Ayer 140 (4) 2025: 233-261
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2025
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/2407
© Jorge Ramón Ros
Recibido: 21-05-2024 | Aceptado: 13-11-2024 | Publicado on-line: 09-04-2025
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License
Conflictividad social y especulación territorial en l’Horta de València durante el desarrollismo y postfranquismo: Mercavalencia (1967-1981)*
Jorge Ramón Ros
Universitat de Valencia
Jorge.Ramon@uv.es
Resumen: Este artículo explora las lógicas institucionales y los conflictos socioambientales derivados de la implantación de grandes infraestructuras industriales y logísticas en zonas periurbanas entre el desarrollismo y el postfranquismo. Para ello, aborda las luchas vecinales y agrícolas contra la construcción en Sant Antoni (Horta de València) de Mercavalencia, macrocomplejo alimentario previsto en las políticas agrarias y urbanísticas municipales y estatales de este período. La movilización de sus habitantes en defensa de su hábitat y trabajo se enfrentó a un proceso institucional de especulación territorial y expropiación violenta que los sacrificó en el nombre del «interés público».
Palabras clave: conflicto, expropiación, desarrollismo, Horta de València, zona de sacrificio.
Abstract: This article explores the institutional logic and socio-environmental conflicts stemming from the implementation of large industrial and logistic infrastructures in peri-urban areas between developmentalism, «desarrollismo», and post-Francoism periods. To this end, it addresses neighbourhood and agricultural struggles against the construction at Sant Antoni (Horta de València) of Mercavalencia, a food complex planned in the city’s and state’s agricultural and urbanistic policies of this period. The mobilisation of its inhabitants in defence of their habitat and work faced an institutional process of territorial speculation and violent expropriation, sacrificing their lifestyle in the name of «public interest».
Keywords: conflict, expropriation, developmentalism, Horta de València, sacrifice zone.
«Tú eres España, tuyo es su progreso». Así titulaba el Ministerio de Propaganda y Turismo en 1966 uno de los carteles elaborados para llamar a la población al voto favorable a la Ley Orgánica del Estado, una de las leyes fundamentales del régimen franquista (figura 1). En pleno cénit de la euforia de la planificación desarrollista, «España» y «progreso» eran nociones materializadas, de acuerdo con el póster de promoción, en grandes programas de viviendas, fábricas y obras hidráulicas, así como en la mecanización e industrialización agrícola 1. Tales proyectos (o fantasías en torno a ellos) han sido, hasta fechas relativamente recientes, uno de los «imaginarios sociales» de las políticas franquistas con mayor resonancia política y mediática en el Estado español 2.
Sin embargo, el hormigón de estas infraestructuras y la mística unificadora del progreso que el cartel pretendía transmitir ensombrecían las numerosas desigualdades sociales y geográficas que generó su implantación territorial, al basarse en la expulsión de sus habitantes y el desdén hacia sus visiones sobre los proyectos. Alteraciones que, a su vez, solían inscribirse en un proceso más amplio de reproducción de desequilibrios territoriales mediante la transformación del espacio en el que se concebían 3. Una parte de la histo-
Figura 1
Cartel editado por el Ministerio de Información y Turismo para promover el voto afirmativo en el referéndum nacional convocado por el jefe del Estado, Francisco Franco, sobre la Ley Orgánica del Estado, 1966

Fuente: Agencia EFE.
riografía ambiental española ha estudiado estos procesos como formas de «colonialidad ambiental», centrándose en la explotación energética e hidráulica de las regiones rurales interiores de la península 4. Ahora bien, faltan mayores indagaciones sobre cómo fueron aplicadas (y contestadas) estas lógicas de «desarrollo desigual» entre centro/periferia en entornos periurbanos cuyos habitantes, actividades socioeconómicas e identidades no respondían a una distinción nítida entre el campo y la ciudad.
Para abordar esta problemática, analizo un ciclo de movilizaciones vecinales contra la creación en una zona habitada y con riqueza agronómica de uno de los principales legados franquistas en materia agroalimentaria: los mercados mayoristas centralizados. Se trataba de complejos con los que las instituciones municipales y sus colaboradores empresariales pretendían estrechar el control de la comercialización de la producción local del hinterland hacia los establecimientos alimentarios urbanos, pero también en vistas de su exportación marítima y terrestre. La construcción de Mercavalencia en Sant Antoni, promovida por autoridades municipales y estatales, implicó la expropiación y destrucción de parcelas, acequias, caminos y hogares de un gran número de familias labradoras establecidas en esta zona de huerta al sur de la ciudad de València. El malestar y la oposición organizada al proyecto propiciaron diversas acciones legales y extralegales para paralizar una iniciativa cuyo desarrollo prosiguió tras la dictadura franquista. ¿Cómo fue justificada por las autoridades la creación de esta infraestructura en un entorno productivo y vivida por las personas afectadas? ¿Qué formas de protesta fueron desarrolladas y sobre qué concepciones de lo agrario y lo urbano se basaban? ¿Qué puede aportar este conflicto al estudio de las políticas urbanísticas en las ciudades y su encaje territorial?
Mi aproximación a estos interrogantes entrecruza las reflexiones de diversos debates historiográficos y epistemológicos. Por una parte, aquellos sobre los procesos de modernización agraria y el despliegue de infraestructuras industriales y de transporte previstas en el mundo periurbano y rural, así como las formas de conflictividad, consentimiento y adaptación social que generaron. La historiografía agraria reciente ha destacado el carácter invasivo, dirigista y aculturador de las políticas agropecuarias y energéticas del régimen 5 y de las redes de transporte y comunicación promovidas por sus ingenieros en los años sesenta como elementos prioritarios y vertebradores per se en detrimento de las estructuras de poblamiento y la economía familiar que atravesaban 6. Asimismo, este artículo se sitúa también en una discusión más amplia en torno a qué es una protesta «ambiental» agraria y cuáles son sus protagonistas y preceptos 7, así como su grado de maniobra 8. En sintonía con Bert Klandermans, entiendo las acciones y los discursos de las familias labradoras (y sus respuestas institucionales) como ejes de la construcción social de las protestas en tres niveles interconectados. Uno, la formación de identidades colectivas de «afectados» (y promotores de las obras); dos, la búsqueda de una comunicación persuasiva formal (prensa) e informal (conversaciones, reuniones vecinales), y tres, la concienciación durante los episodios de conflicto abierto 9.
Si bien los debates citados atienden a la desposesión y el desarraigo generados en entornos rurales por la construcción de estas infraestructuras pesadas, falta tender más puentes con los estudios geográficos que inscriben estos proyectos en la extensión acelerada del «metabolismo urbano» y desvalorización de las antiguas áreas de abastecimiento de energía, agua y alimentos colindantes con las ciudades del Norte Global 10. Así pues, me resulta especialmente sugerente aplicar el concepto de «zona de sacrificio» a mi estudio. Esta noción se define como la supresión forzosa en un territorio de cualquier uso socioeconómico que no responda a las finalidades logísticas planeadas por las autoridades o empresas estatales y locales, convirtiéndose a menudo en espacio de concentración de actividades molestas, contaminantes e invasivas 11.
Con estos interrogantes y marcos conceptuales en mente, he analizado cuatro grandes grupos de fuentes primarias, con algunas precisiones metodológicas según sus tipologías. En primer lugar, una serie de artículos de los principales diarios locales (Levante y Las Provincias) y de las publicaciones estatales Sábado Gráfico y La Vanguardia. Mientras que los primeros ofrecían noticias escuetas, episódicas e impersonales que no permiten distinguir los límites de la censura o autocensura 12, las segundas incidían más en el reconocimiento del entorno y los argumentos de las comunidades afectadas. De hecho, uno de los reporteros de Sábado Gráfico elaboró una crónica crítica con la empresa promotora, hecho que llevó a esta a exigir rectificaciones en ediciones posteriores. Igualmente, he consultado un conjunto de correspondencia privada y expedientes pertenecientes al archivo personal de Adolfo Rincón de Arellano, alcalde franquista de València durante la confección del proyecto y las obras iniciales 13. Seguramente, su exploración ha estado marcada por su criba para crear dicho fondo documental 14, sobre todo tratándose en su caso de un antiguo cargo político de la dictadura que lo cedió tras la Transición a una fundación privada. En tercer lugar, se halla la fuente más influyente en el enfoque del trabajo: las entrevistas orales a personas expropiadas. En total, realicé cuatro entrevistas, tres individuales (a Pepe Mocholí, Antonio Bonafont y Empar Puchades) y una grupal (a Luis Bayona y Vicente Cabrelles). En los casos de estos dos últimos y Antonio, se trataba de labradores mayores que continúan vinculados con el campo, mientras que Pepe, pese a provenir de una familia labradora expropiada, no se dedica profesionalmente a la agricultura en la actualidad. Asimismo, busqué comparar los testimonios de aquellos que consiguieron recobrar o salvaguardar provisionalmente sus propiedades (Luis, Pepe, Vicente) con los de otros, como Antonio, que no pudieron recuperar su casa y sus tierras pese al prolongado litigio jurídico que sostuvieron con Mercavalencia hasta los últimos coletazos del conflicto durante el post-franquismo. Asimismo, me interesaba contar con la perspectiva de Empar porque, pese a no haber sido damnificada por Mercavalencia, experimentó la convulsión que generó en las comunidades cercanas y la contrastó con su propia experiencia como expropiada por una infraestructura previa. Mientras que Toni y Empar fueron entrevistados en sus domicilios, Pepe, Luis y Vicente quisieron quedar conmigo en una casa convertida en punto de encuentro de los agricultores de los alrededores, expropiada por la primera versión de Mercavalencia y recuperada posteriormente, de manera que las referencias al entorno fueron constantes durante sus intervenciones. Así pues, no solo me interesaba qué recordaban, sino cómo daban sentido a su experiencia de lucha y al proyecto desde su subjetividad y contexto presente 15. Sobre ello, es importante señalar que sus memorias han sido modeladas por las cuantiosas expropiaciones y transformaciones sucesivas de la huerta en la que vivían 16 y que a menudo la han dejado irreconocible.
Por último, en una fase posterior de la investigación tuve acceso a documentación judicial personal facilitada por uno de los agricultores entrevistados. Esta comprendía un conjunto de recursos, citaciones y sentencias sumamente útiles para entender las argumentaciones contra las expropiaciones y los recorridos legales de las protestas, pero marcado por su carácter probatorio y el tecnicismo del lenguaje de los abogados. De cualquier manera, su acopio y conservación durante más de cuarenta años por las personas afectadas ha permitido alumbrar las facetas jurídicas de una contienda vecinal y agraria que implicó a diversas instituciones municipales y estatales más allá del franquismo tardío.
Pese a no considerarse uno de los polos estratégicos de desarrollo industrial aprobados en la planificación del régimen 17, València estaba inmersa hacia 1967 en las últimas olas de un boom demográfico y económico ligado al éxodo rural y la construcción de inmuebles e infraestructuras, al margen o a rebufo de los planes urbanísticos existentes. En la línea de otras ciudades del Estado, la creación de viviendas de bajo coste mediante promociones privadas o iniciativas públicas no conseguía enmascarar la abundancia de infraviviendas sin servicios básicos de alumbrado, alcantarillado o pavimentado. Mientras que en urbes como Granada o Málaga la erradicación de chabolas y erección de nuevos barrios generaron sentimientos encontrados entre las comunidades desplazadas 18, en Madrid sería aprobado un Plan de Urgencia Social para abordar el barraquismo desde la óptica de un problema de orden público y un obstáculo para las construcciones previstas 19. A finales de los años sesenta, la marginación de los residentes de las nuevas áreas periurbanas y la ausencia de políticas de carácter asistencial que los atendiesen sería uno de los detonantes de movimientos vecinales y formas de activismo centrados en las condiciones de vida y trabajo de sus barrios. En metrópolis como Barcelona, la transformación del suburbi en un barri en condiciones de justicia se convertiría en una causa común que alimentaría las redes vecinales y de paisanaje preexistentes en estos entornos 20. Si estos podían convertirse en elementos generadores de identidad y conciencia colectiva frente a otras zonas urbanas 21, ¿por qué no podían serlo en ese mismo periodo los núcleos agrícolas ligados a una ciudad en crecimiento como València?
La génesis de Mercavalencia está asociada a fenómenos socioeconómicos y urbanísticos locales e internacionales. Por un lado, las graves inundaciones que afectaron a la ciudad y la cuenca del río Turia en 1957 supusieron un punto de inflexión en la huella territorial de la urbe y su relación con los pueblos cercanos. Como en otros casos coetáneos de catástrofes climáticas en espacios urbanos, la destrucción generada y el realojo de las personas afectadas serían pretextos propicios para el rediseño de la política urbanística y la proliferación de planes inmobiliarios locales 22. Muchas de estas operaciones se realizaron a costa de enterrar bajo el cemento el sistema agrícola y de poblamiento que conforma l’Horta de València, tendencia prolongada en ciclos posteriores de especulación inmobiliaria 23. A mediados de los años sesenta, la aprobación del Plan Sur, proyecto hidráulico y urbanístico de la Confederación Hidrográfica del Júcar para sacar el cauce del Turia del casco urbano, conllevó la desaparición y expropiación forzosa de 400 hectáreas de regadío y 740 familias en l’Horta Sud. Además de provocar la disgregación social de los vecindarios afectados, desarticuló todo el sistema de caminos y acequias existente al sur de la ciudad 24, situación refrendada por un nuevo plan general urbanístico en 1966. Este prefiguraba un área metropolitana dominada por el transporte motorizado, los bloques de viviendas y los polígonos industriales en la que cada palmo del terreno era abstraído, geometrizado y asignado a un uso socioeconómico específico. Sus expectativas de crecimiento demográfico, ni siquiera cumplidas en el siglo xxi, implicarían una recualificación masiva de hectáreas como urbanizables, sin consideración alguna del tejido agrario existente 25.
Por otro lado, Mercavalencia nació de una serie de procesos internacionales de intensificación, industrialización y gestión empresarial de la producción y comercialización agropecuaria introducidos en el Estado español durante este periodo. Bautizados por economistas e ingenieros como la Revolución Verde, serían promovidos frente a un supuesto déficit alimentario mundial inevitable 26. Entre sus elementos principales, destacan la introducción de la maquinaria pesada en el laboreo, los fertilizantes y plaguicidas de síntesis química, las colonizaciones agrarias, las semillas híbridas o las concentraciones parcelarias 27. Si bien algunos de ellos ya contaban en España con una trayectoria previa, las políticas agrarias de los planes de desarrollo del franquismo, asesoradas por ingenieros estadounidenses, serían claves para fijar maneras de entender la propiedad y el oficio de agricultor aún predominantes en la actualidad 28.
Tanto en la dictadura franquista como en algunas democracias liberales europeas, este nuevo rol global de la producción agropecuaria y la población potencial a la que presumiblemente debía nutrir contrasta con el impacto de los cambios urbanísticos de las ciudades en la desvalorización de sus áreas agrarias próximas. En Francia, los Trente Glorieuses (1945-1973) fueron años marcados por una completa remodelación de los centros urbanos y la creación de nuevas periferias, primero con los programas de reconstrucción tras la Segunda Guerra Mundial, pero sobre todo gracias a las ambiciosas iniciativas de creación de viviendas y equipamientos municipales del periodo gaullista. La imagen por antonomasia del alcalde se convirtió en la del constructor de grands ensembles y pavillons, a menudo sometidos a la contaminación y las molestias al quedar rodeados por nuevas autopistas, aeropuertos y vías férreas en grandes ciudades como París y Lyon, pero también en urbes medianas. Hacia 1965, el cinturón agrícola de Grenoble perdía 200 hectáreas cada año, al compás de los proyectos constructores 29. Mientras tanto, la historiografía ambiental italiana ha resaltado cómo los programas estatales de industrialización forzosa del Mezzogiorno agrícola y los debates urbanísticos durante el boom económico de los años cincuenta y sesenta se aprovecharon de un mito dell’equilibrio entre las necesidades de construcción de vivienda y la explotación del territorio como sustrato de bienestar y progreso, de manera semejante a los discursos del desarrollismo franquista 30.
Según Mercasa 31, la creación de mercados mayoristas de alimentación en las afueras de las ciudades españolas respondía a los problemas de congestión de tráfico derivados del crecimiento urbanístico. La expansión horizontal de València sobre su huerta a través de rondas y «barrios de sustitución» se había retroalimentado con el aumento del tráfico rodado dentro y fuera del casco urbano, que se había multiplicado por tres entre 1966 y 1978 32. Los miembros de Mercasa aseguraban que, además de las carencias de mecanización y refrigeración o las dificultades para su ampliación, el emplazamiento actual de los mercados mayoristas de alimentación originaba «dificultades con ocasión de la llegada y descarga de los camiones pesados e impidiéndose la normal salida de las mercancías». Asimismo, apostaban por su concentración en una «unidad alimentaria» central:
«Los Mercados Mayoristas de los distintos productos (frutas, hortalizas, pescados, carnes) se hallan separados por grandes distancias, lo que dificulta el aprovisionamiento de los establecimientos detallistas polivalentes (supermercados, tiendas polivalentes, colectividades, etc.) de tan acusado crecimiento en la actualidad» 33.
Dicha relocalización también podía obedecer a fenómenos coetáneos de desprestigio, uniformización o externalización en Europa y Estados Unidos de los mercados cubiertos que desde mediados del siglo xix habían abastecido de alimentos y otros enseres a las urbes, previsiblemente en favor de las cadenas de supermercados 34. El cierre de Les Halles en París en 1968, fruto de una polémica operación urbanística del Estado francés 35, y de Covent Garden en Londres en 1970 son ejemplos de una tendencia internacional que, en el caso de los mercados mayoristas en España, contaba con el impulso económico y promocional del aparato estatal franquista y los consistorios municipales. En este sentido, cabe contextualizar Mercavalencia como parte de una política de planificación de macrocomplejos alimentarios en urbes como Barcelona, Jerez, Sevilla o Bilbao, administrados por sociedades locales filiales de Mercasa 36, inscrita según sus promotores en las lógicas del I y II Planes de Desarrollo Económico (1964 y 1968).
Sobre el anterior mercado valenciano de Abastos, Rincón de Arellano ofrecía una perspectiva crítica de su estado. Inaugurado oficialmente en 1948 37, las familias labradoras que acudían allí a vender sus cosechas a los encargados de tiendas o asentadores ni siquiera contaban con puestos fijos, a los que los últimos sí tenían acceso, obligándolos a disponer las mercancías en cajones y cestas en el suelo 38. No obstante, pese a estas situaciones de precariedad, el alcalde señalaba a agricultoras y agricultores como responsables del excesivo encarecimiento de los precios de alimentación. Argumentaba que «pesa en ellos la idea del lucro y creen que hacen una mala operación si venden más barato sin comprender que el comerciante tiene una organización que necesariamente tiene que encarecerlos» 39 y que «el excesivo número de aquellos hace que los vendedores tengan que vivir a costa de los compradores gravando excesivamente el precio de los artículos» 40.
A finales de 1967, las buenas relaciones entre Mercasa y el Ayuntamiento valenciano cristalizarían en la constitución de la sociedad mixta de Mercavalencia. El 3 de mayo de ese año, la prensa general informaba de una reunión entre el consejero delegado de Mercasa, comisarios de Abastecimientos, el gobernador civil y miembros de la corporación en la que, si bien se aludía a la creación del organismo y una unidad alimentaria 41, nada se decía de su localización. Sin embargo, esta parecía estar atada y bien atada incluso antes de la formación de Mercavalencia. Ese mismo día, el representante de Mercasa loaba en una carta a Rincón de Arellano el emplazamiento escogido sin aludir a las parcelas agrarias o las viviendas preexistentes, mientras que resaltaba su concepción de suelo estratégico, un «rectángulo»:
«Visité los terrenos que, en principio, habéis elegido para el establecimiento de la futura Unidad, y [...] quiero comunicarte la impresión de que me parecen inmejorables en todos los aspectos. Dos carreteras principales, una en cada uno de los lados del rectángulo; la vía férrea a uno de los costados y la proximidad a la futura vía de circunvalación, así como la distancia de tres kilómetros al Puerto, son factores que, desde luego, aconsejan sin más dilación la iniciación de los trabajos necesarios para precisar que todas estas ventajas [...] son realidad tangible» 42.
Pese a no dar nombres, la descripción previa correspondía a Sant Antoni, una zona de huerta periurbana situada entre Castellar-Oliveral, la Punta y la Font d’en Corts, núcleos pertenecientes al término municipal de la capital valenciana (figura 2). En noviembre de 1968, el diario Levante anunciaba que el pleno del consistorio aprobaba el «polígono de expropiación» y que «las obras comenzarán pronto» 43. Las constantes alusiones a su urgencia (el propio
Figura 2
Plano catastral que establece los límites definitivos de Mercavalencia, después de que grupos de agricultores ganasen un recurso judicial presentado al Tribunal Supremo a finales de 1972. A juzgar por la representación de parcelas, caminos, acequias y casas preexistentes, es probable que esté realizado entre 1973 y 1980

Fuente: http://www.valencia.es/ayuntamiento/urbanismo2.nsf/0/46B936401615C5F2C1257DEA0031E3C7/$FILE/I.1%20DELIMITACI%C3%93N%20DEL%20%C3%81REA%20DE%20ACTUACI%C3%93N%20DEL%20PERI_firmado.pdf?OpenElement (consultado el 21 de septiembre de 2023).
Boletín Oficial del Estado —BOE— la mencionaba alegando motivos de utilidad pública) 44 contrastan con la escasa información y voluntad del gobierno municipal de hacer sabedores del proyecto a las familias y los agricultores afectados. Aunque Mercasa y Rincón de Arellano ya habían prefigurado cómo y dónde debía realizarse, algunas de las personas entrevistadas exponen que se enteraron del proyecto a través de las cartas de expropiación. Al parecer, hubo una primera reunión de los promotores con el vecindario en la que, mientras unos labradores hablaban de las disparidades entre los precios ofrecidos por las tierras, otros optaron por oponerse rotundamente a la obra. Vicente Cabrelles y Luis Bayona, presentes en aquel encuentro, lo recuerdan así:
Vicente: «uno diu... “jo tinc les terres en tal puesto i em deixaven una a 350.000”... un altre que tenia vora carretera l’havien pagat a 450 o 500... i al que feia tres, quatre o cinc que havia parlat, el Mauro, la Roser i companyia...
Luis: Sí, i Bonafont...
Vicente: [citando lo que decían otras personas] “Ací lo que havia que fer és agarrar un bastó i mamprendre-los! Antes venien i mos furtaven a pistola en la mà i estos venen ara en la llapissera... lo que havien de fer és mamprendre-los i que mogueren d’ací!” Se rebolicà la gent... i els homes com varen vore que no podien fer res digueren pues: “senyores, ja els avisaran”. Pròxim avís: l’expropiació forçosa» 45.
Mientras tanto, Levante aprovechaba las inauguraciones de Mercabarcelona en 1970 y Mercasevilla en 1971 para recalcar las bonanzas del proyecto valenciano. El periodista aseguraba que «Mercavalencia dispone de más de un centenar de hectáreas» y que ya estaban subastándose las obras del primer pabellón 46. En abril de 1971, el consistorio creó una comisión de dirección del proyecto encabezada por Fernando García-Berlanga, primer teniente alcalde y miembro del consejo general de la Corporación Gran Valencia, principal órgano de planificación urbanística del área metropolitana 47. Sin embargo, la expropiación distaba de quedar consumada. De las declaraciones de los entrevistados, se deduce que intentaron reunirse en diversas ocasiones con las autoridades municipales entre 1969 y 1972 para mostrar el rechazo al proyecto o enmendarlo. Situaciones en las que la desigualdad de poder y la represión dictatorial podían provocar el miedo y la autocensura entre los agricultores opuestos: «Jo les primeres vegades que aní a l’ajuntament hagueren dos persones [...] que s’en isqueren de l’ajuntament, anaven fugint perquè tenien por, tenien por a que nos feren algo» 48. Pese a esos temores, las labradoras y los labradores no siempre se ciñeron a la agenda del gobierno municipal. Por ejemplo, Vicente cuenta que su mujer decidió hablar con el alcalde de València por su cuenta, irrumpiendo en sus despachos:
«Havien les dones... ahí la meua dona diu: “hem d’anar a parlar en l’alcalde” i ella diu, personalment entrà a parlar en l’alcalde de València, vostè no pot entrar i clar, pem, dins. “I prova a tocar-me”, que ella era valenta pa això» 49.
Según los entrevistados, el Ayuntamiento no contemplaba variaciones. Sin embargo, algunos agricultores, aconsejados legalmente, buscaron alternativas. Luis, presente en una de las reuniones, explicaba que uno de ellos, apellidado Vihuela, planteó otros emplazamientos posibles: «que sí que ho feren, però que ho feren en Paterna, ja estava en València. I si no, que ací a la marjal [...] no agafaven vivendes ni res, i ací, si el feien on volen vostès, hi ha dos o tres-centes famílies que viuen ahí, que tenen les terres i tota la vida i ara van vostès a tirar-los d’ahí» 50. Dicha proposición (figura 3) aparece en un reportaje de Sábado Gráfico que recogía otros discursos de personas afectadas y parecía compartir rasgos con las alternativas barajadas por las familias afectadas por procesos coetáneos de expropiación como el de l’Horta de Vera 51. Las tierras de secano o yermas de localidades al noroeste de València eran consideradas como un terreno donde era plausible levantar una infraestructura logística con menor impacto socioeconómico y ambiental adverso. La otra localización ofrecida, en el marjal de la Albufera de València, consistía en un conjunto de propiedades en manos de una congregación religiosa tras una donación 52 (figura 3). En paralelo, los redactores de Sábado Gráfico ponían el foco en la desproporción de la obra sin cuestionar su necesidad, en la desprotección de las familias frente a Mercavalencia o las irregularidades legales cometidas en su tramitación. En última instancia, aludían a un recurso judicial planteado por algunos afectados al Tribunal Supremo pendiente de resolución, aunque reconocían que «la justicia no siempre es rápida, y por la calificación de urgente a la expropiación la acción administrativa puede seguir su curso» 53.
La movilización vecinal no se redujo al plano legal e institucional. Hay que tener en cuenta que, según las estimaciones del reportaje anterior, edificar Mercavalencia suponía expulsar a unas trescientas familias de su hogar y trabajo en Sant Antoni, por lo que cabe analizar cómo intentaron reapropiarse de su espacio para enfrentarse a la obra proyectada. La densidad de barracas y casas, sobre todo junto a las carreteras de En Corts y el camino de los Anouers, así como el modelo agrario de regadío minifundista (figura 2), habían sido argumentos utilizados para defender el emplazamiento alternativo por algunos agricultores y la prensa crítica. Ahora bien, la proximidad también podía facilitar la acción conjunta vecinal. Entre la documentación facilitada por Antonio Bonafont, se hallaba una lista de mujeres y hombres afectados con sus datos personales y las propiedades en peligro en vistas de crear un grupo, mejorar la comunicación interna e identificar el músculo social de la movilización. Sobre el documento mecanografiado, fueron añadidos nombres hasta llegar a un total de 329 personas 54, previsiblemente titulares de propiedades afectadas.
A finales de octubre de 1972, la prensa cercana al régimen mencionaba «ciertos incidentes» 55 sin dar detalles. En este sentido, Vicente hizo una breve referencia a que algunos niños y mujeres, entre
Figura 3
Portada del reportaje de Sábado Gráfico en la que aparecen delimitados el proyecto inicial de Mercavalencia (izquierda) y la localización propuesta por algunos agricultores (derecha)

Fuente: Martín Armoriaga: «Drama en la Huerta. ¿Expropiación social... o lucrativa?», Sábado Gráfico, 25 de marzo de 1972, p. 5.
ellas su esposa, se organizaron para bloquear los trabajos de las máquinas. También se hallaría previsiblemente la mujer de Antonio, que recibió una agresión policial, hecho que según él le hizo enfrentarse con «els grisos» y ser detenido: «me varen agarrar entre dos i en la merda ixa estiguí lo menos un mes que no me podia gitar, eh? Mos varen tancar en un furgó a cinc o sis, i mos varen tancar» 56. Pese a no estar afectada, Empar Puchades, expropiada años antes por el Plan Sur, recuerda el impacto que le produjo ver la policía a caballo en Sant Antoni desde la ventanilla del autobús que la llevaba a la escuela: «Jo m’enrecorde d’anar a estudiar a València, i anar en el autobús i de repent començar a vore un dia policies en cavalls. I això mos va dur a dir: Home, sí que està tornant a passar, perquè també se donà ixa falta de comunicació veïnal...» 57. Según ella, algunos vecindarios aledaños no tuvieron conocimiento del proyecto de Mercavalencia hasta los enfrentamientos policiales porque la comunicación no fluyó, de una manera similar a los inicios de la expropiación para crear el nuevo cauce del Turia.
La organización interna de las protestas posee muchas vertientes de análisis: liderazgos, toma de decisiones, convocatorias de acciones, contactos con otros colectivos, etc. En aquel periodo, la prohibición del asociacionismo ajeno a la dictadura complicaba la búsqueda de apoyos y la comunicación persuasiva de los agricultores movilizados, pero no las impedían por completo. Por ejemplo, Antonio destacaba los contactos telefónicos con aquellas familias labradoras que, al norte de la ciudad, estaban organizándose frente a expropiaciones semejantes causadas por la construcción de la Universidad Politécnica de Valencia sobre la huerta de Vera, decretada por el Gobierno central en 1968 58. Él señalaba que, durante la primera época del conflicto, varios periodistas y militantes políticos antifranquistas ofrecieron su ayuda, «però a canvi de fer-nos propaganda pal seu partit» 59.
Asimismo, destacan otro tipo de actividades. Entre la documentación de Rincón de Arellano, se halla una octavilla del 30 de octubre de 1972 confiscada por la policía a la Liga Comunista Revolucionaria (LCR) que combinaba la repulsa al proyecto con la crítica a la dictadura franquista:
«¡Paralización de las obras de Mercavalencia!
¡Fuera la Guardia Civil y la policía armada de los terrenos!
¡Fuera el cerco de San Antonio!
¡Devolución inmediata de las tierras a los campesinos!
¡Abajo la dictadura asesina!» 60.
El organismo revolucionario aseguraba que hombres, mujeres y niños ocuparon los terrenos entre los días 20 y 24 de octubre «impidiendo tenazmente el trabajo de las excavadoras». Sobre el papel, figura una frase dirigida al exalcalde escrita por un posible mando policial con un mensaje muy contundente: «Adolfo, todavía no hemos terminado con todos» 61. No queda claro si se refería a las mujeres y hombres movilizados en Sant Antoni o a los autores de las octavillas de la LCR. Además de estas referencias, algunos sindicatos universitarios valencianos mostraron en noviembre de 1972 en sus protestas al Ministerio de Educación panfletos y pancartas de apoyo a los agricultores expropiados 62. En cualquier caso, salvo los contactos referidos de los periodistas antifranquistas, no hay indicios de una implicación directa o una colaboración continuada de estas organizaciones sindicales o revolucionarias con las familias labradoras en el planeamiento de las acciones de protesta contra Mercavalencia. En este sentido, entre los entrevistados predomina una cierta visión de su proceder como una «autodefensa» de su comunidad, sin desestimar el asesoramiento legal externo y la presión escrita o en persona a las autoridades de la ciudad o a los tribunales estatales. Frente a lo apuntado por Rafael Cruz sobre los cambios de las protestas en España entre 1964 y 1973, no resulta adecuado en este caso distinguir entre supuestos repertorios comunitarios de protesta en decadencia y el auge de marcos planteados en clave de reconocimiento amplio de derechos de «ciudadanía» 63. Más bien, el conflicto de Mercavalencia posee ciertos paralelismos con los conflictos ambientalistas campesinos «intermodales» 64 que prosiguen en la actualidad, si bien en un entorno periurbano favorable a las nuevas formas de movilización vecinal del periodo investigado.
Antonio Bonafont señaló que las reuniones con el abogado o para dirimir los costes del conflicto se realizaban en su casa por las noches, con la Guardia Civil patrullando el vecindario. En casi todas las entrevistas, algunos nombres de «portavoces» se repiten con frecuencia, tanto en las convocatorias del Ayuntamiento como en la represión policial. Por ello, es bastante plausible que el recurso judicial y las propuestas de localización alternativa fuesen apoyados por muchas de las mismas familias labradoras que plantearon acciones directas contra las obras. ¿Existían repartos o diferenciaciones de tareas o estrategias según género o zonas del vecindario? A tenor de lo apuntado por los agricultores entrevistados, la implicación de las labradoras y las esposas de los labradores en determinadas acciones directas, como la obstaculización de las labores de las máquinas, resultó bastante notable. Puede que, de manera similar a las movilizaciones gallegas contra la autopista del Atlántico, esta incisiva presencia respondiese a una reivindicación de sus casas y parcelas como estructuras de reproducción económica de sus familias 65. No obstante, también podía deberse a una «estrategia de género» que utilizase a su favor la fuerza que les proporcionaba ser identificadas por las autoridades franquistas como sujeto vulnerable 66.
A lo largo de las entrevistas, todos los participantes incidieron en los intereses especulativos de la construcción de Mercavalencia a diferencia de la utilidad pública que, según el BOE, permitía la expropiación forzosa y urgente de terrenos: «este projecte pa mi part d’ell se feu pa fer negoci també, pa fer negoci perquè claro, tu tens que fer una finca de 100 metros i compres 300, la resta és pa vendre-los, pa especular» 67. Asimismo, sus narraciones inciden en el continuo hostigamiento sufrido al negarse a abandonar sus casas y tierras. Además de la violenta intervención policial, saldada con detenciones, Pepe y Vicente recuerdan cómo los operarios coaccionaron a las familias intentando dejarlas incomunicadas y sin posibilidades de seguir trabajando los campos. «Ací ficaren una tanqueta en cadenes i tots els recs d’obra i tot ho desferen» 68 «Claro, com se resistíem, pues tiraren montons de terra en les entrades pa que no poguérem passar, tallaren la llum i tallaren l’aigua i les aigües de regar» 69. La presencia rutinaria de la policía supervisando los trabajos suponía una amenaza constante para sus labores en las parcelas. Por ello, sin llegar a la resistencia abierta, algunos labradores intentaron evitar la destrucción de sus cosechas recurriendo a artimañas, evocando los discursos ocultos 70 propuestos por James C. Scott:
«L’únic rec que no desferen el meu. Jo li deia al que anava per allí de guàrdia: encà no mos tiren tot açò? Pues ja tinc ganes de que nos ho tiren... vinga, tinga quatre albargines [...] i aquell tio, les tanquetes totes rodant, i tenia jo sis fanecades de bledes aixina [indica con las manos la altura del cultivo] de penca, i nosatros collint les bledes i la policia rodant» 71.
Pese a que las obras ya estaban en marcha, el conflicto pareció dar un pequeño vuelco en noviembre de 1972. El recurso judicial presentado por algunas familias de labradores había prosperado y el Tribunal Supremo anuló la declaración de utilidad pública y la urgencia de las obras basándose en la falta de un plan urbanístico específico. No obstante, los periodistas de Levante insistían en que «la sentencia es, pues, no contra el Ayuntamiento, sino contra el decreto de urgencia» 72. Esto explicaría por qué el consistorio no paralizó el proyecto, sino que buscó una rápida cobertura legal. Apenas dos meses después de la sentencia, el pleno de la corporación municipal aprobó un plan parcial 73 que reducía la superficie afectada a unas 46 hectáreas. Puede que la visibilidad mediática de las protestas hubiese condicionado los propósitos iniciales de los promotores, pero, al igual que en otros contextos coetáneos 74, no fue suficiente para desestimar definitivamente el proyecto. De hecho, los discursos públicos de los medios de comunicación sobre Mercavalencia marginaron cada vez más el debate sobre sus consecuencias, centrándose en la movilización de un «consenso» sobre su necesidad para la ciudad, a modo de contramovimiento 75. Ahora bien, algunos entrevistados aseguran que nada estaba decidido todavía. Por ejemplo, muchas parcelas fueron puestas en cultivo de nuevo por las familias afectadas, si bien esto requirió un esfuerzo colectivo para reconstruir las acequias destrozadas por la maquinaria que intentó paralizar la Guardia Civil. Este altercado ha podido ser documentado gracias a una citación posterior que recibieron algunos labradores participantes, que amenazaba con multarlos si no iban a los juzgados. En sus declaraciones a la Guardia Civil argumentaban:
«Después del fallo favorable del Tribunal Supremo y en vista de que no nos hacían caso y en consecuencia no daban el agua para poder regar los campos, los perjudicados se pusieron a limpiar la Acequia del Rey y de ese modo poder abrir el riego que tanta falta les hacía [...]. También se dijo que quitasen la Nave de Pescado a medio construir, ya que queríamos trabajar y plantar nuestros campos y dicha nave impedía el hacerlo» 76.
Una pequeña parte de las familias afectadas consiguieron recuperar sus terrenos con la reducción de la extensión en 1973, si bien a base de costear prolongadas contiendas jurídicas. Entre ellos se hallaba Pepe Mocholí: «meu tornaren ací en el 80 açò [...] estigueren 8 o 10 anys d’estos de malviure, malviure...» 77. Entretanto, la implantación de Mercavalencia forzó la migración de su familia y otras a pisos en València que no eran sentidos como hogares: «a una persona que està solta en el camp no la pots tancar, és igual que un pardalet en una gàbia... el fas un desgraciat...» 78. De manera muy similar a las consecuencias humanas de las expropiaciones del Plan Sur 79, relacionaba la muerte de su padre con el desarraigo de Sant Antoni al poco tiempo de instalarse en la ciudad: «morí en 57 anys i estigué tots els dies volent vindre-se’n... tocava tancar les portes, ell volia vindre a dormir a sa casa, la barraca» 80. Asimismo, al valor sentimental y de uso económico de la tierra y sus casas se sumaba la incredulidad tras conocer las cantidades ofrecidas por los promotores para expropiarlas. En plena entrevista con Luis y Vicente, Jesús, propietario de la casa donde nos hallábamos, intervino para recalcar las dificultades para encontrar una nueva vivienda: «que mos donen lo que he dit, mig milió de pessetes, ón comprem un piso en la Fonteta o on siga? No podem comprar-lo! Què se quedem, en el carrer?» 81.
Mientras tanto, pese a la reforma del proyecto, las tierras y viviendas de otros agricultores como Antonio siguieron afectadas. En enero de 1974, el Ministerio de Vivienda aprobaba los nuevos límites 82, por lo que el margen de maniobra volvía a reducirse para los movilizados. Además, seguían en marcha las obras del primer edificio, la lonja del pescado, como celebraba Levante al insistir en la congestión del mercado de Abastos del centro urbano 83. Al otro lado de València, la contestada ampliación de la Universidad Politécnica en la huerta de Vera, lucha vecinal con la que habían mantenido contactos, se consumaba con el derribo de las viviendas de las familias movilizadas en 1974. En esta situación política y mediática adversa, Antonio se embarcó en un enfrentamiento dilatado en los tribunales con Mercavalencia hasta 1979, cuando la enfermedad de su padre le llevó a desistir definitivamente 84.
En ambos casos expuestos, el conflicto social y la contienda legal se prolongarían durante el postfranquismo, dejando una multitud de familias desarraigadas y agotadas por el desgaste económico y personal causado por la oposición a un proyecto que, pese a los hipotéticos cambios políticos en el horizonte, proseguía. Ante esto, Antonio resaltaba la sensación de abandono y desengaño con los nuevos gobiernos municipales valencianos: «Morí Franco i nosatros, en tota la il·lusió de que Franco havia mort, ahí venien comunistes, socialistes, de dretes, tots venien a oferir-se pa que nosatros els votarem [...] la desil·lusió va ser que quan vingueren deien que com això ja estava fet i ho havia fet Franco, no se podia llevar» 85. En 1976, la lonja del pescado era definitivamente inaugurada, y en 1981 se trasladaba finalmente el Mercado de Abastos desde el centro de la ciudad a las nuevas instalaciones.
La desaparición física de Sant Antoni y los procesos de expropiación posteriores (por ejemplo, para crear la depuradora municipal en Pinedo) implicarían, según Empar, que la población del núcleo de Castellar-Oliveral aumentara exponencialmente como consecuencia de un reagrupamiento demográfico. Al mismo tiempo, se han perdido contactos vecinales y lazos económicos antes existentes, bien por las barreras geográficas creadas o por distanciamiento personal, consecuencias que recuerdan a las denunciadas por diversas comunidades rurales gallegas ante la política tardofranquista de creación de grandes embalses 86. Mientras efectuaba la entrevista, Pepe me decía: «este xic que s’acaba d’anar ara jo igual feia 7 o 8 anys que no el havia vist, quan vivia ahí al costat nostre, a 50 metros, no sé ni ón viu! [...] Ara lo que passa és que se vem en els enterros, quan hi ha un enterro pues ah tu, quant de temps sense vore’s!» 87.
En este sentido, l’Horta de València, y, en especial, l’Horta Sud, ha sido, desde las obras del Plan Sur y Mercavalencia hasta la actualidad, un área duramente castigada al ser concebida como «reserva de suelo» por políticos y empresarios de diferente signo, espacio donde implantar unilateralmente una serie de infraestructuras públicas y privadas 88. De hecho, de acuerdo con Empar, incluso ha habido casos de familias en Sant Antoni, Castellar y La Punta expropiadas hasta en cuatro ocasiones: primero por el Plan Sur, luego por el mercado mayorista, después por la depuradora municipal y finalmente por la erección del centro comercial El Saler 89. Más allá de la dictadura, las autoridades democráticas reforzaron la consideración de esta área agrícola periurbana como una «zona de sacrificio» 90 sometida a las previsiones y operaciones portuarias y consistoriales para convertirla en área logística y emplazamiento de infraestructuras problemáticas para la población por sus efectos sociales y ambientales. Así pues, el sufrimiento y las consecuencias de las expropiaciones de Mercavalencia siguen de alguna manera reviviendo en los conflictos sociales posteriores y actuales en esta zona frente a los proyectos de expansión del puerto de València (ZAL, ampliación norte) y otras infraestructuras o programas urbanísticos recientemente contestados 91.
La proyección, apropiación del territorio y construcción de Mercavalencia provocaron un conflicto vecinal y agrario que ejemplifica cómo la imposición de una infraestructura y de un determinado uso del territorio en el nombre del progreso y desarrollo económico puede degradar precisamente la vida y la economía de comunidades invisibilizadas bajo la noción de «interés público». La corporación municipal valenciana y Mercasa concibieron el traslado del mercado mayorista a l’Horta Sud y la expropiación y desaparición de Sant Antoni sobre la premisa de que se trataba de un área periférica, tanto territorial como políticamente, cuyos habitantes no podían participar en la toma de decisiones sobre ella. En este sentido, el proceso de especulación territorial efectuado poseía un doble componente. Por un lado, el lucro económico presente que implicaba una expropiación masiva, ilimitada y barata de tierras sin atender a la dimensión de la infraestructura. Por otro lado, se hallaban las expectativas de beneficios futuros para los promotores, dado que valoraban el suelo en función de su hipotético emplazamiento presente y posterior, junto a vías ferroviarias que serían ampliadas en nuevas expropiaciones, las autovías del Plan Sur y un puerto extendido.
Entre el desarrollismo y el postfranquismo, la violencia policial, la coerción institucional hacia los habitantes y las irregularidades urbanísticas fueron constantes en búsqueda de socavar la oposición vecinal formal e informal, dado que las familias residentes insistían en mantener sus propiedades y los usos agrícolas de l’Horta de Sant Antoni frente a la utilización industrial y logística que pretendían las autoridades. Para ello, los grupos movilizados respondieron de diferentes maneras a Mercavalencia, en un contexto de intervenciones policiales y coacciones institucionales con el fin de aislarlas y amedrentarlas. De manera organizada, se produjeron intentos de negociación institucional con localizaciones alternativas, pero también recurrieron a acciones directas como la continuación de su trabajo en las parcelas expropiadas, el sabotaje de las obras o la reconstrucción de las acequias dañadas por la maquinaria. En líneas generales, y retomando una reflexión de Ana Cabana sobre ciclos de conflictividad agraria coetáneos, las familias expropiadas, conocedoras de los límites impuestos para el disenso por la dictadura, no buscaban tanto impugnar la edificación o adaptarla a sus lógicas de trabajo, sino tener cierto control sobre cómo y dónde era implantada 92 para evitar la pérdida de sus casas, sus campos y su entorno de vida. Pese a los cambios políticos posteriores a 1975 y las supuestas garantías de mayor transparencia legal y receptividad de las demandas vecinales, la nueva corporación y el resto de los promotores consolidaron su tramitación y construcción, bien con una «política de hechos consumados», o bien porque no cuestionaban la idoneidad de la infraestructura y las lógicas de «progreso» insertas en ella.
* Este artículo obtuvo un accésit en el XXV Premio de Jóvenes Investigadoras/es Mary Nash convocado por la Asociación de Historia Contemporánea. Quiero agradecer las aportaciones de Enrique Bengoechea Tirado, Vicent Bellver y Javier Fernández Galeano a una primera versión, así como las de las personas encargadas de su evaluación.
1 Anna Catharina Hoffman: Una modernidad autoritaria: el desarrollismo en la España de Franco (1956-1973), València, PUV, 2023, pp. 299 y 301.
2 Ana Fernández-Cebrián: Fables of Development. Capitalism and Social Imaginaries in Spain (1950-1967), Liverpool, Liverpool University Press, 2023, p. 180.
3 «El capital es retirado continuamente del espacio construido para desplazarse a otro sitio donde pueda aprovechar la existencia de tasas de ganancia más elevadas», Neil Smith: Desarrollo desigual. Naturaleza, capital y la producción del espacio, Madrid, Traficantes de Sueños, 2020, p. 21.
4 Pablo Corral Broto y Antonio Ortega: «A Simple Overflow? Environmental Coloniality in Francoist Spain (1950-1979)», Perspectivas. Journal of Political Science, 25 (2021), pp. 29-42.
5 Ana Cabana: «Memoria colectiva y “Revolución Verde”. Más allá del cambio productivo y ecológico», en Daniel Lanero y Dulce Freire (coords.): Agriculturas e innovación tecnológica en la península ibérica (1946-1975), Madrid, Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, 2011, pp. 191-212; Miguel Ángel del Arco y Ana Cabana: «De actitudes sociales y agros: en los lindes de la historia agraria», en Alba Díaz Geada y Lourenzo Fernández Prieto (coords.): Senderos de la historia: miradas y actores en medio siglo de historia rural, Granada, Comares, 2020, pp. 286-289.
6 Daniel Lanero: «Entre dictadura y democracia: la conflictividad socioambiental en las Rías Baixas (1959-1980)», en Daniel Lanero (ed.): Por surcos y calles. Movilización social e identidades en Galicia y País Vasco (1968-1980), Madrid, Los Libros de la Catarata, 2013, pp. 139-172.
7 David Soto et al.: «La protesta campesina como protesta ambiental, siglos xviii-xx», Historia Agraria, 42 (2007), pp. 277-301.
8 James C. Scott: Los dominados y el arte de la resistencia. Discursos ocultos, México, Era, 2000.
9 Bert Klandermans: «La construcción social de las protestas y los campos pluriorganizativos», en Enrique Laraña y Joseph Gusfield: Los nuevos movimientos sociales: de la ideología a la identidad, Madrid, CIS, 1994, pp. 195-206.
10 Sabine Barles y Martin Knoll: «Long-Term Transitions, Urban Imprint and the Construction of Hinterlands», en Tim Soens et. al.: Urbanizing Nature: Actors and Agency (dis)Connecting Cities and Nature Since 1500, Nueva York, Routledge, 2019, pp. 29-49.
11 Ryan Juskus: «Sacrifice Zones: A Genealogy and Analysis of an Environmental Justice Concept», Environmental Humanities, 15 (2023), pp. 16-17.
12 Levante formaba parte de la prensa oficial del Movimiento Nacional, mientras que Las Provincias era un diario conservador creado en la Restauración.
13 La evolución y labor política de Rincón de Arellano, personaje fundamental en la formación y renovación del falangismo valenciano, han sido trabajadas por Juan Carlos Colomer: Juan Carlos Colomer: Gobernar la ciudad. Alcaldes y poder local en Valencia (1958-1979), València, PUV, 2017, pp. 63-100.
14 Sobre las tareas de selección y destrucción de documentación en la génesis de los archivos, véase Carolyn Steedman: Dust, Mánchester, Manchester University Press, 2001, pp. 71-74.
15 Miren Llona: «Historia oral: la exploración de las identidades a través de la historia de vida», en Miren Llona (ed.): Entreverse: teoría y metodología prácticas de las fuentes orales, Bilbao, Universidad del País Vasco, 2012, p. 46.
16 Un recorrido geolocalizado para el conjunto de l’Horta de València (en fase de ampliación) lo ofrece el archivo digital A Hores d’Ara, constituido por Natalia Castellanos, Anaïs Florin y Alba Herrero, https://ahoresdara.com/ (consultado el 2 de abril de 2024).
17 Anna Catharina Hoffman: Una modernidad autoritaria..., p. 213.
18 Gloria Román: Franquismo de carne y hueso: entre el consentimiento y las resistencias cotidianas (1939-1975), València, PUV, 2020, pp. 96-100.
19 Charlotte Vorms: «Madrid années 1950: la question des barraques», Le Mouvement Social, 245 (2013), pp. 43-57.
20 Ivan Bordetas Jiménez: «De la supervivència a la resistència: la gestació del moviment veïnal a la Catalunya franquista», en Carme Molinero y Pere Ysàs (coords.): Construint la ciutat democràtica: el moviment veïnal durant el tardofranquisme i la transició, Barcelona, Universitat Autònoma de Barcelona, 2010, pp. 35-112, esp. pp. 65 y 70-71.
21 Pere Ysàs: «¿Una sociedad pasiva? Actitudes, activismo y conflictividad social en el franquismo tardío», Ayer, 68 (2007), pp. 47-49; Rafael Quirosa-Cheyrouze y Mónica Fernández: «El movimiento vecinal: la lucha por la democracia desde los barrios», en Rafael Quirosa-Cheyrouze (ed.): La sociedad española en la Transición. Los movimientos sociales en el proceso democratizador, Madrid, Biblioteca Nueva, 2011, pp. 208-209.
22 Eduard Masjuan: «Abocats a viure a la llera del riu: el problema de l’infrahabitatge a Sabadell, 1939-1970. De l’habitatge protegit al negoci immobiliari», Documents d’Anàlisi Geogràfica, 61(1) (2015), pp. 152-157.
23 Enric Llopis: La batalla de l’Horta: cinc dècades de resistència silenciada, Carcaixent, Sembra Llibres, 2016.
24 Anaïs Florin y Alba Herrero investigaron las huellas personales, sociales y territoriales del Plan Sur a través de testimonios de hombres y mujeres expropiados en Castellar, junto a la zona que sería afectada más tarde por Mercavalencia. Anaïs Florin y Alba Herrero: Ara vindran les màquines. Relats subalterns de la València Sud, València, Generalitat Valenciana, 2018.
25 Josep Vicent Boira: «El decurs i el discurs de l’extinció de l’horta. Camp i ciutat a València (1865-1966)», Afers, 47 (2004), p. 109.
26 Wilson Picado: «Breve historia semántica de la Revolución Verde», en Daniel Lanero y Dulce Freire (coords.): Agriculturas e innovación tecnológica en la península ibérica (1946-1975), Madrid, Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, 2011, pp. 25-50.
27 Manuel González de Molina et al. (coords.): Historia de la agricultura española desde una perspectiva biofísica, 1900-2010, Madrid, Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, 2019, pp. 70-71.
28 Jesús Izquierdo: «Las culturas de la Gran Transformación: de la ética del campesino a la estética del campo», en Francisco Carreño y Prudencio José Riquelme: Acerca del desarrollo rural: perspectiva sobre el medio rural desde la Región de Murcia, Murcia, Universidad de Murcia, 2008, pp. 34-37.
29 Gwenaëlle Le Goullon y Stéphane Frioux: «Entre reconstruction et “expansion”. Enquêter sur les villes des Trente Glorieuses», en Stéphane Frioux (dir.): Une France en transition. Urbanisation, risques environnementaux et horizon écologique dans le second xxe siècle, Ceyzérieu, Champ Vallon, 2021, pp. 47-50.
30 Melania Nucifora: «Pianificazione e politiche per l’ambiente. Le aree industriali italiane nel secondo Novecento», en Salvatore Adorno y Simone Neri Serneri: Industria, ambiente e territorio: per una storia ambientale delle aree industriali in Italia, Bolonia, Il Mulino, 2009, pp. 317-338, esp. pp. 320-322.
31 Empresa estatal creada en 1964 gracias al I Plan de Desarrollo Económico de la dictadura franquista. Congregaba a representantes de ministerios (Agricultura, Hacienda, Comercio...), los sindicatos agrarios oficiales y las cámaras de comercio, con el fin de crear y administrar mercados de venta al por mayor.
32 María Jesús Teixidor y María del Carmen Sanchís: «El transporte urbano colectivo en Valencia», Cuadernos de Geografía, 25 (1979), pp. 165-180.
33 Fundación Cañada Blanch (en adelante FCB), Archivo de Rincón de Arellano, caja 99/23.
34 José Luis Oyón y Manuel Guàrdia: «Introducció: els mercats europeus com a creadors de ciutat», en José Luis Oyón y Manuel Guàrdia (eds.): Fer ciutat a través dels mercats. Europa, segles xix i xx, Barcelona, Museu d’Història de Barcelona, 2010, pp. 11-71, esp. pp. 65-66.
35 Julien Lacaze: «La bataille des Halles de Paris (1968-1971): un moment de réappropriation sociale de la ville», en Isabelle Backouche et al. (eds.): La ville est à nous! Aménagement urbain et mobilisations sociales depuis le Moyen Âge, París, Éditions de la Sorbonne, 2018, pp. 285-302.
36 FCB, Archivo de Rincón de Arellano, caja 99/23.
37 La inauguración fue cubierta por el NODO. «El Ministro de la Gobernación inaugura un mercado de abastos en Valencia» (19 de julio de 1948, NOT N 289 A), https://www.rtve.es/filmoteca/no-do/not-289/1467600/ (consultado el 2 de abril de 2024).
38 FCB, Archivo de Rincón de Arellano, caja 99/9.
39 FCB, Archivo de Rincón de Arellano, caja 99/21.
40 Ibid.
41 «El comisario de Abastecimientos presidió una reunión en el Ayuntamiento», Levante, 3 de mayo de 1967.
42 FCB, Archivo de Rincón de Arellano, caja 99/23.
43 «Expropiación de terrenos para el emplazamiento de la unidad alimentaria», Levante, 14 de noviembre de 1968.
44 Boletín Oficial del Estado (en adelante BOE), 104, 1 de mayo de 1969, p. 6575.
45 Entrevista a Vicente Cabrelles y Luis Bayona, 19 de agosto de 2022.
46 Vicente Diego: «Inauguración del gran polígono de abastecimiento Mercasevilla», Levante, 11 de junio de 1971.
47 Archivo Histórico Municipal de Valencia, Gobierno, Libros Capitulares y de Actas, D-486, 7 de abril de 1971.
48 Entrevista a Pepe Mocholí, 12 de agosto de 2022.
49 Entrevista a Vicente Cabrelles y Luis Bayona, 19 de agosto de 2022.
50 Ibid.
51 Joan Sanz: Memòries de l’Horta de Vera: alqueria de la Carrasca, Godella, s. e., 2023, p. 56.
52 Entrevista a Antonio Bonafont, 4 de enero de 2023.
53 Martín Armoriaga: «Drama en la Huerta. ¿Expropiación social... o lucrativa?», Sábado Gráfico, 25 de marzo de 1972, p. 9.
54 «Lista de los señores firmantes de los escritos reclamando sobre el polígono de “unidad alimentaria” de Valencia», Archivo de Antonio Bonafont.
55 «Incidentes en Mercavalencia», Las Provincias, 22 de octubre de 1972.
56 Entrevista a Antonio Bonafont, 4 de enero de 2023.
57 Entrevista a Empar Puchades, 24 de julio de 2023.
58 Joan Sanz: Memòries de l’Horta de Vera..., pp. 105-112.
59 Entrevista a Antonio Bonafont, 4 de enero de 2023.
60 FCB, Archivo de Rincón de Arellano, caja 99/23.
61 Ibid.
62 Sergio Rodríguez Tejada: Zonas de libertad. Dictadura franquista y movimiento estudiantil en la Universidad de Valencia, vol. II, 1965-1975, València, PUV, 2009, p. 366.
63 Rafael Cruz: Protestar en España, 1900-2013, Madrid, Alianza Editorial, 2015, pp. 164-175.
64 Estos consisten en la colisión entre iniciativas de industrialización de un territorio y la defensa por sus habitantes de la integridad y sustentabilidad de sus formas de vida, sus infraestructuras hidráulicas o su manejo de los recursos naturales. David Soto et al.: «La protesta campesina como protesta ambiental...», pp. 288-290.
65 Daniel Lanero: «Entre dictadura y democracia...», pp. 160-161.
66 Ana Cabana: «Mujeres al frente. Rostros femeninos y acción colectiva», en Teresa María Ortega y Ana Cabana: «Haberlas, haylas». Campesinas en la historia de España en el siglo xx, Madrid, Marcial Pons Ediciones de Historia, 2021, p. 229.
67 Entrevista a Pepe Mocholí, 12 de agosto de 2022.
68 Ibid.
69 Ibid. Estas tácticas ya habían sido utilizadas en Castellar con motivo del Plan Sur para forzar la expulsión de las personas expropiadas. Anaïs Florín y Alba Herrero: Ara vindran les màquines..., p. 98.
70 James C. Scott: Los dominados y el arte de la resistencia..., pp. 43-45.
71 Entrevista a Vicente Cabrelles y Luis Bayona, 19 de agosto de 2022.
72 «Fallo del Supremo sobre el recurso contra Mercavalencia», Levante, 30 de novembre de 1972.
73 Archivo Histórico Municipal de Valencia, Gobierno, Libros Capitulares y de Actas, D-489, 10 de enero de 1973.
74 Las movilizaciones contra la autopista del Atlántico paralizaron por unos años este proyecto, si bien sería retomado a finales de los años ochenta. Daniel Lanero: «Entre dictadura y democracia...», pp. 158-160.
75 Bert Klandermans: «La construcción social de las protestas...», pp. 200-203.
76 Cédula de citación del Juzgado de Instrucción número 1 de Valencia (12 de febrero de 1973), Archivo de Antonio Bonafont.
77 Entrevista a Pepe Mocholí, 12 de agosto de 2022.
78 Ibid.
79 En los relatos recogidos por Anaïs Florín y Alba Herrero, el sentimiento de pérdida lo atraviesa todo: pérdida de salud, de calidad de vida, sustento económico, arraigo, etc. Anaïs Florín y Alba Herrero: Ara vindran les màquines..., pp. 107-112.
80 Entrevista a Pepe Mocholí, 12 de agosto de 2022.
81 Entrevista a Vicente Cabrelles y Luis Bayona, 19 de agosto de 2022.
82 BOE, 11, 12 de enero de 1974, p. 707.
83 Vicente Murillo: «De aquí y allá», Levante, 24 de septiembre de 1974.
84 Entrevista a Antonio Bonafont, 4 de enero de 2023.
85 Ibid.
86 Ana Cabana y Daniel Lanero: «Movilización social en la Galicia rural del tardofranquismo (1960-1977)», Historia Agraria, 48 (2009), p. 122.
87 Entrevista a Pepe Mocholí, 12 de agosto de 2022.
88 Enric Llopis: La batalla de l’Horta..., pp. 18-20.
89 Entrevista a Empar Puchades, 24 de julio de 2023.
90 Ryan Juskus: «Sacrifice Zones...», pp. 16-17.
91 «Vecinos de La Punta piden “reparación” y “responsabilidades” por la ZAL», Valenciaplaza, 9 de abril de 2022, https://valenciaplaza.com/vecinos-la-punta-piden-reparacion-responsabilidades-zal (consultado el 2 de abril de 2024).
92 Ana Cabana: «Memoria colectiva y “Revolución Verde”...», p. 193.