Ayer 139 (3) 2025:75-102
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2025
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/2821
© Adrià Enríquez Àlvaro
Recibido: 09-08-2024 Aceptado: 15-03-2025 Publicado on-line: 07-07-2025
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License

Un objeto imperial no identificado en el África Occidental. La Gallinas hispanocubana (1816-1849)*

Adrià Enríquez Àlvaro

Instituto Universitario Europeo
adria.enriquezalvaro@eui.eu

Resumen: Este artículo explica la naturaleza imperial del régimen político que existió en Gallinas —región comprendida en la actual Sierra Leona— a causa del comercio hispanocubano de esclavos que se desarrolló en el siglo xix. Esta conclusión resulta del análisis de las operaciones y formas de vida de distintos factores esclavistas localizados en la región. El tráfico de esclavos en Gallinas, dominado por comerciantes privados españoles, se dirigía desde Cuba. La presencia de múltiples factorías españolas en las costas de Gallinas articuló un peculiar orden político en la región, cuya compresión exige alejarse del paradigma del imperialismo británico. Los factores en Gallinas constituyeron un innovador sistema de compra, aprisionamiento y embarque de miles de africanos esclavizados hacia Cuba. A su vez, sus formas de vida trasladaron un gusto por lo imperial, a semejanza de la vida en Cuba y España, desarrollando prácticas culturales y legales de extraterritorialidad en las costas africanas. Con todo, esta hegemonía hispanocubana creó una frontera de esclavización, al punto de constituirse como un elemento esencial en el desarrollo del capitalismo moderno en el Imperio español del siglo xix.

Palabras clave: tráfico de esclavos, imperio informal, imperialismo pícaro, frontera de esclavización, gusto por lo imperial.

Summary: This article explains the imperial nature of the political regime that existed in Gallinas (present-day Sierra Leone) due to its involvement in the Hispanocuban transatlantic slave trade during the nineteenth-century. This conclusion is the result of an analysis of the activi­ties and lifestyles of various slave trade factors operating in the region. Spanish private merchants from Cuba oversaw the slave trade in Gallinas. Multiple Spanish slave trading posts established a peculiar ­political order in Gallinas. To understand this order, it is needed to think outside the paradigm of British imperialism. Spanish slave traders developed a new process for procuring, detaining, and transporting thousands of enslaved Africans to Cuba. Additionally, these traders fostered an imperial taste resembling that in Cuba and Spain, founded on cultural and legal principles of extraterritoriality along the African coastline. Spanish hegemony created a frontier of enslavement, crucial in developing modern capitalism within the nineteenth-century Spanish Empire.

Keywords: slave trade, informal empire, rogue imperialism, frontier of enslavement, imperial taste.

Introducción

El 19 de noviembre de 1840, la tradicional calma en la barra de Gallinas se resquebrajó. Los chasquidos de los mosquetes y el estruendo de los cañones se mezclaron con los hurras a la reina Victoria. El ruido precedió al rápido desembarco en sus costas de ciento cincuenta hombres llegados en tres buques de guerra y once cañoneras. A las órdenes del capitán Joseph Denman, los soldados británicos conquistaron las principales factorías esclavistas situadas a lo largo de los ríos que forman la región de Gallinas 1.

Tras meses de bloqueo, este contingente británico no encontró resistencia alguna a la invasión. Los factores esclavistas, en su mayoría hispanocubanos, habían huido hacia el interior del continente. En sus posesiones abandonadas habían dejado más de ochocientas personas esclavizadas. Después de la operación militar, los esclavizados fueron emancipados. Alentada por los británicos, la población local de Gallinas asaltó las factorías y los soldados de la Royal Navy redujeron a cenizas las propiedades españolas. Además del perjuicio material, la acción tenía un fuerte significado. Durante la tarde y la noche se prolongó una gran fiesta. Hubo varios brindis y largas felicitaciones entre oficiales y soldados 2. Ese día comenzó la decadencia del tráfico de esclavos atlántico en Gallinas.

Los acontecimientos descritos fueron la consecuencia de más de dos décadas de hegemonía de esclavistas hispanocubanos en Gallinas. En el siglo xix, esta región de unos doce kilómetros de costa entre las actuales Sierra Leona y Liberia fue uno de los puntos de esclavización más importantes del Atlántico Norte. Miles de personas esclavizadas fueron transportadas desde Gallinas a las crecientes economías de plantación en América, en especial a la isla de Cuba. Gallinas constaba de un estuario formado por la desembocadura de los ríos Kerefe y Moa 3. Estos ríos y sus afluentes sirvieron de canales y lugares de construcción de factorías esclavistas, donde se adquirían personas a cambio de productos de distintas procedencias globales. En torno al comercio de seres humanos, en Gallinas se había desarrollado un experimento político muy especial.

En este artículo trato de explicar la peculiar naturaleza imperial de la hegemonía hispanocubana en Gallinas. La constante provisión de armas y productos de alimentación por parte de comerciantes hispanocubanos tuvo un impacto decisivo en la distribución del poder local. Este crucial apoyo hispanocubano fundamentó un nuevo orden militarizado orientado a la busca de esclavos, bajo el mando del rey Siaka y su hijo Mana. Por más de dos décadas, miles de personas esclavizadas salieron de Gallinas hacia Cuba. Los traficantes hispanocubanos fueron agentes claves para el desarrollo de la plantación de azúcar en Cuba, al otro lado del Atlántico.

La proximidad de Gallinas con el centro abolicionista de Sierra Leona, colonia británica, le otorgó una importancia geopolítica especial. La abolición del tráfico de esclavos en el Reino Unido en 1807 se aplicó también en Sierra Leona. Además, Sierra Leona se caracterizó por promover una continua expansión territorial y comercial. Esta experimentó varias respuestas adversas. En algunos casos, hubo resistencias que provocaron una extrema militarización

Mapa 1

Costa africana. Gallinas

Fuente: Revista de Geografía Comercial, 47 (19 de octubre de 1887), p. 524. Biblioteca Nacional de España.

de distintas sociedades que estaban implicadas en la esclavización de otras comunidades. Por ejemplo, fue el caso del río Pongo, de la isla de Sherbro o de la región de Gallinas 4. La clausura del mercado esclavista británico y la expansión de Sierra Leona que conllevaba la abolición alteraron la dinámica propia de Gallinas. Ciertos líderes de la etnia vai de Gallinas, entre ellos Siaka y Mana, buscaron socios con interés en comprar esclavos a cambio de diversos productos como tejidos, armas y arroz. Los hispanocubanos eran los candidatos perfectos.

El tráfico de esclavos español se ha explicado como un proceso dirigido, salvo excepciones, desde Cuba 5. Desde el final de la guerra de los Siete Años (1756-1763), Cuba experimentó un cambio radical en su economía. En pocas décadas, se convirtió en uno de los mayores productores de azúcar con mano de obra esclava. Con la abolición del tráfico de esclavos británico y americano en 1807, multitud de barcos con bandera española empezaron a salir de la isla en busca de mano de obra africana. A pesar de la abolición del tráfico español en 1817, la llegada de esclavizados a Cuba no dejó de crecer. Por paradójico que parezca, en tiempos ilegales se abrieron nuevos mercados de esclavos en África. Gallinas era uno de ellos.

Esta «segunda esclavitud», posterior a la abolición en la mayoría de las potencias europeas y americanas, fue muy numerosa en América. En Cuba, Brasil y Estados Unidos, la presencia de mano de obra esclava creció a lo largo de gran parte del siglo xix. Los procesos de esclavización en estas regiones se incrementaron a raíz de la expansión de productos de plantación para el consumo global. El azúcar, el café y el algodón se convirtieron en piezas clave para las sociedades euroamericanas en procesos de industrialización 6. En un momento de expansión del capitalismo y un incipiente desarrollo de la revolución industrial, Gallinas aparece como un espacio importante de extracción de las personas que producirían este tipo de productos. El dominio informal de esclavistas hispanocubanos convirtió a Gallinas en un punto significativo para la historia del capitalismo en el siglo xix.

En este texto, discuto primero las diferentes categorías historiográficas relativas a los imperios no formales y su encaje con el caso de Gallinas, introduciendo los debates que se desarrollan posteriormente en el artículo. En segundo lugar, expongo la historia entrelazada de Cuba y Gallinas, subrayando su cronología. Después explico el proceso de creación de una frontera segura para los intereses de los esclavistas hispanocubanos. Para ello, uso el ejemplo de Jacob Faber y su fracaso en Gallinas, así como las operaciones de la confederación de factorías de Pedro Blanco. A continuación, señalo la dimensión cultural de la actividad de los factores, la creación de una Cuba en miniatura. Después refiero como Gallinas pudo haber sido una colonia formal española en la década de 1840. Concluyo con una última reclamación de Gallinas como propiedad privada bajo el manto del Imperio español en la década de 1880 que ilumina su historia previa.

Además de la historiografía con la que dialogo, las fuentes de este artículo tienen naturalezas y procedencias distintas y lejanas entre sí. Por un lado, he consultado varios diarios de traficantes de esclavos. Algunos están publicados y otros se encuentran en la Biblioteca Nacional José Martí de Cuba. También cito las reclamaciones de algunos factores esclavistas ante el capitán general de Cuba, conservadas en el Archivo General de la Administración en Alcalá de Henares. Asimismo, he empleado los British Parliamentary Papers sobre el tráfico de esclavos que están digitalizados. También uso documentos del Archivo Nacional de la República de Cuba. En concreto, los autos de un juicio a un factor esclavista de Gallinas. Finalmente, pero no menos importante, he empleado la base de datos SlaveVoyages para la cuantificación de las expediciones esclavistas a Gallinas.

Un objeto muy peculiar

Varios estudios han manejado la idea del imperialismo informal para explicar la conexión entre África y Cuba durante el siglo xix. Concretamente, Lizbeth Chaviano ha descrito la colonización española en el golfo de Guinea como un proceso de imperialismo informal dirigido desde Cuba. Por su parte, Martín Rodrigo definió Gallinas como un «protectorado informal» cubano. Este protectorado se situaría en las dinámicas de competencia entre los Imperios británico y español. Además, sería un protectorado exclusivamente económico para producir esclavos para las plantaciones cubanas 7. En línea con este planteamiento, Ignacio García de Paso subraya que el ataque británico a los puestos esclavistas españoles en 1849, posterior al ya mencionado, fue un golpe directo a la economía cubana en el contexto de tensión geopolítica entre los Imperios británico y español 8. Aun así, más allá de su formulación como hipótesis, el imperialismo informal en Gallinas no se ha explicado de manera sistemática dando cuenta de su cronología, su naturaleza y su dimensión social y cultural.

El concepto de imperialismo informal adolece de cierto uso banal para describir una influencia externa. Sin embargo, para que haya un imperio informal, debe existir un control concreto en una relación desigual que cumpliría una función en un sistema mayor en el que esa influencia se inserta 9. En principio, tras los actores que ejercen el poder en el territorio concreto, se encuentra un imperio o un Estado con una metrópoli definida, es decir, una soberanía. El concepto de imperio informal se concibió para explicar el Imperio británico en la primera mitad del siglo xix. En los últimos años, se ha revisitado no solo para ofrecer nuevas visiones del imperialismo británico, sino también para estudiar otros Estados europeos 10.

Robinson y Gallagher, quienes lanzaron el concepto de imperialismo informal a mediados del siglo xx, subrayaron que no se podía entender el Imperio británico fijándose solo en las partes coloreadas de rojo en un mapa. Es decir, no se podía obviar a los agentes imperiales presentes en lugares que no eran parte formal del Imperio 11. En principio, la influencia de estos agentes se concentraba en organizaciones políticas con soberanía: Estados-­nación, con un Gobierno y un territorio definido. El caso de Gallinas se presenta distinto, ya que Gallinas no era observado como un territorio definido o un poder con el que entablar una relación diplomática formal. Por otro lado, el sujeto de la influencia, la «potencia imperial», no era un imperio o un sujeto soberano. Fueron comerciantes privados quienes crearon una dinámica imperial en Gallinas. Es decir, si el imperialismo informal es un tipo de relación desigual entre un imperio y un Estado de menor entidad, en Gallinas encontramos una relación de poder muy parecida, pero que vinculaba a sujetos muy distintos.

Existe otro concepto que pone el acento en las iniciativas imperialistas privadas: el imperialismo «pícaro» (rogue imperialism) que se desarrollaba en los márgenes del derecho internacional que toma por base el reconocimiento recíproco de las diversas soberanías. El fenómeno se desarrolló en el último tercio del siglo xix en Asia y África, cuando por medio de contratos (más o menos fraudulentos) con las poblaciones locales una serie de aventureros blancos se hacían con el control de amplios territorios 12. Un punto interesante del imperialismo pícaro fue que la comunidad internacional integró como miembros legítimos al producto de estas prácticas heterodoxas, como sucedió con el Congo Belga. Más allá de la cronología, Gallinas tampoco encaja del todo en ese modelo.

Aunque el control de los individuos y compañías hispanocubanas era visible en sus costas, el gobierno efectivo de Gallinas no era de estos esclavistas, sino de los líderes de una rama de la etnia vai. No es imposible que los hispanocubanos se sirvieran de algún tipo de equívoco propio del imperialismo pícaro. No solo porque llevaban a cabo una práctica claramente ilegal, sino también por las nociones que unos y otros parecían tener del tipo de dominio que existía en Gallinas. Aun así, el caso de Gallinas es particular, ya que, aun teniendo elementos de imperialismo informal, de imperialismo pícaro o de imperialismo privado a secas, no encaja exactamente bien en ninguna de las categorías —todas ellas creadas por la academia anglosajona basadas en el modelo imperial británico—. Esto es así porque, a diferencia del caso británico y su expansión imperial en el siglo xix, así como de la mayor parte de otras potencias europeas, en el caso hispanocubano en Gallinas este intento no nace de un mundo abolicionista. Fue el tráfico de esclavos el que precisamente hizo de Gallinas una pieza importante del Imperio español durante el siglo xix, aunque nunca formase parte de él.

Las factorías españolas eran el punto de referencia para la compraventa de personas. Al mismo tiempo, eran el destino principal de los barcos que llegaban de Cuba para llenar sus bodegas de personas. Como en los imperios informales, los agentes imperiales trataron de construir un espacio de seguridad para sus negocios mediante la colaboración con actores locales. Este dominio informal hispanocubano necesitaba de un minor partner, que en Gallinas fue el reino de Siaka y su hijo Mana. De hecho, otra particularidad clave de Gallinas es que los esclavistas no tenían de referencia la España peninsular como metrópoli. Había una relación bidireccional entre Gallinas y Cuba. Es decir, si tenían una metrópoli, esta no parecía pasar tanto por Madrid o Barcelona como por La Habana, Matanzas o Santiago. Por otro lado, Gallinas podría haber sido una colonia formal española en la década de 1840. En esa época, durante los gobiernos tanto de Espartero como de los moderados, los plantadores cubanos pretendían colonizar partes de África para disponer de mano de obra legal para el azúcar. Finalmente, fue la isla de Fernando Poo la que entró en la órbita del Imperio como consecuencia de esa política.

Empero, la consistencia del concepto de «imperio» para el caso de Gallinas no termina ahí. Como en otros imperios, para los factores hispanocubanos Gallinas era un escalón de su propia carrera imperial. Para muchos su objetivo era volver a Cuba y mejorar su posición social. Si tenían éxito en África, a partir de la acumulación de capital, podían regresar a Cuba en mejores condiciones. La colonialidad de Gallinas respecto de Cuba no se limitaba a su relación económica, sino que se proyectaba en toda una vida imperial. Esta vida imperial la protagonizaban con papeles desiguales tanto los factores instalados allí como sus socios africanos, además de su lucrativo producto: los seres humanos a los que esclavizaban. Esta se basaba en patrones culturales y de consumo provenientes de Cuba y de una cultura imperial española. Los factores en Gallinas desplegaron una Cuba en miniatura en el África Occidental, que marcaba la relación jerárquica que entablaban con la población local. Además, algunos de ellos arguyeron derechos de extraterritorialidad, interpretando en algunos casos que sus propiedades en el África Occidental eran inviolables por otras potencias por su carácter español.

Una nueva Cuba, una nueva Gallinas

La presencia de factores españoles en el siglo xix en Gallinas, así como en general en las costas africanas, fue un elemento novedoso en la historia del tráfico de esclavos atlántico 13. Desde finales del siglo xv, la figura del factor esclavista había sido habitual en las costas del África Occidental. Su proliferación se aceleró en el siglo xvii. No obstante, el sistema del asiento de negros, propio de la Monarquía hispánica, que externalizaba la comercialización de esclavizados hacia América, redujo a un pequeño número los españoles que participaban de manera directa en el comercio odioso hasta finales del siglo xviii. En 1789 se abolió el asiento, liberalizando por completo el tráfico de esclavos hacia la América española.

Un elemento clave en el fin del sistema del asiento fue una revolución productiva que se desarrolló en Cuba. Cuba había sido una colonia de abastecimiento especialmente para los galeones de Indias a lo largo de la Edad Moderna. Durante los once meses que duró la toma de La Habana en 1762, los británicos fomentaron el desarrollo de una economía de plantación de azúcar con mano de obra esclava, replicando el sistema que existía en sus colonias 14. Concretamente, una de las demandas principales de las elites de Cuba a partir de ese momento fue el libre acceso a la mano de obra esclava. Esta llegó en un momento propicio: la Revolución de Haití (1791-1804) hundió el mercado francés del azúcar, dejando vía libre a la creciente producción cubana.

Quienes inicialmente ocuparon el nuevo mercado de esclavos en Cuba fueron comerciantes de esclavos que ya estaban versados en el negocio; en general: británicos, franceses y estadounidenses. Muchos de ellos empezaron a relacionarse con nuevas compañías esclavistas en Cuba y les transmitieron así su conocimiento sobre el tráfico 15. La abolición del tráfico de esclavos en el Reino Unido y Estados Unidos en 1807 aceleró la llegada de más comerciantes de esclavos de estos dos orígenes a Cuba, donde hasta 1820 fue legal introducir esclavos. Al mismo tiempo, nuevos actores coloniales en la isla, españoles europeos, también empezaron a traficar.

En 1817, la firma de la abolición del tráfico de esclavos español llegó por presiones diplomáticas británicas al Gobierno de Fernando VII después del Congreso de Viena 16. Aun así, el tráfico de esclavos en el siglo xix creció hasta números jamás vistos en el caso español. A pesar de ser una actividad ilegal, más de seiscientos mil esclavizados llegaron a Cuba entre 1820 y 1873 17. En estas cifras subyacen los beneficios de la economía de plantación de azúcar. Es el contexto de la «segunda esclavitud» en América vinculado al desarrollo del capitalismo industrial en Europa y Estados Unidos 18. Este marco global es el que explica que la rentabilidad del comercio ilegal fuera extraordinaria 19. Por eso, desde Cuba, se lanzaron ríos de hombres a la mar en busca de nuevos mercados de esclavos.

En el caso de Gallinas, también fueron comerciantes británicos y estadounidenses quienes propiciaron el nuevo mercado de esclavos hacia Cuba. Sus relaciones con compañías cubanas terminaron por incitar la llegada de españoles a la región, que acabaron por controlar completamente el mercado a partir de finales de la década de 1810 20. En Gallinas había actividad esclavista desde antes del siglo xviii. Sin embargo, la extracción de la mayoría de las personas que fueron esclavizadas en ese lugar se produjo en plena época del abolicionismo en el siglo xix. Aunque se intuye que están incompletos, los registros existentes muestran que las personas extraídas de Gallinas y enviadas a otras partes del mundo como esclavos fueron 42.700. Según la Trans-Atlantic­ Slave Trade Database, entre 1816 y 1856, más de 37.600 personas de ese total fueron embarcadas, de las que llegaron a puerto unas 32.000.

Como se observa en el gráfico 1, durante las décadas de 1820 y 1830 hubo un flujo continuo de extracciones de esclavos: más de treinta mil personas partieron de Gallinas en veinte años. A partir de 1840, hubo una clara disminución de las extracciones que llevó hasta su paralización en 1850. Entre 1816 a 1856, al menos cincuenta y tres barcos salieron de Cuba hacia Gallinas y volvieron con más de dieciocho mil personas esclavizadas 21. En concreto, se puede dividir la historia del tráfico de esclavos en Gallinas en tres periodos: el primero llega hasta mediados de la década de 1810, cuando solo existían algunas factorías de anglosajones; el segundo capítulo comprendió de finales de la década de 1810 hasta 1840, con una clara hegemonía hispanocubana; la etapa final hasta 1856 supuso la descomposición del tráfico de esclavos.

Al margen de estas etapas hay que destacar un fenómeno decisivo para esta historia: entre 1816 y 1825, Gallinas sufrió una larga guerra interna. La protagonizaron dos individuos de distintos lina-

Tabla1

Lugares principales de desembarco de personas esclavizadas en Gallinas

Años

Esclavizados en Cuba

Esclavizados en Brasil

Liberados en Sierra Leona

Liberados en Jamaica

1816-1820

1.846

689

1821-1825

1.824

839

1826-1830

3.877

509

1831-1835

3.363

1.125

1836-1840

5.497

829

1.020

1841-1845

1.056

1846-1850

0

2.202

1.124

1851-1856

539

Total

18.002

2.202

5.115

1.020

Fuente: recuperado de Trans-Atlantic Slave Trade Database (TSTD), https://www.slavevoyages.org/voyage/database (consultado el 25 de noviembre de 2024).

Gráfico 1

Personas embarcadas en Gallinas

Fuente: recuperado de Trans-Atlantic Slave Trade Database (TSTD), https://www.slavevoyages.org/voyage/database (consultado el 25 de noviembre de 2024).

jes de los vai: Siaka y Amara Lalu. La guerra terminó con la victoria de Siaka gracias a la provisión de armas por parte de hispanocubanos 22. Estos últimos se aseguraron el control de Gallinas con un socio en el territorio. Este resultado definió el reino de Gallinas como una región políticamente unificada. El gran número de esclavos que se generaron en la guerra, así como la posterior fuerza militar del nuevo reino, fueron elementos clave para entender el crecimiento del tráfico de esclavos. Esta gran actividad esclavista hispanocubana cerca de Sierra Leona explica los esfuerzos británicos por terminar con el tráfico de esclavos en Gallinas. La Royal Navy organizó varios bloqueos navales, además de constantes patrullas para capturar barcos esclavistas. Al menos en tres ocasiones destruyeron los barracones: en 1840, bajo el mando del capitán Denman; también en 1845, y de manera definitiva en 1849 23.

Una frontera segura y la confederación hispanocubana

Uno de los factores americanos que traspasaron el negocio a hispanocubanos en Gallinas fue Jacob Faber. En 1816, abrió una factoría de esclavos en Gallinas. Antes había firmado varios contratos con compañías habaneras como proveedor de mano de obra esclava. Faber planeó un constante ida y vuelta de naves mientras estuviese en Gallinas. Estas fueron las naves, algunas con origen en Charleston y otras en La Habana, que iniciaron la conexión entre Cuba y Gallinas.

Jacob Faber llegó a Gallinas en medio de la guerra civil de Siaka con Amara Lalu. Al principio, pensó que este conflicto le proporcionaría muchos esclavos. En efecto, los conflictos internos en África podían generar un gran número de personas esclavizadas. Esto es lo que tradicionalmente se conoce como el ciclo de armas por esclavos: la venta regular de armas europeas a ciertas comunidades locales proveía de nuevos esclavos a los europeos 24. El caso de Gallinas matiza este esquema de explicación. Jorge Felipe-­González indica que Faber fracasó porque la frontera de esclavización estaba demasiado cerca de sus propiedades 25. Es decir, no existía aún un espacio de seguridad suficiente para desarrollar de forma eficaz el tráfico de esclavos.

Por «frontera de esclavización» se entiende el espacio donde se producía la captura de personas que se convertirían en esclavas 26. Para que el modelo de armas por esclavos funcionase, la frontera de esclavización debía estar algunos kilómetros hacia el interior 27. En este punto, es útil plantear una analogía con la idea de «frontera mercantil». La historiografía ha definido las fronteras mercantiles como los lugares de producción de nuevos productos que cambian el espacio, en contacto con el modelo de producción capitalista 28. No puedo, ni es mi intención hacerlo, afirmar que en Gallinas existía una frontera mercantil. Dado que el producto en cuestión eran seres humanos, esto implicaría que la demografía de Gallinas y las comunidades vecinas aumentó para abastecer el mercado de esclavos. Un extremo que no puedo probar. Aun así, la idea de que Gallinas se conectara al resto del mundo a partir del tráfico de esclavos con la creación de fronteras de esclavización permite observarla como un espacio subliminal del capitalismo. En este caso, aportando seres humanos para la producción y el desarrollo del complejo del azúcar en Cuba 29.

Tras su fracaso, Faber abandonó Gallinas. En La Habana tuvo que enfrentarse a distintos procesos judiciales 30. Su historia permite entender la rápida transición de los comerciantes anglosajones a la hegemonía hispanocubana. Los traficantes de esclavos hispanocubanos tuvieron que adaptarse a cada nuevo contexto, innovando el sistema logístico y financiero que soportaba esta empresa transatlántica. La innovación más visible fue la creación de un coordinado sistema de factorías conectadas directamente con compañías y seguros en Cuba 31. Las factorías españolas tuvieron éxito en su propósito durante casi dos décadas gracias al espacio de seguridad que ofrecía su socio Siaka como rey de Gallinas.

En la descripción que ofrece el diario del esclavista Theodore Canot, el comercio de esclavos definía el paisaje de Gallinas cuyo horizonte quedaba trazado por un continuo de factorías a lo largo de las costas y los ríos. Canot fue el encargado de una factoría esclavista en la década de 1830; era el agente en New Sestos (Liberia) del malagueño Pedro Blanco, «el Rotschild de la esclavitud» 32. Pedro Blanco fue uno de los comerciantes de esclavos más conocidos durante ese tiempo por parte de los agentes británicos y el personaje más importante del dominio hispanocubano en Gallinas. Dueño de la mayoría de las factorías más importantes en Gallinas, sus propiedades se extendían a New Sestos, la isla de Sherbro y hasta Cape Mesurado a las puertas de Monrovia. Sus factorías actuaron como una gran red que conectó con docenas de barcos esclavistas.

Alrededor de 1839, existían unos sesenta agentes españoles en Gallinas 33. La figura principal era Blanco 34. Blanco controlaba una confederación con múltiples factorías esclavistas que contaban con efectivos sistemas de vigilancia y comunicación. De hecho, el malagueño tenía a cargo varias islas en los ríos de Gallinas, donde se encontraban pequeñas factorías de otros esclavistas que formaban parte de la misma confederación. En una de las islas, estaba su residencia. Vivía de manera lujosa, también mantenía su propio serrallo de mujeres locales. Tenía hasta una docena de barracones con esclavos. Los barracones estaban hechos de postes de grandes árboles y cerrados por barras de hierro dobles. Los techos de madera aseguraban un interior seco y fresco. En estos espacios las personas esclavizadas podían permanecer durante meses hasta la llegada de algún barco esclavista 35.

Mapa 2

Islas y entradas de los ríos en Gallinas

Fuente: Revista de Geografía Comercial, 47 (19 de octubre de 1887), p. 527. Biblioteca Nacional de España.

Pedro Blanco también poseía una compañía en Cuba junto con Lino Carballo, otro comerciante de esclavos que también era socio del importante esclavista Pedro Martínez 36. Este último era un traficante gaditano que contaba con una amplia flota e importantes negocios vinculados al tráfico de esclavos. En Gallinas, Martínez tenía capital asignado en el cargamento de varios barcos, así como la propiedad de algunas factorías, entre ellas la misma Domborocco que también fue de Blanco 37. Es decir, el negocio en Gallinas se anudaba a una compleja red atlántica 38.

En la segunda mitad de la década de 1830, aunque mantuvo sus inversiones al amparo de esa red, Blanco decidió irse de Gallinas para disfrutar de su fortuna en Cuba y completar su carrera imperial. De hecho, su salida de Gallinas correspondió con el ascenso de los progresistas en la metrópoli. Aun así, su negocio esclavista en el territorio se planeó para que siguiese funcionando gracias a la constante colaboración entre comerciantes de esclavos 39.

Frente a la noción de una competencia de tipo laissez faire, la idea de colaboración entre comerciantes de esclavos cobraba un sentido muy concreto en el contexto abolicionista de buena parte del siglo xix. La proscripción del tráfico obligaba a tejer complicidades en un negocio altísimamente lucrativo. La necesidad de manos, capital e infraestructuras imponía una lógica de colaboración ante los riesgos que podían arruinar una expedición o complicar una transacción (persecución del tráfico, enfermedades, muertes y revueltas de esclavos). La confederación de Blanco con otros traficantes de esclavos hispanocubanos fue esencial para la hegemonía en Gallinas. Un territorio nunca en manos de autoridades españolas, pero constreñido económica y políticamente por el tráfico de esclavos demandado por estos factores.

Una Cuba en miniatura

«¡Oh...! ¡Ya estamos en Cuba!», así se expresó un joven cubano al observar el patio de la casa de un factor esclavista estadounidense en el río Pongo, al norte de Freetown, según recogió el diario de un viajero. Este factor tenía pequeños árboles frutales que se encontraban en la Cuba colonial «como el naranjo dulce, papaya, marañón, seibas, y carreras de piñas moradas y plátanos guineos». El joven cubano llegó al río en 1833 para trabajar y aprender el oficio de contable con el comerciante de esclavos. En menos de trece días, ya estaba muerto y enterrado, tras una enfermedad rápida, terrible y letal 40.

¿Por qué un factor esclavista, en sus factorías en el norte de Sierra Leona, tenía árboles frutales de Cuba? De forma general, estos factores mantuvieron patrones de consumo que conocían de su experiencia imperial y colonial en el Caribe. En lugar de limitarse a los productos autóctonos, mantenían hábitos de consumo definidos en Cuba y trataban de adaptarse a la exigente realidad africana. De hecho, esta práctica era común entre todos aquellos que habían estado un tiempo en Cuba, siendo el ejemplo más claro el de los indianos en su regreso a la Península, donde desarrollaron una cultura propia 41. Los factores en Gallinas reproducían un estilo de vida cubano, aunque tuvieron que adaptarse a las condiciones propias del territorio, que eran altamente mortíferas.

Aunque el contraste con las personas a las que esclavizaban resulte terrible, la vida de los factores en las costas africanas estaba repleta de amenazas. Las enfermedades, temidas tanto como las revueltas de esclavos, estaban a la orden del día. Los ataques de piratas o las acciones de la Royal Navy eran otros de los peligros posibles. Al mismo tiempo, la tremenda jerarquización humana que suponía el motivo que los ataba a ese lugar, la esclavización de seres humanos, imponía unas formas culturales concretas. Los factores en África manifestaban su estatus y su identidad a través de un gusto de vida imperial. Este último expresaba su distancia con las poblaciones africanas y su papel de agentes, de puentes, entre diferentes mundos 42. Esta distinción se manifestaba en sus patrones de consumo, pero también en su relación con las mujeres locales.

Por un lado, en Gallinas, Pedro Blanco se casó con una mujer africana 43. De hecho, la práctica de casarse con mujeres africanas por parte de los factores esclavistas europeos en las costas africanas era habitual ya desde el siglo xvii y en especial en el xviiixix 44. El factor americano citado anteriormente también lo hizo en el río Pongo 45. El papel de las mujeres locales resultaba esencial no solo como instrumento y expresión de la alianza entre africanos y españoles a través del matrimonio. Blanco dependía de mujeres locales para acceder al mercado de esclavos. Emparentarse con los europeos era una forma de privilegio para las familias de Gallinas que les facilitaba el acceso a productos de lujo, es decir, que las distinguía.

Por otro lado, los factores tenían la necesidad de productos de los que carecían muchas poblaciones africanas, desde utensilios de cocina a armamento diverso. Las cartas de Jacob Faber desde Gallinas, de 1816 a 1818, nos muestran esta necesidad de hacer más «confortable» su estancia. Durante el 4 de julio de 1816, el Iris, el primer barco que salió de Charleston hacia Gallinas, llevaba: varios barriles con carne, bolsas de café, setenta libras de peso de chocolate, azúcar, ginebra, vidrios diversos, libros, papel, un termómetro, tabaco, recipientes varios, textiles, rifles, barriles de ron, té, medicinas, jamón, distintas pinturas, maderas, cervezas, un horno, aceite, botellas, velas, elementos de construcción, elementos de cocina, etc. En el segundo viaje del Circas, que salió de La Habana el 20 de mayo de 1817, había cuarenta quesos diferentes de Flandes, así como mantequilla, un sombrero dorado, cebollas, un cañón, alcoholes, arroz, textiles y otros elementos para el día a día 46.

En otra carta que Jacob Faber envió desde Gallinas a La Habana el 19 de octubre de 1816, indicaba su necesidad urgente de armamento y alcohol para comprar esclavos. Al parecer, el intercambio se establecía entre «aquellos que se llaman mercaderes» que traían los esclavos del interior y el «factor que los recibe» que disfrutaba de «la ventaja decidida» de «escoger», frente a los que llegaban en los buques. Además de solicitar varios utensilios cotidianos, Faber expresa su necesidad de «quina» puesto que «el agua del río es muy mala» 47.

La quinina era un elemento esencial para prevenir las fiebres y las malarias. Entre los miembros de los barcos esclavistas y los factores, se creía que las malarias eran comunes en las costas africanas por la gran presencia de miasmas y pantanos 48. Los ríos y afluentes de la región proporcionaban un ecosistema propicio para los mosquitos, que transmiten la malaria. Aunque entonces esta enfermedad se atribuía al agua —«la natural insalubridad de este río»—, sabían que necesitaban protegerse de esta clase de males. De los ocho miembros del Iris, sobrevivieron solo dos. El propio Faber se vio aquejado por una grave enfermedad 49.

El consumo y uso de los productos que aparecen en las fuentes no solo eran elementos que permitían distinguirse de los patrones de consumo de las poblaciones locales, sino que formaban parte fundamental de la adquisición de seres humanos esclavizados y el equilibrio político que fundamentaba la hegemonía hispanocubana. Esta solicitud privada de Jacob Faber hace patente la imposible diferenciación entre la vida imperial de los factores y el dominio informal que ejercían sobre el lugar. Por un lado, su petición de comida colonial destacaba por encima del resto, alejándose del habitual consumo de arroz y yuca en las poblaciones de Gallinas. Productos como el chocolate, alcoholes varios, cebollas, quesos, jamón, café, azúcar, entre otros, no eran, precisamente, habituales en el sur de Sierra Leona, sino de consumo preferente en los espacios urbanos de la Cuba colonial, conectada a mercados internacionales 50. Por otro lado, los elementos técnicos, como termómetros, medicinas como la quinina y piedras de destilación, se alejaban de la concepción de la medicina de Gallinas. Por último, la vestimenta también era un elemento clave en la visibilidad de esa diferencia. Como en tantas situaciones coloniales las elites africanas de Gallinas adoptaron algunas prendas de origen europeo cuyo significado social los señalaba como privilegiados 51.

Los factores no solo tenían un gusto por lo imperial, sino que toda su presencia y actividad estaba codificada por su condición de agentes imperiales. En particular, reprodujeron formas propias de algunos espacios sociales cubanos. Su Cuba en miniatura en Gallinas supuso el desarrollo de una cultura imperial en un territorio que nunca se asumió como español, aunque, al parecer, se entendió o se dio a entender que estaba vinculado de manera oficial a la monarquía.

¿Un nuevo imperio, una nueva colonia?

En agosto de 1841 se presentaron una larga serie de denuncias al Tribunal de Comercio de la Habana 52. Los demandantes eran varios de los encargados de las factorías que tuvieron que huir de Gallinas después del ataque de 1840. Estas diligencias eran el paso previo para pedir una restitución completa de sus pérdidas por el ataque de Joseph Denman a las factorías de Gallinas 53. Más allá de los dos millones de pesos que se solicitaban, el objetivo principal era obtener el beneplácito de las autoridades cubanas para empujar al Reino Unido a que sancionase a este capitán. Los factores españoles encontraron plenamente justificado demandar en Cuba unos agravios ocurridos en el otro lado del Atlántico en un espacio que no era un territorio formal del Imperio español, ni de ningún otro miembro del concierto de las naciones.

Los factores esclavistas entendieron sus propiedades en Gallinas como inalienables por parte de agentes británicos. Reclamaban que, aunque el comercio de esclavos fuera ilegal, tener esclavos en el continente africano no podía constituir en ningún caso un delito. Sin embargo, los argumentos de los esclavistas para acusar a Joseph Denman de apropiación indebida tenían un significado más allá del subterfugio legal. Suponían la conciencia de formar parte de una estructura imperial, con una serie de elementos jurídicos propios y una cultura compartida. Sintieron, en consecuencia, que tenían un derecho extraterritorial en Gallinas, con varios derechos específicos de propiedad sobre objetos, edificios y personas.

La idea de extraterritorialidad refuerza la comprensión de Gallinas como un objeto con características imperiales. En efecto, el Tribunal de Comercio en La Habana se consideró competente, tanto por los factores esclavistas como por las mismas autoridades judiciales, para atender las quejas de los esclavistas hispanocubanos. De hecho, se recogieron testimonios de los hechos ocurridos en noviembre de 1840. La mayoría de estos testigos eran partícipes del comercio ilegal de esclavos en la misma región de Gallinas. Este fenómeno se produjo en el contexto de la regencia de Espartero, cuando las pretensiones españolas sobre África estaban emergiendo. Es decir, el interés de estos esclavistas por sus propiedades se alineaba con un incipiente interés imperial español en África en un nuevo contexto internacional.

La elite cubana, así como las nuevas elites industriales en Cataluña, tuvieron una postura claramente antagónica a la abolición de la trata y de la esclavitud. Cuba era central para los intereses económicos del Imperio español del ochocientos, y, de hecho, consideraban que las presiones abolicionistas británicas eran un acto esencialmente para adueñarse del mercado interno español introduciendo sus productos manufacturados en Inglaterra, así como productos de sus colonias 54. Un ejemplo claro fue el discurso de Miquel Biada, esclavista catalán, delante de la Junta de Comercio de Barcelona en 1841, en un contexto en el que la burguesía catalana se temía la abolición de la esclavitud en Cuba por parte del Gobierno filobritánico de Espartero 55. La alternativa que parece que encontraron tanto los esclavistas y sus defensores como el Gobierno de Espartero fue iniciar un proyecto de asentamientos coloniales en África para adquirir mano de obra legal para las plantaciones de azúcar en Cuba. Pedro Blanco se vio como el candidato perfecto para dirigir la captura de asentamientos en África por su experiencia en Gallinas. El Gobierno de Espartero llegó a otorgar a Blanco el título de intendente de la Marina 56.

Aunque el posible proyecto de incorporar oficialmente Gallinas quedó truncado, la experiencia de los traficantes de esclavos parece haber sido clave en proyectos de colonización en África por parte de las autoridades españolas, es decir, conquistas formales del territorio. Concretamente, el Gobierno de Espartero en 1842 mandó una expedición a Sierra Leona al mando del capitán Juan José Lerena. Tenía como objetivo averiguar qué había sucedido en Gallinas dos años antes, investigar cómo funcionaba el Tribunal Mixto en Sierra Leona, por años abandonado por parte del Gobierno español, e investigar cómo los británicos mandaban esclavos liberados de Sierra Leona a Jamaica, seguramente con la intención de reproducirlo en el caso español en Fernando Poo.

En el caso de Gallinas, los intereses esclavistas y del Imperio español fracasaron por varios motivos. En primer lugar, la caída de Espartero en mayo del 1843 y la acusación del capitán general de Cuba contra Pedro Blanco por denuncias de incesto y sodomía provocaron el fin público del malagueño 57. En segundo lugar, la elite industrial peninsular, así como la armada española, no tenía recursos para promover una invasión formal del territorio de Gallinas. En tercer lugar, Fernando Poo era el territorio africano legalmente de España, aunque sin colonizar, y fue recuperado de los británicos que la ocuparon desde 1827 hasta 1843. Por último, pero no menos importante, fueron las acciones abolicionistas británicas las que alejaron totalmente la posibilidad de obtener Gallinas como colonia formal.

En la década de 1840, la Royal Navy británica atacó tres veces distintas factorías esclavistas en Gallinas. La más importante fue la primera, aunque las operaciones de 1845 y 1849 tienen un interés particular. Las factorías esclavistas hispanocubanas construidas después de la destrucción de Denman fueron de menor extensión que las que existían en la década precedente. Además, las personas esclavizadas en esa década fueron muchas menos que en años anteriores (tabla 1). La Royal Navy destruyó las factorías, como empezó a hacer recurrentemente en otros puntos del Atlántico, creyendo que sería la forma más efectiva de finalizar el tráfico de esclavos.

Los británicos, por su parte, intentaron atraer Gallinas a su órbita imperial, en este caso dentro de los parámetros claros de la definición clásica de imperio informal. Después de los ataques a las factorías en 1840 y 1849, los oficiales de la Royal Navy, alentados por los gobernadores de Sierra Leona, firmaron distintos tratados de abolición del tráfico de esclavos con las elites de Gallinas. Estos tratados también incluían el reconocimiento de que los británicos serían los socios preferentes del comercio en la región 58. Los británicos estaban probando sustituir una hegemonía hispanocubana, fuera informal, privada o pícara, por la suya.

Las elites de Gallinas tuvieron que adaptarse a una nueva realidad entre traficantes privados, imperios en disputa y la pérdida de su autonomía política. De hecho, Siaka escribió en 1840 al gobernador de Sierra Leona durante un bloqueo naval de la Royal Navy en sus costas. Pedía que se acabase el bloqueo y que se llevasen a los traficantes de esclavos, pero que se respetase su derecho soberano del territorio ya que «debía concedernos la misma lenidad que otros países a pesar de que somos africanos» 59.

Aunque no participaba de la posibilidad de una conquista territorial de Gallinas, sino que reproduce un esquema próximo al imperio informal, hay una fuente de los Siaka que sugiere que la relación entre los esclavistas y sus socios se presentó con un carácter oficial. Tras el segundo ataque británico en 1845, el rey Mana dirigió una carta a Isabel II a través del cónsul español en Sierra Leona, Guillermard d’Aragón. Pedía que se le entregasen elementos lujosos, entre ellos un sombrero, un sable, un bastón de comando, una casaca y, especialmente, un medallón bien grande para colgarse en el cuello con la imagen de la reina, a quien consideraba una hermana 60. Mana quería que los españoles volvieran a realizar el comercio en su país, fuera de productos legales o de esclavos. Quería continuar con su posición de poder que consiguió su fallecido padre gracias a los traficantes de esclavos.

Para Mana, los comerciantes españoles de las décadas anteriores habían sido parte de una entidad política similar a la suya. En consecuencia, la reina Isabel debía de ser una homóloga. Esta carta era, de hecho, el canto del cisne de un mundo que terminaba. Después de la tercera destrucción de las factorías esclavistas en 1849, solo se detecta una única expedición esclavista en Gallinas. Gallinas había dejado de ser un espacio seguro para realizar el tráfico de esclavos hispanocubano, que se desplazó al Atlántico Sur y hacia el África Oriental 61. A partir del fin del comercio de esclavos, Mana tuvo que firmar tratados desiguales con Liberia y Sierra Leona. Su objetivo era seguir en el poder y que Gallinas continuara como una entidad autónoma. No sería así. Gallinas acabaría siendo absorbida por estas potencias en el último tercio del siglo xix.

Conclusión. Un imperio por definir

En agosto de 1886, en el contexto del reparto de África por parte de las potencias europeas después de la Conferencia de Berlín, el cónsul español en Nueva Orleans recibió una solicitud particular de un vecino de la ciudad. José Antonio Fernández de Trava, profesor de universidad y sobrino de Pedro Blanco, pedía que fueran reconocidos sus derechos como dueño del territorio de Gallinas. El cónsul escribió al ministro de Estado en España que «dicho territorio fue ocupado y poseído por un antiguo súbdito español» y que podía convenir «a nuestra Nación» 62.

El descendiente de Blanco pedía claramente participar del esquema del imperialismo pícaro que se desarrolló en la mayor parte de las colonizaciones de África en ese momento: reconocer la soberanía de un territorio en manos de un solo individuo o de una compañía estatal 63.

El ministerio de Estado inició una investigación para saber quién fue Pedro Blanco en el pasado y ver si había alguna opción de reclamar Gallinas como territorio español. Nunca fue así. Desde 1883 Gallinas empezó a ser completamente anexionada a Sierra Leona, además, en un contexto donde el abolicionismo se convirtió en el argumento principal para el colonialismo en África, era impensable reclamar un territorio que fue dominado por un traficante de esclavos ilegal. Con todo, se volvió a discutir la españolidad de Gallinas. Aunque ese proyecto nunca llegó a materializarse, el dominio informal hispanocubano en Gallinas se sustanció de manera efectiva durante más de dos décadas. Miles de personas esclavizadas fueron compradas en Gallinas y transportadas al Caribe para desarrollar la economía azucarera, desempeñando un papel decisivo en el sistema imperial español.

La constatación que arroja la Gallinas hispanocubana es que el imperio que se desarrolló se pudo ejercer por sujetos que tampoco poseían o representaban la soberanía de una supuesta metrópoli, es decir, por sujetos privados. Un imperio propio de la expansión del capitalismo, en el que los beneficios extraordinarios de la economía de plantación soportaban los enormes gastos del comercio de seres humanos y permitían el desarrollo de un dominio informal por parte de capitalistas privados. Un negocio que conectaba un pequeño territorio, ausente del concierto de las naciones, con los consumidores de azúcar de todo el planeta. En su artículo, Robinson y Gallagher advertían de que el sistema imperial británico en la primera mitad del siglo xix era imposible de comprender mirando solo «las partes rojas del mapa». El caso de Gallinas no solo abunda en la complejidad del fenómeno imperial, sino que también señala como las partes más oscuras de ese mismo mapa tenían una relevancia crucial.


  1. * Investigación financiada por el Programa de Ayudas Salvador de Madariaga. Quiero agradecer las sugerencias de los evaluadores externos, a Mikel Gómez sus observaciones, y a Andrés Vicent por su indispensable ayuda.

  2. 1 Correspondence Relative to the Slave Trade at the Gallinas (Londres, 1841), House of Commons, British Parliamentary Papers (en adelante, BPP), e Isla de Corisco. Testimonios sobre los sucesos en Gallinas (La Habana, 1841, Archivo General de la Administración (en adelante, AGA), caja 81/7051.

  3. 2 Ibid.

  4. 3 Adam Jones: From Slaves to Palm Kernels. A History of the Galinhas Country (West Africa), 1730-1890, Wiesbaden, F. Steiner, 1983, pp. 1-4.

  5. 4 Philip Misevich: Abolition and the Transformation of Atlantic Commerce in Southern Sierra Leone, Trenton, Africa World Press, 2019.

  6. 5 Manuel Barcia y Effie Kesidou: «Innovation and Entrepreneurship as Strategies for Success Among Cuban-Based Firms in the Late Years of the Transatlantic Slave Trade», Business History, 60(4) (2018), pp. 542-561; Maria del Carmen Barcia Zequeira: Pedro Blanco, el negrero. Mito, realidad y espacios, La Habana, 2018, y Martín Rodrigo y Alharilla: «Spanish Sailors and the Illegal Slave Trade to Cuba, 1845-1867», Journal of Iberian and Latin American Studies, 27(1) (2021), pp. 97-114.

  7. 6 Dale Tomich: «The Second Slavery and World Capitalism. A Perspective for Historical Inquiry», International Review of Social History, 63(3) (2018), pp. 477-501.

  8. 7 Lizbeth J. Chaviano Pérez: «Cuba, agent formel ou informel de l’impérialisme espagnol dans le Golfe de Guinée?», Outre-Mers, 410-411(1) (2021), pp. 169-184, y Martín Rodrigo y Alharilla: «Les factoreries négrières espagnoles des côtes africaines (1815-1860)», Outre-Mers, 410-411(1) (2021), pp. 143-167.

  9. 8 Ignacio García de Paso: The Storms of 1848. The Global Revolutions in Spain, tesis doctoral, European University Institute, 2022, p. 197.

  10. 9 Deborah Besseghini: «Pax Britannica. Il dibattito sull’imperialismo informale ottocentesco in America latina», Pasato e Presente, 37(108) (2019), pp. 56-60.

  11. 10 Lucy Riall: «Hidden Spaces of Empire. Italian Colonists in Nineteenth-Century Peru», Past & Present, 254(1) (2022), pp. 193-233, y David Todd: A Velvet Empire. French Informal Imperialism in the Nineteenth Century, Princeton, Princeton University Press, 2021. En el caso español, véase Mikel Gómez Gastiasoro: «El imperio informal, de modelo a herramienta conceptual. Estado de la cuestión para el estudio de la España del siglo xix», Historiografías, 25 (2023), pp. 155-175.

  12. 11 John Gallagher y Ronald Robinson: «The Imperialism of Free Trade», The Economic History Review, 6(1) (1953), pp. 1-15.

  13. 12 Steven Press: Rogue Empires. Contracts and Conmen in Europe’s Scramble for Africa, Cambridge, Harvard University Press, 2017.

  14. 13 Gustau Nerín: Traficants d’ànimes, Barcelona, Edicions 62, 2015.

  15. 14 Josep M. Fradera: «De la periferia al centro (Cuba, Puerto Rico y Filipinas en la crisis del Imperio español)», Anuario de Estudios Americanos, 61(1) (2004), pp. 161-199.

  16. 15 Edgardo Pérez Morales: «Tricks of the Slave Trade», New West Indian Guide, 91(1-2) (2017), pp. 1-29.

  17. 16 Jesús Sanjurjo: In the Blood of Our Brothers. Abolitionism and the End of the Slave Trade in Spain’s Atlantic Empire, 1800-1870, Tuscaloosa, University of Alabama Press, 2021, y David R. Murray: Odious Commerce. Britain, Spain and the Abolition of the Cuban Slave Trade, Cambridge, Cambridge University Press, 1981.

  18. 17 Trans-Atlantic Slave Trade Database (en adelante, TSTD), https://www.­slavevoyages.org/voyage/database (consultado el 25 de noviembre de 2024). Para el periodo anterior, Jorge Felipe-Gonzalez: «Reassessing the Slave Trade to Cuba, 1790-1820», en David Wheat, David Eltis y Alex Borucki (eds.): From the Galleons to the Highlands. Slave Trade Routes in the Spanish Americas, Albuquerque, University of New Mexico Press, 2020.

  19. 18 Dale Tomich: «The Second Slavery and World Capitalism...», y Javier Laviña y Michael Zeuske: The Second Slavery. Mass Slaveries and Modernity in the Americas and in the Atlantic Basin, Zúrich, LIT Verlang, 2014.

  20. 19 José Miguel Sanjuán-Marroquín y Martín Rodrigo-Alharilla: «“No Commercial Activity Leaves Greater Benefit”. The Profitability of the Cuban-Based Slave Trade during the First Half of the Nineteenth Century», Economic History Review, 77(1) (2024), pp. 268-287.

  21. 20 Para estos comerciantes anglosajones, véase Emma Christopher: Freedom in White and Black. A Lost Story of the Illegal Slave Trade and Its Global Legacy, Madison, Wisconsin, 2018.

  22. 21 TSTD, https://www.slavevoyages.org/voyage/database (consultado el 25 de noviembre de 2024).

  23. 22 Para una descripción de la guerra, Adam Jones: From Slaves to Palm Kernels..., pp. 62-67.

  24. 23 Para el ataque de 1845, véase Richard Huzzey: Freedom Burning. Anti-Slavery and Empire in Victorian Britain, Ithaca, Cornell University Press, 2012.

  25. 24 Warren Whatley: «The Gun-Slave Cycle in the 18th Century British Slave Trade in Africa», MPRA Paper 44492, University Library of Munich, Germany, 2017, p. 42, https://mpra.ub.uni-muenchen.de/58741/ (consultado el 25 de noviembre de 2024).

  26. 25 Jorge Felipe-Gonzalez: «The Transatlantic Slave Trade and the Foundation of the Kingdom of Galinhas in Southern Sierra Leone, 1790-1820», The Journal of African History, 62(3) (2021), pp. 319-341.

  27. 26 Un ejemplo del uso del concepto en Philip Misevich: Abolition and the Transformation..., cap. 2.

  28. 27 Jorge Felipe-Gonzalez: «The Transatlantic Slave Trade...».

  29. 28 Maxine Berg: «Commodity Frontiers. Concepts and History», Journal of Global History, 16(3) (2021), pp. 451-455.

  30. 29 Martín Rodrigo y Alharilla: «Les factoreries négrières espagnoles...».

  31. 30 Archivo Nacional de Cuba (en adelante, ARNAC), Tribunal de Comercio, legs. 180 y 187. Estos han sido trabajados por Jorge Felipe-Gonzalez: «The Transatlantic Slave Trade...».

  32. 31 Manuel Barcia y Effie Kesidou: «Innovation and Entrepreneurship...»; John A. E. Harris: «Circuits of Wealth, Circuits of Sorrow. Financing the Illegal Transatlantic Slave Trade in the Age of Suppression, 1850-1866», Journal of Global History, 11(3) (2016), pp. 409-429, y Michael Zeuske: Amistad. A Hidden Network of Slavers and Merchants, Princeton, Markus Wiener Publishers, 2014.

  33. 32 Theodore Canot: Captain Canot, or, Twenty Years of an African Slaver. Being an Account of his Career and Adventures on the Coast, in the Interior, on Shipboard, and in the West Indies, Nueva York, D. Appleton and Company, 1854, pp. 326 y 329.

  34. 33 Gustau Nerín: Traficants d’ànimes..., cap. 4.

  35. 34 María del Carmen Barcia Zequeira: Pedro Blanco el negrero. Mito, realidad y espacios, La Habana, Ediciones Boloña, 2020.

  36. 35 Theodore Canot: Captain Canot..., pp. 326-327.

  37. 36 Marial Iglesias Utet y Martín Rodrigo y Alharilla: «Comercio, tráfico de esclavos y negocios en el mundo atlántico. Peter Harmony (1805-1851)», en Juan Pan-Montojo y Darina Martykánová (eds.): Misioneros del capitalismo. Aventureros, hombres de negocios y expertos transnacionales en el siglo xix, Granada, Comares, 2023, pp. 45-73, esp. p. 67.

  38. 37 María del Carmen Cózar Navarro: La Orca del Atlántico. Pedro Martínez y su clan en la trata de esclavos, Madrid, Sílex, 2021.

  39. 38 Con Peter Harmony en Nueva York o el clan Zulueta en Londres. Véase Marial Iglesias Utet y Martín Rodrigo y Alharilla: «Comercio, tráfico de esclavos...», pp. 68-69.

  40. 39 La colaboración entre Blanco y Martínez ya fue señalada por Gustau Nerín: Traficants d’ànimes..., cap. 4. Véase también María del Carmen Cózar Navarro: La Orca del Atlántico..., p. 125.

  41. 40 Relación de un viaje a las islas de Cabo Verde y Río Pongo, Biblioteca Nacional José Martí, Geografía, C. M. Bachiller, núm. 417. Esta fuente la descubrió Michael Zeuske, tal y como indica en la introducción de su libro Amistad... Sobre el viaje de Estrada y algunas acciones para hacer aumentar el precio de los esclavos, véase Edgardo Pérez Morales: «Tricks of the Slave Trade...».

  42. 41 La obra esencial para los indianos en Cataluña es la de Martín Rodrigo y Alharilla: Indians a Catalunya. Capitals cubans en l’economia catalana, Barcelona, Pagès, 2007.

  43. 42 Para una idea análoga del gusto por lo imperial en contextos de imperialismo informal, véase David Todd: A Velvet Empire..., cap. 3.

  44. 43 Gustau Nerín: Traficants d’ànimes..., cap. 4.

  45. 44 Para el caso danés, Pernille Ipsen: Daughters of the Trade. Atlantic Slavers and Interracial Marriage on the Gold Coast, Philadelphia, University of Pennsylvania Press, 2015.

  46. 45 Bruce L. Mouser: American Colony on the Rio Pongo. The War of 1812, the Slave Trade, and the Proposed Settlement of African Americans, 1810-1830, Trenton, Africa World Press, 2013.

  47. 46 Autos principales seguidos por don Jacobo Faber y don Cornelouis Souchay contra Martín Zavala, y otros, sobre cuentas expediciones de África (La Habana, 1819), ARNAC, Tribunal de Comercio, leg. 180, orden 18, doc. 16.

  48. 47 Carta de Faber a Zavala y Souchay (Gallinas, 19 de octubre de 1816), ARNAC, TC, leg. 180/18, 1819, doc. 3.

  49. 48 Manuel Barcia: The Yellow Demon of Fever. Fighting Disease in the Nineteenth-Century Transatlantic Slave Trade, New Haven, Yale University Press, 2020. También es interesante su artículo «“The Breath of Destruction”. Yellow Fever Epidemics and the Abolition Campaign in West Africa, 1828-1830», Journal of Global Slavery, 8(1) (2023), pp. 60-82.

  50. 49 Carta de Faber a Zavala y Souchay (Gallinas, 25 de enero de 1817), ARNAC, TC, leg. 180/18, doc. 14.

  51. 50 José Luis Luzon: «Comer y beber en La Habana colonial», Caravelle ­(1988-), 71 (1998), pp. 23-36; Claudia López Moreno: «El aroma del café francés. Aportes culturales de la presencia francesa en el partido Ramón de las Yaguas, Santiago de Cuba», Ciencia y Sociedad, 44(1) (2019), pp. 73-93.

  52. 51 Adam Jones: From Slaves to Palm Kernels..., pp. 174-185.

  53. 52 Isla de Corisco, testimonios sobre los sucesos en Gallinas (La Habana, 1841), AGA, caja 81/7051.

  54. 53 Reclamación que llegaría en 1842 a un tribunal londinense y se juzgaría en 1848. Charles Mitchell y Leslie Turano Taylor: Burón v Denman (1848), Rochester, Social Science Research Network, 27 de marzo de 2018.

  55. 54 Esto se tradujo en grandes sentimientos de anglofobia en Cuba, como indica en su libro Jesús Sanjurjo: In the Blood of Our Brothers...

  56. 55 Josep Maria Fradera: «Miquel Biada i l’esclavitud a Cuba», Fulls del Museu Arxiu de Santa Maria, 15 (1982), pp. 29-33.

  57. 56 Exposición de don José Antonio Fernández sobre los derechos de su familia al territorio de Gallinas y expediente de don Ángel Laso de la Vega y Argüelles, AGA, caja 81/7066.

  58. 57 Maria Dolores García Cantús: Fernando Poo. Una aventura colonial española en el África Occidental (1778-1900), tesis doctoral, Universitat de València, 2004, pp. 257-259 y 267.

  59. 58 Correspondence Relative to the Slave Trade at the Gallinas, Enclosure 19 (Londres, 1841), BPP, y En­gagement with the Chiefs of Gallinas and Solyman (Gallinas, 2 de febrero de 1850), Reports of the Naval Officers, Inclosure in n.168, BPP, Class A, 1850-1851, p. 228.

  60. 59 «Siaka a Richard Doherty, gobernador de Sierra Leone», 1840. Correspondencia relativa al tráfico de esclavos en Gallinas presentada a ambas cámaras del Parlamento por mandato de S. M. Traducción del inglés en Isla de Corisco, testimonios sobre los sucesos en Gallinas (La Habana, 1841), AGA, caja 81/7051.

  61. 60 Arturo Arnalte: El Tribunal mixto anglo español de Sierra Leona, 1819-1873, tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid, 2001, pp. 195-196, y Martín Rodrigo y Alharilla: «Les factoreries négrières espagnoles...».

  62. 61 Gustau Nerín: «Omertà en Zanzíbar. Un comerciante de esclavos catalán en el Índico, entre el tráfico de esclavos y las dinámicas imperiales», Historia y Política. Ideas, Procesos y Movimientos Sociales, 49 (2023), pp. 153-183.

  63. 62 Exposición de don José Antonio Fernández sobre los derechos de su familia al territorio de Gallinas, Arturo Baldasano al ministro de Estado (Nueva Orleans, 13 de agosto de 1886), AGA, caja 81/7066.

  64. 63 Steven Press: Rogue Empires. Contracts...