Ayer Ayer 139 (3) 2025:235-260
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2025
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/1497
© Jordi Sancho Galán
Recibido: 08-06-2022 Aceptado: 01-03-2024 Publicado on-line: 07-07-2025
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License

Contraespacios de sociabilidad y politización en la universidad durante el franquismo. Un estudio a partir del caso de Barcelona (1957-1965)

Jordi Sancho Galán

Universitat Autònoma de Barcelona
Jordi.Sancho@uab.cat

Resumen: El movimiento estudiantil alcanzó en las décadas centrales de la dictadura franquista un notable protagonismo político a partir de la conexión entre minorías militantes y la mayoría estudiantil. En este estudio analizamos la estrategia de infiltración en el Sindicato Español Universitario (SEU) por parte de estos militantes y la socialización antifranquista de los universitarios a partir de los espacios socioculturales copados por los estudiantes demócratas. Nuestra hipótesis sostiene que estos espacios de sociabilidad se convirtieron en contraespacios determinantes en el crecimiento de una conciencia crítica, disidente y opositora en la universidad y en la formación del movimiento estudiantil.

Palabras clave: movimiento estudiantil, espacios de sociabilidad, politización, franquismo, universidad.

Abstract: In the middle decades of the Franco dictatorship, the student movement achieved remarkable political prominence based on the connection between militant minorities and the student majority. In this study, we analyze the strategy of infiltration into the Spanish University Union by these militants and the anti-Franco socialization of university students through the sociocultural spaces dominated by democratic students. We argue that these spaces of sociability became decisive counter-spaces in the growth of a critical, dissident and oppositional consciousness in the university and in the formation of the student movement.

Keywords: Student movement, spaces for sociability, politicization, Francoism, university.

El final de la dictadura franquista fue un tiempo de crisis. Crisis económica, derivada de la crisis internacional del petróleo; ­crisis social, con una amplia movilización, destacadamente obrera, estudiantil y vecinal, y crisis política, ante la incapacidad e imposibilidad del régimen de adaptar sus estructuras a los cambios sociales que, en parte, sus propios planes de estabilización habían propiciado y, aún más, ante las principales reivindicaciones políticas aparejadas a la movilización social del periodo. Todo ello daba cuenta, especialmente a partir de la muerte del dictador, de una crisis del sistema nacido el 18 de julio de 1936, de una crisis de régimen.

Como han destacado historiadores como Sebastian Balfour, Pere Ysàs, Carme Molinero, Pamela Radcliff, Xavier Domènech o Óscar J. Martín García, entre otros, la sociedad civil organizada y los movimientos sociales fueron protagonistas del final de la dictadura y del inicio del proceso de transición a la democracia 1. La presión desde abajo, en la que las reivindicaciones social y política iban a una, fue un elemento fundamental en el descrédito social de la dictadura, mostrando públicamente y haciendo notoria socialmente su incapacidad para gestionar las múltiples crisis, para adecuarse a necesidades sociales y dar respuesta a las reivindicaciones políticas que una parte importante de la sociedad española demandaba. La movilización social obligó a las elites políticas y económicas franquistas a adaptarse para intentar permanecer en el poder, hizo fracasar el proyecto continuista Arias-Fraga y fue, finalmente, el principal impulso del proceso que condujo a la celebración de las elecciones de junio de 1977 2.

En el marco de las movilizaciones sociales de las dos últimas décadas del franquismo, se produjo en España un proceso de rearticulación cívica, conquista y (re)apropiación de espacios sociales antes controlados por la dictadura. Un proceso en el que se gestó un amplio abanico de contraespacios en los que se articuló una sociedad civil demócrata, que se organizaba en torno a prácticas asamblearias y que tenía como utopía una democracia avanzada. Una democracia no solo política, sino también sinónimo de cambio social. Como han afirmado Balfour y Martín:

«Se puede decir, por consiguiente, que la efervescencia social que caracterizó a los últimos años del régimen no fue solo un reflejo de la lucha contra la dictadura sino también ejemplo de la eclosión de múltiples iniciativas democráticas portadoras de un modelo urbano, educativo, sanitario, cultural, etc. que supuso una moción a la totalidad del franquismo como forma de vida» 3.

Óscar Martín se refiere a ello como una «polis paralela, en cuyo devenir diario muchos españoles comenzaron —aun con miedo y contradicciones— a explorar nuevas ideas, valores y hábitos de participación ciudadana incompatibles con las pautas socioculturales impuestas por el franquismo» 4.

Esta sociedad civil movilizada y organizada tenía su génesis en el cambio de los años cincuenta y los primeros años sesenta y, para ese primer periodo, destacadamente en dos ámbitos bien diferenciados: el movimiento obrero, en las fábricas y cuencas mineras, donde descolló el proceso de creación de las comisiones obreras 5, y el movimiento estudiantil, en la universidad. Con sus notables diferencias, ambos comparten una característica fundamental en su desarrollo: la infiltración en espacios (físicos, mentales y sociales) 6 propios de la dictadura y la disputa en ellos de significantes, como los de representación, justicia, democracia o lo social.

Los estudios sobre el movimiento estudiantil durante el franquismo han destacado la infiltración en el Sindicato Español Universitario (SEU) por parte de delegados y candidaturas demócratas y la utilización de sus revistas, cinefórums, tribunas, seminarios, etc., como elementos determinantes en su formación 7. Para el estudio de los inicios de la oposición estudiantil al franquismo resultan imprescindibles además los trabajos de Ruiz Carnicer sobre el SEU, donde se muestra esta evolución política desde el punto de vista del sindicato estudiantil franquista, y de Pere Ysàs para el caso de la dictadura 8.

Sin embargo, pese a su relevancia, prácticamente no contamos con estudios específicos sobre este proceso de infiltración y de los espacios que con ello se generaron. Espacios que fueron básicos para la pérdida franquista de la universidad y para la extensión entre los estudiantes de una cultura política disidente. Todo esto resulta, además, íntimamente ligado al estudio de las actitudes políticas entre los estudiantes, de cómo estas cambiaron y cómo se desplegaron los procesos de politización en que se veían inmersos. Cabría destacar como excepción las recientes publicaciones sobre el Servicio Universitario de Trabajo (SUT) 9.

Los análisis sobre la formación del movimiento estudiantil han recaído de forma significativa, por lo tanto, en los «errores» del SEU y del régimen en la universidad y para con la juventud. Hecho fundamental. Pero se ha prestado menor atención a otro elemento de igual importancia, la acción de minorías politizadas para exacerbar esos errores y contradicciones, para denunciar la naturaleza del régimen y para confrontarla con una alternativa que lograba hacer partícipes y movilizar a cuotas significativas del estudiantado. Entre estos, para el periodo aquí estudiado, fue fundamental la acción de los delegados demócratas del SEU. Contrariamente, especialmente para los casos de Madrid y Barcelona, los más significativos y referentes para el periodo aquí estudiado, se ha dado mayor relevancia a la cuestión generacional, al crecimiento de la población universitaria y a la ampliación de su base social 10. Todos estos constituyen factores igualmente importantes.

Pretendemos en nuestro trabajo, centrándonos en el estudio de caso de Barcelona, analizar cómo los espacios socioculturales del SEU, a partir de la infiltración de estudiantes demócratas en su base representativa, fueron un elemento fundamental en el proceso de socialización de una cultura política crítica con la dictadura entre los estudiantes y en su politización. Esto nos permite establecer una relación de causalidad entre la estrategia de infiltración y el crecimiento del disentimiento de los universitarios respecto a la dictadura y la formación de un movimiento estudiantil masivo y antifranquista. Fue la acción de estas minorías la que conectó con la espontaneidad de un conjunto numeroso de estudiantes que se apropiaron, defendieron y se organizaron en estos ­contraespacios.

Basamos nuestro estudio en fuentes orales, a partir de entrevistas a diferentes protagonistas, así como en informes y correspondencia interna, mayormente inexplorada para la cuestión que aquí analizamos. La combinación de fuentes orales y primarias nos permite reconstruir detalladamente estos espacios de sociabilidad y el proceso de politización, a partir de aquello que se produce en su interior. Entre esta correspondencia resulta clave, para el caso de Barcelona, la producida entre los estudiantes comunistas y la dirección del partido en el exilio, no destinada a su publicación, sino al propio análisis del trabajo en el frente estudiantil. Son también relevantes diversos informes elaborados por las propias cámaras de facultad y sus publicaciones. La minuciosidad del detalle que ofrecen es un reflejo de la importancia dada a la infiltración en la Universidad y nos permiten analizar, a través de la experiencia, la estrategia de infiltración, su desarrollo y contenidos.

La infiltración como estrategia

Desde la inmediata posguerra, las actividades culturales en la clandestinidad, aunque reducidas, supusieron un espacio básico no solo para la formación intelectual y política de los estudiantes universitarios disidentes u opositores al franquismo, sino también para su (re)organización. Estos espacios funcionaron como unos primeros círculos de confianza en los que era posible romper con los tiempos de silencio de la posguerra y, a partir de ellos, tejer redes, sinergias y organizarse. Fue en estos espacios socioculturales en los que se gestaron algunas de las organizaciones universitarias o partidistas surgidas en la segunda mitad de los años cincuenta. Más allá de estas, en los albores de los años sesenta, fueron básicos para la formación del movimiento estudiantil los espacios conquistados a la propia dictadura a partir de la infiltración en el SEU.

El curso 1956-1957 supuso en la Universidad de Barcelona, igual que el anterior lo había sido en Madrid 11, un periodo con un nivel de movilización excepcional 12. Sin embargo, la intensa agitación de este curso no suponía aún la creación de un movimiento estudiantil. Uno de los obstáculos que la movilización universitaria aún tardó en superar fue la tendencia a generar ciclos de movilización cortos, aunque intensos, enmarcados entre un acto a menudo represivo, que hacía estallar la indignación y la movilización, y la llegada del periodo de exámenes o vacaciones, que marcaba en estos primeros cursos una tendencia hacia la desorganización. Este factor, en gran medida intrínseco al movimiento estudiantil, se mostró aún más determinante al iniciarse el curso 1957-1958, cuando, a pesar de venir de un semestre con un alto nivel de movilización, no existía aún movimiento estudiantil como tal, es decir, organización que vehiculara y sostuviera el malestar creciente entre los estudiantes y los estallidos puntuales de protesta.

Las actitudes políticas de la población universitaria después de 1956-1957 las podemos dividir en cinco categorías, con un alto nivel de fluidez y permeabilidad entre ellas 13:

En primer lugar, encontramos una minoría activa de estudiantes politizados en el antifranquismo. Son los que han participado más intensamente en las movilizaciones del curso anterior y, algunos de ellos, en su organización. En el curso 1957-1958 se observa en ellos una tendencia a concretar de forma partidista los grupos más o menos informales que el curso anterior se habían formado en torno a principios político-ideológicos, en ocasiones, un tanto difusos. Se organizaron, a partir de este curso, ligándose a partidos políticos extrauniversitarios o formando grupos propios, pero con una indiscutible significación política. Después de 1957, los grupos nacionalistas y el Moviment Socialista de Catalunya resucitaron la Federació Nacional d’Estudiants de Catalunya, y el grupo de católicos progresistas, politizados significativamente en el SUT, más algunos independientes crearon la Nova Esquerra Universitaria 14. Formaban parte de este grupo también las primeras células de estudiantes del Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC) en la Universidad 15.

En segundo lugar, encontramos un grupo de estudiantes bastante más numeroso que el anterior y con tendencia a ganar importancia. Los caracterizaba estar claramente marcados y sensibilizados políticamente por las movilizaciones del año anterior, en las que habían participado, pero con reivindicaciones aún un tanto difusas, centradas sobre todo en un «antiseuísmo furibundo» 16, pero sin una canalización organizativa y política clara. Se articulaban básicamente en torno a actividades culturales en sus propios cursos.

El tercer grupo de estudiantes, mayoritario en la universidad —­junto con el siguiente—, era el de los estudiantes que participaron en las movilizaciones del curso anterior, movidos especialmente por la represión, pero sin una conciencia aún realmente clara de su significación política. Fueron los que, una vez pasado el estímulo inicial, se desinteresaron de la movilización, también en parte por el fuerte impacto de las sanciones y amenazas.

El cuarto grupo —mayoritario junto con el anterior—, lo formaban los estudiantes que en el curso pasado no se habían interesado por ninguno de los sucesos acaecidos. Eran predominantes en los cursos superiores y en las carreras técnicas. Y, aunque su indiferencia o pasividad en ocasiones los invisibilizaba, fueron una constante entre las actitudes sociales estudiantiles.

Finalmente, cerraban el listado de actitudes políticas entre los universitarios los estudiantes adeptos al régimen franquista. Otra minoría, como el primer grupo, igualmente activa políticamente, en su caso con poder, aunque con muchas dificultades para crecer como colectivo. Si algo tenían en común los diferentes grupos, incluidos los adeptos al régimen, era la crítica al bajo nivel científico y cultural de la universidad y a nivel generacional una preocupación y un interés por «lo social» 17.

Los estudiantes comunistas coincidían con los de la «nueva izquierda», al iniciarse el curso 1957-1958, en que el principal defecto de la política universitaria era que la actividad política continuaba teniendo lugar en exceso en el primer grupo de la clasificación anterior, el de las formaciones políticas, con claras dificultades para canalizar esta actividad hacia «la verdadera fuerza política que no es otra que la masa de estudiantes» 18. En consecuencia, el plan de trabajo que se proponían realizar tenía como objetivo prioritario la politización del conjunto de los estudiantes. Para ello, especialmente los comunistas, como ya estaban haciendo en el movimiento obrero, consideraban determinante la infiltración en la base electiva del SEU 19. Esto era lo que Jorge Semprún había denominado «luchar contra el diablo con la espada del diablo», utilizando sus propios espacios culturales y de sociabilidad 20.

Al comenzar el curso, el comité de estudiantes del PSUC creía que después de las movilizaciones de 1957 se habían abierto en la universidad un sinfín de posibilidades para actuar, entre las que resultaba esencial la «batalla cultural». Cualquier trabajo que diera lugar a reunión y discusión entre estudiantes, pensaban, era potencialmente una ocasión útil para «caldear el ambiente, orientarlo y formarlo, e incluso hacerlo estallar» 21.

Se trataba, en primer lugar, de lograr influir y, a ser posible, dirigir cualquier tipo de acto que tuviese lugar en la universidad, para lo que era prioritario el trabajo cultural en la legalidad, «los que más deben aprovecharse puesto que son los que rinden más a menor coste»: formar parte de consejos de redacción, creación y dirección de revistas o escribir artículos y editoriales. Al mismo tiempo, organizar actividades culturales que permitiesen «una convivencia a largo tiempo con las mismas personas y el desarrollo de un tema de manera completa y eficaz». Por ejemplo, seminarios de literatura, sociología, filosofía, arte o historia, cineclubs o grupos de teatro, tribunas del estudiante, lecturas poéticas, coloquios o aulas libres con la participación de personalidades extrauniversitas 22. La importancia recaía en que este tipo de actividades permitían de forma legal reunir grupos de universitarios con intereses culturales, lo que, por lo menos de forma incipiente y en función del autor o la temática escogidos, podía introducir debates al margen de la enseñanza universitaria oficial 23. Finalmente, consideraban imprescindible la infiltración en el SEU, para lograr este trabajo cultural en la legalidad y con ello fomentar la politización estudiantil.

De origen falangista, el SEU, pasó a partir del curso 1943-1944 a convertirse en sindicato de afiliación obligatoria para todos los estudiantes universitarios y organismo destinado a su encuadre e instrucción en la doctrina oficial de la dictadura. A partir de la aprobación de la Ley de Ordenación de la Universidad Española (1943) y con el nuevo contexto internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial 24, el SEU acentuó su aparato académico-burocrático, convirtiéndose en el principal representante en la universidad de la institucionalización y burocratización de un régimen que cada vez resultaba menos atractivo para las nuevas generaciones. En los años cincuenta tanto el ministro de educación Joaquín Ruiz Giménez como Jorge Jordana, jefe Nacional del SEU, desde dos perspectivas distintas intentaron poner remedio al «problema» de la pérdida de las voluntades juveniles, ampliando en la universidad la actividad cultural y abriendo la base del SEU con la elección directa y secreta de los delegados de curso y cámaras de facultad 25. Un marco de oportunidad que fue aprovechado por la oposición para la infiltración.

Para los estudiantes antifranquistas que apostaban por la estrategia de infiltración, esta consistía en participar en las elecciones a delegados de curso, lo que les permitía tener presencia en la base electiva del sindicato, en los consejos de curso y en las cámaras de facultad, órganos encargados de reunir la representación estudiantil y gestionar los recursos y actividades del centro. En estos espacios se podrían plantear reivindicaciones que obligaran a las autoridades académicas a hacer concesiones y a abrir más espacios «propios» para los estudiantes, entendiendo que «cualquier paso que se dé hacia adelante tiene todas las ventajas y ningún inconveniente». Es decir, si las reivindicaciones hechas por las cámaras de facultad eran realmente sentidas por los estudiantes, en el caso de que el SEU las intentara enmascarar en condiciones ambiguas, se trataría de «empujarles a concretar más y más, exigirles más y más». En cambio, si optaba por cerrarse, por la vía represiva, saldrían beneficiadas la movilización y la politización de los estudiantes 26.

Este trabajo en la legalidad basado en la infiltración en el SEU había empezado el curso 1956-1957 en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Barcelona, a partir de algunos delegados de curso, pero se volvió especialmente intenso durante el siguiente curso, cuando los estudiantes demócratas pasaron a controlar la cámara de facultad. Ángel Abad fue elegido jefe de facultad y Josep Termes, Marcel Plans y Fernando López Ramón, delegados. En estos primeros cursos, aunque había delegados que eran directamente militantes de formaciones políticas antifranquistas, había también delegados «independientes», con una postura anti-SEU, e incluso estudiantes que se presentaban por su cuenta e interesados en cuestiones estrictamente académicas, pero que simpatizaron con las reivindicaciones de los ­delegados demócratas y las apoyaron. En muchos casos, para los de­legados menos interesados en cuestiones extrauniversitarias, su paso por las cámaras de facultad fue un elemento de politi­zación en un sentido anti-SEU y antifranquista. Un caso representativo fue el del propio Abad.

Ángel Abad había llegado a Barcelona, junto con su familia, en 1948, cuando su padre, en ese momento policía nacional, fue trasladado a la ciudad. Abad había sido educado en un entorno sociológicamente franquista 27. Su padre, de formación militar, guardia de asalto durante la República, hizo la guerra en el bando sublevado; profundamente católico y conservador, participó de una «ideología típicamente nacional-católica [...] muy acendrada tanto en el nacionalismo español como en el catolicismo», aunque, según Abad, no falangista 28. La ideología familiar y su posición «apolítica», «con el único objetivo de estudiar», chocaron con el ambiente que se encontró en la universidad, especialmente, a partir de 1956, cuando entró en contacto con el magma cultural que se estaba empezando a desarrollar. Fue entonces cuando descubrió un mundo absolutamente nuevo y desconocido, «un paisaje donde se dice que hay grupos clandestinos, donde lo que era para mí la atmósfera natural que era la policía, los militares y los curas. Pues resulta que eran los opresores» 29. Al participar en este mundo cultural e intelectual fue cuando entró en contacto con «lo político», especialmente a partir de su elección como jefe de facultad.

Su candidatura fue impulsada por Marcel Plans y Josep Termes, militantes del PSUC. Como explica Ángel Abad, «me dejaban ser el jefe, cuando en realidad los que mandaban eran ellos porque eran los que sabían todos los tejemanejes, después lo supe». «Yo era un cartel, era una plataforma, una excusa, una coartada que tenían todos, detrás de los cuales, detrás de mí, iban los demás haciendo sus lecturas poéticas y me colocaban a Blas de Otero y a Bertolt Brecht, y de todas estas cosas. Yo de paso descubría todo y me sentía muy importante» 30.

En su caso, fue como delegado de facultad del SEU cuando chocó con la censura, con la represión cultural en la universidad y con las autoridades del sindicato franquista, lo que cambió su concepción anterior del régimen. Fue como jefe de facultad cuando por primera vez se dio cuenta de «que no hay libertad», cuando descubrió «que para el desarrollo de este mundo en el que estás hace falta una atmósfera que no es la existente, es decir, es una atmósfera opresiva, es una atmósfera delimitadora, es una atmósfera vigilante, es una atmósfera asfixiante finalmente en muchas cosas... Y se va generando la reacción» 31.

El primero de estos choques se produjo con la creación y censura de la revista Gaudeamus. Revista de la Facultad de Filosofía y Letras, aparecida en 1958. En su primer número, Ángel Abad hacía en el editorial un análisis generacional de las aspiraciones y actitudes de la juventud del momento, reclamando el derecho de las nuevas generaciones a la crítica «ante la insatisfacción ante un mundo y una sociedad que se presentan imperfectos», a no conformarse con lo conseguido por la generación anterior, es más, reclamando el derecho a «crear sus propias formas de existencia» 32. Escribía también Marcel Plans un artículo sobre «Cuestiones Universitarias», abordando la función social de «“SU” universidad»; Mercedes Vilanova, sobre la contradicción entre ser católico y ser indiferente: «El ideal católico es el de la oposición y esta oposición empieza por nosotros mismos», o Maria Rosa Borràs, quien escribiendo sobre el concepto de la verdad en Camus acababa hablando más de su propia realidad que del filósofo francés:

«Valores que eran aceptados y solucionaban cómodamente los intereses de quienes los crearon, se tambalean y aparecen hoy a nuestros ojos faltos de contenido y, por tanto, de sentido. [...] Nuestra verdad es hoy radicalmente distinta de la de ayer. El hombre necesita nuevos postulados que satisfagan sus nuevas circunstancias. Hay que romper con lo que nos agobia, ya que es un lastre que vamos arrastrando y frena nuestro desarrollo» 33.

Los textos publicados en la revista, con más o menos subterfugios, mostraban una insatisfacción generacional, social y política, una crítica a la indiferencia, y reivindicaban la necesidad de tomar parte activa en el cambio. Junto con la censura de este primer número, se prohibió la publicación del siguiente, en el que ya se estaba trabajando. Se prohibieron las revistas de las facultades de Derecho y de Ciencias Económicas, aprobadas por sus respectivas cámaras y cuyos primeros números no llegaron a aparecer. Y se sancionó a los delegados de la Facultad de Filosofía y Letras y a ­Josep María Castellet, quien había sido el editor de la revista.

Contraespacios

Desde muy pronto, los espacios de sociabilidad estudiantil promovidos desde las cámaras de facultad se convirtieron, forzando los límites de la universidad franquista, en espacios que permitieron vivir una alternativa, incipientes espacios de libertad al margen de la realidad universitaria, social y política fuera de estos espacios propios. Se convirtieron, en muy buena medida, en lo que Michelle Foucault llamó heterotopías, un contraespacio o contrasociedad, «espacios diferentes, esos otros lugares, esas impugnaciones míticas y reales del espacio en el que vivimos», «espacios reales fuera de todo lugar» yuxtapuestos a la propia realidad, en los que era posible constituir vivencias y, de hecho, actuar conforme a unos valores que en principio deberían haber sido incompatibles con la sociedad existente fuera de ellos 34. En el caso de la universidad durante la dictadura franquista se convirtieron estos contraespacios en bastiones democráticos desde los que dar la batalla cultural. En estos espacios se mostró abiertamente una alternativa que ya no era solamente un proyecto por conseguir, sino, también, de facto, una realidad. Esta yuxtaposición se plasmó, en primer lugar, en «lo cultural» y tuvo extensión, durante la primera mitad de los años sesenta, además en «lo político». Aunque desde un buen principio «lo cultural» fue también político.

Las principales actividades culturales «oficiales» organizadas en la Universidad de Barcelona fueron, para 1958, una exposición sobre «Arquitectura religiosa» y otra sobre «Carlos V y su época», con motivo del IV centenario de la muerte del emperador, a la que acompañó un ciclo de conferencias durante todo el curso 1958-1959. El curso siguiente, la actividad cultural giró en torno a Alfonso el Magnánimo, con otro ciclo de conferencias en las que participaron, entre otros, Jaume Vicens i Vives y Martí de Riquer. Y aún en el curso 1960-1961, sobre Diego Velázquez, con ponencias de José Camón Aznar, Joan Subías, Valentín Vázquez de Prada, Francisco Javier Sánchez Cantón o Adolf Florensa 35.

Centenarios que, más allá del interés de la temática y los ponentes, revestidos de todo el ceremonial franquista, difícilmente conectaban con los intereses socioculturales de una generación que estaba buscando sus referentes en cronologías más cercanas y con una ­preocupación más social. En contraste con esta actividad llevada a cabo por las autoridades universitarias, desde 1958, las cámaras de facultad controladas por los estudiantes demócratas empezaron a realizar una intensa actividad cultural de signo contrario a la «oficial».

La actividad de la cámara de facultad de Filosofía y Letras se inició, el curso 1957-1958, con un círculo de Estudios Teatrales y con una «lectura poética» de Joan Brossa, poeta experimental destacado en estos años por su obra de denuncia política y social. A estas las siguieron una conferencia del crítico literario Josep Maria Castellet, sobre «la misión del cine-club». Castellet acababa de publicar La hora del lector, trabajo crítico con la «novela burguesa» que abogaba por el compromiso público del autor. Proseguía el programa con una conferencia del «Sr. Goytisolo»; una «lectura poética» sobre «el tema de España», presidida por José M. Valverde, y un cineclub sobre «Neorrealismo». Se celebró también este curso un homenaje a Rosselló-Porcel, símbolo de la «generación sacrificada» por la Guerra Civil, en el que participó Salvador Espriu, quien volvía a la Universidad de Barcelona por primera vez desde 1939. Participaron conjuntamente los poetas Pere Quart, Blas de Otero, José M. Valverde, Jaime Gil de Biedma y José Agustín Goytisolo, «con gran éxito de los que introdujeron por primera vez lo que se denominaría “poesía social”» 36. El curso siguiente volvió también por primera vez a la Universidad de Barcelona desde la Guerra Civil Carles Riba, en un homenaje a Antonio Machado en el que participaron José M. Valverde y Josep Maria Castellet, y se organizó una conferencia del historiador Jaume Vicens i Vives sobre la historia del sindicalismo. Igualmente, a partir de 1958 la actividad cultural empezó a ser notoria en la Facultad de Derecho.

El éxito de las actividades culturales organizadas por las cámaras de facultad, controladas por los estudiantes demócratas, y diversas iniciativas culturales del propio SEU, utilizadas por estos, fueron importantes desde un primer momento y aumentaron exponencialmente en los cursos siguientes, tanto en participación, llegando mucho más allá de los círculos estudiantiles más activos, como, también, como elemento de politización. La actividad de las cámaras de facultad supuso un cambio de paradigma en los espacios de sociabilidad universitaria. Estas actividades y las discusiones posteriores dieron presencia en la universidad a ideas y debates que, debido a los tiempos de silencio —impuestos y autoimpuestos, sociales y familiares— en los que esta generación había crecido, hasta el momento solo se habían podido realizar en espacios clandestinos muy restringidos. Ahora, en cambio, se producían de manera abierta y legal en las aulas de las facultades.

En la Facultad de Derecho, por ejemplo, durante el último trimestre del curso 1957-1958 se organizó un ciclo de conferencias con el título genérico de «Pueblo y Universidad», en las que participó dando una de las charlas un obrero de la Juventud Obrera Cristiana. El ciclo estuvo «caracterizado por un éxito de público excepcional y por un clima apasionadísimo en las discusiones abiertas, especialmente sobre los temas de la Guerra Civil y del problema social» 37. También en Filosofía y Letras, en el marco del ciclo de conferencias «Hoy 1958», se produjo la sesión «Situación social del Universitario», en la que se atacó duramente el papel actual del estudiante universitario como un «usurpador de los derechos de los obreros a la asistencia a la Universidad», realizándose al final del acto una cuestación para ayudar a los obreros detenidos y despedidos a causa de las huelgas de marzo 38.

Como destacaban los estudiantes organizadores, el resultado que estaba dando la actividad legal durante 1958 y, especialmente, los círculos de estudio, seminario, lecturas y conferencias, sobrepasaba sus mejores pronósticos. Consideraban que las actividades culturales organizadas habían adquirido una importante

«trascendencia ciudadana, han puesto en circulación una inquietud por temas culturales de actualidad, que forzosamente ha sido seguida por una crítica a la realidad cultural y política del país. Estas actividades, seis semanales, que obtienen un éxito de público extraordinario han elevado la conciencia de mucha gente en el sentido de confiar más en la acción y el trabajo. Esto ha creado un clima que ha permitido que entre la gente más responsable de la Universidad —­de todas las tendencias— existiese cierta curiosidad y admiración por Filosofía y Letras» 39.

En el caso de Filosofía y Letras, es sintomático el ciclo de conferencias titulado «Ideas y Realidad», en un contexto de agitación producida por la prohibición de la revista de la Facultad, Gaudeamus. En este ciclo participó Jaume Naulart, miembro del Círculo Católico de Estudios Sociales, con una conferencia en la que terminaba diciendo a los estudiantes allí presentes «que para llegar a hacer posible un conjunto de circunstancias sociales que posibilite el total y libre desarrollo del hombre en tal que hombre es necesario provocar un cambio radical en nuestra estructura social». A lo que había que añadir «la necesidad de nutrir un espíritu de lucha constante, de aprovechar las posibilidades de combate por mínimas que sean» 40.

Desde un primer momento, las autoridades académicas fueron conscientes del riesgo que podían suponer estas actividades culturales desarrolladas desde las cámaras de facultad. A medida que comenzaron a dictarse disposiciones regulatorias, prohibiciones y sanciones, la lucha por la mera existencia de estas actividades se convirtió en un foco de agitación estudiantil. El 28 de noviembre de 1957, tras las primeras y aún muy incipientes actividades realizadas en el curso, el rector prohibió una conferencia con un tema en principio tan aséptico como «La enseñanza universitaria» 41. Posteriormente, en marzo de 1958, en medio de un conflicto surgido en la Facultad de Medicina por cuestiones estrictamente relacionadas con los planes de estudio, el decano suspendió todas las actividades culturales programadas en la facultad. Esta decisión no solo avivó la politización del estudiantado, sino que contribuyó a la expansión de la huelga iniciada en Medicina a otras facultades 42. Tras la huelga se prohibió por completo cualquier actividad cultural en la universidad.

El éxito de las actividades culturales fue en paralelo al creciente prestigio conseguido por las cámaras de facultad, y ambos fueron determinantes para el triunfo de la huelga de marzo de 1958. Esta huelga suponía ya una novedad que marcaría el ciclo de movilización de la década siguiente. A diferencia de convocatorias anteriores, que surgían a partir de manifiestos u octavillas distribuidas desde la clandestinidad, esta vez la iniciativa partió directamente de las cámaras de facultad de Derecho, Ciencias Económicas, Ciencias, Medicina y Filosofía y Letras. «Nunca un movimiento universitario desde que Franco detenta el poder había sido decidido de manera tan consciente, tan democrática y unánime en nuestra universidad» 43.

El éxito de la huelga se logró pese a las amenazas del rector y de los decanos, así como a la presencia de Pérez Bustamente, catedrático de Historia de la Universidad de Madrid, enviado por el Ministerio de Educación como juez instructor del expediente por indisciplina académica. Dicho expediente estaba relacionado con las actividades culturales y sindicales impulsadas por los delegados demócratas durante aquel curso, las cuales habían culminado con la entrada en huelga de las principales facultades de la Universidad. Acompañado por un policía, Pérez Bustamante interrogó en las instalaciones del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en Barcelona a diversos de los protagonistas de estas actividades culturales. Pasaron por su despacho: Alfonso Carlos Comín, Isidre Molas, Pascual Maragall, Vicente Urenda, Sergio Beser, José María Lopena —director del Teatro Español Universitario de su facultad— y Anna Ramón, organizadora de una colecta para «socorrer a los obreros en huelga». También comparecieron los delegados de Filosofía y Letras, a quienes el instructor consideró responsables y organizadores «de cuanto de subversivo ha ocurrido este año» 44. Como consecuencia, Ángel Abad, Josep Termes, Marcel Plans y Ferrán López-Ramón, delegados de Filosofía y Letras, fueron expulsados del distrito universitario de Barcelona durante tres años.

Los tres cursos que van de 1958 a 1961 estuvieron marcados por la sistematización y ampliación de la estrategia de infiltración que en 1958 se había puesto en marcha en Filosofía y Letras y en Derecho. Como diría Joaquim Sempere, delegado de la facultad de Ciencias, todo el entramado que conformaban las conferencias, seminarios y actividades culturales de lo más diversas:

«fue un ámbito de politización importantísimo, porque ya no eran las pequeñas reuniones clandestinas de poca gente. Nos dábamos cuenta de que éramos muchos más de lo que podíamos pensar, y eso nos daba mucha moral combativa. También fue una escuela de debate. Sabíamos que teníamos opiniones muy diversas, había debates bastante duros respecto a las perspectivas de futuro, pero eso ayudó a consolidar una mentalidad antifranquista unitaria que después tuvo consecuencias importantes» 45.

La formación del movimiento estudiantil

En cuestión de cinco cursos se hizo evidente que las actividades socioculturales, la organización y movilización universitaria y las actitudes políticas entre los estudiantes habían cambiado considerablemente, pudiéndose hablar de un elevado nivel de politización, convocatoria y organización, tanto en comparación con los cursos anteriores como también con el ambiente fuera de la universidad.

En 1955 diversos estudios, como el elaborado por el sociólogo José Luis Pinillos, e informes sobre las actitudes sociales de los estudiantes reflejaban la desafección estudiantil hacia el régimen y una notable crítica social y cultural, pero no la relacionaban con una actitud disidente 46. A principios de los años sesenta, en cambio, la idea de oposición había hecho mella en una parte considerable de los estudiantes, y se hacía evidente un cambio en las actitudes sociales y políticas. Desde los órganos oficiales del SEU se exponía cómo «hace unos años podía hablarse de sopor entre la juventud respecto a la política. Hoy puede decirse, que la preocupación política, la política como tema de conversación está al orden del día» 47. Al mismo tiempo, aumentaba la desconfianza por parte del Gobierno hacia el SEU. Si en un primer momento el Sindicato no había cumplido en su misión de socialización de los universitarios en el franquismo, al iniciarse los años sesenta defraudaba también en su función de control social de la universidad 48. Como expuso en un informe interno Martín Villa, entonces jefe nacional del SEU, la batalla de la representatividad la había ganado la oposición.

«La presión de las mencionadas Cámaras ejerce sobre el resto de la estructura del SEU es incuestionable. [...] Es por eso y porque sabemos que a los problemas hay que enfrentarse y no tratar de eludirlos, por lo que desde el SEU sentimos la necesidad de arbitrar un nuevo frente dialéctico que sea capaz de contrarrestar a la vigencia incuestionable del concepto de representatividad utilizado como arma y bandera política por la oposición» 49.

Los contrapoderes que constituyeron las cámaras de facultad copadas por estudiantes demócratas y las actividades de sociabilidad estudiantil que ellas promocionaban cumplieron una triple función: en cuanto a politización, sostenimiento en el tiempo del movimiento estudiantil y organización de este.

Ante cada nueva promoción que entraba en la universidad estos espacios fueron fuente de transmisión de la siempre corta memoria del movimiento estudiantil y con ella de una nueva realidad. Al mismo tiempo, contribuyeron a extender entre los estudiantes una conciencia crítica frente a la dictadura y el autoritarismo, pero también ante la injusticia social.

En la primera mitad de los años sesenta, estas pequeñas brechas abiertas a partir de los espacios culturales y de sociabilidad del SEU no dejaron de ampliarse, transformándose en estructuras de base del movimiento estudiantil. Las cámaras de facultad presentaron y defendieron las actividades culturales ya claramente como yuxtapuestas a las oficiales, convirtiendo los espacios de sociabilidad en uno de los principales centros de actividad política anti-SEU y de oposición. Entre estas actividades y espacios destacan los cinefórums, el teatro universitario, las revistas escritas y orales, los seminarios, los recitales musicales y de poesía y, de forma significativa, las Semanas de Renovación Universitaria. Las actividades culturales organizadas tuvieron un carácter cada vez más explícito de contraposición tanto al SEU como a la universidad y, por extensión, a la sociedad y a la dictadura franquistas. Los mismos actos culturales organizados por las cámaras infiltradas por los demócratas se intentarán explicar y ser, también, contrasociedad.

La cámara de la Facultad de Económicas, en el boletín de actividades culturales de 1963-1964, contraponía las actividades organizadas por el Club Universitario del SEU, en manos de las autoridades del distrito, con sus propias actividades. En el caso del Club Universitario se destacaban el «prestigio» de la actuación de la tuna en la Feria Mundial de Nueva York, los grupos folclóricos de danzas o el «fácil sentimentalismo del “alegre estudiante”». A la par les criticaban no haber organizado este curso «ninguna conferencia, ningún curso sobre la dura realidad española, nada sobre la situación internacional —ni la paz amenazada—, nada con arraigo profundo a la ciudad, al país». La diferencia entre el contenido de las actividades organizadas por unos y otros, defendían que respondía «a unos intereses diferentes, a menudo contrapuestos». Por su parte, consideraban que la cámara de facultad había tenido la intención de «mirarse las cosas de frente», preguntándose en las diversas actividades organizadas «quién va a la escuela en España y qué le enseñan, qué ha pasado en Panamá, quién fue Brecht, qué canta Raimon, qué es el SEU» 50. Como consideraba el boletín de la Cámara de Facultad de Económicas:

«A nuestro entender las [actividades culturales] deben ir destinadas a desarrollar en los universitarios un “horizonte crítico” ante su propia situación. [...] Sobre todo, ese mismo sindicato, los problemas de nuestro ambiente cultural y científico, las cuestiones de política nacional e internacional, etc. De otra parte, deben desarrollar una tarea de introducción de elementos nuevos en nuestra vida cultural o científica, ausentes ya por el bajo nivel científico-cultural imperante, ya por una especie de “destierro político”» 51.

Durante los cursos que van de 1962 a 1964, la cámara de facultad de Económicas organizó, entre otras actividades, una sesión de cortometrajes sobre lo que «se ha venido a llamar NUEVO CINE ESPAÑOL», con proyecciones de Luis Buñuel, Fernández Santos o Joaquim Jordá. También otra sesión de cortos de Javier Aguirre. Un ciclo de películas sobre la guerra, en el que se proyectó, entre otras, El acorazado Potenmkin de Serguéi Eisenstein, de la que se destacaba la introducción de la «guerra revolucionaria» como «un medio de liberación de las clases dominadas que ha de llevarlas a la conquista del poder y a la construcción de un nuevo estado», con «un éxito fuera de serie. El Salón de Actos se llenó completamente». Se celebraron también un recital de Raimon; una conferencia de Manuel Sacristán, principal intelectual comunista de la España del momento, y otra de Salvador Giner, quien había sido miembro de la primera célula del PSUC en la Universidad de Barcelona. Además fue organizado un ciclo sobre «El pensamiento filosófico contemporáneo», con sesiones dedicadas al neopositivismo, al existencialismo y al marxismo. Destaca finalmente entre las actividades culturales de la Facultad de Económicas la celebración de la revista oral Siega, en el marco de la primera Semana de Renovación Universitaria 52. La revista oral consistía en la preparación de unas ponencias para su exposición y discusión entre los estudiantes que después se pasaban a papel y eran extensamente distribuidas. Esta se consideraba

«el acto cultural más directamente ligado a nuestra situación concreta, en primer lugar, de la situación de la universidad dentro de la vida cultural y científica del país —tan condicionada por las estructuras económicas y políticas— y, en segundo lugar, de la realidad de “nuestro” sindicato, tan poco adecuado a las necesidades actuales y futuras de los jóvenes universitarios y, en general, de la sociedad española» 53.

Las cámaras de facultad, convertidas cada vez con mayor frecuencia en asambleas, supusieron también una ampliación del campo de participación y de corresponsabilidad en la toma de decisiones. La existencia de estos contraespacios representó la apertura de la dinámica de protesta a un número mayor de estudiantes, no solo a nivel de participación, sino también organizativo y en la toma de decisiones, y con ello una mayor socialización del movimiento estudiantil y del conflicto en la universidad. Si hasta la fecha estos habían sido un territorio restringido a pequeños grupos clandestinos que preparaban manifiestos o convocaban actos de protesta, a los que el resto de los estudiantes podía sumarse, en los sesenta, la asamblea, la discusión abierta, el debate y la necesidad de llegar a acuerdos se instauraron como estructuras básicas del movimiento estudiantil.

La combinación entre la estrategia de las organizaciones políticas que habían optado por la infiltración y la espontaneidad de un conjunto relevante de estudiantes que habían hecho suyos estos contraespacios fue determinante para la ruptura con el SEU y posteriormente para la creación del Sindicato Democrático de Estudiantes Universitarios 54. Durante la primera Semana de Renovación Universitaria (1964) se produjo un intenso debate respecto a la representatividad del SEU, aprobándose por la mayoría de las asambleas de facultad «de forma unánime la idea de no reconocer a los no electos», lo que «constituyó el momento culminante de la reunión» 55. Ese mismo curso, en Asamblea Libre del Distrito, más de un millar de estudiantes aprobó que la «Asamblea de Distrito (AD) es la única representación de los estudiantes de Barcelona» 56. Pero el elemento que permite observar más claramente el grado de apoyo conseguido por los estudiantes demócratas en su ruptura con las organizaciones de encuadre universitario de la dictadura, incluso más allá de los estudiantes directamente movilizados o participantes en el movimiento, era el grado de seguimiento del boicot a las elecciones oficiales a delegados de las Asociaciones Profesionales de Estudiantes, con las que el régimen pretendía sustituir al SEU. Pese a la obligación de participar y la amenaza de represión académica a quienes no lo hiciesen, los votos nominales no llegaron a superar el 4 por 100, a excepción de Farmacia y Ciencias, aunque en este caso solo llegaba al 6,5 por 100. Fue, por lo tanto, la abstención (o el voto en blanco en el caso de Medicina), defendida por los delegados demócratas y por las asambleas de facultad, la que consiguió un apoyo prácticamente unánime de los estudiantes, abriendo el camino que llevaría, en marzo de 1966, a la constitución del Sindicato Democrático de Estudiantes de la Universidad de Barcelona 57.

Conclusiones

Los estallidos de movilización estudiantil de 1956 y 1957 en Madrid y Barcelona fueron la primera muestra pública y notoria de la existencia de un sustrato de desafección política entre los estudiantes universitarios. Sin embargo, si observáramos únicamente la cuestión a nivel de movilización, podríamos llegar a concluir que fueron estallidos puntuales y sin continuidad, dado que los cursos que los siguieron estuvieron marcados por una relativa calma. No fue hasta inicios de los años sesenta cuando volveremos a encontrar niveles similares de conflictividad.

El cambio entre unos y otros estuvo marcado, sin embargo, por la continuidad y el crecimiento del grado de politización y organización estudiantil. Este cambio, producido en unos pocos cursos, tuvo su centro de gravedad en los espacios de sociabilidad estudiantil y en las actividades culturales organizadas por las cámaras de facultad. Y fue producto de la estrategia de infiltración en ellas de unos pocos estudiantes politizados en el antifranquismo, quienes después de 1956 y 1957 detectaron la posibilidad y la necesidad de extensión del antifranquismo más allá de los reducidos grupos políticos existentes hacia un conjunto numeroso de estudiantes, que en estas primeras movilizaciones habían participado movidos especialmente por el antiseuísmo y en contra de la represión.

Esta estrategia estuvo en sus inicios inspirada y promovida tanto por el Partido Comunista como por la nueva izquierda universitaria. Pero, pronto, ante sus primeros éxitos, hicieron partícipes a la mayoría de las formaciones políticas opositoras en la Universidad de Barcelona. Más relevante, si cabe, hicieron también cómplices a un conjunto numeroso de estudiantes que en diferentes grados de politización, participación y compromiso tomó partido en ellas en la lucha por una universidad (y por extensión una sociedad) democrática.

Los espacios de sociabilidad estudiantil en torno a la cultura se convirtieron, forzando y mostrando los límites de la universidad franquista, en espacios de libertad en los que se cuestionó abiertamente la realidad existente, se abrieron a debates y personajes silenciados desde el inicio de la dictadura y dibujaron alternativas de universidad y de sociedad. Y por ello fueron determinantes en la extensión de un espíritu crítico entre los universitarios. Al mismo tiempo, las cámaras de facultad copadas por los estudiantes demócratas, cada vez más frecuentemente convertidas en asambleas, representaron una apertura y socialización de los espacios de disidencia y protesta, así como de la toma de decisiones. Se estableció entre los delegados y los estudiantes participantes en el movimiento una relación de corresponsabilidad. Así, estos contraespacios se convirtieron en estructuras de base del movimiento estudiantil. En ellas es donde se debate y se toman las decisiones internamente, pero también donde el movimiento se explica, se reconoce y se extiende. En la medida en que la represión académica y gubernamental fue dirigida hacia estos delegados y contraespacios, esta condujo a la protesta, a la movilización y a la autoorganización de un conjunto numeroso de estudiantes en el movimiento estudiantil. El salto en participación en las actividades y movilizaciones retroalimentará un salto en al contenido político y organizativo de estas, iniciando y sosteniendo un ciclo de movilización que tuvo su traslación definitiva en la ruptura con el SEU y en la creación de un sindicato «propio», el Sindicat Democràtic d’Estudiants de la Universitat de Barcelona.


  1. 1 Véanse Sebastian Balfour: La dictadura, los trabajadores y la ciudad. El movimiento obrero en el área metropolitana de Barcelona (1939-1988), Valencia, Institució Alfons el Magnànim, 1994; Pere Ysàs: «¿Una sociedad pasiva? Actitudes, activismo y conflictividad social en el franquismo tardío», Ayer, 68 (2007), pp. 31-57; Sebastian Balfour y Oscar Martín García: «Movimientos sociales y transición a la democracia. El caso español», en Rafael Quirosa-Cherouze (coord.): La sociedad española en la Transición. Los movimientos sociales en el proceso democratizador, Madrid, Biblioteca Nueva, 2011, pp. 43-62; Pamela Radcliff: Making Democratic Citizens in Spain. Civil Society and the Popular Origins of the Transition, 1960-1978, Nueva York, Palgrave McMillian, 2011; Carme Molinero y Pere Ysàs: Transición. Historia y relatos, Madrid, Siglo XXI, 2018, y Xavier Domènech: Lucha de clases, franquismo y democracia. Obreros y empresarios (1939-1979), Madrid, Akal, 2023.

  2. 2 Carme Molinero y Pere Ysàs: Transición...

  3. 3 Sebastian Balfour y Oscar Martín García: «Movimientos sociales y transición...», pp. 43-62.

  4. 4 Óscar Martín García: «La polis paralela. Espacios de participación política en el franquismo final», en Miguel Ángel del Arco Blanco et al. (eds.): No solo miedo. Actitudes políticas y opinión popular bajo la dictadura franquista (1936-1977), Granada, Comares, 2014, pp. 195-208.

  5. 5 Véanse Carme Molinero y Pere Ysàs: Productores disciplinados y minorías subversivas. Clase obrera y conflictividad laboral en la España franquista, Madrid, Siglo XXI, 1998, y Xavier Domènech: Clase obrera, antifranquismo y cambio político. Pequeños grandes cambios, 1956-1969, Madrid, Los Libros de la Catarata, 2008.

  6. 6 Henri Lefebvre: La producción del espacio, Madrid, Capitán Swing, 2013.

  7. 7 Entre los estudios recientes sobre el movimiento estudiantil durante el franquismo cabe destacar: José Álvarez Cobelas: Envenenados de cuerpo y alma. La oposición universitaria al franquismo en Madrid (1939-1970), Madrid, Siglo XXI, 2004; Juan Luis Rubio Mayoral: Disciplina y rebeldía. Los estudiantes en la Universidad de Sevilla (1939-1970), Sevilla, Universidad de Sevilla, 2005; Gregorio Valdelvira: La oposición estudiantil al franquismo, Madrid, Síntesis, 2006; Elena Hernández Sandoica, Miguel Ángel Ruiz Carnicer y Marc Baldó Lacomba: Estudiantes contra Franco (1939-1975). Oposición política y movilización juvenil, Madrid, La Esfera de los Libros, 2007; Alberto Carrillo-Linares: Subversivos y malditos en la Universidad de Sevilla (1965-1977), Sevilla, Fundación Centro de Estudios Andaluces, 2008, y Sergio Rodríguez Tejada: Zonas de libertad. Dictadura franquista y movimiento estudiantil en la Universidad de Valencia, vol. I, 1939-1965, Valencia, Publicacions de la Universitat de València, 2009. Para el caso de Barcelona, véase Jordi Sancho Galán: El antifranquismo en la universidad. El protagonismo militante (1956-1977), Madrid, Los Libros de la Catarata, 2024.

  8. 8 Miguel Ángel Ruiz Carnicer: El Sindicato Español Universitario (SEU), 1939-1965. La socialización política de la juventud universitaria en el franquismo, Madrid, Siglo XXI, 1996, y Pere Ysàs: Disidencia y subversión. La lucha del régimen franquista por su supervivencia. 1960-1975, Barcelona, Crítica, 2004, pp. 1-40.

  9. 9 Miguel Ángel Ruiz Carnicer (dir.): Una juventud en tiempo de dictadura. El Servicio Universitario del Trabajo (SUT), 1950-1960, Madrid, Los Libros de la Catarata, 2021. También Pilar Mera y Carlos Domper (coords.): Los «voluntarios» del franquismo. El Servicio Universitario del Trabajo como experien­cia de politización juvenil, dosier de Hispania. Revista Española de Historia, 82(272) (2022). Para la cuestión de las actitudes sociales, en el mismo dosier cabe destacar el artículo de Carlos Fuertes Muñoz: «Actitudes críticas y “conciencia social” entre los estudiantes durante el franquismo (c. 1950-c. 1975)», pp. 669-696. Es también destacable el caso de la Universidad de Valencia, Sergio Rodríguez Tejada: Zonas de libertad...

  10. 10 José María Maravall: Dictadura y disentimiento político. Obreros y estudiantes bajo el franquismo, Madrid, Alfaguara, 1978.

  11. 11 José Álvarez Cobelas: Envenenados de cuerpo y alma..., pp. 49-67.

  12. 12 Maria Coll i Pigem: Al Paranimf! La primera revolta estudiantil, Barcelona, Base, 2017.

  13. 13 Elecciones sindicales (octubre de 1957), Archivo Histórico del Partido Comunista de España (en adelante, AHPCE), Nacionalidades y Regiones (en adelante, NyR), Documentos PSUC, sig. jacq. 911-913.

  14. 14 Juan Antonio García Alcalá: Historia del Felipe (FLP, FOC, ESBA). De Julio Cerón a la Liga Comunista Revolucionaria, Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2001, pp. 27-28.

  15. 15 Jordi Sancho Galán: «Los estudiantes comunistas y la movilización universitaria durante el franquismo», en Francisco Erice (dir.) y David Ginard (coord.): Un siglo de comunismo en España, vol. II, Presencia social y experiencias militantes, Madrid, Akal, 2022, pp. 229-251.

  16. 16 Elecciones sindicales (octubre de 1957), AHPCE, NyR, Documentos PSUC, sig. jacq. 911-913.

  17. 17 Miguel Ángel Ruiz Carnicer (dir.): Una juventud en tiempo de dictadura..., p. 191.

  18. 18 Elecciones sindicales (octubre de 1957), AHPCE, NyR, Documentos PSUC, sig. jacq. 911-913.

  19. 19 Carme Molinero: «Una gran apuesta. La oposición política a través de la movilización social», en Manuel Bueno y Sergio Gálvez (eds.): Nosotros los comunistas. Memoria, identidad e historia social, Madrid, Fundación de Investigaciones Marxistas, 2009, pp. 255-283, y Carme Molinero y Pere Ysàs: De la hegemonía a la autodestrucción. El Partido Comunista de España (1956-1982), Barcelona, Crítica, 2017, pp. 17-64.

  20. 20 Carta-informe de J. Semprún (24 de febrero de 1954), AHPCE, Fuerzas de la Cultura (en adelante, FdC), sig. jacq. 82; Carta de Jorge Semprún (2 de febrero de 1954), AHPCE, FdC, sig. jacq. 81, y Jordi Sancho Galán: «Los estudiantes comunistas...», pp. 229-251.

  21. 21 Trabajos y actividades que pueden desarrollarse en la Universidad (diciembre de 1957), AHPCE, NyR, Documentos PSUC, sig. jacq. 910.

  22. 22 Ibid.

  23. 23 Ibid.

  24. 24 Miguel Ángel Ruiz Carnicer: El Sindicato Español Universitario..., pp. 163-179.

  25. 25 Ibid., pp. 245-307.

  26. 26 Trabajos y actividades que pueden desarrollarse en la Universidad (diciembre de 1957), AHPCE, NyR, Documentos PSUC, sig. jacq. 910.

  27. 27 Entrevista a Ángel Abad, Fondo Oral Movimiento Estudiantil, Centre d’Estudis Sobre Dictadures i Democràcies-Universitat Autònoma de Barcelona (en adelante, CEDID-UAB).

  28. 28 Entrevista a Ángel Abad, Fundación Cipriano García, Archivo Histórico Comisiones Obreras.

  29. 29 Ibid.

  30. 30 Ibid.

  31. 31 Ibid.

  32. 32 Ángel Abad: «Editorial», Gaudeamus. Revista de la Facultad de Filosofía y Letras, 1 (enero de 1958).

  33. 33 María Rosa Borràs: «Algo sobre lo que nos dice Camus», Gaudeamus. Revista de la Facultad de Filosofía y Letras, 1 (enero de 1958), pp. 5-6.

  34. 34 Michell Foucault: Le corpus utopique suivi de les hétérotopies, París, Nouvelles Éditions Lignes, 2009, pp. 23-36.

  35. 35 Josefina Mateu Ibars y M. Dolors Mateu Ibars:  «La Facultat de “Filosofía y Letras” segons el “Diario” escrit durant el deganat del prof. Felip Mateu i Llopis (1957-1960)», en Història de la Universitat de Barcelona. I Simpòsium, Barcelona, Universitat de Barcelona, 1988, pp. 145-149.

  36. 36 Ibid.; Josep Maria Colomer: Els Estudiants de Barcelona sota el franquisme, 2 vols., Barcelona, Curial, 1978, vol. 1, p. 154, y «Estudiantes. Mateu» [Jordi Solé Tura] (1958), AHPCE, NyR, Documentos PSUC, sig. jacq. 924.

  37. 37 Estudiantes. Mateu [Jordi Solé Tura] (1958), AHPCE, NyR, Documentos PSUC, sig. jacq. 924.

  38. 38 Información de los estudiantes (abril de 1958), AHPCE, NyR, Documentos PSUC, sig. jacq. 992.

  39. 39 El segon cicle de conferències de la Universitat de Barcelona (marzo de 1958), AHPCE, NyR, Documentos PSUC, sig. jacq. 930, e Información de los estudiantes (abril de 1958), AHPCE, NyR, Documentos PSUC, sig. jacq. 992.

  40. 40 El segon cicle de conferències de la Universitat de Barcelona (marzo de 1958), AHPCE, NyR, Documentos PSUC, sig. jacq. 930.

  41. 41 Carta de Ángel sobre estudiantes (Barcelona), AHPCE, NyR, Documentos PSUC, sig. jacq. 926, y Josefina Mateu Ibars y M. Dolors Mateu Ibars: «La Facultat de “Filosofía y Letras”...», pp. 145-149.

  42. 42 Información de los estudiantes de Ángel (abril de 1958), AHPCE, NyR, Documentos PSUC, sig. jacq. 992.

  43. 43 Carta de Francisco (Andrés) [Miguel Núñez] (1958), AHPCE, NyR, Documentos PSUC, sig. jacq. 989.

  44. 44 Situación universitaria después del 5 de mayo (junio 1958), AHPCE, NyR, Documentos PSUC, sig. jacq. 943.

  45. 45 Entrevista a Joaquim Sempere, CEDID-UAB.

  46. 46 Javier Bandrés: «Las encuestas universitarias de José Luis Pinillos. Un episodio en la pugna por la orientación sociopolítica del franquismo», Revista de Historia de la Psicología, 41(1) (2020), pp. 12-28, e «Informe de Don Pedro Laín Entralgo respecto a la situación espiritual de la juventud española», en Roberto Mesa (ed.): Jaraneros y alborotadores. Documentos sobre los sucesos estudiantiles de febrero de 1956 en la Universidad Complutense de Madrid, Madrid, Editorial de la Universidad Complutense, 1982.

  47. 47 Informe sobre la Universidad (diciembre de 1962), AHPCE, FdC, sig. jacq. 154, y Elena Hernández Sandoica, Miguel Ángel Ruiz Carnicer y Marc Baldó Lacomba: Estudiantes contra Franco..., p. 174.

  48. 48 Miguel Ángel Ruiz Carnicer: El Sindicato Español Universitario..., p. 318.

  49. 49 Documento de Martín Villa, jefe nacional del SEU, sobre la situación política de la juventud universitaria y sobre la función política de este sindicato, AHPCE, NyR, Documentos PSUC, sig. jacq. 431.

  50. 50 Actividades culturales (1963-1964), CRAI Pavelló de la República-Universitat de Barcelona (en adelante, CRAI-PR-UB), DU Universitat (Subsèrie Arxiu 1), 1963.1, UB, Facultat d’Econòmiques.

  51. 51 Ibid.

  52. 52 Ibid., y Boletín informativo de la cámara de ciencias económicas y comerciales (diciembre de 1962), CRAI-PR-UB, DU Universitat, 1, 1962.1, UB, Facultat d’Econòmiques.

  53. 53 Actividades culturales (1963-1964), CRAI-PR-UB, DU Universitat (Subsèrie Arxiu 1), 1963.1, UB, Facultat d’Econòmiques.

  54. 54 Francisco Fernández Buey: Por una universidad democrática, Barcelona, El Viejo Topo, 2009, pp. 30-31.

  55. 55 Carta de Barcelona (6 de marzo de 1964), AHPCE, NyR, PSUC, Correspondencia, c. 55, y Carta de Mario [Gabriel Arrom] (14 de marzo de 1964), AHPCE, NyR, PSUC, Correspondencia, c. 55.

  56. 56 Declaración conjunta de las delegaciones de Arquitectura, Ciencias, Comercio, Derecho, Económicas, ESADE, Farmacia, Filosofía, Ingenieros industriales, Ingenieros de Tarrasa, IQS, Medicina (curso 1964-1965), CRAI-PR-UB, DU Universitat (Subsèrie Arxiu 1), 1964.1, comunicats conjunts.

  57. 57 Situación del DU de Barcelona (1965), Arxiu Nacional de Catalunya (ANC), PSUC, Moviment estudiantil, UED, u.1927.