Ayer 134 (2) 2024: 49-79
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2024
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/2197
© Tobie Meyer-Fong
Recibido: 27-10-2020 | Aceptado: 10-09-2021 | Publicado on-line: 08-04-2024
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License

Lo personal y lo global en la guerra civil china de mediados del siglo xix *

Tobie Meyer-Fong

Johns Hopkins University
tmeyerf@jhu.edu

Resumen: A mediados del siglo xix, decenas de millones de personas murieron en China a consecuencia de la devastadora guerra civil Taiping (1850-1864). Tanto coetánea como posteriormente, la guerra fue definida en términos morales absolutos: como un conflicto entre los honrados defensores del régimen dominante y el populacho rebelde, como un movimiento revolucionario para deponer justamente a una dinastía extranjera o como un incipiente movimiento protestante. No obstante, las dinámicas sobre el terreno fueron mucho más complejas. Este artículo abordará la guerra civil Taiping a partir de fuentes primarias que permitan entenderla a ras de suelo y más allá de sus marcos nacionales, es decir, como un conjunto impredecible y destructivo de eventos locales y globales vinculado a otras guerras del periodo.

Palabras clave: historia global, microhistoria, Rebelión Taiping, imperio tardío Qing, Illustrated London News.

Abstract: During the mid-nineteenth century, tens of millions of people in China died as the consequence of the devastating Taiping Civil War (1850-1864). Contemporarily and retrospectively, the war was portrayed in absolute moral terms: as a battle between the righteous adherents of the ruling regime and unruly rebels, as a revolutionary movement seeking righteously to overthrow an alien dynasty, or as an incipient Protestant movement. Dynamics on the ground were, of course, far more complicated and confusing. This article will consider the Taiping Civil War through primary sources that allow us to look below and beyond national frameworks: thus, as an unpredictable and destructive set of local events, and, from overseas, in relation to other wars of the period.

Keywords: global history, microhistory, Taiping Rebellion, late Qing, Illustrated London News.

Introducción: enfocar la guerra desde abajo y más allá del Estado-nación

La historia militar propone una visión aséptica y aislada de la guerra, centrada en una serie de protagonistas concretos, pero también de las tácticas y los objetivos militares. Esta busca enfatizar las causas de los conflictos y las estrategias para librarlos, lo que ocasionalmente implica la codificación de figuras heroicas con clara vocación ejemplarizante. Así, desempeña un papel fundamental en la construcción de las identidades nacionales, al ejercer las guerras como puntos nodales que ordenan las cronologías de la nación, al tiempo que sus héroes encarnan los valores patrios. Pero entender la guerra únicamente con respecto al Estado-nación conlleva dejar al margen sus catastróficos efectos sobre las personas y sus implicaciones transnacionales y globales. Además, aunque la historia militar sitúa al Estado-nación y sus intereses en el centro de su enfoque, este no siempre constituye la mejor unidad de análisis para estudiar la guerra. Cambiar la perspectiva, bien sea situándola por debajo o más allá de los límites nacionales, permite articular una visión mucho más fundamentada y multidimensional de la guerra, que incluya las experiencias de los civiles y las visiones de los observadores no directamente involucrados en el conflicto.

En este sentido, los enfoques individuales y transnacionales de la guerra se han vuelto muy habituales en los estudios publicados en las primeras décadas del presente siglo, haciendo especial hincapié en el impacto que los conflictos armados tienen sobre las poblaciones civiles y sus persistentes efectos en la memoria colectiva. En cierto modo, las transformaciones en el seno de la disciplina histórica, y quizá más particularmente en las academias norteamericana y europea, han inspirado este cambio de enfoque: primero, el giro hacia la historia social, con un mayor interés en las actividades y experiencias de los grupos más allá de las elites; y, posteriormente, el giro cultural, con su preocupación por el lenguaje, la representación y la memoria. Estos cambios también reflejan los intentos de la profesión por tratar de encontrar sentido y explicación a la muerte de masas y al sufrimiento asociados con las guerras del siglo xx y a la reconfiguración del poder global tras la Guerra Fría. Así, estos trabajos abordan la historia de la guerra en términos íntimos y expansivos, por debajo o más allá de los parámetros y límites del Estado-nación, y claramente al margen de las cronologías puramente bélico-militares.

Al calor de estas transformaciones historiográficas, la guerra civil acaecida a mediados del siglo xix en China, comúnmente denominada Rebelión Taiping (1850-1864), requiere de una reconsideración a través de la óptica de la «historia de la guerra». La historiografía que durante buena parte del siglo xx ha abordado este conflicto ha tendido, caso de la china, a resaltar su potencial revolucionario como «revuelta campesina», o, caso de la anglófona, a subrayar sus orígenes protestantes, aunque trabajos recientes han abordado sus conexiones globales y su coste humano 1. Para las historias nacionales chinas, la guerra fue un antecedente revolucionario o un actor decisivo del «fracaso modernizador» chino, aunque esto último de forma menos habitual. Sin embargo, el alcance y dimensiones de esta contienda desafían los intentos por comprenderla. Es un acontecimiento histórico apenas conocido por lectores no especializados fuera de China, pese a que millones de personas, probablemente decenas de millones, murieron directamente por el conflicto, la mayoría más por enfermedades, hambrunas o desplazamientos que en los campos de batalla 2.

La guerra civil Taiping planteó un reto enorme para un imperio debilitado por profundos problemas sociopolíticos, incluyendo unas infraestructuras en descomposición, presión poblacional, una reducida capacidad militar y gubernativa, desastres naturales, corrupción, pobreza e inflación 3. El conflicto empezó como un levantamiento de inspiración cristiana en el extremo sur de China, región ya desestabilizada por los efectos de la Guerra del Opio ­(1839-1842). Liderado por el visionario Hong Xiuquan, que afirmaba ser el hermano menor de Jesucristo, y que en 1851 se autoproclamó Rey Celestial del Reino Celestial Taiping, el movimiento se extendió hacia el norte, controlando varias ciudades estratégicas en la China central y atrayendo a más seguidores a su ejército.

Los líderes taiping se autopercibían como agentes elegidos por la gracia divina para librar una guerra religiosa y expulsar a los dirigentes manchúes del Imperio Qing. Para algunos observadores extranjeros, esto ofrecía paralelismos con guerras contemporáneas inspiradas por el nacionalismo étnico revolucionario, ello a pesar de que el cristianismo taiping fascinó y repelió a partes iguales a los misioneros proselitistas radicados en China. Las fuerzas taiping instalaron su capital en la histórica ciudad de Nanjing en 1853, dotándose de los elementos propios del gobierno dinástico y la legitimidad política: un territorio bajo su soberanía, calendario, moneda, burocracia, fiscalidad y un sistema de exámenes de acceso a la función pública.

La existencia de conflictos entre los dirigentes taiping no impidió continuar la guerra contra los Qing. En 1860 sus fuerzas derrotaron a las imperiales, que asediaban Nanjing, y se embarcaron en una campaña hacia el este dirigida contra los pulmones económicos del país: la provincias de Zhejiang y Jiangsu. Los ejércitos taiping conquistaron, perdieron y reocuparon las principales ciudades de la región del delta del Yangzi, derivando el conflicto en una guerra civil muy compleja, contingente y brutal que involucró a milicias locales, ejércitos provinciales irregulares, prisioneros, bandidos y mercenarios. Las potencias extranjeras —particularmente Gran Bretaña—, que habían librado una reciente guerra contra los Qing en el norte de China, abandonaron su anterior compromiso de neutralidad en el conflicto con los taiping, viéndose arrastradas a la guerra civil del lado de la dinastía manchú ante la amenaza de perder su privilegiada posición comercial en Shanghái. Ambos ejércitos, cada vez más desesperados, emplearon tácticas de aniquilación mutua; los civiles desplazados, arrollados por la violencia, murieron de agotamiento, enfermedad, a manos de los combatientes o suicidándose. En última instancia, los ejércitos provinciales movilizados en apoyo de la dinastía Qing, ayudados en ocasiones por contingentes financiados localmente y entrenados por mercenarios extranjeros, así como por intervenciones estratégicas británicas y francesas, derrotaron definitivamente a las fuerzas taiping en 1864.

Muchos expertos en China y voces foráneas han presentado la guerra en términos morales absolutos, entre dos bandos claramente definidos. Se trata de narrativas generalmente centradas en una dinámica simple, bien de represión imperial o de revolución inspirada por los taiping. Dichas narrativas están protagonizadas por figuras heroicas: Zeng Guofan (1811-1872), leal erudito y funcionario de la etnia Han reconvertido a general para salvar al imperio de los rebeldes; frente a Hong Xiuquan (1814-1864), candidato a funcionario cuatro veces suspendido que afirmaba ser el hermano menor de Jesucristo y que, al menos teóricamente, promovió una reforma agraria y otorgó derechos a las mujeres para expulsar a los «demonios manchúes» 4. Pero también los mercenarios que lucharon del lado Qing, especialmente Frederick Townsend War y Charles Gordon, a quienes la prensa de sus respectivos países trató de héroes a comienzos del siglo xx 5. Durante las primeras décadas de vida de la República Popular China, el Movimiento Revolucionario del Reino Celestial Taiping figuró como una de las «Cinco Flores Doradas» de la historia moderna china y también como antecedente de la revolución comunista. Así, le fueron dedicados diversos espacios institucionales: museos, institutos y publicaciones. Actualmente, la historiografía china sigue siendo mayoritariamente laudatoria hacia el movimiento taiping, ligándolo estrechamente a la historia de la nación moderna.

Ese enfoque centrado en los héroes individuales refleja las necesidades de mitificación de la memoria (nacional), particularmente en relación con la guerra, así como los esfuerzos por imponer claridad sobre algo que fue, como experiencia vivida, caótico. Además, las décadas centrales del siglo xix fueron una época de imperios tardíos, cuando la nación moderna aún no había emergido como forma política universal. Los contemporáneos no sabían quién ganaría la guerra o qué estrategias serían las más efectivas, pese a lo cual intentaron ordenar la caótica información disponible dentro de categorías familiares y clarificadoras, no necesariamente coincidentes con las nuestras. Por ejemplo, muchos supervivientes buscaron que el Estado consagrase como mártires a sus parientes fallecidos, incluso mediante falsos pretextos, para así borrar cualquier atisbo de vínculo con el derrotado régimen taiping. Por su parte, otros quisieron preservar la pureza del proceso denunciado a los farsantes 6. Algunos observadores transnacionales contemporáneos también intentaron gestionar la confusa información que recibían mientras decidían a qué bando apoyar y por qué, interpretando la guerra contra los taiping mediante términos como revolución, rebelión o «guerra racial», empleados comúnmente en escenarios más familiares 7. Este vocabulario fue adquiriendo relevancia para describir lo sucedido y todavía influye sobre las interpretaciones populares de la guerra. Así, nuestra comprensión de la historia del conflicto se enriquecería profundizando en el contexto mediático transnacional donde surgieron estos términos y fueron originalmente aplicados.

Para articular una perspectiva personal sobre la guerra taiping, empleo principalmente la Breve crónica desde la guarida del tigre (Hu ku jilüe), un relato cronológico de los acontecimientos vividos por un profesor de escuela, posteriormente refugiado, de la región de los canales del sur de la provincia de Jiangsu, cerca de Suzhou. Paralelamente, para construir una visión más amplia y alejada del conflicto, examino los artículos publicados sobre este en el Illustrated London News. Analizando su localización en las páginas del diario y su contenido se revelan las conexiones deliberadas y accidentales que los contemporáneos establecieron entre distintos eventos globales mediante su cobertura mediática, en este caso la de un periódico metropolitano europeo. Las nuevas tecnologías bélicas, de transporte y de representación visual influyeron de forma destacada en la interpretación de la guerra taiping por parte de la audiencia británica, como también lo hicieron las conflictivas relaciones políticas, y más recientemente otros acontecimientos o los cambiantes sistemas de conocimiento 8.

La guerra como experiencia personal

Frecuentemente definida como la guerra civil más sangrienta y brutal de la historia, el conflicto taiping desgarró familias y devastó comunidades enteras. Arrancados forzosamente de su anterior forma de vida, los campesinos buscaban refugio en las ciudades fortificadas; los habitantes de estas, cuando tenían los medios, buscaban refugio en el campo, donde tenían que enfrentar múltiples dificultades, o bien escapaban hacia la relativa seguridad del puerto abierto de Shanghái, al estar en parte controlado y defendido por intereses británicos, franceses y norteamericanos. La guerra transformó a la gente corriente del campo y las ciudades en refugiados, milicianos, prisioneros, conscriptos, peones, viudos, huérfanos, leales a los Qing, soldados taiping, bandidos, mercenarios, víctimas y/o supervivientes. Estos quedaron desarraigados de sus contextos familiares cotidianos y se vieron forzados a sobrevivir en un nuevo y caótico mundo donde la información era contradictoria e inexacta. El caos provocado por la guerra empoderó a los fuera de la ley: hombres armados de lealtad cuestionable que seguían a los ejércitos con el objetivo de obtener botín. Los vecinos de las localidades por las que pasaban estos contingentes ayudaban a los invasores a identificar a las personas más pudientes y a localizar objetos de valor escondidos 9. Como apunta el historiador Xiaowei Zheng, en algunas regiones, especialmente el delta del Yangzi entre 1860 y 1864, se libró una guerra civil entre una parte de las elites locales alineada con la dinastía gobernante y otra que se oponía a ella 10. También, fue una guerra total (por parte de todos los bandos en liza) con fines de exterminio que tuvo resultados devastadores para las comunidades civiles.

Articular interpretaciones alternativas sobre este conflicto requiere emplear nuevas fuentes y perspectivas. Los diarios y memorias escritos contemporánea y posteriormente ofrecen relatos muy detallados sobre la vida cotidiana durante la guerra. A mediados del siglo xx, el moderno Estado-nación chino, buscando promover una determinada visión del pasado, facilitó el acceso a diversas fuentes para estudiar la vida diaria durante la guerra taiping, incluso aunque su principal intención no fuese otra que glorificar la causa taiping. Numerosos testigos del conflicto registraron sus experiencias en diarios y memorias 11, muchos de los cuales fueron recogidos y publicados bajo el auspicio oficial de instituciones chinas durante la segunda mitad del siglo xx, como parte de extensas colecciones documentales sobre el «Movimiento Revolucionario del Reino Celestial de Taiping» 12. Estos materiales han sido ampliamente trabajados por los historiadores, buscando información sobre la guerra y su carácter revolucionario, aunque las notas explicativas publicadas junto con estas obras en las ediciones de época de Mao criticaban duramente a sus autores por su pensamiento feudal y advertían al lector sobre su erróneo posicionamiento de clase. Los editores clasificaron estos materiales como representativos del «bando Qing», ignorando la indignación de muchos de los autores frente a los excesos cometidos por la dinastía y sus aliados. Por ende, estas fuentes revelan la violencia, dolor y caos que caracterizaron la vida durante la guerra, y suponen una invitación a los historiadores para que alejen el foco de los logros heroicos, patrióticos y tecnológicos inspirados por esta 13.

Lo que las memorias describen es la circulación de información, la destrucción de entornos urbanos y rurales, la dislocación y el dolor, y la pérdida de familiares. También reflejan la asombrosa facilidad con que los combatientes cambiaban de bando, y permiten documentar la caótica variedad de bandidos, milicias y soldados que proliferaron durante la guerra. Además, representan un intento de sus autores por dar sentido al desorden de sus propias experiencias empleando categorías morales y políticas conocidas, un proceso que ocasionalmente requería del borrado o revisión de algunos aspectos, e incluso de presentarse a sí mismos de manera estratégica en el relato. Por ello, este tipo de obras no pueden abordarse de forma acrítica, incluso cuando puedan leerse con cierto grado de empatía hacia lo que relatan.

La escala de estas memorias es vivamente local: sus autores narran los efectos sociales de la guerra en sus propias familias y comunidades. En ocasiones aluden a batallas importantes o describen a figuras políticas o militares relevantes, pero ambas cuestiones están siempre insertas dentro de la cronología de lo que vieron, escu­charon y sintieron. Estos relatos tienden a poner el lugar de residencia del autor en el centro geográfico de la acción y articu­lan una «visión enciclopédica» de la guerra desde esa perspectiva. Como explica Huan Jin, los textos van mencionando de pasada «temas personales, religiosos, políticos, económicos, sociales o históricos a varios niveles» 14. Por ejemplo, autores como Shen Zi, que fueron registrando sus vivencias durante la guerra en las páginas de antiguos libros de contabilidad y cuyas memorias las estudió detalladamente Huan Jin, se sitúan simultáneamente dentro de redes personales y sociales —profusamente descritas— amenazadas por la guerra, pero también como historiadores con una obligación política y moral de documentar los acontecimientos de los que eran testigos 15. De este modo, Jin apunta que «el continuo registro [de acontecimientos por parte de Shen] y sus reflexiones muestran cómo un individuo con una elevada conciencia histórica trataba continuamente de encontrar sentido a la historia, a una escala más grande, en medio de la incertidumbre y el desorden» 16.

Sin embargo, dicha incertidumbre y desorden siguieron siendo un tema dominante en la obra de Shen, mientras que la violencia y la muerte desafiaban constantemente sus esfuerzos por dar sentido a lo que estaba pasando. En una de las entradas de su diario describe una calle cubierta de baldosas rotas y cadáveres, cuyas extrañas y terribles posturas va relatando: las manos atadas a la espalda, tumbados de costado, hinchados, con las manos agarrándose el cuello, inflados y en estado de putrefacción o desecados. Entre los edificios calcinados había cuerpos tan carbonizados que era imposible reconocerlos, tan quemados que impedían hacer un recuento preciso de cuántos había. La escena era tan sumamente terrible que los viandantes no se atrevían a mirar. Los cuerpos sin enterrar desprendían un olor tan espantoso que los supervivientes no respiraban por temor a vomitar. Los canales, que abastecían a la población de agua para beber, estaban llenos de cadáveres. Esto hizo que esta se volviese verde y adquiriese un aspecto aceitoso, afectando al sabor del té y del arroz de los que dependía la población local. Toda esa muerte volvió insoportables las dinámicas esenciales de la vida cotidiana: los vivos no podían caminar, ver, respirar, mirar, oler o comer sin sentirse abrumados ni experimentar nauseas 17. Muchos otros autores que vivieron episodios similares describen la experiencia sensorial de la guerra como la antítesis de la normalidad y documentan los horrores inenarrables de los que fueron testigos.

Otras memorias, tituladas Breve crónica desde la guarida del tigre, escritas con seudónimo por un profesor de escuela primaria de los suburbios de Suzhou, y cuyo manuscrito fue descubierto y publicado originalmente en 1979 en una colección de fuentes primarias de la guerra taiping, narran las idas y venidas del autor durante la guerra siguiendo los canales típicos de su región natal 18. Los editores de la colección señalan que el autor «adopta el punto de vista de la clase terrateniente y hace todo lo posible por calumniar a los militares taiping». Aun así, subrayan el interés de estas memorias —representativas de muchas otras similares— para los investigadores al contener información novedosa sobre las actividades del ejército y la burocracia taiping al sur de la provincia de Jiangsu y describir los exámenes de acceso a la función pública del Reino Celestial 19. Así, además de aportar documentación sobre la historia política y militar del régimen taiping, contienen abundantes descripciones de interés para los historiadores de la guerra.

Su autor se centra en acontecimientos de los que fue testigo directo o de los que oyó hablar a sus vecinos, situándolos cronológicamente. De forma ocasional va añadiendo información general sobre el contexto político-militar, e introduciendo comentarios de índole moral y política sobre sus propias memorias mediante la voz del «Historiador Refugiado (dun shi)» 20. La mayoría de las entradas del relato cronológico cubren el periodo entre la llegada de las fuerzas taiping al este de la provincia de Jiangsu, en mayo de 1860, y la caída de la capital taiping, Nanjing, a manos de las fuerzas de Zeng Guoquan, en julio de 1864. Una última entrada, elaborada a partir de una carta recibida por el autor en mayo de 1868, documenta las circunstancias en las que se produjo la muerte de su primo menor durante la defensa de una ciudad del norte de China frente a los rebeldes nian y la milagrosa recuperación de su cadáver, gravemente quemado 21. Por ende, la densidad temporal de las entradas de la obra refleja la intensidad del conflicto en la provincia de Jiangsu 22. El autor describe su forma de actuar y la de sus vecinos a partir de las habladurías y rumores que circulaban, así como el papel que cartas y mensajeros tuvieron para facilitar los contactos durante la guerra. Como muchos otros de sus contemporáneos, buscaba dar sentido al sufrimiento mediante las nociones por entonces dominantes de castigo y recompensa divinos, concibiendo sus memorias como advertencia para las generaciones futuras 23. La guerra, escribe en el prefacio, debe ser entendida como un instrumento de castigo divino frente a la avaricia, perversidad y violencia humanas; quienes vengan después y tengan la «suerte de vivir en tiempos tranquilos y además acaben entregados a diversiones libidinosas» deberían leer estas memorias y corregir consecuentemente su conducta 24.

Aunque el Refugiado de la Aldea de Liao [seudónimo del autor] reserva su crítica más mordaz para las fuerzas taiping, que denomina como «los rebeldes», también reconoce la heterogeneidad de esta categoría al incluir a «antiguos hermanos» del extremo sur, partidarios más recientes procedentes de China central, prisioneros locales obligados a servir, oportunistas y bandidos. También describe, hasta cierto punto, las atrocidades cometidas contra civiles por el ejército Qing y sus milicias asociadas, especialmente en la primera parte de sus memorias. Por ejemplo, narra la ejecución de un grupo de hombres a manos de una milicia local tras ser confundidos con rebeldes 25. Además, culpa a los oficiales Qing por su falta de preparación, cobardía y corrupto desgobierno antes de la crisis. Va relatando recurrentemente distintas ocasiones en las que resultaba difícil distinguir entre soldados y bandidos: grupos de hombres armados pasándose al otro bando por puro interés personal, bandidos alistándose en las milicias y abusando de la población local tras expulsar a las fuerzas taiping o criminales asesinando a civiles en nombre de los rebeldes 26. Incluso llega a registrar cómo, en una ocasión, las fuerzas taiping sobornaron a los soldados británicos para que se retirasen 27.

Asimismo, el autor narra casos de civiles que tuvieron que tomar decisiones moralmente problemáticas para sobrevivir o salvar las vidas de otros. La frontera entre el bando «rebelde» y el «imperial» era muy porosa, incluso cuando la diferenciación entre ambos devino una cuestión de importancia existencial. En ocasiones, miembros de una misma familia optaban por unirse a grupos armados diferentes, como sucedió con un comerciante de sal que se alistó a una milicia leal a los Qing, mientras que su hijo aceptaba un puesto en la burocracia taiping 28. Otras veces, el autor relata las experiencias de personas a quienes les habían robado sus pertenencias y quemado sus barrios, primero los soldados taiping, y posteriormente tanto tropas Qing y sus milicias afiliadas como bandidos que aprovechaban la ocasión y se hacían con lo poco que les quedaba. En esta línea, una de sus críticas más feroces se dirigía contra la «escoria traidora» que había guiado a las fuerzas taiping hasta las casas más ricas y sus objetos de valor escondidos 29, poniendo un vívido énfasis en la complicidad de la población civil en aquella caótica situación. Al regresar a su hogar con su esposa, se encontró que tanto sus utensilios de cocina como su vajilla habían desaparecido, y escribió en su diario: «Sabíamos exactamente cuáles de nuestras cosas habían terminado en qué casa y quién las había llevado allí. Pero a pesar de saber lo que había pasado no nos atrevimos a decir nada» 30.

La guerra cambió radicalmente todos los estándares morales y económicos. «A consecuencia del caos, la comida que se podía adquirir había que pagarla a un precio muy alto. La ropa y los utensilios de cobre, estaño o madera eran sumamente caros. Por su parte, la caligrafía, los cuadros y las antigüedades perdieron todo su valor. Los artesanos cualificados doblaron sus tarifas y resultaba muy difícil encontrar trabajadores ocasionales al precio que fuera. Los eruditos lo pasaron francamente mal tratando de sobrevivir. Cuando rebeldes y bandidos vendían los objetos que llevaban consigo, la gente se apresuraba a comprarlos y bromeaba con ellos... y lo que era todavía más extraño, las mujeres que habían huido de las ciudades coqueteaban y se arreglaban cuando veían a los Pelos Largos (taiping)...» 31. Vista a través de esta y otras memorias, parece evidente que a partir de 1860 la guerra se había convertido en un violento y peligroso atolladero de alianzas confusas y normas sociales completamente invertidas. Empero, a lo largo de su diario, el autor va progresivamente adoptando una actitud más rígida e intolerante hacia los «rebeldes», alineando sus intereses cada vez más con los del revitalizado bando imperial.

Así, narra escenas caracterizadas por el caos y la confusión: calles abarrotadas de gente gritando, bebés abandonados, mujeres y niños separados de sus familias, muchedumbres compitiendo por atravesar puentes derrumbados y personas pisoteándose y empujándose unas a otras para intentar salvarse 32. Cuando la cercana ciudad de Suzhou cayó en manos de las fuerzas taiping a comienzos de junio de 1860, el autor relata cómo algunos oficiales decidieron morir honorablemente y se suicidaron colgándose con sus propias togas o lanzándose a los canales; otros huyeron o se rindieron al ejército taiping, pensando que tal vez así el populacho sería indulgente con ellos. De hecho, incluye un listado de aquellos oficiales, identificándolos por su nombre 33. Adoptando su papel de «Historiador Refugiado» critica la corrupción de los funcionarios Qing y su falta de anticipación ante la crisis. Señala que los hombres sabios perciben el peligro antes de que este se presente y, consecuentemente, saben prepararse para ello. Al contrario, los funcionarios y militares imperiales habían perdido su capacidad de pensar con claridad y de buscar soluciones, pues los fondos para la asistencia local se habían malgastado en enriquecer a burócratas y aristócratas, a la par que engordaban sus séquitos de empleados. Cuando llegó la crisis, «la arrogante y orgullosa ciudad de Suzhou cayó como una hoja; los antiguos soldados y milicianos se quedaron simplemente mirando». De nada sirvió que el gobernador provincial diera aparentemente su vida por la dinastía imperial, concluye el Historiador Refugiado, pues su muerte no pudo compensar sus defectos, y mucho menos los de sus subordinados 34. Aun así, al final de su relato insiste en que la causa dinástica era justa; de ahí que no escatime en emplear un lenguaje cada vez más peyorativo para referirse a las acciones de los rebeldes. Describe también el deseo de su hermano de recibir un entierro digno, con una vestimenta y peinado adecuados para evidenciar físicamente su lealtad a la causa imperial, pese a haber muerto en territorio taiping 35.

El autor de la Breve crónica desde la guarida del tigre narra conmovedores encuentros, despedidas cargadas de tristeza y reuniones inesperadas que implicaban a familiares y extraños. Cuando las fuerzas taiping llegaron a su casa, sus acentos de Hunan asaltaron los oídos del autor y evidenciaron su carácter extranjero, exacerbando su miedo 36. También describe con compasión el sufrimiento de otros. Una mujer sollozando que lleva a un niño pequeño, incapaz de caminar, y que no está dispuesta a abandonar a su bebé. El sonido de padres llorando por sus hijos, la visión de muchachos buscando a sus hermanos pequeños y los llantos, gritos y el dolor de personas vagando sin rumbo por las orillas de los canales 37. Igualmente, documenta el prolongado sufrimiento de su familia: el incendio de su casa, la pérdida de todos sus bienes, sus propios sentimientos de pérdida, vergüenza, culpa y duelo, así como la desaparición, captura, intento de suicidio y milagroso regreso de su mujer 38.

Como muchos otros testigos, describe vívidamente a los muertos e identifica su perturbadora presencia en el paisaje como un reflejo de la lúgubre realidad del momento, metáfora que sirve para explicar el colapso absoluto de la sociedad 39. Un cadáver permanece tirado a orillas del río mientras un perro grande y peludo devora uno de sus muslos. Otro cuerpo yace entre la maleza de la ribera envuelto en una alfombra raída: el pelo suelto y los pies atados indican que se trata de una mujer. Esqueletos cubren los caminos y cadáveres flotantes llenan los canales, desprendiendo un insoportable hedor debido al calor y la humedad. En las montañas, numerosas cabezas cuelgan de las ramas de un pino, como si fueran frutos extraños 40. Adoptando el papel de Historiador Refugiado, el autor comenta:

«Morir con lealtad, con fidelidad o castamente, esa es una buena muerte. Si las circunstancias de la muerte de una persona no están claras, entonces la gente pensará que se trata de un traidor, causando miles de años de vergüenza injusta e imborrable. Las almas de aquellos que mueren así sienten un resentimiento incansable... ¡Qué lástima! Las vidas de las personas que viven en tiempos tumultuosos valen menos que las de los insectos, y esa es la auténtica verdad» 41.

Siempre que es posible incluye los nombres de las personas muertas a las que conocía personalmente, como si así pudiera protegerlas del olvido, aportando pruebas de que eran merecedoras de ser consagradas y honradas en el futuro. Así pues, buscó desentrañar el sentido de la guerra confiriendo importancia y peso moral a sus vidas y muertes 42.

La Breve crónica desde la guarida del tigre y otros muchos relatos similares escritos durante y tras la guerra taiping aportan una visión del conflicto desde abajo no centrada en las estrategias o en los héroes, sino interesada por las caóticas alianzas de los distintos actores, la contingencia de las decisiones que se tomaron y la explosión de violencia que trastornó y transformó la vida cotidiana 43. Documentan las privaciones físicas, las anomalías sensoriales, la alteración de las normas morales y las expectativas sociales, la pérdida de familiares (muertos, movilizados o prisioneros) y el constante movimiento por un paisaje absolutamente roto. No constituyen en sí mismas relatos límpidos sobre una revolución inmanente, el progreso nacional o estrategias heroicas, aunque podían ser (y lo fueron frecuentemente) instrumentalizadas como materia prima para ese tipo de narrativas. A nivel personal, la guerra saturó los sentidos de todos estos autores con escenas, sonidos y olores nunca antes experimentados. Todos los relatos describen casi uniformemente las llamas, el sonido de las armas de fuego, el hedor y la textura de los cadáveres en descomposición, el desasosiego producido por las elevadas temperaturas, el sufrimiento causado por la falta de comida y ropa y la sensación de desubicación entre las ruinas de un paisaje antes familiar 44. También narran situaciones que desafían una categorización moral fácil, aunque al mismo tiempo, paradójicamente, intentan reimponer normas de comportamiento individual y colectivo. Así hace el Historiador Refugiado al registrar los nombres de los miembros de su círculo social que considera cualificados, según las normas estatales, para ser consagrados y recibir honores.

Todas estas memorias cambian el foco de atención hacia los efectos dañinos que la violencia bélica tenía sobre soldados y civiles, así como sobre sus cuerpos y sus entornos vitales. Inmersa en el más absoluto caos, la gente necesitaba información clara. No sabían quién ganaría la guerra, por lo que tenían que tomar decisiones de las que dependían sus vidas basándose en información incompleta y escasa. Así, los autores ponen de manifiesto el tremendo sufrimiento y la sensación de pérdida y confusión que vivieron durante la guerra. Algunos reflejan también la perfidia de los funcionarios Qing, las atrocidades cometidas por el ejército imperial y sus aliados, y la inestabilidad de las alianzas durante el conflicto. Partiendo de estas fuentes, el estudio de la guerra pone la mirada sobre el sufrimiento humano, lo difícil que resulta tomar decisiones en medio de una incertidumbre total y la ausencia de referentes morales y políticos definidos. Incluso aunque algunos testigos, como el autor de la Breve crónica desde la guarida del tigre, adoptaron el lenguaje de lealtad y rebelión generado por el estado Qing, fueron igualmente conscientes de las muchas y dolorosas formas en las que esas palabras no se ajustaban perfectamente a las circunstancias por las que estaban atravesando.

La guerra en las redes globales de información

Vista desde una perspectiva más lejana y privilegiada, la guerra civil acaecida en China a mediados del siglo xix emerge como una de las muchas erupciones bélicas y de violencia que caracterizaron las décadas centrales de dicha centuria; una serie de conflictos que incluyeron a antiguos imperios, nuevos estados-nación, imperios emergentes o potencias coloniales 45. Estos acontecimientos ocuparon un lugar destacado en las páginas de libros, periódicos e informes parlamentarios británicos 46. La información circulaba a través de distintos formatos, ya que el mismo material podía aparecer sucesivamente en un informe parlamentario, un periódico y, posteriormente, un libro 47. La profusión de imágenes y palabras y su simultaneidad dio lugar a yuxtaposiciones sorprendentes, tal vez fortuitas. Transmitidas a través de las redes globales de información, estas guerras lejanas irrumpieron rápidamente en los debates de muchos lugares a través de diversos medios 48. Los periódicos ilustrados británicos y franceses reproducían octavillas chinas que representaban gráficamente enfrentamientos entre las fuerzas Qing y sus enemigos taiping, relacionándolas con personajes y acontecimientos más cercanos a sus lectores 49. En la prensa, el lenguaje de la revolución y la rebelión proporcionaba un marco interpretativo para acontecimientos dispares. La imagen del héroe masculino angloamericano, un tipo ideal caracterizado por una serie de atributos exportables y proyectados bajo diferentes formas y en situaciones variadas, tuvo un alcance global. Así, el retrato etnográfico, centrado mayoritariamente en la vestimenta, el peinado y las tradiciones locales poco comunes, acompañó y ejerció como elemento explicativo de diversas guerras lejanas para las audiencias metropolitanas de mediados del siglo xix.

El movimiento de personas, información, mercancías y armas fue otro de los elementos que conectó las guerras de las décadas centrales del siglo xix. Algunos de los soldados y mercenarios británicos y estadounidenses que habían luchado en Crimea fueron también filibusteros en América Latina, para después acabar defendiendo al imperio Qing en China u oponiéndose a él 50. Charles Gordon, idolatrado por la prensa británica debido a su participación en la guerra taiping durante la década de 1860, había luchado previamente en Crimea y fallecería en 1885 en Sudán. Igualmente, Frederick Townsend Ward había combatido en Latinoamérica y Crimea, muriendo en China en 1862. Las fronteras entre bandidos, piratas y soldados de fortuna eran muy porosas y las alianzas nacionales solían tener poca relevancia para estos individuos frente a la posibilidad de obtener un beneficio personal. Así, el americano Henry Burgevine luchó en las fuerzas Qing, desertando posteriormente con sus hombres a las filas taiping e intentando después regresar nuevamente al bando imperial, sin éxito. Igualmente, tanto las armas nuevas como las usadas circulaban de un lugar a otro gracias a la acción de traficantes en su búsqueda constante de nuevos mercados. Y quienes también viajaron de una guerra a otra fueron los periodistas, como el fotógrafo ítalo-británico Felice Beato, reportero gráfico en diversos conflictos armados en Crimea (1855), India (1858), China (1860), Sudán (1884-1885) y Birmania (1886).

La prensa europea hizo una extensa cobertura de diversas guerras lejanas, publicando gran variedad de informaciones relacionadas con ellas. Dentro de las páginas de la prensa popular, particularmente la británica, las noticias sobre estas guerras, incluyendo la taiping, coexistían unas con otras, así como con una amplia miscelánea de materiales diversos. Esta coexistencia influyó en los debates parlamentarios y en las decisiones adoptadas por los ministerios de la guerra y exteriores, que a su vez también daban forma a esas mismas noticias 51. Términos como «rebelde», «revolucionario» o «masacre» fueron apareciendo de forma cíclica en la cobertura de todos estos conflictos. Su aplicación no describía las circunstancias neutralmente, sino que reflejaba visiones particulares sobre cuestiones como la violencia política, el estado o futuros acuerdos administrativos. Los lectores del Illustrated London News podían encontrar en sus páginas ilustraciones sobre enfrentamientos militares en países lejanos junto con representaciones pintorescas de la vida cotidiana en esos lugares, caso de las imágenes y descripciones de mujeres chinas arreglándose el pelo o lavando ropa que seguían a un relato ilustrado de las fuerzas taiping disparando contra un barco británico que pasaba junto a Nanjing 52. Periodistas e ilustradores iban a la caza de cualquier acontecimiento que pudiera convertirse en noticia, mientras el público ansiaba la publicación de relatos de viajes agradables y estereotipados que la prensa también ofrecía.

Las informaciones que procedían de China y los debates parlamentarios que trataban la cuestión coexistieron en la prensa escrita con un amplio número de temas diversos, incluyendo el continuo comercio ilegal de esclavos, el impacto de la guerra civil estadounidense en las manufacturas británicas de algodón, las revoluciones nacionales en Europa u otros asuntos de interés local referidos a iglesias, universidades o fraternidades. Por ejemplo, una imagen del general confederado Robert E. Lee acompañaba a un artículo sobre la situación en China e India en las páginas del Illustrated London News en 1864 53. De igual modo, junto con un extenso artículo sobre la guerra en China podía encontrarse una estimación del coste de la elaboración del censo en Reino Unido, una discusión sobre el gasto generado por la boda del Príncipe de Gales, un informe del Metropolitan Board of Public Works, una guía sobre cómo pronunciar nombres polacos y una breve nota, reproducida de las páginas del Victoria Advocate, acerca del empleo de camellos para transportar mercancías desde Río Grande hasta Victoria 54. Las comparaciones con otros conflictos eran frecuentes en las páginas de las publicaciones británicas, estadounidenses y europeas. El New York Times, por ejemplo, expresaba su deseo de que los participantes en «nuestra gran rebelión y la de los chinos tengan pronto que esconderse en agujeros y cuevas, y no vuelvan a perturbar nuestra paz» 55.

Las actividades comerciales y las gestas militares avivaron el interés público por las noticias, favorecieron el desarrollo de la actividad periodística y, nuevamente, sobre todo en Inglaterra, intensificaron la inversión en tecnologías para la transmisión de información a gran velocidad 56. En ocasiones, algunos artículos explicaban cómo habían viajado las noticias de las que informaban. Por ejemplo, la sección de «Foreign and Colonial News» del Illustrated London News indicaba: «A través del correo de Calcuta, tenemos correspondencia de Calcuta hasta el 23 de enero, de Shanghái hasta el 8 de enero y de Hong Kong hasta el 15 de enero» 57. La información procedente del interior de China se acumulaba inicialmente en Shanghái, viajaba después a Hong Kong y más tarde a Londres vía Calcuta, lo que suponía aproximadamente un mes para cubrir toda la ruta. Dado que por entonces un barco tardaba al menos sesenta días en recorrer la distancia entre Shanghái y Londres, la información viajaba parte del trayecto por tierra mediante el telégrafo. Un artículo de abril de 1865, citando un «telegrama de Shanghái, de fecha 9 de marzo», informaba de que «Taeping había sido capturada y Hang-chow y Ying-chow se habían rebelado contra el emperador» 58.

La prensa ilustrada se centró en el uso de las nuevas tecnologías para llevar hasta la metrópoli lo que sucedía por todo el mundo 59. Desde el año 1857, el Illustrated London News tenía destinados un dibujante y un corresponsal en China, que elaboraban retratos etnográficos y escenas pintorescas con el título de «Bosquejos de China». De hecho, el periódico incluyó durante las décadas de 1840 y 1850 «bosquejos» similares de países y lugares como España, México, Irlanda, Hungría, Italia, Nueva Zelanda, Japón, las islas Ryūkyū, Ceilán, Birmania, Australia, Estados Unidos (California), Turquía, Crimea e India, entre otros. No obstante, pese al carácter bucólico de estas imágenes, su elaboración estuvo vinculada por lo general a acontecimientos militares, como fue el caso de Crimea, «bosquejada» en 1855. En cualquier caso, las escenas etnográficas y arquitectónicas eran el elemento predominante, aun cuando la guerra fuese claramente el tema central. Precisamente, en una serie de tres grabados publicada por el Illustrated London News bajo el título «La Guerra Taeping en China», dos estaban dedicados a la «peculiar vestimenta de los funcionarios imperiales y taeping, con algunos de sus uniformes militares», mientras que el tercero re­producía el antiguo palacio taiping en Nanjing 60. Las noticias que producían los medios de comunicación y la opinión pública surgida al calor de aquellas influyeron tanto la política doméstica como la exterior, alimentando el interés del público general por imágenes divertidas de lo pintoresco y lo exótico. Así, la constante búsqueda de las últimas noticias por parte de la prensa británica para informar al público sobre diversos conflictos, incluyendo los de Crimea y China, o sobre lo que sucedía en las colonias, sirvió como acicate para el desarrollo tecnológico 61.

La prensa informativa británica y europea prestó atención a la guerra taiping por diversas razones, y cada bando contó con sus defensores en el extranjero. Quienes se mostraban a favor de los taiping por motivos políticos los presentaban como revolucionarios, mientras que sus opositores los calificaban de rebeldes. A mediados del siglo xix, los observadores contemporáneos definían como revolucionarios a quienes se consideraba que desafiaban legítimamente el statu quo político, especialmente a los vinculados al nacionalismo étnico, mientras que tildaban de rebeldes a aquellos cuyas reclamaciones de soberanía se consideraban carentes de legitimidad. Los periodistas europeos interpretaban la causa taiping en función de las tensiones políticas, religiosas y militares existentes entre las potencias del continente, pero también tomando como referencia acontecimientos políticos que les resultaban familiares. Estos incluían las por entonces, muy recientes unificaciones de Italia y Alemania, el Gran Despertar protestante, la decadencia del Imperio Otomano, el gobierno británico directo sobre la India e incluso la guerra civil estadounidense 62. Otros relacionaban el movimiento taiping con el nacionalismo étnico griego, italiano o alemán, viendo en ellos a patriotas y revolucionarios. De hecho, una publicación italiana comparaba directamente las condiciones en China con las existentes en Italia y a Hong Xiuquan con Giuseppe Garibaldi, describiendo la guerra civil Taiping como una «revolución... para generar un sentimiento de nacionalidad» 63.

La creciente comunidad extranjera residente en los puertos abiertos de la costa seguía con mucho interés la guerra por sus potenciales implicaciones en las actividades comerciales. Que el conflicto afectase a las provincias más vinculadas al comercio exterior y a las más cercanas a Shanghái (Jiangsu, Zhejiang, Anhui y ­Jiangxi) hacía que la comunidad mercantil internacional buscara con ansia información sobre qué bando podía servir mejor a sus intereses. Esos mismos factores operaron en los centros políticos y manufactureros del Reino Unido. Además, la guerra creó sus propios intereses comerciales entre mercenarios, traficantes de armas y personas involucradas en el comercio del opio. La presencia en China de fuerzas militares y periodistas extranjeros debido a la Segunda Guerra del Opio (1856-1860), contemporánea al conflicto taiping, también contribuyó a incrementar la cobertura mediática, especialmente en Gran Bretaña, como también lo hicieron la rebelión de la India de 1857 y la posterior imposición del control directo sobre dicho territorio 64. Misioneros, políticos, diplomáticos y oficiales militares radicados en China (y Europa) publicaron artículos y libros muy influyentes sobre la guerra, la mayoría en inglés, siendo algunos posteriormente traducidos al alemán y al italiano; unos pocos serían escritos originalmente en francés, traduciéndose después al inglés 65. Por su parte, diversos extractos procedentes de informes diplomáticos y libros aparecieron en la prensa, mientras que cartas enviadas a los diarios fueron compiladas y editadas como libros 66.

En su cobertura de la guerra taiping, la prensa reprodujo los debates y divisiones políticas europeas y estadounidenses, tomando parte en ellos. Un artículo muy contrario al bando taiping publicado en 1866 en la revista americana Harper’s Weekly informaba ampliamente de la muerte en cautividad de Henry Burgevine, apresado por el bando Qing, incluyendo sendos retratos de Burgevine y del excepcionalmente «distinguido» Frederick Townsend Ward. El texto resumía los principales acontecimientos de la guerra y ensalzaba la imagen de los dos mercenarios estadounidenses. Definía la contienda como una «insurrección» liderada por un «inculto converso al cristianismo» y «fanático terrible», describiendo la masacre de «rebeldes» taiping tras la reconquista de Nanjing por los Qing en 1864 como «algo muy parecido a lo que había seguido recientemente a los disturbios de Jamaica [en 1865]». Así, el autor del ar­tículo manifestaba por analogía su apoyo al uso del terror como instrumento para restaurar el orden en ambos escenarios, considerando que además afirmaba que las fuerzas taiping habían cometido «atrocidades espantosas [...] no teniendo piedad alguna ni siquiera con los extranjeros». Parece evidente que hay una lógica racista subyacente a dicha analogía: desde la perspectiva angloamericana, la masacre era aceptable cuando había blancos en riesgo 67.

Un artículo publicado en el Illustrated London News el 4 de abril de 1863, titulado «The Taeping and the Tartars [Los Taeping y los tártaros]», ejemplifica el recurso mediático al amplio catálogo de analogías históricas y estereotipos nacionales, en este caso para defender el apoyo británico a la causa taiping. 68 El texto comienza señalando que «La revolución que está teniendo lugar en China es una de las más extraordinarias de esta era revolucionaria». A continuación, atribuye el mérito del despertar del nacionalismo chino a la inspiración europea y plantea que el levantamiento taiping debería ser visto como un «movimiento organizado en nombre de la independencia nacional y como una nueva dinastía autóctona china» 69. Más adelante, el autor insinúa que todos los reputados estadounidenses aliados con los Qing eran sureños que se habían bregado como antiguos mercenarios en Nicaragua, acusaciones que aquí buscaban subrayar su falta de respetabilidad 70. Critica muy duramente a los franceses, que apoyarían a los «tártaros» para contrarrestar a los británicos y movidos por sus convicciones religiosas católicas. El autor también señala que, en este caso, la alianza franco-británica se vería «manchada y desacreditada por una fechoría conjunta; y, a buen seguro, el celo de nuestros aliados galos en pro del culto a las imágenes no encontrará muchos partidarios a este lado del Canal de la Mancha», por mucho que en otros escenarios dicho entendimiento entre ambos países pudiera considerarse conveniente 71. El artículo compara la situación militar en China con la guerra civil estadounidense, por entonces en curso, y también a los «amistosos» taiping con los «vengativos» Estados Confederados, subrayando las tensiones en el seno de la alianza de «tártaros, filibusteros sureños, franceses, ingleses y rusos» que combatía a favor del bando Qing e interpretándolas como «circunstancias que dicen mucho en favor de los Taepings». Compara al chino «paciente» con otros nacionalistas revolucionarios de la época, «más efervescentes», incluyendo a franceses, italianos, irlandeses y polacos y sugiriendo al menos una equivalencia entre las aspiraciones nacionales de estos grupos. Según el autor, el apoyo británico a los Qing sería un error atribuible a la nociva influencia de los comerciantes de opio anglo-indios, que detestarían la prohibición impuesta por los taiping sobre el uso de esta sustancia. En su caso defiende que su posición estaría en línea con aquellos europeos residentes en China, particularmente los misioneros protestantes y los comerciantes que trabajaban con otras mercancías. No sin una carga de exageración, el texto concluye planteando que el precio de otra guerra en China sería excesivo para los británicos, y que además la dinastía Qing tampoco merecía el esfuerzo necesario para salvarla 72.

No obstante, otros artículos publicados en el Illustrated London News se mostraban favorables a la causa imperial. Un suplemento especial sobre «La Rebelión Taeping en China» publicado el 13 de marzo de 1864 incluía varias ilustraciones basadas en ocho escenas fotográficas de la ciudad de Suzhou realizadas por un tal W. Saunders, de Shanghái. El artículo que acompañaba a las imágenes informaba de la reciente reconquista de la ciudad por los Qing y sus aliados, subrayando el papel desempeñado por las tropas regulares británicas en la defensa de Shanghái y apuntando que algunos oficiales británicos habían pasado a servir con los chinos, para «acabar con la rebelión». Además, destacaba la participación del mercenario británico Charles Gordon, representado, como en casi toda la prensa británica, como un oficial valiente y heroico que había logrado entrenar con éxito «a una pequeña pero bien organizada fuerza de tropas nativas con disciplina europea». El texto culpaba a «los rebeldes» de la mayoría de las destrucciones, señalaba la oportunidad de cazar faisanes en las zonas devastadas y, sobre todo, representaba a Gordon como la encarnación de las virtudes masculinas británicas por intentar rescatar con valentía a sus compatriotas y por mantenerse firme frente a las atrocidades cometidas por el gobernador Qing contra los taiping que se habían rendido 73.

Por contra, situándose en una posición de neutralidad, el autor de un artículo del 4 de junio de 1864 muestra su preocupación por la posibilidad de que las acciones de «mercenarios británicos», como el capitán Sherard Osborn y el mayor Charles Gordon, pudieran conducir a una mayor implicación británica en China. El tono del artículo es mucho menos laudatorio con Gordon y sus hazañas, señalando que ni a él ni a otros de su misma clase se les debería permitir servir al gobierno imperial Qing «con la idea de extirpar de raíz la insurrección Taiping». Siguiendo una lógica racial, el texto establece paralelismos entre la India mogol y la «dinastía manchú», planteando que el pasado reciente de la primera podría acabar siendo el futuro de China, dejando a Inglaterra como «responsable de la protección y el gobierno de casi la mitad de las razas asiáticas». Con la guerra en China a punto de concluir, el autor argumenta que Gran Bretaña y los británicos deberían limitarse únicamente a defender su comercio, que debería descartarse cualquier intervención y, en definitiva, que se debía dejar que el conflicto chino siguiese su propio curso 74.

Aunque se libró enteramente en suelo chino y fueron los civiles y soldados chinos quienes la sintieron más intensamente, la guerra taiping fue también un evento global. Por ejemplo, constituyó un tema de interés político para los parlamentarios en Londres, cuyas perspectivas sobre la guerra estuvieron influidas por las representaciones mediáticas y los desarrollos tecnológicos de las redes de comunicación global, pero también por las comparaciones con acontecimientos acaecidos en otras partes del mundo. Durante el periodo comprendido entre 1862 y 1865, los lectores del Illustrated London News pudieron encontrar la guerra taiping presentada mediante varias fórmulas diferentes, a veces en competencia y derivadas de eventos recientes. Descrita como revolución, la guerra encarnaba las legítimas aspiraciones del pueblo chino de derrocar a sus gobernantes manchúes. Descrita como rebelión, suponía una amenaza para los intereses comerciales británicos y el puerto abierto de Shanghái. A partir de 1857 y en relación con la India, China presentaba la oportunidad de una nueva expansión colonial, y por consiguiente una potencial sangría para las finanzas británicas que debía evitarse a toda costa. Los taiping podían ser hermanos cristianos o absolutos fanáticos y agentes del más bárbaro caos. Representada a través de las vestimentas y las ruinas, la guerra podía asimilarse a otros lugares destinados al consumo metropolitano de lo pintoresco y lo exótico. También servía como escenario para el despliegue de la masculinidad heroica angloamericana, donde al menos para los británicos Charles Gordon encarnaba el último y principal modelo. El lenguaje y las imágenes eran transportables de una guerra a otra en una época en que estas fueron numerosas y estuvieron diseminadas por todo el globo, cuando las nuevas tecnologías favorecían un movimiento cada vez mayor de personas e información y con las nuevas y radicales formas de revolución y nacionalismo empezando a tomar forma.

Conclusión

Una modificación en la escala del estudio de la guerra, ya sea hacia abajo para incluir a los actores sobre el terreno o ampliándola para dar cabida a contextos internacionales o transnacionales más amplios, permite desplazar al Estado-nación como principal unidad de análisis. Campo anteriormente dominado por los historiadores militares, más preocupados por la estrategia, la logística y la tecnología, la comunidad académica ha ido adoptando recientemente nuevas perspectivas sobre los conflictos armados. Las experiencias personales o los efectos sociales ocupan aquí un lugar central, lo que permite incorporar aspectos como el caos, la incertidumbre, las alianzas inestables, la saturación sensorial, el dolor físico, el engaño y el error. Este cambio de perspectiva requiere también reelaborar los marcos temporales y espaciales. La cronología se reduce a destacados encuentros puntuales y actos de violencia concretos o se extiende más allá del periodo cuando se lucha para incluir el tiempo de duelo y recuperación, junto con cuestiones a más largo plazo relacionadas con la memoria nacional o social. Así, este tipo de relatos permite visibilizar los procesos que convierten la violencia, la traición y el oportunismo en lealtad, virtud y heroísmo.

Las historias de la guerra pueden revelarnos cómo el sufrimiento a nivel local, comunitario o personal puede incorporarse a las narrativas nacionales para honrar a los mártires o fomentar la educación patriótica. Nos recuerdan las consecuencias humanas de las acciones militares y cómo casos de mala interpretación por personas ajenas a la guerra, debido a analogías erróneas o a la confianza en determinados estereotipos, pueden acabar conduciendo a resultados inesperados o catastróficos. La simultaneidad y las interconexiones entre eventos lejanos quedan oscurecidas cuando el campo de batalla y el Estado-nación ejercen como unidad principal de análisis. Por ejemplo, cómo estudiosos de las distintas historias nacionales perdemos de vista las conexiones reales e imaginadas que los contemporáneos establecieron a mediados del siglo xix entre las guerras de Crimea y China, entre las guerras civiles china y estadounidense o entre las rebeliones india de 1857 y taiping. Dentro de estos marcos de análisis nacionales tampoco somos capaces de ver cuán productivo podría ser reformular los acontecimientos violentos de las décadas centrales del siglo xix dentro de una perspectiva comparada con las guerras imperiales tardías, o como parte de un estudio más amplio sobre la guerra y la memoria. Una mirada más atenta a la guerra taiping desde abajo y desde más allá de los límites del Estado-nación, articulada a partir de los relatos de quienes la vivieron de primera mano y de la prensa internacional, permitiría visibilizar estos procesos de construcción y borrado, al tiempo que revelaría conexiones olvidadas.

[Traducción del inglés: David Alegre Lorenz y Miguel Alonso Ibarra]


* Agradezco a M. Alonso, D. Alegre, W. T. Rowe, J. Theiss, T. Zhang, S. Semmel, N. Connolly, G. Paquette, K. Hindmarch-Watson, S. Platt, Y. Frumer, R. Meyer, E. Mokros, Zh. Ma y a los revisores anónimos sus comentarios y sugerencias. También a Yunshan Ye, bibliotecaria de Estudios de Asia Oriental de la Johns ­Hopkins University, por permitirme acceder a los materiales digitales.

1 Un resumen de dicha historiografía en Tobie Meyer-Fong: What Remains: Coming to Terms with Civil War in 19th Century China, Stanford, Stanford University Press, 2013, pp. 12-14. Para las conexiones globales del conflicto, véase Stephen R. Platt: Autumn in the Heavenly Kingdom: China, the West, and the Epic Story of the Taiping Civil War, Nueva York, Knopf, 2012. Para sus costes humanos Tobie Meyer-Fong: What Remains..., especialmente los capítulos 1 y 4.

2 Los extranjeros entonces residentes en China hablaban de entre 20 y 50 millones de muertos. Aun siendo cifras bastante vagas, son indicativas de la dimensión de la carnicería. Las fuentes chinas de posguerra apuntan a una gran pérdida de población: la cifra aproximada del 50 por 100 de muertos aparece frecuentemente al hablar de la región del delta del Yangzi. Intentos recientes de obtener estadísticas han resultado poco concluyentes. Véase Qiang Hua y Hongjun Cai: «Taiping tianguo shiqi Zhonguo renkou sunshi wenti», en Shehui Zhongguo y Yuan Kexue (ed.): Wan Qing guojia yu shehui, Pekín, Shehui kexue chubanshe, 2007, pp. 3-13. Las memorias y las historias locales de posguerra señalan una caída poblacional del 50 por 100 o superior en muchas comunidades. Los guarismos más citados están en torno a los 20 millones de muertos. Tobie Meyer-Fong: What Remains..., p. 1.

3 Tobie Meyer-Fong: What Remains..., p. 7. También William T. Rowe: China’s Last Empire: The Great Qing, Cambridge, Harvard University Press, 2009, pp. 101, 105 y ss.

4 Un relato en inglés empático con Hong Xiuquan, en Jonathan Spence: God’s Chinese Son: The Taiping Heavenly Kingdom of Hong Xiuquan, Nueva York, Norton, 1996. Una obra clásica favorable a los logros militares y políticos Taiping en Yuwen Jen (Youwen Jian): The Taiping Revolutionary Movement, New Haven, Yale University Press, 1973. Desde 1980, los trabajos sobre Zeng Guofan han sido más variados. Anteriormente vilipendiado como un «traidor a la raza» por su lealtad a los manchúes, cuando es elogiado se alaba su defensa de los valores chinos «tradicionales», su brillantez como estratega y su lealtad al imperio.

5 Véase Charles George Gordon: General Gordon’s Private Diary of His Exploits in China; Amplified by Samuel Mossman... With Portraits and Map, Londres, S. Low, Marston, Searle, & Rivington, 1885.

6 Un (indignado) relato de honores obtenidos bajo falsos pretextos en Qing­xian Huang: Ban gong ju wenji, edición de Yan Guo, Shanghái, Shanghái, Shehui kexueyuan chubanshe, 2015, p. 8.

7 Para los relatos contemporáneos sobre la guerra civil Taiping como «guerra racial», véase Stephen R. Platt: Autumn in the Heavenly Kingdom..., pp. 11-12.

8 Las circunstancias en el momento de redacción del texto, especialmente la pandemia, condicionaron mi selección de fuentes. Tuve que acceder a ellas electrónicamente, al estar cerradas desde marzo de 2020 las bibliotecas de investigación que frecuentaba en Estados Unidos y no poder viajar a Asia para consultar bibliotecas allí.

9 Véase Liaocun Dunke [El Refugiado de la Aldea de Liao, seudónimo]: «Huku jilüe», en Zhonghua wenshi luncong: Taiping tianguo zhuanji, Shanghái, Shanghái guji chubanshe, 1979, pp. 12-54, esp. p. 16.

10 Xiaowei Zheng: «Loyalty, Anxiety, and Opportunism: Local Elite Activism during the Taiping Rebellion in Eastern Zhejiang, 1851-1864», Late Imperial China, 30(2) (2009), pp. 39-83.

11 Mis trabajos previos, incluyendo What Remains, «Gathering in a Ruined City», «Urban Space and Civil War» y «To Know the Enemy», hacen un uso amplio tanto de colecciones publicadas de este tipo de materiales como de manuscritos encontrados en bibliotecas chinas.

12 La colección de varios volúmenes publicada en Shanghái en los años cincuenta del pasado siglo es solo un ejemplo: Zhongguo Shixue Hui (eds.): Taiping Tianguo. Zhongguo jindai shi ziliao congkan, Shanghái, Shanghai renmin chubanshe, 1957.

13 Véanse Huan Jin: «Stitching Words to Suture Wounds: A Manuscript Diary from the Taiping-Qing Civil War (1851-1864)», Late Imperial China, 40(2) (2019), pp. 141-182; Tobie Meyer-Fong: «Urban Space and Civil War, Hefei 1853-1854», Frontiers of History in China, 8(4) (2013), pp. 469-492, y Xiaofei Tian: The World of a Tiny Insect: A Memoir of the Taiping Rebellion and its Aftermath, Seattle, University of Washington Press, 2014.

14 Huan Jin: «Stitching Words to Suture Wounds...», p. 153. La nota al pie se refiere tanto a esta frase como a la anterior.

15 Ibid., p. 162.

16 Ibid., p. 174.

17 Zi Shen: «Bi kou riji», en Ergang Luo y Qingcheng Wang (eds.): Zhongguo jindai shi ziliao congkan xubian: Taiping tianguo, vol. 8, Guilin, Guangxi shifan daxue chubanshe, 2004, pp. 1-264. La descripción figura en p. 241. Citado en Ling Chen: «Shixu Benkui: Xian-Tong zhi Ji Jiangnan minzhong de zhanshi taonan yu richang shenghuo [«Una completa ruptura del orden: experiencias de refugiados y vida cotidiana de la gente de Jiangnan durante el periodo de la guerra Xianfeng-Tongzhi»]», Junshi shi yanjiu, 32(3) (2018), p. 88.

18 Liaocun dunke: «Huku jilüe...», pp. 12-54.

19 Ibid., nota del editor, p. 12.

20 La fórmula «el historiador dice» sigue el modelo planteado por Sima Qian (c. 145-86 AC) en el Shiji. Permite al autor mantener el ritmo narrativo de su crónica y le otorga un espacio para introducir sus propios juicios morales y políticos. Susan Mann: The Talented Women of the Zhang Family, Berkeley, University of California Press, 2007.

21 Siguiendo la costumbre china, el autor habla de Zhisan como su hermano pequeño. Sin embargo, en tanto que hijo del hermano pequeño del padre del autor, en las lenguas europeas sería su primo. Para la entrada sobre su muerte, véase ibid., pp. 53-54. Acerca del simbolismo moral asociado a la recuperación del cadáver de un miembro de la familia, véase Tobie Meyer-Fong: What Remains..., cap. 4.

22 Las memorias de Huan Jin son similares en este sentido, igual que las de Jin Changfu, abordadas en Tobie Meyer-Fong: «Gathering in a Ruined City: Metaphor, Practice, and Recovery in Post-Taiping Yangzhou», en Vibeke Bordahl y Lucie Olivova (eds.): Lifestyle and Entertainment in Yangzhou, Oslo, Nordic Institute of Asian Studies, 2009, pp. 37-61, esp. pp. 42-48.

23 Una amplia discusión sobre esto en Tobie Meyer-Fong: What Remains..., cap. 2.

24 Liaocun Dunke: «Hu ku jilüe...», p. 13.

25 Ibid., p. 23. Otras memorias también describen las atrocidades cometidas por las fuerzas Qing y sus milicias afiliadas. Véase «Un breve registro del sufrimiento infligido a Suzhou» (Wumen bei nan jilüe), escrita por Xi Dai, propietario de un negocio de empeños, en Ergang Luo y Qingcheng Wang (eds.): Zhongguo jindai shiliao congkan xubian: Taiping Tianguo, vol. 4, Guilin, Guangxi shifan daxue chubanshe, 2004, pp. 396-402.

26 Por ejemplo, Liaocun Dunke: «Hu ku jilüe...», pp. 18-19 y 44.

27 Señala cómo los «rebeldes» sobornaron a los «extranjeros ingleses» en Kunshan, quienes se retiraron. Ibid., p. 48.

28 Ibid., p. 43.

29 Ibid., p. 16.

30 Ibid., p. 16.

31 Ibid., p. 27.

32 Ibid., p. 13.

33 Ibid., p. 16.

34 Ibid., pp. 15-16.

35 Ibid., p. 48.

36 Ibid., p. 16. Muchas memorias y diarios hacen alusiones similares a los acentos como un aterrador signo de diferencia.

37 Algunos ejemplos ibid., pp. 17-18.

38 Ibid., pp. 16-18.

39 Acerca de los cuerpos muertos como «símbolos cargados de tensión política y significado emocional» en el contexto de la guerra taiping y en otros lugares, véase Tobie Meyer-Fong: What Remains..., pp. 99-102.

40 Todos estos ejemplos, escogidos entre otros muchos presentes en las memorias, ibid., pp. 19 y 21.

41 Ibid., p. 23.

42 Véase, por ejemplo, ibid., p. 21. En esta entrada el autor apunta que en dos días fueron asesinadas 3.000 personas. Incluye un listado nominal de todos a los que conocía personalmente, entre los que había amigos, conocidos, familiares, parientes y los dueños y empleados de un comercio de encurtidos y salsa de soja que frecuentaba.

43 Véase la discusión del diario de un comerciante de grano en Tobie Meyer-Fong: «Urban Space and Civil War...», pp. 473-485.

44 Tobie Meyer-Fong: What Remains..., cita muchos de estos testimonios. Para otros ejemplos, veáse Ling Chen: «Shixu Benkui...», pp. 74-89.

45 Michael Geyer y Charles Bright: «Global Violence and Nationalizing Wars in Eurasia and America: The Geopolitics of War in the Mid-Nineteenth Century», Comparative Studies in Society and History, 38(4) (1996), pp. 619-657.

46 Sobre la circulación pública de los documentos parlamentarios británicos, concretamente en las décadas de 1850 y 1860, véase Oz Frankel: «Blue Books and the Victorian Reader», Victorian Studies, 46(2) (2004), pp. 308-318.

47 Un gran ejemplo en este sentido sería William Henry Sykes: The Taeping Rebellion in China: Its Origin, Progress, and Present Condition, in a Series of Letters to the Aberdeen Free Press and the London Daily News; with an Appendix, Londres, Warren Hall and Co., 1863. Las cartas aparecieron en la prensa entre 1862 y 1863, y se basaban en el estudio del autor de despachos diplomáticos y en correspondencia con asociados suyos en China. Sykes nunca viajó a China, aunque tenía una amplia experiencia en India.

48 Los artículos de Karl Marx en el New York Daily Tribune ilustran bien esta cuestión. Véase Dona Torr (ed.): Marx on China, 1853-1860, Londres, Lawrence and Wishart, 1951. Por ejemplo, «Revolution in China and in Europe», publicado el 14 de junio de 1853, que aborda la Rebelión Taiping (pp. 1-10).

49 Por ejemplo, «Chinese Military Picture Despatch», Illustrated London News, 7 de enero de 1854, The Illustrated London News Historical Archive, 1842-2003.

50 Para los mercenarios que lucharon con los taiping, véase Stephen R. Platt: Autumn in the Heavenly Kingdom..., pp. 186-188. Para los que fueron a China como soldados de fortuna con el objetivo de hacerse con su propio feudo, como los filibusteros, véase ibid., pp. 74-78. La mayoría procedían de Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos y Filipinas. Para las conmemoraciones de estos combatientes extranjeros, véase Jonathan Chappell: «Some Corner of a Chinese Field: The Politics of Remembering Foreign Veterans of the Taiping Civil War», Modern Asian Studies, 52(4) (2018), pp. 1134-1171.

51 Por ejemplo, Stephen R. Platt: Autumn in the Heavenly Kingdom..., p. 232. Frecuentemente, los periódicos de la época incluían resúmenes de los procedimientos parlamentarios o breves fragmentos bajo títulos como «Foreign and Colonial News [Noticias Coloniales y Extranjeras]» o «Foreign and Colonial Intelligence [Información Colonial y Extranjera]». Los diarios en lengua inglesa, como el North China Herald de Shanghái, publicaban material traducido de la Peking Gazette. Emily Mokros: The Peking Gazette in Late Imperial China: State News and Political Authority, Seattle, University of Washington Press, 2021.

52 «The Rebels at Nankin Opening Fire on the “Lee” Gun-Boat», The Illustrated London News, 2 de abril de 1859, The Illustrated London News Historical Archive, 1842-2003.

53 «India and China», The Illustrated London News, 4 de junio de 1864, The Illustrated London News Historical Archive, 1842-2003. En la página siguiente podemos encontrar un artículo sensiblero elogiando a Lee como oficial y caballero terrateniente.

54 Es el caso del artículo «The Taepings and the Tartars», The Illustrated London News, 4 de abril de 1863, The Illustrated London News Historical Archive, 1842-2003. [N. del T. Entre 1846 y 1859 The Victoria Advocate tuvo dos etapas distintas bajo el nombre de Texan Advocate y Texian Advocate.]

55 Citado en Stephen R. Platt: Autumn in the Heavenly Kingdom..., p. 262.

56 Daniel R. Headrick y Pascal Griset: «Submarine Telegraph Cables: Business and Politics, 1838-1939», The Business History Review, 75(3) (2001), pp. 543-578. Los autores defienden que la prensa se convirtió en un importante conductor de la opinión pública y esta, a su vez, condicionaba la política del gobierno. Curiosamente, los periódicos se adelantaron al gobierno en el acceso a la tecnología del telégrafo; empero, los cables submarinos a la India no se tendieron hasta 1870. Véase p. 553.

57 «Foreign and Colonial News», The Illustrated London News, 5 de marzo de 1864, The Illustrated London News Historical Archive, 1842-2003.

58 «Foreign and Colonial Intelligence», The Illustrated London News, 29 de abril de 1865, The Illustrated London News Historical Archive, 1842-2003.

59 Véase el elogio de la velocidad, las máquinas de vapor y la técnica de impresión xilográfica en el primer número del Illustrated London News. «Our Address», Illustrated London News, 14 de mayo de 1842, The Illustrated London News Historical Archive, 1842-2003.

60 Los dibujos fueron realizados por Mr. F. L. Bodwell. El artículo destaca la «sencillez» de los uniformes Qing, en comparación con los chillones atuendos taiping. «The Taeping War in China», The Illustrated London News, 29 de octubre de 1864, The Illustrated London News Historical Archive, 1842-2003.

61 Daniel R. Headrick y Pascal Griset: «Submarine Telegraph Cables: Business and Politics, 1838-1939...», p. 553.

62 Ching Him Felix Wong: «The Images of the Taiping Heavenly Kingdom as Shown in the Publications in France, Germany, and Italy during the Second Half of the Nineteenth Century», Journal of Chinese Studies, 55 (2012), pp. 139-173, esp. pp. 143 y 150. Para la guerra civil estadounidense, véase Stephen R. Platt: Autumn in the Heavenly Kingdom...

63 Ching Him Felix Wong: «The Images of the Taiping...», pp. 160-161.

64 Por ejemplo, el Times of London envió un corresponsal a China para cubrir la Segunda Guerra del Opio. Véase Prescott Clarke y John S. Gregory (eds.): Western Reports on the Taiping: A Selection of Documents, Honolulu, University Press of Hawaii, 1982, p. xvi. Clarke y Gregory sostienen que la mayoría de los primeros reportajes sobre el conflicto taiping eran angloamericanos y que los «británicos estaban a la cabeza de todos los contactos occidentales con China durante esos años». Ibid., p. xvii.

65 Joseph Marie Callery y Melchior Yvan: History of the Insurrection in China: With Notices of the Christianity, Creed, and Proclamations of the Insurgents: Transl. from the French, with a Supplementary Chapter, Narrating the Most Recent Events, traducción de John Oxenford, Londres, Elder and Co., 1853.

66 Para los primeros, véase el despacho de Mr. Adkins, cónsul británico en funciones en Chinkiang [Zhenjiang], reproducido como parte de la sección «Foreign and Colonial Intelligence», Illustrated London News, 8 de octubre de 1864, The Illustrated London News Historical Archive, 1842-2003. Para los segundos, véase William Henry Sykes: The Taeping Rebellion in China...

67 «Generals Burgevine and Ward», Harper’s Weekly, 10, 473, 20 de enero de 1866. La referencia es a la rebelión de Morant Bay y sus consecuencias, cuando las tropas británicas asesinaron a cientos de manifestantes civiles negros y arrestaron, azotaron o ejecutaron a varios centenares más.

68 «The Taepings and the Tartars», The Illustrated London News, 4 de abril de 1863, The Illustrated London News Historical Archive, 1842-2003. Las visiones del autor del artículo son muy parecidas a las de William Henry Sykes: The Taeping Rebellion in China...

69 Como en el caso de «The Taepings and the Tartars», The Illustrated London News, 4 de abril de 1863, The Illustrated London News Historical Archive, 1842-2003. Otros relatos británicos contemporáneos, incluyendo muchos publicados en las páginas del Illustrated London News, eran favorables a la Confederación. El autor emplea los términos «sureño» y «filibustero» como insulto.

70 Sin embargo, la afirmación que hace el artículo sobre el origen sureño de Frederick Townsend Ward es falsa, ya que era oriundo de Salem, Massachusetts.

71 «The Taepings and the Tartars...».

72 Ibid.

73 En todos esos aspectos, incluyendo la referencia a los faisanes y otros animales de caza, el artículo es representativo de los comentaristas militares y diplomáticos sobre la guerra. Véase Tobie Meyer-Fong: What Remains..., p. 16. Sobre la ejecución de prisioneros taiping y las tensiones entre Li Hongzhang y Charles Gordon, véase Stephen R. Platt: Autumn in the Heavenly Kingdom..., p. 332.

74 «India and China», The Illustrated London News, 4 de junio de 1864, The Illustrated London News Historical Archive, 1842-2003.