Ayer 143 (3): 261-286
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2026
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/3082
© Alberto García Molinero
Recibido: 25-05-2025 Aceptado: 03-10-2025 Publicado on-line: 01-07-2026
Publicado bajo licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional.

La impronta transnacional de la España republicana en la configuración del Sur Global. Una historia comparada entre Argelia, Cuba y Vietnam

The Transnational Imprint of Republican Spain in the Formation of the Global South. A Comparative History of Algeria, Cuba, and Vietnam

Alberto García Molinero

Universidad de Granada
albertogm@ugr.es

Resumen: El Sur Global no nació como un lugar, sino como un proyecto articulado a partir de múltiples experiencias históricas configuradas durante la Guerra Fría. Entre las realidades más influyentes que contribuyeron a materializar este horizonte hubo acontecimientos decisivos como la descolonización de Argelia, el proceso de independencia de Vietnam o el triunfo de la Revolución cubana. El alcance de estos tres fenómenos repercutió en el estallido de una oleada revolucionaria que marcó el inicio de los «años sesenta globales», así como el despertar de la Nueva Izquierda. Este artículo plantea una aproximación al desconocido papel que desempeñó un sector del exilio español tras el final de la guerra civil dentro de este campo de solidaridad transnacional. A partir del estudio de más de medio centenar de expedientes biográficos y fuentes consultadas en archivos históricos nacionales e internacionales, se constata la existencia de un considerable número de antiguos republicanos reintegrados en movimientos como el Frente de Liberación Nacional de Argelia (FLN), el Việt Minh en Vietnam o el Movimiento 26 de Julio en Cuba. El análisis de este mosaico de vivencias partiendo de una metodología comparada descubre una memoria alternativa del éxodo republicano conectada a la conformación del Sur Global.

Palabras clave: historia transnacional, guerra civil española, Sur Global, exilio republicano, nueva izquierda.

Abstract: The Global South did not emerge as a place but as a political and historical project shaped through multiple experiences during the Cold War. Among the most influential processes that contributed to its formation were the decolonization of Algeria, the Vietnamese struggle for independence, and the triumph of the Cuban Revolution. The impact of these developments helped spark a broader revolutionary wave that marked the beginning of the «Global Sixties» and the rise of the New Left. This article examines the little-known role played by a sector of the Spanish republican exile following the end of the Spanish Civil War within these transnational networks of solidarity. Drawing on the analysis of more than fifty biographical files and sources from national and international historical archives, the study identifies a significant number of former Spanish republicans who became involved in movements such as the National Liberation Front of Algeria (FLN), the Vit Minh in Vietnam, and the 26th of July Movement in Cuba. Through a comparative approach, the article reconstructs this mosaic of experiences and highlights an alternative memory of the republican exile connected to the historical formation of the Global South.

Keywords: Transnational history, Spanish Civil War, Global South, republican exile, New Left.

Introducción

El 10 de diciembre del año 2024, en el marco de un acto oficial organizado con motivo del Día de Recuerdo y Homenaje a todas las víctimas del golpe militar, la guerra y la dictadura, la cartagenera María Egea Muñoz de Zafra fue reconocida públicamente por parte del presidente del Gobierno de España como una víctima del franquismo 1. Nacida en el seno de una familia republicana y socialista, esta resiliente nonagenaria se vio forzada a escapar de la represión fascista con tan solo cinco años, y vivió desde entonces exiliada por más de medio siglo en el país vecino de Argelia. A lo largo de los emotivos discursos pronunciados durante esta solemne ceremonia de memoria democrática, se homenajeó a María Egea Muñoz de Zafra en calidad de víctima de la dictadura, pero no se hizo alusión alguna a su papel en la descolonización de Argelia.

Al término de la guerra civil española, un nutrido grupo de exiliados obligados a abandonar España a causa de su compromiso político tomaron parte activa en los movimientos de liberación nacional que recorrieron los continentes de África, Asia y América Latina durante la Guerra Fría 2. Movidos por una mezcla de idealismo humanista y principios de solidaridad universal, no fueron pocos los veteranos republicanos que se implicaron personalmente en tres de los mayores procesos revolucionarios que sacudieron al naciente Sur Global a principios de los sesenta. A partir del estudio comparado de más de medio centenar de casos como el de María Egea, repartidos entre Argelia, Vietnam y Cuba, el presente artículo plantea una aproximación novedosa a un campo parcialmente inexplorado por la historiografía. La mayor parte de los expedientes biográficos y fuentes primarias consultados durante la elaboración de esta investigación se han recopilado en archivos históricos nacionales con secciones dedicadas al exilio republicano. Entre ellos se encuentran el Archivo de la Fundación Francisco Largo Caballero y el Archivo de la Democracia de la Universidad de Alicante, cuya colección coordinada por Juan Martínez Leal alberga testimonios de inmenso valor reflejados en este manuscrito. Junto con estos repositorios, fondos documentales complementarios, como el Archivo Histórico de la Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina o el Archivo de la Biblioteca Nacional José Martí de La Habana, han sido asimismo consultados, conformando así un mosaico amplio que se nutre también de fuentes hemerográficas y digitales nacionales e internacionales.

La articulación de este relato histórico a partir de una metodología comparada transnacional toma como referencia la trayectoria compartida por más de cincuenta voces que introducen una dimensión silenciada del éxodo republicano en conexión directa con el Sur Global 3. En este sentido, la hipótesis central del presente artículo plantea la existencia de una estrecha correlación entre el legado de la España republicana y los tres principales fenómenos revolucionarios que iniciaron los llamados «años sesenta globales» o Global Sixties. Comenzando por África, un amplio número de refugiados españoles llegados al término de la guerra civil española apoyaron el proceso de descolonización de Argelia (1954-1962), e incluso llegaron a integrarse en las filas del Frente de Liberación Nacional (FLN). Al igual que ellos, en Asia, decenas de republicanos españoles alistados en la Legión Extranjera Francesa durante su exilio desertaron a lo largo de la guerra de Indochina para unirse a las filas del Việt Minh en favor de la larga lucha por la independencia de Vietnam (1955-1975). Desde América Latina, en último lugar, reconocidos veteranos republicanos tuvieron un rol protagonista en el triunfo de la Revolución cubana (1953-1959) tras su implicación directa en la formación política, militar y cultural de sus principales líderes.

Aunque separadas por miles de kilómetros, las historias de estas comprometidas voces discurrieron de manera paralela en el tiempo, logrando reforzar un horizonte revolucionario común que ha sido poco abordado de manera conjunta por la historiografía. El triunfo de estas tres experiencias interconectadas entre sí marcó el punto de partida de amplias oleadas transformadoras que tuvieron un impacto decisivo incluso en la propia Europa, donde, tal y como han reconocido historiadores como Eduardo Rey Tristán y Alberto Martín Álvarez, la llamada Nueva Izquierda (New Left) surgió imbuida por el devenir de los procesos revolucionarios en Argelia, Cuba y Vietnam 4. Por todo esto, el estudio comparado de la presencia republicana en el marco de los escenarios aquí examinados permite reconocer un hilo conductor desconocido en el Sur Global que tuvo su punto de partida en la cruenta lucha por la descolonización africana de Argelia.

«Entre el puerto de Alicante y Argelia»: la huella de la República española en la meca de los movimientos de descolonización africanos

«Los musulmanes van de peregrinación a La Meca, los cristianos al ­Vaticano y los Movimientos de liberación nacional a Argel» 5.

En el año 1969, el histórico dirigente bisauguineano e icono panafricanista Amílcar Cabral expresó con estas palabras la importancia que Argelia revestía para los procesos descolonizadores en el mundo entero. El triunfo de la independencia argelina tras la batalla sostenida durante años contra el poderío militar francés (1954-1962) consagró al país magrebí como un ejemplo a seguir para el resto de las colonias afroasiáticas. Liderados por el FLN, los revolucionarios argelinos se convirtieron en una pieza central no solo en la descolonización africana, sino en la propia configuración del Sur Global 6. En este escenario, numerosos líderes africanos como Nelson Mandela llegaron a entrenarse dentro de la llamada «capital de las revoluciones africanas» donde el propio Madiba reconocería, años más tarde, haberse «convertido en un hombre» 7.

Al margen del imborrable impacto que tuvo en los continentes de África, Asia y en América Latina, el inicio de la guerra de independencia de Argelia dejó también una huella profunda y ambivalente en suelo europeo. El 8 de mayo de 1945, al mismo tiempo que la Alemania nazi firmaba sus actas de capitulación, el ejército colonial francés masacró a cerca de veinte mil argelinos en las ciudades de Sétif y Guelma 8. A pesar de haber sufrido de primera mano los efectos de la ocupación nazi en su territorio, el Gobierno francés no dudó en continuar políticas represivas en buena parte de sus posesiones coloniales tras la caída del Tercer Reich. Dentro de este contexto, muchas figuras insignes pertenecientes a las fuerzas antifascistas francesas que habían luchado durante la Segunda Guerra Mundial se convirtieron en férreas defensoras de la represión colonial en territorios como Indochina o Argelia, donde se aplicaron métodos de tortura aprendidos de la Gestapo contra la población local 9.

No obstante, en el marco de la Europa del momento las políticas francesas no fueron aplaudidas por el conjunto de la sociedad. Distinguidas personalidades como Simone de Beauvoir o Jean-Paul Sartre condenaron esta cruda realidad y cientos de europeos llegaron incluso a implicarse personalmente en la causa de los revolucionarios magrebíes. Dentro de este complejo escenario, uno de los grupos poblacionales que, de forma más inesperada, se convirtió en aliado de la causa anticolonial argelina estuvo compuesto por un sector de la comunidad de exiliados republicanos españoles residentes en el país norteafricano.

Con el final de la guerra civil española, miles de combatientes del bando antifascista habían tratado de hallar una vía de escape desde los últimos aeródromos y puertos controlados por el Gobierno democrático. Solo a lo largo del mes de marzo del año 1939 más de trece mil españoles procedentes de territorio republicano llegaron al norte de África a bordo de aviones y barcos tan célebres como el Stanbrook 10. Hacinados en buques mercantes que arribaron en masa al puerto de Orán, al grueso del contingente de refugiados españoles en África se le recluyó en campos de concentración franceses como los de Djelfa, Bouarfa o Colomb-Béchar 11. En este contexto, durante los años 1939-1940 cerca de cuatro mil republicanos españoles exiliados a Port-Vendres y Marsella fueron deportados también a estas infernales prisiones como mano de obra esclava empleada en la construcción de proyectos como el ferrocarril Transahariano 12. El 8 de noviembre del año 1942, tras largos años de padecimientos, los aliados iniciaron el esperado desembarco en el norte de África que puso fin a la trágica travesía padecida por los españoles en la región. Fue en este momento de euforia colectiva, sin embargo, cuando los caminos de buena parte de los exiliados olvidados en el Magreb se dividirían para siempre.

Se estima que más de la mitad de los republicanos que sobrevivieron al cautiverio norteafricano abandonaron el continente antes del año 1945 13. La vía de salida predilecta entre buena parte de estos excombatientes fue la de alistarse en fuerzas aliadas como el ejército estadounidense, el Pioneer Corps británico o el Corps franc d’Afrique de la Francia Libre. En medio de este convulso escenario histórico, marcado por el éxodo masivo a países como Francia, México o la Unión Soviética, alrededor de ocho mil republicanos españoles permanecieron en territorio norteafricano hasta establecerse de manera «definitiva» en la todavía colonia francesa de Argelia 14. Las motivaciones y los recorridos que guiaron a estos derrotados a la hora de tomar la decisión de fijar su residencia en el Magreb fueron múltiples y, en ocasiones, muy diferentes entre sí.

En un primer momento, un volumen considerable de exiliados se decantó por Argel como destino debido a su proximidad geográfica con una España donde habían quedado atrás sus familiares bajo la sombra del franquismo. Tal fue el caso, por ejemplo, de Francisco Alted Palomares (1891-1967), natural del pueblo alicantino de Novelda, quien tras escapar en el Stanbrook hubo de esperar hasta el año 1948 para poder reunirse en Argel con su esposa, «Pepica», encarcelada a modo de represalia tras su partida 15. En calidad de tesorero de la Federación Norteafricana del PSOE y veterano militante socialista, este republicano trabajó sin descanso durante años para construir redes de solidaridad activa entre refugiados peninsulares de la región 16.

Al igual que en su caso, otros muchos españoles como Juan García Pla (1900-1987) tuvieron que rehacerse a partir de nuevos oficios que les permitieran sobrevivir hasta ver hecho realidad el ansiado sueño de reencontrarse con sus familiares 17. Para este último anarquista oriundo de Elda (Alicante), su nueva vida argelina se reconstruyó a partir de la célebre industria de zapatos asociada a su localidad de origen. Acompañado por otros republicanos en su misma situación, Juan García Pla logró impulsar así una importante cooperativa del calzado (Chausures Linda, luego convertida en L’Avenir d’Algerien) que marcaría la moda en la ciudad norteafricana durante décadas.

Los intentos de algunos de estos exiliados por rehacer sus vidas en el interior de la colonia francesa de Argelia pronto se toparon, sin embargo, con el inicio de una guerra de independencia que cambiaría para siempre la historia de los movimientos de ­descolonización. A partir del año 1954, la lucha clandestina librada por el FLN contra el dominio galo se convirtió en una contienda abierta con numerosos frentes en la región 18. Los republicanos refugiados en el país, residentes en su mayoría en los barrios más «europeos» de Argel, hubieron de afrontar entonces una difícil situación. A pesar de convivir de manera habitual junto con los colonos conocidos como pieds-noirs, no todos los exiliados mantuvieron una misma actitud frente a la rebelión árabe despertada en la Qasbah. En un primer momento, la causa de liberación nacional argelina se percibió a ojos de algunos de los españoles más «afrancesados» con una mezcla de recelo e indiferencia. En el seno de las familias de algunas republicanas como Ángeles Espí Silvestre (1921-2015), por ejemplo, la guerra no tardó en golpear directamente. El hermano de esta alcoyana, que había sobrevivido años atrás al infierno nazi de Mauthausen, fue secuestrado y asesinado por el FLN en el año 1955 bajo sospechas de estar colaborando con los colonos franceses 19.

A pesar de no verse repetida de manera habitual, la excepcionalidad de esta tragedia familiar encontró ciertos paralelismos dentro de una comunidad peninsular donde también hubo otros españoles que se convirtieron en víctimas colaterales del conflicto. Tal fue el caso del almeriense José Pérez Burgos, anarcosindicalista, abogado y periodista que murió tras el impacto de un artefacto explosivo detonado cuando estaba sentado en un café del barrio Bab-el Oude en Argel 20. Este destino fatal fue compartido también por otros como el artesano-alpargatero ilicitano Manuel Agulló ­Sempere (1895-1968), quien, a pesar de sobrevivir a la explosión, también sufrió un atentado terrorista en su casa-taller de Orán que le impulsó a abandonar definitivamente Argelia en el año 1962 21. Para este grupo de republicanos, agotados tras continuas guerras y décadas en el exilio, el estallido del proceso de independencia argelino no despertó simpatía alguna, por el contrario, motivó su traslado definitivo a territorio europeo. Frente a esta conocida realidad, que nunca representó al conjunto del éxodo peninsular en el país, sectores alternativos de la comunidad española se mostraron, por el contrario, entusiasmados ante el inicio del proceso de descolonización africano.

Dentro de este colectivo hubo antiguos republicanos todavía guiados por principios de solidaridad e internacionalismo que pronto comenzaron a empatizar con los nativos de un modo semejante a lo que sucedería de forma paralela en Cuba o Vietnam. Herederos de la tragedia acontecida en Alicante, jóvenes como Miguel Martínez López, de familia anarquista y nacido en Valencia en octubre del 1931, rechazaron unirse al ejército colonial para reprimir a los argelinos pese a ser ya entonces ciudadanos franceses naturalizados (y por tanto con obligación de realizar el servicio militar) 22. Otras niñas de la guerra, como la recientemente homenajeada María Egea Muñoz de Zafra, con quien comenzamos esta historia, también optaron por permanecer del lado de la población local durante el conflicto. En su caso, la enseñanza de lengua y cultura españolas en escuelas de la llanura de Chelif se convirtió en un puente de intercambios con los nativos dentro de un país que no abandonaría hasta el inicio de la guerra civil argelina en el año 1996 23.

Estas tempranas muestras de simpatía expresadas por sectores del éxodo republicano en Argelia hacia el movimiento anticolonial no tardaron, sin embargo, en llamar la atención de los sectores radicales franceses más contrarios a la independencia. Organizaciones terroristas y paramilitares de extrema derecha, formadas en algunos casos por veteranos de Indochina, pusieron entonces el punto de mira en las combativas filas del viejo republicanismo español. A lo largo de los ocho años de guerra argelina, temibles organismos de contrainsurgencia como la Organisation de l’Armée Secrète (OAS) desataron así una fuerte oleada de violencia contra parte de los refugiados peninsulares en la región 24. Joan Gonsalbes Roig (1906-1988), militante histórico de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), fue una de las primeras víctimas al ver su comercio destruido por una bomba francesa que perseguía atentar contra su familia tras expresar su respaldo público a la descolonización 25. Otros como Vicente Ivorra Fuster (1907-1976), anarquista oriundo de ­Benidorm, sufrieron también varios intentos de asesinato por parte de la OAS tras manifestar abiertamente su postura en favor de la autodeterminación de los pueblos 26. El alcance de esta realidad se expresó en toda su crudeza a partir de expedientes paradigmáticos como el de Ambrosio Vázquez Gonzálvez, viejo militante socialista ilicitano que, tras haber combatido en la batalla de Brunete y sobrevivido al exilio, fue asesinado de un tiro en la cabeza por miembros de la OAS meses antes de la independencia de Argelia en 1962 27.

El silenciado horizonte de persecuciones y atentados sufridos por los españoles sospechosos de confraternizar con la población local no constituyó, sin embargo, la única contribución realizada por los refugiados a esta emergente corriente de solidaridad global. Un grupo considerable de antiguos exiliados conmovidos por la tragedia argelina abrazaron de manera decidida la causa anticolonial hasta verse involucrados personalmente en una nueva guerra que transformaría para siempre sus vidas. Algunos como ­Gabriel Iborra Solbes (1912-2005), jornalero y chófer anarquista alicantino, fueron expulsados de Argelia por servir como espías del FLN al inicio del conflicto 28. Otros como el jerezano José ­María ­Sánchez Bohorques (1913-1997), comunista y antiguo consejero del Servicio de Inteligencia Militar del ejército republicano, también colaboraron con el FLN desde células clandestinas situadas en la ciudad de Médéa 29. Pero no fueron los únicos. Figuras aún menos reconocidas como el barbero eldense Víctor Ortega Ruiz (1909-1997) formaron también parte activa de la sección de propaganda del FLN durante años, mientras otros antiguos militares republicanos acabaron convertidos en colaboradores del recién independizado Gobierno argelino, como Juan Martín Casals (1913-1996), que fue jefe contable de la empresa nacional petrolífera Sonatrach 30.

El alcance de este fenómeno, paralelo en el tiempo a las deserciones españolas con su adhesión al Việt Minh y la integración de republicanos en la Revolución cubana, ilustra el largo recorrido en el tiempo que tuvieron estas vivencias imbuidas por los ideales de la España republicana. Para la mayor parte de ellos, su renovada militancia política en países como Argelia, Cuba o Vietnam se sintió como la continuación de un compromiso personal y humano que no se había apagado tras su derrota en la guerra civil española. A este respecto, hijos de exiliados comunistas criados en Argel como Antonio Martín Lillo (1941-2017) pusieron en valor esta fuerte conexión entre la tragedia republicana y el despertar de una lucha en el Sur Global en la que muchos exiliados como él tomarían parte activa:

«En los años finales de la guerra de Argelia participé en varias de las convocatorias de huelga lanzadas por el FLN, y no lo hice en las que lanzaba la OAS, que estaba en su apogeo en aquellos momentos. Terminé llamando la atención. Y un compañero judío que estudiaba conmigo y cuyo hermano militaba en la OAS me informó de que esta organización fascista se había dado cuenta de que no estaba con los Pieds Noirs y habían decidido liquidarme. [...] Unas dos semanas después me fui al pueblo pues hacía tiempo que no había estado en casa. Entonces mi madre me explicó que una noche llegaron a casa unos tres individuos preguntando por mí. Mi madre les respondió que yo estaba en Argel. Mi madre se llevó un gran susto pues eso le recordó las “sacas” de la guerra civil, y ello le afectó el corazón y agravó su estado de salud. En la escuela, donde algunos profesores simpatizaban con la causa argelina, me incorporé a un grupo de trabajo compuesto por estas personas, estudiantes y profesores árabes. Con este grupo tuvimos contacto directo con cuadros del FLN» 31.

El compromiso mostrado por algunos de estos militantes dejó su impronta en el reconocimiento oficial de la independencia argelina el 5 de julio del año 1962 tras la firma de los Acuerdos de Évian. Para este momento, tan solo dos mil antiguos exiliados españoles seguían residiendo en el Magreb. Sin embargo, buena parte de ellos había estado involucrada en los acontecimientos conducentes a la descolonización del país. A partir del triunfo de la causa argelina, los movimientos de liberación nacional africanos recibieron un fuerte impulso que alentó la retirada de potencias como Francia o Inglaterra en el continente. Más allá de la descolonización, la victoria argelina repercutió además en la formación de pioneros espacios como el G-77 (reunido por primera vez en Argel durante el año 1967), que tuvieron una influencia notable en el germen del Sur Global de la mano de otros acontecimientos decisivos como la guerra de Vietnam.

«¡De Madrid al Vit Minh!»: la sombra de la España republicana en Asia desde el final de la guerra civil española hasta el triunfo de la independencia de Vietnam

La larga lucha por la independencia de Vietnam se ha reconocido como uno de los procesos históricos más decisivos en la configuración del Sur Global dentro del marco de la Guerra Fría. Como parte del extenso fenómeno de descolonización del Sudeste Asiático, la experiencia vietnamita en Indochina tuvo un alcance mundial que fue coetáneo en el tiempo al despertar combativo en otros territorios como Argelia o Cuba. Aun habiendo tenido que afrontar el envite de potencias como Francia, Japón o Estados Unidos, Vietnam se convirtió en un escenario donde multitud de actores foráneos se vieron implicados a lo largo de su dilatada contienda por la liberación. Entre los agentes externos no estatales que participaron de la conflagración, el caso de los republicanos españoles integrados en el Việt Minh constituye uno de los espectros más desconocidos por la ciencia histórica hasta el momento.

Los precedentes de esta desconocida realidad se remontan a la dilatada historia contemporánea de España en el vasto continente asiático tras la pérdida definitiva de Filipinas, ante el ascenso de emergentes potencias y dinámicas internacionales en la región. Durante el primer tercio del siglo xx, canales de comunicación inexistentes hasta la fecha se abrieron entre países como España, India, China o Japón, inaugurando así una senda de intercambios que naciones como Vietnam continuarían más adelante en el tiempo. En este marco, el estallido de la guerra civil española irrumpió como un evento decisivo que marcó de manera abrupta el inicio de una nueva etapa durante la cual se transformaría para siempre la imagen del país ibérico en Asia. Convertido en un conflicto armado de hondo calado internacional, algunos de los principales líderes anticoloniales en el continente asiático se vieron personalmente imbuidos en esta dramática realidad. Jawaharlal Nehru, padre de la independencia de la India e icono del Sur Global, vio en la causa republicana durante la guerra civil española un ejemplo inspirador que tendría un profundo impacto en su lucha y pensamiento 32. Al dirigente chino Mao Zedong, por su parte, la resistencia de la República española le infundió ánimo a la hora de afrontar la invasión japonesa del territorio chino lanzada por el Imperio nipón a mediados del año 1937 33.

A pesar de su corto recorrido en el tiempo, este precursor espíritu de conexiones transnacionales entre la España republicana y el mundo asiático abrió un amplio abanico de intercambios que serían perpetuados por multitud de exiliados españoles en el continente. Dentro del marco de la Unión Soviética, el éxodo republicano repartido a lo largo del gigante eurasiático alentó algunas de las primeras manifestaciones del republicanismo en la zona a través de la acción comunicativa de mujeres como Purificación Aznar ­Pomares (1916-1977). Nacida en Crevillent (Alicante), esta desconocida alpargatera comunista exiliada al final de la guerra civil española fue una de las contadas voces republicanas que recayeron en lugares tan recónditos como Taskent (Uzbekistán), donde formaría el primer equipo de Radio España Independiente dentro de la región 34. A mediados de los años cincuenta, inmersa de lleno en la efervescente realidad política del continente asiático en vías de descolonización, esta comprometida militante fue llamada para responder a un encargo que Mao Zedong había realizado personalmente a Dolores Ibárruri «La Pasionaria» 35. Requerida para dirigir una nueva emisora de radio en habla hispana desde la que expandir el mensaje maoísta dentro de la esfera latinoamericana, la voz de la republicana alicantina resonó a través de Radio Pekín en el mundo entero durante años. En este marco, a pesar del nulo reconocimiento recibido tras su señera labor, esta veterana antifascista (recordada como «El Ángel de Pekín») se convirtió en un vector clave para la expansión temprana del ideario revolucionario asiático en el Sur Global 36.

Las vivencias de personalidades que, como Purificación, estuvieron ligadas al exilio soviético, contribuyeron a dibujar un papel pionero entre antiguos republicanos reintegrados en redes de solidaridad eurasiática más adelante implicadas en la independencia de países como Vietnam. No obstante, más allá de la Unión Soviética, donde nunca fue visto con buenos ojos que refugiados españoles tomaran parte activa en conflictos del entonces llamado «Tercer Mundo», un amplio número de exiliados peninsulares terminó inmerso en la lucha anticolonial del Sudeste Asiático a través de una insospechada ruta alternativa: el éxodo en Francia. Integrados en campos de internamiento donde a menudo los sometieron a insoportables condiciones de vida, miles de antiguos combatientes que habían cruzado los Pirineos durante el año 1939 trataron de encontrar una salida a través del alistamiento en la Legión Extranjera Francesa. En el marco de las filas de los legionnaires, cuerpo de elite colonial del ejército galo, una considerable cifra de españoles tomó parte en la lucha contra el nazismo, al término de la cual continuaron sirviendo a las órdenes de sus nuevos mandos militares obsesionados con recuperar el control de sus preciadas posesiones en lugares como Indochina 37.

A lo largo de la Segunda Guerra Mundial el Imperio japonés había ocupado buena parte de los territorios franceses de ultramar situados en el Sudeste Asiático. Desde principios del año 1941, no obstante, pioneros movimientos de liberación nacional como el combativo Việt Minh aparecieron para enfrentar al invasor japonés bajo iniciativa de históricos dirigentes anticoloniales como Hồ Chí Minh 38. Al término del conflicto, lejos de atender las extendidas demandas de independencia en la zona, el Cuerpo Expedicionario Francés en Extremo Oriente trató de recobrar el dominio militar de sus colonias por la fuerza dando inicio así a la conocida guerra de Indochina (1946-1954). Durante los ocho años que duró esta prolongada contienda, centenares de antiguos republicanos españoles enrolados en la Legión Extranjera se vieron implicados de manera involuntaria en uno de los eventos capitales en la configuración histórica del Sur Global. A pesar de que todavía no se han desclasificado registros militares oficiales, autores como el antiguo corresponsal de guerra en Indochina Jacques-René Doyon cifraron en aproximadamente mil quinientos el número de españoles que participaron directamente en el conflicto 39.

En este contexto, al margen de aquellos españoles de distinto signo que perecieron luchando bajo la égida francesa frente a las hordas vietnamitas, un fenómeno poco explorado de este horizonte con profundas implicaciones en el tiempo estuvo conformado por la extendida práctica de la deserción durante la guerra en Indochina. Se estima que más de mil trescientos legionarios desertaron a lo largo de la conflagración, entre ellos un considerable número de antiguos combatientes republicanos 40. Entre las razones que impulsaron a algunos de estos hombres a abandonar las filas de la Legión se esconden causas y motivaciones múltiples, no siempre relacionadas con ideales o principios políticos. Las duras penalidades sufridas durante las campañas en la selva tropical, por ejemplo, bastaron para convencer a decenas de exiliados españoles como Juan Galdrón Jodrá, Lorenzo Pérez Avellana, Alejandro Sigfrido Huerta ­Cebreán, Elías Gómez Molinos o Sebastían Arzoaga Fernández que, en el año 1953, abandonaron las armas y huyeron hasta ser «hechos prisioneros por los comunistas chinos en las proximidades de la frontera» 41. De acuerdo con sus testimonios, reproducidos por el diario ABC, las insoportables condiciones de vida experimentadas en la región fueron las que motivaron una acción de «cobardía» que cientos de combatientes europeos emularían durante toda la contienda.

No obstante, más allá de las dificultades inherentes al día a día en la Legión Extranjera, hubo un amplio número de soldados que no tomaron el camino de la deserción movidos por el deseo de una vida más cómoda, sino que se decidieron a raíz de sus convicciones e inquietudes políticas. En esta línea, sucesivos legionarios procedentes de distintas nacionalidades dejaron atrás las líneas francesas para integrarse en el movimiento de liberación nacional del Việt Minh durante el periodo 1946-1954 42. En el caso de la mayor parte de estos nombres olvidados, principios ideológicos revolucionarios a menudo vinculados al comunismo o el anarquismo pudieron más en la balanza que el miedo a tomar una travesía poco transitada hasta la fecha. Tal fue la historia de célebres exlegionarios como el alemán Erwin Borchers (rebautizado como Chiến Sĩ), quien cruzó las posiciones enemigas para unirse al Việt Minh, donde más adelante realizaría importantes tareas de propaganda en los periódicos Le Peuple y Waffenbrüder (Compañeros de armas) dirigidas a incentivar la deserción de antiguos compañeros 43. Casos similares, como el del polaco Stefan Kubiak (Hồ Chí Toán), quien se unió al ejército del general Võ Nguyên Giáp que derrotó a los franceses en la batalla de Điện Biên Phủ, ilustran el alcance de un fenómeno reproducido por otros europeos como Robert Vignon, Michel King o Georges Boudarel 44.

En este escenario, a pesar de no haber sido nunca reconocidos como luchadores anticoloniales que participaron activamente en la independencia de Vietnam, hubo un grupo de republicanos exiliados españoles que formaron parte íntegra de este proceso. La investigación de este fenómeno se ha visto dificultada, en primer lugar, por los silencios que históricamente han envuelto los testimonios de estos desertores temerosos de ser «despreciados» por sus antiguos correligionarios. Junto con esta realidad, las escasas fuentes documentales existentes al respecto, compuestas en su mayoría por breves notas de prensa aparecidas en diarios como ABC durante la dictadura, han ensombrecido doblemente el estudio de tan ignota dimensión. A este respecto, entre las informaciones difundidas por los medios afines al régimen en la época, las experiencias de los legionarios que se unieron al Việt Minh por convicción ideológica fueron, a menudo, presentadas como casos de «cautiverio» muy particulares como, por ejemplo, el del asturiano José Torres García. Tras haber decidido «disfrutar» de su primer permiso como legionario junto a las posiciones enemigas, este singular «prisionero capturado por los comunistas» (en las inmediaciones de Hanói) fue presentado por la prensa franquista como una víctima que había pasado trece años recluida en Vietnam del Norte 45. Las particularidades vitales de este preso con mujer e hijos vietnamitas que, voluntariamente, había cruzado las líneas del Việt Minh durante el año 1952, no fueron, sin embargo, atendidas por unos medios de comunicación que siempre trataron de ocultar la existencia de esta realidad.

Dentro de este marco, a pesar de los sucesivos intentos por silenciar la expansión de la deserción ideológica entre españoles, atisbos de esta práctica pueden identificarse de manera velada desde principios de los años sesenta. En esta fecha, el diplomático español Alfonso de la Serna, entonces director general de Relaciones Culturales del régimen franquista, fue uno de los primeros en visibilizar (de manera involuntaria) el temprano alcance del proceso. Con objeto de ensalzar el «espíritu español» de sintonía y fusión con otras «razas», este responsable político inmune a la censura escribió públicamente acerca del caso de «Nguyen Thi Ba de Sánchez», un exlegionario (José Sánchez) casado y afincado desde hacía años en Vietnam del Norte tras su deserción 46.

Las menciones explícitas a las motivaciones de abandono guiadas por principios políticos fueron omitidas en los diarios de prensa españoles, pero no pasaron por alto a ojos de corresponsales de guerra como el citado Jacques-René Doyon. Este periodista francés que trabajó para Combat y Le Figaro narró la historia de veteranos republicanos enrolados en el Việt Minh como, entre otros muchos: el albañil español Diego «el andaluz», caído en combate bajo órdenes del general Giáp; el comunista sevillano Manuel Ceballos Vega, quien retornó en su vejez a su localidad natal de Santiponce, o los enigmáticos Pinto, Arzenegas y Baisagoiti quienes, integrados en el campo de Bông Sôn desde el año 1951, afirmaron sentirse fascinados ante el «formidable» espíritu de resistencia vietnamita 47. Esta larga lista, a la que podrían sumarse otros muchos nombres como los de Roberto Pujol Gassó, Tiburcio Viñuelas o José Hernández Julián, ilustra la dimensión de un complejo fenómeno histórico silenciado en el tiempo 48.

El punto final de este horizonte, que, al mismo tiempo, supuso su momento de máxima expresión, vino marcado por la célebre repatriación en el año 1967 de dieciséis exiliados españoles residentes en territorio comunista norvietnamita 49. Habiendo sido rastreados por la CIA en un momento álgido del conflicto contra Estados Unidos, estos viejos republicanos vinculados al Việt Minh se consideraron un peligroso elemento de instrucción e información que era urgente expulsar de la región. De esta forma, mediante una oculta colaboración de los servicios secretos hispano-estadounidenses y el diplomático gallego José Antonio Varela Dafonte, los últimos republicanos españoles de Vietnam fueron repatriados por la fuerza del país bajo la promesa de indulgencia por parte de las autoridades franquistas tras su retorno 50.

El final de esta desconocida historia de solidaridad transnacional descubre la huella que la España republicana dejó en Vietnam mediante la acción de sus últimos veteranos combatientes. Con posteridad a estos sucesos, la España franquista se vio implicada también en la región a través de los médicos enviados por Franco para asistir al ejército invasor en la lucha contra el Việt Minh 51. No obstante, el alcance de esta realidad tardía no bastó para borrar el legado sembrado por el combativo exilio republicano en un continente donde se promovieron iniciativas clave para el nacimiento del Sur Global como la Conferencia de Bandung (1955) o la Conferencia de Belgrado (1961) 52. La velada sombra de la España republicana contribuyó así a vertebrar un espectro de lucha internacional a través de antiguos «derrotados», que, al mismo tiempo que se batían en Argelia o Indochina, se vieron inmersos también en la lucha revolucionaria de Cuba.

«Del ¡No pasarán! al ¡Venceremos!»: el legado del republicanismo español en América Latina a través de su impacto en la Revolución cubana

El triunfo de la Revolución cubana fue un acontecimiento decisivo para la configuración del Sur Global en el que, del mismo modo que en Argelia o Vietnam, los exiliados republicanos españoles tuvieron un rol significativo. Los antecedentes de esta compleja realidad histórica hunden sus raíces en las estrechas relaciones hispano-cubanas sostenidas durante siglos en el seno del continente latinoamericano. Convertida en base de la rentable industria azucarera en el Caribe desde la independencia de Haití (1804), Cuba acogió un importante número de migrantes peninsulares desde principios de la contemporaneidad que contribuyeron a forjar una relación especial sostenida más allá de la propia independencia de 1898 53. A lo largo del primer tercio del siglo xx, de una forma semejante a lo acontecido en la esfera afroasiática, el estallido de la guerra civil española marcó un importante punto de inflexión en los vínculos preexistentes entre ambas naciones.

Más de un millar de combatientes cubanos se integraron en las Brigadas Internacionales a lo largo del conflicto, siendo Cuba el país de América Latina que mayor volumen de voluntarios prestó durante la contienda española 54. Ante la inminente victoria del fascismo, estas tempranas muestras de solidaridad cayeron en el olvido dentro de un contexto donde miles de republicanos como Juan ­Ramón Jiménez o María Zambrano pusieron rumbo al exilio hacia el país caribeño 55. En el marco de este éxodo republicano un nutrido cuerpo de antiguos combatientes comunistas, anarquistas y socialistas comenzaron una nueva vida lejos de España con la esperanza de ofrecer a sus descendientes un futuro más alentador que el que se cernía sobre el continente europeo.

Entre las familias desterradas siguiendo este propósito hubo algunas como la de los asturianos anarquistas Ramón Cienfuegos y Emilia Gorriarán, militantes refugiados en Cuba y futuros progenitores de líderes de la Revolución cubana como los hermanos ­Camilo y Osmany Cienfuegos 56. Al igual que ellos, otras insignes figuras del proceso revolucionario cubano nacieron estrechamente vinculadas a un pasado ibérico, tal y como recordó en una de sus últimas entrevistas la histórica dirigente de la Federación de Mujeres Cubanas Dora Carcaño (1935-2021). En su caso, habiendo llegado al mundo en vísperas de la guerra civil española, esta emblemática activista nunca pudo olvidar la fuerte impronta que el pasado republicano sembró desde su niñez:

«Nací en España en el seno de un matrimonio comunista que luchó en la guerra civil española. Después de la derrota del Gobierno republicano, mi padre fue internado en una cárcel en España y mi excelente madre, María Araujo Martínez, fue perseguida y encarcelada por luchar por la República Española. Ella estaba muy vinculada a la líder del Partido Comunista Español (PCE), Dolores Ibárruri, conocida como “La Pasionaria”, ya que ambas fueron obreras conserveras. Siendo una niña estuve encarcelada junto con mi madre. Además, desde niña siempre escuché las palabras “paz”, “democracia”, “internacionalismo” y “solidaridad”. Creo que ese fue el germen de mi futuro comportamiento revolucionario. [...] Entre 1946 y 1947 fuimos invitados a México, donde había una gran colonia española. Surgió la posibilidad de que nosotros nos fuéramos a vivir para ese país, en el que entonces existían mejores condiciones que en Cuba gracias a la solidaridad entre los españoles. Pero mi madre, con su visión revolucionaria, regresó y nos dijo: “Nos quedamos en Cuba, porque aquí se puede dar lo que yo siempre soñé para mi pueblo. En Cuba se va a dar todo por lo cual yo siempre he luchado y tu padre también”» 57.

Experiencias tempranas de este tipo sentaron un precedente único de colaboración histórica entre el viejo republicanismo español y el emergente movimiento revolucionario latinoamericano que alcanzó su punto álgido con el estallido de la Revolución cubana. Desde algunos de los preparativos más tempranos del Movimiento 26 de Julio, antiguos republicanos como Alberto Bayo (1892-1967) se implicaron personalmente en la formación militar de los futuros líderes del proceso revolucionario 58. Figuras como Fidel Castro, Ernesto Guevara o Camilo Cienfuegos fueron entrenadas en estrategias guerrilleras por este antiguo teniente coronel comunista de la guerra civil española. A través de tácticas aprendidas años atrás, durante enfrentamientos contra el célebre rebelde rifeño Abd el-Krim, Alberto Bayo (que había sido legionario español) trasladó todas sus enseñanzas «africanistas» a revolucionarios latinoamericanos como el Che Guevara, quien a su vez las popularizó hasta hacerlas llegar a oídos del general vietnamita Võ Nguyên Giáp 59. Este universo de experiencias transnacionales compartidas entre África, Asia y América Latina a través del republicanismo español mostró manifestaciones todavía más visibles con el inicio de la lucha armada en el país caribeño.

A lo largo de los tres años de guerra revolucionaria en Cuba un considerable volumen de exiliados peninsulares se enroló en las filas del emergente Movimiento 26 de Julio. Veteranos combatientes de la guerra civil española poco reconocidos como el comunista José ­Alemañy Menéndez (1910-2002) o el socialista Manuel Alepuz ­Zanón (1903-1972) tuvieron un rol activo en las primeras fases del conflicto 60. Otros republicanos con mayor prestigio, como los hermanos Gutiérrez Menoyo, llegaron a alcanzar altas cotas de poder y protagonismo durante la encarnizada lucha contra el régimen de ­Batista 61. Al término de la contienda revolucionaria, esta estrecha relación forjada durante años se mantuvo viva a través de marinos refugiados españoles como José Daniel Álvarez Rubiela (1905-1973) o Pedro Prado Mendizábal, quienes se implicaron en la recomposición de la Armada cubana tras el triunfo de los «barbudos» 62.

Dejando a un lado este fuerte vínculo en el ámbito guerrillero-militar, el papel de los vencidos españoles trascendió lo puramente combativo hasta hacerse sentir en áreas muy diversas entre sí. En el campo de la cultura, por ejemplo, casos simbólicos tan representativos como el de Anastasio Mansilla dieron muestra del calado de este espectro colaborativo. Refugiado en la Unión Soviética al término de la guerra civil española, este «niño de Rusia» fue el encargado de enseñar economía marxista a Fidel Castro y todo su Consejo de Ministros durante un seminario de seis meses requerido por el Gobierno revolucionario en 1961 63.

Al igual que él, dentro del área de la salud, exiliados republicanos como Fernando Barral Arranz (1928-2020), que había sido compañero del Che Guevara en los estudios de medicina durante su estancia en Argentina, se convirtieron en pieza clave durante la creación del puntero sistema sanitario cubano 64. Como punto final de esta larga lista que podría extenderse a infinidad de áreas, en el ámbito de la inteligencia y seguridad nacional hubo también figuras de un inmenso (aunque silenciado) protagonismo como África de las Heras (1909-1998). Veterana de la Revolución de Asturias y la guerra civil española, esta militante comunista reconvertida en espía soviética de la KGB fue una de las primeras agentes en dar el aviso de la invasión contrarrevolucionaria de Playa Girón (1961) desde Uruguay, hecho que permitió articular una rápida respuesta y, en última instancia, sobrevivir, al Gobierno de Fidel Castro 65.

En este escenario, dentro del marco de la década de los sesenta y la configuración plena del ideario del «Tercer Mundo» que más adelante daría lugar al Sur Global, espacios fundacionales del nuevo orden poscolonial como la Conferencia Tricontinental de La Habana (1966) contaron también con una señalada impronta republicana. Figuras históricas del exilio español como Alberto Bayo, pero también otras como el general republicano Enrique Líster, el futuro ministro de cultura Jorge Semprún o Irina Trapote, hija del republicano español y agente soviético Víctor Trapote, estuvieron personalmente involucradas en estos procesos a distintos niveles 66. Este incansable compromiso político personal sostenido por buena parte de los exiliados en la isla contribuyó a que la memoria y el recuerdo de la guerra civil española quedaran grabados en los imaginarios colectivos de los cubanos durante generaciones. A comienzos de los años ochenta, como síntoma tardío de este fenómeno, personalidades de primera línea política cubana como el dirigente Armando Hart todavía comenzaban algunos de sus discursos aludiendo al recuerdo de Guernica y la imperecedera tragedia española 67.

En este contexto, resulta importante, en último lugar, remarcar que el extenso y variopinto continente latinoamericano fue también escenario de la marca republicana en diverso grado. Millares de republicanos exiliados tras la guerra marcharon a países de la región donde continuaron sembrando la semilla contestataria no extinguida tras su derrota. El anarquista Pedro Herrera Camarero (1908-1967), por ejemplo, dejó atrás su pasado en la CNT para avivar la llama en la Federación Libertaria Argentina. La comunista madrileña Teófila Madroñal Iglesias (1905-1990) pasó, por su lado, de luchar en el frente de Guadalajara a integrar las filas del movimiento revolucionario Tupamaro en Uruguay 68. Sus testimonios no constituyen vivencias aisladas, sino que integran una larga genealogía de historias de combatientes incansables consagrados a un compromiso político hasta el final de sus días. El conjunto de sus combativas experiencias, en todos los casos imbuidas por el aliento revolucionario cubano, se convirtió en fuente de inspiración constante para la lucha social contemporánea en el continente latinoamericano.

Conclusiones

El final de la guerra civil española marcó la desaparición definitiva de la República, pero no acabó con el espíritu combativo de solidaridad forjado durante años entre buena parte de sus defensores. La victoria de Franco logró terminar con las esperanzas del nacimiento de una España nueva, pero su indómita violencia no bastó para apagar la llama contestataria encendida en los corazones de miles de republicanos exiliados por el mundo. En coordenadas geográficas muy distantes a las fronteras peninsulares, la huella de la España republicana se mantuvo viva a través de multitud de voces marcadas por su pasado antifascista. Las trayectorias recogidas a lo largo de la presente investigación componen un elenco de recorridos vitales múltiples, en ocasiones muy diversos entre sí, que formaron parte de un horizonte revolucionario común en los continentes de Asia, África y América Latina.

De forma paralela en el tiempo, un importante número de republicanos españoles se implicaron en los tres grandes procesos fundacionales del Sur Global que dieron origen a los «años sesenta globales» y la Nueva Izquierda en el mundo entero. La historia comparada de las fuentes primarias y biografías analizadas ilustra el calado que tuvo la dimensión transnacional del republicanismo español en el marco de la descolonización de Argelia, el proceso de independencia vietnamita o el triunfo revolucionario cubano. A pesar de haber sido estudiados tradicionalmente de manera inconexa, estos tres fenómenos conformaron un espectro unificado de transformaciones globales con largo recorrido en el tiempo. De la mano de estas respectivas realidades nacionales, la impronta de la España republicana se hizo sentir a su vez de forma directa e indirecta en la organización de espacios capitales del orden poscolonial como el Movimiento de Países No Alineados, el G-77 o la Conferencia ­Tricontinental de La Habana.

En conjunto, a través de la investigación realizada resulta posible, a nuestro juicio, rescatar una memoria silenciada de un republicanismo español que no tuvo su punto final al término de la guerra civil. Por el contrario, aun habiendo sucumbido ante el franquismo en el año 1939, este espíritu continuó originando genealogías transnacionales en otros continentes que sembraron la semilla no solo de la resistencia, sino de la misma victoria en el Sur Global dentro de escenarios tan notorios como Vietnam, Argelia o Cuba.


  1. 1 Jaime Ferrán: «La cartagenera María Egea, exiliada a los cinco años, reconocida por Pedro Sánchez como víctima del franquismo», La Opinión de Murcia,­ 10 de diciembre de 2024, https://www.laopiniondemurcia.es/comunidad­/2024/12/10/­cartagenera-maria-egea-exiliada-112498286.html (consultado el 20 de enero de 2025).

  2. 2 A lo largo de la presente investigación se ha priorizado el empleo de la expresión movimiento de liberación nacional en vez de movimientos de emancipación colonial debido al abanico de experiencias neocoloniales (en especial en América Latina) excluidas de la segunda acepción, así como a la carga de «infantilización» inherente a esta última categoría. Véase Awa Thiam: La parole aux négresses, Paris, Éditions Denoël, 1978, pp. 85-86.

  3. 3 A lo largo de la presente investigación emplearemos la expresión Sur Global para hacer referencia al proyecto emancipatorio construido durante la Guerra Fría a partir de experiencias revolucionarias como las de Vietnam, Argelia o Cuba. La elección de este término en detrimento de Tercer Mundo, a menudo empleado durante esta época, se explica por la carga peyorativa todavía inherente a esta última categoría. Acerca de este debate conceptual, véase Vijay Prashad: Las naciones pobres. Una posible historia global del Sur, Barcelona, Península, 2013.

  4. 4 Eduardo Rey Tristán y Alberto Martín Álvarez (eds.): Building the Radical Identity. The Diffusion of the Ideological Framework of the New Left. Oxford, Peter Lang, 2022, pp. 35-36.

  5. 5 Saïd Bouamama: La Tricontinental. Los pueblos del Tercer Mundo al asalto del cielo, Bilbo, Boltxe, 2019.

  6. 6 Argelia, Vietnam y Cuba mantuvieron una estrecha relación durante sus respectivos procesos revolucionarios. Los vietnamitas enviaron armas para ayudar a los argelinos en su lucha, mientras que Cuba llegó incluso a mandar tropas de apoyo a Argelia e instructores militares a Vietnam. Los argelinos, por su parte, ayudaron a instruir en tácticas de guerrilla urbana a revolucionarios latinoamericanos en Cuba. Acerca de este histórico vínculo tripartito, véase Piero Gleijeses: Conflicting Missions. Havana, Washington, and Africa, 1959-1976, Chapel Hill, University of North Carolina Press, 2011.

  7. 7 Abdeldjalil Larbi Youcef: «The Algerian Army Made Me A Man», Transition, 116 (2014), pp. 67-79.

  8. 8 S. a.: «Débats sur l’Algérie» (París, 18 de julio de 1945), Journal Officiel de la République Française, Archivo Assemblée consultative provisoire, Actas oficiales, segunda sesión extraordinaria, 59.

  9. 9 Jeffrey James Byrne: Mecca of Revolution. Algeria, Decolonization, the Third World Order, New York, Oxford University Press, 2016.

  10. 10 Juan Martínez Leal: «El Stanbrook, un barco mítico en la memoria de los exiliados republicanos», Pasado y Memoria, 4 (2005), pp. 65-82.

  11. 11 Juan Valbuena (ed.): Del éxodo y del viento. Exilio español en el Magreb (1939-1962), Madrid, Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática, 2025; catálogo de la exposición celebrada en Casa Árabe (Madrid) del 23 de octubre de 2024 al 25 de marzo de 2025.

  12. 12 Carmen Ródenas Calatayud y Carlos Barciela López: Chemins de fer, los españoles del Transahariano, Alacant, Universitat d’Alacant, 2016.

  13. 13 Jorge de Hoyos Puente: «La historiografía sobre refugiados y exiliados políticos en el siglo xx: el caso del exilio republicano español de 1939», Ayer, 106 (2017), pp. 293-305.

  14. 14 Sobre los precedentes españoles en la región, véase Juan Bautista Vilar y José María Jover Zamora: Los españoles en la Argelia francesa (1830-1914), Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1989.

  15. 15 S. a.: «Alted Palomares, Francisco», Arxiu de la Democràcia, Universitat d’Alacant (en adelante, ADUA), El exilio republicano en el norte de África, 11, Biografías-A.

  16. 16 Carmen Payá Abad: El movimiento obrero en Novelda a través de Francisco­ Alted Palomares (1891-1967), Alacant, Institut Alacantí de Cultura Juan Gil ­Albert, 2015.

  17. 17 Juan García Pla: Memorias de un exiliado español, Alcalá de Henares, CEDS, 2020.

  18. 18 Daho Djerbal: L’Organisation spéciale de la fédération de France du FLN. Histoire de la lutte armée du FLN en France (1956-1962), Alger, Chihab, 2022.

  19. 19 S. a.: «Espí Silvestre, Ángeles», ADUA, El exilio republicano en el norte de África, 11, Biografías-E.

  20. 20 S. a.: «Pérez Burgos, José», ADUA, El exilio republicano en el norte de África, 11, Biografías-P.

  21. 21 S. a.: «Agulló Sempere, Manuel» (1968), Archivo Fundación Francisco Largo Caballero (en adelante, AFFLC), Archivo UGT exilio (1944-1976), ES 29, II.

  22. 22 Miguel Martínez López: La Alcazaba del olvido. El exilio de los refugiados políticos españoles en Argelia, Madrid, Endymion, 2006.

  23. 23 S. a.: «Egea Muñoz de Zafra, María», ADUA, El exilio republicano en el norte de África, 11, Biografías-E.

  24. 24 Cabe resaltar que la OAS fue fundada por Pierre Lagaillarde en Madrid el 3 de diciembre de 1960 bajo la protección de la dictadura franquista. Acerca de este fenómeno, véase Arsène Tchakarian y Hélène Kosséian-bairamian: Les commandos de l’Affiche rouge. La vérité historique sur la première section de l’Armée secrète, Monaco-Ville, Editions du Rocher, 2012.

  25. 25 Joan Gonsalbes Roig: Memòria de Callosa d’En Sarrià a través d’un exiliat, Alacant, Ayuntament de Callosa d’en Sarrià, 2005.

  26. 26 S. a.: «Ivorra Fuster, Vicente», ADUA, El exilio republicano en el norte de África, 11, Biografías-I.

  27. 27 S. a.: «Vázquez Gonzálvez, Ambrosio», ADUA, El exilio republicano en el norte de África, 11, Biografías-V.

  28. 28 S. a.: «Iborra Solbes, Gabriel», ADUA, El exilio republicano en el norte de África, 11, Biografías-I.

  29. 29 José María Sánchez Bohorques: España en la memoria, Salamanca, ed. del autor, 1988; José Antonio Piqueras y Xavier Paniagua Fuentes: Diccionario biográfico de políticos valencianos (1810-1913), València, UNED, 2003.

  30. 30 S. a.: «Ortega Ruiz, Víctor» (Madrid, s. d.), FFLC, Archivo del PSOE en el exilio (1945-1976), AE 115-10, 646, y S. a.: «Martín Casals, Juan», ADUA, El exilio republicano en el norte de África, 11, Biografías-M.

  31. 31 S. a.: «Martín Lillo, Antonio», ADUA, El exilio republicano en el norte de África, 11, Biografías-M.

  32. 32 Michael P. Ortiz: «Spain! Why? Jawaharlal Nehru, Non-Intervention, and the Spanish Civil War», European History Quarterly, 49 (2019), pp. 445-466.

  33. 33 Al ser contemporáneos, ambos conflictos fueron muy comparados por la prensa de la época. Acerca de esta realidad, véase Luis Vidal Corella: «Valencia: chinos en España», Mundo Gráfico (Madrid), 27 de octubre de 1937, p. 4.

  34. 34 S. a.: «Aznar Pomares, Purificación», ADUA, El exilio republicano en el norte de África, 11, Biografías-A.

  35. 35 Diego Mas Botella: El Crevillent oculto 1930-1950, Crevillent, Ajuntament de Crevillent, 2016.

  36. 36 Ibid., pp. 215-221.

  37. 37 Diego Gaspar Celaya: «Breve historia de un exilio combatiente. Alistamiento español en las Fuerzas Francesas Libres (1940-1945)», en Alejandra Ibarra Aguirregabiria (coord.): No es país para jóvenes, Bilbo, Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea-Instituto de Historia Social Valentín Foronda/Valentín de Foronda Gizarte Historia Instituta, 2012, 16 pp.

  38. 38 Hoàng Bích Sơn: «Chiến tranh đặcĩa thực mới» (La Habana, mayo de 1968), Archivo Histórico de la Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina (en adelante, AHOSPAAAL), Boletín Tricontinental, 6, 6-14.

  39. 39 Jacques Doyon: Les soldats blancs de Ho Chi Minh, Paris, Marabout, 1990.

  40. 40 André-Paul Comor: «La désertion dans la Légion étrangère», Guerres mondiales et conflits contemporains, 280(4) (2020), pp. 11-26, esp. pp. 17-26.

  41. 41 S. a.: «Llegan a Manila cinco españoles que luchaban en Indochina», ABC, 4 de octubre de 1953, p. 57.

  42. 42 Joaquín Mañes Postigo: «Añoranzas hispanas de la legión extranjera», La Toga, 188 (2013), p. 108.

  43. 43 Heinz Schutte: «Between the Fronts: German-speaking Intellectuals in the Viet-Minh», Arena Journal, 28 (2007), pp. 197-221.

  44. 44 A Georges Boudarel se le juzgó tiempo después por haber torturado a prisioneros franceses durante la guerra. Sobre este caso, véase: M. Kathryn Edwards: «Traître au colonialisme? The Georges Boudarel Affair and Memory of Indochina War», French Colonial History, 11 (2010), pp. 193-209.

  45. 45 S. a.: «Un español, trece años prisionero en Vietnam del norte», ABC, 24 de agosto de 1965, p. 29.

  46. 46 Alfonso de La Serna: «Nguyen Thi Ba de Sánchez», ABC, 16 de septiembre de 1960, p. 3.

  47. 47 Jacques Doyon: Les soldats blancs..., pp. 325-329.

  48. 48 Joaquín Mañes Postigo: Españoles en la Legión Extranjera francesa, Barcelona, Inédita Editores, 2009, pp. 140-147.

  49. 49 S. a.: «Llegan a Madrid españoles evacuados de Vietnam del Norte», ABC, 10 de diciembre de 1967, p. 51.

  50. 50 Joaquín Bardavío, Pilar Cernuda y Fernando Jauregui: Servicios secretos, Barcelona, Plaza & Janés, 2000.

  51. 51 José Luis Rodríguez Jiménez: «Antecedentes y primeras misiones en el exterior de las Fuerzas Armadas», La Albolafia. Revista de Humanidades y Cultura, 14 (2018), pp. 134-155.

  52. 52 La Conferencia de Belgrado, germen del Movimiento de Países No Alineados, fue acogida en Yugoslavia por Josip Broz Tito, antiguo brigadista internacional durante la guerra civil española.

  53. 53 Ada Ferrer: Freedom’s Mirror. Cuba and Haiti in the Age of Revolution, New York, Cambridge University Press, 2014.

  54. 54 Denise Urcelay-Maragnès: «Los voluntarios cubanos en la guerra civil española (1936-1939)», Historia Social, 63 (2009), pp. 41-58.

  55. 55 Jorge Domingo Cuadriello: El exilio republicano español en Cuba, Madrid, Siglo XXI, 2009.

  56. 56 Durante un encuentro sostenido por el autor de este trabajo con Osmany Cienfuegos en La Habana el 12 diciembre del año 2023, el veterano líder cubano reafirmó la impronta de su pasado en la forja de su compromiso revolucionario con la solidaridad internacional.

  57. 57 Luis Suárez Salazar y Dirk Kruijt: La revolución cubana en nuestra América, Panamá, Ruth, 2016, pp. 178-179.

  58. 58 S. a.: «Falleció Alberto Bayo» (La Habana, 5 de agosto de 1967), Archivo Biblioteca Nacional José Martí de La Habana, Diario Granma, 3.

  59. 59 Mevliyar Er: «Abd-el-Krim al-Khattabi: The Unknown Mentor of Che ­Guevara», Terrorism and Political Violence, 29(1) (2017), pp. 137-159.

  60. 60 Conchi Bilbao, Soedade Noia y Antón Lopo (coords.): Trasterrados. Dicionario do exilio galego, Santiago de Compostela, Galicia hoxe, 2005, y s. a.: «Alepuz Zanón, Manuel» (Madrid, s. d.), AFFLC, Censo de represaliados de la UGT, Diccionario Biográfico del Socialismo Español (FPI), A-229, 6834.

  61. 61 Juan Carlos Rodríguez Cruz: Hombres del Escambray, La Habana, Capitán San Luis, 1990.

  62. 62 S. a.: «Álvarez Rubiela, José Daniel», ADUA, El exilio republicano en el norte de África, 11, Biografías-A, y Victoria Fernández Díaz: El exilio de los marinos republicanos, València, Universitat de València, 2009.

  63. 63 S. a.: «Hispano-soviéticos en la Revolución Cubana», Radio Nacional de España, «Españoles en el exterior», 7 de enero de 2017.

  64. 64 S. a.: «Barral Arranz, Fernando», ADUA, El exilio republicano en el norte de África, 11, Biografías-B.

  65. 65 Raúl Vallarino: Nombre clave, Patria, Montevideo, Editorial Sudamericana, 2006.

  66. 66 Alberto Bayo et al.: «Gala cultural y recepción» (La Habana, enero de 1966), AHOSPAAAL, fondos E. Duménigo, serie fotográfica Conferencia Tricontinental, no. 6, 28.

  67. 67 Alberto García Molinero: «Franquismo y antifranquismo en el Tercer Mundo a través de la esfera Tricontinental», Rubrica Contemporánea, 13 (2024), pp. 227-248.

  68. 68 Miguel Íñiguez: Enciclopedia histórica del anarquismo español, Vitoria-­Gasteiz, Asociación Isaac Puente, 2008, y s. a.: «Madroñal Iglesias, Teófila», ADUA, El exilio republicano en el norte de África, 11, Biografías-M.