Ayer 116/2019 (4): 305-324
Sección: Ensayo Bibliográfico
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2019
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/116-2019-12
© Pedro Ruiz Torres
Recibido: 31-07-2019 | Aceptado: 11-08-2019
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Josep Fontana en su tiempo

Pedro Ruiz Torres

Universitat de València
Pedro.Ruiz@uv.es

Resumen: Josep Fontana es uno de los historiadores de mayor relieve en el último medio siglo. Este artículo se remonta a sus años de formación y destaca lo que supuso la publicación de su tesis doctoral. Sigue su trayectoria hasta hace poco más de un año, en que falleció, y destaca su compromiso con el oficio de historiador y con una historia socialmente útil, que una el estudio del pasado a los problemas del presente.

Palabras clave: Josep Fontana, historiografía contemporánea, concepto de historia, compromiso del historiador.

Abstract: Josep Fontana was one of the most outstanding Spanish historians of the last fifty years. This article explores his formative years, underlining the importance of the publication of his doctoral thesis. It follows his career path until his death, a little more than a year ago. It emphasises his commitment to the historian’s craft and to writing a history useful to society. He linked the study of the past with the problems of the present.

Keywords: Josep Fontana, modern historiography, concept of history, historian’s commitment.

Josep Fontana es uno de los historiadores de mayor relieve que ha dejado el último medio siglo. A principios de la década de 1970 sus trabajos proporcionaban una forma de entender lo ocurrido que, de un modo inusual en aquellos años, se sustentaba en el análisis crítico de un material variado y rico, procedente de numerosas fuentes primarias, y en la consulta de una extensa y actualizada bibliografía en varios idiomas. ¿De dónde venía un historiador que adquirió semejante relieve en el mediocre ambiente intelectual de la España de Franco?

El propio Fontana recordará más tarde que su interés por la historia lo despertaron «els meus mestres» Ferran Soldevila y Jaume Vicens Vives 1. El primero, tras haber regresado del exilio, impartía clases clandestinas del Institut d’Estudis Catalans y le tuvo como alumno. Preparaba por entonces la publicación de su Historia de España y le hizo entender que detrás de un documento o del texto de una crónica había seres humanos con sentimientos y problemas. Jaume Vicens Vicens ocupaba desde 1948 la cátedra de Historia Moderna y Contemporánea de España en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Barcelona. Cuando Fontana comenzó allí sus estudios y entró en contacto con él, gozaba de prestigio internacional por su investigación sobre el siglo xv. La incorporación de Vicens a la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Barcelona, que iniciaba entonces su andadura, tuvo lugar en octubre de 1954, poco después de haber publicado un artículo, «Coyuntura económica y reformismo burgués», que proporcionaba una «hipótesis de trabajo sobre los orígenes del siglo xix en España». Josep Fontana tendrá muy en cuenta este y otros trabajos de historia contemporánea de su director de tesis de licenciatura y de tesis doctoral, entre ellos la comunicación presentada en la Première Conférence Internationale d’Histoire Économique con el título «La industrialización y el desarrollo económico de España de 1800 a 1936» 2. La temprana desaparición de Vicens en 1960 hizo que dos de sus discípulos, Jordi Nadal y Josep Fontana, tomaran el relevo y dieran un gran impulso en España a la investigación en historia económica y social de los siglos xix y xx 3.

Desde mediados de la década de los cincuenta, la formación de Josep Fontana quedó enriquecida por su estrecha amistad con Pierre Vilar, a quien siempre consideró otro de sus maestros, y con John Lynch en la School of Hispanic Studies de la Universidad de Liverpool 4. Dentro de España mantuvo una correspondencia de casi dos décadas con Ramón Carande. La historia económica de este último le atraía en especial por el uso de las cifras como instrumento para llegar al hombre, en vez de convertir los datos de la economía en una finalidad en sí mismos 5.

En 1966 Fontana fue expulsado de la Universidad de Barcelona por su militancia en el PSUC, junto con Manuel Sacristán y otros profesores. Dos años más tarde se incorporaba a la recién creada Universidad Autónoma de Barcelona (en adelante UAB) y participaría en las comisiones que redactaron el proyecto de estatuto y la normativa de la nueva institución. Al igual que la Universidad Autónoma de Madrid, fundada ese mismo año, la UAB intentaba abrir el camino en España a una organización más moderna de la vida universitaria. En 1970 Fontana obtuvo el grado de doctor con una tesis de la que, a la muerte de Vicens, se hizo cargo como director Fabián Estapé. En calidad de agregado interino de Historia Contemporánea Mundial y de España, Fontana coordinó el departamento de Historia de la UAB, que impartía docencia en las Facultades de Filosofía y Letras, Ciencias Económicas y Ciencias de la Información. Mediante oposición obtuvo la cátedra de Historia Económica en la Facultad de Económicas de la Universidad de Valencia y en febrero de 1974 tomó posesión de la misma 6. A finales de 1976 regresó a la UAB y permaneció allí hasta 1990, el año de su decisiva participación en la fundación del Instituto Universitario de Historia Jaume Vicens Vives en la Universidad Pompeu Fabra, al frente del cual estuvo hasta el curso 2001-2002 en que se jubiló 7.

En la década de los setenta la obra de Josep Fontana destacaba enormemente en el pobre panorama de la historiografía sobre la España de la primera mitad del siglo xix. En 1971 se editaba la reelaboración de su tesis doctoral con el título de La quiebra de la monarquía absoluta, 1814-1820. La crisis del Antiguo Régimen en España 8, y los elogios no se hicieron esperar. Así lo ponen de relieve las reseñas de Jordi Nadal, Antonio Tovar, Alejandro Nieto, Juan Mercader, Alberto Gil Novales, Valeriano Bozal y otros historiadores. En 1974, en el más completo estado de la cuestión sobre la historiografía española durante la época de Franco publicado en vida del dictador, José María Jover resaltaba el «impulso creador» de Josep Fontana, lo situaba en el contexto de la renovación que desde los años sesenta traía consigo en España la expansión de la historia social y ponía énfasis en la «formación económica rigurosa y al mismo tiempo susceptible de ser integrada en su saber de historiador» 9. Dada la escasez de trabajos de investigación con fuentes primarias sobre el proceso de crisis del Antiguo Régimen, no es difícil imaginar lo que supuso la aparición del libro de Fontana. Con la excepción de la obra de Miguel Artola, que había sacado a relucir el trasfondo social del conflicto político de 1808 a 1833 entre los partidarios del liberalismo y los del absolutismo 10 y daba cuenta de dicho periodo con el apoyo empírico, la búsqueda de interpretaciones y la exigencia de objetividad que se le exigía a una historia con pretensiones de ciencia 11, poco más resultaba destacable cuando se publicó La quiebra de la monarquía absoluta. Al comienzo, Fontana mencionaba el problema del fenómeno discontinuo y revolucionario del desarrollo moderno que trajo la revolución industrial, un desarrollo con distintas variantes porque no había un único camino, y, asimismo, los obstáculos a vencer, en especial en la agricultura. Sin embargo, su atención no se dirigía a la agricultura, sino hacia el Estado, al que muchos de los historiadores en aquel momento le asignaban un papel central en las transformaciones políticas de la edad moderna, y en particular al estudio de los problemas de la hacienda.

La tesis principal de La quiebra de la monarquía absoluta es que en España el hundimiento de dicho régimen no se debió solo a la incompetencia y la corrupción de la camarilla que lo gobernaba y a la fuerza de las ideas o al mérito de la actuación conspiratoria de los liberales, como la propaganda de estos últimos y la historiografía solían destacar. Con una abundante documentación que hacía posible una historia de tipo cuantitativo y, asimismo, un relato sustentado en numerosos testimonios de aquella época, Josep Fontana mostraba que la quiebra del régimen absoluto tuvo mucho que ver con la imposibilidad de resolver el problema hacendístico sin salirse de las reglas del juego impuestas por los grupos dominantes. Desde principios del siglo xviii, el sistema tributario tradicional no se adecuaba a las necesidades de la monarquía española en los nuevos tiempos, de ahí la preocupación constante de los ilustrados por reformarlo, pero no hubo un cambio gradual al estilo británico, en unos años en que la expansión del comercio colonial potenciaba el surgimiento de una moderna industrialización, sobre todo en Cataluña. Pese a disponer de los caudales americanos, la corona española se vio forzada a finales del siglo xviii a contraer un enorme volumen de deuda que enmascaró temporalmente su insolvencia. Cuando a comienzos del siglo xix cambió la coyuntura económica, el modo británico de resolver los problemas de la hacienda se hizo inviable, más todavía durante la Guerra de la Independencia y tras la pérdida de los mercados coloniales. Quedaba la transformación de carácter revolucionario que había triunfado a finales del siglo xviii en Francia, pero esta ni siquiera pudo iniciarse en España al haberse producido en 1814 la restauración del absolutismo. La crisis del comercio exterior, consecuencia de la progresiva pérdida de los mercados coloniales, tuvo efectos muy negativos en los sectores más avanzados de la economía española, acentuó el déficit de la balanza comercial y agravó los problemas de la hacienda, en un ­círculo vicioso que ayuda a entender el malestar de un amplio sector de la población y en particular del campesinado. Los intentos de reforma entre 1814 y 1820 fracasaron uno tras otro. El descontento de los pueblos, debido en especial a la doble crisis del campesinado español entre 1814 y 1820, en conflicto con el régimen señorial y sufriendo los efectos negativos del colapso de la agricultura comercializada, trajo el desapego generalizado hacia el régimen absoluto. Para Fontana, esto último explicaba mejor la caída del mismo en 1820 que la actuación conspiratoria de los liberales.

La quiebra de la monarquía absoluta y los demás estudios de Fontana sobre la hacienda, que fueron apareciendo durante las décadas de 1970 y 1980 12, como en 2004 puso de relieve Francisco Comín, eran el resultado de un proyecto investigador bien definido que combinaba el análisis de los problemas fiscales con los sociales, los políticos y los económicos. Fontana exponía con claridad sus puntos de vista de un modo documentado con gran cantidad de material de archivo 13. El propio Fontana sintetizaría en 2002 sus ideas en relación con lo que había dado de sí el objeto original de su investigación sobre «las bases financieras de la construcción del Estado moderno y, más en concreto, del caso de la monarquía española». Su perspectiva temporal se había ampliado y abarcaba también la época del «segundo imperio» y las reformas borbónicas, en el contexto del nuevo sistema de imperios mercantiles que transformó el comercio internacional en el siglo xviii, para poner de relieve el fracaso del mismo y, en definitiva, de las reformas de los ilustrados. En su opinión, la quiebra de la monarquía absoluta española «no se debía a la pérdida del imperio americano ni al hecho de que sus gobernantes fuesen más estúpidos que los de otros países ni más corrompidos». La pérdida de las colonias había sido un duro golpe, pero los problemas de la hacienda podían haberse solucionado con un tipo de desarrollo como el británico, basado en la exportación de sus productos industriales, o como el francés, que se asentaba en el desarrollo de su mercado interior, para lo cual era imprescindible introducir cambios políticos de envergadura. No se hicieron entre 1814 y 1833, pese a los intentos del Trienio Liberal que la segunda restauración echó por tierra, y, en consecuencia, el proceso de transformación del imperio en Estado-nación y de la monarquía absoluta en Estado liberal se llevó a cabo con un grave problema financiero sin resolver. Su persistencia, según Fontana, trajo consigo tanto la debilidad del nuevo Estado como el escaso ímpetu de la modernización económica de España 14. La investigación de Fontana sobre la Hacienda española como escaso «alimento» de un Estado que no se reformó de manera sustancial, con las consecuencias políticas, económicas y sociales de dicha incapacidad desde el final del Antiguo Régimen hasta después del triunfo de la revolución liberal, continúa estando muy presente en la historiografía actual, como puede comprobarse 15.

Al hacer balance en 2002 de lo que dio de sí el proyecto que inicialmente había tomado entidad en La quiebra de la monarquía absoluta, Fontana diferenciaba el camino anterior de otro que en cierto modo también esbozó en 1971: el estudio del periodo de la Restauración europea, es decir, «la evolución de Europa entre 1814 y 1848, en el contexto de lo que suele denominarse la “crisis del Antiguo Régimen”, pero que prefiero llamar “la construcción del nuevo”», y añadía a continuación: «un campo de trabajo que sigo cultivando» 16. En efecto, en ello estaba inmerso cuando falleció hace un año. No resulta fácil sintetizar las conclusiones a las que llegó Fontana en este otro terreno, sobre todo por dos motivos. En primer lugar, porque esas conclusiones se encuentran expuestas en obras de muy distinto carácter que abarcan prácticamente toda su trayectoria de historiador e incluyen un libro póstumo recientemente publicado 17. La segunda razón nos lleva a las modificaciones que durante muchas décadas el propio Fontana introdujo en su interpretación de los hechos, en buena medida por estar al tanto de lo publicado, dentro y fuera de España 18, y ser consciente de los cambios sustanciales en la historiografía de dicho periodo.

Antes de entrar en los resultados de esta otra línea de investigación, destacaré la atención prestada a la trayectoria específica de Cataluña. A partir de los trabajos de dos de sus maestros, Pierre Vilar (para la época moderna y en especial para el siglo xviii) y Jaume Vicens Vives (en relación con el «reformismo burgués» y la industrialización en el siglo xix), y de acuerdo en gran medida con sus respectivas maneras de concebir la singularidad histórica catalana en la España de los siglos xviii y xix, Fontana hizo una aportación relevante. Como puede verse en dos de sus libros 19, su visión de la sociedad catalana comprendía un conjunto rico y variado de peculiaridades y contradicciones desde 1787 hasta 1868 en el terreno no solo económico, sino también político y cultural, dentro del marco estatal de una España incapaz de introducir reformas en favor del desarrollo industrial y del proceso de integración en una sola nación.

En los planteamientos e interpretaciones de Josep Fontana sobre el largo periodo que va desde mediados del siglo xviii hasta 1848 en Europa y llega a 1868 en el conjunto de España, existe un hilo conductor que se mantiene y una modificación sustancial muy apreciable. El hilo conductor gira en torno a la idea de que no hubo entonces ninguna revolución, si se exceptúa lo ocurrido por poco tiempo en Francia tras 1789. Según Fontana, la palabra «revolución» debe aplicarse solo al cambio que trajo una transformación profunda de la sociedad y eso no sucedió. De ahí que, a lo sumo, pueda hablarse de reformas políticas para armonizar los intereses de los dos grupos dominantes, los terratenientes (muchos de ellos procedentes de la nobleza del Antiguo Régimen, otros de más reciente fortuna) y los burgueses del comercio y de la industria, como ocurrió en España con la «reforma agraria liberal». Nada de ello trasformó profundamente la sociedad: una desigualdad (de base estamental) se cambió por otra (de carácter sobre todo económico), sin que mejoraran las condiciones de vida de la mayoría de la población. Muchos campesinos empeoraron cuando los poderosos se apropiaron de las tierras que cultivaban y de los bienes comunales y los convirtieron en propiedad privada. La conclusión de Fontana se expone de manera contundente en su último libro: la «revolución burguesa» es un mito, la gran invención de los dos grupos vencedores (los grandes propietarios y la gran burguesía del comercio y de la industria) para hacer creer que «la revolución de nuestros días» puso fin al «Antiguo Régimen» y despejó los obstáculos para abrir un camino nuevo y esperanzador de progreso para todos. En realidad fue otra cosa, el triunfo de un tipo de crecimiento y desarrollo económico de cuyos beneficios se adueñaron los terratenientes y los burgueses, «con el auxilio de unos gobiernos a los que de hecho controlaban y a los que les bastaba con fijar las reglas del mercado, que se presentaron como una condición “natural” para el progreso colectivo». Para Fontana, las consecuencias de este «engaño» llegan hasta nuestros días y se manifiestan «en un fenómeno tan decisivo como el aumento constante de la desigualdad en las sociedades del mundo desarrollado» 20.

En cuanto a las modificaciones en el punto de vista de Josep Fontana sobre el proceso que en 1971 había denominado «la crisis del Antiguo Régimen», hay muchas. En 2006 prefería no hablar de la crisis y el hundimiento de un régimen, más bien era «el proceso por el cual unos protagonistas sociales crearon un determinado régimen nuevo, imponiendo una de las diversas formas en que era posible construir el futuro y evitando que alguien pasara por los corredores que conducían a otras historias» 21. No puedo entrar con detalle en este cambio de perspectiva y me referiré solo a un aspecto. Durante las décadas de los setenta y de los ochenta los protagonistas principales de una transformación meramente política, que según Fontana no había traído una revolución social, sino una serie de reformas sucesivas, habían sido los terratenientes y los burgueses. El contrapunto lo proporcionaba el malestar popular, que solía manifestarse en forma de motines urbanos o de revueltas campesinas. A principios del siglo xxi Fontana planteaba las cosas de una manera muy diferente. Lejos de seguir discutiendo sobre «normalidades» y «fracasos», nos dice, como tantas veces se ha hecho a propósito de la «revolución industrial» o de la «revolución burguesa», el foco de atención se desplazaba a otros grupos sociales. En la primera mitad del siglo xix se había cerrado el paso a una forma de crecimiento y de desarrollo «desde abajo» mucho más igualitaria, que con anterioridad protagonizaron, por un lado, numerosos campesinos autónomos, gracias a las ventajas que les proporcionaban las tierras y los derechos comunes, y, por otro, los artesanos de «la primera revolución industrial». Por más que en Francia la revolución de 1789 contuviera esa otra vía que dejó su huella, pero sin ser capaz tampoco allí de impedir el triunfo de los «notables», y aun cuando la resistencia de campesinos y artesanos se manifestara una y otra vez durante la primera mitad del siglo xix en Europa occidental, el desarrollo del capitalismo se hizo a costa del bienestar de la gran masa de los de abajo y gracias a los cambios políticos que se introdujeron desde arriba. «El capitalismo salió vencedor de la pugna y hoy domina nuestras vidas», escribe Fontana, y la gran esperanza de cara al futuro consiste en recuperar la democracia igualitaria que no pudo ser 22.

Se ha destacado en reiteradas ocasiones y con razón, como muestran las ideas que acabo de exponer, que Fontana fue un historiador comprometido con la transformación radical de la sociedad. También que su forma de concebir las trayectorias históricas de las diferentes sociedades humanas está en plena sintonía con la de los teóricos principales del marxismo, algo en mi opinión más discutible, sobre todo si tomamos en cuenta su reciente manera de concebir la «revolución burguesa», que es muy diferente de la del Manifiesto Comunista de Marx y de Engels. No obstante, es cierto que la historia de Fontana guarda una estrecha relación con algunos planteamientos del marxismo no dogmático, a condición de añadir que existen otros componentes y que hubo de enfrentarse, no sin dificultades, a la tarea de integrarlos en un marco explicativo coherente. Fontana puede ser considerado con muchos matices un «historiador marxista», pero es preciso dejar claro que su obra se aleja de las codificaciones más o menos dogmáticas de lo que suele llamarse «el marxismo» y que no creía en la existencia de algo así como una «teoría marxista de la historia» con sus correspondientes «leyes» deterministas. Para Fontana, cualquier «teoría de la historia» no era otra cosa que el pensamiento del que se sirve el historiador para orientar su trabajo, un modo de razonar estrechamente unido a las ideas sociales subyacentes, es decir, al proyecto de futuro en el que se inscribe su tarea 23.

Desde luego Fontana fue un historiador comprometido, en el mismo sentido que sus tres «mestres», Ferran Soldevila, Jaume Vicens Vives y Pierre Vilar, y al igual que Marc Bloch, Eric J. Hobsbawm, E. P. Thompson o Manuel Moreno Fraginals, por citar solo a unos pocos de la larga nómina de historiadores que apreciaba 24. Como le sucedió a cada uno de ellos, el compromiso de Fontana y la dimensión cívica de su trabajo tenían una doble vertiente. Por una parte, se trataba de una historia útil socialmente, que estudiara los problemas de los seres humanos en el pasado y en el presente. Por otra, el historiador debía estar comprometido con su oficio, trabajar con fuentes y saber formular preguntas, muchas veces incómodas. Por ambos motivos no hizo suya la erudición libresca y sin utilidad social de una historia fría reducida a los principios del método y al ejercicio de la profesión, ni la historia para pasar el rato y entretenerse, pero tampoco la historia con escaso o nulo fundamento en la investigación empírica y al servicio casi por completo de una ideología y de una opción política, aunque fuera de izquierdas; dicho esto último con sus propias palabras, «el fàcil camí d’una retòrica ben intencionada, pròpia d’una certa progressia d’ahir i d’avui» 25.

Su modo de concebir la historia tenía bastante en común con las grandes corrientes de la historia social que tomó el relevo del historicismo clásico cuando este entró en crisis en el siglo xx. En semejante tipo de historia, la explicación de los problemas de los seres humanos avanzaba a medida que se retrocedía lo suficiente en el tiempo como para descubrir las estructuras socioeconómicas profundas y los sistemas de organización social y política en la longue durée. Fontana centró su investigación en los siglos xviii y xix porque, en su opinión, este era el periodo del nacimiento del sistema que enmarcaba aún nuestras vidas, un sistema económico capitalista y de Estados-nación con constituciones que garantizaban derechos y libertades, pero con gobiernos que favorecían el enriquecimiento de un grupo muy reducido a costa de la mayoría. Sin embargo, no olvidó las épocas anteriores ni tampoco el siglo xx.

En Europa ante el espejo dio cuenta de cómo la identidad eu­ropea se constituyó a lo largo de una historia que se remontaba a la antigüedad griega, a partir de la pretendida superioridad que proporcionaba una «galería de espejos deformantes»: el bárbaro, el cristiano, el feudal, el del diablo, el rústico, el cortés, el del salvaje, el del progreso y el del vulgo. Al margen de las razones militares, el éxito europeo vino unido, en una época por lo demás relativamente reciente, a factores económicos y políticos que aseguraron la estabilidad de la propiedad privada de los terratenientes aristocráticos y los negociantes burgueses, a la vez que expoliaban a los campesinos de la suya. Una historia de Europa desprovista de los mitos de ciertos grupos para justificar su dominio y fuera de la galería de esos espejos deformantes en los que continúa atrapada nuestra cultura, nos dice Fontana, una historia que estudie las sociedades humanas en «el gran libro del mundo», ha de empezar por desmontar la visión que interpreta mecánicamente cada cambio como una etapa de progreso. Luego debe reemplazar esa historia por otra que sea «capaz de analizar la compleja articulación de trayectorias diversas que se enlazan, separan y entrecruzan, de bifurcaciones en que se pudo elegir entre diversos caminos posibles». Frente a la «visión lineal y simplista» de la historia, que tanto daño ha producido como denunciara Walter Benjamin, es preciso ser conscientes de que muchas veces se eligió el camino que convenía a aquellos grupos con capacidad de persuasión y fuerza represiva para imponerlo, en detrimento de otro que hubiera sido mejor «en términos del bienestar de la mayor parte de los hombres y mujeres» 26.

Con la perspectiva también de la muy larga duración, Fontana se propuso explicar en un libro sencillo y comprensible, como él mismo lo definió, el proceso de conformación de la identidad colectiva catalana, que en su opinión se remontaba a la Edad Media 27. En el momento en que se publicó el libro, en 2014, su afirmación de que Cataluña había surgido muchos siglos antes como Estado nacional y la insistencia en los agravios sufridos por dicha comunidad durante buena parte de su historia, fueron objeto de críticas por quienes consideraron que Fontana ponía la historia al servicio del nacionalismo catalán independentista. Se puede o no estar de acuerdo con las ideas de Fontana sobre la peculiaridad catalana, al igual que sucede con tantas otras interpretaciones suyas de hechos históricos relevantes, pero debemos partir de lo que escribió, en este caso, de su modo de concebir el término «nación», sin atribuirle ideas distintas de las suyas. En el prólogo de esta historia de Cataluña Fontana afirma que en el siglo xix los Estados liberales, herederos de las monarquías absolutas, secuestraron el concepto de nación para usarlo con el fin de absorber y asimilar comunidades sobre las que extendían su poder. Más tarde, durante el siglo xx, esos Estados nacionales fueron los responsables de millones de muertos a consecuencia de limpiezas étnicas amparadas en falsificaciones históricas. Aquello que, por el contrario, constituye la identidad colectiva de una comunidad humana «nacional», según Fontana, son las experiencias históricas que han ido conformando una cultura propia y que proporcionan un sentido de conexión y de pertenencia reforzado, en el caso de los catalanes, por una evolución política singular. Al final del libro se refería al error de unos políticos, que creían marcar el rumbo colectivo de un pueblo, y de unos partidos, cuyo interés era, en el fondo, que todo siguiera igual desde el punto de vista socioeconómico. Para concluir, Fontana afirmaba que su único objetivo era intentar explicar el largo proceso de formación de la identidad de los catalanes, un sentimiento que había perdurado en el tiempo y resistido quinientos años de esfuerzos de asimilación, con tres guerras por medio y largas campañas de represión social y cultural 28.

En cuanto al estudio de la historia más contemporánea de todas, la de nuestro pasado inmediato desde 1914 hasta nuestros días, Josep Fontana se interesó por ella desde la década de 1970, como muestran algunos de sus trabajos 29. Sin embargo, fue en los últimos años de su vida cuando su aportación adquirió una sorprendente envergadura. En 2011 publicó Por el bien del imperio. Una historia del mundo desde 1945, que dos años más tarde completaría con El futuro es un país extraño. Una reflexión sobre la crisis social de comienzos del siglo xxi, y en 2017, El siglo de la revolución. Una historia del mundo desde 1914 30. En estos tres libros llevó a cabo una síntesis de diversos aspectos y de los hechos más relevantes a escala mundial entre 1917 y nuestros días, sobre la base de la consulta de una amplísima y muy variada bibliografía, una vez más con la finalidad de ofrecer una interpretación de lo ocurrido que resultara útil de cara a un futuro mejor. No tengo espacio para entrar en ello ni tampoco para referirme a otras vertientes de su constante actividad intelectual y de intervención social, como las que dieron pie a numerosos artículos y entrevistas en prensa y publicaciones periódicas 31, a una docencia ejemplar que dejó numerosos discípulos o al importante trabajo de asesor en editoriales como Ariel, Crítica y Pasado y Presente, cuya labor fue enorme a la hora de difundir, en España y en América Latina, un gran número de obras de la historiografía más renovadora. Tampoco puedo hacer otra cosa que mencionar lo fácil que Fontana hacía a toda clase de personas, sobre todo a los jóvenes historiadores, que una gran parte de su tiempo lo dedicara a intervenir en conferencias ante públicos muy diversos o en reuniones científicas de todo tipo, y su predilección por los encuentros con profesores que impartían historia en la enseñanza media y, en general, por las cuestiones relacionadas con la enseñanza de la historia.

Así, para concluir, diré que sobran los motivos para afirmar que Fontana es uno de los historiadores de mayor relieve e influencia que nos ha dejado el último medio siglo. Esta consideración no debería llevarnos al elogio desmesurado o a la mitificación de su figura, actitudes estas que le incomodaban sobremanera. Al contrario, ha de tener presente la crítica, la duda y la insatisfacción respecto del propio trabajo, porque fue precisamente esto lo que hizo que Josep Fontana siguiera investigando y reflexionando hasta el último momento.


1 Josep Fontana: «Mestres i amics», en L’ofici d’historiador, Girona, Documenta Universitaria, 2010, reproducido en Sobre la història i els seus usos públics, edición a cargo de Antoni Furió y Pedro Ruiz Torres, Valencia, Universidad de Valencia, 2018, pp. 95-106.

2 Estos dos trabajos de Vicens y otro más titulado «España, 1868-1917» se incluyeron en el libro de Jaime Vicens Vives: Coyuntura económica y reformismo burgués, Barcelona, Ariel, 1968, con prólogo de Josep Fontana, la cita de Vicens en p. 58. A mediados de los setenta Josep Fontana y Jordi Nadal publicaron «Spain, 1914-1970», en Carlo M. Cipolla (ed.): The Fontana Economic History of Europe, Glasgow, Collin-Fontana Books, 1976, pp. 460-529 [más tarde editado en castellano, «España, 1914-1970», en Carlo M. Cipolla (ed.): Historia económica de Europa, vol. VI, Economías contemporáneas, t. 2, Barcelona, Ariel, 1980, pp. 95-163].

3 El primer trabajo publicado de Fontana fue sobre el comercio exterior de Barcelona en la segunda mitad del siglo xvii y data de 1955. Siguieron otros a principios de los sesenta, también sobre Cataluña, pero ahora durante el final del siglo xviii y comienzos del xix, entre ellos Josep Fontana: La revolució de 1820 a Catalunya, Barcelona, Rafael Dalmau, 1961, e íd.: Aribau i la industria cotonera a Catalunya, Barcelona, Rafael Dalmau, 1963.

4 Con el gran historiador de Catalunya dins de l’Espanya moderna le había puesto en contacto Jaume Vicens Vives. Por consejo de Ferran Soldevila, que desde 1926 hasta 1928 había sido docente en la Universidad de Liverpool, el joven Fontana decidió seguir ese camino y en 1956-1957 fue profesor auxiliar en uno de los centros de referencia del hispanismo británico.

5 Josep Fontana: «Don Ramón Carande y la historia económica», Cuadernos Hispanoamericanos, 465 (1989), pp. 123-133, reproducido en Sobre la història..., pp. 129-141.

6 Antes Fontana, en 1970, junto con Ramon Garrabou, Ernest Lluch, Josep Termes y Joaquim Molas, había fundado la revista Recerques. Història, Economia, Cultura. En el núm. 2 (1972) Fontana publicaría un artículo, «Canvi i actituds polítiques», pp. 7-32, que más tarde, modificado y ampliado, apareció en su libro Cambio económico y actitudes políticas en la España del siglo xix, Barcelona, Ariel, 1973, pp. 97-145.

7 Con tal motivo, en junio de 2002 tuvieron lugar en el Instituto Universitario de Historia Jaume Vicens Vives unas jornadas de debate que dieron origen al libro Josep Fontana. Historia y proyecto social, Barcelona, Crítica, 2004, con prólogo de Jaume Torras e intervenciones de Ramón Villares (la revolución liberal), Francisco Comín (la hacienda), Antonio Miguel Bernal (reformismo, libre comercio y crecimiento económico), Pedro Ruiz Torres (la cuestión agraria), Julián Casanova (el secano revisitado) y Ramón López Facal (enseñanza de la historia). Entre otros muchos trabajos sobre la obra de Fontana véanse el de Ricardo Robledo: «El “infatigable zapador”: la historia agraria de Josep Fontana», Historia Agraria, 76 (2019), pp. III-XII, y el dosier «Los combates por la Historia de Josep Fontana», Nuestra Historia, 7 (2019), con presentación de José Gómez Alén, que contiene artículos de Carlos Forcadell, Rosa Congost, Gonzalo Pontón, Carlos Martínez Shaw y Juan Andrade. Véase también la crítica de Jesús Millán al libro de Josep Fontana: La época del liberalismo, Barcelona-Madrid, Crítica-Marcial Pons, 2007, y la respuesta de este último en Ayer, 98 (2015), pp. 243-256 y 257-260.

8 Josep Fontana Lázaro: La quiebra de la monarquía absoluta, 1814-1820. La crisis del Antiguo Régimen en España, Barcelona, Ariel, 1971 (2.ª ed. revisada y sin el apéndice documental sobre la Hacienda en Barcelona, Ariel, 1974, y varias reediciones posteriores; nueva edición aumentada en Barcelona, Crítica, 2002).

9 José María Jover Zamora: «El siglo xix en la historiografía española (1939-1972)», en José María Jover Zamora (ed.): El siglo xix en España. Doce estudios, Barcelona, Planeta, 1974, reproducido en íd.: Historiadores españoles de nuestro siglo, Madrid, Real Academia de la Historia, 1999, pp. 133-134 y 166.

10 Miguel Artola: Los orígenes de la España contemporánea, 2 vols., Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1959, e íd.: La España de Fernando VII, vol. XXXII de la Historia de España fundada por Ramón Menéndez Pidal, Madrid, Espasa Calpe, 1968.

11 Josep Fontana cita de manera elogiosa la obra de Artola en La quiebra de la monarquía absoluta... y en La crisis del Antiguo Régimen, 1808-1933, Barcelona, Crítica, 1979.

12 Por mencionar solo los libros, Josep Fontana: Hacienda y Estado, 1823-1833, Madrid, Instituto de Estudios Fiscales, 1973; íd.: La revolución liberal. Política y Hacienda, 1833-1845, Madrid, Instituto de Estudios Fiscales, 1977; íd.: La Hacienda en la historia de España, 1700-1931, Madrid, Instituto de Estudios Fiscales, 1980, y Josep Fontana y Ramón Garrabou: Guerra y Hacienda. La Hacienda del Gobierno central en los años de la Guerra de la Independencia (1808-1814), Alicante, Institución Juan Gil-Albert-Diputación Provincial de Alicante, 1986. Entre sus numerosos artículos merece destacarse por su actualidad «Deuda pública, evolución de la Hacienda y crecimiento económico. Algunas sugerencias para su estudio», Hacienda Pública Española, 1 (1991), pp. 101-106 [también en Historia de la Hacienda en España (siglos xvi-xx). Homenaje a don Felipe Ruiz Martín, Madrid, Instituto de Estudios Fiscales, 1991].

13 Francisco Comín: «La metamorfosis de la Hacienda (1808-1874)», en Jaume Torras (ed.): Josep Fontana. Historia y proyecto social, Barcelona, Crítica, 2004, pp. 31-101.

14 Josep Fontana: «Introducción general», a la reedición de La quiebra de la monarquía absoluta 1814-1820, Barcelona, Crítica, 2002, pp. 11-46. El tema del comercio y el sistema colonial español en el siglo xviii, y sus consecuencias sobre las distintas economías, había centrado la atención de Josep Fontana desde hacía tiempo. Véanse, por ejemplo, Josep Fontana: «Colapso y transformación del comercio exterior español entre 1792 y 1827. Un aspecto de la crisis de la economía del Antiguo Régimen en España», Moneda y Crédito, 115 (1970), pp. 3-23; íd.: «Comercio colonial e industrialización: una reflexión sobre los orígenes de la industria moderna en Cataluña», en Jordi Nadal y Gabriel Tortella (eds.): Agricultura, comercio colonial y crecimiento económico en la España contemporánea, Barcelona, Ariel, 1974, pp. 358-365, e íd. (ed.): La economía española al final del Antiguo Régimen, vol. III, Comercio y Colonias, Madrid, Alianza Universidad, 1982.

15 Además de lo expuesto en 2004 por Francisco Comín, me remito a las tres mejores obras de síntesis de historia económica de España que tratan con cierto detalle lo ocurrido durante el periodo al que he hecho referencia y en particular el problema de la Hacienda. Véanse Gabriel Tortella: El desarrollo de la España contemporánea. Historia económica de los siglos xix y xx, Madrid, Alianza Universidad, 1994; Francisco Comín, Mauro Hernández y Enrique Llopis (eds.): Historia económica de España. Siglos x-xx, Barcelona, Crítica, 2002, y Albert Carrerras y Xavier Tafunell: Historia económica de la España contemporánea, Barcelona, Crítica, 2004. Otro tanto ocurre en la historia del pensamiento económico con algunos de los trabajos de Fontana. Véase, entre otros, Josep Fontana y Rafael Vallejo Pousada: «Economía política y Administración Pública en la España liberal. Las contribuciones de Juan López Pinilla y Ramón Santillana», en Enrique Fuentes Quintana (dir.): Economía y economistas españoles, vol. IV, La economía clásica, Barcelona, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, 2005, pp. 705-724.

16 Josep Fontana: «Introducción general», p. 9.

17 Josep Fontana: Capitalismo y democracia, 1756-1848. Cómo empezó el engaño, Barcelona, Crítica, 2019. No puedo ahora mencionar todas y cada una de las obras de Fontana que, de un modo u otro, forman parte de esta otra dirección, así que dejaré solo constancia de la variedad de géneros que cultivó: artículos de investigación, de reflexión o de aclaración de conceptos, libros con un extenso apoyo en el análisis de fuentes primarias, libros de síntesis o a modo de guía para el estudio del periodo, ensayos de diverso carácter, etc. Estos son algunos trabajos suyos que me parecen especialmente significativos, Josep Fontana: Cambio económico y actitudes políticas...; íd.: La crisis del Antiguo Régimen...; íd.: «La crisis agraria de comienzos del siglo xix y sus repercusiones en España» y «La desamortización de Mendizábal y sus antecedentes», ambos incluidos en el libro de Ángel García Sanz y Ramon Garrabou (eds.): Historia agraria de la España contemporánea, vol. I, Cambio social y nuevas formas de propiedad (1800-1850), Barcelona, Crítica, 1985; íd.: La época de las revoluciones, vol. X de la Historia Universal Planeta, dirigida por Josep Fontana, Barcelona, Planeta, 1992; íd.: De en medio del tiempo. La segunda restauración española, 1823-1834, Barcelona, Crítica, 2006, e íd.: La época del liberalismo, vol. VI de la Historia de España, dirigida por Josep Fontana y Ramón Villares, Barcelona, Crítica-Marcial Pons Historia, 2007.

18 De ello da cumplida cuenta la impresionante biblioteca de quien había nacido entre libros, como nos dice Gonzalo Pontón; no en vano su padre era un librero que tenía el almacén en el mismo piso familiar. Véase Gonzalo Pontón: «Fontana: el maestro en su biblioteca», De Re Historiographica, disponible en https://derehistoriographica.wordpress.com/2019/06/15/fontana-el-maestro-en-su-biblioteca/, y en Nuestra Historia, 7 (2019), pp. 47-52.

19 Josep Fontana: La fi de l’Antic Règim i la industrialització 1787-1868, vol. V de la Història de Catalunya, dirigida por Pierre Vilar, Barcelona, Edicions 62, 1988, e íd.: La revolució liberal a Catalunya, Lleida, Eumo-Pagès, 2003.

20 Josep Fontana: Capitalismo y democracia..., pp. 7 y 155.

21 Josep Fontana: De en medio del tiempo..., p. 10.

22 Josep Fontana: Capitalismo y democracia..., p. 8.

23 Las ideas de Fontana sobre la historia como tipo de conocimiento y sobre la historia de la historiografía se expusieron en numerosas ocasiones, sobre todo en los siguientes libros, Josep Fontana: La historia, Barcelona, Salvat Grandes Temas, 1974; íd.: Historia. Análisis del pasado y proyecto social, Barcelona, Crítica, 1982; íd.: La historia después del final de la historia, Barcelona, Crítica, 1992; íd.: Introducción al estudio de la historia, Barcelona, Crítica, 1999; íd.: La historia de los hombres, Barcelona, Crítica, 2001, e íd.: L’ofici d’historiador, Girona, Arcadia, 2018. En Sobre la història..., se recogen otros trabajos suyos sobre esta temática.

24 Véase el apartado «Mestres i amics» de su libro Sobre la història..., pp. 95-168, con dos textos muy significativos, uno sobre E. J. Hobsbawm y el otro sobre E. P. Thompson, así como su artículo «Eric Hobsbawm: el historiador como intérprete del presente», Ayer, 93 (2014), pp. 241-250.

25 Josep Fontana: Sobre la història..., p. 98.

26 Josep Fontana: Europa ante el espejo, Barcelona, Crítica, 1994, pp. 154-156. Véase también, sobre la identidad europea, su artículo «Europa: història i identitat», L’Espill, 20 (2005), pp. 65-72, reproducido en Josep Fontana: Sobre la història..., pp. 263-272.

27 Josep Fontana: La formació d’una identitat. Una història de Catalunya, Romanyà Valls, Eumo, 2014.

28 Ibid., pp. 7-8 y 426-427. Ricardo Robledo: «Josep Fontana (1931-2018): historia y compromiso social», De Re Historiographica, disponible en https:/­/­derehistoriographica.wordpress.com/2018/09/05/josep-fontana-1931-2018-historia-y-compromiso-social/, pone de relieve que, como en cualquier libro, en este de Fontana hay unos puntos más fuertes que otros y se percibe algún anacronismo, pero no se trata de un tributo al nacionalismo independentista catalán. En numerosas entrevistas Fontana fue muy crítico con el procés y Robledo remite a dos muy ilustrativas.

29 A modo de ejemplos véanse Josep Fontana y Jordi Nadal: «Spain...»; Josep Fontana: «Reflexiones sobre la naturaleza y las consecuencias del franquismo», en Josep Fontana (ed.): España bajo el franquismo, Barcelona, Crítica, 1986, pp. 9-38; íd.: «Algunas consideraciones sobre las grandes etapas de la economía europea en el siglo xx», en Jordi Nadal, Albert Carreras y Carles Sudrià (comps.): La economía española en el siglo xx: una perspectiva histórica, 5.ª ed., Barcelona, Ariel, 1987, pp. 9-22; íd.: «La Segunda República: un proyecto reformista», Sistema: revista de ciencias sociales, 154 (2000), pp. 21-32, e íd.: «A los cien años de 1917: la revolución rusa y nosotros», en Juan Andrade y Fernando Hernández Sánchez (eds.): 1917: la revolución rusa cien años después, Madrid, Akal, 2017, pp. 41-51.

30 Los dos primeros editados por Pasado y Presente, uno en 2011 y el otro en 2013, y el tercero por Crítica en 2017.

31 Véase el capítulo «Bibliografía del doctor Josep Fontana», en Josep Fontana: Sobre la història..., pp. 49-90.