Ayer 127/2022 (3): 307-333
Sección: Estudios
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2022
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/895
Martin Kindl
Recibido: 11-06-2019 | Aceptado: 27-03-2020 | Publicado on-line: 17-06-2022
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License
«En Madrid se lucha por Praga». La Guerra Civil española en la memoria cultural checa
Martin Kindl*
Universidad Carolina, Praga
m.kindl87@seznam.cz
Resumen: En la memoria cultural checa, la Guerra Civil española ocupa un lugar permanente, ya que ha sido ampliamente abordada en la historiografía, en la enseñanza de la asignatura de «Historia mundial» y en los eventos organizados con ocasión de distintos aniversarios. Este prolongado interés no se debe tanto al afán de la sociedad checa por conocer y saber interpretar la Guerra Civil española, sino más bien a los procesos como los checos construyen la imagen de sí mismos, de sus valores propios, del «carácter nacional checo» y del lugar que Chequia debería ocupar en Europa. El artículo se propone averiguar por qué los checos se interesan por la Guerra Civil española; cómo ha ido cambiando la imagen de este conflicto; qué significados le atribuyen y qué argumentos usan para defender una u otra interpretación.
Palabras clave: Guerra Civil española, Chequia, Acuerdo de Múnich, memoria cultural, discurso.
Abstract: The Spanish Civil War has a permanent place in Czech historical memory, figuring in historical literature, history teaching, and annual conferences. This interest does not stem so much from the desire by Czechs to understand «what actually happened» in Spain. Rather, the constant interest in this foreign war is closely linked to the construction of the Czechs’ image of themselves, of their values, of their «national character», and of their country’s place in Europe. My aim is to answer the following questions: What motivates the desire of the Czechs to learn about and discuss the Spanish Civil War? How has the image of this war change over the time? What is the meaning of this war for the Czechs and what kind of arguments do they use to defend one or another’s interpretation of it?
Keywords: Spanish Civil War, Czech lands, Munich Agreement, cultural memory, discourse.
Mi trabajo se inspira en la propuesta teórica de Jan Assmann, quien, apoyándose en Maurice Halbwachs, afirma que lo registrado por la memoria está enmarcado por «las circunstancias sociales y culturales» 1. Assmann emplea el concepto de la «memoria cultural» que constituye un espacio para la «actualización del significado cultural» 2. Los medios a través de los que la memoria conserva los recuerdos de un evento concreto, en este caso la Guerra Civil española, se denominan «las figuras (simbólicas) del recuerdo». Los textos historiográficos representan a mi juicio una forma particular de memoria cultural. Analizaré cómo los portadores de dicha memoria, en concreto los historiadores y las historiadoras, han intentado hacer objetivo el sentido de esta figura. El segundo enfoque teórico adoptado se inspira en Hayden White y su conocidísima obra Metahistoria 3. White señala que cualquier obra historiográfica es una «estructura lingüística que tiene forma de discurso narrativo» 4. Coge prestada de Northrop Frye la herramienta analítica de «cuatro formas arquetípicas del relato, [que] nos proporcionan un medio para describir tipos diferentes del efecto interpretativo, que puede pretender conseguir un historiador con la construcción de la trama narrativa» 5. Estas formas son el romance, la tragedia, la comedia y la sátira 6.
El artículo examina cómo los checos han moldeado y transformado la figura simbólica de la Guerra Civil española durante los últimos treinta años, a partir de la llamada Revolución de Terciopelo (1989), que supuso el fin del régimen comunista y la llegada del capitalismo y de la democracia liberal. Abordaré solo la práctica textual, lo que supone dejar de lado exposiciones, películas y otros soportes de la memoria. Mi objetivo no es evaluar la calidad científica de las obras de cada historiador, sino examinar y analizar los estilos narrativos usados para escribir los textos 7. Soy consciente de que la investigación existente sobre el tema es muy variada y que podría analizarse desde muchos ángulos, algo que pretendo explorar en el futuro.
Los lazos históricos entre los países checos (Bohemia, Moravia y Silesia, o la Chequia actual) y España se concentran sobre todo en dos periodos: el primero, durante los siglos xvi y xvii, cuando la corte española tuvo un peso dominante en la dinastía de los Austrias, y el segundo, en la Guerra Civil española. Resulta interesante que ambos periodos estén vinculados con los traumas históricos checos: la «derrota en la Montaña Blanca» en 1621 y la llamada «traición de Múnich» (la aceptación por parte de Francia y el Reino Unido, países aliados de Checoslovaquia, de que la Alemania nazi anexionase sus territorios fronterizos, los Sudetes). Ambos han tenido un impacto decisivo en la formación del supuesto «sentido de la historia checa» 8 y en sus auto-estereotipos nacionales 9. Según la lectura nacionalista de la historia checa desarrollada a partir del siglo xix, la batalla de la Montaña Blanca sirvió de punto final al relato que postulaba un protestantismo progresista (hasta democrático) de la sociedad estamental: con la derrota en la Montaña Blanca terminaba la época iniciada por el movimiento husita en el siglo xv, interpretado como la primera manifestación de la Reforma europea, y comenzaba la lucha por las libertades en sentido liberal 10. Llegó a ser la visión oficial de la historia de la época moderna durante la Primera República checoslovaca, un régimen democrático-liberal (1918–1938), y con un barniz marxista se perpetuó también durante el régimen comunista en la segunda mitad del siglo xx 11.
Al ser más reciente, la «traición de Múnich» ha desempeñado un papel mucho más relevante en la memoria cultural checa. Mientras el trauma de la «Montaña Blanca» se ligaba primero a la idea protestante y, más adelante, al progresismo en general, Múnich impactó sobre la mayoría de la población checa, incluidos, por ejemplo, los miembros activos de la Iglesia católica. Desde una interpretación tradicional, el Acuerdo de Múnich se entiende como «la traición por parte del Occidente democrático» a la Primera República checoslovaca, cuando las potencias occidentales incumplieron supuestamente los tratados que habían firmado con ella 12. Checoslovaquia tuvo que entregar una parte de su territorio a Alemania, que acabaría ocupando todo el país poco después. Resulta relevante fijarse en las similitudes en los relatos de ambos acontecimientos y también en los arquetipos interpretativos checos 13: tanto en la «Montaña Blanca» como en «Múnich» se trata de una derrota del Estado checo con la que se inicia una gran guerra europea (la de los Treinta Años y la Segunda Guerra Mundial). De ahí deriva la noción de que el destino de los países checos marca el de Europa. Incluso existe el sentir de que la nación checa posee cierta capacidad de anticipar el futuro del continente, al contar con una sabiduría especial en comparación con otros países europeos.
Para empezar, subrayemos que, aunque la Guerra Civil española no pertenece al canon de los acontecimientos de la historia checa (en el marco de la enseñanza de historia se incluye en «Historia general» o «Historia mundial»), forma parte de su memoria cultural. Esto se debe principalmente a que muchos checos batallaron en las Brigadas Internacionales, pero también a la analogía con la «lucha contra el fascismo» emprendida en Checoslovaquia en la misma época, a finales de los años treinta.
En Chequia, la Guerra Civil española se ha vinculado a varios discursos que se contradicen en mayor o menor medida 14. Simplificando, el que predomina en la actualidad puede denominarse como «posmoderno». Teniendo en cuenta que este se autodefine por contraste con el vigente hasta el año 1989 (llamémoslo «comunista»), el objetivo principal de este artículo consiste en comparar ambos discursos y también los relatos que moldearon la participación de los brigadistas checoslovacos en la contienda española y su actividad tras ella. Mi hipótesis es que ambos relatos se entrelazan, a pesar de definirse el primero (el «posmoderno») por oposición al segundo (el «comunista»). Ni uno ni otro son originales en el sentido de contener un cuerpo de informaciones completamente diferente. Además, comparten un elemento clave que los vincula a pesar de sus diferencias: la forma de entender la Guerra Civil española a partir del «trauma de Múnich». Para comprender el entrelazamiento y solapamiento de ambos discursos, hemos de analizarlos antes por separado. Querría subrayar primero que presento tipos ideales de cada uno construidos a partir del análisis de la mayor cantidad posible de textos.
El discurso «comunista» estuvo ligado al Partido Comunista checoslovaco, organización representada en el Parlamento checoslovaco durante la Guerra Civil española que contaba con un periódico en el que informaba del conflicto. Además, impulsaba acciones de apoyo en favor de la República española. En el año 1938 pasó a ser clandestino y permaneció así hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando volvió a obtener representación parlamentaria. En 1948, después del llamado «Golpe de febrero», el partido impuso una dictadura socialista que se prolongaría hasta 1989.
Desde 1948 hasta los años sesenta, el tratamiento de la historiografía comunista sobre la Guerra Civil española se basaba en reediciones de los textos periodísticos de la época y en las memorias de los participantes. Los años sesenta trajeron estudios críticos y obras monográficas. Aun así, creo que el discurso sobre este conflicto bélico y el relato sobre los brigadistas no cambiaron de forma significativa. Para comenzar, afirmaría que el metarrelato «comunista» se basaba en la lucha de clases, lo que moldeó de forma determinante la manera de contar la historia.
La gran mayoría de los textos sobre la participación de los brigadistas en la Guerra Civil española comenzaba con un boceto del subdesarrollo de España. Se representaba al país como la «periferia de Europa» 15; solo con la instauración de la república «había entrado en la historia, como si esta lo hubiera dejado de lado hasta ese momento» 16. La Guerra Civil española se entendía como un campo de batalla contra el «fascismo» 17, de forma que, si no terminaba con el triunfo de la República, contribuiría a la victoria gradual del «fascismo» en toda Europa. Desde el inicio de la contienda, los observadores checos consideraban que Checoslovaquia podía correr la misma suerte 18, como así ocurrió. Tras el Tratado de Múnich de 30 de septiembre de 1938, la Primera República checoslovaca, una democracia liberal nacida en 1918 de las ruinas del Imperio austro-húngaro, desapareció y de sus restos surgió, medio año más tarde, un ente bajo el protectorado de la Alemania nazi.
Según el relato comunista, la ayuda de la Unión Soviética a la República española, implementada mediante la política del Frente Popular, podía haber evitado esa evolución de los acontecimientos. Sin embargo, los «regímenes burgueses» la impidieron por miedo al comunismo, aunque se consiguió una ejecución parcial gracias a las brigadas internacionales 19, una de las cuales era checoslovaca. Entre sus combatientes y propagandistas se construyó el simbolismo de la vinculación de los destinos de ambas capitales, Madrid y Praga: los brigadistas ayudaban a defender el Madrid republicano, y, de ese modo, defendían el futuro de Praga. La victoria en España iba a impedir la ocupación de Checoslovaquia por la Alemania nazi:
«Entre los jóvenes de cincuenta y dos países que lucharon en España también los muchachos de Chequia y Eslovaquia cubrieron de gloria y honor el escudo de su patria. “En Madrid estamos luchando por Praga”, decían. Y es un hecho fatídico que, una vez que se entregó Madrid a los fascistas mediante la traición, la misma traición ayudó a las unidades de ocupación hitlerianas a entrar en Praga» 20.
La guerra en España no solo debía derrotar al fascismo, sino también contribuir a la caída del «régimen burgués». La contienda marcaba así el inicio del camino hacia el socialismo, por el que luchaban también los brigadistas en España:
«Sé que aquí en España es donde mejor podemos defender Praga hoy en día. La defendemos para salvarla de los horrores que he visto y experimentado aquí. Y lucho también para que Praga sea alguna vez distinta, del frente popular, obrera, nuestra» 21.
La actitud «legalista» de los gobiernos «burgueses» aparecía como uno de los obstáculos de la lucha contra el «fascismo», a menudo tachada de «traición al pueblo», de forma que se atribuyó a la política de «no-intervención» tanto la derrota de la República española, como la de Checoslovaquia: «El camino emprendido por la burguesía al apoyar de forma solapada o abierta la agresión fascista en España necesariamente llevó a la perdición de la República de Checoslovaquia. La capitulación de Múnich fue así la culminación natural de su actividad de alta traición» 22. Entre los «traidores» se incluyó también a los representantes de la socialdemocracia, a los anarquistas y a los trotskistas 23. El discurso «comunista» ponía mucho énfasis en la «estupidez de las teorías» 24 de las brigadas del POUM sobre las que «volaba la sombra de Bakunin reavivada por Trotsky» 25. Se culpó a anarquistas y trotskistas, además de al general Franco, del fin de la República española 26.
La victoria de los sublevados en la Guerra Civil no acabó con el relato existente de los luchadores checoslovacos contra el «fascismo». Todo lo contrario; añadiendo nuevas tramas, se prolongó en el tiempo hasta conectar con las batallas de la Segunda Guerra Mundial que llevaron a la reconstitución de la República de Checoslovaquia 27. Tras su retirada de España a Francia, los brigadistas fueron «encarcelados en los campos de concentración», donde «resistieron con honor» 28. Su integración en el ejército checoslovaco en el exilio hizo posible que desempeñaran un papel importante en la conflagración mundial, entre otras cosas por levantarse en varias ocasiones contra sus mandos. Las rebeliones en Francia (Gurs) y, más adelante, en Gran Bretaña (Cholmondeley) 29 se han presentado como ejemplo de fidelidad a la causa socialista y de resistencia a una «guerra imperialista» 30. Esta interpretación de las insurrecciones correspondía a la política de la Unión Soviética en aquella época, tras la firma del pacto Molotov-Ribbentrop el 23 de agosto de 1939. Solo tras la entrada de la Unión Soviética en la guerra contra Alemania surgió una razón de peso para unirse al ejército checoslovaco en el exilio. La trama de las rebeliones encajaba en el relato «comunista» sin problemas, aunque desde 1989 es prácticamente valorada como una traición a la nación 31.
La última trama del viaje de los brigadistas checoslovacos por la historia se vincula con su participación en la construcción del socialismo en Checoslovaquia, después de la instauración del régimen comunista con el golpe de Estado en febrero de 1948. Todo el relato rebosaba romanticismo: sus actores principales, héroes de la lucha por la libertad y el socialismo, alcanzaron, a pesar de los obstáculos, su destino, que les pertenecía por derecho 32. A continuación, se expresaba cómo debían figurar la Guerra Civil española y el relato sobre los brigadistas en la memoria de la sociedad checoslovaca: se convirtieron en «una de las etapas de la historia revolucionaria de nuestra clase obrera, una etapa histórica de la historia de la nación checa y eslovaca» 33. Esta conclusión quedaría sancionada en el marco de la política de la memoria, cuando el 29 de marzo de 1956 el Comité central del Partido Comunista checoslovaco declaró que los brigadistas «eran luchadores revolucionarios contra el fascismo» 34.
Es de sobra conocido que el relato «comunista» sobre los brigadistas experimentó un cambio en el bloque soviético durante los años cincuenta. Debido a las campañas de Stalin contra los supuestos enemigos internos del partido, a muchos de ellos se los identificó con los que habían sido sus principales enemigos hasta entonces: los agentes de la burguesía, el trotskismo y el anarquismo, afanados en subvertir la Unión Soviética, lo que afectó a sus carreras y sus vidas 35. Esta versión, sin embargo, no tendría una influencia duradera.
Durante el «post-estalinismo» 36 comenzó una investigación histórica intensa desde finales de los años cincuenta, que se desarrolló tanto en el marco de la historiografía reformista como entre los historiadores vinculados directamente al Partido Comunista y dio lugar a los primeros artículos y obras monográficas 37. A finales de los sesenta incluso tuvo lugar un debate sobre la revisión del «dogmatismo» estalinista y la «manipulación» del —ya mencionado— papel «antisocialista» de los brigadistas, polémica iniciada por miembros destacados del Partido Comunista que, tras salir de la cárcel, lideraron el proceso de reformas 38. La versión estalinista, sin embargo, seguía teniendo sus defensores 39 y a principios de los setenta se dieron por cerrados dichos debates. Con la excepción de estos amagos de revisión, la narrativa comunista experimentó pocos cambios importantes. De hecho, ni siquiera los que impulsaron esos debates demandaron grandes modificaciones. Durante toda la dictadura socialista el relato válido sobre los brigadistas fue el contado al modo romántico. En general, el discurso «comunista» se relacionaba con los acontecimientos de la Guerra Civil española no solo al vincular a los brigadistas con la lucha de clases, sino, en mi opinión, sobre todo a través de la analogía del país amenazado, en concreto mediante el «trauma de Múnich» 40.
Después de la «Revolución de Terciopelo» en 1989, la memoria cultural checa no ha dejado de apelar a la lucha legítima de la República española contra los sublevados, lo que se corresponde con que la Checoslovaquia poscomunista se adhería a las tradiciones republicanas 42. Según la historiografía checa, el país debía volver a la «democracia», un propósito que se pretendía enlazar directamente con la Primera República, abortada por los «acontecimientos de Múnich». Esta continuidad de la democracia, que rechaza o revisa de forma importante el legado de la dictadura socialista, constituye el metarrelato del discurso «posmoderno», así como de las narraciones sobre la Guerra Civil española y los brigadistas.
En lo que concierne al cambio en las reflexiones académicas actuales, después de 1989 se han ido publicando numerosos textos en revistas y actas de congresos. En este sentido, hay una continuidad con el periodo anterior a 1989, pero con un énfasis bien distinto, como expondré más adelante. No se ha olvidado el lema «en Madrid se lucha por Praga». Hasta hoy en día funciona como un símbolo atractivo que debe demostrar a los lectores la fuerte conexión entre la historia checa y la española, para justificar así que se escriba sobre esta última. En cuanto a la metodología histórica, desde comienzos de los años noventa, muchos historiadores han optado por enfatizar los «hechos objetivos» a fin de transmitir la imagen de una historiografía «alejada de ideologías». Sus obras deben contener «informaciones objetivas» y los «dogmatismos comunistas» 43 deben estar ausentes 44. Quizás por este afán de alcanzar la «objetividad», algunos autores utilizan sobre todo fuentes secundarias extranjeras 45.
A la luz de lo analizado hasta ahora, no resulta sorprendente que la historia de las relaciones internacionales de Robert Kvaček 46 (1966) haya sido la obra preferida durante mucho tiempo, hasta convertirse en una referencia básica para los años treinta 47. Aunque el libro fue escrito bajo el comunismo, eso no limita de ningún modo su amplia aceptación hoy en día, más bien lo contrario: a Kvaček se le considera un clásico de la «historia descriptiva honrada» y, por lo tanto, un «historiador honrado», sin tener en cuenta el contexto en el que trabajó. Robert Kvaček, asimismo, sigue manteniendo el concepto de la Checoslovaquia «traicionada en Múnich». En su libro criticó la política de «no-intervención» en España y consideró que sus promotores formaron parte de «esas fuerzas en la historia que no pueden ignorar su responsabilidad en la evolución fatal hacia la Segunda Guerra Mundial» 48. Según Kvaček, dicha política fue una «farsa tragicómica» 49. A pesar de que Checoslovaquia asumiera la «no-intervención» en los años treinta, las «fuerzas democráticas y de progreso» locales «entendieron que la lucha por Madrid e[ra] al mismo tiempo una lucha por Praga», según Kvaček 50.
Resulta llamativo cómo el discurso «posmoderno» intenta defender sus investigaciones sobre la Guerra Civil española. Alega, en primer lugar, que hay un debate amplio en el extranjero, que continúa siendo vivo y actual; y, en segundo lugar, presenta a los lectores los «nuevos hallazgos». En mi opinión, algunos historiadores suponen que un debate en marcha significa que todavía no se ha «descubierto» la conclusión última y definitiva. Es difícil encontrar más información en las introducciones de los trabajos históricos actuales. A diferencia de los historiadores marxistas, que afirmaron claramente que escribían sus historias como manifestación de la lucha de clases, los historiadores actuales no explicitan su metarrelato. Si no queremos contentarnos con la justificación de que la Guerra Civil española «es un tema vivo, interesante y polémico», hace falta analizar los textos en detalle para encontrar su razón de ser. Al mismo tiempo atenderé a los principales temas en los que se apoya el discurso actual para caracterizar el relato «comunista» y construirse a sí mismo por oposición a él.
En el discurso predominante después de 1989, la Guerra Civil española se considera como un «prólogo de la Segunda Guerra Mundial» 51 o como una «gran parábola de los destinos de la civilización europea en el siglo xx» 52. A partir de estas citas, podríamos especular que el interés del tema consiste precisamente en la noción del «paso previo» a la Segunda Guerra Mundial y sus consecuencias para Checoslovaquia. Vladimír Nálevka 53 entiende que durante la Guerra Civil española se formó el «eje Berlín-Roma» y además tuvo lugar el intento por parte de Stalin de crear «una base soviética de apoyo en la Europa occidental» 54. La Guerra Civil española sería así premonitoria en cuanto a las demandas territoriales de ambos países (Alemania y la Unión Soviética) en la Europa del futuro.
El papel de los soviéticos en la Guerra Civil española ha sido un asunto muy disputado. Los historiadores han buscado más allá de las «intenciones» declaradas por los diplomáticos 55, intentando determinar cuáles fueron las actitudes de la Unión Soviética «en el fondo», «sin demagogia». ¿Cómo entienden entonces los historiadores los esfuerzos «frente-populistas» por llamar a la lucha contra el «fascismo», en cuyo marco acudieron los brigadistas checoslovacos a ayudar a la República española? Actualmente prevalece la opinión de que los soviéticos buscaban «una alianza interesada» 56:
«Para que el carácter generalmente comunista de las brigadas internacionales crease una ilusión de pluralidad política, para que todo el proyecto fuera apoyado también por los partidarios de la izquierda democrática, su formación se llevó a cabo sobre la base de un frente antifascista más amplio» 57.
La intervención de la Unión Soviética en la política checoslovaca a través del Partido Comunista local se considera hoy en día la razón principal por la que Gran Bretaña no apoyó a Checoslovaquia en la «Crisis de Múnich». Es llamativa la analogía que se establece entre la influencia de la Unión Soviética en este caso y su papel en España: «Podemos aplicar a la República checoslovaca la frase solo ligeramente parafraseada que Daniela Kolenovská pronunció sobre España: aunque Moscú ayudó militarmente a la República, políticamente la destruyó» 58. La Unión Soviética ha pasado así de representar el único salvador posible a figurar como un actor que ayudó, pero sin ser bienvenido, e incluso resultó perjudicial para la causa 59.
Detengámonos en la «situación comparable» entre las repúblicas española y checoslovaca. Es el momento de fijarse en las interpretaciones sobre la participación de los brigadistas en España y su lema «en Madrid se lucha por Praga». Aunque el discurso posmoderno se enorgullece de socavar el relato comunista, ha conservado algunos de sus elementos. Uno de ellos, en mi opinión, es la adopción del significado que tuvo el lema «en Madrid se lucha por Praga» durante el conflicto bélico, estableciendo una analogía directa entre ambos países: «En marzo de 1939 se cumplió en sentido trágico el lema de los brigadistas checoslovacos “En Madrid estamos defendiendo Praga”. El día de 15 de marzo el ejército alemán ocupó los países checos y dos semanas más tarde, España capituló» 60. La confirmación principal de mi tesis sobre la analogía España-Chequia aparece en la cita siguiente:
«El conocido lema “¡En Madrid se lucha por Praga!” expresaba no solamente las convicciones de los brigadistas checoslovacos, sino también la inminencia del peligro del choque con el fascismo y la ultraderecha a nivel europeo. Checoslovaquia, amenazada por la expansión de la vecina Alemania nazi y por las actividades del movimiento henleinista 61 local, estaba involucrada en este conflicto de forma más urgente que otros países democráticos. [...] La veracidad de la tesis de la conexión directa entre los destinos de las naciones entregadas a los regímenes de ultraderecha se reflejó en la ocupación casi paralela de los ya mutilados países checos por la fuerza militar de la Alemania nazi el 15 de marzo y la caída de Madrid en manos de los franquistas el 28 de marzo de 1939» 62.
La explicación de la participación checoslovaca en la política de «no-intervención» se apoya en dos argumentos en el discurso posmoderno. En primer lugar, se hace constar que el país tenía pocas opciones por los compromisos con sus aliados: Checoslovaquia «no tenía ningún espacio de maniobra» 63, no tenía «muchas opciones» 64 o estaba en una «situación delicada» 65. Aun así, sus representantes políticos intentaron limitar supuestamente la represión de las actividades orientadas a reclutar brigadistas 66; o «a pesar de la neutralidad en el conflicto declarada, hasta cierto punto toleraron distintas acciones solidarias [...] incluidos los envíos de armas» 67. Hasta existe la opinión de que «no podía caber duda de las simpatías duraderas de la mayoría de los círculos gobernantes praguenses hacia la República [española]» 68. En segundo lugar, se resalta que la política de «no-intervención» iba a perjudicar también a Checoslovaquia, al negársele la ayuda contra la Alemania nazi. En este caso la política de «no-intervención» se valora a menudo como «farsa» 69, «traición» 70 o «fallo de los países democráticos» 71.
Indudablemente, la historiografía checa ha sido partidaria de la República española o, mejor dicho, del «régimen republicano» en sí, valorándola positivamente por sus medidas modernizadoras. Sin embargo, los historiadores checos también la critican y ocasionalmente la comparan desfavorablemente con la República checoslovaca y su democracia, que aparece como «más desarrollada» 72. En concreto, la crítica que le hacen se centra sobre todo en la colaboración con comunistas y anarquistas, por una parte, y en la represión, por otra:
«Los republicanos españoles se [...] ponían la máscara de demócratas liberales cuando en realidad ya habían cruzado el Rubicón hacia un Estado totalitario. La influencia de la URSS bolchevique se hacía sentir por todas partes: en las fuerzas armadas, en la política, en la manera como la policía secreta trataba a los opositores del régimen reales o supuestos, en la cultura» 73.
La crítica más contundente aparece en un libro divulgativo escrito por Jiří Chalupa 74, cuyo capítulo titulado «El juego a la democracia» 75 ataca de forma demoledora al Gobierno republicano y define la exacerbación de las demandas políticas de la época como una «epidemia de extremismo verbal» 76. En su opinión, que aquel no supiera corregir las acciones de comunistas y anarquistas forzó a Gran Bretaña a declarar la política de «no-intervención» 77 y a negar ayuda militar al Gobierno de España. De igual modo, acusa a la República de contribuir con su comportamiento al estallido de la Guerra Civil 78. Esta caracterización culmina en la comparación con la situación en Checoslovaquia: los duros conflictos políticos existentes en el Gobierno español impedían «la gestión democrática cotidiana, el trabajo político minucioso —de hormiguita—, al que apelaba, por ejemplo [Tomáš Garrigue] Masaryk 79, se hacía prácticamente imposible. Y en todo eso había una gran dosis de ingenuidad, si no directamente de infantilismo» 80. Sin querer presentar estas citas fuera de contexto, hay que decir que la ironía y la sátira son tropos básicos de una farsa 81. El modo en el que Jiří Chalupa narra la historia de la guerra podría considerarse como una forma irónica en el sentido que le da a la ironía White: el núcleo de su trabajo lo constituye una síntesis de la historiografía existente, que él completa con su propio comentario positivo o negativo.
La prolongación de las acciones bélicas por parte de los brigadistas genera una trama parecida a la del relato «comunista»: se supone que la mayoría siguió combatiendo de forma automática en la conflagración mundial. Podemos leer, por ejemplo, que los combatientes «participaron activamente en la Segunda Guerra Mundial, considerada como la continuación lógica de la lucha anterior» 82 o que la «Segunda Guerra Mundial fue a los ojos de los brigadistas una continuación de la lucha llevada a cabo entre los años 1936-1939 en España» 83.
Las luchas de los brigadistas una vez terminada la Guerra Civil española se describen de forma extensa sobre todo en las obras de los historiadores militares interesados en la campaña occidental del ejército checoslovaco en el exilio, y en concreto en las dos rebeliones protagonizadas por numerosos brigadistas. Como he mencionado, dichas insubordinaciones figuran en el relato «comunista». En la narración de los historiadores actuales, el ejército en el exilio aparece como un ente consciente y patriota, que se va formando alrededor del presidente de la República Edvard Beneš y que lucha por la restauración de la Checoslovaquia «anterior a Múnich». Sin embargo, las rebeliones cuestionan esta tesis de manera muy contundente, lo que lleva a los autores a limitar la responsabilidad de los brigadistas y a poner énfasis en la iniciativa de los miembros del Partido Comunista. Asimismo, culpan a los mandos de una «actitud acrítica» 84 hacia los comunistas en el ejército, de no haberlos expulsado a tiempo. El levantamiento en Gurs, en Francia, se vincula automáticamente con la rebelión que tuvo lugar más tarde en Cholmondeley, en Gran Bretaña 85. ¿Y qué papel desempeñaron los soldados rasos? Los autores mantienen que las rebeliones «fueron iniciadas directamente por los comunistas que aprovecharon el desencanto y la frustración de los soldados para actuar en contra de los líderes de la acción checoslovaca en el exilio y, en concreto, contra la figura del dr. Beneš» 86. Los historiadores subrayan que la rebelión se vio favorecida por la presencia de «cobardes e interesados» y de «elementos criminales desclasados» entre los soldados 87. El «núcleo duro» 88 integrado por «miembros activos del PCC» sería el responsable principal de las revueltas 89. En la reinterpretación de las rebeliones podemos, en mi opinión, observar cómo la historiografía actual intenta rebajar la responsabilidad de los brigadistas y al mismo tiempo «limpiar el nombre» del ejército en el exilio.
El relato historiográfico actual sobre los brigadistas, cargado de veta romántica hasta el final de la guerra mundial, cambia radicalmente de tono y se vuelve trágico al añadirse una nueva trama, la persecución por el posterior régimen comunista. El discurso actual la ha convertido en uno de los pilares narrativos, ya que cuadra con las investigaciones sobre los crímenes comunistas cometidos en los años cincuenta que predominaron en los estudios históricos de los años noventa sobre el comienzo de la dictadura socialista.
No deja de reproducirse el relato sobre los brigadistas en tanto que colectivo, pero algunos historiadores actuales ponen el foco más bien en sus representantes más caracterizados, integrantes de las «elites» 90 del régimen comunista. Estas personas fueron detenidas o relegadas a puestos de menor relevancia con la represión desatada a comienzos de los cincuenta. Pasaron de ser representantes del poder a convertirse en sus víctimas 91, una trama que sirve para demonizar el comunismo como un régimen que «devora a sus hijos»: «[M]uchos de ellos participaron en las ilegalidades después de Febrero. Al final la máquina que habían ayudado a poner en marcha acabó demoliéndolos» 92.
Aunque los protagonistas del golpe de Estado comunista en febrero 1948 siguen siendo mal considerados en la historiografía checa, algunos personajes merecen cierta benevolencia por haber sido capaces de aprender «de los errores de la juventud» 93. Los que gozan del mayor reconocimiento son los que participaron posteriormente en el proceso de reformas conocido como la Primavera de Praga 94 a finales de los sesenta, cuando culminó el esfuerzo reformador del «post-estalinismo» checo. En primer lugar, destaca el médico František Kriegel, que se negó a firmar «el protocolo de capitulación [preparado por] Moscú» 95 en 1968 y en 1977 añadió su firma a la Carta 77. Los signatarios de este último documento exigían al régimen comunista que respetara los derechos que él mismo declaraba reivindicar. Fue probablemente la muestra más patente de resistencia en la Checoslovaquia de los años setenta y ochenta, ya que la firmaron incluso miembros de las elites, incluidos los comunistas que abandonaron o fueron expulsados del Partido después de 1968.
En una de las últimas publicaciones sobre los brigadistas se puede leer que el periodo de la llamada normalización (la consolidación del Gobierno comunista complaciente con las fuerzas de ocupación de los países del Pacto de Varsovia en las décadas de 1970 y 1980) condenó supuestamente a los brigadistas al olvido 96. En realidad, las conmemoraciones de la Guerra Civil española y de la actividad de los brigadistas continuaron celebrándose con regularidad, «cada décimo aniversario (1966, 1976, 1986), lo que sigue siendo cierto también para el periodo posterior al año 1989» 97. En cualquier caso, resaltemos que los brigadistas aparecen interpretados después de 1989 más bien como héroes trágicos, por su destino y por la reflexión sobre sus acciones. Una cita, repetida reiteradamente en los trabajos de los historiadores para producir un ambiente trágico, da testimonio de esta tendencia: se trata de la carta de un brigadista decepcionado, dirigida al Partido Comunista, quejándose de haber ido a España con buenas intenciones y de haber sido engañado por los comunistas 98.
En cuanto a las motivaciones de los combatientes, además de la lucha de clases y el afán de salvar la democracia, se les atribuyen también intereses particulares. Los brigadistas checoslovacos fueron a luchar en España movidos por su «izquierdismo», «antifascismo» 99 y «solidaridad internacional» 100. Después de 1989 solo menciona estas motivaciones el único historiador marxista (y comunista) checo que ha tratado el tema, Jiří Ransdorf 101.
La historiografía checa actual suele constatar que el tema de las brigadas es «controvertido» 102. Ello se debe a que su viaje a España y/o su vida tras volver a Checoslovaquia estuvieron ligados al movimiento comunista, lo que situó «sus destinos después del año 1989 más bien en los márgenes del interés general» 103. Aunque fueran «manipulados por el sistema comunista» 104, explica la historiadora Hana Bortlová, eso no debería reducir la importancia de sus luchas «antifascistas».
Sigamos reflexionando sobre la supuesta naturaleza «controvertida» del tema. Si comparamos las interpretaciones que hacen los historiadores actuales, no apreciamos, en realidad, ninguna polémica, salvo que se considere controvertido no poder encasillar claramente a los brigadistas, declarándolos socialmente aceptables o reprobables, «buenos» o «malos». Es cierto que, en el marco de la política de memoria, los brigadistas recibieron reconocimiento en una ceremonia solemne en el Ministerio de Interior de Chequia el 5 de mayo de 2006 105. Además, otro acto conmemorativo celebrado en el senado del Parlamento de la República checa el 23 de octubre de 2015 demuestra que no se trata de un tema «olvidado». Este homenaje, acaecido por iniciativa del exsindicalista y exdiputado europeo Richard Falbr, presidente de la Asociación de los AMIGOS de los brigadistas 106 e hijo de uno de ellos 107, dio lugar a la edición de un volumen de textos sobre las brigadas y la Guerra Civil española 108.
El carácter «controvertido» que atribuyen a este tema varios historiadores actuales traslada el relato de los brigadistas al modo de comedia, es decir, hacia la reconciliación social. Los historiadores expresan así su convicción de que los brigadistas son aceptables para la memoria cultural actual y, por ende, para la sociedad democrática, a pesar de su vinculación al comunismo. Lucharon fundamentalmente contra el fascismo y, en consecuencia, también por la democracia.
He tratado de mostrar cómo la Guerra Civil española se vuelve significativa para los historiadores checos sobre todo a través de su conexión con el «trauma de Múnich». Considero que su papel en la memoria cultural checa ayuda a mantener vivo y reforzar ese trauma. Además, los distintos relatos pueden compartir argumentos centrales a pesar de proceder de discursos diferentes e incluso contrapuestos. En este sentido, podemos, junto con Jan Assman, hablar de la estabilidad semántica de algunos elementos del relato sobre la Guerra Civil española y sobre la participación en ella de los brigadistas checoslovacos: nos referimos sobre todo al «trauma de Múnich» o al combate de los brigadistas en la Segunda Guerra Mundial, que se entiende en continuidad orgánica con su lucha original en España, en cuanto relato de la liberación de Checoslovaquia del nazismo alemán. El discurso «posmoderno» ha marginado explícitamente algunos de los elementos del discurso «comunista», sobre todo aquellos vinculados con la lucha de clases, y ha limitado la convicción de que la Unión Soviética tuviera un papel positivo.
Si bien es cierto que uno de los objetivos del trabajo del historiador consiste en encontrar nuevas fuentes que puedan modificar el conocimiento sobre el pasado, las interpretaciones establecidas tienden a resistir los cambios. A la hora de escribir historia como un relato, los cambios están viculados, por una parte, con las tradiciones culturales y, por otra, con las transformaciones sociales 109 y contribuyen a modificar la interpretación de los hechos y de las motivaciones de los actores. En los setenta últimos años, la sociedad checha ha vivido la guerra, el socialismo, el estalinismo, el «pos-estalinismo», la «normalización», la transformación liberal-capitalista, el anticomunismo de los años noventa y su debilitamiento a principios del siglo xxi. Reconozco que señalar solo dos discursos como tendencias principales características de un periodo tan largo y convulso puede resultar simplificador. No obstante, la lucha de clases identificada con la lucha por la existencia de la nación checa, por una parte, y la «tradicional» lucha checa por la democracia, también identificada con la lucha por la existencia de la nación checa, por otra, han sido los metarrelatos más elevados de la historiografía checa que ha abordado la Guerra Civil española.
Para explicar el pasado podemos utilizar distintas interpretaciones de la realidad, que se construyen con la ayuda de algunos modos literarios. El peso de estos modos en la interpretación es mayor si en el texto del historiador prevalecen los elementos narrativos y este pone menos énfasis en la reflexión metodológica sobre su propio trabajo 110. Teniendo en cuenta que me he centrado sobre todo en los textos más bien narrativos cuyas autoras y autores apenas reflexionaron sobre sus puntos de partida metodológicos, me ha sido útil aplicar las categorías de Hayden White relacionadas con la trama. Ha quedado patente que los autores se han apoyado en varios modos literarios: el modo romántico en el discurso «comunista» y la tragedia, comedia y sátira en el discurso «posmoderno».
Sin embargo, no considero que la realidad histórica se corresponda plenamente con la narración 111. La historiografía trabaja con «huellas» del pasado que hacen referencia a la realidad 112. El historiador además debe regirse por el «veto de las fuentes» 113 («Vetorecht der Quellen»).
* Quisiera agradecer a Darina Martykánová la traducción y sus comentarios críticos.
1 Jan Assmann: Kultura a paměť. Písmo, vzpomínka a politická identita v rozvinutých kulturách starověku, Praga, Prostor, 2001, pp. 23. Se trata de la traducción de Martin Pokorný al checo del original alemán Das kulturelle Gedächtnis. Schrift, Erinnerung und politische Identität in frühen Hochkulturen, Múnich, C. H. Beck, 1997.
2 Jan Assmann: Kultura a paměť..., p. 24.
3 Hayden White: Metahistory. The Historical Imagination in Nineteenth-Century Europe, Maryland, John Hopkins University, 1973.
4 Ibid., p. 9.
5 Ibid., p. 25.
6 Fueron los textos de Miloš Havelka y Václav Sixta que analizan estas tramas literarias en las biografías de Václav Havel después de 1989 los que me han inspirado para usar el enfoque metodológico de White. Miloš Havelka: «Úspěchy a neúspěchy v nejednoznačných konstelacích. Pět biografií Václava Havla», Soudobé dějiny, 22 (2015), pp. 474-503, y Václav Sixta: «Václav Havel a jeho zápletky», Historie-Otázky-Problémy, 8 (2016), pp. 159-170.
7 Este artículo aspira a enlazar con el ensayo bibliográfico de Hana Bortlová, publicado en 2008. Hana Bortlová: «La participación brigadista checoslovaca en la Guerra de España vista por los protagonistas y los historiadores checos a través del tiempo», Iberoamericana Pragensia Supplementum, 22 (2008), pp. 165-173.
8 Miloš Havelka: Dějiny a smysl. Obsahy, akcenty a posuny české otázky 1895-1989, Praga, NLN, 2001.
9 Ladislav Holý: The little Czech and the great Czech nation. National identity and the post-communist transformation of society, Cambridge, Cambridge University Press, 1996.
10 En este aspecto la interpretación checa se adelanta a los clásicos del marxismo(-leninismo), que sitúan el principio de la lucha por el Estado liberal en el siglo xvi, en las primeras revoluciones de la época moderna.
11 «La Montaña Blanca» es analizada como un mito nacional en Jiří Rak: Bývali Čechové... České historické mýty a stereotypy, Jinočany, H&H, 1994.
12 Esta interpretación es la que promueve también la mayoría de los testigos oculares y participantes que siguen vivos.
13 Esta analogía se observa, por ejemplo, en Josef Polišenský: Anglie a Bílá hora, Praga, Universita Karlova, 1949. Y, desde el punto de vista católico, Bohdan Chudoba: Španělé na Bílé hoře, Praga, Vyšehrad, 1949.
14 Existió también un discurso católico que miraba con simpatías el levantamiento franquista. No se limitó a la prensa, sino que incluyó obras de literatura, como la de Jan Čep: Modrá a zlatá, Praga, Melantrich, 1938.
15 Vladimír Mikeš: «Ubitý básník radosti», en Miguel Hernández: Vítr v olivách, Praga, Odeon, 1975, pp. 7-23, esp. p. 10. Entre los textos más antiguos, véase Klement Gottwald: Deset let: Sborník statí a projevů 1936-1945, Praga, Svoboda, 1949, p. 55.
16 Vladimír Mikeš: «Ubitý básník...», p. 11.
17 El término de fascismo fue utilizado en la historiografía comunista de forma automática, sin especificar.
18 Emil Vachek: «Malrauxova Naděje», en André Malraux: Naděje, Praga, Evropský literární klub, 1938, pp. 384-387, esp. p. 386.
19 Alois Soběslavský: «Němečtí antifašisté», en Bodo Uhse: První bitva, Praga, Naše vojsko, 1950, pp. 39-42, esp. p. 40.
20 Josef Pros y Adolf Vodička (eds.): Viva la Vida. Z bojů španělského lidu za svobodu 1936-1939, Praga, Naše vojsko, 1956. La misma idea se reitera todavía en 1989: la traición a España por parte de la burguesía fue al mismo tiempo una traición a Checoslovaquia («Múnich»): Il’ja Grigor’jevič Èrenburg: Španělské reportáže, Praga, Naše vojsko, 1989.
21 Jan Šverma: «Čechoslováci v důstojnické škole», en Josef Pros y Adolf Vodička (eds.): Viva la Vida. Z bojů španělského lidu za svobodu 1936-1939, Praga, Naše vojsko, 1956, pp. 153-155, esp. p. 154.
22 František, Kružík: «Boj československých dobrovolníků proti fašismu ve Španělsku 1936-1939», en Jaromír Hořec (ed.): Dobrovolníci svobody. O boji československých dobrovolníků proti fašismu ve Španělsku v letech 1936-1939, Praga, Naše vojsko, 1956, pp. 12-54, esp. p. 25.
23 Bohuslav Laštovička: «Předmluva», en Luigi Longo: Madridská epopej, Praga, Státní nakladatelství politické literatury, 1958, pp. 7-19, esp. p. 9.
24 Artur London: Španělsko, Španělsko, Praga, NPL, 1963, p. 266.
25 Ibid., p. 272.
26 Ibid.
27 Jan Křen: V emigraci. Západní zahraniční odboj 1939-1940, Praga, Naše vojsko, 1969, p. 93.
28 Jan Vodička: «Úvodem», en Jaromír Hořec (ed.): Dobrovolníci svobody. O boji československých dobrovolníků proti fašismu ve Španělsku v letech 1936-1939, Praga, Naše vojsko, 1956, pp. 5-11, esp. p. 8.
29 En ambas rebeliones los comunistas rechazaban integrarse en el ejército en el exilio. La primera se produjo en un campo de internamiento francés destinado a antiguos miembros de las Brigadas Internacionales, en Gurs. El segundo correspondía al campo del ejército checoslovaco en el exilio en Cholmodeley (Reino Unido), donde fueron enviados los brigadistas de Gurs tras su reclutamiento. Las causas de dicha oposición fueron variadas. No existe un consenso entre los historiadores a este respecto, pero está claro que los brigadistas tenían muchas dudas sobre si participar o no en el ejército checoslovaco en el exilio, debido sobre todo a razones políticas.
30 Josef Reiner: Komunisté v československém pozemním vojsku na Západě, Praga, Naše vojsko, 1979, p. 53.
31 František Kružík: «Boj československých dobrovolníků...», p. 141.
32 Artur London: Španělsko..., p. 509.
33 Jan Vodička: «Úvodem...», p. 5.
34 Ibid., pp. 10-11.
35 Subrayemos que los brigadistas fueron perseguidos durante la misma época (aunque por razones distintas) también en los Estados Unidos. Véase Manuel Requena Gallego: «Las Brigadas Internacionales: una aproximación historiográfica», Ayer, 56 (2004), pp. 11-36, esp. p. 35.
36 Pavel Kolář: Der Poststalinismus. Ideologie und Utopie einer Epoche, Colonia-Viena, Böhlau, 2016.
37 Agradezco al historiador y archivero Josef Nožička por haber llamado mi atención hacia esta relación.
38 Otakar Hromádko: «K historii československých dobrovolníků ve Španělsku», Příspěvky k dějinám KSČ, 6 (1966), pp. 376-389, o Josef Pavel: «K historii československých dobrovolníků ve Španělsku», Příspěvky k dějinám KSČ, 7 (1967), pp. 583-608.
39 Karel Marek: «V zájmu historické pravdy», Příspěvky k dějinám KSČ, 7 (1967), pp. 434-449.
40 El discurso «comunista» en Checoslovaquia obviamente tiene muchos puntos en común con la imagen creada por los historiadores afines al comunismo en otros países; Enrique Moradiellos: «Ni gesta heroica ni locura trágica: nuevas perspectivas históricas sobre la Guerra Civil», Ayer, 50 (2003), pp. 11-39.
41 Elijo el término de «posmoderno» por surgir y desarrollarse este discurso tras el derrumbamiento de la Unión Soviética. No pretendo hacer referencia a ninguna de las características específicas habitualmente atribuidas a la historiografía posmoderna, como podrían ser, por ejemplo, los elementos del giro lingüístico, el análisis de género o la deconstrucción.
42 Se observa cierta analogia internacional: el mito de la «solidaridad democrática internacional» sirvió como argumento durante los esfuerzos por restaurar un régimen democrático. Véase Marta Bizcarrondo y Antonio Elorza: «Las Brigadas Internacionales. Imágenes desde la izquierda», Ayer, 56 (2004), pp. 67-91, esp. pp. 68 y 91.
43 Las tendencias anticomunistas a la hora de interpretar este asunto se pueden observar también en otros países poscomunistas. Manuel Requena Gallego: «Las Brigadas Internacionales: una aproximación historiográfica», Ayer, 56 (2004), pp. 11-36, esp. p. 25.
44 Jiří Friedl: «Španěláci z tábora Gurs. Ke vstupu čs. Interbrigadistů do naší armády ve Francii 1939-1940», Historie a vojenství, 4 (2000), pp. 806-827, esp. p. 827. Para la «objetividad», véanse también Vladimír Nálevka: «Caudillo z boží milosti», en Andrée Bachoud (ed.): Franco, Praga, Themis, 2000, pp. 529-533, esp. p. 533; Jiří Chalupa: Zápisky o válce občanské. Studie o vybraných aspektech Španělské občanské války, Praga, NLN, 2002, p. 133; íd.: «Španělská občanská válka očima současných historiků», en Zdenko Maršálek y Emil Voráček (eds.): Interbrigadisté, Československo a španělská občanská válka: neznámé kapitoly z historie československé účasti v občanské válce ve Španělsku 1936-1939, Praga, Historický ústav AV ČR, 2017, pp. 34-76; Zdenko Maršálek: «Historie jedné vzpoury. Horké léto 1940 v Cholmondeley», Dějiny a současnost, 7 (2010), pp. 18-22, esp. p. 18, y Jiří Rajlich y David Majtenyi (eds.): Jan Ferák a ti druzí: českoslovenští letci, interbrigadisté a letouny v občanské válce ve Španělsku 1936-1939, Cheb, Svět křídel, 2012, pp. 6-7.
45 Jiří Chalupa: Zápisky o válce občanské...; íd.: «Poražení vítězové – konflikt z let 1936-39 jako čtvrtá karlistická válka», en Pavlína Springerová (ed.): Sedmdesát let od vypuknutí španělské občanské války. Vnitřní a vnější aspekty konfliktu, Hradec Králové, Gaudeamus, 2007, pp. 5-18; íd.: «Osmdesát let poté. Španělská občanská válka s (jistým) odstupem», Dějiny a současnost, 8 (2016), pp. 10-13; íd.: «Španělská občanská válka...», pp. 34-76, y Petra Měšťánková: «Mexiko a španělská občanská válka», en Pavlína Springerová (ed.): Sedmdesát let od vypuknutí španělské občanské války. Vnitřní a vnější aspekty konfliktu, Hradec Králové, Gaudeamus, 2007, pp. 51-64.
46 Robert Kvaček: Nad Evropou zataženo: Československo a Evropa 1933-1937, Praga, Svoboda, 1966. Kvaček es catedrático emérito del Instituto de Historia checa de la Facultad de Filosofía de la Univerzita Karlova de Praga y una autoridad en la interpretación de la historia europea de los años treinta y cuarenta.
47 Libuše Neckářová: «Stanovisko československého tisku ke konfliktu mezi Portugalskem a Československem v roce 1937. Spor o dodávku zbraní nebo útok na Československo?», Ročenka obecných dějin, 1 (1991), pp. 163-201; Vladimír Nálevka: «Československo-španělské vztahy v letech občanské války 1936-1939», Dvacáté století. Ročenka semináře nejnovějších dějin Ústavu světových dějin Filozofické fakulty v Praze, s. n. (2004), pp. 85-112, y Josef Opatrný: «Španělsko, občanská válka a atlantický svět», en Zdenko Maršálek y Emil Voráček (eds.): Interbrigadisté, Československo a španělská občanská válka: neznámé kapitoly z historie československé účasti v občanské válce ve Španělsku 1936-1939, Praga, Historický ústav AV ČR, 2017, pp. 10-33.
48 Robert Kvaček: Nad Evropou zataženo..., p. 261.
49 Ibid.
50 Ibid.
51 Pavlína Springerová: «Úvodem», en Pavlína Springerová (ed.): Sedmdesát let od vypuknutí španělské občanské války. Vnitřní a vnější aspekty konfliktu, Hradec Králové, Gaudeamus, 2007, p. 4. Del mismo modo también Jiří Rajlich y David Majtenyi (eds.): Jan Ferák a ti druzí..., p. 6.
52 Jiří Chalupa: Zápisky o válce občanské..., p. 6.
53 Vladimír Nálevka (1941-2010), catedrático del Instituto de Historia Mundial de la Facultad de Filosofía de la Univerzita Karlova de Praga, fue un gran experto checo en la Guerra Civil española y en la historia de los países hispanohablantes.
54 Vladimír Nálevka: «Československo-španělské vztahy...», p. 95.
55 Daniela Kolenovská: «Sovětská politika ve španělské občanské válce», Slovanský přehled, 97 (2011), pp. 329-341, o Michal Reiman et al. (coords.): Zrod velmoci. Dějiny Sovětského svazu 1917-1945, Praga, Karolinum, 2013, pp. 469-473.
56 Daniela Kolenovská: «Sovětská politika...»; Michal Reiman et al. (coords.): Zrod velmoci..., y Jiří Rajlich y David Majtenyi (eds.): Jan Ferák a ti druzí..., p. 41.
57 Jiří Rajlich y David Majtenyi (eds.): Jan Ferák a ti druzí..., p. 70.
58 Tomáš Jakl: «Rádiové depeše Kominterny mezi Moskvou a Prahou na počátku španělské občanské války», Historie a vojenství, 3 (2016), pp. 106-110, esp. p. 108.
59 Una perspectiva internacional sobre este asunto en Hugo García: «La historiografía de la Guerra Civil en el nuevo siglo», Ayer, 62 (2006), pp. 285-305, esp. pp. 290-292.
60 Vladimír Nálevka: «Československo-španělské vztahy...», p. 112.
61 Konrad Henlein (1898-1945) fue un líder político nazi en los Sudetes checoslovacos, región fronteriza habitada en su mayoría por población alemanohablante, cuyo programa político incluía la separación de los Sudetes de Checoslovaquia y su anexión a Alemania. Henlein se apoyaba en las propuestas del nacionalismo alemán del siglo xix que había intentado unir de nuevo a los países históricos del Sacro Imperio Romano. En este punto, los nacionalismos checo y alemán entraban en conflicto, porque los países checos habían formado parte de dicho ente histórico. Con la creciente legitimidad que adquirió la noción de «autodeterminación» después de la Primera Guerra Mundial, el problema se agravó, ya que tanto alemanes como checos reclamaron ese derecho. Sin embargo, los checos solo estaban dispuestos a garantizárselo a los alemanes ciudadanos de Checoslovaquia bajo el compromiso de no cuestionar la integridad del Estado. Al final, los alemanes no obtuvieron la autonomía política y fueron tratados como una minoría. Véase Zdeněk Beneš y Jan Kuklík (eds.): Pour comprendre l’histoire: les relations tchéco-allemandes entre 1848 et 1948, Praga, Gallery, 2002.
62 Radim Gonda: «Československá úloha při formování mezinárodních brigád ve Španělsku. Organizace náboru a vysílání dobrovolníků», Dějiny a současnost, 8 (2016), pp. 14-16, esp. p. 16.
63 Petra Měšťánková: «Mexiko a španělská občanská...», p. 59.
64 Hana Bortlová: «Českoslovenští interbrigadisté ve Španělsku», en Lenka Reinerová (ed.): Adiós, Španělsko, Praga, Labyrint, 2012, pp. 105-113, esp. p. 108.
65 Jiří Rajlich y David Majtenyi (eds.): Jan Ferák a ti druzí..., p. 46.
66 Radim Gonda: «Postoj československé státní moci k rekrutování bojovníků do mezinárodních brigád ve Španělsku», en Zdenko Maršálek y Emil Voráček (eds.): Interbrigadisté, Československo a španělská občanská válka: neznámé kapitoly z historie československé účasti v občanské válce ve Španělsku 1936-1939, Praga, Historický ústav AV ČR, 2017, pp. 155-194, esp. p. 183.
67 Jiří Rajlich y David Majtenyi (eds.): Jan Ferák a ti druzí..., p. 53.
68 Jindřich Dejmek: «Španělská občanská válka a československá diplomacie 1926-1939», en Zdenko Maršálek y Emil Voráček (eds.): Interbrigadisté, Československo a španělská občanská válka: neznámé kapitoly z historie československé účasti v občanské válce ve Španělsku 1936-1939, Praga, Historický ústav AV ČR, 2017, pp. 127-145, esp. p. 138.
69 Jiří Rajlich y David Majtenyi (eds.): Jan Ferák a ti druzí..., p. 32, y Jiří Chalupa: «Osmdesát let poté: španělská občanská válka s (jistým) odstupem», Dějiny a současnost, 38(8) (2016), pp. 10-13, esp. p. 10.
70 Jiří Chalupa: «Osmdesát let poté...», p. 10.
71 Josef Opatrný: «Španělsko, občanská válka...», p. 33.
72 Véase infra.
73 Miroslav Šnajdr: Hořící Španělsko, Olomouc, Votobia, 2001, p. 164; asimismo Jiří Rajlich y David Majtenyi (eds.): Jan Ferák a ti druzí..., p. 21.
74 Jiří Chalupa: Zápisky o válce občanské... Chalupa es un hispanista e historiador que trabaja en la Universidad de Matej Bel en Banská Bystrica, Eslovaquia. Es el único de los autores mencionados en este artículo que defiende que la Guerra Civil española se puede analizar desde la perspectiva de género.
75 Ibid., p. 22.
76 Ibid., p. 23.
77 Ibid., p. 34.
78 Ibid., p. 65.
79 T. G. Masaryk (1850-1937) fue el primer presidente de la República de Checoslovaquia.
80 Jiří Chalupa: «Španělská občanská válka...», p. 51.
81 Miloš Havelka: «Úspěchy a neúspěchy v nejednoznačných konstelacích...», p. 486.
82 Zdenko Maršálek: «Českoslovenští interbrigadisté jako příslušníci zahraničních vojenských jednotek v letech druhé světové války», en Zdenko Maršálek y Emil Voráček (eds.): Interbrigadisté, Československo a španělská občanská válka: neznámé kapitoly z historie československé účasti v občanské válce ve Španělsku 1936-1939, Praga, Historický ústav AV ČR, 2017, pp. 195-221, esp. p. 195.
83 Jaroslav Bouček: «Osudy československých interbrigadistů po druhé světové válce», en Zdenko Maršálek y Emil Voráček (eds.): Interbrigadisté, Československo a španělská občanská válka: neznámé kapitoly z historie československé účasti v občanské válce ve Španělsku 1936-1939, Praga, Historický ústav AV ČR, 2017, pp. 222-234, esp. p. 222.
84 Jiří Friedl: «Španěláci z tábora Gurs...», p. 822.
85 Ibid., p. 824.
86 Zdenko Maršálek: «Historie jedné vzpoury...», p. 22; también Jiří Plachý: «Vzbouřenci z Cholmondeley», Historie a vojenství, 3 (2016), pp. 19-38, esp. p. 28.
87 Jiří Plachý: «Vzbouřenci z Cholmondeley...», p. 33.
88 Jiří Rajlich y David Majtenyi (eds.): Jan Ferák a ti druzí..., p. 161.
89 Jiří Plachý: «Vzbouřenci z Cholmondeley...», p. 32.
90 Jaroslav Bouček: «Čs. interbrigadisté jako zdroj politických elit po roce 1945», en Ivana Koutská y František Svátek (eds.): Politické elity v Československu 1918-1945, Praga, Ústav pro soudobé dějiny AV ČR, 1994, pp. 147-180.
91 Vladimír Nálevka: «Los voluntarios checoslovacos: su contribución y su perfil político», en Matilde Eiroa y Manuel Requena (coords.): Al lado del Gobierno republicano. Los brigadistas de Europa del Este en la Guerra Civil española, Cuenca, Universidad de Castilla-La Mancha, 2009, pp. 135-139. Véase también Hana Bortlová: «Českoslovenští interbrigadisté...», p. 110.
92 Jiří Rajlich y David Majtenyi (eds.): Jan Ferák a ti druzí..., p. 170.
93 Ibid., p. 170.
94 «La Primavera de Praga» corresponde al proceso reformista del régimen comunista que trajo la democratización, la pluralidad de opiniones y los cambios constitucionales en Checoslovaquia. Fue interrumpida por la invasión de los ejércitos del Pacto de Varsovia en 1968, lo que dio paso al periodo conocido como la normalización.
95 Jiří Rajlich y David Majtenyi (eds.): Jan Ferák a ti druzí..., p. 137. Se trata del llamado «Protocolo de Moscú», cuya firma por parte del Gobierno checoslovaco conllevó su consentimiento a posteriori a la ocupación del país y a la permanencia de los ejércitos de intervención. El exilio checoslovaco instauró en 1987 el Premio František Kriegel, que se otorga por los «méritos excepcionales en la lucha por los derechos humanos y libertades ciudadanas, independencia nacional, soberanía y democracia». Este premio se sigue entregando hasta la actualidad, cada 10 de abril. Ibid., p. 178.
96 Hana Bortlová: «Českoslovenští interbrigadisté...», p. 111.
97 Zdenko Maršálek: «Úvod», en Zdenko Maršálek y Emil Voráček (eds.): Interbrigadisté, Československo a španělská občanská válka: neznámé kapitoly z historie československé účasti v občanské válce ve Španělsku 1936-1939, Praga, Historický ústav AV ČR, 2017, pp. 5-8, esp. p. 5.
98 Jaroslav Bouček: «Čs. interbrigadisté jako zdroj...», p. 166; Jiří Rajlich y David Majtenyi (eds.): Jan Ferák a ti druzí..., p. 179, y Jaroslav Bouček: «Osudy československých interbrigadistů...», p. 234.
99 Jaroslav Bouček: «La ayuda inestimable: Médicos y sanitarios checoslovacos en las brigadas», en Matilde Eiroa y Manuel Requena (coords.): Al lado del Gobierno republicano. Los brigadistas de Europa del Este en la Guerra de España, Cuenca, Universidad de Castilla-La Mancha, 2009, pp. 140-158, p. 141, que mantiene explícitamente: «La alta participación en la Guerra de España fue motivada por una posición tradicionalmente izquierdista, anticlerical y antifascista de la opinión pública checa».
100 Emil Voráček: «Sovětský svaz, Kominterna a první období španělské občanské války», en Zdenko Maršálek y Emil Voráček (eds.): Interbrigadisté, Československo a španělská občanská válka: neznámé kapitoly z historie československé účasti v občanské válce ve Španělsku 1936-1939, Praga, Historický ústav AV ČR, 2017, pp. 77-126, esp. p. 115, y Radim Gonda: «Československá úloha při formování...», pp. 14-16.
101 Miloslav, Ransdorf: «Průměrní lidé v roli diktátorů: Franco a Salazar», Sborník Muzea dělnického hnutí, 2 (2009), pp. 39-63.
102 Hana Bortlová: «La participación interbrigadista...», p. 172; íd.: «Českoslovenští interbrigadisté...», pp. 110-111, y Zdenko Maršálek: «Dobrovolníci v soukolí dějin. Životní osudy československých interbrigadistů», en Zdenko Maršálek y Emil Voráček (eds.): Interbrigadisté, Československo a španělská občanská válka: neznámé kapitoly z historie československé účasti v občanské válce ve Španělsku 1936-1939, Praga, Historický ústav AV ČR, 2017, pp. 146-154, esp. p. 151.
103 Hana Bortlová: «Českoslovenští interbrigadisté...», p. 112.
104 Ibid.
105 Miroslav Šiška: «Nejhroznější občanská válka století», Právo, 15(7), (2006), p. 19.
106 Zdenko Maršálek: «Úvod...», p. 6.
107 Su madre, Ana Orozco Muñoz, originaria de Valencia vivió después de la Segunda Guerra Mundial en Checoslovaquia. Jiří Rajlich y David Majtenyi (eds.): Jan Ferák a ti druzí..., p. 129. Agradezco esta información a David Majtenyi.
108 Zdenko Maršálek y Emil Voráček (eds.): Interbrigadisté, Československo a španělská občanská válka: neznámé kapitoly z historie československé účasti v občanské válce ve Španělsku 1936-1939, Praga, Historický ústav AV ČR, 2017.
109 Como mantiene Enrique Moradiellos: «Ni gesta heroica ni locura trágica...», p. 23.
110 Apoyándose en Reinhart Koselleck, Jan Horský: «Teorie a narace (typy a zápletky)-příkré protiklady nebo prostupující se kategorie?», en Jan Horský y Juraj Šuch (eds.): Narace a (živá) realita, Praga, Togga, 2012, pp. 9-27, esp. pp. 24-25.
111 Coincido con Hugo García en que son necesarias tanto las investigaciones que integren nuevas fuentes, como su revisión permanente en el marco de los estudios de memoria o metodología. Asimismo no se puede sino estar de acuerdo con su constatación del valor que han aportado la sociología y la antropología, y podría añadirse también el giro cultural. Hugo García: «La historiografía de la Guerra Civil...», pp. 301-302.
112 Como mantiene, apoyándose de nuevo en Koselleck, Jan Horský: Dějepisectví mezi vědou a vyprávěním, Praga, Argo, 2009, pp. 18.
113 Ibid.