Ayer 107/2017 (3): 183-204
Sección: Estudios
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2017
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/107-2017-08
© Carlos Píriz
Recibido: 16-06-2016 | Aceptado: 22-09-2016
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License

Entre la palingénesis y la estética fascista: la repoblación forestal en el oeste español (c. 1938-1943)*

Carlos Píriz 1

Universidad de Salamanca
carlospiriz@usal.es

Resumen: Mediante dos lecturas simultáneamente independientes a la par que conexas, el presente artículo pretende analizar la visión falangista de la política de repoblación forestal a inicios del régimen franquista en las provincias de Cáceres, Salamanca y Zamora. Por un lado, una lectura estética, pues en este sentido la reforestación era concebida como solución al «aspecto triste de las calles y plazas» de aquellos pueblos; por otro, una lectura palingenésica, pues esa estetización de los bosques contribuía, en la cosmovisión fascista, al «resurgimiento de España».

Palabras clave: fascismo, franquismo, repoblación forestal, palingénesis, estética, oeste español.

Abstract: By way of two simultaneous (independent but also interconnected) analyses, this article examines the Falangist vision of the policy of reforestation at the beginning of the Franco regime in the provinces of Cáceres, Salamanca and Zamora. On the one hand, we take an aesthetic view reforestation was designed as a solution to the «miserable appearance of the streets and plazas» in towns and cities. On the other, we perform a palingenesic analysis in the fascist world view, this aesthetiscisation of the woods contributed to the «resurgence of Spain».

Keywords: fascism, Franco Regime, reforestation, palingenesis, aesthetics, western Spain.

Introducción

Señalaba David Arnold en su obra La naturaleza como problema histórico que pocos eran los investigadores preocupados por la naturaleza, entendida en su sentido más genérico. Tanto es así que, para este historiador británico, se escribía sobre la Revolución francesa sin hacer mención al clima o de la Alemania nazi sin mencionar las ideas ambientalistas germanas. Ciertamente, la relación socioecológica ha sido relegada a un segundo plano en la mayor parte de investigaciones dedicadas al estudio del pasado, a pesar de que «la naturaleza y la cultura se hallan tan entremezcladas que sería tonto (e históricamente erróneo) tratar de separarlas» 2.

Aun aceptando esta afirmación, las últimas décadas han sido fructíferas en cuanto al volumen bibliográfico dedicado a lo forestal —máxime en el contexto franquista— y a lo interdisciplinar de los estudios, si bien en la mayoría sólo se destacan los fines autárquicos y economicistas de las distintas repoblaciones de la primera etapa dictatorial 3. Por esta razón, en las páginas que siguen se estudiará exclusivamente esta política agraria desde la perspectiva del fascismo español, una perspectiva que no deja de ser sino la de la utilización del entorno para edificar los cimientos de una modernidad alternativa 4.

Ya en 1934, Falange Española y de las JONS recogió en el vigésimo punto de su normativa programática la necesidad de realizar una infatigable campaña de repoblación ganadera y forestal, que era considerada como una histórica tarea de reconstrucción de la riqueza patria. Esta política, según contemplaba en su Circular núm. 20, de 15 de enero de 1942, el jefe provincial de la Falange zamorana, era de especial interés, pues se trataba de la obra «que quizá más se identifique con nuestro espíritu falangista, ya que al mucho servicio se une el máximo desinterés» 5. De una u otra forma, lo cierto es que esta tarea se enmarcaba dentro de un discurso ruralista que, a su vez, estaba inmerso en la cultura política del fascismo, donde el agro español era considerado el «vivero permanente de España» 6.

Nos parecen acertadas las palabras del profesor Ismael Saz en las que dice que «la evolución y peripecias del movimiento fascista español y la del régimen deben ser estudiadas analíticamente por separado en tanto que problemas diferenciados como única forma posible de aprehender sus posteriores conexiones e interrelaciones» 7. En este sentido, aún en el año 1949, en la declaración de principios de la cuarta ponencia del II Consejo Nacional de Jefes Provinciales, se cuestionan: «¿Quiere decir esto que hayamos de identificar a la Falange con el Estado, creyendo que ambos son una y la misma cosa? De ninguna manera» 8. Ello fue recalcado en la introducción de la decimosexta ponencia, la dedicada a la repoblación forestal:

«El Movimiento no debe confundirse con el Estado, pero debe controlarlo e impulsar su labor [...] el Movimiento, más que una misión ejecutiva, ha de tener la colaboración y control de sus relaciones con el Estado, para que éste siga con ritmo acelerado la labor iniciada de repoblación forestal y colonización agrícola» 9.

Gracias a estas directrices podremos llegar a comprender el régimen franquista «como resultante de un complejo juego de procesos, factores y tendencias, una de las cuales era el propio movimiento fascista, y no como una especie de deus ex machina» 10. Así, también podrá interpretarse la repoblación forestal dentro de los esquemas propiamente fascistas en los que la palingénesis y la estética participaban como objetivos, al igual que los económicos.

El presente trabajo abordará en su inicio las incipientes repoblaciones falangistas llevadas a cabo en el occidente español desde «la propia visión que los fascistas tenían de lo que estaban haciendo» 11. Seguidamente se interpretará mediante la lógica falangista de la regeneración nacional a la que contribuía estrechamente la estetización del paisaje arbóreo.

De repoblaciones y repobladores en Cáceres, Salamanca y Zamora

Desde los comienzos del siglo xix, tanto intelectuales como políticos contribuyeron a la creación de una naciente política forestal en España, en la que también tuvieron mucho que ver las desamortizaciones decimonónicas. Tras las disposiciones de inicios del siglo consecuente y la importancia de esta política en la dictadura primorriverista, paulatinamente la conciencia forestal fue extendiéndose, culminando con la aprobación de algunas leyes significativas como la relativa al Patrimonio Forestal del Estado de 1935 12. Debido a la sublevación militar de julio de 1936 y la posterior contienda civil, estas políticas forestales fueron paralizadas a pesar de que algún destacado actor político, como lo comenzaba a ser la Falange en guerra, la recogiese en su programa político.

Una vez constituido el gobierno de Burgos, se emitió una orden en la que se declaraba «urgente e inaplazable la necesidad de confeccionar un Plan General de Repoblación Forestal de España», algo que permitiría llevar a la práctica, según quedaba también reflejado en este texto, «uno de los puntos programáticos del Estado nacional-sindicalista» 13. Pasaba a encargársele dicho plan a Joaquín Ximénez de Embún, ingeniero jefe del Distrito Forestal de Soria, quien tuvo a sus órdenes y como colaborador al ingeniero del Distrito Forestal de Ávila Luis Ceballos y Fernández de Córdoba. La elaboración de este proyecto, el primero de ámbito estatal en España, culminó en 1939 y en él ya se constataba, a pesar de que sus creadores postulasen la opción de una silvicultura conservacionista, la finalidad que el nuevo Estado deseaba de esta política agraria: la silvicultura autárquica 14.

Previamente a la conclusión del aludido plan, el gobierno de la «Nueva España» publicó otra serie de normativas, como la orden que organizaba el Servicio Obligatorio del Trabajo Forestal 15. En ella se instaba a la movilización de FET y de las JONS para dicho cometido, dirigiendo y organizándose los trabajos mediante la colaboración de la Jefatura del Distrito Forestal y el correspondiente jefe provincial falangista, todo según el dictamen de la Secretaría General del partido. Mediante la movilización proarbolado de sus militantes se pretendía ejecutar, de una vez por todas, aquel vigésimo punto de su reglamento. La influencia foránea era, además, notable, puesto que la finalidad de esta propuesta no era otra que la imitación de la Milizia Nazionale Forestale del fascismo italiano 16.

Mediante una ley promulgada en marzo de 1941 fue restablecido, con algunas modificaciones, el Patrimonio Forestal del Estado (PFE) con «personalidad jurídica y autonomía económica». Como quedaba reflejado en su texto, era «en su esencia una refundición de las dos anteriores», de la ley de 1935 y de la modificación de ésta de agosto de 1939 17. El PFE se constituía en aquel momento como organismo repoblador para ejecutar a gran escala el plan que habían elaborado Ximénez de Embún y Ceballos, el cual contaba con unas previsiones desorbitadas (seis millones de hectáreas en un plazo de cien años).

Lo que quedaba claro con esta serie legislativa era el lugar predominante de la política repobladora a inicios del régimen franquista. Entendida como «urgente y necesaria», la reforestación se expuso en términos redentores «de “causa” y de “cruzada”», un discurso que le proporcionaba legitimidad a la obra 18. Además, parecía claro, según algún profesional del sector, que:

«La realización de la repoblación forestal, tal como la necesita el territorio español, es un problema que no se puede solucionar en un régimen democrático-parlamentario, por lo menos en lo que se refiere a España. Son necesarios otros factores de índole diversa, como la autoridad característica, el sentido patriótico, el espíritu de sacrificio colectivo, la dirección y el dominio de la técnica sobre el capital y el trabajo [...] para que así nuestra labor pueda resultar rápida y económica. Con la nueva era que empieza España no cabe duda de que todas dichas cualidades se han revelado en mayor o menor grado» 19.

La orientación que el nuevo Estado franquista daba a la reforestación era evidente: repoblaciones de turno corto para perseguir la rentabilidad económica. En el discurso económico del régimen primaba entonces el modelo autárquico, y la política forestal no fue una excepción. Se buscaba la consecución de la autosuficiencia y la autarquía del país, intentando conseguir mediante esta «silvicultura autárquica» que España pasase de ser importadora a exportadora en esta materia 20. Aunque el objetivo productivista era la norma por la que se regía el Estado franquista, el falangismo compuso un discurso equidistante y autónomo. El nacionalsindicalismo optó por acentuar el propósito social de las repoblaciones forestales junto a otros de carácter hidrológico-climático 21. Así, una de las prioridades que tendría esta política forestal, según el pensamiento falangista, era la de mitigar el paro obrero, pues, como afirmaba el jefe provincial de la Falange cacereña, José Luna Meléndez, «donde hay agua y árboles el paro es fenómeno desconocido» 22.

El paro en las provincias del poniente aumentaba a un ritmo delirante. Ejemplo de ello era la provincia de Salamanca, pues, según los partes que la Jefatura Provincial enviaba a su rectora, la desocupación se acrecentó de 1.045 parados en junio de 1940 a los 4.906 de abril de 1942 23. Frenar el desempleo mediante la política forestal se convirtió, para los fascistas españoles, en un provechoso recurso. Dadas las circunstancias sociolaborales de estas provincias —eminentemente agrícolas—, las diferentes Jefaturas Provinciales se apresuraron a optar por la repoblación forestal como remedio. Tal fue el caso del propio jefe provincial de Salamanca, quien preveía que, debido a la carencia de artículos de primera necesidad y como resultado de la mala cosecha de cereales, el invierno de 1940 sería «excesivamente penoso para las clases humildes y muy difícil de pasar para los que tienen detenidos a los que con su jornal sostenían a la familia». La solución pasaba entonces por «las obras de Peñaranda de Bracamonte [región devastada], el presupuesto extraordinario del Ayuntamiento, las obras públicas y forestales» 24.

Sin embargo, existieron discrepancias en el falangismo a la hora de entender la urgencia con la que debía efectuarse esta empresa. Mientras que José Luna percibía que es «de verdadero interés nacional y en primer plano se debe considerar esta labor», pues sería igualmente idónea para erradicar «la burocracia y las mesas de despacho impregnadas del espíritu lento y mezquino de los viejos tiempos», así como a «los dueños de esas fincas circunscritos exclusivamente a recibir cómodamente los arriendos», Ramón Laporta, jefe provincial de Salamanca, concibió que era «más importante en el orden político que la Falange suministre abonos y piensos a los pueblos y establezca la armonía de precios» que cualquier otra propaganda 25.

Con el objetivo de «establecer lazos de unión por medio del trabajo», la Falange movilizaba a «todos los españoles sin distinción de clases» mediante su Servicio Obligatorio de Trabajo Forestal 26. Aunque estas labores, que habrían de inaugurarse solemnemente y con la bendición oportuna de los terrenos objeto de plantación, deberían realizarse en un ambiente de alegría y camaradería entre todos los afiliados a FET de las JONS, esto no aconteció. Siguiendo las instrucciones de este Servicio, en la provincia de Salamanca comenzaron en enero de 1942 los trabajos anuales de reforestación en una finca de ocho hectáreas a orillas del río Tormes propiedad del Ayuntamiento de la capital. En ella se concentraron los camaradas de la Falange local menores de cincuenta años, los camaradas del SEU de la ciudad y los cadetes del Frente de Juventudes. Al tanto que los primeros abrían hoyos de 70 centímetros en cuadro por 60 de fondo, el resto efectuaba la plantación de unos 10.000 chopos. Todo parecía seguir las directrices pertinentes salvo que en esta ocasión fueron más de cuatro centenares de militantes los que no asistieron, hecho que Ramón Laporta lamentó, dando cuenta a sus superiores 27.

Debido a la acuciante necesidad de repoblar dicha finca por ser zona sujeta a inundaciones y a causa de la falta de militantes comprometidos, la Falange salmantina hubo de contratar a obreros a jornal que fueron elegidos entre los afiliados de esa localidad y entre excombatientes en paro forzoso. A pesar de que esto «se hubiera evitado con que la Falange prestara dos o tres días de trabajo por afiliado, en vez de uno que ha prestado», lo que se demostraba era la «debilitación del ideal falangista y la desunión reinante» en aquella Falange «en orden al servicio y sacrificio» 28. Este problema no sólo se extendió entre las bases del partido, sino que también en esta ocasión, a pesar de estar acordado que no podrían hacerlo, se redimieron en metálico buena parte de los delegados provinciales.

La falta de disciplina pareció ser tal que a los 171 camaradas que no prestaron el día de trabajo sin manifestar deseos de redimirse ni alegando causa justificante se les impuso un arresto de veinticuatro horas que cumplirían en el Cuartel de Milicias en día festivo, con el abono además de los dos jornales. No tardaron la mayoría de éstos en justificar su ausencia, aunque siete terminaron cumpliendo la pena de arresto y catorce fueron propuestos a la Delegación de Justicia y Derecho para la formación de expediente «por su evidente falta de espíritu nacionalsindicalista e indisciplina» 29. Algo similar sucedió en la provincia de Zamora, donde «al llamamiento hecho por esta Jefatura de Repoblación no han respondido las Jefaturas Locales con el ánimo, espíritu y laboriosidad que debían, virtudes tan propias en vosotros» 30.

Por si fuera poco, a estos problemas se sumaron otros de índole conflictiva, como resistencias (pacíficas o violentas) del campesinado a consecuencia del propio procedimiento repoblador 31. Asimismo, las disputas se sucedieron entre las diversas instituciones estatales encargadas de la reforestación y los órganos falangistas, algunas de ellas producidas debido a la falta de suministros, como sobrevino en el caso de la Jefatura Provincial de Zamora, que encontró la negativa por parte de la Confederación Hidrográfica del Duero a la hora de facilitar diversas plantas. Aunque rápidamente la Dirección General de Montes atendió la petición, pronto dejaría de remitir los plantones por carecer de ellos. El ritmo al que las cuatro mil hectáreas se habían estado repoblando en 1939 se ralentizó por completo 32. Aunque intercediese entonces el ministro secretario general de FET y de las JONS, Agustín Muñoz Grandes, el inconveniente no cesó, por lo que aún años después el jefe provincial insistió en buscar otra solución, como el autoabastecimiento —únicamente para la Falange— mediante la puesta en marcha de antiguos viveros locales 33. Conflictos aparte, parecía que el sueño repoblador del falangismo tenía sus propias limitaciones, hecho del que el Estado franquista se percató e intentó solventar sin escatimar en costes.

Repoblación forestal: «índice del resurgimiento de España»

Hace un lustro, afirmó el presidente de la Academia Italiana de Ciencias Forestales, Orazio Ciancio, siguiendo la filosofía dostoievskiana, que el bosque, por su propia belleza, está destinado a salvar el mundo 34. Desde la exégesis falangista, el bosque, y, por tanto, su propia plantación o repoblación, denotaría cierta similitud; si bien es cierto que conocían la limitación de la arboleda como redentora del globo, al menos podría favorecer la regeneración de la nación.

Según la tesis de Roger Griffin, el fascismo es una especie de modernismo político «cuya misión es combatir las presuntas fuerzas degenerativas de la historia contemporánea (la decadencia) provocando una nueva modernidad y una nueva temporalidad (un “nuevo orden” y una “nueva era”) basadas en el renacimiento o palingenesia de una nación» 35. Es dentro de los márgenes de esta definición donde hemos de situar la política de repoblación forestal deseada por los fascistas españoles. Mediante la estetización de la política se busca la creación de un Estado cohesionado en el que el entorno juegue un papel relevante de la misma manera que otros espacios «sagrados» de tipo fascista, escudriñando constantemente la interpretación vinculada a la regeneración de la comunidad nacional.

Aunque posteriormente el Estado franquista adoptase una posición centralizada, autoritaria y tecnocrática sobre la gestión de los recursos, la Falange, y con ella los fascistas españoles, poseyó, incluso antes del nacimiento de aquél, un discurso divergente basado en los postulados indicados con anterioridad. La lectura realizada por el falangismo bien podía equipararse a la de otros fascistas extranjeros en tanto en cuanto aumentaba la concienciación de la decadencia nacional, un declive que sólo era superable atendiendo a vías modernas 36.

Ya en noviembre de 1934 en la redacción de la norma programática de Falange se detallaba la necesidad de emprender la campaña de repoblación forestal cuya finalidad, apuntaban, era la histórica tarea de reconstrucción de la riqueza patria 37. Un año después, Onésimo Redondo se expresaba igualmente en términos de decadencia/resurrección a la hora de realizar su análisis sobre la repoblación forestal:

«Al decir que queremos reconstruir el suelo [...] no tratamos de esa especie de fiesta del árbol de las minorías parlamentarias [...] es que contemplamos con dolor y con lágrimas en el alma que nuestra España es un suelo arrasado, es una nación que ha padecido la incuria de siglos, es un pueblo martirizado sobre todo por la anarquía brutal y antinacional del siglo xix. Y nosotros, por nuestro honor de hijos de este suelo empobrecido, que resiste difícilmente la comparación con las demás naciones que figuran en el mundo civilizado, por nuestro honor de hijos de España y por nuestro deber frente al porvenir, tenemos que rehacer este suelo, aunque sea ello una obra gigantesca y heroica» 38.

La patria tenía que resucitar. Ese mismo año, el líder de la Falange pronunciaba un discurso en Salamanca refiriéndose al ocaso de la nación: «Anda ahora España como un ciego perdido por un pasadizo, tocando con una mano o con otra, perdido el tino» 39. Usaba a este efecto un lenguaje en el que apelaba al sentimentalismo de ver una España de «montes sin árboles» cuya única solución era «dejar que las tierras incultivables vuelvan al bosque, a la nostalgia del bosque de nuestras tierras calvas», para así redimir de la miseria a los «hambrientos de siglos» 40. Este discurso ruralista, paradójicamente, se nutría del deseo por lo nuevo y el retorno a lo viejo.

Otros adalides del partido también adoptaron los mismos planteamientos. Julio Ruiz de Alda declaraba: «La repoblación forestal ha de ser el índice del resurgimiento de España». Era la reforestación la encargada del renacimiento de la nación: «El día que comiencen los yermos a cubrirse de árboles habremos, sin duda, logrado iniciar la marcha ascendente de nuestra patria» 41.

A pesar de que la mayoría de los líderes falangistas realizaban la lectura palingenésica de la repoblación forestal, lo cierto es que no todos estaban de acuerdo. Rafael Sánchez Mazas, al contrario que sus compañeros, tenía otras prioridades y relegaba a un segundo plano la reforestación. Deseoso de una reorganización del mundo moral que tuviese como centro espiritual a la parroquia, entendía que «España necesita ser repoblada de hombres más que de árboles» 42.

Si bien no todos los jerarcas del partido vieron con iguales ojos la importancia y prontitud con la que habría de realizarse tal tarea, incluso en algunas de las disposiciones que comenzaban a regular la repoblación se percibió el sentido palingenésico de esta empresa. Tal era el ejemplo de la Orden que normalizaba el Servicio Obligatorio del Trabajo Forestal y que firmaba el falangista y entonces jefe del Servicio Nacional de Montes, Caza y Pesca Fluvial, Raimundo Fernández Cuesta, quedando de manifiesto la preocupación del nuevo Estado por la repoblación, cuyo último objetivo, entendían, era el «resurgir de la patria» 43.

Podríamos considerar la interpretación falangista, entonces, fruto de esa especie de modernismo político del que habla Griffin. La repoblación era imaginada como parte de esa «sensación de comienzo» que para el historiador británico es «un elemento clave en la génesis, la psicología, la ideología, las políticas y la praxis del fascismo», una percepción de sentirse ante un mundo nuevo que influirá descaradamente en la sociedad del momento 44. De hecho, el contexto de fascistización favorecerá que incluso profesionales aparentemente alejados de la cosmovisión falangista como Luis Ceballos lleguen a considerar el resurgimiento agroforestal como parte del resurgimiento natural de las cosas 45.

Como afirmase en 1955 Paulino Martínez Hermosilla, quien llegó a ser director general de Montes y del PFE, fue en esta primera etapa del franquismo en la que la meta era conseguir cambiar la fisionomía agraria del país 46. En la Jefatura Provincial zamorana esta idea la tenían clara. El entusiasmo para cambiar el aspecto del país lo extrapolaban tanto a su provincia como a todas aquellas políticas que pudieran favorecer la consecución de dicho fin. Junto a la repoblación se unían otras tareas que llevaban a cabo la dignificación de «la vida del individuo y la familia mediante el mejoramiento de su medioambiente». La regeneración nacional pareció en este caso que no sólo podría venir acompañada de una sola política agraria, sino que debían unírsele otras tales como el «blanqueamiento» de las casas. El objetivo era limpiar la provincia y otorgarle un «lavado por dentro y por fuera» 47.

Como bien lo reflejan otros investigadores, el partido no escatimaba en propaganda a la hora de difundir su política de repoblación forestal. Ejemplo de esta práctica son los libros y folletos que la sección de rurales del Frente de Juventudes saca a la luz a inicios de la década de los cuarenta 48. En ellos, de nuevo, decadencia y resurrección:

«Vino como consecuencia la vida muelle y cómoda, y desde la época de Felipe II, en que llega a la plenitud nuestra expansión y dominio, hasta el Glorioso Movimiento Nacional, y fuera de algunos intentos laudables de sacudida de nuestra pereza de siglos, España no ha hecho sino decaer y decaer [...] [Hay que] ir poco a poco poblando de árboles esos terrenos que son hoy pedazos muertos del cuerpo de una patria que se esfuerza en revivir» 49.

En cualquier caso, y llegados a este punto, no es sorprendente que esta propaganda y con ella esta lectura sobre la repoblación forestal arribase en pueblos y aldeas recónditas de provincias periféricas, donde ya consideraban a «este servicio como base del resurgimiento económico y cultural de la Nueva España» 50. La teoría era sencilla, directa y estaba presente en cualquier lugar. Otra cosa era ya la praxis.

«Habríanse tenido que hacer piedra los árboles»: la repoblación forestal como ornato fascista

En su obra Camisa azul, Felipe Ximénez de Sandoval plasmaba con su lenguaje vanguardista cómo reacciona uno de los protagonistas de ésta al conocer la muerte del «padre y guía» del partido, José Antonio. En la metáfora utilizada para expresar tal sentimiento tuvo cabida el árbol. Éste, ser vivo, debía convertirse en roca, en el ser sin vida, expresando así el luto de este sujeto al encontrarse ante su «hundimiento del mundo». Debía convertirse con esta retórica, al fin y al cabo, en monumento 51.

La modernización de este relato nos ayuda a acercarnos a la esencia de las páginas siguientes. Pudiera resultar, quizá acertadamente, que el uso del concepto estética en relación con el arbolado sea demasiado amplio e, incluso, impreciso. No obstante, intentaremos no incurrir en el error de «sobredimensionar el aspecto estilístico y simbólico en detrimento de las matrices y motivaciones subyacentes cuya naturaleza es esencialmente política» 52.

Si el estudio del fascismo es replanteado o repensado como un conjunto de prácticas en lugar de una mera categoría política formal, se le puede llegar a conceptualizar como una política de la visión o de la percepción óptica 53. La construcción de lo visible, pues, contribuye a la implantación de esta cultura política al igual que el monumentalismo o la construcción de grandes obras públicas. Si seguimos, además, la tesis del profesor Roger Griffin llegaremos a comprender cómo una política agraria —la de repoblación forestal— puede ser parte de esa «matriz psicocultural homogénea e intrínsecamente uniforme» de la que habla este investigador y cómo prolifera ésta de forma heterogénea 54. Sólo así entenderemos, por ejemplo, por qué incluso Adolf Hitler consideraba su red de autopistas como monumentos estéticos o por qué los fascistas italianos conmemoraron la memoria del caído Arnaldo Mussolini mediante la plantación de un pino 55. La representación simbólica del paisaje arbóreo puede llegar entonces a formar parte de la estetización de la política.

Aunque la opción estética de las repoblaciones forestales es previa al nacimiento, incluso, de la Falange, fue esta organización la que en mayor medida asumió el discurso en el que se plasmaba esta idea 56. El carácter estético de las repoblaciones, encargadas de mejorar el entorno paisajístico de los pueblos, fue reivindicado por los falangistas a lo largo y ancho del territorio nacional una vez concluida la guerra. Así, en la ya aludida edición propagandística de la sección de rurales quedaron impresos estos planteamientos en los que se afirmaba:

«Si quieres, camarada, ser sano de cuerpo y sano de alma, planta árboles, admira la grandiosa obra de Dios en los bosques, rodea tu pueblo de arbolado, recréate en los jardines contemplando las bellas y esbeltas perspectivas de colorido que el arbolado produce» 57.

Retomando la repoblación realizada a orillas del río Tormes, se daba cuenta desde la Jefatura Provincial salmantina, una vez concluidos los trabajos, del cuidado y simetría que habían guardado a la hora de efectuarlos, pudiéndose considerar como «modelo en su género» 58. Estos paisajes rurales repoblados a las afueras de los municipios tuvieron también como objeto no sólo embellecer, sino actuar como «lugares de recreo y esparcimiento a modo de parques rurales» 59. Frente a lo que podríamos denominar como «paisaje social» —aquel de montañas escasamente arboladas dedicadas al pastoreo y la agricultura— se imponía mediante estas repoblaciones lo que algún especialista ha denominado como «paisaje Estado», es decir, aquel paisaje cuyo propósito buscaba únicamente la recreación de la cubierta forestal 60.

Igualmente, los casos alemán e italiano venían practicando ejemplos similares al generado por el falangismo. Por un lado, en la Alemania nacionalsocialista se cimentan autopistas que escogen «rutas que pasaban por zonas atractivas sin ocasionar trastornos a la armonía de colinas, valles y bosques», las cuales, además, eran rodeadas de «áreas de reposo para que los viajeros pudieran detenerse y admirar el panorama», en un alarde de manifestación de «belleza y elegancia» de la naturaleza patria 61. Por otro, en la Italia fascista fomentan el nacimiento de nuevas ciudades que estuviesen rodeadas de hileras de eucaliptos para conseguir similares objetivos, como lo demuestran los ejemplos sardos de Mussolinia (hoy Arborea) y Fertilia 62.

Pero al igual que las «arboledas vivificadoras» no debían faltar en las inmediaciones de ningún pueblo de la «Nueva España», tampoco en su interior 63. Si regresamos al vanguardismo literario de Ximénez de Sandoval se percibe la ciudad moderna deseada por el falangismo, en la que de nuevo el árbol se hace partícipe:

«La ciudad joven y viva, llena de bicicletas y cinemas, donde todo es igual —sencillo todo— y no hay nada que ver, afortunadamente. La ciudad de uniforme arquitectura —cubos y cubos—, sin góticos ni neoclásicos, línea tan sólo y árboles futuros de presente estrecho y verde pálido; la ciudad adornada de sirenas de fábrica y juventud de estadios y velódromos» 64.

Los objetivos de esta ciudad moderna «inédita y maravillosa» se extrapolarían de igual forma al mundo rural y a las pequeñas localidades de provincia, formando, asimismo, «ciudades figuradas» encargadas de fecundar un heterogéneo conglomerado mental mediante la composición de imágenes y tiradores de memoria 65. La finalidad ornamental y estética cristalizaba, pues, tanto en grandes núcleos urbanos como Madrid, como en minúsculos pueblos 66.

La Jefatura Provincial de Salamanca envió a finales de 1939 a todos sus jefes locales su Circular núm. 66 en la que expuso:

«Debemos velar por la mejora y belleza inmediata del campo y lograr que los árboles pongan su nota alegre al aspecto triste de las calles y plazas de nuestros pueblos. Además de las razones estéticas que hacen del árbol un bello adorno del campo, existen otras de índole material» 67.

Pareciera que estas plantaciones estaban igualmente destinadas a irrumpir en el dominio del espacio público de estos núcleos rurales al igual que otros monumentos o construcciones 68. Años más tarde reafirmaban esta idea mediante otra circular donde se ordenaba a todo jefe local que, de reforestar en las cercanías del pueblo, no habrían de ejecutarse estos plantíos demasiado distanciados, «no ya sólo para su mejor vigilancia [...] sino como futuro ornato del pueblo» 69.

De manera análoga, estas ordenanzas fueron distribuidas en otras provincias. En el caso de Zamora, la Jefatura Provincial reiteraba la necesidad de realizar la campaña con alegría, laboriosidad y disciplina para así conseguir «embellecer vuestros pueblos». Al igual que sus vecinos de provincia, para los falangistas zamoranos la repoblación supuso una apuesta por el futuro, ya que se beneficiarían de «un cuantioso caudal que la naturaleza mejora y aumenta» 70. El porvenir era, pues, de vital importancia, ya que en la simbología del bosque radicaba también la eternidad de la comunidad nacional fascista 71.

Conclusiones

Aunque el franquismo incorporase en su oficialidad al falangismo, hemos podido comprobar cómo ambos poseyeron un discurso diferenciado en torno a la política de repoblación forestal. Como se ha expuesto en páginas anteriores, nuestro objetivo ha sido saber qué pensaban los falangistas de lo que estaban haciendo. Mediante los estudios de caso de las provincias de Cáceres, Salamanca y Zamora hemos podido constatar cómo el discurso falangista sobre la repoblación forestal está asentado en la idea de decadencia nacional, la cual genera esa nueva temporalidad basada en la palingenesia de la nación. Bajo este paraguas y según la lógica fascista, la belleza del árbol y del bosque parece ayudar a ese renacimiento. Incluso en el año 1949 es destacable que la Jefatura Provincial de Granada continuase alertando del déficit de arbolado que poseía España y se mostrase deseosa de la modificación de la fisionomía árida del país, abogando también desde el sudeste peninsular por embellecer el paisaje con el vuelo forestal 72.

Sólo entendiendo el fascismo desde una concepción transnacional y no exclusivamente política nos podremos acercar a la comprensión de diversos ejemplos pragmáticos como los cinturones verdes de tantos pueblos de España o a las masas de eucaliptos plantados en ambos costados de la carretera de entrada a la actual Arborea sarda. Hemos de tener presente que, aunque aquí únicamente se han tenido en cuenta dos lecturas que el fascismo realizaba hacia la repoblación forestal, es necesario ahondar en este tipo de trabajos. Se ha de atribuir a esta política la importancia que merece en tanto en cuanto fue una de las mayores transformaciones de paisaje de la historia contemporánea 73 y, a largo plazo, «uno de los escasos éxitos de las propuestas fascistas para el mundo rural, siendo un ejemplo de la modernidad de algunas de ellas» 74. El objetivo de esta política no era otro que la creación de un nuevo mundo rural idealizado, donde los pueblos destacasen por sus moradas blanquecinas, por el ambiente de alegría y camaradería de sus habitantes, y por el verde de sus arboledas. Cumplían así con «uno de los más fervientes deseos de José Antonio» y contribuían poderosamente y con generosidad «a la consecución de la España Una, Grande y Libre» 75. Quedan por investigar otros fines que el falangismo buscaba con esta política agraria, la interrelación de éstos y los anteriormente expuestos, la extrapolación de estas ideas al mundo urbano, la comparación con otros fascismos, sus consecuencias... Se dejan, pues, abiertas las puertas a futuras y deseadas investigaciones.


* Una versión anterior a este artículo fue presentada en el II Encuentro del Seminario Interuniversitario de Investigadores del Fascismo (SIdIF). Algunos de los comentarios y sugerencias de profesores e investigadores allí presentes han sido incorporados. A todos ellos agradezco sus palabras.

1 Personal Investigador en Formación (contrato predoctoral USAL-Banco Santander), Departamento de Historia Medieval, Moderna y Contemporánea (USAL).

2 David Arnold: La naturaleza como problema histórico: el medio, la cultura y la expansión de Europa, México DF, Fondo de Cultura Económica, 2000, pp. 9 y 171.

3 Un acercamiento al estado de la cuestión en José Domingo Sánchez Martínez y Vicente José Gallego Simón: La política de repoblación forestal en España, siglos xix y xx: planteamientos, actuaciones y resultados, estado de la cuestión y recopilación bibliográfica, Jaén, Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, 1993. Otro ejemplo más resumido en Araceli Freire Cedeira: En defensa de lo suyo. Propiedad forestal y conflictividad social durante el franquismo: los montes vecinales de Cerceda (A Coruña), Santiago de Compostela, Universidade de Santiago de Compostela, 2011, pp. 13-20.

4 Se hace referencia, entre otros, a Roger Griffin: Modernismo y fascismo: la sensación de comienzo bajo Mussolini y Hitler, Tres Cantos (Madrid), Akal, 2010.

5 Circular núm. 20 (Zamora, 15 de enero de 1942), Archivo General de la Administración (AGA), Presidencia, DNP, 51/20601, parte de enero de 1942 (tema 5).

6 José Antonio Primo de Rivera: Obras completas de José Antonio Primo de Rivera, Madrid, Ediciones de la Vicesecretaría de Educación Popular de FET y de las JONS, 1945, p. 523.

7 Ismael Saz: «Paradojas de la historia. Paradojas de la historiografía. Las peripecias del fascismo español», Hispania, 207 (2001), p. 146.

8 Ponencia IV del II Consejo Nacional de Jefes Provinciales «La Juventud y la Falange» (Madrid, 1949), AGA, Presidencia, DNP, 51/20543.

9 Ponencia XVI del II Consejo Nacional de Jefes Provinciales «Repoblación forestal, vivienda económica y colonización» (Madrid, 1949), AGA, Presidencia, DNP, 51/20713.

10 Ismael Saz: «Paradojas de la historia...», p. 146.

11 Miguel Alonso Ibarra y David Alegre Lorenz: «Entrevista con Roger Griffin, historiador del fascismo europeo y la crisis de la modernidad», Seminario Interuniversitario de Investigadores del Fascismo (SIdIF), 27 de noviembre de 2014, disponible en https://seminariofascismo.wordpress.com/2014/11/27/entrevista-con-roger-griffin-historiador-del-fascismo-europeo-y-la-crisis-de-la-modernidad. Han sido escogidas las regiones de Cáceres, Salamanca y Zamora como estudio de caso a consecuencia de sus similitudes socioeconómicas y coyunturales, pues las tres sirvieron como probeta para el futuro régimen franquista desde julio de 1936. No obstante, será indispensable acometer más trabajos de este tipo sobre otras provincias para conocer las posibles similitudes o diferencias que las estructuras políticas, sociales, económicas y espaciales determinen. Asimismo, se habrá de examinar la evolución de la política forestal al abrigo, por ejemplo, de los «Planes de Transformación y Colonización» del desarrollismo franquista.

12 «Ley de Patrimonio Forestal del Estado (Madrid, 18 de octubre de 1935)», Gaceta de Madrid, núm. 291, p. 435. Para los antecedentes véanse María Antonia Abelló de la Torre: Historia y evolución de las repoblaciones forestales en España, Madrid, Universidad Complutense de Madrid, 1988, y Josefina Gómez Mendoza: Ciencia y política de los montes españoles (1848-1936), Madrid, ICONA, 1992.

13 Orden para la confección de un Plan General de Repoblación Forestal de España (Madrid, 23 de junio de 1938), BOE, núm. 609, p. 7982.

14 Éste era un debate que ya se planteaba fuera de nuestras fronteras. Véase Aldo Pavari: «Selvicoltura naturalistica e selvicoltura autarchica», Atti della Reale Accademia dei Georgofili, sexta serie, vol. 4 (1938), pp. 402-425. Véase también Eduardo Rico Boquete: «El rechazo de una opción conservacionista e integradora. Galicia en el Plan General de Repoblación Forestal de España de 1939», Noticiario de Historia Agraria, 9 (1995), pp. 155-173. Mientras la propuesta de los profesionales se inscribió en el marco conservacionista propio del primer tercio de siglo, basado en la búsqueda del bosque permanente con mezcla de especies, edades, caracteres, regenerado naturalmente y de aprovechamiento múltiple, el nuevo Estado se basó en un esquema productivista caracterizado por la alteración de un monte de plantación artificial cuyo objetivo era el máximo rendimiento económico en el menor tiempo posible.

15 Orden para movilización del Servicio Obligatorio del Trabajo Forestal (Madrid, 11 de noviembre de 1938), BOE, núm. 134, p. 2335.

16 Nicolò Giordano y Claudio Sancholi: La Milizia Nazionale Forestale, 1926-1945: storia, uniformi e immagini, Giuliano di Roma, EdAs, 2005.

17 Ley de 10 de marzo de 1941 sobre el Patrimonio Forestal del Estado (Madrid, 10 de marzo de 1941), BOE, núm. 100, p. 2412. Véase Miguel Ángel del Arco Blanco: Las alas del Ave Fénix. La política agraria del primer franquismo (1936-1959), Granada, Comares, 2005, pp. 175-183. La ley republicana, nacida en pleno bienio derechista en 1935, ya creaba el Patrimonio Forestal con una idea productivista, algo que el Decreto de 26 de agosto de 1939, concluida la guerra, volvió a poner en vigor mediante su restablecimiento. Este decreto pasó a jerarquizar la estructura de su consejo rector (en el que debía incluirse a un representante de FET y de las JONS) y a conceder créditos para la repoblación de toda clase de especies, aunque, eso sí, con preferencia a las de turno corto. El talante colegiado de la ley de 1935 y los escasos cambios de 1939 hicieron necesaria la redacción de una nueva ley en 1941 acorde a los nuevos tiempos.

18 Josefina Gómez Mendoza y Rafael Mata Olmo: «Repoblación forestal y territorio (1940-1971). Marco doctrinal y estudio de la Sierra de los Filabres (Almería)», Ería, 58 (2002), pp. 129-155.

19 Gabriel Rénom de Padreny: «El problema de la repoblación forestal», en íd.: Los problemas fundamentales de España, Zaragoza, Talleres Gráficos de «El Noticiero», 1939, p. 153.

20 Véase, por ejemplo, Eduardo Rico Boquete: La creación de Celulosas de Pontevedra y su influencia en el sector forestal de la provincia, Madrid, Fundación Empresa Pública, 1997.

21 No fueron escasas las repoblaciones realizadas en las cuencas de los principales ríos españoles. Véase «La Ley de Obras Públicas aprobada en el Consejo de Ministros de 11 de abril de 1939», ABC (Sevilla), 27 de abril de 1939, p. 10. Asimismo, en su circular núm. 66, Ramón Laporta comunicaba a los jefes locales salmantinos que los árboles reportan «con su presencia beneficios tales como la mejora de las condiciones del clima». Véase «Repoblación forestal» (Salamanca, 10 de noviembre de 1939), Archivo Municipal de Hinojosa de Duero (AMHD), Jefatura Local del Movimiento (JLM), caja 576, correspondencia 1939.

22 «Informe sobre repoblación forestal» (Cáceres, 26 de octubre de 1939), AGA, Presidencia, DNP, 51/20526.

23 Parte quincenal de junio de 1940 (Salamanca, 30 de junio de 1940), AGA, Presidencia, DNP, 51/20514, y parte mensual de abril de 1942 (Salamanca, abril de 1942), AGA, Presidencia, DNP, 51/20596.

24 Parte mensual de septiembre de 1940 (Salamanca, septiembre de 1940), AGA, Presidencia, DNP, 51/20514.

25 «Informe sobre repoblación forestal» (Cáceres, 26 de octubre de 1939), AGA, Presidencia, DNP, 51/20526, y parte quincenal de julio de 1940 (Salamanca, 30 de julio de 1940), AGA, Presidencia, DNP, 51/20514.

26 «Circular sobre el Servicio Obligatorio del Trabajo Forestal» (Salamanca, 15 de octubre de 1938), AMHD, JLM, caja 576, correspondencia 1938.

27 A pesar de que no tiene aquí cabida por motivos de extensión, sería sugestivo cavilar sobre la distancia conceptual existente entre la reforestación vista por las elites diseñadoras y directoras de estas políticas y planes, y la de aquellos que han de acometer los trabajos, quienes, como en esta ocasión, más de una vez reflejan desmotivación y desconfianza. Éste podría ser el núcleo de otras investigaciones futuras que habrán de reflexionar igualmente sobre la socialización del fascismo y del franquismo a ras de suelo en el mundo rural.

28 Parte mensual de enero de 1942 (Salamanca, enero de 1942), AGA, Presidencia, DNP, 51/20596.

29 Parte mensual de febrero de 1942 (Salamanca, febrero de 1942), AGA, Presidencia, DNP, 51/20596.

30 Circular núm. 20 (Zamora, 15 de enero de 1942), AGA, Presidencia, DNP, 51/20601, parte de enero de 1942 (tema 5).

31 Eduardo Rico Boquete: «Política forestal y conflictividad social en el noroeste de España durante el primer franquismo, 1939-1959», Historia Social, 38 (2000), pp. 117-140. Algo similar ocurre fuera de nuestras fronteras, véase Antonio di Gennaro: «Campania», en Mauro Agnoletti (ed.): Italian Historical Rural Landscapes: Cultural Values for the Environment and Rural Development, Dordrecth-Heidelberg-Londres-Nueva York, Springer, 2013, p. 448. Igualmente es destacable el artículo de Miguel Ángel del Arco Blanco y Nadia Martínez Espinar: «Conflictividad ambiental y poder local en el primer franquismo. El “lobby de la madera” en Santa Fe (1936-1951)», Historia Actual Online, 20 (2009), pp. 7-18.

32 «Manifestando que la Jefatura de la Confederación Hidrográfica del Duero se niega a conceder plantas para los trabajos de repoblación forestal» (Zamora, enero de 1940), AGA, Presidencia, DNP, 51/20541.

33 Circular núm. 30 (Zamora, 6 de julio de 1942), AGA, Presidencia, DNP, 51/20601, parte de julio de 1942 (tema 5).

34 Orazio Ciancio: «Un retaggio di Aldo Pavari: la selvicoltura naturalistica», L’Italia Forestale e Montana, 65 (2010), p. 468.

35 Roger Griffin: Modernismo y fascismo..., p. 256.

36 Araceli Freire Cedeira: «Política forestal en perspectiva comparada: franquismo versus Estado Novo», ponencia al XIV Congreso de la Sociedad Española de Historia Agraria, Badajoz, 2013, p. 9, disponible en http://seha.info/congresos/articulos/B.3.%20Freire.pdf.

37 «Norma programática de la Falange», en José Antonio Primo de Rivera: Obras completas de José Antonio Primo de Rivera, Madrid, Ediciones de la Vicesecretaría de Educación Popular de FET y de las JONS, 1945, pp. 524-525.

38 Anónimo [Javier Martínez de Bedoya]: Onésimo Redondo, Caudillo de Castilla, Valladolid, Libertad, 1937, p. 152.

39 José Antonio Primo de Rivera: «Resumen del discurso pronunciado en el teatro Bretón de Salamanca el 10 de febrero de 1935», en íd.: Obras completas de José Antonio Primo de Rivera, Madrid, Ediciones de la Vicesecretaría de Educación Popular de FET y de las JONS, 1945, p. 185.

40 Véase José Antonio Primo de Rivera: «Discurso sobre la Revolución Española» y «Discurso de clausura del segundo Consejo Nacional de la Falange», ambos en íd.: Obras completas de José Antonio Primo de Rivera, Madrid, Ediciones de la Vicesecretaría de Educación Popular de FET y de las JONS, 1945, pp. 80 y 103-104, respectivamente.

41 «Conferencia pronunciada por Julio Ruiz de Alda el 13 de abril de 1935 en el curso de formación organizado por Falange Española de las JONS», en Agustín del Río Cisneros: José Antonio y la revolución nacional, Madrid, Ediciones del Movimiento, 1971, p. 291.

42 Consultado en Rafael Sánchez Mazas: «Esquema de una política de la aldea», Falange Española: Doctrina nacionalsindicalista, San Sebastián, Jefatura Nacional de Prensa y Propaganda, 1937, pp. 61-65.

43 Orden para movilización del Servicio Obligatorio del Trabajo Forestal (Madrid, 11 de noviembre de 1938), BOE, núm. 134, p. 2335.

44 Roger Griffin: Modernismo y fascismo..., p. 14.

45 Josefina Gómez Mendoza y Rafael Mata Olmo: «Repoblación forestal y territorio...», p. 135.

46 Ibid., p. 134.

47 Circular núm. 38, «Pintado de blanco a las casas de toda la provincia» (Zamora, 8 de septiembre de 1942), AGA, Presidencia, DNP, 51/20601, parte de septiembre de 1942.

48 Óscar Rodríguez Barreira y Daniel Lanero Táboas: «Juventud y campesinado en las falanges rurales: España, 1939-1950», Historia Agraria, 62 (2014), pp. 177-216, esp. p. 193.

49 Sección de Rurales: El Frente de Juventudes quiere árboles para España, Madrid, Frente de Juventudes, 1943, pp. 7 y 47.

50 Circular núm. 100 (Salamanca, 19 de noviembre de 1941), AMHD, JLM, caja 576, correspondencia 1941.

51 Citado en Mechthild Albert: Vanguardistas de camisa azul: la trayectoria de los escritores Tomás Borrás, Felipe Ximénez de Sandoval, Samuel Ros y Antonio de Obregón entre 1925 y 1940, Madrid, Visor Libros, 2003, pp. 181-182.

52 Zira Box: «La tesis de la religión política y sus críticos: aproximación a un debate actual», Ayer, 62 (2006), pp. 195-230, esp. p. 217.

53 Cfr. Stephen Tan: «Engineering a Nation: Visualizing the Fascist Landscape», en James Gifford y Gabrielle Zezulka-Maillous: Culture and the State: Landscape and Ecology, Edmonton, CRC Studio, 2003, p. 62.

54 Roger Griffin: Modernismo y fascismo..., p. 61.

55 Para el ejemplo alemán véase Frederic Spotts: Hitler y el poder de la estética, Madrid, Antonio Machado Libros, 2011, pp. 473 y ss., y para el italiano véase «Il pino in onore di Arnaldo Mussolini» [videograbación], Giornale Luce A0915, Istituto Nazionale Luce, 1932, disponible en http://www.archivioluce.com/archivio/jsp/schede/videoPlayer.jsp?tipologia=&id=&physDoc=4358&db=cinematograficoCINEGIORNALI&findIt=false&section=/.

56 Como recoge Rico Boquete, los trabajos de repoblación efectuados por la Diputación madrileña entre 1925 y 1936 tuvieron un carácter más estético y restaurador que económico. Véase Eduardo Rico Boquete: «Las diputaciones y la política forestal, 1925-1936. La repoblación forestal en las provincias de Madrid y Pontevedra», en Encarna Nicolás y Carmen González (eds.): Ayeres en discusión: temas claves de Historia Contemporánea hoy. IX Congreso de la AHC, Murcia, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Murcia, 2008, p. 15.

57 Sección de Rurales: El Frente de Juventudes quiere árboles..., p. 39.

58 Parte mensual de febrero de 1942 (Salamanca, febrero de 1942), AGA, Presidencia, DNP, 51/20596.

59 Circular núm. 20 (Zamora, 15 de enero de 1942), AGA, Presidencia, DNP, 51/20601, parte de enero de 1942 (tema 5).

60 Ambos conceptos aplicados en el estudio de la Italia fascista en Mauro Agnoletti (ed.): Italian Historical Rural Landscapes: Cultural Values for the Environment and Rural Development, Dordrecth-Heidelberg-Londres-Nueva York, Springer, 2013, pp. 61 y 447.

61 Frederic Spotts: Hitler y el poder..., pp. 474-475.

62 Sandro Dettori: «Sardinia», en Mauro Agnoletti (ed.): Italian Historical Rural Landscapes: Cultural Values for the Environment and Rural Development, Dordrecth-Heidelberg-Londres-Nueva York, Springer, 2013, p. 532.

63 Sección de Rurales: El Frente de Juventudes quiere árboles..., p. 47.

64 Mechthild Albert: Vanguardistas de camisa azul..., p. 170.

65 El concepto de «ciudad figurada» puede verse en Stephen Tan: «Engineering a Nation...», p. 63. Los tiradores de memoria en Josefina Cuesta Bustillo: La odisea de la memoria: historia de la memoria en España, siglo xx, Madrid, Alianza Editorial, 2008, p. 110.

66 Paras las repoblaciones de carácter estético realizadas durante la posguerra en Madrid véase Josefina Gómez Mendoza y Rafael Mata Olmo: «Actuaciones forestales públicas desde 1940. Objetivos, criterios y resultados», en Antonio Gil Olcina y Alfredo Morales Gil (eds.): Medio siglo de cambios agrarios en España, Alicante, Instituto de Cultura Juan Gil-Albert, 1993, p. 159.

67 Circular núm. 66, «Repoblación forestal» (Salamanca, 10 de noviembre de 1939), AMHD, JLM, caja 576, correspondencia 1939.

68 Pequeñas localidades como Hinojosa de Duero (Salamanca), de apenas 2.000 habitantes, contaban desde inicios de la contienda con diversos elementos visuales tales como nomenclaturas de calles y plazas que conmemoraban a héroes, monumentos a caídos u obras públicas a las que se les bautizaba rememorando fechas del nuevo calendario (como un caño al que denominaron «II Año Triunfal»). Véase Acta de sesión del pleno del Ayuntamiento (Hinojosa de Duero, 4 de diciembre de 1937), AMHD, Fondo Municipal, caja 11.

69 Circular núm. 100 (Salamanca, 19 de noviembre de 1941), AMHD, JLM, caja 576, correspondencia 1941.

70 Circular núm. 20 (Zamora, 15 de enero de 1942), AGA, Presidencia, DNP, 51/20601, parte de enero de 1942 (tema 5).

71 En este sentido, agradezco el comentario del profesor Roger Griffin en el II Encuentro del SIdIF al darme a conocer el filme documental Ewiger Wald (Bosque eterno), dirigido por Hanns Springer y Rolf von Sonjevski-Jamrowski. Esta película, estrenada en Múnich en 1936, fue concebida como ejemplo cinematográfico para representar la supuesta simbiosis entre el bosque eterno y la igualmente eterna comunidad nacional. La esencia de este proyecto, que ya tuvo entre manos Alfred Rosenberg en 1934, se resumía en el lema «la gente y los bosques persisten para la eternidad». En sus cerca de sesenta minutos de duración quedan patentes diversas metáforas como las filas de árboles que simbolizan filas de soldados, el renacimiento del bosque y su relación con el renacimiento de la nación, o las escenas bucólicas de campesinos en el trabajo, destacando la importancia que la naturaleza poseía en el Tercer Reich. Véase Johannes Zechner: «Politicized Timber: The German Forest and the Nature of the Nation, 1800-1945», The Brock Review, 11, 2 (2011), pp. 19-32. El filme puede ser consultado en «Ewiger Wald» [videograbación], Albert Graf von Pestalozza, 1936, disponible en https://www.youtube.com/watch?v=iYok2LWmF4Y.

72 «Sugerencia que presenta a la ponencia núm. 16 la Jefatura Provincial del Movimiento en Granada» (Madrid, 1949), AGA, Presidencia, DNP, 51/20713.

73 Josefina Gómez Mendoza y Rafael Mata Olmo: «Actuaciones forestales públicas...», p. 151.

74 Óscar Rodríguez Barreira y Daniel Lanero Táboas: «Juventud y campesinado en las Falanges rurales...», p. 195.

75 Sección de Rurales: El Frente de Juventudes quiere árboles..., pp. 47-48.