Ayer 126/2022 (2): 49-77
Sección: Dosier
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2022
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/812
José Ramón Rodríguez Lago
Recibido: 04-06-2019 | Aceptado: 09-07-2020 | Publicado on-line: 21-04-2022
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License
Factor religioso e intervención norteamericana en la España de la Segunda Guerra Mundial *
José Ramón Rodríguez Lago
Universidad de Vigo jrlago@uvigo.es
Resumen: El análisis de las redes transnacionales tejidas en la esfera confesional y su influencia emergente en la diplomacia cultural norteamericana permite interpretar con mayor tino la trayectoria de la dictadura franquista durante la conflagración mundial y las difusas fronteras entre posibilismo y disidencia. La colaboración con los aliados fue observada como traición por algunos falangistas proclives a los postulados nazis, pero la jerarquía católica y el régimen autoritario coincidieron en tolerar —cuando no en alentar, más o menos discretamente— las redes establecidas entre los católicos españoles y los norteamericanos como alternativa propicia para garantizar su supervivencia institucional.
Palabras clave: religión, Segunda Guerra Mundial, Franquismo, Estados Unidos, refugiados.
Abstract: This article explores transnational networks within confessional circles and their emerging influence on North American cultural diplomacy. The analysis enables a more accurate interpretation of the development of the Franco dictatorship during this international conflict as well as of the blurred borders between possibilism and dissidence. Some Falangists inclined towards the Nazi ideology regarded collaboration with the allies as an act of treason. However, both the Catholic hierarchy and the authoritarian regime not only tolerated but also discretely encouraged the development of networks between Spanish and North American Catholics as a viable way of guaranteeing institutional survival.
Keywords: religion, World War II, Francoism, United States, refugees.
La estadounidense Karem Armstrong, galardonada con el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2017, ha dedicado buena parte de su obra al estudio de la exaltación del odio por el fundamentalismo religioso, pero ha señalado al mismo tiempo cómo las diferentes confesiones han puesto en práctica la compasión por las víctimas y la resistencia frente a la adversidad y el oprobio 1. El propio Iósif Stalin fue consciente de este valor instrumental cuando, ante el acoso de las tropas del Tercer Reich, promocionó el icono de Nuestra Señora de Kazán, tradicional protectora de la Madre Rusia, entre los soldados del Ejército Rojo y la población asediada en el frente de Leningrado. También la España del primer franquismo, nacida de una cruenta guerra incivil y condicionada por la hecatombe producida en el continente europeo durante la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en escenario propicio para desarrollar las facetas más ambivalentes de la religiosidad. El odio fundamentalista propagado por el totalitarismo pagano —de inspiración fascista o nazi— y el totalitarismo divino —emanado del tradicionalismo y pronto bautizado con orgullo patrio como «catolicismo intransigente»— compitieron por hacerse con la hegemonía en las altas magistraturas del Estado y alcanzaron acuerdos de conveniencia, siempre bajo el arbitrio del dictado jerárquico castrense 2. La compasión y la resistencia debieron actuar así en los márgenes del poder, en condiciones de clandestinidad, o protegidas a lo sumo por el discreto socorro llegado desde el exterior.
A la destrucción de las corrientes deístas y teosóficas, que el bando sublevado identificó unívocamente con la acción disolvente de las logias masónicas 3, y a la estrecha vigilancia sobre las minorías de otras confesiones religiosas 4, se sumó la marginación de las tendencias democratacristianas desarrolladas previamente en el seno del catolicismo, sospechosas de traición al espíritu nacional por sus devaneos extranjerizantes con la modernidad 5. La influencia del fascismo alimentó además un discurso antisemita que amenazó la supervivencia de la ya de por sí reducida presencia de comunidades judías en España. Sin embargo, la conversión de la dictadura en un régimen político estable necesitaba conjugar todas las claves —también las religiosas— para garantizar su permanencia en un contexto internacional incierto y construir una legitimidad anclada en algo más perenne que su victoria militar. Que entre 1939 y 1945 la dialéctica de conflictos y consensos fraguada entre el tradicionalismo católico y el clérico-fascismo ostentase su hegemonía 6 no significó que otras corrientes religiosas no resistiesen, o llegasen a ejercer cierto grado de influencia. La acción del posibilismo católico, denostado previamente como «romano» y pronto como «aliadófilo, y la presencia de confesiones minoritarias como la judía o las diversas denominaciones protestantes, arropadas por la acción diplomática de británicos y norteamericanos, no solo mostraron cierta capacidad de resistencia; también actuaron como límites al alcance de los fundamentalismos. El análisis de su trayectoria permite apreciar las zonas grises de aquella España del hambre y el miedo, interpretando con mayor acierto la complejidad de las políticas del primer franquismo.
La atención historiográfica sobre el papel desempeñado por los Estados Unidos en España durante la Segunda Guerra Mundial ha dado prioridad al análisis de las relaciones políticas y empresariales 7; pero, como señala Ian R. Tyrrell, las decisiones tomadas en ámbitos primordialmente seculares se ven también condicionadas por la dialéctica de las redes transnacionales establecidas por las diversas confesiones 8. La reciente obra de Karsten Lehmann ha confirmado la importancia del factor religioso en la práctica de las relaciones internacionales 9. Este artículo centra su atención en dos aspectos que desde el ámbito confesional ejercieron su influencia en la España del primer franquismo: el primero de ellos guarda relación con la actuación de las distintas denominaciones religiosas respecto de la llegada a España de refugiados —solo en parte judíos— que huían de la Europa ocupada por el Tercer Reich; el segundo analiza la acción de los católicos posibilistas arropados por una parte de la curia vaticana, la embajada norteamericana y las organizaciones católicas de los Estados Unidos.
El protagonismo de la acción norteamericana en la esfera religiosa se evidenció en este periodo por varias razones. El Departamento de Estado venía apostando ya por una diplomacia cultural que, iniciada en Latinoamérica, se extendería con vigor en Europa coincidiendo con el envío de tropas al viejo continente 10. Si la contribución del Carnegie Endowment for International Peace había posibilitado en 1910 la celebración de la World Missionary Conference en Edimburgo, los esfuerzos por extender el movimiento ecuménico tuvieron posteriormente su viva expresión en los encuentros organizados en Londres y Ginebra por la International Missionary Conference y la World Alliance for International Friendship through the Churches, contando siempre con el apoyo financiero norteamericano. La colaboración establecida desde 1927 en los Estados Unidos entre la National Conference of Christians and Jews y la Catholic Association for International Peace propiciaría en 1933 las campañas del Brotherhood Movement y la celebración de sus encuentros Inter-Faith, inmersos en el programa social del New Deal y con el apoyo decidido de Eleanor Roosevelt 11.
La acción desplegada en el ámbito cultural y religioso por la Administración Roosevelt se sirvió a su vez de la experiencia desarrollada previamente por el National Catholic War Council, fundado en 1917 por el episcopado estadounidense, y que ejercería una influencia emergente en la esfera internacional. La colaboración de algunos católicos en las estrategias diseñadas por el Departamento de Estado, que tanto había mostrado su eficacia en el Caribe y Centroamérica 12, se extendería por entonces al sur del continente, pero también a Europa, con acciones relevantes en Bélgica, Francia, Italia o Alemania. Desde 1920, el ya denominado National Catholic Welfare Council contó también en España con una red de contactos que intentó aproximar la acción de la Iglesia española a los postulados americanos 13; una relación que dio un salto cualitativo en noviembre de 1936, en plena guerra civil y tras la gira triunfal realizada por Eugenio Pacelli por el país de las mil religiones y la reelección de Roosevelt contando con el apoyo del electorado católico 14. El presidente y el secretario de Estado del Vaticano reforzaron así los intereses comunes frente a poderosos enemigos. Aunque ambos diferían respecto de la amenaza que podrían suponer el comunismo o el nazismo, forjarían las redes necesarias ante al ascenso de ambos totalitarismos.
En julio de 1937 se celebró en Oxford una conferencia sobre las relaciones Iglesia-Estado que serviría de plataforma para el lanzamiento del World Congress of Churches. El futuro secretario de Estado, John Foster Dulles, que ejercía como presidente del Federal Council of Churches, asumió un papel decisivo 15. El ámbito religioso parecía entonces el más apropiado para progresar en los asuntos mundiales:
«We discussed there the same critical problems that diplomats were discussing so futilely at the League of Nations. But at Oxford we approached those problems with the guidance of a common standard —the moral law as revealed by Jesus Christ—; and we dealt with each other as brothers, irrespective of national or racial differences. Under those conditions we could see how to solve problems that could not be solved in the distrustful atmosphere of national competition. Then I began to understand the profound significance of the spiritual values... From then on, I began to work closely with religious groups —Protestant, Catholic and Jewish— for I had come to believe that, of all groups they could make the greatest contribution to world order» 16.
El factor religioso se convirtió así en un componente primordial de la diplomacia cultural y el Departamento de Estado cooperaría entonces más intensamente con las redes confesionales europeas para alcanzar de manera más eficaz sus objetivos. Frente al fundamentalismo emergente —confesional o no—, el movimiento ecuménico surgido inicialmente en el ámbito de las Iglesias protestantes identificadas con el progresismo había propiciado el diálogo y el establecimiento de lazos de hermandad entre las diversas confesiones 17. Los progresos obtenidos por los católicos norteamericanos animaron a la curia vaticana a explorar tímidamente y de manera excepcional estas mismas vías en Europa, pero fue la amenaza inminente de los totalitarismos la que precipitó su puesta en práctica. Con Pacelli coronado pontífice, las redes establecidas entre el Vaticano y Washington se hicieron más vigorosas.
En agosto de 1940, mientras la Luftwaffe iniciaba los primeros bombardeos sobre Londres, Arthur Hinsley, primado católico de Westminster, constituyó en Gran Bretaña el movimiento Sword of Spirit, encaminado a establecer un marco de cooperación permanente con las denominaciones protestantes y judía. En diciembre de 1941. con la entrada de los Estados Unidos en el frente europeo, el War Department y el State Department trabajaron en un programa de intervención en el que los factores religiosos se consideraban decisivos para la victoria 18. Los postulados democratacristianos de Luigi Sturzo o Etienne Gilson, y los personalistas de Emmanuel Mounier, Jaques Maritain o Denis de Rougemont, calificados previamente como heterodoxos, recibirían entonces su particular nihil obstat en el exilio 19. La constitución de redes ecuménicas de resistencia en la Francia de Vichy serviría de bautismo de fuego para el movimiento Amitie Chretien, decisivo en la Europa de la posguerra 20.
Cabe preguntarse si el régimen franquista pudo verse al margen de todos estos procesos ¿Fue realmente así o, por el contrario, la evolución en el ámbito confesional en Europa occidental incidió de algún modo en las condiciones por las que atravesó la España de aquellos años? Que el fundamentalismo ibérico —muy especialmente, el español— fuese soportado o bendecido finalmente como forzosa excepción en el panorama de la Europa occidental no significa que no se trabajase ya entonces, desde la diplomacia, pero también desde la compasión con los vencidos y desde la resistencia nacida de la convicción, por oponerse a sus poderosos dictados. Como he señalado en otras ocasiones 21, una historiografía ensimismada con los sucesivos traumas nacionales ha fomentado una perspectiva extremadamente endogámica y un relato marcado por el paradigma hegemónico del excepcionalismo hispano y del aislamiento internacional. En cierto modo, el exitoso eslogan de la propaganda desarrollista «Spain is different» ha seguido siendo cultivado hasta la fecha por nuestra academia. También la batalla eclesial desarrollada en el periodo posterior al Concilio Vaticano II contribuyó a esa mirada ad intra con la feliz inventio del término «nacionalcatolicismo», que, surgido en el ámbito teológico y extendido luego por los cauces historiográficos mediante las valiosas obras de Alfonso Álvarez Bolado o de Alfonso Botti 22, se convirtió en lugar común de uso, pero también de abuso.
Una perspectiva más atenta al contexto internacional y a las redes transnacionales permite revelar que fueron numerosos y diversos los «nacionalcatolicismos» que ejercieron su protagonismo en la Europa y la América de entreguerras. Así, tal término, como el del «posibilismo», no designaría tanto una determinada propuesta política, eclesiológica o teológica, como una apuesta estratégica vaticana en el contexto particular de las relaciones Iglesia-Estado-Nación en ese periodo 23. El éxito que el uso de tal vocablo alcanzó en España guardó relación no solo con la extrema prolongación de la dictadura y del mito la cruzada, sino con su eficacia dialéctica para la lucha contra el tradicionalismo eclesiástico en la batalla posconciliar. El régimen franquista se autoproclamó católico, pero existió siempre una tensión permanente entre las diversas facciones del catolicismo que, como sucedía en el seno de la curia vaticana o del episcopado norteamericano, competían en España y desde el exilio por liderar el «verdadero» catolicismo.
En febrero de 1939, ocupada Barcelona por las tropas franquistas, la República francesa abrió sus fronteras para dar refugio a los miles de españoles que iniciaban un trágico exilio. Una delegación del American Friends Service Committee realizó esa misma travesía en sentido inverso para negociar un acuerdo de cooperación que garantizase el socorro alimenticio y sanitario para una población española asolada por el hambre y la enfermedad. La organización fundada en Philadelphia por los cuáqueros venía ofreciendo, desde 1917 y guiada por el carisma de Rufus Jones, asistencia a las víctimas de las guerras en el continente europeo, sin importar su credo religioso, su bando militar o su afiliación política 24. Michael Hanson y Howard E. Kershner, responsables de la organización en Europa, se encontraron en Burgos con David Blickenstaff, su principal agente en España desde 1937. Los tres mantuvieron reuniones con el diplomático Pablo Merry del Val, el delegado británico de la Cruz Roja Robert MacLeod Hodgson, el jefe de Auxilio Social Javier Martínez de Bedoya y el general Eugenio Espinosa de los Monteros. El acuerdo suscrito con el beneplácito de las autoridades militares y de la Cruz Roja posibilitaba el reparto de la ayuda humanitaria llegada desde América a la España de Franco 25.
Mientras los cuáqueros proseguían su misión en España, la Administración Roosevelt decidía reemplazar al embajador Claude G. Bowers, identificado con la causa republicana 26. Las expectativas depositadas inicialmente por los dirigentes de la ya oficialmente denominada National Catholic Welfare Conference (NCWC) para su sustitución por Hugh S. Gibson 27 se vieron trastocadas con la designación de Alexander W. Wedell 28. Pero si el primero había ejercido como embajador en el Brasil de Getulio Vargas, el segundo venía haciéndolo en la Argentina de Agustín Pedro Justo. Significativamente, ambos regímenes habían propiciado una restauración católica cimentada por las redes clérigo-castrenses 29.
Mientras el Departamento de Estado mostró su preocupación por la posible confiscación del patrimonio ligado a las Iglesias protestantes en España 30, la jerarquía católica evidenció su malestar por una deriva política condicionada no tanto por el fascismo —con el que creía conciliar un proyecto de reconstrucción nacional—, como por la influencia emergente de las doctrinas nazis. Las declaraciones públicas del cardenal Isidro Gomá, su correspondencia privada y sus gestiones confirman su alarma ante la conformación de un régimen totalitario que sometiese la Iglesia a sus antojos 31. Michael Williams —fundador y editor de Commonweal, principal revista católica neoyorquina— informó a Michael Joseph Ready —secretario general de la NCWC— sobre las intenciones del primado de Toledo para establecer una relación más intensa con el episcopado estadounidense. Gomá envió una primera carta anunciando la visita de una delegación española a los Estados Unidos, pero la respuesta de Ready sugería arrinconar tal proyecto a la espera de tiempos mejores. Una segunda misiva del primado recibió una contestación más distante 32. La NCWC volcaba entonces sus esfuerzos en las misiones desplegadas en China y trataba de evitar su identificación con la Iglesia de un caudillo, que tantas críticas le había supuesto ante la opinión pública norteamericana 33.
Significativamente, el fracaso de la iniciativa Gomá se vio contrarrestado por la acción de la diplomacia vaticana en dos de los frentes alentados para configurar esa alianza trasatlántica. En julio, delegados españoles de Pax Romana animados por Giuseppe Pizzardo —mano derecha de Pío XII— anunciaron su intención de visitar los Estados Unidos para colaborar en la organización del XVII congreso mundial de la organización. En agosto, Amleto Giovanni Cicognani, delegado apostólico en los Estados Unidos desde 1933, realizó una gira por España junto a su hermano, Gaetano Cicognani, quien desde mayo de 1938 ejercía como nuncio en Madrid. Ambos se entrevistaron con Franco y con Francisco Gómez Jordana, por entonces vicepresidente y ministro de Asuntos Exteriores. En septiembre, mientras nazis y soviéticos se repartían la católica —y también judía— Polonia, las gestiones de Pizzardo y del bávaro Rudolf Salat —secretario general de Pax Romana— garantizaron la designación de Joaquín Ruiz-Giménez como presidente mundial de la Internacional Católica. Si algo quedó claro en las declaraciones públicas realizadas por los obispos norteamericanos durante el congreso celebrado entre los campus de la Fordham University, regida por los jesuitas del Bronx en Nueva York, y la American Catholic University, ubicada en Brookland, The little Rome de Washington 34, era la intención de establecer un férreo puente católico trasatlántico 35.
Diplomáticos al servicio del Departamento de Estado avalaban entonces la tesis de las notables divergencias entre el fascismo y el régimen autoritario español, más caracterizado por el tradicionalismo católico. Hugh S. Gibson ofreció en Londres una larga entrevista para el programa radiofónico Wake Up America, emitido por la NBC, donde así lo afirmaba: «After visiting Spain, the idea of a fascist regime is simply comic. Anything less Fascist would be hard to find... If that is Fascism, it is a new and startling variety» 36. Su opinión coincidía con la manifestada por su mentor, el expresidente Herbert Hoover, quien, en sus viajes por Europa y en contacto con las redes cuáqueras, venía insistiendo en la virtualidad del régimen franquista como aliado de los intereses norteamericanos 37. Jonh Mark Gannon, obispo de Erie (Pennsylvania) y director de Catholic Press Association, presentó un proyecto para la publicación desde Washington de un boletín en español editado por la agencia Catholic News Service y que bajo el título Noticias Católicas serviría para propagar las tesis del catolicismo norteamericano en España y Latinoamérica 38. Las mieles del éxito por la conformación de aquella alianza avalada por el Vaticano y financiada con los recursos de la Iglesia estadounidense durarían bien poco.
El fulminante progreso de las tropas del Tercer Reich en la Europa continental ejerció una poderosa atracción para muchos católicos españoles. En diciembre de 1939 el embajador Weddell manifestó su preocupación por la deriva política que, de la mano de Ramón Serrano Suñer, presidente de la Junta Política de Falange, pretendía poner la Iglesia bajo el control absoluto del Estado 39. En octubre de 1940, tras la ocupación de Francia, la retirada aliada en Dunquerque y la entrada definitiva de la Italia de Mussolini en la guerra, Serrano Suñer fue designado por Franco nuevo ministro de Asuntos Exteriores. Las formas, los discursos y las acciones desplegadas por el fascismo se extendieron con vigor en el seno de la propia Iglesia. El sacerdote Manuel Graña González, corresponsal en España para la NCWC desde hacía veinte años, mostraba cada vez mayor distancia frente a sus antiguos socios 40. Los dirigentes de la NCWC manifestaban su alarma por la ruptura de los puentes construidos previamente con España, no solo en sus cada vez más limitados contactos con los corresponsales ibéricos 41, sino en sus convulsas relaciones con la embajada española en Washington 42. También Weddell expresaba su desesperación ante la pendiente inclinada que arrastraba al régimen a las fuerzas del Eje. Muy pronto, él y su esposa, Virginia Chase Steedman, deberían hacerse cargo además de un fenómeno que adquiriría dimensiones dramáticas 43.
La frontera pirenaica se convirtió en aquellos meses en vía de éxodo para miles de refugiados que huían del terror nazi. Fue paradójicamente una ciudadana norteamericana residente en España, convertida al catolicismo y destacada propagandista del franquismo y del régimen nazi 44, quien advirtió a las autoridades católicas norteamericanas sobre la conveniencia de convertir España en camino de salvación que facilitase el éxodo de miles de judíos desde Centroeuropa a Latinoamérica. En diciembre de 1939, Jane Anderson, que se hacía llamar la marquesa de Cienfuegos, telefoneó con urgencia desde Nueva York a Washington para advertir a Frank Hall, director de News Service, sobre el extremo peligro que corrían las comunidades judías de la Europa central 45. Sus demandas no se vieron arropadas por el episcopado estadounidense que desde abril se había mostrado molesto por los arrebatos propagandísticos de aquella pasional confidente 46.
Mientras los dirigentes de la NCWC desataban una polémica sobre la supuesta actuación partidista de la Cruz Roja durante la Guerra Civil y amenazaban con retirar su apoyo a las campañas desarrolladas por la organización 47, el socorro a las víctimas del terror y del hambre en España pasó a depender en exclusiva del servicio prestado por el American Friends Service Committee (AFSC). Pronto, para asistir a los refugiados que atravesaban los Pirineos, se organizó también entre la comunidad judía residente en Barcelona una célula de la American Jewish Joint Distribution Committee (JDC) coordinada por el portugués Samuel Sequerrá y los polacos Moshe Eizen y Kranz 48. En enero de 1941, la embajada norteamericana auspició un primer acuerdo para coordinar una campaña conjunta del AFSC, la JDC y el Unitarian Service Comitte fundado y dirigido por Robert Cloutman Dexter. Convenientemente financiado, el comité gestionaría desde Lisboa toda la operación logística de ayuda a los refugiados que huían de la Europa ocupada. Sin embargo, por el momento, las diversas peticiones cursadas ante la NCWC 49 encontraban obstinada resistencia para destinar recursos al socorro humanitario de los refugiados —judíos o de cualquier otra confesión— o de los propios católicos españoles:
«Strange as it may seem there is no Catholic organization to look after Catholic refugees. A Polish priest has the official representation of the catholic Committee for Refugees of the USA, but he has no funds with which to help financially... So, the Catholics cases come to the Unitarians or to us. Over 50% of the cases come to Unitarians or to us. Over 50% of the cases helped by the Unitarians are Catholics» 50.
Hasta esa fecha, la implicación de los británicos y su embajada en Madrid se hacía más presente, como pudo constatarse durante la reapertura de una de las capillas de la catedral de San Isidro destruida durante la guerra, restaurada entonces por patrocinio británico e inaugurada 51 en presencia del embajador Samuel Hoare, su agregado de prensa, Tom Burns, y el hispanista Walter Starkie, director del British Council 52. La irrupción del coloso americano en el frente europeo lo cambiaría todo.
Las dificultades del Alexander Weddell para proyectar una política eficaz respecto del régimen de Franco provocaron que la Administración Roosevelt optase por designar un nuevo embajador que permitiese mostrar un rostro más amable. Simultáneamente, el Departamento de Defensa dio los primeros pasos para introducir en España a los primeros agentes del Office of Strategic Services (OSS), dirigidos por el coronel William Donovan, un católico designado máximo responsable del espionaje y las operaciones encubiertas decisivas para la victoria 53. El 7 de marzo de 1942, Sumner Welles, mano derecha del presidente Roosevelt en política exterior, propuso al cardenal Francis J. Spellman, arzobispo de Nueva York y capellán general de los ejércitos norteamericanos desplazados en Europa, la designación del profesor de la Columbia University, Carlton J. H. Hayes, como nuevo embajador en Madrid. Cuatro días después, el cardenal otorgó su aval 54 y Sumner Welles se entrevistó con Hayes para trasmitirle la necesidad de una política de aproximación al régimen de Franco. Dos días más tarde, en la reunión mantenida en la Casa Blanca, fue el propio Roosevelt quien depositó su confianza en Hayes. Tal y como habían soñado tres años antes los dirigentes de la NCWC, el nuevo embajador podría ejercer ahora como correa de transmisión clave entre los intereses católicos y los norteamericanos.
La tarea encomendada tenía como objetivos prioritarios lograr el distanciamiento de Franco respecto al Eje y coordinar el operativo de emergencia de los miles de refugiados europeos encerrados en la ratonera española; misiones que requerían establecer un eje de comunicación permanente entre Madrid y Lisboa y fortalecer las redes de contactos establecidas por norteamericanos y británicos en los años anteriores. La acción en la esfera cultural y religiosa contribuiría a alimentar tal estrategia con un embajador que atesoraba prestigio y experiencia en ambos campos. Nacido en una familia baptista y convertido al catolicismo tras graduarse en la Columbia University, catedrático de Historia en esta universidad desde 1919 y vicepresidente de la National Conference of Christians and Jews desde 1928, Hayes adoptaría una campaña diplomática en la que las redes intelectuales y confesionales cobrarían un valor singular, mientras los agentes del OSS trataban de establecer su operativo encubierto en la España de Franco 55.
Antes de su llegada a Madrid acompañado por su familia, el nuevo embajador recibió unos informes que le advertían sobre los riesgos de la situación política en España. También los allegados por las organizaciones ocupadas en la ayuda a los refugiados como la JDC 56 y la AFSC, y los relacionados con la situación de las denominaciones protestantes 57. Su exigua presencia en España, tradicionalmente bajo el amparo del pabellón británico, pasó a depender pronto de la ascendencia norteamericana, que tomó el relevo no solo por su mayor potencial financiero y militar, sino también por contar con una red de contactos en la que algunos católicos ocupaban posiciones prominentes. Católicos que, haciendo gala de su proamericanismo, se manifestaban contrarios a todo fundamentalismo y para los que su fe resultaba compatible con el principio civil de libertad religiosa 58; católicos que llevaban años colaborando con el Departamento de Estado y con las diversas confesiones en busca de la paz. Entre los contactos que se señalaban a priori de plena confianza se encontraban los españoles Francisco de Luis y Díaz —pupilo de Ángel Herrera, formado en la Columbia University y su heredero en la dirección del diario El Debate y la Editorial Católica—, Pascual Galindo Romeo —sacerdote, catedrático, vicerrector de la Universidad de Zaragoza y prelado doméstico de Pío XII—, el abogado José Luis Los Arcos y la estadounidense Eileen Mary Egan —que desde enero de 1941 venía ejerciendo como delegada de la NCWC en España— 59. La red se extendía al seno de la embajada a través de Willard W. Beaulac, quien desde abril de 1941 ejercía como cónsul general y en los meses siguientes se convertiría en el más fiel aliado de Hayes en su travesía por España.
Hayes, quien se había manifestado contra Franco durante la Guerra Civil, debía actuar ahora como mediador para evitar que este se viese cautivado por los cantos de sirena del nacionalsocialismo. Contaba para ello con la confianza plena de Sumner Welles y del presidente Roosevelt, quienes habían apostado previamente por su designación como delegado estadounidense para la Conferencia Interamericana de consolidación de la paz celebrada en diciembre de 1936 en Buenos Aires. Ahora trabajaría inspirado por el proyecto de alianza católica transatlántica dinamitado por el imparable avance del Tercer Reich. Los regímenes ibéricos y las repúblicas de Latinoamérica debían suponer un freno al fascismo; era necesario contar con el peso de la tradición católica haciendo que Madrid y el Vaticano mirasen más a Washington y menos a Berlín. También debería procurarse protección para las minorías religiosas que pervivían en España y el contingente de refugiados que atravesaba los Pirineos en busca del pasaporte soñado a otros continentes. Significativamente, antes de presentar en Madrid sus credenciales, Hayes pasó por Lisboa para reunirse con el cardenal patriarca, Manuel González Cerejeira, y con el jefe de Gobierno del Estado Novo, Antonio Oliveira de Salazar. Ya en Madrid se reunió también con el embajador de Portugal en la capital de España. Fraguar un Eje católico entre Madrid y Lisboa supondría un primer paso para frenar el avance del nazismo 60, pero esa estrategia implicaba contar por ahora con el aval de los británicos, que disponían de mayores recursos y experiencia 61.
La sustitución de Serrano Suñer por Jordana, quien había promocionado la aproximación entre los católicos de ambas orillas del océano en su anterior etapa en el Ministerio, supuso una primera señal positiva para avalar la estrategia Hayes. En noviembre, tras la ocupación del norte de África por las tropas comandadas por el general Patton y las entrevistas cursadas por Myron Taylor —figura clave de la relación entre el Vaticano y Washington— 62, con Jordana y con el propio Franco, la protección de las Iglesias protestantes y la gestión del contingente de refugiados pasaron a estar definitivamente bajo los auspicios del operativo norteamericano 63. Desde esa fecha el protagonismo estadounidense en la acción militar y diplomática generó diversas fricciones con el embajador británico 64. El 21 de diciembre los Gobiernos de Franco y Salazar emitieron finalmente un comunicado que parecía dar carta de naturaleza al oficioso Eje Ibérico.
En enero de 1943, la derrota del ejército alemán en Stalingrado auguró la previsible victoria de las Naciones Unidas, pero alimentó al tiempo el miedo frente a un nuevo y poderoso enemigo. Stanton Griffis, delegado de Paramount Pictures, agente encubierto del OSS y futuro embajador en la España de Franco, incidió ya en el carácter anticomunista del régimen franquista y su importancia estratégica en la Europa de la posguerra 65. El cardenal Spellman visitó Madrid y Barcelona durante su periplo entre Roma y Washington y dejó constancia de la buena disposición de algunos de sus dirigentes para entenderse con los norteamericanos 66. Mientras tanto, heredando la gestión iniciada por Virginia Chase Steedman, Evelyn Carroll, esposa de Hayes, dirigió el socorro a los refugiados junto a Eileen Mary Egan y David Blickenstaff en Madrid y Robert Dexter en Lisboa, agentes de la United Nations Relief and Rehabilitation Administration y mediadores entre la embajada y las organizaciones confesionales que prestaban su apoyo a la causa. El número de los que atravesaban la frontera hispanofrancesa para incorporarse en los ejércitos aliados superaba ya ampliamente al contingente de refugiados judíos:
«There has been a new and mounting wave of refugee immigration from across the Pyrenees. The bulk of it consists of French men of military age anxious to get to the North Africa to engage anew in the war. These, by now, number at least 15,000, and... 150 or 200 are now managing to get across the mountains every day» 67.
El clero católico extranjero que ejercía misiones en las delegaciones diplomáticas apostadas en Madrid colaboró también en estas operaciones. El sacerdote André Boyer-Mas, agregado cultural de la embajada francesa y delegado de la Cruz Roja desde febrero de 1939 tras haber salvado a religiosos españoles durante la Guerra Civil, coordinó el socorro de los refugiados franceses a través de una oficina financiada por la embajada norteamericana y las 25.000 pesetas donadas por Pío XII 68. El benedictino Simon Marcos Leclef, delegado de la Cruz Roja belga presidida por George Marquet —propietario de los hoteles Ritz y Palace en Madrid—, también contribuyó decisivamente en estas tareas.
Sujetos por los principios del catolicismo intransigente y temerosos de la reacción de nazis y falangistas, la colaboración de los católicos españoles resultó más restringida. Desde septiembre de 1942 un centenar de jóvenes de algunas de las familias de la aristocracia española asistían semanalmente a la embajada norteamericana para colaborar en las tareas de ayuda a los refugiados junto a las esposas del cuerpo diplomático latinoamericano. La esposa del embajador alcanzó además un acuerdo con seis conventos de monjas para elaborar prendas destinadas a los refugiados. Se formó así un primer comité informal en el que, junto a Madame Pettit, esposa del consejero comercial de Francia, y las esposas de los embajadores de Chile y de Venezuela, participaban los españoles Julio Cavestany de Anduaga —marqués de Moret, y pariente del jesuita Juan Antonio Cavestany, director del Apostolado de la Oración—, la marquesa de Villa Alcázar y la duquesa de Lécera. Todo se hizo con conocimiento expreso del nuncio Cicognani y del obispo Eijo Garay, quienes insistían en la necesaria discreción por la que debía velarse.
Los progresos alcanzados en esta cooperación trasatlántica alentaron la hipótesis de una alianza que no solo sirviese a los intereses norteamericanos durante la guerra, sino a la necesaria transformación del régimen franquista en un Estado más cercano al posibilismo democratacristiano:
«If the monarchists, churchmen, army officers, and such persons as Jordana and Gil Robles can pull together, they may succeed, with or (more probably) without Franco’s consent, in curbing and eventually abolishing the Falange, its censorship and its police, and by effecting and evolution toward liberal monarchy with pronounces pro-Allied leanings... Meanwhile, Jordana is cooperating splendidly with us. He is permitting the unofficial representatives of the French North African regime to function in Madrid almost as if they were accredited diplomats; and he has finally gotten the backing of the Caudillo for the release and evacuation of refugees» 69.
El mismo día que Hayes redactaba este informe para el principal agente norteamericano ante el Vaticano, Joaquín Ruiz-Giménez recibía una carta laudatoria del cardenal Pizzardo por su mediación como presidente mundial de Pax Romana 70. Las gestiones de Evelyn Carroll lograron al fin que la NCWC pusiese en marcha una campaña de suscripción en favor de los refugiados 71. Tras el desembarco de los ejércitos aliados en Sicilia, Hayes mantuvo una larga entrevista con Franco y confirmó su esperanza en la evolución del régimen español hacia posiciones más conciliadoras con los intereses norteamericanos 72. Willard Beaulac trasmitió al departamento de Estado la necesidad de mimar la relación con España al igual que se venía haciendo con las repúblicas latinoamericanas:
«In my opinion, we have an opportunity to build up a relationship with Spain and an influence in Spain which, if properly exploited, will be of real benefit to us and to the world peace and stability in the future. This has nothing to do with the present political system in Spain... I believe that as a long-term policy we should endeavor, and I believe we can do a successfully, to draw Spain into our friendly orbit just us we have drawn the Latin American countries... Perhaps one of the Assistant Chiefs might be designed to establish liaison with the European division in Spanish matters... The good job we are accustomed to doing in Latin America could be done also in Spain» 73.
Hayes trasmitió la misma sugerencia a George Kennan, quien por entonces se ocupaba de la embajada en Lisboa, antes de partir a Moscú. En su opinión, la política exterior respecto a España debía americanizarse, distanciándose de los tradicionales intereses franceses y británicos 74.
Las victorias en el ámbito castrense coincidían con los progresos en la guerra cultural. En febrero de 1944, el cardenal Spellman publicó un claro alegato contra la intolerancia religiosa 75; en marzo, Everett R. Clinchy, presidente de la National Conference of Christians and Jews, comunicó a Hayes su júbilo por la cohabitación entre las diversas confesiones en el seno de la resistencia francesa 76. Las donaciones de los católicos estadounidenses servían, ahora sí, para distribuir la ayuda humanitaria entre la población española: «Monsignor O’Boyle has also made arrangements to send a sizeable number of stipends regularly to the Nuncio for distribution among the Spanish priests who serve the cliff dwellers on the outskirts of the city - priests in whom Mrs. Hayes was particularly interested» 77.
La liberación de Roma por los norteamericanos parecía pronosticar que el futuro del catolicismo europeo dependería del progreso de la democracia-cristiana. Evelyn Carroll celebraba entonces de manera efusiva los frutos obtenidos en España por obra y gracia de la NCWC: «I want to say again what a tremendous amount of good was accomplished. I have never known a sum of money to give more relief and courage to so large a group of people» 78. Mientras tanto, antiguos líderes del posibilismo democratacristiano permanecían todavía en el exilio: José María Gil-Robles en Lisboa, Alfredo Mendizabal en Nueva York, Ramón Sugranyes en Friburgo y Ángel Osorio en Buenos Aires 79. Solo la caída del fascismo y la urgencia de una nueva legitimidad internacional podrían devolverlos al centro de la escena pública.
El desembarco aliado en las playas del norte de Francia provocó el paulatino traslado del operativo logístico desplegado por los aliados en suelo español. Los cambios se apreciaron en las delegaciones diplomáticas, las militares y los servicios de inteligencia, pero también en las operaciones de socorro humanitario: «We have notified all the private agencies with European headquarters her of the decision arrived at by Washington and they have all agreed to discontinue rescue work from France through Spain and Portugal, and to so notify their representatives, if any, in Spain» 80. De este modo, España dejó de ser considerada un enclave estratégico para la victoria. Beaulac abandonó Madrid unos días antes del desembarco aliado en Normandía después de que se le designase embajador en Paraguay, destino inicial de su extenso cursus honorum en Latinoamérica 81. Hayes permanecería todavía unos meses más en España. Mientras la prensa norteamericana denunciaba su tibieza frente al fascismo, él y sus más íntimos colaboradores mostraban su satisfacción y recibían la bendición del presidente Roosevelt 82.
En la víspera de la navidad de 1944, Pío XII bendijo al fin públicamente las bondades de la democracia-cristiana 83. Hayes elaboró un último informe para el presidente Roosevelt en el que aconsejaba al Departamento de Estado abordar orgánicamente y de manera diferenciada la realidad histórica forjada entre España, Portugal y las diversas repúblicas de Latinoamérica, identificadas con el peso de la identidad católica:
«They have a huge cultural empire... They have given to nineteen of the twenty-one American Republics her language, her religion, her art, her men and mentality, her virtues, and vices... It seems regrettable that, in the organization of our State Department, our relations with Spain and Portugal are treated as part and parcel of strictly European relations rather than of relations with Latin America, which they quite obviously are» 84.
En marzo, la llegada a Madrid del nuevo emisario estadounidense pareció avalar las propuestas de Hayes. Tras ejercer como embajador en Chile y Argentina, Norman Armour había sido designado por Roosevelt unos meses antes jefe del Departamento de Asuntos Latinoamericanos. Ahora se ocuparía, al menos durante unos meses, del atolladero español. El cardenal Pizzardo reivindicó ante los norteamericanos la acción mediadora desarrollada durante la guerra por los delegados españoles de Pax Romana, pendientes de la prometida celebración del próximo congreso mundial en Madrid. Mientras Ruiz-Giménez ultimaba la organización del próximo congreso europeo de esta organización en Londres 85, el presidente de la Junta Central de Acción Católica, Alberto Martín Artajo, fue designado por Franco nuevo ministro de Asuntos Exteriores. El obispo auxiliar de Madrid, Casimiro Morcillo; el nuevo obispo de León, Luis Almarcha Hernández, y algunos dirigentes de Acción Católica pretendieron reeditar el proyecto de conciliación esbozado seis años antes por Gomá para armonizar el catolicismo español con el norteamericano 86. Ruiz-Giménez y el obispo auxiliar de la archidiócesis de Valencia, Juan Hervás Benet, realizaron una intensa gira por Philadelphia, Washington, Nueva York, Montreal y Quebec 87. La derrota del fascismo y la construcción del mundo diseñado por las Naciones Unidas exigían una adecuación perentoria para la supervivencia del régimen, pero no bastaba con retractarse; sería necesario establecer un nuevo parámetro ideológico que legitimase el Estado del 18 de julio en el interior y muy especialmente en el exterior. Las tesis expuestas previamente por Gibson, Hayes, Beaulac, Griffis o el cardenal Spellmann serían utilizadas entonces para lograr la exculpación: el modelo español podía ser autoritario, pero no había sido fascista. Su existencia venía dada por la esencia de la tradición católica.
Los servicios de inteligencia británicos y norteamericanos sabían que aquel relato era en buena medida falaz, teniendo en cuenta la cadena de intensas relaciones establecidas con los regímenes de Hitler y Mussolini. Resultaba además endeble en el contexto de una victoria aliada incondicional y parecía poco probable que pudiese ser asumido por la Administración Truman. En diciembre de 1946, las Naciones Unidas condenaron al régimen franquista como aliado de los fascismos y lo excluyeron de las instancias internacionales. Una vez más, los católicos del Vaticano y los Estados Unidos tratarían de acudir al rescate, pero salvar al cruzado Franco significaría trabajar para conciliar el régimen con las reformas imprescindibles en el ámbito social, económico, político y religioso, y todo eso requeriría contar con tiempo y recursos. Mientras tanto, las corrientes ecuménicas y democratacristianas que con tanto éxito se extenderían por la Europa occidental 88 se verían condenadas al ostracismo en la España de Franco 89.
El análisis de las redes transnacionales confesionales y su influencia emergente en la diplomacia cultural norteamericana permiten interpretar con mayor tino la trayectoria de la dictadura franquista durante la conflagración mundial y las difusas fronteras entre posibilismo y disidencia. La colaboración con los aliados fue observada como traición por los falangistas proclives a los postulados nazis, pero la jerarquía católica y el régimen autoritario coincidieron en tolerar —cuando no en alentar, más o menos discretamente— las redes establecidas entre los católicos españoles y los norteamericanos como una vía alternativa para garantizar su supervivencia institucional. El cardenal Gomá y el general Jordana habían apostado por esa clave en el verano de 1939; desaparecido el primero, el segundo asumiría el protagonismo en el otoño de 1942, arropado por la diplomacia del Vaticano y de los Estados Unidos.
Por designio de Roosevelt, el embajador Hayes y el cónsul Beaulac tuvieron como principal misión distanciar a Franco de las autoridades nazis y consolidar un Eje Ibérico que sirviese para frenar las pretensiones totalitarias y evitar su expansión en Latinoamérica. Se valieron para ello de un acreditado conocimiento de las redes confesionales —católicas o no— para extender una diplomacia cultural por vías informales. Esta cooperación propició dos procesos destacados y simultáneos: posibilitó por primera vez en España un marco de aproximación entre las diversas confesiones, en su causa común frente al totalitarismo, y alimentó al tiempo las expectativas del posibilismo católico —en España o en el exilio— ante la previsible victoria aliada.
Las redes confesionales ejercieron de eficaz herramienta para el socorro de los diversos contingentes de refugiados llegados de la Europa ocupada a la España de Franco: judíos, desertores del ejército de la Francia de Vichy o combatientes de los ejércitos aliados aislados en territorio enemigo. Tras la ocupación del norte de África por las tropas aliadas, el protagonismo de las redes de inteligencia y diplomacia británicas en las labores de coordinación y financiación de estas operaciones fue reemplazado por el de los norteamericanos. Los delegados del American Friends que venían actuando en España desde la Guerra Civil, los agentes de las comunidades protestantes y judías y los católicos —significativamente más tarde— cooperaron en el éxodo de miles de personas desde la frontera pirenaica hasta las costas de África o América. Las labores desarrolladas por algunas mujeres, como las esposas del cuerpo diplomático, jóvenes de la aristocracia o diversas comunidades religiosas, resultaron también decisivas en esta operación de rescate.
Mientras las tropas alemanas retrocedían en el Mediterráneo y en el frente oriental, los norteamericanos debatieron sobre el papel que les correspondería desempeñar a los católicos españoles —con o sin Franco— en la Europa de la posguerra. La cooperación entre el Departamento de Estado y las redes eclesiásticas y militares, que tantos frutos había cosechado en Latinoamérica, resultaría por entonces decisiva en el escenario ibérico. Las tesis que Hoover, Gibson, Hayes, Beaulac, Griffis o el cardenal Spellman habían defendido durante aquellos años tendrían su eco posterior en el contexto de la Guerra Fría. En todo caso, en el fragor de la guerra o ante la amenaza de una nueva hecatombe, los dictados de la conciencia y del espíritu se verían siempre sujetos al complejo juego de poderosos intereses materiales y los flujos decisivos del ámbito castrense. Podría afirmarse que, como sucedería con la democracia en España, también el cielo debería esperar.
* Este artículo se inscribe en las líneas de investigación del proyecto «Europeísmo y redes trasatlánticas en los siglos xx y xxi» (PGC2018-095884-B-C21) financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades del Gobierno de España.
1 Karen Armstrong: The Battle for God. Fundamentalism in Judaism, Christianity and Islam, Nueva York, Knopf-Harper Collins, 2000, e íd.: Fields of Blood: Religion and the History of violence, Nueva York, Penguin Random House, 2014.
2 Alfonso Botti: «Iglesia y totalitarismo. El caso español (1936-1939)», Historia y Política, 28 (2012), pp. 31-55, e Ismael Saz: «Franco, ¿Caudillo fascista? Sobre las sucesivas y contradictorias concepciones falangistas del caudillaje franquista», Historia y Política, 27 (2012), pp. 27-50.
3 Joseba Louzao Villar: «Los idealistas de la fraternidad universal. Una introducción a la historia del movimiento teosófico español (c.1898-1939)», Historia Contemporánea, 37 (2008), pp. 501-530, y José Ramón Rodríguez Lago: «Matías Usero Torrente (1875-1936). De la misión católica a la misión teosófica», en Feliciano Montero, Antonio César Moreno, Marisa Tezanos Gandarillas (coords.): Otra Iglesia: clero disidente durante la II República y la guerra civil, Gijón, Trea, 2013, pp. 131-162.
4 Joseba Louzao Villar: «Las minorías protestantes en España durante la II Guerra Mundial: una historia de supervivencias», en Antonio Manuel Moral Roncal y Francisco Javier González Martín (eds.): España y la II Guerra Mundial. Otras visiones del conflicto, Alcalá de Henares, Universidad de Alcalá, 2014, pp. 97-111.
5 Alfonso Botti: Luigi Sturzo e gli amici spagnoli. Carteggi (1924-1951), Soveria Manelli, Rubbettino Editore, 2012, e íd.: Luigi Sturzo e la guerra civile spagnola, Brescia, Morcelliana, 2019.
6 Zira Box: España, año cero: la construcción simbólica del franquismo, Madrid, Alianza Editorial, 2010, y Giuliana Di Febo: Ritos de guerra y de victoria en la España franquista, Bilbao, Desclée de Brouwer, 2002.
7 Joan María Thomas: Roosevelt y Franco. De la Guerra Civil española a Pearl Harbor, Barcelona, Edhasa, 2007; Misael Arturo López Zapico: Las relaciones entre Estados Unidos y España durante la guerra civil y el primer franquismo (1936-1945), Gijón, Trea, 2008; Pablo León Aguinaga: Sospechosos habituales: el cine norteamericano, Estados Unidos y la España franquista, 1939-1960, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 2010, y Alejandro Pizarroso Quintero: Diplomáticos, propagandistas y espías: Estados Unidos y España en la Segunda Guerra Mundial: información y propaganda, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), 2009.
8 Ian Robert Tyrrell: Reforming the World: The Creation of America’s Moral Empire, New Jersey, Princeton University Press, 2010.
9 Karsten Lehmann: Religious NGOs in International Relations: The Construction of The Religious and «the secular», Londres, Routledge, 2016.
10 Ruth McMurry y Muna Lee: The Cultural Approach. Another way in International Relations, Chapel Hill, University of North Carolina Press, 1947; José Manuel Espinosa: Inter-American Beginnings of US Cultural Diplomacy, 1936-1948, Washington, Department of State, 1976, y Frank A. Ninkovich: The Diplomacy of Ideas: U.S. Foreign Policy and Cultural Relations, 1938-1950, Cambridge, Cambridge University Press, 1981.
11 Lucian N. Leustean: The Ecumenical Movement & the Making of the European Community, Oxford, Oxford University Press, 2014.
12 Anne M. Martínez: «Trans-imperial Faith: Spiritual Links between the Spanish and American Empires in Early Twentieth Century», en Juan Carlos Mercado (ed.): Historical Links between Spain and North America, Alcalá de Henares, Instituto Franklin, 2016, pp. 63-73, y Julia G. Young: Mexican Exodus: Emigrants, Refugees, and Exiles of the Cristero War, Oxford, Oxford University Press, 2015.
13 José Ramón Rodríguez Lago: «Las redes católicas entre España y los Estados Unidos de América (1919-1939)», en Juan Carlos Mercado (ed.): Historical Links between Spain and North America, Alcalá de Henares, Instituto Franklin, 2016, pp. 75-83.
14 Giulia D’Alessio: «Stati Uniti, Chiesa e questione sociale», en Emma Fattorini (ed.): Diplomazia senza eserciti. Le relazioni internazionali della Chiesa di Pio XI, Roma, Carocci editore, 2013, pp. 55-99.
15 Anthony Clark Arendt: Pursuing a Just and Durable Peace. John Foster Dulles and International Organization, Nueva York, Greenwodd, 1988; Albert N. Keim: John Foster Dulles and the Federal Council of Churches, 1937-1949, Ohio, The Ohio State University, 1971, y Jonathan P. Herzog: The Spiritual-Industrial Complex: America’s Religious Battle against Communism in the Early Cold War, Oxford, Oxford University Press, 2011.
16 Henry P. Van Dusen: The Spiritual Legacy of John Foster Dulles, Philadelphia, Westminster Press, 1960, pp. 6-7.
17 Erich Voegelin: Die politischen Religionen, Viena, Bermann-Fischer Verlag, 1938; Heather A. Warren: Theologians of a New World Order. Reinhold Niebuhr and the Christian Realists (1920-1948), Nueva York, Oxford University Press, 1997, y Emilio Gentile: Le religioni della politica. Fra democrazie e totalitarismi, Roma-Bari, Laterza, 2001.
18 The Program of the Department of State in Cultural Relations, 1941-1942, Washington, United States Government Printing Office, 1942.
19 Daniele Menozzi: Chiesa e diritti umani, Bolonia, Il Mulino, 2012, pp. 145-188.
20 William D. Halls: Politics, Society and Christianity in Vichy France, Oxford, Berg Publishers, 1995.
21 José Ramón Rodríguez Lago: «Deconstruyendo mitos. El factor religioso en la Guerra Civil», en Ángel Viñas y Juan Andrés Blanco (eds.): La Guerra Civil española, una visión bibliográfica, Madrid, Marcial Pons, 2017.
22 Alfonso Álvarez Bolado: El experimento del nacionalcatolicismo (1939-1975), Madrid, Cuadernos para el Diálogo, 1976; íd.: Teología política desde España. Del nacionalcatolicismo y otros ensayos, Bilbao, Desclée de Brouwer, 1999, y Alfonso Botti: Cielo y dinero: el nacionalcatolicismo en España (1881-1975), Madrid, Alianza Editorial-Anaya, 1992 y 2008.
23 John Pollard: The Papacy in the Age of Totalitarianism, 1914-1958, Oxford, Oxford University Press, 2014.
24 Farah Mendlesohn: Practicing Peace: American and British Quaker relief in the Spanish Civil War, Nueva York, University of New York, 1997, y Howard E. Kershner: Quaker service in Modern War. Spain and France, Nueva York, Prentice Hall, 1950.
25 Report on trip to Nationalist Spain, 21 de febrero de 1939, Philadelphia, American Friends Service Committee (Recuperado de internet: https://www.afsc.org/sites/default/files/documents/1939%20Report%20on%20Trip%20to%20Nationalist%20spain.pdf).
26 José Ramón Rodríguez Lago: «La mirada americana. Estados Unidos y el factor católico en la España de la II República», Diacronie. Studi di Storia Contemporanea, 41, (2020), https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/7492160.pdf, y Claude G. Bowers: My Mission to Spain: Watching the Rehearsal for World War II, Nueva York, Simon and Schuster, 1954.
27 De Mons. Ready a John F. Noll, obispo de Fort Wayne, Indiana, 16 de marzo de 1939, American Catholic History Research Center de la Catholic University of America (ACHRCUA), National Catholic Welfare Conference (NCWC), International Affairs (IA), box 10.51, folder 5.
28 Charles R. Halstead: «Diligent diplomat: Alexander W. Weddell as American ambassador to Spain 1939-1942», Virginia Magazine of History and Biography, 82(1) (1974), pp. 3-38.
29 Marco A. Baldin: «Militarismo y catolicismo en la era Vargas», Diálogos, 16 (2012), pp. 1177-1201, y José Ramón Rodríguez Lago: «La clave Cortesi. La política vaticana en la República Argentina (1926-1936)», Historia Contemporánea, 55 (2017), pp. 517-546.
30 Del secretario de Estado Cordell Hull al senador McNary, 6 de julio de 1939, National Archives at College Park (NAII), General Records of the Department of State, Record Group 59, File 852.404, The Church in Spain, 1929-1939, box 6455.
31 Miguel Ángel Dionisio Vivas: «La prohibición de la carta pastoral “Lecciones de la guerra y deberes de la paz” y los conflictos entre la Iglesia y el Gobierno español en el otoño de 1939», Toletana, 20 (2009), pp. 81-108, e íd: Por Dios y por la Patria. El cardenal Gomá y la construcción de la España Nacional, Toledo, Instituto Teológico San Ildefonso, 2015.
32 De Michael Williams a Michael J. Ready, 4 de junio de 1939; Isidro Gomá a M. J. Ready, 9 de junio de 1939, y Ready a Gomá, 15 de julio de 1939, ACHRCUA, NCWC, IA, Spain, box 10.50, folder 5.
33 Marta Rey García: Stars for Spain. La guerra civil española en los Estados Unidos, Sada, Ediciós do Castro, 1997.
34 Javier Muñoz Soro: «Joaquín Ruiz-Giménez o el católico total. Apuntes para una biografía política e intelectual hasta 1963», Pasado y memoria: Revista de historia contemporánea, 5 (2006), pp. 259-288.
35 José Ramón Rodríguez Lago: «Las redes católicas entre España y los Estados Unidos de América (1939-1957)», en Julio Cañero (ed.): North America and Spain: transversal perspectives, Nueva York, Escribana Books, 2017, pp. 228-241.
36 «Talk by Hugh Gibson», NBC Blue Network from London, 10 de septiembre de 1939, ACHRCUA, NCWC, IA, Spain, box 10.51, folder 5.
37 De Walter Jennings a Mons. Ready, 7 de junio de 1938, ACHRCUA, NCWC, IA, Spain, box 10.51, folder 2.
38 José Ramón Rodríguez Lago: «En español y desde Washington D.C. para Latinoamérica y España. El origen de la Agencia Noticias Católicas (1941-1946)», en Carlos Aguasaco (ed.): Vínculos históricos entre Norteamérica y España, Alcalá de Henares, Instituto Franklin, 2018, pp. 121-130.
39 Informe del embajador Alexander Weddell, «Relations of Church and State in Spain under the Franco Government», 1 de diciembre de 1939, NAII, General Records of the Department of State, Record Group 59, File 852.404, The Church in Spain, 1929-1939, box 6455.
40 José Ramón Rodríguez Lago: «American Connection. Manuel Graña y su relación con el Catholic News Service (1919-1944)», en Julio Prada Rodríguez y Domingo Rodríguez Teijeiro (eds.), Indivisa manent: estudos en homenaxe a Jesús de Juana, Vigo, Galaxia, 2019, pp. 303-336.
41 De Frank A. Hall a Mons. Ready, 1 de julio de 1940, ACHRCUA, NCWC, News Service, box 10.32, Folder Manuel Graña, y De Frank A. Hall a Manuel Graña, 11 de noviembre de 1941, ACHRCUA, NCWC, IA, Spain, box 10.51, folder 6.
42 De Frank A. Hall a Mons. Ready, 18 de diciembre de 1941, ACHRCUA, NCWC, IA, Spain, box 102, folder 24.
43 Josep Calvet: Las montañas de la libertad. El paso de refugiados por los Pirineos durante la Segunda Guerra Mundial, 1939-1944, Madrid, Alianza Editorial, 2010.
44 John C. Edwards: Berlin calling. American Broadcasters in Service of the Third Reich, Washington, Library of Congress, 1991.
45 De Frank A. Hall a Mons. Ready, 29 de diciembre de 1939, y Howard Carroll a Ready, 2 de enero de 1940, ACHRCUA, NCWC, IA, Spain, box 10.51, folder 6.
46 De Mons. Ready a Amleto Giovanni Cicognani, delegado apostólico en los Estados Unidos, 6 de abril de 1939, y Frank A. Hall a Mons. Ready, 5 de julio de 1939, ACHRCUA, NCWC, IA, Spain, box 51, folder 5.
47 De Mons. Ready a John Mezera, delegado de la American Red Cross, 5 de diciembre de 1939, ACHRCUA, NCWC, IA, Spain, box 10.50, folder 13.
48 Richard Breitman y Alan M. Kraut: American Refugee Policy and European Jewry, 1933-1945, Bloomington, Indiana University, 1988.
49 De John F. Rich, secretario asociado des American Friends Service Commitee a Mons. Ready y a Howard Carroll, 24 de julio y 7 de agosto de 1941, ACHRCUA, NCWC, IA, Spain, box 10.50, folder 13, y De Mons. Ready a Leticia Preston Laiser, 11 de agosto de 1941, ACHRCUA, NCWC, General Secretary, box 10.135, folder 5.
50 Portugal Refugge Work, Philip A. Conard a American Friends, 16 de noviembre de 1941 (Recuperado de internet: https://www.afsc.org/sites/default/files/documents/1941%20Philip%20Conard%20-%20Portugal%20-%20Refugee%20Work_0.pdf).
51 Restauración de la catedral de San Isidro por financiación de los católicos ingleses, Noticias Católicas, 25, 7 de junio de 1941.
52 Peter Day: Franco’s Friends, Londres, Bite Back Publishing, 2012, pp. 208-210; Jimmy Burns: Papá espía: Amor y traición en la España de los años cuarenta, Barcelona, Debate, 2010, y Samuel Hoare: Ambassador on Special Mission, Londres, Collins, 1946.
53 Michael Graziano: «American Catholicism and US Intelligence in the Early Cold War», en Paul, Mojzes: North American Churches and the Cold War, Grand Rapids (Michigan), Eerdmans, 2018, pp. 245-258; Steven Rosswurm: The FBI and the Catholic Church, 1935-1962, Amherst, University of Massachusetts Press, 2009; Richard Harris Smith: OSS. The Secret History of America’s first Central Intelligence Agency, Connecticut, The Lyon Press, 2005; Nelson MacPherson: American Intelligence in War-time London: The Story of the OSS, Londres, Routledge, 2004, y George C. Chalou: The Secrets War. The Office of Strategic Services in World War II, Washington, NARA, 2002.
54 De Sumner Welles al cardenal Spellman, 7 de marzo de 1942, y Francis J. Spellman a Sumner Welles, 11 de marzo de 1942, Archives of Archdiocese of New York (ARCHNY), Cardinal Spellman, Correspondence, S/C52, folder 14 & S/C.66, folder 7.
55 Emilio Grandío Seoane y José Ramón Rodríguez Lago: «1943: Franco vs. Naciones Unidas. La guerra silenciosa de los servicios de inteligencia norteamericanos y británicos en España», Diacronie. Studi di Storia Contemporanea, 28 (2016), https://doi.org/10.4000/diacronie.4780.
56 Informe de American Jewish Joint Distribution Committee, 22 de abril de 1942; Clarence E. Pickett, secretario ejecutivo del American Friends Service Committe, al embajador Hayes y a su esposa Evelyn Carroll, 25 y 28 de abril de 1942, Columbia University Archives, Rare Book & Manuscript Library, Carlton J. H. Hayes Papers, 1920-1962 (CUA), Serie I, Spanish Papers, box 6, folder Refugee Organizations.
57 De Eric M. North, delegado de la American Bible Society, al secretario de Estado Cordell Hull, 2 de mayo de 1942, CUA, Spanish Papers, box 5.
58 Jay P. Dolan: In search of an American Catholicism: A history of Religion and Culture in Tension, Nueva York, Oxford University Press, 2002; Jay P. Corrin: Catholic intellectuals and the challenge of Democracy, Indiana, University of Notre Dame, 2002, y James Chappel: Catholic Modern. The Challenge of Totalitarianism and the Remaking of the Church, Cambridge, Mass., Harvard University Press, 2018.
59 Informe del Departamento de Estado a Hayes sobre los posibles contactos de confianza en España (10 de abril de 1942), CUA, Spanish Papers, box 5.
60 De Hayes a Sumner Welles, 18 de mayo de 1942, CUA, Spanish Papers, box 5.
61 De Hayes al coronel William Donovan, 1 de junio de 1942, CUA, Spanish Papers, box 1.
62 De Hayes a Myron Taylor, 13 de noviembre de 1942, CUA, Spanish Papers, box 5.
63 George J. Haering: Memorandum on the Attitude of the Spanish Government toward Protestant Churches and activities in Spain, octubre de 1942, CUA, Spanish Papers, box 5.
64 De Hayes y Beaulac, Memorandum: British Attitude in Spain, 26 de diciembre de 1942, y Hayes al embajador británico Samuel Hoare, 16 de abril de 1943, CUA, Spanish Papers, box 1.
65 Informe de Stanton Griffis a William Donovan, 9 de febrero de 1943, Lying in State, Nueva York, Doubleday & Company, INC, 1952, pp. 271-279.
66 De Francis J. Spellmann: An account of his sight-seeing in Madrid and Barcelona, 18 de febrero de 1943, y De Spellmann a Roosevelt, 7 de marzo de 1943, ARCHNY, Cardinal Spellman, Correspondence, S/C.84, folders 21 y 26, y De Spellmann a Hayes, 16 de febrero de 1943, CUA, Spanish Papers, box 3.
67 Nuevo informe del JDC sobre la situación de los refugiados en España, 9 de marzo de 1943, Hayes a Roosevelt, 3 de mayo de 1943; David Blickenstaff a Hayes, 23 de junio de 1943, y Robert Dexter a Hayes, 11 de septiembre de 1943, CUA, Spanish Papers, box 6, folder Refugee Organizations.
68 De Boyer Mas a Mons. Ready, 20 de noviembre de 1943, ACHRCUA, NCWC, IA, Spain, box 10.50, folder 14.
69 De Hayes a Myron Taylor, 29 de abril de 1943, CUA, Spanish Papers, box 5.
70 Del cardenal G. Pizzardo a Joaquín Ruiz-Giménez, 29 de abril de 1943, ACHRCUA, NCWC, Organizations, Pax Romana, box 10.77, folder 10.
71 De Evelyn Carroll Hayes a Michael J. Ready, 3 de mayo de 1943, ACHRCUA, NCWC, IA, Spain, box 10.50, folder 14.
72 De Hayes a Roosevelt, 29 de julio de 1943, CUA, Spanish Papers, box 3.
73 De Willard L. Beaulac a Harrison Freeman Mathews, jefe de la Sección Europea del Departamento de Estado, 20 de agosto de 1943, CUA, Spanish Papers, box 2.
74 De Hayes a George Kennan, 25 de octubre de 1943, CUA, Spanish Papers, box 5.
75 Francis J. Spellmann: «Bigotry is Un-American», The American Magazine, febrero de 1944.
76 De Everett Ross Clinchy a Hayes, 29 de marzo de 1944, CUA, Spanish Papers, box 5.
77 De Howard J. Carroll a Mons. Ready, Memorandum about the War Relief Services program in Spain, 30 de marzo de 1944, ACHRCUA, NCWC, IA, Spain, box 10.50, folder 14.
78 De Evelyn Carroll Hayes a Mons. Ready, 2 de agosto de 1944, ACHRCUA, NCWC, IA, Spain, box 10.50, folder 14.
79 Ángel Ossorio Gallardo: Los fundamentos de la Democracia cristiana, Buenos Aires, Americalee, 1944.
80 De Robert C. Dexter, delegado del Unitarian Service Committee, a W. Walton Butterworth, consejero de la embajada de los Estados Unidos en Madrid, 29 de agosto de 1944, CUA, Spanish Papers, box 6, folder Refugee Organizations.
81 Embajador en Paraguay (1944-1947), Colombia (1947-1951), Cuba (1951-1953), Chile (1953-1956) y Argentina (1956-1960). Willard L. Beaulac: Franco: Silent Ally in World War II, Illinois, Southern Illinois University Press, 1986.
82 Carlton J. H. Hayes: Wartime Mission in Spain, 1942-1945, Nueva York, Macmillan, 1945; íd.: The United States and Spain. An Interpretation, Nueva York, Sheed & Ward, 1951, y Andrew N. Buchanan: «Washington’s “silent ally” in World War II? United States policy towards Spain, 1939-1945», Journal of Transatlantic Studies, 7(2) (2009), pp. 93-117.
83 Pío XII: Benigtitas et Humanitas, mensaje radiofónico, 24 de diciembre de 1944.
84 Memorandum on the Spanish Situation with Special references to relations between Spain and the United States, de Hayes a Roosevelt, 21 de febrero de 1945, CUA, Spanish Papers, box 1.
85 Administrative Circular of the North American Secretariat of Pax Romana, vol. V, núm. 1, agosto de 1945, ACHRCUA, NCWC, Organizations, Pax Romana, box 10.77.
86 Roderick A. Molina: Some suggestions for a closer collaboration between the American and Spanish Catholics, 5 de septiembre de 1945, ACHRCUA, NCWC, IA, Spain, box 10.51, folder 7.
87 «Ruiz Jiménez nos cuenta su viaje por América», Signo. Semanario Nacional de la Juventud de Acción Católica, 5 de enero de 1946, pp. 1 y 7; «Norteamérica y el Vaticano» (editorial), Ecclesia. Órgano de la Dirección Central de la Acción Católica Española, 11 de mayo de 1946, p. 1, y Juan Hervas Benet: «La parroquia católica norteamericana», Ecclesia, 18 de mayo de 1946, pp. 6-10.
88 James E. Will: «Ecumenical Responses to Cold War Issues», en Paul Mojzes: North American Churches and the Cold War, Grand Rapids (Michigan), Eerdmans, 2018, pp. 206-212; Jean-Dominique Durand: Christian Democrat Internationalism. Its Action in Europe and Worldwide from post World War II until the 1990s, Bruselas, Peter Lang, 2013; Philip M. Coupland: Britannia, Europa and Christendom. British Christians and European Integration, Basingstoke, Palgrave Macmillan, 2006, y Alfredo Canavero y Jean-Dominique Durand: Il fattore religioso nell’integrazione europea, Milán, Edizioni Unicopli, 1999.
89 Feliciano Montero García y Joseba Louzao Villar: Catolicismo y franquismo en la España de los años cincuenta. Autocríticas y convergencias, Granada, Comares, 2016.