Ayer 134 (2) 2024: 219-243
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2024
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/2204
© Juan José Díaz Benítez
Recibido: 13-05-2022 | Aceptado: 26-09-2022 | Publicado on-line: 08-04-2024
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License

La participación española en la planificación militar alemana sobre la península ibérica de 1940 a 1944 *

Juan José Díaz Benítez

Universidad de Las Palmas de Gran Canaria
juanjose.diaz@ulpgc.es

Resumen: el objetivo del artículo consiste en estudiar el papel asignado a España en los planes alemanes para intervenir en la península ibérica entre 1940 y 1944. Con este fin se ha analizado la documentación relativa a estos planes en el Bundesarchiv-Militärarchiv. A partir de ella se confirma que esta planificación militar no iba dirigida contra España, sino que contaba con la colaboración del gobierno español y sus fuerzas armadas para su ejecución. En conclusión, la planificación militar alemana no coincidía con los planes españoles para intervenir en la guerra, pero no consideraba a España como un enemigo sino como un aliado.

Palabras clave: Segunda Guerra Mundial, Tercer Reich, planificación militar, no beligerancia española, fuerzas armadas.

Abstract: The objective of this article is to study the Spanish role in German military planning on the Iberian Peninsula between 1940 and 1944. By consulting relevant documentation found in the Bundesarchiv-Militärarchiv, it becomes evident that such military planning was not directed against Spain. Rather, such plans incorporated the collaboration of the Spanish government and its armed forces. In conclusion, even though German military planning did not overlap with the Spanish plans to intervene in the war, Germany considered Spain an ally rather than an enemy.

Keywords: Second World War, Third Reich, military planning, Spanish non-belligerence, armed forces.

Introducción

Uno de los principales debates sobre la política exterior de la dictadura franquista ha girado en torno a la no beligerancia española durante la Segunda Guerra Mundial. Al terminar la contienda, el régimen difundió el mito de que Franco había evitado hábilmente que España entrara en la guerra, sobre todo al resistir las presiones de Hitler en la entrevista de Hendaya 1. Esta supuesta voluntad neutralista de Franco ha pervivido también en parte de la historiografía española hasta la actualidad 2. Sin embargo, la historiografía crítica ha demostrado la existencia de una tentación belicista en el verano y otoño de 1940, iniciada con la declaración de no beligerancia en junio de ese año y no descartada definitivamente por Franco hasta el lento e incompleto retorno de la política exterior española hacia la estricta neutralidad iniciado en el verano de 1942 3.

A la hora de entender la no beligerancia española como una prebeligerancia es necesario prestar atención al ámbito de la planificación militar, pues los planes alemanes dirigidos hacia España contemplaban la colaboración con su gobierno. Charles B. Burdick estudió detalladamente la planificación militar alemana con respecto a España, sin encontrar un plan que supusiera entrar en guerra contra este país. Lo mismo cabe decir de la investigación de Norman Goda sobre la estrategia alemana con respecto al noroeste de África en el verano y otoño de 1940. Es más, Manuel Ros Agudo ha analizado los planes ofensivos españoles para intervenir en la guerra al lado del Eje contra Francia, Reino Unido e incluso otro neutral, Portugal. Los planes defensivos españoles, trabajados por Rafael Rodrigo Fernández, entre otros autores, no iban dirigidos contra el Tercer Reich, sino contra Francia y Reino Unido. Tampoco parece que desde España se percibiera una amenaza alemana, sobre todo cuando el gobierno español negoció y adquirió material militar alemán a lo largo de la guerra y hasta una fecha tan tardía como mayo de 1945, tal y como ha demostrado Lucas Molina Franco 4.

No obstante, todavía existe una laguna no abordada por la historiografía. Se trata del papel asignado a España en la planificación militar alemana. Con el fin de dar respuesta a esta cuestión, este artículo plantea dos hipótesis. En primer lugar, los planes de operaciones alemanes consideraban a las fuerzas armadas españolas como aliadas del Eje, por lo que no esperaban enfrentarse a ellas, sino que contaban con su apoyo al Tercer Reich y, sobre todo, su resistencia contra británicos y norteamericanos. En segundo lugar, el papel asignado a las fuerzas armadas españolas en la planificación militar alemana no era el mismo que en los planes españoles, pues, si en aquella desempeñaban una función auxiliar con respecto a la Wehrmacht que asumía el peso de las operaciones, en estos últimos se partía del protagonismo español reforzado con la adquisición de armamento alemán.

La verificación de estas hipótesis ha sido realizada a partir de las fuentes primarias custodiadas en el Bundesarchiv-Militärarchiv (BA-MA), situado en Friburgo de Brisgovia (República Federal de Alemania). Dentro de sus fondos destacan tres conjuntos. El más importante consiste en la documentación del Ejército de Tierra (Heer), concretamente la del Alto Mando del Ejército (Oberkommando des Heeres, OKH) y la correspondiente al mando de los dos ejércitos que participaron en la elaboración de estos planes y que estaban encargados de ejecutarlos: el alto mando del 7.º Ejército (Armeeoberkommando 7, AOK-7) y el alto mando del 1er Ejército (AOK-1). En estas series (RH 2, RH 20-1 y RH 20-7) se encuentra la mayor parte de la masa documental generada por las operaciones «Félix», «Isabella» e «Ilona/Gisela». El segundo fondo es el de la Marina de Guerra (Kriegsmarine), en el que destaca la serie del Mando de Guerra Naval (Seekriegsleitung, Skl, RM 7), completado con los oficiales de enlace con otros mandos alemanes (RM 46). El último fondo, aunque no por ello menos importante, es el del Alto Mando de las Fuerzas Armadas (Oberkommando der Wehrmacht, OKW), en el que destaca la serie Wehrmachtführungsstab (RW 4). No se incluye las fuentes de la Fuerza Aérea (Luftwaffe), ya que en sus fondos no fue localizado ningún expediente de interés para esta investigación.

El análisis de la planificación militar alemana requiere, al menos, de una breve reflexión sobre los actores que intervinieron en ella y sobre los factores que la condicionaron. La planificación militar se desarrolla a diferentes niveles, de los que el político, que determina los objetivos estratégicos, ha sido quizá el más trabajado, al igual que el táctico, en el que la Wehrmacht demostró su excelencia sobre todo en los primeros años de la guerra. Pero los niveles más interesantes para esta investigación son el estratégico y el operativo, es decir, aquellos en los que se estudia cómo lograr los objetivos estratégicos y cómo derrotar al enemigo en una campaña, respectivamente 5. En el nivel estratégico la planificación alemana planteaba una serie de inconvenientes que le restaron eficacia, desde la ausencia de coordinación para los tres ejércitos hasta las rivalidades entre ellos, el descuido de las cuestiones logísticas y de inteligencia, y, sobre todo, el creciente intervencionismo de Hitler. Este último afectó también al nivel operativo, evitó el aprovechamiento del talento puesto a disposición del alto mando y facilitó las derrotas de finales de 1942 y principios de 1943 6. Pese a sus limitaciones, es en estos dos niveles donde encontramos la mayor parte de la información sobre el papel asignado a España en la planificación militar alemana.

A la hora de presentar los resultados de la investigación es preciso empezar por los planes españoles para intervenir en una guerra al lado del Tercer Reich e Italia contra Francia y Gran Bretaña. Son planes que se remontan al menos hasta 1938, en plena Guerra Civil, y continuaron en la posguerra y tras el inicio de la Segunda Guerra Mundial. A continuación, el análisis del papel de España en la planificación militar alemana sigue las operaciones estudiadas por Burdick, tanto «Félix», prevista para atacar Gibraltar, como «Isabella» e «Ilona/Gisela» para rechazar un posible desembarco británico o angloamericano en la península ibérica. Sin entrar en los detalles operativos ya trabajados por Burdick, este artículo centra la atención en el papel asignado a España. No se incluye entre estas operaciones «Nürnberg», a principios de 1944, ya que se limitó a la defensa de los Pirineos, aunque sí se aborda «Gisela-nuevo», coetánea a esta última y en la que la colaboración española no era imprescindible.

Los planes de guerra españoles 1938-1940

La ayuda militar alemana e italiana fue decisiva para que Franco pudiera alzarse con la victoria en la Guerra Civil, aunque también fue el origen de una importante deuda económica que provocó la reorientación del comercio español hacia el Tercer Reich e Italia, con los que además existía cierta afinidad ideológica por parte del nuevo régimen español 7. Esta proximidad se materializó en un alineamiento diplomático de la dictadura de Franco con estas potencias en 1939 8, aunque desde el año anterior ya contaba con ellas para conseguir una redistribución colonial más favorable para sus intereses. En junio de 1938 fue redactado un anteproyecto de flota, posiblemente por el vicealmirante Juan Cervera Valderrama, jefe del Estado Mayor de la Armada, o por el jefe de la Sección de Operaciones con su visto bueno. Era un programa más ambicioso que el del ministro de Marina Salvador Carvia en 1930, tanto en el número de buques como en sus características. Pero la mayor diferencia se encontraba en el contexto estratégico previsto en 1938, pues se situaba al lado del Tercer Reich e Italia frente a Francia y Reino Unido, tal y como se puede apreciar en el epígrafe titulado «El problema militar de Francia», dedicado a interrumpir las comunicaciones marítimas francesas. Este anteproyecto fue sustituido por un programa naval más modesto en septiembre de 1939, aunque tan excesivo para la industria española que fue conocido irónicamente como «Programa Imperial». La situación económica de España en aquel momento y la falta de ayuda tecnológica alemana e italiana impidieron que fuera realizado 9.

La idea de un rearme dirigido contra Francia y Reino Unido en una futura contienda en la que España sería aliada del Tercer Reich e Italia continuó tras el inicio de la Segunda Guerra Mundial. El 31 de octubre de 1939 se reunió la Junta de Defensa Nacional, presidida por Franco y con la asistencia de los ministros del Ejército, Marina y Aire con sus jefes de Estado Mayor. En esta reunión fue aprobado un ambicioso plan de rearme que, en un plazo de diez años, debería proporcionar al país unas fuerzas armadas muy superiores a las que existían en aquel momento y, sobre todo, capaces de enfrentarse a sus adversarios franceses y británicos 10. El plan, aunque aprobado, nunca fue completado, ya que la realidad económica del país no lo permitió. De hecho, y pese a su vinculación con Roma y Berlín, el agotamiento ocasionado por la Guerra Civil, la falta de medios de las fuerzas armadas y la necesidad de préstamos por parte de las potencias democráticas para reconstruir económicamente el país hicieron que el gobierno español se proclamara neutral 11. No obstante, esta neutralidad no impidió el inicio de una colaboración con el Tercer Reich, que incumplía las obligaciones de España como neutral y que quedaría patente, sobre todo, en el consentimiento de Franco a finales de noviembre de 1939 para el abastecimiento de submarinos en aguas españolas 12.

Los preparativos prebélicos no se limitaban a los planes de rearme, sino que incluyeron también el estudio de operaciones ofensivas. De hecho, la Junta de Defensa Nacional también aprobó planes para una intervención de no más de seis meses contra Gibraltar, el protectorado francés en Marruecos y Portugal. El ataque contra Gibraltar comenzó a ser estudiado en agosto de 1939 hasta culminar en octubre de 1940 con la «Operación C», cuya realización sería exclusivamente española. En junio de 1940, mientras los Aliados eran derrotados por la Wehrmacht, se preparó la invasión de la zona francesa del protectorado en Marruecos. Inicialmente fue aplazada por la petición francesa de que España intercediese ante el Eje para conseguir un alto el fuego y por la reticencia alemana a permitirla y, más tarde, porque el refuerzo de la guarnición francesa no la hacía viable. A pesar de ello, el estudio de la invasión del Marruecos francés continuó hasta diciembre de ese año. Precisamente durante ese mes el Alto Estado Mayor español terminó la preparación de un plan para invadir Portugal, con el fin de prevenir un posible desembarco británico allí como respuesta al ataque español contra Gibraltar 13.

Otra de las represalias británicas en caso de ataque contra el Peñón podría consistir en la ocupación de Canarias. La preocupación de las autoridades militares españolas por la indefensión de este archipiélago y de Baleares se remonta al menos al verano de 1939, antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Su defensa fue reforzada poco a poco, aunque el esfuerzo defensivo se intensificó desde la primavera de 1940 y, en el caso de las islas atlánticas, sobre todo tras el inicio de la no beligerancia en junio de ese año. A pesar del esfuerzo realizado, quizá el más importante en la historia de ambos archipiélagos, la falta de medios humanos y materiales impidió garantizar su defensa. Lo mismo puede decirse de la frontera con Gibraltar, en la que se desarrolló un amplio programa de fortificaciones para prevenir cualquier ofensiva procedente de la base británica. La zona española del protectorado en Marruecos también fue objeto de preparativos defensivos, sin que la penuria de medios que lastraba a las fuerzas armadas españolas durante aquellos años permitiera completarlos. Estos desvelos defensivos frente a una hipotética agresión francesa o británica no se apreciaron inicialmente en la frontera pirenaica, cuya fortificación se inició de forma muy tardía y todavía continuaba después del fin de la Segunda Guerra Mundial 14. De hecho, el desarrollo de las obras de fortificación en los Pirineos a partir de octubre de 1942 parece más bien dirigido contra los Aliados, de los que se temía que pudieran desembarcar en la costa mediterránea francesa, como finalmente sucedió en agosto de 1944.

Mientras las fuerzas armadas españolas estudiaban cómo intervenir en la contienda contra Francia y Reino Unido, el Tercer Reich tenía una idea muy distinta del papel que desempeñaría España. Durante la Primera Guerra Mundial la Marina alemana había utilizado la Etappendienst o Etappenorganisation (EO), un servicio secreto cuya finalidad era proporcionar apoyo logístico a las fuerzas navales alemanas. El servicio fue desmantelado al terminar la contienda, pero su reconstrucción comenzó en 1930 y en 1938 pasó a depender de la Sección Ausland del OKW. En ese momento ya estaba organizada la gran área de abastecimiento España-Portugal con cuatro subáreas: España, Portugal, el Marruecos español y Canarias. Poco antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial se intensificaron los preparativos de la EO en España, aunque hubo que esperar hasta la noche del 30 al 31 de enero de 1940 para la realización del primer abastecimiento de un submarino alemán en aguas españolas. Poco después se impuso una pausa, en la que influyó el hundimiento del vapor español Banderas por un submarino alemán. El apoyo logístico a la guerra submarina se reanudó en junio de ese año, poco antes de que el alto mando alemán empezara a considerar otros planes con respecto a España 15.

El plan alemán contra Gibraltar: «Félix» (1940-1941)

Las victorias alemanas en Francia parecieron anunciar un inminente final de la guerra. Así lo entendieron Mussolini, que entró en la guerra en junio de 1940, y Franco, que proclamó la no beligerancia de España y ofreció su participación en la guerra a cambio de una serie de reivindicaciones territoriales. Hitler no aceptó la oferta española, tan onerosa como innecesaria en aquel momento, mientras en Londres aumentaba la preocupación ante el riesgo de una beligerancia española que podría suponer la inutilización de Gibraltar como base naval. Con el fin de afrontar esta amenaza el Gabinete de Guerra británico desplegó una política de apaciguamiento económico, que aprovechaba la dependencia española de los créditos y navicerts británicos, además de enviar a Sir Samuel Hoare como embajador en misión especial a Madrid. También desarrolló una amplia operación de sobornos dirigida a reforzar a los sectores neutralistas del régimen franquista. Finalmente, y en previsión de que estas medidas no fueran suficientes, estudió una serie de operaciones militares para contrarrestar la beligerancia española, entre las que se incluía la conquista de una alternativa a Gibraltar en los archipiélagos ibéricos en el Atlántico, sobre todo en Azores y Canarias 16. Además de esta planificación militar, que incluyó la posibilidad de colaborar con las fuerzas armadas españolas o parte de ellas en caso de que España entrara en la contienda, se desarrolló una gran actividad de los servicios de inteligencia británicos, que incluía no solo la obtención de información sino también la preparación de operaciones de sabotaje, especialmente en zonas estratégicamente relevantes como el Estrecho, el noroeste peninsular y Canarias 17.

Hitler había esperado inicialmente que Londres aceptara una paz negociada, pero el mantenimiento de la resistencia británica no tardó en anular esta idea. A finales de junio de 1940, el OKW estudió dos opciones para derrotar a Reino Unido: un asalto directo contra las islas británicas y una estrategia indirecta o periférica que consistía en atacar su imperio colonial, sobre todo en Gibraltar y el Canal de Suez. El Skl era partidario de esta última, por lo que en julio recomendó aplazar el desembarco en Gran Bretaña, conocido como operación «León Marino» hasta mayo de 1941. El riesgo de que Estados Unidos entrara en la guerra y la necesidad de conseguir la derrota británica cuanto antes hicieron que los preparativos para un ataque contra Gibraltar comenzaran en julio de 1940, aunque todavía en ese momento faltaba una directiva clara de Hitler a los planificadores militares 18. Las primeras valoraciones sobre la participación militar española no eran optimistas. La inteligencia militar alemana consideró que el ejército español tenía experiencia bélica, pero por falta de armamento y munición solo podría combatir durante muy poco tiempo. A pesar de la germanofilia, que se consideraba muy extendida en el alto mando, desde la perspectiva alemana predominaba la sensación de incapacidad militar: España solo entraría en guerra si las victorias alemanas e italianas permitían que alcanzase sus objetivos rápidamente 19. Con respecto a Gibraltar, señaló que España era incapaz de tomarla, al carecer de infantería entrenada para ello, artillería, aviación, fuerzas navales y munición. De hecho, ni siquiera creía que pudiera realizar un bombardeo eficaz contra la base británica 20.

Ante las limitaciones de las fuerzas armadas españolas, el alto mando alemán consideró que la conquista de Gibraltar debía ser una operación alemana realizada desde territorio español. Por tanto, Hitler reconsideró la oferta española y Ramón Serrano Suñer, ministro de la Gobernación, acudió a Berlín en septiembre de 1940 para negociar la beligerancia española. Las negociaciones no dieron los resultados esperados, lo que no fue óbice para que, en octubre, tras la entrevista en Hendaya entre Hitler y Franco, este último firmara un protocolo por el que se comprometía a participar en la guerra al lado del Eje, aunque sin concretar la fecha. De hecho, la falta de garantías alemanas sobre las reivindicaciones españolas, la prolongación de la resistencia británica y la necesidad de una masiva ayuda económica y militar alemana antes de entrar en la contienda influyeron en la decisión de Franco de aplazar su beligerancia 21. Al mismo tiempo que el Tercer Reich intentaba conseguir la beligerancia española, sus fuerzas armadas preparaban la conquista contra Gibraltar. Los preparativos militares se desarrollaron a lo largo del mes de octubre y el 12 de noviembre recibieron un nuevo impulso con la instrucción 18 de Hitler, que daba a la operación el nombre en clave de «Félix». A finales de ese mes, la ­Wehrmacht estaba preparada para ejecutar la operación 22.

La instrucción 18 preveía el envío de tropas de reconocimiento y de unidades del Abwehr a la península en colaboración con España, a la que habría que apoyar con baterías de la Kriegsmarine para cerrar el estrecho de Gibraltar a la navegación británica, pero de la que no se esperaba que participara en el ataque contra Gibraltar. Habría que desplegar también pequeños grupos para apoyar al ejército español contra los desembarcos británicos. Por su parte, la Kriegsmarine y la Luftwaffe estudiarían el refuerzo de la defensa española de Canarias, así como la ocupación de las islas de Cabo Verde, Azores y Madeira. A final de ese mes, la instrucción 19 de Hitler insistió en que la operación sería realizada por fuerzas alemanas en un país aliado del Tercer Reich, cuya misión consistiría en rechazar un desembarco británico en las islas o en la península, antes de la entrada de las fuerzas alemanas que, posteriormente, reforzarían las defensas españolas 23.

A esas alturas el alto mando alemán ya tenía una idea más clara del papel atribuido a las fuerzas armadas españolas en el ataque contra Gibraltar. A mediados de noviembre el OKH contempló la participación española en el cierre del estrecho de Gibraltar. Concretamente, el ejército español debía evitar un ataque británico en la zona y, en este sentido, consideraba que Ceuta y el Marruecos español estaban bien defendidos, aunque era necesario que España desplegara al menos una división de infantería y artillería de costa en Tánger. Una vez tomada, Gibraltar sería transformada, con ayuda española, en una base naval para submarinos y fuerzas ligeras de superficie, guarnecida por fuerzas alemanas. La artillería de costa española era insuficiente para bloquear el Estrecho, por lo que esta misión sería asumida por la Wehrmacht, aunque España se encargaría de la defensa de las baterías de costa alemanas, reforzada quizá con algunas unidades motorizadas alemanas 24. A final de mes se insistía en el limitado valor de la artillería de costa española, por lo que habría que desplegar seis grupos, con un total de dieciocho baterías, en los principales puertos de la península, además de cuatro baterías para Canarias y otras cuatro de la Marina alemana para cerrar el Estrecho 25.

El peso de «Félix» recaía sobre el Heer, apoyado por la Luftwaffe y la Kriegsmarine. Esta última lanzaría sus submarinos contra las fuerzas navales británicas cerca de la península, para lo que aprovecharía la infraestructura logística construida por la EO en los principales puertos atlánticos españoles. En este sentido, el suministro de torpedos y munición era muy difícil porque debía hacerse por mar y almacenarlos en los buques de abastecimiento, aunque, si España abandonaba la neutralidad, sería mucho más fácil, ya que el transporte sería realizado por tierra 26. Otra de las cuestiones abordadas por la Kriegsmarine fue el refuerzo de la defensa de Canarias con cuatro baterías de artillería naval. El principal inconveniente que presentaba este asunto consistía en el tiempo necesario para instalar dichas baterías, por lo que solicitó que el Heer facilitara cuatro motorizadas para defender las islas mientras eran montados los cañones navales, a lo cual se negó el OKH 27.

En diciembre de 1940 Franco confirmó al almirante Canaris, jefe del Abwehr, que había decidido aplazar la beligerancia española por razones económicas y por el riesgo de perder Canarias y otras posesiones como represalia al ataque contra Gibraltar. En consecuencia, la instrucción 19 de Hitler, el 11 de diciembre, suspendió los preparativos de «Félix», entre ellos la entrega de baterías de artillería para la defensa de las costas 28. No obstante, esta orden no detuvo las misiones de reconocimiento a desarrollar con la ayuda del gobierno español. Entre el 12 y el 19 de diciembre el capitán de fragata Krauss visitó Canarias, donde realizó un informe sobre su estado defensivo y recibió una relación del armamento que la guarnición española consideraba necesario para reforzar la defensa del archipiélago 29. El día 22 de ese mes, la Comandancia de Artillería número 44 elaboró otro informe sobre el ataque contra el Peñón, considerado viable y para el que contaba con las carreteras y las posiciones que construía el ejército español 30. Poco después el comandante en jefe de la 1.ª División de Montaña elaboró otro informe en el que se aprecia claramente la colaboración española. La observación de las defensas de Gibraltar fue realizada desde el minador español Júpiter el 15 de diciembre. El oficial alemán pensaba aprovechar puestos de observación y otras instalaciones defensivas construidas por el ejército español, al que además solicitó la construcción de un puesto de combate, una línea telefónica subterránea y trincheras de aproximación en La Línea, cuya evacuación también pedía para desplegar varios grupos de ataque alemanes. Antes de acabar su informe destacó el trato cortés y amistoso recibido por parte de las autoridades españolas, que conocían su misión y se mostraron muy serviciales, aunque seguían pensando que participarían con sus tropas en el ataque contra Gibraltar 31.

«Félix» requería la beligerancia española, pospuesta por Franco, pero esto no significó que fuera abandonada definitivamente. En marzo de 1941 se estudió la posibilidad de ejecutarla tras la derrota de la Unión Soviética. La operación recibió el nombre de «Heinrich» y necesitaría tres meses para desplegar sus fuerzas tras recibir la orden de ejecución 32. La invasión alemana de la Unión Soviética, denominada operación «Barbarroja», comenzó el 22 de junio de ese año y estaba previsto que concluyera en unos meses, por lo que en julio se retomaron los preparativos para el ataque contra Gibraltar a partir de octubre. La Kriegsmarine consideró la posibilidad de usar puertos españoles como Cádiz y Ferrol para su guerra naval en el Atlántico tras la operación 33, aunque durante su ejecución se apoyaría en la EO. Su despliegue se había reforzado con respecto al año anterior al disponer de un mayor número de buques de abastecimiento, aunque había que evitar que su uso perjudicase al suministro de provisiones y combustible para los submarinos y los buques de guerra de superficie alemanes, además de requerir una autorización especial para cualquier preparativo que se quisiera realizar en España 34. También tendría que enviar dos grupos de artillería de costa, un comandante en jefe para Gibraltar, un oficial de enlace en la Capitanía General de Canarias y dos jefes de base en Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife 35.

Sin embargo, la resistencia soviética obligó a prolongar una campaña que, pese a sus éxitos en territorio capturado y fuerzas enemigas destruidas, se encontraba lejos de los ambiciosos objetivos que se había propuesto inicialmente. El 25 de agosto de 1941 el Skl confirmó que «Félix» no sería ejecutada antes del final de noviembre de ese año 36. Apenas unos días después, el 6 de septiembre, el jefe del Estado Mayor del OKH anotó en su diario que no habría operaciones en España antes de diciembre de 1941 o enero de 1942. De hecho, no creía que Franco entrase en la guerra hasta que la posición del Eje en el Mediterráneo fuera segura o hasta que su territorio fuera atacado 37. El gobierno español participaba con la División Azul en la campaña contra la Unión Soviética, pero, en opinión del OKW, no se daban las circunstancias políticas para profundizar en las relaciones militares con España, por lo que decidió no autorizar más misiones de reconocimiento ni conversaciones militares con las autoridades españolas 38. Finalmente, el 17 de marzo de 1942 el Skl confirmó al almirante en jefe en Francia y otras autoridades navales que no estaba prevista la ejecución de «Félix» en un futuro próximo y que, en el caso de que fuera necesario, los preparativos serían realizados seis meses antes de la operación y con una participación naval limitada de una flotilla de torpederos y otra de lanchas rápidas 39. Pero en esas fechas lo que más preocupaba al alto mando alemán con respecto a la península ibérica no era la conquista de Gibraltar sino el riesgo de que los Aliados desembarcaran en España o en Portugal.

La defensa de la península ibérica contra un desembarco británico: «Isabella» (1941-1942) e «Ilona»/«Gisela» (1942-1944)

Desde febrero de 1941 Hitler temía que Reino Unido pudiera desembarcar en la península ibérica, aunque hasta el 1 de mayo no ordenó que la Wehrmacht estudiara una operación para expulsar a los británicos y ocupar los puertos más importantes de la costa atlántica 40. A la hora de preparar la operación, el OKH tuvo en cuenta que Portugal protestaría contra el desembarco británico, pero no intentaría resistirlo, a diferencia de España, que sí lucharía, pero necesitaría ayuda alemana 41. Con respecto al ejército español se insistía en la carencia de oficiales y en la escasez de munición y combustible, que solo permitiría combatir durante unos días, además de un nivel de combate inferior al británico pero suficiente para la defensa de las costas. En cambio, al ejército portugués se le atribuía una capacidad todavía más limitada y, sobre todo, la incertidumbre de que tuviera la intención de oponerse a un desembarco británico 42.

De la misma forma que en «Félix», el peso de la operación recaía sobre el Heer, apoyado por la Luftwaffe y la Kriegsmarine. Esta última contaba con aprovechar las defensas españolas en la costa septentrional, aunque solo consideraba adecuadas las de Ferrol: en La Coruña eran insuficientes y en Bilbao y Santander no existían 43. También habría que designar un Estado Mayor de enlace con la Marina española, así como oficiales para los principales puertos españoles 44. La Kriegsmarine ya había estudiado en noviembre el refuerzo de Canarias de forma preventiva a la ejecución de «Félix». Entre finales de julio y comienzos de agosto de 1941 envió las cuatro baterías de artillería de costa para Gran Canaria y Tenerife, aunque sin los artilleros alemanes que deberían manejarlas. En realidad, estas baterías fueron vendidas a España, aunque su pago se demoró hasta el final de la guerra 45. En cuanto a su valor, Carlos Martínez de Campos, capitán general de Canarias entre 1951 y 1953, las calificó como «un material completamente inútil en sus propias costas» 46.

La necesidad de enviar divisiones al frente ruso para cubrir las crecientes bajas que sufría la Wehrmacht afectó a «Isabella» y «Atila», esta última para ocupar la Francia del gobierno de Vichy. A finales de octubre el Alto Mando del 7.º Ejército (AOK-7), encargado de preparar «Isabella», creía posible la operación, pero su realización dependía de la actitud de España. Si su ejército luchaba contra los británicos, el AOK-7 podría desplegar sus fuerzas hasta el área comprendida entre Madrid y Valladolid. Si, por el contrario, no luchaba, las tropas germanas solo podrían llegar hasta San Sebastián y Pamplona. En cualquier caso, preveía que los británicos desembarcaran en el noroeste y que para avanzar hasta la frontera franco-española necesitarían una neutralidad española que consideraba impensable 47. Un mes más tarde estudió un ejercicio, «Caso Rojo», con participación española. Tras el desembarco británico en la península, el ejército español se concentraría en la defensa de las costas y Gibraltar, pero todavía dispondría de seis u ocho divisiones para invadir Portugal con el AOK-7 y expulsar a las fuerzas británicas desembarcadas allí 48.

Al igual que ocurrió con «Félix»/«Heinrich», el curso de la guerra en el frente ruso cuestionó la viabilidad de la operación. Tras el fracaso de la operación «Tifón» para tomar Moscú, comenzó una contraofensiva soviética que ocasionó importantes bajas a la Wehrmacht y la obligó a retroceder a lo largo del frente. A mediados de diciembre de 1941, el envío de cuatro divisiones de infantería hacia la Unión Soviética impidió que «Atila» pudiera ser ejecutada en caso de necesidad y obligó a limitar los objetivos de «Isabella» a los puertos del norte de España y los pasos pirenaicos 49. De hecho, en enero de 1942 el AOK-7 redujo sus objetivos a los puertos de Bilbao y Santander, así como a la línea San Sebastián-Pamplona para defender los pasos pirenaicos. La clave de la operación estaba en la actitud española ante el desembarco de fuerzas británicas: si España luchaba contra las fuerzas desembarcadas, la Wehrmacht avanzaría rápidamente para apoyarla, pero si no se oponía al desembarco la viabilidad de «Isabella» sería dudosa 50. En cualquier caso, la beligerancia de Estados Unidos a partir de ese mes hacía que el Skl considerase posible un desembarco angloamericano en la península ibérica 51. La escasez de fuerzas llevó incluso a plantear la renuncia a los puertos de Bilbao y Santander 52. Finalmente, Hitler ordenó el 29 de mayo que, al no disponer de fuerzas ni material permanentemente para «Atila» e «Isabella», ambas operaciones serían improvisadas si fuera necesario ejecutarlas y, por tanto, se abandonaba las instrucciones emitidas para su preparación hasta ese momento. Igualmente, prohibía todo tipo de contacto al respecto con los españoles y cualquier otra autoridad extranjera 53.

La asignación de unos objetivos más limitados dio lugar a una nueva operación, denominada «Ilona» y encomendada al Alto Mando del 1er Ejército (AOK-1). A mediados de julio de 1942 fue emitida la primera orden general para prepararla: ante el riesgo de una ocupación de la península ibérica por el enemigo, la ­Wehrmacht tomaría el control de los pasos pirenaicos y los defendería desde la línea Santander-Ebro-Zaragoza. La ocupación de otros puertos en el norte de España, más allá de Santander, dependería de la disponibilidad de fuerzas 54. Esta entrada en el país ibérico solo sería realizada con el apoyo de las autoridades españolas, de modo que las primeras unidades pudieran atravesar la frontera en unas horas 55. La orden del AOK-1 para el despliegue de sus fuerzas en «Ilona» contaba con la resistencia de las fuerzas armadas españolas contra un desembarco angloamericano, aunque no esperaba que durase mucho a causa de la falta de industria de armamento y la escasez de armas, aparatos modernos y municiones. También consideraba que la inestabilidad política y social que atravesaba España empeoraría, aunque todavía podía contar con una opinión favorable sobre el Tercer Reich entre las elites políticas y las fuerzas armadas españolas 56.

La operación sería apoyada por la Kriegsmarine y la Luftwaffe, que no tenían del todo claro cuál sería la actitud española ante la presencia de fuerzas alemanas en su país. En junio de 1942 el comandante en jefe de la Luftwaffe solicitó al OKW consultar a las autoridades españolas si podía usar aeródromos en Baleares y Cataluña para «Ilona», mientras que el Skl decidió no contar inicialmente con la organización naval y portuaria española hasta que el desarrollo de la operación y la evolución política de la situación permitieran saber si sería apoyada por la marina española 57. A pesar de las dudas, no estaba previsto que hubiera resistencia española contra la ocupación alemana de los puertos de Bilbao, Santander y Pasajes 58. Las misiones de la 3.ª Flota Aérea estarían dirigidas contra las fuerzas angloamericanas desembarcadas en la península ibérica o presentes en el golfo de Vizcaya y sus comunicaciones se apoyarían en la red telegráfica española 59. Solo en septiembre la 2.ª División Aérea contempló la posibilidad de que tuviera que enfrentarse a los aviones españoles. Para ese caso habría una orden especial y, mientras tanto, solo se usaría las armas contra ellos si mostraran un propósito claramente hostil, como atacar o volar en posición de ataque 60.

La prevención de la 2.ª  División Aérea sobre un posible enfrentamiento con fuerzas españolas es la excepción en una planificación militar alemana que contaba con la colaboración española para operar en la península ibérica. No obstante, las dudas sobre la actitud de España pueden estar relacionadas con el giro de su política exterior hacia la neutralidad, tras la grave crisis política de agosto de 1942, que se saldó con el relevo de Ramón Serrano-Suñer por Francisco Gómez-Jordana como ministro de Asuntos Exteriores 61. El giro fue lento, pues persistió la colaboración clandestina con el Eje e incluso se contaba con su ayuda para defenderse de un ataque angloamericano. Así se aprecia en el viaje realizado por el coronel Siegfried Eichheim a Canarias entre octubre y noviembre de 1942, a petición del gobierno español, para comprobar su estado defensivo y sugerir mejoras a partir de la experiencia alemana frente a intentos de desembarco como el Dieppe 62. La movilización ordenada en España el 15 de noviembre, tras los desembarcos aliados de la operación «Torch» en el norte de África, no iba dirigida específicamente contra el Eje o los Aliados, pero el despliegue del ejército español estaba más orientado a evitar un ataque anglo-americano en el sur de la península o en el Marruecos español que uno alemán a través de los Pirineos 63. De hecho, tal y como se dijo anteriormente, la tardía fortificación de esta última zona estaba dirigida probablemente contra los Aliados y no contra el Tercer Reich.

La operación «Ilona» pasó a ser denominada «Gisela» a finales de septiembre de 1942 y perdió interés hasta que «Torch» la revalorizó. Ante la insistencia del almirante Raeder, jefe del OKM, Hitler ordenó reactivarla en enero de 1943 64. Al igual que con «Isabella» e «Ilona», la planificación militar alemana de «Gisela» partía de la premisa de que España resistiría militarmente el desembarco de los Aliados y solicitaría ayuda alemana. La intervención alemana correría a cargo del AOK-1, apoyado por la 3.ª Flota Aérea y el Grupo Naval Oeste, que tendría que reforzar las baterías de costa españolas disponibles. El despliegue usaría material ferroviario solicitado a las autoridades españoles, aunque, de momento, no se autorizaba la toma de contacto directa con ellas 65. La esperada colaboración española quedaba más definida que en anteriores operaciones: compromisos operativos, apoyo de las unidades locales españolas bajo mando alemán, uso de las redes de comunicaciones, transporte de tropas y suministros, y mantenimiento de las principales vías de suministro 66.

El 12 de enero de 1943 fue redactado un plan más detallado para «Gisela», a partir del cual el 2 de febrero se especificó más el apoyo que se consideraba necesario solicitar a las autoridades españolas. La amplia lista de peticiones comenzaba con la información sobre disponibilidad de instalaciones, combustible, fortificaciones, baterías de artillería de costa y oficiales de enlace españoles con los principales mandos alemanes. También incluía medios de transporte, apoyo logístico (sobre todo víveres), servicios médicos y veterinarios, y talleres para la reparación de vehículos y armas. Igualmente, esperaba obtener material ferroviario español para transportar tropas y suministros, información sobre la capacidad de carga de los ferrocarriles españoles y asignación de líneas ferroviarias para uso exclusivo alemán. En cuanto a la organización de las cadenas de mando en España, solicitaba la subordinación de las fuerzas locales españolas al AOK-1, la 2.ª División Aérea y el mando naval alemán en el norte de España 67.

A pesar de estas expectativas, había dudas sobre la actitud de España. El 14 de febrero de 1943 el AOK-1 consideró que era incierta: no esperaba que las fuerzas armadas españolas se enfrentaran a la Wehrmacht, pero tampoco estaba segura de que la apoyaran 68. Para la Kriegsmarine a finales de marzo era imprescindible que todas las medidas previstas en la ejecución de «Gisela» fueran realizadas con la aprobación y la colaboración de las autoridades civiles y militares 69. En la misma línea y ante un desembarco enemigo en el noroeste de España, el AOK-1 no creía posible el despliegue de tropas aerotransportadas y paracaidistas sin el acuerdo y la colaboración de las autoridades españolas 70. Pero a mediados de junio de ese año había otras prioridades estratégicas, sobre todo tras la derrota de las últimas fuerzas del Eje en el norte de África y el riesgo de un ataque aliado en la Europa mediterránea, por lo que a mediados de junio el OKW ordenó no continuar con los preparativos de la operación 71.

A partir de mediados de 1943 se intensificó la presión de los Aliados sobre el gobierno español para que retornara a la estricta neutralidad. La caída de Mussolini, el armisticio italiano y el retroceso de la Wehrmacht en todos los frentes hacían impensable una beligerancia española 72. Pero el temor a un desembarco angloamericano en la península ibérica no desapareció por completo. En diciembre de 1943 se planteó la defensa de los pasos pirenaicos en el marco de la operación «Nürnberg», aunque sin asignar fuerzas para su realización. «Gisela» fue retomada a principios de 1944 y a finales de abril recibió el nombre de «Gisela-nuevo», con dos variantes, según hubiera cooperación de las autoridades españolas («Friedrichsruh») o sin ella («Greifswald») 73. En cualquier caso, las perspectivas de que la operación fuera realizada eran limitadas. El agregado militar alemán en Madrid no creía que España fuera a entrar en la guerra al lado de los Aliados ni que estos intentasen atacarla, pues supondría combatir a un nuevo enemigo en un país donde sería difícil mantenerse y moverse. Sí creía más probable un incremento de la presión aliada sobre el gobierno español para obligarlo a volver a la estricta neutralidad 74. Los desembarcos aliados en Normandía el 6 de junio de 1944 acabaron finalmente con la planificación militar alemana sobre España, a partir de ese momento innecesaria ante la inminente pérdida de Francia y el riesgo de un avance enemigo hasta las fronteras del Tercer Reich.

Conclusiones

La planificación militar alemana con respecto a España no consideraba a esta última como un enemigo sino como un aliado, cuya colaboración era indispensable para atacar Gibraltar y al que había que defender frente a una invasión angloamericana. Esta perspectiva hundía sus raíces en el apoyo alemán e italiano a Franco durante la Guerra Civil, el alineamiento diplomático de su régimen con el Eje y la tentación belicista iniciada en junio de 1940. Los planes militares españoles también apuntaban en la misma dirección, al estar dirigidos contra Francia y Reino Unido, y comenzaron antes que los primeros planes alemanes. No obstante, es preciso señalar una diferencia importante en el enfoque aplicado por el alto mando español y el alemán. Si para el primero las operaciones serían encomendadas a las fuerzas armadas españolas, reforzadas con armas alemanas, para el último serían protagonizadas por fuerzas alemanas, con apoyo español. El aplazamiento de la beligerancia española a partir de diciembre de 1940 impidió profundizar más en una colaboración militar que partía de unas premisas diametralmente opuestas.

Esta divergencia entre ambas planificaciones se debía fundamentalmente a la escasa confianza del alto mando alemán en la capacidad militar de España, sobre todo por la escasez de armas y munición que le impediría luchar más allá de un corto periodo de tiempo. En este sentido, la participación atribuida al ejército español era esencialmente defensiva: proteger las costas, especialmente las insulares, frente a cualquier desembarco enemigo, aunque incluso para esta misión estaba previsto desplegar fuerzas alemanas. Excepcionalmente, podría colaborar en la invasión de Portugal, aunque no en sustitución de las fuerzas alemanas sino para reforzarlas. La mayor aportación militar que se esperaba de España en estas operaciones era de carácter auxiliar, desde labores de inteligencia hasta la construcción de fortificaciones y vías de comunicación, además de apoyo logístico.

Las dudas sobre la capacidad militar de España no se extendían a su voluntad: salvo la excepción de la 2.ª División Aérea, no se había previsto el enfrentamiento contra fuerzas españolas ni la necesidad de desarmarlas. De hecho, el ataque contra Gibraltar solo era posible si el gobierno español autorizaba el tránsito de fuerzas alemanas por su territorio e incluso el despliegue de las unidades destinadas a rechazar un desembarco angloamericano en la península estaba condicionado por la resistencia española que encontraría este último. Solo con el paso del tiempo, cuando la tentación belicista española había comenzado a amainar, hubo dudas sobre la voluntad española de combatir a los Aliados y, ya muy tardíamente a comienzos de 1944, la operación «Gisela-nuevo» planteó la posibilidad de que la intervención en la península se hiciera sin el consentimiento español. Dudas razonables, dado el giro de la política exterior española hacia la neutralidad a partir del verano de 1942, pero que no llevaron al alto mando alemán a considerar a España como un potencial enemigo.

Un factor importante que condicionó la planificación militar alemana sobre España fue su importancia relativa en la estrategia alemana. Los primeros preparativos para «Félix» comenzaron tras la derrota francesa y mientras se prolongaba la resistencia británica, pero para Hitler la península ibérica nunca fue una alternativa a su principal objetivo estratégico: la Unión Soviética. El aplazamiento de la beligerancia española impidió el ataque contra Gibraltar, previsto más tarde para ser retomado tras la operación «Barbarroja» y abandonado definitivamente ante las crecientes dificultades en el este. Después de «Félix», Hitler no estuvo interesado en abrir un nuevo frente en la península que lastrara su esfuerzo bélico contra Stalin, pero se preocupó por la amenaza de un desembarco angloamericano en España o Portugal. La capacidad de «Isabella» para rechazarlo fue progresivamente mermada por la urgente necesidad de enviar más fuerzas a la lucha contra el Ejército Rojo. Así, en 1942 esta operación fue reemplazada por «Ilona», más tarde denominada «Gisela» y con unos objetivos más limitados. A medida que empeoraba el curso de la guerra en el este se reducía la importancia de la planificación militar alemana sobre la península y su capacidad para ejecutar las operaciones previstas en este escenario, hasta desaparecer definitivamente tras el desembarco de los Aliados en Francia en junio de 1944.


* Este artículo ha sido financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación en el Proyecto HAR2017-87441-P.

1 Ramón Serrano Suñer: Entre Hendaya y Gibraltar, Madrid, Ediciones y Publicaciones Españolas, 1947, y José María Doussinague: España tenía razón, Madrid, Espasa Calpe, 1949.

2 Ricardo de la Cierva: Historia del Franquismo. Orígenes y configuración 1939-1945, Barcelona, Planeta, 1975; Luis Suárez Fernández: España, Franco y la Segunda Guerra Mundial, Madrid, Editorial Actas, 1997; Fernando Paz: La neutralidad de Franco. España durante los años inciertos de la Segunda Guerra Mundial (1939-1943), Madrid, Ediciones Encuentro, 2017, y Luis E. Togores: Franco frente a Hitler. La historia no contada de España durante la Segunda Guerra Mundial, Madrid, La Esfera de los Libros, 2020, p. 385.

3 La relación de libros es demasiado extensa para citarla completamente aquí, aunque cabe destacar los siguientes: Klaus-Jorg Ruhl: Franco, Falange y III Reich. España durante la II Guerra Mundial, Madrid, Akal, 1986; Rafael García Pérez: Franquismo y Tercer Reich, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1994; Víctor Morales Lezcano: Historia de la no-beligerancia española durante la Segunda Guerra Mundial, Las Palmas de Gran Canaria, Cabildo de Gran Canaria, 1995; Javier Tusell: Franco, España y la II Guerra Mundial. Entre el Eje y la neutralidad, Madrid, Temas de Hoy, 1995; Manuel Ros Agudo: La guerra secreta de Franco (1939-1945), Barcelona, Crítica, 2002; Stanley G. Payne: Franco y Hitler. España, Alemania, la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, Madrid, La Esfera de los Libros, 2008, y David Wingeate Pike: Franco y el eje Roma-Berlín-Tokio, Madrid, Alianza Editorial, 2010.

4 Charles B. Burdick: Germany’s military strategy and Spain in World War II, Syracuse, University of Syracuse Press, 1968; Norman J. W. Goda: Tomorrow the World. Hitler, Northwest Africa and the Path toward America, Texas, A & M University Press, 1998 (edición española: Y mañana... el mundo Hitler, África noroccidental y el camino hacia América, Madrid, Alianza Editorial, 2002); Manuel Ros Agudo: La Gran Tentación. Franco, el Imperio colonial y los planes de intervención en la Segunda Guerra Mundial, Barcelona, Styria de Ediciones y Publicaciones, 2008; Rafael Rodrigo Fernández: El Ejército de Tierra en la España de la posguerra (1939-1947): Instrumento y pilar en la consolidación del régimen franquista, tesis doctoral, Universidad Autónoma de Madrid, 2017, y Lucas Molina Franco: La ayuda militar alemana a España 1939-1945, tesis doctoral, Universidad de Valladolid, 2014, p. 402.

5 Williamson Murray y Allan R. Millet: La guerra que había que ganar. Historia de la segunda guerra mundial, Barcelona, Crítica 2002, pp. 641-651.

6 Ibid., p. 642; Richard Overy: Por qué ganaron los Aliados, Barcelona, Tusquets, 2005, pp. 356-363; Ian Kershaw: Decisiones trascendentales. De Dunquerque a Pearl Harbor (1940-1941). El año que cambió la Historia, Barcelona, Península, 2008, pp. 99-102; Hew Strachan: Ejércitos europeos y conducción de la guerra, Madrid, Ediciones Ejército, 1985, pp. 299-300, y Robert M. Citino: La muerte de la Wehrmacht. Las campañas de 1942, Barcelona, Crítica, 2009, pp. 49-52 y 327-378.

7 Rafael García Pérez: Franquismo y..., pp. 45-83, y Christian Leitz: Nazi Germany and neutral Europe during the second world war, Manchester, Manchester University Press, 2000, pp. 115-117.

8 Rafael García Pérez: Franquismo y..., pp. 83-89, y Manuel Ros Agudo: La guerra secreta..., pp. 28-34.

9 «Introducción a un Anteproyecto de Flota Nacional» (junio de 1938), Archivo General de la Administración (en adelante, AGA), Marina, Secretaría del Ministro, leg. 3; Manuel Ros Agudo: La guerra secreta..., pp. 35-41, y Juan José Díaz Benítez: «El anteproyecto de flota de 1938 y la no beligerancia española durante la Segunda Guerra Mundial», Ayer, 49 (2003), pp. 271-289.

10 Manuel Ros Agudo: La guerra secreta..., pp. 44-49.

11 Elena Hernández-Sandoica y Enrique Moradiellos: «Spain and the Second World War, 1939-1945», en Neville Wylie (ed.): European neutrals and non-belligerents during the Second World War, Cambridge, Cambridge University Press, 2002, pp. 241-267.

12 Charles B. Burdick: «Moro: The resupply of German submarines in Spain, 1939-1942», Central European History, III(3) (1970), pp. 256-284.

13 Manuel Ros Agudo: La Gran Tentación..., pp. 135-139, 145-164 y 269-277, e íd.: «Preparativos secretos de Franco para atacar Gibraltar (1939-1941), Cuadernos de Historia Contemporánea, 23 (2001), pp. 299-313.

14 Rafael Rodrigo Fernández: El Ejército de Tierra..., pp. 413-476; Ángel J. Sáez Rodríguez: «España ante la Segunda Guerra Mundial. El sistema defensivo contemporáneo del Campo de Gibraltar», Historia Actual Online, 24 (2011), pp. 29-38; Jesús Albert Salueña: «Protectorado español de Marruecos. Aspectos militares durante la II Guerra Mundial», en Ayeres en discusión, Temas clave de Historia Contemporánea hoy. IX Congreso de la Asociación de Historia Contemporánea. Recuperado de internet (http://www.ahistcon.org/docs/murcia/contenido/­portada.html); Juan José Díaz Benítez: Canarias indefensa: los proyectos aliados de ocupación de las Islas durante la II Guerra Mundial, Santa Cruz de Tenerife, Ediciones Idea, 2008, pp. 121-153, 194-215, 264-277, 322-344 y 354-369, y Luis de Sequera Martínez: Historia de la fortificación española en el siglo xx, Salamanca, ed. del autor, 2001, pp. 144, 151-155 y 160-161.

15 Juan José Díaz Benítez: «The Spanish support for the Third Reich in the Second World War: New considerations about the Etappenorganisation», The International Journal of Maritime History, 28(3) (2016), pp. 513-531.

16 Enrique Moradiellos: Franco frente a Churchill, Barcelona, Península, 2005, pp. 111-170; Juan José Díaz Benítez: Canarias indefensa..., pp. 57-86, y Ángel Viñas: Sobornos. De cómo Churchill y March compraron a los generales de Franco, Barcelona, Crítica, 2016, pp. 67-124.

17 David A. Messenger: «“Against the Grain”: Special Operations Executive in Spain, 1941-45», Intelligence and National Security, 20(1) (2005), pp. 173-190; Megan E. Cokely: «British counter-intelligence in Gibraltar: Deciphering Spanish “neutrality” during the Second World War», International Journal of Iberian Studies, 20(2) (2007), pp. 129-153; Emilio Grandío Seoane (coord.): «Dossier: Guerra de silencios. Redes de inteligencia en España durante la Segunda Guerra Mundial», Revista Universitaria de Historia Militar, 4(8) (2015), pp. 8-117; íd.: A balancing act. British intelligence in Spain during the Second World War, Brighton, Sussex Academic Press, 2018; Marta García Cabrera: «Operation Warden: British sabotage planning in the Canary Islands during the Second World War», Intelligence and National Security, 35(2) (2020), pp. 252-268, e íd.: «British geographic intelligence during the Second World War: a case study of the Canary Islands», Intelligence and National Security, 37(2) (2021), pp. 262-280.

18 Charles B. Burdick: Germany’s military strategy..., pp. 17-40; Norman J. W. Goda: Tomorrow the World..., pp. 52-70, e Ian Kershaw: Decisiones trascendentales..., pp. 107-126.

19 OKH, Sección Ejércitos Extranjeros Oeste IV, «Notas sobre el Ejército español actual» (10 de agosto de 1940), BA-MA, exp. RH 2/442.

20 Informe «La fuerza militar de Gibraltar y las posibilidades de España de conquistar Gibraltar» (22 de agosto de 1940), BA-MA, exp. RH 2/442.

21 Charles B. Burdick: Germany’s military strategy..., pp. 44-53; Norman J. W. Goda: Tomorrow the World..., pp. 71-102, y Manuel Ros Agudo: La Gran Tentación..., pp. 215-268.

22 Charles B. Burdick: Germany’s military strategy..., pp. 53-95.

23 Hitler, comandante en jefe de la Wehrmacht, «Instrucción 18» (12 de noviembre de 1940), BA-MA, exp. RW 4/v.519. Véase el mismo documento y la instrucción 19 en Walter Hubatsch (ed.): Hitlers Weisungen für die Kriegführung 1939-1945, Frankfurt am Main, Bernard-Graefe Verlag für Wehrwesen, 1962, pp. 67-71 y 74-77.

24 OKH, nota de conferencia «Bloqueo del estrecho de Gibraltar» (13 de noviembre de 1940), BA-MA, exp. RH 2/444.

25 General de Artillería con el comandante en jefe del Ejército, nota de conferencia sobre «Félix» (30 de noviembre de 1940), BA-MA, exp. RH 2/442.

26 Skl (30 de noviembre de 1940), remitiendo el acta del capitán de corbeta Schäfer sobre el abastecimiento de los submarinos alemanes en España (26 de noviembre de 1940), BA-MA, exp. RM 7/2335.

27 Skl (30 de noviembre de 1940), BA-MA, exp. RM 7/2335 y RH 2/447. Para la negativa el OKH, véase Hans-Adolf Jacobsen (ed.): Generaloberst Halder: Kriegstagebuch, vol. II, Stuttgart, Kohlhammer, 1962-1964,p. 217.

28 Hans-Adolf Jacobsen (ed.): Generaloberst Halder..., vol. II, p. 218, y Walter Hubatsch (ed.): Hitlers Weisungen für..., p. 78.

29 «Informe del capitán de fragata Krauss sobre el estado de las islas Canarias», sin fecha, BA-MA, exp. RM 7/1000, y Juan José Díaz Benítez: «Colaboración hispano-alemana para la defensa de Canarias. El viaje del capitán de fragata Krauss», Boletín Millares Carlo, 21 (2002), pp. 147-164.

30 Comandancia de Artillería núm. 44, informe sobre el reconocimiento de artillería para «Félix» (22 de diciembre de 1940), BA-MA, exp. RH 2/441.

31 Comandante de la 1.ª División de Montaña, informe sobre el viaje de reconocimiento para «Félix» (26 de diciembre de 1940), BA-MA, exp. RH 2/440.

32 Jefe de la Sección de Operaciones del OKH, estudio sobre la realización de «Félix» tras «Barbarroja» (11 de marzo de 1941), BA-MA, exp. RH 2/439.

33 Skl (28 de julio de 1941), y comandante en jefe de los submarinos (28 de octubre de 1941), BA-MA, exp. RM 7/2335.

34 Skl (5 de agosto de 1941), BA-MA, exp. RM 7/2335.

35 Skl (25 de julio de 1941), BA-MA, exp. RM 7/1005.

36 Skl (25 de agosto de 1941), BA-MA, exp. RM 7/2335.

37 Hans-Adolf Jacobsen (ed.): Generaloberst Halder..., vol. III, pp. 215 y 226.

38 OKW (8 de septiembre de 1941), BA-MA, exp. RH 2/446.

39 Skl (17 de marzo de 1942), BA-MA, exp. RM 7/2335.

40 Charles B. Burdick: Germany’s military strategy..., pp. 131-137, y OKW (1 de mayo de 1941), BA-MA, exp. RM 7/1005.

41 OKH (7 de mayo de 1941), BA-MA, exp. RH 2/452 (también en el RM 46/8).

42 AOK-7, orden núm. 1 para la operación «Isabella» (20 de junio de 1941), BA-MA, exp. RM 24-80/30.

43 Skl (23 de mayo de 1941), BA-MA, exp. RM 46/8.

44 Skl (18 de junio de 1941), BA-MA, exp. RM 7/1005.

45 Lucas Molina Franco: La ayuda militar..., pp. 86-91.

46 Carlos Martínez de Campos y Serrano: Canarias en la brecha. Compendio de Historia Militar, Las Palmas de Gran Canaria, Gabinete Literario de Las Palmas de Gran Canaria, 1953, p. 325.

47 AOK-7 (21 de octubre de 1941), BA-MA, exp. RH 20-7/82.

48 AOK-7, respuesta al «Caso Rojo» (25 de noviembre de 1941), BA-MA, exp. RH 20-7/45.

49 Jefe en el Oeste (Alto Mando del Grupo de Ejércitos D, OH-D) (18 de diciembre de 1941), BA-MA, exp. RH 20-7/95.

50 AOK-7 (9 de enero de 1942), BA-MA, exp. RH 20-7/95.

51 Skl (26 de febrero de 1942), BA-MA, exp. RM 7/1005.

52 OH-D (13 de marzo de 1942), BA-MA, exp. RM 7/1005.

53 Hitler, comandante en jefe de la Wehrmacht, «Instrucción 42» (29 de mayo de 1942), BA-MA, exp. RW 4/574 (también en el RH 2/450). Igualmente en Walter Hubatsch (ed.): Hitler’s Weisungen für.., pp. 190-191.

54 OH-D, orden general número 1 para «Ilona» (15 de junio de 1942), ­BA-MA, exp. RH 2/450.

55 AOK-1 (24 de julio de 1942), BA-MA, exp. RH 20-1/123.

56 AOK-1, orden de despliegue para «Ilona» (10 de agosto de 1942), BA-MA, exp. RH 20-1/133.

57 OKW (12 de junio de 1940), BA-MA, exp. RW 4/574, y Skl (17 de junio de 1942), BA-MA, exp. RM 7/2335.

58 Almirante al mando en Francia (12 de agosto de 1942), BA-MA, exp. RH 20-1/127.

59 OH-D (18 de agosto de 1942), BA-MA, exp. RH 20-1/127.

60 2.ª División Aérea (10 de septiembre de 1942), BA-MA, exp. RH 20-1/127.

61 Javier Tusell: Franco, España y..., pp. 322-349; Miguel Fernández-Longoria: «La diplomacia británica y la caída de Serrano Suñer», Espacio, Tiempo y Forma, Serie V, Historia Contemporánea, XVI (2004), pp. 253-268; Enrique Moradiellos: Franco frente a..., pp. 278-298, y Emilio Sáenz-Francés: Entre la antorcha y la esvástica: Franco en la encrucijada de la segunda guerra mundial, Madrid, Editorial Actas, 2009, pp. 255-300.

62 Juan José Díaz Benítez: «Spanish-German Military Collaboration during the Spanish Non-Belligerency: German Advice for the Defence of the Canary Islands in November 1942», War in History, 23(3) (2016), pp. 362-381.

63 Enrique Moradiellos: Franco frente a..., pp. 289-290, y Emilio SáenzFrancés: Entre la antorcha..., pp. 434-435.

64 Charles B. Burdick: Germany’s military strategy..., pp. 164-175.

65 OH-D (10 de enero de 1943), BA-MA, exp. RH 20-1/138.

66 AOK-1 (10 de enero de 1943), BA-MA, exp. RH 20-1/138.

67 OH-D (2 de febrero de 1943), BA-MA, exp. RH 2/450.

68 AOK-1, orden de marcha para «Gisela» (14 de febrero de 1943), BA-MA, exp. RH 20-1/139.

69 Jefe del Grupo Naval Oeste (23 de marzo de 1943), BA-MA, exp. RH 20-1/140.

70 OH-D (1 de junio de 1943), BA-MA, exp. RH 2/450.

71 OH-D (15 de junio de 1943), BA-MA, exp. RH 20-1/138, y Skl (16 de junio de 1943), BA-MA, exp. RM 7/1007.

72 Enrique Moradiellos: Franco frente a..., pp. 321-344, y Carlos Collado ­Seidel: El telegrama que salvó a Franco, Barcelona, Crítica, 2016, pp. 114-193.

73 Skl (31 de enero y 27 de febrero de 1944), y Mando del Grupo Naval Oeste (25 de abril de 1944), BA-MA, exp. RM 7/1007.

74 Ausland/Abwehr (24 de febrero de 1944), BA-MA, exp. RW 5/430.