Ayer 126/2022 (2): 271-299
Sección: Estudios
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2022
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/818
Pedro Feria Vázquez
Recibido: 24-10-2018 | Aceptado: 24-05-2019 | Publicado: 21-04-2022
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Relaciones hispano-chilenas durante la Transición española (1975-1982): sociedad civil y mecanismos de solidaridad

Pedro Feria Vázquez

Universidad Austral de Chile pedro.feria@uach.cl

Resumen: En este artículo analizaremos las relaciones hispano-chilenas durante la transición a la democracia en España (1975-1982), desde una perspectiva centrada en la sociedad civil española (partidos políticos, sindicatos, asociaciones ciudadanas, etc.) y en los mecanismos de solidaridad que se articularon para apoyar a la oposición política, a los detenidos-desaparecidos y sus familias y a la sociedad chilena en general. Estudiaremos la tipología de dichos mecanismos y su evolución, y observaremos cómo la sociedad civil puede, a través de ellos, influir e incluso reorientar las relaciones diplomáticas entre los países.

Palabras clave: transición democrática, dictaduras, represión, sociedad civil, diplomacia.

Abstract: In this article, we will analyse the relations between Spain and Chile during the transition to democracy in Spain (1975-1982). The focus is on Spanish civil society (political parties, trade unions, civic associations, etc.) and on the mechanisms of solidarity supporting the political opposition, the detained-disappeared and their families, and Chilean society in general. By studying the typology of these mechanisms and their evolution, we will argue that civil society can influence and even reorient diplomatic relations between countries.

Keywords: transitions to democracy; dictatorships; repression; civil society; diplomacy.

Introducción

El presente trabajo trata sobre las relaciones entre España y Chile durante el periodo conocido como transición española a la democracia (1975-1982), una etapa crítica en la que en España se pasó de una dictadura que había durado cuatro décadas a una democracia homologable con las del resto del mundo occidental, mientras que en Chile se producía la consolidación institucional del régimen militar salido del golpe de estado de 1973. La evolución política de ambos países durante estos años terminará, lógicamente, afectando las relaciones diplomáticas entre ellos, que sufrirán diversos altibajos.

Estudiaremos cuáles fueron las líneas maestras de esas relaciones, centrándonos sobre todo en el papel que la sociedad civil tuvo en ellas. Autores como Whitehead 1 han señalado que en las democracias modernas existen dos diplomacias «paralelas»: por un lado, las relaciones institucionales protagonizadas por los respectivos gobiernos y, por otro, las relaciones entre las sociedades civiles de los distintos países, cada una con sus propias herramientas. Estas últimas han sido mucho menos estudiadas que las «oficiales», aunque poseen gran variedad y riqueza y pueden, llegado el caso, influir e incluso reorientar las relaciones exteriores.

Las sociedades civiles de España y Chile no solo poseen una herencia cultural común, sino que en el último siglo han protagonizado experiencias históricas semejantes que, debido precisamente a esa cercanía cultural, han creado multitud de lazos sentimentales entre ambas, que han hecho que españoles y chilenos vivieran la historia del otro país casi como si fuera la suya propia: las dos han sufrido dictaduras, represión y exilio, y en los dos casos no faltaron mecanismos de solidaridad mutuos. Ambas llevaron también a cabo procesos de transición a la democracia relativamente pacíficos y consensuados, sirviendo la experiencia española de ejemplo para la chilena.

Nos detendremos principalmente en los mecanismos de solidaridad que desde la sociedad civil española (partidos, sindicatos, asociaciones, etc.) se plantearon para apoyar a la oposición política, a los detenidos-desaparecidos y a sus familias y al conjunto de la sociedad chilena tras el golpe de 1973. Sobre las relaciones entre las dictaduras franquista y pinochetista se han publicado notables trabajos, como el ya clásico El régimen de Pinochet, de Carlos Huneeus 2, donde se estudian los puntos en común y la influencia que ejerció el régimen de Franco sobre los promotores de la dictadura pinochetista, línea seguida más tarde por autores como María José Henríquez 3. También numerosa es la bibliografía dedicada a establecer comparaciones entre los procesos de transición a la democracia de España y Chile y sus mutuas influencias, desde los trabajos de O’Donnell, Schmitter y Whitehead 4 y Juan José Linz 5 hasta los más recientes de Carlos Waisman 6, Encarnación Lemus 7, Álvaro Soto Carmona 8 y Patricio Ruiz Godoy 9. También se han estudiado las relaciones entre el Gobierno socialista español y la oposición chilena, sobre todo el periodo que abarca desde las llamadas «Jornadas de Lucha» de 1986 hasta el plebiscito de 1988, en cuya preparación los partidos españoles hicieron causa común por el «No» 10, pero no se conoce tanto sobre la etapa inmediatamente anterior, la de la Transición. En cuanto la democracia comience a asentarse tras las elecciones de 1977, la sociedad española volverá los ojos a Chile y comenzarán a activarse los mecanismos de solidaridad, que llegarán a ser especialmente intensos sobre todo a partir de que el PSOE llegue al poder en 1982, cuando desde el Gobierno de España la democratización chilena se convirtió en todo un asunto de Estado 11.

Mantenemos que la sociedad civil, a través de determinadas herramientas de presión, posee la capacidad de modificar el discurso de los gobiernos e incluso, como decíamos, alterar las relaciones diplomáticas. Sobre el caso concreto de las relaciones hispano-chilenas, el escándalo causado por las reiteradas violaciones de los derechos humanos a manos de la Junta Militar hizo que la sociedad civil, muy crítica con lo que estimaba poca contundencia del Gobierno español ante aquellas, se movilizara para exigir al presidente Adolfo Suárez mayor firmeza, logrando así cambios sustanciales.

Para documentarnos utilizaremos la bibliografía disponible, tanto la académica como las memorias publicadas por los protagonistas del periodo, entre ellas las de los socialistas exiliados en España Ricardo Núñez 12 y Erich Schnake 13. También recurriremos a la prensa de la época, como los diarios El País, ABC o la revista Triunfo, así como el Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados. En cuanto a las fuentes archivísticas, nos serviremos de los fondos del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Santiago de Chile y de la Fundación Pablo Iglesias (Madrid). La documentación conservada en esta última institución, en concreto la proveniente de la Secretaría de Relaciones Internacionales del PSOE, es fundamental para entender la política del partido y sus gobiernos hacia Chile, y entre ella se encuentran correspondencia con miembros de la oposición chilena, convocatorias, proyectos de cooperación, etc. También se conservan informes sobre la situación interna chilena que suponen un interesante aporte al conocimiento de la situación del país durante los años de la Junta Militar.

Las relaciones diplomáticas durante la etapa de gobierno de la UCD (1977-1982)

La muerte de Francisco Franco en 1975 provocó importantes cambios en la política española y en su diplomacia exterior. En lo que concierne a las relaciones hispano-chilenas, se abrió un periodo de incertidumbre, con Santiago a la expectativa de la posición que la nueva España tomase respecto a la situación política del país andino. Con el paso de los meses se confirmó que el Gobierno español estaba deseoso de ser admitido en el concierto de las naciones democráticas y por ello de distanciarse con el pasado dictatorial, por lo que las relaciones con el régimen de Augusto Pinochet se enfriaron de manera notable 14. Por ejemplo, el dictador mostró gran interés en que Juan Carlos I visitase Chile, pero la cancillería española siempre se negó a ello, dentro del perfil democrático en el que se quiso mantener a la institución monárquica 15.

En los años siguientes, la Junta Militar vio con desaprobación la liquidación de las instituciones franquistas 16. Lo sucedido fue un aviso para el régimen chileno, que pudo comprobar la facilidad con que se descomponía una dictadura que había durado casi cuarenta años, lo que le hizo plantearse la necesidad de asegurar la permanencia de sus instituciones, que quedará cristalizada en la Constitución de 1980 17. La Transición española fue también un ejemplo para la oposición chilena, que la siguió de cerca por lo que suponía de proceso de cambio político pacífico y consensuado 18. De esta forma, el socialista Eric Schnake declaró a la prensa que sentía una profunda admiración por el proceso español 19; su compañero Ricardo Núñez escribiría posteriormente que conocerla es fundamental «para entender posteriormente la transición chilena» 20; Jaime Gazmuri Múgica, secretario general del MAPU, afirmó en una entrevista de 1978 que la experiencia española era un motivo de referencia 21, mientras que el democristiano Edgardo Boeninger diría en 1980 que «a Chile lo que le hace falta es el equivalente de los pactos de la Moncloa» 22. Paralelamente, los sucesos acaecidos en Chile también influyeron en la política española: el abrupto final de la «vía democrática al socialismo» desmoralizó a la militancia antifranquista y generó en ella una profunda reflexión. En lugar de a radicalizarse, el golpe chileno llevó a la oposición española a moderar sus posturas, como reconocería el socialista Enrique Tierno Galván 23, renunciando a cualquier tentación rupturista y mostrándose favorable al diálogo con las fuerzas aperturistas de la dictadura 24.

En lo que se refiere a las relaciones oficiales, hay autores que achacan al primer Gobierno democrático, de la UCD, haber mantenido una política de pasividad ante los excesos de la dictadura pinochetista, como por ejemplo absteniéndose en la condena internacional a la violación de los derechos humanos en Chile realizada en la ONU en 1977 25, lo que provocó duras críticas de los partidos de izquierdas 26. Sin embargo, con el tiempo el Gobierno Suárez fue cambiando de postura, gracias principalmente a la presión de la sociedad civil, como veremos.

El apoyo que el Gobierno español empezará a prestar a la oposición política chilena provocará muy pronto choques diplomáticos. Es el caso de la mediación que el Gobierno Suárez realizó en 1980 a favor del político democristiano Andrés Zaldívar, contra quien se dictó una orden de expulsión de Chile. Un directivo de la Democracia Cristiana llamó al presidente Adolfo Suárez para iniciar gestiones diplomáticas y lograr el retorno de Zaldívar, pero este no consiguió que el régimen diera su brazo a torcer, así que Zaldívar finalmente se exilió en España 27.

No ayudó al entendimiento entre ambos países la labor como embajador chileno en Madrid del general Francisco Gorigoitía Herrera, quien se destacó por sus constantes ataques a la prensa crítica con el régimen de Pinochet 28 y por sus amistades con los sectores más involucionistas de la política española, como demuestra el homenaje de despedida que estos le tributaron cuando en enero de 1977 cesó en su puesto de embajador. Al acto asistieron importantes personalidades del anterior régimen, como Alfonso de Borbón, Raimundo Fernández Cuesta y Pilar Primo de Rivera, hermana del fundador de Falange Española 29.

En cualquier caso, la España democrática continuará en líneas generales con la pragmática diplomacia del franquismo. Enfriadas las relaciones políticas, los contactos bilaterales se concentraron en la dimensión comercial y la cooperación técnica, que no se interrumpieron e incluso se reforzaron. Así, aunque desde entonces España condenó con firmeza al régimen pinochetista, el país ibérico se convirtió para Chile en un «espacio de sustitución» como lo había sido Latinoamérica para el franquismo 30.

Al mismo tiempo, la actitud chilena cambió con respecto a España. Durante los primeros años del régimen la política exterior de la Junta se caracterizó por la falta de flexibilidad y una extrema ideologización, lo que terminó repercutiendo negativamente en los vínculos comerciales del país. Por ello se optó por volverla más pragmática, lo que se consiguió a partir de 1978 con el nombramiento como ministro de Relaciones Exteriores del tecnócrata Hernán Cubillos 31. Dentro de esta nueva política, Santiago nombró embajadores con un perfil más amable, como René Rojas Galdames, quien se ocupó de la legación chilena en Madrid hasta 1980.

La sociedad civil española ante el golpe de Estado en Chile

El golpe de 1973 conmocionó a gran parte de la opinión pública española, que con las noticias que llegaban de Chile revivió los fantasmas de la guerra civil y la represión posterior, como apuntaron Ricardo Núñez —«Las dos figuras, Franco y Pinochet, les parecían como parte de una misma historia»— 32, y Erich Schnake: «En general ellos sienten casi tanto como nosotros la tragedia vivi­da por el socialismo chileno» 33. El 3 de octubre de 1973 Mundo Obrero, órgano del Partido Comunista, se hizo eco de este sentimiento: «La causa del pueblo de Chile es nuestra propia causa [...] Por razones de afinidad de pueblos, por razones históricas. ¿Quién en estas semanas no evoca los acontecimientos españoles de 1936-39?». De esta forma, la lucha desde las calles españolas en contra de la dictadura pinochetista y la solidaridad con la oposición chilena formaron parte del imaginario de la propia Transición española 34. Prueba de esa mencionada sensibilidad es que hasta el fin de la dictadura chilena en 1990 fueron constantes las campañas de apoyo al país andino.

Otra razón de esta permanente corriente de solidaridad tiene que ver con la gran actividad desplegada desde el primer momento por los exiliados chilenos en aquellos países donde se establecieron, lo que les permitió construir una excepcional red de apoyo 35. En los primeros años, el exilio chileno en España no era muy numeroso debido a que el país estaba todavía bajo una dictadura férreamente anticomunista, pero tras el fin de esta se disparó su número y mejoró su organización 36. Utilizaban métodos de lucha similares a los de otras comunidades de expatriados latinoamericanos, pero consiguieron una mayor visibilidad para su causa. El porqué de este éxito puede deberse, según varios autores, a la gran similitud del sistema político chileno con los modelos políticos de algunos países europeos. Esta situación permitió visibilizar más la situación del drama del exilio chileno sobre otros exilios debido a la existencia de partidos hermanos en el viejo continente 37.

Según Whitehead, los gobiernos occidentales, deseosos de brindar su apoyo a la redemocratización en cualquier lugar del planeta, disponen de toda una gama de métodos directos, como el análisis de los tratados, los programas de asistencia y la diploma­cia oficial 38. En lo que se refiere a la sociedad civil, su capacidad de acción es obviamente mucho más limitada, aunque puede realizar una importante labor de concienciación sobre la opinión pública y de presión sobre los gobiernos y organismos internacionales.

Durante los primeros años, con los partidos de oposición y los sindicatos españoles aún en la ilegalidad y los medios de comunicación sometidos a la censura, quienes estaban en desacuerdo con lo que estaba ocurriendo en Chile tenían muy limitadas posibilidades de actuación. La protesta quedó circunscrita a manifiestos elaborados por destacados profesionales o intelectuales, como por ejemplo el firmado el 12 de septiembre de 1973 por «demócratas españoles de todas las tendencias» 39, o el que suscribieron en mayo de 1975 noventa y cuatro abogados del Colegio de Madrid 40. Se publicaron numerosos artículos sobre el tema en la incipiente prensa crítica que había empezado a desarrollarse en el país tras la Ley de Prensa de 1966, como en las revistas Cambio 16 o Triunfo, y así, días después del golpe, esta última dedicó un número casi monográfico a lo sucedido 41, creándose a partir de entonces a través de las páginas de esta publicación «un panteón político cultural de martirios y víctimas de la dictadura y de héroes de la resistencia que constituyen la base de una memoria colectiva» 42.

La actuación de los partidos de oposición españoles se limitó a la elaboración de manifiestos de condena a la Junta Militar y de apoyo a las víctimas, como hizo el PSOE en 1974 durante su célebre XIII Congreso celebrado en Suresnes (Francia), y en noviembre de 1975, cuando criticó mediante una nota la presencia de Pinochet en los funerales de Franco 43. El PCE, a través de su órgano Mundo Obrero, publicó varios llamamientos a la movilización contra el golpe chileno 44, y tampoco se hizo esperar la condena por parte de la oposición democristiana española, cuya imagen había quedado muy deteriorada tras el inicial apoyo de sus homólogos chilenos al golpe de Estado, y, así, el 15 de septiembre de 1973 sus partidos firmaron un manifiesto conjunto en el que expresaban «la más rotunda condena» a la violación del orden constitucional en el país andino 45.

En las semanas posteriores al golpe se realizaron otras acciones, como pintadas en las paredes de muchas ciudades, el envío de cartas individuales o colectivas de protesta a los periódicos, la recogida de donativos para la «resistencia chilena», misas en memoria de Salvador Allende y concentraciones ante los consulados chilenos convocadas por CCOO u otros sindicatos y colectivos. Debido a la situación de clandestinidad no se podía hacer mucho más; además, el inminente comienzo de la Transición hizo que la mayoría de las energías de las organizaciones políticas y sociales españolas tuvieran que volcarse en la lucha por la democracia de su propio país, pasando los asuntos internacionales a un segundo plano. En cambio, quienes sí tuvieron margen de actuación frente al «caso chileno» fueron las organizaciones no gubernamentales, como el Instituto de Estudios Políticos para América Latina y África (IEPALA), la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) o la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), quienes realizaron una importante labor de ayuda a muchos chilenos que llegaban a España 46.

Más adelante, ya iniciado el proceso de transición, pudieron organizarse reuniones con exiliados chilenos, con el objeto de realizar una primera aproximación a los acontecimientos del país, en las que participaron políticos españoles encabezados por Raúl Morodo y Enrique Tierno Galván 47. El 4 de mayo de 1977 se celebró en Madrid un symposium dedicado a los «Desaparecidos en el cono sur de Latinoamérica», presidido por Joaquín Ruiz-Giménez (fundador de la revista Cuadernos para el diálogo) y coordinado por destacados juristas como Gregorio Peces Barba (considerado uno de los «padres» de la Constitución de 1978). En él se propuso que el Gobierno español que saliera de las elecciones de junio tomara medidas concretas contra el régimen chileno, como la creación de una comisión parla­mentaria permanente que investi­gara las desapariciones en el Cono Sur 48.

Una muestra del rechazo que en aquellos días la dictadura de Pinochet inspiraba a buena parte de la opinión pública española fue lo ocurrido durante la visita a España del buque escuela chileno Esmeralda, que se había utilizado como centro de detención y tortura durante los primeros meses del golpe. Cuando en julio de 1977 el Esmeralda llegó a Cádiz para efectuar reparaciones, los trabajadores de la Empresa Nacional Bazán se pusieron en huelga, negándose a repararlo. Como muestra de apoyo a los huelguistas se convocó una manifestación por las calles de la ciudad 49.

Otra iniciativa de solidaridad partida de la sociedad civil fue el llamado «Museo de la Resistencia Salva­dor Allende», una exposición itinerante de obras creadas por artistas comprometidos con la causa chilena, que se exhibió en la Fundación Miró de Barcelona en julio de 1977 y a partir del 12 de septiembre en Madrid. La exposición madrileña se enmarcó en las llamadas «Jornadas Culturales por Chile en la Resistencia» organizadas por el Centro de Defensa y Desarrollo de la Cultura Chilena, y que incluyeron coloquios, repre­sentaciones teatrales y proyecciones cinematográficas. El día 14 el obispo auxiliar de Madrid, monseñor Iniesta, pronunció una homilía dirigida «A los dictadores cristianos de Latinoamérica, con amor», que exigía que cesaran sus abusos y que no mancillaran su autocalificación de «cristianos»: «Me temo que Cristo mismo podría lle­gar a llamaros “Hijos del Dia­blo”» 50.

La solidaridad con Chile de los partidos políticos españoles

Durante los primeros meses de 1977 fueron legalizándose la mayor parte de los sindicatos y partidos de oposición, quienes muy pronto insertaron el asunto chileno en sus discursos. En los años de la Transición se van a establecer varias modalidades de solidaridad con Chile. En primer lugar, la actividad parlamentaria: con el inicio de las cortes democráticas, los partidos plantearon a través de ellas actividades de apoyo a la oposición chilena, y así, ya en septiembre de 1977, el Grupo Parlamentario Mixto en el Congreso propuso a través de su portavoz, Raúl Morodo, que el Gobierno español condenara en la ONU la violación de los derechos humanos en Chile 51; en segundo lugar, la convocatoria de movilizaciones ciudadanas para presionar a los gobiernos y organismos internacionales (ONU, CEE, etc.) y obligarles a endurecer sus políticas hacia el régimen de Pinochet; en tercero, la realización de actividades de concienciación de la opinión pública española (actos, conferencias, exposiciones, etc.); en cuarto, las campañas de recogida de fondos para ayudar a los represaliados, y, en quinto, las visitas de personalidades a Chile para recabar información in situ sobre el estado del país.

Los prin­cipales partidos políticos de Europa occidental llevan a cabo, según Whitehead, una «diplomacia internacional por su cuenta», y apoyan activa­mente a los partidos «hermanos» de otros lugares del mundo 52. Tras el golpe de Estado de 1973 esto se tradujo en una gran corriente de solidaridad hacia los partidos chilenos, incluyendo un importante apoyo económico. Esta ayuda se materializará bien bilateralmente o bien a través de organismos supranacionales que agrupan a partidos afines ideológicamente de distintos países, y que sirven para coordinar sus políticas y ayudar a aquellos que se encuentren en dificultades; así tenemos, por ejemplo, las distintas internacionales comunistas, la Internacional­ Democristiana (IDC), la Internacional Liberal y la Internacional Socialista (IS).

La Democracia Cristiana recibió ayuda de la IDC y de la UCD española; por su parte, los comunistas chilenos contaron con apoyo del PCE 53, mientras que los socialistas fueron asistidos por la IS, que durante esos años se volcó con Chile. Parte de este gran interés se explica por la importancia creciente que iba teniendo en dicho organismo el partido socialista español, de gran sintonía con el chileno 54, sobre todo tras el nombramiento de Felipe González como vicepresidente en 1978. Fue tanto a través de la IS como de contactos bilaterales como el PSOE articuló su solidaridad con Chile. En cuanto a la conservadora Alianza Popular (AP), su posición respecto al asunto chileno estuvo revestida de cierta ambigüedad, oponiéndose incluso a que el Gobierno realizara gestiones a favor de los presos políticos chilenos 55, postura que rectificó con el tiempo.

En lo que se refiere a los sindicatos, la Unión General de Trabajadores (UGT) y Comisiones Obreras (CCOO) se constituyeron en los más importantes interlocutores en Europa de los sindicalistas chilenos. Formaron en Madrid el «Comité Sindical Chile en España», que buscaba canalizar las fuerzas sociales y políticas españolas que se solidarizaban con Chile. Más tarde la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL), a la que pertenecía la UGT, creó un Comité Especial para Chile 56.

La visita de Felipe González a Chile

En agosto de 1977 Felipe González viajó a Santiago de Chile. El motivo de su visita fue interesarse por la situación de los socialistas Erich Schnake y Carlos Lazo, quienes tras el golpe de Estado habían sido encarcelados. González exigió que se les hiciese efectivo el Decreto 504 de la Junta Militar, por el cual los presos condenados por tribunales militares podían solicitar el cambio de la pena de prisión por la de extrañamiento, algo que los presos ya habían reclamado sin que fuera atendida su demanda.

Durante esos meses el partido estaba llevando a cabo una apretada agenda internacional que pudo deberse a tres objetivos principales: el primero, recomponer las relaciones exteriores del ya legal PSOE y encontrar aliados internacionales frente a los desafíos que imponía la transición a la democracia; el segundo, presentar en el extranjero el punto de vista del partido sobre la situación española, y el tercero, reforzar la imagen de González como estadista internacional. La visita a Chile se enmarcó en una gira que el líder del PSOE iba a realizar por Latinoamérica, en la que también visitaría Colombia y Venezuela, y que, según el comunicado del PSOE, tenía como fin «estrechar los lazos en Latinoamérica con los gobiernos que tienen base popular y con los grupos de la oposición que representan los intereses del pueblo» 57.

Sin embargo, para llevar a cabo esa ambiciosa política exterior era necesario disponer de información fiable, pues sería a partir de ella como el partido podía formarse una idea concreta de cuál era la situación interna de esos países y configurar su estrategia para la zona, algo que había sido muy difícil durante la clandestinidad. En el caso de Chile, los canales por los que llegaba información solían ser los medios de comunicación españoles y extranjeros, la prensa independiente chilena y los datos que se obtenían de primera mano a través de la embajada española, de los simpatizantes del partido que visitaban el país andino y de los líderes políticos y sociales chilenos que llegaban a España. Por ejemplo, en una carta de 1977 conservada en el archivo de la Fundación Pablo Iglesias y dirigida a Luis Yáñez, encargado de las Relaciones Internacionales del PSOE, el Partido Socialista de Chile presentaba a quien sería su «enlace» con los socialistas españoles, «el camarada Sergio de los Reyes [...] hará llegar a Uds. un informe de nuestra actual realidad política, económica y social» 58.

En esta tarea, el PSOE contó con la inestimable colaboración de Enrique Gimeno Casalduero, quien durante esos años fue agregado laboral de la embajada española en Santiago; en la Fundación Pablo Iglesias se ha conservado una carta fechada el 19 de noviembre de 1982, en la que Gimeno agradecía a Carmen García Bloise, secretaria de organización del PSOE, el envío del carnet de militante, prometiéndole su más ab­soluta colaboración y confesándole que desde hacía años estaba enviando información al partido a través de UGT 59. Entre estos informes a los que se refiere se han conservado unos de 1978 explicando la situación del movimiento sindical chileno 60. Además de estas fuentes, como preparación de su viaje Felipe González pudo recibir información de primera mano traída por socialistas chilenos; en julio de 1977 dos militantes del PSCh escribieron afirmando que su partido tenía «una infraestructura suficiente en el interior como para invitar a dos compañeros del PSOE a visitar Chile» 61.

En la Fundación Pablo Iglesias se han conservado varios memorándums que se elaboraron con vistas a la inminente visita de González a Chile, en los que se marcan los objetivos de esta, que eran principalmente traer una visión general de la situación del país y efectuar averiguaciones sobre los desaparecidos y sus familiares. También se pretendía concertar entrevistas con varias personas y organizaciones, entre ellas el cardenal Silva Henríquez y la Vicaría de la Solidaridad, además de familiares de desaparecidos, abogados, disidentes y miembros de organizaciones políticas y sindicales 62.

Dichos memorándums vienen acompañados de anexos con información política, social y económica referente a Chile que los enviados debían estudiar antes de su entrada en el país. También se incluye un completo informe sobre la situación del partido socialista local, destacándose la importancia de establecer lazos con él; el PSOE deseaba encontrar un interlocutor válido con el socialismo chileno, cosa que no era fácil en vista de que en esos momentos el PSCh estaba sufriendo multitud de tensiones internas. El informe recomienda ser «muy cuidadosos» con su situación: por el momento, lo mejor era esperar acontecimientos y acumular información «en la más estricta neutralidad [...] hasta no tener un mayor banco de datos. [...] Hoy por hoy, lo impor­tante es acumular información para sentar las bases de una sólida política del PSOE hacia América Latina».

Desde las elecciones de junio de 1977 Felipe González era el líder de la oposición, por lo que lógicamente la diplomacia española concedió la máxima importancia a su periplo, como puede comprobarse en una nota que le envió la embajada de España en Santiago días antes de comenzar su viaje. A través de ella, la legación garantizaba una atención constante hacia su persona y le invitaba el 29 de agosto a un almuerzo privado con el embajador. Se le informaba también que habían solicitado la gestión de la embajada para entrevistarse con él diversas personalidades chilenas y medios locales como el diario La Tercera y varios semanarios 63. Era evidente que, al menos en lo que a repercusión mediática se refiere, el viaje estaba resultando un éxito aún antes de empezar; este gran interés de la prensa por su visita pudo deberse al atractivo que la Transición española estaba despertando en el resto del mundo.

En la primera escala de la gira, Bogotá, González se reunió con los principales líderes políticos del país y fue entrevistado por numerosos medios de comunicación. Sobre su inminente visita a Chile para mediar por los presos políticos, afirmó que «la forma que España tiene de pagar la deuda de gratitud con América por su acogida al exilio español es abrir generosamente los brazos a los que han de exiliarse hoy en Latinoamérica» 64.

Felipe González aterrizó en Santiago el 28 de agosto. La recepción oficial fue, según El País, «muy correcta», y la noticia de su llegada ocupó grandes espacios en los periódicos locales. Al régimen le interesaba mejorar su imagen de cara al exterior y, como seguía contando El País, permitió, no sin algunas discusiones internas, la visita del líder socialista. Según se afirma en la nota de la embajada antes mencionada, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile informó de su deseo de facilitarle al máximo sus contactos en el país, ofreciéndole gestionar entrevistas con cualquier autoridad 65. Se accedió a que los periodistas pudieran acompañarle y se puso a su disposición una escolta policial y un representante del Ministerio de Exteriores, permitiéndosele en todo momento libertad de movimientos. El propio González no quiso crear complicaciones innecesarias y por ello durante su estancia ofreció un bajo perfil político, concediendo escasas declaraciones y afirmando que su visita tenía un carácter «estrictamente profesional» 66.

La mañana siguiente se entrevistó en la cárcel de Capuchinos con Schnake y Lazo, confesando a la salida que ambos se encontraban en condiciones «mucho más favorables de lo que estaban los presos políticos en España» 67. Más tarde mantuvo una entrevista oficial con la ministra de Justicia Mónica Madariaga y con otras autoridades, con quienes estudió las posibilidades de un extrañamiento para los dos disidentes.

Durante su estancia en Santiago se reunió también con personalidades como el cardenal Silva y con miembros de la oposición interior, además de celebrar dos encuentros con familiares de presos políticos, quienes le trasladaron sus peticiones. El 30 de agosto, Schnake recibió en los locutorios de la prisión a los periodistas, a quienes manifestó el agradecimiento que sentía hacia González por su visita, y les confesó que, una vez liberado, elegiría España como lugar de residencia 68. El 31, tras una conferencia de prensa en la que resumió las gestiones realizadas 69, Felipe González volvió a Bogotá, desde donde se dirigió a Caracas, donde fue recibido por el presidente venezolano Carlos Andrés Pérez 70.

Días después de su regreso a España, el secretario general socialista participó en una multitudinaria concentración en la plaza de Vista Alegre (Madrid), convocada para recordar el cuarto aniversario del golpe y exigir responsabilidades al Gobierno «por sus relaciones amistosas con la Junta Militar». En la misma intervinieron, además de González, personalidades españolas y chilenas como el presidente del Partido Radical, Anselmo Sule, y el secretario general del PCE, Santiago Carrillo. Durante su intervención, González recibió los abucheos de algunos de los asistentes por las mencionadas declaraciones que realizó acerca de la «suavidad» del régimen chileno comparado con las cárceles franquistas, que fueron acallados por constantes llamadas a la unidad 71.

Poco después Felipe González presentó un informe de su visita ante la 64.ª Asamblea anual de la Unión Interparlamentaria, que se celebró en Sofía (Bulgaria) en septiembre de 1977. En él enumeraba las violaciones a los derechos humanos a las que eran sometidos los presos políticos, y describía las impresiones que le produjo su viaje a Santiago, recordando «los rostros de cientos de mujeres, hombres y niños que me pedían, en cualquier forma, que les ayudara a liberar o salvar a su hijo, hermano, padre, madre, esposa, etc. Ante la imposibilidad de hablar con todos ellos me dejaron cientos de papeles, notas, estudios en que me explicaban el “caso” de su ser querido». Terminaba haciendo un ardiente llamamiento para que la Unión mediara por su liberación 72.

En enero de 1978 volvió a relatar su viaje ante la Comisión Internacional Investigadora de los Crímenes de la Junta Militar chilena, que celebraba su quinta reunión en Argel. En su intervención ante la asamblea realizó una completa denuncia de los abusos de la dictadura, y lanzó un nuevo llamamiento a la solidaridad internacional. En su alegato, González hizo una comparativa entre la situación que se vivía en Chile y lo sucedido en España durante el franquismo: «Nosotros como españoles [...] tenemos una especial sensibilidad a este problema. Después de años y años de dictadura se sofisticaron los procedimientos judiciales, se arroparon formalmente los procesos políticos y por qué no decirlo, la memoria internacional empezó a flaquear olvidándose del régimen de Franco». Terminaba su intervención rogando a los presentes que mantuvieran la vigilancia y nunca se olvidaran de las víctimas de la dictadura 73.

Finalmente, las gestiones de González tuvieron éxito y en diciembre de 1977 el régimen chileno accedió a conceder el extrañamiento de los políticos socialistas, por lo que Erich Schnake pudo cumplir su deseo y radicarse en España. Se puede afirmar entonces que la gira latinoamericana fue una gran victoria para el líder del PSOE, pues contribuyó al afianzamiento de su imagen internacional, y su figura influyó sobremanera en los socialistas chilenos, como reconocieron en sus memorias Ricardo Núñez 74 y el propio Schnake 75.

La Conferencia Internacional de Solidaridad con Chile

1978 marca el fin de la primera etapa de acciones de solidaridad con Chile, caracterizada por las actividades de condena al régimen sin concurrencia institucional, y el comienzo de otra donde las campañas por fin se complementaban con condenas institucionales, además de producirse una mejor coordinación entre los partidos políticos y una mayor amplitud político-social de las acciones 76. Esto puede deberse a que, si durante los años anteriores la prioridad fue terminar con la dictadura y conseguir la legalización de los partidos y la convocatoria de elecciones libres, con la consecución de estos objetivos partidos, sindicatos y asociaciones tenían ahora más tiempo para movilizarse a favor de la oposición chilena. Además, una vez libre de la censura, la prensa española comenzó a prestar una gran atención a los sucesos de Chile, criticando duramente las violaciones de derechos humanos. Ricardo Núñez reconocía que «los diarios españoles tenían muy monitoreado al régimen de Pinochet. Esto lo hacía fundamentalmente el diario El País, pero incluso los diarios de derecha profranquista como el ABC» 77.

Durante este año, la sociedad civil española desarrolló numerosas iniciativas en apoyo de los presos y desaparecidos, que en buena medida compensaron la falta de actividad del presidente Suárez en este sentido. Por ejemplo, ante las reticencias del Gobierno para realizar gestiones con el fin de aclarar la desaparición en Chile del sacerdote español Emilio Llidó, se creó el 15 de marzo de 1978 un «Comité Pro-Liberación» compuesto por parlamentarios, asociaciones, sacerdotes e intelectuales. Los grupos de izquierda llevaron al Congreso diversas resoluciones exigiendo al Gobierno que se implicase en el caso, y en mayo consiguieron que Adolfo Suárez accediese a recibir al Comité y prometiera «todo el apoyo» para su causa. Poco después, el Gobierno decidió por fin reconsiderar su postura hacia la Junta Militar y en diciembre, por primera vez, votó afirmativamente una resolución de condena de la ONU 78. En mayo, en cuatro iglesias y un local de la UNICEF de Santiago de Chile, familiares de desaparecidos iniciaron una huelga de hambre para exigir que se les informase sobre el paradero de sus parientes. En solidaridad con ellos se convocaron manifestaciones en diversos puntos de España, que fueron apoyadas por diversas entidades. A principios de junio varios chilenos y españoles iniciaron en Ma­drid una huelga de ham­bre, recibiendo mensajes de solidaridad de algunos intelectuales. Asimismo, un grupo de jóvenes se encadenó en la puerta de la embajada chilena, mientras dos delegaciones que representaban a asociaciones de derechos humanos visitaron al embajador René Rojas para pedirle información sobre los desaparecidos 79. En septiembre, al cumplirse cinco años del golpe, los socialistas madrileños realizaron un encuentro con representantes chilenos, y el día 10 celebraron un gran acto conmemorativo. Paralelamente se celebró otro en Barcelona, convocado por varios partidos y sindicatos 80.

En noviembre Josep Palau Balletbó y Juan Antonio Barragán, los respectivos secretarios de las Juventudes Comunistas y Socialistas de España, visitaron Santiago. A su regreso elaboraron un informe que se leyó en la Conferencia Mundial de Solidaridad con Chile. En él relataban las experiencias de su viaje, comenzando con una comparación entre los regímenes pinochetista y franquista: «Hemos sentido [...] haber retrocedido a la España de mi adolescencia, al oscurantismo y al miedo». Criticaban la imagen de «normalización» que el régimen trataba de ofrecer, comparándola de nuevo con el franquismo: «la elevación a lo cotidiano y a lo normal, de los infernales valores de la represión, el miedo, la cárcel y la muerte». Mencionaban su encuentro con familiares de desaparecidos, quienes les entregaron un dosier de setecientos casos registrados. También criticaban la «miseria» en la que vivía la población chilena, que achacaban al modelo económico impuesto por la dictadura: «Hay auténti­ca hambre que pudimos ver con nuestros ojos al [...] visitar los comedores infantiles, [...] a niños auténticamente desnutridos». Terminaban su informe haciendo un llamamiento a la solidaridad recordando los vínculos sentimentales entre España y Chile 81.

Para finales de año se convocó una Conferencia Mundial de Solidaridad con Chile, que fue apoyada por amplios sectores de la vida política y sindical española. Ya que la conferencia tenía el apoyo de prácticamente todo el arco parlamentario, se esperaba que fuera un éxito, pero la variedad ideológica de los grupos convocantes, lejos de constituir una ventaja, se terminó convirtiendo en un obstáculo, ya que poco a poco se fue constatando que iba a ser muy difícil aunar criterios entre entidades con puntos de vista tan diversos. Así, en lugar de escenificar la unidad contra la dictadura pinochetista, esta conferencia sirvió para que quedaran patentes los desacuerdos sobre el tema que existían entre los partidos españoles, y para que salieran a la luz las profundas divisiones que empezaban a aparecer entre la oposición chilena. La revista Triunfo resumió perfectamente ese estado de ánimo titulando al artículo en el que informaba del acto: «No es tan fácil ayudar a Chile» 82.

Ya antes de iniciarse, la conferencia sufrió los primeros problemas, y es que cuarenta y ocho horas antes de su apertura la UCD comunicó su retirada de esta acusando a los partidos de izquierda de querer instrumentalizarla. El principal motivo esgrimido fue que no se había invitado a representantes de la De­mocracia Cristiana chilena, lo que, según los organizadores, era rotundamente falso. Según Triunfo, la verdadera razón quizá tenía más que ver con razones geopolíticas: «UCD [...] no puede intervenir en ningún acto que signifique boicot o repulsa a los regímenes milita­res de Latinoamérica. Es su des­tino. Sirve de puente entre los dictadores». La retirada de UCD fue también criticada por El País, que acusaba a los centristas de ausentarse aduciendo razones «poco claras», preguntándose si no habrán sido «directrices gubernamentales las que hayan dictado, por necesidades comerciales o de política exterior, esta espantada» 83.

La «espantada» de UCD provocó que a su vez otros partidos centristas europeos anunciasen su retirada, así que, pese a la presencia de repre­sentantes socialdemócratas y comunistas, de los sindicatos y de destacados intelectuales, era previsible que el encuentro alcanzase un pobre resultado. Triunfo admitió que finalizó «con un cierto aire de desencanto. [...] La utilidad de la confe­rencia quedó cuestionada».

La solidaridad con Chile hasta las elecciones de 1982

En los años siguientes, la solidaridad con la oposición chilena se fue incrementando. Importantes receptores de ayuda económica fueron los exiliados, que pudieron financiar las distintas actividades que realizaban. El dinero les permitió desde arrendar un local, hacer reuniones y financiar publicaciones, hasta ayudar a chilenos en los trámites de permanencia en el país 84.

Las relaciones entre los socialistas españoles y sus correligionarios chilenos siguieron incrementándose. En el archivo de la Fundación Pablo Iglesias se conservan varios recibos de pasajes de avión abonados a militantes del PS chileno, con cargo a la Secretaría de Relaciones Internacionales 85. También se han conservado diversas peticiones de fondos realizadas por el PS al PSOE; en una de ellas, efectuada también sobre 1979, se detallan las necesidades económicas del PSCh, tanto de su organización exiliada en España (unas 203.500 pesetas) como de la que se mantiene en el interior de Chile (487.500 pesetas) 86. En agosto de 1979 Camilo Salvo Hinostroza, coordinador de la Unidad Popular de Chile en España, pidió apoyo al PSOE para realizar una serie de actividades. Asimismo, hizo una petición «para que se designe una perso­na que haga de enlace entre las fuerzas chilenas y el PSOE. Ello pue­de dar coherencia y efectividad a nuestro trabajo conjunto» 87. Por su parte, Ricardo Núñez recuerda: «Al poco tiempo de haber llegado, en diciembre [de 1978], me embarqué con [...] otros socialistas como Erich Schnake, [...] en la creación de un centro de estudios en torno al PSOE, que se llamó Instituto de Estudios de la Administración». Este centro se dedicó a preparar a los candidatos socialistas para las primeras elecciones municipales democráticas, celebradas el 3 de abril de 1979: «Las elecciones las ganó por lejos el PSOE. [...] Los socialistas chilenos cumplimos un papel importante en ese triunfo [...] Nuestra visión era considerada valiosa, tanto por la experiencia electoral que traíamos de Chile como por la capacidad organizativa que habíamos generado en el exilio» 88. Fresia Urrutia, encargada del Partido Radical en España, escribió a Felipe González en mayo para felicitar al PSOE por su centenario y por los buenos resultados obtenidos en las recientes elecciones generales y municipales 89.

Schnake también desarrolló una importante labor organizativa en el seno del PSOE tras su llegada a Madrid en 1978; según relató en sus memorias: «El PSOE me recibe como a un dirigente de sus propias filas» 90. En los meses siguientes, Schnake comenzó a reunirse con dirigentes socialistas chilenos y es­pañoles, entablando una estrecha relación con importantes cargos del PSOE, como Alfonso Guerra, Joaquín Leguina o el mismo González, y «concitando un apoyo cada vez mayor a nuestra lucha contra la dictadura en Chile. [...] El PSOE nos da una oficina en la calle Marqués de Cuba, a metros del Congreso de los Diputados, donde podemos desarrollar nuestra labor de partido en el exilio» 91. Tras las elecciones municipales, Schnake empezará a trabajar para el ayuntamiento socialista de Leganés 92.

En 1979 se produjo el largamente anunciado cisma en el PSCh, y muchos de sus militantes solicitaron al PSOE que mediara entre los distintos sectores enfrentados 93. La influencia que el PSOE ejerció sobre los socialistas chilenos radicados en España fue determinante para que su partido se alejara de las posiciones marxistas y abrazaran la socialdemocracia, como reconocieron Schnake 94 y Ricardo Núñez 95. Según contaba este último, el PSOE medió asimismo cuando en 1978 estuvo a punto de estallar un conflicto bélico entre Chile y Argentina por la soberanía de las islas del Canal del Beagle 96.

Tras la democratización de los ayuntamientos, la izquierda llegó al gobierno de muchos de ellos, convirtiéndose en importantes focos de solidaridad con la oposición chilena. Como recordaba Schnake, esta se hizo muy patente en el llamado «cinturón rojo» de Madrid 97. Por ejemplo, coincidiendo con las Fiestas Patrias chilenas de 1979, el PSCh convocó una serie de actos, organizados junto con la Agrupación Socialista de Móstoles, entre los que se encontraban la inauguración en esta última localidad de la Plaza Salvador Allende y varios actos culturales 98. También se dejó ver la solidaridad de las asociaciones de mujeres, y, así, el 3 de marzo de 1980 la del PSOE envió un mensaje «a las mujeres trabajadoras chilenas», y el Comité de Mujeres Chilenas Exiliadas en España convocó para el 11 de marzo siguiente un «Acto de apo­yo y homenaje» a la mujer chilena 99.

Los sindicatos, por su parte, continuaron con su labor solidaria, y ese mismo mes de septiembre la CIOSL organizó una campaña de boicot al transporte hacia y desde Chile, para lo cual trató de contar con el apoyo de los sindicatos UGT y CCOO 100. La actividad parlamentaria tampoco se quedó atrás, y el 11 de septiembre de 1980, día previsto para la celebración del plebiscito constitucional en Chile, los principales grupos parlamentarios de la oposición solicitaron al presidente del Congreso la tramitación de una moción de condena al régimen chileno, elaborada en estos términos: «El Congreso de los Diputados [...], considera que el plebiscito que en el día de hoy va a celebrarse en Chile no tiene las suficientes garantías éticas y jurídico-políticas para ser considerado como una manifestación del libre sentir del pueblo chileno. Por ello condenamos esta consulta como una farsa, uniéndonos a la protesta generalizada que sobre la misma se viene produciendo». Finalmente, la moción fue aprobada por 237 votos a favor frente a solo tres en contra y nueve abstenciones 101. En marzo de 1981, al aproximarse la fecha en que entraría en vigor la Constitución, partidos de izquierdas y sindicatos emitieron un nuevo manifiesto de condena a la misma 102.

En septiembre de 1980 se lanzó una iniciativa para crear en Madrid una Casa de Chile. La idea estaba respaldada por los principales líderes de la oposición, además de varios intelectuales y artistas. En el escrito por el cual se hacía el llamamiento, se recordaba la solidaridad que en su día los chilenos tuvieron con los españoles que huían de la dictadura franquista: «somos solidarios con el pueblo chileno, [...] porque nuestros pueblos han pal­pado muy de cerca el cariño y el apoyo que los pueblos de América Latina, Chile entre ellos, nos brindaron en los momentos más di­fíciles de nuestra cercana historia» 103.

En la primavera de 1981 se constituyó el Comité Chileno de Solidaridad en España, compuesto por representantes de los partidos Radical, MAPU y PSCh. En su documento fundacional no solo se animaba a tomar contacto con quienes hasta entonces habían apoyado a la oposición chilena, sino también, en un afán de transversalidad, con «sectores empresariales» y partidos conservadores, así como con colegios profesionales, universidades y la Iglesia católica. Además, proponía establecer mecanismos de trabajo permanente con el Congreso de Diputados y el Senado. Para dar visibilidad a la causa chilena, se planteaba la participación de representantes del Comité en los actos del 1 de Mayo, y que en septiembre, coincidiendo con el aniversario del golpe, se reforzaran las movilizaciones. Asimismo, se sugería crear los mecanismos ne­cesarios «para atender los diversos problemas del exilio y para mantener cohesionados a los chilenos», e implicar en ellos al mayor número posible de españoles, para que así «no sea una solidaridad hecha por chilenos para los chilenos» 104.

A principios de 1982 varios cargos del PSOE, entre ellos Carmen García Bloise y Manuel Chaves, secretario ejecutivo federal del PSOE, enviaron cartas al ministro de Justicia chileno para interesarse por la suerte de varios presos políticos 105. A partir de junio de ese año se celebraría en España el Campeonato Mundial de Fútbol, en el que participaba la selección chilena, quien jugaría sus partidos en las ciudades de Oviedo y Gijón. En previsión de esta visita, partidos y sindicatos asturianos constituyeron un Comité local de Solidaridad con Chile Democrático que, además de hacer público «su respeto y simpatía hacia la Selección Nacional Chilena, a quien desea toda suerte de éxitos deportivos», organizó diversos actos para concienciar a la opinión pública coincidiendo con el evento futbolístico 106.

Con motivo de las Fiestas Patrias de 1982 el PSOE celebró en la Casa de Campo un acto de fraternidad con los chilenos residentes en Madrid. El 1 de octubre, varias personalidades políticas de la oposición chilena enviaron una carta a Felipe González para desearle éxito en las elecciones generales que se iban a celebrar semanas después, al tiempo que denunciaban que el Servicio Exterior Español había cesado al agregado la­boral en Santiago, el mencionado Enrique Gimeno, quien, como dijimos, no era un secreto que enviaba información al partido. Según los firmantes de la carta, el cese respondía al ánimo de «socavar la confianza de los chilenos en la solidaridad española», y esperaban que con una victoria electoral socialista pudiera enmendarse esa «injusticia» 107.

El 28 de octubre de 1982 se celebraron en España elecciones generales, que dieron al PSOE la mayoría absoluta. La llegada a la Moncloa de los socialistas, quienes, como hemos visto, desplegaron durante estos años numerosas campañas de solidaridad con la oposición chilena, produjo importantes cambios en las relaciones entre España y el país andino, pero ese tema excede el propósito de este artículo y merece un trabajo aparte.

Conclusiones

A lo largo de estas páginas hemos repasado cuáles fueron las líneas generales de las relaciones entre España y Chile en el periodo 1975-1982, y cuál fue el papel de la sociedad civil en las mismas. Pudimos comprobar la importancia que tuvo la ayuda internacional, proveniente tanto de los partidos como de sus internacionales, en el sostenimiento de la oposición chilena durante la dictadura pinochetista, el mantenimiento de las actividades de los partidos tanto en el interior como en el exilio y la ayuda a sus militantes, que estaban pasando por una difícil situación. También fue reseñable el apoyo prestado por los sindicatos a sus homólogos chilenos, así como la ayuda que ofrecieron las organizaciones no gubernamentales a los refugiados.

Fueron también importantes las campañas, expresadas bien a través de iniciativas parlamentarias, bien a través de movilizaciones ciudadanas, para que gobiernos y organizaciones supranacionales condenasen a la Junta Militar y la aislasen internacionalmente, y presionaran para conocer el paradero de los desaparecidos y liberar a los presos. Entre estas campañas podemos destacar el viaje de Felipe González a Santiago de Chile en 1977, que logró la excarcelación de varios presos políticos. Sin embargo, fracasos como el de la Conferencia Internacional de Solidaridad con Chile de 1978 revelan lo complicado que era en ocasiones forjar un clima de unidad entre fuerzas políticas tan diversas en torno a un asunto que en teoría debería quedar fuera de la lucha partidista como es la defensa de los derechos humanos.

Numerosas fueron las campañas que durante aquellos años se emprendieron para la concienciación de la opinión pública española, que por los evidentes lazos culturales se sentía muy cercana a Chile, y que incorporaron actividades de todo tipo. Estas pueden considerarse un éxito, pues consiguieron que el «caso chileno» no pasase al olvido y se mantuviera una fuerte corriente de solidaridad hacia los represaliados y un elevado grado de rechazo a la Junta Militar. Esta presión social consiguió que el Gobierno español cambiara su actitud y actuara con más firmeza contra el régimen de Pinochet.

Otro aspecto importante de la labor de los partidos políticos españoles con respecto a Chile fue, en plena reconstrucción de sus redes exteriores, la búsqueda de información de primera mano sobre el país andino. Esta información afluyó por varios cauces, como los exiliados chilenos que recalaban en España, el personal diplomático español en Santiago y por viaje directo de representantes de los partidos.


1 Laurence Whitehead: «Aspectos internacionales de la democratización», en Guillermo O’Donnell, Philipe Schmitter y Laurence Whitehead (eds.): Transiciones desde un gobierno autoritario, vol. 3, Perspectivas comparadas, Buenos Aires, Paidós, 1988, pp. 15-78.

2 Carlos Huneeus: El régimen de Pinochet, Santiago de Chile, Editorial ­Sudamericana, 2001.

3 María José Henríquez Uzal: «Política exterior, desarrollismo y neoliberalismo. España como espacio de sustitución para Chile, 1964-1989», en Beatriz Figallo (ed.): Desarrollismo, franquismo y neohispanidad. Historias conectadas entre España, América Latina y Argentina, Buenos Aires, Teseo, 2018, pp. 415- 443.

4 Guillermo O’Donnell, Philipe Schmitter y Laurence Whitehead: Tran­siciones...

5 Juan José Linz: «La transición a la democracia en España en perspectiva comparada», en Ramón Cotarelo (ed.): Transición política y consolidación democrática. España (1975-1986), Madrid, CIS, 1992, pp. 431-457.

6 Carlos Waisman, Raanan Rein y Ander Gurrutxaga (eds.): Transiciones de la dictadura a la democracia: los casos de España y América Latina, Bilbao, Universidad País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea, 2005.

7 Encarnación Lemus: En Hamelin... La transición española más allá de la frontera, Oviedo, Septem Ediciones, 2001.

8 Álvaro Soto Carmona: «Violencia política y transiciones a la democracia. Chile y España», en Oliver Compagnon (ed.): Violencia y transiciones políticas a finales del siglo xx, Madrid, Casa de Velázquez, 2009, pp. 113-127.

9 Patricio Ruiz Godoy: «Hacia una “transición modelo”: influencia y significación de la transición española en la oposición chilena a la dictadura (1980-1987)», Izquierdas, 24 (2015), http://izquierdas.revues.org/264, pp. 127-149.

10 Véase, por ejemplo, Marcelo Lasagna: «Las relaciones chileno-españolas: 1982-1989. Del primer Gobierno Socialista español al ocaso de la dictadura chilena», Afers Internacionals, 22 (1991), pp. 131-143, y Cristina Luz García Gutiérrez: «Exportando la democracia: la implicación española en el plebiscito chileno de 1988», Revista de Historia Social y de las Mentalidades, 19(1) (2015), pp. 63-83.

11 Cristina Luz García Gutiérrez: «Las relaciones de España con la dictadura chilena», en José Manuel Azcona (ed.): Emigración y relaciones bilaterales España-Chile, 1810-2015, Madrid, Dykinson, 2016, pp. 205-230, esp. p. 228.

12 Joaquín Fernández, Álvaro Góngora y Patricia Arancibia: Ricardo Núñez. Trayectoria de un socialista de nuestros tiempos, Santiago de Chile, Universidad Finis Terrae, 2013.

13 Erich Schnake: Schnake. Un socialista con historia: Memorias, Santiago de Chile, Aguilar, 2004.

14 María José Henríquez Uzal: «Política exterior...», p. 435.

15 Cristina Luz García Gutiérrez: «Las relaciones de España...», p. 224.

16 Encarnación Lemus: En Hamelin..., p. 124.

17 Carlos Huneeus: El régimen de Pinochet..., pp. 334-335.

18 Encarnación Lemus: En Hamelin..., pp. 122-125.

19 Joaquín Prieto: «Finaliza la estancia de Felipe González en Chile», El País, 1 de septiembre de 1977.

20 Joaquín Fernández, Álvaro Góngora y Patricia Arancibia: Ricardo Núñez. Trayectoria..., p. 183.

21 Fernando López Agudín: «A cinco años del golpe de estado chileno», Triunfo, 9 de septiembre de 1978, p. 39.

22 Patricio Ruiz Godoy: «Hacia una “transición modelo...”», pp. 136-137.

23 Cristina García Gutiérrez: «Las relaciones de España...», pp. 214-215.

24 Kenneth Maxwell: «El derrocamiento del régimen y las perspectivas de la transición democrática en Portugal», en Guillermo O’Donnell, Philipe Schmitter y Laurence Whitehead (eds.): Transiciones desde un gobierno autoritario, Buenos Aires, Paidós, 1988, pp. 165-204, esp. p. 179.

25 Asamblea General de la ONU, Resolución 32/118 (XXXII Periodo de Sesiones), de 16 de diciembre de 1977, sobre «Protección de los derechos humanos en Chile».

26 Francisco Gallardo: «Apuntes para una historia de la solidaridad de España con Chile: el año 1978», Solidaridad Internacional con Chile durante la dictadura cívico-militar, http://solidaridadconchile.org/?p=432.

27 Ascanio Cavallo, Manuel Salazar y Oscar Sepúlveda: La historia oculta del régimen militar. Memoria de una época 1973-1988, Santiago de Chile, Uqbar Editores, 2008, pp. 378-379.

28 Véase, por ejemplo, El País, 4 de diciembre de 1976, y ABC (Madrid), 11 de abril de 1976, p. 4.

29 «Homenaje al embajador de Chile de sus amigos españoles», El País, 13 de enero de 1977.

30 María José Henríquez: «Política exterior...», p. 437.

31 Ibid., pp. 436-437.

32 Joaquín Fernández, Álvaro Góngora y Patricia Arancibia: Ricardo Núñez. Trayectoria..., p. 183.

33 Erich Schnake: Schnake. Un socialista..., p. 229.

34 Cristina García Gutiérrez: «Las relaciones de España...», pp. 205-206 y 226-227.

35 Diego Avaria: «La vuelta a la democracia en Chile: La contribución de los exiliados», Aletheia, 5(10) (2015), pp. 1-16, esp. pp. 5-6.

36 Joaquín Fernández, Álvaro Góngora y Patricia Arancibia: Ricardo Núñez. Trayectoria..., p. 190.

37 Mario Olguín: «Exilio político chileno en España (1973-1990/1994). El caso de Zaragoza. Acercamiento al estudio, avances y discusiones de la investigación», en Carlos Forcadell y Carmen Frías (eds.): X Congreso de Historia local en Aragón. 20 años de congresos de Historia Contemporánea (1997-2016), Zaragoza, IFC, 2017, pp. 401-412, esp. p. 402.

38 Laurence Whitehead: «Aspectos internacionales...», p. 48.

39 «Madrid: documento de 165 personalidades», Agencia Popular Informativa (API), 4 de octubre de 1973, p. 8.

40 «Chile: proceso del M.I.R. Escrito de 94 abogados españoles», Triunfo, 28 de junio de 1975, pp. 9-10.

41 Triunfo, 537, 22 de noviembre de 1973.

42 Anne-Claire Sanz Gavillon: «Chile como referente político y cultural de la España antifranquista: procesos de identificación, ecos y paralelismos en la revista Triunfo (1964-1980)», Revista de Historia Social y de las Mentalidades, 22 (2018), pp. 47-74, esp. pp. 66-69.

43 Héctor Opazo: Los actores no gubernamentales españoles ante el régimen militar de Augusto Pinochet (1973-1990): apoyo a la democratización y defensa de los Derechos Humanos, tesis doctoral, Universidad Complutense, 2009, pp. 229-230.

44 Por ejemplo, 17 de septiembre de 1973.

45 «Declaraciones políticas», Agencia Popular Informativa (API), 4 de octubre de 1973, p. 5.

46 Héctor Opazo: Los actores no gubernamentales..., pp. 342-350.

47 Ibid., p. 209.

48 «Desaparecidos en el cono sur de Latinoamérica», Triunfo, 14 de mayo de 1977, p. 29.

49 «El “Esmeralda”, abucheado en Cádiz», El País, 12 de julio de 1977.

50 Fernando Lara: «Chile vive en la resistencia», Triunfo, 24 de septiembre de 1977, p. 23.

51 Héctor Opazo: Los actores no gubernamentales..., pp. 209-210.

52 Laurence Whitehead: «Aspectos internacionales...», p. 38.

53 Héctor Opazo: Los actores no gubernamentales..., p. 253.

54 Ibid., p. 141.

55 Ibid., pp. 257-259.

56 Ibid., pp. 293-294 y 299.

57 «Felipe González comienza hoy su gira iberoamericana», ABC (Madrid), 23 de agosto de 1977, p. 13.

58 Carta a Luis Yánez, Fundación Pablo Iglesias, Secretaría de Relaciones Internacionales, caja 69-B, carpeta 1, doc. 1, Correspondencia, Documentación Chile 1971-1981.

59 Carta de Enrique Gimeno Casalduero a Carmen García Bloise, Fundación Pablo Iglesias, Secretaría de Relaciones Internacionales, caja 67-G, carpeta 1, documento 18, Correspondencia con Chile 1979.

60 «Panorama sindical chileno», Fundación Pablo Iglesias, Secretaría de Relaciones Internacionales, caja 67-B, carpeta 2, documento 1, doc. 18.

61 «Entrevista de Sergio de los Reyes con Tino Arenal y Ángeles Yañez», Fundación Pablo Iglesias, Secretaría de Relaciones Internacionales, caja 69-B, carpeta 1, doc. 1, Correspondencia, Documentación Chile 1971-1981.

62 «Antecedentes para la visita al país», Fundación Pablo Iglesias, Secretaría de Relaciones Internacionales, caja 68-A, carpeta 4, documento 1.

63 «Nota para don Felipe González», Fundación Pablo Iglesias, Secretaría de Relaciones Internacionales, caja 68-A, carpeta 5, doc. 3.

64 Joaquín Prieto: «Felipe González habla en Colombia de la inutilidad de las dictaduras», El País, 26 de agosto de 1977.

65 «Nota para don Felipe González», Fundación Pablo Iglesias, Secretaría de Relaciones Internacionales, caja 68-A, carpeta 5, doc. 3.

66 Joaquín Prieto: «Felipe González, en Chile», El País, 30 de agosto de 1977.

67 Ibid.

68 Joaquín Prieto: «Felipe González recibe a familiares de presos políticos y desaparecidos en Chile», El País, 31 de agosto de 1977.

69 Joaquín Prieto: «Finaliza la estancia de Felipe González en Chile», El País, 1 de septiembre de 1977.

70 «La regionalización y las nacionalidades pueden desestabilizar la democracia», El País, 4 de septiembre de 1977.

71 «Contra el fascismo chileno», Triunfo, 17 de septiembre de 1977, p. 65.

72 «Informe del primer secretario del Partido Socialista Obrero Español a la Unión Interparlamentaria», Fundación Pablo Iglesias, Secretaría de Relaciones Internacionales, caja 68-A, carpeta 5, doc. 4.

73 «Intervención de Felipe González, abogado español», Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, fondo 00000632, colección 000038, item 000002.

74 Joaquín Fernández, Álvaro Góngora y Patricia Arancibia: Ricardo Núñez. Trayectoria..., pp. 185-186 y 188.

75 Erich Schnake: Schnake. Un socialista..., pp. 245 y 297-298.

76 Francisco Gallardo: «Apuntes para una historia...».

77 Joaquín Fernández, Álvaro Góngora y Patricia Arancibia: Ricardo Núñez. Trayectoria..., p. 192.

78 Asamblea General de la ONU, Resolución 33/175, XXXIII Periodo de ­Sesiones.

79 «El hambre en Chile», Triunfo, 10 de junio de 1978, p. 54.

80 Francisco Gallardo: «Apuntes para una historia...».

81 «Intervención de José Palau, secretario general de la Unión de Juventudes Comunistas de España», Fundación Pablo Iglesias, Secretaría de Relaciones Internacionales, caja 507-H, archivador 5.

82 Fernando González: «Conferencia Mundial de solidaridad: no es tan fácil ayudar a Chile», Triunfo, 18 de noviembre de 1978, pp. 26-27.

83 «Solidaridad con Chile», El País, 12 de noviembre de 1978.

84 Héctor Opazo: Los actores no gubernamentales..., p. 147.

85 Fundación Pablo Iglesias, Secretaría de Relaciones Internacionales, caja 507-I, archivador 1, carpeta 12.

86 «Presupuesto ordinario de administración del PSCH en España», Fundación Pablo Iglesias, Secretaría de Relaciones Internacionales, caja 69-B, carpeta 1, doc. 1.

87 Carta de Camilo Salvo Hinostroza a José Federico de Carvajal, Fundación Pablo Iglesias, Secretaría de Relaciones Internacionales, caja 69-B, carpeta 1, doc. 1.

88 Joaquín Fernández, Álvaro Góngora y Patricia Arancibia: Ricardo Núñez. Trayectoria..., pp. 184-185.

89 Carta a Felipe González, Fundación Pablo Iglesias, Secretaría de Relaciones Internacionales, caja 67-G, carpeta 1, doc. 18.

90 Erich Schnake: Schnake. Un socialista..., pp. 228-229.

91 Ibid., pp. 231-232.

92 Ibid., p. 239.

93 Héctor Opazo: Los actores no gubernamentales..., p. 233.

94 Erich Schnake: Schnake. Un socialista..., pp. 251 y 271-272.

95 Joaquín Fernández, Álvaro Góngora y Patricia Arancibia: Ricardo Núñez. Trayectoria..., p. 202.

96 Ibid., pp. 189-190.

97 Erich Schnake: Schnake. Un socialista..., p. 242.

98 Carta de Erich Schnake a Carmen García Bloise, Fundación Pablo Iglesias, Secretaría de Relaciones Internacionales, caja 69-B, carpeta 1, doc. 1.

99 Fundación Pablo Iglesias, Secretaría de Relaciones Internacionales, caja 69-B, carpeta 1, doc. 1.

100 «Actividades públicas a realizar por los Partidos de la Unidad Popular de Chile», Fundación Pablo Iglesias, Secretaría de Relaciones Internacionales, caja 69-B, carpeta 1, doc. 1.

101 Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados, 108, 11 de septiembre de 1980, p. 7068.

102 Fundación Pablo Iglesias, Secretaría de Relaciones Internacionales, caja 69-B, carpeta 1, doc. 1.

103 «Llamamiento a la creación de una Casa de Chile en España», Fundación Pablo Iglesias, Secretaría de Relaciones Internacionales, caja 69-B, carpeta 1, doc. 1.

104 «Proposiciones para la formación del Comité Chileno de Solidaridad», Fundación Pablo Iglesias, Secretaría de Relaciones Internacionales, caja 69-B, carpeta 1, doc. 1.

105 Fundación Pablo Iglesias, Secretaría de Relaciones Internacionales, caja 67-G, carpeta 1, doc. 18.

106 Ibid.

107 Carta de Gonzalo Taborga Molina a Felipe González, Fundación Pablo Iglesias, Secretaría de Relaciones Internacionales, caja 67-G carpeta 1, doc. 18.