Ayer 106/2017 (2): 133-158
Sección: Dosier
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2017
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/106-2017-06
© Gemma Torres Delgado
Recibido: 18-04-2016 | Aceptado: 22-01-2017
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La nación viril. Imágenes masculinas de España en el africanismo reaccionario después de la derrota de Annual (1921-1927)*

Gemma Torres Delgado

Universitat de Barcelona
gemmatorresdelgado@ub.edu

Resumen: Este artículo analiza el discurso colonial español sobre Marruecos, especialmente en el marco de las guerras de Rif. Para los sectores más reaccionarios del ejército de África, esta empresa colonial se concibe como un proyecto de regeneración nacional que implica la recuperación de la naturaleza imperial de España. Analizamos cómo, en el discurso de estos sectores, este proyecto nacional se basa en el resurgimiento de una supuesta virilidad nacional y cómo la nación se representa a través de imágenes masculinas. Se estudiará, por tanto, cómo el género ha servido para imaginar la nación, concretamente, a través de la masculinidad.

Palabras clave: colonialismo, Marruecos, masculinidad, nación, guerras del Rif.

Abstract: This article analyses Spanish colonial discourse about Morocco, concentrating on the Rif wars. The most reactionary sectors of the Army of Africa conceived this colonial project as one of national regeneration - one that would recover the inherent imperial nature of Spain. We analyse how the discourse generated by this nationalist project was based upon the recovery of an alleged national virility and how the nation was represented through male images. By focusing on masculinity, the article analyses how gender has been used to imagine the nation.

Keywords: colonialism, Morocco, masculinity, nation, Rif wars.

El proyecto colonial español en Marruecos, iniciado a finales del siglo xix, se basa, en un primer periodo, en la influencia diplomática y comercial. A partir de 1909 se torna en ocupación militar. La resistencia de los rifeños y la necesidad de España de mantener los compromisos internacionales, adquiridos con la instauración del protectorado en 1912, la obligan a sostener una serie de guerras de conquista en el Rif y Yebala que no terminarán hasta 1927. En 1921 en Annual, zona noroeste de Marruecos, España sufre una derrota especialmente humillante contra los cabileños liderados por Abd-el-krim: los españoles han huido en desbandada, aterrados, y muchos han caído prisioneros del enemigo. El general al mando, Silvestre, se ha suicidado. Esta derrota se produce después de días de asedio en los blocaos, donde los españoles pasan sed, hambre y no pueden enterrar a los muertos. El relato de estos sucesos y también las fotografías llegan a los periódicos, a pesar de la censura, y generan un gran impacto en la opinión pública 1.

Numerosos artículos en prensa, obras periodísticas e incluso novelas populares recrean la derrota y reflexionan sobre sus causas y sobre la realidad del colonialismo español en Marruecos. En torno a la derrota de Annual se activan viejas y nuevas ansiedades sobre la necesidad y la capacidad de España de ser de nuevo fuerte y conquistadora. Este artículo se propone analizar cómo en el marco de este proyecto colonial, y especialmente tras la derrota traumática de Annual, se discute y se define la identidad nacional de España a través de los valores y las imágenes de la masculinidad.

En los estudios recientes sobre el colonialismo en el ámbito anglosajón, agrupados bajo la denominada «nueva historia imperial», se ha insistido en la necesidad de considerar la interdependencia entre colonia y metrópoli en múltiples aspectos (el establecimiento de los límites de ciudadanía, la concesión del derecho a voto a las mujeres, la definición del concepto de raza...) 2. En esta línea se ha señalado también la importancia del ámbito colonial en la configuración de la identidad nacional metropolitana 3. En el caso del colonialismo español en Marruecos, la historiografía ha profundizado en el análisis de las prácticas de colonización, en la dinámica de las relaciones hispano-marroquíes o en la representación del pueblo marroquí en el discurso colonial 4. Sin embargo, como afirma Archilés, no se ha explorado suficientemente esta dimensión colonial de la identidad nacional. No debemos olvidar que «con los imaginarios imperiales (y sus ansiedades a cuestas) se acompasaba una imagen, una autorrepresentación de la identidad nacional; de la española también, como parte de la definición cultural de la propia “comunidad imaginada”» 5. En un contexto europeo de imperialismo creciente la posesión de un imperio pasa a ser el criterio para valorar la nación que representa. El imperio es un atributo fundamental de la nación, no una mera característica accidental 6.

Podemos considerar, por tanto, el proyecto del colonialismo español en Marruecos como uno de los muchos escenarios de construcción de la identidad nacional, que no está en absoluto libre de ansiedad y dudas 7. En este sentido, entendemos la nación como una forma de identidad fluida, cambiante, codificada en relatos diversos llenos de ansiedades sobre lo que se quiere ser y lo que no se quiere ser. La nación se construye, por tanto, a través de su discusión y continua redefinición 8. Mostraremos cómo este proceso de definición identitaria se expresa y se vehicula en este contexto colonial a través de las imágenes y los valores de la masculinidad.

La definición de la identidad de España en el marco del proyecto colonial en Marruecos es compleja. Diferentes retóricas sobre la identidad nacional en relación con África conviven en el escenario marroquí. A lo largo del siglo xix, a pesar de la progresiva pérdida de las colonias americanas, España mantiene su vocación colonial. La conciencia imperial sigue siendo central en la definición de la identidad nacional: España es, por su historia y tradición, una nación conquistadora. La guerra de África (1859-1860) será un hito importante en este sentido. Es una ocasión excelente para la exaltación de la nación. La guerra se plantea como una defensa del honor nacional y una demostración de que España no ha perdido su antigua fortaleza como potencia colonial. Esta retórica apela también a la defensa de la religión católica e incluso a viejos discursos sobre la conquista del infiel, lo cual es especialmente atractivo para los sectores conservadores 9.

A medida que avanza el siglo España se ve influenciada también por otra concepción del proyecto colonial: el orientalismo y su definición de las naciones europeas como portadoras de la civilización y la modernidad 10. Durante la segunda mitad del siglo xix, y especialmente a partir de los años ochenta, proliferan las iniciativas comerciales, diplomáticas y culturales que promocionan la «penetración pacífica» en Marruecos. El lobby colonial liberal considera que España debe definirse como una nación moderna y civilizada, y llevar a cabo, como otras potencias europeas, la misión civilizadora. Estos sectores ligarán el proyecto regeneracionista a esta tarea 11. A estos elementos hay que añadir el discurso de la hermandad hispano-marroquí propio del colonialismo español, que afirma una cierta unión o proximidad especial (que es ambiguamente racial, geográfica e histórica) entre la identidad española y africana debido al pasado común de ambos pueblos marcado por la presencia de los musulmanes en la Península. Esta proclamada proximidad identitaria no impide que España conserve respecto a Marruecos una posición de superioridad: el pueblo marroquí es considerado como un hermano menor que debe ser civilizado o conquistado 12. Esta retórica puede entenderse en parte como una respuesta a los discursos europeos que, a partir del siglo xix, empezaron a leer España desde una óptica orientalizante que la situaba más cerca de la identidad africana que de la europea 13. Esta representación que alterizaba España condicionó también la empresa colonial. Aunque estuvo siempre presente, tuvo especial influencia en la etapa de «penetración pacífica», anterior al periodo bélico, y en los sectores que defendían un proyecto de colonización civilizador y no de conquista.

En efecto, estas diferentes retóricas coexisten en el escenario colonial. Aunque no se pueden deslindar claramente, en cada periodo y sector ideológico son preponderantes unas u otras. Debemos analizarlas, por tanto, de forma particular para cada contexto concreto. Durante las guerras del Rif, en los sectores más reaccionarios del ejército de África, protagonistas principales del proyecto colonial en este periodo, la retórica de la conquista más que la de la civilización fue preeminente 14. Consideran que la defensa de las posesiones españolas en Marruecos es fundamental para la vitalidad de la nación y la preservación de su honor ante el resto de potencias europeas. La conquista colonial contribuye al enaltecimiento de la nación. Como hemos descrito, esta retórica tuvo un gran impacto durante la guerra de 1859. Se reavivó también durante las guerras del Rif (por ejemplo, la de Melilla en 1893 o la del Barranco del Lobo en 1909), que suscitaron un gran sentimiento de apego a la nación 15. Lo mismo ocurrió en el contexto de la derrota de 1921, el episodio bélico marroquí que tuvo mayor repercusión y que suscitó mayor debate en la opinión pública.

En efecto, durante la Restauración la derrota de Annual fue el suceso clave que situó la cuestión marroquí en el centro de atención de la vida nacional. Las penalidades que sufren los soldados españoles durante la guerra producen, en los primeros momentos después de la derrota, una gran adhesión popular. Se genera una ola de exaltación patriótica en que muchos sectores sociales y también la prensa colaboran. La magnitud de la derrota, la situación de los prisioneros en manos de Abd-el-krim, el debate sobre su rescate o el proceso de depuración de responsabilidades que se inicia en el Congreso hacen que Marruecos adquiera un lugar preponderante en el debate público. Todos los partidos y sectores sociales se posicionan respecto al llamado «problema marroquí» 16. Los contextos de crisis como la de Annual —similar aunque en grado muy inferior a la del 98— son momentos importantes en los procesos complejos de construcción nacional. Estas polémicas públicas y exaltaciones patrióticas suponen, en el fondo, una reflexión sobre la identidad de España como nación y como nación colonial.

En este contexto de discusión nacional, en el sector más reaccionario del ejército de África surge una corriente de opinión que encuentra en el desastre de Annual un motivo para la crítica de la España del momento y para la reflexión en torno a la necesidad de regeneración nacional autoritaria. Este grupo forma parte de una nueva generación de militares de tendencia muy conservadora que se consolida en los años veinte y que acabará siendo preeminente en el ejército de África. Aunque diversos ideológicamente (monárquicos o partidarios de la república autoritaria), las experiencias compartidas en la guerra de Marruecos los convierten en un grupo cohesionado con intereses compartidos y sentido de identidad propio. Estos militares africanistas se verán a sí mismos como la única parte vital de la nación, capaz de regenerarla, en contraposición a unos gobiernos metropolitanos demasiado débiles, corruptos y materialistas. Antiliberales y con una profunda desconfianza en la clase política, se inspiran en formas nacionalistas radicalizadas propias de las derechas revolucionarias europeas. Adquirirán en Marruecos un sentimiento de misión, se considerarán un grupo de elite que debe salvar España 17.

Se han definido estos años veinte como un periodo importante en la configuración del nacionalismo militar de derechas que eclosionará con el golpe de Estado y la Guerra Civil. En el contexto militar, se fragua en este periodo una verdadera cultura nacional definida con base en influencias diversas: tradicionalismo católico, tendencias vitalistas de influencia nietzscheana o el fascismo italiano 18. El escenario africano será también importante en la conformación de este nacionalismo. Varios autores han señalado la relevancia del periodo marroquí en la formación de la cultura de los militares que llevaran a cabo el golpe de Estado 19. Se han descrito las continuidades entre la cultura del ejército de África y el ejército del primer franquismo 20. Algunos han calificado este periodo como prefascista 21.

La dimensión colonial de esta cultura nacional será también fundamental. La memoria de la derrota de Cuba es un mito importante en la formación de estos sectores militares. Ya desde sus inicios, el proyecto marroquí se concibe como un colonialismo compensatorio para intentar contrarrestar una angustiosa posición de subalternidad respecto al resto de potencias europeas. De modo similar a otros proyectos coloniales, el español se vive de forma angustiosa como una necesidad para la supervivencia de España. Como un eco del 98, las derrotas en las guerras del Rif, particularmente las de 1921, reactualizan estas ansiedades sobre la posición internacional de España. Especialmente los sectores militares querrán recuperar el honor nacional de España y músculo en la escena internacional. En el seno de este grupo del ejército de África se reaviva una retórica —que como hemos descrito está también presente en periodos anteriores— según la cual la naturaleza colonial de España es parte esencial de la identidad nacional y fundamental para la fortaleza de la nación. Tienen como referente las antiguas glorias imperiales de España en América. Inspirados en un cierto darwinismo social, consideran la expansión en Marruecos necesaria para la vitalidad de España 22.

Franco y la mayoría de militares que ocuparán lugares de poder en la insurrección provienen de este contexto colonial. En Marruecos habrán formado su visión del mundo, su concepto de sociedad y de nación. Posteriormente, los sectores sociales más conservadores apoyarán a estos militares africanistas que serán «el mascarón de proa de la derecha» 23. La guerra en Marruecos ayuda a vestir este edificio ideológico conservador y nacionalista, cataliza la tendencia hacia la ultraderecha que se produce en toda Europa 24.

En el marco de estos sectores reaccionarios se configura, por tanto, en el contexto colonial, una determinada idea de España marcada por la necesidad de recuperar su naturaleza imperial. La conquista colonial es fundamental para la pujanza de la nación. Esta definición de la identidad nacional se conformará muy especialmente a través del género y concretamente a través de las imágenes y los valores de la masculinidad. La importancia de relacionar el género con la nación —y también otros vectores identitarios— se ha puesto de relieve desde la historia y los estudios de género. Esta relación intrínseca se considera un elemento fundamental tanto en el análisis de los arquetipos de género normativos en cada contexto como en el estudio de la construcción nacional, la división de clase o colonial 25.

Las aproximaciones al análisis de esta imbricación entre género y nación han sido diversas. La primera se centra en analizar cómo la nación es importante para entender las características de los modelos de género, cómo los discursos nacionales dan legitimidad a las nociones normativas de masculinidad y feminidad 26. La segunda establece la relación entre movimientos nacionalistas y movimientos feministas 27. En nuestro caso nos centramos en explorar esta imbricación en una tercera dirección: cómo el género ha servido para imaginar la nación, cómo la nación se representa simbólicamente a través del género 28. Scott ya teorizó sobre «la capacidad de la diferencia sexual, de esta oposición binaria entre los sexos, para convertirse en elemento constitutivo y dotar de significado a otras construcciones jerárquicas, estén éstas relacionadas con la división en clases sociales, con las etnias, la religión o cualquier otra variable que entrañe una distribución desigual del poder» 29. Desde esta perspectiva, podemos considerar las categorías de género como vacías y llenas al mismo tiempo. Vacías porque no tienen un significado definido e inmutable, sino que la feminidad y la masculinidad se construyen históricamente. A la vez, están preñadas de múltiples significados relacionados con estas diversas jerarquías sociales como la clase o la nación. Como explica Anderson 30, la nación ha de hacerse visible, tangible a través de símbolos que la hagan palpable y reconocible, ya que no es ninguna realidad que los sujetos puedan conocer a través de su experiencia directa. En este proceso, el género tiene una función primordial. Es fundamental en la construcción y representación de las identidades nacionales.

Esta capacidad del género para representar la nación se ha analizado sobre todo a través de la feminidad. Se ha estudiado ampliamente cómo las mujeres aparecen como representantes simbólicas de la comunidad nacional. El territorio nacional como cuerpo femenino virgen o la mujer que debe ser protegida como metáfora de la nación amenazada es común en contextos bélicos. La mujer aparece representando la nación sobre todo como madre: es la reproductora biológica y cultural del cuerpo nacional, clave en los procesos de regeneración nacional. La esposa y madre es la esencia de la nación, su núcleo definitorio 31.

La relación entre masculinidad y nación ha sido menos tratada que la feminidad en su capacidad de representar la nación, aunque, como señala Nagel, nación y masculinidad parecen hechos con el mismo molde 32. Estos dos conceptos se han relacionado generalmente desde una perspectiva diferente: los hombres son los hijos que aman a la patria como a una madre. Aparecen frecuentemente como los protectores de la nación-mujer. El hombre, especialmente a través de la guerra, se convierte en agente regenerador o salvador de la nación entendida como doncella descarriada o madre necesitada de protección 33. En nuestro contexto exploraremos cómo una determinada idea de nación definida en el contexto de las guerras coloniales se construye a través de imágenes masculinas y los valores viriles. Los hombres no son sólo agentes regeneradores y protectores de la nación-mujer, sino que la nación misma adquiere los atributos de la masculinidad y se encarna en figuras masculinas. Exploraremos la capacidad del género de representar la nación, pero no a través de la feminidad, sino a través de la masculinidad 34.

En este sentido, nos basamos en la interpretación amplia del concepto de masculinidad hegemónica de Connell, según el cual el estudio de la masculinidad ayuda a entender la construcción de otras realidades sociales aparentemente ajenas al género como la ciudadanía, el surgimiento del Estado del bienestar, la jerarquía de clase o la nación. La masculinidad no debe analizarse, por tanto, solamente con relación a la feminidad y a la opresión de las mujeres, sino en relación con estas otras categorías sociales 35.

Hombres desolados y virilidad nacional después de Annual

Después de los sucesos de Annual, numerosos autores reflexionan sobre las causas de la derrota de España contra un pueblo supuestamente salvaje e inferior. Destacados militares como Franco publican su relato sobre los hechos de 1921. También periodistas o escritores cercanos a él escriben sus obras divulgativas para explicar lo ocurrido en Annual. Es el caso de Ruiz Albéniz, médico militar que sirvió en Marruecos. Amigo personal de Franco, será un entusiasta propagandista de sus gestas durante la Guerra Civil. El escritor, periodista y traductor Luys Santa Marina, que siente una admiración ilimitada por el ejército y será posteriormente miembro destacado de Falange, o intelectuales de tendencia conservadora como Ramiro de Maeztu publican también sus reflexiones sobre la derrota de 1921. Del mismo modo, diversos militares que más adelante participarán en el golpe de Estado también escribirán sus artículos sobre la guerra en el Rif, entre ellos Queipo de Llano (que será también director de la Revista de Tropas Coloniales, órgano de expresión del ejército de África). La prensa conservadora e, incluso, algunas novelas populares se hacen eco de estas consideraciones sobre los sucesos marroquíes que, en definitiva, suponen una reflexión sobre la identidad de España como nación colonial. Todas estas reflexiones se expresarán a través de la masculinidad. En primer lugar, la derrota se presenta como un cuestionamiento de la virilidad de la nación. Sus causas no son sólo la resistencia eficaz de los rifeños o la falta de planificación o de material bélico, sino especialmente la pérdida por parte de los soldados españoles y de España de algunas de las principales virtudes varoniles 36.

En su descripción del desastre, Ruiz Albéniz y Franco coinciden en que la ausencia de cualidades masculinas como son el valor y el coraje causó la derrota: «¿Y qué decir de los que se dejaron arrollar por el pánico y dieron lugar a una catástrofe producida, más que por el peligro real, por la depresión moral del mando y de las fuerzas?» 37. Para Franco, el fracaso había sido consecuencia del miedo y no de una amenaza real: «Una ola de pánico había pasado sin duda por aquellos hombres que corrieron más peligro al abandonar el blocao que si hubieran extremado su defensa» 38.

En los relatos de los sucesos marroquíes en la prensa aparecen hombres que han perdido las virtudes que definen lo masculino: agotados, sin ánimo, sin entereza, vencidos. Se describen en los periódicos huidas desordenadas y penosas de los soldados abandonados en el campo marroquí. Los supervivientes «nos hablan con espanto de carreras, de moros que les persiguen, de moras que rematan a los heridos, de lo espantoso del desastre» 39. Son hombres enloquecidos: «Los heridos vienen tan extenuados que han perdido la memoria, su conversación es incoherente y contradictoria» 40. Los soldados «en los que el terror ha dilatado las pupilas» 41 llegan desolados.

Los valores de la virilidad a los que apelan estas obras se refieren a un modelo muy concreto de hombre. Como es evidente, no podemos considerar la masculinidad como una categoría fija, sino que su significado es contingente e histórico. Durante los primeros años del siglo, los modelos de género heredados del pasado se tambalean. Es un periodo de redefinición y transformación de los arquetipos de feminidad y masculinidad 42. Alrededor de la Primera Guerra Mundial se consolida un proceso iniciado años atrás de militarización de la masculinidad. Las conmemoraciones y los recuerdos a los soldados inundan las ciudades, y la guerra se hace muy presente. Se convierte así en un elemento primordial de diferenciación entre los sexos: el soldado se impone como modelo normativo de hombre más allá del ámbito militar. Una concepción que será común a las diferentes opciones políticas 43. En España también se produce este fenómeno. Aunque no participó en la Primera Guerra Mundial, el militarismo tiñe igualmente la sociedad a través de las guerras coloniales del siglo xix y, especialmente, las del siglo xx en Marruecos 44. Así, las características del soldado —como el valor, la dureza, el estoicismo ante las penalidades, la fortaleza, la resistencia, el autocontrol, la voluntad firme, la victoria— se convierten en características de la identidad de género para todos los hombres más allá del contexto de guerra.

En el relato de los representantes del africanismo reaccionario la derrota ha sido causada, por tanto, por la pérdida de estas virtudes varoniles por excelencia: el valor, la serenidad ante las dificultades y el autocontrol. Finalmente la derrota socava también uno de los atributos fundamentales de la masculinidad militar: el orgullo de la victoria. Los sucesos de Annual aparecen como una humillación. Así se describe este sentimiento en una novela popular escrita en defensa del golpe de Estado de Primo de Rivera, que recrea los hechos ocurridos en Marruecos: «A un general [prisionero de Abd-el-krim] lo llegaron a amarrar con cadenas al cuello para tenerlo inmóvil y vencida la cerviz, como a un buey insumiso y joven» 45. Esta humillación y esta pérdida de cualidades masculinas no la sufren sólo los hombres concretos, sino toda la nación española. El periodista Ruiz Albéniz nos relata que se vio obligado a replicar como «buen hijo de España» ante periodistas marroquíes y extranjeros que estaban injuriando a la nación afirmando que los españoles habían sido vencidos y atacados por mujeres rifeñas de Tazarut 46. España entera se siente ridiculizada por los extranjeros y humillada ante los rifeños. Este estado de ánimo decaído y temeroso corresponde a toda la población española de Melilla, que, ante la posibilidad de nuevos ataques, es descrita como «aquellos aterrados españoles que se empujaban en el puerto como rebaño de despavoridas reses para asaltar los buques que habían de conducirlos a España» 47.

La derrota no se interpreta, por tanto, solamente con base en causas técnicas o militares, sino que se explica por la pérdida de virtudes masculinas como el coraje, la entereza ante las dificultades, el orgullo de la victoria. La derrota afecta a los soldados concretos que la han sufrido, pero también a la nación entera que está decaída y asustada, y se ve humillada por la derrota. A partir de este momento se impone la recuperación de la virilidad, de la virilidad de la nación.

Espíritu nacional, virilidad e imágenes masculinas de la nación

En esta representación de la nación como hombre vencido y humillado por la derrota que hemos descrito se produce un fenómeno similar al ocurrido después del 98. El desastre se interpretó en términos de degeneración de la raza, lo cual tenía un componente de género: la nación se había afeminado 48. En nuestro contexto, como hemos comprobado, se recuperan ciertos elementos de esta retórica tras las derrotas en Marruecos. En la línea de lo que ocurrió después del 98, también en el escenario marroquí se insistió en la necesidad de regeneración. En el discurso de los africanistas, observamos el intento de articulación de una propuesta de recuperación. Ésta consiste fundamentalmente en que la nación adquiera los atributos de la hombría militar: valor, fuerza, energía, determinación, voluntad firme y evitar la debilidad 49.

En el relato de estos autores que reflexionan sobre el ser de España, particularmente después de Annual, es muy frecuente la apelación al espíritu o al alma para hablar de la nación. Debemos relacionar esta retórica con la influencia de las corrientes vitalistas europeas inspiradas en el pensamiento de Nietzsche. En España, los autores de la Generación del 98 recogieron este pensamiento. Muy críticos con la sociedad moderna, la idea de progreso y el individualismo, defendían la exaltación del instinto antes que la razón, en una propensión mística y espiritualizante 50. Estas ideas tendrán incidencia en el ejército y caracterizarán también el discurso de los militares africanistas. No creen tanto en la ciencia o la técnica como en lo irracional, lo espiritual. Como hemos mencionado, según estos autores, no deben buscarse causas objetivas a los problemas nacionales, sino explicaciones trascendentales como la falta de fuerza moral o el decaimiento del espíritu nacional. Siguiendo esta lógica, entienden la decadencia de España como un síntoma de la pérdida de una identidad colectiva centrípeta e interclasista. Según su interpretación, es necesario reconstruir una identidad homogénea, única, basada en los valores morales, en lo espiritual.

Todos estos elementos aparecen en la retórica de exaltación nacional que se despliega después de Annual, en donde las referencias al alma de la nación son constantes. Analizadas detenidamente, podemos comprobar que estas alusiones al espíritu no son neutras a nivel de género, sino que apelan, concretamente, a los valores de la masculinidad militar. Esta identidad nacional única, homogénea, no es neutra, es masculina. La obra de Luys Santa Marina es representativa en este sentido. En la introducción a Tras el águila del César: elegía del Tercio, 1921-1922, afirma que no importan las pocas ganancias materiales que se han obtenido en Marruecos. Lo relevante es que el espíritu nacional adquirió, gracias a la empresa marroquí, una característica fundamental de la virilidad, la heroicidad: «En lo espiritual, en el mundo del esfuerzo puro, donde sólo se cotiza el corazón, el botín fue algo esplendoroso: la reconquista del alma española, su vuelta a las rutas del Quijote, polvorientas y llenas de espejismos heroicos» 51. En el mismo sentido, el «espíritu español» debe ser «vigoroso y dispuesto al sacrificio» 52, según la opinión de Queipo de Llano expresada en el primer número de la Revista de Tropas Coloniales, donde se defiende que el proyecto colonial en Marruecos es un proyecto de regeneración nacional.

La nación —su alma, su espíritu— debe adquirir, por tanto, todas las virtudes de la masculinidad heroica y militar. En primer lugar, la voluntad. A fuerza de no ejercitarse se ha ido empequeñeciendo y es ahora incapaz de esfuerzo y tensión. Éste es el diagnóstico de Cases en su novela popular sobre Marruecos 53. La solución radica en recuperar para la nación esta virtud masculina: la entereza, la decisión, la firmeza de la voluntad: «Nosotros creemos que el problema es perfectamente soluble: que es problema de voluntad, de querer afrontarle [sic] resueltamente» 54.

Otra de las virtudes específicamente masculinas con que se caracteriza a la nación en este discurso es la fortaleza frente a los rifeños y al resto de países europeos. España debe evitar la flaqueza. Vive con cierta ansiedad su posición de subalternidad internacional en un contexto imperial de competencia entre naciones. La retórica, claramente masculina, de una España que debe ser fuerte y evitar la debilidad es comúnmente aceptada y repetida durante las guerras del Rif y especialmente a raíz de las derrotas. Queipo de Llano lamenta que España sea considerada apocada y pusilánime por parte del enemigo, que interpretaba «nuestra actitud como cobardía o incapacidad, acosaba nuestras posiciones avanzadas suponiéndose invencible y organizaba una parodia de república digna de risa, si no tuviese efecto a expensas de nuestro decoro como nación» 55. En opinión de Ramiro de Maeztu, «España no podía desistir de su empresa sin una confesión de impotencia que no habría sido favorable a su prestigio ni a su seguridad» 56. Estas reflexiones sobre la debilidad o la impotencia nacional son una crítica a la voluntad de los gobernantes de limitar las operaciones militares en Marruecos para evitar más víctimas debido a la presión popular al respecto. La retórica de la nación como hombre —fuerte, vencedor, en guerra— justifica, por tanto, una actitud belicista que ignora los muertos en la batalla.

Finalmente, la nación debe poseer otra de las características fundamentales del modelo del hombre soldado, el valor: «¿Por qué están mis simpatías con el ejército? La razón fundamental no tiene que ver sino indirectamente con el ejército español. Es filosófica [...] El ejército es en España la única lámpara encendida en la capilla del valor porque me parece preciosa la función que desempeña el ejército al imponer al pueblo nuestro el respeto y el sentido del valor» 57. La virtud masculina del valor ha de ser el principal atributo nacional que debe «imponerse al pueblo» y que servirá para evitar la impotencia de la derrota nacional en la pugna con otras naciones.

En definitiva, ante las derrotas en el Rif, España debe comportarse como un hombre: «Sustraerse a sensiblerías y pesimismos deprimentes del espíritu nacional e inspirarse en más viriles ideas [...] Cuarenta bajas, poco más o menos, sufridas en tres o cuatro achuchones sobran para asustar á [sic] madres y esposas, pero son muy pocas para alamar á [sic] una nación cual siempre fue la española! [...] Es preciso pensar con un poco más de calma y sentir con algo más de virilidad ¡Por Dios!» 58. En este discurso el valor, la entereza y la fortaleza, principios varoniles, se convierten también en principios nacionales.

El pueblo, la nación en su conjunto, ha de adquirir, por tanto, las diferentes cualidades de la masculinidad militar para configurar su identidad recuperada después de estas derrotas coloniales: heroicidad, vigor, disposición al sacrificio, voluntad, fortaleza ante el resto de naciones, autoridad, entereza y coraje. España no debe basar su identidad en valores como el progreso, el bienestar material o la prosperidad, sino que lo realmente importante es que este espíritu, este alma española, alcance las virtudes de la virilidad. La nación debe ser un hombre.

En el marco del discurso colonial no sólo se caracteriza la nación en términos varoniles de forma retórica, sino también a través de imágenes explícitas que representan la nación a través de figuras masculinas. Como hemos indicado, de entre los múltiples discursos que se conjugan en el contexto colonial (el proyecto civilizador, la hermandad hispano-marroquí), la aspiración a ser de nuevo una nación conquistadora es preponderante en los militares africanistas. Este afán se expresa a través de la masculinidad. Una imagen muy repetida para representar esta España imperial es la del conjunto de soldados unidos izando la bandera, en algún pico marroquí, simbolizando la victoria. Estas imágenes aparecen reproducidas gráficamente en portadas de libros sobre Marruecos, en la prensa o en los envoltorios de chocolatinas. Son muy comunes durante las guerras del Rif 59.

Ruiz Albéniz describe una estampa similar en su obra sobre la derrota de 1921. Contrapone la imagen de la prensa y los políticos en la Península, que sólo tienen intereses míseros y particulares, con quienes representan realmente la patria: el grupo de soldados unidos en Marruecos: «¡Y pensar que mientras en Beni-Arós, en el campamento, al caer de la tarde, diariamente, los soldados, oficiales y jefes se reunían en torno a la música del glorioso regimiento de Ceuta a cantar jubilosos himnos a España, en España se pintaban como liebres corredoras y asustadizas!» 60.

Envoltorio de las chocolatinas Jaime Boix «Las campañas de África».
Fuente: colección particular de Eloy Martín Corrales, reproducida en Eloy Martín Corrales: La imagen del magrebí en España: una perspectiva histórica, siglos xvi-xx, Barcelona, Edicions Bellaterra, 2002, p. 96 61.

Esta unión masculina se ha descrito como una de las experiencias fundamentales de los hombres en contextos de guerra. Se ha interpretado que es este sentimiento de camaradería lo que realmente mueve a los varones a la guerra y no el deseo de defender la patria. Comunión entre los hombres y amor a la nación serían fenómenos contrapuestos 62. Se han analizado también estas escenas de vinculación masculina como expresiones veladas de homoerotismo o insinuaciones de relaciones homosexuales entre soldados 63. Sin negar en absoluto que estas relaciones existieran, consideramos que estas evocaciones a la unión entre hombres deben vincularse, a nivel retórico, con el proceso por el cual la nación se encarna en imágenes masculinas. A diferencia de estas otras interpretaciones, creemos, por tanto, que esta comunión entre soldados no se contrapone a la idea de nación, sino que colabora con ella. Estas imágenes de unidad masculina representan la nación de la misma forma que otros símbolos nacionales como por ejemplo la bandera.

En este mismo sentido, la estampa viril del soldado vencedor sobre el enemigo rifeño, humillado y derrotado, es la imagen recurrente de una nación que quiere ser de nuevo imperio. El soldado representa fuerza, autoridad, victoria ante circunstancias que hablan de una España débil y que ha perdido músculo en la escena internacional. La figura del legionario es elocuente en este aspecto. Franco considera que los legionarios son «furia de España», la esencia misma de la nación. En toda su obra elogia su ímpetu y espíritu moral; vencen, castigan al enemigo y lo humillan. El mismo Franco explica que los rifeños, temerosos de los legionarios, reconocen su victoria y superioridad, y se preguntan con temor: «¿Si llegan los del Tersio [sic]? A pocos días de llegar los legionarios se siente el decaimiento en el campo moro» 64. Estos legionarios de Marruecos son la imagen (masculina) de una nación que quiere ser imperio; vencer y regenerarse a sí misma a través de los valores viriles. Luys Santa Marina es especialmente explícito al respecto. Presenta a los legionarios como halcones dominadores, estampa varonil de la España victoriosa: «Nada quedaba oculto, e implacables / picos y garras para herir dispuestos, / todo lo deshacían: sólo restos / dejaron en los campos miserables / hombres halcones de orgullosos ojos / eran los legionarios, y en el Día / de la Ira, en pos de banderines rojos, / talan y arrasan con cólera fría / cosechas y poblados. Todo arde, / hoguera inmensa, bajo la azul tarde» 65.

Particularmente después de Annual, la nueva España imperial debe encarnarse en la figura masculina del soldado que vence y conquista 66. La guerra en Marruecos aparece como obra masculina de destrucción y victoria, que se convierte en la demostración de la virilidad de la nación. La imagen del hombre soldado sintetiza la voluntad de los sectores reaccionarios del ejército de África de configurar esta identidad nacional homogénea, única. Como han descrito varios autores, la liturgia, lo estético y simbólico es fundamental en este proyecto nacional 67. En este aspecto, estas imágenes masculinas son especialmente eficaces: representan simbólicamente este yo colectivo unido, fuerte y conquistador.

Observamos en estos ejemplos como la nación no se representa sólo a través de la feminidad —la nación como madre o mujer que debe ser tutelada o defendida—, sino que las imágenes masculinas son también fundamentales en la construcción de una imagen de la nación. Incluso, en algunas ocasiones, cuando las mujeres aparecen como símbolo nacional adquieren también características varoniles. En la novela de Cases aparece el personaje femenino de Elvira, ella es Castilla, es España. Así es descrita: «Quedó en toda su claridad y pujanza la belleza de la mujer más bella de Castilla [...] tenía la espalda larga y ondulante, que propendía a ser rígida cuando la abrigaba el respaldo de un asiento, y en los hombros parecía que había ido a reposar la majestad de un reinado indio 68 [...] sin haber traspasado los diez y siete años, parecía estar encumbrada en las cimas del poder y del mando [...] ¡Oh!, si Elvira hubiese nacido hombre» 69.

Es una descripción de belleza femenina, pero adornada con las cualidades de la masculinidad, como la autoridad, el poder, el mando, la majestuosidad. Elvira tiene precisamente estas cualidades porque en la obra el personaje representa España. En otros contextos se ha descrito este proceso de virilización de las mujeres que encarnan la nación (por ejemplo, en el marco del nacionalismo vasco 70, del nacionalismo español franquista 71 o del fascismo italiano 72). En estos otros casos se ha interpretado que en la descripción de estas mujeres prima la condición racial por encima de su condición femenina, por este motivo tienen atributos masculinos. En cambio, teniendo en cuenta los ejemplos anteriores, podemos interpretar en nuestro contexto que la nación se representa preferentemente a través de los valores de la virilidad y, por tanto, cuando una mujer representa la nación también aparece con cualidades masculinas. En este sentido, las virtudes masculinas se desvinculan del cuerpo del hombre en la representación del cuerpo nacional 73.

La nación como hombre

Las guerras contra el pueblo rifeño, la derrota de Annual —convertida en asunto de debate público— o la rivalidad entre naciones que supone el colonialismo configuran el proyecto colonial en Marruecos como un escenario de discusión de la nación. España debe redefinirse con relación al resto de naciones europeas, superar la derrota sufrida contra pueblos supuestamente salvajes y dialogar con su propia historia colonial después del 98. En los sectores africanistas prefascistas que se aglutinan en Marruecos esta reflexión sobre la nación se expresa a través de la masculinidad. El pensamiento africanista concibe esta redefinición como la búsqueda de una identidad fuerte, homogénea, sin fisuras, de una España nuevamente imperial. Esta imagen de la nación tiene connotaciones de género: es masculina.

Es en África donde se formarán y configurarán muchos de sus referentes los militares que dirigirán el golpe de Estado. Una vez terminada su «misión» en Marruecos, dirigirán su atención hacia una nueva misión en la Península y lo harán con las experiencias y los valores adquiridos en el contexto colonial. Uno de estos valores será esta idea de nación-hombre. Esta retórica nacional —este proyecto de regeneración— entiende que la nación debe poseer las características de la masculinidad militar: la firmeza de voluntad, la fuerza, el valor. La nación entendida como hombre no debe ser próspera y pacífica, y querer evitar víctimas de guerra, sino vencedora y triunfante 74.

El género es un elemento importante en la construcción de una imagen de la nación. Este aspecto se ha analizado especialmente a través de la feminidad. En nuestro contexto hemos comprobado que la masculinidad es también fundamental en este sentido. En este marco colonial, la nación no sólo se representa a través de imágenes de hombres (la imagen del soldado vencedor o de los soldados unidos), sino que, además, ella misma adquiere los atributos varoniles. Consideramos, por tanto, que las imágenes masculinas son fundamentales en hacer de la nación algo tangible que las personas puedan reconocer. Los estudios sobre nación y nacionalismo se han preguntado cómo experimentan los sujetos la nación, a través de qué mecanismos la incorporan a su identidad 75. Podemos comprobar, a la luz del caso presentado, que la nación se hace reconocible, se incorpora cuando se encarna en algo tan íntimo y tan cotidiano para las personas como son los valores de la masculinidad. El modelo nacional autoritario que se construye en este contexto es normalizado, naturalizado, cuando se representa a través de cualidades viriles 76. Aunque, frecuentemente, estos valores aparentan ser neutros o universales, si los analizamos en detalle comprobamos que son específicamente masculinos. Esta retórica nacional, construida a través de imágenes de hombres y de apelaciones al espíritu de la nación, no se basa en valores asépticos a nivel de género, sino concretamente en los atributos del hombre militar. Podemos considerar, por tanto, estas imágenes masculinas como referentes de la nación de tipo banal, como los definió Billig 77; son tan cotidianos que son asumidos sin ser explícitos. De esta forma, las imágenes y los valores de la masculinidad ayudan a imaginar nación. La nación es un hombre.


* Este trabajo se inscribe en el proyecto HAR2013-45840-R, financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad.

1 Celso Almuiña: «El impacto de Annual (1921) y la información gráfica», en Alejandro Díez Torre (ed.): Ciencia y memoria de África, Madrid, Universidad de Alcalá de Henares-Ateneo de Madrid, 2002, pp. 403-416, y Pablo La Porte: «La respuesta urbana ante la crisis de Annual (1921-1923)», Estudios Africanos. Revista de la Asociación Española de Africanistas, 18-19 (1996), pp. 109-124.

2 Catherine Hall y Sonya Rose: At Home with the Empire: Metropolitan Culture and the Imperial World, Cambridge, Cambridge University Press, 2006; Geoff Eley: «Imperial Imaginary, Colonial Effect: Writing the Colony and the Metropole Together», en Catherine Hall y Keith McClelland (eds.): Race, Nation and Empire: Making Histories, 1750 to the Present, Manchester, Manchester University Press, 2010, pp. 217-236, y Ferran Archilés: «¿Ni imperio ni imperialismo? El imaginario nacional español y el imperialismo africanista en la España de la Restauración (c. 1880-c. 1909)», en Ferran Archilés, Marta García e Ismael Saz (coords.): Nación y nacionalización. Una perspectiva comparada, Valencia, Publicacions de la Universitat de València, 2013, pp. 201-224.

3 Mrinali Sinha: «Nations in an Imperial Crucible», en Philippa Levine: Gender and Empire, Oxford, Oxford University Press, 2004, pp. 181-202. En un sentido similar para España se ha señalado la relevancia del imperio, en este caso atlántico, en el proceso de construcción del Estado-Nación liberal en el siglo xix. Véase Josep M. Fradera: La nación imperial (1750-1918), Barcelona, Edhasa, 2015.

4 Para el análisis del discurso colonial español sobre Marruecos véase Josep-Lluís Mateo Dieste: El «moro» entre los primitivos. El caso del Protectorado español en Marruecos, Barcelona, Fundació La Caixa, 1997, y Eloy Martín Corrales: La imagen del magrebí en España: una perspectiva histórica (siglos xvi-xx), Barcelona, Edicions Bellaterra, 2002. Sobre las relaciones hispano-marroquíes y las prácticas de colonización véanse Bernabé López García: Marruecos y España. Una historia contra toda lógica, Sevilla, Fundación Tres Culturas del Mediterráneo, 2007, y Francisco Martínez e Irene González (eds.): Regenerar España y Marruecos. Ciencia y educación en las relaciones hispano-marroquíes a finales del siglo xix, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2011.

5 Ferran Archilés: «¿Ni imperio ni imperialismo?...». Véanse también al respecto Ferran Archilés: «Piel moruna, piel imperial. Imperialismo, nación y género en la España de la Restauración (c. 1880-c. 1909)», Mélanges de la Casa de Velázquez, 42/2 (2012), pp. 37-54, y Alda Blanco: Cultura y conciencia imperial en la España del siglo xix, Valencia, Publicacions de la Universitat de València, 2012, p. 24.

6 Alda Blanco: Cultura y conciencia..., p. 24.

7 Ferran Archilés: «¿Ni imperio ni imperialismo?...», e íd.: «Piel moruna, piel imperial...».

8 Para esta caracterización de la nación véanse Ferran Archilés: «¿Quién necesita la nación débil? La débil nacionalización española y los historiadores», en Alberto Sabio et al. (coords.): Usos de la historia y políticas de la memoria, Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2004, pp. 187-208, e íd.: «Vivir la comunidad imaginada. Nacionalismo español e identidades en la España de la Restauración», Historia de la educación. Revista interuniversitaria, 27 (2008), pp. 57-85.

9 Alda Blanco: Cultura y conciencia..., y Aurora Rivière: Orientalismo y nacionalismo español. Estudios árabes y hebreos en la Universidad de Madrid (1843-1868), Madrid, Instituto Antonio de Nebrija de Estudios sobre la Universidad, 2000.

10 Edward Saïd: Orientalisme, Vic, Eumo, 1991.

11 Eloy Martín Corrales: Marruecos y el colonialismo español (1859 1912): de la Guerra de África a la «penetración pacífica», Barcelona, Edicions Bellaterra, 2002, y Ferran Archilés: «Piel moruna, piel imperial...».

12 Josep-Lluís Mateo Dieste: El «moro» entre los primitivos...; íd.: La «hermandad» hispano-marroquí. Política y religión bajo el Protectorado español en Marruecos (1912-1956), Barcelona, Edicions Bellaterra, 2003, y María Rosa Madariaga: «Árabes y españoles: complicidades y recelos mutuos», Revista Internacional de Sociología, 46 (1988), pp. 509-520.

13 Sobre el discurso que orientaliza España véanse Xavier Andreu Miralles: «La mirada de Carmen: el mite oriental d’Espanya i la identitat nacional», Afers. Fulls de Recerca i Pensament, 48 (2004), pp. 347-367; íd.: «El triunfo de Al-Andalus: las fronteras de Europa y la “(semi)orientalización” de España en el siglo xix», Saitabi. Revista de la Facultat de Geografia i Història, 55 (2005), pp. 195-210, e íd.: «L’Espagne c’est encore l’Orient? Pasado oriental y moral cristiana en Martínez de la Rosa», en Ferran Archilés, Marta García e Ismael Saz (coords.): Nación y nacionalización. Una perspectiva comparada, Valencia, Publicacions de la Universitat de València, 2013, pp. 171-200.

14 Para un análisis sobre cómo el franquismo utiliza el discurso de la hermandad hispano-marroquí en periodos posteriores, especialmente durante la Guerra Civil y en su política internacional en los años cuarenta y cincuenta, véanse Geoffrey Jensen: «Military Memories, and the Myth of Hispano-Arabic Identity in the Spanish Civil War», en Aurora Morcillo (ed.): Memory and Cultural History of the Spanish Civil War. Realms of Oblivion, Leiden-Boston, Brill, 2014, pp. 495-533, y Rocío Velasco: «La imagen del “moro” en la formulación e instrumentalización del africanismo franquista», Hispania. Revista Española de Historia, 246 (2014), pp. 205-236.

15 Sebastian Balfour: Abrazo mortal: de la guerra colonial a la Guerra Civil en España y Marruecos (1909-1939), Barcelona, Península, 2002, y Gustau Nerín: La guerra que vino de África, Barcelona, Crítica, 2005.

16 Pablo La Porte: «Marruecos y la crisis de la Restauración (1917-1923)», Ayer, 63 (2006), pp. 51-74, y Sebastian Balfour: Abrazo mortal...

17 El término africanismo designa de forma amplia aquellos sectores de la sociedad española que estudiaron y se interesaron por Marruecos en vistas a su colonización; abarca familias y corrientes diferentes. Véanse Bernabé López: «Arabismo y orientalismo en España: radiografía y diagnóstico de un gremio escaso y apartadizo», Awrāq, anejo XI (1990), pp. 34-69, y Víctor Morales Lezcano: «El norte de África, estrella del orientalismo español», Awrāq, anejo XI (1990), pp. 17-34. En el presente trabajo utilizamos el término africanismo reaccionario para referirnos, concretamente, a los sectores conservadores del ejército que hemos descrito y que formarán en Marruecos, durante las guerras del Rif, una fuerte identidad grupal en contraposición a los políticos, la sociedad y el ejército metropolitanos. Para una caracterización de este sector del ejército véanse Daniel Macías: «El africanismo del ejército franquista», en Fernando Puell de la Villa y Sonia Alda (coords.): Fuerzas armadas y políticas de defensa durante el franquismo, Madrid, Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado, 2010, pp. 123-146; Geoffrey Jensen: Irrational Triumph. Cultural Despair, Military Nationalism, and the Ideological Origins of Franco’s Spain, Reno, University of Nevada Press, 2002; Dionisio Viscarri: Nacionalismo autoritario y orientalismo: la narrativa prefascista de la guerra de Marruecos (1921-1927), Bolonia, Il Capitello del Sole, 2004; Gustau Nerín: La guerra que vino..., y Sebastian Balfour: Abrazo mortal....

18 Geoffrey Jensen: Irrational Triumph...

19 Dionisio Viscarri: Nacionalismo autoritario y orientalismo...; Sebastian Balfour: Abrazo mortal...; Gustau Nerín: La guerra que vino..., y Geoffrey Jensen: Irrational Triumph...

20 Daniel Macías: «El africanismo...».

21 Dionisio Viscarri: Nacionalismo autoritario y orientalismo...

22 Daniel Macías: «El africanismo...»; Sebastian Balfour: Abrazo mortal..., y André Bachoud: Los españoles ante las campañas de Marruecos, Madrid, Espasa Calpe, 1988.

23 Gustau Nerín: La guerra que vino..., p. 92.

24 Sebastian Balfour: Abrazo mortal..., y André Bachoud: Los españoles...

25 Mrinali Sinha: «Nations in an Imperial...»; Joan Scott: «Gender: a Useful Category of Historical Analysis», American History Review, 91 (1986), pp. 1053-1075, y Anne McClintock: Imperial Leather: Race, Gender, and Sexuality in the Colonial Contest, Nueva York, Routledge, 1995.

26 George Mosse: La imagen del hombre. La creación de la moderna masculinidad, Madrid, Talasa, 2000; Ana Aguado y Mercedes Yusta: «Presentación. Género, sexo y nación: representaciones y prácticas políticas en España (siglos xix-xx)», Mélanges de la Casa de Velázquez, 42/2 (2012), pp. 9-15, y Nerea Aresti: «Masculinidad y nación en la España de los años 1920 y 1930», Mélanges de la Casa de Velázquez, 42/2 (2012), pp. 55-72.

27 Nerea Aresti: «De heroínas viriles a madres de la patria. Las mujeres y el nacionalismo vasco (1893-1937)», Historia y política. Ideas, procesos y movimientos sociales, 31 (2014), pp. 281-308, y Mary Nash: Mujeres en el mundo: historia, retos y movimientos, Madrid, Alianza Editorial, 2004.

28 Nira Yuval-Davis: Gender and Nation, Londres, Sage, 1997; Nerea Aresti: «A la nación por la masculinidad. Una mirada de género a la crisis del 98», en Mary Nash (ed.): Feminidades y masculinidades. Arquetipos y prácticas de género, Madrid, Alianza Editorial, 2014, pp. 47-74, y Ana Aguado y Mercedes Yusta: «Presentación. Género, sexo...».

29 Nerea Aresti: «La categoría de género en la obra de Joan Scott», en Cristina Borderías (coord.): Joan Scott y las políticas de la Historia, Barcelona, Icaria, 2006, pp. 223-232, esp. p. 226.

30 Benedict Anderson: Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo, México DF, Fondo de Cultura Económica, 1993.

31 Sobre la representación femenina de la nación véanse Ida Blom, Karen Hagemann y Catherine Hall: Gendered Nations, Nationalism and Gender Order in Long Nineteenth Century, Oxford-Nueva York, Berg, 2000; Maud Joly: «Souffrances des corps, souffrances des territoires: la République espagnole en guerre se raconte», Mélanges de la Casa de Velázquez, 42/2 (2012), pp. 73-90; Xavier Andreu Miralles: «Retrats de família (nacional): discursos de gènere i de nació en les cultures liberals espanyoles de la primera meitat del segle xix (1808-1850)», Recerques: història, economia i cultura, 58-59 (2009), pp. 5-30, y Nira Yuval-Davis: Gender and Nation.

32 Joane Nagel: «Masculinity and Nationalism: Gender and Sexuality in the Making of the Nation», Ethnic and Racial Studies, 2 (1998), pp. 242-269.

33 Esta definición del hombre protector de la nación puede encontrarse en Mary Vincent: «La reafirmación de la masculinidad en la cruzada franquista», Cuadernos de Historia Contemporánea, 28 (2006), pp. 135-151; Immaculada Blasco: «Género y nación durante el franquismo», en Stéphane Michonneau y Xosé M. Núñez Seixas (eds.): Imaginarios y representaciones de España durante el franquismo, Madrid, Casa de Velázquez, 2014, pp. 49-72, y Brian Bunk: Ghosts of Passion: Martyrdom, Gender, and the Origins of the Spanish Civil War, Durham, Duke University Press, 2007. Aresti en cambio ha adoptado un enfoque diferente: analiza, para el contexto del 98, cómo en la prensa extranjera se presenta una imagen muy determinada de la españolidad en crisis a través de arquetipos masculinos. Véase Nerea Aresti: «A la nación por la masculinidad...».

34 En el presente trabajo queremos enfatizar la preeminencia de una representación masculina de la nación en este contexto; ello no implica, sin embargo, que no coexistiera con algunas representaciones femeninas de la misma.

35 Raewyn Connell y James Messerschmidt: «Hegemonic Masculinity: Rethinking the Concept», Gender and Society, 19 (2005), pp. 829-859; John Tosh: «Hegemonic Masculinity and the History of Gender», en John Tosh, Stefan Dudink y Karen Hagemann (eds.): Masculinities in Politics and War: Gendering Modern History, Manchester-Nueva York, Manchester University Press-Palgrave Macmillan, 2004, pp. 41-58, y John Horne: «Masculinity in Politics and War in the Age of Nation-States and World Wars, 1850-1950», en John Tosh, Stefan Dudink y Karen Hagemann (eds.): Masculinities in Politics and War: Gendering Modern History, Manchester-Nueva York, Manchester University Press-Palgrave Macmillan, 2004, pp. 22-40.

36 Militares como Franco reflexionan sobre estrategia militar en sus escritos y lamentan habitualmente la falta de medios que tenía el ejército. Critican a los gobiernos metropolitanos por no ofrecer a los militares los recursos suficientes en una actitud que califican de antipatriótica. A pesar de ello, en su concepción de la guerra, la moral, el espíritu y las virtudes masculinas prevalecen en el discurso como elementos esenciales para la victoria. Véase Geoffrey Jensen: Irrational Triumph...

37 Víctor Ruiz Albéniz: Ecce homo: prueba documental y aportes inéditos sobre las causas del derrumbamiento y consecuencias de él, Madrid, Biblioteca Nueva, 1922, p. 383.

38 Francisco Franco: Diario de una bandera, Madrid, Doncel, 1921 [1976], p. 116.

39 Ibid., p. 102.

40 «Figuras y episodios de campaña», ABC, 30 de julio de 1921, p. 7.

41 Francisco Franco: Diario de..., p. 102.

42 Nerea Aresti: Masculinidades en tela de juicio: hombre y género en el primer tercio del siglo xx, Madrid, Cátedra, 2010, e íd.: Médicos, donjuanes y mujeres modernas: los ideales de feminidad y masculinidad en el primer tercio del siglo xx, Bilbao, Servicio Editorial de la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea, 2001.

43 George Mosse: La imagen del hombre...; íd.: Fallen Soldiers: Reshaping the Memory of the World Wars, Nueva York-Oxford, Oxford University Press, 1991; Luc Capdevila: «L’identité masculine et les fatigues de la guerre (1914-1945)», Vingtième Siècle. Revue d’histoire 3, 74 (2000), pp. 97-108; Mary Vincent: «The Martyrs and the Saints: Masculinity and the Construction of the Francoist ­Crusade», History Workshop, 47 (1999), pp. 68-98, e íd.: «La reafirmación de la masculinidad...».

44 Mary Vincent: «The Martyrs and the Saints...», p. 71.

45 Antonio Cases: No quiere morir (novela heroica), con un juicio crítico del general Primo de Rivera sobre el autor, a modo de prólogo, Madrid, Imprenta de Félix Moliner, 1924, p. 205.

46 Víctor Ruiz Albéniz: Ecce homo..., p. 491.

47 Ibid., p. 96.

48 Francisco Vázquez y Richard Cleminson: Los invisibles: una historia de la homosexualidad masculina en España, 1850-1939, Granada, Comares, 2011, y José Álvarez Junco: «La nación en duda», en Juan Luis Pan-Montojo (coord.): Más se perdió en Cuba, Madrid, Alianza Editorial, 1998, pp. 405-476.

49 Esta retórica que liga masculinidad y nación, que describiremos en las páginas que siguen, se puede encontrar en el discurso colonial durante todo el periodo de las guerras del Rif, pero es especialmente presente y exacerbada después de Annual por la dimensión del desastre y el impacto que tuvo en la opinión pública. Asimismo, como explicaremos a continuación, después de la derrota de 1921 esta retórica masculina adquiere tintes más agresivos y un énfasis especial en lo espiritual y lo irracional.

50 Ismael Saz: España contra España, Madrid, Marcial Pons, 2003, p. 73. El problema africano tampoco fue ajeno a los autores del 98. Tanto Maeztu —como comprobaremos en las páginas que siguen— como Unamuno defendían la conquista de Marruecos como una forma de fortalecer el espíritu nacional. Véase al respecto Miguel de Unamuno: «Me preguntan qué es lo que pienso de nuestro problema en África», Nuevo Mundo, 17 de julio de 1913.

51 Luys Santa Marina: Tras el águila del César: elegía del Tercio, 1921-1922, Barcelona, Planeta, 1924 [1980], p. 11.

52 Gonzalo Queipo de Llano: «Nuestro propósito», Revista de Tropas Coloniales, 1 (1924), p. 1.

53 Antonio Cases: No quiere morir..., p. 179.

54 Gonzalo Queipo de Llano: «Nuestro propósito», p. 1.

55 Gonzalo Queipo de Llano: «El problema de Marruecos», Revista de Tropas Coloniales, 2 (1924), p. 1.

56 Ramiro de Maeztu: «Con el ejército», Revista de Tropas Coloniales, 1 (1924), p. 4.

57 Ibid., p. 4.

58 «Calma señores», ABC, 21 de julio de 1909, p. 5.

59 Véase al respecto Eloy Martín Corrales: La imagen del magrebí en España...

60 Víctor Ruiz Albéniz: Ecce homo..., p. 488. Ruiz Albéniz siente con angustia las derrotas de España en Marruecos. Sin embargo, tiene una aproximación más compleja a la propuesta de rectificación: cree que España debe apostar también por un proyecto civilizador. A pesar de ello, cree en la necesidad de la guerra marroquí y coincide con el africanismo reaccionario en el diagnóstico del decaimiento nacional causado por la falta de virtudes masculinas. Considera que España debe se fuerte, su presencia en Marruecos es fundamental para el vigor de la nación. En su defensa de esta necesidad de una España que debe ser colonizadora y que no puede quedar rezagada en la competencia con otras naciones coloniales, asume también la retórica y los valores masculinos como encarnación de la nación.

61 Quiero agradecer a Eloy Martín Corrales la cesión de esta imagen de su colección particular.

62 Marco Mondini: «The Construction of a Masculine Warrior Ideal in the Italian Narratives of the First World War, 1915-1968», Contemporary European History, 23 (2014), pp. 307-327.

63 Susan Martín-Márquez: Desorientaciones. El colonialismo español en África y la performance de identidad, Barcelona, Bellaterra, 2012.

64 Francisco Franco: Diario de..., p. 203.

65 Luys Santa Marina: Tras el águila del César..., p. 25.

66 Desde una perspectiva similar, Uría describe cómo los futbolistas en los años veinte se convierten en ídolos sociales. El modelo de masculinidad que representan reproduce muchas de las características de la masculinidad militar. En este sentido, estos hombres representan también, según el autor, una España saludable y regenerada. Jorge Uría: «Imágenes de la masculinidad: el fútbol español en los años veinte», Ayer, 72 (2008), pp. 121-155.

67 Dionisio Viscarri: Nacionalismo autoritario y orientalismo...; Daniel Macías: «El africanismo...», y Geoffrey Jensen: Irrational Triumph...

68 Antonio Cases: No quiere morir..., p. 33.

69 Ibid., p. 95.

70 Nerea Aresti: «De heroínas viriles a madres de la patria...».

71 Yolanda Blasco: «Género y nación...».

72 Barbara Spackman: Fascist Virilities. Rhetoric, Ideology, and Social Fantasy in Italy, Mineápolis, University of Minnesota Press, 1996.

73 Este arquetipo de mujer virilizada no se presenta en este discurso como modelo de comportamiento femenino, aparece solamente cuando la mujer encarna la nación. El ideal femenino que defienden estos sectores africanistas es el de la mujer pasiva, abnegada, que sufre por el soldado, lo cuida y ama por sus cualidades heroicas.

74 Se ha discutido si se puede considerar el régimen de Franco fascista o no, y en qué medida se puede comparar a regímenes como el nazismo o el fascismo italiano. Se han valorado diferentes aspectos en esta comparación por ejemplo la naturaleza del caudillo, el papel del ejército y de la Iglesia o las connotaciones darwinistas de su pensamiento. Véanse al respecto Ismael Saz: «Peculiaritat del feixisme espanyol», Afers. Fulls de Recerca i Pensament, 25 (1996), pp. 623-637, e íd.: Fascismo y franquismo, Valencia, Publicacions de la Universitat de València, 2004. El culto a la masculinidad puede ser un aspecto más a tener en cuenta. Un estudio para etapas posteriores podría aportar elementos a este debate. Como hemos comprobado, en el periodo de las guerras coloniales se construye una liturgia nacional en que la masculinidad es fundamental. Esta relación entre masculinidad y nación acercaría el caso español especialmente al fascismo italiano, que se caracteriza por un culto o devoción especial a la masculinidad, como han estudiado Barbara Spackman: Fascists Virilities..., y George Mosse: La imagen del hombre....

75 Ferran Archilés: «Vivir la comunidad imaginada...», e íd.: «Los lenguajes de la nación. Las “experiencias de la nación” y los procesos de nacionalización: propuestas para un debate», Ayer, 90 (2013), pp. 91-114.

76 Podríamos preguntarnos si estas imágenes masculinas dificultan esta identificación con la nación por parte de los sujetos femeninos. A falta de un estudio más específico sobre su recepción, consideramos que la representación viril de la nación apela también a las mujeres, ya que el ideal de masculinidad no es patrimonio exclusivo de los hombres, sino que es un valor social compartido y reconocido por ambos sexos.

77 Michael Billig: Banal Nationalism, Londres, Sage, 1995.