Ayer 111/2018 (3): 283-312
Sección: Estudios
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2018
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/111-2018-11
© Germán C. Friedmann
Recibido: 11-04-2016 | Aceptado: 13-01-2017
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License
El antisemitismo en la prensa en alemán de la Argentina, 1933-1941
Germán C. Friedmann
Instituto de Historia Argentina y Americana
«Dr. Emilio Ravignani»-CONICET-Universidad de Buenos Aires
gerfriedmann@yahoo.com.ar
Resumen: Este artículo examina las distintas percepciones sobre la escalada antisemita en el Tercer Reich presentes en un amplio abanico de publicaciones de habla alemana de la Argentina, desde las militantemente nacionalsocialistas hasta las más virulentamente antinazis. Analiza las imágenes e ideas sobre el judaísmo, y sobre la relación entre los judíos alemanes y su tierra natal en el periodo previo a la denominada «solución final». Busca mostrar aquellas coincidencias, discrepancias y cambiantes alineaciones entre los actores en un momento en el cual las posiciones que posteriormente aparecen como evidentes aún no se encontraban definidas.
Palabras clave: antisemitismo, nacionalsocialismo, antinazis, germano-argentinos, Tercer Reich.
Abstract: The escalation of antisemitism in the Third Reich was reflected in a wide range of German-language publications edited in Argentina. This article examines the diverse perceptions on this phenomena from the militantly National-Socialist to the most virulently anti-Nazi. It analyzes images and ideas about Judaism and the relationship between German Jews and their homeland prior to the «final solution». It shows the coincidences, discrepancies, and changing alignments between parties at the time. Even though the positions that these parties later took may appear evident in retrospect, they emerged from a period of indefiniton.
Keywords: antisemitism, National Socialism, anti-Nazism, German Argentines, Third Reich.
Hacia fines del siglo xix en el ámbito germano-parlante se produjo una reelaboración del antijudaísmo tradicional de base religiosa que devino en el antisemitismo moderno, caracterizado por una interpretación en clave racial. Esta transformación fue un punto de inflexión en la historia del prolongado y complejo fenómeno del antijudaísmo. A partir de entonces se pasó de un rechazo a los judíos por cuestiones religiosas, que permitía la tolerancia si decidían convertirse, a un odio ontológico, radicado en su mismo ser, por causa de su «raza», lo que excluía cualquier posibilidad de conversión. La creciente identificación entre los conceptos de nación y raza, por entonces común en el mundo occidental, transformaba en extranjeras a aquellas personas de tradición o religión judía que habitaban en los diversos países1.
Entre los prejuicios y fobias que habían sido lugares comunes del antisemitismo europeo existía una creencia largamente arraigada en que los judíos conformaban un grupo político activo y unido a escala global por lazos que trascendían toda lealtad a los estados nacionales. Tras la derrota en la Gran Guerra y durante el desarrollo de la llamada república de Weimar fue creciendo en vastos sectores la convicción de la existencia de una conspiración judía internacional decidida a exterminar a Alemania y a los alemanes. Posteriormente, la propaganda del régimen nacionalsocialista hizo referencia en forma constante a un actor llamado comunidad judía internacional que, todopoderoso, habría sido el principal culpable de comenzar y prolongar la nueva guerra2.
El inicio de aquel conflicto bélico, la entrada en él de los Estados Unidos, y fundamentalmente la encarnizada lucha contra la Unión Soviética, con la consiguiente conquista de territorios en el este del continente, radicalizaron los acontecimientos. Una secuencia que pasó del boicot a los «negocios judíos», su exclusión de la administración pública, la proclamación de las leyes de Núremberg, las deportaciones (incluyendo la proyección de un traslado masivo a Madagascar y la creación de una reserva cerca de Lublin) y el confinamiento en los ghettos, culminó en un exterminio de millones de personas, burocráticamente organizado, tecnológicamente perfeccionado y eficazmente ejecutado.
El desarrollo de estos sucesos, que afectó directamente a quienes habitaban el suelo europeo, impactó además de diversa manera sobre un variado conjunto de germano-parlantes que, aunque residía en diversos lugares del mundo, tenía al Reich alemán como referente ineludible en términos políticos, culturales, económicos, religiosos, artísticos, intelectuales, etc. Este artículo analiza un amplio abanico de publicaciones de habla alemana de la Argentina, desde las militantemente nacionalsocialistas hasta las más virulentamente antinazis. Centra su atención en las distintas percepciones de la escalada antisemita experimentada en el Tercer Reich, las imágenes e ideas sobre el judaísmo, y las concepciones acerca de la relación entre los judíos alemanes y su tierra natal en el periodo previo a la difusión de los crímenes sistemáticos realizados durante la etapa exterminadora de la «solución final»3.
Aquel acontecimiento, percibido posteriormente como una expresión del mal absoluto, constituyó un punto de inflexión en la evolución del discurso, de las ideas y de las prácticas antisemitas que llevó a los germano-argentinos a replantearse su relación con Alemania en general y sus consideraciones sobre la «cuestión judía» en particular. Durante la década de 1930 no era evidente ni irremediable que la situación de los judíos europeos finalizara con una política de asesinatos masivos. La mirada en retrospectiva no debe impedir posicionarse en el contexto de la entre guerra, ni caer en la naturalización de que en el punto de partida de esa historia estaba inscripto su punto de llegada. La periodización elegida en este trabajo se corresponde con la etapa inmediatamente anterior a la ejecución y a la consiguiente repercusión pública de los más atroces crímenes perpetrados contra los judíos en la Europa dominada por el tercer Reich. Busca mostrar aquellos deslizamientos, coincidencias y cambiantes alineaciones entre los actores en un momento de gran fluidez, en el cual las posiciones que posteriormente aparecen como evidentes aún no se encontraban definidas.
Según los datos obtenidos en los primeros censos nacionales, en 1869 vivían 4.989 alemanes en el país; en 1895 la cifra alcanzaba los 17.143 y en 1914 se amplió a 26.9954. Sin embargo, los dos últimos relevamientos censales daban cuenta exclusivamente de los ciudadanos del Imperio Alemán y dejaban afuera no solo a los hijos de estos, sino también a inmigrantes provenientes de distintos lugares del mundo que tenían el alemán como lengua materna y que en muchos casos, y por distintos motivos, se auto-percibían como alemanes5. Además, una parte considerable de los germano-parlantes residentes en el país eran los llamados «alemanes de Rusia» (Russlanddeutsche),6 quienes, desde 1878 habían fundado alrededor de 130 pueblos, sobre todo en las provincias de Entre Ríos y Buenos Aires7. Así, hacia 1914, alrededor de 100.000 personas de habla alemana residían en el territorio nacional. A partir de entonces comenzó una importante ola inmigratoria que estuvo fundamentalmente motorizada por las reiteradas crisis políticas y económicas atravesadas por la Europa central y por las medidas inmigratorias crecientemente restrictivas implementadas por el gobierno de los Estados Unidos, país que hasta entonces conformaba el principal destino de la emigración de habla alemana8.
Desde la finalización de la Primera Guerra Mundial hasta el inicio del Tercer Reich arribaron a la Argentina entre 130.000 y 140.000 germano-parlantes procedentes tanto del continente europeo como de los Estados Unidos, Brasil y de las ex colonias alemanas. Durante el régimen nacionalsocialista hubo dos nuevos ciclos migratorios. El primero tuvo lugar en 1933, cuando comenzaron las detenciones arbitrarias y la instalación de campos de concentración. Casi todos los exiliados de esta etapa desarrollaban actividades políticas, artísticas o intelectuales, y militaban activamente en partidos férreamente opositores al nuevo gobierno. Los refugiados de la «segunda oleada» escaparon de las medidas y prescripciones de carácter «racial». El punto más alto de esta emigración se alcanzó luego de la Kristallnacht (noche de los cristales), del 9 de noviembre de 1938. Así, durante el Tercer Reich entre 40.000 y 50.000 germano-parlantes se trasladaron a la Argentina9. De este modo, hacia finales de la década de 1930 y principios de la siguiente la población de habla alemana en la Argentina puede estimarse entre las 250.000 y 300.000 personas de las más distintas extracciones políticas, sociales y religiosas10.
Esta enorme diversidad se vio reflejada en una pluralidad de publicaciones. Entre ellas, en este trabajo se presta atención a los dos principales periódicos que se destacaron por su influencia y su tirada: el Deutsche La Plata Zeitung y el Argentinisches Tageblatt. El primero fue fundado en 1863 y pasó a manos de la familia Tjarks en 1880. Estuvo estrechamente ligado al Reich bismarckiano y fue un ferviente adversario de la República de Weimar, a la que veía alejada del verdadero «espíritu alemán». Siendo el diario en idioma alemán de mayor circulación en la Argentina, a partir de 1933 se aproximó crecientemente a las posiciones nacionalsocialistas y contó entre sus redactores con algunos miembros activos de aquella agrupación política11. Los orígenes del segundo periódico se remontan al editor suizo Johann Allemann, quien fundó su primera publicación argentina en la provincia de Santa Fe con el nombre de Der Argentinische Bode. Una vez establecido en Buenos Aires editó en 1878 el Argentinisches Wochenblatt, que en 1889 se transformó en el Argentinisches Tageblatt. Durante las décadas de 1930 y 1940 su director, Ernesto Fernando Alemann —nieto de Johann—, le imprimió una decidida orientación antinazi, aún más reforzada luego de que el diario fuera boicoteado por directivas de la embajada alemana en Buenos Aires y de que su circulación fuera prohibida dentro del territorio alemán. Pese a que estas medidas le causaron una sensible caída en sus ingresos, el Argentinisches Tageblatt pudo sobrevivir e incluso aumentar de manera considerable su tirada gracias al aporte de miles de nuevos lectores provenientes de la emigración de la Alemania nacionalsocialista. El diario no solo resultó revitalizado por el aporte de nuevos lectores sino también por la renovación de su personal, pues empleó a varios periodistas y escritores de habla alemana, en su mayoría militantes políticos que encontraron refugio en la Argentina12.
También se analizan las páginas de Der Trommler. Mitteilungsblatt für die Nationalsozialistische Bewegung des Deutschen in Argentinien (El Tambor. Boletín informativo del movimiento nacionalsocialista de los alemanes de la Argentina), publicación oficial del Landesgruppe Argentinien (Grupo Territorial Argentina) de la Auslandsorganisation der National sozialistische Deutsche Arbeiterpartei (Organización Exterior del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán), que fue editada en Buenos Aires en forma bimensual entre 1934 y 194513. Entre los opositores activos al régimen de Hitler se tiene en cuenta al boletín Die Schwarze Front. Kampfblatt für Südamerika (El Frente Negro. Hoja de combate para Sudamérica), editado entre 1935 y 1936 por el movimiento del mismo nombre que era liderado desde el exilo por el nacionalsocialista disidente Otto Strasser14. Fue una de las primeras organizaciones de habla alemana de la Argentina que se opuso al régimen gobernante en Alemania. Sus integrantes se presentaban como los verdaderos nacionalsocialistas, acentuaban su condición de anticapitalistas y socialistas, y acusaban al gobierno alemán de haber traicionado el auténtico espíritu de aquella ideología15. Se considera también el importantísimo lugar ocupado por la revista Das Andere Deutschland (La otra Alemania), publicada en Buenos Aires por la agrupación homónima, entre 1938 y 1948. Fundada en la capital argentina, aquella organización estaba integrada por exiliados políticos alemanes y austriacos que habían militado en partidos opositores al nacionalsocialismo y por germano-parlantes establecidos en la Argentina16.
Entre los periódicos orientados a grupos de habla alemana específicos ocupa un papel importante el semanario supra-confesional Der Russlanddeutsche. Erstes und einziges Blatt für Deutschen aus Russland in Südamerika (El alemán de Rusia. Primer y único periódico para los alemanes provenientes de Rusia en Sudamérica), publicado entre 1929 y 1945 en la entrerriana localidad de Lucas González17. Entre las publicaciones correspondientes a las confesiones religiosas se destacan: el Argentinischer Volksfreund. Katholisches Wochenblatt für die La Plata-Staaten (Amigo del pueblo argentino. Semanario católico para los Estados del Plata), impreso desde 1895 hasta 1960 por la Congregación del Verbo Divino18, y el Evangelisches Gemeindeblatt. Halbmonatsschrift der Deutschen Evangelischen La Plata-Synode (Revista Parroquial Evangélica. Revista bimensual del Sínodo Evangélico Alemán del Río de la Plata), dependiente de la Iglesia Evangélica Alemana19. También ocupa un lugar destacado el Jüdische Wochenschau, conocido en castellano como Semanario Israelita y establecido en Buenos Aires en abril de 194020. Autoproclamado el vocero de los judíos de habla alemana, se fijó el objetivo de remediar lo que consideraba un déficit de información de la prensa diaria argentina en lo atinente a la «temática judía». Además de ocuparse del aspecto religioso, se proponía trabajar en favor del mantenimiento del patrimonio cultural de la Judentum (judeidad o judaísmo)21.
La situación atravesada por la población judía de Alemania ocupó tempranamente la atención del Argentinisches Tageblatt. A poco más de un mes de la proclamación de Hitler como canciller del Reich el periódico ya había advertido reiteradamente sobre el peligro corrido por aquella22. Esta postura se intensificó luego de que el 7 de abril de 1933 se promulgara la Gesetz zur Wiederherstellung des Berufsbeamtentums (Ley sobre la Restauración de la Administración Publica), que posibilitaba la expulsión de las diversas agencias estatales tanto de los funcionarios y empleados «no arios» como de aquellos «políticamente poco confiables»23.
Desde entonces, el Argentinisches Tageblatt denunció la «total privación de derechos de los judíos alemanes», presentó numerosos informes acerca de la violencia cotidiana ejercida contra ellos en el Tercer Reich, y alertó sobre las deplorables condiciones de vida imperantes en los campos de detención24. Una nota describía muy gráficamente la rutina de las instalaciones concentracionarias: «Todas las mañanas los camaradas se desmoronaban echando espuma por la boca, venían los hombres de la SA y les pisaban los genitales, los golpeaban en la nariz y las orejas». Según la declaración oficial del gobierno alemán, manifestaba el informe, el campo de concentración servía para educar en la cosmovisión nacionalsocialista a los «compañeros del pueblo» (Volksgenossen) desviados. Sin embargo, continuaba, en realidad «a través de la tortura y los asesinatos» se educaba en un odio profundo que no solo se dirigía «contra aquellos que están en el campo, sino también contra los millones que, en el país, están al tanto de los métodos allí practicados»25.
La fuerte oposición al nacionalsocialismo y las constantes denuncias de los apremios sufridos por la población judía de Alemania provocaron que el Argentinisches Tageblatt fuera catalogado por una parte importante de los germano-parlantes locales —y no solo por los simpatizantes del régimen gobernante en Alemania- como un «órgano bolchevique» o un «diario judío»—26. Autodefinido como un «periódico de combate», en su radicalización contra el nacionalsocialismo influyó seguramente también su disputa por captar la atención del mercado de lectores de habla alemana, notablemente incrementado por la reciente inmigración. En este sentido, el Argentinisches Tageblatt se presentó como el gran antagonista del Deutsche La Plata Zeitung, al que asoció frecuentemente con el nacionalsocialismo27. En una nota titulada «Expresiones antisemitas de un editor argentino» el diario de los Alemann reprodujo las declaraciones supuestamente formuladas por Hermann Tjarks a un medio alemán. En ellas, el director de su principal competidor (que efectivamente contaba con el sostén económico del gobierno alemán)28. había expresado la «imposibilidad de asimilar a los judíos», a quienes «no combatía por una cuestión racial, sino debido a una fuerte convicción ideológica» porque los consideraba «enemigos del estado» que promovían los movimientos más radicalizados, entre ellos, y «en primer lugar, al comunismo». El mismo informe contrastaba la posición del Argentinisches Tageblatt con la asumida por Tjarks, quien habría resaltado «el trato humanitario que recibían los prisioneros internados en los campos de concentración», algo que, señalaba, «no tenía correlación en ningún otro país del mundo»29.
Más allá de las claras intenciones propagandísticas del Argentinisches Tageblatt, que perseguía el fin de desacreditar a su competidor a los ojos de los lectores de «sensibilidad antifascista», aquel argumento fue muchas veces repetido en las páginas del Deutsche La Plata Zeitung, que se esforzó por desmentir las descripciones negativas de los campos de concentración. Así, tras su visita a Dachau, el germano-argentino Hubert Frommholdt informaba en aquel periódico que «las paredes del comedor habían sido decoradas por un detenido comunista bávaro con unos murales preciosos». En «su tiempo libre», continuaba, los reclusos «cuentan con un aparato de radio conectado a una emisora local» y «se dedican en amplios espacios a jugar al Skat (un juego de cartas), al ajedrez o a escribir cartas». Los lectores del periódico podían enterarse además de que «la ropa de los prisioneros es la adecuada para la época del año» y que «los almuerzos y las cenas consisten en platos calientes de carne y verdura preparados en la misma cocina de la que comen los guardias.» El informe hacía referencia también a su excelente estado de salud, «tan bueno que en este momento el hospital de campaña solo tiene 5 enfermos de un total de cerca de 23.300 hombres», lo que era atribuido a «la estancia al aire libre en la saludable ubicación en la que se encuentra situado el campo»30.
Las noticias sobre las diversas medidas antisemitas tomadas en el Reich, así como las denuncias sobre las desastrosas condiciones imperantes en los campos de concentración fueron percibidas en la mayoría de la prensa en lengua alemana como parte de una descomunal «propaganda difamatoria» (Greuelpropaganda) y una «campaña de odio» (Hetzkampagne) conducida por los enemigos de Alemania31. «Un poderoso compromiso de lealtad de la Alemanidad en el Río de la Plata» fue el título con el cual La Plata Post32, el semanario del Deutsche La Plata Zeitung, dio cuenta del discurso pronunciado por el Auslandskommissars der AO para Sudamérica, el 5 de abril de 1933 en el teatro Coliseo de la ciudad de Buenos Aires33. La concientización y posterior condena de la «propaganda judía» había sido una de las principales temáticas abordadas en aquel encuentro al que concurrieron entre 2.500 y 3.000 personas34. Por su parte, la revista oficial del partido nacionalsocialista de la Argentina indicaba que todos los alemanes en el exterior tenían la obligación de oponerse a aquellas «mentiras judías través de conversaciones esclarecedoras con los habitantes de los países de acogida»35.
Con la excepción del Argentinisches Tageblatt, ninguna publicación de habla alemana de la Argentina tuvo en sus inicios una clara posición contra el Tercer Reich36. De hecho, muchos artículos compartían con los nacionalsocialistas no solo los sentimientos anticomunistas, sino también las inclinaciones de índole extremadamente nacionalistas e incluso muchas veces antijudías. El Argentinischer Volksfreund señalaba que «muchos judíos alienados de Dios» ejercían una influencia sumamente perjudicial «en las diversas esferas de la vida moderna». Para este semanario católico los «principios materialistas de la sociedad liberal», con su «abominable espíritu internacional», eran los responsables de las grandes convulsiones provocadas en los ámbitos de la economía, la política y la cultura. La ruptura de aquella «nefasta influencia del judaísmo» no solo conformaba un derecho legítimo, sino un «estricto deber de conciencia de todo cristiano convencido». El periódico apelaba además a sus lectores a no permanecer indiferentes ante el «verdadero crimen», cuestionando el silencio del mundo occidental «ante las atrocidades cometidas contra los cristianos en México, Rusia y España»37. En las páginas del Evangelisches Gemeindeblatt se expresaba no solo un enfoque positivo del Tercer Reich, sino también una profusa difusión de los objetivos centrales de la ideología nacionalsocialista. Esta publicación denunciaba la falsedad de los informes sobre los diversos abusos y asesinatos cometidos contra los judíos alemanes. La principal responsabilidad en aquella empresa, que equiparaba a la «infame campaña antialemana impulsada durante la guerra», era adjudicada al accionar de «ciertos círculos judíos residentes en el extranjero, especialmente en los Estados Unidos». Semejantes calumnias, indicaba, «chocaban contra la defensa unánime de la alemanidad dentro y fuera del país»38.
Durante el séptimo congreso anual del partido nacionalsocialista, celebrado el 15 de septiembre de 1935, se promulgaron las llamadas «leyes de Núremberg», un conjunto de medidas y prescripciones de carácter «racial» que transformaron a los judíos alemanes en ciudadanos de segunda clase e iniciaron su exclusión legal de la vida económica, política y social alemana39.
Der Trommler interpretó que aquella legislación estaba compuesta de un conjunto de medidas necesarias para defenderse de la influencia todopoderosa del judaísmo. Esta publicación ya había informado sobre diversas condenas a prisión otorgadas a judíos por «crímenes cometidos contra niños», «trata de mujeres con fines de explotación sexual» y «deshonra racial» (Rassenschande)40. En una carta de lectores, un «camarada del pueblo» (Volksgenosse) reconocía que en un comienzo habían ocurrido «desaciertos» e «incluso excesos» —aunque aislados— contra los judíos. Sin embargo, estos hechos, producto del «sentimiento popular», habrían cesado «gracias a la intervención del gobierno alemán». Por ese motivo, y gracias a «un antisemitismo dirigido por caminos legales, en ninguna parte pueden sentirse hoy los judíos más seguros que con nosotros en Alemania»41. No obstante, la publicación oficial del partido nacionalsocialista dejaba en claro la imposibilidad de incorporarlos a la nación alemana, indicando que aunque los judíos «nos quieren hacer creer que por la acción del medio ambiente se han convertido en “buenos alemanes”», aquella «asimilación» resultaba imposible por «motivos raciales», dado que «las leyes de la herencia» muestran que «así como los idiotas y los criminales no pueden transformarse en niños modelos, tampoco un judío puede convertirse en un alemán»42.
Hasta 1933 en las páginas de Der Russlanddeutsche ocupó un lugar central la escalada de violencia llevada cabo por el régimen soviético, que incluyó la expropiación, detención, expulsión y en muchos casos el asesinato de numerosos alemanes de la región del Volga. Otro de los temas recurrentes del semanario era el empobrecimiento de los colonos arrendatarios del sur de la provincia de Buenos Aires y del territorio de La Pampa. Desde la llegada al poder del nacionalsocialismo (saludada con entusiasmo por Der Russlanddeutsche) tomaron un mayor protagonismo los sucesos políticos del Tercer Reich, en particular las diversas iniciativas tomadas por el nuevo gobierno para auxiliar a la población alemana de la Unión Soviética43. También tuvieron más presencia las actividades organizadas por las instituciones de la comunidad de habla alemana de la Argentina, incluidas las organizaciones de base del partido nacionalsocialista.
Las tradicionales condenas al «bolcheviquismo» y a su política frente a los alemanes de Rusia fueron tomando un cariz crecientemente orientado hacia la ideología nacionalsocialista. Así, el comunismo comenzó a definirse como «un producto de los intelectuales judíos desarraigados»44. Asimismo, las abusivas condiciones que los terratenientes imponían a los arrendatarios dejaron de analizarse desde una perspectiva meramente clasista para pasar a ser entendidas además en clave racial45. Bajo esta mirada, la referencia principal para interpretar aquel conflicto fue la oposición entre la comunidad campesina germana y los comerciantes e intermediarios hebreos. Por este motivo se llamaba al establecimiento de una federación que comprendiera a todos los «compatriotas alemanes» para luchar por «nuestra independencia del capital de los judíos»46.
Der Russlanddeutsche conminaba a sus lectores a «evitar a los judíos en la vida cotidiana», señalando que «el deber de todo alemán» era «no comprar nada» ni mantener «ningún tipo de contacto» con «esta clase de gente»47. Además, exhortaba a exponer públicamente a quienes continuaran haciéndolo, una posición semejante a la de Der Trommler, que señalaba que el apoyo a los judíos era un claro signo de «traición a la patria»48. El semanario dirigido por el pastor Riffel explicitaba: «no existen los buenos judíos: ellos son nuestros explotadores y nuestros Volksvernichter! (aniquiladores)»49. Hitler era percibido por Der Russlanddeutsche como un salvador que había «rescatado al pueblo alemán de las garras del judaísmo internacional»50. Sin él, «los judíos habrían hecho con nosotros lo mismo que con nuestros hermanos de sangre en Rusia»51.
Por su parte, el Argentinischer Volksfreund apelaba a la imagen de los judíos como asesinos de Cristo e indicaba que ellos «estaban detrás del anticlericalismo y de la persecución a los sacerdotes en la Unión Soviética», motivos por los cuales justificaba la «legislación judía» del gobierno alemán52. Sin embargo, y a diferencia de lo acontecido con Der Russlanddeutsche, hacia fines de 1936 el Argentinischer Volksfreund comenzó a cuestionar algunos aspectos de las políticas raciales del nacionalsocialismo y consideró la imposibilidad de su difusión sistemática en la Argentina, debido a las «inherentes y diversas tendencias raciales, religiosas y sociales» del país. Advertía el periódico que un intento de manifestarse en sentido opuesto «sería perjudicial y divisivo»53. Desde mediados de 1937 en las páginas del Argentinischer Volksfreund comenzaron a publicarse con cierta frecuencia diversos artículos que condenaban a la persecución racial como anticristiana54.
Para ese entonces, también Die Schwarze Front, perteneciente a la homónima organización nacionalsocialista disidente, ya se había pronunciado contra la «política judía» establecida en el Tercer Reich. El mismo día de la promulgación de las llamadas «leyes de Núremberg», Otto Strasser publicó en el periódico praguense Die Deutsche Revolution una nota titulada «¡Suficiente! Una palabra sobre la cuestión judía», que fue reproducida meses más tarde en el porteño Die Schwarze Front55. En ella explicitó su «horror ante el trato» sufrido por los judíos y rechazó enfáticamente «el contenido y los métodos del antisemitismo hitlerista». Mientras que «el racismo es una doctrina imperialista dominada por la supuesta superioridad de una raza sobre las otras», señalaba Strasser, «la idea völkisch», de la cual se sentía su más fiel exponente, «es una teoría por cierto nacional, pero pacifista, que reconoce expresamente la igualdad de derechos de todos los pueblos»56. Para apoyar esta postura Strasser recurrió a su admirado Theodor Herzl, a quien definía como «el gran profeta de la idea völkisch, sobre la cual había construido un activo movimiento político» al que expresaba «su total solidaridad». Nosotros, indicaba Strasser, «nos sentimos emparentados con el sentimiento de la nación judía y seguimos con el más grande interés y los mejores deseos la heroica lucha por la creación de un hogar nacional judío, de cuya feliz solución depende una mejora sustancial de la parte política de la llamada cuestión judía»57.
Sin embargo, el líder del Frente Negro consideraba que, aunque ideal, aquella era una «solución imposible por el momento», no solo por razones geopolíticas sino fundamentalmente porque «una parte significativa del judaísmo» no estaba comprometida con el sionismo. Por este motivo, planteaba como meta caracterizar a los judíos como una minoría nacional con un estatus minoritario jurídicamente protegido. Si bien afirmaba que deberían tener los mismos derechos que los demás ciudadanos, proponía el establecimiento de un cupo que limitara la posición monopólica de los judíos en ciertas actividades u oficios, porque creía (como muchos otros) en la existencia de una marcada desproporción entre su pequeño número «real» y el importante lugar que ocupaban en sectores claves de la sociedad58.
El 7 de noviembre de 1938 el joven Herschel Grynszpan se presentó en la embajada del Reich en París para protestar por la deportación de miles de judíos del este de Alemania hacia la frontera polaca. Allí disparó reiteradas veces al secretario de aquella legación, Ernst Eduard vom Rath, quien murió dos días más tarde. Este acontecimiento tuvo un papel importante en el desencadenamiento de los brutales pogromos que tuvieron lugar durante la Reichskristallnacht (Noche de los cristales rotos) de la noche del 9 al 10 de noviembre59. Tanto Der Russlanddeutsche, como el La Plata Post y el Evangelisches Gemeindeblatt publicaron numerosos artículos referidos al asesinato de vom Rath60. Las fuertes persecuciones a los judíos de la denominada «noche de los cristales rotos» fueron presentadas por diversas publicaciones como lógicas medidas defensivas que demostraban «la indignación y la repugnancia» reinante entre vastos sectores del pueblo alemán. La revista Der Trommler informó que, «después de unas horas», el gobierno había prohibido las «protestas de la población contra los judíos» que, señalaba, «dicho sea de paso, causaron daños materiales». Si bien reconocía la dureza de los sucesos, resaltaba con mayor ahínco que aquellos no justificaban de modo alguno las «fuertes calumnias» formuladas con «odio furioso» sobre todo por la prensa norteamericana contra Alemania61.
La recepción de la «noche de los cristales rotos» resultó más matizada en la prensa antinazi militante, como puede observarse en las páginas de Das Andere Deutschland. A pesar de los entrecruzamientos personales en sus respectivas redacciones, el Argentinisches Tageblatt y Das Andere Deutschland no siempre valoraron los acontecimientos políticos y sociales europeos de manera similar. Esto se notó claramente en el caso del antisemitismo nacionalsocialista, cuya primera referencia en la publicación dirigida por el experimentado político socialista alemán August Siemsen, estuvo impulsada por la Kristallnacht62. En un artículo titulado «Nuestra toma de posición ante los pogromos nazis», Das Andere Deutschland condenó abiertamente las violentas acciones cometidas contra los judíos. Sin embargo, indicó con mayor énfasis que aquellos no eran los únicos perseguidos en Alemania y subrayó los «aún más terribles vejámenes» que debían «soportar los enemigos políticos de los nazis»63. El boletín antinazi consideraba que en los análisis de la prensa internacional existía una sobrevaloración del antisemitismo en desmedro de las actividades realizadas por la resistencia alemana y lamentaban la escasa información que poseía la opinión pública mundial sobre las acciones llevadas a cabo por la oposición a Hitler64. Asimismo, muchos de los integrantes más activos de Das Andere Deutschland se percibían como parte de una emigración política que continuaba su lucha contra Hitler en el exilio, y se diferenciaban de los judíos alemanes que habían sido perseguidos por motivos «raciales», a quienes veían como «apolíticos».
Aquella postura provocó un fuerte rechazo del Jüdische Wochenschau, que desde sus páginas incitaba a los judíos germano-parlantes a «volver a sus orígenes», «retorno» que presentaba distintas formas. Así, mientras que algunos artículos propugnaban una rápida integración a la nueva patria argentina, otros compartían la posición adoptada por sus directores, para quienes la «cuestión judía» podría ser solucionada solamente con la creación de un estado judío estable. Esta última es la que terminaría por prevalecer65. Desde sus comienzos el Jüdische Wochenschau criticó a la agrupación Das Andere Deutschland por la distinción que realizaba entre los exiliados políticos activamente comprometidos y los apolíticos emigrantes judíos. Para el semanario esta separación ignoraba las verdaderas diferencias entre aquellos que dejaron su patria por cuestiones políticas y quienes fueron perseguidos por motivos raciales. En este sentido, subrayaba sus discrepancias con Das Andere Deutschland al señalar que como «quien ha sido atacado no fue el alemán, sino el judío», debía revalorarse «este segundo aspecto, demasiado descuidado», y manifestaba que solamente «el regreso al espíritu judío y a la actitud judía [permitiría] superar la fractura que fue causada a nuestra vida»66. Das Andere Deutschland respondió condenando en forma violenta aquello que percibía como una postura de rechazo a Alemania por parte de un sector importante de los judíos germano-parlantes. La agrupación afirmaba que los inmigrantes judíos padecían una «ceguera suicida» al considerar que su distanciamiento de una militancia política activa les aseguraría estar a salvo de las intimidaciones nacionalsocialistas, y que esa actitud no hacía más que allanarle el camino a los partidarios de Hitler67.
Otto Strasser abandonó su exilio praguense poco antes de la llegada del ejército alemán. Luego de una larga travesía por diversos países europeos, y gracias a la intermediación de las autoridades británicas, logró establecerse en Montreal68. Desde allí reanudó algunos contactos con parte de sus seguidores y estableció, el 30 de enero de 1941, el Frei-Deutschland Bewegung (Movimiento Alemania Libre)69. Su manifiesto fundacional expresaba la voluntad de liberar a Alemania del «terror pardo» de Hitler, definido como «una mezcla peligrosa de imperialismo prusiano y demagogia moderna de masas», y explicitaba, además, la intención de reunir «a todas las fuerzas cristianas, democráticas y liberales del mundo para luchar contra el totalitarismo y la dictadura, tanto en el interior como en el exterior»70. Aunque el Frei-Deutschland-Bewegung estaba conformado por algunos de los integrantes del Schwarze Front, en su seno reunió a un conjunto heterogéneo de personas de muy diversa procedencia que incluía a militantes de variadas tendencias políticas71. Sin embargo, en su amplia convocatoria a conformar un movimiento de oposición al gobierno alemán el Frei-Deutschland-Bewegung excluyó desde un inicio a dos grupos de alemanes: los comunistas, con los cuales consideraba imposible colaborar por «motivos fundamentales», y los judíos que, según indicaba, no habían emigrado por motivos políticos, sino «personales y económicos»72.
Esta postura fue adoptada por Bruno Fricke, representante en Buenos Aires de Alemania Libre, cuando expresó su convicción de que «el 99% de los señores judíos... habrían permanecido tranquilamente en el Reich bajo Hitler si el párrafo antisemita no se hubiera aplicado tan rigurosamente...»73. Podría atribuirse esta posición a la militancia previa de Fricke en el movimiento de los Freikorps y en las filas de la SA, organizaciones impregnadas por un profundo antisemitismo. Sin embargo, esta caracterización era compartida por muchos exiliados antinazis identificados con la izquierda política alemana, quienes no obstante militaron conjuntamente con asociaciones judías dentro del vasto campo antifascista74. Como se ha señalado más arriba, desde Das Andere Deutschland no solo se tendía a resaltar el hecho de que los judíos sufrían lo que muchos militantes políticos habían padecido antes durante años de persecución, sino que también se acusaba a los primeros de mantener una actitud pasiva frente al régimen imperante en Alemania. Este supuesto «apoliticismo» —que, sin embargo, en muchos casos podría interpretarse como una activa intervención política en favor de la conformación de una identidad étnico-nacional judía— sería muy cuestionado por los exiliados «políticos» quienes se sentían separados por motivos ideológicos de aquella emigración judía «racial» que, a pesar del exilio, no habría adoptado una posición militante antinazi.
Las publicaciones que no se oponían abiertamente al régimen nacionalsocialista señalaban que, pese a los denodados esfuerzos realizados por Hitler para evitarlo, el inicio de la nueva guerra europea había sido el resultado de diversas maniobras motorizadas a tal fin por los enemigos del Reich75. Siguiendo esta línea, Der Russlanddeutsche expresaba abiertamente que la principal responsabilidad en el desencadenamiento de aquella confrontación recaía en «el judaísmo mundial». Por su parte Der Trommler caracterizaba a los judíos como «los verdaderos criminales de guerra»76. Durante los primeros años del conflicto bélico la publicación oficial del nacionalsocialismo de la Argentina consideraba a Inglaterra como el «bastión de la influencia judía en Europa». En este sentido, indicaba que «desde que Disraeli había sido designado como Primer Ministro, los judíos habían alcanzado posiciones de autoridad en la vida pública británica y hoy no solo dominan las finanzas sino también desde hace tiempo la política en general». Desde la isla, señalaba, los judíos habían «extendido sus tentáculos a todas partes del imperio», abarcando desde «Sydney hasta ciudad del Cabo»77.
El pacto de no agresión germano-soviético que firmaron el 23 de agosto de 1939 en la ciudad de Moscú los ministros de Asuntos Exteriores Joachim von Ribbentrop y Vyacheslav Molotov provocó sorpresas y desencadenó, en distintos lugares del mundo, las reacciones más diversas entre los desorientados simpatizantes nacionalsocialistas y comunistas. Las interpretaciones de aquel tratado abarcaron un amplio abanico que se extendía desde aquellos que lo entendían desde la perspectiva de la Realpolitik hasta quienes lo percibieron como una vergonzosa traición a una lucha por naturaleza inflexible (sea esta «nacionalsocialista» o «antifascista»). En ese contexto, las publicaciones afines al gobierno imperante en Alemania moderaron sus ataques contra el régimen de Stalin al tiempo que descargaron toda su furia contra el imperialismo inglés. Así, Der Trommler definía a Inglaterra como «el brazo más extenso del judaísmo» y a sus tropas como «la protección judía en el mundo entero»78.
No obstante, a partir de junio de 1941, cuando Alemania invadió a la Unión Soviética, recomenzaron con mayor firmeza los ataques contra el «bolcheviquismo judío». Del mismo modo que sucediera con las publicaciones editadas en Alemania, el blanco principal de Der Trommler cambió nuevamente, tras la entrada de los Estados Unidos en la guerra, luego del ataque a Pearl Harbor. La creciente paranoia antisemita de algunos dirigentes nacionalsocialistas, entre ellos Joseph Goebbels y Alfred Rosenberg, los llevó a la convicción de que en aquel país existía un gobierno judío paralelo al oficial79. Desde fines de 1941 la propaganda del régimen, que había caracterizado a Stalin como un «asesino de masas bolchevique» y a Churchill como el «sepulturero del imperio», puso la mayor responsabilidad en el desarrollo de la guerra en Roosevelt (muchas veces llamado Rosenfeld), quien fue acusado de querer expandir el conflicto debido a problemas domésticos y para alcanzar la dominación mundial y permitir que los judíos exterminaran a Alemania80. A partir de entonces, además de al «bolchevismo judío» y al afán de conquista británico, Der Trommler condenaría también al «imperialismo yanquee», igualmente motorizado por el judaísmo internacional.
Las primeras noticias sobre los malos tratos recibidos por la población judía del Reich fueron interpretadas por diversas publicaciones de lengua alemana como parte de una campaña de difamación de las agencias de prensa internacionales —que percibían en su mayoría en «manos judías»— contra el gobierno de la «nueva Alemania» con el objetivo de impedir el resurgimiento de la misma. En este sentido, veían una continuación de las denuncias que consideraban falsas acerca de las crueldades cometidas por los alemanes contra la población civil de los países ocupados durante la Primera Guerra Mundial.
Este discurso fue recibido casi naturalmente por una parte importante de los germano-parlantes residentes en la Argentina. Una gran cantidad de ellos estaba conformada por los «alemanes de Rusia» quienes, hasta la asunción de Hitler, no habían sido considerados como «pares» por los miembros de la comunidad alemana asentada en el país. Paradójicamente, la ideología nacionalsocialista, que presentó una de las concepciones de la nacionalidad más claramente esencialistas y por ende excluyentes, incorporó a aquellas personas a la nación racial alemana. Por ese motivo, a partir de 1933, quienes en el mejor de los casos habían permanecido ignorados por el grueso de la «alemanidad» oficial fueron incorporados a ella y aceptaron gustosamente pasar a formar parte de la «raza alemana superior». La prédica anti comunista de los nacionalsocialistas coincidía con el sentimiento de amplios sectores de los «alemanes de Rusia», quienes percibían al régimen soviético como opresor de sus connacionales. En este sentido, muchos comenzaron a depositar sus esperanzas en que la nueva Alemania podría transformarse en la patria que los llevara a una posible liberación del «infierno bolchevique». Además, también resultó atractivo el componente socialista del discurso del nacionalsocialismo (una característica aún más marcada en el grupo regional argentino), con su crítica al capitalismo y al afán de lucro de los terratenientes, a los que fácilmente se los asimiló con los judíos.
La concepción de una humanidad dividida racialmente y la progresiva homologación entre las nociones de nación y raza, ampliamente extendida en el pensamiento occidental -y especialmente en el ámbito germano-parlante- había convertido en extranjeras a aquellas personas de tradición o religión judía. Como se ha visto, esta fue la postura asumida por Der Trommler, publicación que recurría a «las leyes de la herencia» para justificar la imposibilidad de incorporar a los judíos a la nación alemana. Así, el traspaso de la «cuestión judía» al ámbito biológico permitió que las peculiaridades económicas y sociales de algunos integrantes de ese grupo dejaran de analizarse desde la causalidad histórica y pasaran a concebirse como cualidades propias de su naturaleza. La concepción del judío como apátrida, extranjero y partícipe de una invasión se sumaba a su identificación con el burgués-capitalista81. No obstante, dentro del campo de quienes no combatían activamente al régimen de Hitler, el paso de un antijudaísmo de base religiosa tradicional a un antisemitismo sustentado en cuestiones raciales no fue generalizado. Esto puede apreciarse en las páginas del Argentinischer Volksfreund, periódico que a medida que se fue radicalizando la posición del gobierno alemán frente a los judíos comenzó condenar a la persecución racial como anticristiana.
Curiosamente, mientras los partidarios de Otto Strasser se identificaron como los «auténticos nacionalsocialistas», militando exclusivamente dentro del Frente Negro, su discurso referido a la cuestión judía fue más tolerante que cuando conformaron una unión más amplia que contemplaba otras voces, en el ámbito de Alemania Libre. En este sentido, el Frente Negro proponía a la emigración masiva hacia un estado propio como la solución ideal a la denominada «cuestión judía». En su defecto, era aceptada la permanencia en Alemania de los judíos como integrantes de una «minoría nacional» o su incorporación a la nación, mediante la «asimilación». Por el contrario, en el movimiento Alemania Libre no se aceptaban integrantes judíos. Aunque Strasser nunca enfatizó una posición antisemita, es posible que la discrepancia existente entre el discurso de quien en el exilio se presentara como el defensor del «espíritu original» del nacionalsocialismo y las versiones más puramente völkisch obedecieran no solamente a sus convicciones, sino también a posibles cálculos acerca de los potenciales efectos de sus palabras sobre una opinión pública cada vez más sensibilizada por las crecientes noticias acerca de las atrocidades sufridas por la población judía europea.
A diferencia de los principales dirigentes del partido nacionalsocialista, cuyas posturas eran reflejadas en las páginas de Der Trommler y Der Russlanddeutsche y para quienes el antisemitismo ofrecía el marco explicativo de la historia mundial, el antijudaísmo de Alemania Libre no descansaba en una concepción político-racial sino en una perspectiva económica bastante difundida que asimilaba a los judíos con los males del capitalismo. Esta caracterización era compartida por un amplio espectro de la militancia antinazi. Así, los integrantes del «ala izquierda» de Das Andere Deutschland no solo resaltaban que los judíos sufrían lo que muchos obreros y militantes políticos habían experimentado previamente en mayor escala, sino que también los acusaban de mantener una actitud pasiva frente a Hitler. Condenaban el supuesto «apoliticismo» de los judíos alemanes, a los que consideraban «salidos de la burguesía», y que a pesar de la persecución y el exilio, no habrían adquirido una conciencia política. Además de equiparar el compromiso político con la militancia antihitlerista (fuera esta de «izquierda» o «socialista nacional»), esta concepción identificaba a un grupo de personas que eran percibidas como una nación (o una raza) y una clase social. La asociación entre judío y burgués capitalista era compartida por militantes de las más diversas trayectorias políticas e ideológicas. Aquella homologación, que era parte del «sentido común» europeo occidental, no era extraña desde luego a muchos de los partidarios de las distintas vertientes del socialismo (tanto los «internacionalistas» como los «nacionales») desde el momento mismo de su surgimiento. En este sentido, un fuerte antijudaísmo económico, heredero de un tradicional prejuicio cristiano, estuvo presente en diversos grados de virulencia en los más importantes teóricos tempranos del socialismo82. Debe destacarse además que, a pesar de que en la propaganda del Tercer Reich los judíos aparecían asociados al bolcheviquismo, el anticapitalismo —y su explícita asociación con el antisemitismo— fue uno de los postulados de la primera etapa del nacionalsocialismo que perduró también durante el régimen, tal como se percibe, entre otros, en los artículos de Der Trommler y Der Russlanddeutsche.
Cuando esta última publicación indicaba a sus lectores que los judíos habían «socavado la moral y las buenas costumbres de la juventud de origen alemán», entre otras formas, «sometiendo a las muchachas que trabajaban para ellos como empleadas domésticas, brindaba un claro ejemplo de la identificación entre judaísmo y burguesía»83. Pero este no sería el único. Un artículo publicado a inicios de 1943 en Das Andere Deutschland resaltaba la fuerte oposición mostrada por «los buenos elementos del pueblo alemán» a la agitación contra los judíos emprendida por los nacionalsocialistas, e indicaba que: «el trabajador prefiere comprarle a un comerciante judío cuya mercadería conoce, los enfermos prefieren tratarse con un médico judío, las empleadas domésticas prefieren trabajar con judíos donde siempre encuentran un trato humano y la masa del pueblo alemán no quiso ni entendió la expulsión de los judíos alemanes»84. La correspondencia entre ocupaciones y personas identificadas con el judaísmo se debe sin dudas a que un número considerable de judíos pertenecía a los sectores «acomodados» de la sociedad alemana y ejercía diversas profesiones liberales. Sin embargo, debe destacarse también la fuerza del mito —que traspasaba cualquier identificación ideológica— y del prejuicio que señalaban a los judíos como representantes de la burguesía comercial y financiera (además de la corrompida democracia parlamentaria y su «nefasta consecuencia»: el marxismo). La trascendencia ideológica y política de ese prejuicio resulta aún más evidente si se tiene en cuenta que la cita de Das Andere Deutschland fue extractada de un artículo de mayo de 1941 del periódico Jüdische Wochenschau, con el objetivo de demostrar el viraje de este semanario que, en apenas año y medio, había pasado de diferenciar claramente a los nacionalsocialistas del conjunto del pueblo alemán a rechazar a este último en su totalidad85. Existía un consenso casi generalizado que consideraba que los judíos estaban sobre-representados en ciertas actividades u oficios que ocupaban sectores claves de la sociedad. Aquella desproporción era analizada recurriendo a los más diversos argumentos. Así, para los antisemitas más radicalizados, entre ellos los nacionalsocialistas, los progresos económicos y sociales logrados por los judíos se debían a una potente y exitosa conspiración universal, en tanto que desde la óptica de muchos filo-semitas, aquellos obedecían a indudables capacidades personales que descansaban, muchas veces, en dudosas o ambiguas justificaciones de su superioridad colectiva.
Estas variadas posiciones acerca de la suerte corrida por la población judía en el Tercer Reich se vieron reflejadas en las páginas de las diferentes publicaciones en idioma alemán editadas en la Argentina antes del proceso de radicalización que llevaría al exterminio sistemático de millones de personas. En este momento de gran fluidez, en el cual el antisemitismo no ocupaba el centro de la escena de las interpretaciones del régimen nacionalsocialista se encuentra una diversidad de puntos de vista que no tienen lugar posteriormente cuando la «solución final» tomó la dimensión del símbolo del mal absoluto.
1 Georges L. Mosse: Toward the «Final Solution». A History of European Racism, Wisconsin, University of Wisconsin Press, 1985; Hermann Greive: Geschichte des modernen Antisemitismus in Deutschland, Darmstadt, Wissenschaftliche Buchgesellschaft Darmstadt, 1983; León Poliakov: Historia del antisemitismo, t. IV, La emancipación y la reacción racista, Buenos Aires, Raíces, 1989, pp. 162-231, y Enzo Traverso: The Jews and Germany. From the «Judeo-German Simbiosis» to the Memory of Auschwitz, Nebraska, Lincon University of Nebraska Press, 1995.
2 Jeffrey Herf: The Jewish Enemy. Nazi Propaganda during World War II and the Holocaust, Cambridge, Harvard University Press, 2006.
3 En otros trabajos he desarrollado también las repercusiones del asesinato en masa de los judíos entre los alemanes antihitleristas de la Argentina y sus diversas posturas ante la difusión de aquellos acontecimientos. Véanse Germán Friedmann: «Alemanes antihitleristas y antisemitismo», Hispania Nova. Revista electrónica de Historia Contemporánea, 14 (2016), pp. 87-111, e íd.: «Nacionalsocialistas antihitleristas y cuestión judía. Los casos de Die Schwarze Front y Frei-Deutschland Bewegung en la Argentina», Anuario IEHS, 31 (2016), pp. 15-36, e íd.: Alemanes antinazis en la Argentina, Buenos Aires, Siglo XXI, 2010, pp. 145 y ss. Sobre la recepción del régimen de Hitler en la prensa masiva de la Argentina véase María I. Tato y Luis A. Romero: «La prensa periódica y el régimen nazi», en Ignacio Klich (ed.): Sobre nazis y nazismo en la Argentina, Gaithersburg, Hispamérica, 2002, y Gustavo Efron y Darío Brenman: «Der Nationalsozialismus in der argentinischen Presse in der Zeit von 1933 bis 1945», en Holger Meding y Georg Ismar (coords.): Argentinien und das Dritte Reich. Medile und reale Präsenz, Ideologietransfer, Folgewirkungen, Berlín, Wvb, 2008, pp. 25-38.
4 Sobre la colectividad alemana de fines del siglo xix y principios del xx véase Ronald C. Newton: German Buenos Aires, 1900-1933. Social Change and Cultural Crisis, Texas, University of Texas, 1977.
5 Sobre las estadísticas migratorias de los germano-parlantes arribados a la Argentina véase Alicia Bernasconi: «La inmigración de habla alemana en la Argentina. Aproximación a partir de las listas de desembarco», Estudios Migratorios Latinoamericanos, 25, 70 (2011), pp. 5-22.
6 La expresión «alemanes de Rusia» comprende tanto al grupo mayoritario de los «alemanes del Volga» como a los alemanes del Mar Negro (Schwarzmerrdeutsche), del sur de Rusia (Südrussländer), de Siberia (Siberier), de Volinia (Wohlynier) —hoy Polonia— y de Besarabia (Bessarabier), en el actual territorio rumano.
7 Sobre los alemanes de Rusia véase Daniel Beros: En búsqueda de patria. El lenguaje de la fe de los alemanes de Rusia evangélicos en la Argentina, Buenos Aires, 2011, y Yolanda Haydée Hipperdingen: «Las colonias alemanas del Volga de Coronel Suárez: mantenimiento lingüístico», Estudios Migratorios Latinoamericanos, 5, 15-16 (1990), pp. 407-424.
8 Sobre la inmigración alemana a Estados Unidos véase I. A. Glazier, Robert J. Kleiner y B. Okeke: «Migración desde Europa: Alemania 1852-1885», Estudios Migratorios Latinoamericanos, 11, 34 (1996), pp. 425-477.
9 Wolfgang Benz: Der Deutsche Widerstand gegen Hitler, Múnich, C. H. Beck, 2014; Claus-Dieter Krohn et al. (eds.): Handbuch der deutschsprachigen Emigration, 1933- 1945, Darmstadt, Primus, 1998, p. 1, y Patrick Von Zur Mühlen: Fluchtziel Lateinamerika. Die Deutsche Emigration, 1933-1945. Politische Aktivitäten und Soziokulturelle Integration, Bonn, Neu Gesellschaft, 1988, p. 47.
10 Se ha estimado que hacia 1940 solo los «alemanes de Rusia» eran 130.000. Véase Wilhelm Lütge: «Die Anfänge der russlanddeutsche Einwanderung nach Argentinien und Brasilien», en Deutsche Volksbund für Argentinien/Jahrubuch, Buenos Aires, Mercur, 1940, pp. 129-140.
11 El Deutsche La Plata Zeitung mantuvo, entre 1933 y 1945, una tirada de alrededor de 45.000 ejemplares. Véase Walter Heide: Handbuch der deutschsprachigen Zeitungen im Ausland, Essen, 1940, pp. 56-60.
12 Hacia 1925 Argentinisches Tageblatt editaba cerca de 20.000 ejemplares, diez años más tarde trepó a los 28.000 y poco antes del final de la Segunda Guerra Mundial alcanzó los 40.000. Incluso algunas estimaciones le otorgan en esa última época una tirada de alrededor de 50.000. Véase Hendrik Groth: Das Argentinisches Tageblatt. Sprachrohr der demokratischen Deutschen und der deutsch-jüdischen Emigration, Hamburgo, LIT, 1996, p. 85.
13 Der Trommler imprimió 4.000 ejemplares hacia 1941 y 6.000 en 1945. Hasta 1934 fue publicado bajo el nombre Mitteilungsblatt der NSDAP Landesgruppe Argentinien (Boletín informativo del grupo regional Argentina del NSDAP).
14 Según los integrantes del Frente Negro, el primer número de su publicación constó de 3.000 ejemplares.
15 Sobre el Frente Negro en la Argentina véase Germán Friedmann: «El Frente Negro en la Argentina durante la década de 1930», Iberoamericana. América Latina-España-Portugal, XV, 57 (2015), pp. 39-57.
16 La publicación, una de las más influyentes de la emigración germano-parlante de América Latina, alcanzó durante 1944 y 1945 entre 4.000 y 5.000 ejemplares. Sobre la agrupación Das Andere Deutschland véase Germán Friedmann: Alemanes antinazis...
17 El semanario alcanzó una tirada de 2.000 ejemplares. Su editor responsable fue el pastor Jacob Riffel, un ferviente militante de la Russlanddeutschtum que, nacido en la gobernación rusa de Samara, arribó a la Argentina a fines de 1923. Para un análisis de diversos artículos del periódico véase Daniel Beros: En búsqueda de patria..., pp. 108 y ss.
18 Aquella congregación se estableció en la Argentina hacia fines del siglo xix con el objetivo de atender pastoralmente a los católicos de habla alemana. Desde inicios de la década de 1920 hasta fines de la siguiente la tirada del Argentinischer Volksfreund fue estimada en 2.500 ejemplares.
19 Tenía una tirada de 1.200 ejemplares. Véase Alejandro Zorzin: «Der Nationalsozialismus im Spiegel der Veröffentlichungen des Evangelischen Gemeindeblatts der deutschen evangelischen La Plata Synode (1933-1939)», en Holger Meding (ed.): Nationalsozialismus und Argentinien, Fráncfort del Meno, Peter Lang, 1995, pp. 81-104.
20 El semanario fue fundado por el abogado Hardi Swarsenski y por el rabino de la comunidad de Berlín Günther Friedländer. Nacidos en Alemania, ambos arribaron a la Argentina en 1939. Véanse Kerstin E. Schirp: Die Wochenzeitung «Semanario Israelita». Sprachrohr der deutsch-jüdischen Emigranten in Argentinien, Münster, LIT, 2001, y Werner Röder y Herbert A. Strauss (eds.): Biographisches Handbuch der deutschsprachigen Emigration nach 1933-1945. Politik, Wirtschaft, Öffentliches Leben, t. I, Múnich-París-Londres-Nueva York, K.G.-Saur, 1980, p. 198.
21 El concepto Judentum, de difícil traducción, y cuya ambivalencia es fácilmente perceptible en la expresión «judeidad», estaba ampliamente difundido y comprendía una enorme variedad de significados que incluían las costumbres, los valores y la cultura judías.
22 «600.000 deutsche Juden im Pogromgefahr», Argentinisches Tageblatt, 4 de marzo de 1933, p. 1.
23 Esta ley constituyó la puesta en práctica del proceso de Gleichshaltung de la Administración Pública y de la política racial del régimen. Se transformó, además, en el punto de partida de una legislación antisemita que se sistematizaría posteriormente con las llamadas leyes de Núremberg. Véase Angelika Königseder: «Gesetz zur Wiederherstellung des Berufsbeamtentums», en Wolfgang Benz, Hermann Graml y Hermann Weiss (eds.): Enzyklopädie des Nationalsozialismus, Stuttgart, DVT, 2007, pp. 536-537.
24 Argentinisches Tageblatt, 7 de mayo de 1933, p. 4.
25 Argentinisches Tageblatt, 22 de octubre de 1933.
26 Sebastian Schoepp: Das Argentinische Tageblatt 1933 bis 1945. Ein Forum antinationalisozialistischen Emigranten, Berlín, Wissenschaftlicher, 1996, p. 163.
27 Sobre las disputas sostenidas por ambos periódicos, véanse Georg Ismar: Der Pressekrieg. Argentinisches Tageblatt und Deutsche La Plata Zeitung, 1933-1945, Berlín, Wvb, 2006, y Katrin Hoffmann: «¿Construyendo una “comunidad”? Theodor Alemann y Hermann Tjarks como voceros de la prensa germano-parlante en Buenos Aires», Iberoamericana. América Latina-España-Portugal, IX, 33 (2009), pp. 121-137.
28 Heinrich Volberg: Auslandsdeutschtum und Drittes Reich: der Fall Argentinien, Colonia-Viena, Böhlau, 1981.
29 «Antisemitische Äusserungen eines argentinischen Verlegers», Argentinisches Tageblatt, 16 de julio de 1933, p. 3.
30 «Besuch in Dachau», Deutsche La Plata Zeitung, 2 de diciembre de 1933.
31 Hans Koch: «Zur Vorgeschichte der Nationalen Revolution im Deutschen Reich», Evangelisches Gemeindeblatt, 1 de enero de 1934, pp. 4 y ss., y «Lügen- und Hetzpropaganda», Der Russlanddeutsche, 14 de julio de 1933, pp. 2-3.
32 Su ha estimado su tirada en 12.000 ejemplares.
33 «Ein machtvolles Treu-Bekenntnis der Deutschtum am La Plata», La Plata Post, 14 de abril de 1933, p. 53.
34 «Eine machtvolle Kungebung des Deutschtums am La Plata», Deutsche Zeitung, 20 de abril de 1933, p. 1, y Argentinisches Tageblatt, 7 de abril de 1933, p. 3.
35 «Deutsche Volksgenossen im Ausland und jüdische Hetzpropaganda», Mitteilungsblatt der NSDAP-Landesgruppe Argentinien, 15 de abril de 1934, p. 163.
36 En este sentido, las publicaciones de habla alemana se asemejaban al resto de la prensa argentina. No fue sino hasta la declaración de la guerra, la invasión de las tropas alemanas a la capital francesa y la entrada de Estados Unidos en el conflicto bélico mundial cuando se generalizaría, en el grueso de la prensa periódica «seria», la adhesión abierta a la causa aliada. El diario Crítica, por entonces el de mayor circulación a nivel nacional, constituyó una excepción, dado que mostró una férrea oposición al régimen de Hitler desde un primer momento. Cabe destacar que sus redactores compartían una común militancia «antifascista» con los alemanes antihitleristas de la Argentina. En este sentido se debe destacar que algunos de los militantes más activos de Das andere Deutschland trabajaban en el diario Crítica. Entre ellos, Clément Moreau, Heinrich Grönewald, Oda Olberg y Pieter Siemsen. Asimismo, los redactores de Crítica y Argentinisches Tageblatt se reunían ocasionalmente y discutían cuáles eran las noticias que, a su parecer, valía la pena dar a conocer a la opinión pública. Sobre las estrecha estrechas relaciones de los germano-parlantes antihitleristas y el diario Crítica véase Germán Friedmann: Alemanes antinazis..., p. 106.
37 «Nicht Judenhass, sondern Christenschutz», Argentinischer Volksfreund, 5 de abril de 1933, pp. 1-3.
38 «Aus Zeit und Welt. Wochenschau», Evangelisches Gemeindeblatt, 15 de abril de 1933, p. 93.
39 Sobre las leyes de Núremberg véanse Cornelia Essner: Die «Nürnberger Gesetze» oder die Verwaltung des Rassenwahns 1933-1945, Paderborn, Schöningh, 2002, y Volker Koop: «Wer Jude ist, bestimme Ich». «Ehrenarier» im Nationalsozialismus», Colonia-Weimar-Viena, Böhlau, 2014, pp. 33-65.
40 «Judischer Mädchenhändler zu zwei Monaten Kerker verurteilt», «Jude als Rasseschänder verhaftet», «Jüdisches Verbrechen an einem deutschen Kind» y «Sieben jüdische Rassenschänder verurteilt», Der Trommler, 5 de mayo de 1935, pp. 1114 y ss. Rassenschande era un término utilizado para definir la violación del artículo 2 de la «Ley para la Protección de la Sangre y el Honor Alemanes», que prohibía las relaciones sexuales extraconyugales entre «arios» y «no arios». El artículo 5 de la misma ley establecía que el varón que vulneraba aquella prohibición sería castigado con pena de prisión. Véase Hannah Mang: Nürnberger Rassegesetze und die 13 Verordnungen zum Reichsbürgergesetz, Norderstedt, Grin Verlag Gmbh, 2013, p. 5.
41 «Aus dem Brief eines deutschen Volksgenossen», Der Trommler, 26 de octubre de 1936, p. 39. Esta posición tampoco era excepcional en el ámbito de la prensa argentina. Alejandro Sux, por ese entonces corresponsal del diario El Mundo en Europa, presentaba un panorama similar sobre la situación de los judíos alemanes. Véase Alejandro Sux, «No es tan fiero el león como lo pintan», El Mundo, 26 de septiembre de 1935. Desde la perspectiva de los nacionalsocialistas, sus informes eran percibidos como un «testimonio incuestionable» de «un extranjero que no había sido influenciado por la propaganda antialemana». Véase Alejandro Sux, «Die Juden in Deutschland», Der Bund, 1936, pp. 12 y ss. (reproducción de un artículo publicado en El Mundo, 30 de noviembre de 1935).
42 Adolf Heinlein: «Bevölkerungs- und Rassenpolitik im neuen Deutschland», Der Trommler, 5 de agosto de 1937, pp. 24 y ss. En la prensa argentina de habla castellana solamente la revista Clarinada presentaba un antisemitismo tan virulento como el manifestado en las páginas de Der Trommler. Véase Daniel Lvovich: Nacionalismo y antisemitismo en la Argentina, Buenos Aires, Vergara, 2003, pp. 324-334.
43 Der Russlanddeutsche, 23 de junio de 1933.
44 «Bolschewismus und Judentum», Der Russlandsdeutsche, 11 de octubre de 1935, p. 10; «Die Juden Deutschlands und ihre Zukunft», Der Russlanddeutsche, 23 de agosto de 1935; «Wer regiert in Russland?», Der Russlanddeutsche, 23 de agosto de 1935, y «Europa rassische Bedrohung durch den Bolchevismus», Der Russlanddeutsche, 12 de junio de 1936.
45 Daniel Carlos Beros: En búsqueda de patria..., p. 192.
46 E. R.: «Selbstbesinnung», Der Russlanddeutsche, 26 de junio de 1936, p. 1.
47 «Deutscher Volksbund für Argeninien. Ortsgruppe Galaza, E. R.», Der Russlanddeutsche, 23 de octubre de 1936, p. 5, y «Warum müssen wir den Verkehr mit Juden meiden?», Der Russlandeutsche, 2 de diciembre de 1938.
48 «Wie halten wir zusammen?», Der Russlanddeutsche, 29 de julio de 1938, pp. 1 y ss.; «Berichte aus dem Leserkreis», Der Russlanddeutsche, 19 de agosto de 1938, p. 6, y «An einen gewissen Leser», Der Trommler, 28 de octubre de 1937, p. 30.
49 «Bericht von E. R.», Der Russlanddeutsche, 5 de agosto de 1938, p. 1.
50 «Bericht von E. R.- Durch alle Zeiten hindurch wird das Deutsche Volk bestehen!», Der Russlanddeutsche, 2 de diciembre de 1938.
51 «Berichte aus dem Leserkreis. Friedrich Loose aus Galarza», Der Russlanddeutsche, 26 de agosto de 1938, p. 6.
52 «Christenverfolgung und Judentum», Argentinischer Volksfreund, 7 de enero de 1937, pp. 24-26, y «Katholizismus und Judenfrage», Argentinischer Volksfreund, 9 de septiembre de 1936, pp. 7 y ss.
53 Hans Glücklich: «Verherte Redaktion», Argentinischer Volksfreund, 30 de diciembre de 1936, p. 3.
54 «Kreuz und Hakenkreuz», Argentinischer Volksfreund, 4 de agosto de 1937, pp. 1 y ss., y «Kreuz oder Hakenkreuz», Argentinischer Volksfreund, 25 de agosto de 1937, p. 1. Las posturas presentes en las páginas del Argentinischer Volksfreund son coincidentes con las exhibidas en la prensa católica nacional escrita en castellano. Sobre el catolicismo argentino y la «cuestión judía» véase Daniel Lvovich: Nacionalismo y antisemitismo..., pp. 374-430. Sobre la diversas posiciones de los intelectuales y militantes católicos véanse José Zanca: Cristianos antifascistas. Conflictos en la cultura católica argentina, Buenos Aires, Siglo XXI, 2013, y Graciela Ben-Dror: Católicos, nazis y judíos. La Iglesia argentina en los tiempos del Tercer Reich, Buenos Aires, Lumiere, 2003.
55 Otto Strasser: «Genug! Ein Wort zur Judenfrage», Die Schwarze Front, 7 de diciembre de 1935, p. 1. Publicada originalmente en Die Deutsche Revolution, 15 de septiembre de 1935.
56 El término völkisch comenzó a utilizarse durante la segunda mitad del siglo xix. Si bien en un comienzo tenía el significado de «popular», con todas las ambigüedades que esto implica, luego fue desarrollándose en un sentido étnico o racial, más esencialista, y se lo comenzó a aplicar generalmente para referirse a aquellos movimientos (diversos y muchas veces erróneamente pensados como idénticos) definidos como «chauvinistas». Desde esta perspectiva, los individuos existían solo como parte indisoluble de la comunidad popular y la nación era percibida como un «pueblo-raza» (muchas veces, pero no siempre, entendida desde una perspectiva biológica) al que, generalmente, le habría correspondido una organización estatal propia.
57 Otto Strasser: «Genug!...», p. 1.
58 Esta postura ya la había planteado en su libro Aufbau des deutschen Sozialismus (Construcción del socialismo alemán), publicado en 1932 y ampliamente promocionado entre sus militantes. Véase Otto Strasser: Aufbau des deutschen Sozialismus, Leipzig, Wolfgang Richard Lindner, 1932. Gran parte de este libro fue reproducida en las páginas de Die Schwarze Front de Buenos Aires.
59 Durante la Reichskristallnacht (Noche de los cristales rotos) entre 20.000 y 30.000 hombres fueron detenidos y recluidos durante meses en los campos de concentración de Buchenwald, Dachau y Sachsenhausen. Además, hubo decenas de asesinatos y se destruyeron 75.000 revistas judías y 191 sinagogas. Sobre la noche de los cristales rotos véase Hermann Graml: Reichskristallnacht. Antisemitismus und. Judenverfolgung im Dritten Reich, Múnich, DTV Deutscher Taschenbuch, 1988.
60 «Gesandtschaftssekretär von Raht gestorben», La Plata Post, 16 de noviembre de 1938, p. 4; «Aus Welt und Zeit. Deutschland», Der Russlanddeutsche, 18 de noviembre de 1938, p. 2, y «Ernst von Rath», Evangelisches Gemeindeblatt, 1 de diciembre de 1938, p. 275.
61 Heinrich Hest: «Die neue Lage der Juden in Deutschland», Der Trommler, 5 de diciembre de 1938, p. 45.
62 De vasta militancia en la socialdemocracia alemana, Siemsen fue elegido diputado del Reichstag en 1930. En 1931 participó en la fundación del Sozialistische Arbeiterpartei Deutschlands (Partido Socialista Obrero de Alemania). En abril de 1933 se exilió en Suiza y en enero de 1936 arribó a la Argentina.
63 «Unsere Stellungnahme zu den Nazipogrome», Das Andere Deutschland, 1 de diciembre de 1938, p. 1.
64 Los emigrados políticos en Buenos Aires no fueron los únicos en sostener esta postura. Desde su exilio parisiense, Heinrich Mann había reconocido la necesidad de denunciar los sufrimientos padecidos por los judíos. No obstante, deploraba que la propaganda de la emigración insistiera solo en las persecuciones antisemitas y no reconociera de la misma manera la labor de los opositores políticos. Véase Heinrich Mann: Verteidigung der Kultur, Hamburgo, Claasen, 1960.
65 Liselotte Maas: Deutsche Exilpresse in Lateinamerika, Fráncfort del Meno, Buchhändler-Vereinigung, 1978.
66 Jüdische Wochenschau, 31 de mayo de 1940, p. 8.
67 Argentinisches Wochenblatt, 1 de junio de 1940, p. 5.
68 Sobre las relaciones de Otto Strasser con el servicio secreto británico y la estrategia de Churchill para combatir a la Alemania nacionalsocialista véanse Robert H. Keyserlingk: «Die deutsche Komponente in Churchills Strategie der nationalen Erhebungen 1940-1942», Vierteljahrshefte für Zeitgeschichte, 4 (1983), pp. 614-645, y David Stafford: Britain and European Resistance: A Survey of the Special Operations Executive, Londres, Thistle Publishing, 2013.
69 Esta organización, presidida por Strasser, contó en sus inicios con dos sedes principales, una dirigida desde Nueva York por Kurt Singer y la otra radicada en Buenos Aires, liderada por Bruno Fricke.
70 «Goals and Program of Action of the “Free German Movement”», Frei-Deutschland Bewegung, 1941, Archivo del Institut für Zeitgeschichte de Múnich, Legado Otto Strasser, signatura ED118, t. 16.
71 El Schwarze Front se encontraba formalmente incorporado al Frei-Deutschland Bewegung. Sobre este último movimiento en la Argentina véase Germán Friedmann: «El Frente Negro y el movimiento Alemania Libre en la Argentina durante las décadas de 1930 y 1940», Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana. Dr. Emilio Ravignani, 40 (2014), pp. 78-108.
72 Memorandum über Aufgaben und Möglichkeiten der Deutschen Opposition, 3 de octubre de 1940, Archivo del Institut für Zeitgeschichte de Múnich, legado Otto Strasser, signatura ED118, t. 20.
73 Carta de Bruno Fricke a Bernhard Strasser del 17 de diciembre de 1942, Archivo del Institut für Zeitgeschichte de Múnich, legado Otto Strasser, signatura ED118, t. 16.
74 Sobre las relaciones entre las organizaciones alemanas antinazis y las instituciones judías de habla alemana véase Germán Friedmann: «Las identidades judeo-alemanas. Alemanes antinazis y judíos de habla alemana en Buenos Aires durante la Segunda Guerra Mundial», Estudios Migratorios Latinoamericanos, 71 (2012), pp. 293-311.
75 E. R.: «Ehe der Hahn zweimal kräht», Der Russlanddeutsche, 22 de septiembre de 1939, p. 1, y S. Rutz: «Wer ist schuld an unserer Not?», Der Russlanddeutsche, 4 de abril de 1941, p. 1.
76 Georg Schmidt: «Woher der Hass’», Der Russlanddeutsche, 17 de octubre de 1941, p. 6, y «Die wahren Kriegsverbrecher», Der Trommler, 5 de octubre de 1940, pp. 16-18.
77 «Juden von Sydney bis Kapstadt. Selbst Engländer klagen über die Verjudung des Empire», Der Trommler, 20 de julio de 1940, pp. 18-19.
78 «Englisch-Jüdische Allianz», Der Trommler, octubre de 1940, pp. 10-12; «Judenbriefe, die England entlarven. Was ein gefundener Briefwechsel verrät. Ein ausgewanderter Getthojude über England Verjudung», Der Trommler, 5 de noviembre de 1940, pp. 15-17, y «Juda auf der Flucht. Die jüdische Herrschaft in Europa endgültig gebrochen. Die letzte Station: London», Der Trommler, 5 de diciembre de 1940, pp. 17-20.
79 Toby Thacker: Joseph Goebbels. Vida y muerte, Barcelona, Ariel, 2010, y Jürgen Matthäus y Frank Bajohr: Alfred Rosenberg. Diarios, 1934-1944, Buenos Aires, Crítica, 2015.
80 Mary Nolan: The Transatlantic Century: Europe and America, 1890-2010, Nueva York, Cambridge University Press, 2012, p. 159.
81 François Furet: El pasado de una ilusión. Ensayo sobre la idea comunista en el siglo xx, México, FCE, 1995, pp. 56-59.
82 Michel Dreyfus: L’antisemitisme á gauche. Histoire d’un paradoxe, de 1830 á nos jours, París, La Découverte, 2009.
83 «Wo dienen viele unserer Mädchen? Bericht von E. R.», Der Ruslanddeutsche, 26 de agosto de 1938, p. 1.
84 Das Andere Deutschland, 20 de marzo de 1943, p. 16. Cita extractada de un artículo publicado en el Jüdische Wochenschau el 30 de mayo de 1941.
85 Hacia finales de 1942 y principios de 1943 cuando a la consideración bastante difundida de la responsabilidad colectiva de los alemanes en los crímenes del nacionalsocialismo se agregó la publicación de las primeras noticias acerca del genocidio, se fue consolidando un marcado rechazo hacia los alemanes entre muchos judíos emigrados, sentimiento que también se hizo extensivo a los exiliados germanos antinazis que pretendían representar a una Alemania distinta a la nacionalsocialista. Véase Germán Friedmann: Alemanes antinazis en la Argentina..., pp. 159-163.