Ayer 115/2019 (3): 219-249
Sección: Estudios
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2019
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/115-2019-09
© Eduardo A. Carreño
Recibido: 18-01-2017 | Aceptado: 05-05-2017
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License

Más allá del no reconocimiento: Francia y Biafra (1967-1970)*

Eduardo A. Carreño

Universidad de Chile
ecarreno@uchile.cl

Resumen: El objetivo de este artículo es analizar la relación entre Francia y la República de Biafra durante la guerra civil de Nigeria, en particular los intereses estratégicos de Charles de Gaulle en África Occidental. Este se negó a entregar el reconocimiento al régimen de Chukwuemeka Odumegwu Ojukwu; sin embargo, proporcionó ayuda diplomática y militar a los igbos independentistas a través de sus principales aliados en la región: Costa de Marfil y Gabón.

Palabras clave: Francia, Biafra, Nigeria, guerra civil, África.

Abstract: The purpose of this article is to analyse the relationship between France and the Republic of Biafra during the Nigerian Civil War. In particular, it focusses on Charles de Gaulle’s strategic interests in West Africa. During the war, France refused to recognize Chukwuemeka Odumegwu Ojukwu’s regime. All the same, De Gaulle provided di­plomatic and military support to the Igbo pro-independence movement through his main regional allies: Ivory Coast and Gabon.

Keywords: France, Biafra, Nigeria, Civil War, Africa.

Introducción

Si bien el Gobierno de Charles de Gaulle nunca desmintió que prestara ayuda a la República de Biafra durante la guerra civil de Nigeria (1967-1970), existen todavía muchas especulaciones en torno a su real participación en el conflicto. Aunque apoyase explícitamente a los biafreños, se negó en varias oportunidades a reconocer su independencia. Sin embargo, apelando a los estrechos vínculos con Costa de Marfil y Gabón, logró que estos reconocieran en 1968 el régimen de Chukwuemeka Odumegwu Ojukwu con el fin de canalizar a través de ellos la asistencia humanitaria y militar.

El reconocimiento de un Estado es un acto libre, por medio del cual uno o más países admiten la existencia de una sociedad humana políticamente organizada, en un territorio específico, independiente de cualquier otro Estado, y capaz de observar las obligaciones del Derecho internacional 1. Dada la importancia de este acto, el vacilante comportamiento de Francia frente a la República de Biafra debe analizarse teniendo en consideración tanto sus intereses permanentes en África como la visión internacional de De Gaulle y las pugnas entre organismos en el proceso de formulación de la política exterior francesa.

Así, aun cuando prácticamente todas las excolonias francesas apoyaron al Gobierno Federal de Nigeria, la relación con el conflicto de Francia, Costa de Marfil y Gabón se vio condicionada por motivos ideológicos, diplomáticos y estratégicos que se encontraban inextricablemente entrelazados. Las cuestiones económicas pesaron en las decisiones de París y sus aliados; sin embargo, como se verá, no determinaron la intervención de estos en la guerra civil nigeriana. En el caso de Nigeria, la mayoría de los países francófonos de África Occidental prestaron su apoyo al Gobierno Federal, por cuanto percibían que las consecuencias de no hacerlo eran perjudiciales para la región. Costa de Marfil y Gabón, por su parte, optaron por apoyar a la República de Biafra en el marco de las políticas neocoloniales francesas.

Antecedentes de la guerra civil nigeriana

El 1 de octubre de 1960, Nigeria alcanzó su independencia en medio del optimismo político y económico. Impulsó en esos años un sistema político basado en el modelo de Westminster, como también aseguró el concurso de líderes como Abubakar Tafawa Balewa, Ahmadu Bello y Obafemi Awolowo 2. Además, desarrolló un federalismo que buscaba —en teoría— dar cabida a una gran cantidad de grupos étnicos y religiosos locales. Sin embargo, el orden institucional degeneró completamente entre 1963 y 1966, por cuanto los principales partidos políticos de cada región lucharon constantemente y sin escrúpulos por obtener el control tanto de las asambleas federales y regionales como también de la mayor parte de los recursos. En otras palabras, quienes controlaban estas asambleas distribuían entre sus partidarios el erario público, mientras negaban a sus oponentes «la sal y el agua». Tras el asesinato de varias autoridades políticas de alto rango, entre ellas el primer ministro federal, una facción del ejército nigeriano liderada por el mayor Chukwuemeka Kaduna Nzeogwu tomó el poder el 15 de enero de 1966. Su justificación era que hacía falta «sepultar el despotismo corrupto y desacreditado que solo podía ser superado por la violencia» 3.

Johnson T. U. Aguiyi-Ironsi, un oficial de alto rango de ascendencia igbo, invocó la norma de obediencia militar y ordenó entregarse a los golpistas 4. Sorprendentemente, estos lo hicieron y ­permitieron al nuevo líder encabezar un gobierno militar transitorio y reformista que impulsó una mayor centralización del poder y la abolición del sistema federal 5. Esta decisión provocó miedo a una hegemonía étnica en todo el país, en particular en los norteños hausa-fulani, que habían temido durante mucho tiempo que su desven­taja educativa pudiera abrir el camino a la dominación de su sistema estatal por parte de las etnias del sur. Estas tensiones y desconfianzas llevaron a la emergencia de incontrolables disturbios en la región septentrional, como también a la gestación de un nuevo golpe de Estado. Este se concretó el 28 de julio de 1966, estuvo encabezado casi en exclusiva por oficiales de ejército de la región norteña y concluyó con el asesinato de Aguiyi-Ironsi.

Tras el golpe, asumió el poder el general Yakubu Gowon, quien impuso medidas autoritarias como el establecimiento de estrictos controles sobre los sindicatos, la supresión del derecho a huelga y la censura a los medios de comunicación. Asimismo, el 27 de mayo de 1967 dictó, sin consulta previa, un decreto especial que establecía la división del país en doce estados, lo cual fue considerado por la región oriental «un acto ominoso que atenta contra la libertad y el respeto a los sentimientos de la población» 6.

Esta decisión del Gobierno Federal, más la indignación existente entre las autoridades regionales tras la masacre de centenares de igbos en 1966, reflejó la profunda crisis que vivía el sistema político nigeriano. El resultado de todo ello no pudo ser peor: la declaración de independencia de la región oriental el 30 de mayo de 1967. Este acto unilateral marcó el nacimiento de la «República de Biafra», pero también el inicio de una sangrienta guerra civil que duró tres años y que enfrentó a fuerzas muy desiguales ante la indolencia de gran parte de la comunidad internacional:

«Una vez más, el mundo repite su historia y ha obviado este crimen [arguyendo] “es un asunto interno de Nigeria” [...]. La Organización de la Unidad Africana (OUA) en la persona de su secretario Diallo Telli [...] agitó la bandera de la indiscutible supremacía de Nigeria [...] sin embargo, el Dios omnipotente lucha junto a los biafreños inocentes» 7.

Mapa 1
Nigeria en doce estados (1967-1976)

Fuente: John J. Stremlau: The International Politics of the Nigerian Civil War, 1967-1970, Princeton, Princeton University Press, 1977, p. 57.

Tan importante como estos factores fue la incapacidad del Gobierno Federal para idear una respuesta diferente al uso de la fuerza. Otras vías nunca fueron consideradas a causa de la profunda quiebra que evidenciaban las fuerzas militares, pero también por el independentismo que tomaba fuerza en otras regiones de la federación. En Ibadan, por ejemplo, Obafemi Awolowo sostenía lo siguiente:

«Si se permite a la región oriental, por actos de omisión o comisión, separarse de Nigeria [...] entonces debe considerarse el fin de la Federación [...]. Nigeria Occidental y Lagos, como Estados soberanos e independientes, podrían asociarse con cualquiera de las unidades [territoriales] nigerianas [...] en condiciones mutuamente aceptables» 8.

La Declaración de Awolowo complicó aún más el problema que enfrentaban los líderes militares en Lagos. Debían entonces optar entre movilizar a las fuerzas armadas en la zona para aplacar el independentismo o bien reconocer la independencia de Biafra y buscar otros medios para mantener la unidad del resto del territorio. Esta última opción presentaba sus propias dificultades, por cuanto el Acuerdo de Aburi de 5 de enero de 1967 había dado lugar a fuertes recriminaciones entre Lagos y la región oriental 9. El Gobierno Federal optó, entonces, por frenar el independentismo en el campo de batalla.

Por otra parte, se sostuvo —erróneamente— que la región oriental no tenía valor para el Gobierno Federal, ya que no contribuía demasiado a las exportaciones y tampoco mostraba muchas perspectivas de industrialización 10. Estas opiniones contribuyeron muy poco a la causa de Lagos, más aún cuando altos funcionarios las manifestaban públicamente. Destaca entre ellas la alocución en Londres en 1967 de Anthony Enahoro, entonces comisionado federal de informaciones:

«Se dice que Biafra podría ser económicamente autosuficiente [...] pero no por mucho tiempo. Solo un 5 por 100 del petróleo de Nigeria se produce en las zonas igbos [...]. Del valor total de las exportaciones agrícolas de la antigua Nigeria Oriental, los 7.000.000 de igbos producen 25 millones de dólares y los 5.000.000 de no igbos producen 48 millones de dólares» 11.

Estas interpretaciones no daban cuenta de la realidad, por cuanto —si este hubiese sido el caso— probablemente la propia región oriental habría considerado inviable la independencia. Esta zona poseía cuantiosas reservas de petróleo, era cuna de importantes directivos y profesionales de la administración pública federal, y sus comerciantes y pequeños empresarios llenaban un vacío muy importante en la vida económica de gran parte del país, en particular en los Estados del norte 12. Del mismo modo, los puertos de Calabar y Port Harcourt eran estratégicos para el comercio internacional de Nigeria.

Desde el punto de vista político, la independencia de la República de Biafra implicó un duro golpe al liderazgo de Nigeria en África que no solo debilitó su influencia, sino que también puso en cuestión su legitimidad internacional 13. Más importante aún, en el plano interno, permitir la independencia de la región oriental habría acarreado inexorablemente más dificultades. Al respecto, el general Gowon declaró:

«La lucha por delante es por el bienestar de las actuales y futuras generaciones de nigerianos. Si fuese posible evitar el caos y la guerra civil simplemente tomando distancia, como afirman algunas personas, ya lo hubiésemos hecho. Sin embargo, sabemos que tomar tal curso conducirá rápidamente al caos, a la desintegración de otras regiones y a la injerencia extranjera» 14.

Lagos preveía un conflicto breve. De hecho, su estrategia inicial implicó una simple acción policial. Este fue el primer gran error. Subestimaron la fuerza y determinación de los independentistas, quienes —en definitiva— sí tenían un claro objetivo: alcanzar la soberanía plena de la República de Biafra.

La política africana de De Gualle y su relación con Nigeria

Si bien la independencia cambió la naturaleza formal de la relación entre París y las excolonias en África, su asistencia y presencia se mantuvo sin mayores alteraciones. Es más, en algunos casos los antiguos gobernadores se convirtieron en embajadores de Francia en estos nuevos países (por ejemplo, en Gabón y Níger) o bien permanecieron en ellos en calidad de asesores 15. En otras palabras, los líderes africanos no forzaron la salida de los franceses; por el contrario, muchos de ellos buscaron sus servicios a fin de evitar el colapso de sus gobiernos y el estancamiento económico. Excepciones a esta pauta fueron Mali y Guinea-Conakry, que —debido a la influencia marxista— sí aceleraron la salida de los funcionarios de la exmetrópoli 16.

En este contexto, De Gaulle ideó ingeniosos instrumentos para preservar los intereses franceses, destacando entre ellos los acuerdos de cooperación firmados con sus antiguas colonias. Los convenios en materia de defensa eran parte esencial de esta compleja red, especialmente los suscritos con Senegal, Costa de Marfil, Dahomey, Níger, Mauritania, Gabón, Congo-Brazzaville, República Centroafricana, Chad y Togo 17. Estos acuerdos establecieron, además, disposiciones especiales que otorgaban un acceso privilegiado a los europeos a recursos estratégicos como el petróleo, el gas natural, el uranio, el torio, el litio, el berilio y el helio 18. Muchos nacionalistas africanos tildaron estos acuerdos de neocoloniales, pues fomentaban la «balcanización» 19, es decir, la creación de «una serie de pequeños Estados no viables que son incapaces de desarrollarse de manera independiente [...] [por lo cual] deben apoyarse en la antigua potencia imperial para su defensa e incluso la seguridad interna» 20.

El objetivo más importante para De Gaulle era recuperar la posición internacional de Francia, por cuanto esta no era tal si no estaba en la primera línea de la política mundial. La definición de esta meta respondió también a intereses internos, ya que —a su juicio— solo la participación de París en grandes empresas a nivel global era capaz de mantener en alto el espíritu de los franceses 21. De Gaulle optó por alcanzar estos objetivos en el marco de la Comunidad Económica Europea (CEE), que permitía a Francia afianzar su posición en África en todos los ámbitos. Así, por ejemplo, en África Occidental los países francófonos mantuvieron una estrecha relación con París, que adoptó muchas formas y se dio en distintos niveles. Algunas de ellas alcanzaron una importante institucionalización (como el Franc de la communauté financière d’Afrique), mientras otras respondían lisa y llanamente al compromiso del líder francés con la cuestión africana 22. En palabras de Anton Andereggen, De Gaulle representaba para muchos gobernantes africanos la figura de un padre o padrino: autoritario, pero preocupado y digno de confianza 23. A fin de dirigir estas relaciones personales, De Gaulle nombró a Jacques Foccart para el cargo de secretario general de Asuntos Africanos. Este mostró su capacidad para llevar a cabo el proyecto gaullista y también para proyectar la influencia de París en África Occidental. Gracias a su amplia red de contactos oficiales no solo logró manipular a los dignatarios africanos, sino también determinar el alcance de sus políticas. Según Francis Terry McNamara, el poder de Foccart solo es comparable al alcanzado por Henry Kissinger en Estados Unidos durante la administración de Richard Nixon 24.

En cuanto a los vínculos con Nigeria, la desconfianza recíproca marcó el quehacer diplomático durante la Primera República. Tras la independencia, el distanciamiento de Francia se acrecentó aún más tras el tercer ensayo nuclear en el Sahara el 27 de diciembre de 1960. El Gobierno de Balewa rompió relaciones diplomáticas con Francia el 5 de enero de 1961 y ordenó la salida inmediata del embajador Raymond Offroy. La aplicación de esta decisión se dio en un marco de completa confusión, en donde ni siquiera se ofrecieron las garantías mínimas de seguridad a los funcionarios franceses durante su traslado a Dahomey 25. Lagos decidió aplicar también penas económicas a Francia con la esperanza de que los países vecinos adoptaran una respuesta similar. El Ejecutivo nigeriano implementó una política exterior agresiva no solo para contentar a la opinión pública local, sino también para mostrar a De Gaulle que Nigeria era el verdadero líder regional 26.

Estos acontecimientos de orden internacional revelan dos importantes cuestiones que repercutirían posteriormente en la postura asumida por París ante la guerra civil nigeriana. Primero, Francia ha sido históricamente un factor determinante en los asuntos externos de Nigeria, ya sea como rival en las disputas territoriales durante el periodo colonial (1880-1906) o bien como adversario en la arena diplomática africana tras la independencia (1959-1966) 27. Una segunda consideración responde a los vínculos que mantenía Francia con sus antiguas posesiones coloniales, que convertían a París en un poder «semiafricano» que amenazaba los intereses nigerianos. En efecto, estos temían que los franceses lograran persuadir al resto de países de África Occidental para que obstruyesen la causa federal 28. Así lo dejó entrever el propio general Gowon tras comentar el apoyo de De Gaulle a la República de Biafra: «Solo espero que considere las consecuencias de sus acciones. Espero que no las lleve a cabo. Las repercusiones en este país [Nigeria] son impredecibles» 29.

En relación son sus excolonias en África Occidental, la respuesta francesa frente al conflicto estuvo determinada tanto por consideraciones diplomáticas y estratégicas como por la situación política que vivió Nigeria entre 1960 y 1966. Este hecho requiere un análisis más pormenorizado, por cuanto —dependiendo de la posición política— la historia de la Primera República nigeriana puede considerarse el triunfo de la democracia sobre la opresión británica o bien una serie de crisis no resueltas.

De Gaulle y la República de Biafra

Nigeria restableció relaciones diplomáticas con Francia el 28 de octubre de 1965. Sin embargo, la tensión entre ambos países aún era evidente. Por tal motivo, cuando se declaró la independencia de Biafra el 30 de mayo de 1967, París optó por la cautela y no reaccionó frente a los acontecimientos. En efecto, durante los primeros meses del conflicto, De Gaulle honró sus lazos diplomáticos con Lagos y se abstuvo de hacer cualquier gesto a los independentistas. Así, por ejemplo, cuando una delegación biafreña encabezada por Michael Okpara visitó París en 1967 no pudo salir del aeropuerto de Orly 30. En contrapartida, el comisionado federal de Asuntos Exteriores de Nigeria (Okoi Arikpo) fue recibido sin inconveniente en el Quai d’Orsay 31. La postura de Francia frente a la República de Biafra fue configurándose de manera gradual. Por entonces, París mantenía complejas relaciones comerciales con Nigeria, que si bien no suponían grandes inversiones, sí implicaban la participación de capitales franceses en diversos ámbitos 32. Empresas como la Compagnie Francaise de l’Afrique Occidentale (CFAO), la Union Maritime et Commerciale (UMARCO) y la Société Commerciale de l’Ouest Africain (SCOA) habían logrado instalar sucursales en varias ciudades nigerianas 33. Esta última compañía, por ejemplo, recaudaba por entonces importantes utilidades gracias a la distribución de coches Peugeot, la marca más popular en el país 34.

La guerra civil tuvo también cuantiosos costes para las compañías constructoras francesas, las cuales estaban desarrollando esos años obras de infraestructura vial en muchas regiones del país. Destacaba la cartera de proyectos de DUMEZ, que había ganado un millonario contrato para la construcción de un puente sobre el río Níger que debía unir las regiones oriental y occidental 35. La banca comercial francesa se encontraba en Nigeria desde 1959, fecha en la cual se instaló en Lagos la Banque Internationale pour l’Afrique Occidentale (BIAO). Dos años más tarde arribó United Bank of Africa (UBA), que era propiedad de capitales franco-británicos. Ambos proporcionaban la liquidez necesaria para la mayoría de las operaciones económicas que Francia impulsaba en suelo nigeriano, entre ellas el proyecto industrial d’Air Liquide et de Michelin en Port Harcourt. En el momento de derrumbarse la Primera República en 1966, esta compañía producía más de 150.000 neumáticos al año, lo cual reeditaba a sus accionistas millonarias utilidades 36. SAFRAP, una filial de la estatal Entreprises de Recherches et d’Activites Pétrolières (ERAP), gozaba de una importante concesión para la explotación del petróleo nigeriano. En efecto, a finales de 1966 el Gobierno Federal ofertó un total de 107.367 km2 y esta compañía logró el control del 22,6 por 100 37. La mayoría de estas concesiones residían en la región oriental, destacando entre estas el campo de Obagi —gestionado por SAFRAP— y su producción en 1967 de 37.000 barriles de petróleo al día. A través de estas inversiones, los franceses esperaban cubrir el 7 por 100 de su demanda de petróleo; sin embargo, la producción de SAFRAP solo satisfizo el 3 por 100 38. Como puede apreciarse, los intereses económicos franceses en Nigeria se encontraban lo suficientemente diversificados y por esta razón el estallido de la guerra civil fue motivo de real preocupación. Sin embargo, este factor no resultó determinante en el posicionamiento de París, por cuanto la amenaza que enfrentaba el gobierno de De Gaulle era la eventual pérdida de influencia en una región estratégica dentro del continente africano.

Los países francófonos de África Occidental constituían un cohesionado subsistema dentro del orden internacional. Las relaciones entre sí se encontraban altamente institucionalizadas en diversas organizaciones como la Organisation Commune Africaine et Malgache (OCAM), el Conseil de l’Entente y la Organisation des Pays Riverains du Fleuve Sénégal (OPRS). Sin embargo, el mayor vínculo entre ellos continuaba siendo la antigua metrópoli, la cual, durante el desarrollo de la guerra civil nigeriana, mantuvo una considerable influencia sobre Costa de Marfil y Gabón. Los demás países de África Occidental se alinearon con el Gobierno Federal, y entre las razones que justificaron tal decisión destacan: primero, el problema de la secesión 39, y segundo, el «síndrome de la dependencia» 40. Todos estos países carecían de un equilibrio étnico; por tanto, sus autoridades políticas estimaban que el reconocimiento de la República de Biafra propiciaba dentro de sus fronteras la emergencia de movimientos independentistas entre las comunidades minoritarias. Así, por ejemplo, esta preocupación embargó a Senegal, cuya población entre 1960 y 1961 se estructuraba —principalmente— en torno a ocho grandes grupos: wólof, serer, fulani, tukulor, diola, mandinga, bambara y lebu 41. En consideración a estos factores, y aun cuando Leopold Senghor catalogó en un primer momento la ofensiva militar nigeriana de «genocidio», su actuar posterior fue más prudente, limitándose meramente al abogo por un sistema confederal en Nigeria 42. Entre los partidarios de Nigeria destaca el apoyo de Níger. A su regreso de la Cumbre de Argel en 1968, Hamani Diori demandó una completa e incondicional reincorporación de la región oriental al sistema federal nigeriano. Asimismo, mientras la resolución de la OUA pedía a los países africanos y Naciones Unidas que se abstuvieran «de cualquier acción perjudicial para la paz, la unidad y la integridad territorial de Nigeria» 43, Diori acusó directamente a los trabajadores humanitarios de minimizar la gravedad de la secesión, lo cual hacía un enorme daño a África y a Nigeria 44.

La fragilidad económica de los gobiernos francófonos, sobre todo de aquellos que no contaban con acceso al mar, propiciaba el «síndrome de la dependencia». Chad, Dahomey y Níger se vieron especialmente perjudicados por el distanciamiento de Nigeria, país con el cual comparten frontera y de cuya infraestructura dependían para el movimiento de sus exportaciones. Antes del estallido de la guerra, cuando las autoridades nigerianas decidieron romper relaciones con Francia en protesta por las pruebas nucleares en el Sahara, Dahomey y Níger se vieron gravemente afectados por el impasse diplomático. En el caso de Dahomey, la mayoría de su equipamiento de capital era importado en naves francesas, las cuales fueron retenidas durante semanas en Lagos. Asimismo, Níger sufrió la descomposición de más de 90.000 toneladas de cacahuete esperando ser despachadas desde los puertos nigerianos 45. «No deberíamos ser castigados por los pecados de Francia» 46, alegaron los dirigentes de estos dos países al Gobierno Federal.

En este convulsionado contexto emergió también la figura del líder marfileño Félix Houphouët-Boigny, quien adoptó tempranamente una clara posición frente al conflicto, pero siempre en sintonía con los intereses de Francia. Es más, las maniobras diplomáticas dentro de la francophonie se iniciaron precisamente con su visita a París el 27 de marzo de 1968; fecha en la que se reunió con altas personalidades del gobierno de De Gaulle a fin de analizar la situación de Nigeria. Aunque no emanó ninguna declaración oficial, ambos Estados acordaron prestar apoyo a los independentistas durante el desarrollo de la guerra civil nigeriana. Houphouët-Boigny quería reconocer a la República de Biafra, pero no estaba dispuesto a dar este crucial paso sin consultarlo previamente con De Gaulle. Asimismo, su objetivo era movilizar a otros líderes africanos y aunar con ellos una postura común. Uno de los primeros mandatarios que atendió este llamado fue el presidente de Túnez, Habib Bourguiba, quien accedió en 1968 a publicar conjuntamente una dura condena a la guerra civil nigeriana, tildando esta de «lucha asesina y genocida» 47. Houphouët-Boigny estuvo nuevamente en París entre los días 3 y 9 de mayo. Se reunió con De Gaulle en más de una ocasión y el último día de su visita oficial pronunció una dura declaración condenando la guerra civil nigeriana:

«Quiero aprovechar la oportunidad, desde este lugar de libertad, igualdad y paz [...] para gritar mi indignación [...] con respecto a las masacres vividas en Biafra hace más de diez meses. Me sumo a mi país dolido, indignado, profundamente molesto y desesperado por la prolongación de esta guerra atroz [...]. Uno piensa en los heridos que mueren por falta de atención, en tanta gente, particularmente en los lactantes y viejos que mueren de hambre [...]. ¿La gente sabe que en estos diez meses han muertos en Biafra más personas que en tres años en Vietnam?» 48.

Asimismo, a juicio de Houphouët-Boigny, la estructura federal de Nigeria carecía de una ideología y organización mínima para trascender al parroquialismo étnico:

«En Nigeria, como resultado de la ausencia de una organización política que cubra toda la Federación, la oposición nunca fue de carácter ideológico, sino de orden tribal. Cuando un igbo cometía un delito, la gente no lo juzgaba como un desorientado ciudadano de Nigeria, hacían responsable del crimen a todo su pueblo. Mataron a 30.000 personas que residían en el norte; desplazaron a más de un millón de ellos después de maltratarlos y expropiarles. De este modo, se han roto —seguramente sin desearlo— los frágiles vínculos que los unían a otras regiones de Nigeria. Los igbos fueron así forzados a considerarse a sí mismos extranjeros en Nigeria y a retornar a sus hogares para proclamar su independencia» 49.

Al líder marfileño le preocupaba también la expansión del comunismo revolucionario, que temía que entrara en África Occidental unido a la asistencia militar soviética a Lagos. Al respecto, comentó lo siguiente:

«La ayuda militar de Moscú aumenta cada mes. Las posibles razones detrás de esta requieren un examen. La aquiescencia de Gowon en esta materia se explica fácilmente: debe obtener armas para derrotar a Biafra y se ve obligado a aceptar, junto a las armas, el asesor soviético [...]. Los acontecimientos actuales han dado [a los soviéticos] la oportunidad de operar con [...] libertad y ser aceptados como “benefactores” del Gobierno Federal, mientras —al mismo tiempo— ganan los elogios de aquellos que favorecen la unidad africana» 50.

Houphouët-Boigny no fue el único líder africano sobre el que Francia ejerció influencia durante la guerra civil nigeriana. En efecto, entre marzo y noviembre de 1968 visitaron a De Gaulle los presidentes Ahmadou Ahidjo (Camerún), Albert-Bernard Bongo (Gabón), Léopold Senghor (Senegal), Kenneth Kaunda (Zambia) y Emile Zinsou (Dahomey). Este último manifestó al gobernante francés que no estaba a favor de la independencia, pero se oponía a la ofensiva militar de Nigeria en la República de Biafra. Asimismo, llegó a París con una propuesta de solución: establecer una confederación, la cual concedería a la región oriental mayor independencia, pero mantendría vínculos directos con Lagos 51.

Tras mover sus peones en África Occidental, Francia hizo su primera declaración oficial frente a la cuestión biafreña el 31 de julio de 1968. En un escueto comunicado, y tras una reunión del Consejo de Ministros, Joel Le Theule, secretario de Informaciones, anunció a la opinión pública lo siguiente:

«El Gobierno considera que el derramamiento de sangre y sufrimiento soportado hace más de un año por la población de Biafra demuestran su voluntad de afirmarse como pueblo.

Fiel a sus principios, el Gobierno francés, por tanto, considera que el presente conflicto debe ser resuelto sobre la base del derecho a la autodeterminación de los pueblos y debe incluir la puesta en marcha de los procedimientos internacionales apropiados» 52.

La postura asumida por el Ejecutivo francés no tardó en recibir la condena de las autoridades nigerianas. Uno de los más críticos frente al actuar de De Gaulle y su gobierno fue el brigadier Babafemi Ogundipe, jefe del Alto Comisionado de Nigeria en Londres, quien denunció los «intereses ocultos» que su país veía tras el despliegue diplomático de París:

«Pruebas documentales irrefutables que han llegado a nuestras manos muestran que el llamado Gobierno de Biafra en realidad cedió derechos de concesión a un grupo francés para explotar todos los recursos minerales de Nigeria Oriental por un periodo de diez años. La concesión prevé la extracción y explotación de crudo de petróleo, carbón, uranio, columbita, concentrados de estaño y oro» 53.

Las vacilaciones iniciales de Francia frente a la guerra civil nigeriana se explican por las desavenencias que existían entre sus políticos. Por una parte, estaban el presidente del Gobierno Maurice Couve de Murville y los dirigentes del Ministerio de Asuntos Exteriores 54, que abogaban por mantener a toda costa las relaciones diplomáticas con Nigeria, y, por otra, De Gaulle y su principal asesor en asuntos africanos, que no ocultaban su simpatía por la causa biafreña 55. El Quai d’Orsay no pudo impedir que De Gaulle manifestara su apoyo a la independencia de la República de Biafra; sin embargo, no claudicó en sus esfuerzos por limitar el alcance de esta decisión. Así, por ejemplo, la venta de armas a los independentistas biafreños fue estrictamente controlada en París por el Ministerio de Defensa. El canciller Michel Debré tampoco recibió mayor colaboración de los principales asesores en materia de política exterior, que se encontraban bajo la poderosa influencia del embajador Hervé Alphand, jefe de la diplomacia francesa y gran defensor del régimen de Lagos 56.

Si bien la prudencia de Quai d’Orsay frenaba la política del mandatario francés, otras fuerzas nacionales contrarrestaban el esfuerzo de los diplomáticos. En efecto, la opinión pública y los medios de comunicación tomaron partido por De Gaulle y su política hacia Biafra. Destaca la amplia cobertura del conflicto por parte de la Office de Radiodiffusion-Télévision Française (ORTF), Le Figaro y Le Monde 57. Este último, una vez cristalizada la estrategia gaullista, publicó en 1969 una serie de reportajes de Philippe Decraene titulada La guerre cruelle et étrange du Biafra 58, en la que expuso la crisis humanitaria y defendió el papel de la ayuda francesa. El conflicto de Nigeria fue ampliamente difundido en Francia, lo cual no solo alentó a De Gaulle y Foccart, sino que también permitió alinear a la Asamblea Nacional con la política llevada a cabo por el mandatario galo. Esta respondió principalmente a su visión de mundo y no tanto a los intereses económicos franceses en Nigeria y Biafra. Su principal objetivo era, en definitiva, revitalizar la voz de Francia en el tratamiento de los asuntos internacionales.

De Gaulle apoyó a la República de Biafra por muchas razones. Algunas de ellas se manifestaron abiertamente para alentar a los independentistas, como también para expresar su desaprobación a la implantación del federalismo como forma de gobierno. Otras solo se exteriorizaron en privado, en círculos más cercanos, por cuanto su fundamento estaba más que nada en la emotividad 59. En este sentido, De Gaulle consideraba que el coraje mostrado por los biafreños enaltecía su causa. Su pasado como estratega militar durante la Segunda Guerra Mundial lo llevó a admirar el despliegue de la República de Biafra, que —con sus escasos recursos— no dudó en enfrentarse a las fuerzas armadas federales que recibían el apoyo anglo-soviético. Para el líder galo, un pueblo tan valiente merecía la ayuda francesa. «Pueblo gallardo —comentó De Gaulle a Foccart—, tenemos que hacer algo por ellos» 60.

Este comentario iba más allá de una admiración desinteresada. La República de Biafra podía convertirse en un importante aliado de Francia, capaz de impulsar la desintegración de la mancomunidad británica, como también de debilitar la influencia de Nigeria en África Occidental 61. La divulgación de esta consideración más la declaración de apoyo del Gobierno francés desató la euforia entre los independentistas, particularmente en la Asamblea Consultiva. Esta solicitó a Ojukwu romper todos los lazos con los británicos y proceder a la integración de los biafreños a la Comunidad francesa 62. Este entusiasmo no se condecía con la realidad, pues para De Gaulle la cuestión biafreña era parte de la política del poder. Buscaba promover una continua rivalidad anglo-francesa y el anticomunismo internacional, así como disipar el sentimiento antifrancés en el Tercer Mundo derivado de la guerra de Argelia 63. En este último caso, destaca la actuación del embajador de Francia ante Naciones Unidas, Roger Seydoux de Clausonne, quien entre 1962 y 1967 desarrolló un intenso trabajo diplomático para promover el respeto de la «personalidad de los pueblos» y condenar las intervenciones de Estados Unidos en países como Vietnam y República Dominicana 64. Del mismo modo, De Gaulle consideró una amenaza a los intereses franceses en África la existencia de grandes «polos de atracción» (Congo-Léopoldville, Nigeria), por cuanto disminuían la influencia de Francia sobre sus excolonias 65. El líder galo se mostró más partidario de crear un mosaico de pequeños Estados, los cuales podían ser atraídos más fácilmente por la Organisation Commune Africaine et Malgache (OCAM) 66. Ello explica, por ejemplo, el apoyo inicial de París a la secesión de Katanga; postura que solo cambió tras la emergencia de un riesgo mayor: la injerencia estadounidense en el conflicto 67.

De Gaulle manifestó públicamente su posición ante la guerra civil nigeriana el 9 de septiembre de 1968. Sus declaraciones a la prensa nacional e internacional no solo ilusionaron a los biafreños 68, sino también obligaron al Gobierno Federal a revisar su estrategia diplomática en África:

«Francia, en este asunto, ha hecho lo posible para ayudar a Biafra. No ha concretado el acto que para ellos sería decisivo: el reconocimiento [...] la gestión de África es primeramente una cuestión de los africanos. Ya, de hecho, algunos Estados de África Oriental y Occidental han otorgado ese reconocimiento [Costa de Marfil, Gabón, Tanzania y Zambia] [...]. Otros parecen estar moviéndose en esa dirección [...]. Esto significa, en lo que a Francia se refiere, que la decisión no ha sido tomada y no se descarta en el futuro» 69.

La autodeterminación de los pueblos era también un elemento central del ideario político de De Gaulle 70. A su juicio, la lucha de los biafreños era justa y debía darse en el marco de un sistema político idóneo. En este sentido, para el líder francés las federaciones no eran funcionales, por cuanto eran un vestigio del colonialismo que había condenado al fracaso a los nigerianos:

«No estoy seguro de que el sistema federal, que en ciertos lugares sustituye la concepción del colonialismo, sea muy bueno o práctico para África [...] ya que —en una palabra— implica juntar arbitrariamente diferentes pueblos, y a veces muy diferentes, que no están en absoluto interesados en ello. Así, ¿por qué los igbos, que son mayoritariamente cristianos, que habitan en las regiones del sur, que tienen su propio idioma, están subordinados a otro grupo étnico en la Federación?» 71.

A juicio de De Gaulle, el Gobierno Federal fue víctima de la conmoción previa a la guerra civil, que impidió negociar una solución entre los representantes de todas las etnias. Frente a esta realidad, el mandatario francés estimaba que el uso de la fuerza por parte de Lagos solo contribuía a agravar el conflicto. «Ahora que Biafra ha proclamado su independencia, la Federación —con el fin de reducirlos— emplea la guerra, el bloqueo, el exterminio y la hambruna» 72, afirmó.

Como era esperable, el Gobierno Federal rechazó el análisis gaullista del conflicto, mientras los biafreños, por su parte, aplaudieron el juicio crítico del líder francés. Sin embargo, la «justicia» de la independencia no fue suficiente para reconocer como Estado soberano e independiente a la República de Biafra, dejando a esta en un curioso limbo diplomático. Al respecto, meses después de la declaración De Gaulle, Ojukwu declaró:

«La actitud del Gobierno francés hacia nosotros es alentadora. Pero nuestros enemigos, impresionados por el apoyo moral que nos ha dado Francia, han incrementado salvajemente sus operaciones militares contra Biafra. Lo que necesitamos ahora es que esta ayuda moral se combine con medidas militares y diplomáticas. Mi sensación es que Francia se encuentra ahora en posición de concedernos el reconocimiento. Un movimiento de este tipo tendría un efecto dramático en Nigeria, ya que obligaría por fin a Gowon a sentarse a la mesa de negociaciones [...]. Donde tendría un efecto realmente decisivo es en los países africanos francófonos» 73.

No existe aún claridad en torno a por qué De Gaulle optó —de­finitivamente— por no reconocer a la República de Biafra; sin embargo, en cada especulación destaca la intermediación de Houphouët-Boigny. Según Francois Debré, hijo de Michel Debré, el líder marfileño desaconsejó el pleno reconocimiento, por cuanto este asunto era una «aventura africana» 74. Esta aseveración ha sido confirmada por otras fuentes, entre ellas la princesa Elisabeth du Croÿ, una destacada figura pública que apoyó de manera entusiasta la relación franco-biafreña y que participó regularmente en reuniones de alto nivel en Quai d’Orsay 75. Por otro lado, Raph Uwechue, delegado biafreño en París hasta finales de 1968, sostuvo que Houphouët-Boigny trató de persuadir a De Gaulle, pero este definitivamente se negó a entregar el ansiado reconocimiento. En sus memorias de guerra, Uwechue sostiene que los funcionarios franceses no ocultaron su intención de mantenerse alejados de la lucha, que consideraban esencialmente un asunto de África 76. En otras palabras, París estaba dispuesto a prestar la ayuda necesaria para salvar los igbos de la masacre, pero no tenía intenciones de desafiar a Nigeria con la contundencia que exigía el reconocimiento de la independencia 77.

Aun cuando no lo expresó públicamente, De Gaulle esperaba una división de Nigeria en varias unidades políticas independientes, que hubiese permitido establecer en el corto plazo un equilibrio de poder en África Occidental. En gran medida, los temores del líder francés pudieron haber encontrado asidero, por cuanto algunos dirigentes y partidos políticos nigerianos mostraban entusiasmo frente a la integración africana. En efecto, estos abogaban por establecer una gran federación en África Occidental que abarcara antiguos territorios británicos y franceses 78. Asimismo, figuras políticas en Dahomey como Justin Ahomadégbé-Tomêtin y Sourou-Migan Apithy plantearon la idea de suscribir un acuerdo confederal con Nigeria. Años más tarde, la propuesta fue más allá, llegando incluso a discutirse la idea del expresidente Mathieu Kérékou de unificar los dos países en torno al líder nigeriano Olusegun Obasanjo 79. Si bien estos eventos aislados no son pruebas claras de la emergencia esos años de un «expansionismo» nigeriano, sí permiten comprender la preocupación de De Gaulle por el futuro de sus excolonias en África Occidental.

Si vis pacem, para bellum: la asistencia militar de Francia a la República de Biafra

Si bien la industria militar biafreña logró abastecer a las fuerzas independentistas de un avanzado equipamiento durante las primeras etapas de la guerra 80, el mayor suministro de armas provino desde el exterior, en particular de Francia, Checoslovaquia y Portugal 81. En el caso de Francia, el 12 de junio de 1968 el canciller Debré anunció el embargo total de armas a las partes en conflicto. Sin embargo, el alcance y aplicabilidad de esta declaración fue mínimo, pues el no reconocimiento de la República de Biafra no impidió a París suministrar por canales informales pertrechos militares a las fuerzas independentistas. Se trató, en definitiva, de una serie de acciones encubiertas llevadas a cabo por el gobierno francés junto a sus aliados en África Occidental (Costa de Marfil y Gabón), que dio cuenta de un fuerte sentimiento antinigeriano en influyentes personeros del gabinete gaullista 82.

La colaboración se estrechó aún más cuando fallaron otras fuentes de suministro, como también tras el cerco a las fuerzas biafreñas por parte de las tropas federales. En efecto, exceptuando los primeros meses de la guerra 83, las Fuerzas Armadas del Gobierno Federal siempre estuvieron muy bien equipadas gracias a la asistencia de Gran Bretaña y la Unión Soviética. En el caso de Londres, la transferencia de armas pasó de 171.391 libras esterlinas en 1967 a 2.817.580 en 1968 84. Moscú, por su parte, tras la suscripción de dos acuerdos que fomentaban las «relaciones culturales» (1967) y la «asistencia técnica» (1968) 85, accedió a la venta de aviones caza MiG-17, bombarderos Ilyushin, artillería pesada, vehículos de combate y armas pequeñas 86. Para el general Ojukwu, este apoyo al Gobierno Federal era prueba de las «intrigas imperialistas anglo-americanas» 87, las cuales contaban con la venia del «revisionismo soviético» 88. Frente a este complejo escenario, Biafra no tenía más alternativa que prepararse para aguantar duros embistes y apelar a la solidaridad de otros actores internacionales. Así lo manifestó en una sentida nota enviada a Mao Zedong:

«Sin desanimarse, el pueblo de Biafra ha seguido resistiendo, confiando en nuestros recursos y en el sincero convencimiento de que prevalecerán —finalmente— los ideales socialistas progresistas que inspiraron el nacimiento de nuestra República.

En esta guerra infernal contra las fuerzas imperialistas, el pueblo de Biafra se consuela conociendo el brillante ejemplo de lucha de las fuerzas chinas» 89.

A mediados de 1968, muchos personeros del Gobierno Federal no veían lejana la capitulación de las fuerzas biafreñas 90. El 4 de septiembre, la ciudad de Aba —núcleo comercial de la República de Biafra— había caído bajo el control de las fuerzas armadas nigerianas. El ejército de Nigeria, animado por su victoria, continuó avanzando hasta Umuahia, sede administrativa del Gobierno biafreño; mientras, en paralelo, otro contingente recuperaba Okigwi y Owerri 91.

Mapa 2
Avances del Ejército de Nigeria en la República de Biafra (octubre 1968)

Fuente: John S. Jorre: The Nigerian Civil War, Londres, Hodder & Stoughton, 1972, p. 221.

Estos hechos movilizaron de manera urgente a Francia. El 7 de septiembre, el Hotel Napoléon de París fue escenario del encuentro entre políticos franceses y biafreños, destacando entre estos últimos Nnamdi Azikiwe, Michael Okpara y Kenneth Dike 92. El objetivo de esta reunión era discutir un aumento de la ayuda militar francesa, pues la República de Biafra solo cosechaba derrotas frente al avance de las tropas federales. En la reunión se acordó organizar el tráfico de armas en Lisboa. Los responsables serían un ciudadano francés llamado Pierre Lopez y un estadounidense de nombre Hank Wharton 93. Esta complicada configuración de entremezclados intereses franceses y africanos permitió a Bongo y Houphouët-Boigny negar la complicidad de sus gobiernos en el suministro de armas. Así, por ejemplo, desestimando las acusaciones, Bongo declaró enfadado: «¡Yo mismo he pedido a Francia armas para las fuerzas armadas y de seguridad de Gabón y Francia nunca ha aprobado esta solicitud!» 94.

Es difícil determinar con exactitud la cantidad y tipo de material provisto por Francia a través de Abidjan y Libreville; sin embargo, de acuerdo con fuentes biafreñas, la contribución total francesa ascendió a más de cinco millones de dólares en préstamos 95. A esto se sumó la entrega de armas, cinco helicópteros y algunos viejos aviones de transporte 96. Asimismo, el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo registra en su base de datos la transferencia de un bombardero B-26 Invader (1967), como también de cuatro aviones de entrenamiento T-6 Texan (1969) 97. Para la prensa internacional, en particular para los medios británicos, estas estimaciones no develan el alcance de la participación de Francia en la guerra civil nigeriana. Así, por ejemplo, Patrick Keatly del semanario The Guardian sostuvo en 1968 que el envío de armas a la República de Biafra alcanzaba las sesenta toneladas diarias 98. Roy Lewis, destacado periodista británico, fue incluso más allá en sus estimaciones: la ayuda militar francesa superaba las cien toneladas diarias 99. Los cálculos británicos difícilmente se sostienen, por cuanto esa gran cantidad de armas en manos de los biafreños pudo haber cambiado el resultado de la guerra. Al respecto, John de St. Jorre, describiendo la reunión en el Hotel Napoléon, comenta: «En el momento en que todo había terminado, solamente una cosa estaba clara: el apoyo francés permitiría a Biafra sobrevivir [...] pero este no aumentaría hasta que más países [...] lo reconocieran como Estado» 100. Sostiene, además, que «el suministro [de armas] francés era un flujo incierto», que —eso sí— «creció hasta alcanzar enormes proporciones, llegando a un pico estimado de 200 toneladas semanales el otoño de 1969» 101. Francia contribuyó también a reclutar mercenarios que sirvieran en las fuerzas biafreñas, tarea en la cual Bob Denard desempeñó un rol clave 102. Según Frederick Forsyth, la participación de estos mercenarios quedó establecida en un acuerdo de venta de armas entre intereses privados franceses y el gobierno del general Ojukwu, quien debía aceptar que estos combatientes actuaran como asesores en el campo de batalla 103.

Denard se encontraba en Angola en 1967 cuando recibió una noticia de su interés: París entregaría ayuda clandestina, pero oficial, a una empresa de mercenarios en la República de Biafra 104. Regresó de inmediato a Francia a fin de mover sus influencias; sin embargo, la solicitud fue rechazada y el trabajo se le encargó a Robert Faulques, quien exhibía dos cualidades que los franceses requerían y de las que Denard carecía por completo: «una reputación mínima de eficiencia y valentía» 105. El historiador inglés Anthony Mockler describe a Faulques como «un soldado de bajo perfil, implacable y muy admirado» 106. El encargo de París era claro: «formar un ejército de negros equipado y entrenado por los europeos» 107. En términos más específicos, el contrato firmado con el general Ojukwu estipulaba «el reclutamiento de cien mercenarios, el pago de los salarios de seis meses por adelantado y la provisión de armas y equipos modernos» 108. Faulques solo pudo alistar a cincuenta y tres mercenarios, que aterrizaron en la República de Biafra a finales de 1967. El primer enfrentamiento con las fuerzas federales tuvo lugar en Calabar y fue un absoluto desastre, muriendo en el acto cinco combatientes. El 2 de febrero de 1968, el asedio era insostenible y treinta y nueve sobrevivientes optaron por desertar. La retirada fue embarazosa para Francia y la República de Biafra. «Lo que el Gobierno francés pensó de esto es difícil de decir; lo que Ojukwu pensó es fácil de imaginar» 109, comenta Mockler.

Tras este bochornoso episodio es pertinente considerar dos importantes cuestiones que marcan, definitivamente, la participación de Francia en el conflicto. En primer lugar, la cuestión biafreña provocó una gran simpatía entre los mercenarios, ya que «por una vez [...] luchaban por lo que era casi indiscutiblemente un derecho y junto al más débil» 110. Bajo estas circunstancias, París estimó que la campaña de reclutamiento debió haber sido un éxito, por cuanto esta —en teoría— no solo lograba movilizar a hombres valientes y eficaces, sino también a quienes abrazaban una ideología revolucionaria. Por otra parte, Francia admitió que las fuerzas biafreñas no necesitaban más mercenarios, sino un suministro regular de armas, así como el reconocimiento que transformaría la independencia en un hecho consumado. «El problema de Biafra es más profundo que los mercenarios [...] sus sentimientos no están sincronizados con los nuestros» 111, comentó Ojukwu.

Tras la derrota de De Gaulle en el referéndum de 1969 y su consecuente renuncia a la presidencia de Francia, Debré se convirtió en el principal defensor de la cuestión biafreña en París. El alejamiento del líder francés de la vida pública, como el actuar del presidente interino Alain Poher, dio esperanzas a Nigeria con respecto a un giro en la política exterior hacia la República de Biafra, en especial después de la destitución de Foccart 112. Asimismo, la República de Biafra alegó una reducción en el suministro de armas por parte de Francia. De acuerdo con la información periodística de la época, se trató de una de las últimas medidas adoptadas por De Gaulle, quien habría mostrado su disconformidad ante la gran cantidad de reveses militares de los biafreños 113. Sin embargo, esta decisión respondió más bien a los controles franceses en Libreville y no a una orden directa proveniente del palacio del Elíseo 114.

La elección de Georges Pompidou implicó otro retroceso en la relación con Nigeria. En efecto, este no solo aprobó el retorno de Foccart, sino también decidió abogar por los intereses biafreños en Naciones Unidas. Así, en septiembre de 1969 el recién designado ministro de Asuntos Exteriores Maurice Schumann insistió en la urgencia de establecer una tregua e iniciar conversaciones de paz 115. En ellas no debía descartarse ninguna alternativa, ni siquiera el establecimiento de un sistema confederal, por cuanto no podía negarse a los igbos el derecho a la autodeterminación 116. En las postrimerías del conflicto, la cuestión biafreña propició en Francia una fuerte cohesión política. En efecto, los gaullistas y un sector importante de la izquierda consideraban la guerra civil nigeriana como un crimen contra la humanidad. Este consenso condujo a que adoptasen una posición más equidistante de las partes en conflicto, es decir, abandonar definitivamente la visión internacional de De Gaulle y su compromiso personal con la causa del pueblo igbo. La comunidad internacional consideró esta decisión del Ejecutivo francés el primer paso hacia la paz. Para los biafreños fue simplemente una traición. A su juicio, la guerra no se perdió en 1970, sino el día que De Gaulle fue derrotado en el referéndum.

Conclusiones

Evaluar el rol de Francia en la guerra civil de Nigeria implica distinguir entre el contexto nacional e internacional. Esta distinción permite apreciar un hecho objetivo: la participación de París tuvo un impacto crucial en la política exterior nigeriana; sin embargo, fue mínimo en los asuntos internos de Lagos y no llegó nunca a desestabilizar el resto de la federación. Es más, tras el conflicto se afianzó tanto la organización territorial del país en doce Estados que duró hasta 1976, como también el pretorianismo en el sistema político nigeriano. El reconocimiento otorgado por Costa de Marfil y Gabón a la República de Biafra no buscó establecer relaciones diplomáticas formales, sino dirigir desde París una estrategia que permitiera debilitar a Nigeria, frenar el drama humanitario y, aún más importante, revitalizar su sistema de alianzas en África Occidental, para recuperar el añorado prestigio internacional. Este objetivo se vio frustrado en 1968, fecha en la que el régimen de Lagos desplegó una activa política exterior hacia los países vecinos aprovechando el debilitamiento de los vínculos entre Francia y sus excolonias.

Si bien no accedió al ansiado reconocimiento, De Gaulle mostró un compromiso fuerte con la República de Biafra, más aún en momentos en que aumentaba el apoyo británico y soviético a las tropas federales. El respaldo de una potencia internacional a los biafreños dejó sin muchas opciones al gobierno de Nigeria. Sin embargo, sus líderes nunca se vieron realmente obligados a negociar una salida al conflicto y tampoco sufrieron una auténtica amenaza a sus intereses estratégicos en la región. De Gaulle deseaba disminuir la influencia de Nigeria, pero no estaba dispuesto a enfrentarse a la mayoría de Estados africanos que apoyaban a Lagos, en especial a los países del Magreb. Del mismo modo, la asistencia de Francia a la República de Biafra respondió también a un objetivo interno: satisfacer una demanda de sectores de la izquierda francesa que, tras las movilizaciones de mayo de 1968, declararon abiertamente su simpatía con la causa biafreña. Las protestas obreras y estudiantiles habían llevado a mínimos la popularidad del régimen gaullista y un gesto a la oposición en cuestiones diplomáticas representaba una oportunidad para recomponer el clima político.

Finalmente, la derrota de De Gaulle en 1969 propició el debilitamiento del otro gran aliado de la República de Biafra: Costa de Marfil. En efecto, Houphouët-Boigny fue incapaz de frenar la ofensiva diplomática de Gowon, que cambió de manera radical los equilibrios estratégicos en la zona y situó a Nigeria como potencia regional. Además, el fin de la guerra civil nigeriana impulsó en esta parte del continente africano un acercamiento histórico entre los países anglófonos y francófonos que facilitó años más tarde el fortalecimiento de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO), en desmedro del proyecto neocolonial francés: la Communauté Economique de l’Afrique de l’Ouest (CEAO).


* Este trabajo se basa en la tesis doctoral del autor, la cual se realizó en el Departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Madrid (becario de la Comisión Nacional de Investigación Científica de Chile, 2015-2017).

1 Artículo 1 de la Résolution de Bruxelles sur la reconnaissance de nouveaux Etats et de nouveaux gouvernements, l’Institut de Droit international, 23 de abril de 1936, http://www.justitiaetpace.org/idiF/resolutionsF/1936_brux_01_fr.pdf.

2 En este artículo la expresión «modelo de Westminster» se utiliza en su sentido más estricto, es decir, solo se refiere a la implantación de un sistema constitucional en donde el jefe de Estado es distinto al jefe de Gobierno, el poder ejecutivo recae en el Parlamento y los ministros son individual o colectivamente responsables «ante una legislatura libremente elegida y representativa». Véase Stephen D. Tansey y David G. Kermode: «The Westminster Model in Nigeria», Parliamentary Affairs, 21 (1967), pp. 19-37, esp. p. 20.

3 Chukwuemeka Kaduna Nzeogwu: «Transcription of the First Military Announcement over Radio Nigeria. Kaduna, January 15, 1966», en Salomon W. Obotetukudo (ed.): The Inaugural Addresses and Ascension Speeches of Nigerian Elected and Non-Elected Presidents and Prime Minister, 1960-2010, Lanham, University Press of America, 2011, pp. 173-175.

4 John Ilife: Obasanjo, Nigeria and the World, Rochester, Boydell & Brewer, 2011.

5 Michael Crowder: The Story of Nigeria, Londres, Faber & Faber, 1978.

6 «Eastern Ministry of Information Press Release Nº 1285/1967», Nigerian Civil War Collection, SOAS/University of London, Box núm. 8.

7 «Biafra sees itself as David», African Monthly Review, septiembre de 1967, p. 16.

8 Citado en Samuel Keith Panter-Brick: «From Military Coup to Civil War; January 1966 to May 1967», en Samuel Keith Panter-Brick (ed.): Nigerian Politics and Military Rule: Prelude to the Civil War, Essex, Oxford University Press, 1970, p. 51.

9 Entre los puntos más controversiales destacan la reorganización, administración y control del ejército, así como el nombramiento y promoción de antiguos funcionarios dentro de las Fuerzas Armadas, la Policía, el Cuerpo Diplomático y Consular y el Servicio Civil Federal. Durante estas reuniones, el Consejo Militar Supremo de Nigeria se comprometió, además, a revisar las propuestas constitucionales hechas en septiembre de 1966 por un comité ad hoc.

10 Victor P. Diejomaoh: «The Economic of the Nigerian Conflict», en Joseph Okpaku (ed.): Nigeria: Dilemma of Nationhood. An African Analysis of the Biafran Conflict, Nueva York, The Third Press, 1972, p. 331.

11 «Federal Commission for Information and Labour Press Release (London, July 17, 1967)», Nigerian Civil War Collection, SOAS/University of London, Box núm. 9.

12 John Harris y Mary P. Rowe: «Entrepreneurial Attitudes and National Integration: The Nigerian Case», en Robert Melson y Howard Wolpe (eds.): Modernization of the Politics of Communalism, East Lansing, Michigan State University Press, 1971, pp. 145-169.

13 Robert Jackson: Quasi-States: Sovereignty, International Relations and the Third World, Nueva York, Cambridge University Press, 1993, y Olayiwola Abegunrin: Nigerian Foreign Policy under Military Rule, 1966-1999, Westport, Praeger, 2003, pp. 51-53.

14 «Federal Ministry of Information: Speech by Major-General Yakubu Gowon Declaring a Twelve State Structure for Nigeria (Lagos, May 27, 1967)», Nigerian Civil War Collection, SOAS/University of London, Box núm. 8.

15 Anton Andereggen: France’s Relationship with Subsaharan Africa, Westport, Praeger, 1994.

16 Modigbo Keita: «The Foreign Policy of Mali», International Affairs, 37, 4 (1960), pp. 432-439, y Lapido Adamolekun: «The Foreign Policy of Guinea», en Olajide Aluko (ed.): The Foreign Policies of African States, Ibadan, Hodder and Stoughton, 1977, pp. 98-117.

17 Cletus T. Akwaya: French Foreign Policy in Africa: Change and Continuity, Lagos, Concept Publications, 2011.

18 Anton Andereggen: France’s Relationship with Subsaharan..., p. 63.

19 Kwame Nkrumah: Africa Must Unite, Nueva York, Frederick A. Praeger, 1963, p. 138.

20 Kwame Nkrumah: Neo-Colonialism: The Last Stage of Imperialism, Londres, Heinemann, 1965, p. xiii.

21 Maurice Vaïsse: La Grandeur. Politique étrangère du général de Gaulle (1958-1969), París, CNRS Éditions, 1998.

22 Ibid.

23 Anton Andereggen: France’s Relationship with Subsaharan..., p. 76.

24 Francis T. McNamara: France in Black Africa, Washington DC, National Defense University, 1989, p. 189.

25 Claude S. Phillips: The Development of Nigerian Foreign Policy, Evanston, Northwestern University Press, 1964, p. 125.

26 Bola Akinterinwa: «The Termination and Re-establishment of Diplomatic Relations with France: A Study in Nigeria’s Foreign Policy Decision-Making», en Gabriel O. Olusanya y Rafiu A. Akindele (eds.): The Structure and Processes of Foreign Policy Making and Implementation in Nigeria, 1960-1990, Lagos, Nigerian Institute of International Affairs, 1990, p. 277.

27 Bassey E. Ate: «The Presence of France in West-Central Africa as a Fundamental Problem to Nigeria», en Bassey E. Ate y Bola A. Akinterinwa (eds.): Nigeria and Its Immediate Neighbours: Constraints and Prospects of Sub-Regional Security in the 1990s, Lagos, Nigerian Institute of International Affairs, 1992, pp. 11-30.

28 Bola A. Akinterinwa: «French Security Arrangements with Francophone Africa: Implications for Nigeria’s Relations with its Immediate Neighbours», en Bassey E. Ate y Bola A. Akinterinwa (eds.): Nigeria and Its Immediate Neighbours: Constraints and Prospects of Sub-Regional Security in the 1990s, Lagos, Nigerian Institute of International Affairs, 1992, pp. 181-204.

29 Philippe Decraene: «La France entend accroître son aide au Biafra», Le Monde, 13 de septiembre de 1968.

30 Alain Renard: Biafra: naissance d’une nation?, París, Aubier, 1969, p. 205.

31 Daniel Bach: «Le Général de Gaulle et la guerre civile au Nigeria», Canadian Journal of African Studies/Revue Canadienne des Études Africaines, 14, 2 (1980), pp. 259-272.

32 Las inversiones francesas en Nigeria constituían el 10 por 100 del total. Francia suministraba solo el 4,2 por 100 de las importaciones y recibía el 9,4 por 100 de sus exportaciones. Véase Alain Renard: Biafra: naissance..., p. 205.

33 «West Africa, Nº 2671 (August 10, 1968)», Nigerian Civil War Collection, SOAS/University of London, vol. 5, Bound Publications.

34 Alexander A. Madiebo: The Nigerian Revolution and the Biafran War, Enugu, Fourth Dimension Publishers, 1980, p. 273.

35 Ibid.

36 Alain Renard: Biafra: naissance..., p. 205.

37 Alain Murcier: «Petrole et guerre au Nigeria», Revue Francaise d’Estudes Politiques Africaines, 47 (1969), pp. 51-60.

38 Ibid.

39 Ali Mazrui: Africa’s International Relations, Boulder, Westview Press, 1977.

40 Louis Sabaurin: «Problems and Prospects of the Seven Land-Locked Countries of French-Speaking Africa: CAR, Chad, Mali, Niger, Upper Volta, Rwanda and Burundi», en Zdenek Cervenka (ed.): Land-Locked Countries of Africa, Uppsala, Scandinavian Institute of African Studies, 1973, pp. 146-157.

41 Donald B. Cruise O’Brien: «Clan, Community, Nation: Dimensions of Political Loyalty in Senegal», en David R. Smock y Kwamena Bentsi-Enchill (eds.): The Search for National Integration in Africa, Nueva York, Free Press, 1976, p. 9.

42 «Un appel du Président Senghor en faveur des victimes de la guerre», Le Monde, 1 de julio de 1968.

43 «OUA Resolution on Nigeria (Algiers, September 16, 1968)», Nigerian Civil War Collection, SOAS/University of London, Box núm. 10.

44 «MM. Ould Daddah et Diori Hamani reçus à l’Élysée», Le Monde, 20 de septiembre de 1968.

45 Claude S. Phillips: The Development of Nigerian..., p. 125.

46 Ibid.

47 Ross K. Baker: «The Role of Ivory Coast in the Nigeria-Biafra War», The African Scholar, 4 (1970), pp. 5-8, esp. p. 5.

48 «M. Houphouët-Boigny dénonce “l’indifférence du monde a l’égard des massacres du Biafra”», Le Monde, 10 de mayo de 1968.

49 Ibid.

50 Frédéric Grah Mel: Félix Houphouët-Boigny, La fin et la suite, París, ­Karthala.

51 «Le Président du Dahomey a été reçu par le Général De Gaulle», Le Monde, 21 de septiembre de 1968.

52 «Le délégué du Biafra à Paris se félicite de la déclaration française», Le Monde, 2 de agosto de 1968.

53 «Nigerian High Commissioner in London Press Release (London, August 5, 1968)», Nigerian Civil War Collection, SOAS/University of London, Box núm. 10.

54 Jacques Foccart: Tous les soirs avec de Gaulle: journal de l’Élysée I, 1965-1967, París, Fayard-Jeune Afrique, 1997, p. 787.

55 John de St. Jorre: The Nigerian Civil War, Londres, Hodder & Stoughton, 1972, pp. 210-212.

56 Ibid.

57 Barbara Jung: «L’image télévisuelle comme arme de guerre. Exemple de la guerre du Biafra, 1967-1970», Bulletin de l’Institut Pierre Renouvin, 26, 2 (2007), pp. 49-63, y M. Mandazout Baillet: «Les informations sur le conflit Nigeria-Biafra dans la presse quotidienne française», Journalisme, 32, 1 (1970), pp. 51-57.

58 Philippe Decraene: «Le premier cercle», Le Monde, 7 de mayo de 1969; íd.: «Maintenir», Le Monde, 8 de mayo de 1969; íd.: «La fortune des armes», Le Monde, 9 de mayo de 1969, e íd.: «La grande misère des populations civiles», Le Monde, 10 de mayo de 1969.

59 Suzanne Cronje: The World and Nigeria. The Diplomatic History of the Biafran War, 1967-1970, Londres, Sidgwick & Jackson, 1972.

60 John de St. Jorre: The Nigerian Civil..., p. 213.

61 Alexander A. Madiebo: The Nigerian Revolution..., p. 116, y Jacques Foccart: Tous les soirs avec de Gaulle..., p. 664.

62 «Radio Biafra: entrons dans la communauté francophone», Le Monde, 11 de septiembre de 1968.

63 Maurice Vaïsse: De Gaulle et l’Algérie: 1943-1969, París, Armand Colin, 2012.

64 Philippe Oulmont y Maurice Vaïsse: De Gaulle et la décolonisation de l’Afrique subsaharienne, París, Karthala, 2014, y Maurice Vaïsse: «L’ONU, une tribune pour la politique gaullienne?», en Gabriel Robin (dir.): 8e Conférence internationale des éditeurs de Documents diplomatiques, París, Peter Lang, 2008, pp. 169-176.

65 Dietmar Rothermund: The Routledge Companion to Decolonization, Nueva York, Routledge, 2006.

66 James Mayall: Africa: The Cold War and After, Londres, Elek, 1971.

67 Vincent Genin: «La France et le Congo ex-belge (1961-1965). Intérêts et influences en mutation», Revue belge de philologie et d’histoire, 91, 4 (2013), pp. 1057-1110, y John de St. Jorre: The Brothers’ War: Biafra and Nigeria, Londres, Faber & Faber, 2009.

68 «Un message du Colonel Ojukwu au Général De Gaulle», Le Monde, 12 de septiembre de 1968.

69 «TASS (agence de presse officielle): les événements ne doivent pas changer la politique étrangère de la France», Le Monde, 11 de septiembre de 1968.

70 Paul-Marie de la Gorce: De Gaulle entre deux mondes, París, Fayard, 1964, p. 434.

71 «Lagos: il faudra passer sur mon cadavre pour faire une confédération déclare le général Gowon», Le Monde, 11 de septiembre de 1968.

72 Ibid.

73 «Le Lieutenant-colonel Ojukwu lance un appel à la France pour la reconnaissance du Biafra», Le Monde, 16 de noviembre de 1968.

74 Suzanne Cronje: The World and Nigeria..., p. 204.

75 Ibid.

76 Raph Uwechue: Reflections on the Nigerian Civil War: Facing the Future, Londres, Holmes & Meier, 1971.

77 Ibid.

78 Pauline H. Baker: «A Giant Staggers: Nigeria as an Emerging Regional Power», en Bruce Arlinghaus (ed.): African Security Issues. Sovereignty, Stability and Solidarity, Boulder, Westview Press, 1984, pp. 76-97, esp. p. 83.

79 John R. Heilbrunn: «The Flea on Nigeria’s Back: The Foreign Policy of Benin», en S. Stephen Wright (ed.): African Foreign Policies, Boulder, Westview Press, 1999, pp. 43-65.

80 Ubong E. Umoh: «The Making of Arms in Civil War Biafra, 1967-1970», The Calabar Historical Journal, 5, 1-2 (2011), pp. 339-358.

81 John J. Stremlau: The International Politics of the Nigerian Civil War, 1967-1970, Princeton, Princeton University Press, 1977, p. 233.

82 Maurice Vaïsse: La Grandeur. Politique étrangère...

83 Thomas A. Imobighe: Nigeria’s Defence and National Security Linkages. A Framework of Analysis, Ibadan, Heinemann Educational Books, 2003, p. 143.

84 Zdenek Cervenka: The Nigerian War, 1967-1970, Fráncfort del Meno, Bernard & Graefe, 1973, p. 319.

85 Ibid., pp. 117-121.

86 «SIPRI Arms Transfers Database», https://www.sipri.org/databases/­armstransfers (18 de septiembre de 2016).

87 «Ojukwu salutes Mao», Sunday Sun, 29 de septiembre de 1968.

88 Ibid.

89 Ibid.

90 Michael Gould: The Biafran War. The Struggle for Modern Nigeria, Nueva York, I. B. Tauris, 2013.

91 Olusegun Obasanjo: My Command. An Account of the Nigerian Civil War, 1967-1970, Londres, Heinemann Educational Books, 1980.

92 John de St. Jorre: The Nigerian Civil..., pp. 229-230.

93 Alain Renard: Biafra: naissance...

94 «M. Bongo dément à nouveau que des armes destinées au Biafra transitent par le Gabon», Le Monde, 12 de noviembre de 1968.

95 Suzanne Cronje: The World and Nigeria..., pp. 197-198.

96 Alain Renard: Biafra: naissance..., p. 206.

97 «SIPRI Arms Transfers Database» https://www.sipri.org/databases/­armstransfers (18 de septiembre de 2016).

98 Patrick Keatley: «France Starts a Big Airlift of Arms to Biafra», The Guardian, 2 de octubre de 1968, p. 1, e íd.: «French Arms Lift to Biafra Continues», The Guardian, 3 de octubre de 1968, p. 1.

99 Roy Lewis: «Britain and Biafra: A Commonwealth Civil War», The Round Table. The Commonwealth Journal of International Affairs, 60, 239 (1970), pp. 241-248.

100 John de St. Jorre: The Nigerian Civil..., p. 229.

101 Ibid., p. 216.

102 Gilbert Bourgeaud, su verdadero nombre, permaneció en el ejército francés hasta 1952. Tras ello inició una carrera como mercenario que lo llevó a participar en una serie de golpes de Estado en África durante la segunda mitad del siglo xx. Destacan entre estos las incursiones en Angola, Benín, Comoras, Congo-Léopoldville, Gabón y Yemen. Véase Howard French: «The Mercenary Position», Transition, 73 (1997), pp. 110-121.

103 Frederick Forsyth: The Biafran Story: Making of an African Legend, Baltimore, Penguin Books, 1969.

104 Anthony Mockler: The Mercenaries, Nueva York, Macmillan, 1969, p. 26.

105 Ibid., p. 261.

106 Ibid.

107 Anthony Mockler: The Mercenaries, p. 261.

108 Ibid.

109 Ibid., p. 262.

110 Ibid., pp. 256-257.

111 Citado en Raymond Offroy: Quand le coeur a raison, París, Pensée Universelle, 1972, p. 64.

112 John de St. Jorre: The Nigerian Civil...

113 «Les biafrais souhaitent une initiative diplomatique française», Le Monde, 27 de enero de 1969.

114 Alexander A. Madiebo: The Nigerian Revolution..., p. 288.

115 Suzanne Cronje: The World and Nigeria..., p. 208.

116 Jean Charpentier: «Pratique française du droit international», Annuaire Français de Droit International, 15 (1969), pp. 881-919, esp. p. 898.