Ayer 119/2020 (3): 135-161
Sección: Dosier
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2020
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/119-2020-06
© Leandro Losada
Recibido: 17-07-2017 | Aceptado: 26-03-2018
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Reconsiderando la neutralidad chileno-argentina: prensa y diplomacia japonesa en la Conferencia de Río de Janeiro de 1942 *
Pedro Iacobelli
Pontificia Universidad Católica de Chile
Centro UC de Estudios Asiáticos
piacobel@uc.cl
Resumen: El encuentro de ministros de Relaciones Exteriores en Río de Janeiro en 1942 fue el escenario en donde se manifestaron posturas a favor y en contra de la expulsión de los cuerpos diplomáticos del Eje en América Latina. Frente a la mayoría, solo Chile y Argentina rechazaban la expulsión. Este trabajo examina el contexto de esta reunión continental y evalúa los esfuerzos del cuerpo diplomático japonés para mantener la neutralidad chileno-argentina y, a su vez, las impresiones que se difundieron de este encuentro en Japón a través de la prensa nipona. Esta perspectiva permite valorar el impacto global de las posiciones chileno-argentinas, la influencia de Japón en este proceso y los usos que se hicieron en Asia de la postura hegemónica estadounidense.
Palabras Claves: Conferencia de Río de Janeiro, panamericanismo, Japón, prensa, Segunda Guerra Mundial.
Abstract: In 1942, foreign ministers met in Río de Janeiro to take part in a debate over the collective and unanimous breaking of relations with Axis powers. While most American nations supported this stance, Chile and Argentina stood alone in opposing the severing diplomatic relations with the Axis. This paper examines the context of the meeting. By relying on Japanese press coverage, it assesses the Japanese foreign service’s efforts to maintain the neutrality of Chile and Argentina. This provides an interesting perspective of the global impact of the Chilean-Argentine position, the influence displayed by Japan in this process, and how the hegemonic position of the U.S. was instrumentalised in Asia.
Keywords: Conference of Rio de Janeiro, pan-Americanism, Japan, press, World War Two.
La Tercera Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de los países americanos, convocada por el ministro chileno Juan Bautista Rossetti Colombino como respuesta al ataque japonés a Estados Unidos en diciembre de 1941, se realizó en la ciudad de Río de Janeiro desde el 15 al 28 de enero de 1942 1. La Reunión de Consulta (también referida como Conferencia de Río) volvió diáfanas las diferencias políticas sobre el valor de la neutralidad existente entre sus miembros durante la Segunda Guerra Mundial y emergió como un escenario de disputas, influencias y negociaciones que intercalaron los intereses locales y los objetivos hemisféricos proestadounidenses 2.
El grupo mayoritario de las naciones americanas respaldó la posición de Estados Unidos, país representado en Brasil por un nutrido contingente encabezado por el representante del secretario de Estado y subsecretario para Asuntos Americanos Sumner Welles (1937-1943), quien interpretó con vehemencia la cláusula de solidaridad continental —concepto surgido en reuniones previas— de forma perentoria como una llamada para, al menos, romper relaciones de manera unánime con Japón, Italia y Alemania. Un grupo minoritario, que sin constituir un bloque ni mantener una agenda común y que al comenzar la conferencia estaba nominalmente compuesto, entre otros, por Perú, Brasil, Paraguay, Chile y Argentina 3, no siguió de inmediato la postura liderada por Estados Unidos. De hecho, estos dos últimos países, sin abandonar su neutralidad formal, forzaron a que la resolución final del encuentro fuera modificada, morigerando el tono hacia la continuidad de las relaciones diplomáticas con el Eje. El borrador original del artículo III, presentado por Sumner Welles el 21 de enero, establecía lo que sigue: «Las Repúblicas Americanas [...] no pueden continuar sus relaciones diplomáticas con Japón, Alemania e Italia». No obstante, el artículo definitivo fue enmendado para que, en vez de acordar el quiebre de relaciones, señalara lo siguiente: «Las Repúblicas Americanas, siguiendo los procedimientos establecidos por sus propias leyes y dentro de la posición y circunstancia de cada país en el actual conflicto continental, recomiendan la ruptura de relaciones diplomáticas con Japón, Alemania e Italia por haber el primero de estos Estados agredido y los otros dos declarado la guerra a un país americano» 4. El punto sobre la neutralidad «hemisférica» fue el más álgidamente discutido en el debate y determinó la posición minoritaria de Argentina y Chile, defensores de la neutralidad.
El caso de la neutralidad chileno-argentina durante la Conferencia de Río ha sido estudiado principalmente desde fuentes americanas, en especial los archivos diplomáticos de Chile, Argentina y Estados Unidos 5. Dentro de esta historiografía, los trabajos seminales de Michael J. Francis —en especial su libro The Limits of Hegemony: United States Relations with Argentina and Chile During World War II—, junto con problematizar la teoría de la dependencia, interpretan la neutralidad chilena y argentina tras el ataque a Pearl Harbor en función de los conflictos políticos domésticos locales y, en menor medida, lo atribuye al pobre manejo de la presión diplomática estadounidense 6. Por otra parte, y sin alejarse del todo de la tesis de Francis, Mario Barros, Joaquín Fermandois y José Sanchís, entre otros, han sostenido el argumento de que la neutralidad reafirmada en Río de Janeiro fue exclusivamente proaliados 7. Esta posición se sustenta por cuanto Argentina y Chile, al abrazar una serie de resoluciones que emanaron en Río de Janeiro —tales como controlar la actividad subversiva centrada en miembros del Eje, la producción preferente para el bloque aliado y no declarar beligerante a Estados Unidos—, habrían dado un trato privilegiado a un bando sobre otro en el conflicto. Sanchís acentúa que el carácter de la neutralidad argentina obedeció a las preferencias políticas del Ejecutivo sobre el Legislativo. En cambio, Fermandois subraya los elementos de la «mentalidad de grupo», por la cual la clase política chilena reconoció una tradición neutralista en su historia reciente que debía ser preservada (aunque esto cambiaría a los pocos meses). Asimismo, dentro del relato de la neutralidad proaliados, destaca Barros que la neutralidad tradicional (estipulada en las Convenciones de La Haya en 1899 y 1907) fue soslayada al incluir varias provisiones a favor de Estados Unidos 8. Por último, otra veta en la bibliografía aborda de manera indirecta el tema de este artículo a través de estudios sobre las relaciones entre los países americanos y Japón durante la Segunda Guerra Mundial. En particular autores como Mauricio Paredes y Florentino Rodao, entre otros, han enriquecido y vitalizado la perspectiva de análisis al explorar otra dimensión de las relaciones hemisféricas e incorporar el racismo antijaponés y el espionaje del Eje en América del Sur en sus análisis 9.
Este trabajo, a partir de una pesquisa de los principales periódicos japoneses que cubrieron la conferencia como Asahi Shimbun, Yomiuri Shimbun y el diario en idioma inglés The Japan Times & Advertiser, ligado al Ministerio de Relaciones Exteriores de Japón, junto con la recién editada colección de fuentes diplomáticas japonesas Nihon Gaikō Bunsho : Taiheiyō Sensō, entre otras, propone analizar el valor que se le dio en aquel país a la neutralidad chileno-argentina. Desde esta perspectiva es posible incorporar la interpretación que se le dio a esta neutralidad al otro lado del océano Pacífico por uno de los principales beligerantes. Se avanza el argumento de que, si bien los términos formales de la neutralidad chileno-argentina fueron claramente beneficiosos para Estados Unidos, el hecho de no romper relaciones diplomáticas, manteniendo la presencia de representantes en el continente, con lo que emergía una minoría disidente a los dictados de Washington en Sudamérica, fue recogido por la prensa nipona como un triunfo a su causa contra el imperialismo occidental y un motivo de satisfacción para su cuerpo diplomático en estos países, ya que lo consideraron parte del fruto de su propia ofensiva diplomática en la región.
El origen del conflicto armado entre Japón y Estados Unidos (1941-1945) se circunscribe a la férrea oposición —utilizando principalmente medios económicos— de la administración del presidente Roosevelt a la expansión japonesa en China y Asia en general 10. Desde la óptica del Japón de entonces, sus esfuerzos en Asia se articularon desde la lógica discursiva del panasiatismo, que rescataba la noción de autodeterminación de los pueblos en un continente colonizado por las principales potencias occidentales. En síntesis, el panasiatismo japonés —una versión de la doctrina Monroe aplicada en Asia— se construyó sobre la repulsión de toda influencia norteamericana y europea en Asia 11. La ideología que llegó a gobernar Japón en la década de 1930 consideraba a los pueblos que entraban en su esfera de influencia miembros de una misma familia, dentro de la cual emergía como atalaya de sabiduría señalando el camino hacia la emancipación y el desarrollo moderno 12.
Con respecto a las relaciones interamericanas, el sistema de Consultas de Ministros de Relaciones Exteriores había surgido en la reunión de Buenos Aires en 1936, a raíz de los acuerdos alcanzados tras la guerra del Chaco (1932-1935), cuando se estableció que fuese el principal mecanismo para prevenir la acción individual de una nación o un grupo de países, reemplazándola por un esfuerzo colectivo de todas las naciones del continente 13. En la Conferencia de Lima de 1938 —en cuya declaración se enuncia la solidaridad entre las repúblicas americanas, previendo la seguridad o integridad territorial de un país miembro— se fijaron la forma y los mecanismos para convocar y realizar una consulta. La realizada en Panamá entre septiembre y octubre de 1939, a raíz del estallido de la guerra en Europa, fue la primera de ellas 14. En aquella oportunidad, el conjunto de países americanos se propuso mantener una estricta imparcialidad, para lo cual establecieron una zona de neutralidad de 300 millas y repudiaron las «listas negras» impulsadas por Gran Bretaña contra las empresas alemanas o aquellas que comerciaran con Alemania 15.
La Segunda Reunión de Consulta se realizó en La Habana entre el 21 y 30 de julio de 1940. Fue convocada como respuesta a la rápida e inesperada victoria alemana en Francia y ante las interrogantes surgidas sobre el destino de las posiciones francesas en el continente americano. En esta reunión se concluyó, con la resolución número XV, que cualquier ataque contra la integridad de un Estado americano sería considerado un acto de agresión contra el resto de los Estados firmantes 16. En definitiva, durante la década de 1930, el sistema interamericano —como demuestra Francis— «pasó de ser un método para resolver disputas y mejorar relaciones entre países miembros a una alianza en respuesta a eventos que provenían de Europa» y, desde diciembre de 1941, de la acción japonesa en el Pacífico 17.
La Conferencia de Río, la tercera de las reuniones de consulta, continuó con la tendencia de los dos encuentros anteriores, ya que amplificó la influencia estadounidense en la región y buscó, por otra parte, una respuesta continental unánime al ataque japonés. Sumner Welles abogó por el afianzamiento de la unidad hemisférica a favor de su país y por el cumplimiento de la resolución número XV de la reunión de La Habana, realizando una constante presión para que aquellas naciones que no lo hubieran hecho aún rompieran relaciones con el Eje. En el acta final de la reunión de consulta se ve con nitidez que el subsecretario estadounidense logró casi por completo su cometido, porque las naciones americanas en su conjunto se comprometieron a controlar la producción a favor del bloque anglo-estadounidense; vigilar la actividad subversiva centrada en los ciudadanos de los países miembros del Eje; condenar la agresión de Japón y declarar no beligerante a los Estados Unidos; en suma, la política y economía latinoamericanas se inclinaron con fuerza hacia dicho país y los esfuerzos de guerra de los aliados 18.
Las posiciones chilena y argentina durante la Conferencia de Río deben contextualizarse en sus excepcionales respectivas situaciones políticas internas. Si bien Chile había decretado su completa neutralidad a los pocos días de iniciarse el conflicto —al igual que el resto del continente—, a partir de noviembre de 1941 se hallaba en un proceso sucesorio debido al fallecimiento del presidente Pedro Aguirre Cerda (25 de noviembre). El gobierno, encabezado por el vicepresidente Gerónimo Méndez Arancibia, mantuvo la política de neutralidad durante los breves cinco meses que duró su interinato (noviembre de 1941 a abril de 1942) 19. Esta posición, defendida en Río de Janeiro por un amplio equipo encabezado por el ministro Juan Bautista Rossetti Colombino (junio de 1941 a abril de 1942), era minoritaria, al igual que la de Argentina, que fue representada por el ministro Enrique Ruiz Guiñazú. Durante parte de la conferencia contó también con el apoyo nominal de otros representantes nacionales, como los de Perú y Brasil, aunque estos países terminarían por sumarse a la posición estadounidense 20.
A diferencia de Chile, Argentina se hallaba regida por una sucesión de gobiernos cívicos y militares desde inicios de la década de 1930. Como indica Luis Alberto Romero, sus gobernantes, elegidos de manera fraudulenta, favorecieron el surgimiento de un nacionalismo popular 21. El gobierno del vicepresidente Ramón S. Castillo (septiembre de 1940 a junio de 1943), en reemplazo del enfermo presidente Roberto M. Ortiz (quien falleció en julio de 1942), representaba a los grupos más conservadores de la sociedad y a una corriente del uriburismo que ensalzaba el orden por encima de la democracia 22. La actitud de su gobierno después del ataque nipón a Pearl Harbor fue de condena, como la de Chile, extendiendo a Estados Unidos los beneficios de no considerarlo beligerante. En este sentido, y siguiendo a Sanchís Muñoz, la política exterior argentina varió entre el gobierno de Ortiz, «moderadamente aliadófilo», y el de Castillo, de talante antinorteamericano 23. Pero Castillo se mostró resuelto a no comprometerse de forma directa con la guerra, a diferencia de Brasil. De acuerdo con la definición que dio el ministro de Relaciones Exteriores Enrique Ruiz Guiñazú (junio de 1941 a junio de 1943) en una entrevista poco antes de la Conferencia de Río, «la solidaridad americana [...] no implica automatismos [...] y menos se confunde con alianzas militares» 24.
Por último, para contextualizar la perspectiva transpacífica de este estudio, la posición japonesa hacia América Latina en la década de 1930 transitó desde la intrascendencia, exceptuando sus flujos migratorios en la región (sobre todo en Brasil, Perú, México y Argentina), a una incipiente influencia en el plano económico, cultural y político 25. La bibliografía sobre el tema en japonés evita profundizar en estos vínculos y se inclina por una narración complaciente con ambas partes 26. En general, se apunta —como indica Hayashiya Eikichi— 27 que la guerra constituyó un periodo excepcional en una historia marcada por la complementariedad económica y las relaciones diplomáticas amistosas, en varios casos iniciadas en el siglo xix 28. Sin embargo, como ha estudiado Matsushita Hiroshi, la irrupción de Japón en América Latina a fines de la década de 1930 refleja las dos lecturas políticas y económicas hechas por el gobierno de Japón sobre la región. En primer lugar, se pensaba que al disminuir de modo progresivo el comercio entre Europa y América Latina, y al no ser Estados Unidos capaz de reemplazar por sí solo a Europa en ese mercado, Japón se encontraría en una posición privilegiada para consolidarse como un socio comercial de importancia para Latinoamérica 29 (por ejemplo, para el caso chileno, el comercio bilateral con Japón llegó a representar el 5 por 100 del total) 30. Pero la mayor presencia japonesa no solo fue reflejo de las consideraciones comerciales. Como indican algunos documentos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Japón (Gaimushō), dentro del cálculo político se valoró la existencia de un fuerte sentimiento antiestadounidense en la población latinoamericana. El gobierno de Japón consideraba de gran interés la postura contra ese país en Argentina, por cuanto «como gran señor de Sudamérica lidera el grupo contra los Estados Unidos y enfatiza —contra el panamericanismo— la idea de Sudamérica para los sudamericanos» 31.
Durante los años treinta, y sobre todo a partir de diciembre de 1940, el gobierno japonés redefinió su política de expansión de poder blando (soft power) en las Américas 32. Como indica Akami, el establecimiento de la agencia de noticias Dōmei en 1935 —definida como una institución de difusión de propaganda civil en el extranjero y que además estaba volcada a reunir información de inteligencia—, subordinada, en las zonas no ocupadas por Japón, al Ministerio de Relaciones Exteriores y de su cuerpo diplomático, le dio un carácter global a sus intentos por contrarrestar las «noticias propaganda» de las agencias controladas por los aliados: Reuters, Associated Press y United Press, entre otras 33. La apertura de oficinas o representaciones en México, Río de Janeiro, Buenos Aires y Lima son un reflejo de su interés en Latinoamérica en este aspecto 34.
Durante las semanas que siguieron al ataque a Pearl Harbor y durante la Conferencia de Río de Janeiro, las autoridades niponas se preocuparon de dejar claro, en respuesta a la propaganda anglo-estadounidense, no tener intereses territoriales en Sudamérica. Por ejemplo, el 19 de diciembre, el ministro de Relaciones Exteriores Tōgō Shigenori —escudando la posición de Japón de los ataques de la propaganda norteamericana— les indicó a los ministros de Relaciones Exteriores de Argentina, Brasil, Perú y Chile que su real propósito en la guerra contra Estados Unidos y el Imperio británico era «eliminar la influencia anglo-estadounidense —principal fuerza de inestabilidad en Asia del este— y así asegurar la existencia y seguridad de Japón, y al mismo tiempo conseguir la estabilidad y prosperidad de Asia del este para, aún más, contribuir con la paz del mundo». Por tanto, continuó el ministro, «Japón no contempla planes malvados contra los países sudamericanos» 35. Un mes más tarde, en el marco de la Conferencia de Río, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Japón volvió a reiterar su intención de mantener las relaciones amistosas con los países neutrales («los cuatro grandes poderes de Sudamérica: Argentina, Brasil, Chile y Perú»); esta vez, haciendo notar el carácter de no obligatoriedad del apoyo exigido por Estados Unidos y el interés nipón de restaurar la actividad comercial entre esos países. En el mismo comunicado, el gobierno japonés añadió, en tono de advertencia, que Estados Unidos, al haber iniciado la guerra, se expuso económica y militarmente, por lo que no podría otorgar una asistencia sustancial a los países latinoamericanos, y agregó que «acceder ciegamente a las demandas de los Estados Unidos y romper las relaciones diplomáticas con Japón no es un acto responsable [...] la ruptura de relaciones diplomáticas es el paso más peligroso e introducirá al país en la guerra» 36.
El cuerpo diplomático japonés acreditado en América Latina vivió las semanas más intensas de la guerra antes y durante la reunión de consulta en Río de Janeiro. Tras el ataque a Pearl Harbor varias naciones americanas, una tras otra, rompieron relaciones con Japón, expulsando a su cuerpo diplomático de estos países y tomando duras —e incluso abusivas— medidas contra la población de origen japonés, como fue la expropiación de sus bienes, el congelamiento de sus fondos bancarios, encarcelamientos, internaciones y deportaciones 37. Antes de iniciada la Conferencia de Río, de las veintiuna naciones que participaron, Colombia, México y Venezuela ya habían roto relaciones con el Eje y nueve países americanos habían declarado la guerra. En Río de Janeiro, la posición de aquellos nueve países que aún no se habían definido, o que mantenían su neutralidad, fue central en el desarrollo del encuentro 38. Para las autoridades niponas, la neutralidad de países como Perú o Chile revestía una gran importancia, porque, como le indicó el ministro Tōgō al ministro plenipotenciario del emperador del Japón en Chile, Yamagata Kiyoshi (a veces escrito como Keyoshi), estratégicamente su nación aspiraba a proteger la supremacía naval (seikaiken) en el Pacífico Sur, zona que la Armada japonesa, embriagada por el éxito de su flota, consideró extender 39. Junto a este objetivo militar, Tōgō identificó como de «colosal» importancia recuperar el comercio con los países de la costa pacífica, pues —como se mencionó anteriormente— su nación valoró la guerra europea como una oportunidad para fortalecer su actividad económica en el continente 40. En enero de 1942, el gobierno japonés abrigaba esperanzas de que a través de las naciones neutrales podría contar con productos estratégicos para sus campañas militares (sobre todo, cobre). Pero más allá de estas consideraciones, Japón, a través de su cuerpo diplomático, buscaba contrarrestar la avasalladora y ubicua influencia estadounidense sobre las cada vez menos neutrales naciones de América.
La presión por mantener la neutralidad también caía sobre los hombros del cuerpo diplomático japonés. Como Tōgō le mencionó a Ishii Itaro, embajador en Brasil, poco antes de que comenzara la reunión de consulta, «el bloque pacifista puede hundirse debido a la actividad de los países vecinos y toda la fuerza de presión de Estados Unidos» 41. Para Japón, la batalla diplomática por la neutralidad de alguno de los países americanos fue expuesta como la continuación de su enfrentamiento antiimperialista contra Estados Unidos por otros medios. En esta línea, y como se examina más adelante, sus diplomáticos utilizaron varias estrategias para lograr sus fines (por ejemplo, en el caso chileno, tuvieron conversaciones eufemísticas para referirse a la amenaza que representaba la flota japonesa sobre las costas del Pacífico Sur) 42.
La prensa nipona —controlada por el régimen y, como en el caso del diario en inglés The Japan Times & Advertiser, virtualmente portavoz del Gaimushō— informó desde Brasil de los pormenores de la cita continental 43. Es importante destacar la cobertura dada por su prensa a América Latina antes y durante la Conferencia de Río, porque permite valorar el impacto global de las posiciones enfrentadas. Así, Chile y Argentina formaron parte de la política mundial en un momento histórico crítico, hecho rescatado por la prensa del Eje. Desde la perspectiva nipona, la reunión de consulta de los ministros de Relaciones Exteriores representó un termómetro del poderío estadounidense en América Latina; cuantos más países rechazaran romper con las potencias del Eje, más débil se consideraría la influencia de Estados Unidos sobre «su» esfera de influencia. Asimismo, la constante presión de este país sobre sus pares fue juzgada como un ejemplo tangible e irrefutable de su carácter imperialista y pendenciero (las mismas características a las que se había referido la justificación del ataque a Pearl Harbor). Es decir, tanto en el caso de que la totalidad de los ministros de Relaciones Exteriores decidieran de forma unánime romper relaciones diplomáticas con Japón como si se levantaban y sostenían voces disidentes con el quiebre, la Conferencia de Río podía servir de propaganda antiestadounidense.
La prensa japonesa, entendida como brazo comunicacional del régimen, cubrió América Latina desde la óptica global que el enfrentamiento contra Estados Unidos le daba, utilizando los hechos noticiosos —antes y durante la Conferencia de Río— con finalidad propagandística 44. De la lectura de los principales periódicos nipones publicados desde fines de 1941 en adelante, podemos identificar que la cobertura de noticias latinoamericanas se hallaba supeditada a las actividades estadounidenses en la región y, en menor medida, a algún acuerdo o vínculo directo entre el Imperio de Japón (o sus súbditos) y algún país americano. Se observa también un rápido aumento en el número y extensión de noticias sobre América Latina después del ataque a Pearl Harbor. Dos son las constantes más relevantes que se identifican en la cobertura periodística nipona de América Latina. La primera, resaltar en notas críticas el control regional que imponía Estados Unidos; elemento, como se ha señalado, semejante al relato japonés que fundamentó el ataque del 7 de diciembre. La segunda constante identificada es la de destacar la virtud de aquellos países que no se alinearon de inmediato con la política estadounidense. En este sentido, las posturas adoptadas por Chile y Argentina tuvieron una repercusión geográfica mayor que el de sus contextos regionales específicos.
En Japón, las semanas previas a la reunión de Río, la hegemonía estadounidense sobre el resto del continente, en particular su intención de que los países americanos de forma unánime apoyaran el quiebre de relaciones con el Eje, estuvo constantemente sujeta a críticas. El Asahi Shimbun calificó la actuación de Estados Unidos en la región de «comportamiento vergonzoso» (kyōtai), por la intensidad con que trataba de aunar la posición de las naciones indecisas y la ruptura de relaciones con Japón, Italia y Alemania 45. Lo vergonzoso, como indicó el The Japan Times & Advertiser, radicaba en que «The U.S. may dictate the terms of the coming Pan-american [sic] Foreign Ministers’ Conference» y, a través de la doctrina Monroe, «become the front of democratic imperialism» 46. La prensa en Japón alertó sobre el desarrollo de la reunión en Río, pues se difundía la imagen de que estos países podían verse arrastrados al bando anglo-estadounidense: «The Pan-American Conference is being purposely mooted by President Roosevelt to use Latin America as his cannon fodder, just as he is using Chungking as a destructive element in the growth of the projected Greater East Asia Co-Prosperity. For this fact [...] Japan cannot remain indifferent to the venue of the Rio de Janeiro meet» 47. Es decir, se difundió una imagen de control continental tiránico por parte de Estados Unidos, empequeñeciendo los espacios de autonomía latinoamericanos. El análisis de Kawai Kazuo, en el editorial del 10 de enero, revela la percepción que se tenía en Tokio de las intenciones de aquel país en la Conferencia de Río: «Gain control of all strategic points in both the American continents [...].The United States hope to exploit the countries of Latin America [and] has nothing to offer except luxury goods for the few aristocrats in the Latin American capitals» 48. De semejante opinión era el vocero de la Oficina de Información, Hori Tomokazu, quien advirtió:
«[T]he issue which cannot be condoned by Japan is the fact that the United States is making frantic efforts to drag the South American countries into the vortex of war, taking advantage of the prospective Pan-American Foreign Ministers’ Conference on January 15. I can hardly emphasize that the so-called pan-American [sic] policy, which is the national policy of the United States, is nothing but a venomous “doll” diplomacy, although it is couched in fair terms such as the establishment of a joint formation of Central and South American countries and good neighborly relationships» 49.
Además, la prensa japonesa se encargó de enfatizar los disensos entre las naciones americanas. Por ejemplo, el corresponsal de Asahi Shimbun en Buenos Aires reportó la continua presión estadounidense sobre los países neutrales: estimaba que se había «observado un comportamiento extremadamente justo (kōsei) de Chile y Argentina, oponiéndose a la presión de Estados Unidos y al parecer manteniendo su neutralidad [...] su posición merece mucho respeto» 50. El mismo día, The Japan Times & Advertiser publicó: «South Americans have long been oppressed by the United States, and they seem to be glad that the little Japan has given such a beating to the United States» 51. El paralelo entre la imagen del «pequeño Japón» y el discurso de los «oprimidos» países sudamericanos apareció constantemente en los informes de prensa. Cumplía, por un lado, el rol de acercar la noticia a sus ciudadanos y, por otro, daba cuenta de las maniobras políticas en América. Tres días más tarde, el editorial del Asahi Shimbun [titulado «Nanbei chūritsu koku no koshū» («La actitud de los países neutrales de Sudamérica»)] esbozó la existencia de un bloque antinorteamericano en el subcontinente: «Argentina, Brasil y Chile componen un grupo de tres países conocidos como ABC que se opone a Estados Unidos [...], los cuales lucharán por conservar su neutralidad» 52. Una semana más tarde, Perú también era identificado como miembro de dicho grupo y la prensa recomendaba fortalecer la «histórica» buena relación comercial y política con los integrantes de aquel «bloque» 53.
A medida que las distintas misiones americanas iniciaban sus viajes a Río de Janeiro (lo que incluyó para varias delegaciones una parada previa en Buenos Aires), la prensa nipona aumentó la cobertura y el tono de gallardía a favor de los países que manifestaban un claro rechazo al quiebre. The Japan Times & Advertiser, en la portada de su edición de 9 de enero (matutina), tituló: «Argentina opposes any military pact hindering freedom», resaltando las palabras del ministro Guiñazu: «solidaridad no significa alianza». La resolución argentina se contrapuso a la propuesta de la República Dominicana de adoptar en conjunto una declaración de guerra contra el Eje 54. La posición argentina —destacada como una actitud de principios— fue comparada con la chilena, en la que la neutralidad obedecería al miedo a participar en el conflicto del Pacífico 55. La prensa nipona no desperdició oportunidad para dar cuenta de que la existencia de una oposición americana a los Estados Unidos constituía un síntoma de su debilidad, como refleja el siguiente párrafo:
«Brazil, for instance, has already expressed views against it. Chile is also very cautious in deciding its attitude. Argentina, Chile and Paraguay are making secret activity to prevent the passage of such a radical proposal at the Rio de Janeiro conference. Argentina and Peru are also endeavoring to prevent such an extreme measure as the severance of diplomatic relations. In such a manner, the plan of the United States is not developing as it wishes» 56.
En definitiva, los días previos a la Conferencia de Río de Janeiro, la prensa nipona insistió en el carácter opresor de Estados Unidos, vinculándolo con el propio devenir japonés. Igual de importante fue la difusión de la existencia de una alianza contraria al quiebre de relaciones, la cual impedía la concreción de los planes norteamericanos para el hemisferio (Bei no Nanbei kōsaku susumazu) 57. La divulgación de un flanco débil para Estados Unidos en Sudamérica no fue sino la constatación de un elemento que el cuerpo diplomático japonés había tratado de explotar. La prensa nipona sirvió como caja de resonancia a la actividad del Gaimushō y, al cubrir desde el continente americano el desarrollo de las conversaciones sobre la neutralidad o quiebre con el Eje, pudo imprimir una cuota de presión sobre sus diplomáticos para llevar a cabo la tarea de asegurar la neutralidad de algunos países de la región. La «neutralidad» en el continente americano fue un tema de gran importancia para la clase política japonesa por cuanto representaba un campo de batalla más dentro de la guerra en el Pacífico.
El inicio de la reunión de consulta el 15 de enero de 1942 dio pábulo a los medios japoneses para reiterar las dos principales observaciones sobre América Latina: por un lado, el carácter intervencionista y opresor de Estados Unidos en la región y, por otro, la poco empatía y cercanía que los países americanos mostraban a los dictados de Washington. Así lo sintetizó el The Japan Times & Advertiser en su informe sobre la Conferencia Panamericana: «It is characteristic of all these conferences that they invariably provide occasion for Washington’s intervention, in one form or another, in internal affairs of Latin American countries», mas «[o]f the treaties and conventions decided at the Pan/American conferences not a few still remain unratified. This fact must be considered as evidence of Latin American countries discountenancing the interventionist policy of Washington masked as peaceful undertaking» 58. En la misma línea, el Asahi Shimbun tituló su cobertura del inicio de la Conferencia de Río como «Arrebato adherido a la derrota estadounidense. Amargas maniobras al lado de Argentina» («Beihaisen kotoni kyōhan. A koku futokoro ni kurushii kōsaku»), destacando la resistencia interna al quiebre de relaciones (principalmente la de Argentina) y el vínculo entre los intereses estratégicos estadounidenses en el océano Pacífico (en donde estaba siendo derrotado) y la unidad hemisférica 59. Esta conexión fue resaltada de forma explícita por el Yomiuri Shimbun, medio en el cual —en una entrevista con su corresponsal en Río de Janeiro— se valoró a Sudamérica como un importante suministrador de materias primas esenciales para la industria de guerra de Estados Unidos 60.
A medida que avanzó la reunión, y a pesar de que la totalidad de los países americanos se mostraron dispuestos a condenar el ataque japonés y apoyar a Estados Unidos en sus esfuerzos de guerra, la prensa nipona se concentró de manera exclusiva en la presión ejercida por el coloso del norte y la resiliencia de cada vez menos países americanos. Para estos propósitos dos eventos ocurridos antes y durante la conferencia misma resultaron de especial importancia. En primer lugar, la propuesta del gobierno dominicano —impulsada desde Washington— de incorporar a la tabla de la reunión una declaración conjunta de guerra a los países del Eje, que encontró la oposición clara de los países sudamericanos. El segundo episodio giró en torno a la redacción de la resolución de la conferencia. Como se ha indicado al inicio de este trabajo, el artículo III de la resolución establecía: «Las Repúblicas Americanas [...] recomiendan la ruptura de relaciones diplomáticas con el Japón, Alemania e Italia»; sin embargo, el borrador original de este artículo, presentado por Sumner Welles el 21 de enero, indicaba lo siguiente: «Las Repúblicas Americanas [...] no pueden continuar sus relaciones diplomáticas con Japón, Alemania e Italia», pero tuvo que ser modificado por el rechazo chileno y argentino. Ambos episodios fueron utilizados por la prensa nipona para enfatizar la debilidad estadounidense; en sí, fueron elevados para que constituyeran pequeños bochornos diplomáticos, ridiculizando al principal enemigo de Japón en el Asia-Pacífico 61.
El rechazo en bloque de los países sudamericanos a la propuesta dominicana (hecha oficial el 15 de enero) fue difundido en Japón, que se ufanó de lo que se consideró una derrota para Estados Unidos. El Yomiuri Shimbun, en su editorial del 16 de enero, subrayaba que «el moribundo y derrotado Estados Unidos» no había logrado el apoyo de la región para declarar la guerra al Eje y que en el transcurso de la cita continental intentaría de nuevo propagar la ideología del imperio estadounidense (Amerika teikokushugi) 62. El The Japan Times & Advertiser informó: «U.S. reportedly unable to get Pan-American states to Declare War» y una nota parecida apareció en otros medios 63. En la cobertura de este episodio se destacó que de seis a siete países se habían manifestado contrarios a una propuesta que la prensa nipona no dudaba en atribuir a Washington. Por otro lado, en la medida en que la posición de Chile y Argentina era más minoritaria, producto de la temprana adhesión de Perú al bloque rupturista y de la desconocida postura de Brasil —que mantuvo hasta la última jornada su neutralidad—, se acentuó en la prensa nipona la imagen imperialista de Estados Unidos y las tensiones antes expuestas fueron auscultadas sin pausa.
Mientras su prensa cubría con ánimo propagandístico la reunión de consulta, el cuerpo diplomático japonés en Tokio, Buenos Aires, Río de Janeiro y Santiago continuó activo. Ansiosos por el inicio de la conferencia, los delegados japoneses realizaron estudios preliminares sobre los acuerdos alcanzados en las reuniones de La Habana y Panamá, y con especial atención se centraron en las implicaciones y la obligatoriedad del concepto de «solidaridad» 64. Desde el Ministerio de Relaciones Exteriores de Japón se dio la orden de informar a Tokio de todos los detalles relacionados con el encuentro, incluyendo de forma íntegra los discursos emitidos en las sesiones plenarias y las posiciones que expresaban los miembros de las delegaciones americanas, ya fuera de manera pública en periódicos o privada en reunión con diplomáticos japoneses 65.
Durante este encuentro se coordinó la estrategia del cuerpo diplomático japonés con la de las otras misiones del Eje en Brasil y la región. La conferencia disparó el intercambio de opiniones sobre la misma a nivel ministerial como el mutuo traspaso de información sobre las diversas conversaciones que los ministros de Alemania, Italia y Japón establecieron con los delegados de los países neutrales en Brasil 66. Producto de esta coordinación, y a petición del ministro alemán en Río de Janeiro, se aumentó la presión sobre los delegados neutrales 67, lo que incluyó advertir a estos sobre los riesgos «inherentes» a ser considerado país en guerra 68. El ambiente denso y lleno de tensión que reinaba entre los delegados del Eje a medida que pasaban los primeros días de la conferencia —enfrentados a la creciente presión de Sumner Welles sobre el grupo neutral para que rompieran relaciones y subsumirlos en el bando aliado— llevó a miembros del Eje a extremar los pocos medios disuasorios y a evitar el quiebre de relaciones. Por ejemplo, el 16 de enero de 1942, y de forma no oficial, los tres embajadores del Eje le habrían hecho presente a Oswaldo Arahna, ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, la velada amenaza de que la ruptura de relaciones tenía las características de una declaración de guerra 69. Los documentos de archivo dan cuenta de que en Japón existía plena conciencia de que una resolución unánime a favor del quiebre de relaciones privaría a Japón —y a las otras potencias del Eje— de su presencia en el continente americano, al tiempo que la guerra devenía más global que nunca. A la presión estadounidense en pos del quiebre, el cuerpo diplomático japonés reaccionó incrementando sus actividades de disuasión en torno a los países neutrales.
En el caso de Chile, la presión para mantener o terminar con su neutralidad, de un lado y otro, fue intensa. Esto obedeció en parte a la ambivalencia, como se ha indicado, de su ministro de Relaciones Exteriores, Juan Bautista Rossetti 70. Aunque el discurso inaugural de Rossetti (una apología al panamericanismo) fuese mal recibido en Japón, su posterior actuación a favor de la neutralidad acendró en el cuerpo diplomático nipón la idea de que la competencia contra Estados Unidos se jugaría alrededor de la posición chileno-argentina 71. De acuerdo con fuentes japonesas, el 17 de enero, Ishii, su embajador en Brasil, en reunión con un enviado chileno (al que las fuentes no identifican) le habría transmitido la «inconveniencia» (furieki) del quiebre de las relaciones, porque se «le consideraría dentro de la guerra [...], las embarcaciones chilenas serán confiscadas, la comunicación marítima detenida y submarinos japoneses se acercarían a las costas sudamericanas» 72. Frente a la amenaza, el delegado chileno habría afirmado la intención de su gobierno de evitar entrar en la guerra. El 19 de enero, Tōgō envió instrucciones expresas al embajador en Chile para que detuviera «como Argentina, toda resolución que rompa relaciones» 73. Ante esto, Yamagata Kiyoshi habría sostenido, al igual que Ishii dos días antes, la solapada amenaza de convalidar el rompimiento de relaciones con una declaración de guerra en su comunicación con el ministro Rossetti 74. Con anterioridad, Yamagata sostuvo un encuentro con el ministro de Defensa chileno Juvenal Hernández Jaque, en el que reiteró con aplomo la superioridad naval de Japón frente a Estados Unidos. Con exceso de entusiasmo, llegó a asegurar la pronta destrucción del canal de Panamá 75. Desde Tokio, el Ministerio de Relaciones Exteriores reafirmó su intención de mantener las relaciones amistosas con los países neutrales y añadió, en tono de exhortación, que Estados Unidos, al haber iniciado la guerra, se había expuesto económica y militarmente, por lo que no podría otorgar una asistencia sustancial a los países latinoamericanos, agregando que «acceder ciegamente a las demandas de Estados Unidos y romper las relaciones diplomáticas con Japón no es un acto responsable [...] la ruptura de relaciones diplomáticas es el paso más peligroso e introducirá al país en la guerra» 76.
Los titulares de la prensa son reveladores del ambiente final del encuentro: destacaron el ímpetu por la unidad hemisférica de Estados Unidos: «South America told to break from Axis»; reconocieron la existencia de disenso: «Rio Parley Facing Crisis on Axis Issue», e informaron de los problemas existentes: «Decision to Break with Axis Powers Facing Difficulties» 77. El vehemente rechazo a la ruptura de Argentina y Chile al borrador presentado por Welles (informado con igual vehemencia en Japón) fue descrito como la confirmación de los límites del poder estadounidense y resultó de utilidad en los esfuerzos propagandísticos japoneses.
El que dos naciones americanas se mantuvieran «neutrales» —por más que sus acciones favorecieran decididamente al bando aliado— fue considerado como un triunfo político y estratégico para Japón. También fue leído como la confirmación de la buena relación de Argentina y Chile con los países del Eje. Más allá de contextualizar la posición de ambas naciones con sus respectivas coyunturas internas, la prensa y el Ministerio de Relaciones Exteriores de Japón destacaron su lealtad y resiliencia para enfrentar la presión ejercida por Estados Unidos. El 26 de enero de 1942, el vocero de la Oficina de Información realizó el siguiente análisis luego de la Conferencia de Río:
«What the colossus of North America wanted was an interpretation of the so-called solidarity of America in such a way that a war by the United States of America was a war by all other American countries as well, even at the sacrifice of their sovereignty and independence. [...] We are glad to learn that Argentina and Chile in spite of all these intimidation [...] have decided not to server immediately their diplomatic relations with the Axis Powers [...] we shall remember their gallant fight for their independence and at the same time we have a feeling of high respect for such a show of independent decision» 78.
Desde Washington emanaron apreciaciones variopintas a la resolución final de Río, algunas lamentando la no unanimidad en el quiebre y otras valorando el golpe a la diplomacia japonesa 79. Por el contrario, y a pesar de la reducción de sus misiones diplomáticas en el continente, el desempeño de Chile y Argentina produjo consenso en el Eje. El 27 de enero, desde la embajada japonesa en Santiago, informaron a su Ministerio de Relaciones Exteriores que tanto el embajador alemán en Santiago como el ministro plenipotenciario Yamagata coincidían en celebrar la labor del representante de Chile (Rossetti), por cuanto logró mantener firme su posición a pesar de la gran presión de Welles (kaijyū) 80. El 31 de enero de 1942, el ministro Togo, en contacto con los embajadores japoneses en Alemania e Italia, informaba que el gobierno del Imperio de Japón buscaría la forma de honrar el comportamiento de Chile y Argentina contra el acuerdo de ruptura, el cual «quedará en los libros de historia» 81. Si bien el fin de la conferencia de Río significó que el cuerpo diplomático japonés en América Latina debía ser movilizado, concentrando su personal en dos capitales, la no ruptura de relaciones diplomáticas fue abrazada como un hito histórico a favor de la estrategia nipona.
La neutralidad en tiempos de una guerra «total» es un concepto que se escapa a las definiciones estrictamente jurídicas y requiere ser analizado desde varias aristas. Los componentes estratégicos y las consideraciones propagandísticas son también elementos que permiten valorar con mayor precisión la polisemia de este concepto. La bibliografía sobre el tema ha destacado que la neutralidad defendida en Río de Janeiro fue proaliados, aunque, como este estudio demuestra, para la prensa y el gobierno japonés no lo fuese.
Como hemos examinado a partir de fuentes no consultadas previamente, lo que estaba en juego, desde la perspectiva nipona, no era el apoyo americano a la causa estadounidense (la consideración de no beligerante a Estados Unidos poco les podía importar), sino la permanencia de los servicios diplomáticos (y de inteligencia) del Eje en el hemisferio americano. Para Japón, Chile y Argentina revestían valor estratégico como punto de recolección y transferencia de información (al igual que para Estados Unidos) y ambas naciones eran consideradas de gran potencial económico para el imperio nipón y, en el caso chileno (y hasta mediados de 1942), de interés naval. En este sentido, este artículo contribuye a evaluar la lucha por la mantención/quiebre de la neutralidad chileno-argentina como un capítulo del enfrentamiento japonés (y del Eje) contra Estados Unidos: una guerra fría diplomática en el continente americano. La mantención de la neutralidad era el objetivo japonés y el quiebre completo y unánime, el de los estadounidenses.
La lectura de la prensa japonesa del periodo da cuenta de estas consideraciones y de la creciente ansiedad en relación con la postura que adoptaran las naciones americanas. En esta línea, la incorporación de una mirada global a un problema aparentemente «continental» requiere considerar este tipo de fuentes. Las «noticias propaganda» japonesas resaltaron el carácter imperialista de Estados Unidos, articulado dentro de la lógica de expansión del dominio informal estadounidense en el continente americano. Como queda establecido al analizar la prensa japonesa, desde la perspectiva de Tokio, la Conferencia de Río fue una farsa, pues más que permitir la discusión entre naciones iguales, dejaba entrever las presiones aplicadas por Estados Unidos. El otro aspecto que en forma constante destacó la prensa japonesa fue la virtud de aquellas naciones que se levantaron —como David— contra el Goliat del norte. El relato de la «épica» de Argentina y Chile creció en dramatismo durante el transcurso de la cita continental. Por otro lado, los documentos emanados del Ministerio de Relaciones Exteriores de Japón permiten concluir que su cuerpo diplomático se mantuvo activo para asegurar la tan preciada neutralidad de algún país americano, concentrando sus actividades en Chile, Argentina y, hasta el término de la conferencia, en Brasil.
El desenlace final de la conferencia y la cobertura mediática que recibió esclarece los objetivos reales de Japón, su prensa y su cuerpo diplomático. Lo que en Estados Unidos fue considerado un éxito diplomático por algunos, en Japón fue también celebrado. Si bien la diplomacia nipona se tuvo que adaptar y concentrar en dos países americanos, los japoneses no perdieron lo que para ellos era más importante: la presencia de su nación en ambas costas americanas. Los periódicos japoneses, por su parte, luego de semanas de amplia cobertura sobre los acontecimientos americanos en las cuales lograron propagar información real y creíble que denostaban la imagen de Estados Unidos, quedaron en silencio. En este sentido, este trabajo demuestra cómo la Conferencia de Río constituyó un momento único durante la guerra mundial en la cual los países americanos, en especial Chile y Argentina, ocuparon un lugar destacado en las maniobras diplomáticas y propagandísticas de uno de los países del Eje.
* Este artículo es resultado del proyecto FONDECYT iniciación, núm. 11160011, 2016-2019, «Chile y Japón: desde la neutralidad al quiebre de las relaciones diplomáticas, 1941-1943», y contó con la colaboración de Nicolás Camino y Nicolás Lema.
1 El llamado lo realiza Rossetti al presidente del directorio ejecutivo de la Unión Panamericana. Véase «The Chilean Minister of Foreign Affairs (Rossetti) to the Chairman of the Governing Board of the Pan American Union (Hull)», en Foreign Relations of the United States. Diplomatic Papers, 1941, vol. VI, The American Republics, Washington DC, Government Printing Office, 1963, pp. 119-120. También en el Archivo General Histórico del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile (en adelante, AMRE), Fondo Histórico, vol. 1959, p. 1941.
2 El significado de la neutralidad y del neutralismo desde una perspectiva jurídico-política ha sido examinado con meticulosidad en Roberto Russell y Juan Gabriel Tokatlian: «Relaciones internacionales y política interna: los neutrales en la Segunda Guerra Mundial, un caso de estudio», Foro Internacional, 41, 1 (2001), pp. 63-103.
3 Más adelante se abordará la neutralidad nominal de Brasil y Perú, países que ya habían comprometido su apoyo a la resolución que indicara Estados Unidos, y de las particularidades de la posición de Chile y Argentina.
4 Cursivas del autor. Véase «Acta final de la tercera reunión de consulta de los ministros de Relaciones Exteriores de las Repúblicas Americanas», Río de Janeiro, Organización de los Estados Americanos, 1942, p. 61. Recuperado de internet (http://www.oas.org/consejo/sp/rc/Actas/Acta3.pdf). Este episodio es abordado en «The American Representative (Welles) to the Secretary of State» (23 de enero de 1942), en Foreign Relations of the United States Diplomatic Papers, 1942, vol. V, The American Republics, Washington DC, Government Printing Office, 1962, pp. 34-35. Y analizado en Rafaelle Nocera: Chile y la Guerra, 1933-1943, Santiago, Lom, 2006, p. 162.
5 Pedro Iacobelli: «La “neutralidad” chilena en la Segunda Guerra Mundial (1939-1943): un análisis historiográfico con énfasis en la literatura sobre las relaciones Chile-Japón», Revista de Historia y Geografía, 34 (2016), pp. 95-108.
6 Michael J. Francis: The Limits of Hegemony: United States Relations with Argentina and Chile during World War II, Notre Dame, Universtity of Notre Dame Press, 1977, y Michael J. Francis: «The United States and Chile during the Second World War: The Diplomacy of Misunderstanding», Journal of Latin American Studies, 9, 1 (1977), pp. 91-113.
7 Mario Barros Van Buren: La diplomacia chilena en la Segunda Guerra Mundial, Santiago, Arquen, 1998; Joaquín Fermandois: «Guerra y hegemonía, 1939-1943. Un aspecto de las relaciones chileno-norteamericanas», Historia, 23, 1 (1988), pp. 5-51, y José R. Sanchís Muñoz: La Argentina y la Segunda Guerra Mundial, Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1992.
8 Véase Barros Van Buren: La diplomacia chilena..., p. 132.
9 Mauricio Paredes Venegas: «Nacionalismo, seguridad y presión internacional: la relegación de japoneses en Chile durante la Segunda Guerra Mundial», tesis doctoral, Universidad de Chile, 2012, y Florentino Rodao García: Franco y el Imperio japonés, Barcelona, Plaza & Janes, 2002. En esta misma línea se encuentra Pedro Iacobelli: «The Empire of Japan and the Southern Cone after Pearl Harbor», en Christopher Murray (ed.): Unknown Conflicts of the Second World War: Forgotten Fronts, Londres, Routledge, 2019, pp. 23-36.
10 Véanse Edward S. Miller: Bankrupting the Enemy: The U.S. Financial Siege of Japan Before Pearl Harbor, Annapolis, Naval Institute Press, 2007, y Akira Iriye: Japan & the Wider World, Nueva York, Longman, 1997.
11 Barack Kushner sostiene el argumento de que, a diferencia de Alemania, la propaganda japonesa no fue dirigida por un solo órgano, sino que emergió de múltiples actores, normalmente no gubernamentales, que identificaban los temas de paz cercanos al pueblo nipón. Véase Barak Kushner: The Thought War: Japanese Imperial Propaganda, Honolulu, University of Hawaii Press, 2006.
12 El debate sobre el carácter «fascista» del gobierno japonés ha contrapuesto distintas definiciones sobre esta ideología. Para el uso del fascismo en este periodo, con un foco en el uso de la violencia política y el pensamiento corporativista, véase Shinichi Sugiki: «Shōwa Kyōkō to Fashizumu No Taitō», en Masaomi Yui (ed.): Kindai No Nihon, vol. 5, Taihei Yō Sensō, Tokio, Yoshikawa Kōbunkan, 1995, pp. 29-50.
13 Galvarino Gallardo Nieto: La Conferencia de Río de Janeiro (enero de 1942), Santiago, Nascimiento, 1942, p. 59.
14 Michael J. Francis: The Limits of Hegemony..., pp. 21-25, y Rafaelle Nocera: Chile y la guerra..., p. 52.
15 Véase «Acta final de la reunión de consulta entre los ministros de Relaciones Exteriores de las Repúblicas americanas de conformidad con los acuerdos de Buenos Aires y de Lima», Panamá, Organización de los Estados Americanos, 1939, p. 42. Recuperado de internet (http://www.oas.org/consejo/sp/rc/Actas/Acta 1.pdf).
16 Véanse «Acta final de la segunda reunión de consulta entre los ministros de Relaciones Exteriores de las Repúblicas americanas, suscrita en la ciudad de La Habana, el día treinta de julio de mil novecientos cuarenta», La Habana, Organización de los Estados Americanos, 1940, p. 45, recuperado de internet (http://www.oas.org/consejo/sp/rc/Actas/Acta 2.pdf); Rafaelle Nocera: Chile y la guerra..., p. 95, y Michael J. Francis: The Limits of Hegemony..., p. 25.
17 Ibid.
18 Los aspectos económicos del acuerdo se aprecian en todo el texto, en especial en la sección II; el control de las actividades subversivas se aborda en particular en la sección XVII; la condena a Japón en la sección XXIV, y la no beligerancia en la sección XXXVII del «Acta final de la tercera reunión de consulta...», p. 61.
19 Sucedido por Juan Antonio Ríos Morales (abril de 1942 a junio de 1946), candidato que triunfó en las elecciones del 1 de febrero de 1942 y asumió su cargo el 2 de abril del mismo año.
20 Desde antes de iniciarse la conferencia, el gobierno estadounidense había logrado que tanto Brasil como Perú estuvieran predispuestos a apoyar las mociones contra el Eje que se presentaran. Véanse para el caso de Perú, «The Ambassador in Peru (Norweb) to the Secretary of State» (11 de diciembre de 1941), en Foreign Relations of the United States. Diplomatic Papers, 1941, vol. VI, The American Republics, Washington DC, Government Printing Office, 1963, pp. 124-25, y «Third Meeting of Foreign Ministers of the American Republics, held at Rio de Janeiro, January 15-28, 1942», en Foreign Relations of the United States Diplomatic Papers, 1942. vol. V, The American Republics, Washington DC, Government Printing Office, 1962, pp. 6-39.
21 Luis Alberto Romero: Breve historia contemporánea de la Argentina, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1994, p. 89, y María Isabel Diéguez: «La neutralidad de Argentina durante la Segunda Guerra Mundial», Estudios Internacionales, 22, 85 (1989), pp. 53-77, esp. p. 53. Sanchís Muñoz considera que «la mayoría de los dirigentes políticos y el grueso de la opinión pública se mostraban aliadófilos». Véase José Sanchís Muñoz: Historia diplomática argentina, Buenos Aires, Eudeba, 2010, p. 285.
22 En particular se eleva la figura del político y militar Juan Manuel Rosas (1793-1877), icono del orden autoritario en el siglo xix en Argentina. Véase Federico Finchelstein: Fascismo, liturgia e imaginario. El mito del general Uriburu y la Argentina nacionalista, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2002.
23 José Sanchís Muñoz: Historia diplomática..., p. 283.
24 Cita en Enrique Ruiz Guiñazú: La política argentina y el futuro de América, Buenos Aires, Librería Huemul, 1944, p. 79.
25 En los años treinta se fortalecieron los intercambios culturales (visitas guiadas a Japón y sus colonias por parte de prohombres, estudiantes y periodistas latinoamericanos) y aumentaron las oficinas comerciales de las principales empresas japonesas en la región. Sobre las migraciones japonesas en América Latina véase el capítulo 2 de Pedro Iacobelli: Postwar Emigration to South America from Japan and the Ryukyu Islands, Londres, Bloomsbury Academic, 2017, y Carlos Uscanga: «México y Japón en los años treinta: los avatares del intercambio académico», Revista de Relaciones Internacionels de la UNAM, 110 (2011), pp. 159-171. Para el caso argentino durante la década de 1930 y 1940, véase Cecilia Onaha: «Tokujirou Furuta, corresponsal especial de Yomiuri Shinbun y la Guerra del Pacífico en Buenos Aires, 1941-1945», manuscrito inédito presentado en el Congreso Nacional ALADAA Chile 2019.
26 Véase, por ejemplo, Kyōko Koga: «Nihon Chiri Kōryū No Hensen», en Nihon Chiri Kōryūshi, Tokio, Nihon Chiri Kōryūshi Henshū, 1997, pp. 33-49.
27 Nota sobre los nombres japoneses: en el cuerpo del artículo los nombres japoneses se escriben respetando la costumbre de ese país, es decir, el apellido antecede el nombre de pila (v. gr., Hayashiya es el apellido y Eikichi el nombre propio). En las notas bibliográficas, en cambio, se respeta el manual de estilo.
28 Japón abrió sedes diplomáticas en México (1891), Perú (1909), Brasil (1897), Chile (1902) y Argentina (1918). Véase Eikichi Hayashiya: «Nihon to Raten Amerika No Gaikō Kankei», en Hajime Mizuno (ed.): Nihon to Raten Amerika No Kankei-Nihon No Kokuzaika Ni Okeru Raten Amerika, Tokio, Instituto Iberoamericano-Universidad de Sofía, 1990, pp. 5-8.
29 El avance comercial japonés, muchas veces apoyado por la existencia de comunidades de inmigrantes japoneses en el continente, fue un fenómeno que Washington no toleró. Véanse Rafaelle Nocera: Chile y la Guerra, y Hiroshi Matsushita: «Jōyaku teiketsu Kara Dainiji Daisen (20seiki Ha Jime Kara 1945 Nen)», en Nihon Aruzenchin Kōryūshi: Harukana Tomo to 100nen, Tokyo, Nihon Aruzenchin Kōryūshi Renshūiinkai, 1999, pp. 28-39.
30 Dominique Hachette: «Relaciones económicas entre Chile y Japón», en Óscar Pinochet de la Barra (ed.): Chile y Japón un siglo de amistad, Santiago, Comisión Chilena de Celebración del Centenario de las Relaciones Chile-Japón, 1997, pp. 163-199. Véase una discusión reciente sobre este tema en Pedro Iacobelli: «Conservadores, radicales y el “interés nacional”: las redes de apoyo al Impero de Japón en Chile durante la Segunda Guerra Mundial», Izquierdas, 49 (2020), pp. 3242-3260.
31 Citado en Hiroshi Matsushita: «Jōyaku teiketsu Kara Dainiji Daisen...», p. 36.
32 En este sentido, el «poder blando» tiene valor estratégico en una guerra y puede servir en conjunción con el «poder duro». Para una discusión sobre estos conceptos véase Tomoko Akami: Soft Power of Japan’s Total War State: The Board of Information and Domei News Agency in Foreign Policy, 1934-1945, Dordrecht, Republic of Letters, 2014, pp. 2-4.
33 «Noticias propaganda» o news propaganda es un término acuñado por Tomoko Akami para referirse no a la emisión de noticias fabricadas, sino a asegurar la difusión de noticias reales y creíbles, pero con valor propagandístico. Ibid., p. 5.
34 Ibid., pp. 235-240.
35 «Mensaje del ministro de Relaciones Exteriores de Japón (Shigenori Togo) a los ministros de relaciones exteriores de Argentina, Brasil, Chile y Perú» (19 de diciembre de 1941), Jōhōkyoku, Seifu Kōhyōshū: Taigai Kankei, Tokio, Gaimushō, 1941, pp. 105-106. También en «Notas intercambiadas», AMRE, Fondo Histórico, vol. 1.959, año 1941.
36 «Declaración del vocero del directorio de Información sobre los países neutrales de Sudamérica» (19 de enero de 1942), en Jōhōkyoku, Seifu Kōhyōshū : Taigai Kankei, Tokio, Gaimushō, 1942, pp. 4-5.
37 Por ejemplo, para el caso mexicano, véase Carlos Uscanga: «Confiscación y reclamos de las propiedades en México durante la Segunda Guerra Mundial. El caso de la Mina Azul», en Actas XV Congreso Internacional ALADAA, Santiago, Asociación Latinoamericana de Estudios de Asia y África, 2016. Sobre las deportaciones y cautiverio de japoneses posteriores a la Conferencia de Río, véanse John Emmerson: «Japanese an Americans in Peru, 1942-1943», Foreign Service Journal, 54 (1977), esp. pp. 40-47 y 56, y Daniel Masterson y Sayaka Funada-Classen: The Japanese in Latin America, Urbana-Chicago, University of Illinois Press, 2004.
38 Para Ruiz Guiñazú, este fue el «punto neurálgico de las deliberaciones». Véase Enrique Ruiz Guiñazú: La política argentina..., p. 82.
39 Comunicación núm. 434, de 19 de diciembre de 1941, en Nihon Gaikō Bunsho: Taiheiyō Sensō, Tokio, Gaimushō Hensan, 2010, p. 936.
40 Comunicación núm. 440, de 12 de enero de 1942, en ibid., p. 943.
41 Comunicación núm. 439, de 8 de enero de 1942, en ibid., p. 942.
42 Véase «Cable del 2 de enero de 1942», AMRE, Fondo Histórico, vol. 2049, año 1942.
43 La observación sobre el vínculo de este periódico y el Gaimushō en Joseph C. Grew: Ten Years in Japan, Nueva York, Simon and Shuster, 1944.
44 En América Latina, en especial en Perú, Argentina y Brasil, la agencia de noticias Dōmei sirvió como canal de difusión y recopilación de información para el Gaimushō y la Dirección de Información. Véase Tomoko Akami: Soft Power of Japan’s Total War State..., caps. 6-7.
45 Asahi Shimbun (edición matutina), 6 de enero de 1942, p. 2.
46 The Japan Times & Advertiser (edición matutina), 6 de enero de 1942, p. 3.
47 Ibid.
48 Ibid., 10 de enero de 1942, p. 6.
49 Ibid., 11 de enero de 1942, p. 1.
50 Asahi Shimbun (edición matutina), 10 de diciembre de 1941, p. 1.
51 The Japan Times & Advertiser (edición matutina), 10 de diciembre de 1941, p. 3.
52 Asahi Shimbun (edición matutina), 13 de diciembre de 1941, p. 2.
53 Ibid., 6 de enero de 1942, p. 2.
54 The Japan Times & Advertiser (edición matutina), 9 de enero de 1942, p. 1.
55 Ibid., p. 2.
56 Ibid., 12 de enero de 1942, p. 1.
57 Asahi Shimbun (edición matutina), 12 de enero de 1942, p. 2.
58 The Japan Times & Advertiser (edición matutina), 15 de enero de 1942, p. 6.
59 Asahi Shimbun (edición matutina), 15 de enero de 1942, p. 2.
60 Yomiuri Shimbun (edición matutina), 12 de enero de 1942, p. 1.
61 La prensa japonesa no informa de que si bien la versión que recomienda la ruptura fue firmada por todos los delegados presentes (incluyendo a Chile y Argentina) de modo simbólico, el resto de los países aprobó el primer borrador que llama al quiebre de las relaciones diplomáticas con el Eje.
62 Yomiuri Shimbun (edición matutina), 16 de enero de 1942, p. 2.
63 The Japan Times & Advertiser (edición matutina), 24 de enero de 1942, p. 3, y Asahi Shimbun (edición matutina), 24 de enero de 1942, p. 1.
64 Ishii Itaro, embajador en Brasil, le indicaba, en diciembre de 1941, al ministro de Relaciones Exteriores de Japón, Tōgō Shigenori, que el concepto de «solidaridad» no era entendido de la misma forma por la totalidad de los países americanos. Véase Comunicación núm. 433, de 11 de diciembre de 1941, en Nihon Gaikō Bunsho: Taiheiyō Sensō, Tokio, Gaimushō Hensan, 2010, p. 935.
65 Comunicación núm. 435, de 19 de diciembre de 1941, en ibid., p. 937; núm. 444, de 16 de enero de 1942, en ibid., p. 949, y núm. 447, de 17 de enero de 1942, en ibid., pp. 951-952.
66 Comunicación núm. 438, de 7 de enero de 1942, en ibid., p. 939.
67 Comunicación núm. 442, de 14 de enero de 1942, en ibid., p. 946.
68 Comunicación núm. 442, de 14 de enero de 1942, en ibid., y núm. 445, de 16 de enero de 1942, en ibid.
69 Comunicación núm. 454, de 19 de enero de 1942, en ibid., p. 957.
70 Enrique Bernstein Carabantes: Recuerdos de un diplomático, vol. II, Santiago, Andrés Bello, 1984, p. 70.
71 La posición de Rossetti era compleja; si bien él expresó en reiteradas ocasiones su opción por alinear a Chile con Estados Unidos, como ministro representaba los intereses nacionales en un gobierno que se sentía más cómodo en su neutralidad. Además, como indica el embajador Bowers, Rossetti no solo tenía órdenes de mantener la neutralidad en Río de Janeiro, sino que «nueve de cada diez chilenos apoyaban la neutralidad». Véase «Bowers to Welles» (4 de febrero de 1942), The President’s Secretary’s File (en adelante, PSF), 1933-1945, Series 3, Diplomatic Correspondence, Box 26, Chile, 1942.
72 Comunicación núm. 448, de 17 de enero de 1942, en Nihon Gaikō Bunsho: Taiheiyō Sensō, Tokio, Gaimushō Hensan, 2010, pp. 952-953.
73 Comunicación núm. 451, de 19 de enero de 1942, en ibid., p. 954.
74 Comunicación núm. 452, de 19 de enero de 1942, en ibid., p. 955.
75 Episodio relatado en «The Ambassador in Chile (Bowers) to the Secretary of State» (15 de enero de 1942), en Foreign Relations of the United States. Diplomatic Papers, 1942, vol. VI, The American Republics, Washington DC, Government Printing Office, 1963, p. 1.
76 «Declaración del vocero del directorio de Información...», ibid. También aparece transcrita en la Comunicación núm. 453, de 19 de enero de 1942, en Nihon Gaikō Bunsho: Taiheiyō Sensō, Tokio, Gaimushō Hensan, 2010, pp. 955-957.
77 The Japan Times & Advertiserm (edición matutina), 24 de enero de 1942, p. 3, y (edición vespertina), 24 de enero de 1942, pp. 1 y 3.
78 «Comentario del vocero del directorio de Información sobre la Conferencia Latinoamericana [sic] en Río de Janeiro» (26 de enero de 1942), en Jōhōkyoku, Seifu Kōhyōshū : Taigai Kankei, Tokio, Gaimushō, 1942, pp. 157-158.
79 Entre quienes valoraron negativamente el acuerdo se encuentra el secretario Hull. Para el embajador estadounidense saliente de Tokio, Joseph Grew, la cuasi unidad hemisférica asestó un golpe emocional al funcionariado japonés en un tema «that was watched with the keenest interest in Tokyo». Véase «Report by Former Ambassador in Japan (Grew)», en Foreign Relations of the United States. Diplomatic Papers, 1942, vol. I, The British Commonwealth and the Far East, Washington DC, Government Printing Office, 1960, pp. 779-789.
80 Comunicación núm. 460, de 27 de enero de 1942, Gaimushō: Nihon Gaikō Bunsho: Taiheiyō Sensō, p. 963. Tema tomado en la prensa chilena, ver El Chileno, 2 de marzo 1942, p. 7.
81 Comunicación núm. 462, de 31 de enero de 1942, en Nihon Gaikō Bunsho: Taiheiyō Sensō, Tokio, Gaimushō Hensan, 2010, pp. 967-968.