Ayer 118/2020 (2): 77-103
Sección: Dosier
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2020
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/118-2020-04
© María del Mar Solís Carnicer
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License
Recibido: 10-04-2018 | Aceptado: 11-01-2019

Repensando el proceso de ampliación democrática en el noroeste argentino. Redes partidarias y campañas electorales en el espacio azucarero de Tucumán (1917-1943) *

Leandro Lichtmajer

CONICET-UNT
leandrolichtmajer@gmail.com

Resumen: El artículo analiza las implicaciones del proceso de ampliación democrática en el espacio azucarero de Tucumán (región noroeste de Argentina). Con ese fin examina las redes partidarias y las campañas electorales lideradas por los industriales azucareros Ernesto Padilla y Manuel García Fernández en el periodo comprendido entre la llegada de la Unión Cívica Radical al poder (1917) y el golpe de Estado de 1943. El texto recupera un tema marginal en los estudios sobre el empresariado azucarero tucumano y contribuye al debate sobre las modulaciones regionales del proceso de ampliación democrática.

Palabras clave: prácticas políticas, campañas electorales, industria azucarera, noroeste argentino.

Abstract: The article analyses how the expansion of democracy manifested itself in the sugar region of the province of Tucumán in the northwest of Argentina. To this end, it examines party networks and electoral campaigns led by the sugar industrialists Ernesto Padilla and Manuel García Fernandez. The period covered begins with the coming to power of the Radical Civic Union in 1917 and ends with the coup d’état of 1943. This article re-examines an issue in the studies of sugar businessmen in Tucumán that has been marginalized. It contributes to the debate over the regional effects of the process of democratic expansion.

Keywords: political practices, election campaigns, sugar industry, Nortwestern Argentina.

En marzo de 1914, transcurridos dos años de la reforma electoral que habilitó en Argentina el voto secreto y obligatorio, un periodista del principal diario de la provincia de Tucumán lamentaba la forma en que asumían las campañas los ingenios azucareros. Desde su punto de vista, si en la «era de libertad electoral y de resurgimiento democrático» abierta con la reforma «hemos de aceptar, con rubor para la democracia tucumana, que las elecciones en esta provincia se dieran en el canchón de las fábricas de azúcar, fuera al menos de desear que los dueños de las chimeneas guardaran las formas al intervenir en los comicios» 1. La columna finalizaba con un reclamo: «Lo menos que puede pedir el pueblo a estos hacedores de gobiernos y representantes políticos» es que «no se vuelquen los registros, como se ha hecho en pasadas emergencias electorales» 2. Entre el escepticismo que derivaba del reconocimiento de una práctica inveterada y la expectativa alimentada por el cambio en las reglas electorales, dicha posición sintetizaba una de las tensiones inherentes al proceso de ampliación democrática 3 en el noroeste argentino: la búsqueda de conciliar pautas de representación asentadas en un sufragio ampliado con una estructura social permeada por las jerarquías laborales y las desigualdades sociales propias de la agroindustria azucarera, actividad productiva que se desarrolló, con rasgos diferenciados, en las provincias de Tucumán, Salta y Jujuy desde el último tercio del ­siglo xix 4.

Como ha sido señalado en diferentes análisis, el afianzamiento de la política de notables 5 se vinculó en Tucumán al proceso de consolidación de la elite que lideró el desarrollo agroindustrial azucarero 6. La presencia empresarial 7 en los partidos notabiliares y la ocupación de puestos clave en el aparato administrativo impactaron en el espacio azucarero 8 a través de múltiples instancias, tales como la movilización de clientelas formadas por dependientes de los ingenios en las contiendas electorales y en las rebeliones armadas. El protagonismo de los industriales azucareros en la política provincial y el liderazgo en las zonas circundantes a sus fábricas sobrevivieron a la reforma de 1912 y perduraron a lo largo de la etapa de ampliación democrática. Ciertamente, la adopción de papeles preeminentes en las campañas electorales, el patrocinio de redes partidarias 9 y el control de puestos decisorios en los partidos mayoritarios constituyeron rasgos relevantes de la política tucumana hasta mediados de la década de 1940, cuando el golpe de Estado de 1943 y la llegada del peronismo al poder provocaron un repliegue de los empresarios azucareros de la escena política 10.

Esta cuestión ofrece un punto de vista pertinente para recuperar un conjunto de interrogantes vinculados al proceso de ampliación democrática en Argentina. En primera instancia, el protagonismo industrial en la política provincial y su patrocinio de redes partidarias remiten al debate sobre las transformaciones de las prácticas proselitistas en el tránsito hacia la democracia ampliada. En tal sentido, la indagación sobre las formas de construcción política de los empresarios azucareros busca poner de relieve un repertorio de prácticas destinadas a preservar su liderazgo en un contexto de complicación de los dispositivos de reclutamiento, interpelación y organización del electorado, entre otros desafíos inherentes al voto ampliado y la masividad de las campañas. El artículo promueve, de este modo, una reconstrucción más detallada de las modulaciones regionales de dicho proceso en el marco de una producción historiográfica que ha tendido a concentrarse en el área pampeana 11.

En segundo lugar, el enfoque propuesto avanza sobre un tema marginal en los estudios sobre el empresariado azucarero tucumano. A tono con la cita que abre este texto, una interpretación arraigada ha caracterizado el liderazgo político de los industriales como un epifenómeno de las prácticas de explotación y coerción laboral propias del modelo productivo azucarero. Tributarias de una vertiente crítica de la participación política empresarial, dichas reconstrucciones atribuyeron al poder de los industriales un carácter omnímodo que invisibilizó el papel de los demás actores del entramado social azucarero y enfatizó la pasividad de los votantes, abonando a una mirada estática y homogénea del devenir político 12. Perspectivas recientes sobre el empresariado, que este artículo recupera, revisaron tales nociones al ponderar el papel de las dirigencias intermedias y reconstruir el complejo proceso de construcción de los entramados que sustentaron su protagonismo en la vida partidaria provincial 13.

Tomando en cuenta estas consideraciones, el artículo reconstruye algunas aristas de las redes partidarias y las campañas electorales lideradas por los industriales Ernesto Padilla y Manuel García Fernández entre la llegada de la Unión Cívica Radical (en adelante UCR) 14 al poder (1917) y el golpe de Estado de 1943. En particular, examina las proyecciones territoriales de sus redes partidarias, su impacto electoral y la participación de los diferentes actores del entramado social azucarero en su seno. Observa, asimismo, las características de las prácticas electorales, analizando los recursos organizativos y las formas de producción del sufragio e interpelación que desplegaron para movilizar a los votantes.

El artículo argumenta que el proceso de ampliación democrática generó un escenario de incertidumbre que desafió el liderazgo empresarial desde diversos ángulos. En ese contexto, los industriales ensayaron múltiples dispositivos de construcción política, manifestados en la configuración de sus redes partidarias, las interpelaciones a los votantes y la movilización de clientelas durante las campañas electorales. A contramano de las miradas que enfatizaron el carácter omnímodo del liderazgo político de los empresarios azucareros, el artículo sostiene que estos combinaron mecanismos de control electoral e intercambios clientelares con la conformación de un sentido de pertenencia bajo pautas identitarias que pusieron de manifiesto sus intentos por consolidar formas de persuasión asociadas a un voto de opinión. En un marco general de transformaciones en las prácticas políticas, la capacidad de agencia de los dirigentes intermedios y los votantes se visibilizó, modelando una construcción política no exenta de conflictos y tensiones.

El protagonismo industrial en política: los casos de Ernesto Padilla y Manuel García Fernández

Desde la década de 1870 Tucumán fue el epicentro del ciclo de desarrollo agroindustrial azucarero que abarcó a la región noroeste de Argentina; proceso de expansión económica que consolidó una elite de industriales formada por familias criollas de largo arraigo en la provincia, inmigrantes europeos y empresarios provenientes de la región pampeana. Tales industriales azucareros condensaron algunos rasgos específicos dentro del empresariado argentino del siglo xix: se trató de un grupo relativamente pequeño de individuos, cuyos establecimientos fabriles se concentraron sobre todo en Tucumán, que se destacaron por su protagonismo en la arena pública a partir de un ejercicio de la actividad política en diferentes instancias (poder ejecutivo y legislatura provincial, Congreso de la Nación). En virtud del carácter protegido de la actividad azucarera a nivel internacional, las condiciones para la expansión y sostenimiento del complejo agroindustrial norteño requirieron del control monopólico del mercado interno. En efecto, la búsqueda de consolidar medidas tales como exenciones impositivas, protección arancelaria y promoción crediticia alentó a la elite azucarera a tomar un papel protagónico en la política a escala provincial y nacional, el cual le permitió asegurar un esquema impositivo y legislativo favorable hasta finales del siglo xix 15.

La influencia de las familias azucareras en la política provincial se remontaba a las décadas 1850-1860, coyuntura signada por la hegemonía del clan Posse. En los años setenta, en un contexto de despegue de la actividad por la llegada del ferrocarril, el proceso de diversificación del empresariado y los cuestionamientos a la hegemonía de los Posse llevaron a un reordenamiento interno de la elite. Tras una etapa de inestabilidad institucional, la reforma constitucional de 1884 sentó las bases para un nuevo ciclo de preeminencia de la elite azucarera, que controló espacios clave del poder ejecutivo y la Legislatura 16. Desde entonces hasta la llegada de la UCR al poder (1917) los gobernadores vinculados al negocio azucarero se sucedieron en repetidas oportunidades. A modo de ejemplo, tras los mandatos de Lucas Córdoba y José Antonio Olmos (1901-1906), etapa de disputas entre el empresariado y el Estado, se sucedió un ciclo de once años consecutivos de gobernadores-industriales (Luis F. Nougués, José Frías Silva y Ernesto Padilla), que lideraron la etapa final del orden conservador en la provincia 17.

Diferentes abordajes revelaron las implicaciones de la actuación política de la elite azucarera en las formas de participación, construcción de redes y producción del sufragio del Tucumán notabiliar 18. La movilización de clientelas y el despliegue de solidaridades familiares impactaron en la vida comicial y las rebeliones armadas desde la década de 1860, cuando el reclutamiento de peones de los ingenios y los fundos cañeros constituyó un rasgo recurrente de la dinámica política. Tras el despegue azucarero, la capacidad empresarial de intervenir en la vida política se incrementó al calor de su creciente poderío económico 19. En ese marco, el peso de las clientelas de ingenios permeó en las representaciones en torno al sufragio, que alimentaron debates recurrentes en la esfera pública. Se atribuyó a los industriales un «poder sin límites y sin ley» en sus dominios, exaltándose la sujeción de los trabajadores a la voluntad patronal merced a una combinación entre coacción laboral y distribución de incentivos selectivos (empleo, dinero, comida y bebida) 20. La ponderación, en muchos casos sobredimensionada, de estos mecanismos fue un elemento relevante del debate público, atribuyendo a los partidos notabiliares una impronta vertical que soslayó las complejas tramas de interacción y las dosis de incertidumbre que jalonaron la dinámica política 21.

Desde la década de 1910 diferentes procesos cuestionaron el modelo de influencia sustentado por el empresariado azucarero. Como ha afirmado María Celia Bravo, la reforma electoral de 1912 y el acceso del radicalismo al gobierno reformularon el sistema de alianzas forjado durante el orden conservador. La nueva lógica de representación electoral, asentada sobre un voto masivo que potenció la influencia de las provincias pampeanas, restó relevancia a la política de acuerdos interregionales gestada por la elite azucarera tucumana 22. En paralelo, el incremento en la cantidad de votantes impactó en el espacio azucarero. Si se toma el caso de Famaillá, tercer departamento más poblado de Tucumán y sede de importantes establecimientos industriales, pueden reconocerse algunas características de este proceso. En las elecciones provinciales de 1880 votaron en Famaillá 438 personas 23, cifra que en 1908 alcanzó un total aproximado de 2.000 votantes 24. La reforma electoral ensanchó la participación hasta alcanzar un promedio de 4.400 sufragios entre 1912-1930 y de 9.500 entre 1931-1942. Estos procesos replicaron, en sus trazos gruesos, la tendencia a nivel provincial.

La reconfiguración del campo político y el incremento en la participación electoral no clausuraron el protagonismo de los industriales en las filas de los partidos provinciales y su presencia activa se observó, con grados variables de intensidad, hasta el golpe de 1943, etapa en la que el radicalismo dominó el centro de la escena política. En ese marco, el grueso del empresariado azucarero tucumano actuó en las filas del conservadurismo 25, en particular a través de los partidos Liberal (1917-1930) y Demócrata (1931-1943) 26. Cabe detenerse en la figura de Ernesto Padilla, cuyo derrotero sintetizó algunos rasgos característicos en las trayectorias políticas del empresariado azucarero conservador. Nacido en 1873, Padilla provenía de una de las principales familias azucareras de Tucumán, dueña de los ingenios Mercedes, del cual quedó a cargo en 1911, y San Pablo, propiedad de sus primos Juan Carlos y Ambrosio Nougués y administrado por su hermano José. La influencia sobre dos de las fábricas más importantes de Tucumán se combinó con el control de vastas extensiones de tierra y la participación en redes comerciales que abarcaron el territorio tucumano y provincias vecinas. En paralelo a su actividad empresarial, Padilla construyó una influyente carrera pública que se inició en la Legislatura —donde ejerció como diputado desde 1897—, continuó en el Congreso de la Nación (1902-1906 y 1911-1913) y culminó con su acceso a la primera magistratura provincial (1913-1917). Tras finalizar su mandato, en el contexto de llegada del radicalismo al poder, regresó al cargo de diputado nacional, donde tuvo una importante actuación a lo largo de la década de 1920. Luego del golpe de Estado de 1930 fue nombrado ministro de Educación de la Nación durante el gobierno de facto de José F. Uriburu. Tras desempeñarse como funcionario educativo en la capital federal, en 1941 fue designado interventor del Concejo Deliberante 27.

Aunque el plantel de industriales radicales fue inferior al conservador en términos de influencia y poderío económico, su presencia no puede soslayarse. Así lo reflejó el caso de Manuel García Fernández, cuyo derrotero político se ligó a la UCR en su etapa de expansión y auge en la provincia. Nacido en 1897, en el seno de la familia propietaria del ingenio Bella Vista, asumió el mando del establecimiento por el fallecimiento de su progenitor en 1923. Un año antes había iniciado una carrera política en las filas radicales, revirtiendo una trayectoria familiar vinculada al Partido Liberal, entidad en la que su padre, de nacionalidad española, participaba como financista y adherente 28. Desde su desembarco en la UCR hasta la aparición del peronismo, García Fernández jalonó una resonante trayectoria en las filas radicales. Fue diputado provincial (1922-1930) y, tras la etapa abstencionista, fue senador provincial (1934-1935) y nacional (1936-1943), desempeñándose al mismo tiempo como presidente de la UCR 29.

El liderazgo empresarial de las redes partidarias y el papel de las dirigencias intermedias

La actividad política de Padilla y García Fernández puso en funcionamiento un complejo entramado que se iniciaba con sus colaboradores más cercanos en el organigrama laboral azucarero (administradores, empleados jerárquicos). La necesidad de repartir las cargas o la ausencia de los propietarios, que en el caso de Padilla implicó largas estancias en Buenos Aires, los llevó a construir sus carreras políticas en estrecha vinculación con una miríada de actores intermedios. Estos se erigieron en mediadores clave de los industriales en la configuración de redes de interacción política en los pueblos azucareros 30.

Un análisis sobre el ingenio Bella Vista revela las aristas locales de dicho fenómeno. El organizador de las campañas proselitistas y hombre de confianza de García Fernández fue Arturo Álvarez, quien se inició como director del hospital del ingenio para ascender luego a administrador. Tras participar en las filas conservadoras, Álvarez ­desembarcó junto a García Fernández en el radicalismo, donde presidió organismos de gobierno y ocupó cargos legislativos de importancia. En su caso, las tareas en el ámbito fabril se combinaron con funciones clave en la vida social y política del pueblo. La dirección del nosocomio y la administración de la fábrica fueron de la mano con el liderazgo de ámbitos de sociabilidad organizados desde la patronal, tales como el Club Social de Empleados y el Club Sportivo Bella Vista, dedicados al recreo de empleados y trabajadores. El ejemplo de Álvarez encarnó una tendencia común entre los miembros de las escalas más altas de la pirámide laboral azucarera, mixturándose las funciones en el ámbito fabril con el protagonismo en las comunidades laborales azucareras y una activa intervención en la vida asociativa local. José Padilla, hermano menor y lugarteniente político de Ernesto, combinó sucesivamente la administración de los ingenios San Pablo y Santa Ana con una relevante carrera política y la actuación en importantes entidades del universo asociativo y el Estado provincial 31. El intercambio epistolar con su hermano refleja su papel de organizador del proselitismo conservador en San Pablo 32.

El caso del administrador del ingenio Mercedes, Rodolfo A. Moisá, casado con una prima de Padilla, revela rasgos coincidentes con los ejemplos mencionados. Moisá fue senador provincial por el Partido Demócrata entre 1931-1937, en representación del departamento Famaillá. En una publicación auspiciada por el ingenio, durante la campaña electoral de 1941, se caracterizó a Moisá como el «organizador y fiscal permanente de todas las actividades agrícola-­industriales», dotado de un «espíritu culto, varonil en sus actitudes y en sus gestos, idealista y patriota» que «supo hacerse respetar y estimar por cañeros, obreros de la fábrica y de surco». Era también el «caudillo auténtico, recio y varonil» que dominaba «toda la jurisdicción del ingenio y las colonias lejanas» 33. La ponderación de las cualidades de Moisá era ilustrativa de las formas de construcción política ensayadas por los administradores de ingenios. Su figura condensaba la autoridad en el proceso fabril, un lugar predominante en la estructura laboral azucarera, el trato con los agricultores y una influencia extendida territorialmente. La construcción de la autoridad a partir de mecanismos de control y vigilancia derivaba, por un lado, de su función como administrador y, por otro, de su carácter «recio y varonil», dimensión relevante en un universo laboral modelado por una impronta masculina y jerárquica 34. Estas atribuciones se mixturaban, de acuerdo con la caracterización ofrecida, con cualidades vinculadas a la cultura, el idealismo y el patriotismo, así como la fidelidad de sus subordinados, descripción que denotaba un liderazgo y una identificación asociados a la estima y la amistad: «Cuando Rodolfo Moisá quiere ganar elecciones no tiene más que recorrer los predios y solicitar el voto: no le falla un solo amigo» 35.

Por debajo de los administradores se desglosaba una multiplicidad de actores intermedios. En Bella Vista, numerosos dependientes del ingenio ocuparon puestos locales y provinciales en el radicalismo: la mitad de los empleados del establecimiento en 1939 participó en organismos partidarios de la UCR durante los años previos 36. Dichas actividades los involucraron en las tareas proselitistas y la vida político-asociativa local. Por otra parte, allende los márgenes de la comunidad fabril, aunque en estrecha vinculación con ella, actuaron dentro del partido diversos miembros de la sociedad local, tales como comerciantes y empleados de actividades terciarias.

Como lo dejaba entrever este ejemplo, las redes partidarias lideradas por Padilla y García Fernández trascendieron las zonas circundantes a los ingenios para extenderse hacia puntos distantes del territorio provincial. En efecto, la construcción de lealtades políticas promovida por industriales y administradores no se circunscribió a los establecimientos bajo su influencia directa, abarcando a fábricas carentes de una filiación partidaria definida. Tal fue el caso del ingenio La Corona, propiedad de una sociedad anónima extranjera, cuyo administrador manifestó a Padilla que estaba «a sus órdenes y con mejores disposiciones para ayudar en todo lo que sea posible» en la propaganda conservadora dentro de los fundos del ingenio, ofreciéndoles «facilidades» y «medios de movilidad» a sus dirigentes 37. Por otra parte, era habitual que los industriales azucareros contaran con tierras dedicadas a actividades subsidiarias de los ingenios en zonas distantes de la provincia. Estas faenas involucraban a actores múltiples: entre los dirigentes que trabajaron junto a Padilla en las campañas electorales del periodo analizado pueden identificarse comerciantes de zonas urbanas y rurales, administradores de fincas agrícolas, agricultores, encargados de colonias de trabajadores azucareros, maestros rurales, jueces de paz o comisarios 38. Los rastros que dejaron estas relaciones en su archivo epistolar expresaron el carácter asimétrico y polifacético del vínculo entablado entre Padilla y los dirigentes locales del conservadurismo, que trascendió los márgenes de la política para abarcar una multiplicidad de dimensiones instrumentales y afectivas. Estas relaciones, factibles de definirse en términos clientelares, implicaron diferentes intercambios como contrapartida de sus tareas proselitistas 39.

Así lo reveló el caso de Pedro Velloso, dirigente del departamento Burruyacú (noreste de Tucumán), de importante actuación durante la década de 1920. Amparándose en las tareas que desempeñaba dentro del partido, en 1921 Velloso reclamó al industrial que lo ayudara a conseguir «una colonia o algo que signifique para mí un ingreso seguro [en] alguna de las fábricas liberales». Tras justificar la urgencia de su pedido alegando que «quizá sea torpe pero no puedo más, estoy como una fiera acorralada», Velloso afirmó que no podía creer que a «un hombre como él no se lo pueda ayudar» y advirtió a Padilla que, de no recibir ayuda, «quedaría en libertad» para «romper los vínculos» con el partido 40. A las pocas semanas Velloso redobló la apuesta al requerir que se lo designe administrador de una colonia del ingenio San Pablo 41. Tanto estas consideraciones como la naturaleza del cargo solicitado permiten inferir que Velloso utilizó su trabajo partidario como moneda de cambio para exigir un puesto codiciado de la estructura laboral azucarera. No sabemos si su pedido llegó a buen puerto. Seis años más tarde, sin embargo, Velloso concretó la advertencia ensayada en 1921 y migró al radicalismo, partido que ofrecía «más horizonte para un hombre de mis condiciones» y le permitiría «desarrollar la actividad política que necesito para crear nuevos vínculos e intereses» 42.

El intercambio entre Padilla y Velloso ilustra en qué medida la pertenencia a las redes partidarias lideradas por el industrial y la común filiación conservadora alentaron expectativas de reciprocidad entre los actores intermedios y generaron compromisos de diversa índole para los industriales. La apelación a la militancia liberal como clave de bóveda para generar un intercambio de favores también guió las acciones de Cristóforo Gerez, productor agrícola del departamento Graneros (sur de Tucumán) 43. A diferencia de Velloso, la argumentación de Gerez priorizó argumentos político-ideológicos, tales como la adhesión a la causa conservadora y el rechazo al radicalismo 44. La búsqueda de obtener beneficios materiales derivados de su militancia política se imbricó con estas consideraciones. En 1922 Gerez solicitó a Padilla que el ingenio San Pablo, administrado por su hermano, le enviara «algunos wagoncitos [sic] de leña» cuando se inicie la cosecha. La filiación conservadora era, según Gerez, razón valedera para que se diera cauce a su pedido. Principalmente, porque el ingenio aludido recibía leña de un grupo de agricultores radicales que eran los «más encarnizados con nosotros y principalmente con ustedes los dirigentes», razón por la que «algunos elementos» se estaban alejando del Partido Liberal. Esto llevó a Gerez a reclamar lo que consideraba justo: «que en las mismas condiciones me reciban [leña] a mí, por ser un soldado de 36 años al Partido Liberal» a quien no le quedaban «más recursos que vender un poco de leña», ya que estaba «con deudas hasta los ojos» 45.

Como lo revelaban los ejemplos referidos, la provisión de empleos o contratos por parte de los ingenios formó parte de los intercambios y formas de reciprocidad que, asentados en la común pertenencia a las filas conservadoras y radicales, fueron ensayados por los actores políticos intermedios del espacio azucarero tucumano entre las décadas de 1910 y 1940. El caso de José A. Concha, administrador de una colonia agrícola propiedad de Padilla, de quien era además «compadre y correligionario político», puso de relieve aristas complementarias de estas relaciones. Tras una larga actividad como pelador de caña en los dominios del ingenio Mercedes, en 1910 Concha fue designado por Padilla para administrar la colonia agrícola El Tobar, dependiente de dicho establecimiento. Al mismo tiempo, Padilla le concedió el usufructo de la proveeduría, actividad comercial que monopolizaba la venta de bienes a los trabajadores de la colonia. Su fluido vínculo con el líder conservador lo erigió en un intermediario clave para la resolución de los problemas de los vecinos y lo protegió ante las adversidades. Así, cuando Concha enfrentó un proceso judicial por el homicidio de un trabajador, situación que motivó su desplazamiento de la proveeduría, Padilla lo benefició con un contrato como abastecedor de la misma. El industrial, por entonces gobernador de la provincia, también gestionó su designación como comisario de la zona y nombró a una de sus hijas en la oficina postal 46. Como contrapartida, Concha realizaba trabajos político-electorales de diversa índole, tales como la apertura de comités, el traslado de votantes y otras tareas inherentes a la dinámica proselitista. La combinación entre influencia política, recursos económicos y posición elevada en la escala laboral dotaron a Concha de un estatus social elevado en la comunidad y zonas aledañas 47.

Aparte de visibilizar las implicaciones del entramado político de cariz patronal, consideramos que dichas tramas desafían una noción estática y homogénea del liderazgo de los industriales, interpelados por demandas que los obligaban a un trabajo constante de construcción política. Resulta interesante, en tal sentido, analizar la defensa que Padilla ensayó frente a los reclamos de un dirigente conservador del ingenio Lastenia. A causa de «varias promesas sin resultado favorable» del industrial, aquel le anunció su deseo de alejarse del partido. En palabras de Padilla, a sus «amigos» podía ofrecerles su «buena voluntad y decisión de servirles y procurarles empleos y actividades donde se pueda llegar con mi poca influencia», recursos que ponía «a disposición de ellos». Acto seguido, lamentaba tener que soportar «la imputación y los malos juicios» que derivaban de «la poca conciencia sobre mi situación personal y la desproporción que hay entre mi inclinación a servir a los amigos y la posibilidad de hacerlo» 48. Independientemente de la veracidad de las tribulaciones de Padilla, esgrimidas como una defensa ante los reclamos de su interlocutor, su posición visibilizaba una dimensión relevante de su liderazgo político. Aunque el papel preeminente de los empresarios desde el punto de vista social y económico, así como las múltiples posibilidades de ofrecer recursos materiales y afectivos, constituían un punto de partida clave para la construcción de liderazgos, la adhesión de los actores intermedios distaba de ser automática. Las redes partidarias alentadas por la patronal no carecían de fisuras.

Las campañas electorales entre el control patronal y la capacidad de agencia de los votantes

Las redes partidarias lideradas por los industriales cobraron centralidad durante las campañas electorales. En razón de su importante peso cuantitativo, los pueblos azucareros constituyeron una apoyatura territorial relevante para la construcción de carreras políticas patrocinadas por los ingenios. Por ejemplo, los circuitos de los ingenios Bella Vista y San Pablo, que reunían a los habitantes del pueblo y las colonias de trabajadores circundantes, concentraron un 25 y un 10 por 100, respectivamente, del total de votantes del departamento Famaillá en el periodo 1912-1943 49. En función del sistema de representación proporcional establecido por la ley electoral provincial, dichos circuitos ofrecieron un caudal ponderable para acceder a un asiento en la Legislatura 50. De ahí que los ingenios comportaran ubicaciones estratégicas a la hora de activar las labores proselitistas en el espacio azucarero y fungieran como sede de los comités departamentales, organismos encargados de desplegar las tareas electorales de radicales y conservadores.

En ese marco, los industriales tomaron parte activa de las actividades proselitistas, que involucraron a cantidades importantes de habitantes del espacio azucarero tucumano. A modo de ejemplo, en la gira para promocionar su candidatura a gobernador por el Partido Demócrata (1934), José Padilla lideró un concurrido acto en la localidad de Ranchillos, contigua al ingenio San Antonio. Tras manifestar su satisfacción por la «presencia de obreros y trabajadores del surco» se refirió a los proyectos destinados a los trabajadores, tales como el salario familiar y las «leyes protectoras del trabajo de los obreros y empleados de la industria azucarera» 51. Ocho años más tarde, el industrial radical Ramón D. Paz Posse, propietario del ingenio San Juan, afirmó en un acto que los empresarios debían «pagar al contado» y «dar vivienda higiénica y amplia, estable para que pueda vivir decentemente con sus familias». En el cierre criticó a los industriales conservadores, a quienes acusó de incumplir la legislación obrera promovida por el radicalismo gobernante 52.

Las diferencias de los empresarios también estructuraron una alocución de Paz Posse en 1934 en la que señaló que «mientras los radicales ponen todo su empeño en el cumplimiento estricto de las leyes obreras y el mejoramiento de la vivienda, los conservadores se empeñan en mantener una situación denigrante para la clase obrera» 53. El establecimiento de una frontera discursiva entre un radicalismo receptivo de las demandas obreras y un conservadurismo favorable a la explotación de los trabajadores remitía a una lógica basada en un voto de opinión. En tal sentido, aunque estas reuniones reprodujeron las asimetrías propias del modelo agroindustrial, con un empresariado azucarero que promovió y patrocinó los actos, las expectativas y demandas del conjunto obrero encontraron en las campañas proselitistas una vía de canalización. La formulación de un discurso modelado por demandas que surcaban al colectivo trabajador y la diferenciación entre los industriales en función de su filiación partidaria remitía a una búsqueda de construir un sentido de pertenencia.

En un contexto de ampliación del voto y complejización de las campañas, la promoción de ámbitos de sociabilidad recreativa, tales como torneos deportivos, proyecciones de películas, festivales musicales, recitales y bailes, visibilizó otros trazos de dichas tramas identitarias. Por ejemplo, los actos de la UCR en las localidades aledañas al ingenio San Juan, propiedad de Paz Posse, combinaron las reuniones de proselitismo con formas de sociabilidad destinadas al esparcimiento de los trabajadores y sus familias. Entre las actividades patrocinadas por el industrial pueden destacarse una función gratuita de circo, a cuyo término Paz Posse se dirigió a la concurrencia a través de un «camión altoparlante», o un acto político que culminó en un «baile con orquesta», cuyos asistentes respondieron «con entusiasmo» y dando vivas «con insistencia» a Paz Posse 54. Por su parte, la carrera de ciclistas organizada en Bella Vista por los comités «Manuel García Fernández» y «Arturo Álvarez», nombres que homenajeaban a las dos figuras centrales de la política local, reunió en 1942 a un grupo importante de vecinos de la localidad 55. En una escala mayor, la «gira cinematográfica» de 1934 y el reparto de «volantes de oro» —vales intercambiables por dinero que un avión de la UCR desperdigó en el espacio azucarero durante la campaña de 1942— hablaban de un proselitismo modelado por la masividad. La puesta en marcha de este tipo de actividades, no circunscritas al universo formal de votantes, puso de relieve una búsqueda de construir lealtades bajo pautas de sociabilidad recreativa. El partido procuró, de ese modo, galvanizar un sentido de pertenencia entre sus seguidores y robustecer las redes de interacción alentadas por los industriales.

Desde un punto de vista complementario, la vinculación a través de la provisión de comida y bebida formó parte de los intercambios entre las patronales azucareras y los trabajadores. La articulación entre actividades proselitistas y distribución de bienes bajo el patrocinio de los ingenios fue un rasgo característico de las formas de la política en el espacio azucarero tucumano. Desde la etapa formativa de la industria hasta avanzado el siglo xx, el asado criollo, las empanadas, el vino y el aguardiente fueron condimentos habituales de las campañas electorales 56. El origen de los bienes no pasó desapercibido para los invitados y, sobre todo, los organizadores, que se esforzaron por subrayar el patrocinio industrial.

El pomposo recibimiento tributado en 1942 al candidato a gobernador de la UCR ilustró estas prácticas al reunir, bajo el auspicio del propietario del ingenio San Antonio (Solano Peña), a la plana mayor del partido con trabajadores transportados en carros, columnas de agricultores montados a caballo y pobladores locales movilizados a pie. Congregados en torno a la figura de Peña, a quien la crónica definió como el «dueño de casa y gestor» del acto, los «más de 2.000 asistentes» oyeron las intervenciones del empresario, de un dirigente local de la UCR y de figuras provinciales del partido. Después de los discursos, el «almuerzo campestre» ofrecido por Peña en el estadio de fútbol local procuró ubicar en un plano de cierta uniformidad a los actores sociales del mundo azucarero, reunidos alrededor de las banderas radicales. Después de este acto, en el que podía reconocerse una atenuación momentánea de las jerarquías inherentes a la escala laboral azucarera, un grupo pequeño formado por los líderes partidarios se dirigió al chalet de Peña para almorzar. De ese modo, del acto masivo se transitó a la reunión selecta en la residencia del propietario de la fábrica, que ofició de anfitrión 57. La erección de la patronal azucarera en gestora de las reuniones propagandísticas, proveedora de bienes y anfitriona de los vecinos condujo a una forma de interacción que reconocía a los industriales a la cabeza de las redes partidarias auspiciadas por la patronal.

En coexistencia con dichos actos masivos y policlasistas, la dirigencia intermedia radical y conservadora recurrió a mecanismos personalizados, modelados por los rasgos clientelares, que tiñeron las formas locales de construcción política en el espacio azucarero tucumano. Las campañas en la colonia agrícola El Tobar y localidades cercanas, zona de influencia de José A. Concha, ofrecen un testimonio de relevancia. El intempestivo llamamiento a elecciones para gobernador, concretado por el interventor federal de Tucumán en noviembre de 1921, llevó a que Concha se enterara de la convocatoria a cuarenta y ocho horas de la apertura de las mesas comiciales. Esto lo forzó a «reunir apurado» un total de treinta hombres, a quienes ofreció empanadas y vino, menú «más fácil» para convocar a la gente «a la hora esperada». Aunque las elecciones se pospusieron a último hora por las disputas entre las facciones radicales y el interventor federal, Concha buscó tranquilizar a Padilla, señalándole que los fondos invertidos ese día «fueron de mucho beneficio» porque los hombres volvieron a sus casas «contentos porque almorzaron» y le prometieron concurrir de nuevo «el día en que se designe la elección» 58. Finalmente, los comicios se programaron para el 26 de diciembre y los votantes pudieron cumplir su promesa. Sin embargo, una contingencia climática complicó el panorama para Concha: la lluvia torrencial que se desató el día de la votación dejó varados a los hombres reunidos, ocasionándole un gasto de dinero mayor al esperado: «El día del comité, con la gran tormenta quedaron varios hombres y me vi obligado a darles empanadas ($8); el domingo les preparé un valor de cinco pesos raspando ($5); vino, diez litros ($9); en Chicligasta empanadas ($3,10)». Las dificultades del contingente no terminaron allí, ya que la crecida de un río cercano los dejó varados después de votar: «La corriente me impidió volver. Ese día me quedé hasta el lunes con la gente y me vi obligado a dar de comer a toda la gente que llevaba» 59.

Por una lógica guiada por la reciprocidad, la asistencia a los comicios y el apoyo al conservadurismo por parte de los vecinos de El Tobar implicaban, para Concha, obligaciones tácitas de provisión de comida y bebida. Sin embargo, los recursos provenían de Padilla y la rendición de cuentas procuraba justificar ante el industrial cada peso que invertía 60. En un contexto de incertidumbres, signado por las dificultades en la circulación de la información y por diversas contingencias (climáticas y políticas, en este caso), los comicios implicaban un verdadero desafío para las dirigencias intermedias. Desde ese punto de vista, la urgencia por reunir un número de votantes acorde a las necesidades locales del partido, en una coyuntura de ampliación del electorado, se reeditaba en cada elección. Para el ya mencionado Gerez, los pobres resultados obtenidos en La Cocha, su zona de influencia, se debían a que el electorado estaba «loco y pillo, exactamente al peludo» 61. Este diagnóstico, que bien podría interpretarse como una búsqueda por desligarse de la responsabilidad por los resultados del Partido Liberal en su localidad, era tributario de un imaginario de fuerte arraigo entre la dirigencia conservadora, que atribuyó al radicalismo yrigoyenista la movilización y activación política de una «plebe amenazante» que cuestionó las formas de deferencia asociadas al orden notabiliar 62. Dejaba traslucir, al igual que en el ejemplo citado con anterioridad, que en el contexto de una relación asimétrica, propia de la lógica clientelar, los votantes contaban con una cierta capacidad de agencia, alimentada por las urgencias electorales de los partidos y las diversas contingencias en torno a los comicios. Las expectativas y demandas podían encontrar, bajo ese prisma, un canal de expresión.

Estos rasgos se expresaron bajo múltiples vías en el espacio azucarero. En el perímetro de los pueblos, los ingenios mantuvieron hasta 1943 prerrogativas, tácitas o explícitas, sobre el derecho de reunión, asociación y creación de organizaciones políticas y sindicales fuera del control patronal 63. La pertenencia a las redes lideradas por los industriales marcó, en ese sentido, una frontera que se plasmó territorialmente, desafiando la capacidad opositora de cuestionar la preeminencia empresarial. Al igual que en las variables ya analizadas, lo visible y lo opaco entraron en juego en este caso, revelando una diversidad de situaciones en las respectivas comunidades azucareras.

Una práctica difundida fue la limitación de la actividad opositora en el perímetro de los pueblos, neutralizando la fundación de organismos de base y el despliegue de tareas proselitistas con el fin de generar una situación de competencia restringida. Estas medidas tuvieron destinatarios múltiples, que abarcaron desde los partidos de izquierda hasta las organizaciones mayoritarias. En el caso del socialismo, los primeros testimonios de control patronal se remontan a 1914, cuando su apoderado fue expulsado de un ingenio conservador 64. Con el crecimiento de la organización, que tuvo en la primera mitad de la década de 1920 su momento de mayor influencia en la provincia, las presiones a su dirigencia cobraron mayor visibilidad. Así, las crónicas de una gira socialista por los departamentos Cruz Alta y Famaillá mencionaron los obstáculos con los que se topó el partido en los pueblos azucareros, donde algunas reuniones fueron disueltas y su dirigencia fue hostigada por la policía 65.

Estas dificultades fueron vividas en carne propia por Manuel Silva, presidente del comité departamental Famaillá del Partido Liberal. En un informe elevado a las autoridades del partido tras las elecciones de 1920, Silva denunció los mecanismos de control del sufragio desplegados por el administrador del ingenio Nueva Baviera, propiedad de la Compañía Azucarera Tucumana (en adelante CAT). A diferencia de los ingenios pertenecientes a industriales conservadores o radicales, que mantuvieron una posición relativamente estable a lo largo del periodo analizado, la CAT osciló entre el apoyo a un partido determinado y la abstención política. De acuerdo con el testimonio de Silva, en esta oportunidad la CAT favoreció al radicalismo. En una colonia del ingenio Nueva Baviera, el administrador «entraba y salía» del local electoral «como señor de vidas y haciendas» y, apelando a su carácter de representante de la patronal, ordenó al comisario local «que al que lo viese hacer propaganda lo llevar[a] preso, pues no es justo, decía, que el ingenio esté manteniendo año entero a esta gente y vengan los de afuera a conquistarlos» 66. De esa manera, la delimitación de un «adentro» se definía a partir de la provisión de empleo y la pertenencia a la comunidad laboral del ingenio, reivindicando para la patronal la potestad de desplegar las «influencias legítimas» que Marta Bonaudo identificó como piezas clave de la dinámica política notabiliar 67. Como contrapartida, el «afuera» condensaba el carácter ajeno a la colonia de los propagandistas conservadores, llevando al administrador a reclamar para la fábrica, sinónimo de manutención de dicha comunidad rural, la potestad de autorizar la interpelación electoral a los trabajadores.

La vigilancia del acto comicial por parte de representantes de la patronal, visible en el caso de Silva, fue una forma habitual de control del sufragio en el espacio azucarero. En los comicios de 1934, José Padilla, administrador del ingenio y candidato a gobernador por el Partido Demócrata, permaneció «a una distancia de 20 pasos de las mesas» con el fin de «controlar cuanto tiempo demoraba cada votante en el cuarto oscuro». Esto «incomodó» a los apoderados de las listas contrarias, quienes denunciaron este hecho al comisario local. A contramano de lo acontecido en el ingenio Nueva Baviera, donde el representante del orden se plegó a las exigencias del administrador, el comisario de San Pablo obedeció a los apoderados y exigió a Padilla su retiro del lugar 68. Dichos conflictos surcaron las elecciones de 1934 en numerosos establecimientos industriales, tales como los ingenios San Juan y Mercedes, donde los comisarios, abiertamente identificados con el partido gobernante, se enfrentaron con los administradores de sendos establecimientos. Sin duda, cuando el signo partidario del gobierno era opuesto a los intereses de los propietarios o cuando emergían divergencias entre estos y la patronal, la conflictividad local podía florecer.

El intento de contrarrestar la actividad opositora o volcar las preferencias electorales condujo a mecanismos de intimidación a la dirigencia mediante la amenaza, en algunos casos concretada, del despido por razones políticas. En 1924, una publicación anarquista denunció que el ingenio Bella Vista había expulsado a «varios obreros, algunos con diez años de servicio en el establecimiento» por hacer propaganda en favor del Partido Socialista 69. Por su parte, de acuerdo con el informe del observador militar que vigiló las elecciones de marzo de 1934, el administrador del ingenio San Pablo «indujo a los empleados y trabajadores del ingenio a que emitieran un voto en blanco bajo pena de exoneración del empleo» 70. Estas formas de presión se manifestaron con elocuencia en el caso de Electo Maidana, dirigente conservador y empleado de una colonia del ingenio La Trinidad, propiedad de la CAT. Según la versión de Maidana, quien escribió a Padilla con el fin de que intercediera ante las autoridades del establecimiento, durante la campaña de 1924 el administrador le exigió, bajo amenaza de despido, que «renunciase a toda participación en la política» y se abstuviera «de concurrir al comité» del Partido Liberal de la localidad. Dichas condiciones eran difíciles de cumplir para Maidana, tradicional organizador de las campañas partidarias en La Trinidad y presidente del comité «Ernesto Padilla» de la localidad. Ante esta disyuntiva, el dirigente optó por renunciar al ingenio. Sin embargo, las arbitrariedades del administrador contra los conservadores locales no cejaron y a pesar de su renuncia fueron despedidos del establecimiento once trabajadores. Todos integraban el comité presidido por Maidana 71.

Las formas de control referidas no acabaron con la presencia opositora y una moderada competencia entre partidos, rasgo que se observó de manera recurrente durante las elecciones del periodo analizado. En Bella Vista el socialismo cosechó un promedio del 8 por 100 de los votos en los comicios desarrollados entre 1919 y 1942. Durante la primera mitad de los años veinte el partido sostuvo cifras superiores a los 100 votos y logró, en la coyuntura de abstención radical de 1931, su mejor marca al reunir un total de 345 sufragios, equivalentes a un 20 por 100 de los votos. La minoritaria presencia socialista también se visibilizó en San Pablo, donde promedió el 2 por 100 de los votos entre 1916 y 1942. Al igual que en el caso anterior, el cenit del Partido Socialista se concretó en 1931 cuando reunió 86 votos, equivalentes al 8 por 100 de los sufragios. La competencia entre partidos se visibilizó con mayor contundencia en las disputas entre radicales y conservadores. En el caso de Bella Vista, las elecciones previas al ingreso de García Fernández a la UCR (1922) revelaron una situación de paridad con el Partido Liberal, con diferencias que variaron entre los cinco y los diez puntos. El contraste con las elecciones posteriores a esa fecha fue marcado, al obtener el radicalismo una ventaja de 43 puntos.

El desembarco del industrial bellavisteño en las filas radicales influyó en dicho cambio. En la antesala de los comicios de 1922, afiliados del Partido Liberal manifestaron al presidente de la entidad que se sentían «alarmados por la absoluta inactividad del partido» en Bella Vista, la cual se reflejaba en la ausencia de reuniones del comité, la escasa asistencia de vecinos a las actividades y el alejamiento de un «estimable grupo de sectores partidarios que constituyen un dignísimo exponente de la cultura moral, social y política» de esa zona 72. Entre las personalidades mencionadas podían identificarse algunos empleados del ingenio que, en los años posteriores, fueron conspicuos miembros del radicalismo local. Este hecho no resultaba ajeno a las percepciones del industrial Marcos Rougés, quien, semanas más tarde, transmitió a Padilla su preocupación por la pérdida de apoyos del Partido Liberal, fenómeno que atribuyó al ingreso de García Fernández al radicalismo 73. Aunque la paridad de los primeros años se revirtió, el conservadurismo mantuvo en Bella Vista un caudal de votos cercano al 30 por 100 a lo largo de la década de 1920. El apoyo del industrial al radicalismo no impidió, de ese modo, un cierto grado de competencia entre partidos en el seno del electorado bellavisteño. Esta se plasmó en una presencia minoritaria, aunque constante, de conservadores y socialistas.

Consideraciones finales

El presente artículo trata de contribuir al debate sobre las modulaciones regionales del proceso de ampliación democrática; ejercicio necesario a la hora de ensayar una interpretación que, sin perder de vista sus rasgos generales, incorpore la diversidad de trayectorias que dieron forma a un fenómeno nodal de la historia argentina del siglo xx. Con ese fin se han reconstruido las redes partidarias y las campañas electorales en el espacio azucarero tucumano, escenario signado por la particular estructura socioeconómica de la agroindustria y el protagonismo del empresariado en los partidos mayoritarios. Apartándose de las miradas que han ignorado el rol político de los actores intermedios y han subrayado la pasividad de los votantes, el artículo ha puesto el acento en los conflictos y negociaciones que atravesaron las formas de construcción política de los industriales en la etapa comprendida entre la llegada del radicalismo al poder y el golpe de Estado de 1943.

La ampliación democrática impactó desde diversos ángulos en las prácticas políticas del empresariado azucarero tucumano. Las transformaciones en las vías de reclutamiento y movilización, las demandas de un electorado en crecimiento, la expansión de las organizaciones partidarias y las mutaciones en las campañas electorales interpelaron el liderazgo de los industriales, protagonistas clave de la política provincial desde el último tercio del siglo xix. El repertorio de prácticas del empresariado azucarero abarcó múltiples dispositivos de construcción política, que mixturaron innovaciones y continuidades respecto a la etapa notabiliar. En efecto, la centralidad de Padilla y García Fernández en las filas conservadoras y radicales, respectivamente, habilitó la construcción de densos entramados partidarios en los territorios cercanos a sus fábricas y la ocupación de lugares protagónicos en las esferas provinciales y nacionales de poder. El liderazgo de redes de interacción política, estrategia que los empresarios desarrollaban desde los orígenes de la agroindustria, cobró nuevos bríos durante el periodo analizado.

Estas redes reconocieron en el ingenio y sus zonas aledañas un espacio clave, donde la construcción del liderazgo de industriales, administradores y empleados jerárquicos se retroalimentó con su ubicación en las escalas más altas en la pirámide sociolaboral. Allende las cercanías de las fábricas, dichas redes se proyectaron hacia diversos puntos del territorio provincial en función de las vinculaciones comerciales, políticas y de parentesco alentadas por los empresarios y sus colaboradores. La construcción de lazos con una miríada de actores intermedios se forjó a partir de dimensiones instrumentales y afectivas. Arraigadas en una práctica de largo aliento, estas vinculaciones se adaptaron a las cambiantes modulaciones de la política a lo largo del periodo analizado. Sin duda, el carácter competitivo de las elecciones, el incremento de la participación y el afianzamiento de organizaciones partidarias asentadas en el voto masivo redundaron en la conformación de relaciones dinámicas en las que la elevación de demandas, las expectativas de reciprocidad y las instancias de negociación con la dirigencia intermedia obligaron a los industriales y sus lugartenientes a un esfuerzo constante de construcción política.

La capacidad de agencia y las expectativas de reciprocidad se visibilizaron durante las campañas electorales. En un contexto modelado por la ampliación del sufragio, los ingenios y sus zonas de influencia se caracterizaron por una importante concentración de votantes, en su mayoría trabajadores, que ofrecieron una apoyatura clave para la consolidación de las carreras políticas de los empresarios. Durante el periodo analizado, los ingenios preservaron el estatus de espacios nodales de la política tucumana forjado durante el régimen notabiliar. Sin embargo, las transformaciones en las prácticas de reclutamiento e interpelación electoral acarrearon múltiples desafíos para los industriales y la dirigencia intermedia. Sobre todo, la urgencia de reunir numerosos contingentes de votantes y de orientar sus voluntades hacia el partido de la patronal cobró relevancia en una etapa en la que la competencia entre partidos y las posibilidades de migrar hacia las organizaciones rivales cobraron relieve.

En los mecanismos de producción del sufragio se condensaron elementos tributarios de la progresiva complejidad de las campañas, tales como la propaganda masiva, con prácticas clientelares inscritas en las asimétricas relaciones del entramado social azucarero, como la provisión de bienes, comida y bebida a cambio del voto. En ese marco, los dispositivos de control electoral, a través de la prohibición de la actividad opositora en los pueblos azucareros o la intimidación a los electores, convivieron con formas de persuasión que, ligadas a la construcción de un voto de opinión, procuraron fraguar un sentido de pertenencia partidario. El aliento a instancias de sociabilidad recreativa, tendentes a galvanizar las identidades radicales y conservadoras, también se visibilizó en el espacio azucarero. En ese sentido, si bien el patrocinio industrial y la construcción de relaciones clientelares se inspiraron en las jerarquías y asimetrías del complejo agroindustrial, con un empresariado que fungió como centro de irradiación política, la canalización de expectativas y demandas de los votantes tuvieron en las campañas electorales una vía de expresión.


* El artículo fue desarrollado en el marco del proyecto «Las formas de mediación y producción del sufragio. El problema del partido mirado en clave comparada desde experiencias provinciales (Santa Fe, Córdoba, Corrientes, Tucumán, 1890-1943)», dirigido por la Dra. Marta Bonaudo.

1 El «canchón» de los ingenios era el lugar de llegada de la materia prima y de salida del azúcar elaborado. Véase Olga Paterlini de Koch: Pueblos azucareros de Tucumán, Tucumán, UNT, 1987, p. 40.

2 El Orden, 21 de marzo de 1914.

3 Se define como ampliación democrática el proceso de transformaciones ­vinculadas al incremento en la participación electoral en Argentina a partir de la década de 1910. El ensanchamiento de la base de votantes, merced a la obligatoriedad del voto definida por la reforma electoral de 1912, impactó en el derrotero de las organizaciones y las dirigencias partidarias, las campañas proselitistas y las formas de interpelar al electorado. Se trata de un proceso cuyos alcances y características siguen debatiéndose en la historiografía. Véanse Julio Melón Pirro y Elisa Pastoriza (eds.): Los caminos de la democracia. Alternativas y prácticas políticas, 1900-1943, Buenos Aires, UNMDP-Biblos, 1996; Fernando Devoto y Marcela Ferrari (coords.): La construcción de las democracias rioplatenses. Proyectos institucionales y prácticas políticas, 1900-1930, Buenos Aires, Biblos, 1994; Lilia Ana Bertoni y Luciano de Privitellio (coords.): Conflictos en democracia. La vida política argentina entre dos siglos, Buenos Aires, Siglo XXI, 2009, y Diego Mauro: Reformismo liberal y política de masas. Demócratas progresistas y radicales en Santa Fe (1921-1937), ­Rosario, Prohistoria, 2013.

4 Daniel Campi: «Economía y sociedad en las provincias del norte», en Mirta Lobato (dir.): El progreso, la modernización y sus límites, 1880-1916, Buenos Aires, Sudamericana, 2000, pp. 72-118.

5 Sobre la política de notables en Latinoamérica véase Marta Bonaudo: «Logias y partidos en la circulación y difusión de la(s) cultura(s) política(s) liberal(es) (1830/50-1890)», en Nuria Tabanera y Marta Bonaudo (coords.): América Latina: de la independencia a la crisis del liberalismo, 1810-1930, Madrid, Marcial Pons, 2016, pp. 133-166. La experiencia argentina fue analizada en Hilda Sábato et al.: Historia de las elecciones en la Argentina, Buenos Aires, El Ateneo, 2011.

6 Donna Guy: Política azucarera argentina. Tucumán y la generación del ochenta, Tucumán, EDUNT, 2008.

7 En el texto se utilizan indistintamente las nociones de «industrial» y «empresario azucarero». Sobre la conformación y fisonomía del empresariado azucarero tucumano véanse María Lenis: Empresarios del azúcar: corporaciones, política y discursos. Tucumán (1894-1923), Buenos Aires, Imago Mundi, 2016, y Daniel Moyano: Desde la empresa. Firmas familiares y estructura empresarial en la industria azucarera tucumana (1895-1930), Buenos Aires, Prometeo libros, 2015.

8 La noción de «espacio azucarero tucumano» se refiere a la zona de concentración de ingenios y plantaciones de caña que abarcaba los departamentos Cruz Alta, Famaillá, Monteros, Chicligasta, Río Chico y Leales. Cabe aclarar que la influencia de la agroindustria se extendió por el resto del territorio provincial mediante actividades económicas subsidiarias.

9 La bibliografía sobre redes partidarias es vasta. Sin pretensión de exhaustividad, pueden resaltarse los aportes de Michel Bertrand: «Del actor a la red: análisis de redes e interdisciplinariedad», Nuevo Mundo, Mundos Nuevos [en línea] (2009); Frédéric Sawicki: «Para una sociología de los entornos y las redes partidistas», Revista de Sociología, 25 (2011), pp. 35-73, y Daniel Cefaï (dir.): Cultures politiques, París, Presses Universitaires de France, 2001.

10 Leandro Lichtmajer (coord.): La política: de las facciones a los partidos, Buenos Aires, Imago Mundi-CFI, 2017, p. 82.

11 Además de los trabajos sobre la ampliación democrática citados con anterioridad pueden mencionarse, entre otros, los aportes de Gardenia Vidal y Marcela Ferrari: «Las elites cordobesas y sus estrategias electorales, 1912-1930», História Unisinos, 5 (2001), pp. 83-114; María Inés Tato: «Variaciones reformistas: los conservadores bonaerenses ante el desafío de la democratización, 1912-1919», Secuencia, 63 (2005), pp. 128-150, y María del Mar Solís Carnicer: «Los conservadores argentinos ante el desafío del reformismo y la democratización política. Una lectura desde la provincia de Corrientes (1912-1930)», Cuadernos de Historia, 42 (2015), pp. 61-83. Sobre la región noroeste véanse María Silvia Fleitas: «“[...] hay que luchar y vencer la fuerte resistencia que opondrán los verdugos de las clases trabajadoras [...]”. Lucha política y lucha social, planteos y acción del yrygoyenismo jujeño, 1921-1930», Americanía, 1 (2015), pp. 155-195, y Adriana Kindgard: Alianzas y enfrentamientos en los orígenes del peronismo jujeño, Jujuy, Unidad de Investigación en Historia Regional-Universidad Nacional de Jujuy, 2001, pp. 18-34.

12 María Stella Taboada y Héctor Lobo: Los dueños de la zafra, Tucumán, CERPACU, 1996, e íd.: «Caudillismo conservador», en Eduardo Rosenzvaig (dir.): La Cepa: arqueología de una cultura azucarera, vol. I, Buenos Aires, Letra Buena, 1995.

13 Oscar Chamosa: The Argentine Folklore Movement: Sugar Elites, Criollo Workers, and the Politics of Cultural Nationalism, 1900-1950, Tucson, University of Arizona Press, 2010, y Leandro Lichtmajer y Florencia Gutiérrez: «Hacer política en un pueblo azucarero: prácticas a ras del suelo en la transición del radicalismo al peronismo. Bella Vista (Argentina)», Anuario de Estudios Americanos, 74 (2017), pp. 295-321.

14 La UCR fue fundada en 1891. Gobernó la Argentina entre 1916-1930, cuando un golpe de Estado puso fin a la segunda presidencia de Hipólito Yrigoyen. Tras decretar la abstención electoral en 1930, la UCR retomó la participación entre 1935-1943. La UCR fue el partido dominante de Tucumán desde su llegada al poder en 1917 hasta el golpe de 1943, etapa en la que concentró los apoyos electorales mayoritarios. Controló la primera magistratura durante todo el periodo (a excepción de la etapa de abstención 1930-1934). En el texto se engloba bajo la categoría «radicalismo» a las diferentes fracciones y sectores internos de la UCR.

15 María Lenis: Empresarios del azúcar..., p. XIV.

16 María Celia Bravo y Daniel Campi: «Elite y poder en Tucumán, Argentina, segunda mitad del siglo xix. Problemas y propuestas», Secuencia, 47 (2000), pp. 75-104, esp. p. 100.

17 La categoría «orden conservador» se refiere a la etapa política desarrollada en Argentina entre 1880-1916. Fue un sistema de partido hegemónico dominado por el Partido Autonomista Nacional, organización informal y flexible que se ar­ticuló en torno a un complejo sistema de alianzas y pactos entre las elites políticas provinciales. Véanse Natalio Botana: El orden conservador. La política argentina entre 1880 y 1916, Buenos Aires, Sudamericana, 1977, y Paula Alonso: Jardines secretos, legitimaciones públicas. El Partido Autonomista Nacional y la política argentina de fines del siglo xix, Buenos Aires, Edhasa, 2010.

18 María José Navajas: «Prácticas electorales y cultura política: Tucumán (Argentina), segunda mitad del siglo xix», Estudios Políticos, 22 (2003), pp. 227-263; Flavia Macías: Armas y política en la Argentina. Tucumán, siglo xix, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2014, y Claudia Herrera: Elites y poder en Argentina y España en la segunda mitad del siglo xix, tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid, 2003.

19 María José Navajas: «Prácticas electorales y cultura política...», p. 252.

20 María Celia Bravo y Daniel Campi: «Elite y poder en Tucumán...», p. 101.

21 Marta Bonaudo: «Repensando el partido/facción en la experiencia latinoamericana», Illes i Imperis, 17 (2015), pp. 15-42.

22 María Celia Bravo: Campesinos, azúcar y política: cañeros, acción corporativa y vida política en Tucumán (1895-1930), Rosario, Prohistoria, 2008.

23 Elecciones provinciales de 25 de enero de 1880, Archivo Histórico de Tucumán (en adelante AHT), Archivo de la Legislatura, caja 33, leg. 2229, fol. 23. Agradezco este documento a Diana Ferullo.

24 El Orden, 30 de noviembre de 1908.

25 Las categorías «conservadores» y «conservadurismo» aluden en general a los grupos políticos desplazados por la llegada de la UCR al poder, que a partir de 1916 se organizaron en una multiplicidad de partidos provinciales circunstancialmente articulados en entidades nacionales (Partido Demócrata Progresista, Partido Demócrata Nacional). Como señaló María Inés Tato, se trata de una categoría difícil de precisar para la trayectoria política argentina, destacándose rasgos como su marcado antirradicalismo, su adscripción al sustrato ideológico liberal y su acendrado pragmatismo, que los llevó a adoptar diferentes estrategias políticas para oponerse al radicalismo. Véase María Inés Tato: «El conservadurismo argentino: ¿una categoría evanescente?», en Ernesto Bohoslavsky y Olga Echeverría (coords.): Las derechas en el Cono Sur. Actas del tercer taller de discusión, Los Polvorines, UNGS, 2013.

26 El Partido Liberal fue fundado por los dirigentes conservadores tucumanos desplazados del poder en 1917. Tuvo un peso electoral relevante hasta mediados de la década de 1920 y concentró su acción en el ámbito legislativo, doblegando a la UCR en algunas elecciones nacionales (1919, 1924 y 1926). Luego del golpe de Estado de 1930 su dirigencia se nucleó en el Partido Demócrata. Este formó parte de la Concordancia, coalición partidaria que gobernó Argentina entre 1931-1943.

27 Silvia Eugenia Formoso: Ernesto Padilla (1873-1951). Ciudadano del Norte Argentino, Tucumán, Fundación Miguel Lillo, 2009.

28 Tristán Coronel a Ernesto Padilla, 16 de julio de 1920, AHT, Colección Ernesto Padilla (en adelante CEP), carpeta 10, fol. 211.

29 Sobre la trayectoria de García Fernández véase Leandro Lichtmajer y Florencia Gutiérrez: «Hacer política en un pueblo azucarero...».

30 La categoría «pueblos azucareros» refiere a las localidades aledañas a un conjunto de ingenios de la provincia de Tucumán. Sobre la fisonomía, alcances geográficos y proceso de conformación de los «pueblos azucareros», véanse Olga Paterlini De Koch: Pueblos azucareros...; Florencia Gutiérrez y Lucía Santos Lepera, «Revisitando un pueblo azucarero desde lo local. Desafíos metodológicos y problemas historiográficos», en Andrea Andújar y Leandro Lichtmajer (comps.): Lo local en debate. Abordajes desde la historia social, política y los estudios de género (Argentina, 1900-1960), Buenos Aires, Editorial Teseo, 2019, pp. 55-80; e Ignacio Sánchez: «Entre la villa y la fábrica. El pueblo de Santa Ana en la especialización azucarera tucumana», Travesía. Revista de historia económica y social, 21:1 (2019), pp. 117-150.

31 Lucía Santos Lepera: «La Acción Católica tucumana: sociabilidad y cultura religiosa en los años treinta. El caso del Centro de Hombres de San Pablo», en Miranda Lida y Diego Mauro (coords.): Catolicismo y sociedad de masas. Argentina, 1900-1950, Rosario, Prohistoria, 2009, pp. 141-160.

32 Telegrama de Ernesto Padilla a José Padilla, 7 de febrero de 1924, AHT, CEP, carpeta 11, fol. 41, y Detalle de gastos de la campaña electoral, 1928, AHT, CEP, carpeta 45, fol. 324.

33 Las colonias eran un tipo de explotación descentralizada de los fundos de los ingenios. Se localizaban a distancias variables de los establecimientos fabriles y, en general, eran habitadas por los trabajadores de menor calificación dentro de la escala productiva azucarera. María Celia Bravo (coord.): La agricultura: actores, expresiones corporativas y políticas. Colección de Historias Temáticas de Tucumán, Buenos Aires, Imago Mundi, 2017.

34 Florencia Gutiérrez: «Desigualdad social, masculinidad y cualificación en el sindicalismo azucarero. Tucumán, 1944-1949», Anuario IEHS, 28 (2013), pp. 59-75.

35 Amanecer, 1 de diciembre de 1940.

36 «Empleados superiores del ingenio, 1939», Compañía Azucarera Bella Vista, Archivo privado de Antonio Zelarayán.

37 Stewart Shipton a Ernesto Padilla, 22 de enero de 1924, AHT, CEP, carpeta 11, fol. 36.

38 Oscar Chamosa: The Argentine Folklore Movement..., pp. 76-77.

39 Javier Auyero (coord.): ¿Favores por votos? Estudios sobre clientelismo político contemporáneo, Buenos Aires, Losada, 1997, pp. 11-25.

40 Pedro Velloso a Ernesto Padilla, 27 de mayo de 1922, AHT, CEP, carpeta 10, fols. 137-138.

41 Pedro Velloso a Ernesto Padilla, 17 de junio de 1922, AHT, CEP, carpeta 44, fol. 139.

42 Pedro Velloso a Ernesto Padilla, 10 de mayo de 1927, AHT, CEP, carpeta 44, fols. 137-138.

43 Guía Argentina 1914. Tucumán, Santiago del Estero y Salta, Tucumán, Flores, 1914, p. 443.

44 Cristóforo Gerez a Ernesto Padilla, 2 de marzo de 1920, AHT, CEP, carpeta 10, fol. 286.

45 Cristóforo Gerez a Ernesto Padilla, 31 de enero de 1922, AHT, CEP, carpeta 10, fol. 61, y s. f., carpeta 10, fol. 588.

46 Luis Antonio Díaz: «Hace veinte años dejó de existir en su provincia natal José Abdón Concha», 31 de octubre de 1953, AHT, CEP, carpeta 10, fols. 187-188, y Óscar Chamosa: The Argentine Folklore Movement..., p. 77.

47 José Concha a Ernesto Padilla, 13 de diciembre de 1921, AHT, CEP, carpeta 10, fol. 616.

48 Correspondencia entre Ernesto Padilla y Ruiz, 21 y 28 de diciembre de 1926, AHT, CEP, carpeta 11, fols. 88-89.

49 La estimación toma el promedio de votantes a lo largo de diecisiete elecciones desarrolladas entre 1912 y 1942. De los 6.748 votantes de Famaillá, 1.687 pertenecían a Bella Vista y 837 a San Pablo. Aunque las cifras de participación variaron, el peso relativo de los dos circuitos se mantuvo estable.

50 Leandro Lichtmajer: La política..., p. 74.

51 El Orden, 3 de diciembre de 1934.

52 La Gaceta, 9 de octubre de 1942.

53 El Orden, 12 de noviembre de 1934.

54 El Orden, 1 de octubre de 1938.

55 La Gaceta, 22 de enero de 1942.

56 María José Navajas: Actores, representaciones, discursos y prácticas: la política en Tucumán, Argentina, 1852-1887, tesis doctoral, El Colegio de México, 2008, p. 152.

57 La Gaceta, 18 de mayo de 1942.

58 José Concha a Ernesto Padilla, 9 de noviembre de 1921, AHT, CEP, carpeta 10, fol. 596.

59 José Concha a Ernesto Padilla, 2 de enero de 1922, AHT, CEP, carpeta 10, fol. 15.

60 José Concha a Ernesto Padilla, 9 de noviembre de 1921, AHT, CEP, carpeta 10, fol. 596.

61 «Peludo» era el apodo del presidente Yrigoyen. Véase Cristóforo Gerez a Ernesto Padilla, 31 de enero de 1922, AHT, CEP, carpeta 10, fol. 61.

62 María Inés Tato: «El conservadurismo argentino...».

63 Leandro Lichtmajer y Florencia Gutierrez: «Hacer política en un pueblo azucarero...», p. 307.

64 El Orden, 6 de abril de 1914.

65 El Orden, 22 de marzo de 1920. Sobre el papel del sindicalismo de izquierda en el espacio azucarero véase María Ullivarri: «Sindicatos en la “capital del azúcar”. Organización y lucha en el mundo del trabajo de la provincia de Tucumán (Argentina), 1930-1943», Historia Agraria, 55 (2011), pp. 105-137.

66 Manuel Silva a Melitón Camaño, 8 de marzo de 1920, AHT, CEP, carpeta 10, fol. 288.

67 Marta Bonaudo: «Logias y partidos en la circulación...», p. 157.

68 Informe del teniente Casanova al comandante de la 5ª División del Ejército, 5 de marzo de 1934, Archivo General de la Nación, Archivo Justo, caja 62, carpeta C, fol. 21.

69 El Trabajo, 25 de mayo de 1924. Agradezco este documento a María ­Ullivarri.

70 Informe del teniente Casanova al comandante de la 5ª División del Ejército, 5 de marzo de 1934, Archivo General de la Nación, Archivo Justo, caja 62, carpeta C, fol. 21.

71 Electo Maidana a Ernesto Padilla, 2 de julio de 1924, AHT, CEP, carpeta 11, fol. 62.

72 Vecinos de Bella Vista a Melitón Camaño, 25 de noviembre de 1921, AHT, CEP, carpeta 10, fol. 159.

73 Marcos Rougés a Ernesto Padilla, 27 de febrero de 1922, AHT, CEP, carpeta 10, fol. 94.