Ayer 142 (2): 211-240
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2026
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/2934
© Enrique Tudela
© Joan Roger
© José Luis Oyón
Recibido: 26-12-2024 Aceptado: 16-06-2025 Publicado on-line: 25-03-2026
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License

Construir barrialidad. Redes de sociabilidad en la periferia obrera de Barcelona durante el segundo franquismo

Enrique Tudela

Universidad de Granada
etudelava@ugr.es

Joan Roger

Universitat Politècnica de Catalunya
joan.roger@upc.edu

José Luis Oyón

Universitat Politècnica de Catalunya
jose.luis.oyon@upc.edu

Resumen: Este artículo analiza la transición de suburbios dispersos a barrios consolidados en las periferias obreras de Barcelona durante el segundo franquismo, con el caso de Roquetes como ejemplo. A través de fuentes cuantitativas y cualitativas, se estudian las redes de sociabilidad primaria y secundaria que sustentaron la «barrialidad», base de las reivindicaciones vecinales de los años sesenta y setenta. La propiedad de la vivienda y la permanencia residencial consolidaron comunida­des cohesionadas que transformaron los suburbios en barrios con identidad colectiva, claves para entender la historia social urbana de la última etapa del franquismo.

Palabras claves: barrialidad, historia urbana, periferias, segundo franquismo, Barcelona.

Abstract: This article examines the transition from dispersed suburbs to consolidated neighborhoods in the working-class peripheries of Barcelona during the late Francoist period, using Roquetes as a case study. Drawing on quantitative and qualitative sources, it analyzes the networks of primary and secondary sociability that underpinned barrialidad (neighborhoodness), which formed the basis of neighborhood-based mobilization in the 1960s and 1970s. Homeownership and residential stability fostered the emergence of cohesive communities that transformed suburbs into neighborhoods with a shared collective identity, a key factor for understanding the urban social history of the final stage of the Franco regime.

Keywords: neighborhoodness (barrialidad), urban history, peripheries, late Francoism, Barcelona.

«Si se dota a los nuevos barrios de una vida interna, social, proporcionándoles los servicios necesarios, no se crearán suburbios, sino barrios, y la ciudad ganará con ello. Cierto que esto es fácil en teoría, pero difícil en la práctica, porque se han de vencer una serie de dificultades y de intereses creados que dificultan en gran manera la buena marcha del proyecto» 1.

La última semana de febrero de 1957 tuvo lugar en Barcelona un encuentro promovido por la diócesis local para analizar los problemas derivados del surgimiento de nuevas periferias obreras, como resultado de la intensificación de los procesos migratorios y la llegada de cientos de miles de nuevos habitantes 2. Un fenómeno que alertaba a las máximas autoridades locales desde hacía más de una década 3. La ponencia con el título «Transformación del suburbio en barrio», a la que pertenece la cita que encabeza este artículo, fue presentada por Josep María de Porcioles. Menos de un mes más tarde, el 19 de marzo de 1957, Porcioles se convirtió en alcalde de Barcelona, puesto en el que permaneció durante dieciséis años. Su figura se ha identificado con la del alcalde por antonomasia del segundo franquismo en Barcelona, y la huella de su gestión todavía sigue presente en la ciudad. Propagandista de la «Gran Barcelona» del desarrollismo y hombre de confianza del régimen en Catalunya, Porcioles tuvo un amplio margen de maniobra para modelar la ciudad conforme a unos intereses determinados 4. El discurso del crecimiento sin límites de la también conocida como «Barcelona de Porcioles» caracterizó su gestión, durante la cual se multiplicó por cinco el volumen de edificación. Este proceso estuvo marcado por la interacción entre el poder municipal, los intereses privados y las empresas constructoras, con un formidable desarrollo en polígonos de viviendas y densificación del tejido urbano existente 5. A lo largo de aquel periodo emergieron zonas suburbanas desprovistas durante largo tiempo de urbanización adecuada, equipamientos sanitarios, sociales y zonas verdes 6. Esos déficits propiciaron la aparición de un poderoso movimiento vecinal desde finales de la década de 1960, cuya acción contribuyó decisivamente a la destitución de Porcioles en 1973 y, más tarde, a la de sus sucesores Enric Masó y Joaquim Viola, destituidos entre 1975 y 1976.

Situado al norte de Barcelona y parte del actual distrito de Nou Barris, el barrio de Roquetes experimentó su explosión demográfica en este periodo 7. En la década de 1950 la parte alta del barrio se encontraba en proceso de autoconstrucción y la mayor parte de su estructura viaria y numerosas casas unifamiliares existían ya, pero, con poco más de mil habitantes, los vínculos sociales y los centros de sociabilidad eran casi inexistentes debido a su baja densidad. Se trataba de un «suburbio» en el lenguaje de la época, no de un auténtico barrio. Para constituirse en barrio hicieron falta dos premisas: el proceso de densificación, que llevó a multiplicar su población por diecisiete 8, y la difusión del régimen de propiedad de la vivienda, que estabilizó y arraigó a las familias obreras. En 1970, el 58 por 100 de los hogares eran propietarios, cifra que subió a dos de cada tres en 1975. Esta difusión de la propiedad contribuyó a crear comunidades articuladas por redes estables de parentesco, paisanaje, amistad y vecindad, que dieron lugar a un potente movimiento vecinal, cuyas demandas se centraron en mejorar el entorno urbano, el espacio extradoméstico, más que en rechazar las condiciones de vivienda 9.

El objetivo de este trabajo no es analizar la composición de esos movimientos vecinales ni abordar las consecuencias que estos tuvieron en el proceso democratizador, fenómenos ya ampliamente estudiados en otras obras 10. Nuestro argumento es que dichos movimientos son difíciles de entender sin la formación previa de barrios, de esa barrialidad que constituye todo el conjunto de relaciones sociales que materializan lazos de proximidad vecinales, de parentesco, amistad o paisanaje, pues son estos lazos los que acaban generando comunidades, barrios en el sentido sociológico más pleno. La creación de esas comunidades barriales, ese paso del suburbio al barrio al que aludía Porcioles, será el objeto de estudio de este artículo. Nuestro argumento es que durante el tardofranquismo se configuraron nuevos tejidos sociales, transformando suburbios dispersos con laxas redes de sociabilidad internas en barrios con densas relaciones de sociabilidad, próximos a las de los densos barrios obreros de los años de entreguerras 11. Creemos que el surgimiento de estas comunidades barriales en Roquetes es un fenómeno extrapolable a otros del distrito obrero de Nou Barris y que es similar a lo sucedido en esa época en diversas periferias de Barcelona y otras grandes ciudades españolas. La movilización de las asociaciones vecinales de finales del franquismo serían en el fondo la culminación en la reivindicación, la protesta y la lucha de un sentido previo de pertenencia a un determinado «barrio» en cuya formación es clave entender esa sociabilidad barrial, esa barrialidad de la que hablamos. Y en ese sentido también el texto que se presenta no se postula tanto como una pieza de historia local, sino como una muestra de historia social urbana con cuerpo propio.

La nueva geografía relacional de Roquetes durante el periodo investigado ha sido reconstruida en este trabajo utilizando fuentes diversas. El vaciado sistemático de los padrones ha sido esencial 12. Se ha complementado con la consulta de actas matrimoniales, matrícula industrial y prensa, contrastando los datos obtenidos por estos medios con la realización de entrevistas en profundidad para cotejar resultados. Este enfoque metodológico, basado en un tratamiento cartográfico y análisis espacial que combina fuentes censales, cuantitativas y orales especializadas, ofrece resultados relevantes para reconstruir las trayectorias vitales de poblaciones asentadas en territorios específicos 13. De ese modo, este artículo se inscribe en la corriente de estudios sobre parentesco y sociabilidad barrial que caracterizan el modo de formación de comunidades barriales en la historia urbana contemporánea 14. Respecto a las fuentes orales, se realizaron veintiún entrevistas semiestructuradas entre junio de 2021 y junio de 2022. Las personas entrevistadas, catorce mujeres y siete hombres nacidos entre 1931 y 1965, tenían un mínimo de cuarenta y cinco años de residencia en el barrio. Este conjunto de informantes, mayoritariamente femenino, obrero e inmigrante, refleja la composición del barrio tal y como la recogen los padrones del segundo franquismo. Los resultados principales del artículo, apoyados en fuentes cuantitativas, se centran en las redes de sociabilidad secundaria y primaria, referentes a parentesco, paisanaje y cortejo. Veamos a continuación la evolución del barrio a partir de la década de 1960.

Mapa 1
Barrio de Roquetes, en el distrito de Nou Barris de Barcelona, dividido por la calle Mina de la Ciutat entre Roquetes Altes, en su parte norte, el área de autoconstrucción con un trazado que sigue las curvas de nivel, y Roquetes Baixes en la parte sur

Fuente: elaboración propia.

Roquetes: ¿un barrio dormitorio?

La desaparición del viejo barrio obrero con residencia cercana al puesto de trabajo, experiencia cotidiana esencial de mucha gente trabajadora de los años de entreguerras y de la primera posguerra, es indiscutible para el periodo investigado 15. Durante la segunda década del franquismo y en adelante podemos observar cómo entró en crisis un elemento tan importante en la creación de barrialidad como es la cercanía a un puesto de trabajo dentro del propio barrio. Las cifras sobre movilidad al trabajo durante estos años muestran una clara separación entre lugar de residencia y lugar de trabajo. Con el despliegue de la ciudad hacia la corona metropolitana se fueron conformando masivamente nuevas barriadas-dormitorio huérfanas de empleos. Poca de la gente residente en Roquetes durante el periodo investigado trabajaba dentro del mismo barrio, circunstancia común en todo el distrito obrero y periférico de Nou Barris. Las cifras de los núcleos de Nou Barris a partir del análisis del padrón de 1950 o las publicadas en fuentes municipales en 1965 muestran esas largas distancias, la gran dependencia del exterior como fuente de provisión de empleo y el uso generalizado del transporte público 16. Según el padrón de 1950, que solo aporta datos para los trabajadores varones, un 58 por 100 de los desplazamientos en Roquetes se realizaban a lugares de trabajo a más allá de los dos kilómetros de distancia. En 1965, un 55 por 100 de los residentes en el distrito de Nou Barris utilizaba para sus desplazamientos al trabajo el transporte público y a mediados de los setenta, según Huertas Clavería, la gran mayoría, un 73 por 100, se trasladaba fuera del distrito empleando una media de una hora y cuarenta minutos en el trayecto 17.

El análisis de las entrevistas de Roquetes, realizadas mediante la técnica de muestreo de referencia en cadena, conocido popularmente como «bola de nieve» 18, indica la escasa importancia que el barrio y el distrito tuvieron para proporcionar empleo a su población. Pero matiza también el carácter de estricto barrio-dormitorio si se analizan los desplazamientos al trabajo por género, por edad o se estudia la movilidad no obligada, es decir los desplazamientos por motivos no estrictamente laborales, como el salir de compras o realizar visitas a familiares. Desde que comenzó su vida laboral hasta aproximadamente 1980, una minoría de la gente entrevistada trabajó temporadas significativas en el estrecho ámbito de Roquetes. La gran mayoría realizaba largos desplazamientos laborales a lugares de empleo por lo general bastante alejados. El sesgo de género es sin embargo notable. La casi totalidad de los hombres de Roquetes entrevistados se desplazaban largas distancias a su trabajo usando siempre el transporte público. La proporción desciende con mucha claridad entre las mujeres.

Varios de los varones entrevistados, obreros todos ellos, caminaban diariamente cerca de media hora hasta la plaza Llucmajor —­hoy plaza de la República— para tomar el tranvía que había sido inaugurado en 1959 y enlazar así con el metro en la también reciente estación de Virrei Amat 19. La prolongación del tranvía, convertido en autobús hasta vía Júlia en 1965, acortó algo el trayecto. Sin embargo, nadie podía ahorrarse la bajada desde Roquetes y, sobre todo, la dura subida por las pendientes del barrio al regresar de la jornada laboral. Hasta bien entrados los años setenta muy pocos hombres poseían un coche que les permitiera organizar más autónomamente el desplazamiento al trabajo. Las noticias que aportan las mujeres entrevistadas sobre la movilidad de sus maridos confirman también esos largos desplazamientos y el uso tan frecuente del transporte público.

Dentro de las mujeres, se observa un nutrido grupo cuyos empleos las obligaba, como a los hombres, a desplazarse fuera del barrio:

Ilustración 1
Roquetes en el día a día y sus diferentes movilidades en los años sesenta. Calle Mina de la Ciutat. Al fondo, la calle Cantera

Fuente: colección particular de Carles Cardoner.

administrativas y dependientas, sirvientas y limpiadoras, así como obreras de fábrica 20. Junto con ellas, abundaban las mujeres que trabajaban en casa, o cerca de ella, bien porque lo hacían a domicilio, bien porque dejaron de trabajar en empleos remunerados y se dedicaron a las tareas domésticas o de cuidados de los hijos dentro del propio hogar, o bien, en algún caso, porque tenían el trabajo dentro del propio barrio de Roquetes y el desplazamiento se reducía a un corto trecho que hacían caminando 21. Esta extrema proximidad en la movilidad obligada en tantas mujeres pone en cuestión una concepción excesivamente rígida de la realidad de los llamados barrios-dormitorio. Las fotografías de un día cualquiera de los años sesenta nos indican que la movilidad no es solo la del joven varón trabajador que acude raudo al trabajo, sino también la de las mujeres que vienen de realizar las compras en el colmado o el mercado, la de los mayores jubilados que se proveen de una garrafa de vino en la bodega o la de los niños que acuden al colegio acompañados de sus padres tras quedar con amigos en la puerta de casa.

Los desplazamientos a la escuela: un mundo de proximidad

La vivencia del barrio y la cercanía entre domicilio y lugar de trabajo era ya algo muy habitual en las edades tempranas: niños y niñas acudían a escuelas públicas próximas o, más frecuentemente, a academias particulares del barrio. El padrón de 1960 muestra ya la habitual cercanía entre casa y escuela, algo que se acrecentó cuando en la década siguiente se multiplicó la oferta de plazas escolares en Roquetes y en toda la parte norte de Nou Barris. Esto se confirma con los datos recabados de las fuentes orales: una gran proporción de las personas entrevistadas estudiaron en el barrio 22. Los datos de desplazamiento a la escuela con los que contamos en el padrón del año 1960 son los de un momento en el que las plazas escolares en Roquetes eran limitadas e insuficientes para cubrir la demanda; por lo tanto, una proporción apreciable de niños y niñas se veían obligados a ir a barrios colindantes e incluso fuera del distrito para estudiar. Entre los que aparecen como escolarizados en el padrón de 1960, el 47,3 por 100 lo está en el propio barrio. El mapa 2 muestra que entre los que no pudieron ir a la escuela en Roquetes, el 29,8 por 100 lo hacía en el vecino barrio de Verdum, mientras que el 17,5 por 100 debía desplazarse a otro barrio dentro del propio distrito de Nou Barris. Por último, 38 niños y niñas, un 5,5 por 100, se desplazaban a distritos vecinos como los de Sant Andreu u Horta, pero también a Gràcia, Sant Gervasi o l’Eixample.

Mapa 2
Barrio del colegio de los niños y niñas de Roquetas en 1960

Fuente: elaboración propia con datos del Padrón Municipal de Habitantes de Barcelona, 1960.

Dentro de Roquetes, destacan escuelas como el colegio nacional Onésimo Redondo (36,4 por 100 del alumnado), situado en la calle Artesanía, 81; el grupo escolar Sant Antoni Maria Claret­ (29,7 por 100), en la calle Alcántara, 22, o la academia privada ­Avellaneda (22,3 por 100), en la calle Pla de Fornells. Cerca de dos tercios del total se repartían en escuelas públicas, mientras que el

Mapa 3
Domicilios del alumnado de los tres principales colegios de Roquetes en 1960

Fuente: elaboración propia con datos del Padrón Municipal de Habitantes de Barcelona, 1960.

resto estudiaba en academias privadas como la Avellaneda 23. Analizando los domicilios del alumnado de estos tres centros escolares, no se observa ningún patrón claro de extrema proximidad al colegio, probablemente la localización dependía de la propia oferta de plazas, escasa todavía en 1960. Los domicilios del alumnado de estos tres colegios estaban repartidos por todo el barrio. Es destacable, no obstante, que el alumnado de la academia Avellaneda procedía en mayor proporción de las casas de la parte oriental de Roquetes Baixes, en torno a la calle de las Torres, que el de los dos centros públicos, donde la presencia de la parte occidental de Roquetes Baixes, polígono de Verdum incluido, y de Roquetes Altes es más significativa.

Los desplazamientos escolares eran cortos y por lo general no muy peligrosos, dada la relativa ausencia de automóviles. Se trataba claramente de desplazamientos barriales. Esto continuó así durante la década siguiente, en la cual se produjo un reequipamiento escolar del barrio. El déficit de escuelas primarias, solventado a lo largo de la década de 1960 y los primeros setenta en toda la parte norte de Nou Barris con la aportación de las academias privadas 24, redujo todavía más las distancias de los desplazamientos. Las fuentes orales confirman que en Roquetes algo más de la mitad del alumnado acudía a ellas, en particular a la academia Avellaneda. Las escuelas públicas como Mio Cid, Luz Casanova y Agustina de Aragón en especial, o la escuela Ton i Guida, se repartían el resto 25. Otra cuestión muy diferente eran las guarderías, cuya ausencia era palmaria, lo que obligaba a dejar a los niños con abuelas, parientes próximos o vecinas.

La movilidad no obligada: las compras de productos de primera necesidad y otro tipo de compras

La imagen de un barrio no tan dependiente del exterior aflora también al estudiar los desplazamientos relacionados con la compra diaria. En 1952 había en Roquetes tan solo dos locales de venta de productos de alimentación, una lechería, una carbonería y dos tabernas. Ninguno de esos locales se ubicaba en la parte alta del barrio. En 1963, eran ya diecisiete los locales de ese tipo, más los cerca de doscientos puestos del gran mercado de Montserrat 26. Las personas entrevistadas, especialmente las mujeres, recuerdan con claridad que, durante buena parte de los años sesenta y sobre todo en los setenta, compraban en locales cercanos. Los relatos de una proximidad acrecentada de las mujeres coinciden, en el caso de los hombres, al analizar el salto experimentado por los bares y tabernas. Por su parte, la gente más acomodada acostumbraba a realizar las compras de alimentación o de otro tipo fuera del barrio. En las entrevistas es frecuente que se emplee la expresión coloquial «bajar a Barcelona», ya fuera a pasear y ver tiendas o a visitar conocidos y familiares 27. Pero también se afirma recurrentemente que «en el barrio teníamos de todo», no solo lugares de ocio como cines, sino en especial establecimientos de compra diaria de alimentación, ropa, calzado y hasta electrodomésticos y muebles, que comenzaron a proliferar en los sesenta y setenta. Destaca en particular la apertura en 1961 del mercado de Montserrat, al que la mayoría de las entrevistadas aluden como un episodio clave y que está muy presente en la gente más joven entrevistada, cuya referencia son los años setenta y primeros ochenta 28.

Redes familiares y otras redes de sociabilidad primaria

El estudio del parentesco en primer grado en el padrón explica la firme creación de barrialidad y de potentes vínculos de parentesco en primer grado, de amistad y de vecindario en la restringida esfera del barrio. Nada que ver con ese suburbio huérfano de sociabilidad real que conforma la imagen estereotipada del barrio-dormitorio. En efecto, el padrón de Roquetes en 1970 muestra la gran relevancia cuantitativa de la proximidad entre personas con parentesco en primer grado 29. Con mucha frecuencia padres y madres, hijos e hijas, hermanos y hermanas habitaban viviendas muy próximas, a veces a la vuelta de la esquina y en todo caso con altos porcentajes en el interior del barrio. De las poco más de cuatro mil viviendas habitadas en Roquetes en 1970, cerca del 40 por 100, unas 1.607 viviendas, correspondían a parientes en primer grado. Si a ello añadimos las viviendas que no tenían ningún familiar de primer grado fuera de la vivienda, pero que sí convivían con otros núcleos familiares en relación familiar directa con ellos (familias múltiples en este caso de dos o tres núcleos familiares emparentados en primer grado), la cifra se eleva a 1.812 hogares, un 44,2 por 100 del total de viviendas de Roquetes. La presencia de parientes directos viviendo en proximidad significaba la creación y el reforzamiento de lazos personales que se practicaban y recreaban a través de visitas frecuentes, ayudas en las tareas domésticas, cuidado de los menores o celebraciones familiares. Esos porcentajes se acercan a los de los barrios obreros y populares de los años de entreguerras 30. La única diferencia es que no se observan los rasgos de matrilocalidad como vehículo de las relaciones de parentesco: hombres y mujeres vehiculaban en 1970 relaciones de parentesco en primer grado en proporciones casi idénticas. Es interesante saber además que casi la mitad de las familias que cohabitaban con otra parte de su familia directa también tenían familiares directos viviendo en otras partes del barrio, reforzándose así todavía más el relato de la barrialidad. En la representación gráfica de estas redes de parentesco presentes en el barrio de Roquetes en 1970 (mapa 4), donde cada línea visualiza una relación de parentesco en primer grado entre dos domicilios, observamos cierta tendencia a la segregación espacial entre ­Roquetes Altes y Roquetes Baixes. Si bien las redes de parentesco se extienden por todo el barrio de forma más o menos homogénea, también podemos percibir como el número de familiares en primer grado que viven en domicilios más cercanos en el interior de cada una de las dos zonas de Roquetes es mucho más elevado.

Mapa 4
Relación entre las parcelas con familiares de primer grado viviendo en distintos domicilios de Roquetes, 1970

Fuente: elaboración propia con datos del Padrón Municipal de Habitantes de Barcelona, 1970.

Las entrevistas confirman que, aunque gran parte de las personas entrevistadas no tenía familiares directos en Roquetes al instalarse, sus hijos han acabado viviendo muy cerca de ellos. Casi todas las personas entrevistadas que llegaron al barrio en los años sesenta y setenta han tenido o tienen parientes en primer grado (padres, hermano/as o hijo/as) viviendo en domicilios muy cercanos dentro del ámbito del barrio (más todavía si incluimos las calles de ­Verdum más próximas). En las zonas de más larga permanencia residencial, entre las personas que primero se instalaron en el barrio, son muy frecuentes los ejemplos de parientes en primer grado viviendo muy cerca. Este factor se demuestra de nuevo como un potente reforzador de vínculos y de anclaje al barrio 31.

En algunos casos los vínculos de paisanaje tuvieron un papel decisivo en los primeros estadios de la trayectoria residencial en la ciudad para las personas inmigrantes. La instalación de alguien en el barrio activaba de inmediato la llegada de parientes directos, pero también de paisanos y paisanas que, a través de la información sobre la vivienda de los más tempranamente llegados, iban conformando redes de sociabilidad basadas en el origen común y en la cercanía dentro del callejero del barrio. En el padrón de 1960, las doce localidades andaluzas representadas en el mapa constituían un 17,4 por 100 de todos los cabezas de familia de Roquetes y eran las situadas en cabeza del colectivo inmigrante del barrio. Es interesante ver cómo se distribuyeron estas familias en el barrio y su evolución dentro de este en el mapa de sus domicilios (mapas 5-8). En tres mapas comparativos podemos ver los domicilios de las familias cuyos cabezas provenían de los tres pueblos con mayor representación: Cabra de Santo Cristo, Peal de Becerro y Villargordo, los tres en la provincia de Jaén. La comparación de su distribución en el barrio es interesante porque en los tres casos podemos observar cómo en el padrón de 1960 aparecen situados esencialmente en la zona de Roquetes Altes y cómo a partir de ahí se fueron distribuyendo por el resto del barrio hasta quedar plasmados en el padrón de 1970 sin seguir ya ningún patrón claro de concentración espacial.

Mapa 5
Principales poblaciones de origen de los cabezas de familia de Roquetes. 1960-1970

Fuente: elaboración propia con datos del Padrón Municipal de Habitantes de Barcelona, 1960-1970.

Mapa 6
Domicilios de las familias con al menos su cabeza de familia originario de Cabra del Santo Cristo, Jaén. 1960-1970

Fuente: elaboración propia con datos del Padrón Municipal de Habitantes de Barcelona, 1960-1970.

Mapa 7
Domicilios de las familias con al menos su cabeza de familia originario de Peal de Becerro, Jaén. 1960-1970

Fuente: elaboración propia con datos del Padrón Municipal de Habitantes de Barcelona, 1960-1970.

Mapa 8
Domicilios de las familias con al menos su cabeza de familia originario de Villargordo, Jaén. 1960-1970

Fuente: elaboración propia con datos del Padrón Municipal de Habitantes de Barcelona, 1960-1970.

Según el análisis de las actas matrimoniales de 1966, el barrio de Roquetes era el de más altas tasas de endogamia barrial dentro de Nou Barris 32. Los informantes mencionan que los espacios privilegiados de cortejo eran las fiestas que organizaban por su cuenta los jóvenes, principalmente los domingos por la tarde, junto con los paseos o la asistencia al cine. Una vecina aludía así en la entrevista a la naturalidad con la que se daba este proceso en el barrio:

«Las parejas se conocían a través de amigos. Salías el domingo y decías: “nos vamos al cine”. Como éramos grupos de chicos y chicas que salíamos a pasear por el barrio, pues siempre venía uno que había venido el primo o él no sé quién... Nos conocíamos así, saliendo a pasear un fin de semana» 33.

Junto con esto estaban las excursiones y las actividades que se organizaban en entornos asociativos como el Centro Social Roquetes­. El análisis detallado de las actas matrimoniales de 1966 nos permite dibujar el perfil de las relaciones vecinales y el alto grado de endogamia matrimonial del barrio. En primer lugar, vemos como de las 101 personas de Roquetes que se casaron ese año, el 51,5 por 100 lo hizo con alguien del mismo barrio, fruto de estas relaciones que se habían creado, muy probablemente, dentro del propio Roquetes.

Viendo al detalle los matrimonios entre la propia gente de Roquetes (mapa 9) podemos observar cómo los contrayentes se encontraban bastante repartidos por todo el barrio, aunque con algunos más en la zona norte. También es interesante destacar que más del 16 por 100 de estos enlaces se establecieron entre personas residentes en la misma calle y que seis de los vecinos que se desposaron en 1966 residían en la misma finca antes de casarse, un 11,5 por 100 del total de los matrimonios de Roquetes 34. La mitad de la gente entrevistada afirma haber conocido a su futura esposa o esposo en el ámbito de Roquetes, una endogamia semejante a ese 51,5 por 100 de novios o novias que en las actas matrimoniales de 1966 declaraban domicilios prematrimoniales en el interior de ­Roquetes (un 13,2 por 100 sin embargo en 1976, un 43 por 100 si se incluye el barrio de Verdum) 35.

Mapa 9
Matrimonios entre personas de Roquetes según las actas matrimoniales de 1966

Fuente: elaboración propia con datos de las actas matrimoniales del Archivo del Registro Civil de Barcelona, 1966.

Finalmente, la alusión a vecinos y vecinas muy próximos con largas y estrechísimas relaciones de amistad y prácticas de apoyo mutuo son también muy frecuentes en las entrevistas, en consonancia con la expresión empleada a menudo que señala que «el mejor amigo es un buen vecino». Prácticamente la totalidad de las personas entrevistadas habla positivamente de unas estrechas relaciones vecinales, que han justificado con frecuencia la larga permanencia en el barrio. Las relaciones de amistad estrecha, la colla de amigas y amigos, cimentaron vínculos que persistieron en el tiempo 36.

Sociabilidad secundaria de ocio: la importancia de los cines de barrio y los envelats

El paso decisivo de suburbio a barrio acaecido durante los años sesenta y primeros setenta tuvo en el asociacionismo vinculado al ocio una base de apoyo nada despreciable. Las entrevistas dejan claro que los principales soportes del asociacionismo de ocio informal, los cines, en muchos casos no propiamente localizados en Roquetes sino en sus bordes, en especial en el vecino ­Verdum, ­desempeñaron un papel clave durante la juventud y primera madurez de las personas entrevistadas 37. Muchas de ellas señalan que para el ocio en Roquetes, incluyendo en ese barrio ampliado la parte alta de Verdum, había muchos cines, por lo que «no salían mucho del barrio» 38. Otro aspecto fundamental fue el de los envelats (entoldados), que cobijaban los bailes y fiestas que, según muchos de los relatos, se repartían en abundancia por todo el barrio 39. De todas formas, el baile o la discoteca de barrio como lugares privilegiados de ocio y espacios de cortejo no aparece de forma relevante en los relatos de vida. Dada la clara minoría masculina entre las personas entrevistadas, no sorprende tampoco la casi total ausencia de los campos de fútbol como centro de sociabilidad: apenas en un par de entrevistas refieren la asistencia al campo de la Montañesa, el equipo de fútbol más representativo del agregado Roquetes-Verdum.

El nuevo asociacionismo y el papel de las parroquias

Si la vida asociativa en torno a sociedades formalmente reconocidas fue pobre durante el franquismo en Nou Barris, en Roquetes lo fue más todavía. Ninguna de la quincena de asociaciones de ocio registradas en el Gobierno Civil a la altura de 1966 o de 1976 se situaba en el barrio. Las entrevistas solo dejan intuir la vigencia de algunas asociaciones de muy larga tradición como Els Propietaris en el barrio de Verdum, junto a la vía Júlia 40. Mucha más importancia tuvo en cambio la afluencia a los locales del nuevo asociacionismo, un asociacionismo fundamentalmente reivindicativo, que cumplía a veces funciones para las que no estaba específicamente pensado y que tomó un impulso inusitado en los últimos años del franquismo, como muestra más de la mitad de la gente entrevistada. Ejemplos de centros que no se limitaron a las funciones educativas y de ocio principales para las que fueron concebidas y cedieron espacios para reuniones políticas fueron la ya mencionada escuela Ton i Guida, el Centro Social Roquetes o la escuela de adultos Paulo Freire 41. Algo similar sucedía con la peña flamenca Enrique Morente, en cuya fundación participaron algunos de los entrevistados, ya fuera como activos colaboradores o como simples asistentes a los espectáculos y reuniones 42.

De todas formas, los espacios más citados del nuevo asociacionismo de ocio, pero también reivindicativo, fueron sin duda las parroquias, a las que alude una de cada tres personas entrevistadas. El cura Manel Folch apoyó mucho a las familias animándolas a involucrarse en una vida parroquial muy activa, en torno a la cual surgieron los grupos juveniles que al cabo de dos o tres años fueron el embrión del Centro Social Roquetes, fundado en 1970. Toda una generación de jóvenes del barrio empezó a participar muy activamente en él, generando un espacio que fue fundamental en el impulso reivindicativo de Verdum-Roquetes 43. En la zona de Roquetes propiamente dicha, el único espacio cultural era la parroquia de Santa Magdalena, donde tenían lugar actividades con los vecinos y vecinas más jóvenes y que acabó siendo un centro de confluencia de militantes políticos, dado que en el piso del párroco se hacían reuniones y se imprimían panfletos 44. Allí tuvieron importancia los grupos vinculados a la estructura de Acción Católica: la JUBAC, Jóvenes de Barrio Cristianos y la JOC, Juventud Obrera Católica, que a su vez tenían relación con las parroquias de Ciutat Meridiana, Verdum y prosperitat y desde esta estructura participaban en la vida asociativa del distrito.

La Asociación de Vecinos de Roquetes y la movilización vecinal

Al hablar del paisaje urbano de Roquetes, todas las entrevistas coinciden en señalar tanto las dificultades y el déficit de infraestructuras como también el aspecto semirrural de un paisaje urbano, con casas unifamiliares en plena montaña y calles sin asfaltar. Sin embargo, en este sentido se pueden diferenciar la parte alta y la baja del barrio y la evolución de la situación a comienzos de la década de 1960 y posteriormente. Con frecuencia aparecen expresiones como: «Se ha luchado por todo, por cada una de las cosas porque no había nada» o «poco a poco se fueron consiguiendo las cosas». En la parte de Roquetes Altes, la zona de casas de autoconstrucción de los años cincuenta y sesenta, diversos testimonios evocan un barrio de calles casi impracticables cuando llovía y el hecho de que la luz viniera después de las obras de alcantarillado y del agua a finales de la década de 1960. En aquellos años el barrio no contaba con recogida de basuras y además el Ayuntamiento quiso cobrar el asfaltado de hormigón llevado a cabo una vez finalizada la operación de «Urbanizar en Domingo» durante los veranos de 1964 y 1965. En esa obra de autoconstrucción los propios vecinos, con el apoyo logístico y técnico del jesuita Santiago Thiò y sus amigos universitarios, se organizaron para construir el alcantarillado de la zona alta de Roquetes. Se creó entonces una junta de vecinos, en su mayoría hombres, para articular su negativa a pagar por aquel servicio. Ese fue el antecedente más claro de la Asociación de Vecinos.

En la parte baja del barrio y a finales de los años cincuenta, los recuerdos evocan un paisaje semirrural, con antiguas casas sobre las que se levantaron luego edificios en altura. Para algunas personas Roquetes «parecía todavía en 1973 cualquier cosa menos un barrio», aludiendo al espacio infraurbanizado que rodeaba las viviendas. El paisaje del barrio se fue densificando con fincas en altura, destruyendo las viejas casitas en el barrio. Por lo general faltaba el asfaltado de unas calles que tampoco contaban con alumbrado ni con las obras de alcantarillado terminadas. Esas circunstancias y la exigencia de que no se les cobraran a los vecinos los impuestos de contribución de mejoras y que estas corrieran por cuenta de los constructores y el Ayuntamiento 45 o se cumpliera con la instalación de suministros en el barrio fueron motivando por todo el distrito el surgimiento de las primeras organizaciones ­vecinales 46.

Finalmente, la creación de la Asociación de Vecinos de Roquetes como una estructura más estable en 1975 está íntimamente ligada a la lucha por el ambulatorio, un déficit compartido por todo el barrio. Junto con las quejas sobre el estado de la urbanización, una de las más frecuentes se vinculaba a la falta de guarderías y sobre todo a la inexistencia de equipamientos sanitarios. Cerca de la mitad de las personas entrevistadas refieren la incomodidad de acudir a médicos particulares de fuera del barrio o del distrito de Sant Andreu o al ambulatorio del barrio de la Guineueta. En 1976 fructificará la lucha por el ambulatorio iniciada con fuerza un año antes. En este primer ambulatorio, situado en la calle Cantera, empezó la consulta de pediatría y posteriormente se fue ampliando a otros servicios. El recuerdo general es el de una buena relación entre los médicos y ­vecinos, compartiendo protestas para exigir mejoras.

La sensación que prevalece entre todas las personas entrevistadas coincide en afirmar que sin protestas y sin lucha vecinal nunca se hubieran conseguido implantar y mejorar los equipamientos y servicios que se lograron entre 1970 y 1977. Entre estas movilizaciones se mencionan los secuestros de autobuses en 1974 para lograr que subieran a la parte alta del barrio o la lucha contra una contaminante planta asfáltica en 1976-1977, que culminó con la creación del Ateneu Popular 9 Barris 47. Un alto número de las personas entrevistadas participaron en los distintos episodios de lucha vecinal para conseguir subsanar los déficits referidos. Uno de los varones entrevistados menciona que su participación en el tejido asociativo comenzó a través de su padre y que luego él continuó:

«(Mi padre) tuvo implicación cuando hicieron el asfaltado de la calle. Lo que se pedía desde la asociación de vecinos es que cuando había una obra en esa calle que hubiera una comisión de vecinos de esa calle que velaran por el seguimiento de las obras para que se hicieran bien. Cuando le tocó el turno a la calle Artesanía mi padre estuvo en esa comisión. [...] A nivel de barrio mis acciones han ido encaminadas hacia el tema social, a intentar mejorar la vida de las personas en el barrio. He participado en la asociación de vecinos y desde la parroquia haciendo trabajo con chavales de las calles. Haciendo torneos de fútbol cuando las calles estaban sin asfaltar» 48.

Dentro de las personas implicadas en el movimiento vecinal habría que calibrar, no obstante, su diversa participación. Además de los militantes de partidos políticos y sindicatos implicados en el asociacionismo vecinal, cabe mencionar a los «sectores activos» sin una vinculación política estricta, y muy especialmente a la más masiva «base potencial» de residentes que participaban más o menos activamente o comulgaban con las reivindicaciones de dicho movimiento 49. Según una de las informantes entrevistadas, en la asociación había un grupo de jóvenes que tiraban mucho del carro y otro de personas más mayores que habían participado en las obras del alcantarillado de Roquetes Altes y las primeras reivindicaciones y que empujaban también junto con sectores amplios del barrio que los seguían. Entre las personas entrevistadas con mayor grado de militancia política, escasean las que mantuvieron una doble militancia político-sindical y vecinal. Muchas personas se introdujeron en la asociación porque vieron que podían arreglar cosas en el barrio, por ejemplo, a través de los padres y madres de la guardería Pla de Fornells, situada en los locales de la parroquia de Santa Magdalena 50. Algo similar sucedía con la escuela Ton i Guida, lo que dio lugar a todo un entorno de personas vinculadas a ambas escuelas y ligadas al movimiento asociativo del barrio a través de la Asociación de Vecinos. Algunas entrevistadas responden a un modelo más frecuente de pago de cuota y participación en las luchas a través de la entidad, pero sin una militancia política anterior o paralela. El último grupo sería el de personas sin participación en la Asociación de Vecinos, en parte debido a sus obligaciones laborales y familiares, pero presentes en algunas protestas. Ese perfil de personas simplemente afiliadas, que pagan las cuotas de la asociación pero que apenas participaron en el movimiento vecinal de los años setenta, es más frecuente de lo que se piensa. Tampoco hay que olvidar, finalmente, a ese más del 40 por 100 de personas entrevistadas cuya vida en el barrio ha transcurrido al margen de cualquier tipo de dinámica reivindicativa.

Conclusiones

La participación en las luchas vecinales de finales del franquismo culminó el proceso de creación de vínculos barriales de todo tipo durante los años sesenta y setenta: vínculos familiares, vecinales, de amistad y asociativos. Para quienes arraigaron en los barrios, ya fuera alquilando o en mayor medida comprando una vivienda, permanecer en ellos reforzó lazos de paisanaje, vecindad y amistad con personas que residían en el mismo espacio o pudieron ir reagrupándose allí a través de la valiosa información in situ de las familias ya asentadas. Pero el arraigo también implicó comprometerse en algunos casos en la lucha por mejorar el barrio. Las experiencias de autoconstrucción del alcantarillado en Roquetes o las posteriores luchas compartidas en muchos otros barrios de Barcelona y su área metropolitana acabaron por materializar un fuerte sentido de barrialidad. Esto fue una característica común para aquellas periferias obreras que se habían convertido ya a principios de los setenta en auténticos barrios, comunidades fuertes con redes de sociabilidad relativamente tupidas basadas en la proximidad y alejadas de la imagen del simple barrio-dormitorio con redes de relación escasas y laxas.

Los vínculos de sociabilidad primaria que se han podido rastrear en los padrones de población de 1960 y 1970 y en otras fuentes cuantitativas como las actas matrimoniales han sido confirmados, enriquecidos y ampliados por las entrevistas. Hablamos de vínculos de parentesco establecidos y reforzados, de lazos de paisanaje y espacios del cortejo basados en la proximidad y un alto grado de endogamia. Para el caso específico de Roquetes los focos de sociabilidad secundaria reforzaron esos vínculos de sociabilidad primaria, generándose numerosos puntos de encuentro, como las tiendas de alimentación y el mercado, los bares, los cines en el próximo Verdum o centros asociativos como el Centro Social Roquetes, la parroquia de Santa Magdalena, las escuelas Ton i Guida y Paula Freire o, finalmente, la Asociación de Vecinos de Roquetes­. Todos ellos actuaron como espacios para reivindicar unas mejoras que consiguieron acelerar la urbanización y el equipamiento del barrio. Creemos que esta aproximación que hemos realizado puede replicarse para el estudio de muchos de aquellos suburbios cuya existencia pretendían evitar las autoridades franquistas desde finales de la década de 1950 y que diez años después se habían convertido en auténticos barrios cuya densidad de víncu­los de todo tipo contribuyeron a dotar de sentido la vida de las generaciones allí asentadas. Entendemos que realizar un tipo de abordaje como el que hemos llevado a cabo sobre la construcción de barrialidad es relevante, así como resulta importante conocer con detalle el tejido social de la nueva sociedad barcelonesa que fue conformándose a lo largo de las décadas finales del franquismo. Esto nos ayuda a observar fenómenos determinantes para la historia social contemporánea, en particular las grandes movilizaciones vecinales forjadas sobre la base de un nuevo tejido social, sin el cual difícilmente se logra entender la naturaleza y magnitud que estas llegaron a alcanzar. El caso de Roquetes no es sino un caso más de creación de esas comunidades barriales y sus luchas por alcanzar una vida mejor.


  1. 1 Rogelio Duocastella (ed.): Los suburbios, 1957. Semana del Suburbio, Barcelona, Gráficas Levante, 1957.

  2. 2 Para profundizar sobre el fenómeno migratorio en la Barcelona del franquismo, véanse Antonio García Barbancho: Las migraciones interiores españolas. Estudio cuantitativo desde 1900, Madrid, Publicaciones del Instituto de Desarrollo Económico, 1967; Anna Cabré: Les migracions a Catalunya, 1900-2000, Barcelona, Centre d’Estudis Demogràfics, 1989, y Anna Cabré y Francesc Muñoz: «Evolució demogràfica. La població de Barcelona des de 1930 a 1996», en Jaume Sobrequés (ed.), Història de Barcelona, vol. VIII, Barcelona, Enciclopèdia Catalana, 1997, pp. 107-133.

  3. 3 Para una visión de la gestión que la dictadura hizo del fenómeno migratorio, en especial en el caso catalán, véanse Martí Marín: «Migrantes, fronteras y fascismos. El control de los desplazamientos por parte del régimen franquista, 1939-1965», Spagna contemporánea, 47 (2015), pp. 79-94, y Miguel Díaz: «¿Un país sin migrantes? Poder y migraciones interiores en la posguerra española», Historia Social, 107 (2023) pp. 45-64.

  4. 4 Una caracterización de la figura de Porcioles en Martí Marín: Josep Maria de Porcioles. Catalanisme, clientelisme i franquisme, Barcelona, Base, 2005.

  5. 5 Amador Ferrer: Els polígons de Barcelona, Barcelona, Edicions Universitat Politècnica de Catalunya, 1996.

  6. 6 Así fue contemplado por periodistas de la época, entre los que destacamos la obra de Josep María Huertas Clavería, fiel testimonio de este proceso de desarrollo urbanístico. Testigo de excepción de la evolución y las problemáticas de los diversos barrios de Barcelona, destaca su participación en la obra colectiva La Barcelona­ de Porcioles, Barcelona, Laia, 1973, así como la serie de reportajes publicada en ocho volúmenes, Jaume Fabre y Josep Maria Huertas: Tots els barris de Barcelona, ­Barcelona, Edicions 62, 1976.

  7. 7 José Luis Oyón et al.: La revolució de l’habitatge a les perifèries obreres i populars. Nou Barris, 1939-1980, Barcelona, Museu d’Història de Barcelona, 2022.

  8. 8 La población de Roquetes pasó de los 1.105 habitantes en 1950 a tener 6.706 en 1960 y, con la explosión demográfica de los años sesenta, a alcanzar los 17.962 que nos muestra el padrón de 1970.

  9. 9 José Luis Oyón et al.: «La suburbanización de la clase obrera. Vivienda, inmigración y movimientos sociales en el área metropolitana de Barcelona (1918-1975)», en Santiago Castillo y Jorge Uría (coords.): Sociedades y culturas, Oviedo, Trama, 2021, pp. 63-90, esp. p. 85.

  10. 10 De la ya extensa literatura sobre los movimientos sociales urbanos en las grandes ciudades españolas solo citaremos los textos que han sido más útiles para el contexto de un artículo cuyo cuerpo principal no trata de dichos movimientos. Para el caso de Barcelona y su área metropolitana: Carme Molinero y Pere Ysàs (coords.): Construint la ciutat democrática. El moviment veïnal durant el tardofranquisme i la transició, Barcelona, Icaria-Servei de Publicacions Universitat Autònoma de Barcelona, 2010, y Marc Andreu: Barris, veïns i democracia. El moviment ciutadà i la reconstrucció de Barcelona (1968-1986), Barcelona, L’Avenç, 2015; sin olvidar el texto iniciador teórico del tema, Jordi Borja: Movimientos sociales urbanos, Barcelona, Ediciones SIAO, 1975. Para una visión sobre los movimientos vecinales incluyendo los casos de Barcelona, Madrid y Bilbao, véase Iván Bordetas­: Nosotros somos los que hemos hecho esta ciudad. Autoorganización y movilización vecinal durante el tardofranquismo y el proceso de cambio político, tesis doctoral, Universitat Autònoma de Barcelona, 2012. Para el caso de Madrid, los ya clásicos de ­Manuel Castells: Ciudad, democracia y socialismo. La experiencia de las asociaciones de vecinos de Madrid, Madrid, Siglo XXI, 1977; íd.: La ciudad y las masas. Sociología de los movimientos sociales urbanos, Madrid, Alianza Editorial, 1986; Tomás Rodríguez­: Los vecinos en la calle, Madrid, Ediciones de la Torre, 1976, y Pamela Radcliff: Making Democratic Citizens in Spain. Civil Society and the Popular Ori­gins of the Transition, 1960-1978, London, Palgrave-Macmillan, 2011. Para una visión de conjunto y referencias particulares a otras ciudades, Rafael QuirosaCheyroze y ­Mónica Fernández: «El movimiento vecinal. La lucha por la democracia desde los barrios», en Rafael Quirosa-Cheyroze (ed.): La sociedad española en la Transición. Los movimientos sociales en el proceso democratizador, Madrid, Biblioteca Nueva, 2011, pp. 207-220.

  11. 11 Ese paso del suburbio al barrio es el señalado para barrios periféricos de algunas ciudades del cinturón metropolitano durante el segundo franquismo como esencial para el desarrollo del movimiento vecinal. Ese sería, por ejemplo, el caso de Sabadell. Véanse Xavier Domènech Sampere: Quan el carrer va deixar de ser seu. Moviment obrer, societat civil i canvi polític. Sabadell (1966-1976), Barcelona, Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 2002, pp. 135-137, y Angelina Puig y Teresa María Ortega: Andalucía y Catalunya. Dictadura y emigración, Barcelona, Bellaterra, 2020. Sobre Barcelona, aunque sin entrar en las cuestiones sociológicas abordadas en este artículo, Xavier Domènech: «El moviment veïnal i la construcción de la ciutat democrática», Barcelona Quaderns d’Història, 27 (2021), pp. 127-140, e Iván Bordetas: «Sociabilitats i noves formes polítiques arran del fenomen migratori. El moviment veïnal durant el franquisme i la transició», en Imma Boj Labrós y Jordi Font Agulló (dirs.): Memòries del treball i de la immigració a Catalunya, 1939-2023. A propòsit d’Els altres catalans, de Paco Candel, Barcelona, Generalitat de Catalunya-Memorial Democràtic, 2024, pp. 67-94.

  12. 12 Se ha realizado el vaciado de la totalidad de las fichas censales del Padrón Municipal de Habitantes de Barcelona del barrio de Roquetes para los años 1940 y 1950 disponibles en el Archivo Intermedio y para los años 1960 y 1970 disponibles en la Sede Central del Archivo Municipal Contemporáneo de Barcelona.

  13. 13 Para el caso de Italia existen trabajos que han empleado esta metodología para el estudio de las migraciones meridionales a la ciudad de Turín durante la década de 1960, en particular los trabajos de Anna Badino: Strade in salita. Figli e figlie dell’immigrazione meridionale al Nord, Roma, Carocci Editore, 2012.

  14. 14 Para estudios de referencia sobre esta temática, véanse Maurizio Gribaudi: Mondo operaio e mito operaio. Spazi e percorsi sociale a Torino nel primo Novecento, Torino, Einaudi, 1987; íd.: Paris ville ouvrière. Une histoire occultée, 1789-1848, Paris, La Découverte, 2014; Anne E. Green y Richard J. White: Attachment to Place. Social Networks, Mobility and Prospects of Young People, New York, Joseph Rowntree Foundation-Warwick University, 2007; Michael Young y Peter Willmott: Family and Kinship in East London, Middlesex, Harmondsworth, 1957, y Yi-fu Tuan: Space and Place. The Perspective of Experience, Minneapolis, University of Minnesota Press, 1977. Un buen estado de la cuestión para el caso británico en Graham Crow y Graham Allan: Communitiy Life. An Introduction to Local Social Relations, London-New York, Routledge, 1994. Para el caso de Barcelona, José Luis Oyón et. al.: Un suburbio obrero en la Barcelona de entreguerras. La formación de la Colonia Castells de les Corts, 1923-1936, Barcelona, Ajuntament de Barcelona, 2003, e íd.: La quiebra de la ciudad popular. Espacio urbano, inmigración y anarquismo en la Barcelona de entreguerras, 1914-1936, Barcelona, Serbal, 2008, cap. 6. Para el caso de Madrid, véase Charlotte Vorms: La forja del Extrarradio. La construcción del Madrid popular (1860-1936), Granada, Comares, 2022.

  15. 15 Carme Miralles y José Luis Oyón: «De casa a la fábrica. Movilidad obrera y transporte en la Barcelona de entreguerras, 1914-1939», en José Luis Oyón (ed.): Vida obrera en la Barcelona de entreguerras, 1918-1936, Barcelona, CCCB, 1998, pp. 159-203, e íd: La quiebra de la ciudad popular..., cap. 5.

  16. 16 José Luis Oyón et al.: La revolució de l’habitatge..., pp. 149-150.

  17. 17 Josep María Huertas Clavería: Nou Barris, la penúltima Barcelona, Barcelona, Ajuntament de Barcelona, 1991.

  18. 18 Este método se impuso frente a otras opciones posibles, como tratar de localizar informantes través de los datos del padrón, o bien buscarlos aleatoriamente en el barrio.

  19. 19 El caso de A. E. (Castrillo de la Vega, Burgos, 1947) ejemplifica bien el comportamiento masculino. Los distintos trabajos que desempeñó desde que llegó a la ciudad en 1962 se localizaban en áreas muy alejadas, obligándole a utilizar siempre medios de transporte mecanizados. Entrevista a A. E. realizada en el local de la Asociación de Vecinos de Roquetes el 1 de julio de 2022.

  20. 20 Para mujeres como A. A. (Canales, León, 1955), el tranvía 51 fue su medio de transporte habitual durante muchos años. Después pasó a ser el autobús 51. Como para casi toda la gente entrevistada, su referencia como nudo de comunicaciones era la plaza Llucmajor. Entrevista a A. A. realizada en su domicilio el 3 de junio de 2021.

  21. 21 Es el caso de M. C. C. G. (Guadix, Granada, 1952), quien trabajó en un puesto del mercado de Montserrat, dentro del barrio. Entrevista a M. C. C. G. realizada en su domicilio el 22 de marzo de 2022. Por su parte A. I. (Valencia, 1955) se dedicó profesionalmente a la confección y montó un taller de costura en el barrio. Entrevista a A. I. realizada en el local de la Asociación de Vecinos de Roquetes el 1 de julio de 2022.

  22. 22 Como relataría Luis Cabrera en sus memorias, el recorrido a la escuela permitía recrearse en la compañía de amigos y apropiarse de lugares que acabaron pronto por convertirse en familiares. Luis Cabrera: La vida no regalada, Barcelona, Roca Editorial, 2021, p. 55.

  23. 23 J. A. R. P. (Barcelona, 1965), niño o adolescente todavía a finales de los setenta, nos comentó que en Roquetes había dos colegios públicos, San Antoni Maria Claret y el Onésimo Redondo y no había guarderías públicas. En su clase eran 42 niños y le daba la sensación de que era más bien una guardería para niños mayores de EGB. Este es un motivo por el cual varias de las personas entrevistadas preferían que sus hijos e hijas fueran a academias privadas, como el liceo España, el liceo Azorín o la academia Avellaneda. Entrevista a J. A. R. P. realizada en el centro Vecinal Toni i Guida el 10 de junio de 2022.

  24. 24 José Luis Oyón et al.: La revolució de l’habitatge..., pp. 173-178.

  25. 25 Sobre el estado de las escuelas en el barrio en los años setenta, I. R. (Anglesola, Lérida, 1952) evocó la existencia de muchas academias y se refirió a sus modelos pedagógicos como obsoletos, con mucho énfasis en el aprendizaje memorístico. Ella fue maestra en la escuela Ton i Guida, que era privada, pero subvencionada por personas pudientes de Barcelona y en la cual las familias pagaban en función de sus posibilidades. Posteriormente se hizo escuela pública, la actual escuela Antaviana. Entrevista a I. R. realizada en su domicilio el 14 de marzo de 2022. Véase Roser Solà: L’Escola Ton i Guida. Quan la pedagogia activa va anar al suburbi, Barcelona 1962-1994, Barcelona, Edicions 62, 2003.

  26. 26 Ibid., p. 162.

  27. 27 A. R. (Barcelona, 1954), nacido en el barrio de Verdum, recordó ir los domingos con su tía a tomar un refresco a la Plaza Real y la sensación de que aquello le parecía como bajar a otro mundo. Entrevista a A. R. realizada en su domicilio el 3 de junio de 2021.

  28. 28 José Luis Oyón et al.: La revolución de l’habitatge..., pp. 157-164. En este sentido A. I. comenta que para hacer las compras de alimentación iban al mercado de Montserrat y para vestido y calzado iban a vía Júlia, donde había más comercio, aunque con el tiempo montaron más tiendas en Roquetes. Para ir a ver otras tiendas también decían que «bajaban a Barcelona». Entrevista a A. I. ...

  29. 29 Joan Roger Goncé: «El barrio que (nos) construimos». Creixement i desenvolupament urbà del barri de Roquetes de Barcelona, a través del Padró Municipal d’Habitants (1940-1978), tesis doctoral, Universitat Politècnica de Catalunya, 2025.

  30. 30 José Luis Oyón: La quiebra de la ciudad popular..., cap. 6.

  31. 31 En el caso de J. G. A., que regentó un bar, Casa Tío Pepe, en la calle Jaume Pinent, a sus hijos los cuidaba en casa su madre, hasta que llegaron a la edad de ir a párvulos. Después fueron a la escuela Ton i Guida y a veces los llevaba ella y otras unos vecinos. Sus hermanos vivían en el barrio, uno en la calle Casals i ­Cuberó (Verdum) y otro en la calle Romaní (Roquetes). Entrevista a J. G. A. realizada en el bar Tío Pepe de Roquetes el 16 de marzo de 2022.

  32. 32 José Luis Oyón et al.: La revolució de l’habitatge..., pp. 151-152.

  33. 33 Entrevista a A. I. ...

  34. 34 A ese respecto las entrevistas también ofrecen información destacada, como en el caso de A. R. y su pareja, A. A., por ejemplo, quienes se conocieron en 1970 en el Centro Social Roquetes y se hicieron novios con dieciséis años. Las viviendas de ambos estaban situadas muy próximas. Entrevistas a A. R. y A. A. ...

  35. 35 José Luis Oyón et al.: La revolució de l’habitatge..., pp. 154-155.

  36. 36 Según A. I., la red de apoyo más importante que tuvo, además de su familia, fue la del vecindario. Con los más cercanos, esas relaciones fueron especialmente satisfactorias. Al mudarse a la calle Garigliano, otros vecinos se fueron mudando también a esa zona baja de Roquetes. La frecuencia de los contactos era cotidiana porque las casas eran muy pequeñas. Entrevista a A. I. ...

  37. 37 F. C. (Cartagena, Murcia, 1946), por ejemplo, iba a los cines de barrio de la calle Viladrosa, el Cristal y el Roquetas, y a veces a algún otro entre la variada oferta de toda la parte norte de Nou Barris. Al cine Rosal, en la parte baja de Verdum, la llevaba su padre de niña. A partir de los dieciséis años frecuentó con sus amigas esos cines y otros, como el Canadá y el Barco (que reunía cine y variedades), próximos ya al paseo Valldaura. Entrevista a F. C. realizada en el bar Tío Pepe de Roquetes el 16 de marzo de 2022.

  38. 38 Para una panorámica de la amplitud y diversidad de cines existentes en Nou Barris en el periodo investigado, véase la obra de Roberto Lahuerta: Los cines en Nou Barris, Barcelona, Arxiu Històric de Roquetes, 2012, pp. 164-168.

  39. 39 Cuando M. C. C. G. vivía con su abuela, le gustaba mucho bailar e iba con sus amigas a un baile en Roquetes que se llamaba La Rosa, en la calle Almansa, donde se juntaban los jóvenes del barrio. Entrevista a M. C. C. G. ...

  40. 40 El padre y el hermano de algunas de las entrevistadas de más larga trayectoria residencial en el barrio estuvieron en la asociación Els Propietaris (Els Propis), donde tenían un abogado, un aparejador, etc., para resolver asuntos de vivienda y donde el padre llegó a ser secretario. Entrevista a A. S. B. (Barcelona, 1947) realizada en el centro vecinal Toni i Guida el 14 de junio de 2022.

  41. 41 Creada en 1972 y fruto del marcado interés por la educación y las propuestas de renovación pedagógica en el barrio. Véase Enrique Tudela: «Educar des de les perifèries: l’Escola d’Adults Freire (Nou Barris, Barcelona, 1972-1986)», Educació i Història. Revista d’història de l’educació, 36 (2020), pp. 25-42.

  42. 42 Es el caso de personas como Á. R. o P. G. R., ambas de origen andaluz. El papel dinamizador de esta peña queda de manifiesto en las memorias de otro de sus fundadores, Lluis Cabrera: La vida...

  43. 43 Es el caso de A. A. y su familia, recién emigrados desde León. El cura de la iglesia de San Sebastián ayudó a encontrar escuela a sus numerosos hermanos. Por un lado, su madre se implicó en dicha comunidad cristiana y, por otro, su hermano menor y ella, que eran los mayores entre una numerosa prole, se implicaron en el Centro Social Roquetes. Entrevista a A. A. ...

  44. 44 J. M. P. (Barcelona, 1954) frecuentaba la escuela Ton i Guida y la parroquia bastante. Según su relato: «en el barrio o ibas con los movimientos más políticos, anarquistas, o ibas con el movimiento de la parroquia, que también era reivindicativo». Entrevista a J. M. P. realizada en el domicilio de su vecino A. I. O. el 16 de marzo de 2022.

  45. 45 Manel Guàrdia et al.: «Densificación, contribución de mejoras y boom de la propiedad en Nou Barris (Barcelona), 1950s-1970s. Una aproximación relacional a las periferias obreras durante el franquismo», Cuadernos de Investigación Urbanística, 142 (2022), pp. 13-28.

  46. 46 Por su parte A. I. evocó que un grupo de vecinas «se presentaron un día en la sede de la compañía eléctrica FECSA y les dijeron que o salían con un compromiso de instalación de luz o no se marchaban, porque tampoco llegaba la luz eléctrica». Entrevista a A. I. ...

  47. 47 Episodios como los secuestros de autobuses se dieron también en otros barrios del distrito, tal y como refleja la película El 47, dirigida por Marcel Barrena y estrenada en septiembre de 2024. Para una historia del Ateneu Popular 9 Barris, véase Enrique Tudela: 40 anys fent L’Ateneu Popular 9 Barris. Un altre relat de la cultura a Barcelona, Barcelona, Ateneu Popular 9 Barris-MUHBA, 2017.

  48. 48 Entrevista a J. A. R. P. ...

  49. 49 Para esa distinción en el grado de implicación, véanse María Carmen García Nieto: «Marginalidad, movimientos sociales, oposición al franquismo. Palomeras, un barrio obrero de Madrid, 1950-1980», en Javier Tusell, Alicia Alted y Abdón Mateos (coords.): La oposición al régimen de Franco, vol. II, Madrid, Universidad Nacional de Educación a Distancia, 1991, pp. 89-107, y Francisco Arriero Ranz: «El Movimiento Democrático de Mujeres: del antifranquismo a la movilización vecinal y feminista», Historia, Trabajo y Sociedad, 2 (2011), pp. 33-62.

  50. 50 Es el caso de personas como F. F. I. (Barcelona, 1949) y F. G. R, antiguos militantes de organizaciones antifranquistas que se implicaron en el movimiento vecinal sin estar militando ya en ningún partido. No tenían cargos en la asociación, entre otras cosas porque no tenían mucho tiempo, trabajaban hasta los sábados al mediodía. Entrevista a F. F. I. y a F. G. R. realizada en su domicilio el 9 de marzo de 2022.