Ayer 118/2020 (2): 49-75
Sección: Dosier
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2020
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/118-2020-03
© Romina Garcilazo
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License
Recibido: 10-04-2018 | Aceptado: 11-01-2019

Empresariado y poder político. El Partido del Pueblo en Santa Fe (Argentina) hacia fines del siglo xix *

Romina Garcilazo

Universidad Nacional de Rosario
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas
y Técnicas de Argentina (CONICET)
Universidad Autónoma de Entre Ríos (UADER)
romina_garcilazo@hotmail.com

Resumen: El artículo analiza cómo se entretejieron y amalgamaron los intereses económicos y políticos al interior del partido gobernante en Santa Fe (Partido del Pueblo) hacia fines del siglo xix. Para ello tomaremos como epicentro las denuncias de corrupción en torno al mal funcionamiento del Banco Provincial de Santa Fe, que cobraron notoriedad en la década de 1890. A partir de dicho caso observamos de qué modo los entramados económicos derivaron en ciertos favores que tanto políticos como empresarios brindaron en el ámbito público, ya sea en las instancias de decisión estatal, ya sea en el juego político electoral.

Palabras clave: empresariado, poder político, Partido del Pueblo, Santa Fe, siglo xix, Argentina.

Abstract: This article analyses the ways in which economic and political interests intertwined and amalgamated inside the ruling party in the province of Santa Fe, known as the “People’s Party” (Partido del Pueblo) towards the end of the 19th century. The research is centred on a public scandal in the 1890s triggered by formal accusations of corruption and incompetence at the Banco Provincial de Santa Fe. From this case study, we explore economic networks and the exchange of favours between politicians and businessmen in the public sphere, and how they became manifest in state action and electoral politics.

Keywords: businessmen, political power, Partido del Pueblo, Santa Fe, nineteenth century, Argentina

Introducción

«He sufrido durante [...] años [...] las acusaciones de todo género [...] hoy es tal la atmósfera que con fines políticos se ha hecho al rededor [sic] de mi nombre, que no puedo menos que [...] hacer algunas declaraciones» 1.

Estas palabras habían sido pronunciadas por Juan Canals, uno de los empresarios de la obra pública en Santa Fe más controvertido e influyente en la política local 2. La fecha, 1894, era particularmente significativa, ya que su nombre había sido enunciado en el recinto parlamentario nacional cuando se hizo referencia a las denuncias acerca del mal manejo del Banco Provincial de Santa Fe (en adelante BPSF), una de las instituciones público-privadas más importantes de la provincia, cuyas arcas habían sido dilapidadas producto de malas administraciones y del abuso de crédito de ciertos empresarios ligados al poder político en complicidad con las autoridades gubernamentales 3.

Esas breves declaraciones de Canals, que, en esta ocasión, se defendía de estar acusado de haberse enriquecido con los dineros del banco, ponían sobre el tapete un complejo entramado político-­empresarial desarrollado dentro del partido gobernante provincial, el Partido del Pueblo (en adelante PP). ¿Por qué Canals se lamentaba de haber recibido «acusaciones de todo género»? ¿qué factores condujeron a que su nombre fuera utilizado con fines políticos?

Tal como ha afirmado parte de la historiografía, el empresariado rosarino tuvo un rol relevante en el espacio económico no congruente en la ocupación de cargos de envergadura en el ámbito político provincial 4. Sin embargo, ello no privó a estos sectores de gozar de ciertos beneficios estatales debido a sus vinculaciones con el poder político. Si bien en este último tiempo la historiografía local ha avanzado en el estudio de los entramados económicos que unieron a los empresarios de la construcción con ciertos líderes del partido gobernante —también llamado autonomismo o situacionismo—, en esta oportunidad queremos adentrarnos en otra veta del problema. Nuestra preocupación es analizar cómo se entretejieron y amalgamaron los intereses económicos y políticos dentro del partido gobernante en Santa Fe hacia fines del siglo xix. Para ello tomaremos como epicentro las denuncias de corrupción en torno al mal funcionamiento del BPSF, que cobraron notoriedad en la década de 1890. El caso es representativo en tanto que la opinión pública catalogó a la entidad bancaria como uno de los instrumentos políticos del autonomismo 5.

En palabras de Pablo Díaz Morlán, lo que pretendemos en este artículo es analizar cómo en el PP primó el mecanismo del favor sustentado en relaciones de lealtad y reciprocidad 6. El supuesto que subyace a lo largo del presente trabajo es que las anomalías evidenciadas en el BPSF ponen al descubierto los negociados entre políticos y empresarios dentro de dicho espacio político que derivaron en ciertos favores que ambos actores debieron brindar tanto en las instancias claves de decisión estatal como en el juego de la política electoral 7.

El abordaje de la cuestión nos ha llevado no solo a poner en diálogo aspectos centrales de la historiografía política y económica argentina, sino también a bucear en un corpus documental disperso y escurridizo, ya que tanto empresarios como políticos actuaron, en más de una ocasión, desde la sombra, lo cual convierte sus prácticas en difíciles de aprehender 8. El entramado empresarial es analizado a partir de una diversidad de documentos (cartas, cuentas bancarias, escrituras y memorias del banco, informes de interventores de bancos presentados ante la justicia y editados en la prensa local, entre otros), mientras que la trama política es abordada mediante la información proporcionada por la prensa adepta (La Revolución, Caramelo) y opositora al oficialismo local (El Municipio, La Cabrionera, La Capital). Este último corpus ha sido triangulado con documentación particular (correspondencia) de uno de los empresarios en cuestión, Canals 9.

Grupos políticos y económicos en el interior del espacio partidario

Los partidos políticos decimonónicos han sido definidos como un tipo de organización que «asumió la forma concreta de una constelación [...] que en su dinámica ponía en movimiento una compleja articulación de redes, asociaciones y vehículos culturales» con el objetivo de posibilitar cohesión y adhesión política 10. El partido no solo presentó un carácter faccioso —pensado como un espacio anárquico y violento—, sino que revistió una estructura compleja por sus recursos relacionales, por su grado de organización y por la construcción de sus lealtades 11.

Si bien estas agrupaciones se caracterizaron por su labilidad programática y por su aglutinación alrededor de ciertos líderes, ello no impidió su convalidación como espacios destinados a la competencia por el poder político. En concreto, estas acciones quedaban en manos de los clubes cuya función se circunscribía a los trabajos electorales 12. Para el logro de tales fines, los partidos conjugaron su acción entre la búsqueda de consenso y el ejercicio de la violencia. La construcción de consensos implicó una multiplicidad de contactos entre sus miembros para la toma de decisiones, la transmisión de bienes materiales y simbólicos y la circulación de información para el desarrollo de la acción política 13. Mientras que el uso de la violencia se llevó a cabo, en especial aunque no solo, a lo largo del proceso electoral (reclutamiento de electores, censura de periódicos, falsificación de registros, etc.) 14.

Estas acciones fueron ejercidas por los partidos de gobierno mediante complejos mecanismos de reciprocidad 15. Desde las arcas del Estado el poder político posibilitó la distribución de recursos (créditos, protección policial, empleos públicos, entre otros), lo cual derivó en un sistema de alianzas y clientelas que permeó las lógicas de funcionamiento en el interior de los espacios políticos, a la vez que estos se encontraban supeditados a las reglas de un sistema electoral optativo, público y de lista completa 16. Si bien la estructura partidaria presentó cierta efectividad, si se tiene en cuenta la cantidad de años que los Gobiernos con esa fisonomía estuvieron en el poder, ello no significó ni la ausencia de tensiones en su interior ni la falta de opositores que intentaran disputarle el espacio electoral 17.

Cabe recordar que, en el escenario nacional, esos engranajes políticos presentaban gran heterogeneidad. En algunas provincias del noroeste, como Tucumán, o de la zona de Cuyo, como Mendoza, los Gobiernos provinciales estaban al mando de las familias que ostentaban al mismo tiempo el poder político y económico local 18. En cambio, en otros ámbitos territoriales como el bonaerense, los hombres dedicados a las actividades agropecuarias demostraron cierta imposibilidad para traducir su poder en el terreno político, o en el territorio santafesino, el empresariado rosarino no tuvo un rol protagónico en el escenario provincial 19. A pesar de esas diferencias, en todos los casos se evidencian las complejas vinculaciones entre poder político y económico, que no fueron privativas del caso argentino 20. En cada uno de esos escenarios, aunque con sus particularidades, la política operó con una lógica del don, donde la transferencia de dinero de la esfera pública a la privada y viceversa fue una constante, ya que los recursos materiales eran primordiales para desplegar el juego político 21.

La vinculación entre dinero y política dentro de los partidos debe explicarse tomando en cuenta una serie de factores. El primero alude a su funcionamiento, ya que este se encontraba sustentado en un sistema de relaciones clientelares estructurado sobre la distribución de recursos 22. Un segundo se relaciona con la lógica empresarial de los hombres de negocios, donde existió una concepción patrimonial del Estado para la obtención de ventajas económicas cuyo correlato eran sus vínculos con el poder político 23. Otro de los factores se refiere a «los costos de la política» 24, es decir, al sistema de financiación que toda actividad partidaria conlleva. Para el periodo que estamos analizando los trabajos electorales suponían, entre otros, el sostenimiento de campañas, la edición de prensa partidaria, la reunión de dinero para actos públicos, la movilización de clientelas en los momentos de la inscripción y el ejercicio del sufragio 25.

Cabe recordar que las características del empresariado argentino han sido un tema central en la historiografía. Encontramos dos posturas claramente identificables. Una primera que define a estos sectores por su incapacidad para promover empresas que contribuyeran al desarrollo del país, siendo que en ellos primó una lógica especulativa y de enriquecimiento rápido. Una segunda que sostiene que este grupo es muy heterogéneo y que en él pueden reconocerse trayectorias con ciertas capacidades de riesgo e innovación 26. Por otra parte, en las últimas décadas, un conjunto de investigadores se han centrado en analizar las múltiples vinculaciones entre empresariado y poder político a través de algunas líneas de análisis como la relación entre clase terrateniente bonaerense y poder político, la importancia del corporativismo empresarial en la escena pública, la amalgama político-empresarial en torno a las obras de infraestructura urbana y el desarrollo político-empresarial de las burguesías regionales 27.

Sin embargo, la participación del empresariado en las tramas partidarias ha generado escaso interés en la historiografía argentina, en particular si tomamos en cuenta el periodo que nos ocupa. No obstante, algunos analistas han destacado la intervención de estos grupos en las instancias electorales, tales como la movilización de clientelas, la participación de rebeliones armadas, la financiación de las campañas electorales, la distribución de cargos públicos y la contribución económica en la publicidad de ciertas personalidades de la política 28.

El espacio santafesino y el escenario nacional durante las décadas de 1880 y 1890

Para la década de 1880 Argentina continuaba experimentando un importante auge económico. Ese crecimiento había sido viable por la llegada de capitales extranjeros que posibilitaron la extensión de las líneas férreas, la iniciación de obras de infraestructuras y la ampliación del sistema bancario 29. Ese proceso fue acompañado por el aumento del flujo inmigratorio y el desarrollo del sector agropecuario destinado a la exportación. En ese escenario, Santa Fe pudo integrarse con éxito al modelo agroexportador. Este proceso conllevó una ampliación de fenómenos de urbanización. Tal fue el caso del crecimiento registrado en ciudades como Rosario, ubicada al sur provincial, debido a su sistema de comunicación terrestre y fluvial 30.

El auge económico fue promovido por el partido gobernante a nivel nacional, el Partido Autonomista Nacional (en adelante PAN), que se estructuró bajo el liderazgo de los presidentes Julio A. Roca (1880-1886) y Miguel Juárez Celman (1886-1890). Dicho partido hegemónico gobernó más de treinta años en Argentina y presentó los rasgos de los engranajes políticos decimonónicos subrayados en el apartado anterior. La principal preocupación del PAN, en términos partidarios, fue la selección de las candidaturas para cargos electivos, adquiriendo mayor trascendencia la elección presidencial. En este escenario, los espacios provinciales se convirtieron en ámbitos de disputa claves para la imposición de las candidaturas. Ello llevó a la dirigencia nacional a mantener una relación estrecha con las provincias 31.

Si durante la década de 1880 el PAN pudo imponer su poder político sin mayores problemas, a partir de 1890, sus bases constitutivas se tensionaron debido a la crisis económica y financiera por la que atravesó el país y por las denuncias de corrupción que envolvían al juarismo. Sin duda, la década de los noventa fue un parteaguas para la política nacional. Por un lado, la renuncia de Juárez llevó al grupo gobernante a realizar sus mayores esfuerzos para forjar una serie de alianzas partidarias con los sectores opositores para sostenerse en el poder. Por otro, el PAN se sintió interpelado por la Unión Cívica —fraccionada en Unión Cívica Nacional y Unión Cívica Radical— que se constituyó en la principal fuerza opositora, luego de la renuncia de Juárez, y se erigió como un movimiento restaurador del sufragio universal y regenerador de una política impregnada por la corrupción generalizada 32.

En Santa Fe el autonomismo, tal como ya se ha dicho, recibió el nombre de Partido del Pueblo. El PP ejerció el poder provincial durante las últimas décadas del siglo xix y los primeros años del siguiente mediante el sostenimiento de una red de relaciones familiares, de amistad y clientelares cuyos principales líderes —dedicados a la colonización y a la actividad comercial— provinieron de los troncos familiares más encumbrados de la capital. Durante las décadas de 1880 y 1890 el PP disputó la arena electoral provincial con otros espacios que bregaban por una política más inclusiva, como, por ejemplo, el Partido Constitucional (1883-1886), integrado por personalidades que se habían separado del autonomismo local. Esas disputas tuvieron su correlato en el escenario político de Rosario, donde el autonomismo ejerció su preponderancia. Hacia 1890 y en consonancia con lo acaecido en la esfera nacional, la política provincial se vio convulsionada por la emergencia de la Unión Cívica, que tuvo importante adhesión en Rosario y en las colonias del centro-oeste provincial 33.

Durante estos años el PP mantuvo una relación fluctuante con el ejecutivo nacional. A lo largo de su gobernación, Simón de Iriondo (1871-1874 y 1878-1882) conservó cierta independencia en sus decisiones respecto a la política nacional. Luego de su muerte en 1883, los gobernantes que lo sucedieron, entre ellos José Gálvez (1886-1890), ensayaron una política más alineada con la conducción nacional 34. En parte, ello se explica por el acuerdo labrado entre Roca y Gálvez, en el cual este último se comprometía a direccionar los votos santafesinos hacia la candidatura de Juárez, en tanto Roca le garantizara su triunfo electoral como gobernador 35. A lo largo del periodo juarista los líderes provinciales mantuvieron buenas relaciones con la conducción nacional. Dicha actitud se encontraba en consonancia con la estrategia política presidencial de dejar a las provincias ciertos márgenes de libertad de maniobra a cambio de su lealtad política 36.

Cabe recordar que la figura de Gálvez había comenzado a cobrar notoriedad, luego de la muerte de Iriondo en 1883, al ser designado, un año después, ministro de Gobierno por el gobernador Manuel Zavalla. Durante su gobernación, Gálvez llevó adelante una serie de medidas para promover el desarrollo económico provincial. Al respecto algunas variables son significativas. En su periodo de gobierno Santa Fe quintuplicó el número de líneas férreas, duplicó el número de colonias agrícolas y triplicó la apertura de entidades bancarias, a la vez que el territorio experimentó un significativo aumento demográfico como consecuencia de la oleada inmigratoria 37.

Desde sus inicios, el galvismo tuvo como base de apoyo a los sectores empresariales de las ciudades de Santa Fe y Rosario ligados al capital británico, a la propiedad de la tierra, a la colonización agraria, a la actividad bancaria, a las empresas ferroviarias, a la especulación inmobiliaria y a la obra pública. Entre los nombres más resonantes se encontraban: Tristán Malbrán, Paulino Llambí Campbell, Carlos Casado, Eloy Palacios y Juan Canals 38. Las manifestaciones de los entramados político-empresariales se desarrollaron tanto en el ámbito público como privado. Un ejemplo de ello lo constituyó la Exposición Industrial y Agrícola de 1887. La celebración estuvo protagonizada por las elites políticas y económicas locales que, de manera mancomunada, unieron sus fuerzas para mostrarle a la sociedad los progresos económicos de la provincia 39. Más aún, dichos vínculos se hicieron evidentes a partir de los negociados que unieron tanto a empresarios como a políticos y que generaron la reacción de la opinión pública. Algunos de los escándalos estuvieron relacionados con la compra de tierras públicas, las irregularidades en la obra pública provincial y los desmanes del BPSF 40. Esa amalgama de intereses se explica en parte porque, si bien las figuras más preponderantes de la política en Santa Fe se dedicaron a la vida política, ello no les impidió acrecentar su patrimonio y enriquecerse durante su gestión mediante algunos negociados como el referido a la compra de tierras públicas 41. Asimismo, ciertos hombres de negocios ligados al PP dieron sus primeros pasos en la política local para luego dedicarse a la actividad empresarial (Palacios y Canals). Otros, en cambio, combinaron ambas esferas de actuación (Llambí Campbell), mientras que figuras como Casado circunscribieron su área de acción al ámbito empresarial, generando desde estos espacios amplias redes con el poder político. La participación de empresarios en la vida política y de políticos en la actividad económica hizo que la estrecha franja entre esfera pública y privada se viera alterada con frecuencia.

El BPSF: escenario político-empresarial del autonomismo

Durante la década de 1880 los Estados provinciales en Argentina acrecentaron su poder mediante una serie de mecanismos promovidos por el poder ejecutivo nacional, que consistía en darles a estos espacios mayor libertad en el manejo de la obra pública y del ámbito crediticio. Poco a poco los bancos se extendieron por el territorio, convirtiéndose en uno de los baluartes de los Gobiernos provinciales 42. Esa expansión en el sistema bancario se explica por la aplicación de la Ley de Bancos Garantidos, que establecía que cualquier entidad podía emitir moneda siempre que respaldara la emisión con la compra de bonos del Gobierno nacional 43.

El BPSF era una de las entidades bancarias más importantes; fue inaugurada en 1874 gracias al apoyo de la clase gobernante y de un grupo de empresarios de las ciudades de Rosario y Santa Fe. La firma revistió el carácter de una sociedad anónima de capitales mixtos, cuyo socio mayoritario era el Gobierno provincial y entre sus socios minoritarios se destacaban un grupo de hombres de negocios —entre otros, Casado y Canals— 44. Desde sus inicios, el banco persiguió el objetivo de controlar la emisión monetaria y facilitar el crédito al empresariado local 45.

Los miembros del PP tuvieron un papel protagónico en la apertura del banco dado el apoyo que les brindara el gobernador Servando Bayo. En esas instancias el Gobierno provincial contrajo un crédito externo para respaldar la emisión monetaria de la entidad 46. Más tarde, en 1876 Iriondo, quien fuera en esa oportunidad ministro del interior del Gobierno nacional, intervino en favor del BPSF con el objeto de arrebatarle el monopolio de la emisión monetaria al Banco de Londres y Río de la Plata 47. Por otra parte, las figuras prominentes de este espacio político estrecharon vínculos con la entidad, ya que formaron parte de su exclusiva clientela 48. Durante los años del galvismo, la dirigencia santafesina estuvo muy ligada a la entidad. Gálvez, en uno de sus discursos, destacaba la importancia que el BPSF tenía en las finanzas estatales, ya que con los dividendos por él generados el Estado provincial solventó sus obligaciones de pago en el exterior 49. Además, el banco se convirtió en un instrumento político del oficialismo 50. Para comprender este último punto no debe perderse de vista que durante la década de 1890 la firma fue blanco de múltiples denuncias, que fueron adquiriendo mayor notoriedad cuando el poder ejecutivo nacional al mando de Carlos Pellegrini (1890-1892) solicitó su intervención. El informe final del enviado del Gobierno, Ricardo Pillado, demostraba que desde el BPSF se habían presentado balances dobles, el encaje bancario había disminuido de forma significativa y un grupo de clientes ligados al círculo oficial, entre ellos Canals y Casado, eran sus principales deudores 51.

La importancia del caso del BPSF radica en que, a partir de las denuncias de corrupción que se esgrimieron a través de la opinión pública, el Parlamento nacional y las investigaciones judiciales, se puso al descubierto el entramado político-empresarial gestado dentro del PP 52. Cabe destacar que el término corrupción es utilizado aquí en un doble sentido por los denunciantes. Por una parte, como transgresión de la norma positiva, por las anomalías cometidas por los particulares y las autoridades bancarias. Por otra, el vocablo hacía referencia a la vulneración de los códigos morales del «deber» ser al que debían sujetarse empresarios y políticos 53. El foco de las denuncias fue el presunto enriquecimiento de las personas ligadas al partido gobernante sobre la base del BPSF. Una noticia aparecida en La Capital resulta ilustrativa: «Estamos distantes de creer que la totalidad de los que extrajeron dinero del Banco Provincial hayan pertenecido por completo á la fracción situacionista [...] pero sí puede afirmarse que del capital del mencionado banco, cuatro quintas partes han sido absorbidos por los miembros de ella» 54.

Esas acusaciones, que traspasaron el ámbito periodístico y llegaron al plano judicial, demostraban que los actores intervinientes habían transgredido la normativa bancaria. Por un lado, tenemos conocimiento que los directivos del banco fueron denunciados penalmente por Pillado al haber adulterado billetes bancarios y presentado balances falsos. Por otro, se estimaba que el empresario Canals se había visto beneficiado por estas irregularidades en el BPSF. El informe revelaba que, faltando a la norma, las autoridades bancarias habían acordado con él el pago de créditos —que eran parte del encaje bancario en oro— con bienes inmuebles. Esta operación incumplía la reglamentación que establecía que las sumas tomadas en el encaje debían ser devueltas en metálico 55. Dichas condiciones fueron acordadas en diferentes etapas de la negociación entre el empresario y el BPSF, anexándose nuevas cláusulas para el pago total de la deuda contraída 56.

Si bien en el informe referido no se denunciaba penalmente a la clase dirigente, existen algunos indicios que la relacionan de manera directa con las anomalías del BPSF. Según las declaraciones de algunos de los miembros de la oposición como Lejarza, el crédito concedido a Canals había servido no solo al particular, sino también al gobernador. La Capital hacía referencia, aunque sin dar nombres, al tipo de favores del que habría gozado Gálvez: «Él no debía a los Bancos [...] pues aparece que solo sus amigos y correligionarios políticos tenían la facultad de vaciarse las cajas de esos establecimientos [...] Si alguna vez llegó a deber trescientos o cuatro mil pesos, la deuda se arregló» 57.

Tal como hemos establecido en otro trabajo, Gálvez benefició a Canals facilitándole e intercediendo personalmente en la política local para que se le concediera la licitación de ciertas obras públicas. La influencia gubernamental se ejerció hacia el intendente de Rosario, Pedro Larrechea, y hacia algunos miembros del concejo deliberante, órgano encargado de aprobar las propuestas de obra pública, como Agustín Mazza 58. Esas prácticas, lejos de ser privativas del empresariado local, formaban parte de los beneficios que los hombres de negocios detentaron por mantenerse cerca del círculo oficial 59. Sin embargo, el entramado político-empresarial dentro del PP no solo se circunscribió a dicha entidad bancaria. Cabe destacar el caso de una de las casas inauguradas hacia la culminación del Gobierno de Gálvez: el Banco de Santa Fe, sociedad anónima independiente del BPSF creada en julio de 1889. Al igual que en esta última, sus principales accionistas fueron figuras claves del autonomismo provincial como Gálvez, Cafferata y Leiva, los políticos rosarinos Mazza y Larrechea, y empresarios ligados al PP como Canals, Palacios y Cipriano Arteaga 60.

A través del entramado descrito observamos los estrechos ­vínculos entre grupos políticos y empresariales dentro del PP, donde primó, en palabras de Díaz Morlán, una cadena de intercambio de favores (otorgamiento de créditos bancarios, pago de cuenta a terceros, etc.) y recomendaciones (aprobación de créditos bancarios por parte de los directivos a empresarios ligados al poder, influencia política de la gobernación de Santa Fe para la aprobación de licitaciones a favor de empresarios ligados al autonomismo, etc.) 61. Ese entramado no solo se evidenció en el ámbito de los negocios, sino que permeó el espacio político. En este sentido, focalizarse en el escenario electoral a los efectos de mensurar las prácticas desplegadas por los empresarios constituye, de cierta manera, una aproximación al estudio de las relaciones de reciprocidad entre el universo de la política y de los negocios 62.

La trama política detrás de los escándalos del BPSF

Los empresarios ligados al PP se involucraron, al igual que otros actores, en la dinámica política. Estos sectores no se distinguieron por participar en cargos electivos. En los casos en que intervinieron lo hicieron en los soportes del Estado local. Canals fue concejal por el PP durante el periodo 1881-1883 en calidad de titular, siendo reelecto con carácter de suplente ese mismo año, mientras que Palacios formó parte de la comisión administradora de Rosario durante 1885-1886 y 1886-1890. Al mismo tiempo que ejerció la dirección en el BPSF, Palacios ocupó una banca en el concejo deliberante 63. Tal como se dijo al comienzo del artículo, el poder provincial estaba en manos de las familias influyentes de la ciudad capital. Por tanto, estos dos casos son un ejemplo de que la labor política de la burguesía rosarina estaba circunscrita a la esfera local. Cabe recordar que el municipio era el único espacio en el que los inmigrantes podían elegir y ser elegidos sin estar naturalizados. Ello explica que personalidades como Canals, por su origen extranjero, supeditaran su accionar político a la escala local. Otro dato que aclara la doble pertenencia de estos hombres, en tanto personajes de la política y de los negocios, como lo corrobora el caso de Palacios, es que la concejalía no generaba renta, sino que era ejercida ad honorem 64.

Por otra parte, algunos empresarios relacionados con los escándalos del BPSF que fueron partícipes colaterales —por estar involucrados en los negociados de Canals— revistieron el cargo de electores. Un ejemplo de ello es Ventura Brignardello, hombre ligado al comercio, accionista y cliente del BPSF, que había sido cuestionado por estar vinculado a Canals en el negocio del adoquinado 65. Brignardello, junto a otros políticos locales como Larrechea y Mazza, fueron nombrados electores para designar al gobernador en las elecciones de 1890. Este rasgo del empresariado rosarino fue compartido en otros espacios como los del norte, donde los hombres de negocios fueron electores para el nombramiento de cargos presidenciales 66. Pero ¿en qué otros espacios de la política interactuaron estos sectores?

Un primer conglomerado de sus prácticas políticas se circunscribía a la participación en reuniones sociales, ámbitos que aunaban y fortalecían las identidades partidarias. Los actos públicos podían ir acompañados de la celebración de banquetes y la organización de bailes en momentos claves de la lucha electoral, como las campañas o los periodos de asunción o cese de los mandatarios 67. En particular, los banquetes fueron de la preferencia de los autonomistas provinciales, que con frecuencia utilizaban estos espacios de reunión política. La organización de un banquete no solo implicaba aunar esfuerzos para la concurrencia, sino que enfrentaba al partido al desafío de reunir el dinero para el agasajo 68. Fue por eso que el PP bosquejó diferentes estrategias, como la contribución forzosa —a la que fueron sometidos los empleados públicos— y los aportes particulares de «comerciantes y extranjeros» 69. En relación con la fiesta en honor a Gálvez, por la finalización de su mandato, y a Cafferata, por su asunción, observamos que algunos hombres de negocios contribuyeron materialmente al éxito de su realización. El Municipio, refiriéndose a Canals, informaba que él había puesto a su disposición «el vapor “Piloto” (que sale) hoy con destino a Santa Fé [sic] (para) dar su voto para agasajarnos con un nuevo gobernador» 70. Esta práctica sugerida por la prensa formó parte de las contraprestaciones que los empresarios brindaron a la clase gobernante por los favores recibidos 71. La celebración del banquete en honor al gobernante saliente estuvo acompañada de la entrega de un álbum conmemorativo. Ese obsequio era una muestra de gratitud de la ciudadanía a quienes «se halla(ban) adornados en virtudes políticas y (tenían) el valor de haber permanecido leales al puesto de honor á que fueran elevados» 72. La preparación para la entrega del álbum estuvo a cargo de una comisión que se comprometió, entre otras cosas, a reunir los fondos necesarios para su realización. Los empresarios habían participado de estos agasajos durante el periodo iriondista en tanto suscriptores del álbum, aunque esta vez ampliaron su nivel de actuación 73. Su comportamiento nos lleva a plantear un segundo punto, es decir, su función en tanto operadores políticos para el pago de recompensas en la búsqueda de adhesiones partidarias 74.

Cabe recordar que la finalización del mandato de Gálvez se desarrolló en un clima de extrema turbulencia. Las denuncias de corrupción administrativa durante su gestión estaban en el centro de la escena pública. Asimismo, esas acusaciones se enmarcaban en un escenario más complejo a nivel nacional. Indudablemente, las celebraciones por el cese de su mandato enfrentaron a los autonomistas al desafío de aunar sus esfuerzos para fortalecer su imagen pública frente a partidarios y detractores. La confección del álbum en honor a Gálvez fue una instancia más para medir su fuerza de convocatoria en el espacio político. El obsequio generó controversias dentro de la opinión pública, que cuestionó la iniciativa. Sobre este tema La Capital advertía: «La idea de presentar un álbum al Dr. Gálvez [...] no vemos que encierre la significación que le quieren encontrar sus iniciadores» 75. La polémica llegó a su punto máximo cuando la prensa denunció los mecanismos poco transparentes utilizados por los autonomistas para lograr la adhesión popular. Ante la falta de voluntarios, empresarios y políticos pusieron en marcha sus relaciones clientelares. Una nota aparecida en El Municipio describe la operación:

«Aquello del álbum [...] no da resultado en Santa Fe y hay que recurrir al Rosario en busca de gente que sepan escribir su nombre [...] Lo del peso es lo de menos porque si alguno lo precisa para ir al mercado y quiere firmar no faltará quien se lo pague [...] Para salvar la situación se reunirán hoy en el despacho de la intendencia los señores Mazza (A.), Canals, Berdaguer y Benegas.

También está citado Eloy Palacios, pero [...] está en Córdoba [...] ¿Qué acordará el cuarteto? No lo sabemos, pero no falta quien asegure que [...] se resolverá que los subordinados de la intendencia, los peones del contratista señor Canals [...] acudan a poner sus firmas en el álbum, aunque no paguen el máximun [sic 76.

Si bien solo El Municipio se hizo eco de estas acusaciones, en algunas notas referidas al álbum de Gálvez en el periódico La Cabrionera se nombraba a los empresarios y políticos en cuestión como los artífices de dicho recordatorio 77. Otro hecho que merece atención es la celebración de un encuentro en abril de 1890 convocado y protagonizado por comerciantes rosarinos en contra de las denuncias vertidas por la prensa respecto a las anomalías del BPSF. Para el oficialismo esta movilización se llevó a cabo «en honor (al) Director del Banco Provincial, Sr. D. Eloy Palacios» 78. La reunión, descrita como una «imponente movilización» 79, contó con la participación de diferentes oradores y la firma de un acta de adhesión. Sin embargo, la concentración fue cuestionada en sus bases organizativas por estar formada por los integrantes de las redes clientelares del empresariado. Tal como lo sugiere esta noticia: «fueron llegando peones del banco sindical [...] media hora antes de las nueve, salieron los pelotones de la casa de Canals dirigidos por sus capataces» 80.

Sobre este punto es importante recordar que los empresarios de la construcción, como Canals, desempeñaban un papel destacado en la escena política. La dirigencia partidaria se servía de figuras como él para aumentar sus bases clientelares en momentos claves de lucha política como lo podían ser el día de la elección o las instancias donde se llevaban a cabo movilizaciones partidarias 81. Sabemos que el empresario tenía bajo su cargo más de 2.300 obreros de la construcción, que en ciertas oportunidades benefició económicamente por medio de favores como préstamos personales 82. Por otra parte, los empresarios asumieron un rol protagónico en otro conjunto de prácticas circunscritas al juego electoral como la definición de las candidaturas y el aporte material para el uso de la violencia en las contiendas electorales y para el sostenimiento de los diarios ligados al PP. Focalizándonos en el primero de esos puntos, cabe recordar que la definición de las candidaturas partidarias involucraba a diferentes espacios políticos (clubes y prensa facciosa, entre otros). Estas instancias se presentaron como un complejo escenario de influencias y disputas partidarias 83. La elección de los candidatos partidarios constituía un hecho más trascendental que el acto electoral. A escala provincial, el gobernador saliente y sus bases de apoyo eran los grandes electores, en tanto que ellos imponían el nombre de la persona que iba a convertirse en el futuro gobernante 84.

Un caso interesante lo constituyó la candidatura de Cafferata, en tanto que el círculo Galvista, con fuerte presencia de los sectores empresariales, debió hacer sus mayores esfuerzos para desplazar a posibles contrincantes como Bernardo de Iturraspe. En este escenario, el empresariado cumplió un papel destacado tanto en una como en otra de las facciones en disputa. Mientras que Iturraspe contó entre sus bases de apoyo con los sectores comerciales, Cafferata halló en los grupos empresariales ligados a los escándalos del BPSF una gran cantidad de adhesiones 85. En uno de sus discursos pronunciados en campaña, Cafferata enumeraba los pilares a partir de los cuales se estructuraría su futuro Gobierno: «industrias protegidas, afluencia de capitales, valorización de la propiedad [...] movimiento comercial sin restricción [...] impuestos á la ganadería suprimidos [...] crédito real desarrollado» 86. En su disertación se observa la trascendencia que el sector económico revestiría en su gestión de gobierno. Sin duda estas políticas de Estado, junto a las lógicas con las que operaba la trama político-empresarial del autonomismo, fueron las causas por las cuales ciertos empresarios jugaron a favor de la candidatura de Cafferata. La extensa red de influencias que estos sectores detentaban a través de sus vínculos con los líderes del autonomismo nacional fue determinante para inclinar la balanza en favor de Cafferata. El diarismo advertía:

«Nos cuesta creer que [...] se rompa la liga comercial que une lo provincial con lo nacional.

Gálvez y Cafferata no serán hombres políticos [...] pero hay que reconocerles perspicacia y talento mercantil: [...] La candidatura del exministro de Gobierno ha sido elaborada por elementos poderosos: [...] Mil leguas de tierras colonizables [...] un banco con 25 millones de capital, un privilegio por 40 años para explotar los muelles del Rosario [...] Mercantilmente hablando, no hay otro candidato que pueda ofrecer mayores ventajas y beneficios á los que desde elevadas alturas cotizan su influencia electoral» 87.

Si bien es difícil atisbar el grado y el modo en que esa influencia se llevó a cabo, sabemos que existían vinculaciones entre algunos empresarios como Canals y parte de la dirigencia nacional. Ese entramado cristalizó a partir de la concreción de sus proyectos para la construcción del puerto de Rosario, que fueron aprobados por el ejecutivo nacional. En una de sus cartas Canals aseveraba: «El presidente ha aprobado los estatutos de la compañía Puerto de Rosario y será fácil que ella me otorgue los poderes amplios y necesarios para tratar el asunto» 88. El sostenimiento de la candidatura de Cafferata servía a este círculo empresarial para continuar detentando los privilegios de los que era merecedor por su cercanía a los resortes estatales. Por otra parte, la correspondencia del empresario permite vislumbrar la presencia de estos sectores en los espacios políticos. Si bien su grado de influencia no puede comprobarse, sí estamos en condiciones de decir que hombres como Canals asistían a reuniones íntimas con los líderes del autonomismo local. En una de sus cartas Canals comentaba: «Tuve unos quince días en casa a Gálvez cuando la inauguración y arreglo de la política de gobierno futura. Siempre hace muchos esfuerzos por su candidatura y hasta temo que si el presidente es bondadoso con él, nos darán algún desagrado porque todo lo hacen invocando el nombre del presidente» 89.

Si leemos con atención la última parte del escrito observamos en Canals un tono distinto, más cauto, respecto a la política del presidente Pellegrini. Ello contrasta con las cartas en las que se refiere al asunto del puerto y a la confianza que él tenía en los funcionarios del ejecutivo nacional, al mando de Juárez. En parte de su correspondencia argumentaba: «En el Ministerio del Interior tenemos ahora al Dr. Zabalía y estoy seguro que antes de veinte días tengo todo en mi poder completamente despachado me refiero lo pertinente á Puerto Nuevo [...] No diga nada de la política porque en nada afectará nuestros intereses á no ser para mejorarlos» 90.

Otra de las prácticas políticas donde los empresarios se hicieron visibles fue en el sostenimiento económico de los trabajos electorales. Cabe recordar que los partidos políticos del siglo xix fueron financiados con los recursos materiales que les aportaban sus líderes y seguidores 91. En este sentido, los grupos empresariales cumplieron un importante rol. La lucha electoral generaba altos costos para los partidos políticos. Por ejemplo, para el ejercicio de la violencia en momentos claves de la lucha electoral —como la convalidación de las candidaturas o el reclutamiento de electores— se necesitaba de la provisión de armamento 92. El diario santafesino La Revolución acusaba al empresariado ligado al iturraspismo por su participación política: «Las armas que introducía clandestinamente [...] D. Juan von Wyl [...] ha caído bajo la garra de la policía marítima [...]. Figúrense ustedes cuáles eran los confites que contenía el cajón que se le embargó [...] 18 carabinas rémington [...] 12 revolwers [sic] [...] 6 machetes [...] y nos van a venir [...] que eso no era para hacer barullos» 93.

Denuncias similares recibieron empresarios ligados al autonomismo como Canals. Un diario antigalvista lo culpaba de proveer de municiones al PP. En relación con un agasajo celebrado en honor a Cafferata, el diarismo sugería: «El banquete fue ofrecido á un candidato, y á uno que de antemano no tiene necesidad de contar con él para saber los recursos con que cuenta para la lucha electoral, puesto que sabe de dónde le viene el “prestigio” de donde la fuerza de opinión que “lo rodea” [...] esto es la preponderancia de los adoquines (entiéndase remington) introducido por el pavimentador señor Canals» 94.

Por último, otro de los niveles de actuación del empresariado se ligó a la lucha esgrimida en la prensa facciosa. Cabe recordar que esta se constituyó en uno de los principales medios por los cuales los partidos no solo expresaban sus ideas, sino que también interpelaban a los opositores y se defendían de sus ataques 95. El autonomismo provincial contó con varios órganos de prensa como, por ejemplo, Caramelo. Según las acusaciones de la prensa antigalvista, Gálvez recibió aportes de personajes influyentes del mundo de los negocios ligados al autonomismo como Palacios. Según El Municipio, Palacios había desembolsado «3.558 pesos moneda nacional 98 centavos» 96 para que desde las columnas de ese periódico se lo defendiera ante las acusaciones por las anomalías registradas en el BPSF 97.

Consideraciones finales

El testimonio que inicia este artículo daba cuenta de la centralidad que el empresariado rosarino había tenido en el escenario político. Si bien, tal como lo sugería Canals, este no había sido su ámbito exclusivo de actuación, su nombre era pronunciado una y otra vez en los espacios de poder por haber sido parte de la trama política del autonomismo provincial. Las anomalías registradas en el BPSF se constituyeron en un microcosmos privilegiado para observar cómo dentro del partido oficial los negocios salpicaban a la política, a la vez que la política se introducía en el mundo empresarial. Esa trama, que operaba en ambas esferas, estaba configurada por relaciones de lealtad y reciprocidad sustentadas en el mecanismo del favor, cuyo ámbito aglutinador era el PP. El elemento central de esas relaciones eran los recursos materiales transferidos desde la esfera pública a la privada y viceversa.

Los empresarios estructuraron sus negocios en torno a las relaciones políticas y obtuvieron de las arcas del Estado protección, influencia y beneficios económicos. Dichos favores fueron devueltos por estos sectores en instancias clave del juego político. Tal como hemos visto, los empresarios rosarinos fueron parte integrante de las prácticas partidarias. En algunos momentos las relaciones recíprocas se nutrieron de los recursos materiales que el empresariado aportaba en la organización de reuniones públicas, en el pago de adhesiones políticas, en la financiación de las empresas editoriales y en la compra de armamento para los trabajos electorales; mientras que, en otras circunstancias, los hombres de negocios demostraron su lealtad operando políticamente en favor de ciertas candidaturas. Así, el dinero se fundía y constituía en un componente nodal de las relaciones político-empresariales dentro del PP. No debe olvidarse que fue la crisis política, pero también económica, la que sacudió la estructura partidaria provincial. El cimbronazo económico que sufrió la provincia como correlato de la crisis financiera a nivel nacional, el desguace del BPSF, la quiebra de empresarios como Canals, la muerte natural de directores bancarios como Palacios o las denuncias judiciales, parlamentarias y públicas en contra de la corrupción administrativa, fueron todos elementos que coadyuvaron a una reconfiguración del autonomismo provincial. A principios de la década de 1890, el PP no solo debió enfrentarse a sus principales opositores o al modo de operar del ejecutivo nacional, sino que necesitó ensayar una respuesta ante la desestructuración de esas tramas vinculares. Quizá esas declaraciones dichas por Canals en 1894, inconsciente o conscientemente, explicaban por qué su nombre era pronunciado con fines políticos. Simplemente porque los opositores aludían a él para evidenciar parte de la lógica política con la que había actuado el PP durante el galvismo.


* El artículo se enmarca en el proyecto de investigación de la Agencia de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de Argentina, «Las formas de mediación y producción del sufragio. El problema del partido mirado en clave comparada desde experiencias provinciales», dirigido por la Dra. Marta Bonaudo. La autora agradece los comentarios efectuados por los evaluadores anónimos de la revista Ayer.

1 La Capital, 4 de septiembre de 1894. Santa Fe es una provincia ubicada en el centro-este del territorio argentino.

2 Juan Canals fue un inmigrante catalán, radicado en 1871 en la ciudad santafesina de Rosario, que se destacó en la actividad comercial, inmobiliaria y de la construcción. Durante la década de 1880 y por su accionar en la obra pública fue considerado uno de los empresarios más cercanos al poder político oficial. Finalmente, murió empobrecido en Buenos Aires en 1901.

3 Congreso Nacional de la República Argentina, «Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados. Continuación de la 22.º sesión ordinaria, del 24 de agosto de 1894-Continuación de la 22° sesión ordinaria, del 27 de agosto de 1894», Buenos Aires, Imprenta del Congreso, 1894, pp. 584-612 y 613-644.

4 Sandra Fernández, Adriana Pons y Óscar Videla: «Una burguesía local dentro de un espacio regional. Rosario, 1880-1912. Un intento de caracterización», Travesía, 3/4 (2003), pp. 233-249.

5 La Capital, 29 de agosto de 1890.

6 Pablo Díaz Morlán: «Un ejemplo de clientelismo empresarial: la influencia política del industrial Horacio Echeverrieta», Historia Social, 36 (2000), pp. 101-120, esp. p. 108.

7 Acordamos con Timothy Duncan que la política bancaria llevada a cabo por el oficialismo en este periodo facilitó la congregación de sus bases políticas. Véase William Timothy Duncan: Government by Audacity. Politics and the Argentine Economy, 1885-1892, tesis doctoral, University of Molbourne, 1981.

8 Mercedes Cabrera y Fernando del Rey Reguillo: El poder de los empresarios: política e intereses económicos en la España contemporánea (1875-2000), Madrid, Taurus, 2002, p. 67.

9 No existen archivos particulares ni del PP ni de sus líderes. La prensa decimonónica se caracterizó por responder en sus líneas editoriales a las facciones políticas a las que pertenecían sus directores y propietarios.

10 Marta Bonaudo: «Repensando el partido/facción en la experiencia latinoamericana», Illes i Imperis, 17 (2015), pp. 15-42, esp. p. 31.

11 Ibid., p. 27. Sobre el tratamiento del término facción en la historiografía argentina véase Ignacio Zubizarreta: «Disconformidad de la reciente historiografía argentina en el término facción: breve estado de la cuestión», Illes i Imperis, 17 (2015), pp. 43-56.

12 Hilda Sábato: «Elecciones y prácticas electorales en Buenos Aires, 1860-1880. ¿Sufragio universal sin ciudadanía política?», en Antonio Annino (coord.): Historia de las elecciones en Iberoamérica, siglo xix. De la formación del espacio político nacional, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1995, pp. 107-142, esp. p. 125.

13 Marta Bonaudo: «Logias y partidos en la circulación y difusión de la(s) cultura(s) política(s) liberal(es) (1830/1850-1890)», en Nuria Tabanera y Marta Bonaudo (coords.): América Latina: de la independencia a la crisis del liberalismo, 1810-1930, Madrid, Marcial Pons-Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2016, pp. 133-166, esp. p. 163.

14 Marta Bonaudo: «Repensando el partido/facción...», p. 25; Hilda Sábato: La política en las calles, entre el voto y la movilización: Buenos Aires, 1862-1880, Quilmes, Universidad de Quilmes, 2004, p. 93, y Pilar González Bernaldo: «Los clubes electorales porteños durante la secesión del Estado de Buenos Aires (1852-1861): la articulación de dos lógicas de representación en el seno de la esfera pública porteña», en Hilda Sábato (ed.): Ciudadanía política y formación de las naciones, México, Fondo de Cultura Económica, 1999, pp. 142-161, esp. p. 155.

15 Marta Bonaudo: «Reflexiones para un prólogo», en Diego Mauro y Leandro Lichtmajer (coords.): Los costos de la política. Del centenario al primer peronismo, Buenos Aires, Imago Mundi, 2014, p. X.

16 Paula Alonso: Jardines secretos, legitimaciones públicas. El Partido Autonomista Nacional y la política argentina de fines del siglo xix, Buenos Aires, Edhasa, 2010, p. 39, y Beatriz Bragoni: «¿Gobiernos de familia? Elites, poder y política en la experiencia argentina del siglo xx», en Beatriz Bragoni (ed.): Microanálisis. Ensayos de historiografía argentina, Buenos Aires, Prometeo, 2004, pp. 145-177, esp. p. 174. Para un análisis de la amalgama entre intereses económicos y políticos en el caso español durante el siglo xix consúltense Juan Pro Ruiz: «Poder político y poder económico en el Madrid de los moderados (1844-1854)», Ayer, 66 (2007), pp. 27-55; María Sierra: «La casa Ybarra: política de honor y política de interés», Historia Social, 36 (2000), pp. 3-20, y María Antonia Peña Guerrero: «Caciquismo y poder empresarial. El papel político de las compañías mineras en la provincia de Huelva, 1898-1923», Trocadero, 5 (1993), pp. 299-324.

17 Roberto Schmith: «El poder político entrerriano en la encrucijada del cambio, 1861-1870», en Beatriz Bragoni y Eduardo Míguez (coords.): Un nuevo orden político. Provincias y Estado Nacional, 1852-1880, Buenos Aires, Biblos, 2010, pp. 121-145, esp. p. 141.

18 Claudia Herrera: Elites y poder en Argentina y España en la segunda mitad del siglo xix, tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid, 2003; María Celia Bravo y Daniel Campi: «Elite y sistema de poder en Tucumán a fines del siglo xix. Una aproximación al problema», Secuencia, 47 (2000), pp. 75-104; Francisco Bolsi: «Redes sociales, vínculos familiares y poder político en el Río de la Plata en el siglo xix. Los Posse en Tucumán, 1820-1870», Páginas, 13 (2015), pp. 8-28; Beatriz Bragoni: Los hijos de la revolución: familia, negocios y poder en Mendoza en el siglo xix, Buenos Aires, Taurus, 1999, y Rodolfo Richard Jorba: Empresarios ricos, trabajadores pobres. Vitivinicultura y desarrollo capitalista en Mendoza (1870-1918), Rosario, Prohistoria, 2010.

19 Tulio Halperin Donghi: «Clase terrateniente y poder político en Buenos Aires (1820-1930)», en La formación de la clase terrateniente bonaerense, Buenos ­Aires, Prometeo, 2005, pp. 75-105; Roy Hora: Los terratenientes de la pampa argentina. Una historia social y política, 1860-1945, Buenos Aires, Siglo XXI, 2005; íd.: Los estancieros contra el Estado. La Liga Agraria y la formación del ruralismo político en la Argentina, Buenos Aires, Siglo XXI, 2009; Sandra Fernández, Adriana Pons y Oscar Videla: «Una burguesía local...», pp. 233-249, y Romina Garcilazo: «El empresariado de la obra pública y los grupos políticos durante el galvismo. Santa Fe (Argentina), segunda mitad del siglo xix», América Latina en la Historia Económica, 24 (2017), pp. 125-147.

20 María Antonia Peña Guerrero: «Caciquismo y poder empresarial...», p. 299. En algunos estudios referidos al empresariado mexicano y uruguayo puede observarse dicha complejidad. Véanse Priscilla Connolly: «S. Person & Son: contratistas de obras públicas», en Carlos Marichal y Mario Cerrutti (coords.): Historia de las grandes empresas en México, 1850-1930, México, Universidad Autónoma de Nueva León-Fondo de Cultura Económica, 1997, pp. 107-135, y Daniele Bonfanti: «Plural ha sido la celeste historia. Consolidación y decadencia de las redes de poder de la elite modernizadora rioplatense, 1850-1930», Páginas, 15 (2017), pp. 29-47.

21 Marta Bonaudo: «Reflexiones para...», p. X, y Jean Cartier Bresson: «Dinero y política: un esbozo analítico acerca de la economía política del clientelismo», Nueva Sociedad, 225 (2010), pp. 86-103.

22 Paula Alonso: Jardines secretos, legitimaciones públicas..., p. 39. El clientelismo está asociado al término patronazgo y ambos han sido definidos como «las dos caras de una misma moneda llamada relación patrón-cliente, son expresiones para denominar a conjuntos de individuos que establecen [...] relaciones personalizadas o institucionalizadas entre desiguales, con intercambio recíproco de bienes y servicios». Véase Antonio Robles Egea: «Introducción», en Antonio Robles Egea (coord.): Política en la penumbra. Patronazgo y clientelismo en la España contemporánea, Madrid, Siglo XXI, 1996, p. 2. Sin embargo, la vinculación entre ambos componentes continúa siendo motivo de debate. Véase María Antonia Peña Guerrero: Clientelismo político y poderes periféricos durante la Restauración. Huelva, 1874-1923, Huelva, Universidad de Huelva, 2017, pp. 30-32.

23 Pablo Díaz Morlán: «Un ejemplo de clientelismo empresarial...», p. 107.

24 Diego Mauro y Leandro Lichtmajer (coords.): Los costos de la política..., p. XIV.

25 Ibid., p. XIV, y Beatriz Bragoni: «¿Gobiernos de familia?...», p. 174. El sufragio universal estaba consagrado en la Constitución de 1853, aunque no todos los ciudadanos que estaban en condiciones de ejercer este derecho lo hicieron. Ello se debió, entre otras causas, al control del proceso de elección por parte de la elite.

26 Para una síntesis de los principales debates acaecidos en la historiografía argentina respecto al empresariado nacional véase María Inés Barbero: «La historia de empresas en la Argentina: trayectoria y temas en debate en las últimas dos décadas», en Jorge Gelman (coord.): La historia económica argentina en la encrucijada. Balances y perspectivas, Buenos Aires, Prometeo, 2006, pp. 161-163.

27 Entre los autores que han abordado estas temáticas se encuentran los planteamientos de Tulio Halperín Donghi y Roy Hora para el escenario bonaerense. Mientras que las burguesías regionales han sido estudiadas por un conjunto de especialistas. Para los casos santafesino, tucumano y mendocino se destacan los estudios de Fernández, Videla, Pons, Bonaudo y Garcilazo, Herrera, Bolsi, Richard Jorba y Bragoni, entre otros. Por otra parte, investigaciones como las de Lotersztain, que han abordado los entramados político-empresariales en torno a las obras de infraestructura urbana, y las de Rocchi, circunscritas a las corporaciones industriales, son significativas de estos debates. Asimismo, para una sinopsis más extensa respecto a dichas temáticas véase Romina Garcilazo: «El empresariado de la obra pública...», p. 126.

28 Hilda Sábato: La política en las calles...; María José Navajas: Actores, representaciones, discursos y prácticas: la política en Tucumán, Argentina, 1852-1887, tesis doctoral, El Colegio de México, 2008, p. 134; Claudia Herrera: Elites y poder en Argentina..., p. 69; Beatriz Bragoni: «Redes, inmigración y movilidad social en Mendoza: racionalidad empresaria y modos de relación política en una parentela finisecular, 1880-1930», Estudios Migratorios Latinoamericanos, 24 (1993), pp. 171-203; Gustavo Paz: «El gobierno de los “conspicuos”: familia y poder en Jujuy, 1853-1875», en Hilda Sábato y Alberto Lettieri (coords.): La vida política en la Argentina en el siglo xix: armas, votos y voces, Buenos Aires, Siglo XXI, 2003, pp. 223-241, y Leonardo Hirsch y Juan José Santos: «Campañas electorales en la provincia de Buenos Aires en la segunda mitad del siglo xix. Las giras políticas del mitrismo en 1873-1874 y 1893-1894», Polhis, 11 (2013), pp. 106-116.

29 Carlos Marichal: «Los banqueros europeos y los empréstitos argentinos: rivalidad y colaboración, 1880-1980», Revista de Historia Económica, 1 (1984), pp. 47-82, esp. p. 49.

30 Sandra Fernández y Óscar Videla: «La evolución económica rosarina durante el desarrollo agroexportador», en Ricardo Falcón y Myriam Stanley (dirs.): Historia de Rosario, Rosario, Homo Sapiens, 2001, pp. 55-109.

31 Paula Alonso: Jardines secretos, legitimaciones públicas..., pp. 15-16.

32 Ana Virginia Persello: Historia del radicalismo, Buenos Aires, Edhasa, 2007.

33 Marta Bonaudo: «Vecinos, contribuyentes y ciudadanos entre la representación de intereses y el interés general», Revista de Historia, 10 (2005), pp. 31-33.

34 Paula Alonso: Jardines secretos, legitimaciones públicas..., p. 238.

35 Miguel Ángel de Marco: «Santa Fe y el galvismo», Res Gesta, 29 (1991), pp. 73-96, esp. p. 75. El presidente y el vicepresidente eran elegidos de manera indirecta. Las juntas electorales votadas por los ciudadanos eran las encargadas de nombrar a dichas autoridades.

36 Paula Alonso, Jardines secretos, legitimaciones públicas..., p. 227.

37 Ezequiel Gallo: La pampa gringa, Buenos Aires, Edhasa, 2004 (1.ª ed., 1983), pp. 65-66.

38 Miguel Ángel de Marco: «El contralor del Estado en la transformación argentina», Temas de Historia Argentina y Americana, 1 (2002), pp. 15-63.

39 Sergio Peralta: «De modernidad y de visibilidad», en Santa Fe, 1887. Primera exposición y feria provincial. Fotografías de Augusto Lutsch, Santa Fe, Gobierno de la ciudad, 2011, p. 23.

40 Miguel Ángel de Marco: «El contralor del Estado...», p. 20; Romina Garcilazo: «Un tema conflictivo: la propuesta de Juan Canals para la construcción de tabladas, mataderos y mercados de abasto, Rosario, 1889», Secuencia, 86 (2013), pp. 111-135, e íd.: «El empresariado de la obra pública...», pp. 132-141.

41 Miguel Ángel de Marco: «El contralor del Estado...», p. 22.

42 Israel Lotersztain: Los bancos se roban con firmas. Corrupción y crisis en 1890, Buenos Aires, Turmalina, 2010, p. 124.

43 Fernando Rocchi: «El péndulo de la riqueza: la economía Argentina ­1880-1916», en Mirta Lobato (dir.): El progreso, la modernización y sus límites ­1880-1916, Buenos Aires, Sudamericana, 2000, p. 39.

44 Memoria que el directorio provisorio del Banco Provincial de Santa Fe presenta a los señores accionistas el 10 de septiembre de 1874, Rosario, Imprenta de Eudoro Carrasco, 1874, pp. 12-17.

45 Augusto Comisso: «El Banco Provincial de Santa Fe», en Carina Frid y Norma Lanciotti (coords.): De la expansión agraria al desarrollo industrial: la economía de Santa Fe entre 1850 y 1970, Rosario, Prohistoria, 2013, pp. 49-86, esp. p. 71.

46 Ibid., p. 51.

47 Ezequiel Gallo: «El gobierno de Santa Fe y el Banco de Londres y Río de la Plata (1876)», Revista Latinoamericana de Sociología, 2-3 (1971), pp. 147-174.

48 Carta de don Juan Dam a Simón de Iriondo, 16 de enero de 1883, Archivo Histórico Provincial de Santa Fe (en adelante AHPSF), Fondo Simón de Iriondo, Correspondencia política y privada, 1869-1883, fols. 12-13.

49 La Revolución, 3 de junio de 1886.

50 La Capital, 29 de agosto de 1890.

51 Romina Garcilazo: «El empresariado de la obra pública...», p. 139. El contenido del informe Pillado fue publicado de manera exhaustiva en la prensa local. Véase «Ruidoso proceso. El Banco Provincial de Santa Fe. Otro escritor del interventor», El Municipio, 25 de octubre de 1890.

52 Estas fueron las vías mediante las cuales se replicaron las acusaciones respecto a las anomalías suscitadas en las diferentes entidades bancarias del país. Al respecto consúltense Israel Lotersztain: Los bancos se roban con firmas..., pp. 123-138, e Inés Rojkind: «“El triunfo moral del pueblo”. Denuncias de corrupción y movilización política en Buenos Aires a fines del siglo xix», en Christoph Rosenmüller y Stephan Ruderer (eds.): «Dádivas, dones y dineros». Aportes a una nueva historia de la corrupción en América Latina desde el Imperio español hasta la modernidad, Madrid, Iberoamericana, 2016, pp. 172-175.

53 Romina Garcilazo: «Empresariado y poder político. El caso del Club del Pueblo en Santa Fe (Argentina), segunda mitad del siglo xix», XVIII Congreso Internacional de AHILA, Universidad de Valencia, 2017, pp. 16-20.

54 La Capital, 29 de agosto de 1894. Juan Manuel Cafferata (1890-1893) y Luciano Leiva (1894-1898) sucedieron a Gálvez en la gobernación. Por otra parte, el estado de las cuentas corrientes de la entidad revela que entre sus clientes se encontraban empresarios ligados al autonomismo: Canals, Juan Dam (socio de Canals), Casado, Palacios y Nicasio Vila (comerciante y político rosarino). Véase «Cuentas corrientes del BPSF», Santa Fe, rollo 25, s. n., julio de 1887 a septiembre de 1889, Archivo del Museo Histórico Provincial de Rosario Dr. Julio Marc, Libros del BPSF.

55 Luego de constatarse las anomalías bancarias, la comisión presidida por Pillado presentó una denuncia de defraudación en los Tribunales Federales de Rosario. Véase Alberto Campazas: Historia del Banco Provincial de Santa Fe, Santa Fe, Banco Provincial, 1987, p. 182, y El Municipio, 25 de octubre de 1890.

56 «Banco Provincial (Rosario) arreglo de deuda de D. Juan Canals» y «Banco Provincial del Rosario: documentos relacionados al arreglo de la deuda con el Banco Nacional en Liquidación y exoneración de impuestos en el asunto Juan Canals», Santa Fe, 1899, AHPSF, Ministerio de Hacienda, Justicia y Obras Públicas, vol. 35, fols. 1-42 y 111-142.

57 La Capital, 1 de septiembre de 1894.

58 Romina Garcilazo: «Un tema conflictivo...», pp. 128-129.

59 Priscilla Connolly: «S. Person & Son...», pp. 120-123.

60 Primera Asamblea General del Banco de Santa Fe, Santa Fe, 14 de junio de 1889, AHPSF, Ministerio de Gobierno, Sección Gobierno, t. 97, fols. 379-380.

61 Pablo Díaz Morlán: «Un ejemplo de clientelismo empresarial...», p. 109. Acerca de cómo las entidades bancarias del país se convirtieron en espacios donde se entramaban estos intercambios véase Israel Lotersztain: Los bancos se roban con firmas..., esp. pp. 99, 107 y 125.

62 Antonio Robles Egea: «Introducción», p. 4.

63 Nómina de los señores que forman parte del Consejo Deliberante, Consejo Ejecutor y Comisión Administradora desde 1873 hasta 1989, Rosario, Municipalidad de Rosario, 1989, pp. 13-14.

64 Diego Roldán: «Fabricar el gobierno», en Darío Barriera (dir.): Instituciones, gobierno y territorio. Rosario, de la Capilla al Municipio (1725-1930), Rosario, ISHIR-CONICET, 2010, pp. 113-124.

65 «Cuentas corrientes del BPSF, 1874-1878 y 1881», Archivo del Museo Histórico Provincial de Rosario Dr. Julio Marc, rollos 13 y 15, s. n., Libros del BPSF; «Testimonio de declaratoria de Don Juan Canals a Ventura Brignardello (hijo)», Rosario, 18 de julio de 1890, Archivo Histórico del Consejo Municipal de Rosario, Concejo Deliberante, Expedientes Terminados, V, XX, fols. 262-264, y «Testimonio de transferencia Don Juan Canals a Ventura Brignardello (hijo)», vol. XXII, fols. 370-374, Rosario, 1890, Archivo Histórico del Consejo Municipal de Rosario, Concejo Deliberante, Expedientes Terminados.

66 Claudia Herrera: Elites y poder en Argentina..., p. 163. La función de los electores era representar a las fuerzas políticas en pugna y dar su voto a los candidatos acordados en las negociaciones partidarias. Véase Marcela Ferrari: Los políticos en la Argentina radical. Prácticas políticas y construcción de poder, Buenos Aires, Siglo XXI, 2008, p. 41.

67 Leonardo Hirsch y Juan José Santos: «Campañas electorales en la provincia de Buenos Aires...», p. 110.

68 La Revolución, 29 de abril de 1886.

69 Ibid.

70 El Municipio, 4 de marzo de 1890. Canals hizo referencia a un vapor de 4.000.000 de pesos m/n. Véase Carta de Juan Canals a Alfredo de Arteaga, Rosario, 19 de abril de 1890, AGN, Archivo de Tribunales y Protocolos, Tribunales Judiciales de la provincia de Buenos Aires, fuero civil y comercial 1850-1957, fols. 79-85.

71 María Sierra: «La casa Ybarra...», p. 13.

72 El Independiente, 9 de abril de 1882.

73 Entre los suscriptores al álbum de Iriondo se encontraban: Casado, Palacios, Juan Dam (suegro de Canals) y la firma Escayola, Canals y Cía. Véase El Independiente, 10 y 11 de enero de 1882.

74 Marta Bonaudo: «Repensando el partido/facción...», p. 33.

75 La Capital, 18 de marzo de 1890.

76 El Municipio, 11 de marzo de 1890.

77 La Cabrionera, 13 de abril de 1890.

78 Caramelo, 7 de abril de 1890.

79 Ibid.

80 El Municipio, 1 de abril de 1890.

81 Hilda Sábato: La política en las calles..., p. 134.

82 Carta de Juan Canals a Alfredo de Arteaga, Rosario, 4 de abril de 1890, AGN, Archivo de Tribunales y Protocolos, Tribunales Judiciales de la provincia de Buenos Aires, fuero civil y comercial 1850-1957, fols. 65-70, y Caramelo, 19 de mayo de 1889. El paternalismo fue uno de los rasgos que caracterizó al empresariado industrial. Véase Fernando Rocchi: «Un largo camino a casa: empresarios, trabajadores e identidad industrial en Argentina, 1880-1930», en Juan Suriano (coord.): La cuestión social en Argentina 1870-1943, Buenos Aires, La Colmena, 2000, p. 172.

83 Hilda Sábato: La política en las calles..., p. 149, y María Celia Bravo: «Elecciones y prácticas electorales en Tucumán-Argentina, 1870-1880», Historia y memoria, 10 (2015), pp. 241-270, esp. p. 246.

84 Paula Alonso: Jardines secretos, legitimaciones públicas..., pp. 28-34.

85 La Revolución, 2 de febrero de 1889.

86 La Revolución, 12 de febrero de 1889.

87 El Municipio, 30 de enero de 1890.

88 Carta de Juan Canals a Alfredo de Arteaga, Rosario, 21 de diciembre de 1890, AGN, Archivo de Tribunales y Protocolos, Tribunales Judiciales de la provincia de Buenos Aires, fuero civil y comercial 1850-1957, fols. 107-109.

89 Carta de Juan Canals a Alfredo de Arteaga, Rosario, 20 de diciembre de 1890, AGN, Archivo de Tribunales y Protocolos, Tribunales Judiciales de la provincia de Buenos Aires, fuero civil y comercial 1850-1957, fol. 113. En la correspondencia se hace referencia a la candidatura de Gálvez para senador nacional y al presidente Pellegrini.

90 Carta de Juan Canals a Alfredo de Arteaga, Rosario, 19 de abril de 1890, AGN, Archivo de Tribunales y Protocolos, Tribunales Judiciales de la provincia de Buenos Aires, fuero civil y comercial 1850-1957, fols. 79-85.

91 Leandro Lichtmajer: «Operando sobre la coyuntura. Inflexiones en las vías de financiamiento de la UCR de Tucumán durante el primer peronismo», en Diego Mauro y Leandro Lichtmajer (coords.): Los costos de la política. Del centenario al primer peronismo, Buenos Aires, Imago Mundi, 2014, pp. 81-97, esp. p. 81.

92 Marta Bonaudo: «Repensando el partido/facción...», p. 26.

93 La Revolución, 12 de febrero de 1889.

94 El Municipio, 9 de febrero de 1890 (el resaltado nos pertenece).

95 Paula Alonso: Jardines secretos, legitimaciones públicas..., p. 45.

96 El Municipio, 6 de abril de 1890.

97 Caramelo, 7 de abril de 1890.