Ayer Ayer 139 (3) 2025:181-210
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2025
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/2195
© Carles Gorini Santo
Recibido: 18-02-2023 Aceptado: 18-06-2024 Publicado on-line: 07-07-2025
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License
Catolicismo y patriotismo en Montserrat. Un ferrocarril por testigo (1881-1923)
Carles Gorini Santo
Institut Català de Recerca de Patrimoni Cultural
cgorini@icrpc.cat
Resumen: Este artículo explora los contextos del primer proyecto conocido para la aplicación del modelo suizo de industria del extranjero en España, que se llevó a cabo en la montaña de Montserrat a partir 1877. Para ello se utiliza el fondo documental de la sociedad Ferrocarriles de Montaña a Grandes Pendientes (FMGP), la impulsora del proyecto. La documentación, inédita, permite tejer un hilo con las diferentes evidencias sobre la evolución del catolicismo catalán en el marco de un conflicto general, en los últimos años del siglo xix y los primeros del xx, que ha recogido la extensa bibliografía sobre la temática. También lo teje con la de los fundamentos simbólicos del catalanismo, toda vez que Montserrat sintetizó ese fenómeno cultural y político. El resultado describe con mayor precisión la consolidación de Montserrat como un destino católico de masas y su encaje con los agentes directores del catalanismo hasta 1923.
Palabras clave: Montserrat, catolicismo, integrismo, catalanismo, nacionalismo, turismo.
Abstract: This article explores the contexts of the first known project for the application of the Swiss model of foreign industry in Spain, which was carried out on the mountain of Montserrat from 1877 onwards. For this purpose, the documentary collection of the company Ferrocarriles de Montaña a Grandes Pendientes (FMGP), the promoter of the project, is used. The unpublished documentation allows us to weave a thread through the different pieces of evidence on the evolution of Catalan Catholicism within the framework of a general conflict, in the last years of the nineteenth century and the first years of the twentieth, which has been collected in the extensive bibliography on the subject. It also weaves it with the bibliography that has dealt with the symbolic foundations of Catalanism, since Montserrat synthesised this cultural and political phenomenon. The result describes with greater precision the consolidation of Montserrat as a mass Catholic destination and its relationship with the leading figures of Catalan nationalism until 1923.
Keywords: Montserrat, catholicism, fundamentalism, catalanism, nationalism, tourism.
Para comprender el objetivo de la sociedad de Ferrocarriles de Montaña a Grandes Pendientes (FMGP) en Montserrat debemos observar en primer lugar el espacio simbólico que construyó la literatura de la Renaixença 1, cuando estableció una relación entre el paisaje y la tradición. La modalidad fue inequívocamente cultivada en la mentalidad burguesa catalana por Jacint Verdaguer i Santaló. Josep M. Fradera ha escrito de Verdaguer que en su producción literaria despunta «el sentido de oposición dicotómica entre la Montaña y el mundo exterior, en particular con Barcelona, o Babilonia». La montaña ejemplificaba para el escritor los valores tradicionales. En ella habitaban los recuerdos de juventud, los juegos de la infancia, las canciones y las costumbres. La ciudad esparcía los valores impersonales del capitalismo industrial. Los valores montañeses que impregnaban la poesía verdagueriana fueron asumidos por la burguesía urbana y resultaron el fundamento de una moral que se proyectó sobre toda Cataluña 2. Esta burguesía consideró las montañas la cuna de su propia tradición y las interpretó como un poderoso factor de regeneración social. Quizás ha sido Joan Lluís Marfany quien lo ha expresado de una forma más rotunda:
«Esta esencia de catalanidad podía condensarse toda ella, poderosamente, en un solo elemento paisajístico que, magnificado fuera de toda proporción por sus virtualidades simbólicas, anulaba a todos los demás y se extendía idealmente a todo el territorio. [...] Lo más frecuente era, sin embargo, que este elemento paisajístico esencial fuera, para el nacionalismo catalán, la montaña» 3.
Como resultado, la montaña de Montserrat acrisoló el paisaje de Cataluña. Pero cuando la montaña se aprestó a conquistar Babilonia, esta se le encaramó con la intención de transformarla. El conocimiento en Barcelona del modelo suizo de industria de los forasteros ofreció la múltiple rentabilización de la construcción simbólica que procedía de la poesía de la Renaixença y que hasta entonces solo había vivido en la literatura. Suiza había consolidado a mediados del siglo xix una industria de los forasteros que se benefició de la extensión de las redes europeas de ferrocarriles, porque estos acercaban los paisajes alpinos a un público crecientemente deseoso de conocerlos 4. El éxito del ferrocarril cremallera del Rigi constituía el ejemplo semilla. Ese deseo turístico en expansión convenció a FMGP del negocio que podía realizar 5. La innegable característica religiosa y patriótica de Montserrat, y su cercanía a dos líneas generales de ferrocarril, le mostraban el camino a seguir. Las peregrinaciones populares también constituían un negocio turístico boyante.
Desde 1860, Thomas Cook & Son y American Express habían abierto Palestina y Egipto a los ciudadanos británicos que anhelaban realizar la visita a Tierra Santa 6. También Roma había resur-
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El monasterio de Montserrat, c. 1890

Fuente: Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya (FGC), FMGP [FS19000101_02].
gido y se había instalado en el centro de los destinos religiosos. El número de visitantes británicos en aquella ciudad fue lo suficientemente importante para que se organizaran visitas y misas en lengua inglesa, y alimentó una incipiente industria hotelera y de recuerdos 7. Rápidamente, el negocio con los visitantes religiosos floreció en otros muchos lugares. La Iglesia francesa añadió Lourdes, que había asistido a la construcción de un pueblo hotelero radicalmente nuevo, levantado alrededor de la cueva donde la Virgen se apareció a Bernadette 8. Incluso Suiza concentraba en Einsiedeln uno de los lugares de peregrinación mariana más destacados del catolicismo germánico. Rápidamente, las peregrinaciones alcanzaron una popularidad notable en todo el mundo porque constituyeron el marco escenográfico del combate político y cultural que el catolicismo intransigente llevó a cabo para el mantenimiento del monopolio de la Iglesia sobre la sociedad civil.
En España la primera gran peregrinación moderna tuvo lugar en Zaragoza, en abril de 1880, cuando unos veinte mil católicos honraron a la Virgen del Pilar y demostraron la fuerza del catolicismo español. Francisco J. Ramon Solans afirma que «esta peregrinación resulta muy relevante por la utilización de nuevos medios de transporte y el desarrollo de una estructura organizativa que diera publicidad al evento, lograra acuerdos con las compañías de ferrocarril y garantizase una buena estancia de los peregrinos en Zaragoza» 9.
La transformación de la posición de la Iglesia ante la modernidad le representó una oportunidad para encajar el turismo porque lo entendió como una actividad económica con una elevada capacidad para asociarse a valores e ideologías, y como un proceso de vinculación con el poder 10. La acomodación económica de las manifestaciones religiosas itinerantes en la matriz del negocio suizo de los forasteros era evidente, pues la diferencia entre las peregrinaciones y el turismo era menor de lo que pudiera pensarse 11 y no debemos confundir los posicionamientos doctrinales de la Iglesia con su habilidad para procurarse los mecanismos financieros contemporáneos 12.
No obstante, los de FMGP todavía percibían otro as en su manga porque las grandes conmemoraciones lideradas por católicos también acertaron a fundir los ideales religiosos y los patrióticos 13. Y Montserrat había sido convertida por la Renaixença en la Montaña de Cataluña. Esa fusión, para el patriotismo español, presentaba los ejemplos más significativos en Covadonga (Asturias), El Pilar (Zaragoza), Lluc (Mallorca) o Santiago de Compostela (Galicia).
La oportunidad de la recepción del modelo suizo de industria de los forasteros y su aplicación en Montserrat resultó de la convergencia de dos marcos conceptuales. El primero, que la belleza de los Alpes estaba siendo monetarizada como cualquier otro bien de consumo. Para lograr el objetivo la belleza fue transformada en mercancía. En otras palabras, se inventó el paisaje 14. Pero la invención no resultó un fenómeno neutro. Puso en juego la propagación de unos valores nacionales —del mito cívico de Suiza— y la capacidad de hacer de ellos la piedra angular de la economía. El prematuro intento de aplicación en Montserrat nos demuestra que el modelo suizo de industria de los forasteros circuló rápidamente por el mundo y proporcionó representaciones y prácticas que fueron lo suficientemente flexibles para satisfacer las necesidades alpinas de cada región, hasta tal punto que definió un tipo específico de turismo que practicaba una amplia gama de actividades adecuadas a los entornos de montaña, al que le era indiferente la localización específica de la actividad porque lo unía un imaginario cívico que lo homologaba 15. El segundo marco se desprende de la sugerente relación que el arquitecto Josep M. García Fuentes estableció en su tesis doctoral entre la visita de Wilhem Humboldt a Montserrat, la controversia que mantuvo con Johann W. Goethe y la conexión intelectual de Víctor Balaguer Cirera con estos, a través de la introducción en Cataluña de las ideas del romanticismo alemán. García afirma que «el potencial montserratino para convertirse en un símbolo más allá de la religión e incluso de la nación fue puesto en evidencia por Humboldt durante su visita a la montaña en el año 1800». Siguiendo al autor, Humboldt no se interesó por los símbolos religiosos, sino por los ermitaños y la felicidad con que vivían, lo que hizo que el alemán escribiera un ensayo en el que argumentó que la contemplación del paisaje natural era capaz de fomentar en el alma humana «una nueva espiritualidad por encima de las religiones» 16.
Así pues, la recreación del modelo suizo que inicialmente pretendía la sociedad de FMGP —la construcción del ferrocarril a cremallera y la de hoteles, chalés, escuelas y un observatorio astronómico— podía resignificarse en la percepción de Montserrat que García atribuía a Víctor Balaguer, que se hizo efectiva porque encontró una transmisión adecuada entre los sectores clericales conciliadores de los años cincuenta y sesenta del siglo xix. También las Fiestas del Milenario de Montserrat, celebradas casi en paralelo a las que tuvieron lugar en Zaragoza por el Pilar, constituyeron un importante éxito. Para remachar las expectativas económicas de los propietarios del ferrocarril cremallera, cuando se disponían para la inauguración de la línea, en octubre de 1892, Montserrat concentraba las celebraciones del integrismo católico que, con motivo de la conmemoración del IV Centenario del Descubrimiento de América, quería enfatizar el protagonismo cristiano y español en la conquista del Nuevo Mundo 17. Esos escenarios de masas eran los que
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Grabado que muestra la llegada de la reina Isabel II
a Montserrat durante una visita en 1860

Fuente: FGC, Fondo FMGP [FS_19200101_08].
deseaba FMGP y, sin embargo, no fueron los que definitivamente encontró. Ello trasluce que lo expuesto por Josep M. García resultó inoperativo después de 1879, porque el Estado cedió la cima de Montserrat al obispo de Barcelona 18 y porque la Iglesia catalana y española se sumergió, en palabras de Josep M. Fradera, en una etapa de «opacidad ideológica y petrificación cultural» 19.
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Plano elaborado por Joaquim Carrera Sairol donde muestra la pretendida urbanización del entorno de la ermita de Sant Miquel, en Montserrat, 1880

Fuente: FGC, Fondo FMGP [8002/01a].
En Cataluña, entre 1881 y 1900, el arraigo del catolicismo de masas se vio condicionado por los enfrentamientos entre facciones, la de los integristas y la de los conciliadores. El historiador de la Iglesia catalana, Casimir Martí, ha afirmado que aquellas facciones tomaron estrategias distintas. Los integristas mantuvieron el criterio de una oposición radical y sin concesiones al Estado liberal, y se encaminaron hacia las demostraciones de las masas en movimiento, a la evidencia cuantitativa de la fuerza. En cambio, los conciliadores proclamaron una práctica posibilista sobre la base emanada de la Santa Sede durante el pontificado de León XIII. Al parecer de Martí, también se opusieron al liberalismo «basado en la pretendida racionalidad de la igualdad ante la ley, de la soberanía de la razón y del poder decisorio de las mayorías numéricas», pero, contrariamente a la postura integrista, que persiguió la superioridad numérica para legitimar su lucha, los conciliadores consiguieron que Roma viera con preferencia las peregrinaciones diocesanas, dirigidas por los prelados respectivos y con un cariz exclusivamente religioso, a las peregrinaciones unitarias y masivas 20. Las controversias entre uno y otro bando fueron profundas y trastornaron a los católicos catalanes. El también historiador de la Iglesia, Joan Bonet Baltà, asegura que «la vituperación mutua llegó a tal extremo que el Santo Padre tuvo que intervenir [...] ante la guerra civil de la Iglesia catalana, pidiendo que se evitaran las luchas que tenían un fundamento político [...] que serían superadas si se conseguía la unión en el terreno religioso» 21.
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Plano del monasterio de Montserrat y emplazamiento de la futura estación del ferrocarril cremallera, según proyecto de Joaquim Carrera Sairol, 1880

Fuente: GFGC, Fondo FMGP [8002/01b].
En el transcurso de esas pugnas, el integrismo español se escindió. Joan Requesens ha explicado que la escisión, en Cataluña, provocó que uno de los dos bandos en discordia «llegara al sepulcro encadenado a sí mismo», mientras que el otro se adaptaría «a las realidades inevitables del progreso». Fue el pragmatismo de este último bando el que señaló la montaña simbólica que habían formulado los poetas de la Renaixença para que acogiera el espíritu de una nueva Cataluña, «un lenguaje y un espíritu que se fusionan con una significación geográfica y romántica, asegurando unos centros religiosos y cívicos que recuperan la historia, la religiosidad, las tradiciones y la lengua del país» 22. La iniciativa la hizo visible el obispo de Vic, Josep Morgades i Gili, al cual secundarían Josep Torras i Bages, Jaume Collell i Bancells y el ya presentado Jacint Verdaguer. Para este grupo, la restauración de Montserrat debía poner el monasterio de la montaña en el centro de la construcción religiosa y patriótica, es decir, cultural y política, de una Cataluña cristiana. Pretendía que facilitara la superación de las diferencias aludidas, que procurase la unidad que León XIII había pedido en 1882 a los obispos españoles en la carta Cum multa.
En 1885, en pleno rifirrafe integrista, Josep Deàs Villar sucedió en el abadiato a Miquel Muntadas Romaní. Desde el inicio Deàs intrigó para hacerse con el control de los terrenos desamortizados que circundaban el monasterio, que consiguió finalmente el 3 de junio de 1887 23. Las cuarenta y cuatro hectáreas que el abad adquirió a título particular eran los únicos espacios en los que resultaba factible la construcción de los equipamientos que los bandos católicos enfrentados ambicionaban para sus masas y para las demostraciones de su poder, en el que querían ver incorporado Montserrat 24. Deàs ponía el candado porque Muntadas había dejado escrito que «todo el mal de esta Casa viene del roce de los monjes con los seglares, que vienen con ocasión o pretexto de visitar el Santuario» y pedía que costara lo que costara se mantuvieran allí separados 25. Por ello, la comunidad benedictina que administraba el monasterio introdujo profundas alteraciones al encaje de Montserrat en el circuito de destinos religiosos, a su promoción como una traslación de aquellos donde la construcción de hospederías y la comercialización de todo tipo de productos relacionados con la devoción debían contribuir a su masificación y mistificación. FMGP obtendría una victoria muy elocuente de las influencias de sus gestores cuando el obispo de Barcelona, Josep Català i Albosa, obligó a Deàs a cederle los terrenos que necesitaba para la conclusión de la línea del cremallera 26. Los que codiciaban la montaña como un destino al estilo de Covadonga, el Pilar, Lourdes o Einsiedeln obtuvieron un triunfo escaso.
La muerte de Josep Morgades puso a Torras i Bages a la cabeza del bando carlista escindido que había tomado el camino del pragmatismo. Casimir Martí asegura que Torras «se basó en los postulados ontológicos del derecho natural y en la experiencia ciudadana de la Cataluña medieval para proyectar aquel modelo ético-histórico sobre la actualidad contemporánea y sobre el futuro de la política catalana» 27. En palabras de Enric Ucelay, «soñaba un catalanismo católico que surgiría como alternativa al integrismo» 28. Y Torras disputó Montserrat a los representantes de cualquiera de las otras opciones, la de los encadenados al sepulcro y la de los conciliadores aliados con la Corona. La evolución del catolicismo en Cataluña hacia el posibilismo de Torras i Bages transformaría radicalmente la oportunidad del negocio de los peregrinos en Montserrat mientras los gestores de FMGP maniobraban para hacer realidad su proyecto. Cuando el ferrocarril inició la explotación, después de que el capital suizo hubiera acudido en su auxilio, la expectativa de un Montserrat de masas había sido sustituida por otra de grupos parroquiales formados por obreros 29. La transformación dejó a FMGP sin contexto y arrastró el negocio al borde del fracaso.
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Grupo de romeros en la cantina de la estación de Montserrat, 1899

Fuente: FGC, Fondo FMGP [CM_19000101_06].
El ferrocarril cremallera fue inaugurado el 6 de octubre de 1892. Los administradores de la sociedad lamentaron que una reglamentación arbitraria les impidiera abrir en agosto y les arrebató los ingresos de la belle saison. Pero 1893 transcurrió sin que los ingresos mejoraran. La reacción fue rápida, pero miope. En un primer análisis consideraron que el ferrocarril cremallera era un invento demasiado nuevo para los españoles, que sentían prevención por su uso. Encargaron una campaña de publicidad en todas las capitales españolas. También pusieron el foco sobre las carreteras, porque les hacían la competencia. Añadían, aún, la escasa oferta de trenes de Barcelona con parada en Monistrol. Por tanto, la mejora de la comunicación con Barcelona y las demás capitales catalanas constituyó un asunto primordial para FMGP, y esta puso todos los esfuerzos en Barcelona, en Madrid y en París para que NORTE mejorara la frecuencia de paso por Monistrol y extendiera a todas las estaciones de su red, en Cataluña, una oferta de billetes combinados. Negoció, y logró, la supresión de los tratos que aquel ferrocarril mantenía con las diligencias para liquidar a los competidores. Añadió un aumento de tarifas, a pesar de las advertencias del ingeniero jefe desde Monistrol, que pedía moderación porque un billete mucho más caro podía asustar a los clientes 30. Pero después de 1894 el negocio apenas remontaba. Lo importante era que los ingresos no cubrían los gastos. Al conflicto religioso catalán se le sumaba el marasmo económico nacional.
La retahíla de contrariedades sembró la discordia en el Consejo de Administración de FMGP. Los socios suizos acusaron a los catalanes de ocultarles la verdadera situación de la sociedad durante un viaje que realizaron a Barcelona, en marzo de aquel año. A pesar de las disputas, el Consejo supo cerrar filas contra los pequeños inversores y les impuso la suspensión del pago de las obligaciones. El convenio con los obligacionistas se firmó en 1896 31. En el monasterio, la paralización en 1897 de las obras de construcción de las celdas de Nuestra Señora, iniciadas en 1894, porque las peregrinaciones se habían reducido drásticamente, añadió aún más incertidumbre al futuro del negocio 32. Terminado 1898 el Consejo, con gran transparencia, dijo a los accionistas: «no es necesario añadir grandes explicaciones sobre las causas de tales reducciones de viajeros. El carácter mismo de nuestra empresa debía hacerla más dependiente que cualquier otra de las dolorosas circunstancias que afligían a España». Ahora bien, los socios catalanes informaron que la firma de la paz con los Estados Unidos había devuelto el vigor a la actividad comercial e industrial. Se podía confiar en que pronto mejorarían los resultados de la explotación del ferrocarril en Montserrat 33. Dijeron la verdad.
En 1904 el rey Alfonso XIII hizo una visita a Montserrat para poner la primera piedra en el monumento a los héroes del Bruc, lo que llevó al monasterio un gentío que mayoritariamente utilizó el tren, con efectos balsámicos en la cuenta de resultados de explotación. La circunstancia motivó que en junio de 1905 FMGP pagase por primera vez a sus obligacionistas, aunque en las condiciones de interés variable estipuladas en el convenio de 1896. Los números mejoraron en consonancia con la actividad constructora del monasterio. Se completaron las obras del camarín, que habían sido iniciadas en 1876, y se reiniciaron las del presbiterio y las de la nave de la iglesia. En 1906 se completó la adecuación de todas las capillas. Para el acomodo de los peregrinos se reanudaron las obras en las celdas de Nuestra Señora, que terminaron en 1904. Antes habían sido construidas las de San José (1889-1891) y ampliadas las de San Ildefonso (1892-1893) 34. La congregación monástica montserratina se multiplicaba y la componían una treintena de hermanos. Los alrededores del monasterio se llenaron de monumentos conmemorativos entre los que despuntaba el Rosario monumental. La Iglesia catalana había atenuado sus enfrentamientos internos. El abad Deàs se había alejado del integrismo recalcitrante de Fèlix Sardà i Salvany y acercado a Jaume Collell, a los postulados de Josep Torras i Bages. En 1892 Torras había publicado La tradició catalana y, posteriormente, en 1899, fundado la Liga Espiritual de la Virgen de Montserrat para «la total reconstitución espiritual y temporal del pueblo catalán».
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Grupo no identificado en el monasterio de Montserrat

Fuente: FGC, Fondo FMGP [FJ 19300101_01].
Para FMGP estos años transcurrieron por un itinerario empresarial lleno de contradicciones. La mejora en las recaudaciones demostraba que Montserrat se acercaba al modelo que la sociedad había creído tener por delante veinte años atrás. El aumento de viajeros resultaba suficientemente consistente para fundamentar nuevos proyectos, pero insuficiente para financiarlos. A pesar de ello, tomó conciencia de que con el nuevo siglo Cataluña iniciaba una
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Fotografía dedicada por Alfonso XIII a FMGP,
durante la visita regia de 1908

Fuente: FGC, Fondo FMGP [CM 10980101_01].
etapa económica de crecimiento. En el país se cocían grandes iniciativas empresariales y algunas deberían tener un impacto favorable en el negocio que llevaba entre manos. Las buenas previsiones llevaron FMGP a decidir unas primeras inversiones para mejorar los resultados de la explotación 35.
Tabla 1
Número de viajeros del cremallera de Montserrat
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1892 |
1893 |
1894 |
1895 |
1896 |
1897 |
1898 |
1899 |
1900 |
1901 |
|
n/d |
n/d |
n/d |
n/d |
69.101 |
n/d |
n/d |
n/d |
84.011 |
78.389 |
|
1902 |
1903 |
1904 |
1905 |
1906 |
1907 |
1908 |
1909 |
1910 |
1911 |
|
79.867 |
78.947 |
99.051 |
83.211 |
85.222 |
86.187 |
90.226 |
73.558 |
81.931 |
90.511 |
|
1912 |
1913 |
1914 |
1915 |
1916 |
1917 |
1918 |
1919 |
1920 |
1921 |
|
91.060 |
103.635 |
85.174 |
93.598 |
93.963 |
84.591 |
92.248 |
110.508 |
n/d |
n/d |
Fuente: elaboración propia a partir de FGC, Fondo FMGP [15006/01 y 9005/01] y Gaceta de los Caminos de Hierro.
La observación del número de viajeros anuales que transportó el ferrocarril (tabla 1) demuestra la consolidación del negocio que acabamos de describir. Entre 1896 y 1913 la sociedad casi dobló la venta de billetes. El crecimiento no se hizo sin sobresaltos. La Semana Trágica, en julio de 1909, provocó una dramática disminución de los ingresos. Más adelante, en 1914, el estallido de la Primera Guerra Mundial hizo bajar el número de viajeros, aunque los buenos negocios que España hizo con la neutralidad los aumentó de nuevo. Con todo, el alza desmedida de los precios del carbón y la rotura de la paridad de la peseta con el franco suizo provocaron muchos quebraderos de cabeza en la explotación de la línea y borraron la posibilidad de los beneficios.
Pero volvamos a 1909, porque FMGP registró un par de hechos que nos hacen pensar en la consolidación de la centralidad religiosa de Montserrat, que la convertiría en breve en un destino transversalmente apreciado. Por un lado, Thomas Cook & Son incluyó Montserrat en su catálogo Comment voir Barcelone, y también lo hizo la Sociedad de Atracción de Forasteros (SAF) en su primer catálogo promocional 36. Por otra parte, el incremento de vehículos que ascendían por la carretera, del cual FMGP tomaba nota con preocupación, confirmaba el creciente atractivo del destino. Así, a pesar de las especificidades, el monasterio de la montaña se inscribía en el circuito de los lugares turísticos de su tiempo.
En este cruce de esperanzas y amenazas la sociedad se propuso la prolongación del ferrocarril cremallera a la cima de Sant Jeroni. La ascensión ferroviaria a la cima de San Jeroni no era una propuesta novedosa. Durante el banquete celebrado con motivo de la inauguración de las obras del cremallera, el 3 de enero de 1882, se brindó para que la locomotora de vapor conquistara aquella cima 37. Voces como la del republicano Valentí Almirall pidieron que la locomotora del progreso sacara a Montserrat de la oscuridad, que la ciencia venciera a la religión 38. Sin embargo, en 1909 las cosas eran muy diferentes y un proyecto de prolongación de la línea del ferrocarril requería de la aquiescencia de los campeones de la montaña, de los seguidores de Josep Torras i Bages.
La gestación del proyecto a Sant Jeroni se dilató entre 1909 y 1911, cuando finalmente se presentó una memoria completa y detallada, y fue solicitada la concesión administrativa. El objetivo era poner al alcance de todos «un panorama incomparable que se extiende desde los picos nevados de los Pirineos hasta el mar Mediterráneo y en días muy claros se divisa hasta las montañas de las Islas Baleares» 39. En suma, que ese tren se proponía exclusivamente para el disfrute del paisaje. El Consejo de Administración conocía que el abad Josep Deàs no se oponía categóricamente a la construcción, es decir, que podría estar dispuesto a ceder terrenos de su propiedad 40. Pero había dos cuestiones por resolver antes de iniciar los trabajos: el dinero para financiarlos y «l’assurance formelle que elle pourra construire un hôtel en San Geronimo» 41. FMGP salía de una etapa económicamente muy difícil. Los socios suizos estaban convencidos de que era imposible que en su país apareciera el dinero para la financiación de la construcción, por lo que instaron a los socios catalanes, Romà Macaya Gibert y Ròmul Bosch Alsina, para que lo buscaran en Barcelona donde los asuntos económicos, según era público en Suiza, iban muy bien.
La mejora del negocio en Montserrat hablaba de un peregrino que se había vuelto más complejo en sus intereses, al compás de las transformaciones de la sociedad catalana que, a su vez, transformaba su mirada a las montañas 42. Pero en las ciudades el anticlericalismo iba en aumento. En consecuencia, Josep Deàs tomó una decisión de fuertes repercusiones para el futuro de Montserrat. Fundó una sociedad mercantil que administraría los bienes inmuebles de la comunidad para sustraerlos de cualquier eventualidad secular, que llevaría por nombre La Agrícola Regional, S. A. (LARSA). Esta sociedad fue creada como un medio para evitar que los monjes, que desde 1887 habían adquirido diferentes propiedades en la montaña de Montserrat, como hemos visto que había hecho el mismo Deàs, pudieran verse desposeídos. Debemos entender el temor del abad en el proceso histórico del monasterio, pero también en la particularidad del recinto estricto, que en los últimos años había acogido una serie de inversiones económicas. La información que manejaba el abad le demostraba que era de dudosa propiedad 43. Pronto, Deàs tomó otra decisión aún más relevante: cedió el abadiato a Antoni M. Marcet Poal. La elección de un abad coadjutor parece que proporcionó una gran alegría a FMGP, porque «este último [Marcet] proyectaría importantes mejoras en todas las construcciones del Convento e incluso la construcción de un nuevo edificio bajo la dirección de un arquitecto barcelonés. El transporte resultante mejoraría nuestros ingresos» 44.
La actitud tradicionalmente arisca de Deàs, el candado que puso al monasterio, provocó el establecimiento de la Colonia Puig en los terrenos aledaños disponibles. La Colonia Puig se había convertido en un lugar de recreo popular desligado de la religión, que había sabido conectar con Barcelona a través de una línea regular de transporte por carretera 45. El nuevo abad no estaba dispuesto a permitir otro caso parecido en la montaña, pero tampoco le pareció mal el proyecto que ofrecía FMGP. Sin embargo, una nueva atracción presentaba unos riesgos que convenía meditar detenidamente. Entonces, el estallido de la Primera Guerra Mundial detuvo en seco las pretensiones de FMGP en San Jerónimo. Los turistas desaparecieron de Suiza, el negocio hotelero helvético se tambaleó y debilitó a los hombres de negocio de aquella nacionalidad que controlaban la sociedad. El nuevo abad coadjutor debió darse cuenta de la oportunidad que le ofrecía la coyuntura internacional para hacerse con el control de los accesos a la montaña. Para remachar el candado que había iniciado Deàs.
La actitud de Antoni M. Marcet en estos años no puede desligarse de la evolución política y cultural de Cataluña. Los partidos dinásticos habían perdido su sostén sociológico tradicional, la burguesía y las clases medias, que habían basculado hacia el regionalismo de la Lliga Regionalista. Enric Ucelay afirma que «el catalanismo liguero rehuyó hacer de escudo de la Iglesia» 46, pero Marcet encontró la manera de acercárselo a través del fomento de la cultura. De esta característica hablaremos a continuación. De momento, diremos que el abad de Montserrat visitó en octubre de 1913 el Primer Congreso de Arte Cristiano, que se celebró en Barcelona, y que presidió Josep Puig i Cadafalch. Posteriormente, y como resultado del Congreso, un grupo «de muy honorables miembros del clero secular» se le dirigieron para pedir la organización en Montserrat de un Congreso Litúrgico, que tuvo lugar en julio de 1915 47. Puig militaba en la Lliga Regionalista y en la Liga Espiritual de la Virgen de Montserrat 48, pero también lo hacía el abogado barcelonés Josep Rogent Pedrosa 49. De alguna manera que no conocemos, quizás por mediación de Macaya y Bosch, Puig y Rogent interpretaron positivamente el proyecto de FMGP en Sant Jeroni. Como hemos advertido, la Primera Guerra Mundial debilitó la posición de los suizos y ambos consiguieron que en Barcelona apareciera el dinero para sacar adelante el proyecto. Semejantemente a lo que había sucedido en el Tibidabo, otro proyecto original de FMGP, el ferrocarril cremallera fue sustituido por un funicular, con lo que podía solicitarse una nueva concesión hecha por nuevos demandantes, en este caso, con destino a Sant Joan. Con este objetivo un grupo de hombres cercanos a Marcet, algunos de los cuales regían los destinos de LARSA, capitaneados por Rogent, fundaron en 1917 la Compañía Auxiliar de Funiculares y Ascensores (CAFA) y tomaron el relevo a la iniciativa de FMGP, que adquirieron finalmente en 1923 50. Estos movimientos mercantiles formaban parte de una estrategia que perseguía no solo el lucro económico, sino también la concentración en manos del abad del poder de decisión sobre la montaña de Montserrat, amparados por el interés que compartían en el asunto amplias capas de la burguesía catalana, la que proporcionaba el cariz laico al catolicismo social catalán.
En Cataluña el catalanismo político conservador nunca renunció a insertar el catolicismo en la vida pública. Como ha afirmado Víctor Reina, «el catolicismo catalanista intuyó lo que sería después una constante en la acción de los católicos en la vida pública: la cristianización de las estructuras desde dentro con independencia de las declaraciones y gestos confesionales» 51. Ello conllevó que la Lliga Regionalista actuara a la postre como un movimiento católico y que algunos de sus miembros formaran parte relevante entre los propagandistas del catolicismo social.
El catolicismo social fue formulado en los últimos años del siglo xix para responder a las turbulencias sociales del momento. En España vivió su máximo auge entre la finalización de la Primera Guerra Mundial y la Guerra Civil. El movimiento supuso un salto de la mentalidad caritativo-benéfica del catolicismo a una social 52. Lo que llamaba la cuestión social fue planteada como factor de modernización, pero también como el principal objetivo de una política contra el liberalismo progresista. La estrategia se cimentó en la necesidad de la clase burguesa de una masa trabajadora dócil y alejada de la radicalidad subversiva 53. Por ello, pese a los cambios profundos que había llevado asociada la segunda revolución industrial en los últimos años del siglo xix, la burguesía catalana cerró filas en torno a la defensa del orden y la propiedad. El resultado fue que el grupo conservaría los mismos espacios sociales y privilegios a pesar de las rivalidades internas derivadas de la diversificación de sus negocios 54. En relación con la incardinación del catalanismo en el obrerismo como una tarea apostólica Torras i Bages expresó en 1891 la siguiente convicción:
«Hoy en día el trabajo verdaderamente fructuoso hacia la Iglesia consiste en dirigir la prudente actividad del clero a la gran cuestión que llamamos social. A mí, me parecen pequeñas todas las demás; y si la del Regionalismo me llama la atención es más que por su sabor arcaico, patriótico y dulce, tan agradable a mi temperamento, por su carácter humano que liga muy bien con la cuestión social, que por otra parte las encierra todas» 55.
La finalidad del catolicismo social y la cohesión del grupo burgués nos facilitan la interpretación de la evolución de FMGP, instrumentada para facilitar el transporte de las clases populares a Montserrat, para que la montaña ejerciera una contribución definitiva a la construcción de una Cataluña y España cristianas y, con ello, a la dilución de la cuestión social 56.
Hemos observado que Montserrat resultó válido al catolicismo social catalán porque la Renaixença había vinculado la patria al paisaje, a elementos paisajísticos y determinados de una tierra concreta, a las montañas. Desde esa premisa, el acceso geográfico a la montaña simbólica debería actuar de palanca para la reconquista espiritual de la sociedad. Con fórmulas semejantes la Iglesia aceptaba que no podía presentar una oposición frontal al avance del liberalismo en las instituciones del Estado y que este, a través de la burguesía que lo dirigía, también la buscaba para que le ayudase a frenar el tránsito que amplias capas de las clases trabajadoras urbanas realizaban hacia el socialismo y el anarquismo. Todo ello en el entendimiento de que, en Cataluña, la participación de los eclesiásticos en la Renaixença, como Josep Torras i Bages o Jacint Verdaguer, que habían contribuido con su acción doctrinal y literaria a la construcción simbólico-identitaria de la catalanidad católica, había resultado en una concordia verdaderamente exitosa con la burguesía que había de proporcionarles dinero a unos y legitimidad a los otros. Antoni M. Marcet lo diría a su manera durante el Día de la Fe de 1913:
«Por eso bien hacen, y hacen Patria, quienes cultivan la Historia catalana y trabajan para la conservación del Derecho catalán; bien hacen y hacen Patria, quienes en el estudio y la actuación de las Bellas Artes no se contentan con producciones exóticas, sino que manifiestan su patriótico ingenio, haciendo florecer con su natural florescencia el viejo árbol de la Patria; bien hacen, y hacen Patria, quienes luchan por conservar y purificar nuestro viril lenguaje [...]; pero mucho mejor hacen y más que todos hacen Patria quienes procuran antes que todo y sobre todo que nuestra tierra persevere, como ha sido siempre, eminentemente cristiana; porque aunque el artista, el historiador, el legislador, el arqueólogo, el erudito y el excursionista trabajan por el bien de la Patria, es en lo que podríamos llamar el elemento variable y transitorio, en las formas externas y visibles, en las tradiciones que diríamos del cuerpo venerable de la Patria; más quienes se preocupan de hacer a Cataluña más sólidamente cristiana, estos trabajan en el elemento esencial y permanente, en lo que podríamos llamar la sustancia, en las tradiciones que constituyen la propia alma de la Patria» 57.
Retomando el análisis de Soledad Bengoechea del doble frente de los dirigentes del catolicismo social en Cataluña —el seglar y el religioso—, la adaptación del modelo suizo en Montserrat evidencia la gestación de un escenario en el que la duplicidad en la visión llevó a otra en el modelo de gestión. En un principio eso se llevó a cabo sin que sus promotores laicos, en este caso los de FMGP, consideraran las duplicidades como un factor excluyente, sino complementario. La afirmación se demuestra por las relaciones entrelazadas que estos mantenían en diferentes instituciones y entidades que servían al propósito ya expuesto de cristianizar esas estructuras desde dentro. Formaban parte de entidades políticas (la Lliga Regionalista), civiles (SAF), religiosas (la Liga Espiritual de Nuestra Señora de Montserrat), pararreligiosas (LARSA) o de previsión (Caja de Pensiones para la Vejez y de Ahorros). Así pues, consideramos que la fundación de la CAFA y la posterior adquisición a los suizos de FMGP, en 1923, por parte de un grupo representativo del catolicismo social catalán reflejan el ánimo de lucro económico inherente a toda empresa mercantil, pero también escenifican las voluntades de diferentes grupos de opinión y poder sobre la montaña de Montserrat durante los primeros años del abadiato de Antoni M. Marcet como, en años venideros, lo harían los mismos hombres e intereses sobre el santuario de Núria. Pero la estrategia mostró serias limitaciones.
Soledad Bengoechea ha advertido que el catolicismo social en Cataluña no presentó una homogeneidad de conjunto, sino que las formulaciones doctrinales que elaboraron sus ideólogos más relevantes contenían diferencias muy notables porque, «en efecto, no era lo mismo un católico social eclesiástico que un católico social empresario» 58. La duplicidad tendría a la postre consecuencias decisivas en el caso que nos ocupa, el del intento de instrumentalización de unos espacios en los que coincidían los intereses económicos y los morales. Al fin y al cabo, sería la contradicción anunciada por Bengoechea la que produciría que la materialización de los proyectos que perseguían los católicos y catalanes de FMGP se hiciese en medio de severas tensiones con los que propugnaba la clerecía representada en Montserrat por Marcet.
Imagen 8
Con la construcción del funicular a Sant Joan CAFA pretendió convertir la cima de Montserrat
en un parque suburbano, para lo cual proyectó
una red de caminos de paseo. La oposición
del cuerpo de ingenieros forestales frustró
la transformación del lugar

Fuente: FGC, Fondo FMGP [TJ 19200101_07 Zerkowitz].
Como puede deducirse, entre los años 1917 y 1923, y hasta 1931, FMGP se convirtió en un instrumento al servicio del catolicismo social y sus ferrocarriles fueron el medio que debía conducir a los obreros de las ciudades a su redención por la simbólica montaña. En este punto debemos matizar la afirmación de Francesc Roma cuando escribe que, para Cataluña, «el modelo suizo, en principio, parece ser un modelo fundamentalmente estético, una forma de dar sentido a nuestra montaña más que un modelo político, aunque no creemos que ambas realidades se puedan separar» 59, porque, por lo ya expuesto, la interposición del modelo suizo para la construcción simbólica de las montañas de Cataluña escondió sin ambages un combate político y cultural. En 1931, la contundente acción republicana sobre el santuario de Núria, donde desde 1916 el catolicismo social catalán venía promoviendo diferentes proyectos con el objetivo de reproducir su experiencia en Montserrat, confirma plenamente la afirmación 60.
La acción inicial de Ferrocarriles de Montaña a Grandes Pendientes (FMGP) en Montserrat, a partir de 1877, constituyó una translación del modelo suizo de industria de los forasteros. Ello fue posible por diversos motivos. Porque el modelo había circulado rápidamente por el mundo y porque, en Cataluña, el movimiento cultural de la Renaixença había hecho de las montañas el espacio simbólico de las tradiciones y Montserrat las concentró todas ellas. Al presupuesto inicial se añadió la transformación de la posición de la Iglesia ante la modernidad. Sucedió que la matriz del modelo suizo de negocio se amoldaba perfectamente a la de las peregrinaciones de masas católicas, que a su vez incardinaron el sentimiento patriótico. Por lo tanto, el lugar pudo homologarse a los numerosos destinos de montaña —turísticos (Rigi) o religiosos (Einsiedeln)— que florecían en Suiza y por Europa.
La aplicación del modelo de negocio, aun cuando se verificara prematuramente en Montserrat, pronto se vio envuelta en las contradicciones de la circunstancia simbólica y material del lugar elegido. Durante los años de ejecución del proyecto de FMGP, el catolicismo español entró en un proceso de pugna entre los sectores conciliadores y los integristas. A ello se añadió una crisis económica. Las circunstancias descritas provocaron una demora de diez años en la materialización del ferrocarril, después de que las obras se iniciaran en 1881. Asimismo, conllevaron que el escenario económico y moral deseado por los inversores no se presentara hasta pasados otros diez años, ya iniciado el siglo xx. No fue hasta entonces cuando Montserrat facilitó el doble negocio, económico y moral, en que había sido desdoblado el objetivo de FMGP.
En el proceso descrito hemos observado tres fases. La primera, de 1881 a 1900, cuando las disputas intestinas entre católicos integristas y conciliadores transformaron el previsto Montserrat de masas, deseado por FMGP, en otro de grupos parroquiales formados por obreros. Cabe añadirle al periodo la crisis política, económica y social finisecular. Todo ello redujo la expectativa del negocio y arrastró la sociedad mercantil a la suspensión de pagos, en 1896. La segunda etapa, que se solapa con la primera y la tercera, resulta de la particularidad del monasterio, de los candados que sus abades pusieron a esos movimientos convulsos que provenían del mundo exterior. La investigación aporta la evidencia de que aquel tiempo fue aprovechado por la comunidad para reorganizar y ampliar sus propiedades y recuperar el dominio directo sobre ellas. El mejor ejemplo, el de la compra de cuarenta y cuatro hectáreas de terreno que circundaban el monasterio que realizó el abad Josep Deàs Villar en 1887 a título personal, el único lugar disponible para la construcción de los edificios que debían acoger a las masas católicas y el tramo final del ferrocarril cremallera. Esa dinámica sería firmemente secundada por su sucesor, Antoni M. Marcet Poal. Pero Marcet fue más allá y acertaría al involucrar a diferentes hombres de la Lliga Regionalista en los proyectos culturales en Montserrat. La acción tendría por resultado que aquellos mismos hombres tomaran el control de FMGP, en 1923, o, lo que es lo mismo, que Marcet tuviera la llave del acceso masivo a Montserrat.
También hemos observado que algunos de los hombres que dirigieron el catolicismo social en Cataluña se encontraban estrechísimamente ligados al abad Marcet, entre ellos los nuevos directivos de FMGP a partir de 1923, y que su acción la caracterizaron el vínculo que los unía y los condicionantes políticos, económicos y sociales que constituían su circunstancia. Esos factores se convertirán en un elemento determinante en la finalización de la construcción, en el caso que tratamos, de las posibilidades de Montserrat —como síntesis de las montañas catalanas simbólicamente construidas por la literatura de la Renaixença— de actuar como una institución moral y de convertirse en un negocio turístico.
1 Nombre con el que los historiadores de la literatura catalana han designado el proceso de recuperación de la lengua y la literatura catalanas llevado a cabo sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo xix.
2 Josep M. Fradera Barceló: «Entre la Muntanya i Babilònia. Nota sobre el substrat ideològic del primer Verdaguer», Anuari Verdaguer, 1 (1986), pp. 131-138.
3 Joan L. Marfany Garcia: «El paisatge, el nacionalisme i la Renaixença», Estudi General, 13 (1993), pp. 81-97 (en catalán en el original).
4 Laurent Tissot: «From Alpine Tourism to the “Alpinization” of Tourism», en Eric G. E. Zuelow (ed.): Tourism Beyond the Nation. A Transnational Approach to European Tourism History, Londres, Routledge, 2011, pp. 59-78.
5 Carles Gorini Santo: «The Origins of the Rack Railway of Montserrat and the First Attempt to Build a Swiss-Style Mountain in Spain (1877-1889)», Journal of Tourism History, 15(2) (2023), pp. 182-200.
6 «El grupo de peregrinos incluía miembros de todas las clases: ricos, pobres, aristócratas y campesinos. La peregrinación, que anulaba todas las distinciones sociales, significaba que el estatus, la riqueza o el rango no tenían importancia. Esto contrastaba marcadamente con los peregrinos turistas modernos, que, al pertenecer principalmente a las clases media-alta y alta, presentaban un grupo socialmente mucho más homogéneo», en Doron Bar y Kobi Cohen-Hattab: «A New Kind of Pilgrimage. The Modern Tourist Pilgrim of Nineteenth-Century and Early Twentieth-Century Palestine», Middle Eastern Studies, 39(2) (2003), pp. 131-148.
7 Judith F. Champ: The English Pilgrimage to Rome. A Dwelling for the Soul, Londres, Gracewing, 2000.
8 Suzanne Kaufman ha destacado que Lourdes formó una identidad pública fundamentada en el testimonio de presencia en el lugar. Fundó, pues, una tradición que reflejarían otros destinos religiosos. En Montserrat lo apreciamos en la persistente circulación, en lengua catalana, de pareados populares como «No és ben casat qui no ha estat a Montserrat» («No está bien casado el que en Montserrat no ha estado»). Suzanne K. Kaufman: Consuming Visions. Mass Culture and the Lourdes Shrine, Ithaca, Cornell University Press, 2005, p. 154.
9 Francisco J. Ramon Solans: «Religión, modernidad y turismo. Peregrinaciones a España en la segunda mitad del siglo xix», Itinerari di Ricerca Storica, 32(1) (2018), pp. 119-127, esp. p. 123.
10 Xosé M. Santos Solla: «El turismo religioso, fiestas patronales, Semana Santa, santuarios y peregrinaciones», en Rafael Vallejo y Carlos Larrinaga (eds.): Los orígenes del turismo moderno en España. El nacimiento de un país turístico (1900-1936), Madrid, Sílex, 2018, pp. 865-898, esp. p. 867.
11 Marc Boyer: Histoire du tourisme de masses, París, Presses Universitaires de France, 1999, p. 47.
12 Alfonso Botti: Cielo y dinero. Nacionalcatolicismo en España, 1881-1975, Madrid, Alianza Editorial, 2008, p. 82.
13 Sasha D. Pack: «Revival of the Pilgrimage to Santiago de Compostela. The Politics of Religious, National, and European Patrimony, 1879-1988», The Journal of Modern History, 82(2) (2010), pp. 335-367, esp. p. 342.
14 Luigi Lorenzetti y Christiam Sumi: «Le Saint-Gothard et la construction d’un paysage de réseaux, xixe-xxe siècles», en Le paysage des réseaux. Les routes historiques. Actes du 135e Congrès national des sociétés historiques et scientifiques, «Paysages» (Actes des congrès nationaux des sociétés historiques et scientifiques, 135-9), Neuchâtel, 2010, París, Editions du CTHS, 2012, pp. 59-72.
15 Laurent Tissot: «From Alpine Tourism...», p. 63.
16 Josep M. García Fuentes: La construcció del Montserrat modern, tesis doctoral, Escola Tècnica Superior d’Arquitectura del Vallès-Universitat Politècnica de Catalunya, 2012, p. 173.
17 Francisco J. Ramon Solans: «Iglesia y políticas conmemorativas. La celebración del IV Centenario del Descubrimiento de América», Mélanges de la Casa Velázquez, 50(2) (2020), pp. 17-40, esp. p. 11.
18 Por Real Orden de 15 de noviembre de 1879, del Ministerio de Hacienda, el Estado cedió 454,222 hectáreas de las 1.407,70 de los terrenos públicos disponibles en la montaña de Montserrat. No he localizado la publicación de la Real Orden. Una consulta a los técnicos del Boletín Oficial del Estado indica que no se publicó. La información proviene de «Aprofitaments forestals de la Muntanya de Montserrat», Arxiu Nacional de Catalunya, Fons Districte Forestal de Barcelona 490/2503.
19 Josep M. Fradera Barceló: Cultura nacional en una sociedad dividida. Cataluña 1838-1868, Madrid, Marcial Pons Historia, 2003, p. 305.
20 Casimir Martí Martí: «L’integrisme a Catalunya», Recerques, Història, Economía i Cultura, 28 (1994), pp. 103-109, esp. p. 105.
21 Albert Manent Segimon: «Un segle i mig d’Església catalana. Jesuites, il·lustrats, bisbes, integristes... Una conversa amb el Dr. Bonet Baltà», Serra d’Or, Any XII, 128 (1970), pp. 14-22.
22 Joan Requesens Piquer: «La muntanya, un concepte de pàtria en la Renaixença», Anuari Verdaguer, 3 (1988), pp. 77-101, esp. p. 86.
23 Sorprende la serie de rápidas compraventas que sufrió la finca desde el momento en que fue inmatriculada por primera vez, en 1885, lo que hace pensar en una estrategia para ocultar su procedencia, que no debía ser otra que formar parte de los terrenos cedidos en 1879 por el Estado al obispo de Barcelona. Registro de la Propiedad de Manresa, núm. 4, finca núm. 685 de Monistrol de Montserrat, folio 130, tomo 540, libro 20 de Monistrol de Montserrat.
24 Josep Massot Muntaner: Els creadors del Montserrat modern. Cent anys de servei a la cultura catalana, Montserrat, Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 1979, p. 51.
25 Ibid., p. 41.
26 Esta información me fue referida oralmente por Josep Massot Muntaner. Entrevista efectuada el 12 de diciembre de 2021. La intercesión del obispo resulta consecuente con la probable procedencia de los terrenos.
27 Casimir Martí Martí: «L’integrisme...», p. 107.
28 Enric Ucelay da Cal: El imperialismo catalán. Prat de la Riba, Cambó, D’Ors y la conquista moral de España, Barcelona, EDHASA, 2003, p. 383.
29 «La crise de l’industrie du coton restreint les dépenses de la classe ouvrière, qui forme la principale clientèle de ces trains», Treizième rapport du Conseil d’Administration et comptes au 31 décembre 1903, Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya (en adelante, FGC), Fondo Ferrocarriles de Montaña de Grandes Pendientes (en adelante, FMGP) [15006/01].
30 El Consejo le respondió: «nos tarifs sont trop faibles pour un chemin de fer de montagne». El Gobierno les autorizaría un aumento del 100 por 100 de las tarifas, que la sociedad administraría paulatinamente. Pero estos aumentos resultarían siempre insuficientes por el desfavorable tipo de cambio de la peseta frente al franco suizo, que era la moneda con la que FMGP debía pagar a los acreedores y obligacionistas. Libro de actas del Consejo de Administración (1891-1923), sesión de 25 de septiembre de 1894, FGC, Fondo FMGP [9005/01].
31 Al convenio se sumaron 1.915 obligaciones de las que solo 48 estaban en Barcelona. Libro de actas del Consejo de Administración (1891-1923), sesión de 5 de julio de 1897, FGC, Fondo FMGP [9005/01].
32 El inicio de las obras había sido comunicado por el ingeniero Farjon en septiembre de 1894 y había sido interpretado por el Consejo como la oportunidad que esperaba para animar el negocio en Montserrat. Séptième Rapport du Conseil d’Administration et bilan au 31 de dicembre de 1897, FGC, Fondo FMGP [15006/01].
33 Huitième rapport du Conseil d’Administration et bilan au 31 décembre 1898, FGC, Fondo FMGP [15006/01] (en francés en el original).
34 Josep Massot Muntaner: Els creadors..., pp. 50-51.
35 FMGP adquirió, en diferentes ocasiones, nuevos coches de viajeros y mejoró los que tenía. Ahora bien, siempre de tercera clase. Instalaría recalentadores en cuatro locomotoras para mejorar su rendimiento y adquiriría otras tres, dos de segunda mano, a compañías en las que los accionistas suizos tenían intereses, y una completamente nueva, que llegaría en 1923, cuando los catalanes se habían hecho con el control de la sociedad.
36 Libro de actas del Consejo de Administración (1891-1923), sesión del Consejo de 4 de mayo de 1909. Para el conocimiento de la Sociedad de Atracción de Forasteros (en adelante, SAF), véase Saida Palou Rubio: Barcelona destino turístico. Un siglo de imágenes y promoción pública, Barcelona, Vitela, 2017.
37 La Esquella de la Torratxa, 156 (7 de enero de 1882), p. 2.
38 El Diluvio, 12 de julio de 1879, p. 4.
39 La descripción resulta idéntica a la que había defendido Joaquim Carrera Sairol en el proyecto primitivo de ferrocarril en Montserrat, de 1881. En Julien Fuchs Liegme: Proyecto de un ferrocarril con cremallera, sistema Abt, de la estación de Montserrat en la Ermita de San Gerónimo ubicada en la cúspide de Montserrat (1911), FGC, Fondo FMGP [7009/06].
40 Romà Macaya Gibert y Ròmul Bosch y Alsina se entrevistaron con Josep Deàs en marzo de 1911, quien no respondió categóricamente ni sí, ni no. Libro de actas del Consejo de Administración (1891-1923), sesión de 7 de abril de 1911.
41 FMGP estaba convencida de que si el negocio de Montserrat no crecía más era por falta de alojamientos, lo cual resultaba común en el discurso turístico de aquellos años. Lo habían manifestado claramente a sus accionistas en 1908: «Como de costumbre se ha dejado notar la escasez de alojamientos en el convento, sin que por el momento podemos entrever una mejora en este estado de cosas. Durante la temporada alta, muchos viajeros renuncian a una excursión a Montserrat, después de que las notas de prensa informen de que ya no quedan plazas disponibles [en los alojamientos]. [...] En la actualidad, éstas dependen de que las condiciones atmosféricas sean más o menos favorables y de la situación más o menos próspera de las regiones industriales donde se organizan las peregrinaciones» (en francés en el original). Dix-huitième rapport du Conseil d’Administration et comptes au 31 décembre 1908, FGC, Fons FMGP [15006/01].
42 Francesc Roma Casanovas: Del paradís a la nació. La muntanya de Catalunya. Segles xv-xx, Barcelona, Cossetània, 2004.
43 Javier Fernández Roca: «Monks y Businessmen in Catalonia. The Benedictines of Montserrat (1900-1936)», Enterprise & Society, 11(2) (2010), pp. 242-274.
44 Libro de actas del Consejo de Administración (1891-1923), sesión de 13 de mayo de 1913, FGC, Fondo FMGP [9005/01] (en francés en el original).
45 La Colonia Puig era propiedad de Josep Esplugas Puig, militante del Partido Republicano Radical que lideraba Alejandro Lerroux.
46 Enric Ucelay-Da Cal: El imperialismo..., p. 382.
47 Josep Massot Muntaner: Els creadors..., pp. 87-88.
48 Enric Ucelay-Da Cal: El imperialismo..., p. 384.
49 Josep Rogent Pedrosa (1869-1933). Hijo del arquitecto Elies Rogent Amat. Licenciado en derecho por la Universidad de Barcelona en la misma promoción, o lindante, que Lluís Duran Ventosa, Ramon Albó Martí, Francesc Moragas Barret, Francesc d’Assís Vidal i Barraquer, Enric Prat de la Riba i Francesc Maspons Anglasell, con quien mantendría vínculos políticos, incluso familiares. Miembro de l’Associació Catalanista d’Excursions Científiques y posteriormente del Centre Excursionista de Catalunya. También de l’Associació Protectora de l’Ensenyança Catalana y de l’Ateneu de Barcelona. Miembro fundador de la SAF de Barcelona. En política militó en la Lliga Regionalista desde 1904, donde ostentaría la vicepresidencia cuarta. Concejal en el Ayuntamiento de Barcelona, ocupó un cargo relevante en la Junta de Museos de Arte hasta 1919. En 1922 cambió la Lliga por Acció Catalana. Formó parte del consejo de administración de la Caja de Pensiones para la Vejez y de Ahorros, y de otras instituciones de previsión. Fue consejero delegado de CAFA y FMGP, hasta el verano de 1931.
50 En este grupo se contaban el hermano y el primo hermano del abad, Miquel Marcet Poal y Joan Marcet Palet, respectivamente. Joan Marcet era vicepresidente de LARSA. Ambos entrarían en el accionariado de FMGP, en 1923, en representación de las acciones que LARSA adquiría de la sociedad.
51 Víctor Reina Bernáldez: «Iglesia y catalanismo político (1874-1912). Discurso de ingreso en la Academia de Jurisprudencia y Legislación de Cataluña», Revista Jurídica de Catalunya, 9(4) (1992), pp. 941-997.
52 Francisco Montero García: «El primer catolicismo social en España. Estado de la cuestión», Studia Historica. Historia Contemporánea, 2 (2010), pp. 185-192, esp. p. 190.
53 Enrique Faes Díaz ha remarcado la importancia de la peregrinación a Roma de 1894 como catalizadora de «una infraestructura muy útil al movimiento católico para lanzarse a acometer el mandato social católico del papa». Enrique Faes Díaz: «La hora de los laicos. Un ejemplo de liderazgo seglar en la peregrinación de obreros españoles a Roma en 1894», Spagna Contemporanea, 31 (2007), pp. 17-34, esp. pp. 32-33.
54 José M. Sanjuan Marroquín: Las elites económicas barcelonesas. 1714-1919, tesis doctoral, Universitat de Barcelona, 2018, p. 340.
55 Carta de Josep Torras i Bages a Jaume Collell (26 de noviembre de 1891), citada por Josep Massot Muntaner: Aproximació a la història religiosa de la Catalunya contemporània, Barcelona, Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 1973 (en catalán en el original).
56 Enric Ucelay-Da Cal: El imperialismo..., p. 141.
57 Fragmento del discurso del abad Antoni M. Marcet (14 de septiembre de 1913, Día de la Fe), citado por Josep Massot Muntaner: Aproximació..., p. 40 (en catalán en el original).
58 Soledad Bengoechea Echaondo: «El catolicisme social a Catalunya (finals dels segle xix-1919)», Butlletí de la Societat Catalana d’Estudis Històrics, 9 (1998), pp. 129-148.
59 Francesc Roma Casanovas: Del paradís a la nació..., p. 244 (en catalán en el original).
60 La noticia del pleito del obispo de Urgell contra el Estado y el Ayuntamiento de Queralbs, con la Generalitat de Catalunya de por medio, la dio por primera vez el historiador Joaquim M. Puigvert Solà: Josep Danés i Torras. Noucentisme i regionalisme arquitectònics, Montserrat, Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 2008. En este artículo, con las fuentes inéditas citadas, el autor ofrece una visión más detallada y significativa de esos hechos, que ha tratado en Carles Gorini Santo: La muntanya a Catalunya. Institució moral i negoci turístic. El projecte de Ferrocarriles de Montaña a Grandes Pendientes a Núria (1917-1936), tesis doctoral, Universitat de Girona, 2024.