Ayer 132 (4) 2023: 177-200
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2023
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/1927
© Joan Esculies Serrat
Recibido: 23-04-2020 | Aceptado: 19-11-2020 | Publicado on-line: 09-10-2023
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License

Armar la insurrección. La trama suiza del separatismo catalán en la revolución de octubre de 1934

Joan Esculies Serrat

Universitat de Vic-Universitat
Central de Catalunya
joan.esculies@uvic.cat

Resumen: Durante el verano y otoño de 1934 los líderes del separatismo catalán, Josep Dencàs y Miquel Badia, contactaron con una red de traficantes de armas suizos para comprar fusiles Máuser y preparar la insurrección armada contra el gobierno de la Republica española que tuvo lugar el 6 de octubre de ese año. El artículo expone la trama a partir de documentación inédita procedente de los Archivos Nacionales franceses y corrobora unos contactos de los que hasta hoy no se tenía constancia que se hubiesen producido, además de aportar información sobre su alcance.

Palabras clave: Octubre de 1934, separatismo catalán, Josep Dencàs, Miquel Badia, tráfico de armas.

Abstract: During the summer and autumn of 1934, the leaders of Catalan separatism, Josep Dencàs and Miquel Badia, contacted a network of Swiss arms traffickers to buy Mauser rifles and prepare an armed insurrection against the government of the Spanish Republic that took place on 6 October. Based on unpublished documentation from the French national archives, this article pieces together the plot and confirms previously unknown contacts, while also providing information on their scope.

Keywords: October 1934, Catalan separatism, Josep Dencàs, Miquel Badia, arms trafficking.

A última hora de la tarde del día 6 de octubre de 1934 el presidente de la Generalitat de Cataluña, Lluís Companys, proclamó el «Estado catalán dentro de la República federal española». Su gesto dio paso a una noche de enfrentamientos en Barcelona y en otras muchas localidades de Cataluña. A primeras horas de la mañana del día 7 el gobierno catalán se rindió y las tropas de la Comandancia Militar de la IV División Orgánica del general Domingo Batet detuvieron a todos sus miembros, a excepción del consejero de Gobernación, Josep Dencàs, que huyó a Francia.

Además de los incontables reportajes u obras inmediatamente posteriores a los acontecimientos, las motivaciones y consecuencias políticas de la Revolución catalanista, insurrección o golpe de Estado, de lo que la historiografía conoce como els fets d’octubre (los sucesos de octubre) han sido profusamente estudiados 1. Se ha debatido su orientación, en clave republicana federal —separatista, tal como se entendía en la época— o independentista, al albur de la pretensión de algunos de sus participantes. También el protagonismo de las fuerzas obreras. E incluso de la insurrección se ha estudiado al detalle su desarrollo diario y geográfico 2; y, asimismo, su relación con el resto de los movimientos revolucionarios en otros puntos de España, que confluyeron en el tiempo, aunque con objetivos diferentes 3.

Sin embargo, los distintos estudios no ahondan en un elemento central de la insurrección: cómo y dónde trataron de conseguir los separatistas catalanes —los principales instigadores de la revuelta— el armamento que pretendían utilizar para llevar a cabo su Revolución. El siguiente artículo presenta una de las vías por la que los insurrectos trataron de armarse durante el verano e inicios de otoño de 1934. Para ello se sirve de documentación inédita procedente de los Archivos Nacionales franceses: en concreto, de los expedientes personales de Miquel Badia, Josep Dencàs, Miquel Xicota, Fernand Gigon y del informe incluido en el primero, Trafic d’armes avec les révolutionnaires espagnols que el comisario de la policía francesa, M. Sabourin, elaboró en noviembre de 1935 a partir de la información recabada por la Sûreté Nationale del Ministerio del Interior galo 4. El documento, de diecisiete páginas mecanografiadas, se adjuntó en la correspondencia entre el controleur general des Services de Police Administrative y el director de la Police du Territoire et des Etrangers (6ème Bureau) el 25 de febrero de 1936 para reunir información sobre Miquel Badia, entonces a punto de regresar a Cataluña tras un año y medio huido después del fracaso insurreccional.

En primer lugar, el artículo presenta de manera breve el acceso del separatismo catalán a la consejería de Gobernación para tomar el mando del orden público en Cataluña. A continuación, explica la información disponible sobre los preparativos de Dencàs para abastecerse de armamento en los planes de la Revolución. Sigue la exposición de las armas usadas durante la noche del 6 de octubre de 1934 y después presenta la trama suiza que desvela la documentación inédita y los principales implicados en el tráfico de armas. Concluye con la presentación de un posible ­vínculo, de acuerdo con la documentación consultada, entre la compra de armas por parte del separatismo catalán y de los revolucionarios en Asturias.

El separatismo consigue el orden público

Los motivos que llevaron al estallido revolucionario en Cataluña en octubre de 1934 fueron múltiples y no es objeto de este artículo tratarlos. Sin embargo, un factor fue crucial para su vertiente bélica: la consecución de la consejería de Gobernación de la Generalitat por parte de los elementos más separatistas del principal partido del gobierno Companys y del Parlamento de Cataluña, Esquerra Republicana de Catalunya.

A partir de finales de verano de 1931 aquellas figuras dentro de ERC que consideraban que la autonomía catalana que Francesc Macià había pactado en abril con Niceto Alcalá-Zamora era insuficiente y que debía conseguirse un Estado catalán se agruparon en las Joventuts d’Esquerra Republicana-Estat Català. Las JEREC se convirtieron en la corriente interna más radical en cuanto a su nacionalismo y pretensiones políticas en el seno de Esquerra, lideradas por Josep Dencàs y Miquel Badia, que se habían conocido alrededor del año 1930 5.

Dencàs, nacido el 19 de marzo de 1900 en Vic, pero arraigado desde su niñez en el barrio barcelonés de Sant Andreu de Palomar era médico pediatra 6. A pesar de que algunos autores lo han dado por seguro, lo cierto es que no hay documentación que certifique que en los años veinte se vinculase a la formación paramilitar de Macià, Estat Català 7. En cambio, sí participó en marzo de 1931 en la formación de ERC en Barcelona. Diputado a Cortes entre julio de 1931 y octubre de 1933, Macià lo nombró consejero de Sanidad y Asistencia Social el 24 de enero de 1933 8.

Badia, nacido el 10 de marzo de 1906 en Torregrossa (Lérida), llegó a Barcelona al comenzar los años veinte con el propósito de estudiar para piloto de la marina mercante, aunque pronto abandonó. Se afilió a Estat Català y fue miembro de Bandera Negra, su sector más extremista y a menudo confrontado con el propio Macià. Partícipe del denominado «complot del Garraf», un intento fracasado de asesinar a Alfonso XIII en 1925, estuvo encarcelado hasta 1930. Tras conocer a Dencàs, Badia se convirtió en su secretario personal y, cuando el primero consiguió la consejería, lo nombró subsecretario suyo 9.

Las JEREC que ambos dirigían contaron desde un principio con unos grupos denominados «escamots» que inicialmente estaban pensados para controlar la seguridad en los mítines de ERC, pero que pronto se convirtieron en la milicia paramilitar de las Joventuts. Sus métodos violentos para coaccionar a sus enemigos políticos —en primer lugar, al anarcosindicalismo— fueron ampliamente reportados ya en los años treinta. Su actuación fue, a menudo, descrita como «fascista» o «fascistoide» 10, un apelativo que todavía hoy suscita debate puesto que, si bien su actitud totalitaria está bien descrita, no existe un consenso sobre si contaban con suficiente componente ideológico para etiquetarlos como «fascistas» 11.

El origen del debate gira, en gran medida, en torno a la consideración inicial del concepto «fascismo», que tiene diferentes sentidos para distintos autores. No es propósito de este artículo entrar en él, sino señalar el interés de las JEREC y, en particular, de sus escamots por conseguir la consejería de Gobernación, de la que dependía el orden público, y, en consecuencia, hacerse con el control de la fuerza en Cataluña 12. La muerte del presidente de la Generalitat, Francesc Macià, en Navidad de 1933 lo propició. El apoyo del sector separatista a Companys como su sucesor vino condicionado a la obtención de un mayor protagonismo de la JEREC 13.

De este modo en la formación del primer gobierno Companys en enero de 1934 Dencàs continuó al frente de Sanidad y Asistencia Social; pero el 14 de febrero Badia fue nombrado secretario general de la comisaría de Orden Público, un cargo desde el que pronto se extralimitó en sus funciones y al que el propio consejero de Gobernación, Joan Selves, de talante moderado, no pudo controlar 14. A su vez, este último enfermó y Companys situó a Dencàs al frente de Gobernación —de manera interina y sin abandonar sus anteriores atribuciones—.

El 15 de junio el teniente coronel Josep Casellas i Puig de Massa renunció como jefe de los servicios de Orden Público hastiado de sus constantes enfrentamientos con Badia, por la actitud irregular de este. Dencàs aprovechó entonces para situar en el cargo, que tenía las funciones del antiguo jefe superior de policía, a Badia. Cuando Selves falleció el 28 de junio, Dencàs continuó asimismo como consejero interino de Gobernación, completando de este modo el ascenso de ambos dirigentes de la JEREC al frente del orden público en Cataluña 15.

El separatismo de Dencàs consiguió así un departamento clave para tratar de arrinconar al anarcosindicalismo y elevar la tensión entre la Generalitat y el gobierno de la República. La consecución de Gobernación permitía, asimismo, tener un bastión para contratar a jóvenes separatistas dispuestos a ejercer de policía, una colocación que hasta ese momento tenía lugar de manera principal a través del departamento de Cultura de Ventura Gassol. De este modo, los separatistas daban un paso más en su empeño por influir en la política de la Generalitat después de haber logrado que ERC expulsase en otoño de 1933 al denominado grupo de L’Opinió, liderado por Joan Lluhí Vallescà, que, junto con Josep Tarradellas, eran sus principales opositores en el seno del partido y del gobierno 16.

La difícil consecución de armamento

Una vez al frente de la consejería de Gobernación y de la jefatura de servicios de Orden Público, Dencàs y Badia aprovecharon sus cargos para tratar de abastecer de armas a la policía catalana y a los militantes de las JEREC ante la perspectiva de un futuro enfrentamiento con el gobierno de la República, que cobraba fuerza ya en el verano de 1934 17. El propio Dencàs tenía el convencimiento de que se le había nombrado para el cargo con el objeto de organizar la «resistencia armada de Cataluña». Para ello se propuso armar a alrededor de 6.000 hombres 18, un objetivo que, a la postre, resultaría inalcanzable.

Con ese afán el consejero visitó el 25 de agosto de 1934 al ministro de Guerra, Diego Hidalgo y Durán —que ocuparía el cargo entre enero y noviembre de ese año— 19. Según este último, el separatista «haciendo protestas de su amor al orden —elemento indispensable para la conservación de la República— y de amor a España y a Cataluña, me afirmó que ellos, los del Estat Català [sic, JEREC], que, desesperados, habían llegado a ser separatistas por la Monarquía, sentían hoy, con la República, el mismo amor a España que el resto de los españoles» 20. Dencàs le pidió, en instancia escrita, «la autorización para adquirir 24 ametralladoras al Consorcio de Industrias Militares y dos ametralladoras más a una fábrica particular». El ministro pronto fue consciente de que las armas no tenían por finalidad hacer frente al anarcosindicalismo, a pesar del argumento «de prevenirse y de dotar a las fuerzas de seguridad de armamento moderno para el logro de la mayor eficiencia en su actuación». Hidalgo tampoco vio justificada la compra de ametralladoras pesadas «que en manos de los guardias de asalto suponían la defensa contra el enemigo común [sic], la FAI, que por lo visto le obsesionaba» 21.

Nada más despedirle, el ministro guardó la instancia en un cajón y ni tan siquiera pidió el informe preceptivo al coronel Agustín Muñoz Grandes, jefe responsable de la Guardia de Seguridad y Asalto, por comprender que «esas armas encargadas para ir contra una revuelta de la FAI pudieran tener otro destino bien distinto». No se trataba de otro tipo de ametralladoras o de armas cortas lo que pretendía Dencàs, sino armas largas y subfusiles automáticos para, llegado el caso, poder mantener una insurrección debidamente.

En paralelo al tanteo con el ministro, Dencàs optó por otras vías. Así lo recogió en El Sis d’Octubre des del Palau de Governació, en el que dio cuenta de su actuación antes de y durante la revuelta. El volumen lo publicó en 1935 para defenderse de las acusaciones de haber fallado en los preparativos de la insurrección y en él detalla estos preparativos y el comportamiento durante los sucesos. Explica que «procuré reorganizar el Somaten bajo unas nuevas directrices y mi primer intento fue el de recoger todas las armas, en Barcelona, para poder ejercer un mayor control». En el interior de Cataluña parte de la organización se le rebeló, por lo que tuvo que contentarse con «la recogida de todo el armamento de la capital y en una gran parte de los pueblos de la “provincia” [sic, de Barcelona]» 22.

Según Dencàs las armas acumuladas hasta el 6 de octubre, en gran parte gracias a la operación anterior, eran 1.200 fusiles Winchester, 800 fusiles Remington, 400 fusiles Máuser y 15.000 pistolas y revólveres de todos los calibres. Aunque no lo mencionó, también consiguió algunos subfusiles Thompson —los tommy guns, famosos por su presencia en las películas norteamericanas de gánsteres—. En su percepción «la cantidad escasa de armas recogidas y la variedad de cartuchería las hacía de poca eficiencia para organizar una revolución con este único material. De todo esto y de esta dificultad, el Gobierno de la Generalitat [se refiere de manera principal a Lluís Companys] estaba al corriente y tenía de ello conocimiento perfecto» 23.

El consejero de Gobernación pretendía conseguir armas y explosivos asimismo en otros enclaves, como la caserna del parque de Artillería de Sant Andreu en Barcelona y la Capitanía de Cataluña, sede de la IV Región Militar, donde tenía conocimiento de que había fusiles Máuser. En la fase preparatoria de la insurrección se creó un comité revolucionario con la implicación de todas las organizaciones separatistas como Nosaltres Sols, Palestra, Partit Nacionalista Català, las JEREC y también representantes de las fuerzas nacionalistas no independentistas: Unió Socialista de Catalunya, Unió Democràtica de Catalunya, Acció Catalana y ERC.

Una ponencia del comité se dedicó a la preparación de líquidos inflamables. E incluso, siempre con la excusa del anarcosindicalismo, Dencàs encargó al director de la Compañía Hispano Suiza, Manuel Lassaletta, «carros de asalto blindados» para «las necesidades del cuerpo de policía». El ingeniero industrial le llegó a presentar los planos de estos, aunque el encargo se hizo en septiembre y no hubo tiempo de realizarlo para la insurrección 24.

La necesidad de armar la revolución llevó a Dencàs más lejos. Tal como explicó en su volumen justificativo, llegó a enviar «emisarios a diferentes países de Europa para contratar la compra de armamento» 25. El separatista, siendo ya exconsejero fugado, en el momento de la redacción del texto, no ahondó más en la cuestión y hasta ahora era todo lo que se sabía al respecto. La documentación de los Archivos Nacionales franceses, sin embargo, constata que no mintió y que esos contactos tuvieron lugar, como mínimo, en relación con un país: Suiza.

Los protagonistas de la trama

La Direction des Renseignements Généraux del Ministerio del Interior francés consignó en noviembre de 1935 que durante el año anterior personas residentes en Suiza y España habían llevado a cabo varias tentativas para introducir armas en este último país con motivo de los preparativos de la insurrección de octubre, en «beneficio de los separatistas catalanes» 26. Los suizos implicados eran Joseph Morard, exdiputado del Consejo Nacional de Ginebra; Fernand Gigon, periodista; Jeanne Pérolini, alias «Fleur de Lys»; y Emile Racine, restaurador en Ginebra. Por parte de los españoles Miquel Badia, «antiguo director de la policía de Cataluña»; Josep Dencàs, «antiguo secretario de Estado del interior de la Generalitat de Cataluña» [exconsejero de Gobernación]; y Josep Calveras Pons, abogado; así como los suizos de origen alemán David y Albert Grebler, comerciantes en Ginebra.

En Barcelona existía una notable comunidad suiza y la prensa helvética estaba atenta a los sucesos de la política catalana en su contexto español y europeo. A su vez, catalanes como el historiador Ferran Soldevila —en su caso bajo pseudónimo— publicaban artícu­los en la prensa suiza, con lo que la relación Cataluña-Suiza era mayor de lo que en apariencia cabría suponer 27.

Según la policía francesa el abogado catalán Josep Calveras, que desde noviembre de 1933 era letrado del departamento de Justicia y Derecho de la Generalitat 28, y Miquel Badia, entonces jefe de los servicios de Orden Público de la consejería de Gobernación, estuvieron en contacto —primero a través de intermediarios, como veremos— con Joseph Morard entre los meses de junio y octubre de 1934. El objeto era conseguir 30.000 fusiles Máuser para la dirección general de la policía en Barcelona 29.

El suizo Morard, nacido el 5 de septiembre de 1887 en Ayent, había sido gendarme en su juventud en el cantón del Valais. En 1911 se instaló en Chêne-bourg, cerca de Ginebra, como representante de máquinas de coser. Casado dos veces, con cinco hijos, tras fracasar el negocio solicitó ingresar en la Sûreté de Ginebra y en la guardia rural, sin éxito. Ello le llevó en 1912 a emplearse en la Compañía Ginebrina de Tranvías Eléctricos. A partir de ese momento por su actividad sindical se convirtió en presidente del sindicato de empleados de la Compañía Ginebrina de Tranvías, CGTE 30. En octubre de 1919 consiguió el acta de diputado por los socialistas de Ginebra para el Consejo Nacional de Ginebra 31. En 1920 Morard dejó la Compañía de Tranvías para trabajar de director de personal del bar Tabarin en Ginebra, al tiempo que explotaba otro café. También en julio de ese año renunció a la presidencia del sindicato en la CGTE para ejercer como secretario local de la Federación de los Trabajadores del Transporte, Comercio y Alimentación, el sindicato CGFS.

En enero de 1922, tras la muerte de un diputado socialista en la Asamblea Nacional Suiza en Berna, pareció que Morard era el mejor situado para sustituirle. Sin embargo, su candidatura decayó. Públicamente se adujo que el bar que regentaba era poco frecuentado por los obreros. Por ello, después de una disputa de alto voltaje con sus compañeros del partido socialista de Ginebra, Morard dimitió como diputado del Consejo de Ginebra y se alejó de la política 32. En un nuevo cambio laboral, en 1928 consiguió la autorización para ejercer de agente comercial en Ginebra; pero en los cinco años siguientes recibió hasta cinco quejas por abuso de confianza, por lo que decidió probar en otro sector. En junio de 1934 Joseph Morard adquirió junto con el periodista suizo Fernand Gigon una oficina de dactilografía en el número 2 de la calle Thalberg, en el centro de Ginebra, que hasta entonces regentaba Jeanne Pérolini, alias «Fleur de Lys» 33.

Gigon había nacido en Fontenais, en el cantón de Berna, el 25 de junio de 1908 y había ejercido de redactor del periódico Le Moment con el seudónimo A. Dajoie 34. Por su parte, Pérolini, nacida el 15 de enero de 1887 en Ginebra, estaba casada en segundas nupcias en Montreal, Canadá, con el también suizo Paul Fleur de Lys. De ahí el alias, entre romántico y misterioso, con el que se la conocía y que no era más que el apellido de su esposo. La documentación, sin embargo, no esclarece si el contacto de Pérolini con Morard era previo o se dio a raíz de la compra de la oficina de dactilografía, y si fue así, cómo este —o a la inversa— la introdujo en los negocios con armamento. En todo caso la policía francesa consideraba a Pérolini uno de los elementos «más activos» en el tráfico de armas 35.

Según la propia Pérolini, por su negocio de dactilografía trabajaba en ocasiones para la Sociedad de Naciones, pero lo había vendido porque no marchaba bien. En julio de 1934 la suiza se instaló en Barcelona, en teoría, para probar suerte como concesionaria de un negocio de máquinas «tragaperras». Al tratar de conseguir una licencia para distribuirlas por bares y locales conoció al abogado Josep Calveras, en su despacho, al margen de su ocupación en la Generalitat 36. Este trató de obtenerle el permiso y para ello entró en contacto con el consejero de Gobernación, Josep Dencàs. Lo hizo a través de un compañero suyo funcionario del departamento de Justicia y Derecho, Albert Coromines 37. Dencàs no concedió la licencia de distribución de las máquinas. Ante la negativa, según la versión de Pérolini, sería alrededor del 25 de julio de 1934 cuando ella ofreció 30.000 fusiles Máuser a Calveras. Como muestra de la existencia y calidad del material hizo enviar desde Suiza un par de ejemplares. El precio de cada uno era de 150 pesetas. En conjunto, 4,5 millones de pesetas 38. Según sus propios cálculos Pérolini percibiría unas 50.000 pesetas en total.

Con todo, la suma le habría parecido elevada a Dencàs en primera instancia y Pérolini, a través de Calveras, contraofertó manteniendo el precio, pero añadiendo 100 cartuchos por cada fusil adquirido 39. Sin poderse descartar del todo esta versión, según los informes franceses, el periodista suizo Gigon —copropietario con Morard de la oficina de dactilografía— podría haber sido el vínculo entre Miquel Badia y Jeanne Pérolini 40. Es decir, el contacto antes o después se habría hecho también a través del jefe de servicios de Orden Público. Según la Sûreté Nationale el separatista entregó en París unos 20.000 francos a la suiza Pérolini para abastecerse de armas. El contacto pudo darse en el viaje que Badia realizó a Londres y París entre los días 26 de agosto y 6 de septiembre, justificado como visitas de trabajo para conocer la labor de los cuerpos policiales respectivos 41.

La policía francesa estaba al corriente del currículo del separatista y apuntaba que su nombramiento para el primer cargo relacionado con el Orden Público llegó por un Companys «indeciso y sin influencia sobre los extremistas de su partido». Badia era el jefe de las «Joventudes Socialistas Revolucionarias [sic, confunden el nombre de Joventuts d’Esquerra Republicana-Estat Català» y de la «organización agitadora» escamots]. Era visto como «un individuo peligroso para el orden público» 42.

Pérolini aseguraría —en una declaración judicial que veremos— que Dencàs había rechazado todas sus ofertas y, después de pasar el agosto de 1934 en Barcelona, se había marchado a Marsella para tratar de vender las armas, a través de un médico, a Marruecos. Sin embargo, la policía francesa tuvo constancia de que tras el contacto inicial entre Badia y Pérolini —y/o Pérolini y Dencàs— en algún momento del mes de septiembre de 1934 se llegó a un acuerdo entre los separatistas catalanes y los traficantes de armas suizos.

En la oficina del negocio de dactilografía se reunió Joseph Morard, actuando en ese momento como representante de la fábrica suiza de armas Oerlikon, con Samuel Grebler, alias «Albert», comerciante en la ginebrina rue du Rhône, y Emile Racine, restaurador en la rue de Chautepoulet también de la ciudad. Ambos actuaron en nombre de la Generalitat de Cataluña con el propósito de comprar armas y municiones para los separatistas catalanes por valor de 4,5 millones de pesetas —unos 9.450.010 francos franceses, según el informe— 43. La cantidad corresponde al precio total que Pérolini requirió a Dencàs.

Según el informe francés, la fábrica Oerlikon tenía, en efecto, un stock de 30.000 fusiles Máuser y tres millones de cartuchos que «pertenecían a la firma alemana Rheinmetall, con fuertes vínculos con el Partido Nacionalsocialista Alemán». Oerlikon recibía el nombre del distrito de Zúrich donde tenía la sede y se había fundado con capital alemán en 1907. En 1923 había adquirido una fábrica en Alemania y al año siguiente entró en el negocio de las defensas antiaéreas 44. Por su parte, Rheinmetall se había fundado en 1889 para abastecer al Imperio alemán de armamento. De resultas del Tratado de Versalles se dedicó durante unos pocos años a la producción no militar, pero al comenzar los años veinte recomenzó con el armamento y en 1925 el gobierno alemán se convirtió en su accionista mayoritario. Pronto devino en el mayor fabricante alemán de armas y con el tiempo acabaría por adquirir la división de antiaéreos de Oerlikon. Esta última, además, fabricaría armamento también desde finales de los años treinta en adelante junto con la Hispano Suiza, empresa fundada en Barcelona en 1904 45.

Por la operación Grebler y Racine debían repartirse 72.000 pesetas como comisión 46. Grebler, nacido en Alemania el 26 de mayo de 1893, pero con ciudadanía suiza, estaba casado con la austriaca Charlotte Bucks y ejercía de representante de comercio con la razón social «Maison Royale» en el 34 de la rue Monthoux de Ginebra. Según la policía francesa, había sido «procesado durante la guerra [Primera Guerra Mundial] por apoderarse de bienes y ser sospechoso de espiar para Alemania». Por ello en julio de 1922 se le había expulsado de Francia, junto con su hermano Henri, y se habían trasladado a Barcelona 47.

Al comenzar los años veinte, Samuel «Albert» y su hermano Henri Grebler anunciaban un negocio de importación-exportación de piedra para encendedores y Encendedores Thorens entre Ginebra y Barcelona 48. El segundo, además, participaba en la empresa La Preparación Textil, S. A. 49 En todo caso, en la documentación no consta, ni los hemos hallado, qué vínculos podían tener los Grebler y Racine con la Generalitat y los separatistas como para representarles.

Mientras esto ocurría en Ginebra, en Barcelona el consejo ejecutivo de la Generalitat forzó a Miquel Badia a dimitir de su cargo. El 10 de septiembre de 1934 una vista en el Palacio de Justicia al abogado separatista Josep Maria Xammar terminó en altercados cuando este recusó al tribunal por negarle el uso del catalán. Badia hizo detener al fiscal acusándolo de ser el responsable de la alteración del orden. Fue la gota que colmó el vaso. Badia dimitió el día 12 50. Por otra parte, el día 18 de aquel mes se creó el departamento de Obras Públicas y Asistencia Social y Sanitaria, que ocupó Pere Mestres, también de ERC, y Dencàs fue nombrado titular del de Gobernación 51.

Pero cuando la fábrica suiza se preparaba para la entrega de las armas, Grebler renunció a la transacción y el contrato quedó virtualmente roto. No consta en ninguna documentación que Dencàs contase con fondos al margen de los de la Generalitat para adquirir el armamento. Aunque se apuntó que llegó a comprar armas con su propio dinero, estaba lejos de tener la cantidad necesaria para la adquisición de 30.000 fusiles 52. Por otra parte, Companys siempre se negó a facilitárselos para ese propósito, pese a que Gobernación acaparaba entonces el 30 por 100 del presupuesto de la Generalitat 53. Es probable, pues, que Grebler tuviera que descartar la operación por este motivo.

Morard esperaba una comisión del 5 por 100 de la venta, lo que suponía unas 225.000 pesetas, una cifra que junto con las 72.000 pesetas que esperaban Grebler y Racine y las 50.000 de Pérolini sumaban 347.000 pesetas. A las comisiones cabía añadir un porcentaje también para Calveras 54. Viendo, pues, que se le escapaba su comisión y sin comprender por qué se había interrumpido la compra, Morard viajó a Barcelona para informarse de lo ocurrido y tratar de entregar directamente las armas suizas.

En Cataluña, Pérolini le presentó a Badia y a Calveras. Sin embargo, ya era demasiado tarde. El 4 de octubre de 1934 se anunció que el gobierno de Alejandro Lerroux incorporaría tres ministros de la CEDA, gesto que precipitó los movimientos insurreccionales en toda España. «Mientras [Morard] estaba en plenas negociaciones» con los separatistas, apuntan los informadores franceses, comenzó la revolución catalana 55. Otra información sobre Fernand Gigon, también de la seguridad francesa, señala que «las conversaciones» de «Fleur de Lys» sobre la transacción para «los insurgentes catalanes de un stock de 20.000 fusiles modelo 1889, procedente del ejército suizo» habían «fracasado» 56.

¿Llegaron a Barcelona las armas suizas?

Según el general Batet, la noche del día 5 de octubre de 1934 se descargaron camiones de armas y municiones «en abundancia» en distintos puntos de Barcelona 57. También entonces se requisaron unos 500 fusiles de las armerías de la ciudad 58. La noche del 6 de octubre los 3.200 efectivos policiales y 400 mossos de escuadra contaban con sus propias armas, la mayoría Máuser, municiones y armas cortas 59. A los servicios de información franceses les llamó mucho la atención una ametralladora instalada en el vehículo en que se desplazó Badia durante la noche y desde el que disparaba 60.

En Barcelona, según Dencàs, había 3.400 combatientes civiles armados, entre los cuales se encontraban somatenistas, miembros de los «escamots» y elementos de ERC y partidos afines. La mayoría contaron con armas —viejas— del Somaten, que, junto con fusiles Máuser y Winchester, se repartieron en la consejería de Gobernación y en otros puntos de la ciudad 61. En algunos centros de ERC adheridos a las JEREC se distribuyeron también fusiles ­Remington y Winchester 62. A pesar de ello, durante la noche la sensación entre los combatientes fue que contaban con pocas armas largas, pese a las promesas previas de Dencàs 63. Incluso desde otros sectores del separatismo o aliados obreristas no consideraron eficientes los preparativos previos 64.

Según los informes franceses, Morard salió de España tras el fracaso insurreccional y pasó unos días entre el Boulou y el Pertús, poblaciones francesas situadas en las comarcas del Rosellón y el Vallespir, respectivamente, en el límite con la provincia de Girona. En esta zona fronteriza, acompañado de Pérolini, se entrevistó de nuevo con Calveras. Después volvió a Suiza sin «haber llegado a un resultado definitivo en sus negociaciones». Por su parte, Pérolini y Calveras regresaron a España —no se detalla el motivo—. El 23 de octubre la primera fue detenida por «tráfico de armas». Unos agentes le habrían indicado la necesidad de visar su pasaporte en la Delegación del Estado en Madrid y allí la habrían detenido. También se detuvo al abogado «por conspiración a la rebelión e importación fraudulenta de armas a España para los insurgentes» 65. A Calveras, además, puesto que era funcionario de la Generalitat, se le suspendió de empleo y sueldo 66. Resulta evidente que la transacción de armas no se efectuó en su totalidad. ¿Se entregó, sin embargo, alguna partida, por mínima que fuera?

La policía francesa anotó que, de acuerdo con la instrucción posterior a los hechos de Domingo Batet, algunos «escamots» tenían fusiles Máuser. La información pretendía corroborar la relación con el stock ofrecido por los suizos, aunque como hemos visto había otras partidas de Máuser ya en Cataluña 67. En el caso de Dencàs, a finales de noviembre de 1934, el Tribunal de Garantías Constitucionales le acusó de malversar 37.000 pesetas de la Oficina de Beneficencia de Barcelona y 8.000 pesetas pertenecientes a los servicios de seguridad para desviarlos a la insurrección. Por ello en enero de 1935 pidió su extradición a Francia, donde se hallaba huido el exconsejero 68.

La República francesa la denegó por incompatibilidades judiciales el 19 de febrero, aun asumiendo que la malversación existía. La policía francesa, sin mencionar fuentes, expuso que se destinaron 117.000 pesetas (unos 245.000 francos) a la compra de armas, lo que podría indicar que no todos los Máuser repartidos durante la insurrección pertenecían a cuerpos policiales y que, en efecto, los separatistas habían podido adquirir algunos 69.

La mañana del 6 de marzo de 1935 en la sección tercera de la Audiencia de Barcelona se reunió el Tribunal de Urgencia para fallar la causa contra Josep Calveras y Jeanne Pérolini, acusados de contrabando de armas y preparación a la rebelión. Según el relato del fiscal, Leopoldo Garrido, seguramente elaborado a partir de los interrogatorios a la suiza, esta «trabó amistad» con Calveras a mediados de julio de 1934 «para que le facilitara la venta en Barcelona de unas máquinas de las denominadas “tragaperras”». En el curso de las negociaciones Pérolini le habría propuesto «también» la venta a la Generalitat de «30.000 fusiles procedentes de una fábrica de armas de Suiza que le había ofrecido el suizo M. Francis Lylon [sic, quizá Lyjon] 70, un nombre que no aparece en la documentación francesa y que es probable que Pérolini inventase.

Pérolini expresó que había ofrecido la compra de armas que a ella le había propuesto Lylon para «salir de la situación apurada en que se encontraba» y que estaba convencida de que la venta de armas era «perfectamente legal»; de lo contrario, no habría actuado como intermediaria 71. Además, sacó a colación otros dos nombres: Juan Morata —del que apenas tenemos información, pero podría tratarse de un médico— 72, que no se presentó a la vista y con quién trató «de la venta de armas y que la engañó, estafándole mucho dinero»; y Manuel Icart, con quien tan solo había conversado e «incidentalmente hizo referencia a las negociaciones para la venta de unos fusiles».

En la vista, el agente comercial Manuel Icart aseguró que había conocido a Pérolini a través de un anuncio para practicar el idioma francés, el 1 de agosto de 1934. En sus encuentros ella le habría explicado «su negocio de armas, las cuales aseguraba que venían de Austria» 73. Añadió que había mantenido correspondencia amorosa y se «dejó seducir por la procesada a fin de estar al corriente de lo que se tramaba». Pérolini le habría asegurado que las armas «no iban destinadas a los extremistas», sino a la Generalitat. Icart así se lo habría trasladado al expresidente de la Audiencia de Barcelona, Josep Oriol Anguera de Sojo, «para hacer un gran servicio a la patria»; pero después se había percatado que se trataba de «una compra de armas que estaba fuera de la ley» 74.

Por su parte, Pérolini explicó que, «enterada de que el señor Dencàs no aceptaba la compra de los treinta mil fusiles que ella había ofrecido», decidió abandonar Barcelona y trasladarse a Francia 75. La suiza añadió que se fue a Marsella para vender las armas a Marruecos. En los interrogatorios previos Pérolini había declarado que en Marsella la habían amenazado de muerte si explicaba a alguien la intervención de Dencàs en el asunto de las armas. Durante la vista se desdijo: «Declaré eso en el sumario, pero debo aclarar que esas amenazas son parte de toda una novela que yo me inventé» 76. Su testimonio, por tanto, era poco fiable. En Marsella, según explicó en la vista, la policía francesa la detuvo «y le propuso hacer de confidente, proposición que fue rehusada por la procesada». Según Pérolini, llegó a saber que Dencàs, una vez había rechazado sus armas, «fue a Suiza, pero no sé si fue a Ginebra». Y añadió que, desde Suiza, le escribió Fernand Gigon «para advertirme que el señor Dencàs trataba de comprar a una fábrica belga fusiles y ametralladoras y que por tanto teníamos competencia en nuestro negocio» 77.

Calveras, por su parte, asumió los hechos y su intercesión ante Dencàs, aunque, al ser interrogado, inventó que el entonces consejero había rehusado la compra «por tenerse el propósito de estandarizar por parte de la Generalitat el calibre 7 en las armas largas de fuego, ya que es el de todas las fuerzas de la República española y el de las armas que se ofrecían eran del 7’50» 78. El fiscal Garrido solicitó para cada procesado cuatro años, nueve meses y diez días de prisión menor por el delito de preparación de rebelión. Los letrados de Pérolini, Lorenzo Alier Espada, y de Calveras, Manuel Mallén Garzón, pidieron la absolución. El Tribunal, tras deliberar menos de una hora, los absolvió y a ambos se los puso en libertad a las dos y media de la tarde.

La confirmación de los contactos de compraventa de armas

Una vez en Suiza Joseph Morard, los dirigentes de la fábrica Oerlikon le asignaron viajar a París entre el 10 y el 13 de noviembre de 1934 para negociar la venta de armas y munición a varios grupos políticos franceses; entre ellas, 80.000 fusiles y cartuchos Máuser para la organización paramilitar de derechas Association des Croix-de-Feu, que presidia el coronel François de La Rocque 79. Uno de los secretarios de este alertó a la Sûreté francesa de la operación y la Direction des Renseignements Généraux la abortó 80.

La inteligencia francesa confirmaba así que continuaban las actividades de Morard relacionadas con la venta de armamento. Los informes de la Sûreté también lo vinculaban con algunas partidas de armas que habían llegado a los revolucionarios asturianos en las semanas previas a los sucesos de octubre de 1934: las armas para «los insurgentes de la provincia de Oviedo» fueron «efectivamente entregadas y procedían de Alemania» 81. Lo habrían hecho mediante el vapor Turquesa, con armador francés y capitán español, Manuel Atejada de treinta y nueve años, natural de Algorta, Getxo. Jeanne Pérolini también habría tomado parte en esta segunda trama, aunque en ambos casos la policía francesa desconocía con qué papel y protagonismo.

Los informes sacan a colación contactos entre Morard y Belarmino Tomás, diputado socialista y uno de los principales líderes de la revolución asturiana. Aparece asimismo el nombre de Manuel Azaña. Se confundía su protagonismo en la trama del vapor Turquesa, al creer que había tenido relación con este episodio, cuando en realidad lo había tenido con anterioridad, cuando el cargamento de armas del vapor iba destinado a Portugal 82.

Albert Grebler y Fernand Gigon también habrían actuado de intermediarios en esta ocasión. Sin embargo, la información parece tomada, porque así se cita, de las noticias de la prensa francesa aparecidas en los periódicos Action Française y Gringroire 83. Hay poco de concreto y, por otra parte, la historia del vapor Turquesa ha sido estudiada y es conocida. No es objeto del presente artículo entrar en ella, al margen de señalar que la Sûreté sitúa a Morard, Pérolinni, Grebler y Gigon en ambas tramas, la catalana y la asturiana.

Pasado 1935 el nombre de Morard desaparece de la prensa suiza. Pérolini se estableció con su marido en París y, mientras él trabajaba de mecánico en un garaje en Boulogne-sur-Seine, ella volvió a dedicarse a trabajos administrativos y dactilográficos para organizaciones políticas de todo tipo 84. Como es sabido Miquel Badia después de pasar un año y medio huido, regresó a Barcelona y el anarcosindicalismo lo asesinó, junto con su hermano Josep, a finales de abril de 1936. Dencàs, después de huir a Francia, regresó a Barcelona, fundó el partido Estat Català; pero durante la Guerra Civil tuvo que huir al país galo, vía Italia, para escapar de las amenazas anarcosindicalistas 85. Por su parte, al abogado Josep Calveras Pons lo nombraron juez interino de primera instancia durante la contienda 86.

La documentación de los Archivos Nacionales franceses, por tanto, muestra que Dencàs no mintió cuando, en su volumen sobre la insurrección de octubre de 1934, explicó que llegó a enviar «emisarios a diferentes países de Europa para contratar la compra de armamento» 87. No era un farol expresado a posteriori para justificarse. Como ha quedado demostrado, este intento de conseguir armas en el extranjero tuvo lugar, un hecho del que hasta ahora tan solo se tenía constancia por su propio testimonio. Al menos existió una trama suiza para conseguirlas.

De acuerdo con la documentación y con el desarrollo de los acontecimientos, la noche del 6 de octubre de 1934 es evidente que el grueso de los fusiles no llegó a Cataluña. Si damos veracidad a las explicaciones de Dencàs —y después de lo descrito, no hay motivos para no hacerlo—, lo que realmente abortó la operación fue la negativa de Companys a ceder fondos para sufragar la compra, puesto que los contactos estaban hechos.

Companys tuvo, pues, un papel relevante a la hora de impedir la llegada de armas a Cataluña, hecho que indica una voluntad de liderar una proclamación más teatral que armada, siguiendo la estela de lo ocurrido —con éxito— el 14 de abril de 1931; y, por tanto, lo desvincula del empeño insurgente del grupo de Dencàs y Badia. Por otra parte, el presidente de la Generalitat permitió que, tras el fracaso de los sucesos de octubre, sus propagandistas de Esquerra o afines cargasen contra Dencàs, presentándolo como un aprendiz de revolucionario que le había engañado haciéndole creer que todo estaba preparado para la insurrección, aun no siendo cierto.

El companyista y futuro director del Comisionado de Propaganda de la Generalitat durante la Guerra Civil, Jaume Miravitlles, y el periodista próximo a ERC, Pere Foix, tuvieron un papel muy relevante en fijar ese relato de lo acontecido 88. También contribuyeron a ello el periodista de Esquerra Lluís Aymamí, de modo suave, y, desde la oposición, los periodistas de la Lliga Regionalista, Joan Costa Deu y Modest Sabaté 89. Tras el alud propagandista Dencàs quedó como un ángel caído, mientras Companys aparecía como un líder torpe pero traicionado. Ahora podemos confirmar que no fue esto lo que ocurrió.

Queda la incógnita de saber si alguna mínima partida de armas llegó a Barcelona, a tenor del gasto injustificado de Dencàs de fondos de la Generalitat que apuntó el Tribunal de Garantías Constitucionales y que también constató la justicia francesa. Para conseguir un conocimiento más nítido de las pretensiones del separatismo catalán es necesario investigar también si, como apuntó Pérolini en su testimonio ante la justicia española, el propio Dencàs se desplazó a Bélgica o hubo algún intento paralelo de adquisición de armas en otros países. De este modo se obtendría una panorámica más completa de hasta qué punto se podría haber armado la insurrección catalana y si ello hubiese posibilitado mantener un enfrentamiento prolongado contra las fuerzas que se mantuvieron leales al gobierno de la República.


1 Entre las primeras, por ejemplo, Lluís Aymà: El Sis d’octubre tal com jo l’he vist, Barcelona, Atena, 1935; Pere Foix: Barcelona, Sis d’Octubre, Barcelona, Editorial Cooperativa Popular, 1935; Jaume Miravitlles: Crítica del Sis d’Octubre, Barcelona, Hacer, 1935, y Joan Costa Deu y Modest Sabaté: La veritat del Sis d’Octubre, Barcelona, Impr. Clarasó, 1936. Ejemplos de los estudios en distinta clave son Arnau Gónzalez Vilalta, Manel López y Enric Ucelay-Da Cal (eds.): 6 d’octubre. La desfeta de la revolució catalanista de 1934, Barcelona, Editorial­ Base, 2014; Manuel López: Els fets del 6 d’octubre de 1934, Barcelona, Editorial Base, 2013; Arnau Gónzalez Vilalta y Gisela Bou: La creació del mite Lluís Companys. El 6 d’octubre de 1934 i la defensa de Companys per Ossorio y Gallardo, Barcelona, Editorial Base, 2007; Víctor Castells: El Sis d’Octubre. Palestra i Batista i Roca, Barcelona, Rafael Dalmau, 2000; Manuel Cruells: El Sis d’Octubre a Catalunya, Barcelona, Pòrtic, 1971, y José Tarín-Iglesias: La rebelión de la Generalidad. El alzamiento de octubre de 1934 y sus principales protagonistas, Esplugues de Llobregat, Plaza&Janés, 1988.

2 Manuel López: Els fets d’octubre de 1934 a Catalunya: més enllà de l’acció governamental, tesis doctoral, Universitat Pompeu Fabra, 2012.

3 Joan Esculies: Evitar l’error de Companys! Tarradellas i els fets d’octubre, Barcelona, Edicions de 1984, 2014.

4 «Trafic d’armes avec les révolutionnaires espagnols», n.1959, Ministère de l’Intérieur, Direction Générale de la Sûreté Nationale, Exp. Miquel Badia, 19940434/18, dossier 1329, Archives Nationales, Pierrefitte-sur-Seine, France.

5 Enric Ucelay-Da Cal: «La crisi dels nacionalistes radicals catalans (1931-1932)», Recerques, 8 (1978), pp. 159-206, y Fermí Rubiralta: Miquel Badia. Vida i mort d’un líder separatista, Barcelona, Duxelm, Fundació Irla, 2017, pp. 69-81.

6 Jordi Rabassa: Josep Dencàs i Puigdollers. El nacionalisme radical a la Generalitat, Barcelona, Rafael Dalmau Editors, 2006, p. 21.

7 Ibid., p. 37; Albert Balcells: «Introducció», en Josep Dencàs: El 6 d’Octubre des del Palau de Governació (1935), Barcelona, Curial, 1979, y Frederic J. Porta: Josep Dencàs i Puigdollers. Vida política (1903-1936), trabajo de fin de máster, Universitat Pompeu Fabra, 2019, pp. 9-10.

8 Enric Ucelay-Da Cal: El nacionalisme radical català i la resistència a la Dictadura de Primo de Rivera, 1923-1931, tesis doctoral, Universitat Autònoma de Barcelona, 1983, pp. 936-941; íd.: «La formació d’Esquerra Republicana de Catalunya», L’Avenç, 4 (1977), pp. 59-67, y Arnau González Vilalta: Els diputats catalans a les Corts Constituents republicanes (1931-1933). Nacionalisme, possibilisme i reformisme social, Barcelona, Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 2006, p. 44.

9 Fermí Rubiralta: Miquel Badia..., p. 85.

10 Enric Ucelay-Da Cal: «Los “malos de la película”: las Juventuts d’Esquerra Republicana-Estat Català y la problemática de un “fascismo catalán”», Ayer, 59 (2005), pp. 147-172.

11 Las distintas posiciones en Enric Ucelay-Da Cal, Arnau González Vilalta y Xosé Manoel Núñez Seixas (eds.): El catalanisme davant del feixisme (1919-2018), Maçanet de la Selva, Gregal, 2018, y Daniel Roig: «Catalanisme radical, nacionalisme integral i feixisme a la Catalunya dels anys trenta: historiografía, teoría i estat de la qüestió», Segle xx. Revista Catalana d’Història, 9 (2016), pp. 51-82.

12 Manel López: «El separatisme governamental, la política d’ordre públic i els cosseos policials a la Catalunya republicana», en Enric Ucelay-Da Cal, Arnau González Vilalta y Xosé Manoel Núñez Seixas (eds.): El catalanisme davant del feixisme (1919-2018), Maçanet de la Selva, Gregal, 2018, pp. 323-346.

13 Joan Esculies: Josep Andreu Abelló. Els clarobscurs del catalanisme, Barcelona, Edicions de 1984, 2015, pp. 80-83.

14 Joan Esculies: «La venjança dels tramvies. La CNT contra Governació (1933-1936)», L’Avenç, 470 (2020), pp. 56-61, y Joan Esculies: Joan Selves. De l’alcaldia republicana de Manresa a governar l’ordre públic de Catalunya, Barcelona, Fundació Josep Irla, 2023.

15 José Luis Martín Ramos: «Governació (1931-1939)», en Francesc Bonamusa (ed.): Generalitat de Catalunya. Obra de Govern (1931-1939), vol. I, Barcelona, Generalitat de Catalunya, 2006, pp. 227-302, y Josep M. Sanahuja: Les conselleries de Governació i Justícia de la Generalitat de Catalunya (1931-1934), Barcelona, Generalitat de Catalunya, 1992.

16 Joan Esculies: Josep Tarradellas. Dels inicis a la Guerra Civil (1899-1936), tesis doctoral, Universitat Pompeu Fabra, 2012, pp. 281-316.

17 Amadeu Hurtado: Abans del sis d’octubre, Barcelona, Quaderns Crema, 2008.

18 Josep Dencàs: El 6 d’Octubre..., p. 31.

19 La Humanitat, 28 de agosto de 1934, p. 1.

20 Diego Hidalgo: ¿Por qué fui lanzado del Ministerio de la Guerra? Diez meses de actuación ministerial, Madrid, Espasa-Calpe, 1934, pp. 61-63.

21 Ibid.

22 Josep Dencàs: El 6 d’Octubre..., pp. 37-61.

23 Ibid.

24 Ibid.

25 Ibid., pp. 39-44.

26 «Trafic d’armes...», p. 1.

27 En profundidad, Arnau González Vilalta: Cataluña en la crisis europea (1931-1939) ¿Irlanda española, peón francés o URSS mediterránea?, Lleida, Milenio, 2021, pp. 216, 232, 250-251 y 289, y Albert Balcells y Enric Pujol (eds.): Ferran Soldevila. Entre la dictadura i la revolució: cròniques polítiques per a Ginebra i Liverpool: 1925-1947, Barcelona, Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 2009.

28 «El Diario Oficial», La Vanguardia, 15 de noviembre de 1933, p. 6.

29 «Trafic d’armes...», p. 2.

30 «La liste socialiste au Conseil national», La Tribune de Genève, 27 de septiembre de 1919, p. 4, y «Chronique des élections du Conseil national», La Suisse Libérale, 27 de septiembre de 1919, p. 3.

31 «¡Avant les élections», La Tribune de Genève, 23 de octubre de 1919, p. 4.

32 G. Urben: «Un départ regrettable», La Lutte syndicale, 24 de julio de 1920, p. 5; «A la CGTE», La Tribune de Genève, 25 de julio de 1920, p. 4; «M. Morar n’irait pas à Berne», Le Confédéré, 13 de enero de 1922, p. 2, y «Le Valais au Conseil national», Le Confédéré, 12 de enero de 1931, p. 1.

33 «Trafic d’armes...», p. 2.

34 «Note de renseignements sur le journaliste GIGON Fernand», s. f., Ministère de l’Intérieur, Direction Générale de la Sûreté Nationale, Exp. Fernand Gigon, 19940448/188, dossier 16026, AN.

35 «Trafic d’armes...», pp. 4-5.

36 En ocasiones aparece como Calveres.

37 «La vista contra “Flor de Lis”», La Humanitat, 7 de marzo de 1935, p. 8.

38 Ibid.

39 Ibid.

40 El periódico Gringroire, el 26 de abril de 1935, «Fleur de Lys et la Turquesa», acusaba de negociar con un periodista de Ginebra como intermediario la compra de 60.000 fusiles de infantería «por cuenta de Dencàs».

41 «El jefe superior de los servicios de la policía interrumpe sus vacaciones», La Vanguardia, 12 de agosto de 1934, y «De tornada de l’estranger. El senyor Badia parla de l’organització policíaca de Londres i París», La Humanitat, 6 de septiembre de 1934.

42 «Trafic d’armes...», pp. 9-10.

43 Ibid., p. 3.

44 Goerge M. Chinn: The Machine Gun. History, Evolution and Development of Manuel, Automatic, and Airborne Repeating Weapons, vol. I, Washington, US Government, 1951, pp. 515-519.

45 Ibid.

46 En alguna parte del informe «Trafic d’armes...» se determina que los 72.000 son francos y no pesetas.

47 «Trafic d’armes...», pp. 8-9.

48 «Piedra para encendedores», La Vanguardia, 19 de noviembre de 1920, p. 17, y «Encendedores Thorens», La Vanguardia, 19 de marzo de 1921, p. 18. Desconocemos si cuando el informe «Trafic d’armes...» habla de David Grebler es por error o se refiere a un tercer hermano.

49 Montserrat Llonch: «Immigrant entrepreneur, transfer of technology and knowledge spilloversthe case of Lyon Barcelona», Working Papers, Universitat Autònoma de Barcelona, 2, 2016.

50 Fermí Rubiralta: El Partit Nacionalista Català. Joc polític i separatisme, Barcelona, Rafael Dalmau, 2010, pp. 216-217.

51 Frances Bonamusa: Generalitat de Catalunya. Obra de Govern, 1931-1939, vol. II, Barcelona, Generalitat de Catalunya, 2009, p. 349.

52 Enric Pujol (ed.): Ferran Soldevila. Dietaris de l’exili i el retorn, València, Edicions 3i4, 1995, p. 97.

53 Fermí Rubiralta: Miquel Badia..., p. 123, y Frederic J. Porta: Josep Dencàs..., p. 48.

54 «La vista contra “Flor de Lis”...», p. 4.

55 «Trafic d’armes...», p. 3.

56 «Note de renseignements sur le journaliste GIGON Fernand...».

57 Extraído de Manel López: Els fets d’octubre..., pp. 191-192.

58 «L’efervescència i la gravetat del momento a Catalunya», La Humanitat, 5 de octubre de 1934, p. 1.

59 Manel López: Els fets d’octubre..., p. 196.

60 Informe de la Sûreté Nationale, noviembre de 1935, Exp. Miquel Xicota, 19940492/2, dossier 77, AN, e Informe de le Commissaire Spécial de Cerbere à Monsieur le Prefet des Pyrenees-Orientales à Perpignan, Sûreté Nationale, 26 de octubre de 1934, Cerbere, Exp. Josep Dencàs, 19940440/165, dossier 13766, AN. En Arnau González Vilalta, Manel López y Enric Ucelay-Da Cal: 6 d’octubre..., p. 99, se puede ver una fotografía del vehículo con Miquel Badia, su secretario Miquel Xicota y el copiloto con un subfusil Thompson.

61 Josep Dencàs: El 6 d’Octubre..., pp. 69-76; Esteve Albert: Quatre boigs de Mataró. Combat per Catalunya, 1930-1937, Barcelona, Rafael Dalmau, 1979, p. 82; Enric Ucelay-Da Cal: Un joc d’aparences: «Front Nacional», «Frontpopulisme» i les alternatives feixistes i comunistas dins el separatisme català, 1919-1939, Reus, Centre de Lectura de Reus, 2007, p. 108, y Miquel Ferrer: Memòries (1920-1970). 50 anys d’acció política, social i cultural catalana, edición de Miquel-Àngel Velasco, Barcelona, Fundación Josep Camposada, 2008, p. 260.

62 Joan Costa Deu y Modest Sabaté: La nit del 6 d’octubre a Barcelona (1935), Valls, Cossetània, 2006, p. 67.

63 Manuel Cruells: El Sis d’Octubre..., pp. 154-155, y Manel López: Els fets d’octubre..., p. 219.

64 Josep M. Murià: Vivències d’un separatista, Barcelona, El Llamp, 1985, p. 38.

65 «Trafic d’armes...», p. 6.

66 «Suspensiones de empleo y sueldo», La Vanguardia, 26 de octubre de 1934, p. 8.

67 «Trafic d’armes...», p. 6.

68 Informe de la Sûreté Nationale, 19 de febrero de 1935, Exp. Josep Dencàs, 19940440/165, dossier 13766, AN, y Arnau González Vilalta: «L’extradició de Josep Dencàs (1935). La documentació de Presidència del govern espanyol», Afers. Fulls de recerca i pensament, 53-54 (2006), pp. 345-352.

69 «Trafic d’armes...», pp. 16-17.

70 «La proyectada venta de armas a la Generalidad de Cataluña. Los procesados “Flor de Lys” y Calveras han sido absueltos», La Vanguardia, 7 de marzo de 1935, p. 9.

71 Ibid.

72 «El despacho del señor Sbert», La Vanguardia, 10 de agosto de 1938, p. 2.

73 «La vista contra “Flor de Lis”...», p. 4.

74 «La proyectada venta de armas...».

75 Ibid.

76 «La vista contra “Flor de Lis”...», p. 8.

77 Ibid., p. 4. En la prensa se recoge Sibon, seguramente por error de ­transcripción.

78 Ibid.

79 «Trafic d’armes...», p. 4. Para la organización, Albert Kéchichian: Les croix de feu à l’Àge des fascismes. Travail, famille, patrie, Seyssel, Champ-Vallon, 2006.

80 «Trafic d’armes...», p. 4.

81 Ibid., p. 7.

82 Ibid., p. 1; Ángeles Egido: Manuel Azaña: entre el mito y la leyenda, León, Junta de Castilla y León, 1998, pp. 315-322; Juan José Menéndez: Belarmino Tomás, soberano de Asturias, Gijón, Silverio Cañada editor, 2000, p. 103; Enrique Moradiellos: Negrín, Madrid, Ediciones Península, 2015, p. 142, y Ricardo de la Cierva: La conversión de Indalecio Prieto, Barcelona, Plaza&Janés, 1988, p. 80.

83 «Le procès des révolutionnaires espagnols», La Dépêche de Brest, 30 de abril de 1935, p. 2.

84 «Trafic d’armes...», p. 8.

85 Fermí Rubiralta: Miquel Badia..., pp. 161-164, y Frederic J. Porta: Josep Dencàs..., pp. 66-67.

86 «Nomenaments de jutges interins», La Humanitat, 21 de enero de 1938, p. 2.

87 Ibid., pp. 39-44.

88 Jaume Miravitlles: Crítica..., y Pere Foix: Barcelona, Sis...

89 Lluís Aymamí: El Sis d’Octubre..., y Joan Costa Deu y Modest Sabaté: La veritat...