Ayer 143 (3): 203-229
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2026
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/3043
© Jesús Ángel Redondo Cardeñoso
Recibido: 10-03-2025 Aceptado: 03-10-2025 Publicado on-line: 01-07-2026
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License
Movilización popular y política municipal durante la Restauración. Las protestas de los trabajadores desempleados en torno a los trabajos municipales de invierno (Valladolid, 1890-1906) *
Popular Mobilization and Municipal Politics during the Restoration. Unemployed Workers’ Protests around Municipal Winter Relief Works (Valladolid, 1890-1906)
Jesús Ángel Redondo Cardeñoso
Universidad de Valladolid
jesus.redondo.cardenoso@uva.es
Resumen: En el siguiente artículo analizamos las protestas que realizaron los trabajadores desempleados de Valladolid para demandar trabajos municipales ante los periodos de desempleo invernal en los años de la crisis agraria finisecular. Para ello utilizamos prensa y documentación municipal. En un primer momento, el texto revisa los efectos sociales del desempleo invernal y las respuestas que dieron tanto las instituciones (trabajos municipales) como las propias clases populares (emigración, mendicidad, movilización). En los párrafos centrales, el artículo se focaliza en analizar con minuciosidad las distintas formas de movilización colectiva que utilizaron los desempleados vallisoletanos para demandar trabajo a las autoridades. Por último, estudia el debate político municipal que surgió en torno al desempleo invernal y los trabajos municipales. A través del artículo podemos ver como los trabajadores afectados por el desempleo invernal protagonizaron recurrentes y constantes movilizaciones en demanda de trabajo municipal, para lo cual utilizaron muy diversas formas de protesta colectiva (concentraciones, manifestaciones, motines). Por medio de estas protestas, los trabajadores desempleados no solo obtuvieron medidas puntuales que aliviaran de manera coyuntural su precaria situación, sino que también pudieron influir en el debate público para que las autoridades establecieran políticas sociales estructurales que garantizaran la asistencia material de los más desfavorecidos.
Palabras clave: Restauración, movilización política, trabajadores desempleados, trabajos municipales, Valladolid.
Abstract: This article examines the forms of popular contention developed by unemployed workers in Valladolid as they sought access to municipalemployment during periods of winter unemployment amid the late nineteenth-century agrarian crisis. Drawing on local newspapers and municipal archival records, the article first explores the social impact of seasonal unemployment and the range of responses it generated, both from public institutions (municipal relief works) and from the popular classes themselves (emigration, begging, and collective mobilization). It then analyses the repertoire of collective action deployed by unemployed workers in Valladolid to press municipal authorities for access to work. Finally, the article examines the political debates within local government surrounding winter unemployment, and the provision of relief works. The study shows that workers affected by seasonal unemployment engaged in recurrent episodes of collective protest—including gatherings, demonstrations, and riots—to demand municipal employment. These mobilizations not only secured short-term relief measures but also helped shape local public debate and exert pressure on municipal authorities to adopt more structured forms of social policy aimed at providing material assistance to the most vulnerable sectors of the urban population.
Keywords: Spanish Restoration, contentious politics, unemployed workers, municipal relief works, Valladolid.
Tradicionalmente, la historiografía española, asumiendo acríticamente el binomio regeneracionista «Oligarquía y caciquismo» de Joaquín Costa, consideró la Restauración como un régimen impuesto por una elite y sostenido mediante el caciquismo clientelar, el fraude electoral y la desmovilización ciudadana. Fue en los años noventa del pasado siglo cuando, bajo la influencia de otras historiografías 1, se realizaron nuevas investigaciones de ámbito regional que revisaron y renovaron aquella estereotipada concepción de la vida política española de finales del siglo xix 2. Así, desde Castilla y León, Carasa señaló cómo el sistema restauracionista no se había basado solo en relaciones de poder unidireccionales de arriba abajo, sino en múltiples y diversas interacciones entre gobernantes y gobernados, donde estos últimos podían plantear sus demandas e influir en las decisiones de los primeros mediante diversos medios de expresión y movilización alternativos a la participación electoral 3. Ello podía implicar, incluso, la movilización en la calle, tal y como sucedía en otros regímenes oligárquicos coetáneos 4. Un claro ejemplo fueron los motines populares, cuyo estudio ha tenido notable eco en la historiografía española, considerándolos como una «forma de hacer política de la gente sin poder» cuando «la protesta en la calle» era «el medio más habitual para hacer públicas las reivindicaciones y presionar a los patronos y a los gobernantes» 5.
Toda esta renovación historiográfica en torno al sistema político y la movilización popular durante la Restauración ha revalorizado el papel de las investigaciones de ámbito local 6, por considerarlo «el núcleo primigenio, [...] el origen primario y manantial donde se produce la experiencia histórica del sujeto consciente» a partir del cual se construyen «creaciones políticas, sociales o mentales de comunidades más o menos imaginadas» 7, pero también «el espacio en el que la política, entendida [de forma amplia] como la gestión de los recursos, es más cercana a los ciudadanos» 8. En consecuencia, estos estudios han reevaluado el significado de las movilizaciones políticas populares de carácter local, dejando de identificarlas como meras reminiscencias de culturas políticas arcaicas y tradicionalistas, para comenzar a ver en ellas «formas primigenias y escuelas de participación política de los ciudadanos» 9, las cuales, incluso, «en ocasiones permitieron la generalización de prácticas políticas más igualitarias y menos restrictivas a las ya existentes» 10.
En consonancia con todos estos planteamientos, este artículo realiza un estudio empírico local sobre la movilización política de las clases populares durante la Restauración con objeto de mostrar la capacidad que tuvo para intervenir en la vida política e influir en el ejercicio del poder. En concreto, analizaremos las movilizaciones que protagonizaron los trabajadores afectados por el desempleo invernal en demanda de trabajos municipales, tomando como ejemplo la ciudad de Valladolid entre 1890 y 1906, años marcados por la crisis agraria finisecular —agravada por varias crisis de subsistencias (1892, 1898, 1904)—, la cual tuvo profundos efectos sociales, como el aumento del desempleo o la emigración, pero también el incremento de los conflictos populares 11. Para ello utilizaremos prensa local (El Norte de Castilla) y documentación municipal. Pero, antes de nada, para contextualizar el tema de estudio, creemos necesario analizar el fenómeno del desempleo estacional y sus implicaciones.
El desempleo, en sus diversos tipos, fue uno de los principales problemas estructurales que padecieron los trabajadores españoles durante el largo siglo xix 12. De todos, fue muy persistente el desempleo estacional, causado por la paralización temporal del trabajo en diversas actividades económicas ante las contingencias climáticas invernales (lluvia, heladas). Era lo que sucedía en la agricultura —que en 1900 ocupaba a más del 60 por 100 de la población activa del país— 13, y, en concreto, en la cerealicultura, cuyas labores se interrumpían durante las semanas más frías del año dejando sin trabajo a multitud de jornaleros 14. Lo mismo pasaba en la construcción —que en 1900 ocupaba a más del 4 por 100 de la población activa— 15, en especial en provincias de la submeseta norte, donde se suspendían las obras en invierno 16. Es decir, durante el siglo xix e inicios del xx, la llegada del invierno conllevaba la extensión del desempleo por el país, como muestran los casos de Madrid 17, Granada 18 o Valladolid, donde el desempleo invernal fue un problema persistente durante toda la centuria 19, como recoge con insistencia la prensa con sobrecogedoras escenas:
«Ya andan por esas calles, con la incertidumbre en el corazón y el hambre en el estómago, los obreros sin trabajo. Comienza para ellos el triste calvario del invierno, largo y doloroso, con fríos y hambres a diario, con trabajo algunos días, con alimentación sana y abundante casi ninguno» 20.
No obstante, como podemos intuir, el desempleo invernal no fue solo un problema urbano, sino que también afectó al campo: «Según noticias que recibimos de varios pueblos de esta provincia, los hielos que se dejan sentir en todos ellos son causa de que las faenas agrícolas se hallen completamente paralizadas, así como los obreros entre quienes comienzan a sentirse los efectos de la miseria» 21. En particular, esta situación fue grave en pueblos afectados por la filoxera, como Rueda o Mucientes 22, pues la plaga destruyó los viñedos donde los braceros tradicionalmente obtenían algunos jornales cuando se paralizaban las labores en las tierras de cereal 23.
Las autoridades locales intentaron aplacar los efectos del paro invernal con diversas medidas. En Andalucía o Extremadura, por ejemplo, intermediaban con labradores para que contrataran trabajadores desempleados del municipio («alojamiento»); distribuían socorros de dinero, bonos o alimentos, y, en última instancia, impulsaban medidas «protokeynesianas» como costear obras públicas 24. En ciudades del interior, los Ayuntamientos recurrieron sobre todo a la apertura de trabajos municipales durante el invierno. Es el caso de Madrid 25 o Burgos, ciudad donde estos trabajos se denominaron «coloño», por el nombre del capazo que utilizaban los obreros para cargar los materiales de trabajo 26.
El consistorio vallisoletano también impulsó diversas medidas para paliar el desempleo estacional 27: requería a los propietarios de inmuebles y solares que realizaran las obras necesarias para acatar las ordenanzas municipales (tapiar solares, revocar fachadas, adecentar aceras, colocar canalones bajantes) 28; eximía las tasas municipales a las obras iniciadas entre diciembre y febrero (aunque parece ser que esto fue fuente de abusos, por lo que se desestimó durante varios años) 29; promovía y costeaba iniciativas benéficas, como reparto de bonos para comidas o cocinas económicas 30, y, en última instancia, impulsaba suscripciones públicas para recabar la ayuda caritativa de los más acomodados 31. Pero, sin duda, igual que ocurría en otras ciudades meseteñas, la principal medida fue abrir y costear trabajos municipales, que en Valladolid se llamaron «trabajos del plus» 32. Estos trabajos fueron esenciales en la vida de los trabajadores, pues, aunque proporcionaban escaso jornal (1,25 pesetas para los cabezas de familia; 1 para ancianos y jóvenes, y 0,75 para los aprendices), procuraron anualmente sustento a más de un millar de trabajadores durante las semanas más crudas del invierno, llegando en años críticos, como 1903 y 1906, a emplear más de 1.500 obreros 33.
Antonio M. Calero ya señaló como los trabajadores españoles afrontaron las crisis de trabajo o subsistencias con diversas estrategias que tenían distinto grado de pasividad/agresividad: desde emigrar o mendigar hasta movilizarse colectivamente mediante manifestaciones o motines 34. Es decir, como han advertido historiadores de otras latitudes, la respuesta social de las clases populares abarcaba muchos y diversos modos de expresión y acción política más allá del motín, como fueron otras formas de movilización menos militantes, que incluían diversas estrategias pacíficas de negociación alternativas al conflicto abierto 35, o, con más sutileza, acciones infrapolíticas, basadas en la resistencia anónima cotidiana 36.
La emigración fue una respuesta anónima y silenciosa que podía tener distintos destinos (peninsulares o extranjeros) y duración (temporal o definitiva) 37. En Valladolid fue utilizada sobre todo por trabajadores rurales de la provincia, como denunciaron con frecuencia corresponsales de prensa de los pueblos o escritores regeneracionistas como Juan Díaz Caneja o Julio Senador 38. Muchos de estos emigrantes acudían a la capital provincial 39, agravando la situación social de esta:
«En los pueblos hay poco trabajo y poco dinero; los propietarios agrícolas despiden a gran parte de sus jornaleros, víctimas ya de la usura y de los bajos precios, y aquellos viénense a las grandes capitales, en busca de un pedazo de pan. ¡Cómo si nosotros no participáramos del malestar generalísimo!» 40.
Otros buscaban empleo temporal en las minas de Asturias o Vizcaya 41, como señalaba el corresponsal de Cuenca de Campos: «en invierno, cuando el trabajo falta, muchos marchan en busca de trabajo a las minas de Asturias» 42. Y en los casos más dramáticos buscaron oportunidades en América 43, como denunciaba un corresponsal de Rueda: «Al número de familias que en el mes anterior salieron para América y Asturias, [...] he de añadir hoy el de 26 familias más que se preparan para embarcar en breve con dirección al Brasil» 44.
La mendicidad fue otra estrategia utilizada por los trabajadores vallisoletanos afectados por el desempleo estacional 45, como advirtieron y denunciaron de manera insistente algunos concejales 46 o periodistas locales: «Aquí, en Valladolid, la falta de trabajo empieza a sentirse, y a la vez sobre nuestras calles caen mendigos como llovidos del cielo» 47. No obstante, aunque la mendicidad también tuvo un carácter anónimo, no fue tan silenciosa como la emigración, pues alteraba la tranquilidad cotidiana: «Pasear en Valladolid es un verdadero suplicio para quien no lleve un enorme bolso a cuestas; cruzar por las calles sin que le asalten a uno los mendigos a bandadas, puede calificarse de utopía y, por último, no exponerse a que un pordiosero insulte y amenace al transeúnte cuando se le niega el óbolo de la caridad, es materialmente imposible» 48. Es más, la mendicidad fue por lo general una clara expresión de rebeldía frente a la autoridad, sobre todo cuando los mendigos se resistían a cumplir las disposiciones municipales que limitaban o prohibían su ejercicio 49: «fueron recogidos en las calles cerca de cuatrocientos mendigos, de los que unos, los forasteros, fueron enviados con bagajes a sus pueblos, y los otros, los más, recogidos en los Asilos de caridad y en un local habilitado provisionalmente, al efecto, en las Arrepentidas» 50.
Pero la mendicidad no solo se ejercía de forma individual, sino también colectiva. No era raro que se formaran grupos de desempleados que suplicaban conjuntamente limosna... pero también trabajo: «Como en anteriores días, ayer recorrieron las calles de la población diversos grupos de obreros implorando la caridad pública y demandando trabajo» 51. Es más, en ocasiones estos grupos no solo pedían ayuda a particulares, sino también a las autoridades, lo cual podía dar paso con facilidad a otras formas de movilización política más explícitas, tal y como muestra este ilustrativo ejemplo de 1905:
«Lo avanzado de la estación invernal trae consigo la paralización de obras y, por consiguiente, la carencia de trabajo que como todos los años empieza ya a producir tremendas penurias en la casa del obrero.
Ayer se hizo manifiesto este malestar; los muchos jornaleros que vagan ya por las calles sin hallar quien les ocupe, se reunieron formando numeroso grupo ante la Casa consistorial.
Los reunidos observaban una actitud absolutamente correcta. Su propósito era solo hacer ver a la alcaldía que necesitan ya los auxilios de la Corporación municipal para evitar que ellos y sus familias perezcan de hambre y frío.
A mediodía, el grupo era numerosísimo, y a esa hora se destacó de él una comisión que llevaba la misión de hablar a los señores alcalde y gobernador civil, para interesarles en favor de los trabajadores desocupados» 52.
Varios autores ya han señalado cómo durante el siglo xix los trabajadores desocupados realizaban de manera ocasional manifestaciones ante los Ayuntamientos para solicitar trabajos municipales en invierno 53. Sin embargo, un análisis detallado de las movilizaciones en demanda de trabajo, como hemos hecho para Valladolid entre 1890-1906 (gráfico 1), refleja que los desempleados no solo hicieron manifestaciones esporádicas, sino que utilizaron una gran variedad de protestas de forma recurrente y continua.
En efecto, el análisis del caso vallisoletano muestra, por un lado, que las protestas de los trabajadores en demanda de trabajos municipales fueron habituales en el tiempo, ya que en todos los años analizados —salvo en el invierno de 1901-1902— se produjo alguna protesta de este tipo. No obstante, lógicamente, ello no implica que no hubiera más movilizaciones en los inviernos más críticos, como fueron 1897-1898 y 1903-1904, cuando a las periódicas crisis de trabajo se superpusieron sendas crisis de subsistencias, por lo que a las habituales protestas invernales de los trabajadores desempleados en demanda de trabajo se sumaron (y se confundieron con ellas) protestas de mujeres pidiendo pan barato y trabajo para sus maridos 54.
Gráfico 1
Protestas en petición de trabajo, Valladolid (1890-1906)

Fuente: elaboración propia con datos de El Norte de Castilla y Libros de Actas Municipales (AMV).
Por otro lado, el análisis del caso vallisoletano muestra que los trabajadores desempleados utilizaron un amplio repertorio de acción colectiva que incluía varias formas de movilización con distinto grado de organización, formalidad y agresividad: protestas grupales más o menos informales, comisiones peticionarias, concentraciones o manifestaciones y, como último recurso, el motín.
Las protestas grupales que calificamos como más o menos informales abarcan diversas acciones. Una de ellas fue la formación de las ya mencionadas cuadrillas de trabajadores que, aunque mendigaran trabajo, también solicitaban directamente a las autoridades la apertura de trabajos del plus. Es lo que sucedió en varias ocasiones durante noviembre de 1890 cuando acudieron «a la Alcaldía crecido número de obreros en demanda de trabajo» o recorrieron «las calles de la población un grupo de obreros pidiendo limosna, habiéndose dirigido antes al Gobierno Civil en demanda de trabajo» 55.
Otra protesta grupal que podemos considerar informal fue la asistencia de grupos de desempleados a plenos municipales donde se debatía sobre los trabajos invernales. Esos grupos no solo podían intimidar a los concejales con su mera presencia, como sucedió en diciembre de 1901, cuando se celebró una sesión municipal con «la tribuna pública [...] materialmente atestada de obreros sin trabajo» 56, sino que también podían presionarlos con gritos y exclamaciones, como ocurrió en enero de 1906, cuando un numeroso grupo de trabajadores intervino con gran estrépito en otro pleno municipal, vitoreando al final al alcalde cuando manifestó que «se halla[ba] dispuesto [...] a continuar amparando a los obreros, a fin de que no perezcan de hambre» 57.
Otra forma de movilización colectiva más formal fue la conformación de comisiones peticionarias, las cuales ya fueron utilizadas por el primer movimiento obrero español en la década de 1830 58. Estas comisiones de trabajadores desempleados buscaban negociar colectivamente con las autoridades municipales o provinciales la apertura y las condiciones de los trabajos del plus. Así sucedió el 10 de febrero de 1890, cuando «una comisión de obreros de los que el Ayuntamiento tenía ocupados en los trabajos del Plus, estuvo [...] en el Gobierno solicitando se les socorra dándoles ocupación» 59, o el 11 de diciembre de 1893, cuando se presentó «en el despacho de esta Alcaldía una Comisión de Obreros de esta Capital en demanda de trabajo para atender a su subsistencia y el de sus familias» 60.
Pero en este caso es interesante destacar que estas comisiones peticionarias no solo presentaron sus demandas directamente ante las autoridades, sino que, varias veces, utilizaron como altavoz la prensa local. Así, en enero de 1892, El Norte de Castilla noticiaba cómo «se presentó en nuestra redacción una comisión de los obreros que se ocupan en las [obras] que sostiene el Municipio rogándonos nos hiciéramos eco de las quejas que en ellos causa el suspender las obras los sábados al mediodía» 61, y, en diciembre del mismo año, volvía a informar de que «una comisión de albañiles se ha acercado ayer a nuestra redacción» para comunicar «que como ellos se encuentran desocupados otros muchos que desean obtener trabajo, y creen conveniente hacerlo público en bien de sus intereses» 62. Estos ejemplos muestran que, igual que hicieron las elites políticas y económicas al controlar y comprar periódicos 63, las clases populares fueron plenamente conscientes de la notable influencia que tenía la prensa en la vida política de aquellos años y, en la medida de sus posibilidades, intentaron utilizarla a su favor.
Una tercera forma de movilización de los desempleados invernales fue la organización de concentraciones frente al Ayuntamiento o el Gobierno Civil, e incluso ante los domicilios de las autoridades, como sucedió durante el invierno de 1894-1895. Ya en diciembre de 1894 se conformó «una numerosa comisión de obreros [que] visitó [...] al Gobernador civil» para comunicarle que «existen hoy sin ocupación más de mil hombres» y rogarle que «influyera cerca de las Corporaciones provincial y municipal, para que estas abrieran sus trabajos de invierno» 64. Sin embargo, la incapacidad del Ayuntamiento para emplear a todos los desocupados hizo que durante los primeros meses de 1895 se intensificaran las protestas, de modo que el 4 de febrero «un grupo de ochocientos obreros próximamente», que «habían estado ocupados en el plus la semana anterior y en la presente han sido despedidos», acudieron «frente a la casa del concejal señor Peña en demanda de trabajo» 65, y el 4 de marzo se produjo «frente a la Casa Consistorial una manifestación de los obreros que trabajan en el plus» para reclamar «al alcalde señor Prado a fin de que hiciese un esfuerzo para alargar la temporada del plus y de este modo podrá evitarse que muchas familias perezcan de hambre» 66.
Como podemos intuir a través de este último ejemplo, las concentraciones podían confundirse/transformarse con/en manifestaciones callejeras, sobre todo cuando los grupos de trabajadores concentrados en un lugar decidían trasladarse a otro punto de la ciudad recorriendo las calles y exponiendo públicamente (y a veces airadamente) sus demandas mediante gritos, banderas o pancartas. Así ocurrió el 13 de diciembre de 1898 cuando, después de que los desempleados se reunieran durante varios días en la acera de San Francisco, «surgió la idea de dirigirse en manifestación a casa del alcalde, señor Carballo, en demanda de trabajo», de tal modo que un grupo «que no bajaría de 300 individuos, se dirigieron [...] por las calles del Val, Arces, plazuela de San Miguel y calle del León, a la calle de Riego, en la cual vive la primera autoridad municipal», y después, «no aquietados con esto [...], el grupo obrero se dirigió al Gobierno Civil, atravesando varias calles de la capital» 67. Obviamente, estas protestas que ocupaban el espacio público sin autorización podían aumentar fácilmente la tensión, como vemos en el siguiente ejemplo de 1900:
«Obreros sin trabajo. La manifestación de ayer
Ayer mañana se repitieron en nuestra capital las manifestaciones de obreros sin trabajo, que todos los años por esta época se realizan.
La de ayer empezó a organizarse en la Plaza Mayor, formándose un grupo de unos cien obreros que se dirigió por la calle de Santiago, de donde regresó al poco rato con una bandera de los colores nacionales en la cual se veía escrita la palabra “Trabajo”.
Desde la plaza se dirigió la manifestación por la Fuente Dorada y calle de Orates al Gobierno Civil, donde se detuvo breves momentos demandando trabajo, continuando después por la calle de López Gómez a la Plazuela de Santa María, calle del duque de Lerma y Francos.
Como la manifestación fuera engrosando hasta el punto de formarla ya unos 250 obreros, el inspector de orden público señor Otero y el de guardias municipales señor Guadián les invitaron a que se disolvieran, pidiéndoles a la vez que entregaran la bandera que llevaban.
Parece que los obreros se negaron a tales pretensiones, y entonces los guardias desenvainaron los sables, produciéndose con este motivo la alarma y carreras consiguientes.
Por fortuna, imperó en todos la prudencia y los obreros se avinieron a demandar trabajo del señor alcalde en forma pacífica, dirigiéndose al efecto al Ayuntamiento, donde el señor González Lorenzo mandó formar una lista de los manifestantes, prometiéndoles que hoy se daría trabajo en el plus si el tiempo lo permitía» 68.
Como es de suponer, el aumento de la tensión podía desembocar en un motín, que fue la última, pero más excepcional, forma de movilización que utilizaron los trabajadores desempleados en demanda de trabajos del plus. En Valladolid se produjeron por este motivo dos sonados motines en 1903 y 1904.
El primero tuvo lugar cuando el Ayuntamiento suspendió los trabajos del plus el día 3 de febrero. Como respuesta, un numeroso grupo de obreros organizó una manifestación portando una bandera que pedía «pan y trabajo», y durante la cual se produjeron algunos incidentes. Los acontecimientos se precipitaron cuando se oyeron algunos disparos en medio de una reyerta entre unos manifestantes y algunos canteros (segovianos y portugueses) que trabajaban en las obras de la nueva Casa Consistorial. Los guardias civiles cargaron contra los manifestantes. Estos respondieron «con una verdadera lluvia de pedradas» y estalló el motín. Aunque el alcalde intentó calmar los ánimos aprobando «la transferencia de la partida de “Reparaciones en edificios del Ayuntamiento” a la de trabajos de invierno» para contratar al mayor número de desempleados de la ciudad, los obreros no se conformaron, y al día siguiente, 4 de febrero, se reprodujeron los «golpes, pedradas, carreras, sustos» al grito de «¡todos o ninguno!» 69.
En 1904, sin embargo, el descontento por el desempleo invernal se mezcló con la profunda crisis de subsistencias que vivía entonces el país, la cual fue origen de conflictos por toda Castilla la Vieja y León 70. Valladolid también vivió una situación crítica: «Es que el trabajo escasea, que los jornales son cortos, que los comestibles están caros y que las clases obreras sienten desde hace tiempo gran malestar» 71. De hecho, ya hubo en la ciudad varias protestas en solicitud de trabajo desde diciembre de 1903 72, algunas de ellas con pequeños disturbios 73. En esta atmósfera, la mañana del 7 de marzo «grupos de mujeres, pertenecientes a la clase obrera» lideraron una manifestación en medio de gritos de «pan y trabajo para “sus hombres”» y portando «una bandera en la que se leía “Pan y trabajo”». Por la noche hubo protestas similares durante las cuales se apedrearon algunos edificios e incluso se oyeron gritos de «viva la república» y se cantó La Marsellesa, lo que motivó la intervención de guardias civiles realizando una «detención en masa». A la mañana siguiente, «mujeres en gran número, chiquillos y algún que otro obrero» salieron de nuevo a las calles pidiendo «trabajo para nuestros maridos y abaratamiento de los comestibles» con una «bandera blanca con la inscripción “pan y trabajo”» que los guardias municipales les intentaron incautar. Este hecho provocó la respuesta de «los hombres que por curiosidad seguían al grupo». De inmediato se produjo una batalla campal por el centro de la ciudad donde solo «el chocar de los pedruscos, el crepitar de los disparos, los repetidos toques de atención y los gritos de los luchadores rompían el silencio angustioso de la calle». Solo se pudo restablecer el orden con la contundente intervención de las tropas del regimiento de Farnesio, que se saldó con un muchacho muerto y varios heridos 74.
Vemos, por tanto, como los trabajadores desempleados de la ciudad de Valladolid realizaron continuas e importantes protestas para solicitar trabajo. Sin embargo, estas no se limitaron a la capital, sino que también fueron habituales en pueblos de la provincia 75. Ejemplo ilustrativo es Villalón de Campos, donde sabemos que ya en 1868 hubo una manifestación de trabajadores pidiendo trabajo y, posteriormente, se produjeron otras protestas similares (comisiones, manifestaciones) en 1885, 1891, 1902 y varias en el invierno de 1904-1905 76.
En definitiva, el ejemplo de los desempleados vallisoletanos muestra que, como han señalado algunos autores de otras latitudes, las clases populares utilizaron múltiples y diversas estrategias para encontrar una solución negociada a sus demandas antes de asumir los riesgos de una protesta violenta 77, pues el motín no dejaba de ser «una calamidad social, que debía evitarse a cualquier coste» 78.
Un último elemento que destaca de las protestas de los trabajadores desempleados de Valladolid demandando trabajos municipales es que la inmensa mayoría careció de apoyo explícito de organizaciones políticas o sindicales, ni siquiera aquellas que, a priori, defendían intereses populares, como eran republicanos y socialistas 79.
Los republicanos, aunque en principio asumieron importantes demandas populares (consumos, quintas), no apoyaron uniformemente los trabajos municipales de invierno, y muchos los consideraban foco de clientelismo y corrupción política 80. Este posicionamiento fue patente en las protestas de 1898, cuando a la habitual crisis de trabajo estacional se superpuso una profunda crisis de subsistencias que provocó que, desde inicios de febrero, los desempleados realizaran numerosas protestas para solicitar trabajo 81. En este contexto, los partidos republicanos de la ciudad —apoyados por el Centro Socialista— convocaron para el 27 de febrero una manifestación, que fue secundada por «nutridas representaciones de todas las clases sociales», pidiendo «la revisión del proceso de Montjuic, la supresión de los derechos de aduanas sobre los trigos y el servicio militar obligatorio» 82..., pero sin hacer referencia alguna a los trabajos municipales que venían solicitando los trabajadores desde días atrás. Es más, un concejal republicano fusionista llegó a afirmar que «los obreros que ha visto reunidos a la puerta del Gobierno Civil son los más holgazanes y de los que se aprovechan algunos en esta época de elecciones» 83. Frente a esta indiferencia, al día siguiente de esa manifestación republicana, las «mujeres pertenecientes a la clase obrera» decidieron celebrar su propia manifestación para demandar específicamente «pan y trabajo para sus maridos», sin apoyo de ningún partido o activista político 84.
Los socialistas, por su parte, aunque no rechazaban plenamente los trabajos del plus, consideraban que no era la medida más adecuada para solucionar el desempleo invernal. Como dijo el líder del socialismo vallisoletano, Remigio Cabello, suponían una «limosna disfrazada» 85. Los socialistas, en cambio, sí rechazaban abiertamente las protestas que realizaban los desempleados, pues consideraban que la única estrategia viable en la lucha laboral era la acción asociativa 86. Así, el propio Remigio Cabello puso como ejemplo las violentas protestas en demanda de pan y trabajo de marzo de 1904:
«para demostrar que los obreros inconscientes no pueden determinar un estado social, porque o son empujados por circunstancias eventuales, o entablan la lucha sin conciencia propia de sus actos, exponiendo a graves contingencias la causa del proletariado, que no se paga de motines ni algaradas en la calle, enfrente de una fuerza siempre dominadora» 87.
La cuestión del desempleo estacional y los trabajos del plus no solo provocó debates en las filas republicanas y socialistas, sino que, como sabemos, fue uno de los principales temas de controversia en la política municipal vallisoletana durante la Restauración, como bien reflejan las actas municipales 88, o la prensa, que publicó numerosos editoriales y artículos de opinión al respecto.
Buen ejemplo de ello es el cuestionario que El Norte de Castilla planteó a diversos candidatos de cara a las elecciones municipales de 1893, preguntándoles exclusivamente sobre tres asuntos: el impuesto de consumos, la contratación de un empréstito para sanear las arcas municipales y los trabajos del plus. Las respuestas de los entrevistados muestran la variedad de opiniones que había sobre el tema. Mientras que un candidato liberal-gamacista opinaba que «el plus tal como se halla organizado, debe evitarse a toda costa. [...] Puede darse trabajo durante el invierno a los obreros necesitados, pero pensando de antemano en obras reproductivas», un candidato republicano-zorrillista consideraba que «antes de que la población vea el espectáculo repugnante de individuos desfallecidos a las puertas de las calles con el hambre retratada en el semblante, he de quemar hasta el último cartucho a fin de que esos desgraciados tengan trabajo en el plus» 89.
En este debate participaron insignes prohombres vallisoletanos de renombre nacional. Es el caso de Ricardo Macías Picavea, afamado escritor regeneracionista que fue concejal republicano, quien consideraba que el sostenimiento de los trabajos de invierno no debía ser competencia exclusiva de los Ayuntamientos, sino un esfuerzo compartido por todas las instituciones del Estado, la Iglesia y las clases acomodadas 90. Por su parte, Santiago Alba, que también fue concejal en el consistorio vallisoletano y, después, líder del liberalismo local y uno de los próceres del liberalismo nacional, llegó a presentar en octubre de 1897 una propuesta para racionalizar la gestión de los trabajos invernales «con el objeto de que estos produzcan ventaja para el erario municipal, para los verdaderos obreros y para la población toda» 91, como resultado de la cual el Ayuntamiento creó una «Comisión especial para los trabajos de invierno» 92.
Como se puede percibir, el debate básicamente se articulaba en torno a dos posiciones: a favor o en contra de los trabajos del plus. La mayoría de los opinadores denostaron furibundamente los trabajos invernales desde una perspectiva «malthusiana» 93, pues los consideraban un sumidero de dinero municipal que no aportaba beneficios materiales a la ciudad y fomentaba la vagancia y las corruptelas. Ejemplo es un artículo publicado por el diario republicano La Libertad en diciembre de 1892:
«[El plus es] inmoral, antieconómico y deficiente; porque no es tal trabajo, sino una limosna disimulada de que se aprovecha el vicio más que la necesidad honrada; porque ampara la disipación y la holgazanería de una porción de bergantes y bohemios de la miseria que solo se acuerdan de que son trabajadores cuando hay plus, es decir, cuando, so capa de presumirlo, lo que menos hacen es trabajar; porque engendra hábitos perniciosos de indisciplina y desarreglo ente los braceros; porque relaja las costumbres del nivel manual del obrero, porque, en fin, hasta determina una competencia deprimente al trabajo serio, y fecundo bien llevado» 94.
Frente a esas opiniones hubo voces que, en el contexto de los debates sobre la cuestión social de la última década del siglo xix 95, defendieron los trabajos del plus no solo como una mera medida de «caridad legal» 96, sino como expresión de un derecho social, tal y como muestra el editorial con el que El Norte de Castilla respondía al antecitado artículo de La Libertad:
«La necesidad de proporcionar trabajo a la clase obrera en las épocas de invierno [...] no solo se puede considerar como una necesidad social, sino que bien mirado es un derecho de la clase obrera, que si bien debe estar y está de derecho limitado con las prescripciones de la doctrina cristiana [...] no puede ser desatendido ni menos olvidado por el Estado, cuyas funciones no solo son recíprocas con los impuestos, trabajos o servicios con que grave a los ciudadanos, sino que deben ser amparadoras. Al ciudadano, a quien se le impone el deber de defender a la patria con sus hijos, única riqueza que posee y de la que la sociedad le priva; al que se le impone el tributo indirecto que bajo el nombre de Consumos o de otro análogo, encarece y disminuye sus medios de subsistencia y se le priva, por consiguiente, de una parte del jornal que ha debido a su sudor y a su trabajo, tiene también derecho a que la Sociedad le atienda, le ampare y le proteja en caso de necesidad» 97.
En este análisis cabe tener en cuenta que, como señaló Carasa, las respuestas sociales de las clases populares fueron determinantes en la configuración del poder y la toma de decisiones de las elites, especialmente en el ámbito local 98. Dicho de otro modo, las movilizaciones populares locales no solo buscaron conseguir medidas compasivas que aliviaran coyunturalmente los problemas de los más desfavorecidos —por ejemplo, abrir anticipadamente o ampliar los trabajos del plus durante las épocas de desempleo estacional—, sino también que las autoridades tomaran decisiones políticas para garantizar un uso más igualitario de los recursos públicos. Esta actitud suponía en última instancia, como han advertido otros autores, luchar por la democratización de la gestión de los Ayuntamientos restauracionistas 99. Buen ejemplo de lo dicho fueron algunas protestas que protagonizaron los trabajadores desempleados en Valladolid, como ocurrió en 1896 y 1902.
En febrero de 1896, después de que los trabajadores desempleados realizaran insistentes protestas 100, el entonces alcalde conservador (que sufría una iracunda oposición de liberales y republicanos) 101 convocó un pleno extraordinario para aprobar un «proyecto de presupuesto adicional al ordinario» 102 donde hizo una «larga y acalorada defensa» del capítulo «Imprevistos y calamidades públicas» con el que se costeaban los trabajos del plus:
«proponiendo al Ayuntamiento que a él se destine el 10 por 100 del total del presupuesto; que defiende y defenderá siempre los trabajos del plus, porque se ve continuamente asediado por multitud de obreros que le piden trabajo desde que amanece Dios hasta que anochece.
Que el Ayuntamiento, que ha votado 20.000 pesetas para festejar a un muerto cual es el poeta Zorrilla, no debe reparar cuando se trata del remedio de necesidades de vivos, pues al fin y al cabo aquellos son gastos para satisfacer vanidades» 103.
Esta propuesta se concretó pocos meses después cuando el Ayuntamiento institucionalizó los trabajos del plus en el nuevo presupuesto municipal, dejando de considerar esa partida como gasto imprevisto para convertirla en gasto ordinario, de modo que, desde entonces, los presupuestos municipales incluyeron ineludiblemente un capítulo específico para «Trabajos de Invierno» 104.
Otro episodio significativo se produjo en diciembre de 1902, cuando el alcalde, por recomendación de la Contaduría Municipal, suspendió los trabajos del plus para cumplir con un «Real decreto referente a los gastos provinciales y municipales» 105. Sin embargo, como respuesta, en la mañana del 31 de diciembre, «se reunieron [...] más de dos mil obreros» para manifestar al alcalde y al gobernador civil «su deseo de que no se les desamparase» 106. Esa misma tarde el alcalde convocó una sesión municipal extraordinaria donde los concejales no solo manifestaron su preocupación por «una situación tan difícil como es la de no poder continuar satisfaciendo los gastos que originen los trabajos de invierno, creando con esto un verdadero conflicto», sino que decidieron, por unanimidad, desestimar la interpretación legal que hizo la Contaduría Municipal sobre el Real Decreto y ordenaron la reapertura de los trabajos del plus 107.
Pero las movilizaciones populares no solo influyeron en el ejercicio del poder de las elites políticas, sino que, como han señalado algunos autores, también moldearon la acción y el discurso políticos de las incipientes organizaciones de clase, como los socialistas 108. En efecto, aunque ya vimos que los socialistas se opusieron a las movilizaciones de los desempleados para solicitar trabajos del plus, no obviaron el potencial movilizador de esta demanda popular, y terminaron integrándola en su programa reivindicativo. Un primer paso lo dio la Agrupación Socialista Madrileña cuando a finales de 1904 planteó realizar una campaña de mítines con objeto de reclamar medidas «para abaratar los artículos de primera necesidad y para que se emprendan trabajos donde puedan encontrar ocupación los muchos obreros que hay al presente desocupados» 109. Al año siguiente, los socialistas madrileños volvieron a demandar «abaratamiento de las subsistencias» y «obras para los parados» en la celebración del 1 de Mayo 110.
Los socialistas vallisoletanos asumieron este giro estratégico y, secundando el llamamiento de sus compañeros madrileños, organizaron un mitin el 19 de diciembre de 1904 para reclamar a las autoridades «la apertura de obras en las que encuentren ocupación los numerosos obreros que se hallan sin trabajo» 111. Pocos meses después, en abril de 1905, celebraron otro mitin para demandar «medidas encaminadas a producir el abaratamiento de las subsistencias» y «trabajos donde encuentren ocupación los obreros que no lo tienen» 112.
Los socialistas pretendieron culminar esta campaña en demanda de abaratamiento de las subsistencias y trabajos públicos para los desempleados con la convocatoria de un paro nacional para el día 20 de julio de 1905. Sin embargo, esta acción tuvo escaso éxito 113, como refleja el caso de Valladolid, donde el propio Remigio Cabello se lamentó de «que el paro no hubiera sido general», de modo que la protesta se limitó a una reunión de dirigentes obreros donde acordaron enviar un telegrama reivindicativo al presidente del Gobierno 114.
Con todo, el nuevo discurso socialista sobre los trabajos del plus no implicó que apoyaran las tradicionales movilizaciones que habían realizado los desempleados hasta entonces, ni que estos dejaran de organizar las acostumbradas comisiones, concentraciones y manifestaciones en demanda de trabajos municipales al margen de cualquier organización política y sindical, como sucedió en Valladolid en el invierno de 1905-1906 115.
A lo largo de las páginas anteriores hemos podido ver cómo los trabajadores de Valladolid protagonizaron continuas e intensas movilizaciones para demandar trabajos públicos durante las épocas en que acuciaba el desempleo invernal, lo cual vuelve a desmontar claramente, como han hecho otros autores, el tópico de la desmovilización política ciudadana durante la Restauración. Sin embargo, el análisis de estas protestas nos ha permitido sacar otras conclusiones que enriquecen la percepción que hasta ahora teníamos sobre la movilización de las clases populares durante la Restauración.
Por un lado, muestra que las clases populares no solo se movilizaron mediante episodios de protesta colectiva esporádicos, como era el motín (o la huelga) —que han focalizado la atención de la mayoría de las investigaciones sobre el tema—, sino que también utilizaron, incluso de manera más habitual y recurrente, otras muchas y variadas formas de protesta colectiva menos agresivas, como comisiones, concentraciones y manifestaciones, mediante las cuales buscaban soluciones negociadas a sus demandas, en muchos casos al margen de organizaciones políticas o sindicales formales.
Por otro lado, este análisis ha permitido apreciar que, durante la Restauración, los grupos populares no solo protestaron para obtener concesiones paternalistas que aliviaran su afligida situación en determinadas coyunturas negativas ocasionales, como podían ser el abaratamiento del pan, la supresión de los consumos en medio de una crisis de subsistencias o, como hemos visto aquí, la apertura de trabajos públicos ante una crisis de trabajo. Por el contrario, esas movilizaciones también les permitieron participar e influir, directa e indirectamente, en el debate público buscando que las elites impulsaran políticas estructurales que garantizaran un uso más igualitario y justo de los recursos públicos para que también atendieran al bienestar de los más desfavorecidos.
* Este texto se enmarca en los proyectos «Movilización social y construcción de la democracia en la España del siglo xix. Una historia a ras de suelo» (PID2022-137486NB-I00) y «Feminidades y masculinidades desde la cultura jurídica en las sociedades atlánticas, siglos xvi-xx» (PID2024-158460NB-I00).
1 Sobre todo la italiana. Véase Salvador Cruz Artacho: «Clientelismo, patronazgo y estrategias de poder en la sociedad rural italiana contemporánea. Una primera aproximación bibliográfica», Noticiario de Historia Agraria, 2 (1991), pp. 123-128.
2 Por ejemplo, Salvador Cruz Artacho: Caciques y campesinos. Poder político, modernización agraria y conflictividad rural en Granada, 1890-1923, Madrid, Ediciones Libertarias, 1994, o Lourenzo Fernández Prieto et al. (coords.): Poder local, elites e cambio social na Galicia non urbana (1874-1936), Santiago de Compostela, Universidade de Santiago de Compostela, Servizo de Publicacións e Intercambio Científico, 1997. Un estado de la cuestión acerca de la evolución de los estudios sobre este tema hasta los albores del siglo xxi en Salvador Cruz Artacho: «Clientes, clientelas y política en la España de la Restauración (1875-1923)», Ayer, 36 (1999), pp. 105-129.
3 Pedro Carasa: «Castilla y León», en José Varela Ortega (dir.): El poder de la influencia. Geografía del caciquismo en España (1875-1923), Madrid, Marcial Pons Historia-Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2001, pp. 175-235, esp. pp. 223 y ss.
4 Hilda Sábato: La política en las calles. Entre el voto y la movilización, Buenos Aires, 1862-1880, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1998, pp. 179-211.
5 Carlos Gil Andrés: Echarse a la calle. Amotinados, huelguistas y revolucionarios (La Rioja, 1890-1936), Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2000, pp. 447-467. En la misma línea, Francisco Sánchez Pérez: La protesta de un pueblo. Acción colectiva y organización obrera. Madrid, 1901-1923, Madrid, Cinca, 2005; Óscar Bascuñán Añover: Protesta y supervivencia. Movilización y desorden en una sociedad rural, Castilla-La Mancha, 1875-1923, València, Fundación Instituto de Historia Social, 2008; Víctor Lucea Ayala: El pueblo en movimiento. La protesta social en Aragón (1885-1917), Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2009, y Rafael Cruz: Protestar en España, 1900-2013, Madrid, Alianza Editorial, 2015, pp. 43-48.
6 Véase Carlos Gil Andrés: «Protesta popular y movimientos sociales en la Restauración. Los frutos de la ruptura», Historia Social, 23 (1995), pp. 121-135, esp. p. 128, donde defendía la necesidad de «estudios de ámbitos más reducidos, investigaciones de carácter local que permitan profundizar en la estructura interna de los grupos y las comunidades». Opiniones similares en Pedro Carasa: «El poder local en la Castilla de la Restauración. Fuentes y método para su estudio», Hispania, 59(201) (1999), pp. 9-36, e íd.: «Cambio de cultura política y poder local en la Castilla contemporánea», en Pedro Carasa (dir.), El poder local en Castilla. Estudios sobre su ejercicio durante la Restauración (1874-1923), Valladolid, Ediciones Universidad de Valladolid, 2003, pp. 7-25.
7 Pedro Carasa: «El giro local», Alcores, 3 (2007), pp. 13-35, esp. p. 16.
8 Antonio Herrera González de Molina, John Markoff e Inmaculada Villa Gil-Bermejo: «La democratización del mundo rural en España en los albores del siglo xx. Una historia poco conocida», Ayer, 89 (2013), pp. 21-42, esp. pp. 23-24.
9 Pedro Carasa: «Cambio de cultura...», p. 25.
10 Antonio Herrera González de Molina, John Markoff e Inmaculada Villa Gil-Bermejo: «La democratización...», p. 42.
11 Carlos Serrano: El turno del pueblo. Crisis nacional, movimientos populares y populismo en España (1890-1910), Barcelona, Península, 2000.
12 Carmen Sarasúa: «Trabajo y trabajadores en la España del siglo xix», en Juan M. Matés Barco y Agustín González Enciso (coords.): Historia económica de España, Barcelona, Ariel, 2006, pp. 413-434.
13 Roser Nicolau: «Población, salud y actividad», en Albert Carreras y Xavier Tafunell (coords.): Estadísticas históricas de España. Siglos xix-xx, Bilbo, Fundación BBVA, 2005, pp. 77-154, esp. p. 150.
14 José Rodríguez Labandeira: El trabajo rural en España (1876-1936), Barcelona, Anthropos, 1991, pp. 162-165 y 305-306.
15 Roser Nicolau: «Población...», p. 150.
16 Álvaro Soto Carmona: El trabajo industrial en la España contemporánea (1874-1936), Barcelona, Anthropos, 1989, p. 353.
17 Ángel Bahamonde y Julián Toro: «Mendicidad y paro en el Madrid de la Restauración», Estudios de Historia Social, 7 (1978), pp. 353-384.
18 Antonio M. Calero Amor: Historia del movimiento obrero en Granada (1909-1923), Madrid, Tecnos, 1973, pp. 204-211.
19 Paloma de Villota: «Los motines de Castilla la Vieja de 1856 y la participación de la mujer», en Pilar Folguera (coord.): Nuevas perspectivas sobre la mujer. Actas de las primeras Jornadas de Investigación Interdisciplinaria, Madrid, Universidad Autónoma de Madrid, Seminario de Estudios de la Mujer, 1982, pp. 136-162, esp. p. 138; Rafael Serrano García: El Sexenio Revolucionario en Valladolid. Cuestiones sociales (1868-1874), Valladolid, Junta de Castilla y León, 1986, pp. 113-117, y Guillermo Pérez Sánchez: Ser trabajador. Vida y respuesta obrera (Valladolid, 1875-1931), Valladolid, Ediciones Universidad de Valladolid, 1996, p. 250.
20 El Norte de Castilla (en adelante, NC), 21 de diciembre de 1894.
21 NC, 15 de enero de 1893.
22 NC, 13, 16 y 23 de febrero de 1906.
23 José Rodríguez Labandeira: El trabajo rural..., p. 161.
24 Ibid., pp. 305-312. También en Antonio M. Calero Amor: Historia..., pp. 205-207, y Martin Baumeister: Campesinos sin tierra. Supervivencia y resistencia en Extremadura (1880-1923), Badajoz, Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación-Diputación de Badajoz, 1996, pp. 119-129.
25 Ángel Bahamonde y Julián Toro: «Mendicidad y paro...», p. 354, y Ángel Bahamonde: «El mercado de mano de obra madrileño (1850-1874)», Estudios de Historia Social, 15 (1980), pp. 143-175, esp. pp. 164-175.
26 Carmen Delgado Viñas: Clase obrera, burguesía y conflicto social. Burgos, 1883-1936, Valladolid, Ediciones Universidad de Valladolid, 1993, pp. 143-159.
27 Muchas utilizadas desde el Sexenio Democrático. Rafael Serrano García: El Sexenio Revolucionario..., pp. 49-55.
28 Propuesta de la Comisión de Obras para realizar trabajos de invierno que den ocupación a los demandantes (1895), Archivo Municipal de Valladolid (en adelante, AMV), CH 354-40, y Trabajos de invierno (1896), AMV, CH 355-64.
29 Libros de actas municipales (1901), AMV, p. 425.
30 Libros de actas municipales (1898), AMV, pp. 51-52 y 84, y (1904), pp. 39-40.
31 Libros de actas municipales (1905), AMV, pp. 26-27, y (1906), p. 88.
32 Hay noticias sobre los trabajos del plus durante el Sexenio Democrático. Véase Rafael Serrano García: El Sexenio Revolucionario..., pp. 49-51. El principal estudio sobre ellos durante la Restauración es el de Guillermo Pérez Sánchez: Ser trabajador..., pp. 250-271. Otras referencias en Jesús M. Palomares Ibáñez et al.: La Comisión de Reformas Sociales y la condición obrera en Valladolid (1883-1903), Valladolid, Ediciones Universidad de Valladolid, 1985, pp. 85-93; María del Carmen García de la Rasilla Ortega: El Ayuntamiento de Valladolid. Política y gestión (1898-1936), Valladolid, Ayuntamiento de Valladolid, 1991, pp. 279-281, y Juan Manuel Olcese Alvear: El Ayuntamiento de Valladolid. Política y gestión (1875-1897), Valladolid, Ayuntamiento de Valladolid, 2007, pp. 337-344.
33 Guillermo Pérez Sánchez: Ser trabajador..., pp. 259-271.
34 Antonio M. Calero Amor: Movimientos sociales en Andalucía (1820-1936), Madrid, Siglo XXI, 1976, pp. 10-11.
35 Ranahit Guha: Las voces de la historia y otros estudios subalternos, Barcelona, Crítica, 2002, pp. 43-44.
36 James C. Scott: Los dominados y el arte de la resistencia. Discursos ocultos, México, Ediciones Era, 2000, pp. 217-237.
37 Tomás Cortizo Álvarez: «Migraciones estacionales, profesiones ambulantes y otros desplazamientos en la España decimonónica», en Valentín Cabero Diéguez et al.: El medio rural español. Cultura, paisaje y naturaleza, vol. I, Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 1992, pp. 293-300; Blanca Sánchez Alonso: Las causas de la emigración española, 1880-1930, Madrid, Alianza Editorial, 1995, y Javier Silvestre Rodríguez: «Las migraciones interiores en España, 1860-2007», Historia y Política, 23 (2010), pp. 113-134.
38 Juan Díaz Caneja: Apuntes sobre la emigración castellana, Palencia, Imp. y lib. de Gutiérrez, Líter y Herrero, 1908, y Julio Senador Gómez: Castilla en escombros. Las leyes, las tierras, el trigo y el hambre, Valladolid, Casa Editorial de la Viuda de Montero, 1915.
39 Jesús M. Palomares Ibáñez et al.: La Comisión..., p. 72; Guillermo Pérez Sánchez: Ser trabajador..., p. 171.
40 NC, 21 de diciembre de 1894. Quejas similares en NC, 3 de marzo de 1898 y 16 de diciembre de 1903, y Libros de actas municipales (1903), AMV, p. 49.
41 Adolfo A. Buylla y G. Alegre: «Memoria acerca de la información agraria en ambas Castillas encomendado a este Centro por Real Orden de 25 de junio de 1904», en Julio Aróstegui: Miseria y conciencia del campesinado castellano, Madrid, Narcea, 1977, pp. 101-226, esp. p. 128, y José de Posse y Villelga: El socialismo. Sus hombres, su organización, sus procedimientos. La asociación agrícola, las uniones profesionales. Los obreros de tierra de Campos, Bilbo, La Editorial Vizcaína, 1912, pp. 202-203 y 242.
42 NC, 12 de enero de 1902.
43 Pedro Martín Ruiz: «Notas sobre el éxodo rural y la evolución de la población en una comarca de Tierra de Campos», Revista de Estudios Agrosociales, 81 (1972), pp. 23-60, esp. pp. 33 y 40.
44 NC, 16 de enero de 1901 y, también, 13 de febrero de 1906.
45 Rafael Serrano García: El Sexenio Revolucionario..., pp. 123-127, y Juan M. Olcese Alvear: El Ayuntamiento de Valladolid..., pp. 344-353. Una visión general sobre la pobreza en Valladolid durante el siglo xix en Elena Maza Zorrilla: Valladolid, sus pobres y la respuesta institucional, Valladolid, Ediciones Universidad de Valladolid, 1985.
46 Libros de actas municipales (1892), AMV, p. 372; (1898), p. 14; (1903), p. 92, y (1905), pp. 81-82.
47 NC, 13 de noviembre de 1903.
48 NC, 7 de enero de 1898.
49 Como el reglamento de 1892. Véase Elena Maza Zorrilla: Valladolid, sus pobres..., pp. 354-356.
50 NC, 1 de abril de 1901.
51 NC, 16 de febrero de 1898.
52 NC, 12 de diciembre de 1905.
53 Ángel Bahamonde y Julián Toro: «Mendicidad y paro...», p. 354; Antonio M. Calero Amor: Historia..., p. 205; José Rodríguez Labandeira: El trabajo rural..., p. 240, y, en particular, el estudio que analiza estas protestas con más profundidad, Martin Baumeister: Campesinos sin tierra..., pp. 324-331. Para el caso de Valladolid hay referencias sobre estas manifestaciones en Rafael Serrano García: El Sexenio Revolucionario..., pp. 121-122; Jesús M. Palomares Ibáñez et al.: La Comisión..., p. 91, y Guillermo Pérez Sánchez: Ser trabajador..., pp. 362-363.
54 Lo que parece confirmar que existía una cierta distribución de roles entre géneros en las estrategias de movilización de las clases populares, como señaló Edward P. Thompson: «La economía “moral” de la multitud en la Inglaterra del siglo xviii», en Edward P. Thompson: Tradición, revuelta y consciencia de clase. Estudios sobre la crisis de la sociedad preindustrial, Barcelona, Crítica, 1979, pp. 62-133, esp. pp. 109-110. Para el caso español, véanse Carlos Gil Andrés: «Mujeres en la calle. Trabajo, condición social y protesta de la mujer. La Rioja, 1885-1910»,
en Santiago Castillo (coord.): El trabajo a través de la Historia, s. l., Asociación de Historia Social, 1996, pp. 373-381, y Víctor M. Lucea Ayala: «Amotinadas: las mujeres en la protesta popular de la provincia de Zaragoza a finales del siglo xix», Ayer, 47 (2002), pp. 185-207. Esta visión, sin embargo, ha sido matizada en los últimos tiempos por Ana Cabana Iglesia: «Mujeres al frente. Rostros femeninos y acción colectiva», en María Teresa Ortega López y Ana Cabana Iglesia: «Haberlas, haylas». Campesinas en la historia de España en el siglo xx, Madrid, Marcial Pons Historia, 2021, pp. 219-237.
55 Libros de actas municipales (1890), AMV, p. 353, y NC, 18 y 19 de noviembre de 1890.
56 NC, 14 de diciembre de 1901.
57 NC, 27 de enero de 1906.
58 Manuel Tuñón de Lara: El movimiento obrero en la historia de España, Madrid, Taurus, 1972, p. 41.
59 NC, 11 de febrero de 1890.
60 Trabajos de invierno a realizar por los obreros del plus: obras municipales, jardines, herramientas, etc. (11 de diciembre de 1893), AMV, CH 353-57.
61 NC, 26 de enero de 1892.
62 NC, 2 de diciembre de 1892.
63 Pedro Carasa: «Castilla y León...», p. 214. Para el caso de Valladolid, véase Celso Almuiña: La prensa vallisoletana durante el siglo xix, Valladolid, Diputación de Valladolid, 1977, pp. 352-353.
64 NC, 4 de diciembre de 1894.
65 NC, 5 de febrero de 1895.
66 NC, 5 de marzo de 1895.
67 NC, 14 de diciembre de 1898.
68 NC, 13 de febrero de 1900.
69 NC, 4 y 5 de febrero de 1903.
70 Jesús Ángel Redondo Cardeñoso: 1904. Rebelión en Castilla y León, Valladolid, Ediciones Universidad de Valladolid, 2013, pp. 57-96.
71 NC, 8 de marzo de 1904.
72 NC, 9 de diciembre de 1903, y 11 de enero, y 10, 11, 23, 24, 25 y 29 de febrero de 1904.
73 NC, 15 de diciembre de 1903 y 9 de febrero de 1904.
74 NC, 8 y 9 de marzo de 1904.
75 Algunos ejemplos en NC, 4 de mayo de 1890, 20 de enero de 1892, 20 de enero de 1893, 11 de enero de 1894, 5 de enero de 1897, 18 y 25 de febrero de 1904 y 17 de diciembre de 1905.
76 Jesús Ángel Redondo Cardeñoso: «Movilización política y social en una villa castellana durante la Restauración. El caso de Villalón de Campos (Valladolid) entre 1880 y 1905», Millars, 58 (2025), pp. 62-63.
77 Ranahit Guha: Las voces..., pp. 43-44 y 103-105.
78 Edward P. Thompson: «La economía...», p. 121.
79 Ambos tuvieron una presencia destacada en Valladolid. Véanse, sobre el republicanismo vallisoletano, Juan Antonio Cano García: «Republicanos y política municipal en Valladolid», Investigaciones Históricas, 20 (2000), pp. 229-246, y sobre el socialismo vallisoletano, Jesús M. Palomares Ibáñez et al.: La Comisión..., pp. 146-162; Jesús M. Palomares Ibáñez: El socialismo en Castilla. Partido y sindicato en Valladolid durante el primer tercio del siglo xx, Valladolid, Ediciones Universidad de Valladolid, 1988, y Enrique Berzal de La Rosa: La Unión General de Trabajadores, compromiso social y movilización ciudadana. Valladolid (1897-2020), Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2022, pp. 17-71.
80 Juan Antonio Cano García: «Republicanos...», p. 240.
81 NC, 8, 11, 12, 13, 15, 16 y 17 de febrero de 1898.
82 NC, 27 y 28 de febrero de 1898.
83 Libros de actas municipales (1898), AMV, pp. 51-52.
84 La manifestación estuvo a punto de derivar en motín. Véase NC, 27 de febrero y 1 de marzo de 1898.
85 Citado en Enrique Berzal de La Rosa: La Unión General de Trabajadores..., p. 44.
86 Ibid., pp. 26-27.
87 NC, 19 de marzo de 1904.
88 Guillermo Pérez Sánchez: Ser trabajador...; Juan Manuel Olcese Alvear: El Ayuntamiento de Valladolid..., y María del Carmen García de La Rasilla Ortega: El Ayuntamiento de Valladolid...
89 NC, 2 de diciembre de 1893.
90 Libros de actas municipales (1892), AMV, p. 372. Otras opiniones de Macías Picavea, ibid. (1893), p. 16, y (1894), p. 22. Similares quejas fueron planteadas por otros concejales, véanse ibid. (1893), p. 34; (1894), pp. 439-440; (1897), p. 132, y (1898), p. 480.
91 Ibid. (1897), p. 352. También en NC, 9 de octubre de 1897, y Guillermo Pérez Sánchez: Ser trabajador..., p. 255.
92 Actas de la Comisión Especial para los Trabajos de Invierno (1897), AMV, CH 356-21 Bis. Sin embargo, esta comisión apenas tuvo actividad.
93 Véase Isabel Ramos Vázquez: «Derecho internacional obrero. Origen y concepto», IUSLabor, 3 (2017), pp. 336-372, esp. p. 340.
94 Citado en NC, 17 de diciembre de 1892. Opiniones similares por parte de NC en los días 17 de noviembre de 1893 y 24 de marzo de 1906.
95 Recordemos que desde 1890-1891 hubo un impulso de la denominada «cuestión social» como consecuencia de la Conferencia de Berlín (1890) y la encíclica Rerum Novarum (1891). Guillermo Pérez Sánchez: Ser trabajador..., p. 123.
96 Isabel Ramos Vázquez: «Derecho internacional...», p. 340.
97 NC, 17 de diciembre de 1892.
98 Pedro Carasa: «El poder local...», pp. 27-28.
99 Antonio Herrera González de Molina, John Markoff e Inmaculada Villa Gil-Bermejo: «La democratización...», pp. 31-36.
100 NC, 14 de enero y 4 y 20 de febrero de 1896.
101 Juan Antonio Cano García: «Una guerra en el Ayuntamiento de Valladolid (1895-1897)», Investigaciones Históricas, extraordinario II (2024), pp. 429-446.
102 Libros de actas municipales (1896), AMV, pp. 87-91.
103 NC, 27 de febrero de 1896. El alcalde se refería a los gastos para festejar el traslado de los restos del escritor hasta Valladolid.
104 Guillermo Pérez Sánchez: Ser trabajador..., p. 253.
105 NC, 31 de diciembre de 1902. El real decreto en Gaceta de Madrid, 358, 24 de diciembre de 1902, pp. 1089-1090.
106 NC, 1 de enero de 1903.
107 Libros de actas municipales (1902), AMV, pp. 592-598.
108 Manuel González de Molina, Salvador Cruz Artacho y Francisco Acosta Ramírez: «Los socialistas y el proceso de democratización en la España rural de la Restauración», Ayer, 89 (2013), pp. 67-92, esp. p. 79.
109 El Socialista, 25 de noviembre de 1904. Esta campaña de mítines tuvo eco en ciudades de la meseta norte; véase Jesús Ángel Redondo Cardeñoso: 1904. Rebelión..., pp. 137-139.
110 Rosa Aparicio: «El 1 de Mayo madrileño (1890-1906)», en Luis Enrique Otero Carvajal y Ángel Bahamonde (eds.): Madrid en la sociedad del siglo xix, vol. 2, Madrid, Comunidad de Madrid, 1986, pp. 151-161, esp. pp. 155-156.
111 NC, 19 y 20 de diciembre de 1904.
112 NC, 11, 12 y 14 de abril de 1905.
113 Santiago Castillo: Historia de la UGT. Un sindicalismo consciente, 1873-1914, Madrid, Siglo XXI, 2008, pp. 230-231.
114 NC, 21 de julio de 1905.
115 NC, 12 de diciembre de 1905, y 13, 21, 22 y 23 de febrero de 1906.