Ayer 136 (4) 2024:47-72
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2024
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/1471
© Mónica Moreno Seco
Recibido: 03-10-2023 | Aceptado: 15-05-2024 | Publicado on-line: 22-11-2024
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Españolas y europeas en las redes transnacionales de solidaridad antifranquista (1960-1977) *

Mónica Moreno Seco

Universidad de Alicante
monica.moreno@ua.es

Resumen: A partir de fuentes archivísticas y hemerográficas españolas y de otras naciones, en este texto se analiza la participación de las mujeres en la solidaridad antifranquista desplegada en Europa entre 1960 y la amnistía de 1977. En estas iniciativas, las españolas actuaron como receptoras (activas) de ayuda y como promotoras de iniciativas humanitarias, en colaboración estrecha con las europeas, dando lugar a un denso entramado de intercambios desde y hacia España. Esta experiencia abrió espacios de protagonismo femenino en la condena internacional del franquismo, y permitió la inserción de mujeres en las redes transnacionales en defensa de los derechos humanos.

Palabras clave: mujeres, redes transnacionales, solidaridad, antifranquismo, España-Europa.

Abstract: Based on archival and newspaper sources from Spain and other countries, this paper analyses the participation of women in Anti-Franco solidarity campaigns in Europe between 1960 and the amnesty of political prisoners in 1977. In these initiatives, Spanish women were involved either as proactive beneficiaries of solidarity, or as promoters of humanitarian campaigns, collaborating with European women and creating a dense network of exchanges to and from Spain. This process provided spaces in which female protagonists could participate in the international condemnation of Francoism and allowed many women to become involved in transnational networks in defence of human rights.

Keywords: women, transnational networks, solidarity, Anti-Francoism, Spain-Europe.

En la Guerra Fría, las campañas de solidaridad internacional contra la violación de derechos humanos estuvieron atravesadas por las tensiones y las contradicciones del enfrentamiento entre los dos bloques. Piezas del juego diplomático entre Estados y factores clave en el desprestigio de regímenes políticos, en este texto se analizarán desde un enfoque transnacional y centrado en las mujeres que formaron parte de ellas, en España y Europa. Nuestro punto de partida reside en la propuesta de introducir la perspectiva de género y la experiencia de las mujeres en la historia transnacional, prestando atención al desarrollo de las identidades de género o al examen de las relaciones entre mujeres y hombres en esos espacios. Pero también se plantea la importancia de incorporar el enfoque transnacional en la historia de las mujeres, rastreando el impacto de los lazos entre iniciativas globales y locales en la vida de ellas 1.

En ese sentido, por una parte, una lectura de género de la solidaridad internacional antifranquista ofrece un panorama plagado de paradojas, que remite a las dificultades que encontraron tanto las mujeres para integrarse en espacios de responsabilidad en organizaciones solidarias mixtas como las asociaciones solidarias de mujeres para obtener reconocimiento. Tampoco resultó sencillo conciliar discursos maternalistas e igualitarios. Aunque se revistieran de ayuda a familiares de presos, o se recurriera a una imagen dramática de las mujeres como víctimas, estas actividades tuvieron un claro contenido político, que implicaba la denuncia de la dictadura franquista. Branciforte subraya que, ante interpretaciones que identifican el ejercicio de la solidaridad internacional con las tareas de cuidado asociadas a la feminidad y a pesar de la ambigüedad que a veces caracterizó el discurso sobre la actuación asistencial o «maternal» de las mujeres, no puede negarse el fuerte componente político de estas actividades transnacionales 2. La irrupción del feminismo de segunda ola, a partir de los setenta, desembocó en llamadas a la solidaridad entre mujeres, en las que se apelaba a la defensa de sus derechos y a la igualdad, sin renunciar en ocasiones a guiños discursivos tradicionales. Por otra parte, una óptica transnacional permite arrojar nueva luz sobre la experiencia de las españolas que desde el interior del país se movilizaron contra la represión franquista y dar a conocer la de quienes lo hicieron fuera de nuestras fronteras. En algunas culturas políticas, la solidaridad fue una apuesta ideológica y a la vez expresión de altruismo, y contribuyó a construir una identidad colectiva al reforzar o dotar de sentido a la militancia política y humanitaria de mujeres y asociaciones 3. Esta actividad solidaria, además, estaba atravesada por un fuerte componente emocional que permitió compartir dolor, indignación y simpatía, emociones que explican el compromiso de numerosas personas y la respuesta masiva en algunas campañas, más allá de las afiliaciones ideológicas.

Un somero estado de la cuestión sobre el activismo transnacional de las mujeres desvela que, desde los pioneros trabajos sobre las organizaciones que reunían a mujeres de países occidentales, se ha ampliado el foco para incorporar las dinámicas procedentes de diferentes espacios geográficos, con el objetivo de descentrar la historia de la acción transnacional y recoger la complejidad de las relaciones entre lo local y lo global, en términos de beneficios mutuos, de inclusiones y también de exclusiones 4. Aunque contamos con sólidos trabajos sobre la participación de las españolas o de las europeas interesadas por España en proyectos solidarios del primer tercio de siglo, la Guerra Civil y la posguerra europea, la destacada actividad desplegada en los años sesenta y setenta es prácticamente desconocida, a pesar de su contribución a la erosión de la dictadura franquista.

A partir de estas premisas previas, este artículo se plantea los siguientes objetivos: contribuir a una comprensión del antifranquismo entre 1960 y 1977 desde una perspectiva de género y transnacional, desplazar interpretaciones que priman en exclusiva la iniciativa de las mujeres de la Europa noroccidental y Estados Unidos en la solidaridad para poner el foco de atención en las españolas, estudiar los discursos y representaciones marcados por el género en el compromiso solidario, desvelar la agencia de las receptoras de solidaridad, y cuestionar la frontera entre quienes eran beneficiarias y quienes impulsaban las iniciativas solidarias.

Los años sesenta y setenta representan una época de coexistencia pacífica, de revitalización del movimiento por la paz y de amplia contestación social, en los que la defensa de los derechos humanos y el rechazo a la tortura y la pena de muerte consiguieron movilizar a miles de personas. Se extendió por todo el planeta el compromiso contra la represión y la injusticia, y se sucedieron las protestas contra dictaduras en Europa y América Latina, el racismo en Sudáfrica o ante conflictos como la guerra de Vietnam. Se ha apuntado que hubo un cambio de paradigma en la solidaridad internacional, al sustituirse la condena política dependiente de la pertenencia a uno u otro bloque de la Guerra Fría por el lenguaje de los derechos humanos 5. No obstante, la denuncia de la represión franquista, que en esta época se incrementó con la ejecución de presos políticos, con frecuencia continuó apelando al antifascismo, debido al peso de la Guerra Civil en el imaginario progresista europeo. Por toda Europa Occidental, en especial en Francia e Italia, tuvieron lugar grandes movilizaciones contra Franco, aunque también se dieron en Reino Unido, Bélgica o los países escandinavos.

Numerosas organizaciones impulsaron la solidaridad internacional antifranquista. Por un lado, muchas tenían carácter nacional o local. La condena del franquismo estuvo en buena cuenta protagonizada por los partidos comunistas, junto con los sindicatos, las agrupaciones de mujeres y diversos colectivos vinculados a ellos. Desarrollaron una actividad incesante, al igual que hicieron con otros casos del Primer y Tercer Mundo, aunque obviaron las violaciones de derechos humanos en los países de la órbita soviética. Las activistas antifranquistas y el PCE recibieron el respaldo en especial del PCI italiano y sobre todo del PCF francés, con quien el partido español convivió en el país galo 6. Los partidos socialistas y democristianos, cuando ocuparon el Gobierno, fueron en general cautos con las críticas a la dictadura española y otras afines a Estados Unidos, aunque sus bases, sobre todo las juventudes y los sindicatos socialistas, apoyaron a quienes sufrían la represión e impulsaron comités de solidaridad 7. Los grupos anarquistas y la extrema izquierda también se movilizaron, pero de manera mucho más limitada. A pesar de las discrepancias, desde principios de los años sesenta el repudio a los más sonados juicios y ejecuciones del franquismo se convirtió en un espacio de encuentro y dio lugar a plataformas de solidaridad plurales, como sucedió en Italia, con la colaboración entre comunistas y democristianos 8. También diferentes asociaciones feministas se incorporaron a esta dinámica, cuando irrumpieron con fuerza en el debate público ya en los años setenta.

Por otro lado, entre las organizaciones transnacionales de solidaridad preocupadas por el caso español, fueron muy activas aquellas que intentaron mantenerse al margen de las rivalidades de la Guerra Fría 9. Fue el caso de la Federación Internacional por los Derechos del Hombre (FIHD, 1922), que organizó campañas contra la pena de muerte, y cuya secretaria general era la francesa Suzanne Collette-Kahn 10. Amnistía Internacional (1961), centrada en la defensa de presos y presas de conciencia al margen del régimen que los persiguiera, atrajo personas que no deseaban decantarse políticamente pero sentían un compromiso ético, entre ellas muchas mujeres 11.

Sin embargo, las principales asociaciones transnacionales de mujeres estuvieron marcadas por el enfrentamiento entre bloques. La más importante, y la que más relación tuvo con las españolas, fue la Federación Democrática Internacional de Mujeres (FDIM, 1945), heredera del pacifismo y del antifascismo de los años treinta. Dolores Ibárruri fue una de sus vicepresidentas durante muchos años. Próxima al comunismo, pero integrada por mujeres de diferentes ideologías, tradicionalmente la FDIM había sido considerada mera correa de transmisión de la Unión Soviética. Por el contrario, De Haan la define como una organización progresista y feminista, que influyó de manera sobresaliente en la incorporación de los derechos de las mujeres en Naciones Unidas y desplegó una activa labor solidaria con las mujeres sometidas a dictaduras en el sur de Europa y en el Tercer Mundo 12. Rivalizaron con la FDIM el International Council of Women (1888) y la International Alliance of Women (1904), que en estos años no mostraron especial interés por España ni condenaron situaciones como el racismo en África o en Estados Unidos, demostrando estar lejos de ser neutrales 13. A ellas se añadió la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad (WILPF, 1915), que guardó un difícil equilibrio y recibió presiones ante su defensa de la paz y el antimilitarismo.

No puede entenderse la inserción de las españolas en estas redes transnacionales sin recordar que desde principios de siglo existían contactos entre socialistas, republicanas, pacifistas y feministas de nuestro país y de otras naciones 14. Dicha experiencia se reforzó con la participación de españolas en el antifascismo de los años treinta, en torno a organizaciones como Mujeres contra la Guerra y el Fascismo o el Socorro Rojo Internacional 15. Tras 1939, esta actividad continuó en el exilio, en México y sobre todo en Francia, con la creación de la Unión de Mujeres Españolas (UME), que mantenía vínculos con la FDIM y otras asociaciones. Las relaciones entre la UME y la FDIM fueron beneficiosas para ambas, pues la FDIM aportó apoyos y un altavoz transnacional a la UME, y la UME proporcionó argumentos a la lucha antifascista de la FDIM, que denunciaba el franquismo como último vestigio del fascismo europeo 16.

Esta investigación se sustenta en documentación proveniente de diversas instituciones: el Archivo Histórico del PCE (Madrid), en especial los fondos de organizaciones de mujeres y de dirigentes; el archivo CArCob (Bruselas) y la biblioteca parisina La Contemporaine, que conservan numerosos folletos de organizaciones antifranquistas, y los Archives Nationales (Pierrefitte-sur-Seine, París), con valiosos documentos policiales sobre actividades de solidaridad. También han resultado de gran utilidad publicaciones vinculadas a partidos y asociaciones solidarias, como Mundo Obrero, L’Humanité, L’Unità, el boletín Comité National de Défense des Victimes du Franquisme, la revista belga Información Española, que cubría noticias de toda Europa, y prensa feminista como Femmes du Monde Entier, Le Quotidien des Femmes o La Mujer y la Lucha.

El texto se estructura en dos partes. Primero se abordarán la acción de numerosas mujeres en las iniciativas que denunciaron el franquismo y el lenguaje que manejaron, para a continuación centrar la atención en algunas campañas que movilizaron a la opinión pública europea y muestran que, lejos de la pasividad, aquellas que recibieron ayuda fueron protagonistas de esas y nuevas protestas.

«Queridas hermanas de España»: contra la represión franquista

En el segundo franquismo y hasta la amnistía de 1977, muchas europeas intervinieron en campañas en solidaridad con quienes sufrían persecución política en España, desde posiciones críticas con Estados Unidos por su apoyo a la dictadura, o desde planteamientos políticos neutrales. Junto con mujeres anónimas o poco conocidas, algunos nombres se repiten en convocatorias y crónicas, como la británica Eileen Turner, del Appeal for Amnesty in Spain, muy activo en los primeros sesenta; la holandesa y antigua brigadista internacional Trudel (Trudy) van Reemst-de Vries, que creó un comité de solidaridad con represaliados españoles; Adriana Martelli, del Comitato Italiano per la Libertà del Popolo Spagnolo (CILPS); la belga Isabelle Blume, que presidió el Consejo Mundial por la Paz, o las francesas Suzanne Collette-Kahn, dirigente de la FIDH; Colette Audry, que impulsó el Comité d’Aide à la Résistance Espagnole; Eugénie Cotton, presidenta de la FDIM y vicepresidenta del Consejo Mundial por la Paz, y Gisèle Halimi, abogada feminista interesada por las presas políticas.

También cabe mencionar a españolas exiliadas o residentes en países europeos que dedicaron muchos esfuerzos a la solidaridad con España, como parte de la denuncia del imperialismo norteamericano o simplemente en defensa de los derechos humanos 17. Desde Roma, la escritora María Teresa León recabó apoyos de autoridades e instituciones; en París, Teresa Azcárate, que trabajaba como intérprete en la UNESCO, organizó multitud de actos y mantenía estrechos contactos con intelectuales, labor que asimismo desempeñó la traductora Marina Torres desde Estocolmo.

La presencia de mujeres en iniciativas solidarias mixtas fue frecuente, a pesar de que pocas veces alcanzaron en ellas posiciones de responsabilidad. Una muy relevante estuvo representada por las Conferencias de Europa Occidental en solidaridad con España, que reunieron a intelectuales y políticos de diferentes ideologías, con notable participación de comunistas 18. En la convocatoria de la primera, que tuvo lugar en 1961 en París, participaron de forma determinante Teresa Azcárate y Eileen Turner 19. Dos años más tarde, la Conferencia se celebró en Roma; para prepararla y recabar información, la periodista comunista Rossana Rossanda había viajado antes por España, contactando con grupos de oposición 20. En las siguientes (Londres, 1965, y París, 1968), se implicaron españolas representantes de la «España mártir y heroica», como Ángela Martínez, viuda de Julián Grimau; francesas como Betty Brunschvicg (abogada) y Elsa Triolet (escritora), además, entre otras, de italianas como Marisa Cinciari Rodano (vicepresidenta de la Cámara de Diputados, comunista) 21.

Era muy habitual que las principales intelectuales progresistas del momento se volcaran en estas empresas y firmaran escritos de denuncia junto con sus colegas varones, aunque solían representar un grupo minoritario. Por ejemplo, en Reino Unido, Iris Murdoch participó en la campaña por la liberación de Marcos Ana, poeta encarcelado durante muchos años 22. Tiempo después, las firmas de Catherine Deneuve, Simone de Beauvoir y Marguerite Duras aparecieron en una declaración en Francia con motivo del juicio de Burgos en 1970, contra militantes de ETA para quienes se pedía pena de muerte 23.

Algunas delegaciones internacionales visitaron España para asistir a juicios políticos, como hizo la italiana Adriana Martelli (CILPS) en 1962 24. También acudió a España la laborista Jenny Little, como parte de una delegación del Spanish Democrat Defence Committee que estuvo presente en el juicio del Proceso 1.001 a los principales dirigentes de CCOO 25. En ocasiones se entrevistaban con presas y presos: en 1964, Gisèle Halimi y otros integrantes de una comisión de la Union Nationale des Étudiants de France se trasladaron a Barcelona para interesarse por unos estudiantes detenidos 26; la propia Halimi, en representación de la FIDH, presenció el juicio de Burgos en 1970 y cuatro años después visitó en la prisión a Eva Forest, conocida intelectual del momento. Otras veces, jóvenes francesas cruzaban la frontera ayudando a huir a antifranquistas que salían al exilio 27.

En estos años en numerosas localidades europeas se sucedían los actos de homenaje de sindicatos, partidos y colectivos cívicos, en los que tomaron parte mujeres, en calidad de oradoras, organizadoras y asistentes. Como botón de muestra, en 1960, 1.200 mujeres se reunieron en París bajo el patronazgo del Comité National de Défense aux Victimes du Franquisme (CNDVF) para enviar un saludo «afectuoso» a los presos políticos y sus familias, y en especial a las presas de Alcalá de Henares, y para hacer llegar un escrito al ministro de Justicia español reclamando la amnistía 28. En 1964 hubo un mitin del Comité de Solidaridad con el Pueblo Español en Bouches du Rhône, en el que tomó la palabra Mireille Dumont, exsenadora del PCF 29. En las mismas fechas, Monique Paris, secretaria de la Féderation des Travailleurs des Métaux, presidió un homenaje a los mineros asturianos en huelga, en París 30. Este tipo de iniciativas, muy extendidas, muestran que la solidaridad formaba parte de la cultura militante progresista de los años sesenta y setenta.

Para canalizar muchos de estos esfuerzos, el PCE constituyó en 1972 el CISE (Centro de Información y Solidaridad con España), organismo muy activo y presente en diversas ciudades francesas, que coordinaba Marcos Ana. En el CISE trabajaron Ángela Martínez, en calidad de tesorera, la escritora Nicole Thévenin, como secretaria general, y Teresa Azcárate 31. El CISE coordinó el envío de ayuda a las familias de presos, lanzando campañas navideñas de recogida de dinero para que niños y niñas pudieran visitar a sus padres en las cárceles 32. Organizó, asimismo, actos culturales o conferencias con personalidades como Rafael Alberti y con esposas de presos. Siguiendo este ejemplo, el PCI fundó el Comitato Spagna Libera, que recaudaba fondos para estas familias, preparaba exposiciones artísticas y convocaba actos de protesta y manifestaciones 33. Además, promovió varias giras de esposas de presos por Italia, que solían reunirse con autoridades, antiguos partisanos y colectivos de la sociedad civil 34.

Por último, fueron frecuentes las galas musicales y los festivales en solidaridad con las víctimas de la represión franquista. En febrero de 1967 estaba prevista una velada organizada por el Groupe Libertaire Louise Michel, en París, con Georges Brassens y las actrices y cantantes Simone Chobillon y Marie Thérèse Orain 35. Destacó el Festival «Seis horas por España», en abril de 1973, convocado por el CISE, con la participación de Georges Moustaki, Mikis Theodorakis y Paco Ibáñez, además de la cantante Juliette Greco y la actriz Delphine Seyrig 36. En relación con el mundo de la cultura, también se montaban exposiciones de pintura española: en 1965, varios cuadros de la pintora presa María Dapena recorrieron diversas ciudades de Suecia, gracias al apoyo de sindicatos y comités de solidaridad de dicho país 37.

Como ya se ha apuntado, otras muchas actividades fueron impulsadas por asociaciones de mujeres. A finales de los años cincuenta, la FDIM seguía centrando la atención en las presas españolas, como continuación de la tarea desplegada desde 1945. En 1959, una comisión de juristas delegadas de la FDIM, entre ellas la francesa Nicole Dreyfus y la italiana Bianca Guidetti Serra, viajó a Madrid para entrevistarse con presas; como resultado de ello, remitió un informe a la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas 38. Por este motivo, Reis Beltrán (UME) agradeció la ayuda recibida en una carta al Congreso de la FDIM de Varsovia, celebrado en 1960, e hizo llegar un «saludo fraternal y cariñoso» de las españolas 39. En otro encuentro de la FDIM en Sofía, se envió una carta a las esposas de presos en que se aseguraba «nuestra simpatía, nuestro afecto y nuestra solidaridad» y se aludía a su condición de madres y esposas 40.

A medida que pasó el tiempo, aunque no se abandonó la denuncia de la represión franquista sobre las mujeres, nuevos problemas y conflictos de la Guerra Fría captaron la atención de la FDIM. Esta circunstancia se enmarca en el cambio producido en el discurso soviético sobre los derechos de las mujeres, durante los años sesenta y setenta, desde la lucha contra la herencia del fascismo en Europa al interés por Asia, África y América Latina 41. En consonancia con ello, en el V Congreso Mundial de Mujeres (Moscú, 1963), la presidenta de la organización, Eugénie Cotton, declaró:

«Que todas nuestras hermanas de España, Grecia, Portugal, Irak y tantos otros países de Oriente Medio y de América Latina encarceladas y oprimidas, que tan solo pueden ver a sus hijos de tarde en tarde tras las rejas de las prisiones, que todos los negros maltratados y humillados en varios Estados de los EEUU, sepan que no cesaremos jamás de proclamar nuestra indignación».

En el Congreso se propuso aportar ayuda moral y material a presas de España, Portugal y Grecia, dirigir un saludo a estas «valerosas» mujeres, y reclamar a sus Gobiernos la amnistía 42. En 1969, la nueva presidenta de la FDIM, la finlandesa Hertta Kuusinen, planteaba que una de las tareas más urgentes de la organización era reforzar la lucha por la liberación de «nuestras compañeras encarceladas», en España, Portugal, Grecia, Brasil, México, Indonesia, Corea del Sur o los países africanos sometidos al imperialismo y en especial al apartheid 43.

Entre las organizaciones nacionales de mujeres, mostraron un especial interés por el caso español la Union des Femmes Françaises (UFF), la Unione Donne Italiane (UDI) y la propia UME. La UFF apelaba a la amistad entre mujeres para impulsar la acción colectiva y desarrolló una actividad política presidida por las alusiones a la maternidad, algo frecuente en las agrupaciones de mujeres de los años sesenta al margen de su ideología, hasta la irrupción del feminismo en la década posterior 44. En junio de 1962, mil mujeres participaron en una velada de «amistad y solidaridad» con las españolas, organizada por la UFF en París, con dirigentes como Yvonne Dumont. Al final del acto, se aprobó una carta dirigida a las «queridas hermanas de España», expresando «su apoyo en el combate que habéis emprendido por la defensa de la vida de vuestras familias, por vuestra dignidad de mujeres y de ciudadanas», conjugando un lenguaje maternalista con otro igualitario. Afirmaban que las luchas en España les recordaban el heroísmo español antifascista, para finalizar renovando «nuestra viva solidaridad y fraternal amistad» 45. Por esas fechas, la UFF organizó un acto con Marcos Ana, presidido por la diputada comunista Marie-Claude Vaillant Couturier, en que se decidió enviar una delegación para visitar a las familias de los presos 46. También las comunistas francesas expresaron su solidaridad con mujeres encarceladas de diversos países, entre ellos España, con motivo del Año Internacional de la Mujer en 1975: Cécile Hugel, miembro del Comité Central del PCF, afirmaba entonces que «no hay nada más precioso que la paz ni acción más generosa que la solidaridad internacional» 47.

En Italia, la UDI participó en la denuncia del franquismo, expresando su solidaridad con las españolas. Estos lazos se sustentaban en el recuerdo del antifascismo y en el común interés de españolas e italianas por el feminismo 48. En 1962, como parte de una amplia campaña de solidaridad antifranquista en que intervinieron partidos, sindicatos y organizaciones juveniles, la UDI dirigió un «caluroso mensaje de simpatía a las mujeres españolas» y se comprometió a recabar apoyos para la causa de la libertad de España 49. Su revista, Noi Donne, en el número que conmemoraba sus veinte años de existencia, publicó un texto de Maria Antonia Macciocchi sobre la lucha de las españolas contra la dictadura, lo que denota la importancia que la UDI concedía al caso español 50. Unos años después, en 1971, la UDI, en la que destacó Marisa Passigli, organizó una gira de tres expresas por Italia, en demanda de la amnistía, también para los delitos «femeninos». En Noi Donne, por ejemplo, se protestó por las acusaciones a dos mujeres implicadas en el juicio de Burgos, Jone Dorronsoro y María Aránzazu Arruti 51.

La propia UME en el exilio continuó condenando la represión franquista ante la opinión pública de los países donde estaba radicada, pero también ante las emigrantes españolas que salían de España a buscar trabajo, entre otras iniciativas por medio de la revista Antoinette 52. En 1963, editó un folleto dirigido «A las trabajadoras españolas en Francia» sobre la situación económica en España y la huelga de mineros en Asturias 53. En Reino Unido, la UME enviaba paquetes de ayuda a familiares de presos y fue muy activa con motivo de la visita de Marcos Ana al país tras salir de prisión, organizando encuentros y lecturas de poemas 54.

La creación del MDM (Movimiento Democrático de Mujeres) en 1965, en el interior, permitió una mayor coordinación entre las iniciativas en favor de la amnistía desplegadas en España por mujeres próximas al PCE, que fueron incorporando nuevas actividades y evolucionaron hacia el feminismo 55. De forma paulatina, el protagonismo que la UME había detentado con anterioridad fue decantándose en favor del MDM, que, no obstante, mantuvo estrechos contactos con el exterior. Así, en 1969, una delegación del MDM visitó la Organización Internacional del Trabajo y el Comité Internacional de la Cruz Roja para denunciar la represión 56. Con ocasión del Año Internacional de la Mujer, integrantes del MDM asistieron al VII Congreso de la FDIM (Berlín, 1975), informaron sobre la situación de España y agradecieron la solidaridad recibida, aunque resulta significativo que criticaran la falta de alusiones oficiales al caso español 57.

Por su parte, a mediados de los sesenta surgió el Secretariado Femenino del PSOE en Francia, que durante unos breves años mantuvo contactos con mujeres del interior y dedicó parte de su trabajo al apoyo a presas y presos; estaba relacionado con la Internacional Socialista y el International Council of Social Democratic Women 58.

En consonancia con el auge del feminismo de segunda ola, ya en los años setenta, numerosas feministas se sumaron a estas redes transnacionales antifranquistas. El interés del feminismo global por la situación de las mujeres bajo las dictaduras de España o Chile, entre otras, se relacionaba entonces con el concepto de «sororidad», en boga en esos momentos 59. En 1976 periodistas feministas de la televisión pública sueca, junto con Marina Torres, visitaron nuestro país para rodar un documental, y entrevistaron a represaliadas como Anita Sirgo, quien fue maltratada por la policía en 1963, y a Dulcinea Bellido, dirigente del MDM que habló sobre los presos, pero también a sindicalistas, activistas vecinales y abogadas laboralistas, ofreciendo una imagen dinámica y activa de las españolas 60. En Francia, organizaciones feministas francesas mostraron su apoyo a María Jesús Dasca y Concepción Tristán, militantes del FRAP condenadas a muerte en 1975 61. Sin embargo, el discurso del feminismo del momento no parece haber estado libre de contradicciones cuando centró la atención en las madres y esposas de los miembros de ETA y FRAP ejecutados en septiembre de 1975 62.

«Tenemos amigas en todos los países»: receptoras y promotoras de solidaridad

En el complejo universo de la solidaridad transnacional, era frecuente que aquellas que ejercían tareas humanitarias en algún momento recibieran ayuda, y viceversa. A continuación, se estudia este denso entramado a través de tres campañas destacadas, en que las mujeres alcanzaron protagonismo y que reflejan el recurso a diferentes lenguajes y representaciones. La principal se articuló en torno a la ejecución del dirigente comunista Julián Grimau en 1963, que contribuyó de forma decisiva a socavar la imagen de la dictadura franquista 63. Para entender su gran impacto, conviene detenerse en las redes solidarias transnacionales que la sustentaron, de las que formaron parte muchas mujeres, y en el protagonismo de su esposa Ángela Martínez (o Ángela Grimau).

Resulta imposible recoger las múltiples declaraciones de condena y acciones de protesta que llevaron a cabo no solo intelectuales, líderes políticas u organizaciones nacionales, sino también infinidad de mujeres anónimas y colectivos locales, por toda la Europa Occidental democrática. Mencionaremos solo algunas. En Francia, al tener noticia del arresto de Grimau y las torturas a las que fue sometido, se hizo un llamamiento a las autoridades españolas, Naciones Unidas, la UNESCO y al Comité Internacional de la Cruz Roja, exigiendo que el Gobierno franquista respetara la Declaración de Derechos Humanos; lo firmaron, entre otras, Colette Audry, Suzanne Colette-Kahn, Eugénie Cotton y Suzanne Lacore (antigua ministra socialista) 64. Incluso en poblaciones pequeñas como Mont-de-Marsan, la UJFF (Union des Jeunes Filles de France o juventudes comunistas francesas) escribió, junto con su homóloga masculina, al embajador español en París solicitando el fin de las torturas en España y la liberación inmediata de Julián Grimau 65.

Su condena a muerte dio lugar a movilizaciones multitudinarias y diarias en muchas localidades europeas, y al envío de miles de peticiones de indulto, entre otros de la reina madre Elisabeth de Bélgica, además de Nikita Kruschev, Harold Wilson o el cardenal Montini, futuro Pablo VI 66. Por su parte, Ángela Martínez participó en actos organizados por el Secours Populaire Français por todo el territorio galo y remitió telegramas o intentó contactar por teléfono con personalidades importantes para que presionaran a las autoridades españolas 67. En colaboración con ella, Teresa Azcárate llamó a mandatarios de diversos países debido a su dominio del inglés 68.

La ejecución de Grimau en abril de 1963 provocó una oleada de protestas en todo el mundo, con manifestaciones masivas y concentraciones ante las embajadas españolas. A través de Radio España Independiente, la Pirenaica, que había lanzado incesantes mensajes para movilizar a la opinión pública española e internacional, Dolores Ibárruri pronunció apasionados discursos, llamando a continuar la lucha antifranquista 69. Vicenza Novello, viuda de un dirigente campesino italiano asesinado por la policía, escribió a Ángela Martínez con gran emotividad:

«Quiero decirte que no estás sola, que en todas partes del mundo hay mujeres y trabajadores que se solidarizan contigo, que luchan por el mismo ideal, que piensan en ti, que te quieren con toda el alma y todo el corazón, y yo quisiera que sintieras ese afecto y supieras que, desde lejos, nuestros pensamientos van a ti» 70.

Además, le llegaron mensajes de apoyo de Eugénie Cotton, la actriz Simone Signoret y muchas cartas de mujeres anónimas, manifestando su pesar e indignación. Como botón de muestra, desde Inglaterra, Ellen Waldock, que afirmaba no ser comunista, le expresó su cariño y horror ante el crimen 71.

Poco después, en mayo, tuvo lugar una conferencia extraordinaria de Europa Occidental en solidaridad con España, en París, que reunió a más de quinientos representantes de diferentes organizaciones e ideologías, para condenar la ejecución de Grimau y denunciar la violación de derechos humanos en suelo español. Participaron de forma notoria Suzanne Colette-Kahn y Eugénie Cotton; asistieron la escritora portuguesa Maria Lamas, y las francesas Yvonne Amoreux (Secours Populaire Français), Suzanne Bachelet (Amicale de Ravensbruck), Marguerite Bloch (UFF), Betty ­Brunschvicg (Liga de Derechos del Hombre), Carmen Caron (Union des Vaillants et Vaillantes), Michelle Girard (UJFF), Colette Grandieres (Pax Christi), Odile Paulay (Equipes Jeunes du MRP), Isabelle Pontheil (WILPF), abogadas, periodistas, escritoras, profesoras y artistas 72.

A lo largo de esta campaña, Ángela Martínez se convirtió en icono de las víctimas de la represión, una imagen de dolor, pero también de denuncia política. A pesar del dramatismo de su experiencia, como en otros casos de familiares de represaliados, ofreció un modelo de mujer fuerte y valiente, antifranquista al tiempo que actuaba como esposa o apelaba a argumentos maternalistas para condenar la dictadura. Tras el fusilamiento de su marido, dio una conferencia de prensa ante más de doscientos periodistas y personalidades, donde lanzó un llamamiento que se convertiría en lema de la solidaridad antifranquista: «Que la sangre vertida por Julián Grimau sea la última». Con dolor contenido, a veces entre sollozos, expresó su gratitud a quienes habían intentado evitar la ejecución: «Esta solidaridad humana que me ha rodeado me ha dado la fuerza en esta prueba, la más terrible que una madre, que una esposa, pueda sufrir». Y añadió: «Quiero declarar solemnemente que el asesinato de mi marido es un acto político de venganza y de odio del general Franco» 73. En el diario comunista L’Humanité fue descrita como una mujer valerosa: «¡Ángela Grimau, imagen de la España republicana, crucificada, pero en pie!» 74.

En una entrevista en televisión, comentó sus iniciativas para evitar la ejecución y afirmó que había recibido cartas de todos los rincones del mundo y de personas de distintas ideologías; recordó que miles de españolas y sus hijos seguían sufriendo, y mostró su deseo de que llegara la paz a España 75. Causó una honda impresión en la opinión pública francesa; según Le Monde, su presencia ante las cámaras reveló «la dignidad emocionante de esta mujer, parecida a las recias campesinas que encontramos al azar de un paseo en tantos pueblos españoles. Los cabellos, severamente peinados hacia atrás; el rostro, afilado», una descripción no exenta de estereotipos 76. Tres adolescentes españolas residentes en Francia, impactadas por su dolor y entereza, que «nos conmocionó en lo más hondo de nuestros corazones», decidieron ingresar en las Juventudes Comunistas 77. Martínez también intervino en la conferencia mencionada, con «visible emoción», «dignidad» y «coraje ejemplar». Su discurso fue reproducido en numerosos medios, en especial sus palabras de apoyo a los condenados a muerte en España; finalizó expresando «mi más sincera gratitud por las numerosas pruebas de calor humano que recojo estos días, y que tanto me ayudan a soportar mi dolor» 78.

A partir de entonces, emprendió una amplia labor de denuncia de la dictadura. Viajó por toda Europa, «en una gira de dolor y gratitud por los apoyos recibidos y para incentivar la solidaridad con España» 79. En Italia, fue recibida por autoridades, antiguos resistentes e intelectuales en Milán, Florencia y Roma 80, y participó en una multitudinaria manifestación antifranquista en Bolonia: en ella, afirmó que había asumido el compromiso de ayudar al pueblo español a liberarse de la dictadura: «No quiero que veáis en mí solo a la viuda, quiero que veáis en mí el sufrimiento de las mujeres españolas, que quieren también lo que yo quiero, pero no pueden decir: que Franco desaparezca, que España pueda vivir sin lutos, torturas, asesinos» 81. Además, formaba parte de la presidencia del Comité Français pour l’Espagne, junto con Jeannette Vermeersch (PCF), y era tesorera del CISE 82. Su participación en actos de repulsa de la dictadura fue recurrente hasta el final del franquismo.

Una segunda campaña que alcanzó impacto internacional provino de la movilización impulsada en 1968 por un grupo de mujeres con motivo de la detención y tortura de sus maridos en Valencia. Cabe señalar a este respecto que las presas y familiares de presos se insertaron en las redes transnacionales de solidaridad antifranquista y mostraron una agencia propia: enviaban cartas a organismos como Naciones Unidas, la FDIM, Amnistía Internacional o la Liga de Derechos del Hombre, escribían a la prensa extranjera y distribuían las ayudas llegadas a España. Cuando podían salir del país, participaban en actos públicos relatando sus experiencias, se entrevistaban con autoridades y periodistas, y recibían el apoyo de organismos políticos y humanitarios. Como ha señalado Abad Buil, muchas «mujeres de presos» partieron de su preocupación personal para acabar incorporándose a la lucha colectiva por la amnistía, desarrollando una creciente implicación política, proceso en que la influencia de la UME fue fundamental, por sus orientaciones y apoyo tanto material como emocional; como confesaba una remitente desde Barcelona a la UME, «pensando que todas las mujeres del mundo sí pueden pensar en nosotras, me animo y quiero estar entre vosotras» 83.

En la campaña por los detenidos de Valencia en 1968, destacó Rosalía Sender, quien se había exiliado de niña y educado en Francia. En la movilización fueron esenciales su dominio del francés y sus contactos con la dirección del PCE, la prensa extranjera o Amnistía Internacional; estaba en estrecha comunicación con el CISE, entre otros motivos porque Marcos Ana era su cuñado y porque conocía personalmente a Ángela Martínez, un caso claro en que las redes humanitarias se reforzaban con vínculos personales 84. Entre otros, los ayudaron Trudy van Reemst-de Vries, el dominico belga y Premio Nobel de la Paz Georges Pire y un grupo de sindicalistas daneses, a quienes agradecieron su apoyo: «Además de ser, para nuestros hogares, un sostén económico, es el calor, la amistad y el apoyo moral que nos llega de esta forma, y nos hace sentirnos menos solas» 85. Según Sender, incluso a las menos politizadas «las animaba recibir ayudas solidarias y cartas de apoyo del extranjero, [...] era un sentimiento nuevo para la mayoría de ellas que las hacía más fuertes, más dispuestas a lo que fuera» 86. Para ella y para otras «mujeres de preso» fue una experiencia central en sus trayectorias personales, políticas y feministas, pues muchas se integraron en un MDM que fue transitando hacia el feminismo 87. En su caso,

«era embriagador recibir tanto calor internacional. Para mí era lógico, me recordaba los tiempos de París cuando yo a mi vez, junto con miles de otros hombres y mujeres, protestábamos [...] [en] manifestaciones multitudinarias que arrancaban desde la plaza de la República y llegaban a la Bastilla, toda la izquierda unida en la calle, centenares de miles, eran impresionantes. Esa solidaridad era vivir, esta vez al lado de los necesitados, el internacionalismo proletario» 88.

Este panorama se completa con la amplia solidaridad activada en torno a las intelectuales feministas Eva Forest y Lidia Falcón a raíz de su detención en 1974, junto con otras personas, tras el atentado de ETA en la calle del Correo de Madrid, y de las torturas y condena a muerte de Forest, que permaneció en la cárcel hasta la amnistía de 1977 89. Además de asociaciones feministas europeas y de Estados Unidos, protestaron formaciones de extrema izquierda, grupos cristianos, Amnistía Internacional y el CISE. Se crearon comités «de apoyo a Eva Forest y los presos políticos españoles», que convocaron movilizaciones y denunciaron las penas de muerte de Forest, Garmendia, Oategui y otros 90.

La relación e incluso amistad tanto de Forest como de Falcón con feministas de otros países, como Antoinette Fouque o Gisèle Halimi, explican en parte el impacto de esta campaña 91. Fouque visitó a ambas en la cárcel, mientras Halimi, como ya se ha apuntado más arriba, se entrevistó con Forest en la prisión, como representante de Amnistía Internacional y la Liga de Derechos del Hombre 92. Simone de Beauvoir, Susan Sontag o Kate Millet, entre otras, firmaron escritos de protesta en Le Monde 93. Además, la revista Le Quotidien des Femmes les dedicó mucha atención, recogiendo sus declaraciones y escritos: «Mujeres en lucha contra el franquismo, tenemos amigas en todos los países» era un lema recurrente en la publicación. También se celebró en octubre de 1975 un encuentro de más de mil mujeres en Hendaya, en solidaridad con Forest y las presas españolas, y en contra de todo tipo de violencia contra las mujeres 94. Según Irène Gimenez, las redes transnacionales feministas centraron su atención sobre todo en estas dos intelectuales, frente a otras presas con menos contactos y formación 95.

Como en casos anteriores, la intervención de las propias represaliadas en las campañas de solidaridad fue fundamental. En primer lugar, escribieron libros de denuncia sobre la cárcel y las condiciones de vida de las mujeres en España, editados en diferentes naciones e idiomas: Diario y cartas desde prisión, de Forest, y Cartas a una idiota española, de Falcón. La periodista danesa Benedicte Wern leyó fragmentos del primero en un programa televisivo en su país, «como ejemplos destacados de cómo en España las mujeres luchan y sufran [sic 96. Una cita del mismo libro encabezó una octavilla suscrita por el grupo feminista Psychanalyse et Politique: «Y lo repito con insistencia. La solidaridad es una gran cosa que da fuerza»; en la octavilla, una breve semblanza de Forest destacaba su compromiso previo en comités de solidaridad con Vietnam, Palestina, América Latina o Euskadi 97. En segundo lugar, escribieron mensajes desde la prisión y concedieron entrevistas al salir, como fue el caso de Forest: «a todos los buenos amigos [...] de los cinco continentes, a todos, [os digo que] estamos unidos por esta fuerza común: soñar juntos un mundo mejor donde el ser humano será un ser humano» 98. Ya en libertad, Falcón acudió al Tribunal Internacional de Crímenes contra las Mujeres, reunido en marzo de 1976 en Bruselas, donde se manifestó contra la represión política y la violencia patriarcal, además de relatar su experiencia en la cárcel 99.

Conclusiones

Las campañas de solidaridad internacional formaron parte de la guerra cultural entre los bloques occidental y soviético, por la insistencia de las organizaciones comunistas o con impronta comunista en el respaldo de Estados Unidos a la dictadura franquista, si bien no faltaron asociaciones e iniciativas neutrales que centraron su interés en exclusiva en los derechos humanos. En cualquier caso, todas contribuyeron a la deslegitimación y el descrédito del franquismo. La participación de las mujeres en estas movilizaciones transnacionales puede ayudar a ampliar los márgenes de nuestro conocimiento del antifranquismo. Más allá del carácter partidista e incluso a veces ritual de las condenas por las violaciones de derechos humanos, la implicación en estas actividades impactó sobre las trayectorias vitales de muchas españolas y europeas. Este compromiso transnacional se convirtió en un espacio abierto a la actuación de las mujeres, a pesar de las jerarquías existentes en espacios mixtos y de las contradicciones en las organizaciones de mujeres, e hizo posible que algunas adquirieran visibilidad. A diferencia de lo sucedido en la primera mitad del siglo xx, en las actividades solidarias destacaron no solo mujeres de clase media educadas, sino también otras de extracción popular, que experimentaron un proceso de aprendizaje y reafirmación personal.

Este texto ha focalizado la atención sobre las españolas para contribuir a descentrar y complejizar el estudio de las relaciones transnacionales, en este caso en las redes de solidaridad. La acción solidaria de personas y colectivos de diversos países constituyó un respaldo fundamental para muchas españolas, presas o familiares de presos, que no fueron receptoras pasivas de ayuda, sino agentes activas de estos entramados solidarios. Pero, además, las españolas desarrollaron una notable actividad como promotoras de acciones humanitarias: exiliadas y emigrantes en suelo europeo impulsaron o se implicaron en campañas contra la dictadura franquista, en defensa de la democracia y de quienes estaban en las cárceles o con condenas a muerte. En estas tareas coincidieron con mujeres de diferentes nacionalidades, con quienes compartían convicciones ideológicas, motivaciones altruistas o lazos de amistad. Asimismo, se trazaron con frecuencia caminos de ida y vuelta, pues agentes y receptoras de solidaridad podían pasar a percibir o ejercer la misma.

En esta movilización política y humanitaria, recurrieron a discursos maternalistas y a la figura de la víctima, como hacían también las organizaciones mixtas, aunque las mujeres y sus asociaciones ofrecen algunas particularidades, ya que también se preocuparon por la defensa de los derechos de las mujeres, dotaban de agencia a las perseguidas políticas e insistían en la amistad entre mujeres de muy diversos puntos del planeta, ofreciendo una lectura específica del concepto de «sororidad» que habían acuñado las feministas europeas y norteamericanas del momento. Estos flujos e intercambios desde y hacia España crearon una comunidad transnacional donde las mujeres alcanzaron protagonismo y en cuyo seno circulaban personas, ideas y emociones, comunidad que se sustentó en una identidad colectiva comprometida, a pesar de sus paradojas, con la justicia y la defensa de los derechos humanos.


  1. * El presente trabajo ha sido elaborado en el marco del proyecto de investiga­ción «Género, compromiso y transgresión en espacios transnacionales e intergeneracionales. Siglo xx» (PID2020-118574GB-100/AEI/10.13039/501100011033), financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, Agencia Estatal de Investigación, y por una ayuda para la realización de acciones de investigación breves en otros países 2023 (ACIE23-15) del Vicerrectorado de Investigación de la Universidad de Alicante.

  2. 1 Clare Midgley, Alison Twells y Julie Carlier: «Introduction», en Clare Midgley, Alison Twells y Julie Carlier (eds.): Women in Transnational History. Connecting the Local and the Global, Londres, Routledge, 2016, pp. 1-10, y Marie-­Pierre Arrizabalaga, Diana Burgos-Vigna y Mercedes Yusta: «Introduction. Eléments de méthodologie générale pour une approche transnationale du genre», en Marie-Pierre Arrizabalaga, Diana Burgos-Vigna y Mercedes Yusta (dirs.): Femmes sans frontiers. Stratégies transnationales féminines face à la mondialisation, xviiie-xxie siècles, Berna, Peter Lang, 2011, pp. 1-27.

  3. 2 Laura Branciforte: «Legitimando la solidaridad femenina internacional: el Socorro Rojo», Arenal, 16(1) (2009), pp. 27-52.

  4. 3 Sabine Dullin y Brigitte Studer: «Communisme+transnational. L’équation retrouvée de l’internationalisme au premier xxe siècle», Monde(s), 10(2) (2016), pp. 9-32.

  5. 4 Se remite a Giulia Cioci: «Le associazioni femminili transnazionali: percorsi d’indagine nella Global Gender History», Storia e Problemi Contemporanei, 78 (2018), pp. 105-125, y Ann Taylor Allen, Anne Cova y June Purvis: «International Feminisms», Women’s History Review, 19(4) (2010), pp. 493-501.

  6. 5 Noemí de Haro García: «“Escribimos libertad con mano encadenada”. Notas sobre una pintura realizada por Agustín Ibarrola en la cárcel de Burgos», Archivo Español De Arte, 92(365) (2019), pp. 83-92.

  7. 6 Natacha Lillo: «El PCE en Francia: relaciones con el PCF y evolución, 1945-1975», en Manuel Bueno, José Ramón Hinojosa y Carmen García (coords.): Historia del PCE. I Congreso, 1920-1977, Madrid, FIM, 2007, pp. 83-100.

  8. 7 Pilar Ortuño Anaya: Los socialistas europeos y la transición española, Madrid, Marcial Pons Historia, 2005.

  9. 8 Emanuele Treglia: «Por la libertad de España. La solidaridad italiana con el antifranquismo (1962-1977)», en Javier Muñoz Soro y Emanuele Treglia (coords.): Patria, pan... amore e fantasia. La España franquista y sus relaciones con Italia (1945-1975), Granada, Comares, 2017, pp. 163-191.

  10. 9 A diferencia del prosoviético Consejo Mundial de la Paz o del Congress for the Cultural Freedom, financiado por la CIA. Véase Olga Glondys: «Cold War Controversies in the Pro-amnesty Campaigns of the Spanish Political Prisoners (1961) and the Erosion of Spanish Exiles’ Leadership in the Anti-Francoist Policies», Journal of Iberian and Latin American Studies, 27(1) (2021), pp. 63-77.

  11. 10 Wolfgang Schmale y Christopher Treiblmayr (eds.): Human Rights Leagues in Europe (1898-2016), Stuttgart, Franz Steiner Verlag, 2017.

  12. 11 Tom Buchanan: Amnesty International and Human Rights Activism in Postwar Britain, 1945-1977, Cambridge, Cambridge University Press, 2020.

  13. 12 Francisca de Haan: «The Women’s International Democratic Federation (WIDF): History, Main Agenda, and Contributions, 1945-1991», en Thomas Dublin y Kathryn Kish Sklar (eds): Women and Social Movements (WASI), Alexander Street-Clarivate, 2012, pp. 1-25. Recuperado de internet (http://alexanderstreet.­com/products/women-and-social-movements-international, consultado el 2 de septiembre de 2023).

  14. 13 Francisca de Haan: «Continuing Cold War Paradigms in Western Historiography of Transnational Women’s Organisations: The Case of the Women’s International Democratic Federation (WIDF)», Women’s History Review, 19(4) (2010), pp. 547-573.

  15. 14 Marta del Moral: «“Intercrossings” between Spanish Women’s Groups and their German, British and Portuguese Counterparts (1914-1932)», International Journal of Iberian Studies, 34 (2021), pp. 233-251; Sandra Blasco Lisa y Carmen Magallón Portolés: Feministas por la paz. La Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad (WILPF) en América Latina y España, Barcelona, Icaria, 2020, y Sandra Blasco Lisa: «The International Council of Women in Spain During the First Third of the Twentieth Century: Reception, Influence and Exchanges», Women’s History Review, 32(2) (2023), pp. 228-241.

  16. 15 Mercedes Yusta: «La construcción de una cultura política femenina desde el antifascismo (1934-1950)», en Ana Aguado y Teresa María Ortega (eds.): Feminismos y antifeminismos. Culturas políticas e identidades de género en la España del siglo xx, Valencia, PUV, 2011, pp. 253-281; Sandra Blasco Lisa: «El Comité Mundial de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo y sus relaciones con España», Historia y Política, 51 (2024), pp. 277-303, y Laura Branciforte: El Socorro Rojo Internacional (1923-1939). Relatos de la solidaridad antifascista, Madrid, Biblioteca Nueva, 2011.

  17. 16 Mercedes Yusta Rodrigo: «Femmes d’acier. Les communistes espagnoles et la Federation Democratique Internationale des Femmes (1945-1950)», Hispania Nova, 18 (2020), pp. 599-628, y Pilar Domínguez Prats: «La actividad política de las mujeres republicanas en México (1940-1960)», Arbor, 735 (2009), pp. 75-85.

  18. 17 Aunque no podemos detenernos en ello, las españolas antifranquistas en la clandestinidad o en el exilio protestaron asimismo contra la guerra de Vietnam, el juicio a Angela Davis o el golpe de Estado en Chile. Véase, por ejemplo, La Mujer y la Lucha, 20 (1 de mayo de 1970) y 22 (abril de 1971).

  19. 18 La Contemporaine, Espagne. Oppositeurs au franquisme (sig. F/DELTA/30/C), Dossier Conference d’Europe Occidentale pour l’Espagne, 1963-1968, y diversa documentación en CArCob, Sécretariat aux Relations Internationales (PCB).

  20. 19 Marcos Ana: Decidme cómo es un árbol. Memoria de la prisión y de la vida, Barcelona, Tabla Rasa, 2010, p. 214.

  21. 20 Comité National de Défense des Victimes du Franquisme (CNDVF), 2 (marzo-abril de 1962).

  22. 21 Le Travailleur, 2 de abril de 1965; Le Monde, 26 de marzo de 1965, y Manifiesto de la IV Conférence d’Europe Occidentale pour la Liberté en Espagne (1968), La Contemporaine, Espagne. Opposition à l’étranger (sig. 4/DELTA/RES/0174). Las traducciones de fuentes primarias proceden de la autora.

  23. 22 Daily Worker, 18 de mayo de 1962.

  24. 23 L’Humanité, 17 y 21 de diciembre de 1970.

  25. 24 CNDVF, 10 (1962).

  26. 25 Pilar Ortuño Anaya: Los socialistas europeos..., p. 131.

  27. 26 Le Monde, 7 de julio de 1964.

  28. 27 Natacha Lillo: «El PCE en Francia...», p. 96.

  29. 28 CNDVF, 3 (1960).

  30. 29 Informe de 17 de junio de 1964, Archives Nationales. Pierrefitte-sur-Seine (PS), Caja Parti Communiste espagnol (sig. 19960325/9), carp. Espagne. Parti Communiste 1964.

  31. 30 CNDVF, 15 (enero-marzo de 1964).

  32. 31 Marcos Ana: Decidme cómo es un árbol..., p. 348.

  33. 32 Diversas octavillas y folletos en La Contemporaine, Espagne. Opposition et répression (sig. F/DELTA/0106), Dossiers 21-40 y 61-80, y en CArCob, Fonds Isabelle Blume, Espagne 1963-1973 y Espagne, non datés.

  34. 33 Emanuele Treglia: «Por la libertad de España...», pp. 183-184.

  35. 34 Por ejemplo, L’Unità, 18 de julio de 1972, y 6, 12 y 16 de diciembre de 1974.

  36. 35 Octavilla (22 de enero de 1967), La Contemporaine, Espagne. Oppositeurs au franquisme (sig. F/DELTA/30(8)), Dossier Divers, 1964-1972.

  37. 36 Folleto (1973), La Contemporaine, Espagne. Opposition et répression (sig. F/DELTA/0106), Dossier 21-40.

  38. 37 Noemí de Haro García: «Voces de seda. Las pinturas clandestinas de Agustín Ibarrola (1962-1965)», Archivo Español de Arte, 89(355) (2016), pp. 299-316.

  39. 38 CNDVF, 3 (1960).

  40. 39 Informe de Reis Bertrán (1960), Archivo Histórico del PCE (AHPCE), Organizaciones de Mujeres, caja 115, carp. 1-4.

  41. 40 Femmes du Monde Entier (Berlín), 1 (1965).

  42. 41 Celia Donert: «Femmes, communisme et internationalisme. La Fédération Démocratique Internationale des Femmes en Europe centrale (1945-1979)», Vingtième Siècle, 126 (2015), pp. 119-131, esp. p. 123.

  43. 42 Congreso Mundial de Mujeres. Moscú, junio 1963, Berlín, FDIM, 1963, pp. 17 y 85.

  44. 43 Nouvelles de Moscou, 28 de junio de 1969.

  45. 44 Dominique Loiseau: «L’Union des Femmes Françaises pendant les Trente Glorieuses: entre “maternalisme”, droit des femmes et communisme», Le Mouvement Social, 265 (2018), pp. 37-53.

  46. 45 CNFVF, 3 (junio-julio de 1962).

  47. 46 Marcos Ana: Decidme cómo es un árbol..., p. 218.

  48. 47 Femmes Aujourd’hui Demain, 14 (1.er trimestre de 1975).

  49. 48 Laura Branciforte: «L’Unione Donne Italiane nel processo di democratizzazione e di liberazione femminile sul finire del regime franchista», Spagna Contemporánea, 55 (2019), pp. 153-173.

  50. 49 L’Unità, 19 de mayo de 1962.

  51. 50 L’Unità, 5 de marzo de 1964.

  52. 51 Laura Branciforte: «L’Unione Donne Italiane...», pp. 160-161.

  53. 52 Rocío Negrete Peña: «Poniendo rostro a Antoinette. Género, sindicalismo y antifranquismo en Francia (1963-1965)», Pasado y Memoria, 29 (2024), pp. 305-328.

  54. 53 Informe de 4 de octubre de 1963, Archives Nationales-PS, Caja Parti Communiste espagnol (sig. 19960325/9), carp. PCE 1963 Notes.

  55. 54 Bill Alexander: No to Franco. The Struggle Never Stopped, 1939-1975, Londres, B. Alexander, 1992, p. 63. Además surgieron numerosas Asociaciones de Mujeres Democráticas en países con una importante colectividad emigrante, como Alemania, Suiza o Bélgica. Véase, por ejemplo, Información Española, 42 (1.ª quincena de junio de 1970), 46 (1.ª quincena de octubre de 1970) o 54 (1.ª quincena de marzo de 1971).

  56. 55 Francisco Arriero Ranz: El Movimiento Democrático de Mujeres. De la lucha contra Franco al feminismo, Madrid, Los Libros de la Catarata, 2016, pp. 79-89.

  57. 56 La Mujer y la Lucha, 15 (julio de 1969).

  58. 57 La Mujer y la Lucha, 26 [1975].

  59. 58 Elena Díaz Silva: «Exiliadas y emigrantes: la labor del Secretariado Femenino del PSOE en el exilio (1964-1970)», Migraciones y Exilios, 16 (2016), pp. 129-146.

  60. 59 Elena Díaz Silva: El Año Internacional de la Mujer en España y Francia, 1975. Feminismo y movimiento de mujeres desde una perspectiva comparada, tesis doctoral, Universidad Autónoma de Madrid, 2013, p. 410.

  61. 60 Margareta Hjelm: Mujeres en lucha, Suecia, STV, 1976.

  62. 61 Le Quotidien des Femmes, 22 de septiembre de 1975, y Mónica Moreno Seco: «Mujeres en el FRAP. Género, militancia y violencia en España durante los años setenta», Historia del Presente, 33 (2019), pp. 11-24.

  63. 62 Como se aprecia en el documental de Carole Roussopoulos y Iona Wieder: Mères espagnoles, Francia-Suiza, 1975, y en Le Quotidien des Femmes, 2 de octubre de 1975.

  64. 63 Javier Muñoz Soro: «El “caso Grimau”: propaganda y contrapropaganda del régimen franquista en Italia (1962-1964)», Ayer, 91 (2013), pp. 169-193.

  65. 64 CNDVF, 11 (1962).

  66. 65 Informe de 15 de enero de 1963, Archives Nationales-PS, Caja Parti Communiste espagnol (sig. 19960325/9), carp. PCE 1963 Notes.

  67. 66 L’Humanité, 20 de abril de 1963, y CNDVF, 12 (1963).

  68. 67 L’Unità, 21 de abril de 1963, y Natacha Lillo: «El asociacionismo español y los exiliados republicanos en Francia: entre el activismo y la respuesta del Estado franquista (1945-1975)», Historia Social, 20 (2011), pp. 175-191, esp. p. 190.

  69. 68 Pedro Carvajal: Julián Grimau. El último muerto de la Guerra Civil, Madrid, Aguilar, 2003, pp. 191-193 y 203.

  70. 69 Luis Zaragoza Fernández: «Radio Pirenaica: “única emisora española sin censura de Franco”», en Francisco Erice (dir.): Un siglo de comunismo en España, vol. II, Madrid, Akal, 2022, pp. 593-617.

  71. 70 Citado por Pedro Carvajal: Julián Grimau..., p. 229.

  72. 71 L’Humanité, 26 de abril de 1963; L’Unità, 26 de abril de 1963, y Armand Balsebre y Rosario Fontova: Las cartas de La Pirenaica. Memoria del antifranquismo, Madrid, Cátedra, 2014, p. 236.

  73. 72 L’Humanité, 5 y 6 de mayo de 1963; CNDVF, 13 (s. d. [1963]), y Mundo Obrero, 1 de mayo de 1963.

  74. 73 Sus palabras, grabadas por Radio París, en Devuélveme la voz, Universidad de Alicante. Recuperado de internet (https://web.ua.es/devuelveme-voz/­visor.php?fichero=5776.mp3&idioma=es, consultado el 25 de julio de 2023), y L’Humanité, 25 de abril de 1963.

  75. 74 L’Humanité, 25 de abril de 1963.

  76. 75 L’Humanité, 4 de mayo de 1963, y L’Unità, 5 de mayo de 1963.

  77. 76 Cit. por Pedro Carvajal: Julián Grimau..., p. 227.

  78. 77 Armand Balsebre y Rosario Fontova: Las cartas de La Pirenaica..., p. 270.

  79. 78 CNDVF, 12 (1963).

  80. 79 Marcos Ana: Decidme cómo es un árbol..., p. 276.

  81. 80 Mundo Obrero, 1 de junio de 1964.

  82. 81 L’Unità, 20 de abril de 1964.

  83. 82 CNDVF, 16 (abril-mayo-junio de 1964).

  84. 83 Irene Abad Buil: En las puertas de prisión. De la solidaridad a la concienciación política de las mujeres de los presos del franquismo, Barcelona, Icaria, 2012, pp. 114-121. Cita de la carta en p. 120.

  85. 84 Rosalía Sender Begué: Nos quitaron la miel. Memorias de una luchadora antifranquista, Valencia, PUV, 2004, pp. 108-109 y 116. Véase una crónica de las protestas en Información Española (Bruselas), 13 (2.ª quincena de diciembre de 1968), y una carta de protesta de 1968 en CArCob, Fonds Isabelle Blume, Correspondance Conseil Mondial de la Paix par pays, 1965-1969.

  86. 85 Carta de Dominique Pierre (16 de enero de 1969) y carta a sindicalistas daneses (9 de mayo de 1969), AHPCE, Rosalía Sender, caja 9, carp. 9.1.

  87. 86 Rosalía Sender Begué: Nos quitaron la miel..., p. 109.

  88. 87 Una situación similar vivieron quienes participaron en la campaña contra la detención y juicio a dirigentes de CCOO, como han estudiado José Antonio Pérez y Mayka Muñoz Ruiz: Proceso 1001. El franquismo contra Comisiones Obreras, Madrid, Los Libros de la Catarata, 2022.

  89. 88 Rosalía Sender Begué: Nos quitaron la miel..., p. 117.

  90. 89 Mónica Moreno Seco: «Eva Forest, trasgresora y peligrosa por antifranquista, feminista y abertzale», en María Jesús Fuente Pérez y Rosario Ruiz Franco (eds.): Mujeres peligrosas, Madrid, Dykinson, 2019, pp. 279-302.

  91. 90 Folletos en La Contemporaine, Espagne. Mouvements d’opposition au gouvernement espagnol en France. Documents divers (sig. F/DELTA/1114), Dossier Collectif et Comités de Soutien à Eva Forest et à tous les prisonniers politiques en Espagne.

  92. 91 Claudia Jareño Gila: La Revue Vindicación Feminista (1976-1979) et le féminisme radical espagnol dans un contexte transnational: actrices, échanges et influences, tesis doctoral, París VIII, 2019, pp. 425-454.

  93. 92 Interviu, 7 de abril de 1977.

  94. 93 Claudia Jareño Gila: La Revue Vindicación Feminista..., pp. 426-427.

  95. 94 Le Quotidien des Femmes, 10 de octubre de 1975.

  96. 95 Irène Gimenez: «Les prisonnières politiques ne sont-elles pas des femmes? Construire des solidarités féministes transnationales avec les prisonnières en sortie de dictature (État espagnol, années 1970-80)», en Natacha Chetcuti-Osorovitz y Sandrine Sanos (dirs.): Le genre carcéral. Pouvoir disciplinaire, agentivité et expériences de la prison du xixe au xxie siècle, La Plaine-Saint-Denis, Editions de l’EMSHA, 2022, pp. 65-83.

  97. 96 Carta de Benedicte Wern (28 de junio de 1976), AHPCE, Rosalía Sender, caja 9, carp. 9.1.

  98. 97 Octavilla (s. d.), La Contemporaine, Espagne. Politique intérieure, 1975-1978 (sig. F/DELTA/0234).

  99. 98 Le Quotidien des Femmes, 2 de octubre de 1975.

  100. 99 Claudia Jareño Gila: La Revue Vindicación Feminista..., pp. 144-155.