Ayer 106/2017 (2): 21-46
Sección: Dosier
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2017
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/106-2017-02
© Xavier Andreu Miralles
Recibido: 18-04-2016 | Aceptado: 13-01-2017
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License
El género de las naciones. Un balance y cuatro propuestas *
Xavier Andreu Miralles
Universitat de València
xavier.andreu@uv.es
Resumen: El artículo plantea un recorrido historiográfico sobre cómo han evolucionado en las últimas décadas los estudios que analizan las relaciones entre el género y la nación en el mundo contemporáneo. Se trazan las razones que han dificultado dicho estudio interrelacionado, así como sus logros y limitaciones. Posteriormente, repasa cómo han sido abordadas estas perspectivas por la historiografía española y plantea posibles vías de análisis que se abren de cara al futuro.
Palabras clave: nación, género, historiografía, España, propuestas.
Abstract: This article analyses the historical literature over recent decades that examines the relationship between gender and nationalism in the contemporary world. It discusses the challenges of this enterprise, as well as its achievements and limitations. It concludes by assessing Spanish historiography regarding this subject, and outlines possible lines of future inquiry.
Keywords: nation, gender, historiography, Spain, proposals.
Pocas categorías han hecho correr tantos cartuchos de tinta historiográfica en las últimas décadas como las de género y de nación. Sin embargo, tanto los/las estudiosas de las relaciones de género como los/las especialistas en la construcción histórica de las identidades nacionales se han mostrado reticentes a cruzar sus caminos. Esta reserva quizás obedece a la propia naturaleza constitutiva de ambos campos de conocimiento historiográfico. La historia se configuró en el siglo xix como un espacio masculino, tanto profesionalmente como en cuanto al relato del que supuestamente debía ocuparse: una historia política de las naciones cuyos actores principales eran los hombres partícipes de sus esferas públicas 1. De hecho, la paradoja temporal inherente a todo relato histórico nacional se solventó mediante una metáfora de género. La paradoja resultaba de imaginar la nación a la vez como una comunidad política situada en el tiempo y avanzando hacia el futuro, y como un ente inmemorial y eterno que hundía sus raíces en un oscuro pasado. La ecuación se resolvió haciendo de los hombres de la nación los protagonistas del primer proceso, los partícipes activos y progresistas de su historia, mientras las mujeres eran consideradas las perpetuas guardianas de las tradiciones nacionales, unos sujetos pasivos y atávicos situados fuera del tiempo 2. A pesar de los enormes cambios que sufrió la ciencia historiográfica a lo largo de la era contemporánea, tanto el paradigma nacional como la presunción de que las cuestiones de género eran secundarias para el estudio de las naciones se han mantenido con fuerza hasta época muy reciente.
El otro fiel de la balanza no resultaba más prometedor. En la segunda mitad del siglo xx, las primeras historiadoras de las mujeres se plantearon rescatar las experiencias de aquella mitad del género humano que había sido generalmente ignorada en los grandes relatos históricos nacionales. Consideraron generalmente que las mujeres se habían mantenido al margen de un nacionalismo percibido como masculino y vinculado al mundo de la política y a los excesos del patriarcado. Al partir de estas premisas, aceptaban paradójicamente el propio relato histórico nacional que las había excluido tanto de la historia como de la esfera pública y de la vida política. Más que ocuparse de estas últimas cuestiones, asociadas con unas naciones y unos nacionalismos «masculinos», se plantearon rescatar las vidas privadas y los espacios propios de las mujeres.
En las páginas que siguen trazo una panorámica sobre las intersecciones que se han producido entre ambos campos de conocimiento historiográfico en las últimas décadas, tanto en el ámbito internacional como en el más específico de la historiografía española. Finalmente, señalo una serie de posibles vías de análisis que, partiendo del estudio interrelacionado de ambas categorías, resultaría provechoso recorrer de cara al futuro.
La brecha que separaba los estudios de género y los de nación empezó a cerrarse en la segunda mitad de la década de 1980. Los giros lingüístico y cultural tendieron un puente entre ambos. Benedict Anderson y Joan W. Scott se convirtieron en referentes para una historia cultural de las naciones y del género que partía del carácter discursivo de (todas) las identidades. La crítica feminista puso en cuestión, además, la nítida distinción entre las esferas pública y privada. Señaló que la primera descansaba en la segunda, como lo hacía todo el edificio político moderno. Lo privado era público. En uno de los primeros trabajos que vinculaban directamente los discursos nacionalistas con las cuestiones de género, Cynthia Enloe evidenció que incluso el orden internacional trababa su arquitectura mediante una serie de discursos claramente sexuados 3.
Por otro lado, y desde otras perspectivas, algunas historiadoras no pudieron dejar de abordar la íntima relación entre género y nación al narrar las experiencias de las mujeres bajo el fascismo 4. La colaboración o participación activa de muchas mujeres con el fascismo italiano y el nazismo alemán ponía, además, en cuestión la supuesta renuencia femenina hacia el nacionalismo. Asimismo, planteaba que el rol de las mujeres y su inserción en las estructuras de poder en los diferentes contextos históricos no podía entenderse simplemente desde el victimismo. A finales de la década de 1980 parecía claro que resultaba reduccionista considerar que las mujeres se habían mantenido ajenas al nacionalismo.
Fue la crítica poscolonial la que ahondó especialmente en estas cuestiones. En un importante trabajo, Kumari Jayawardena cuestionó el etnocentrismo implícito en un feminismo occidental que tendía a universalizar sus propias experiencias. Tras estudiar comparativamente los movimientos feministas y de liberación nacional de diversos países del tercer mundo, Jayawardena puso de manifiesto la relación existente entre el nacionalismo anticolonial y la lucha por la emancipación femenina, cuestionando así la supuesta incompatibilidad entre ambos movimientos 5. Otras autoras subrayaron la necesidad de no esencializar y universalizar la categoría mujer, y de tener en cuenta cómo se conjugaba, con efectos de poder, con otras categorías como la raza, la clase, la etnicidad o la nación. La misma ama de casa que era víctima en la Inglaterra imperial del discurso de la domesticidad podía actuar como verdugo en el marco colonial. Al analizar las formas diversas con que interactuaban dichas categorías, la crítica feminista no sólo contribuyó decisivamente a la profunda revisión teórica de todas ellas, sino que apuntó también a la necesidad de analizar cómo se construyen en cada contexto concreto las múltiples identidades a través de las cuales se definen y actúan los sujetos históricos.
En 1989, Nira Yuval-Davis y Floya Anthias plantearon la primera propuesta sistemática de estudio de las formas diversas mediante las cuales se relacionaban los discursos de género y los de nación. En la introducción a un volumen dedicado a esta cuestión distinguieron cuatro aspectos en los que el discurso nacionalista apelaba a las mujeres o intentaba regular sus conductas: en primer lugar, señalaron que la nación es representada simbólicamente a través de figuras femeninas; en segundo lugar, apuntaron que el nacionalismo convierte a sus mujeres en los límites morales de la comunidad nacional, por lo que les exige una «moralidad» y una «honorabilidad» que es la de toda ella; en tercer lugar, las designa sus reproductoras biológicas (en tanto que madres) y culturales (en tanto que depositarias y guardianas de tradiciones y costumbres), y, por último, pusieron de manifiesto que establece también las formas de participación de las mujeres en las luchas nacionalistas, en las que éstas no dejaron de tomar parte 6. De este modo, estas autoras demostraron que el nacionalismo es una de las fuerzas fundamentales en la vertebración de las relaciones de poder entre los hombres y las mujeres en la contemporaneidad. Para entender estas últimas era necesario, por tanto, su análisis.
A lo largo de la década de 1990, impulsada por el nuevo interés que los fenómenos étnicos y nacionales despertaron en todo el mundo tras la implosión de la Unión Soviética y el estallido de una nueva guerra en los Balcanes, la historiografía feminista se lanzó a explorar la relación entre género y nación 7. Buena parte de estos trabajos siguieron preguntándose hasta qué punto feminismo y nacionalismo eran o no compatibles 8. Tal y como señaló Cynthia Cockburn, en muchos de ellos, aunque se afirmaba siempre el carácter construido de todo nacionalismo, se partía a menudo de una esencialización del feminismo que debía ser también impugnada. Eran las circunstancias históricas y la actuación de los sujetos en cada caso concreto las que podían hacer o no compatibles unos movimientos que eran igualmente diversos 9. Paralelamente, fueron publicándose una serie de trabajos que partían de o desarrollaban las propuestas de Anthias y Yuval-Davis. Muchos de ellos recuperaban y desplegaban además las pioneras reflexiones de George L. Mosse sobre la importancia de las masculinidades y las sexualidades nacionales 10. Al fin y al cabo, como señaló Joane Nagel, reducir el estudio de la dimensión de género del discurso nacionalista a intentar averiguar de qué modo actuaba sobre o en relación con las mujeres implicaba asumir una identificación entre género y mujer que no permitía avanzar en el estudio de cómo dicha dimensión había sido crucial también (o quizás más aún) en la conformación de los sujetos nacionales masculinos. Asimismo, advertía que la relación podía trazarse en un sentido inverso: la voluntad y necesidad de los hombres de ser reconocidos por sus iguales y de afirmar su masculinidad podía ser el motor que les condujera a adoptar actitudes patrióticas y nacionalistas 11. Nira Yuval-Davis aceptó la importancia de estas aportaciones en Gender & Nation, una monografía teórica en la que desarrollaba sus anteriores propuestas y que se convirtió muy pronto en un clásico sobre la materia 12.
En los últimos años se han abierto nuevos caminos, aún poco explorados, que resultan prometedores. Desde la queer theory, por ejemplo, se ha problematizado la propia categoría de sexo y se ha destacado no sólo la fijación heteronormativa de la mayor parte de los discursos nacionalistas, sino también las relaciones estratégicas que han establecido algunos movimientos LGTB con ellos para ganar reconocimiento 13. Otra área de estudio que ha abierto enormes posibilidades es la de la historia de las emociones, que puede ayudar a entender cómo se modelan unos sentimientos nacionales que a menudo se vehiculan a través de otros de tipo filial o amoroso 14. Asimismo, se ha señalado la necesidad de estudiar relacionalmente las masculinidades y las feminidades nacionales. En su estudio comparado de los casos indio e irlandés, Sikata Banerjee ha puesto de relieve, por ejemplo, cómo la articulación en ambos países de lo que llama un «nacionalismo muscular», basado en una masculinidad viril y militar, pasaba por la castidad y reclusión de unas mujeres a las que los hombres debían proteger. Ahora bien, la participación de las mujeres en los movimientos nacionalistas (o incluso en la lucha armada) subvertía el propio discurso nacionalista y obligaba a negociar y transformar conjuntamente los modelos de feminidad y masculinidad 15.
Con todo, desde principios del siglo xxi el interés por la nación ha decaído entre las estudiosas del género y se ha concentrado en algunos aspectos concretos, como la violencia ejercida contra las mujeres (especialmente en contextos bélicos) 16. Asimismo, se ha tendido a subrayar la dimensión transnacional de los movimientos feministas. Aunque el estudio de esta dimensión resulta fundamental, no debería plantearse en términos excluyentes, es decir, no debería implicar negar a priori la relación entre nación y feminidad. Si no, corremos el riesgo de caer nuevamente en una interpretación ahistórica que olvida precisamente una de las grandes aportaciones introducidas por la perspectiva de género al debate historiográfico de las últimas décadas: el carácter construido (e histórico) de unas identidades que articulan los sujetos históricos en cada contexto concreto de formas múltiples y maleables, y no necesariamente en un sentido determinado.
En lo que atañe a los historiadores «occidentales» de las naciones, cabe señalar en primer lugar que fueron más reticentes a incorporar la perspectiva de género. De hecho, la «ceguera de género» de la teoría clásica del nacionalismo, desde Ernest Gellner hasta Benedict Anderson, pasando por Eric J. Hobsbawm o Anthony D. Smith, es más que patente, y se mantiene en aproximaciones teóricas más recientes de gran calado como la de Michael Billig 17. En 1992, por ejemplo, el capítulo que Linda Colley dedicó a la forma diferenciada de participación de las mujeres en el proceso de construcción nacional británico en su renombrada Britons. Forging the Nation pasó prácticamente desapercibido entre los estudiosos del nacionalismo, que alabaron y discutieron su obra en relación con otras problemáticas 18. Cabe destacar, sin embargo, que los historiadores poscoloniales sí percibieron desde muy pronto la centralidad de la perspectiva de género. Uno de los especialistas más destacados del nacionalismo poscolonial y de los estudios subalternos, Partha Chatterjee, lo sitúa en el núcleo de su afirmación de que el nacionalismo indio (y los nacionalismos poscoloniales en su conjunto) no se articuló como una simple copia o imitación de los modelos occidentales. Su originalidad radicó en distinguir y celebrar como su principal enseña una esfera moral/espiritual en la que no se permitían intromisiones coloniales y que se imaginaba a la vez como moderna y depositaria de las tradiciones nacionales. Las mujeres indias cumplieron un papel central en la imaginación de esta esfera espiritual. El nacionalismo indio edificó un nuevo patriarcado que se oponía al orden tradicional anterior, pero también a los modelos domésticos occidentales. La «nueva mujer india» debía ser moderna, pero también exhibir los símbolos de la tradición nacional y, a su vez, ser esencialmente diferente de la mujer occidental. Así pues, Chatterjee hacía de la dimensión de género un elemento clave para entender cómo se declinaban los discursos del nacionalismo poscolonial 19.
Durante la década de 1990 la perspectiva de género fue penetrando progresivamente en los estudios sobre las naciones y los nacionalismos 20. La obra de Nira Yuval-Davis se ha convertido en una referencia inexcusable en los principales balances sobre la teoría del nacionalismo 21, y algunos reputados especialistas, como Alberto M. Banti, Geoff Eley o Rogers Brubaker, aplican plenamente la perspectiva de género en sus trabajos. El análisis de la dimensión de género del discurso nacionalista ha permitido a estos especialistas entender su potencia y efectividad, cómo se fraguaron nociones de ciudadanía a la vez incluyentes y excluyentes, o de qué modo los sujetos declinan sus múltiples identidades en función de cada contexto concreto 22.
Con todo, la inclusión del género en la historiografía sobre las naciones ha sido parcial y se ha producido más como un complemento a unos grandes relatos ya existentes que como un enfoque transversal que los modifique 23. Su incorporación ha variado en función de los debates que estructuraban cada tradición historiográfica y del mayor o menor influjo que ha tenido en cada una de ellas la nueva historia cultural. La historiografía francesa ha sido reacia a incorporar la categoría de género y ha hecho pocos esfuerzos por leer el proceso de construcción nacional desde esta perspectiva, prácticamente ausente, por ejemplo, en el magno proyecto de Pierre Nora. No obstante, sí existe en Francia una rica tradición de estudios sobre la representación femenina de la República francesa, deudora de los numerosos estudios sobre la simbología republicana de Maurice Agulhon 24. En Alemania, el foco de atención se ha situado en la historia de las mujeres durante el Tercer Reich. Asimismo, han tenido especial relevancia los trabajos de Karen Hagemann sobre cómo el nacionalismo alemán redefinió los roles de género durante las guerras napoleónicas. No obstante, no ha sido una categoría central en las historias nacionales de grandes autores como Jürgen Kocka o Hans-Ulrich Wehler. Por su parte, en la Europa poscomunista, aunque se ha producido una rápida aceptación de la categoría de género desde el feminismo académico, los principales relatos históricos nacionales apenas la han tomado en consideración 25.
En otros marcos historiográficos cercanos la perspectiva de género sí ha tenido más relevancia. En Italia ha ocupado un lugar destacado en el reciente debate sobre el Risorgimento. En su seminal trabajo sobre los orígenes culturales de este movimiento, Alberto Banti señaló la relevancia de las metáforas familiares y del lenguaje de los afectos amorosos en la articulación y difusión de un sentimiento de pertenencia entre los patriotas italianos. Por su parte, Silvana Patriarca evidenció que las elites del Risorgimento se marcaron como una de sus tareas principales la revirilización de una patria que percibían como preocupantemente afeminada. Una revirilización que, según ha estudiado Lucy Riall, se haría encarnar también en nuevos modelos de masculinidad enormemente populares como el del ídolo nacional Giuseppe Garibaldi 26.
En el Reino Unido, el tradicional interés por la categoría de clase se ha ido desplazando en las últimas décadas hacia una nueva historia imperial que recalca las estrechas conexiones entre el gobierno de las colonias y la vida en la metrópolis. Estas nuevas perspectivas, muy influidas por la crítica poscolonial y en las que han destacado historiadoras como Catherine Hall, Antoinette Burton o Sonya Rose, han iluminado especialmente cómo se estructuró y gobernó la diferencia a uno y otro lado del océano (e interrelacionadamente). Han demostrado que la categoría de género fue fundamental para unos discursos nacionalistas e imperialistas que intentaban ordenar y regular (con la violencia que les era implícita) sociedades enormemente complejas y diversas, pero también que los sujetos históricos pudieron recurrir a ella creativamente para redefinir los propios marcos y límites de lo nacional. En este sentido han situado el género en el corazón de una más amplia relectura de los viejos relatos imperiales y nacionales 27.
En España, los estudios sobre la relación entre género y nación han sido escasos; un fenómeno que puede explicarse, quizás, por la parcial, tardía y desigual recepción de las propuestas de Joan W. Scott y por la centralidad que ha ocupado el debate sobre la llamada «tesis de la débil nacionalización» 28. No obstante, cabe establecer una distinción entre los trabajos que abordan dicha relación en los nacionalismos alternativos y los que se centran en el nacionalismo español. El estudio de la participación de las mujeres en los primeros interesó desde los años ochenta a historiadoras como Mercedes Ugalde o Montserrat Duch, y había sido explorado incluso antes por otros autores como Policarpo de Larrañaga o Isidre Molas. En los noventa, Begoña Aretxaga, especialista también en el caso irlandés, estudió la dimensión ritual y simbólica de las mujeres en el nacionalismo vasco, mientras que Cristina Dupláa dedicó diversos trabajos a las catalanistas 29. En las últimades décadas este interés se ha mantenido y ha ido basculando desde el estudio de la actuación de las mujeres nacionalistas al de la dimensión de género del propio discurso nacionalista 30.
Respecto al nacionalismo español (que se constituyó más tarde como objeto de interés historiográfico), el panorama resulta mucho más árido, aunque empiezan a divisarse algunos oasis importantes. Si bien desde finales de los ochenta se produjeron algunas aproximaciones a su estudio 31, en los años posteriores estas vías de análisis no fueron continuadas por unos especialistas que se ocuparon principalmente de discutir la llamada tesis de la débil nacionalización 32.
No obstante, desde otros ámbitos sí fue explorándose la relación entre ambas categorías. Tal y como ocurrió con los casos italiano y alemán, en España las estudiosas de la historia de las mujeres bajo el franquismo se vieron obligadas desde el principio a tener en cuenta (directa o indirectamente) su relación con los discursos nacionalistas del régimen. Aunque, como ha señalado Inmaculada Blasco, estos trabajos no siempre se han planteado cómo se conjugaba propiamente la relación entre género y nación, estudios como los de Mercedes Carbayo o Mary Vincent permitieron conocer de qué modo el nacionalismo franquista redefinió los modelos de feminidad y masculinidad a mediados del siglo xx, y la relevancia que estos tuvieron en la construcción y mantenimiento del régimen 33.
Asimismo, la relación entre género y nación empezó a explorarse a partir de la década de 1990 desde otros campos de estudio más «heterodoxos» y más atentos, en general, a la historiografía anglosajona, que ha sido la que se ha mostrado más abierta a abordar dicha relación. Una serie de trabajos clásicos sobre la literatura española decimonónica publicados a lo largo de los noventa por destacadas hispanistas anglosajonas como Jo Labanyi, Catherine Jagoe o Lou Charnon-Deutsch incorporaron ambas categorías en unos estudios que tendieron a privilegiar, eso sí, el estudio del género sobre el de la nación 34. Desde esta tradición hispanista de estudios literarios se han publicado en los últimos años otros trabajos sobre la importancia de ambas categorías en la novela modernista, la literatura de la Guerra Civil o la obra de Emilia Pardo Bazán 35. Todos estos trabajos han permitido explorar la difusión en España desde mediados del siglo xix de un discurso sobre la domesticidad que se entreveró desde el principio con los debates sobre la modernidad o no de la nación española. Asimismo, entre los hispanistas que estudian la cultura española desde la óptica de los cultural studies cabe destacar la obra de Susan Martín-Márquez, quien recorre una serie de momentos concretos en los que los discursos sobre la nación española se incardinaron decisivamente con los de género, raza o sexualidad, y en los que algunos sujetos históricos pudieron subvertir los discursos hegemónicos 36.
Igualmente, desde los planteamientos propios de una nueva historia cultural de la política que atiende a la relevancia del análisis de los discursos y de la construcción de las identidades, algunas historiadoras han venido utilizando transversalmente las variables de género y de nación en sus estudios sobre la historia política del siglo xix. En su análisis biográfico de Isabel II, Isabel Burdiel demostró, por ejemplo, que el cruce de los discursos de género y de nación fue determinante en la evolución política del periodo isabelino y en la propia revolución que provocó la caída y exilio de la reina 37. Por su parte, María Cruz Romeo ha insistido en diversos trabajos en que las diversas formas de entender la feminidad y la masculinidad se entretejieron con los discursos de nación en las culturas políticas de la España decimonónica y ha puesto el énfasis en las condiciones de posibilidad que siempre dejan abiertos los discursos normativos 38. Asimismo, Pilar Salomón ha analizado también ambas categorías en sus diversos trabajos sobre el anticlericalismo o sobre las culturas políticas republicanas y anarquistas de entresiglos 39. Estos trabajos han contribuido decisivamente a superar una concepción excesivamente dicotómica de la historia española del siglo xix al poner de relieve tanto la relación inextricable y mutuamente dependiente de «lo público» y «lo privado» como la porosidad que siempre existió entre ambas «esferas».
Otro ámbito que ha merecido una atención continuada por parte de una serie de especialistas, inspirados en gran parte por la obra de Maurice Agulhon, es el de las figuraciones sexuadas de España. Juan Francisco Fuentes y Marie-Angèle Orobon han analizado sus diversas encarnaciones femeninas, especialmente la alegoría de la matrona y el león, principal (aunque no único) símbolo iconográfico que se utilizó para representarla 40. En los últimos años, Carlos Reyero ha dedicado también a esta cuestión importantes estudios. Este autor ha trazado las diversas personificaciones femeninas de la nación española en el arte decimonónico, prestando especial atención al momento fundacional de 1812, cuando los viejos símbolos, emblemas y alegorías de la monarquía española fueron adaptados y nacionalizados por el liberalismo revolucionario 41.
En los últimos años se ha ido produciendo una aproximación entre las historiadoras del género y los especialistas en el nacionalismo español. La celebración del bicentenario de la Guerra de la Independencia propició la publicación de un volumen editado por Irene Castells, Gloria Espigado y María Cruz Romeo que reúne trabajos en los que se reflexiona sobre las diversas formas de participación de las mujeres españolas en la revolución liberal y en la guerra, y que pone de manifiesto que el nacionalismo liberal reestructuró las relaciones entre los sexos, pero también permitió, en el contexto bélico, formas inesperadas de participación femenina que el liberalismo intentó clausurar 42. Asimismo, en el Congreso de la Asociación Española de Investigación de Historia de las Mujeres de 2010 se dedicó también una mesa destinada principalmente a este asunto y coordinada por Ana Aguado y Gloria Espigado, quienes hicieron también una valoración sobre la relación entre el género y la fundación de las naciones modernas 43. Un paso especialmente importante en esta aproximación fue el congreso internacional celebrado ese mismo año en Valencia, organizado por Ana Aguado, Mercedes Yusta y Stéphanne Michonneau. Los resultados de dicho congreso, que reunió a especialistas españoles y franceses en historia del género y del nacionalismo, fueron publicados en un número monográfico de Mélanges de la Casa de Velázquez 44.
Así pues, en los últimos años diversas historiadoras han empezado a tener en cuenta la nación española en sus estudios de género. Especialmente destacables son los numerosos trabajos de Nerea Aresti sobre las masculinidades españolas de las primeras décadas del siglo xx. Esta autora ha demostrado que el género es una variable fundamental para entender plenamente los discursos regeneracionistas, que pasaron por la cimentación de un nuevo modelo de «hombre español», uno que hiciese frente a la decadencia racial y al donjuanismo, y que fue pensado y adaptado de formas diversas por las culturas políticas del periodo 45. Otras destacadas historiadoras de género, como Inmaculada Blasco o Mercedes Yusta, han explorado recientemente la tensión existente entre los diversos modelos de feminidad articulados por el nacionalismo franquista durante y después de la Guerra Civil, y han indicado que los movimientos internacionales feministas españoles no renunciaron a actuar desde un marco nacional para alcanzar sus objetivos 46. Otros autores han analizado la dimensión sexuada y de género de la violencia simbólica ejercida durante la Guerra Civil, del colonialismo español en Marruecos o del primer nacionalcatolicismo 47.
Los historiadores del nacionalismo español también se han ido aproximando progresivamente a su dimensión de género. Xavier Andreu ha señalado el carácter sexuado del mito romántico de España y ha trazado las formas diversas en que género y nación se entrelazaron en las culturas liberales, republicanas y antiliberales de la primera mitad del siglo xix 48. Asimismo, Ferran Archilés ha puesto de relieve cómo el imperialismo africanista de la Restauración legitimó sus ansias de conquista del norte de África mediante un discurso que convertía a las mujeres marroquíes en objeto de deseo y en encarnación de un territorio que necesitaba ser «protegido» y «civilizado» por los españoles 49. Otros especialistas en la nación española han incorporado también el género en algunos de sus análisis. Por ejemplo, para subrayar que las metáforas familiares vehicularon los discursos patrióticos durante las guerras civiles de 1872-1876 y 1936-1939 o para destacar su importancia en los debates sobre «lo español» que se produjeron en la cultura cinematográfica española de los años veinte y treinta 50.
La inclusión de un capítulo dedicado explícitamente a la relación entre género y nación en un volumen colectivo reciente que recorre los diversos símbolos nacionales de la España del siglo xx, y en el que Inmaculada Blasco traza una panorámica general de toda la centuria, es una muestra de que el género parece estar por fin llamando a la puerta de los estudios sobre el nacionalismo español 51. No obstante, el hecho de dedicarle un apartado específico a esta cuestión debería alertarnos del peligro de que, en lugar de una categoría que aplicar transversalmente al estudio de la nación, el género sea utilizado como un «complemento» que, en cualquier caso, no modifique esencialmente nuestra comprensión de la misma.
En mi opinión, incorporar la perspectiva de género a los estudios sobre las naciones y los nacionalismos españoles puede ser fundamental para renovar su estudio en al menos cuatro sentidos. En primer lugar, porque permite entender la fuerza que pueden llegar a alcanzar las identificaciones nacionales. Desde el principio, la nación se imaginó haciendo uso de metáforas familiares. La imagen del rey como un padre velando por el bienestar y la felicidad de sus súbditos-hijos fue modificada durante las revoluciones liberales de ambos lados del Atlántico por una concepción de la comunidad política como una madre patria a la que sus hijos debían proteger. La fraternidad de los ciudadanos fue un concepto revolucionario fundamental 52. Las metáforas familiares permitieron el «aprendizaje de la nación»: hicieron comprensible y visible (a través de imágenes de una patria representada a menudo con rostro de mujer) un concepto tan abstracto como el de nación para aquellos a quienes se exigía en su nombre los mayores sacrificios 53. Este fenómeno puede ayudar a responder la pregunta que abre Comunidades imaginadas y que Benedict Anderson no es capaz de resolver: ¿por qué algunos hombres (y también mujeres, aunque Anderson no las incluye significativamente en su pregunta) están dispuestos a morir o matar por su patria? La respuesta está, quizás, en un lenguaje de las emociones, cargado de una retórica del amor, el honor y el sacrificio, mediante el cual la nación pudo ser imaginada como una comunidad de parentesco a la que sus hijos debían la máxima lealtad 54. El estudio de la producción, difusión y consumo de esas imágenes y representaciones nacionales atravesadas por metáforas de género desde unos planteamientos que reconozcan el carácter también performativo (y no sólo mimético) de los recursos visuales y de las producciones culturales de todo tipo resulta fundamental. Estos estudios contribuirían a entender mejor por qué la nación fue capaz de movilizar a una porción significativa de españoles desde los inicios de la revolución liberal. En el caso español, una intensa movilización popular en términos liberal-patrióticos fue decisiva para derrocar el Antiguo Régimen 55. No obstante, las causas del éxito de tal movilización (ignoradas por una historiografía en la que sigue pesando una imagen estática de la sociedad española decimonónica y una interpretación de la ruptura liberal como un pacto entre unas elites que, a lo sumo, se habrían limitado a instrumentalizar a esas clases populares) han sido escasamente exploradas, así como la atracción que siguió ejerciendo el discurso sobre la nación entre los sectores más radicales 56. Incorporar la perspectiva de género al análisis de estos y otros procesos de movilización nacional nos permitiría entender mejor la dimensión emocional de las diversas formas de participación política de la España contemporánea.
En segundo lugar, la perspectiva de género amplía nuestros marcos teóricos en el estudio de los procesos de nacionalización. Tradicionalmente, estos se han analizado, bien a partir de la acción nacionalizadora del Estado, bien desde una esfera pública de la que habitualmente eran excluidas las mujeres o a la que accedían, subvirtiendo o aprovechando las paradojas de los discursos hegemónicos, de forma subalterna. Esto ha llevado a desestimar el papel que las mujeres pudieron ejercer en los procesos de construcción nacional. Aunque se ha destacado la relevancia que tuvieron determinadas figuras intelectuales o algunas organizaciones femeninas que participaron activamente en las luchas nacionalistas, se ha considerado que su voz se habría escuchado en cualquier caso de forma secundaria o marginal. En los últimos años, sin embargo, a partir de los trabajos de Michael Billig o Tim Edensor, se ha ido planteando la necesidad de atender a cómo los sujetos participan también «desde abajo» en los procesos de construcción nacional. Esto abre nuevas vías para un estudio integrado de las diversas esferas desde las que se impulsan estos procesos que reconozca la centralidad que pudieron ejercer las mujeres en la producción y reproducción de las identidades nacionales desde espacios informales como el de la domesticidad 57. Como ha estudiado Nancy Reagin, por ejemplo, entre 1870 y 1945 las mujeres alemanas, precisamente por situarse al margen de la política strictu senso, fueron especialmente efectivas en la construcción de un sentido de nacionalidad alemana mediante la adopción de una serie de prácticas cotidianas como la nacionalización del hogar alemán o de la fiesta de la Navidad 58. ¿De qué modo contribuyeron estos espacios domésticos e informales a las «experiencias de nación» en la España contemporánea? 59 ¿Qué función cumplieron en el mantenimiento y modificación de las identidades nacionales del Estado español bajo un régimen oficial y odiosamente nacionalista (para muchos habitantes del territorio español) como el franquismo?
Por otro lado, incorporar la perspectiva de género nos permite entender cómo el nacionalismo ordena, regula y gobierna la diferencia. Como ha subrayado Anne McClintock, los discursos nacionalistas son discursos de poder que se erigen sobre la base de una diferenciación de género. El ascenso del nacionalismo y la redefinición del modelo familiar, fundamental en la construcción de la política moderna, fueron procesos paralelos. La subordinación de la mujer al hombre en la esfera privada (así como la del niño al adulto) se presentó como un fenómeno natural y deseable que se extrapolaba además al resto de diferencias sociales. En palabras de McClintock, el tropo familiar ofrecía una figura natural que sancionaba una jerarquía nacional dentro de una supuesta unidad orgánica de intereses 60. Las categorías de género y de nación se articularon mutuamente en un proceso que permitía mantener la ilusión nacionalista de la homogeneidad y, al mismo tiempo, ordenar y gobernar las múltiples diferencias (no sólo de género, sino también religiosas, étnicas, raciales o de clase, por ejemplo) existentes en toda comunidad nacional.
De este modo, y a pesar de ser un discurso potencialmente igualitario, el nacionalismo prescribió funciones diferenciadas a hombres y a mujeres, y pudo legitimar desde las formas en que debían participar o no en la vida pública unos y otras, hasta la intervención del Estado en la regulación de sus vidas y de sus conductas. En las últimas décadas la historiografía de género ha analizado ampliamente la redefinición de la mujer en la contemporaneidad en tanto que madre y esposa; la especial misión que se le asignó, desde su domesticidad, como guardiana moral y depositaria de unas costumbres que debía trasmitir a sus hijos y que podían incluso darle cierta capacidad de intervención en la sociedad; la fuerza de unos discursos heteronormativos y de unas prácticas políticas natalistas (o incluso eugenésicas) que pugnaban por regular la vida sexual y reproductiva de los ciudadanos; el intento de definir y delimitar las formas de participación de hombres y mujeres en la vida pública o en la esfera privada; etc. En definitiva, la articulación de unos modelos de feminidad y maculinidad que afectaron profundamente a la vida de los sujetos históricos en la edad contemporánea. Sin embargo, para comprender plenamente todos estos procesos (y para alcanzar el objetivo último de esta tradición historiográfica crítica, que no es otro que desvelar cómo se construyen y naturalizan las relaciones de poder en y entre las sociedades) resulta necesario tener en cuenta cómo se configuraron (y se siguen configurando) en íntima relación con los diversos nacionalismos contemporáneos.
Las metáforas de género han permitido además estructurar y jerarquizar el resto de las diferencias existentes en el seno de la comunidad nacional. Es decir, han servido para gobernar otras diferencias, como las raciales, las étnicas, las religiosas, las sexuales, las coloniales o las de clase 61. Todas estas categorías se articulan mutuamente, por lo que su estudio sólo es posible a través del análisis de cómo se declinan unas con otras en cada caso concreto 62. Elsa Dorlin, por ejemplo, ha demostrado que sexismo, racismo y nacionalismo se conformaron simultánea e interrelacionadamente en la Francia de fines del siglo xviii en los discursos médicos sobre el «temperamento», en los que se atribuyó a éste una influencia decisiva en la salud o enfermedad de los cuerpos y en un contexto en el que la mujer fue redefinida en tanto que reproductora biológica de la nación a partir de su condición de madre 63. El estudio de cómo género y nación se articularon en contextos concretos con estas otras categorías ha sido escasamente explorado en el caso español. Su estudio permitiría comprender mejor la fuerza y el consenso que obtuvieron determinados discursos legitimadores de las diversas formas de desigualdad social en la España contemporánea. Ayudarían a repensar, además, la historia colonial española en su conjunto y las dinámicas que se establecieron entre el imperio y la sociedad española durante la época contemporánea.
Por último, la perspectiva de género nos permite descentrar la nación y nos ayuda a explicar la acción de los sujetos históricos. Los sujetos a los que se interpela como nacionales se inscriben en múltiples identidades narrativas, respecto a las que se posicionan y actúan, y en relación con las cuales construyen su propia experiencia nacional. Un individuo puede pensarse y actuar en un momento dado como español, pero también como obrero, hombre, católico y andaluz. La variable de género (junto con otras) nos permite reconstruir cualitativamente dichas experiencias nacionales 64. A su vez, nos recuerda el carácter no esencial de las identidades, también de las nacionales. Además de construidas, fluidas, fragmentarias e inestables, éstas se articulan en cada momento en la interacción entre discurso y acción. Más que ser, las identidades ocurren 65. Es tarea del historiador intentar averiguar por qué una de ellas se impone o no sobre otras en cada momento concreto: por qué tantos obreros franceses y alemanes corrieron a alistarse en 1914 en las filas de sus ejércitos en lugar de clamar por la hermandad internacional de un proletariado del que muchos se consideraban parte, por ejemplo, o por qué muchos de esos mismos obreros, avanzada la guerra, salieron a la calle para exigir su final, reformas sociales o una revolución social como la que había tenido lugar en la Rusia de los zares.
Desde este punto de vista es posible también rescatar las condiciones de posibilidad de los sujetos históricos, que construyen sus identidades y actúan en relación con discursos a menudo contrapuestos o contradictorios. Sus acciones no pueden interpretarse simplemente como resultado de la adopción pasiva de las categorías a través de las cuales son definidos o se definen, o de privilegiar o sobredimensionar solamente una de ellas. Las interpelaciones nacionales pueden ser interiorizadas o resistidas, o incluso servir de áncoras desde las que desestabilizar o subvertir los discursos hegemónicos. Por ejemplo, los grupos subalternos pueden acusar a las autoridades de traicionar o de malinterpretar la tradición nacional para legitimar sus aspiraciones, como hizo el radicalismo europeo durante el siglo xix; las mujeres pueden apelar a su naturaleza para plantear otras formas de imaginar la comunidad nacional, o recordar sus «sacrificios» para exigir participar más en ella; los hombres y mujeres de color pueden cuestionar las aporías del discurso supuestamente inclusivo del nacionalismo para reclamar la igualdad de derechos. En resumen, es en el fuego cruzado de las identidades en el que éstas son apropiadas y representadas, pero también donde pueden ser transformadas. Este tipo de análisis, para el que perspectivas como la biográfica parecen especialmente a propósito 66, también ha sido escasamente abordado en el caso español.
El análisis de la variable de género de los discursos nacionalistas no consiste en iluminar un aspecto más de los mismos, en agregar un complemento a su historia, sino en replantearlos en su conjunto, dado que todos ellos están marcados decisivamente por dicha variable. El estudio de la dimensión de género de las naciones y de los nacionalismos debe ser un estudio transversal. Asimismo, el argumento funciona también en sentido contrario. En la era contemporánea, los discursos sobre la feminidad y la masculinidad se entrelazaron siempre con las cuestiones nacionales. Es fundamental analizar cómo las naciones y los nacionalismos fueron claves también en la regulación de las conductas femeninas y masculinas, así como en su interiorización o en la resistencia o contestación de los sujetos históricos.
* Este trabajo participa del proyecto HAR2014-53042-P. Agradezco los comentarios de los evaluadores anónimos de este artículo.
1 Jitka Malecková: «Where Are Women in National Histories?», en Stefan Berger y Chris Lorenz (eds.): The Contested Nation. Ethnicity, Class, Religion and Gender in National Histories, Londres, Palgrave Macmillan, 2008, pp. 171-199.
2 Anne McClintock: Imperial Leather. Race, Gender and Sexuality in the Colonial Contest, Nueva York-Londres, Routledge, 1995, pp. 358-359. Véase también Tricia Cusack: «Janus and Gender: Women and the Nation’s Backward Look», Nations and Nationalism, 6/4 (2000), pp. 541-561.
3 Cynthia Enloe: Bananas, Beaches and Bases: Making Feminist Sense of International Politics, Londres, Pandora, 1989.
4 Claudia Koonz: Mothers in the Fatherland. Women, the Family and Nazi Politics, Nueva York, St. Martin’s Press, 1987, y Victoria de Grazia: How Fascism Ruled Women: Italy, 1922-1945, Berkeley, University of California Press, 1992.
5 Kurami Jayawardena: Feminism and Nationalism in the Third World, Londres, Zed Books, 1986.
6 Nira Yuval-Davis y Floya Anthias: «Introduction», en Nira Yuval-Davis y Floya Anthias (eds.): Woman-Nation-State, Londres, Macmillan, 1989, pp. 1-15.
7 Es significativa la gran cantidad de números monográficos publicados en destacadas revistas académicas feministas a principios de aquella década: Nationalisms and National Identities, Feminist Review, 44 (1993); Thinking Through Ethnicities, Feminist Review, 45 (1993); Gender, Nationalisms, and National Identities, Gender & History, 5 (1994); Links Across Difference: Gender, Ethnicity and Nationalism, Women’s Studies International Forum, 18 (1995), y Feminism and Nationalism, Journal of Women’s History, 7 (1995).
8 Además de la cita anterior véase Lois A. West (ed.): Feminist Nationalism, Londres, Routledge & Kegan Paul, 1997.
9 Cynthia Cockburn: «The Anti-essentialist Choice: Nationalism and Feminism in the Interaction Between Two Women’s Projects», Nations and Nationalism, 6/4 (2000), pp. 611-629.
10 George L. Mosse: Nationalism and Sexuality. Respectability and Abnormal Sexuality in Modern Europe, Nueva York, Howard Fertig, 1985; Andrew Parker et al. (eds.): Nationalisms and Sexualities, Nueva York, Routledge, 1992; Anne McClintock: Imperial Leather...; Mrinalini Sinha: Colonial Masculinity. The «Manly Englishman» and the «Effeminate Bengali» in the Late Nineteenth Century, Manchester-Nueva York, Manchester University Press, 1995, y Tamar Mayer (ed.): Gender Ironies of Nationalism. Sexing the Nation, Londres-Nueva York, Routledge, 2000.
11 Joane Nagel: «Masculinity and Nationalism: Gender and Sexuality in the Making of the Nation», Ethnic and Racial Studies, 2 (1998), pp. 242-269.
12 Nira Yuval-Davis: Gender & Nation, Londres, Sage, 1997.
13 Jasbir K. Puar: Terrorist Assemblages. Homonationalism in Queer Times, Durham-Londres, Duke University Press, 2007.
14 Glenda Sluga: «Passions, Patriotism and Nationalism, and Germaine de Staël», Nations and Nationalism, 15/2 (2009), pp. 299-318.
15 Sikata Banerjee: Muscular Nationalism. Gender, Violence, and Empire in India and Ireland, 1914-2004, Nueva York-Londres, New York University Press, 2012.
16 En ocasiones, esta historiografía ha naturalizado la asociación entre masculinidad/violencia y feminidad/pacifismo, reforzando de este modo el propio discurso sobre la desigualdad natural de los sexos. No obstante, algunas especialistas han denunciado dicha asociación. Véase, por ejemplo, Wendy Bracewell: «Rape in Kosovo: Masculiniy and Serbian Nationalism», Nations and Nationalism, 6 (2000), pp. 563-590. Como señala Nagel, no se trata de no subrayar la mayor identificación que parecen sentir los hombres hacia el militarismo o el nacionalismo, sino de explicar históricamente dicho fenómeno. Véase Joane Nagel: «Masculinity and Nationalism...».
17 La crítica a Michael Billig en Tricia Cusack: «Janus and Gender...».
18 Linda Colley: Britons. Forging the Nation, 1707-1837, New Haven-Londres, Yale University Press, 1992, pp. 237-281.
19 Partha Chatterjee: The Nation and its Fragments. Colonial and Postcolonial Histories, Princeton, Princeton University Press, 1993, pp. 116-157.
20 Tres importantes readers publicados entre 1994 y 1996 incorporaban capítulos de Floya Anthias y Nira Yuval-Davis, Sylvia Walby y Anne McClintock dedicados a la relación entre nación y género. Véanse Floya Anthias y Nira Yuval-Davis: «Woman and Nation», en John Hutchinson y Anthony D. Smith (eds.): Nationalism, Oxford, Oxford University Press, 1994, pp. 312-315; Sylvia Walby: «Woman and Nation», en Gopal Balakrishnan (ed.): Mapping the Nation, Londres, Verso, 1996, pp. 235-255, y Anne McClintock: «“No Longer in a Future Heaven”. Nationalism, Gender and Race», en Geoff Eley y Ronald G. Suny (eds.): Becoming National: A Reader, Nueva York, Oxford University Press, 1996, pp. 260-286. En el año 2000, Nations and Nationalism le dedicó a esta cuestión un monográfico: Gender and Nationalism, Nations and Nationalism, 6/4 (2000). Ese mismo año, además, se publicó una importante obra colectiva, Ida Blom, Karen Hagemann y Catherine Hall (eds.): Gendered Nations. Nationalisms and Gender Order in the Long Nineteenth Century, Oxford-Nueva York, Berg, 2000.
21 Véase, por ejemplo, Umut Özkirimli: Theories of Nationalism: a Critical Introduction, Nueva York, Macmillan, 2010.
22 Alberto M. Banti: La nazione del Risorgimento: parentela, santità e onoro alle origini dell’Italia unita, Turín, Einaudi, 2000; íd.: L’onore della nazione. Identità sessuali e violenza nel nazionalismo europeo dal xviii secolo alla Grande Guerra, Turín, Einaudi, 2005; Geoff Eley: «Culture, Nation and Gender», en Ida Blom, Karen Hagemann y Catherine Hall (eds.): Gendered Nations..., pp. 27-40, y Rogers Brubaker et al. (eds.): Nationalist Politics and Everyday Ethnicity in a Transylvanian Town, Princeton, Princeton University Press, 2007.
23 Con honrosas excepciones, como el caso australiano, que cuenta desde los años noventa con una historia de su construcción nacional que integra de forma central las cuestiones de género. Véase Patricia Grimshaw, Marilyn Lake, Ann McGrath y Marian Quartly: Creating the Nation, 1788 to 1990, Melbourne, McPhee Gribble, 1994.
24 Maurice Agulhon: Marianne au combat. L’imagerie et la symbolique républicaines de 1789 à 1880, París, Flammarion, 1979; íd.: Marianne au pouvoir. L’imagérie et la symbolique républicaines de 1880 à 1914, París, Flammarion, 1989, e íd.: Les métamorphoses de Marianne. L’imagerie et la symbolique républicaines de 1914 à nos jours, París, Flammarion, 2001.
25 Jitka Malecková: «Where Are Women...», pp. 191-198.
26 Alberto M. Banti: La nazione del Risorgimento...; íd.: Sublime madre nostra: la nazione italiana dal Risorgimento al fascismo, Roma, Laterza, 2011; Silvana Patriarca: «Indolence and Regeneration: Tropes and Tensions of Risorgimento Patriotism», The American Historical Review, 110/2 (2005), pp. 380-408; íd.: Italianità. La costruzione del carattere nazionale, Bari, Laterza, 2010, y Lucy Riall: Garibaldi. L’invenzione di un eroe, Bari, Laterza, 2007. Véase también Silvana Patriarca y Lucy Riall (eds.): The Risorgimento Revisited: Nationalism and Culture in Nineteenth-Century Italy, Nueva York, Palgrave Macmillan, 2012; así como los numerosos capítulos dedicados a la cuestión de género en Alberto M. Banti y Paul Ginsborg (eds.): Storia d’Italia. Annali 22. Il Risorgimento, Turín, Einaudi, 2007.
27 Catherine Hall: «The Rule of Difference: Gender, Class and Empire in the Making of the 1832 Reform Act», en Ida Blom, Karen Hagemann y Catherine Hall (eds.): Gendered Nations..., pp. 107-135; Catherine Hall, Keith McClelland y Jane Rendall: Defining the Victorian Nation. Class, Race, Gender and the Reform Act of 1867, Cambridge, Cambridge University Press, 2000; Kathleen Wilson: The Island Race: Englishness, Empire and Gender in the Eighteenth Century, Nueva York, Routledge, 2003; Sonya O. Rose: Which People’s War?: National Identity and Citizenship in Britain, 1939-1945, Oxford, Oxford University Press, 2004; Catherine Hall: Civilising Subjects: Metropole and Colony in the English Imagination, 1830-1867, Cambridge, Polity, 2007, y Catherine Hall y Sonia O. Rose (eds.): At Home with the Empire: Metropolitan Culture and the Imperial World, Cambridge, Cambridge University Press, 2009.
28 Sobre ambas cuestiones véanse, respectivamente, Mónica Burguera: «La influencia de Joan Scott en la historia contemporánea de España: historia social, género y “giro lingüístico”», en Cristina Borderías (coord.): Joan Scott y las políticas de la historia, Barcelona, Icaria, 2006, pp. 179-211, y Ferran Archilés: «Melancólico bucle. Narrativas de la nación fracasada e historiografía española contemporánea», en Ismael Saz y Ferran Archilés (eds.): Estudios sobre nacionalismo y nación en la España contemporánea, Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2011, pp. 245-330.
29 Mercedes Ugalde: Notas para una historiografía sobre nación y diferencia sexual, Arenal, 3/2 (1996). Este monográfico de la revista Arenal, que coordinó Ugalde, tradujo artículos de Yuval-Davis y Chatterjee, y presentó textos representativos de algunas de estas autoras. La misma Ugalde había publicado unos años antes el resultado de su tesis doctoral sobre la movilización de las nacionalistas vascas en el primer tercio del siglo xx y un estudio comparativo de los casos vasco y catalán para el mismo periodo. Véanse Mercedes Ugalde: Mujeres y nacionalismo vasco. Génesis y desarrollo de Emakume Abertzale Batza, 1906-1936, Bilbao, Universidad del País Vasco, 1993, e íd.: «Dinámica de género y nacionalismo. La movilización de vascas y catalanas en el primer tercio de siglo», Ayer, 17 (1995), pp. 121-153.
30 Un trabajo reciente y significativo de esta evolución puede verse en Nerea Aresti: «De heroínas viriles a madres de la patria. Las mujeres y el nacionalismo vasco (1893-1937)», Historia y Política, 31 (2014), pp. 281-308. Asimismo, se ha estudiado también la dimensión de género del galleguismo. Un estudio también reciente, centrado en los usos diversos del mito de la sentimentalidad gallega por parte del nacionalismo y el regionalismo gallego, en Helena Miguélez-Carballeira: Galicia, a Sentimental Nation. Gender, Culture and Politics, Cardiff, University of Wales Press, 2013.
31 Algunos trabajos precursores fueron los de Cristina Dupláa: «La figura femenina en el regeneracionismo español. Dos modelos: el novecentista barcelonés y el liberal madrileño», en María Dolores Ramos (coord.): Homenaje a Victoria Kent, Málaga, Universidad de Málaga, 1989, pp. 31-43; Mary Nash: «Social Eugenics and Nationalist Race Hygiene in Early Twentieh Century Spain», History of European Ideas, 15-4/6 (1992), pp. 741-748, o Danièle Bussy-Genevois: «Les visages féminins de l’Espagne ou la représentation introuvable», en Marie-Claire Hoock-Demarle (ed.): Femmes, nations, Europe, París, Publications de l’Université París 7, 1995, pp. 25-39.
32 Un estado reciente de esta cuestión en Miguel Cabo y Fernando Molina: «An Inconvenient Nation. Nation Building and National Identity in Modern Spain», en Marnix Beyen y Maarten Van Ginderachter (eds.): Nationhood from Below. Europe in the Long Nineteenth Century, Londres, Palgrave, 2011, pp. 47-72.
33 Mercedes Carbayo: «Shaping Women: National Identity Through the Use of Language in Franco’s Spain», Nations and Nationalism, 7-1 (2001), pp. 75-92, o Mary Vincent: «La reafirmación de la masculinidad en la cruzada franquista», Cuadernos de historia contemporánea, 28 (2006), pp. 135-151. Las reflexiones de Inmaculada Blasco y un recorrido por la historiografía sobre el franquismo pueden consultarse en Inmaculada Blasco: «Género y nación durante el franquismo», en Stéphanne Michonneau y Xosé M. Núñez Seixas (eds.): Imaginarios y representaciones de España durante el franquismo, Madrid, Casa de Velázquez, 2014, pp. 49-71.
34 Lou Charnon-Deutsch: Gender and Representation: Women in Spanish Realist Fiction, Ámsterdam, John Benjamins Publishing Company, 1990; Catherine Jagoe: Ambigous Angels: Gender in the Novels of Galdós, Berkeley, University of California Press, 1994, y Jo Labanyi: Gender and Modernization in the Spanish Realist Novel, Oxford, Oxford University Press, 2000. Alda Blanco sí se planteó su estrecha conexión en el proceso de construcción del canon literario español decimonónico. Véase Alda Blanco: «Gender and National Identity: the Novel in Nineteenth-Century Spanish Literary History», en Lou Charnon-Deutsch y Jo Labanyi (eds.): Culture and Gender in Nineteenth-Century Spain, Nueva York, Oxford University Press, 1995, pp. 120-136.
35 Roberta Johnson: Gender and Nation in the Spanish Modernist Novel, Nashville, Vanderbilt University Press, 2003; Iker González-Allende: Líneas de fuego: género y nación en la narrativa española durante la Guerra Civil (1936-1939), Madrid, Biblioteca Nueva, 2011, y Carmen Pereira-Muro: Género, nación y literatura. Emilia Pardo Bazán en la literatura gallega y española, West Lafayette, Purdue University Press, 2013.
36 Susan Martín-Márquez: Desorientaciones. El colonialismo español en África y la performance de identidad, Barcelona, Bellaterra, 2011.
37 Isabel Burdiel: Isabel II: una biografía (1830-1904), Madrid, Taurus, 2010, e íd.: «El descenso de los reyes y la nación moral. A propósito de Los Borbones en pelota», en SEM. Los Borbones en pelota, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2012, pp. 7-74.
38 Véanse, especialmente, María Cruz Romeo: «Juana María de la Vega, condesa de Espoz y Mina (1805-1872): por amor al esposo, por amor a la patria», en Isabel Burdiel y Manuel Pérez Ledesma (coords.): Liberales, agitadores y conspiradores. Biografías heterodoxas del siglo xix, Madrid, Espasa Calpe, 2000, pp. 209-238, e íd.: «Concepción Arenal: reformar la sociedad desde los márgenes», en Manuel Pérez Ledesma e Isabel Burdiel (eds.): Liberales eminentes, Madrid, Marcial Pons, 2008, pp. 213-243.
39 Por ejemplo, véase Pilar Salomón: «Anarquismo, género e identidad nacional», en María Dolores Ramos (coord.): Tejedoras de ciudadanía: culturas políticas, feminismo y luchas democráticas en España, Málaga, Universidad de Málaga, 2014, pp. 115-132.
40 Juan Francisco Fuentes: «La idea de España en la iconografía de la derecha española», Claves de razón práctica, 140 (2004), pp. 74-80; íd.: «La matrona y el león: imágenes de la nación liberal en la España del siglo xix», Archivos de la Filmoteca, 66 (2010), pp. 45-67; Marie-Angèle Orobon: «Marianne y España: la identidad nacional en la Primera República española», Historia y Política, 13 (2005), pp. 79-98, e íd.: «El cuerpo de la nación. Alegorías y símbolos políticos en la España liberal (1808-1874)», Feminismo(s), 16 (2010), pp. 39-64. Sobre la pervivencia (y decadencia) de la alegoría de la matrona y el león en el siglo xx a través del análisis de su representación en los manuales escolares véase Lara Campos: «Los rostros de España. Evolución iconográfica del conjunto alegórico de la matrona y el león en el siglo xx a través de los manuales escolares», Archivos de la Filmoteca, 66 (2010), pp. 68-83.
41 Carlos Reyero: Alegoría, nación y libertad. El Olimpo constitucional de 1812, Madrid, Siglo XXI, 2010; íd.: «Una señora de muy buen ver. La personificación de España como nación, 1812-1873», en Facundo Tomás y Sofía Barrón (eds.): Miradas sobre España, Barcelona, Anthropos, 2011, pp. 331-360, e íd.: Monarquía y Romanticismo. El hechizo de la imagen regia, 1829-1873, Madrid, Siglo XXI, 2015. Para el periodo anterior a 1808 véase Álvaro Molina: Mujeres y hombres en la España ilustrada. Identidad, género y visualidad, Madrid, Cátedra, 2013, pp. 121-169.
42 Irene Castells, Gloria Espigado y María Cruz Romeo (eds.): Heroínas y patriotas. Mujeres de 1808, Madrid, Cátedra, 2009.
43 Ana Aguado y Gloria Espigado: «Género, fundación de las naciones y construcción de nuevas ciudadanías», en Pilar Pérez-Fuentes (ed.): Entre dos orillas: las mujeres en la historia de España y América Latina, Barcelona, Icaria, 2012, pp. 77-16.
44 Véase el dosier en España y Francia (siglos xix-xx) de Ana Aguado y Mercedes Yusta (coords.): Género, sexo y nación: representaciones y prácticas políticas en España (siglos xix-xx), Mélanges de la Casa de Velázquez, 42/2 (2012).
45 Nerea Aresti: Masculinidades en tela de juicio: hombres y género en el primer tercio del siglo xx, Madrid, Cátedra, 2010; íd.: «Masculinidad y nación en la España de los años 1920 y 1930», Mélanges de la Casa de Velázquez, 42/2 (2012), pp. 55-72, e íd.: «A la nación por la masculinidad. Una mirada de género a la crisis del 98», en Mary Nash (ed.): Feminidades y masculinidades. Arquetipos y prácticas de género, Madrid, Alianza Editorial, 2014, pp. 47-74.
46 Inmaculada Blasco: «Género y nación...», y Mercedes Yusta: «Construyendo el género más allá de la nación. Dimensión nacional e internacional de la movilización de las mujeres antifascistas (1934-1950)», Mélanges de la Casa de Velázquez, 42/2 (2012), pp. 105-123.
47 Maud Joly: «Las violencias sexuadas de la Guerra Civil española: paradigma para una lectura cultural del conflicto», Historia Social, 61 (2008), pp. 89-107; íd.: «Souffrances des corps, souffrances des territoires. La République espagnole en guerre se raconte», Mélanges de la Casa de Velázquez, 42/2 (2012), pp. 73-90; Gemma Torres: «Arquetipos masculinos en el discurso colonial español sobre Marruecos», en Mary Nash (ed.): Feminidades y masculinidades. Arquetipos y prácticas de género, Madrid, Alianza Editorial, 2014, pp. 75-102, y Raúl Mínguez: «Las múltiples caras de la Inmaculada: religión, género y nación en su proclamación dogmática (1854)», Ayer, 96 (2014), pp. 39-60.
48 Xavier Andreu: «La mirada de Carmen: el mite oriental d’Espanya i la identitat nacional», Afers, 48 (2004), pp. 347-367; íd.: «Retratos de familia (nacional): discursos de género y de nación en las culturas liberales españolas de la primera mitad del siglo xix (1808-1850)», en Ismael Saz y Ferran Archilés (eds.): Estudios sobre nacionalismo y nación en la España contemporánea, Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2011, pp. 79-111; íd.: «La mujer católica y la regeneración de España: género, nación y modernidad en Fernán Caballero», Mélanges de la Casa de Velázquez, 42/2 (2012), pp. 17-35, e íd.: «Tambores de guerra y lágrimas de emoción. Nación y masculinidad en el primer republicanismo», en Aurora Bosch e Ismael Saz (coords.): Izquierdas y derechas ante el espejo: culturas políticas en conflicto, Valencia, Tirant lo Blanch, 2016, pp. 91-118.
49 Ferran Archilés: «Piel moruna, piel imperial. Imperialismo, nación y género en la España de la Restauración (c. 1880-c. 1909)», Mélanges de la Casa de Velázquez, 42/2 (2012), pp. 37-54.
50 Fernando Molina: «Una nación en armas contra sí misma. Movilización patriótica, ciudadanía y nacionalismo en España (1868-1876)», en Javier Moreno (ed.): Construir España, Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2007, pp. 105-126; Xosé M. Núñez Seixas: ¡Fuera el invasor! Nacionalismos y movilización bélica durante la guerra civil española (1936-1939), Madrid, Marcial Pons, 2006; Marta García Carrión: «Cine, género e imaginarios nacionales: la representación de España en La aldea maldita (F. Rey, 1930)», Saitabi, 56 (2006), pp. 39-56, e íd.: Por un cine patrio. Cultura cinematográfica y nacionalismo español (1926-1936), Valencia, Publicacions Universidad de Valencia, 2013.
51 Inmaculada Blasco: «Mujeres y nación: ser españolas en el siglo xx», en Javier Moreno y Xosé M. Núñez Seixas (eds.): Ser españoles. Imaginarios nacionalistas en el siglo xx, Barcelona, RBA, 2013, pp. 168-206.
52 Lynn Hunt: The Family Romance of the French Revolution, Londres, Routledge, 1992; Doris Sommer: Foundational Fictions: the National Romances of Latin America, Berkeley, University of California Press, 1993; Ida Blom, Karen Hagemann y Catherine Hall (eds.): Gendered nations..., e Ilaria Porciani (ed.): Famiglia e nazione nel lungo Ottocento italiano. Modelli, strategie, reti di relazioni, Roma, Viella, 2006.
53 Además de los estudios de Agulhon anteriormente citados cabe destacar a Joan B. Landes: Visualizing the Nation: Gender, Representation, and Revolution in Eighteenth-Century France, Nueva York, Cornell University Press, 2001, y Tricia Cusack y Sita Bhreathnach-Lynch (eds.): Art, Nation and Gender: Ethnic Landscapes, Myths and Mother-Figures, Aldershot, Ashgate, 2003.
54 Lauren Berlant: The Anatomy of National Fantasy. Hawthorne, Utopia, and Everyday Life, Chicago, University of Chicago Press, 1991, y Alberto M. Banti: L’onore della nazione... Así como mediante un lenguaje religioso que fue nacionalizado durante este mismo proceso.
55 Jesús Millán y María Cruz Romeo: «¿Por qué es importante la revolución liberal en España? Culturas políticas y ciudadanía en la historia española», en Mónica Burguera y Christopher Schmidt-Nowara (eds.): Historias de España contemporánea. Cambio social y giro cultural, Valencia, Universidad de Valencia, 2008, pp. 17-43.
56 Un magnífico estudio sobre su fuerza entre las clases populares barcelonesas a mediados del siglo xix en Albert Garcia-Balañà: «Patria, plebe y política en la España isabelina: la guerra de África en Cataluña (1859-1860)», en Eloy Martín Corrales (ed.): Marruecos y el colonialismo español (1859-1912). De la guerra de África a la «penetración pacífica», Barcelona, Bellaterra, 2002, pp. 13-77.
57 Alejandro Quiroga: «La nacionalización en España. Una propuesta teórica», Ayer, 90 (2013), pp. 17-38. Véanse, en general, las diversas aportaciones teóricas de este número monográfico de la revista Ayer. Por supuesto, esto no implica considerar ni que fuese este el espacio natural o privativo de participación de las mujeres en el proceso de construcción nacional, ni que no pudieran participar (y lo hicieran) desde muchos otros.
58 Nancy R. Reagin: Sweeping the German Nation. Domesticity and National Identity in Germany, 1870-1945, Cambridge, Cambridge University Press, 2007. Véanse también, para los casos inglés e irlandés, Clare Midgley: «Bringing the Empire Home: Women Activists in Imperial Britain, 1790s-1930s», en Catherine Hall y Sonya O. Rose (eds.): At Home with the Empire: Metropolitan Culture and the Imperial World, Cambridge, Cambridge University Press, 2009, pp. 230-250, y D. A. Jim MacPherson: Women and the Irish Nation. Gender, Culture and Irish Identity, 1890-1914, Londres, Palgrave Macmillan, 2012.
59 Véase el concepto de «experiencias de nación» en Ferran Archilés: «Lenguajes de nación. Las “experiencias de nación” y los procesos de nacionalización: propuestas para un debate», Ayer, 90 (2013), pp. 91-114.
60 Anne McClintock: Imperial Leather..., pp. 352-389, y Karen Hagemann: «A Valorous Volk Family: the Nation, the Military, and the Gender Order in Prussia in the Time of the Anti-Napoleonic Wars, 1806-1815», en Ida Blom, Karen Hagemann y Catherine Hall (eds.): Gendered Nations..., pp. 179-205.
61 Catherine Hall: «The Rule of Difference...». Esta autora desarrolla el concepto de «gobierno de la diferencia» a partir de la idea del «gobierno de la diferencia colonial» de Partha Chatterjee. La aplica magistralmente en Catherine Hall: Civilising Subjects...
62 Anne McClintock: «“No Longer in a Future Heaven”...».
63 Elsa Dorlin: La matrice de la race. Généalogie sexuelle et coloniale de la Nation française, París, La Découverte, 2006.
64 Ferran Archilés: «Lenguajes de nación...».
65 Rogers Brubaker y Ferdinand Cooper: «Beyond “identity”», Theory and Society, 29 (2000), pp. 1-49, y Joan W. Scott: «El eco de la fantasía: la historia y la construcción de la identidad», Ayer, 62 (2006), pp. 111-138.
66 Isabel Burdiel (ed.): «Los retos de la biografía», Ayer, 93 (2014), pp. 47-83.