Ayer Ayer 139 (3) 2025:263-278
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2025
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/3066
© Daniel Lvovich
Recibido: 07-01-2025 Aceptado: 10-01-2025 Publicado on-line: 08-09-2025
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License

El mileísmo y la llegada al Gobierno de la extrema derecha en la Argentina*

Daniel Lvovich

Universidad Nacional de General Sarmiento/CONICET
dlvovich@campus.ungs.edu.ar

Resumen: En este trabajo analizamos en perspectiva histórica las condiciones estructurales, sociales y políticas que posibilitaron la llegada al Gobierno de la extrema derecha en Argentina. Consideramos las características de la coalición política y social que encabeza Javier Milei para dar cuenta de las peculiaridades que asume en Argentina el fenómeno global de ascenso y expansión de las derechas radicalizadas.

Palabras clave: derechas, Argentina, liberalismo, nacionalismo, fusionismo.

Abstract: In this paper we analyse from a historical perspective the structural, social and political conditions that made possible the rise to government of the far right in Argentina. We consider the characteristics of the political and social coalition led by Javier Milei in order to account for the peculiarities that the global phenomenon of the rise and expansion of radicalised right-wing parties assumes in Argentina.

Keywords: Right-wing, Argentina, liberalism, nationalism, fusionism.

En las elecciones nacionales de 2023, Javier Milei obtuvo una amplia victoria y se consagró presidente constitucional de la República Argentina. En la primera vuelta electoral había obtenido un 30 por 100 de los votos, siendo superado por el candidato del peronismo Sergio Massa, que llegó casi al 37 por 100, y relegando al tercer lugar a la candidata conservadora de Juntos por el Cambio Patricia Bullrich, que alcanzó casi el 24 por 100 de los sufragios. En la segunda vuelta electoral Milei logró sumar a su propio caudal electoral el de Juntos por el Cambio 1 y otras fracciones menores, y alcanzó el 55,65 por 100 contra un 44,35 de su rival peronista.

Se coronaba así una meteórica carrera política, ya que Javier Milei había ganado cierto conocimiento público a partir de 2015, cuando comenzó a participar con frecuencia en programas televisivos en los que se destacaba por su pelo alborotado, su verborragia, su misoginia y su iracundia, que lo llevó a insultar con frecuencia a sus interlocutores. En esos programas Milei se mostraba como un economista liberal libertario tributario de la escuela austriaca que proponía demoler los cimientos de la intervención estatal en la economía, comenzando por la clausura del Banco Central, así como reemplazar al peso por el dólar como moneda corriente del país. Más allá de los programas nocturnos de economía y política, frecuentó también los programas de espectáculos de la tarde, donde habló de su relación con una cantante, de sus prácticas de sexo tántrico y de sus perros. Además de sus múltiples intervenciones en redes sociales, en ocasiones se presentaba en eventos disfrazado como el capitán ANCAP (anarcocapitalista) 2; en plena pandemia se presentó su película Pandenomics, dirigida por Santiago Oría 3; en marzo del año 2020, el ahora presidente participó en una marcha celeste contra la sanción de la ley de aborto legal frente al Congreso de la Nación para luego sumarse también a diversas manifestaciones de oposición a la cuarentena dictada en respuesta a la pandemia de COVID-19 4.

En 2021 inició su carrera en la política institucional, cuando encabezó la lista de diputados de su partido de reciente creación, La Libertad Avanza (LLA), en la Ciudad de Buenos Aires, y alcanzó el 17 por 100 de los sufragios. En la ocasión Milei obtuvo un escaño de diputado nacional y la que sería su vicepresidenta dos años más tarde, Victoria Villarruel, el segundo escaño de su espacio político. En los otros distritos electorales, LLA no se presentó o no obtuvo el caudal de votos necesarios para consagrar otros diputados nacionales.

La llegada de Milei a la presidencia de Argentina resultó en parte sorpresiva y sin dudas rupturista, no solo por las extravagantes características del nuevo mandatario, sino porque supuso la ruptura del sistema bipartidista/bicoalicional que había dominado la política argentina desde el retorno a la democracia en diciembre de 1983. Resultó una novedad enormemente significativa que su candidatura hubiera contado con un respaldo amplio del voto de sectores populares, con tres sesgos muy marcados: fue mayor entre varones que entre mujeres, más amplio entre los jóvenes que entre los mayores de cuarenta años y más grande en las áreas territorialmente periféricas que en las centrales. Estas novedades no pueden entenderse sino en el marco de transformaciones de largo plazo en la estructura socioeconómica argentina, de un persistente estancamiento y de sucesivas crisis económicas que contribuyeron a empeorar las condiciones de vida de amplios segmentos de la población, así como a trastocar sus expectativas de futuro, identidades políticas y moralidades. Si el ascenso de las ultraderechas resulta un fenómeno global y regional que se manifestó en los últimos años en distintos países, nos proponemos en este artículo comprender las condiciones que posibilitaron su arraigo para el caso argentino.

Las transformaciones de largo plazo

La dictadura militar que se desarrolló entre 1976 y 1983 implicó una profunda desestructuración de una sociedad que desde la década de 1930 había logrado niveles de desarrollo, integración social, educación, bienestar y posibilidades de ascenso social infrecuentes en la región, aunque en el marco de una crisis de legitimidad política casi permanente. El régimen dictatorial provocó la crisis de una sociedad articulada en torno a la industria y el mercado interno y la emergencia de un modelo de acumulación financiera y de un puñado de grandes grupos económicos. Como explican Azpiazu y Schorr, las relaciones entre capital y trabajo se modificaron en detrimento del segundo. Un reducido número de grupos económicos nacionales y extranjeros pasó a ocupar una posición de privilegio en el marco de un muy intenso proceso de centralización y concentración, incrementó su participación en el ingreso, afianzó su capacidad para disciplinar a otras fracciones del capital, para subordinar el aparato estatal y para influir de manera decisiva y creciente en el rumbo económico, político y social de los años sucesivos 5. Las transformaciones generadas cambiaron la estructura socioeconómica argentina hasta el día de hoy. La pérdida de la capacidad estatal para orientar el proceso económico y disciplinar al gran capital, los múltiples condicionamientos que provocó el endeudamiento externo generado en el periodo dictatorial, el debilitamiento estructural de los sectores populares y el irreparable retroceso de la participación de los trabajadores en la distribución de la riqueza impactaron de modo profundo y sistemático en la Argentina posterior a 1983.

Los cambios sociopolíticos generados por la dictadura afectaron también los lazos tradicionales de representación, el comportamiento de los actores de la sociedad civil y la constitución de identidades políticas, culturales e ideológicas. El poder dictatorial no actuó solamente en lo represivo: tuvo también impacto «productivo» al generar consensos y subjetividades nuevas. Más allá de la mayor o menor conciencia de los protagonistas y de los objetivos explícitamente formulados, la dictadura produjo un vasto proceso de restructuración social «tendente a fortalecer las bases de la dominación, a fragmentar a las clases subalternas, a individualizar las conductas sociales, a rearticular las formas constitutivas de la sociedad civil» 6. Todo ello modificó en el largo plazo el terreno en el que se desarrolla la economía y la política.

Democracia y crisis

El lema electoral de Raúl Alfonsín, «Con la democracia se cura, se come, se educa», proponía un horizonte de democracia sustancial, que trascendía un conjunto de normas para la elección de autoridades. La renacida democracia, aunque alcanzó logros impresionantes —como el juicio a los integrantes de las Juntas Militares y su continuidad en las políticas de «memoria, verdad y justicia» o la propia continuidad institucional a lo largo de cuatro décadas—, no logró, sin embargo, mejorar en el largo plazo la situación socioeconómica y, por el contrario, muchos indicadores sociales empeoraron.

El Gobierno de Alfonsín (1983-1989), jaqueado por el condicionamiento que suponía el pago de la enorme deuda externa heredada e incapaz de controlar la inflación, terminó su mandato anticipadamente en medio de una crisis económica y política enorme. Su sucesor, Carlos Menem (1989-1999), logró controlar la inflación y alcanzar cierta estabilidad económica al establecer una paridad fija entre el valor del peso y el del dólar, la denominada convertibilidad, a costa de la privatización a precio vil de la mayor parte de las empresas estatales argentinas, la transferencia de los servicios sociales del ámbito federal al provincial —lo que incrementó las ya muy amplias desigualdades regionales— y un incremento progresivo de la terciarización del empleo, el desempleo y los indicadores de pobreza. El breve Gobierno de la Alianza 7 encabezado por Fernando de la Rúa (1999-2001) no pudo superar las determinaciones de las restricciones financieras externas, y terminó en 2001 con un enorme estallido social, expresión de la agudización de la crisis económica y de una crisis sistémica del principio de la representación, expresado en el lema «Que se vayan todos» coreado por las multitudes. En las multitudinarias manifestaciones de diciembre de 2001 confluyeron los sectores populares atenazados por la pobreza y contingentes de clases medias que se veían afectados por la imposibilidad de retirar sus depósitos bancarios. En las calles de las principales ciudades argentinas fueron asesinadas en esos días, en manifestaciones y saqueos a comercios, treinta y nueve personas. Sin embargo, la memoria del horror de la última dictadura, las transformaciones políticas y la debilidad del sector castrense, así como la fortaleza del pacto democrático vigente, provocaron que nadie imaginara que una intervención militar lograría encauzar la crisis. Diciembre de 2001 resultó claramente una crisis de representación encabalgada sobre una crítica radical a la actuación de los partidos políticos, pero no una crisis de la democracia como sistema. La crisis se encauzó institucionalmente con la presidencia temporal del senador Eduardo Duhalde (2002-2003), quien, tras una devaluación que terminó con el régimen de convertibilidad, sentó las bases de la recuperación de la economía, la producción y el empleo que se profundizarían desde 2003, con el Gobierno de Néstor Kirchner, y a partir de 2007, con la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner.

Podemos ilustrar este proceso seleccionando algunas informaciones cuantitativas enormemente significativas. El índice de pobreza en Argentina pasó de un 4,57 por 100 en 1974 al 14,19 en 1985, al 25,31 en 1990 y al 42,29 en 2002, en un proceso zigzagueante pero acumulativo y fuertemente vinculado al proceso inflacionario 8. La desigualad se incrementó significativamente a lo largo de este largo periodo, mientras el desempleo pasó de menos del 5 por 100 en 1974 al 10,6 en 1993, al 14 en 1998 y al 22 en 2002, para recuperarse desde esa fecha 9.

A la recuperación económica de las dos primeras presidencias del ciclo kirchnerista, la siguió una larga fase de estancamiento, coincidente con el segundo Gobierno de Cristina de Kirchner, el del conservador Mauricio Macri y el del peronista Alberto Fernández. Por ello, tras una etapa de descenso de la pobreza entre 2003 y 2011, esta no ha dejado de crecer desde entonces, con un aumento de ritmo desde 2017 y un incremento coincidente con la pandemia de COVID-19. Los números son muy expresivos: la pobreza alcanzó a un 26 por 100 de la población en 2011, un 30 en 2015 al terminar el Gobierno de Cristina de Kirchner, un 35,5 al terminar el Gobierno de Macri en 2019, un 42 en 2020 y un 41,4 al entregar el ­Gobierno Alberto Fernández a Milei 10. Al cabo de un semestre de su Gobierno, la pobreza abarcaba al 52,9 por 100 de la población. Los datos del mercado de trabajo resultan igualmente preocupantes. En el último trimestre de 2023, el desempleo era relativamente bajo, un 5,7 por 100, y el subempleo alcanzó el 10,5 por 100 de la población económicamente activa. La crisis del empleo se expresa básicamente en los altos niveles de precariedad y desprotección social, ya que del total de la mano de obra ocupada un 73,7 por 100 eran asalariados —entre los que el 35,7 por 100 no contaba con descuento jubilatorio—, mientras que el 22,6 trabajaba por cuenta propia, en general en ocupaciones inestables y mal remuneradas 11. De este modo, poco más de un 40 por 100 de los trabajadores contaba en 2023 con un empleo de calidad y protegido por las regulaciones y leyes vigentes. Todo ello ocurrió en el marco de una economía estancada. El Producto Interior Bruto (PIB) argentino era en 2011 de 710.782 millones de dólares, 721.487 en 2015, 693.224 en 2019 y 696.292 en 2023, lo que expresa unos rasgos generales de baja inversión y escasa capacidad para generar puestos de trabajo.

De tal modo, pese a sus diferencias políticas y de estilos, los tres Gobiernos que se sucedieron entre 2011 y 2023 tuvieron como denominador común un permanente deterioro de los ingresos y la calidad de vida de una parte significativa de la población, el crecimiento de la pobreza, un empeoramiento de la calidad de muchas de las prestaciones estatales, en el marco de una economía que no lograba los niveles mínimos de crecimiento requeridos. Estos elementos deben ser considerados para explicar el rechazo de una parte de la población tanto a las experiencias peronistas cuanto a la de la coalición de centroderecha que encabezó Macri, y con ello, que el repudio se extendiera a una parte considerable del arco político argentino. Sin embargo, como ha señalado Pablo Semán, se advierte un cuestionamiento más marcado hacia el peronismo, como resultado de la experiencia de veinte años durante los cuales el kirchnerismo ha hecho surgir «distancias, desconocimientos, reproches y ajenidades sísmicas para el propio movimiento», que explican que se pueda observar en las clases medias bajas, en sectores trabajadores y en las juventudes «un antiperonismo que es clave en la crítica social de la política» 12. Como señala el mismo autor, no se trata solo de los efectos del empeoramiento de las condiciones de vida y del derrumbe de los horizontes de futuro, sino que nociones como «informalidad o cuentapropismo» resultan a la vez categorías laborales y morales:

«La sociedad de emprendedores que se hacen cargo de sí mismos y han llegado a la conclusión de que el Estado no ayuda sino que obstaculiza; la sociedad de propietarios que se ilusiona con el éxito de políticas ultraliberales [...]; la sociedad de consumidores que al calor de la inflación se hace sensible a la crítica de la moneda política, la sociedad que observa con amargura como el sector privado se ve amenazado por la intromisión estatal, y la sociedad de agredidos por la inseguridad: todos ellos pueden ser convocados por los libertarios que integran en su oferta una combinación intensificada de libertad y orden» 13.

Derivas de las derechas argentinas

La derecha argentina tiene, por supuesto, una larga historia. La formación del propio Estado argentino a fines del siglo xix se realizó bajo la conducción de una elite liberal-conservadora, republicana, aunque con una relación ambigua con la democracia, que conservó el poder hasta el triunfo electoral de la Unión Cívica Radical en 1916. Las derechas autoritarias, de raíces católicas o maurrasianas, aparecen en la escena argentina a fines de la década de 1920, y generalmente han sido denominadas nacionalistas. Ambas expresiones confluyeron en el golpe de Estado de 1930, y a partir de allí, y hasta el golpe de 1976, se trató de expresiones que, aunque opuestas, convergieron no sin conflictos en la mayor parte de las alianzas que condujeron los sucesivos Gobiernos de facto, tanto en sus componentes civiles cuanto en los militares, tradicionalmente escindidos entre facciones «nacionalistas» y «liberales».

Las expresiones liberal-conservadoras no lograron construir a lo largo del siglo xx un partido exitoso electoralmente, aun cuando el radicalismo y el peronismo desarrollaron alas conservadoras y hasta neoliberales, como la encabezada por Carlos Menem. Esa relativa debilidad política se mantuvo en el siglo xxi, hasta la creación de Propuesta Republicana (PRO), que accedió a la presidencia de la nación en 2015. Tal debilidad contrastaba con una creciente influencia intelectual de las diversas corrientes económicas liberales y neoliberales. Por su parte, a partir de la recuperación democrática en 1983, los nacionalistas de derecha parecían reducidos a una condición absolutamente marginal en el plano político, pero también en el cultural, al menos en el nivel nacional.

Es que desde 1983 parecía predominar, con sus luces y sombras, un acuerdo tácito que se puede llamar «pacto del nunca más», que implicó el respeto de los preceptos institucionales indicados por la Constitución, el predominio del pluralismo político y cultural y la renuncia al uso de la fuerza para dirimir cuestiones políticas, fundado en un común rechazo y condena al terrorismo de Estado desplegado durante la dictadura. Este pacto implícito se cimentó cuando, en ocasión de un levantamiento militar en 1987, todo el arco político —incluido el peronismo, que hasta entonces contaba con una poderosa ala de derecha antiliberal en su interior— cerró filas en torno a la defensa de las instituciones democráticas encabezadas por Raúl Alfonsín.

Sin embargo, las derechas extremas mantuvieron a lo largo de las últimas cuatro décadas una presencia constante, aunque en ocasiones muy poco visible. Probablemente el campo fundamental en el que se desarrolló su prédica fue en torno a la memoria de los años setenta y a la impugnación de los procesos de justicia contra los responsables y ejecutores de la represión dictatorial. Desde la restauración democrática, la narrativa de la «guerra sucia» contra la subversión continuó siendo sostenida por conocidos comunicadores sociales, partidos de derecha y extrema derecha y organizaciones como Familiares y Amigos de Muertos por la Subversión (FAMUS)­. Se trata de aquel tipo de fenómeno que Ludmila Da Silva Catela ha denominado «memoria denegada», con lo que se refiere a las memorias que se afirman en acontecimientos de violencia previos al golpe de Estado protagonizados por las guerrillas, y que se autoproclaman como portadores de «memorias completas» 14.

Con la llegada de Néstor Kirchner a la presidencia en 2003 se consolidó una alianza entre la fracción del peronismo que encabezaba, el Estado y el Movimiento por los Derechos Humanos. El nuevo mandatario explicitó sus vínculos con la generación de los setenta, lo que se reforzó por la presencia en su gabinete de varias figuras que habían militado en la Juventud Peronista. A ello se sumaron gestos como la creación del Archivo Nacional de la Memoria y de un Espacio de Memoria y Derechos Humanos en el predio de la antigua Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA); la remoción de los cuadros exhibidos en el Colegio Militar de la Nación de los presidentes de facto Videla y Bignone; la instauración del 24 de marzo como Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia, y la anulación de los indultos y leyes que limitaban los juicios por crímenes de lesa humanidad 15. Tales medidas provocaron un reverdecer de los repertorios tradicionales de negación y relativización del terrorismo de Estado, y la producción editorial de textos que proclamaban expresar una «memoria completa», así como la irrupción de una nueva generación que desde la arena digital cuestionaba las políticas de memoria kirchneristas y los postulados del movimiento de derechos humanos. A partir de este núcleo, es posible identificar tres coyunturas que posibilitaron la expansión y articulación de estas nuevas derechas.

Durante el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015), el intento de incrementar los impuestos a la exportación de cereales y oleaginosas en 2008 provocó una amplia movilización opositora encabezada por las organizaciones de propietarios rurales. Dentro de ese movimiento heterogéneo, que incluyó a sectores populares urbanos, «se forjó una identidad antikirchnerista que repuso el ideario del liberalismo conservador y se engarzó con la deriva antipopulista» impulsada por Propuesta Republicana 16. En muchas de esas protestas, se anudaban las referencias a las políticas de memoria del kirchnerismo con las críticas a las prácticas gubernamentales de ese presente. A partir de 2012 se multiplicaron los reclamos públicos contra el kirchnerismo al calor de la expansión de la actuación de influencers de derecha en las redes sociales. En esas movilizaciones, la carencia de una identidad partidaria definida «facilitó que convergiesen sectores tradicionalmente enfrentados: nacional-reaccionarios y liberal-conservadores, familiares de militares en prisión con adherentes al libertarianismo, peronistas de derecha y antiperonistas; todos compartían el espacio público para oponerse a un adversario común: el Gobierno kirchnerista al que entendían como populista, izquierdista, estatista y potencialmente autoritario» 17. Estas acciones colectivas daban expresión a una trasformación social y cultural que implicó que una perspectiva derechista aun sin expresión electoral fuera adquiriendo popularidad entre las clases medias y altas, pero también en parte de los sectores populares 18. Con el debate parlamentario de 2018 sobre la ley de interrupción voluntaria del embarazo se organizó un polo opositor, los «celestes», aunque no todos los que se manifestaron en contra pertenecían al campo de la derecha: tanto los nacionalistas de derecha cuanto los liberal-conservadores se activaron en ese debate, al igual que sectores amplios del mundo católico y evangélico. Cuando, tras el rechazo de esta ley por el Senado, un nuevo proyecto de legalización del aborto ganó estado parlamentario en 2020 y finalmente fue aprobado, el propio Milei y sus seguidores libertarios se sumaron a las manifestaciones «celestes».

Con el retorno al poder del peronismo en 2019, los activismos de derecha se multiplicaron. En 2020, grupos identificados del nacionalismo reaccionario se manifestaron contra las medidas sociosanitarias tomadas por el Gobierno en el marco de la pandemia de COVID-19. Este es el escenario en el que comenzó el crecimiento exponencial de la figura de Milei. Se trató de un momento en que el concepto de «libertad» se opuso a la obligatoriedad del encierro, la vacunación y el cierre de las escuelas, en un contexto general de crisis de los cuidados y aumento de las violencias de género. En su combate contra las medidas de aislamiento obligatorio, las manifestaciones sumaron a los sectores de derecha del PRO y a grupos libertarios. La pandemia fue crucial para que el activismo de derecha decidiera incorporarse a la vida política, ampliando la influencia de intelectuales, emprendedores de las redes sociales y periodistas conservadores y contribuyendo a difuminar los límites entre conservadores, libertarios y nacionalistas. La pandemia fue también la oportunidad para la escenificación de una de las diferencias estructurales de la sociedad argentina, ya que, mientras los trabajadores formales del sector privado y funcionarios estatales pudieron permanecer en sus casas y continuar cobrando sus salarios, los trabajadores precarios —pese a las políticas de distribución de ingresos de emergencia dispuesta por el Gobierno— no tuvieron esa oportunidad. Ello brindó un respaldo material a las interpretaciones que consideran los derechos laborales como un privilegio injustificado.

Sobre esa base, tras distintas experiencias electorales menos efectivas, se articuló en 2021 La Libertad Avanza en torno a un liderazgo personalista, en un gesto sincrético marcado por una oposición radical al Gobierno de Fernández, pero también adverso a la oposición dispuesta a dialogar con el Gobierno 19. La novedad de la que emergerá el conglomerado mileísta es la integración en una nueva identidad de las distintas tradiciones de las derechas, una operación fusionista que amalgama elementos del nacionalismo reaccionario, el neoliberalismo y el libertarianismo. La Libertad Avanza expresa un fusionismo de derecha que, aunque no carece de antecedentes en el marco de las dictaduras de las décadas de 1960 y 1970, se produce ahora en un marco de democracia en el que existía un partido de centroderecha con capacidad electoral. De tal modo, LLA «no es la “derecha”, sino lo que está “a la derecha” de una derecha mainstream y desde esa posición participa en la democracia liberal que la Argentina viene construyendo desde 1983, pero se ubica en tensión con los valores sobre los que esa democracia se sustenta» 20.

Un rasgo novedoso y enormemente significativo de estas derechas es que han logrado un apoyo popular importante, en particular en el seno de sectores juveniles que incluyen paradójicamente grupos contraculturales, en barrios y regiones donde tradicionalmente obtenía holgadas victorias electorales el peronismo 21. Se trata de grupos cuyas trayectorias vitales marcadas por la precariedad laboral, la desprotección frente al delito y la tensión entre el discurso del Estado como garante de derechos y la ineficiencia y desidia de muchas de sus prácticas reales los tornó receptivos a los discursos de estas derechas 22.

Populismo de ultraderecha

En la trayectoria pública de Milei primó mayoritariamente su liberalismo extremo y su oposición a toda forma de intervención estatal. Desde sus primeras intervenciones en los medios, Milei se definió como un minarquista de corto plazo y un anarco-capitalista en el largo plazo, con constantes referencias a la escuela austriaca de economía, expresión absolutamente marginal en Argentina. Su adopción de la agenda antiprogresista —contraria al movimiento por los derechos humanos, al ambientalismo, al feminismo, al aborto legal, a las reivindicaciones de los pueblos originarios— fue tardía y resultado de un gesto pragmático. En los usos de la historia de Milei entre 2020 y 2023 se destaca su voluntad de cancelación del siglo xx, considerado casi en su totalidad como una época de destrucción sistemática de los logros alcanzados en el siglo anterior, por parte de un amplio arco de actores populistas y colectivistas. Más allá de algunas referencias a las experiencias del radicalismo desde 1916 o del peronismo desde 1945, y de su valoración positiva de la etapa menemista, el siglo xx no es abordado en el discurso presidencial, que se concentra en la «edad de oro» abierta desde mediados del siglo xix. Los liberales fundadores de la nación —aunque omite señalar que, para hacerlo, crearon el Estado— habrían sido los impulsores de un proceso que, según la poco verificable creencia de Milei, convirtió a Argentina en el país más rico del mundo y en una potencia mundial 23.

La actual vicepresidenta, Victoria Villarruel, tiene una relación muy distinta con el pasado nacional. Proveniente de una familia de militares, algunos de ellos implicados en delitos de lesa humanidad, fue una activa militante de la «memoria completa», y lideró el Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas (CELTyV) 24. Coautora de Los otros muertos. Las víctimas civiles del terrorismo guerrillero de los 70 (2014), en su militancia abogó por la liberación o el pase a prisión domiciliaria de los presos por crímenes de lesa humanidad, cuyo encarcelamiento considera injusto, y sobre todo por rescatar la memoria de las víctimas de las acciones de las organizaciones guerrilleras en las décadas de 1960 y 1970, exigiendo que los responsables de esas muertes fueran enjuiciados. El discurso de Villarruel se construyó en espejo con el de las víctimas del terrorismo estatal, evitando las formas más extremas de la reivindicación de aquellos crímenes.

Más allá de la centralidad del antiestatismo en el discurso de Milei, la coalición que encabezó asumió cada vez más los contenidos reaccionarios de la tradición del nacionalismo de derecha, tanto en su interpretación del pasado dictatorial cuanto en su lucha contra las visiones progresistas sobre la distribución del ingreso, los postulados feministas, el movimiento LGBTIQ+, los movimientos sociales y el sindicalismo independiente, el ambientalismo y hasta las políticas de apoyo a la ciencia y la cultura. Como hemos señalado, muchas de estas perspectivas se habían difundido de manera amplia previamente, en el marco de la «batalla cultural» desarrollada fundamentalmente en las redes sociales por militantes e intelectuales como Nicolás Márquez o Agustín Laje 25.

Sin embargo, algunos de los contenidos del mileísmo se separan de las perspectivas tradicionales del nacionalismo de derecha argentino, ya que frente al tradicional antiimperialismo postula el alineamiento automático con Estados Unidos e Israel; en contraste con el proteccionismo industrialista promueve la más amplia libertad de mercado y de comercio internacional; frente al tantas veces presente antisemitismo, Milei postula un filosemitismo que incluye su propia aproximación mística a la religión judía.

Coincidimos con Vommaro en considerar que Milei constituye un caso híbrido de líder de ultraderecha con rasgos populistas 26. Desarrolló una actuación pública que dramatiza la indignación de buena parte del electorado con la situación del país y con la clase dirigente, a la que Milei tilda, desde 2021, de «casta política». Se trataría de una «elite corrupta» a la que opone la gente que se levanta temprano a trabajar, la «gente de bien» —rara vez Milei usa conceptos como «pueblo» o «nación»— explotada por los burócratas estatales que usan en provecho propio y de sus clientelas los frutos de su labor. Esta crítica a las elites políticas le permitió ganar mayor audiencia cuando creció el descontento social fruto de la pandemia y la larga crisis social y política. En un contexto de alta inflación persistente, la propuesta de dolarización de la economía ocupó un lugar cada vez más central en el discurso de Milei, pero hasta este aspecto puede ser considerado en términos de populismo, ya que su popularidad puede ser entendida como el aspecto monetario del repudio a la casta, al régimen social vigente y al Estado que emite una moneda sin valor 27.

En este marco, la noción misma de democracia se convierte en un problema central. Si no todas las adhesiones a Milei son el resultado de posturas antidemocráticas, visto desde arriba, más allá del inobjetable triunfo de Milei en las urnas, muchas de sus prácticas institucionales se encuentran al borde de las leyes y la Constitución, mientras la interpretación del pasado reciente que propone su Gobierno choca con la que había organizado la vida democrática argentina hasta 2023. Cuando en plena campaña electoral de 2021 se le preguntó a Milei si creía en la democracia lejos estuvo de afirmarlo rotundamente. Si no existía una expresión de ultraderecha de masas al arribar Milei a la presidencia, todo indica que con la influencia que da el poder ahora sus contingentes se han multiplicado, de modo que podemos hablar propiamente ya de mileísmo.

A diferencia de otras experiencias de esta familia política, Milei llegó al Gobierno sin el apoyo de un partido ni de las Fuerzas Armadas, y con un respaldo parlamentario ínfimo, que fue suplido por el apoyo del PRO, parte de la UCR y grupos minoritarios del peronismo. Queda claro a un año de su Gobierno que las consecuencias de su actuación resultan en la restauración del poder social de las elites, una profundización del empobrecimiento y la desi­gualdad, una pronunciada baja en el consumo popular que apenas se compensa con la baja efectiva de la inflación que se ha logrado. También fue un año de entronización de un discurso violento y discriminatorio formulado desde la más alta magistratura; de restricciones en el derecho a la protesta social, y de ataques a (y desmantelamiento de) las políticas e instituciones destinadas a resguardar los derechos de mujeres, integrantes del colectivo LGTB, pueblos originarios y personas discapacitadas, entre otros grupos. La perspectiva de un desarrollo con base en un modelo que combine el extractivismo con la valorización financiera en el marco de una democracia en la que el derecho a tener derechos se pone cada vez más en cuestión y la distribución regresiva de la renta se profundice, y que sin embargo goza de una relativa popularidad, resulta cada día más preocupante. Lo que resulta claro es que, más allá del éxito o fracaso en sus propios términos de la experiencia de Gobierno encabezada por Javier Milei, el mileísmo, como expresión política de extrema derecha, parece destinado a perdurar como un actor de peso en la política argentina de los próximos años. Resulta igualmente innegable que muchos de los cambios estructurales que ha impulsado en su primer año de gobierno la ultraderecha resultarán muy difícilmente reversibles en un futuro próximo.


  1. * Publicación vinculada al proyecto «Franquismo y nación. Perspectivas transnacionales» (PID2022-141082NB-C21), en el marco de «Franquismo, nación y género en perspectiva transnacional» (FRANGETRANS), financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación de España. El autor agradece los comentarios de Marina Luz García.

  2. 1 Juntos por el Cambio fue una coalición de centroderecha integrada por Propuesta Republicana (PRO), la Unión Cívica Radical (UCR) y la Coalición Cívica, junto con otros partidos menores. Esa coalición gobernó la Argentina entre 2015 y 2019, durante la presidencia de Mauricio Macri.

  3. 2 Javier Milei: «El capitán ANCAP», en canal YouTube Milei presidente, https://www.youtube.com/shorts/ohfhaoJ946s (consultado el 2 de diciembre de 2024).

  4. 3 Javier Milei: «La Película-Pandenomics», en canal YouTube Milei presidente, https://www.youtube.com/watch?v=lkW9QHDCsEI (consultado el 2 de diciembre de 2024).

  5. 4 «En la previa del 8M, Javier Milei apuntó duramente contra la militancia a favor del aborto: “Asesinos de pañuelos verdes”», Clarín, 6 de marzo de 2024, https://www.clarin.com/politica/dura-frase-milei-militantes-favor-aborto-asesinos-panuelos-verdes_0_Tm4qmaZxFb.html (consultado el 4 de diciembre de 2024).

  6. 5 Daniel Azpiazu y Martín Schorr: Hecho en Argentina. Industria y economía, 1976-2007, Buenos Aires, Siglo XXI, 2010, p. 20.

  7. 6 Juan Villarreal: «Los hilos sociales del poder», en Eduardo Jozami et al. (coords.): Crisis de la dictadura argentina. Política económica y cambio social (1976-1983), Buenos Aires, Siglo XXI, 1985, pp. 201-284, esp. p. 202.

  8. 7 La Alianza fue una coalición integrada por la Unión Cívica Radical y el Frente País Solidario (FREPASO), integrado a su vez por sectores peronistas disidentes del menemismo y otros grupos progresistas.

  9. 8 Agustín Arakaki: La pobreza en Argentina 1974-2006. Construcción y análisis de la información, documento de trabajo 15, Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo (CEPED), Buenos Aires, Universidad de Buenos Aires, 2011, p. 96, https://biblioteca.clacso.edu.ar/Argentina/ceped-uba/20161207020802/pdf_503.pdf (consultado el 4 de diciembre de 2024).

  10. 9 Oscar Altimir y Luis Beccaria: «El persistente deterioro de la distribución del ingreso en la Argentina», Desarrollo Económico, 40(160) (2001), pp. 589-618, y Héctor Palomino: Pobreza y desempleo en la Argentina. Problemática de una nueva configuración social, Buenos Aires, Centro de Estudios de la Situación y Perspectivas de la Argentina-Universidad de Buenos Aires, 2004, p. 22.

  11. 10 Observatorio de la Deuda Social-Universidad Católica Argentina: «Condiciones materiales de vida de los hogares y la población (2004-2023). Evidencias de una pobreza monetaria estructural», en Argentina siglo xxi. Deudas sociales crónicas y desigualdades crecientes. Perspectivas y desafíos, 2024, https://wadmin.uca.edu.ar/­public/ckeditor/Observatorio%20Deuda%20Social/Presentaciones/2023/Observatorio_Pobreza_ingreso_5_12.pdf (consultado el 4 de diciembre de 2024).

  12. 11 Instituto Nacional de Estadística y Censos: «Mercado de trabajo. Tasas e indicadores socioeconómicos (EPH). Cuarto trimestre de 2023», Informes técnicos, 8(64), Trabajo e ingresos 8(3), Buenos Aires, INDEC, 2024, https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/mercado_trabajo_eph_4trim23BB05224E02.pdf (consultado el 4 de diciembre de 2024).

  13. 12 Pablo Semán: «Introducción. La piedra en el espejo de la ilusión progresista», en Pablo Semán (coord.): Está entre nosotros. De dónde sale y hasta dónde puede llegar la extrema derecha que no vimos venir, Buenos Aires, Siglo XXI, 2024, pp. 9-42, esp. p. 18.

  14. 13 Ibid., p. 27.

  15. 14 Ludmila Da Silva Catela: «Pasados en conflicto. De memorias dominantes, subterráneas y denegadas», en Ernesto Bohoslavsky et al. (comps.): Problemas de historia reciente del Cono Sur (II), Buenos Aires, Universidad Nacional de General Sarmiento-Universidad Nacional de San Martín, 2010, pp. 99-124, esp. p. 104.

  16. 15 Daniel Lvovich y Matias Grinchpun: «Negacionismo y relativización. Un escenario de los campos de batalla por la memoria del pasado reciente argentino», Contenciosa, 12 (2022), e0014, https://bibliotecavirtual.unl.edu.ar/publicaciones/­index.php/Contenciosa/article/view/11451 (consultado el 4 de diciembre de 2024).

  17. 16 Sergio Morresi: «Al borde de la desmesura. Fronteras porosas de las derechas argentinas en el siglo xxi», en Tania Hernández y Andrea Bussoletti (coords.): Derechas e izquierdas en el siglo xxi. Debates generales y estudios de caso, México, Instituto Electoral del Estado de Guanajuato, 2024, pp. 151-172, esp. p. 161.

  18. 17 Ibid.

  19. 18 Véase al respecto Javier Balsa: ¿Por qué ganó Milei? Disputas por la hegemonía y la ideología en Argentina, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2024.

  20. 19 Sergio Morresi: «Al borde de la desmesura...».

  21. 20 Sergio Morresi y Martín Vicente: «Rayos en cielo encapotado. La nueva derecha como una constante irregular en la Argentina», en Pablo Semán (coord.): Está entre nosotros. De dónde sale y hasta dónde puede llegar la extrema derecha que no vimos venir, Buenos Aires, Siglo XXI, 2024, pp. 43-80, esp. p. 74.

  22. 21 Melina Vázquez: «Los picantes del liberalismo. Jóvenes militantes de Milei y “Nuevas derechas”», en Pablo Semán (coord.): Está entre nosotros. De dónde sale y hasta dónde puede llegar la extrema derecha que no vimos venir, Buenos Aires, Siglo XXI, 2024, pp. 81-122, y Ulises Ferro y Pablo Semán: «100 % blanco y villero. Conservadurismo rebelde, libremercado y derechas populares», en Alejandro Grimson (coord.): Desquiciados. Los vertiginosos cambios que impulsa la extrema derecha, Buenos Aires, Siglo XXI, 2024, pp. 79-102.

  23. 22 Pablo Semán y Nicolás Welschinger: «Juventudes mejoristas y el mileísmo de masas. Por qué el libertarismo los convoca y ellas responden», en Pablo Semán (coord.): Está entre nosotros. De dónde sale y hasta dónde puede llegar la extrema derecha que no vimos venir, Buenos Aires, Siglo XXI, 2024, pp. 163-202.

  24. 23 En su discurso en la Sociedad Rural Argentina de julio de 2024 Milei afirmó: «Es un hecho que, en el siglo xix, cuando pacificamos el país, adoptamos un sistema político, económico y social guiado por las ideas de la libertad, pasamos prontamente de ser un país de bárbaros a ser uno de los más ricos del mundo. Es un hecho que la expansión económica fue tan rotunda que alcanzamos un producto bruto interno total superior a la suma de Brasil, México, Paraguay y Perú juntos, y si lo miramos en términos per cápita, teníamos el PIB per cápita más alto del mundo, incluso más alto que el de Estados Unidos». Véase, Discurso del presidente Javier Milei (28 de julio de 2024), https://www.casarosada.gob.ar/informacion/­discursos/50593-palabras-del-presidente-de-la-nacion-javier-milei-en-la-exposicion-de-ganaderia-agricultura-e-industria-internacional-en-la-rural (consultado el 6 de diciembre de 2024).

  25. 24 Cristian Palmisciano: Memorias y acción política de las organizaciones para la memoria completa. El caso del Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas, tesis doctoral, Universidad Nacional de San Martín, 2017.

  26. 25 Analía Eugenia Goldentul y Ezequiel Saferstein: «Los jóvenes lectores de la derecha argentina. Un acercamiento etnográfico a los seguidores de Agustín Laje y Nicolás Márquez», Cuadernos del Centro de Estudios de Diseño y Comunicación, 112 (2021), pp. 113-131.

  27. 26 Gabriel Vommaro: «La ultraderecha en Argentina. Entre el oportunismo y la innovación de Milei», en Análisis. Democracia y Derechos Humanos, Santiago de Chile, Fundación Friedrich Ebert en Chile-Laboratorio para el Estudio de la Ultraderecha, noviembre de 2023, https://library.fes.de/pdf-files/bueros/chile/20671.pdf (consultado el 6 de diciembre de 2024).

  28. 27 Pablo Semán: «Introducción...».