Ayer 140 (4) 2025: 99-125
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2025
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/2647
© Patrizia Dogliani
© Mirko Grasso
Recibido: 03-09-2024 Aceptado: 22-02-2025 Publicado on-line: 07-10-2025
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License

El pensamiento de Wilson en Italia, entre meridionalismo y antifascismo

Patrizia Dogliani

Universidad de Bolonia (Italia)
patrizia.dogliani@unibo.it

Mirko Grasso

Investigador independiente
mirkograsso9@gmail.com

Resumen: Del wilsonismo podemos identificar una poderosa variante mediterránea, que no se originó con la llegada de Wilson a Europa, sino que se nutrió de corrientes de pensamiento y sobre todo de una acción que pudo identificarse antes de la Gran Guerra y que fue potenciada por la intervención bélica. Fundamental en este sentido fue el papel desempeñado por el asociacionismo laico de inspiración socialista y modernista, del que partió para lograr la creación de una Italia meridional democrática. En este contexto, su acción veía en las clases populares los principales actores del cambio, logrando superar la visión conservadora de un sur incapaz de hacer emerger el conocimiento y la capacidad de organización. Fue en este periodo, inmediatamente antes y después de la Gran Guerra, cuando surgió el tema de las nacionalidades oprimidas, abordado con numerosas iniciativas, que proyectaron su acción reformadora más allá de las fronteras nacionales. Entre los protagonistas de esta acción se encuentran el joven Umberto ­Zanotti-Bianco y el más maduro Gaetano Salvemini. El meridionalismo de Umberto Zanotti-Bianco añade elementos significativos y perspectivas inéditas al entrelazarse con la Gran Guerra y el complejo escenario político surgido en el Mediterráneo, que con la caída de los imperios centrales él veía como un espacio posible para la convivencia pacífica entre los pueblos. Es posible trazar una línea de continuidad entre el mazzinismo y la lucha por los pueblos oprimidos, el intervencionismo democrático en la Gran Guerra, el wilsonismo y, por último, el antifascismo. La inmensa mayoría de los que se adhirieron a estos ideales —entre ellos Salvemini y sus mejores alumnos, Ernesto Rossi y Nello Rosselli— se convirtieron en antifascistas acérrimos.

Palabras clave: wilsonismo, Italia, antifascismo, irredentismo democrático, cuestión adriática.

Abstract: We can identify a powerful Mediterranean variant of Wilsonism. It was not originate with Wilson’s arrival in Europe, but it was nourished by currents of thought and, above all, by actions that could be identified before the Great War and were strengthened by the war effort. Fundamental in this regard was the role played by secular associations inspired by socialism and modernism, which served as a springboard for the creation of a democratic Southern Italy. The young Umberto Zanotti-Bianco and the mature historian Gaetano Salvemini were among the protagonists of this action. They saw the working classes as the main agents of change, overcoming the conservative view of the south as incapable of developing knowledge and organizational skills. It was during this period, immediately before and after the Great War, that the issue of oppressed nationalities arose, addressed through numerous initiatives that projected his reformist action beyond national borders. Zanotti-Bianco’s southernism adds significant elements and new perspectives by intertwining with the Great War and the complex political scenario that emerged in the Mediterranean, which, with the fall of the central empires, he saw as a possible space for peaceful coexistence between peoples. Ultimately, it is possible to draw a line of continuity between 19th century Mazzini’ ideals, the struggle for oppressed peoples, democratic interventionism in the Great War, Wilsonism, and, finally, anti-fascism. The vast majority of those who adhered to these ideals—including Salvemini and his best students, Ernesto Rossi and Nello Rosselli—became staunch anti-fascists.

Keywords: wilsonism, Italy, anti-fascism, democratic irredentism, Adria­tic question.

Introducción. ¿Marxismo o mazzinismo?

Gracias a las crónicas de la época sabemos que la llegada a Europa de Woodrow Wilson tras el armisticio fue acogida con entusiasmo por todas las fuerzas democráticas y socialistas. Este entusiasmo, sin embargo, fue decayendo poco a poco hasta extinguirse hacia el final de las negociaciones del Tratado de Paz de Versalles. El 31 de diciembre de 1918, Wilson, su esposa y su hija regresaron a París tras su visita a Londres, pasaron allí la Nochevieja y el Año Nuevo entre reuniones, fiestas y partidos de golf. El 2 de enero, junto con su delegación militar y diplomática partió hacia Italia para realizar una serie de escalas y reuniones. Si bien los encuentros con los miembros del Gobierno italiano parecieron cautelosos e incluso fríos, su estancia en el país fue calificada como un «baño de multitudes». Wilson pareció dirigirse en aquellos momentos más a las multitudes que a los estadistas. Las páginas de los periódicos socialistas subrayaron la capacidad persuasiva que ejerció sobre las masas que asistieron a los actos que protagonizó el presidente americano. El 7 de enero, el periódico socialista francés L’Humanité se hacía eco de un discurso suyo en Milán:

«Toujours plus haut, plus franc, Wilson parle le language de l’humanité [...]. Cet homme est vraiment avec le Peuple, comme avec tous les peuples. L’action du socialisme international, à les heures de lutte contre les forces de la réaction Européenne, s’unit nécessairement à la sienne. Le discours de Wilson à Milan annonce, si l’on peut dire, les réunions prochaines de l’Internationale ouvrière» 1.

Su llegada a Roma fue recibida por los socialistas reformistas de los países victoriosos con solemnidad: «A las 10:40 horas llegó el tren presidencial, saludado por los aplausos» en un ambiente para el que «se suspendió toda la actividad, para que los ciudadanos fueran libres de acudir a la solemne recepción» 2.

El mes que separa el viaje europeo de Wilson de la primera conferencia internacional socialista celebrada en Berna entre el 3 y el 11 de febrero de 1919 se enmarcó en una línea de acercamiento entre dos concepciones ya expresadas en el siglo xix, entre un internacionalismo de los pueblos y otro de las clases trabajadoras. Fue en este mes cuando, a pesar de las grandes esperanzas, se abrieron las fisuras más importantes. En la segunda sesión plenaria de la conferencia de paz, que tuvo lugar el 25 de enero, se decidió por unanimidad que la creación de una Sociedad de Naciones formaría parte de los tratados. Mientras tanto, entre el 24 y el 27 de enero, en Lausana y Berna se reanudaron los contactos entre los dirigentes sindicalistas y socialistas de los países vencedores para preparar los puntos que se debatirían en la futura conferencia socialista y los que se presentarían en Versalles. El resultado de todo ello fue la convocatoria de una conferencia en la segunda ciudad con la participación de dirigentes de partidos y sindicatos socialistas 3.

El clima creado por el wilsonismo sentó las bases para un lento acercamiento de las corrientes socialistas reformistas, mientras que las contradicciones inmediatamente visibles en los trabajos de París para la consecución de los tratados de paz aceleraron el distanciamiento de las corrientes más revolucionarias —y otrora antimilitaristas y pacifistas— de la «vieja casa» del socialismo para aproximarse a la nueva Internacional que nacía en Moscú. El wilsonismo de principios de 1919 no solo puso en movimiento nuevas fuerzas y sacó a la luz con más brío las contradicciones que habían hundido a la Segunda Internacional en el verano de 1914, sino que incrementó un profundo proceso de renovación del liberalismo, en particular del liberalismo italiano, recordando la tradición del Risorgimento de Mazzini e integrando también partes del reformismo socialista y católico. Ya en vísperas de la Gran Guerra, para muchos socialistas críticos, entre ellos Gaetano Salvemini, el ideal de una unión de los pueblos parecía más necesario que un vínculo de clase. Vale la pena la comparación que hizo Mark Mazower sobre la rivalidad de mediados del siglo xix entre Mazzini y Marx y la que estalló tras la guerra entre Wilson y Lenin. No se trataba solo de un enfrentamiento entre líderes políticos en dos fases diferentes de la historia, sino del cambio de culturas y visiones de pueblos que se habían convertido en masas arrastradas a las trincheras y que por ese sacrificio pedían ser reconocidas como naciones.

Mazower también planteó que la guerra había mostrado los límites del internacionalismo socialista: «una vez que los partidos socialistas vuelven a poner el pie en los parlamentos, la perspectiva revolucionaria desaparece. Su internacionalismo los limitaba a un pacifismo ejercido principalmente en política exterior» 4. No cabe duda de que, en este nuevo contexto, el wilsonismo dio relevancia y legitimidad al problema de la reorganización tras la guerra y al papel de la democracia en ella. La visión de un mundo nuevo, basado en un pacto social y económico de colaboración y tolerancia entre los pueblos, y las esperanzas de renovación de la sociedad industrial expresadas desde 1915-1916 por diversas corrientes socialistas europeas, desde los fabianos hasta los reformistas franceses, se vieron reforzadas durante la guerra y tuvieron un atractivo tan fuerte como el leninismo. Sin embargo, cabe preguntarse cuántos comprendieron realmente el pensamiento y el proyecto de Wilson, tan profundamente arraigados en la cultura protestante estadounidense. Algunos tomaron prestados sus puntos políticos sin comprender plenamente lo que los inspiraba: el «liberalismo utópico», es decir, la convicción, expresada por un estadista, y sobre todo por un historiador protestante, de que Estados Unidos tenía en aquel momento una misión que cumplir en el destino del mundo 5.

En Italia, algunos discípulos del historiador y político Gaetano Salvemini, intervencionistas como su maestro, se sintieron atraídos por él a partir de una idea del despertar de los pueblos vincu­lada con la reflexión sobre la cuestión meridional y mediterránea. También lo hicieron otros líderes como Antonio Gramsci. Sin embargo, en muchos casos esta fascinación se desvaneció rápidamente 6. Para otros, Wilson siguió representando una alternativa a la llamada del internacionalismo de clase que estuvo viva hasta 1914 y también acabó por fracasar: una utopía pacifista de gobierno mundial, basada en una legislación y unas normas que regularían las relaciones entre los Estados y lograrían el reequilibrio social y económico en el mundo de los productores. Así, muchos socialistas reformistas vieron en el wilsonismo una variante democrática del socialismo 7. El entusiasmo cautivó también a muchos intelectuales europeos que se convirtieron en simpatizantes del movimiento socialista. Entre ellos estaba Daniel Halévy, ya conocido en el mundo socialista por haber publicado en 1901 sus Essais sur le mouvement ouvrier. Como otros militantes e intelectuales al final de la guerra, el francés buscaba nuevas referencias políticas, y en 1918 publicó Le président Wilson. Étude sur la démocratie américaine, centrado en el contraste entre la decadencia de una Europa intelectual y cosmopolita que había quedado atrás y la nueva democracia internacional y dinámica promovida por Wilson.

En Italia, la lectura de esta obra se convirtió en una oportunidad para que algunos exponentes de la izquierda socialista expresaran su fuerte desacuerdo con el wilsonismo. Mientras que Gramsci mantuvo una relación compleja con el proyecto de Wilson, otro exponente de Ordine Nuovo, Palmiro Togliatti, se inspiró en la obra de Halévy, que apreciaba —«una exposición precisa [...] proporciona los elementos para un juicio que quiere ser justo»—, para señalar el fracaso de la intervención de Wilson en Europa. Su larga reseña del libro data de agosto de 1919, momento en el que la lectura de cada una de las partes de los tratados de paz, hecha pública entre finales de abril y junio, puso fin a la breve ilusión de un nuevo mundo liberado de las viejas diplomacias y los imperialismos tradicionales. La pluma del joven Togliatti era crítica y elocuente; creía que era «inútil hablar de debilidad, de traición, de capitulación ante las lujurias de los grupos capitalistas y nacionalistas» que habían desilusionado a aquellos intelectuales y al pueblo que habían creído en ellos. «El pueblo muere en las trincheras llenas de sangre y sueña con la Sociedad de Naciones para que los mercaderes de Liverpool puedan dar jaque mate a los de Hamburgo y Berlín». Por ello, el pueblo debía abandonar estas promesas e ilusiones —concluía Togliatti— y solo podía hacerlo si dejaba «de ser una masa informe y se convierte en un cuerpo político y económico organizado, cuando entra en la historia con sus instituciones, su voluntad y su fuerza de clase. El verdadero día del pueblo es solo el día de la revolución proletaria» 8. En una línea similar, una de las figuras más importantes del socialismo reformista de la época, Giacomo Matteotti, también describió a los principales actores sentados en la mesa en Versalles de la siguiente manera: «Wilson, el justo en abstracto, lento para pensar, que se deja vencer por sofismas concretos; Clemenceau, el viejo violento, que ve la salvación de Francia en la opresión y la miseria de su rival alemán; Lloyd George, el refinado traductor del egoísmo capitalista inglés a fórmulas wilsonianas; Orlando, el irrelevante, incapaz de entrar en contacto con Wilson, así como de compartir el botín con los otros dos» 9.

Wilsonianos ante litteram

En este marco, podemos identificar en el wilsonismo una poderosa variante mediterránea, que no se originó con la llegada de Wilson a Europa, sino que se nutrió de corrientes de pensamiento y sobre todo de una acción situada antes de la Gran Guerra y que fue potenciada por la intervención bélica. Los que no se desilusionaron inmediatamente con Wilson y en varios aspectos permanecieron fieles a él fueron los meridionalistas italianos que desde la década de 1910 habían iniciado un movimiento que tenía como objetivo la redención de los pueblos del área mediterránea y el sur de Europa. Desde finales del siglo xix, algunos intelectuales habían visto en el compromiso con el Mezzogiorno la posibilidad de realizar proyectos de reforma capaces de unir la emancipación civil y el desarrollo económico. Se inspiraron en el socialismo reformista, convencidos de que podían renovar el liberalismo europeo a partir de todo ello. En este contexto, otros también pensaron en un catolicismo moderno y social.

El punto de partida fue la posición adoptada por el principal historiador de finales del siglo xix, el napolitano Pasquale Villari, quien en sus Lettere meridionali (1875) enmarcó el sur de Italia «como una cuestión nacional, como el lugar central donde las contradicciones, limitaciones y retrasos del proceso de unificación nacional se precipitan y emergen de la forma más clara y dura» 10. Una vez abandonado el positivismo decimonónico, muchos jóvenes intelectuales y escritores de principios del siglo xx se agruparon en torno al modernismo, que no solo se percibía como una corriente literaria, sino también como una renovación del sentimiento patriótico. Los sectores más radicales del modernismo italiano se remitieron a los ideales de Giuseppe Mazzini, de redención de los pueblos y de las necesidades de las capas sociales más pobres. En Italia, este modernismo se inspiró en la novela de Antonio Fogazzaro Il santo, publicada en 1905 y considerada como una especie de manifiesto político al denunciar la crisis espiritual y moral de la sociedad de principios de siglo. El «santo» era un santo laico, pero que parecía responder a la búsqueda de regeneración moral de jóvenes católicos cultivados, como Tommaso Gallarati Scotti. Lombardo de origen aristocrático y nacido en 1878, Scotti fundó en 1907 junto con otros católicos la revista Il Rinnovamento, que pretendía aunar catolicismo y ciencia, por lo que fue condenada por el Vaticano, como la novela de Fogazzaro. Este compromiso se prolongó dos años más tarde en la dirección, junto con Fogazzaro, de la Liga Democrática Nacional, que defendía la autonomía de juicio y acción política de los católicos.

Sin embargo, el verdadero punto de inflexión se produjo tras una terrible tragedia que asoló el sur de Italia, el terremoto de Mesina del 28 de diciembre de 1908, que causó centenares de muertos en la zona, destruyó la ciudad y parte del estrecho, y sobre todo puso de manifiesto la precariedad de la vida cotidiana en el sur y la lejanía del Estado central respecto a ella. Todo ello fue objeto de un atento escrutinio, dio lugar a la redacción de una investigación que supuso una importante contribución al crecimiento civil de las regiones meridionales y condujo a la fundación en 1910 de la Asociación Nacional para los Intereses del Sur de Italia (ANIMI) con el objetivo de intervenir donde no llegaba la acción del Estado, utilizando las aportaciones públicas y privadas para la promoción de las actividades económicas y la protección de las poblaciones 11.

Entre sus más destacados impulsores se encontraba Umberto Zanotti-Bianco. Nacido en 1889, de madre de ascendencia inglesa y padre italiano dedicado a la carrera diplomática, educado en el Piamonte, se había sentido fascinado por el pensamiento espiritual y político de Mazzini y por la cultura de Europa del Este —Tolstói, Towianskj, Mickiewich— y, tras un periodo de profunda meditación entre 1905 y 1908, realizó una evolución de la filosofía a la planificación concreta 12. Entonces, en el nuevo clima político favorecido por el giro liberal de principios de siglo, se intentaba situar la acción de los católicos dentro de los complejos movimientos de ascenso de las clases populares, hasta tal punto que la diócesis de Turín registró un fuerte crecimiento del Movimiento Democrático Cristiano fundado por el sacerdote modernista Romolo Murri. Especialmente en Turín operaban personalidades fundamentales para la evolución del pensamiento de Zanotti-Bianco: el escritor Fogazzaro, el barnabita Giovanni Semeria y los intelectuales Tommaso Gallarati Scotti, Attilio Begey y Mario Tortonese (todos ellos colaboradores de la ANIMI). Los primeros contactos entre estos y Zanotti-Bianco tuvieron lugar allí, ya que es probable que la acción en la Unión Democrática Turinesa de Murri, dada su presencia hasta Moncalieri —donde Zanotti-Bianco había estudiado—, fuese un fuerte estímulo para la formación de su conciencia civil 13. Es interesante señalar aquí también la atención que parte de este mundo católico prestaría a Wilson en la elaboración de algunas posiciones que luego serían adoptadas por el populismo cristiano de Don Luigi Sturzo. Precisamente por la importante influencia que Murri ejerció sobre Zanotti-Bianco, es necesario recordar que en 1917 este sacerdote apoyaría públicamente las posiciones de Wilson, poniendo sus esperanzas en la entrada de Estados Unidos en el conflicto y señalando que la acción del presidente estadounidense se había convertido en el faro de quienes esperaban un desenlace democrático del conflicto en curso: en esos círculos «los ojos del mundo están ahora puestos en Woodrow Wilson», escribió 14. Más adelante, sin embargo, Murri se acercaría al fascismo, aunque mantendría el contacto con estos ambientes 15.

El joven Zanotti-Bianco fue uno de los voluntarios que socorrieron a las poblaciones afectadas por el terremoto del canal de Mesina y conoció a Gaetano Salvemini en aquella trágica ocasión. Para él, el sur se convirtió en un lugar para actuar según su radicalismo moral, un campo de pruebas por el que debía pasar una clase dirigente renovada en sus métodos de gobierno y caracterizada por el máximo rigor ético. Fundamental en este sentido fue el papel ­desempeñado por el asociacionismo laico de inspiración modernista, del que partió para proyectar la creación de una Italia meridional democrática. En este contexto, veía en las clases populares los principales actores del cambio, los actores con los que superar la visión conservadora de un sur incapaz de hacer emerger el conocimiento y la capacidad de organización. En este periodo, inmediatamente antes y después de la Gran Guerra, surgió el tema de las nacionalidades oprimidas y fue abordado con numerosas iniciativas que proyectaron su acción reformadora más allá de las fronteras nacionales, tal como se observó en su apoyo a la causa independentista albanesa, los exiliados rusos, los refugiados armenios y la organización de la ayuda humanitaria en el Volga.

Su actuación fue más allá de los supuestos del pensamiento meridionalista posterior al Risorgimento y proyectó los problemas del sur en un escenario europeo y mediterráneo más amplio. En este sentido, es ilustrativo lo que escribió en 1912 al diplomático Arturo Ricci Busatti sobre la situación albanesa. Tras una conversación con Pasquale Villari, le dijo: «En Florencia hemos encontrado un grupo de jóvenes dispuestos con los que sin duda podemos contar. Hablamos de todo esto con el senador Villari, pero no nos entendía; como se trataba del sur de Italia se preguntaba qué relación había entre la autonomía de Albania y las regiones del sur, así que no insistimos» 16. En esencia, los planes de acción, inicialmente estudiados y desarrollados en Calabria y las demás regiones deprimidas del sur, le sirvieron como modelo de intervención en los problemas sociales más complejos de la cuenca mediterránea.

El meridionalismo de Zanotti-Bianco añade elementos significativos y perspectivas inéditas al entrelazarse con la Gran Guerra y el complejo escenario político surgido en el Mediterráneo, que con la caída de los imperios centrales él veía como un espacio posible para la convivencia pacífica entre los pueblos. En su ensayo Della giovane Europa (1914, reeditado en 1917) esbozó los rasgos de una ­acción capaz de construir las bases morales necesarias para la unificación política del viejo continente y la superación de los conflictos 17. Estaba convencido de que el modelo de acción experimentado en el sur de Italia podía convertirse en el medio para alcanzar los objetivos morales necesarios sobre los que edificar las nuevas estructuras políticas europeas, por las que deberían moverse los hombres libres capaces de dar «sus brazos y sus mentes para preparar días mejores a los pueblos aún encadenados, haciéndolos dignos de la liberación». Parecía comprender, por tanto, las trampas del populismo que emergía en esos años y por ello consideraba fundamental trabajar por la maduración democrática, civil y moral de esos pueblos «oprimidos» que, debido a los resultados de la Gran Guerra y los tratados de paz, temía que pudieran caer en el nacionalismo, como desgraciadamente ocurriría 18. Reconocía la centralidad de las masas y los grupos populares, pero la mayoría de las veces le parecían «poco preparados moral e intelectualmente». Sin embargo, estos problemas podrían ser solventados mediante acciones enérgicas de renovación moral según el modelo asociativo de la ANIMI. Por ello, en 1916 partió como voluntario al frente, se alistó en el cuerpo de granaderos y, desde una perspectiva idealista, se unió para luchar junto con los intervencionistas democráticos 19. En agosto, durante una operación bélica en el Isonzo, fue herido por dos balas que hicieron estallar el cargador de su pistola y, mientras aún estaba convaleciente, experimentó la amargura y la euforia que se extendieron por Italia tras la derrota en Caporetto y la victoria final.

El bagaje mazziniano, risorgimentale y democrático de Zanotti-Bianco encontró una salida natural en su adhesión al intervencionismo democrático italiano, del que Gaetano Salvemini fue la voz más relevante. El historiador de Apulia era el mayor exponente de esta posición, opuesta a la de nacionalistas y d’annunzianos 20. El intervencionismo democrático pretendía eliminar cualquier tipo de conflicto en el futuro de Europa y preveía hacerlo a través de la derrota del militarismo de Austria-Hungría y Alemania: «Para nosotros, la guerra debe asegurar un justo equilibrio de naciones unidas y pacíficas en Europa contra Alemania, hasta que Alemania haya regresado a la humanidad y sea digna de unirse también a la Sociedad de Naciones» 21. En los meses finales de la guerra, Salvemini acabó viendo en el presidente estadounidense Wilson a un «nuevo Mazzini». Convencido de que se estaba jugando una partida trascendental en el fortalecimiento de la democracia en Europa, Salvemini favoreció la difusión en Italia de temas y proyectos de posguerra típicos del internacionalismo liberal a través de su periódico L’Unità. Problemi della vita italiana, que se convertiría en la voz más wilsoniana de Italia. Nacido en 1911 como una ruptura con La Voce debida a la cuestión libia y la deriva literaria del periódico florentino, se caracterizaba por presentar propuestas vinculadas a la cuestión meridional, el desarrollo de la agricultura, las redes económicas europeas y la emigración, siempre desde una perspectiva democrática.

En su primera época, el periódico fue dirigido por Salvemini y se publicó en Florencia del 16 de diciembre de 1911 al 4 de septiembre de 1914, se reanudó el 4 de diciembre del mismo año y se suspendió por la guerra el 28 de mayo de 1915. En su segunda etapa estuvo dirigido por Salvemini y Antonio De Viti de Marco, tuvo su sede en Roma y se imprimió del 8 de diciembre de 1916 al 29 de diciembre del mismo año. Le siguieron dos épocas con la misma dirección, y fue publicado en Roma entre enero de 1917 y diciembre de 1918. En su última fase, de 1919 y 1920, la dirección recayó solo en Salvemini y la edición volvió a Florencia.

Salvemini y Zanotti-Bianco estuvieron cada vez más vinculados por el debate sobre las nacionalidades oprimidas en relación con la cuestiones balcánicas, libia y griega. Desde las páginas del periódico, abordaron estos temas, en mayor medida Zanotti-Bianco, a quien Salvemini —elegido en 1919 para la Lista dei Combattenti— situó al frente de la publicación periódica durante su etapa parlamentaria 22. Wilsoniano ante litteram, profundo conocedor y estudioso de la obra de Mazzini, en 1916 Salvemini se expresaba a propósito de Wilson de la siguiente manera:

«Para quienes estén familiarizados con los antecedentes de este hombre —un tipo de soñador extraño y fascinante y a veces ingenuo, dotado de aptitudes prácticas y tácticas de primer orden; un tipo que es cualquier cosa menos raro en el mundo anglosajón— puede no parecer extraño que el presidente Wilson desee asumir, en esta gran contienda, el cargo de representante de la conciencia moral de la humanidad contra todas las ambiciones imperialistas y a favor de un nuevo arreglo territorial europeo que asegure una paz duradera respetando todos los derechos nacionales. La empresa no es fácil; requiere a la vez un exquisito sentido de la realidad y una gran fe heroica en los valores eternos de la moral humana. Un pequeño error de labios en la ejecución puede hundir al hombre que tenga la audacia y la ingenuidad de dedicarse a ella, desde las glorias de la gloria a los abismos del ridículo y la infamia. ¿Será el presidente Wilson el Mazzini del siglo xx? ¿Un Mazzini más poderoso y con más éxito? En todo caso, es cierto que la acción del presidente Wilson será en adelante un elemento muy importante en el curso diplomático y tal vez militar de la guerra; que sería un grave error no apreciarla debidamente; que será perjudicial para quien, entre las dos partes beligerantes, no sepa tener debidamente en cuenta la opinión de los neutrales, es decir, que pretenda derivar de esta guerra lo que los neutrales pueden juzgar inicuo y peligroso para la paz futura del mundo» 23.

Al estallar la guerra en Europa, la feroz oposición de Salvemini a Giovanni Giolitti se había transformado en un intervencionismo maniqueo e intransigente que le condenó al aislamiento en la polémica antinacionalista de posguerra. Central para él era la cuestión adriática, a la que dedicó el volumen fundamental La questione dell’Adriatico, bajo censura en su primera versión de 1916, luego impreso en Florencia en 1918, y escrito junto con el geógrafo y meridionalista Carlo Maranelli. Ya en 1907, Maranelli, en un amplio informe presentado en el VI Congreso Geográfico Italiano celebrado en Venecia, había planteado la cuestión del posible desarrollo democrático del eje balcánico y adriático en los mismos términos de conveniencia y oportunidad para toda Italia 24. Especialmente atento a las relaciones entre el sur de Italia y la otra orilla del Adriático, resumió y contextualizó las características de las principales actividades económicas albanesas más estrechamente vinculadas a la economía italiana 25. Maranelli y Salvemini habían enmarcado la posibilidad de un compromiso que contemplaba la renuncia a Dalmacia, con Zara y Fiume como ciudades autónomas. Sin embargo, ese compromiso, en el contexto determinado por las reivindicaciones eslavas, el pacto de Roma de abril de 1918 y la circulación de las propuestas wilsonianas, fue rechazado y desacreditado en el debate público. Así, Salvemini, presidente en octubre de 1918 de la Liga para la Independencia de los Pueblos Oprimidos, se convirtió para los nacionalistas italianos en Slavemini —una conjunción de Salvemini y eslavos— y esta asociación de matriz wilsoniana recibió también duras críticas.

Fue Antonio De Viti de Marco, economista de Apulia y codirector de L’Unità, quien predijo que «el final de la guerra [pondría] sobre la mesa los problemas fundamentales [...] de las clases trabajadoras y del Mezzogiorno» 26. Él había seguido con interés el mensaje de Wilson y la evolución de la política estadounidense y su entrada en la guerra. El 16 de febrero de 1917, escribió:

«El presidente Wilson no es el acosador de los sindicatos financieros, que especulan sobre la paz o la guerra, ni el caballero andante que se mueve en defensa de los derechos de la humanidad, que sufre. Actúa exclusivamente en defensa de los intereses americanos; pero estos intereses, por su envergadura y por su origen democrático y reciente, coinciden con el interés inmediato del mayor número y son contestados por las capas populares de los países del mundo civilizado» 27.

Se trataba, pues, de atraer a todas aquellas fuerzas liberales europeas deseosas del cambio que él lideraba y secundar al presidente americano. Junto con otros exponentes del meridionalismo democrático, De Viti de Marco había inspirado en 1914 una Liga Italo-Británica, que más tarde se fusionaría en la Liga para la Independencia de las Naciones con el objetivo de «integrar la acción que ya llevaban a cabo la Liga Franco-Italiana, la Liga Italo-Española y la Liga Italo-Rumana, allanando así el camino para un entendimiento más amplio entre los pueblos latinos y británicos» 28. En paralelo, Zanotti-Bianco contribuiría al crecimiento de una Liga Democrática para la Renovación de la Vida Pública Italiana, fundada en 1919 por Salvemini 29. El activismo de este último sería el aglutinante de esta compleja red de asociaciones cuyo objetivo era la unión entre el meridionalismo y el europeísmo para evitar hacer «irremediable el Mezzogiorno, como el último de los Estados balcánicos», como había planteado con temor Giustino Fortunato en 1913, quien ocho años más tarde escribiría:

«La guerra, más que ninguna otra cosa, debería habernos abierto los ojos a la realidad, e inducirnos a creer en la tierra que habitamos, lo que todavía nos empeñamos en no querer creer en absoluto [...]. Si fue fácil unir políticamente al Mezzogiorno con el resto de la península, es sin embargo infinitamente exitoso hacerlos vivir y prosperar como iguales» 30.

Del wilsonismo al antifascismo

Es posible trazar una línea de continuidad entre el mazzinismo y la lucha por los pueblos oprimidos, el intervencionismo democrático en la Gran Guerra, el wilsonismo y, finalmente, el antifascismo. La inmensa mayoría de quienes se adhirieron a estos ideales —entre ellos Salvemini y sus mejores alumnos, Ernesto Rossi y Nello Rosselli— se convirtieron en antifascistas acérrimos 31. Todos ellos, intelectuales, burgueses y algunos aristócratas, cultivaron los ideales democráticos y el Risorgimento; algunos dieron un giro liberal a su socialismo inicial; otros, como Carlo Rosselli, cultivaron la necesidad de la acción política junto con el pensamiento. En esta variada familia también se encuentra el príncipe Tommaso Gallarati Scotti. Nacido en 1878, hombre de letras, cercano a Fogazzaro, uno de los fundadores de la ANIMI, voluntario en la Gran Guerra y, años más tarde (1925), firmante del manifiesto de intelectuales antifascistas elaborado por el filósofo Benedetto Croce, al final de la Gran Guerra acercó a algunos de los fundadores de la ANIMI al mundo británico —Salvemini y Zanotti-Bianco, en particular—, así como al diputado Arthur Ponsoby. Este último era miembro del grupo de presión política de inspiración liberal-laborista Union of Democratic Control, creado en 1914 con el objetivo de supervisar a los Gobiernos durante el conflicto. Ponsoby era pacifista y como tal se acercó a las posiciones de Wilson, pero también estableció relaciones con el ala democrática del intervencionismo italiano al final de la guerra 32. Zanotti-Bianco acudió a él a principios de 1918 para exponerle sus ideas sobre la cuestión balcánica y para que hiciera llegar a Wilson, en junio del mismo año, el trabajo de Salvemini y Maranelli sobre el Adriático.

Salvemini acabaría exiliándose en 1925 para librar una dura batalla contra el régimen en Francia, Inglaterra y Estados Unidos, y regresaría Italia en 1947. Otros, tras los ataques fascistas y los periodos en prisión, continuarían en la emigración. Zanotti-Bianco permaneció en Italia, sufrió el constante control y el confinamiento por parte de las autoridades fascistas e intentó liderar la oposición al régimen sin abandonar los proyectos reformistas y la acción ­meridionalista.

Para este pequeño grupo de italianos, los proyectos «neo­mazzinianos», que habían mostrado su atracción hacia el proyecto wilsoniano, pronto se revelaron como meras ilusiones. En primer lugar, percibieron un endurecimiento de las relaciones entre Italia y Estados Unidos, débiles o más bien indiferentes a la hora de frenar las pretensiones francesas y británicas 33. Criticando la postura adoptada por el primer ministro británico Lloyd George, porque vislumbraba en ella aspiraciones imperialistas, Zanotti-Bianco sostuvo que «existe una realidad superior [...] profetizada a nuestro pueblo por Mazzini [...] si queréis que los mejores espíritus os sigan con fe, debéis ser partidarios en las horas de oscuridad como en las de gloria, ante la derrota como en la victoria» 34. Muchas de las expectativas depositadas en Wislon se desplazaron hacia la acción política de la Sociedad de Naciones, a la que, desde su punto de vista, los Estados adheridos deberían haber cedido gran parte de su soberanía para evitar el uso de la fuerza y favorecer la coexistencia equitativa de los pueblos en nombre del derecho internacional y el progreso democrático 35. Por ello, Zanotti-Bianco y Andrea Caffi realizaron una amplia reflexión sobre los tratados de paz en La pace di Versailles (1919), donde expresaron análisis previamente desarrollados en las páginas de la revista La Voce dei Popoli. Esta publicación periódica, editada entre 1918 y 1919, pretendió abordar los problemas de los pueblos surgidos de la disolución de los imperios centrales 36. Zanotti-Bianco constató allí que «en el terreno político sobre todo, asistimos al lento envenenamiento de nuestra conciencia nacional por una concepción de la vida política que hemos pretendido combatir; ¡pero que por incapacidad de reaccionar moralmente, por pobreza de carácter, hemos acabado colocando en la base misma de nuestro poder!».

Andrea Caffi, nacido en 1887, fue probablemente el miembro más cosmopolita de este grupo. Nacido en San Petersburgo, vivió en Berlín y París, fue voluntario en Francia y luego en Italia durante la Gran Guerra. Vio de cerca la segunda fase de la Revolución Rusa y se distanció de lo que consideró su involución; emigrado a Francia, sería un colaborador crítico del grupo Giustizia e Libertà 37. En la inmediata posguerra aún mostraba esperanzas en las revoluciones leninista y wilsoniana —concebidas como gemelas—, al igual que otro joven colaborador liberal de dieciocho años, Piero Gobetti —muerto en el exilio tras un atentado fascista en 1926—, que en la revista abogaba por una «valiente defensa de los derechos de los pueblos oprimidos movida por sólidos principios mazzinianos» 38.

Fue Zanotti-Bianco quien más insistió en una visión de Europa basada en la autodeterminación wilsoniana de los pueblos, combinada con el respeto a las minorías y a las identidades nacionales. Desarrolló este pensamiento en su ensayo «La pace europea e il principio di nazionalità», publicado en La Voce dei Popoli en 1919 y especialmente significativo para comprender su experiencia de la guerra y su concepción de Europa. Estas convicciones le llevaron a considerar la localización de las fronteras geográficas de los nuevos Estados —ya no consideraba que debiera proponerse la equiparación de fronteras naturales y políticas— y la definición de zonas mixtas como los problemas más graves para una reorganización europea justa que evitara el auge de reivindicaciones nacionalistas agresivas en Polonia, Alemania, Italia y Austria. Del mismo modo, situaba en su lista de prioridades la independencia de Armenia, Irlanda y las regiones del antiguo Imperio ruso y, al ampliar su mirada al Mediterráneo, estaba atento a la independencia egipcia, árabe, palestina e india:

«¿Traicionó Wilson [...] su programa de paz? ¿Están los gobiernos de Europa alrededor de la mesa de conferencias como si fuera una mesa de cartas? ¿Qué son para aquellos que los apoyaron en nombre de los derechos universales, y que mañana en el mismo nombre los arrollarán? [...] Sería verdaderamente trágico que, en el momento en que las nubes de la conmoción universal se ciernen sobre el mundo, los errores de unos sirvieran para justificar los errores de otros, y una vez más la justicia, según la imagen de Schopenhauer, apareciera como un espectro de la noche profunda, ocupando ¡ay! ¡solo más bien como una sombra, el lugar de honor que le había sido arrebatado! Si las voces de los muertos y de los vivos, si las voces de esas innumerables muchedumbres que se agitan como un océano bajo el aliento de una gran esperanza humana, si todas las voces de esta tierra todavía tibia de sangre y de carnicería llegan hasta el lugar mismo donde los hombres de gobierno deciden nuestros destinos futuros, oirán que toda nación espera con la angustia contenida de una liberación próxima el fin de la era de los armamentos y de esos viejos sistemas políticos a los que algunos de ellos todavía profesan lealtad, para comenzar con el entusiasmo de una nueva juventud, con una fe no herida por la exigua recompensa de tanto sufrimiento infinito, una gran obra de renovación interior. Esta es la hora de todas las posibilidades: para el bien o para el mal, los enormes recursos del espíritu humano refinados por el dolor esperan poderosas manos creadoras. Si quienes debieran disponer de ellos no quieren conformarse con el imperativo moral en que se traduce la necesidad política de la hora presente, los ricos tesoros de experiencia espiritual, las ricas fuentes de amor, de aspiración y de abnegación que son las nacionalidades, serán, por faltas consagradas en su nombre, arrolladas por las multitudes sin nombre que invadirán la arena terrestre en busca de la justicia universal. Entonces, durante años, cada pueblo andará a tientas en una triste noche del alma, en la que llorando intentará recomponer los rasgos desfigurados de su propia nación hecha jirones» 39.

En otros artículos, Zanotti-Bianco analizó los problemas polaco y ruso desde la misma perspectiva, abriendo interesantes puntos de vista, útiles para comprender sus posteriores valoraciones de la dictadura soviética. Considerados como dos nudos cruciales del siglo xx, siempre estuvo atento a los destinos de Polonia y Rusia, también en la transición del zarismo al comunismo. Consideraba que la independencia y la unidad de Polonia eran objetivos irrenunciables de la democracia europea para crear una barrera entre el germanismo y el eslavismo. Su análisis de la situación rusa captaba los límites del proceso revolucionario, pero también denunciaba los numerosos intentos de deslegitimación de la prensa europea e italiana. Estas actitudes, unidas al desconocimiento de la realidad rusa por parte de los políticos italianos, habían contribuido a aumentar la desconfianza ante la inédita y difícil situación política rusa 40. Por último, era necesario también la contextualización de la cuestión armenia en el marco del mensaje más amplio de Wilson sobre la política de las nacionalidades. En 1922, para presentar su volumen de cartas sobre Mazzini, escribió:

«Sí, Asia Menor sigue sacudida por convulsiones desde que la tentativa wilsoniana de establecer una Armenia independiente ha naufragado debido al triunfo de esa doctrina de no intervención que una América más consciente de su deber en el mundo deberá repudiar, y sobre todo debido a las competiciones políticas cruzadas de las grandes potencias europeas: ¿pero quién escapa al camino que con el resurgimiento del Estado judío, con la reconstitución de los árabes en nación independiente, con la propaganda de las ideas europeas de libertad e independencia hizo la idea armenia y el arreglo de todo el Occidente asiático?» 41.

Del antifascismo al último Risorgimento

En los confusos años de la posguerra y del ascenso del fascismo, en 1922, se cumplió el cincuentenario de la muerte de Mazzini, a quien el fascismo nunca consiguió integrar plenamente en su religión política, a diferencia de Garibaldi, «el héroe de dos mundos», que, con ocasión del cincuentenario de su muerte, en 1932, consiguió incluir en su tradición gracias a la contribución de algunos descendientes directos del propio Garibaldi 42. En aquel primer aniversario, Zanotti-Bianco llevó a cabo un viejo proyecto suyo relativo a la antología de Mazzini, que debía imprimirse en 1926. La obra también debía tener una edición inglesa. Su traductora, Elinor Richards, colaboradora del Instituto Británico de Florencia, captó las notas antifascistas de aquella operación editorial, resultado de la maduración humana y política experimentada por Zanotti-Bianco en el sur de Italia.

Probablemente fue esta lectura wilsoniana de Mazzini, así como la enseñanza de Salvemini, que había sido su profesor en la Universidad de Florencia, la que inspiró al menor de los hermanos Rosselli, Nello. Procedente de una acomodada familia judía florentina con tradiciones del Risorgimento, realizó su tesis sobre Mazzini y el movimiento obrero de 1861 a 1872, posteriormente escribió numerosos artículos sobre Mazzini y Bakunin, y finalmente publicó un libro, que apareció en 1932, titulado Carlo Pisacane en el Risorgimento italiano. En él confluyeron todos los ingredientes aquí mencionados: meridionalismo, mazzinismo, socialismo y acción política. En 1926, Nello Rosselli había captado el marco ideológico de la matriz wilsoniana al reseñar el volumen de Zanotti-Bianco sobre Mazzini y había identificado ecos de la moral del patriota italiano en la compleja acción llevada a cabo por el meridionalista:

«Y, como Mazzini, Zanotti me parece animado por un severo sentido religioso de la vida y al mismo tiempo por un optimismo fundamental e invencible. [...] Es necesario [...] aferrarse a un hombre que no conoció victorias y que, de la derrota, surgió cada vez más obstinado en sus ideas y templado para la acción: puede ser de ayuda a quienes en forzada inmovilidad o en apariencia de movimiento sufren la injusta, pero efímera, victoria de otros» 43.

Fue en los momentos dramáticos del golpe de Estado fascista cuando la fascinación por Mazzini llevó a Zanotti-Bianco a anclarse en la acción meridional, que para él se convirtió en uno de los centros de la lucha contra el régimen 44. Situándose en la mejor tradición del Risorgimento, rechazó el autoritarismo fascista y su visión del Estado. El rostro sanguinario del fascismo y la naturaleza ­reaccionaria del régimen se revelaron plenamente con el asesinato de Matteotti en junio de 1924 45. Primero el propio Giacomo ­Matteotti, en su último escrito de abril de 1924, y luego Zanotti-Bianco encontraron público en Inglaterra. Fue precisamente en ese país donde este último proyectó la causa antifascista. De hecho, publicó un amplio artículo que constituye una interesante pero poco conocida interpretación de los dramáticos acontecimientos de la posguerra italiana hasta el asesinato del diputado socialista. Zanotti-Bianco perfiló sus ideales democráticos distanciándose de la política fascista, que consideraba un ataque a la tradición del Risorgimento. Desde su punto de vista, el Risorgimento había funcionado según un sentido de comunidad, apoyado por acciones como la solidaridad, la educación, la unidad y la vida parlamentaria. En cambio, el fascismo potenciaba el individualismo y el espíritu partidista, subyugando el verdadero interés nacional al erosionar el parlamento 46. Desde estas ideas, propuso finalmente un largo vínculo entre el Risorgimento, el intervencionismo democrático al estilo wilsoniano y la resistencia al fascismo, intentando devolver al redil democrático a aquellas figuras del Risorgimento —entre ellas sobre todo Mazzini, cuya interpretación y reelaboración opuestas trazan una línea divisoria entre el fascismo y el antifascismo— 47 que eran peligrosamente instrumentalizadas por el fascismo para legitimar la toma violenta del poder y la construcción de la dictadura.

Establecida la dictadura fascista a partir de 1925 e impuesto Stalin al frente de la Unión Soviética y de la Internacional Comunista tras la muerte de Lenin un año antes, ya no se planteaba la disyuntiva entre Wilson y Lenin 48. En el debate político italiano e internacional, el wilsonismo pareció eclipsarse rápidamente, debido también a los repetidos fracasos de la institución que lo había heredado, la Sociedad de Naciones. Solo volvería a la planificación política con la conclusión de una nueva guerra. En cambio, la tradición del Risorgimento y el neomazzinismo parecieron vivir una nueva época, gracias precisamente al antifascismo 49. Diversas memorias de jóvenes antifascistas —entre ellas, las de Vittorio Foa, nacido en 1910, detenido y condenado a permanecer en la cárcel en 1935— atestiguan cómo a mediados de los años treinta muchos de ellos intentaron volver a los ideales democráticos y socialistas del Risorgimento, para liberarlo del embalsamamiento retórico llevado a cabo por el fascismo y sus aliados monárquicos 50. El mazzinis­mo volvió a ser visto como una apelación a proyectar —­como hizo Carlo Rosselli con su lema «Hoy en España, mañana en Italia»— contra las dictaduras y por la libertad de los pueblos, en la guerra civil española y luego en la Resistencia, vista como la última fase del Risorgimento en Italia.

En esta línea se situaron no solo los sectores más republicanos y libertarios, sino también la minoritaria vertiente política de oposición liberal-democrática. Disfrutando de nuevo de una libertad de movimientos supervisada, Zanotti-Bianco desempeñó un papel destacado en la creación de L’Alleanza Nazionale, un grupo clandestino de propaganda antifascista 51. Fundado por iniciativa de Lauro De Bosis, este movimiento político buscó construir un antifascismo que se planteaba como alternativa al movimiento comunista y anarquista y crear una oposición capaz de «aislar ante todo al enemigo, volviendo contra él las fuerzas políticas y sociales cuyo consentimiento había obtenido hasta entonces, fuerzas que se resumían ante todo en la monarquía y el Vaticano, detrás de los cuales estaban el Ejército y la Iglesia católica». Entre los moderados liberales y católicos encontramos a Gallarati Scotti, quien, debido a su cercanía a la Corona y al Vaticano, fue constantemente controlado por el fascismo (aunque nunca perseguido) 52. Participó como exponente liberal en Suiza en la Resistencia y fue el primer embajador italiano en España al final de la guerra, entre 1945 y 1946, donde intentó forjar relaciones con los círculos aristocráticos no falangistas antes de ser enviado como embajador a Gran Bretaña, país que conocía íntimamente debido a sus fuertes vínculos con el liberalismo británico 53. Otros monárquicos, en cambio, se concentraron en acciones demostrativas aisladas, como el trágico vuelo de De Bosis sobre Roma, que acabó con su desaparición en el mar 54. Esta corriente no desarrolló el sectarismo ni el elitismo, sino que buscó el diálogo entre las ya amplias y heterogéneas posiciones del antifascismo italiano. Ernesto Rossi, que ya había militado en la ANIMI, hizo de puente entre L’Alleanza Nazionale y Giustizia e Libertà. Incluso Salvemini, que en aquel momento no alcanzaba a comprender del todo las razones por las que Zanotti-Bianco no había seguido el camino del fuoruscitismo (es decir, la emigración al extranjero), acabaría poniendo en valor los rasgos más destacados de aquella experiencia en la que participarían activamente otros colaboradores de la ANIMI. Salvemini instó a Zanotti-Bianco a reintegrar la cuestión meridional en la más compleja lucha nacional contra el fascismo: «[Deberías] hacer desde Roma, de vez en cuando, un supra-lugar en el sur para ver con tus propios ojos lo que está sucediendo, y recoger documentos vivos —sí, venir a Roma de vez en cuando para correr aquí y allá, como un alma en pena— [...]. Mazzini no se encerró en Sestri Levante o en Asti para hacer Italia: se fue a Londres. E hizo Italia escribiendo» 55. Zanotti-Bianco, por el contrario, permaneció en Italia y se dedicó a la sociedad arqueológica Magna Grecia, una rama de la ANIMI que intervenía en excavaciones arqueológicas en el sur de Italia, y en la que participaba un reconocido grupo de arqueólogos «antifascistas». Esta actividad como arqueólogo continuó incluso durante su condena de «confinamiento policial», que pasó en Paestum y en la península de Sorrento, desde donde, en 1941, gracias a su amistad con la princesa María José, esposa del príncipe heredero Umberto di Savoia, supuestamente conspiró para empujar a la monarquía a un acto de fuerza contra el fascismo.

Conclusiones

Frente a la constante revisión de la acción política por parte de la generación más joven, Zanotti-Bianco siguió siendo quizá el último wilsoniano en Italia y fue reconocido por esta lealtad mazziniana-­wilsoniana. Así lo hizo Giuseppe Trinchero cuando le escribió en una carta fechada el 4 de noviembre de 1923:

«La pureza y el vigor de vuestro sentimiento italiano, alimentado por la gran palabra de Mazzini, de la que es prueba vuestro largo e intenso trabajo por la educación meridional e insular, da a vuestra oposición al fascismo una nota de sinceridad y de nobleza ideal que la hace digna del mayor respeto incluso del más ardiente fascista, que ama sinceramente a Italia, porque nadie que os conozca puede dejar de sentir que vuestra oposición es de los que verdaderamente colaboran por el bien y la grandeza de Italia, no de los que envenenan a los que quieren vivir y trabajar por Italia, y vale mucho más que muchas adhesiones verborreicas y aclamadoras» 56.

Durante un periodo de detención en la cárcel Regina Coeli de Roma, Zanotti-Bianco hizo un primer balance de su vida:

«A veces, cuando pienso en mi primera juventud, toda ella pasada en el Sur, en mi partida como voluntario para la Gran Guerra, en mis graves heridas, en todas mis actividades desinteresadas por el país hasta los últimos descubrimientos arqueológicos sin querer nunca nada para mí, parece increíble encontrarme aquí, como un delincuente, en esta triste celda. Pero entonces el recuerdo de otros, que, por haber amado por encima de todo el alma de la nación, sufrieron la misma suerte, hace que esta hora dolorosa brille para mí» 57.

La evolución de Zanotti-Bianco fue diferente a la de otros que se apartaron de la línea social-liberal de Carlo Rosselli para recorrer nuevos caminos, como Chiaromonte (nacido en 1905), que encontró mayor afinidad en una izquierda consejista y libertaria, se distanció de la estructura política conspirativa dada al movimiento por Carlo Rosselli y participó en la guerra de España en el escuadrón aéreo de André Malraux, o Caffi, que se convirtió en un pacifista y europeísta convencido. Algunos de ellos, partiendo del mazzinismo, contribuirían en gran medida al nacimiento del federalismo europeo, como Altiero Spinelli (nacido en 1907), que redactó el Manifiesto Federalista en Ventotene con Ernesto Rossi, y Eugenio Colorni, otro joven socialista (nacido en 1909) que murió durante la lucha de liberación.

Sin embargo, en el centro de la acción de esta nueva generación, que probablemente se reconocía más en Mazzini que en Wilson, estaba su idea de reconstruir la nación, una nación democrática por la que muchos lucharon entre 1943 y 1945. Con la muerte de la nación fascista, una nueva idea de nación entre iguales se impuso entre las naciones renacidas del baño de sangre de la Segunda Guerra Mundial. Esta fue, en definitiva, la contribución de los italianos a la Europa de los pueblos y las naciones, desde el intervencionismo contra los imperios europeos en 1914, pasando por el antifascismo, hasta la última lucha de liberación.


  1. 1 S. a.: «1919: l’année de la paix», L’Humanité, 1 de enero de 1919, y s. a.: «Wilson et la classe ouvrière», L’Humanité, 7 de enero de 1919.

  2. 2 S. a.: «L’arrivo di Wilson», L’Avanti, 4 de enero de 1919. Cfr. Jacopo Perazzoli: «Per la pace del diritto». Woodrow Wilson e la sua eredità, dalla Grande Guerra allo shock della globalizzazione, Roma, Carocci, 2022.

  3. 3 Para el desarrollo de esos meses, véase Patrizia Dogliani: «La scelta. L’internazionalismo socialista tra Wilson e Lenin», en Patrizia Dogliani (ed.): Internazionalismo e transnazionalismo all’indomani della Grande guerra, Bolonia, Il Mulino, 2020, pp. 111-138.

  4. 4 Mark Mazower: Governing the World. The History of an Idea, Nueva York, The Penguin Press, 2012, p. 60: «The struggle of ideas between Mazzini and Marx is important because the principles they stood for —nationality on the one hand, and communist internationalism on the other— shaped the rivalry that began in 1917 between Woodrow Wilson and Lenin for leadership of a postimperial world». Esta comparación ya fue abordad en Arno Mayer: Wilson versus Lenin. Political Origins of the New Diplomacy, 1917-1918, Cleveland, Meridian Books, 1963, y, más recientemente, en Arthur Herman: 1917: Wilson and Lenin, the Birth of the New World Disorder, Nueva York, Haper Collins, 2017.

  5. 5 Milan Babik: Statecraft and Salvation. Wilsonian Liberal Internationalism as Secularized Eschatology, Waco-Texas, Baylor University Press, 2013.

  6. 6 Leonardo Rapone: Cinque anni che paiono secoli. Antonio Gramsci dal socialismo al comunismo (1914-1919), Roma, Carocci, 2011, pp. 247-257.

  7. 7 Alessandro Polsi: «Società delle Nazioni e internazionalismo tra le due guerre», Contemporanea, 4 (2016), pp. 677-685, y también Pierre Gebert, Victor-Yves Ghebali y Marie-Renée Mouton: Le rêve d’un ordre mondiale de la SdN à l’ONU, París, Imprimerie Nationale, 1996, y Patricia Clavin: Securing the World Economy. The Reinvention of the League of Nations, 1920-1946, Oxford, Oxford University Press, 2013.

  8. 8 P. T. (Palmiro Togliatti) en L’Ordine Nuovo, 9 de agosto de 1919; recogido en Palmiro Togliatti: Opere, vol. I, 1917-1926, edición de Ernesto Ragionieri, Roma, Editori Riuniti, 1967, pp. 54-57.

  9. 9 Giacomo Matteotti: «Il fallimento della pace vittoriosa», Avanti!, 6 de marzo de 1920. Para una reconstrucción histórica, véase Maurizio Degl’Innocenti: La patria divisa. Socialismo, nazione e guerra mondiale, Milán, Franco Angeli, 2014.

  10. 10 Pasquale Villari: Le lettere meridionali e altri scritti sulla questione meridionale, edición de Francesco Barbagallo, Nápoles, Guida, 1979, p. 7.

  11. 11 Giovanni Malvezzi y Umberto Zanotti-Bianco: L’Aspromonte occidentale, Milán, Libreria Editrice Milanese, 1910.

  12. 12 Para una visión general de la obra de Zanotti-Bianco y su relación con la ANIMI, Umberto Zanotti-Bianco: L’Associazione Nazionale per gli Interessi del Mezzogiorno d’Italia nei suoi primi cinquant’anni di vita, Roma, Collezione Meridionale, 1960; sobre su compleja acción política, Mirko Grasso: Costruire la democrazia. Umberto Zanotti-Bianco tra meridionalismo ed europeísmo, Roma, Donzelli, 2015.

  13. 13 Mario Rosazza: La nostra missione. Lettera aperta a Tommaso Gallarati Scotti e Mario Tortonese, Turín, Segreteria della Lega D. N., 1909.

  14. 14 Romolo Murri: «Gli Stati Uniti e il conflitto europeo», Il Secolo xix, 3 de marzo de 1917, p. 161; véase también Daniela Rossini: Donne e propaganda internazionale. Percorsi femminili tra Italia e Stati Uniti nell’età della Grande Guerra, Milán, Franco Angeli, 2015, p. 26.

  15. 15 Claudio Giovannini: Romolo Murri dal radicalismo al fascismo, Boloña, Cappelli Editore, 1981.

  16. 16 Citado en Valentina Carinci (ed.): Carteggio, 1906-1918, Roma-Bari, Laterza, 1987, p. 179.

  17. 17 Giorgio D’Acandia: «Della Giovine Europa», en Eugenio Vaina: Albania che nasce, Catania, Francesco Battiato, 1916, pp. 1-14, esp. p. 9.

  18. 18 Ibid., p. 6; Vittorio Enzo Alfieri: «Zanotti-Bianco e la politica di un impolitico», Archivio Storico per la Calabria e la Lucania, 34 (1965-1966), pp. 45-58, esp. p. 56, y Guido Pescosolido: «Umberto Zanotti-Bianco e il suo impegno a favore delle minoranze oppresse nell’Europa dei nazionalismi», Archivio Storico per la Calabria e la Lucania, 36 (2010), pp. 125-132.

  19. 19 Umberto Zanotti-Bianco: L’Associazione Nazionale..., p. 32.

  20. 20 Gaetano Salvemini: «Interventismo nazionalista e interventismo democratico», L’Unità, 2 de marzo de 1917, recogido en Beniamino Finocchiaro (ed.): L’Unità di Gaetano Salvemini, Venecia, Neri Pozza, 1959, p. 403.

  21. 21 Massimo L. Salvadori: Gaetano Salvemini, Turín, Einaudi, 1963, p. 105.

  22. 22 Alessandro Galante Garrone (ed.): Zanotti-Bianco e Salvemini. Carteggio, Nápoles, Guida, 1983, p. 81.

  23. 23 Gaetano Salvemini: «Wilson e gli imperi centrali», L’Unità, 29 de diciembre de 1916.

  24. 24 Carlo Maranelli: «Interventismo nazionalista e interventismo democratico», L’Unità, 2 de marzo de 1917. Sobre las posiciones políticas de Salvemini, véanse Andrea Frangioni: Salvemini e la grande guerra. Interventismo democratico, wilsonismo, politica delle nazionalità, Soveria Mannelli, Rubbettino, 2012, y Federico Imperato: «La chiave dell’Adriatico». Antonio Salandra, Gaetano Salvemini, la Puglia e la politica balcanica dell’Italia liberale durante la Grande Guerra (1914-1918), Soveria Mannelli, Rubbettino, 2019.

  25. 25 Véase el capítulo «Sui rapporti economici con l’altra sponda dell’Adriatico (Dalmazia, Bosnia, Erzegovina, Montenegro, Albania)», en Carlo Maranelli: Considerazioni geografiche sulla questione meridionale, edición de Corrado Barbagallo, Gino Luzzatto y Ferdinando Milone, Bari, Laterza, 1946, p. 293.

  26. 26 Véase «Un discorso elettorale» (Gallipoli, 14 marzo 1914), en Antonio de Viti de Marco: La guerra europea. Scritti e discorsi, Roma, Edizioni dell’Unità, 1918, p. 31. En esta perspectiva, son pertinentes la consulta de Giustino Fortunato: Dopo la guerra sovvertitrice, Bari, Laterza 1921, y el subsiguiente artículo de Umberto Zanotti-Bianco: «Fortunato and Southern Italy», Contemporary Review, 146 (1934), p. 594.

  27. 27 Antonio de Viti de Marco: La guerra europea..., p. 144.

  28. 28 Véase «Per la costituzione di una lega italo-britannica», en Antonio de Viti de Marco: La guerra europea. Scritti e discorsi, Roma, Edizioni dell’Unità, 1918, p. 31.

  29. 29 Una expresión utilizada por Fortunato en 1913 que aparece en Gaetano Salvemini: Carteggio, 1912-1914, edición de Enzo Tagliacozzo, Roma-Bari, Laterza, 1984, p. 439.

  30. 30 Giustino Fortunato: Dopo la guerra sovvertitrice..., p. 51.

  31. 31 Para esta generación (el republicano Aldo Schiavetti, el anarquista Camillo Berneri, los futuros GL Carlo y Nello Rosselli y el accionista Ernesto Rossi), la historiografía reciente ha identificado, a pesar de los diferentes caminos recorridos en aquellos años, una original «comunidad»; véanse Marco Bresciani: Quale antifascismo? Storia di Giustizia e Libertà, Roma, Carocci, 2017, p. 21, y Mirko Grasso: Ernesto Rossi e il sud d’Italia nel primo dopoguerra, Boloña, Clueb, 2012.

  32. 32 Umberto Zanotti-Bianco: Carteggio, 1906-1918, Bari, Laterza, 1987, p. 631.

  33. 33 Umberto Zanotti-Bianco: «Lloyd George e i fini di guerra dell’Intesa», L’Unità, 25 de enero de 1918. En el mismo periódico, véanse también los artículos de Gaetano Salvemini «L’Italia e la Società delle Nazioni», 13 de julio de 1918; «La Società delle Nazioni», 10 de agosto de 1918, y «Per la Lega delle Libere Nazioni», 26 de octubre-2 de noviembre de 1918.

  34. 34 Umberto Zanotti-Bianco: «Per la Società delle Nazioni», La Vita delle Nazioni, 1 (1925), p. 1 (la revista sería censurada y posteriormente suprimida por el fascismo).

  35. 35 Marco Bresciani: La rivoluzione perduta. Andrea Caffi nell’Europa del Novecento, Bolonia, Il Mulino, 2009.

  36. 36 Umberto Zanotti-Bianco: «La pace Europea e il principio di nazionalità», La Voce dei Popoli, 12 (1919), p. 1.

  37. 37 Así lo afirmó Gobetti en 1918 en un artículo en Energie Nove, ahora en Piero Gobetti: Scritti politici, Turín, Einaudi, 1960, p. 29.

  38. 38 Umberto Zanotti-Bianco: «La pace europea e il principio di nazionalità...», p. 160.

  39. 39 Umberto Zanotti-Bianco: «La questione polacca», La vita italiana all’estero, 3 (enero-junio de 1915), p. 126. Otro artículo sobre este tema: «La fame in Russia», La Parola e il Libro, 5 (1922), p. 7; versión abreviada de su obra más extensa: La carestia in Russia e l’opera del Comitato italiano di soccorso ai bambini russi. Rapporto del delegato Umberto Zanotti-Bianco, Roma, Società Poligrafica Italiana, 1922. Más sobre la misión a Rusia en Umberto Zanotti-Bianco: «Una notte sul Volga», La Parola e il Libro, 6 (1923), pp. 193-199; íd.: Tra la perduta gente, Milán, Mondadori, 1959, pp. 49-63 (ahora en Soveria, Mannelli Rubbettino, 2006), e íd.: «Diario dall’Unione Sovietica 1922», Nuova Antologia, 112 (1977), pp. 379-489.

  40. 40 Umberto Zanotti-Bianco: Mazzini. Pagine tratte dall’epistolario, Milán, Morreale, 1926, p. 20.

  41. 41 Sobre el Risorgimento y el fascismo, véanse Massimo Baioni: Risorgimento in camicia nera, Roma, Carocci, 2006, y Patrizia Dogliani: El fascismo de los italianos. Una historia social, València, Universitat de València, 2017.

  42. 42 Nello Rosselli: «Zanotti-Bianco e il suo Mazzini», en Zefiro Ciuffoletti (ed.): Nello Rosselli. Uno storico sotto il fascismo. Lettere e scritti vari (1924-1937), Florencia, La Nuova Italia, 1979, p. 179.

  43. 43 Véase su pequeño volumen de escritos de protesta política y civil del periodo fascista titulado Proteste civili, Tívoli, Aldo Chicca Editore, 1954.

  44. 44 Giacomo Matteotti: «Italian Finances and Fascism», The Statist, 2415 (1924), pp. 1038-1039, recogido en Giacomo Matteotti: L’avvento del fascismo, edición de Stefano Caretti, Pisa, Pisa University Press, 2011. Para la acción internacional de Matteotti, véase Mirko Grasso: L’oppositore. Matteotti contro il fascismo, Roma, Carocci, 2024.

  45. 45 Umberto Zanotti-Bianco: «The Anti-Risorgimento. Risorgimento v. Fascismo, The Work of Fascismo in Italy», Contemporary Review, 126 (1924), pp. 567-576.

  46. 46 Daniela Rossini: «L’internazionalismo wilsoniano all’inizio del xx e del xxi secolo», en Patrizia Dogliani (ed.): Internazionalismo e transnazionalismo all’indomani della Grande Guerra, Bolonia, Il Mulino, 2020, pp. 87-110.

  47. 47 Véase Simon Levis Sullam: L’apostolo a brandelli. L’eredità di Mazzini tra Risorgimento e fascismo, Bari-Roma, Laterza, 2010.

  48. 48 Patrizia Dogliani: «Los intelectuales italianos en la Gran Guerra. Intervencionismo, patriotismo, neutralismo (1914-1918)», Ayer, 91 (2013), pp. 93-120, e íd.: «La generazione dei fratelli Rosselli dall’interventismo democratico alla guerra di Spagna», Quaderni del Circolo Rosselli, 2-3 (2007), pp. 17-25.

  49. 49 Claudio Pavone: Dal Risorgimento alla Resistenza, Roma, Edizioni dell’Asino, 2010, p. 9.

  50. 50 Adriano dal Pont, Alfonso Leonetti y Massimo Massara (coords.): Giornali fuori legge. La stampa clandestina antifascista 1922-1943, Roma, Associazione Nazionale Perseguitati Politici Italiani Antifascisti, 1964, pp. 201-207, y Mario Vinciguerra: I girondini del ‘900 e altri scritti politici, Soveria Mannelli, Rubbettino Editore, 2005.

  51. 51 Véanse el libro póstumo de Lauro de Bosis: Storia della mia morte e ultimi scritti, Turín, De Silva, 1948; el artículo sobre De Bosis en Gaetano Salvemini: Scritti sul fascismo, edición de Nino Valeri y Alberto Merola, en Opere, vol. II, Milán, Feltrinelli, 1962, p. 442, e Iris Origo: A Need to Testify. Portraits of Lauro de Bosis, Ruth Draper, Gaetano Salvamini, Ignazio Silone and an Essay on Biography, San Diego-Nueva York-Londres, HBJ, 1984.

  52. 52 Giuliana Benzoni: La vita ribelle. Memorie di un’aristrocratica italiana fra belle époque e Repubblica, Bolonia, Il Mulino, 1895.

  53. 53 Tommaso Gallarati Scotti: Interpretazioni e memorie, Milán, Mondadori, 1960, y, sobre el periodo español, íd.: Memorie riservate di un ambasciatore. Il diario di Tommaso Gallarati Scotti (1943-1951), Milán, Franco Angeli, 2015.

  54. 54 Umberto Zanotti-Bianco: Carteggio, 1919-1928..., p. 218, y Piero Calamandrei: Uomini e città della Resistenza, Bari, Laterza, 2006, pp. 39-55.

  55. 55 Umberto Zanotti-Bianco: Carteggio, 1919-1928..., p. 474.

  56. 56 «Prima lettera da Regina Coeli» (13 de febrero de 1941), en Umberto Zanotti-Bianco: Proteste civili, Tívoli, Aldo Chicca Editore, 1954, p. 67.

  57. 57 Umberto Zanotti-Bianco: Carteggio, 1919-1928..., p. 218.