militancia mantenía una actitud vacilante ante la cuestión internacional. En general, el grueso de los viejos cuadros había dado ya la espalda a la Tercera Internacional a comienzos de 1922, pero no había podido hacer mella de manera decisiva entre las bases, donde todavía quedaba un poso de la euforia bolchevique de los años anteriores. Sin embargo, la situación dio un vuelco en Zaragoza. «Mis previsiones optimistas por la actitud de los reunidos en Blanes no se realizaron», deploró Arlandis 75.

Zaragoza era un feudo de los anarquistas más intransigentes. Además, Arlandis, desprestigiado por su vinculación con el PCE, tuvo que defender solo la actuación de la delegación a Rusia. Maurín se encontraba convaleciente, Nin en Moscú e Ibáñez había sido detenido a principios de junio al intentar cruzar la frontera francesa 76. Aunque contó con el respaldo de los seguidores de Maurín e Ibáñez de Lérida y Asturias, Arlandis tenía en su contra al comité nacional, a Seguí y su gente, a la organización zaragozana y a los anarquistas «duros» de toda España. A pesar de que la segunda parte de la conferencia, donde se debatió sobre ideología y estrategia, daría pie a un fuerte choque entre radicales y moderados, ambas facciones aunaron esfuerzos en la cuestión internacional.

El trasfondo del encuentro era la grave crisis de la CNT, que emergía diezmada y desmoralizada tras años de derrotas e intensa represión. Las dificultades a las que seguía enfrentándose el movimiento se evidenciaron con el anuncio del gobernador civil de Zaragoza de que prohibiría el encuentro (retractándose solo ante la amenaza de huelga general). El preámbulo de Peiró cayó como un jarro de agua fría entre los asistentes: «una represión de tres años debía de producir algún efecto, y el efecto se ha producido por una crisis moral». La CNT se hallaba en un «estado de dispersión, espiritual y materialmente» 77. El propio Arlandis apuntaría que muchos de los sindicatos que acudieron a Zaragoza «no existen». Eran cáscaras vacías, círculos de activistas sin músculo sindical 78.

Además, en la primavera de 1922 hubo un verdadero alud de noticias sobre el carácter autoritario de los bolcheviques y su represión contra los anarquistas. A esto contribuían numerosos libertarios rusos excarcelados y desterrados al extranjero por los bolcheviques, o escapados por su propia cuenta. Al mismo tiempo, aparecen diversos testimonios de anarquistas europeos a su regreso de Rusia, como (en el caso español) Foix, Lladó o Jaime Salán (alias Wilkens) y, sobre todo, Pestaña, cuyos informes, según Arlandis, «han influido en contra nuestra a una gran porción de los vacilantes» 79.

En el plano europeo, tuvieron lugar procesos relevantes que favorecieron el cambio de ánimo en la CNT. En la primavera de 1922, importantes organizaciones sindicalistas y anarcosindicalistas le daban la espalda a la ISR. Es el caso de la Unione Sindacale italiana y, aún más importante, de la CGT Unitaire francesa, escisión de izquierdas de la vieja CGT, que en los primeros meses de 1922 emitió varios comunicados contrarios a la ISR (aunque aquí las cosas darían un giro inesperado a finales de junio). Se produjeron procesos similares en otras centrales sindicalistas europeas y americanas. Además, la iniciativa de los libertarios alemanes de crear una nueva Internacional despejaba los miedos al aislamiento que tenían muchos cenetistas 80.

La conferencia empezó con un severo informe de Pestaña sobre su viaje a Rusia de 1920. Abogó por la desafiliación, una revisión de su postura de marzo, cuando se pronunció (muy críticamente) por permanecer en la ISR 81. Arlandis tomó la palabra a continuación, defendiendo, entre constantes interrupciones, que «fuimos enérgicos en nuestra oposición a los comunistas [...] y rechazamos las tendencias de subordinación». Acabó planteando la adhesión a Moscú como una cuestión práctica, para evitar el aislamiento de la CNT en un momento de dificultad, «una visión objetiva del movimiento internacional nos obliga a relacionarnos con todo el proletariado revolucionario» 82.

Sorprendentemente, Leval, que presentó un informe muy crítico hacia la Rusia soviética, acabó defendiendo la legitimidad de la delegación de 1921 y la adhesión a la ISR. «Los motivos de adhesión son más potentes que los que aconsejan lo contrario», dijo, «pues el centralismo y el federalismo están en pugna en la ISR». Casi un año antes, a mediados agosto de 1921, desde Moscú, Leval ya había enviado a España un informe favorable a la permanencia en la ISR 83.

También Seguí dio la cara por los delegados de 1921 ante la «virulencia» de los ataques anarquistas, aunque pidió la «separación de Moscú» con los bolcheviques, puesto que «nos separa de Rusia un abismo, lo mismo en ideología que en tácticas». A continuación, se sucedieron las intervenciones de los asistentes, de tono mayoritariamente negativo 84.

Arlandis describió a Nin el ambiente poco halagüeño del ­encuentro:

«El Comité Nacional envió días antes a Leval a Zaragoza y entre él y Galo convocaron una cábala [en mi contra]. Además, el Comité Nacional había ya preparado por bajo mano una verdadera coartada previniendo a las organizaciones que nos son adictas tarde y con equívocos en la convocatoria, y en cambio a las que están en oposición les instaban para que se presentaran con numerosos delegados para dar impresión de fuerza» 85.

Al término de la sesión se aprobó una resolución leída (y probablemente redactada) por Pestaña, donde se afirmaba que la adhesión a la Tercera Internacional «obedeció a la simpatía que entre el proletariado de España» hacia la Revolución rusa y no a una «coincidencia de principios». Por tanto, «considerando que el carácter marcadamente político y partidista de la Tercera Internacional y la ISR discrepa fundamentalmente de los principios que sustenta la CNT», la conferencia «acepta en principio la separación de la CNT y la ISR». Era un acuerdo que, empero, debería ratificarse en un referéndum en el plazo de un mes. Solo las federaciones de Asturias y Lérida votaron en contra de la moción 86.

Así pues, la conferencia inició el proceso de desafiliación de la ISR. Se envió a Carbó y a Avelino González al encuentro de Berlín, donde respaldarían la creación de la Asociación Internacional de Trabajadores. El referéndum propuesto en el plazo de un mes no tuvo lugar, aunque parece ser que algunos sindicatos sí organizaron consultas en las que Moscú salió perdiendo 87. A ojos de Arlandis, el fracaso era total. Tocaba organizarse como una corriente minoritaria: «Por el momento nuestra actividad es la de formar una fracción partidaria de la ISR» 88.

¿Por qué ganaron los antibolcheviques?

Un reducido núcleo de anarcosindicalistas veteranos emprendió la campaña contra la Rusia soviética en el verano de 1921. El ­desenlace de la conferencia de Zaragoza de 1922 fue consecuencia del éxito de esta facción a la hora de granjearse el apoyo de la mayoría de la organización. El principal logro de estos ideólogos fue sofocar la pasión bolchevique de los miles jóvenes que entraron en la CNT después de 1917 89. No hay duda de que las noticias de la represión contra los anarquistas rusos conmovieron a las bases confederales. Las críticas a la burocratización del Estado soviético, a la marginalización de los libertarios en la ISR y a la subordinación de esta a la Comintern también tuvieron un impacto. Los antibolcheviques hablaban un lenguaje antiautoritario y federalista con profundas raíces en suelo español.

Ahora bien, más allá de la lucha de ideas, otros factores menos obvios se alineaban contra Moscú. La facción antibolchevique contaba con algunos de los pensadores y activistas más reconocidos del movimiento libertario, como Buenacasa, Carbó, Galo Díez o Bajatierra. Estos hombres habían desempeñado un papel fundamental en la construcción de la CNT y en el desarrollo de su programa. Desde Valencia, Arlandis describió en sus cartas a Nin el magnetismo de Carbó sobre los cenetistas valencianos más jóvenes, la mayor parte de los cuales habían sido orgullosos defensores del bolchevismo, y algunos incluso habían llegado a afiliarse al PCE:

«Se da el caso que una buena parte (el 20 %) de los antiguos comunistas que formaban antes los grupos están ahora con los trogloditas y son los que con más ensañamiento nos atacan. [...] Los trogloditas son mucho más numerosos, pero están en la mayor indigencia intelectual y moral. Hay entre ellos un centenar de jóvenes berroqueños moldeados por Soli[daridad Obrera] y maniobrados por Carbó» 90.

La relación que establecieron el joven Buenaventura Durruti y sus camaradas con Manuel Buenacasa en Euskadi también es bien conocida 91.

Estos anarquistas achacaban las dificultades de la organización a las desviaciones ideológicas del bolchevismo y del reformismo. De no haberse abandonado la «recta, luminosa» ruta del anarquismo, decía Buenacasa en referencia a este periodo, «la situación de nuestras organizaciones sería muy otra» 92. Esta explicación simplista de la derrota era fácil de digerir para militantes jóvenes e impacientes. El ambiente general de conservadurismo ideológico y organizativo implicaba que los comunistas-sindicalistas nadaban a contracorriente con su intento de «hacer una CNT nueva», mientras que los libertarios ortodoxos engarzaban con el estado de ánimo predominante 93. Las juventudes del movimiento, con un temperamento sectario, también estaban indispuestas a la consigna del frente único impulsado por la ISR. Además, se reorientó exitosamente contra los comunistas la vieja hostilidad que existía hacia el socialismo en medios confederales, identificando al PCE con el PSOE. Arlandis admitió en un informe a la Tercera Internacional: «basta con que nuestros adversarios nos tachen [...] como antiguos socialistas con ambiciones electorales para que las masas, muy desconfiadas, se alejen de nosotros y les hagan el juego a los anarquistas» 94. Por otra parte, los anarquistas veteranos a menudo toleraban (o apoyaban) la actitud violenta de muchos militantes jóvenes, implicados en la lucha armada, que la ISR y sus partidarios en España condenaban de manera taxativa 95.

A la separación de Moscú contribuyó la postura de Salvador Seguí, que gozaba de gran autoridad entre sindicalistas más ponderados. Ante la crisis del movimiento obrero, Seguí adoptó una actitud cada vez más pragmática. Para él esto era incompatible con la adhesión a la ISR, de la que en cualquier caso nunca había estado convencido. Esto le empujó a una entente con sus viejos adversarios extremistas, con la idea de que más adelante podría desplazarlos (algo que no sucedería) 96.

En contraposición, los seguidores de la ISR carecían de capital humano. Ningún dirigente reconocido del movimiento se puso de su lado. Esto contrasta con la situación en Francia, donde el veterano cabecilla del sindicalismo revolucionario, Pierre Monatte, tras algunas vacilaciones, tomó partido por Moscú. No hubo un Monatte español. La defensa de la ISR recayó sobre los miembros de la delegación a Rusia de 1921, enérgicos pero inexpertos y poco conocidos. Además, Nin, tal vez el más capacitado del grupo, solo podía asistir a sus compañeros desde lejos. Maurín llegaría a pedirle, en balde, que regresara a España en abril de 1922. Arlandis, por otra parte, se vio fuertemente desacreditado por el escándalo de su afiliación al PCE 97.

Pero además había problemas políticos de fondo. Su insistencia en el frente único era usada como munición por los anarquistas. Y aunque trataban de mantener una distancia prudencial con el PCE, no les resultaba difícil a sus adversarios presentarlos como agentes del comunismo. ¿Acaso no habían aceptado el «vínculo orgánico» con la Internacional Comunista? ¿Y no era Arlandis un militante del partido? Por otro lado, Maurín trató de aproximar a los cenetistas al comunismo apoyándose en el sindicalismo revolucionario y reduciendo su componente anarquista. Pero en España anarquismo y sindicalismo eran hermanos siameses. El sindicalismo «puro» que él propugnaba parecía forastero y artificioso a ojos de los cenetistas. Sus improperios contra el supuesto reformismo de Seguí tampoco le ganaron aliados entre las facciones más moderadas. Los comunistas-sindicalistas acabaron nadando entre dos aguas en una CNT que se polarizaba en torno a un ala extremista y otra moderada, ninguna de las cuales deseaba permanecer en la ISR.


1 Gerald Meaker: The Revolutionary Left in Spain, 1914-1923, Stanford, Stanford University Press, 1974, pp. 99-188; Carlos Forcadell Álvarez: Parlamentarismo y bolchevización: el movimiento obrero español, 1914-1918, Barcelona, Crítica, 1978, pp. 241-291; Francisco Romero Salvadó, «Ángel Pestaña y el fracaso de la Comintern en España», Cuadernos republicanos, 42 (2000), pp. 89-101; Josep Puigsech: La revolució russa i Catalunya, 1917-1939, Vic, Eumo, 2017, pp. 50-66; Chris Ealham: «Revolución, reforma y contrarrevolución a partir del 1917», en Pelai Pagès y Pepe Gutiérrez (eds.): La revolución rusa pasó por aquí, Barcelona, Laertes, 2017, pp. 63-98, y Arturo Zoffmann Rodríguez: «Anarcho-Syndicalism and the Russian Revolution: Towards a Political Explanation of a Fleeting Romance, 1917-22», Revolutionary Russia, 31(2) (2018), pp. 226-246.

2 José Peirats: La CNT en la revolución española, París, Ruedo Ibérico, 1971, p. 85; Murray Bookchin: Los anarquistas españoles: los años heroicos (1868-1936), Barcelona, Grijalbo, 1980, p. 263, y Jason Garner: Goals and Means: Anarchism, Syndicalism, and Internationalism in the origins of the Federación Anarquista Ibérica, Chico, AK Press, 2016.

3 Antonio Bar: La CNT en los años rojos: del sindicalismo revolucionario al anarcosindicalismo, Madrid, Akal, 1981, p. 442; Robert Kern: Red Years/Black Years: A Political History of Spanish Anarchism, 1911-1937, Filadelfia, ISHI, 1978, p. 56; Juan Avilés Farré: La fe que vino de Rusia: la revolución bolchevique y los españoles, 1917-1931, Madrid, UNED, 1999, pp. 116 y 217, y Julián Vadillo Muñoz: Historia de la CNT: Utopía, pragmatismo y revolución, Madrid, Catarata, 2019, pp. 153-156.

4 Memoria del congreso celebrado en el teatro de la Comedia de Madrid los días 10-18 de Diciembre de 1919, Barcelona, Cosmos, 1932, pp. 372-373.

5 Véanse, por ejemplo, «El Comité de la federación local de Barcelona», España Nueva (Madrid), 1 de mayo de 1920; «Reacción y Revolución», El Comunista (La Felguera), 19 de junio de 1920, y Manuel Buenacasa: «La carta de Kropotkine», Solidaridad Obrera (Bilbao), 27 de agosto de 1920.

6 «Informe de la delegación de la CNT (primera parte)», Lucha Social (Lérida), 27 de mayo de 1922.

7 Arturo Zoffmann Rodríguez: «Off to Moscow with no Passports and no Money: the 1921 Spanish Syndicalist Delegation to Russia», European History Quarterly, 48(3) (2018), pp. 435-461.

8 «Actas de la conferencia de Zaragoza: preámbulo» (4 de junio de 1922), Internationaal Instituut voor Sociale Geschiedenis (IISG), Archivos de la CNT, 68A.1, p. 7.

9 Anna Monjo: Militants: Democràcia i participació a la CNT als anys trenta, Barcelona, Laertes, 2003, pp. 250-252.

10 Résolutions et statuts adoptés au Ier congrès international des syndicats révolutionnaires, 3-19 juillet 1921, París, ISR, 1921.

11 Gerald Meaker: The Revolutionary Left..., pp. 146-188 y 428-455.

12 Reiner Tosstorff: The Red International of Labour Unions (RILU), 1921-1937, Leiden, Brill, 2016, pp. 446-492.

13 Por ejemplo, Julián Vadillo: Historia..., pp. 148-156.

14 Angel Smith: Anarchism..., pp. 331-339.

15 Carta de Maurín a Nin, 27 de febrero de 1922, Rossiiskii Gosudarstvennii Arjiv Sotsial’no-Politicheskoi Istorii (RGASPI), fond 534, opis’ 7, delo 288, listok 41.

16 «Actas de la conferencia de Zaragoza: Preámbulo» (04/06/1922), IISG, Archivos de la CNT, 68A.1, p. 1.

17 Chris Ealham: «Revolución...», p. 85.

18 Carta de Maurín a Nin, 29 de noviembre de 1921, RGASPI, fond 534, opis’ 7, delo 288, listok 7.

19 Reiner Tosstorff: «The Syndicalist Encounter with Bolshevism», Anarchist Studies, 17(2) (2009), pp. 12-28. Véase el estudio de caso sobre en antagonismo entre cenetistas y comunistas en Asturias, Ángeles Barrio Alonso: Anarquismo y anarcosindicalismo en Asturias, 1890-1936, Madrid, Siglo XXI, 1998, pp. 319-379.

20 Embajada española en Berlín, «Telegrama al ministerio de gobernación», 2 de octubre de 1921, Archivo Histórico Nacional (AHN), Ministerio de Exteriores, leg. 2760.

21 Jesús Ibáñez: Memorias de mi cadáver, México, El libro perfecto, 1946, pp. 265-272.

22 Pelai Pagès: Andreu Nin: una vida al servei de la classe obrera, Barcelona, Laertes, 2009, pp. 96-98.

23 Carta de Maurín a Nin, 29 de noviembre de 1921, fond 534, opis’ 7, delo 288, listki 7-12.

24 Ibid.

25 Ibid.

26 Carta de Maurín a Nin, 27 de febrero de 1922, RGASPI, fond 534, opis’ 7, delo 288, listok 35.

27 Carta de Maurín a Nin, 9 de mayo de 1922, RGASPI, fond 534, opis’ 7, delo 290, listok 4.

28 «Acuerdos de la reunión extraordinaria», Redención (Alcoy), 27 de agosto de 1921.

29 CNT y CRT de Cataluña, «A los trabajadores», Redención (Alcoy), 18 de noviembre de 1921.

30 Carta de Maurín a Nin, 29 de noviembre de 1921, RGASPI, fond 534, opis’ 7, delo 288, listok 7.

31 Ibid.

32 Ibid.

33 Ibid.

34 Carta de Maurín a Nin, 27 de febrero de 1922, RGASPI, fond 534, opis’ 7, delo 288, listok 44.

35 «El peligro oculto», Redención (Alcoy), 2 de diciembre de 1921.

36 Confederación Regional Levantina, «Sin eufemismos», Redención (Alcoy), 23 de diciembre de 1921.

37 CNT y CRT de Cataluña, «A los trabajadores», Redención (Alcoy), 18 de noviembre de 1921.

38 Hermoso Plaja: «Pseudo-revolucionarismo», Redención (Alcoy), 11 de noviembre de 1921.

39 «Comentarios a un congreso», Redención (Alcoy), 15 de octubre de 1921.

40 David Díaz: «Mi opinión sobre la dictadura», Redención (Alcoy), 2 de diciembre de 1921.

41 Comité Nacional, «La CNT y el Frente Único», Nueva Senda (Madrid), 16 de marzo de 1922.

42 CNT y CRT de Cataluña, «A los trabajadores», Redención (Alcoy), 18 de noviembre de 1921.

43 Joaquín Maurín: El sindicalismo a la luz de la Revolución rusa, Lérida, Lucha Social, 1922, p. 10.

44 Yveline Riottot: Joaquín Maurín: de l’anarcho-syndicalisme au communisme (1919-1936), París, L’Harmattan, 1997, p. 40, y Pelai Pagès: Andreu Nin..., p. 93. Yo mismo suscribía esta tesis antes de visitar los archivos soviéticos: Arturo Zoffmann Rodríguez: «Marxistisch und Proudhonistisch zugleich: die Kommunisten-Syndikalisten der Spanischen CNT 1917-1924», Arbeit-Bewegung-Geschichte, 16(3) (2017), pp. 76-96.

45 Carta de Maurín a Nin, 27 de febrero de 1922, RGASPI, fond 534, opis’ 7, delo 288, listok 43.

46 Óscar Pérez Solís: «Para acabar con una crisis indecente» (1926), RGASPI, fond 495, opis’ 120, delo 215, listok 97.

47 Carta de Maurín a Nin, 29 de noviembre de 1921, RGASPI, fond 534, opis’ 7, delo 288, listok 11.

48 Carta de Maurín a Nin, 27 de febrero de 1922, RGASPI, fond 534, opis’ 7, delo 288, listok 41.

49 Carta de Maurín a Nin, 29 de noviembre de 1921, RGASPI, fond 534, opis’ 7, delo 288, listok 11.

50 Carta de Arlandis a Nin, 17 de agosto de 1922, RGASPI, fond 534, opis’ 7, delo 288, listok 84.

51 Carta del comité ejecutivo de la ISR al responsable sindical del PCE, 7 de agosto de 1922, RGASPI, fond 534, opis’ 6, delo 81, listok 31.

52 Carta de Maurín a Nin, 20 de abril de 1922, RGASPI, fond 534, opis’ 7, delo 288, Maurín to Nin, listok 31.

53 Carta de Maurín a Nin, 27 de febrero de 1922, RGASPI, fond 534, opis’ 7, delo 288, listok 42.

54 Carta de César González a Nin, junio de 1922, RGASPI, fond 534, opis’ 7, delo 288, listok 63.

55 «La CNT a la opinión pública», Lucha Social (Lérida), 18 de marzo de 1922.

56 Carta de Arlandis a Nin, 24 de marzo de 1922, RGASPI, fond 534, opis’ 7, delo 288, listok 28.

57 Carta de Fernando G. Sanz al buró político de la ISR, 30 de enero de 1923, Archivo Histórico del PCE (AHPCE), Documentos, film 1, apartado 12.

58 «Actas de la conferencia de Zaragoza: tercera sesión», IISG, Archivos de la CNT, 68A.1, p. 9.

59 Carta de Maurín a Nin, 27 de febrero de 1922, RGASPI, fond 534, opis’ 7, delo 288, listok 41.

60 Carta de Arlandis a Nin, 24 de marzo de 1922, RGASPI, fond 534, opis’ 7, delo 288, listok 28.

61 Gerald Meaker: The Revolutionary..., p. 439.

62 Carta del comité nacional de la CNT al comité ejecutivo de la ISR, 9 de marzo de 1922, RGASPI, fond 543, opis’ 7, delo 288, listok 48.

63 Carta del secretario general de la ISR al comité nacional de la CNT, 14 de abril de 1922, RGASPI, fond 534, opis’ 6, delo 81, listki 9-12.

64 Carta del comité nacional de la CNT al comité ejecutivo de la ISR, 9 de marzo de 1922, RGASPI, fond 543, opis’ 7, delo 288, listok 48.

65 Carta del secretario general de la ISR al comité nacional de la CNT, 13 de mayo de 1922, RGASPI, fond 534, opis’ 7, delo 288, listki 19-26.

66 Carta de Maurín a Nin, abril de 1922, RGASPI, fond 534, opis’ 7, delo 288, listok 47.

67 Carta de Maurín a Nin, 20 de abril de 1922, RGASPI, fond 534, opis’ 7, delo 288, listok 31.

68 Carta de Maurín a Nin, 27 de abril de 1922, RGASPI, fond 534, opis’ 7, delo 288, listok 33.

69 Circular del Comité de la CRT Levantina, 13 de mayo de 1922, RGASPI, fond 534, opis’ 7, delo 288, listok 53.

70 Carta de Arlandis a Nin, 18 de junio de 1922, RGASPI, fond 534, opis’ 7, delo 288, listok 66.

71 Ibid.

72 Carta de J. Rodríguez a Maurín, 29 de abril de 1922, RGASPI, fond 534, opis’ 7, delo 288, listok 50.

73 Galo Díez: «La realidad nos abona», Redención (Alcoy), 6 de junio de 1922.

74 Soledad Gustavo: «La masa sindicalista no es anarquista», Redención (Alcoy), 17 de agosto de 1922.

75 Carta de Arlandis a Nin, 18 de junio de 1922, RGASPI, fond 534, opis’ 7, delo 288, listok 67.

76 Carta de Maurín a Nin, 3 de julio de 1922, RGASPI, fond 534, opis’ 7, delo 288, listok 24.

77 «Actas de la conferencia de Zaragoza: preámbulo», IISG, Archivos de la CNT, 68A.1, p. 1.

78 Carta de Arlandis a Nin, 18 de junio de 1922, RGASPI, fond 534, opis’ 7, delo 288, listki 68-70.

79 Carta de Arlandis a Nin, 24 de marzo de 1922, RGASPI, fond 534, opis’ 7, delo 288, listok 28.

80 Reiner Tosstorff: The Red..., pp. 446-492.

81 Ángel Pestaña: Consideraciones y juicios acerca de la Tercera Internacional, Madrid, ZYX, 1968, p. 49.

82 «Actas de la conferencia de Zaragoza: segunda sesión», IISG, Archivos de la CNT, 68A.1, pp. 3-6.

83 «La CNT d’Espagne et l’ISR», La Vie Ouvrière (París), 24 de marzo de 1922.

84 «Actas de la conferencia de Zaragoza: tercera sesión», IISG, Archivos de la CNT, 68A.1, pp. 7-9.

85 Carta de Arlandis a Nin, 18 de junio de 1922, RGASPI, fond 534, opis’ 7, delo 288, listok 69.

86 «Actas de la conferencia de Zaragoza: tercera sesión», IISG, Archivos de la CNT, 68A.1, pp. 9-10.

87 Jason Garner: Goals..., p. 298.

88 Carta de Arlandis a Nin, 18 de junio de 1922, RGASPI, fond 534, opis’ 7, delo 288, listok 69.

89 Sobre la relación entre dirigentes e ideólogos y activistas de base en la CNT, véase Anna Monjo: Militants..., pp. 341-367, y sobre la entrada de jóvenes obreros radicalizados a la CNT, Paco Ignacio Taibo II: Que sean fuego las estrellas: Barcelona, 1917-1923, Barcelona, Crítica, 2016, pp. 258-261.

90 Carta de Arlandis a Nin, 17 de agosto de 1922, RGASPI, fond 534, opis’ 7, delo 290, listok 84.

91 Abel Paz: Durruti: el proletariado en armas, Barcelona, Ariel, 1978, pp. 23-29.

92 Manuel Buenacasa: El movimiento obrero español: historia y crítica, Madrid, Júcar, 1977, p. 89.

93 Carta de Maurín a Nin, 27 de febrero de 1922, RGASPI, fond 534, opis’ 7, delo 288, listok 42.

94 Hilario Arlandis: «Rapport à l’IC et à l’ISR sur la situatuation du PC d’Espagne et son activité dans les syndicats», 30 de enero de 1923, RGASPI, fond 534, opis’ 7, delo 289, listok 9.

95 Yveline Riottot: Joaquín Maurín..., pp. 47-48.

96 Gerald Meaker: The Revolutionary..., pp. 441-442.

97 Carta de Maurín a Nin, 20 de abril de 1922, RGASPI, fond 534, opis’ 7, delo 288, listok 31.