Ayer 114/2019 (2): 277-309
Sección: Estudios
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2019
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/114-2019-10
© Joaquim Sales
© Agustí Nieto-Galan
Recibido: 10-6-2016 | Aceptado: 27-3-2017
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License
Exilio y represión científica en el primer franquismo: el caso de Enrique Moles
Joaquim Sales
Universitat de Barcelona
joaquim.sales@ub.edu
Agustí Nieto-Galan
Universitat Autònoma de Barcelona
agusti.nieto@uab.cat
Resumen: La revisión de la biografía del químico Enrique Moles Ormella (1883-1953), y, en particular, de sus procesos judiciales en el primer franquismo, aporta nuevos elementos de reflexión con relación a las tipologías del exilio español de la Guerra Civil, así como con el papel de los científicos durante el periodo bélico y los inmediatos años posteriores. Las vicisitudes de Moles en la Dictadura de Primo de Rivera, la República, la Guerra Civil y en la Dictadura de Franco demuestran la compleja interrelación entre ciencia e ideología, que debe ser analizada en su contexto histórico, más allá de distinciones esencialistas, a veces demasiado simplistas, entre ciencia y poder.
Palabras clave: química, franquismo, historia de la ciencia, Enrique Moles, ciencia e ideología, Guerra Civil Española.
Abstract: This article revisits the biography of Enrique Moles Ormella (1883-1953) by paying particular attention to his prosecution in the early years the Franco dictatorship. In so doing, it helps refine the typologies of exile in the Spanish Civil War, and sheds new light on the role of scientists during the conflict and its immediate aftermath. Moles’s changing fortunes during the dictatorship of Primo de Rivera, the Spanish Second Republic, the Civil War and early Francoism demonstrate the complex interaction between science and ideology, which needs to be carefully analysed in a historical context by going beyond essentialist distinctions between science and power.
Keywords: chemistry, Francoism, history of science, Enrique Moles, science and ideology, Spanish Civil War.
La vida y obra del químico Enrique Moles Ormella (1883-1953) se ha utilizado a menudo como ejemplo emblemático del esplendor de la ciencia española de las primeras décadas del siglo xx, en su llamada «Edad de Plata», bajo los auspicios de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (en adelante JAE) y la posterior decadencia y destrucción de un modelo de política científica con la victoria franquista en la Guerra Civil 1. La enorme proyección internacional de la figura de Moles, su considerable poder académico en la universidad y en los nuevos centros de investigación de la época, junto a su exilio, regreso y posterior represión y marginación en el primer franquismo, sugieren a primera vista una profunda fractura entre la ciencia liberal-republicana y el modelo de ciencia franquista desarrollado en el nuevo régimen. No obstante, la revisión de la biografía de Moles, y en particular de sus procesos judiciales, aporta nuevos elementos de reflexión con relación a las tipologías del exilio español de la Guerra Civil y, en particular, respecto al papel de los científicos durante el periodo bélico y los inmediatos años posteriores. Además, las vicisitudes de Moles en los diferentes regímenes políticos demuestran la compleja interrelación entre ciencia e ideología, que debe ser analizada desde la contingencia de cada contexto y actor histórico, más allá de distinciones esencialistas, a veces demasiado simplistas.
Existe una abundante investigación histórica sobre Moles que, desde los años ochenta del siglo pasado, ha ido completando aspectos de su contribución a la ciencia española: desde el exhaustivo estudio documental de Raúl Berrojo 2 a las narrativas de marcado carácter autobiográfico 3, exposiciones conmemorativas 4, hasta trabajos más recientes que ubican al personaje en el marco de recientes debates sobre la europeización de la ciencia española 5. A pesar de estos avances indudables y de la rica investigación histórica sobre el papel de la ciencia y de los científicos antes y durante el franquismo 6, es evidente que queda todavía mucho por hacer y que el caso de Moles puede ser de una especial utilidad historiográfica. En 2013 se cumplió el centésimo trigésimo aniversario de su nacimiento y el sexagésimo de su muerte, una ocasión inmejorable para revisar y enriquecer la historiografía reciente sobre el personaje. El «Año Moles» dio lugar a diversas publicaciones 7, principalmente dirigidas a la comunidad científica de la química, en las que se destacaban —junto a una detallada biografía— sus aportaciones a la determinación de pesos atómicos, campo en el que alcanzó un gran prestigio internacional. Se celebraron también actos académicos y de divulgación de su vida y obra. Esta experiencia puso además de manifiesto el desconocimiento por parte de las jóvenes generaciones de investigadores de la vida y obra de sus maestros con mayúsculas, de sus «abuelos o bisabuelos» académicos, a menudo ignorados en las narraciones teleológicas y conmemorativas de la genealogía científica del franquismo. En la cultura ahistórica en la que lamentablemente se forman hoy las nuevas generaciones, cualquier alusión a los orígenes de un determinado grupo de investigación se asocia a menudo a un padre fundador que, en la década de 1950, creó, desarrolló o inventó una nueva disciplina. Se construye así una tradición contaminada por la Dictadura, que ignora una generación reprimida, pero cuya cultura científica permeó de manera más o menos explícita en el nuevo régimen.
La revisión de la historiografía de Moles, así como la explotación de nuevas fuentes primarias inéditas, proporcionan, sin embargo, nuevos datos para enriquecer un debate todavía poco integrado en la historiografía general sobre el exilio y la posterior represión franquista 8. Los detalles de su exilio de ida y vuelta y posterior represión —una de las novedades clave que presenta este artículo— nos ayudan a comprender mejor la compleja relación entre los actores históricos, Moles en nuestro caso, y las ideologías políticas que marcan una determinada trayectoria biográfica 9. Tal como el historiador Mark Walker sugería hace unos años en su Science and Ideology, debemos analizar minuciosamente los mecanismos de adaptación o rechazo de los científicos a un determinado régimen e incluso ir más lejos y estudiar cómo la interferencia de una determinada ideología condiciona y modifica la práctica de la ciencia en sí misma 10. De igual modo, una historiografía más reciente ha identificado al científico como agente activo de la construcción de un determinado régimen a través de un proceso de coproducción entre las elites políticas y los expertos 11.
En el caso del franquismo —aunque el esquema se podría aplicar a otros regímenes totalitarios del siglo xx—, la simple dicotomía entre los adeptos internos y los disidentes externos parece demasiado simple, ya que los procesos de adaptación o supervivencia fueron en general complejos y plurales. Borja de Riquer habla, por ejemplo, de estrategias diferentes de los actores históricos (incluidos los científicos) de reacción ante la Dictadura de Franco: una ligera resistencia cultural; una conversión a los nuevos valores totalitarios (en particular en el primer franquismo); un colaboracionismo crítico; una disidencia relativamente tolerada, o un valiente exilio interior con coherencia ideológica 12. Aquí podríamos añadir diversas tipologías de exilio exterior con un mayor o menor contacto con la comunidad de la metrópolis y un grado más o menos intenso de politización 13.
De entrada, el caso de Enrique Moles no es aparentemente diferente de otros muchos ejemplos de represión del profesorado universitario durante la Guerra Civil y el primer franquismo, del «atroz desmoche», en palabras de Jaume Claret aludiendo a una cita de Pedro Laín Entralgo, que sufrieron las universidades españolas como parte de un plan mucho más amplio de «destrucción de la ciencia», tal como Luis Enrique Otero Carvajal ha descrito con todo detalle 14. Francisco Giral, otro químico insigne en el exilio, destacaba en una de sus obras que aproximadamente la mitad del profesorado universitario despareció del sistema durante la contienda y los primeros años de represión. Asesinatos, cárcel, depuraciones, exilio exterior e interior y otras formas de represión proporcionaron las vacantes necesarias para incorporar al nuevo personal académico adicto al régimen 15. Pero esta narrativa, sin duda objetiva y de datos cuantitativos incuestionables, esconde, sin embargo, una historia más cualitativa, de sensibilidad biográfica y pretensión prosopográfica, que permitiría diseccionar con más detalle los mecanismos de represión, resistencia y adaptación ante la tragedia de la Guerra Civil.
En el caso que nos ocupa, una vez descrita de manera sucinta la etapa de esplendor científico de Moles, se desgranan los detalles de su exilio, represión y posterior marginalización. A los agresivos y a veces arbitrarios criterios de la represión franquista, el artículo contrapone una cierta neutralidad tecnocrática por parte del científico (Moles) a la hora de valorar su colaboración con un determinado régimen político. La reconstrucción detallada de las diversas voces que participaron como actores históricos en el proceso de represión de Moles, junto a las opiniones del propio encausado, nos proporcionan una visión más poliédrica de su depuración. Contribuyen así a revisar una imagen a veces algo hagiográfica del Moles republicano convencido, y nos presentan una relación entre ciencia e ideología política más compleja y sutil.
Enrique Moles, uno de los científicos españoles de mayor renombre y prestigio internacional de la primera mitad del siglo xx, realizó prácticamente toda su carrera científica y profesional bajo los auspicios de la JAE. Natural de Barcelona, en 1905 se licenció en Farmacia en la Universidad de esa ciudad y se doctoró al año siguiente en la Universidad Central de Madrid. La JAE le concedió una primera pensión para estudiar en el Instituto de Química de la Universidad de Leipzig (1909-1911) creado por Wilhelm Ostwald (1853-1932) —fundador de una nueva especialidad, la química física—, pero la estancia fundamental para su posterior actividad científica la realizó durante la Gran Guerra en la Universidad de Ginebra, con el profesor Philipe A. Guye (1862-1922), que le introdujo en el campo de la determinación de pesos atómicos mediante los denominados métodos físico-químicos 16. A la vuelta de Leipzig, con solo veintisiete años, expuso un plan detallado para la introducción de la química física en la Universidad española 17, un objetivo que consiguió con creces, ya que en 1936 se habían dotado media docena de cátedras de la nueva disciplina que fueron cubiertas, mayoritariamente, por discípulos suyos. Instalado definitivamente en Madrid, aplicó los conocimientos aprendidos en Leipzig y Ginebra, primero en el Laboratorio de Investigaciones Físicas (en adelante LIF), germen del futuro Instituto Nacional de Física y Química (en adelante INFQ), y también en la Universidad Central de Madrid, donde consiguió la cátedra de Química Inorgánica en el año 1927, promoción que representó un verdadero revulsivo de modernización del centro.
Otro aspecto a destacar de su personalidad es la de organizador, capacidad que alcanzó su mayor éxito en el IX Congreso Internacional de Química Pura y Aplicada, celebrado en Madrid en abril de 1934. La preparación del congreso corrió a cargo de la Federación Española de Sociedades Químicas, con un comité organizador presidido por el también químico Obdulio Fernández (1883-1982) y el propio Moles como secretario. Era la primera vez que se celebraba en España un congreso de este nivel y, además del éxito científico y de organización, tuvo un impacto popular notable, reflejado en los diarios y revistas 18. El papel determinante desempeñado por Moles incrementó significativamente su autoridad y prestigio en el mundo de la química institucional europea y le valió ser nombrado vicepresidente de la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada (en adelante IUPAC). Su participación activa en las conferencias que la IUPAC organizaba anualmente desde el año 1920 avaló su nombramiento —en la celebrada en Bucarest en 1925— como miembro del Comité Internacional de Pesos Atómicos. A lo largo de su vida publicó más de doscientos cincuenta artículos —unos doscientos antes del inicio de la Guerra Civil—, una gran parte en revistas extranjeras del máximo nivel. La gran actividad desarrollada y los éxitos conseguidos otorgaron a Moles una gran autoridad académica en el campo de la química, como se reflejaba en su participación en influyentes organismos oficiales y en comisiones y tribunales que otorgaban muchas de las nuevas cátedras que se iban dotando en las universidades españolas.
El panorama parecía inmejorable, pero todo cambió dramáticamente con el inicio de la Guerra Civil. El 18 de julio de 1936, Moles —catedrático de la Universidad Central y jefe de sección del INFQ— se mantuvo al lado del Gobierno legítimo de la República. La Universidad intentó mantener la normalidad, pero la llegada de las tropas insurgentes a las puertas de la ciudad universitaria y la posterior estabilización del frente hasta el final de la guerra paralizaron la vida docente. Al estallar la contienda, el director del INFQ era el prestigioso físico Blas Cabrera (1878-1945) 19, que en septiembre se exiliaría a París. Moles fue designado director accidental, por ser el jefe de sección más antiguo del centro. Su principal preocupación fue proteger y salvaguardar las instalaciones del Instituto, propósito que consiguió en buena medida, ya que, de hecho, durante toda la guerra el centro mantuvo una cierta actividad científica. No obstante, el funcionamiento del INFQ sufrió grandes alteraciones. Pasó a depender de la Subsecretaría de Armamento y la gestión diaria la controlaba el Comité Obrero, que establecía las directrices sobre el personal. Su presencia física en el Instituto fue relativamente breve, hasta finales de noviembre, ya que formó parte del primer grupo de intelectuales evacuados a Valencia poco después de que lo hiciera el Gobierno de la República 20. Durante su estancia en Valencia, que duraría un año, su principal actividad fue la dirección a distancia del INFQ, que mantuvo hasta el inicio de 1938 21. Cabe mencionar el artículo que apareció en el primer número de la revista Madrid, publicación impulsada por los intelectuales acogidos en la Casa de la Cultura, en el que presentaba un resumen de los resultados científicos conseguidos en los últimos años 22. Este artículo habría de tener unas consecuencias graves para él en los procesos judiciales a que fue sometido, ya que se presentó, como veremos más adelante, como prueba de sus simpatías y preferencias por la Unión Soviética, en detrimento de la Alemania nazi.
En diciembre de 1937 se trasladó a Barcelona y fue nombrado director de Pólvoras y Explosivos del Ministerio de Defensa Nacional 23. Su llegada coincidió con una profunda reorganización de las competencias de defensa entre la Generalitat de Cataluña y el Gobierno central, que pasaron a depender exclusivamente —a partir de mediados de 1938— de la Subsecretaría de Armamento 24. No se dispone de mucha información sobre la actividad que desempeñó Moles en este ámbito, pero sabemos que participó en los procesos de traspaso del control de las fábricas de la Generalitat al Gobierno central y de otros centros como el Laboratorio de Química Orgánica de la Escuela de Ingenieros Industriales de Barcelona 25 y del Instituto de Química de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Barcelona 26. Sabemos que mantuvo el personal de los centros incautados, a pesar de que muchos de ellos eran personas desafectas a la causa republicana y que su principal objetivo era evitar ser movilizados y destinados al frente de guerra 27.
Independientemente del grado de implicación en la fabricación de material de guerra, Moles y sus colaboradores continuaron trabajando en el INFQ y mantuvieron una actividad científica significativa. Durante la guerra realizó algunos viajes científicos a Francia, Suiza y Bélgica; en diciembre de 1937 acudió a un seminario convocado por el Instituto Internacional de Cooperación Intelectual en Neuchâtel, al que asistió un número muy reducido de especialistas que discutieron los informes presentados por Moles y Robert Whytlaw-Gray de la Universidad de Leeds. Como principal acuerdo de la reunión se aprobó la petición a los Gobiernos de Gran Bretaña y de España para que los laboratorios de Leeds y Madrid fueran considerados como laboratorios de referencia en la determinación de pesos atómicos 28.
Como otros centenares de miles de republicanos, Moles siguió la ruta del exilio —Barcelona, Girona, Figueres y El Pertús—, pero tuvo la capacidad para llegar directamente a París el 7 de febrero. Fue acogido con gran generosidad por colegas franceses, en particular por Frédéric Joliot-Curie (1900-1958) —que había obtenido el Premio Nobel de Química el año 1935— en su laboratorio del Collège de France.
Al conocerse la expulsión de su cátedra y del Instituto en febrero de 1939 por parte del Gobierno de Burgos, se produjo un movimiento de solidaridad internacional espectacular en el que un centenar de prestigiosos profesores de las principales universidades de Francia, Holanda, Bélgica y Suiza, incluidos cuatro Premios Nobel, reclamaron al Ministerio de Asuntos Exteriores la inmediata restitución en todos sus cargos 29. En todos los casos la respuesta de las autoridades franquistas fue que había sido expulsado «dados los antecedentes completamente desfavorables y en abierta oposición con el espíritu de la Nueva España, y que además no se había presentado a las autoridades nacionales» 30. Moles tenía la situación profesional bien resuelta. En París fue nombrado maître de recherches y obtuvo financiación para proseguir con sus investigaciones, sin que la ocupación nazi y el establecimiento del Gobierno de Vichy alteraran su estatus 31. A pesar de su aparente proximidad con la España republicana durante la Guerra Civil, desde su llegada a París, Moles tenía clara la idea de regresar a España lo antes posible y no contactó con los organismos de ayuda a los exiliados que el Gobierno republicano había creado. Rechazó las invitaciones a trasladarse a algún país latinoamericano, México principalmente; en cambio, tenía gran interés en viajar a Estados Unidos (Universidad de Berkeley y el Instituto Tecnológico de California) 32, viajes que no pudo realizar por la falta de los visados necesarios, consecuencia del inicio de la Segunda Guerra Mundial. En la primavera de 1940 fue invitado por la Universidad de Múnich, a través de la Embajada alemana en Madrid, para impartir unos cursos sobre la determinación de pesos atómicos, invitación que no pudo atender por la prohibición expresa del Ministerio de Educación Nacional, con la excusa de que ya no era catedrático, al haber sido expulsado del cuerpo 33.
Disponemos de numerosos datos que muestran el deseo —por no decir la decisión ya tomada— de volver y hacerlo cuanto antes. En este sentido es ilustrativa la carta que envió al físico Julio Palacios (1891-1970) el 18 de abril de 1939, quince días después de acabar la guerra. Palacios era en aquellos momentos vicerrector de la Universidad de Madrid. Había sido el primero en poner los pies en el INFQ el día de la entrada de las tropas franquistas en la capital y parecía llamado a ser uno de los organizadores y directores de los nuevos organismos de investigación que estaban creando las nuevas autoridades 34. En esa misiva, después de felicitarlo por sus nombramientos, Moles le expresaba sin la menor duda sus propósitos 35:
«Yo aquí tengo resuelta en principio la situación para bastantes meses [...]. Pero ante todo y sobre todo me interesa el regreso. Aquí Zubiri, Marañón, Cabrera, etc., se lo toman con más calma y se lo aconsejan a los demás. A mí me sienta mal el clima galo».
Un informe de la Fundación Rockefeller de mayo de 1939 sobre la situación de Moles en su exilio parisino confirma su decisión de regresar 36:
«[Moles] tiene bastante confianza en que [su regreso a España] será finalmente posible porque nunca ha tenido nada que ver con la política [...] Moles señaló que acababa de ver anunciado en los periódicos españoles el plan de creación de un instituto en España, a partir del modelo del Institute de France, que se hará cargo de todas las actividades antes atribuidas a la JAE. Se trata, según parece, de un proyecto apadrinado por Sainz Rodríguez, [pero] este ha dimitido o ha sido destituido hace poco y puede que figure o no en el Gobierno de Franco cuando se ponga en marcha» .
Efectivamente, en aquellos momentos la España franquista aún estaba discutiendo la organización general que debía darse a la investigación científica en el nuevo régimen. Frente a las posturas favorables a cierta autonomía académica respecto a la nueva estructura política, impulsadas por Eugenio d’Ors y apadrinadas por Pedro Sainz Rodríguez —ministro de Educación Nacional en el primer Gobierno de Burgos—, empezaba a tomar fuerza el proyecto de una organización, con mayor carga ideológica y doctrinal, dependiente del Gobierno. Este proyecto se materializó en la fundación, en noviembre de 1939, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (en adelante CSIC). Esta opción estaba impulsada por José Ibáñez Martín —que sucedería a Sainz Rodríguez en el Ministerio en agosto de 1939— y José María Albareda, destacado miembro del Opus Dei y verdadero ideólogo de la nueva institución, de la que fue todopoderoso secretario general desde la fundación hasta su muerte en 1966 37.
Moles se puso en contacto con el Consulado español en París en marzo de 1939, antes de acabar la guerra, y visitó al embajador José Félix de Lequerica; en ambas situaciones parece que Moles manifestó su deseo de regresar a España lo antes posible 38. Se preparó un plan, con claro contenido científico, para su regreso, consistente en estudiar la explotación de unas patentes de la Chemical Physical Research Company para la preparación de carburantes líquidos a partir de lignitos 39. Para ello redactó un informe técnico muy completo 40 que, a través del servicio de información del Consulado de España en París, se hizo llegar al Alto Estado Mayor; como consecuencia de estas gestiones se autorizó su viaje a Madrid. En el proceso judicial a que fue sometido, Moles declaró en distintas ocasiones sobre el asunto y siempre destacó las condiciones del viaje «pactado» de su regreso a España 41. Aunque algunos testimonios relatan que la actuación del Consulado fue una trampa para hacerlo volver 42, tenemos suficientes indicios para pensar que Moles regresaba dispuesto a discutir ese proyecto industrial con las autoridades franquistas, pero también preparado para reintegrarse a las tareas docentes y de investigación en la Universidad o en los organismos, antiguos o nuevos, correspondientes. Moles defendía que su principal preocupación había sido mantener las instalaciones y los laboratorios del INFQ en buen estado, alejados de la contienda, sin que fuera incautado por ninguna de las organizaciones que «controlaban» Madrid, especialmente al comienzo de la guerra 43. Para ello aceptó la dirección accidental del mismo y recurrió a estratagemas, como la de colocar una bandera de gran tamaño de Estados Unidos en el edificio del Instituto 44. En la misiva enviada a Palacios, Moles se expresaba en los términos siguientes 45:
«Me entero que le han nombrado a V. vice-rector. ¡Qué alegría y que alivio! La gran preocupación mía de estos tres años, casi vencida. Podremos salvar lo nuestro y restaurar pronto lo derruido. Y sobre todo, el Instituto, en el que tantos cuidados he puesto y que ha podido ser conservado por encima de todo y de todos [...]. Por otra parte, como mi actuación de antes y de ahora ha sido absolutamente diáfana, creo poder justificarme en toda ocasión. Y además deseo que sea pronto».
Una afirmación del carácter supuestamente apolítico de la ciencia que se repetía también en un currículum enviado al Consulado 46: «[Moles] desea volver a España; a su puesto de combate en el laboratorio y la cátedra, donde cree poder dar aún bastante a su país [...]. En la anterior relación no se alude en ningún momento a actividades políticas, porque Moles no las ha tenido [...]. Cabe únicamente atribuirle una acción de “política cultural, científica y universitaria” que seguramente no se le puede censurar», y justificaba su actuación durante la guerra, a diferencia de otros que optaron por el exilio.
Su seguridad en el regreso era tal que no repararía en dar, prácticamente, instrucciones a Palacios sobre cómo debería organizarse el trabajo en la Facultad y el Instituto 47: «Parece natural que el periodo de reconstrucción se inicie muy pronto y se emprenda con grandes bríos. ¡Celebraré poder contribuir pronto a ello y dados mis antecedentes protoimperialistas de siempre, que no han sufrido mengua, antes bien se han acrecido, creo dar todavía algún rendimiento».
Incluso parecía confiar en el reingreso en el cuerpo de catedráticos cuando añadía: «conozco el decreto separándome del escalafón, pero dados los acompañantes de la lista, creo se rectificará mucho» 48.
Provisto del pasaporte y de los visados en regla y con el objeto de discutir con el Alto Estado Mayor aspectos relacionados con la aplicación de las patentes relativas a la fabricación de gasolinas, Moles llegó a la estación de Irún el 8 de diciembre de 1941, donde, ante su sorpresa, lo estaba esperando la Guardia Civil que lo detuvo y trasladó a Madrid.
El argumento formal de la detención en Irún era que había sido juzgado en rebeldía en un proceso contra la mayor parte de los miembros del INFQ y que el 4 de abril de 1940 se había ordenado su captura 49. La sentencia de este proceso, de octubre de 1939, consideraba probados, entre otros cargos, la fabricación de material de guerra en el centro y la expulsión de Julio Palacios y Julio Guzmán por derechistas; en ella se impusieron condenas de hasta veinte años de cárcel 50. A pesar de que Moles formaba parte de este sumario, el 17 de febrero de 1942, dos meses después de su detención, se le concedió la prisión atenuada 51. Su situación parecía mejorar, pero se trató de un espejismo ya que esta libertad representó el inicio de un verdadero calvario judicial que determinaría su futuro hasta su fallecimiento once años después, en 1953.
El calvario empezó casi de inmediato a causa de las denuncias de dos colegas suyos, José María Otero Navascués (1907-1983) y Francisco A. Navarro Borrás (1905-1974). Las denuncias se presentaron directamente a Presidencia del Gobierno y no a la policía o los juzgados como procedía; sin embargo, fueron aceptadas inmediatamente por la justicia militar, de acuerdo con el papel desempeñado por el ejército como principal ejecutor de la política represiva del régimen. Otero era en aquellos momentos comandante de artillería de la Armada, con destino en su Estado Mayor, y secretario del Instituto Alonso de Santa Cruz, ubicado en el propio INFQ; hombre decisivo en la organización del sistema científico y tecnológico del franquismo, fue el impulsor y primer presidente de la Junta de Energía Nuclear 52. Por su parte, Navarro Borrás, catedrático de Matemáticas, era el decano de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Madrid. En las dos denuncias, presentadas el 24 de febrero y el 5 de marzo respectivamente, ampliadas y ratificadas con posterioridad, se acusaba a Moles —sin aportar documento alguno— de masón, antiespañol, cacique, etc. Otero, entre muchas otras cosas, afirma 53:
«Bajo su dirección e impulso el entonces llamado Instituto Nacional de Física y Química (Fundación Rockefeller) se convirtió en un laboratorio y fábrica experimental de material de guerra para los rojos. Expulsó y persiguió al poco personal afecto al Movimiento que quedaba en el Instituto [...] Realizó durante toda la guerra una eficaz y tenaz labor de propaganda a favor de los rojos no regateando su firma a cuantos manifiestos calumniosos al Ejército Nacional se publicasen».
Y en una posdata añadía: «Redactado ya este escrito llega a mis oídos la noticia de que el citado Moles se encuentra en libertad. Esta noticia me ha dejado estupefacto y me hace pensar que, como era de esperar, el citado Moles cuenta con grandes y poderosos cómplices incrustados algunos en los engranajes de la vida pública».
Navarro Borrás se expresa de manera análoga, y concreta 54:
«El profesor Moles Ormella obtuvo la cátedra de Química Inorgánica de la Facultad de Ciencias de Madrid en 1928 [sic], gracias al apoyo decidido de los elementos indeseables de la Institución Libre de Enseñanza y con notorio atropello de otro opositor de más valía. Con anterioridad a su elevación a la cátedra, había trabajado durante varios años en Ginebra, en donde se sospecha que ingresó en la Masonería. El que suscribe no posee documentos que lo prueben pero tiene la firme convicción de que pertenece a un alto grado de las Logias».
Una semana después, el 12 de marzo, ingresaba en la Prisión Provincial de Madrid y se iniciaba un largo procedimiento en el que declararon un centenar de testigos: antiguos colegas, discípulos, exalumnos, personal de servicios, vecinos, etc. La mayor parte lo hicieron en su contra sin aportar pruebas concluyentes, valorando su actuación, antes y durante la Guerra Civil, como claramente contraria al Movimiento. De entre estas declaraciones cabe destacar la de José María Albareda, el entonces poderoso secretario general del CSIC, a quien Moles había promocionado antes de la guerra 55. En su comparecencia del 18 de marzo de 1942, entre otras afirmaciones, lo acusó de cacique y masón 56:
«Como catedrático su actuación fue la de una de las primeras figuras de la Institución Libre de Enseñanza, estando al frente de la química. Su dominio de las cátedras de química llegó a extremos como el de la cátedra de química técnica de Madrid [...]. Publicó un trabajo sobre veinte años de investigaciones sobre densidades de gases en el que pondera los méritos científicos y de actuación en la guerra de sus discípulos y colaboradores, y termina con un paralelo entre Rusia y Alemania, presentando a Rusia como promotora del desarrollo científico tolerante con las ideas de los sabios y a Alemania como perseguidora de los sabios y del progreso puramente científico, mostrando que para él la elección no es dudosa [...]. Aunque no tiene ninguna prueba documental sobre la pertenencia del Sr. Moles a la Masonería, es de dominio general que sí pertenecía, fundado en su actuación y en sus amistades».
José Casares Gil (1866-1961), que había sido profesor suyo en Barcelona y lo había orientado en los primeros pasos de su carrera como investigador, declaró que si bien durante los primeros años se dedicaba exclusivamente a la ciencia, a partir de la obtención de la cátedra cambió por completo su comportamiento e inició una actividad política dirigida a «repartir» entre sus colaboradores y amigos las cátedras de química 57. Otros colegas se ensañaron también con él, en mayor o menor grado: por citar solo algunos, Antonio Rius Miró (1890-1973) 58 —opositor derrotado en la cátedra de Química Inorgánica que ganó Moles, tío de Navarro Borrás y futuro primer director del Instituto «Rocasolano»— 59, Fernando Enríquez Salamanca —juez depurador de la Universidad de Madrid— 60, Emilio Jimeno Gil (1886-1976) —primer rector de la Universidad de Barcelona después de la guerra y que ocupó la cátedra de Química Inorgánica de la de Madrid, vacante por la expulsión de Moles— 61 y Julio Guzmán —compañero del LIF y posteriormente del INFQ desde los años veinte— 62. Entre las escasas declaraciones favorables se encuentran las de algunos antiguos alumnos y compañeros. A destacar, las de Obdulio Fernández 63 y Ángel del Campo 64, catedráticos de la Universidad de Madrid. También la de Luis Solana San Martín, exalumno, que se pasó al bando nacional en abril de 1937 y alcanzó el grado de capitán. Solana afirmó que no se lo reprochó cuando se lo comunicó y añadió «que no tuvo actuación política, sino más bien estuvo en contra de los grupos que oficialmente eran de izquierdas dentro de la Facultad» 65. Otro testimonio favorable fue el de un destacado miembro del régimen franquista, Juan Fernández de Caleya y del Amo, ingeniero del Cuerpo Nacional de Minas, enviado especial del Gobierno de Franco en Inglaterra, jefe de los Servicios de Refugiados de Beneficencia de Guerra y por entonces presidente de la Comisión Reguladora para la Distribución del Carbón 66. A su favor se manifestó también Casimiro Busquets, en nombre propio y de otros dieciocho directores y técnicos de empresas químicas de Cataluña incautadas durante la guerra, al declarar que el «Sr. Moles trató de favorecer cuantas personas se le presentaron para librarlas de su incorporación a filas» 67.
Sobre la acusación de fabricación de material de guerra para el ejército «rojo» en un taller anexo al Instituto, Moles solo reconoció en el juicio la producción de fonolocalizadores, aduciendo que no sabía que dichos aparatos pudieran considerarse material bélico y que, en todo caso, se construían en un taller anejo que escapaba a sus competencias 68. No obstante, las actas de la comisión delegada de la JAE e informes firmados por él mismo confirmaban que el personal del INFQ se dedicó también a tareas bélicas bajo la supervisión de la Subsecretaría de Armamento 69. En cuanto a la expulsión de personal del centro por sus ideas derechistas, en particular Julio Palacios y Julio Guzmán, la decisión fue del Comité Obrero de la UGT, sin que se hayan encontrado documentos que prueben la participación directa de Moles.
Moles fue también acusado de utilizar su prestigio internacional en favor del Gobierno de la República, desarrollando una labor propagandística extremadamente negativa para los fines de la «Causa Nacional», transmitiendo una imagen de continuidad de las políticas gubernamentales en la enseñanza, la cultura y la investigación científica a pesar de la guerra. Fue también acusado de fomentar las relaciones culturales de la República con gobiernos extranjeros, reprochándole haber regresado a la «zona roja» después de sus diversos viajes a instituciones científicas europeas. Un punto especialmente punible era haber impulsado, incluso bajo coacción, la publicación de artículos en los Anales —revista de la Sociedad Española de Física y Química—, cuya edición procuró mantener durante la guerra a pesar de las grandes dificultades que presentaba la aparición regular de los números. Otro cargo recogido de manera insistente por el fiscal y jueces fue la publicación del artículo ya mencionado, donde hacía una revisión de los resultados científicos más destacados 70. Después de recordar su estancia en Ginebra y hacer un parangón con la Valencia del momento, un oasis de paz y refugio de exiliados, en la última página Moles comparaba el distinto tratamiento que estaban dando a los científicos la Alemania nazi, que expulsaba a los de origen judío, en relación con la Unión Soviética, que había mantenido en sus cargos a personajes disidentes. Esta simple comparación, hecha en plena contienda y cuando la Unión Soviética era uno de los pocos países que ayudaban al Gobierno republicano, sirvió de base para acusarle de un comportamiento supuestamente prosoviético. Fue también inculpado de ser manifiestamente izquierdista y de estar afiliado a Izquierda Republicana, hecho nunca comprobado.
El 28 de julio de 1942, un Consejo de Guerra condenó a Moles, por auxilio a la rebelión militar, a seis años y un día de prisión —después de una conmutación de pena de doce años solicitada por el propio tribunal— que a efectos prácticos equivalía a la libertad provisional 71. El auditor de la Primera Región Militar disintió de la calificación jurídica de los hechos probados 72 y en un juicio posterior, el 10 de marzo del año siguiente, el Consejo Supremo de Justicia Militar le condenó, como autor de un delito de adhesión a la rebelión militar, a la pena de reclusión perpetua —equivalente a treinta años de reclusión mayor— con las accesorias legales que implicaban la inhabilitación absoluta 73. Tras esta condena a treinta años, Moles no cejó en pedir indultos, revisión de penas, medidas de gracia, etc., a las autoridades militares. En noviembre inició, una vez más, los trámites de petición de libertad provisional, esta vez por buena conducta, alegando todo el trabajo realizado como responsable de la farmacia del centro 74, así como la redacción de distintos artículos científicos 75. La petición tuvo éxito y el 20 de diciembre, dos años después de su detención en la frontera de Irún, se decretó su libertad condicional 76.
Puede extrañar esta rápida excarcelación de Moles, pero no debe ignorarse que en la posguerra el sistema penitenciario estaba al borde del colapso y el mecanismo que se aplicó para atenuar la situación ingobernable a que se había llegado fue la concesión de libertades condicionales o vigiladas a los ya condenados. Una orden ministerial de junio de 1940 autorizaba la concesión de estos regímenes a reclusos que «muestren una conducta intachable y ofrezcan garantías de sincera incorporación al nuevo Estado». Según el Servicio de Libertad Vigilada del Ministerio de Justicia, en 1945 había en España más de 300.000 personas en este régimen 77. No puede descartarse que algunas peticiones realizadas a favor de la liberación de Moles surgieran algún efecto. En este sentido puede entenderse la gestión realizada por el químico francés Ernest Fourneau 78, que se desplazó en julio de 1942 desde la Francia de Vichy a Madrid para interceder a favor de Moles 79.
Además de la justicia militar, otras jurisdicciones intervenían de forma automática; situación que permitía al poder político seleccionar mejor los jueces y fiscales. El Tribunal Nacional de Responsabilidades Políticas, que actuaba a partir de denuncias y de informes elaborados por la Policía y la Guardia Civil, había sido creado por la Ley de Responsabilidades Políticas de febrero de 1939 y exigía, de manera retroactiva, responsabilidades sobre actuaciones cometidas después del 1 de octubre de 1934. Consecuencia del sumario militar se abrió el expediente núm. 174 de 1942; los cargos que se le imputaban eran prácticamente idénticos a los del proceso militar, por lo que, como era habitual, fue juzgado dos veces por los mismos delitos. En julio de 1944 fue condenado al pago de una multa de 40.000 pesetas 80, pero, tras el pertinente recurso, el 24 de noviembre de 1945 se dictó una sentencia absolutoria 81. El otro organismo judicial que actuó contra Moles fue el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo, que llegó a incoar expedientes a 80.000 personas, cuando los miembros activos en todas las sociedades masónicas españolas no superaban los 5.000 82. Debido a las acusaciones de masón hechas por los denunciantes y algunos testigos, le abrieron diligencias y sumarios en más de una ocasión entre 1942 y 1949, y en todos los casos se certificó la ausencia de antecedentes masónicos y de pertenencia al Partido Comunista y se ordenó el archivo de la causa 83. No obstante, en septiembre de 1952, relacionado con la petición y concesión de indulto, se reabrió el caso y se incoó un nuevo sumario 84. Se repitieron los informes sobre su actuación durante la guerra y se ratificaron los certificados relativos a la falta de antecedentes; no obstante, el 3 de marzo de 1953 —veintisiete días antes de su fallecimiento— fue citado de nuevo y por enésima vez se le hizo declarar de manera humillante en los términos siguientes 85: «que sabe leer y escribir y que no ha pertenecido a la Masonería ni ha tenido amistad con elementos masónicos. Que tampoco ha pertenecido a partido político alguno».
Finalmente, el 7 de julio, tres meses después de su muerte, se ordenó el archivo definitivo de la causa 86.
Moles nunca recuperó la cátedra en la Universidad ni su cargo en el INFQ, ya transformado en aquel momento en el Instituto Alonso Barba del CSIC y que en 1946 pasó a ser el actual Instituto de Química Física «Rocasolano». Su asesoría técnica a empresas y su incorporación en 1944 en el Instituto de Biología y Sueroterapia (en adelante IBYS) le permitieron simplemente sobrevivir con una mínima dignidad. En 1950 había conseguido el indulto de la condena penal y pudo realizar algunos viajes al extranjero, donde fue objeto de homenajes y reconocimiento de su labor científica. En la XV Conferencia de la IUPAC celebrada en Ámsterdam en 1949 fue nombrado secretario de la Comisión Internacional de Pesos Atómicos; en abril de 1950 fue agasajado por la Sociedad Francesa de Química y, finalmente, en 1951 cruzó el Atlántico, asistió a la reunión de la IUPAC en Washington y de regreso fue homenajeado por la Academia de Ciencias de Cuba. A pesar de estos reconocimientos internacionales siguió postergado hasta el día de su muerte. Y si bien algunos de estos viajes tuvieron eco en medios periodísticos 87, siempre se le presentaba como un científico español famoso en el extranjero, pero sin hacer nunca la más mínima alusión a la marginación que estaba sufriendo. Esta discriminación y rechazo se observa de manera muy clara en las reacciones a su muerte en marzo de 1953. La necrológica publicada el mes siguiente en Anales es fría como un acta notarial y se limita a un resumen biográfico que acaba abruptamente en el año 1934 88. En abril de 1953, tan solo quince días después de su muerte, la Real Sociedad Española de Física y Química celebró por todo lo alto las bodas de oro con asistencia de numerosos científicos extranjeros. Su presidente, Manuel Lora-Tamayo (1904-2002), futuro ministro de Franco y hombre fuerte de la política científica del régimen, pronunció un discurso sobre la historia de la Sociedad en el que citaba a la mayor parte de sus predecesores en el cargo, recordaba el éxito que había supuesto el Congreso Internacional de Química del año 1934, hablaba de la JAE y del CSIC, pero en ningún momento mencionaba a Moles 89.
El perfil biográfico de Moles y los nuevos datos de su vida y obra aportados en las secciones anteriores nos permiten revisar la imagen del personaje más allá del científico republicano de la JAE, represaliado por el nuevo poder franquista. Los motivos de su represión y marginación al regreso a España son complejos. Debemos recordar que, a finales de 1941, justo antes de su vuelta, Moles se sabía un científico de talento, convencido de su valía como investigador, del sólido prestigio internacional que disfrutaba y de su capacidad de liderazgo. Su principal idea, por no decir la única, era volver a Madrid y proseguir, por un lado, su labor de investigación en la determinación de pesos atómicos y, por otro, la renovación y modernización de la estructura universitaria. Hombre de convicciones firmes, seguro de su forma de hacer, en Leipzig se había fijado el objetivo de modernizar la enseñanza y la investigación química en España. A su juicio, este objetivo se estaba alcanzando y se había logrado bajo regímenes políticos tan distintos como la Restauración, la Dictadura de Primo de Rivera y la República. Si, a su entender, durante la guerra se había dedicado exclusivamente al trabajo científico, sin adscripción política alguna, ¿por qué no podría, desde una perspectiva tecnocrática, continuar haciéndolo en la nueva situación política? ¿Por qué no confiar en que el llamamiento de Franco dirigido a los exiliados en Francia, invitando al regreso a la «patria» de todos aquellos que no tuvieran delitos de sangre, era sincero? Al fin y al cabo, las gestiones del Consulado le animaban a ello. Por otro lado, además de no haber militado en ningún partido del Frente Popular 90, Moles no estaba bien visto por las asociaciones estudiantiles izquierdistas, situación que le impidió, por ejemplo, ser elegido decano el año 1935 91. En octubre de 1936 fue perseguido por miembros de la CNT por no querer colaborar con este sindicato y tuvo que solicitar la protección de la Embajada de Checoslovaquia 92.
Durante su exilio en París, Moles no supo, o no quiso, ver los cambios políticos profundos de la nueva España franquista y desoyó los consejos, como el de Palacios, de no regresar 93:
«Respecto a su caso personal, después de meditarlo mucho y de recoger informes y opiniones, me permito aconsejarle lealmente que imite la calma de Marañón, Zubiri, etc., y que aproveche su estancia en el extranjero y sus condiciones de batallador incansable para servir a España saliendo al paso de cualquier maniobra masónico-judía que contra ella pueda intentarse».
Es difícil suponer, sin embargo, que Moles desconociera la brutal represión que el régimen franquista estaba ejerciendo, desde el mismo 18 de julio, de manera sistemática en todas las zonas que controlaba. Una represión planificada detalladamente, con la abolición de las instituciones republicanas, partidos políticos, sindicatos, asociaciones, publicaciones, etc., contrarias al Movimiento, de manera que sus efectos llegaban inmediatamente hasta los aspectos más insignificantes de la vida cotidiana 94. No podía no saber la especial saña con que se estaba represaliando el colectivo docente, desde los maestros de escuela hasta los catedráticos de universidad. En noviembre de 1936 se habían puesto en marcha comisiones depuradoras con el objeto de impulsar «una revisión total y profunda del personal de instrucción pública, trámite previo a una reorganización radical y definitiva de la enseñanza, extirpando de raíz las falsas doctrinas que con sus apóstoles han sido los principales factores de la trágica situación a que fue llevada nuestra Patria» 95. Como hombre de la JAE que era debió detectar las decisiones tomadas con el propósito de desmantelar, también en el ámbito de la ciencia, todo lo construido en la España de las décadas anteriores bajo los auspicios, o simple inspiración, de la ILE 96.
Moles probablemente no valoró el potencial peligro que significaba el gran número de enemigos que había acumulado durante sus largos años de liderazgo de la química española. Las denuncias se vieron alentadas por el estado de opinión creado por las nuevas autoridades. Desde el primer momento se buscaron complicidades y colaboraciones en las tareas represivas incitando a la delación. Existía una voluntad clara de implicar al máximo número de personas en la represión y contar con el máximo número de colaboradores y cómplices; unos porque podían beneficiarse de ella y otros porque satisfacían sus ansias de venganza o para obtener méritos patrióticos, que quizá permitiera expurgar asuntos del pasado o, simplemente, eliminar competidores profesionales. Estos propósitos se observan claramente en las denuncias presentadas contra Moles, una actitud de envidia a la posición y autoridad que había adquirido y el temor a que pudiera recuperar su liderazgo. Sin dejar de reconocer su autoridad intelectual y científica, testigos como Otero pronosticaban la recuperación del poder por parte de los «elementos indeseables» de siempre 97:
«En toda la época anterior al Glorioso Alzamiento Nacional, Moles fue el más peligroso y hábil instrumento de todas las fuerzas de la anti-España. Prescindiendo en muchos casos de la suavidad y untuosidad características de la Institución de la Libre Enseñanza, atropella violentamente con tal de conseguir sus fines, que no son otros que el de monopolizar la Química española entregando todos los cargos de confianza, especialmente las cátedras, a los rojos, ateos, sinvergüenzas y demás ralea institucionista de poco o ningún valor científico, pero con el denominador común de su ciega adhesión a él.
Cacique rojo, inmoral y ateo coloca sus peones en todas las mallas de la red que aun hoy día no ha sido posible desarraigarlos. Es con gran diferencia, por su talento organizador y tenacidad, así como por conocer muchas flaquezas y concomitancias con la anti-España de los elementos que actualmente se encuentran o han recuperado sus antiguos cargos, el más peligroso de los llamados intelectuales rojos y con su presencia en España, vivo, ha soliviantado y animado a todos los elementos disolventes del sector científico que esperan encontrar en él, una vez reintegrado a la vida civil, lo que descuentan, al jefe y caudillo que los lleve de nuevo al copo de los puestos de mando que les ha de permitir continuar en su labor disolvente, antinacional y anticristiana».
No se puede concluir si las denuncias de Otero y Navarro —que influyeron significativamente en el futuro de Moles— formaban parte de un plan diseñado para su «eliminación». En todo caso, la nueva elite científica no estaba dispuesto a aceptar con los brazos cruzados su presencia. Según Navarro 98:
«Siendo el árbitro de destinos y prebendas, [Moles] colocó en cátedras, direcciones de Institutos Científicos, altos puestos administrativos, etc., etc., un conjunto de personas totalmente adictas a él, con tanto acierto para sus fines que hoy, enquistados todavía la mayor parte de ellos en la administración pública, hacen muy difícil la honrada labor de reconstrucción cultural de nuestra Patria».
En el polo opuesto a las intenciones «apolíticas» de Moles, los argumentos ofrecidos por algunos de los testimonios que declararon en los juicios contra él mezclaron ciencia y política de manera perversa con continuas incursiones entre la retórica y la realidad. El ciudadano Moles, «rojo», «masón», «filocomunista», «republicano», se combinaba con el catedrático Moles, «nepótico», «endogámico», «corrupto», «autoritario», etc., sin solución de continuidad. El proceso a Moles es, en todo caso, un buen ejemplo de la actitud vengativa que se puso en marcha al acabar la Guerra Civil; su eliminación, casi física, fue un éxito importante del nuevo régimen, un ejemplo de represión científica por vía judicial.
En el largo proceso de depuraciones iniciado en las primeras ciudades conquistadas por el bando nacional en 1936, hasta el final del Guerra Civil en 1939, la represión del profesorado universitario, del personal académico y funcionarial en general tuvo un carácter preventivo, con la finalidad de evitar que el ideario de la ILE y la JAE se infiltrara en el nuevo régimen 99. El objetivo era extirpar de raíz los valores liberales, republicanos y, en particular, la libertad de enseñanza e investigación, la libertad de pensamiento y la libertad religiosa. Esta última era tachada a menudo de anticlerical y anticatólica por los sectores más reaccionarios 100. No obstante, la frecuente arbitrariedad de estos procesos abría la puerta a todo tipo de ajustes de cuentas, venganzas, denuncias y delaciones poco fundadas, que iban más allá de las estrictas discrepancias ideológicas.
El enorme poder académico acumulado por Moles en los años treinta, el prestigio adquirido por el Congreso Internacional de Química Pura y Aplicada de Madrid de 1934, su numerosa escuela de investigación, el Instituto Nacional de Física y Química y su lealtad de facto al gobierno de la República a lo largo de la guerra se esgrimieron de manera desordenada como argumentos en su contra. De hecho, Moles se convirtió en el genuino representante de la ciencia de la JAE que había que extirpar, en coherencia con el nuevo ideario del régimen y que tan bien representaban algunos antiguos colegas de Moles, químicos como Albareda, Casares, Rocasolano y Rius Miró, entre otros 101. Desde la nueva cultura política totalitaria, y con independencia de las expectativas personales y profesionales que Moles tuviera a su regreso, su represión y la de su escuela, se permitió la entrada de nuevos científicos afectos al régimen y la reconducción de su investigación sobre la determinación de pesos atómicos hacia una nueva química física más aplicada y acorde a los nuevos tiempos autárquicos. La creación del CSIC en 1939 llegaría incluso a la remodelación material del propio edificio del INFQ. En sus declaraciones, los nuevos químicos del régimen estaban convencidos del advenimiento de una nueva época histórica en España, en la que la ciencia debía subordinarse y fundirse con la ideología del nacionalcatolicismo en sus diferentes versiones. Moles respondió a las acusaciones y la hostilidad totalitaria con un cierto pragmatismo tecnocrático. Tal como había practicado en el INFQ en los años treinta, Moles estaba convencido de que la investigación científica tenía una notable autonomía con respecto a la ideología política de un determinado régimen. Su defensa de la libertad de cátedra y de investigación pensaba que le debía permitir la supervivencia profesional en cualquier régimen, tal como había conseguido con éxito durante la Restauración, la Dictadura de Primo de Ribera y la República. Sin embargo, el fracaso del proyecto del Instituto de España de Sainz Rodríguez ante el modelo totalitario del CSIC de Ibáñez Martín y Albareda 102 no dejaron ningún espacio de supervivencia intelectual e institucional para personajes como Moles, en su intento de mantener separados, al menos a nivel formal, los espacios de la ciencia y de la política. La ciencia de Moles ya no pudo convertirse en un instrumento supuestamente autónomo de legitimación del saber experto y de la autoridad académica.
De hecho, una vez marginado y apartado de todas sus funciones, la dramática historia de Moles ya no podía encajar del todo en ninguna de las categorías propuestas por Borja de Riquer respecto a las estrategias de reacción ante la dictadura 103. Lejos de participar de manera entusiasta de los valores totalitarios del nuevo régimen y habiendo renunciado al exilio o a la oposición frontal al mismo, Moles encontró refugio profesional en industrias privadas y consiguió mantener una cierta actividad internacional tolerada, pero su sueño tecnocrático de triunfo profesional en el que era ya su cuarto régimen político nunca llegó ni pudo dar continuidad a su investigación científica ante las profundas turbulencias políticas del momento. La tipología de su represión tuvo, además, características peculiares con su detención en Irún y su sometimiento a la justicia militar, sin pasar por un juez instructor universitario como era habitual en el proceso de represión académica 104.
Las características peculiares del exilio de ida y vuelta de Moles permiten establecer una aproximación comparativa con casos de otros químicos relevantes de su generación. Moles compartió, por ejemplo, la implicación con la causa republicana durante la guerra con otro de los líderes del INFQ, el químico orgánico Antonio Madinaveitia 105, que, al igual que Francisco Giral o Antonio García Banús, partió de manera irreversible al exilio latinoamericano 106. Madinaveitia y Giral desarrollaron brillantes carreras en México y García Banús en Colombia y Venezuela. El regreso de Giral en 1977, ya en la transición democrática, para recuperar su cátedra y su estancia en Salamanca hasta su jubilación en 1981 se saldó con decepción y regresó a México, donde falleció en 2001.
En otras ocasiones el exilio de ida y vuelta también tomó características análogas a las del caso de Moles, aunque con un final menos trágico. El químico Fernando Calvet (1903-1988), por ejemplo, regresó voluntariamente del Reino Unido a la España franquista y, tras una corta estancia en prisión, trabajó en una empresa privada hasta su rehabilitación académica en el año 1944 107. Calvet se había formado en el laboratorio de García Banús en Barcelona y doctorado en Oxford el año 1929 con F. D. Chattaway. El año siguiente obtuvo la cátedra de Química Orgánica en la Universidad de Santiago, donde realizó una labor docente e investigadora innovadoras y se vinculó a los movimientos nacionalistas gallegos, a los que aportó su experiencia previa en Cataluña 108. En agosto de 1936 fue destituido de la cátedra, en septiembre de ese mismo año se trasladó a Estocolmo con una beca de la Fundación Rockefeller y en abril de 1938 decidió volver a Galicia. De manera análoga al caso de Moles, a pesar de haber pactado el regreso con las autoridades franquistas, fue detenido en la frontera y encarcelado en la prisión de Tui durante un corto periodo de tiempo 109. Una vez en libertad pasó a formar parte de los laboratorios Zeltia como director técnico, donde desarrolló una labor investigadora de primer nivel 110. En 1944 fue readmitido y destinado a la Universidad de Salamanca y posteriormente, en 1948, se trasladó a la Universidad de Oviedo. En 1952 regresó a Barcelona como catedrático de Química Técnica y, finalmente, en 1961, tras la reglamentaria oposición, obtuvo la cátedra de Bioquímica. Todas estas vicisitudes dificultaron, y, de hecho, impidieron, que Calvet realizara aportaciones más relevantes a la bioquímica, tal como podía esperarse en un hombre de su formación y categoría intelectual.
De modo también análogo, una de las grandes figuras del INFQ, el físico Miguel Catalán (1894-1957), que había de proyectar la ciencia española a nivel internacional con sus trabajos espectroscópicos, perdió su cátedra después de la guerra y sufrió un largo periodo de marginación, también a causa de sus simpatías republicanas 111. Otro exilio de ida y vuelta fue el de Miguel Masriera (1901-1981), quien después de una estancia en París al final de la guerra decidió regresar, pero nunca recuperó su plaza universitaria y tuvo que sobrevivir como periodista científico en La Vanguardia Española, gracias a la protección del conde de Godó. Se convirtió así en un disidente tolerado que se adaptó a las necesidades y exigencias del régimen con respecto a la imagen pública de la ciencia durante la Dictadura 112. Calvet y también Moles necesitaron refugios industriales para sobrevivir profesionalmente en el primer franquismo, Masriera tuvo que renunciar a su profesión para convertirse en periodista, el talento de Catalán y de Calvet se malbarató en esos años de sospecha y totalitarismo, a pesar de la solidaridad científica internacional que ambos recibieron, como había recibido Moles en su momento.
El estudio detallado de cada uno de estos casos permitirá sin duda en un futuro próximo establecer una nueva tipología del exilio y la represión científica (y de los químicos en particular) 113. En cualquier caso, tal como hemos visto en las páginas anteriores, el exilio de ida y vuelta de Moles presenta características propias que cuestionan cualquier excesiva generalización de los mecanismos de represión de la dictadura y de las estrategias de resistencia de los propios científicos. Los argumentos de Moles sobre el carácter apolítico de la ciencia, claves en su estrategia de retorno desde el exilio, se repitieron más adelante hasta la saciedad, en el desarrollismo de los años sesenta, por parte de la nueva generación de líderes de la política científica del franquismo, quienes, en el contexto de la Guerra Fría, hacían suya la retórica de neutralidad de conocimiento científico, con independencia de su desarrollo concreto en un determinado régimen 114. Curioso elemento de continuidad que nos interroga de nuevo sobre la naturaleza política del conocimiento y sobre las complejas y sutiles relaciones entre ciencia e ideología. Nos permite igualmente explicar de forma algo más convincente los irrefrenables deseos de Moles de regresar del exilio e integrar su ciencia, aparentemente sin problemas, en un nuevo sistema político que acabaría por represaliarlo.
1 El papel determinante desempeñado por la JAE en el renacimiento de la ciencia española experimentado durante el primer tercio del siglo pasado, la denominada Edad de Plata, ha sido ampliamente estudiado y por ello no se insistirá aquí. Véanse José Manuel Sánchez Ron (ed.): La Junta para Ampliación de Estudios ochenta años después, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1988; Luis Enrique Otero Carvajal y José María López Sánchez: La lucha por la modernidad. Las ciencias naturales y la Junta para Ampliación de Estudios, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas-Residencia de Estudiantes, 2012, y Ernesto Caballero Garrido y María Carmen Azcuénaga Cavia: La Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. Historia de sus centros y protagonistas (1907-1936), Gijón, Trea, 2010.
2 Raúl Berrojo: Enrique Moles y su obra, tesis doctoral, Universitat de Barcelona, 1981.
3 Enrique Moles: Enrique Moles. Un gran químico español, Madrid, Artes Gráficas Luis Pérez, 1975, y Augusto Pérez-Vitoria (coord.): Enrique Moles: la vida y la obra de un químico español, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1985.
4 Francisco González de Posada: «Enrique Moles Ormella (1883-1953). Farmacéutico, químico y artista», Anales de la Real Academia Nacional de Farmacia, 71 (2005), pp. 673-702.
5 Ana Romero de Pablos: La europeización de la ciencia. Cabrera, Moles, Rey Pastor, Tres Cantos, Nivola, 2002.
6 Entre las publicaciones más recientes dedicadas a la historia de la ciencia durante el franquismo caben destacar Amparo Gómez Rodríguez, et al. (eds.): Ciencia y fascismos. La ciencia española de posguerra, Barcelona, Laertes, 2009; Albert Presas: «Science on the Periphery. The Spanish Reception of Nuclear Energy: An Attempt at Modernity?», Minerva, 43 (2005), pp. 197-218; Ana Romero de Pablos y José Manuel Sánchez Ron: Energía nuclear en España. De la JEN al Ciemat, Madrid, Doce Calles, 2001; Ana Romero de Pablos y María Jesús Santesmases (eds.): Cien años de política científica en España, Bilbao, Fundación BBVA, 2008, y Xavier Roqué y Nestor Herrán (eds.): La física en la dictadura. Físicos, cultura y poder en España (1939-1975), Bellaterra, Universitat Autònoma de Barcelona, 2012.
7 Joaquim Sales y Agustí Nieto-Galan (eds.): Determinació de pesos moleculars de gasos pel mètode de les densitats límit, Barcelona, Societat Catalana de Química, 2013; íd.: «Enric Moles i Ormella (1883-1953): un gran científic i un gran desconegut», Revista de la Societat Catalana de Química, 12 (2013), pp. 7-21, e íd.: «Enrique Moles (1883-1953): esplendor y represión de la ciencia en España», Anales de Química, 110 (2014), pp. 152-161.
8 Sobre el exilio de la Guerra Civil y la represión del franquismo véanse, por ejemplo, Borja de Riquer: La dictadura de Franco, Barcelona-Madrid, Crítica-Marcial Pons, 2010; Enrique Moradiellos: La España de Franco (1939-1973). Política y sociedad, Madrid, Síntesis, 2000; Francisco Caudet: Hipótesis sobre el exilio republicano de 1939, Madrid, Fundación Universitaria Española, 1997; Julio Prada Rodríguez: La España mascarada. La represión franquista de guerra y posguerra, Madrid, Alianza Editorial, 2010; Paul Preston: El holocausto español. Odio y exterminio en la guerra civil y después, Barcelona, Debate, 2011, y Abdón Mateos: Exilios y retornos, Madrid, Eneida, 2015. Sobre el exilio científico véase Josep Lluís Barona (ed.): El exilio científico republicano, Valencia, Universitat de València, 2010.
9 Mark Walker (ed.): Science and Ideology. A Comparative History, Londres, Routledge, 2003.
10 Ibid., y Philip Ball: Serving the Reich: The Struggle for the Soul of Physics under Hitler, Londres, Bodley Head, 2013.
11 Lino Camprubí: Engineers and the Making of the Francoist Regime, Cambridge, MIT Press, 2014.
12 Borja de Riquer: La dictadura..., pp. 297-298.
13 Josep Lluís Barona: El exilio científico...
14 Jaume Claret: El atroz desmoche, Barcelona, Crítica, 2006; Luis Enrique Otero Carvajal et. al. (dirs.): La destrucción de la ciencia en España. Depuración universitaria en el franquismo, Madrid, Universidad Complutense, 2006; Luis Enrique Otero Carvajal (dir.): La universidad nacionalcatólica. La reacción antimoderna, Madrid, Universidad Carlos III-Dykinson, 2014, y Josep Lluís Barona (ed.): El exilio científico...
15 Para una aproximación prosopográfica al exilio científico véase Francisco Giral: Ciencia española en el exilio (1939-1989), Barcelona, Anthropos, 1994.
16 Joaquim Sales y Agustí Nieto-Galan (eds.): «Enrique Moles (1883-1953)...».
17 Enrique Moles: «Un curso teórico-práctico de química física», Anales de la Junta para Ampliación de Estudios, 4 (1911), pp. 67-80.
18 Augusto Pérez-Vitoria: «El IX Congreso Internacional de Química Pura y Aplicada y la XI Conferencia de la Unión Internacional de Química», Anales de la Real Sociedad de Física y Química, 32 (1934), pp. 195-207.
19 Ana Romero de Pablos: La europeización...
20 La operación fue organizada por el 5.º Regimiento de Milicias Populares y a su llegada fueron objeto de una calurosa recepción presidida por el ministro de Instrucción Pública, cuyo discurso de bienvenida fue contestado por el propio Moles, «lamentando el momento actual, solo comparable a la Guerra de la Independencia, pero que dentro de la pena, ellos habían tenido el consuelo de la calurosa acogida del Gobierno y el pueblo». Aparecido en Verdad, 26 de noviembre de 1936, pp. 1-4, citado en Manuel Aznar: «L’aliança d’intel·lectuals per a defensa de la cultura de València i la creació de la Casa de la cultura», en Manuel Aznar et al. (eds.): València, capital de la cultura republicana (1936-1939). Antologia de textos i documents, Valencia, Generalitat Valenciana, 1986, pp. 161-163.
21 Archivo General de la Administración (en adelante AGA), expediente de depuración de Enrique Moles, leg. 92059, fols. 5-7.
22 Enrique Moles: «Veinte años de investigaciones acerca de las densidades gaseosas», Madrid, Cuadernos de la Casa de Cultura, 1 (1937), pp. 33-51.
23 AGA, expediente de depuración de Enrique Moles, leg. 92059, fols. 8 y 9.
24 Francisco Javier de Madariaga: Las industrias de guerra de Cataluña durante la Guerra Civil, tesis doctoral, Universitat Rovira i Virgili, 2003, y Pelai Pagès: «La Comisión de la Industria de Guerra de Catalunya (1936-1938)», Ebre, 38 (2008), pp. 43-64.
25 Guillermo Lusa: «La Escuela de Ingenieros en guerra (1936-1939)», Documentos de la Escuela de Ingenieros Industriales de Barcelona, 17 (2007).
26 Joaquim Sales: La Química a la Universitat de Barcelona, Barcelona, Universitat de Barcelona, 2011, p. 122.
27 Informe de la Policía de Barcelona, Archivo del Ministerio de Defensa, Madrid, sumario 25.334, fol. 101.
28 Les déterminations physico-chimiques de poids moléculaires et atomiques des gaz, París, Institut International de Coopération Intellectuelle, 1938, pp. 161-162.
29 AGA, expediente de depuración de Enrique Moles, leg. 92059, fol. 20.
30 Ibid., fol. 22.
31 «Datos biográficos de Enrique Moles», París, 31 de agosto de 1941, en Raúl Berrojo: Enrique Moles..., pp. 1064-1067.
32 Thomas F. Glick: «Fundaciones americanas y ciencia española: la Fundación del Amo, 1928-1940», en Luis Español González (ed.): Estudios sobre Julio Rey Pastor (1888-1962), Logroño, Instituto de Estudios Riojanos, 1990, pp. 313-327.
33 AGA, expediente de depuración de Enrique Moles, leg. 92059, fol. 47.
34 Sobre Julio Palacios véanse Francisco González de Posada: Julio Palacios, físico español, aragonés ilustre, Madrid, Amigos de la Cultura Científica, 1993; Luis Villena Pardo: Julio Palacios: labor didáctica, confinamiento y proyección internacional, Santander, Amigos de la Cultura Científica, 1985, y Elena Calleya: Semblanza científico-biográfica de Julio Palacios, Santander, Amigos de la Cultura Científica, 1985.
35 Carta de Moles a Palacios, Archivo del Ministerio de Defensa, Madrid, sumario 25.334, fols. 80-81.
36 Rockefeller Archive Center, IEB, box 41, file 581, New York, Memorandum, Professor Moles, formerly of the Institute of Physics and Chemistry, Madrid, and now refugee in France.
37 Antoni Malet: «José María Albareda (1902-1966) and the Formation of the Spanish Consejo Superior de Investigaciones Científicas», Annals of Science, 66 (2009), pp. 307-332.
38 AGA, expediente de depuración de Enrique Moles, leg. 92059, fol. 26.
39 Escrito del Consulado de 28 de octubre de 1941, Archivo del Ministerio de Defensa, Madrid, sumario 25.334, fol. 127.
40 «El procedimiento Michot-Dupont para la carbonización a baja temperatura de lignitos y turbas. Su importancia para la industria y la defensa nacionales en España», Archivo familiar de Beatriz Moles Calandre, Zaragoza.
41 Declaraciones de Moles, Archivo del Ministerio de Defensa, Madrid, sumario 25.334, fols. 4 y 35.
42 Manuscrito de Teresa Toral, Archivo familiar Toral Peñaranda, Madrid, cit. en Antonina Rodrigo: Una mujer silenciada. María Teresa Toral: ciencia, compromiso y exilio, Barcelona, Ariel, 2012, pp. 85-88.
43 Escrito de alegaciones de Moles contra los cargos del Tribunal Responsabilidades Políticas (junio de 1942), Archivo familiar Beatriz Moles Calandre, Zaragoza.
44 Declaración de Francisco Escribano Rojas, Archivo del Ministerio de Defensa, Madrid, sumario 25.334, fol. 23. Recordemos la financiación norteamericana del INFQ por parte de la Fundación Rockefeller.
45 AGA, expediente de depuración de Enrique Moles, leg. 92059, fol. 47.
46 Ibid., fol. 20.
47 Ibid., fol. 47.
48 Ibid.
49 Archivo del Ministerio de Defensa, Madrid, sumario 25.334, fol. 1.
50 Ibid., signatura 3691/1.
51 Archivo del Ministerio del Interior, Madrid, exp. 25.334, fol. 21, y Archivo del Ministerio de Defensa, Madrid, sumario 25.334, fol. 17.
52 Ana Romero de Pablos: «Un viaje de José María Otero Navascués. Los inicios de la investigación nuclear en España», Arbor, 659-660 (2000), pp. 509-525, y Albert Presas: «La correspondencia entre J. M. Otero Navascués y Karl Wirtz, un episodio de las relaciones internacionales de la Junta de Energía Nuclear», Arbor, 659-660 (2000), pp. 527-601.
53 Denuncia de José María Otero Navascués, Archivo del Ministerio de Defensa, Madrid, sumario 25.334, fols. 46-47.
54 Denuncia de Francisco de Asís Navarro Borrás, Archivo del Ministerio de Defensa, Madrid, sumario 25.334, fols. 44-45.
55 Enrique Gutiérrez Ríos: José María Albareda. Una época de la cultura española, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1970.
56 Declaración de José María Albareda Herrera, Archivo del Ministerio de Defensa, Madrid, sumario 25.334, fol. 62.
57 Declaración de José Casares Gil, Archivo del Ministerio de Defensa, Madrid, sumario 25.334, fol. 73.
58 Ángel Toca Otero: «Química en provincias: Antonio Rius Miró (1922-1930)», Actes d’Història de la Ciencia i de la Tècnica, 3 (2011), pp. 79-91.
59 Declaración de Antonio Rius Miró, Archivo del Ministerio de Defensa, Madrid, sumario 25.334, fol. 70.
60 Declaración de Fernando Enríquez de Salamanca, Archivo del Ministerio de Defensa, Madrid, sumario 25.334, fol. 72.
61 Declaración de Emilio Jimeno Gil, Archivo del Ministerio de Defensa, Madrid, sumario 25.334, fol. 92.
62 Declaración de Julio Guzmán Carrancio, Archivo del Ministerio de Defensa, Madrid, sumario 25.334, fol. 95.
63 Escrito de Obdulio Fernández Rodríguez, Archivo del Ministerio de Defensa, Madrid, sumario 25.334, fol. 21.
64 Escrito de Ángel del Campo Cerdán, Archivo del Ministerio de Defensa, Madrid, sumario 25.334, fol. 22.
65 Declaraciones de Luis Solana San Martín, Archivo del Ministerio de Defensa, Madrid, sumario 25.334, fols. 28 y 91.
66 Declaración de Juan Fernández de Caleya y del Amo, Archivo del Ministerio de Defensa, Madrid, sumario 25.334, fol. 130.
67 Escrito de Casimiro Busquets, Archivo del Ministerio de Defensa, Madrid, sumario 25.334, fols. 136-137.
68 Declaración de Moles, Archivo del Ministerio de Defensa, Madrid, sumario 25.334, fol. 4.
69 Actas de la Comisión Delegada de la JAE de 30 de diciembre de 1936 y 13 de enero de 1937, certificados y declaraciones del personal de centros de la JAE, 155/36, Órdenes ministeriales, 163/295, Archivo de la JAE, Residencia de Estudiantes, Madrid.
70 Enrique Moles: «Veinte años...».
71 Sentencia, Archivo del Ministerio de Defensa, Madrid, sumario 25.334, fols. 145-146.
72 Impugnación del auditor, Archivo del Ministerio de Defensa, Madrid, sumario 25.334, fol. 148.
73 Sentencia, Archivo del Ministerio de Defensa, Madrid, sumario 25.334, fols. 156-158.
74 Archivo del Ministerio del Interior, Madrid, exp. 25.334, fol. 73.
75 Ibid., fol. 74.
76 Ibid., fol. 69.
77 Borja de Riquer: La dictadura..., p. 136.
78 Ernest Fourneau (1872-1949), destacado investigador del Institut Pasteur de París —descubridor de las sulfamidas—, había establecido, desde 1917, una relación intensa con químicos españoles como José Casares Gil, José Rodríguez Carracido y Antonio Madinaveitia, entre otros. Realizó distintas visitas a Madrid y en 1934 fue nombrado doctor honoris causa. Durante la ocupación alemana de París en la Segunda Guerra Mundial se puso al lado del Gobierno de Vichy y formó parte de grupos de colaboración franco-alemanes. En 1944 fue arrestado por su colaboración con las autoridades nazis, pero fue liberado, unos meses después, gracias a la petición de destacados científicos franceses. Era, pues, hombre próximo al régimen franquista.
79 Jean-Pierre, Fourneau: «Ernest Fourneau, fondateur de la chimie thérapeutique francaise: feuillets d’albums», Revue d’histoire de la pharmacie, 275 (1987), pp. 335-355.
80 Centro Documental de la Memoria Histórica, Salamanca, exp. 35.337, fols. 22-24.
81 Ibid., fols. 66-69.
82 Borja de Riquer: La dictadura..., p. 129.
83 Centro Documental de la Memoria Histórica, Salamanca, TERMC, exp. 12.844, 1952, y TERMC, exp. 33.257, 1953.
84 Centro Documental de la Memoria Histórica, Salamanca, TERMC, exp. 35.337, fol. 1.
85 Centro Documental de la Memoria Histórica, Salamanca, TERMC, exp. 33.257, fol. 40.
86 Ibid., fol. 45.
87 El ABC de 10 de mayo de 1950 destinó casi media página al viaje a Francia bajo el título «Conferencia de un sabio español en la Maison de la chimie», y, por su parte, la revista Semana (1951) dedicó la sección «Gente de la que apenas se habla» a un amplio reportaje sobre sus viajes por las capitales europeas.
88 «Necrológica de D. Enrique Moles Ormella», Anales de la Real Sociedad de Química, 49(B) (1953), pp. 327-328.
89 Manuel Lora-Tamayo: Cincuenta años de física y química en España, 1903-1953: discurso leído en la solemne sesión conmemorativa de las bodas de oro de la sociedad, Madrid, Imprenta C. Bermejo, 1954.
90 Declaración de José Gonzalo Vicente, Archivo del Ministerio de Defensa, Madrid, sumario 25.334, fol. 26.
91 Declaración de Luis Solana, Archivo del Ministerio de Defensa, Madrid, sumario 25.334, fol. 91.
92 Declaraciones de Moles y de Zdenko Formarek, Archivo del Ministerio de Defensa, Madrid, sumario 25.334, fols. 36 y 129.
93 Carta de Palacios a Moles, Archivo del Ministerio de Defensa, Madrid, sumario 25.334, fol. 82.
94 Paul Preston: El holocausto español...
95 Jaume Claret: El atroz..., p. 62.
96 Ejemplos ilustrativos del comportamiento de los franquistas contra la ILE son los de Enrique Suñer: Los intelectuales y la tragedia española, Burgos, Editorial Española, 1937, y Miguel Artigas et al.: Una poderosa fuerza secreta. La Institución Libre de Enseñanza, San Sebastián, Editorial Española, 1940.
97 Denuncia de José María Otero Navascués, Archivo del Ministerio de Defensa, Madrid, sumario 25.334, fols. 46-47.
98 Denuncia de Francisco de Asís Navarro Borrás, Archivo del Ministerio de Defensa, Madrid, sumario 25.334, fols. 44-45.
99 Luis Enrique Otero Carvajal (dir.): La universidad nacionalcatólica..., cap. 2.
100 Estos objetivos se pueden detectar de manera más o menos explícita en los diferentes grupos de poder (Falange, Asociación Católica Nacional de Propagandistas, Opus Dei, etc.) a la hora de influir en la provisión y selección de candidatos a cátedra a partir de 1940. Véase, por ejemplo, Yolanda Blasco y María Fernanda Mancebo: «Las primeras oposiciones “patrióticas” a cátedras de historia en 1940-1941», Spagna contemporánea, 36 (2009), pp. 119-141. Ignacio Peiró ha discutido en profundidad el impacto que sufrieron los historiadores profesionales en la Guerra Civil y el Franquismo. Véase Ignacio Peiró: Historiadores en España. Historia de la historia y memoria de la profesión, Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2013.
101 Para un estudio de la química y los químicos en la España del siglo xx véase Agustí Nieto-Galan: The Politics of Chemistry. Science and Power in Twentiteth-Century Spain, Cambridge, Cambridge University Press, 2019.
102 Con relación a los diferentes modelos de institución científica en el proceso de gestación del CSIC véase Antoni Malet: «Las primeras décadas del CSIC: investigación y ciencia para el franquismo», en Ana Romero y María Jesús Santesmases (eds.), Cien años de política científica en España, Madrid, Fundación BBVA, 2008, pp. 211-256.
103 Borja de Riquer: La dictadura..., pp. 297-298.
104 En la Universidad de Madrid el juez instructor fue Fernando Enríquez Salamanca, que declaró como testigo en contra de Moles en el proceso judicial. Véase Archivo del Ministerio de Defensa, Madrid, sumario 25.334, fol. 72.
105 Manouel Toural Quiroga: «Antonio Madinaveitia, un científico republicano», en Pedro Bosch Giral, Juan Francisco García de la Banda y Joaquín Pérez Pariente: Protagonistas de la química en España: los orígenes de la catálisis, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2010, pp. 223-285.
106 Francisco Giral: Ciencia española en el exilio (1939-1989). El exilio de los científicos españoles, Barcelona, Centro de Investigación y Estudios Republicanos-Anthropos, 1994, y Agustí Nieto-Galan: «Free Radicals in the European Periphery: “Translating” Organic Chemistry from Zurich to Barcelona in the Early Twentieth Century», The British Journal for the History of Science, 37 (2004), pp. 167-191.
107 El núm. 35 del año 1984 de la revista Anthropos está dedicado, en casi su totalidad, a la vida y obra de Fernando Calvet.
108 Joaquim Sales: La Química a la Universitat..., pp. 159-161.
109 Ricardo Gurriarán: Ciencia e conciencia na Universidade de Santiago, 1900-1940: so influxo institucionista e a JAE á depuración do profesorado, Santiago de Compostela, Universidade de Santiago de Compsotela, 2006, pp. 687-703.
110 Los laboratorios Zeltia se crearon el año 1939 en Porriño (Pontevedra) por los hermanos Fernández López, que a pesar de su proximidad ideológica con los círculos republicanos y galleguistas colaboraron con los franquistas. En su empresa acogieron a muchos docentes y científicos represaliados.
111 José Manuel Sánchez Ron: Miguel Catalán. Su obra y su mundo, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1994.
112 Agustí Nieto-Galan: «From Papers to Newspapers: Miguel Masriera (1901-1981) and the Role of Science Popularisation under Franco Regime», Science in Context, 26 (2013), pp. 527-549.
113 Agustí Nieto-Galan: The Politics of Chemistry...
114 Sobre la retórica apolítica de los científicos del franquismo véase, por ejemplo, el caso de Manuel Lora-Tamayo en Agustí Nieto-Galan: «Reform and Repression: Manuel Lora Tamayo and the Spanish University in the 1960s», en Ana Simões, Kostas Gavroglu y Maria Paula Diogo (eds.): Sciences in the Universities of Europe, 19th and 20th Centuries. Challenges and Transformations, Dordrecht, Springer, 2015, pp. 159-174.