Ayer 119/2020 (3): 287-315
Sección: Estudios
Marcial Pons Ediciones de Historia
Asociación de Historia Contemporánea
Madrid, 2020
ISSN: 1134-2277
DOI: 10.55509/ayer/119-2020-11
© Gonzalo Pérez Álvarez
Recibido: 22-11-2017 | Aceptado: 09-04-2018
Editado bajo licencia CC Attribution-NoDerivatives 4.0 License

Trabajadores en tres procesos de industrialización acelerada: Manaus (Brasil), Trelew (Argentina) y Vitoria-Gasteiz (España)

Gonzalo Pérez Álvarez

CONICET-UNP-INSHIS
gperezalvarez@gmail.com

Resumen: Exploro las características de los colectivos laborales que se construyeron durante las décadas de los sesenta y setenta en torno a tres procesos de industrialización acelerada: dos de ellos son polos de desarrollo (en Brasil y Argentina) y el otro (en España) presenta similitudes y contrastes. En los tres casos se conformaron nuevos colectivos obreros, con muchos integrantes que vivían su primera experiencia de trabajo fabril. Investigo cómo se constituyeron esos grupos de trabajadores, qué formas de acción colectiva desarrollaron, cuál fue su composición de género y la influencia que tuvo ese formato de industrialización en su configuración. El estudio se basa en análisis bibliográfico, utilización de fuentes periodísticas y entrevistas a ­trabajadores.

Palabras claves: trabajadores, industrialización, Patagonia, Amazonia, Vitoria-Gasteiz.

Abstract: This article explores the characteristics of the labor collectives built during the 60s and 70s around three processes of accelerated industrialisation. Two of these represent poles of development –Brazil and Argentina; the third, Spain, shares some similarities in its dynamics but also demonstrates relevant contrasts. In all three cases, new workers groups consisted of many members who were experiencing factory work for the first time. The article investigates how these groups of workers were constituted, their forms and implementations of collective action, their gender composition, and the influence that industrialization had on their configuration. The study is based on bibliographical survey, the use of journalistic sources and interviews with workers.

Keywords: workers, industrialisation, Patagonia, Amazonia, Vitoria-Gasteiz.

Introducción

Este trabajo pretende conocer las características de los colectivos obreros que se conformaron durante las décadas de los sesenta y setenta en torno a tres procesos de industrialización acelerada en ciudades de Argentina, Brasil y España 1. La estructura socioeconómica de esos territorios recientemente industrializados se transformó con rapidez, modificándose también la vida de los trabajadores que allí habitaban o que habían inmigrado ante la oferta de puestos laborales 2. Los casos tienen algunos rasgos similares, pero también evidentes diferencias que las hacen de interés comparativo. Son Manaus, en el estado de Amazonas 3, de Brasil; el noreste de Chubut, la zona más cercana a Buenos Aires de la Patagonia Sur 4; y Vitoria, capital de la provincia vasca de Álava 5. De ellos Amazonas y Patagonia son parte del esquema de diseño de «polos de desarrollo», impulsados desde el Estado central y los gobiernos nacionales de cada país. En Vitoria fue el gobierno local quien promovió la industrialización de la ciudad: por ello me refiero a procesos de «indus­trialización acelerada», ya que esa fue una característica distintiva de los tres casos.

Se conformaron nuevos núcleos obreros, con diversos afluentes migratorios, gran componente rural y otras características comunes, condicionadas por la industrialización y lo acelerada de la transformación vivida. Busco comprender cómo se construyeron esos colectivos laborales, y a través de qué procesos se expresaron en acciones comunes, analizando sus particularidades, sus formas de lucha y organización, su composición de género, etc.

Sigo la tradición de historiografía obrera que tiene como uno de sus exponentes más destacados a E. P. Thompson, y su análisis sobre el proceso de formación de la clase obrera en Inglaterra 6. Una lectura esquemática de dicho texto (o quizás el leer solo su conocido prefacio) puede hacernos creer que el itinerario que lleva a un conjunto de individuos que viven bajo condiciones semejantes y que en principio solo comparten el trabajo en común 7, a conformarse en tanto sujeto colectivo, debe darse inevitablemente. Thompson nos muestra, a lo largo de su extensa obra, cómo fue posible que ese proceso tuviese lugar en un territorio específico, en una dinámica que claramente se presenta como contingente. Presento aquí tres casos de industrialización acelerada, en los que se construyeron nuevos «colectivos obreros» (o «laborales»). La pregunta sobre si el proceso de experiencias y luchas comunes llevó a esos jóvenes y heterogéneos colectivos a constituirse en clases será retomada al finalizar el artículo, no para brindar una respuesta taxativa, algo que la extensión de un artículo hace casi imposible, sino para sumar elementos que ayuden a resolver dicho problema de investigación.

El estudio se realizó a partir del relevamiento bibliográfico, trabajo sobre fuentes periodísticas, censos y entrevistas a trabajadores. En este artículo enfoco mi atención en los aportes que brindan las entrevistas a obreros de estos polos industriales, trabajando con fuentes orales propias y construidas por terceros. Para Manaus utilicé entrevistas del investigador João Salazar, transcritas en su anexo de tesis doctoral 8. En Vitoria recurrí al fondo documental de la José Unanue Fundazioa, con entrevistas realizadas durante el año 1999 por José Antonio Pérez 9. Y para Patagonia trabajé con entrevistas propias.

Esos sitios donde «nunca pasa nada»

«Esto es Vitoria, aquí nunca pasa nada». Según recupera en sus memorias uno de los espías del régimen franquista destinado a la ciudad, esa fue la frase con la cual lo pretendió «tranquilizar» José Antonio Zarzalejos, la noche del 2 de marzo de 1976 10. Zarzalejos era asesor del ministro de Gobernación, Fraga Iribarne, y fue enviado a Vitoria para controlar el incremento de la conflictividad. El espía repasaba algunas noticias sobre la huelga del día siguiente, especificando el grado de contundencia que la misma tendría. Pero Zarzalejos confiaba en que la historia, la «verdadera» historia, discurría por lugares más «centrales», y nunca pasaba por sitios «marginales» como Vitoria. Ese 3 de marzo de 1976 las fuerzas represivas de un franquismo que pretendía seguir en el poder provocaron una masacre entre los trabajadores de Vitoria. La ciudad donde nunca pasa nada, título del libro de Carnicero 11 que narra estos hechos, fue sede de ese trágico suceso, con cinco obreros muertos y un número de heridos que superó la centena.

La movilización obrera crecía desde varios meses atrás en Vitoria, a través de reivindicaciones de carácter económico y político, en el marco de un régimen que hacía imposible la disociación de ambos ejes de actividad. Ese movimiento no se ceñía a Vitoria o Álava: atravesaba el territorio de España. Justamente las élites locales vitorianas creían que ellas estaban seguras, confiadas en que habían desterrado al conflicto de su territorio.

La historiografía reciente sobre el movimiento obrero español, destaca el aumento de la conflictividad en los últimos años del franquismo. Se constituyó un «nuevo movimiento obrero» 12, en el contexto de un ciclo de crecimiento económico que había modernizado algunos rasgos del régimen franquista. Aun así casi todas las protestas obreras tomaban un carácter perturbador: era el propio régimen quién convertía cualquier conflicto laboral en político 13.

La imagen idílica de Vitoria, y en general de Álava, era funcional a las elites dirigentes, y provenía de una larga tradición de conservadurismo. Incluso la Guerra Civil pasó sin provocar las rupturas que generó en el resto de España. Si bien se produjeron enfrentamientos 14, no tuvieron la magnitud de otras regiones 15.

Cuando en la ciudad de Trelew, epicentro del polo de desarrollo del noreste de Chubut, se produjo una sucesión de asambleas, marchas y huelgas en 1972, el periodista Tomás Eloy Martínez comenzaba su crónica manifestando su desconcierto porque eso ocurriese en «una de esas ciudades en las que nunca pasaba nada: solo el viento. Los únicos temas de conversación de los vecinos eran las escaleras reales en las mesas de póquer, las películas de la televisión y los nacimientos de elefantes marinos en la península Valdés» 16. La misma imagen de región sin historia se ha construido para la Amazonia. Una región invadida y ocupada por la naturaleza, un «desierto verde», donde no hay lugar para la acción humana autónoma, para la transformación y el cambio 17.

Los planificadores de los polos de desarrollo imaginaron la posibilidad de construir nuevas ciudades industriales en regiones sin tradiciones de luchas obreras o conflictos fabriles. Para Brasil y Argentina, la Amazonia y Patagonia se presentaron como territorios propicios. En Patagonia solo se guardaba, escasamente, el recuerdo de las huelgas rurales de Santa Cruz, masacradas en los años veinte 18. Para Amazonia la situación, en términos de imaginarios, era aún más evidente. Toda su historia se reducía, según la visión tradicional, al lento discurrir de la naturaleza, y al aprovechamiento de ciclos de demanda de algún producto (como el caucho, desde fines del siglo xix hasta 1920). En ambos casos se sumaba el elemento de la población indígena que habitaba dichos territorios: los planificadores desarrollistas la consideraban una población sin historia, sin capacidad de producirla y, aún menos, de transformarla.

La industrialización acelerada: entre polos de desarrollo y el caso de Vitoria

Trazaré algunas líneas de comparación entre la instalación de polos de desarrollo subsidiados por el Estado central en la Amazonia brasileña y la Patagonia argentina, y el caso, diferente, de Vitoria. En esta ciudad fue el propio ayuntamiento el que impulsó la industrialización, relacionado con la lógica de los polos desarrollistas, pero con una formulación planteada desde lo local y no impuesta por el gobierno central.

La política de «polos de desarrollo» proponía la creación de industrias subsidiadas por el Estado, instaladas en regiones poco integradas al mercado nacional. El esfuerzo debía concentrarse en implantar polos industriales en regiones periféricas de cada territorio estatal; estos, supuestamente, asegurarían la conformación de un mercado nacional integrado 19. Vitoria obtuvo el reconocimiento del «concierto económico» (la administración propia de los impuestos recaudados), por parte del franquismo. Fue un «premio» al alineamiento de las élites locales con los golpistas, mientras para las «rebeldes» Guipúzcoa y Vizcaya ese derecho fue suprimido 20. Fue un rasgo central para comprender la posibilidad que tuvo la élite vitoriana de promover un desarrollo industrial desde el ayuntamiento: le permitió una autonomía que no tuvieron otras regiones de España, y que aún menos presentaban espacios marginalizados en sus propias configuraciones estatales, como Patagonia o Amazonia. La necesidad de recuperar el proceso para hacer inteligible la historia de Vitoria es lo que la idea de una «ciudad donde no pasa nada» había ocultado 21. La industrialización no fue una realidad surgida de la nada: el proyecto se afincaba en tradiciones locales, enmarcado en un contexto nacional desarrollista y un ciclo de auge a nivel internacional 22.

El impulso a la instalación de industrias se inició a mediados de los cincuenta: «La Ley del Suelo, del 12 de mayo de 1956, permitió agilizar la actuación del Ayuntamiento para la creación de polígonos» 23. Pasados cuatro años se notaba la modificación de la estructura económica: «En 1960 el sector secundario es ya mayoritario en la provincia» 24. Se construyó una «nueva Vitoria»: la ciudad fue refundada por el proyecto industrializador, generando una transformación sin precedentes en toda su historia 25.

Se trata de un caso atípico, que contrasta con la formulación y el balance de los polos de desarrollo. Existe una clara contraposición entre el modelo «vitoriano» y el formato clásico de imposición de los polos, en el cual el Estado central implantaba industrias subsidiadas, sin casi articulación con la región intervenida. Aquí registramos unas élites locales que promovieron un modelo vertebrado con su historia y las regiones cercanas. Una porción significativa del polo alavés se construyó mediante el traslado de empresas de las otras provincias vascas 26, generando procesos de articulación interregional que los polos impuestos desde el Estado central nunca consiguieron, ni en España 27, ni en los otros países analizados 28.

En Patagonia, el inicio del programa desarrollista se produjo en 1956, con un decreto que eximía de impuestos las importaciones al sur del paralelo 42º S; el impacto de esta política se concentró en el noreste de Chubut 29. En los sesenta las franquicias de importación fueron reemplazadas por la exención de impuestos a las industrias. A través de sucesivas leyes se dio impulso a la fabricación de fibras textiles sintéticas 30, producto en competencia directa con el recurso ganadero que sostenía la economía regional: la lana ovina. Durante el periodo 1956-1960 se implantaron en Chubut treinta y cuatro plantas textiles, cantidad que solo se compara con las más de cincuenta que se instalarían entre 1970 y 1974. En 1971 se creó el Parque Industrial en Trelew; hacia 1973 la rama textil de Chubut ocupaba el segundo puesto a nivel nacional en varios rubros 31. También en 1971 se adjudicó a ALUAR (Aluminio Argentino, S. A.) el proyecto de una empresa productora de aluminio primario, que se instalaría en Puerto Madryn; en ambos casos más del 80 por 100 de la inversión para implantar esas industrias fue aportada por el Estado, aunque las mismas eran de capitales privados 32.

Varios trabajos explican el desarrollo de la Zona Franca de Manaus (ZFM), por el Estado Federal de Brasil. Araujo Filho 33 muestra que la ZFM tuvo su origen en una ley de 1957, reglamentada por un decreto de 1960. Ese proyecto no consiguió el impacto esperado y generó tan solo un puerto libre de impuestos; por eso la ZFM fue reestructurada en 1967, impulsando la implantación de industrias a través de exenciones impositivas. Se otorgaba la exención de impuestos de importación (federales), circulación de productos y servicios (estaduales) y servicios de cualquier naturaleza (municipales). Los tres niveles de gobierno subsidiaban a las empresas instaladas a su amparo. Así, «instala-se em Manaus um parque industrial moderno, de montagem de aparelhos eletrônicos, sem qualquer absorção de matérias primas locais, regionais e nem mesmo nacionais» 34. En 1970 se conformó el distrito industrial de Manaos, a seis kilómetros de la ciudad. Las tierras fueron vendidas a precios irrisorios a las empresas 35, siendo la mayoría compañías multinacionales que hicieron uso del bajo precio de la fuerza de trabajo regional, los subsidios estatales y un vasto y protegido mercado interno.

En las tres ciudades se produjo un explosivo crecimiento demográfico. El incremento estuvo directamente relacionado con la oferta laboral que generó la instalación de fábricas, transformando las regiones involucradas e incentivando la migración, en especial por motivos económicos. La mayoría provenía del interior de la misma jurisdicción estatal o de regiones cercanas. Eso no excluía la llegada de migrantes de territorios más alejados (como Andalucía para Vitoria), población del nordeste brasilero hacia Amazonia o la relevante migración chilena en Chubut. El componente fundamental de estos migrantes era de origen rural, sin experiencias ni tradiciones de trabajo fabril o vida urbana.

Trabajadores y trabajadoras en Patagonia

Desde la implantación del polo desarrollista en Patagonia se conformó un nuevo colectivo laboral, producto del arribo de migrantes, provenientes de otras provincias argentinas, de zonas rurales cercanas al polo y de países limítrofes (en su mayoría de Chile) 36. Esos trabajadores encontraron un contexto de pleno empleo y la posibilidad de mejorar sus condiciones de vida, aunque fuese a base de largas jornadas de trabajo, que durante el invierno hacían que los obreros casi no pudiesen ver el sol 37.

En la región se vivió un cambio acelerado, que modificó la vida social en todos sus aspectos: entre ellos se transformaron las relaciones de género, dado que la producción textil incorporó gran cantidad de trabajadoras, modificando el rol hasta entonces asignado a la mujer en Chubut. El impacto se hizo más evidente en Trelew, que recibió la mayor parte de las fábricas. El desarrollo industrializador generó la necesidad de atraer trabajadores a la región; ese nuevo colectivo obrero no estableció fuertes lazos con las experiencias de los núcleos que previamente actuaban en ese territorio. Esto no implica que hasta allí no hubiese conflictos u organización obrera 38, pero sí que esos «nuevos» trabajadores no parecen haber construido vínculos significativos con esa historia precedente.

La fábrica con mayor cantidad de trabajadores en la Patagonia, ALUAR, seleccionó la mayoría de su personal entre pobladores rurales de provincias alejadas, a quienes aseguraba vivienda, mudanza hasta Puerto Madryn y un trabajo bien remunerado. De esta forma buscaban asegurar la «fidelidad» de esos obreros, que en general no traían experiencias significativas sobre organización gremial o política. Así lo cuenta uno de los entrevistados, Fernando 39: «ALUAR se caracterizó siempre por traer gente de campo. En el setenta y pico, cuando empieza, no va a buscar en Buenos Aires obreros capacitados ni nada, sino que va a buscar gente a las provincias: La Pampa, Mendoza, gente que no tenía historia sindical».

Otro entrevistado, Héctor 40, expresa: «El operario común era casi toda gente de campo, la mayoría sin ninguna experiencia fabril. No así los que tenían su especialidad como electricista, mecánicos y cosas así, que ya venían con su experiencia en fábricas. Y ALUAR para mí, y esto siempre lo comentamos, lo que buscaba era un obrero sin experiencia en fábrica, para poder amoldarlos a su manera. Los que ya venían con una especialidad, con alguna experiencia ya eran por ahí más reacios, más de cabestrear».

Destaco una diferencia relevante sobre el componente obrero y la forma de construirlo: el personal para tareas sin capacitación era seleccionado entre sujetos sin experiencia de trabajo fabril, en muchos casos de origen rural. En general tenían menor conocimiento de la actividad sindical o política que los trabajadores de tareas que demandaban conocimiento técnico, quienes serían claves para conformar las primeras comisiones internas de fábrica.

En el parque textil no es posible evidenciar un comportamiento homogéneo, dada la presencia de distintas empresas con diversas gerencias. Sí registramos que un importante componente del colectivo laboral fue conformado por migrantes sin experiencia fabril o urbana, algo simple de garantizar en fábricas con escaso nivel de maquinización, que no demandaban demasiada capacitación. Esto sucedía en el marco de un colectivo obrero caracterizado por su heterogeneidad, como lo destaca Daniel 41: «como cosa formal teníamos caracterizado que en el parque industrial la mayoría venía del minifundismo, y no tenía tradición proletaria. Pero en realidad, cuando veías bien, había de todas partes».

La caracterización que referencia Daniel provenía de su partido político, el MAS (Movimiento Al Socialismo), organización que lo había trasladado para insertarse en el parque industrial y desarrollar actividad política. Como él mismo destaca, la realidad era mucho más heterogénea: el componente de origen rural era solo uno de los aportes que nutrieron ese colectivo. Su caso así lo ilustra: Daniel provenía de la ciudad de Buenos Aires y era un recién llegado a la vida fabril, ya que solo había trabajado en comercios: «nunca había trabajado en fábrica. Yo era militante y venía a trabajar de lo que saliera, pero toda la vida había sido vendedor [...] así que para mí fue toda una experiencia». Una anécdota suya ilustra la complejidad de ese colectivo laboral:

«El primer asado que como, fue el 20 de diciembre, antes de las fiestas. Estoy sentado al lado del sereno de la fábrica, que era un compañero aborigen; entonces, al tercer vino, se paró y empezó a cantar un lamento indio. Y yo cuando lo escuché no entendía nada, se me cayeron las uñas de los dedos, las pestañas, todo... Cuando termina de cantar lo abrazo [...] y le digo “para que nos vayamos conociendo Ancamil, yo al personaje de la historia argentina que más aborrezco es al general Roca”. Y salta uno, laburante eh, “si no fuera por Roca vos no estarías comiendo un asado en Patagonia”».

La contraposición de diversas experiencias era evidente y esa heterogeneidad se expresaba en las posturas ideológicas. La matriz del proyecto de ocupación de Patagonia por el Estado argentino fue parte del proceso; esa perspectiva, que considero fue mayoritaria en ese colectivo obrero, proponía una comunidad de intereses entre obreros y patrones de la región, cuyo objetivo era el «desarrollo» de la Patagonia y su integración a la soberanía argentina. Tal posición se reforzaba con la idea de mantener la «paz social», para no poner en riesgo los planes de promoción que sustentaban la incipiente industrialización.

Esta postura era poderosa porque se asentaba en elementos objetivos. La industrialización de la región dependía de los aportes estatales, que ya al comenzar la década de los ochenta empezaron a ser cancelados. Los trabajadores eran conscientes de esta dependencia y, en muchos casos, desarrollaron sus luchas alrededor de una estrategia que planteaba una alianza con los empresarios que tenían intereses en la región, en la cual era la patronal quien dirigía el proceso. Dicha alianza tenía como programa la «defensa de la región», demandando el sostenimiento de los beneficios para los empresarios con inversiones en Patagonia.

Esto se observa en varias entrevistas. Miguel 42 reflexiona: «de alguna manera creo que, en definitiva siempre, de una forma u otra, nos terminaron llevando, o nos fuimos yendo, hacia la defensa de las patronales. Cuando salíamos a reclamar la promoción industrial para Patagonia, estábamos defendiendo a la patronal y no a nosotros». Y Daniel recuerda una de las pocas votaciones en las cuales su propuesta perdió en una asamblea de fábrica: «la patronal plantea que le habían sacado la promoción, entonces se hace una asamblea, donde se decide que un grupo de compañeros fuera a pelear junto con la patronal [...] siempre dijimos que los trabajadores nunca teníamos que apoyar a la patronal, pero bueno, fue una votación que se perdió».

Esa característica incide en el tipo de conflictividad y organización que los trabajadores desarrollaron. La identificación de parte de sus intereses con los de «sus» empresarios, las alianzas con esas patronales y la sintonía en un discurso compartido sobre la necesidad de potenciar el desarrollo de Patagonia fueron elementos claves de su historia. No sostengo que esta característica solo se encuentre en esta región o que no existan zonas con características estructurales similares donde se vivieron procesos con dinámicas diferentes. Tampoco implica reproducir la visión, ya discutida, de que estas regiones eran sitios «donde nunca pasaba nada». De hecho, he relevado multitud de luchas y conflictos; pero, aun así, la mayoría de ellos tomaron una coloración particular, que es necesario analizar para comprender el colectivo obrero conformado y el modelo de conflictividad en ese polo desarrollista.

El caso de Amazonas

João Salazar sostiene que la industrialización subsidiada en Amazonas generó la creación de una nueva clase obrera, procedente de diversos orígenes migrantes: como ya lo destaqué, entiendo que es posible se haya conformado una «nueva clase», pero que aquí solo puedo asegurar que, desde la instalación del polo de Manaus, se construyó un nuevo colectivo laboral. De sus afluentes, el mayoritario fue la migración de pequeños propietarios rurales, de origen indígena o mestizo, desposeídos de sus tierras en Amazonas u otros estados de Brasil 43.

La creación de un nuevo colectivo obrero fue necesaria para el polo desarrollista, ya que desde la integración de Amazonas en el capitalismo la escasez de fuerza de trabajo para el capital se había planteado como un problema recurrente 44. La implantación del modelo industrialista trajo similares problemáticas, siendo un factor limitante: «o diminuto tamanho da força de trabalho, em toda a região» 45. La solución se conseguiría a través de la inmigración y la incorporación de mujeres al trabajo industrial. Esa estrategia permitió superar la antigua escasez y construir una fuerza de trabajo barata, de poca calificación, con importante contenido femenino y de menores de edad: «emprega-se mão-de-obra mais barata, porque desqualificada, principalmente feminina e do menor» 46.

Este proyecto buscaba descentralizar un movimiento obrero que, en la región industrializada de Brasil, avanzaba en su organización, profundizando los niveles de enfrentamiento 47. Los grandes empresarios aprovecharían la conformación de un colectivo obrero sin tradiciones de lucha para obtener mejores tasas de ganancia. Algunos testimonios recogidos por Salazar reflejan lo esbozado. D. P. M. sostiene: «eu não conhecia nada. Aí eu fazia de tudo, não enjeitava nada, todo serviço ruim caia pra mim, eu era novato» 48. C. D. B. afirma: «estou com 14 anos na firma, de 13 anos pra cá eu sou técnico em eletrônica. entrei lá com 17 anos, não sabia nada» 49. Y J. T. A.: «Trabalhei numa empresa do Distrito como auxiliar de montagem. Eu não sabia nada. Aprendi tudo lá» 50.

Se produjo un desigual encuentro, entre empresarios entrenados en la disputa salarial con el movimiento obrero y esos «nuevos» trabajadores, sin tradiciones comunes que les diesen armas adecuadas para ejercer una defensa exitosa de sus derechos. Se conformó una dirigencia sindical afín al proyecto industrialista y propatronal, que acompañaría los pedidos de subsidios para las empresas. Por eso el polo de desarrollo parecía presentar, al menos en superficie, esa añorada imagen de un capitalismo sin contradicciones. Se trató de una acelerada creación de nuevas empresas y puestos de trabajo. Ello implicó que el colectivo laboral estuviera en constante ampliación, a partir de la articulación de un impulso externo, la industrialización, con un recurso local, la «oferta abundante de mão-de-obra local e recrutamento de trabalhadores com nenhuma ou baixíssima qualificação» 51.

¿Cómo se había conseguido que la oferta de fuerza de trabajo, antes escasa, pasase a ser abundante? La clave residió en profundizar la privatización de tierras en los estados vecinos y del nordeste brasileño, en especial durante las décadas de los setenta y ochenta, expropiando a la mayoría de los antiguos pequeños propietarios 52. Fueron esos desposeídos quienes encontraron, como única salida, su migración hacia Manaus. Allí se transformaron en «reserva excedente de mão-de-obra a ser engajada na industrialização de montagem que se implantou em Manaus a partir de 1970» 53.

Para Salazar, los trabajadores de la región siguieron arrastrando esa ausencia de tradiciones en común: «a população de Manaus [...] tem segmentos fortemente proletarizados, mas não tem raízes operárias, nem por tradição, nem por herança familiar, muito menos dos seus antepassados» 54. En ese grupo de obreros se hacía observable la contradicción de una región donde se articularon relaciones sociales propias de fases precapitalistas 55, con procesos de reciente urbanización y una industria moderna de avanzada tecnología en las empresas de capital extranjero. El sufrimiento que significó adaptarse a trabajar encerrados, en cadenas de montajes, con ritmos fabriles y cronometrados, puede observarse en diversos testimonios recopilados por Salazar; quizás ninguno tan emblemático como este, donde la fábrica y el trabajo ocupan hasta el momento del sueño y se transforman en pesadilla. Dice J. C. O.: «naquela noite eu sonhei todinha com o posto, eu me atrasando, me atrasando» 56.

La organización obrera se dificultaba aún más ante una industrialización, como la de Patagonia, dependiente de los subsidios estatales. Las empresas amenazaban con su cierre ante cualquier reclamo y respondían con despidos masivos a las huelgas. Sobre esto nos cuentan:

«Essa última paralisação aí, parou a fábrica todinha, geral, por isso que a gente ganhou aumento. Tá certo, mandaram muita gente embora, não sei quantos, mas umas 500 pessoas foram pra rua» (D. B. C.) 57.

«Eu já participei de greve, pode ter certeza, foi a maior greve do Amazonas, eu acho que é uma coisa justa, a inflação subindo e nosso salário defasado» (J. C. O.) 58.

«Mais depois, quando a gente pega a conta, aí o sindicato não pode fazer nada, o patrão dá a conta, mas não tenho nada contra o sindicato [...] Eu não entro mais em greve»(M. V. S. C.) 59.

Son constantes los ataques empresariales contra las acciones obreras, desde despidos masivos hasta la idea de «quedar marcado», y no conseguir trabajo en otra fábrica del distrito industrial. Así lo narra M. A. M. D.: «você sabe, no Distrito, você faz uma greve, você fica marcado né?» (M. I. N. S.) 60. Sin embargo, pese a estas prácticas, las obreras de Manaus desarrollaron diversas huelgas de relevancia.

La mirada de Salazar, entre otros estudiosos de esos trabajadores, sostenía que un colectivo laboral con un componente tan importante de mujeres (alrededor del 70 por 100 en total, llegando al 95 por 100 en cadenas de ensamblaje), que en su mayoría carecían de tradición sindical, implicaba, necesariamente, debilidad para la lucha. Las mujeres eran una fuerza de trabajo más barata (recibían un 25 por 100 menos que los hombres a igual trabajo), porque, según Salazar, temían más los castigos y registraban menor apoyo a los movimientos sindicales que los varones. Esto se profundizaba, también para Salazar, entre un importante componente de esa clase: las mujeres solteras y jóvenes (muchas de ellas madres) 61.

Sin embargo, en sus propias fuentes Salazar registró testimonios donde se hacía observable una perspectiva opuesta: en las entrevistas se evidencia la voluntad de lucha por parte de las mujeres, en muchos casos por encima de la que expresaban los varones. El testimonio más evidente es el de F. A. S. T. Ella informaba:

«foi por causa dessa greve, dessa grande paralisação que houve no distrito [...] 41 dias parados... Eu acho que a greve é a única arma que trabalhador tem para reivindicar os direitos [...] Se a gente não tivesse feito essa greve que a gente fez agora, a gente não tinha conseguido esse aumento [...] em 1988, foi uma dessas grandes greves no distrito» 62.

Seguía narrando, mostrando cómo articulaba sus reclamos de clase con los de género, en una reivindicación común:

«Eu acho que uma das coisas que se deve reivindicar, principalmente numa empresa onde tem muita mulher, é o direito de ser mulher, ter direito de ter filho, ter direito de faltar quando o filho adoece, ter direito de ficar com o filho quando ele está doente» 63.

Y concluía, reafirmando su voluntad de luchar por esos derechos y mostrando su consciencia de que ella también vivió un proceso de construcción de la experiencia que por entonces portaba:

«a situação do operário está péssima. O operário tem que partir para a luta, tem que fazer greve. Quando eu cheguei na firma, em 80, tinha apenas 17 anos, era muito bobinha» 64.

Las mujeres obreras sostenían que querían luchar, integrando reclamos específicos sobre su género y la sobreexplotación que sufrían: «Existe discriminação contra a mulher até demais. Antes de ser contratada a gente faz exame de gravidez» (G. B. V.) 65; «Eu acho que ainda não peguei uma promoção porque eu fiquei gestante [...] a menina adoece, sabe como é. Aí tudo isso atrapalha minha promoção» (M. T. L.) 66. Son elementos que llamativamente el autor no detectó, sosteniendo su hipótesis inicial de que el alto porcentaje de mujeres implicaba debilidad «per se» para el colectivo obrero. M. V. P. V. también fue contundente: «fazemos nosso trabalho melhor que os homens, nós somos as melhores operarias, nós gostamos do nosso trabalho, mas também nós sabemos lutar, nós sabemos parar, nós somos gente» 67. A Salazar tampoco lo sacó de ese apriorismo la conclusión de su propio trabajo, donde demostró que si bien solo el 30,8 por 100 de los operarios estaba sindicalizado, de quienes se habían afiliado al sindicato el 54,1 por 100 eran mujeres 68.

Los trabajadores de Amazonas limitaron la mayoría de su accionar a reclamos por salario o condiciones de trabajo, enfrentando las extenuantes jornadas laborales. Esas exigencias eran centrales en un modelo que se basó en la súper explotación de la fuerza de trabajo: «passa 8, 10, até 12 horas dentro da fábrica, praticamente trancada, só vê o dia quando entra e quando sai no final da tarde» 69. Se trató, entonces, de un conjunto de trabajadores sin experiencias en común de prácticas sindicales, que sufrió duras respuestas ante cada reclamo, con despidos y amenazas de cierre. Los empresarios construyeron un permanente clima de temor a la pérdida del empleo, que se reforzó por la dependencia estatal de las exenciones impositivas. Pero ello no implicó la inexistencia de grandes conflictos, como la masiva huelga de 1988. A diferencia de Patagonia, en Manaus el polo de desarrollo fue sostenido hasta el presente: la clave de esa continuidad sigue siendo el bajo precio, en términos internacionales, de su fuerza de trabajo.

Vitoria y sus nuevos trabajadores

Con la industrialización acelerada, impulsada desde el gobierno local, en pocos años se construyó una «nueva Vitoria». Más de mil empresas se instalaron, transformando esa ciudad «en la capital española con mayor índice proporcional de crecimiento» 70. Se produjo «un cambio de proporciones extraordinarias que dio lugar a una nueva ciudad habitada por una “nueva sociedad”» 71, a partir del cual Vitoria pasó a ser una de «las nuevas concentraciones industriales que estaban creciendo al calor de las transformaciones económicas y sociales» 72. Se modificó el mapa español, que hasta entonces podía sintetizarse en las palabras de Guillermo: «no había trabajo más que en tres o cuatro puntos de España: Cataluña, Asturias, País Vasco y pará de contar [...] el resto era agrícola, mal pagado e inestable» 73.

El cambio más significativo fue que Vitoria pasó a ser una ciudad obrera: de representar un tercio de la población ocupada en 1950, los trabajadores industriales llegaron al 60 por 100 en 1975 74. Los inmigrantes que nutrieron este crecimiento provenían, en su gran mayoría, del ámbito rural o de pequeños pueblos sin características urbanas. Así lo muestran casi todos los testimonios: «En los años cincuenta llega mi familia aquí, ellos eran Romualdo y Faustina, eran jornaleros agrícolas» 75; «Nací en un pueblecito de Zamora, en 1952, mi madre, pues nada, era ama de casa, y mi padre era el hijo del carpintero» 76.

Esos jornaleros o pequeños propietarios escapaban de condiciones de vida sumamente difíciles, que en muchos casos llegaban al hambre. José Martínez Ocio 77 nació en 1946, eran cinco hermanos y provenían de un pueblo cercano a Sevilla. Su recuerdo clave era el hambre de sus hermanos: Vitoria cambiaría esa realidad, pero al costo de extenuantes jornadas de labor. Miguel Mata 78 narraba: «Nací en un pueblecito de Valladolid, y vine para aquí a los trece años. Todas las familias cazábamos y pescábamos, era una forma de ayudar a subsistir, porque con los jornales que había no alcanzaba». Al cumplir los trece años decidió salir del pueblo: «cuando me vi en el autobús para aquí, me dije, es una vida nueva». Imanol 79 recordaba: «De niño yo iba a echar una mano en la cría de vacas en lo de mis tíos y primos, era una forma de ayudar allá y de sacar una boca de mi casa, que se hacía muy difícil alimentar a todos».

Se constituyó un nuevo colectivo obrero, en un complejo marco de integración y disputa entre los obreros «tradicionales» de Álava y la masiva presencia de los recién llegados. Esa diferencia se hacía evidente en la situación de vida; así lo rememoraba Guillermo: «Ellos venían en muy malas condiciones, muy precarios, se notaba la diferencia; aunque nosotros no éramos tampoco gran cosa». Esos «nuevos» trabajadores debieron acostumbrarse al paisaje urbano e industrial, en un proceso que casi siempre fue traumático; a la vez consiguieron mejorar sus condiciones de vida, en especial comparándolas con la difícil subsistencia en sus respectivas tierras de origen. Durante los primeros años del impulso industrializador, ese nuevo colectivo obrero tuvo dificultades para articular sus comunes reivindicaciones. La presencia de escasos conflictos no tenía relación con la inexistencia de problemas; la dificultad era cómo plantear acciones colectivas, en el marco de un régimen represivo y para una clase obrera que aún no había consolidado experiencias en común. Además, una porción de ese colectivo todavía sufría la derrota del franquismo: seguramente esto no era así para la mayoría de los nuevos trabajadores, ya que muchos de ellos provenían del entorno rural de Álava, donde la represión del régimen no había sido tan dura. Pero la derrota sí se hacía observable en los testimonios de una fracción obrera, justamente de aquellos que, por orígenes familiares e historias militantes, portaban mayores tradiciones de lucha y organización 80.

Las memorias obreras trabajadas vuelven, una y otra vez, al punto de quiebre de la Guerra Civil y la represión franquista. Guillermo decía: «en mi pueblo la represión fue durísima [...] Mi madre tenía mucho miedo, mucho miedo a todo. “Que nos van a matar a todos, como entonces”... decía [...] Estaba convencida de eso... “que nos van a matar a todos”, decía... “así empezaron aquella vez”. Era terrible, pobrecita» 81. Eva describía, en tiempo presente, que sus padres: «tienen recuerdos muy amargos de haber vivido allí, de haber sobrevivido, son recuerdos muy duros de infancias muy duras, infancias de posguerra. Mi madre sobre todo hace una diferenciación muy clara entre antes de la guerra y después de la guerra».

Ese marco no implicó que en Vitoria no hubiese conflictos, pero sí que los mismos presentasen menor contundencia que en otras regiones de España. Los obreros provenientes del ámbito rural encontraron un medio ajeno a su comunidad de procedencia, que durante los primeros años dificultó la materialización en acción colectiva de sus reclamos.

La composición de género de ese colectivo obrero es otro factor clave para comprender su complejidad. El régimen franquista había intentado borrar a las mujeres del trabajo formal; bajo un discurso «tradicionalista», profundizaba la dominación patriarcal al tiempo que aseguraba una reserva de fuerza de trabajo más barata que la masculina. En verdad las mujeres fueron parte clave del nuevo proletariado de los cincuenta y sesenta, como lo evidencian diversas investigaciones, aún en sectores simbólicamente masculinizados como el del acero 82. Aún más relevante y generalizado fue la presencia del trabajo femenino invisibilizado. Amas de casas, patronas, cocineras, lavadoras, costureras... O, todavía más repetido, todo junto en una misma persona, con jornadas de trabajo que podían llegar hasta las dieciocho horas diarias.

Pocos testimonios alcanzan, para hacer observable semejante nivel de explotación. Guillermo admiraba que su «madre era el sostén, limpiaba, cosía, trabajaba para fuera, criaba y vendía gallinas, cerdos, de todo, todo lo que había que hacer para vivir. Ella trabajaba desde los trece años, servía cuando era huérfana» 83. Eva también recordaba a su madre trabajadora: «mi madre es de las primeras chicas que viene a trabajar, viene a servir». Santiago Durán 84 narraba: «Mi madre trabajaba de cocinera, tenía dos pupilos, más lo de ama de casa... era terrible. Mi padre siempre tuvo contrato, mi madre no». Más horas de trabajo, peores salarios y sin siquiera las escasas condiciones de seguridad que por entonces tenían los varones: era el mapa del trabajo femenino en la España de entonces, y eso también se observaba entre las mujeres de Vitoria. La situación de las mujeres obreras fue una significativa porción de esas disímiles experiencias que atravesaron a las distintas fracciones del colectivo obrero construido en Vitoria.

Los migrantes traían en su historia diversas experiencias de organización y luchas, diferentes tradiciones sobre cómo reclamar lo que consideraban justo y hasta desiguales percepciones acerca de qué era lo justo y, por tanto, qué características de su vida actual eran consideradas injustas y debía (o podía) exigirse que fuesen corregidas. En el nuevo contexto urbano e industrial en que ahora transcurría su existencia, era necesario, para viabilizar la movilización colectiva, que esas diferencias comenzasen a confluir en un cauce común. Eso solo podía lograrse desde el compartir experiencias, en primer lugar la común explotación; en definitiva, como lo afirma José Antonio Pérez para Bilbao: «Fue la confluencia de experiencias comunes la que contribuyó a generar determinadas actitudes, comportamientos y expectativas» 85.

Joseba Marijuan 86 ejemplifica cómo tenía lugar parte de ese ­proceso:

«Yo ya empezaba a tener algunas ideas, y allí había algunos que eran la puñeta... Trabajaba un tal Aguinaco, que era la puñeta el hombre ese, en cuanto a ideas, a haberse tragado todo el proceso de la guerra y represión posterior, y te daba un montón de información, de comentarios, de vivencias, de experiencias».

Se constituía una nueva experiencia en el seno de ese complejo colectivo laboral, adquiriendo algunos rasgos propios que iban uniendo en un solo cauce el aporte de los viejos y los nuevos afluentes. Se comenzó a articular otra contundencia en las protestas: «el movimiento reivindicativo surgido en Vitoria iba a tener —al igual que en el resto de España— en la protesta ante la congelación salarial su principal causa y motivación» 87. Guillermo coincidía, aunque agregaba complejidad al análisis: «los reclamos eran laborales [...] aunque en el año 76 no se podía apartar lo político de cada reclamo laboral, ya que se pedía libertad y estaba todo prohibido». Se registró un auge de los procesos de lucha, que expresaba esa síntesis entre reclamos que parecían «solo» laborales, pero que acompañaban la reivindicación de democracia y libertad; decía José: «Había carencias que eran de dinero, pero a la vez de representatividad».

La dinámica de huelgas de 1976 en Vitoria no fue un «estallido», sino el resultado de una lenta acumulación de experiencias compartidas en el común accionar contra la explotación y el régimen franquista 88. Andoni 89 observa esa interrelación: «Entonces cuando vengo al trabajo sí que se notaban unas carencias, unas limitaciones, una necesidad de la gente de mejorar las condiciones de trabajo [...] Había esa represión, esa dictadura, y muchas ansias de cambiar esas cosas».

La masacre de 1976 contra la huelga obrera fue la respuesta de un régimen moribundo, que pretendía sostenerse a cualquier costo. El conflicto tuvo un significativo peso de procesos asamblearios y «planteamientos “anticapitalistas”» 90; la imagen de armonía entre obreros, empresarios y autoridades locales se había quebrado, y el enfrentamiento se hizo indisimulable. Ante ello los gobernantes locales afirmaron que la continuidad de hechos rupturistas provocaría la debacle del proyecto industrializador, desalen­tando la llegada de inversiones y hasta el cierre de fábricas ya instaladas, por la pérdida de rentabilidad empresarial que generaba el aumento de la conflictividad. Por eso hacían un llamado a superar las divisiones, volver al orden y construir un bloque unido «en defensa de la región».

Lejarreta Allende, presidente de la diputación de Álava, sostenía que «todo radicalismo es ajeno al temperamento alavés» 91. Lo sucedido no tendría, entonces, relación con la historia de Álava; se habría tratado de la intrusión de la historia nacional, pletórica de divisiones, en la idílica Vitoria. Los que generaron la ruptura eran fuerzas externas (migrantes, agitadores) y ahora se debía regresar a la normalidad.

El alcalde de Vitoria, José Casanova, manifestó que «el conflicto afectaría negativamente a la llegada de nuevas empresas y a la ampliación de las ya establecidas [...] «les exhortamos a la vuelta a la normalidad laboral en pos del bien económico de Vitoria» 92. Esos discursos son en particular operantes en el marco de procesos de industrialización reciente, donde las empresas instaladas aún no habían generado aún profundas raíces locales, en términos de instalaciones, infraestructura y/o tradiciones. Por ello los empresarios podían plantear la posibilidad, y fundamentalmente la amenaza, de trasladarse hacia otras localidades que garantizasen la tasa de ganancia que la elevación de los costes laborales comenzaba a ponerse en cuestión en Vitoria 93.

Reflexiones finales

Me interesa profundizar un análisis comparativo que comprenda cómo la configuración de determinadas estructuras económico-­sociales demandan la construcción de colectivos laborales acordes a sus necesidades de fuerza de trabajo, y cómo esos grupos luego desarrollan experiencias y acciones en común que pueden llevarlos a constituirse en sujetos colectivos. Los procesos de industrialización acelerados, que tuvieron lugar en el marco del desarrollismo, impusieron una serie de características que fueron factores relevantes para entender la historia de esos colectivos laborales.

Exploré aspectos de tres regiones, transformadas a partir de la implantación de procesos de acelerada industrialización. En los tres casos se incentivó la migración hacia las ciudades industrializadas, a partir de la oferta de puestos de trabajo y la promesa de una mejora en las condiciones de vida, generando un colectivo laboral cuantitativa y cualitativamente distinto al que hasta entonces habitaba cada territorio.

Ese conjunto de trabajadoras y trabajadores albergaban escasas tradiciones y experiencias sindicales y/o urbanas en común, transitando un traumático proceso de adaptación a nuevas formas y ritmos de trabajo. Por ello afirmo que estos proyectos de industrialización pueden funcionar a modo de «laboratorios sociales» para los investigadores que se acerquen a estudiarlos, ya que allí se hace posible analizar, en forma concentrada en tiempo y espacio, procesos que en otras regiones se dieron a través de etapas mucho más largas.

Esos trabajadores tendieron a limitar sus reclamos a aspectos salariales y de condiciones laborales, sin generar demasiados hechos transgresores de la legalidad. La idea de que se estaba en un proceso que necesitaba «armonía» entre trabajadores y empresarios, para garantizar la dinámica de crecimiento, operó como clave disciplinadora ante las alternativas obreras que planteaban proyectos más allá de esos límites. En los polos de desarrollo, ese disciplinamiento se imponía desde el Estado central, que amenazaba con quitar los subsidios si se generaban conflictos que pusiesen en riesgo los lineamientos del gobierno nacional. En Vitoria eran los empresarios, muchos de ellos recientemente llegados a la ciudad, los que planteaban trasladarse a otros lugares si los reclamos reducían su rentabilidad.

Pese a todo, estos trabajadores desarrollaron diversos hechos de lucha, que en algunos casos tomaron características radicalizadas. Esto se hace observable de manera especial en Vitoria para 1976 y también pueden rastrearse elementos similares en la gran protesta popular ocurrida durante 1972 en Trelew. Son hechos que para el observador externo aparecen como «estallidos», cual una irrupción de la historia en esos lugares donde «no pasaba nada». El sueño desarrollista de la comunidad de intereses entre obreros y empresarios se resquebrajaba y se hacía inocultable el conflicto inherente a toda sociedad capitalista. En verdad esos momentos de confrontación eran producto de una lenta acumulación de experiencias, que partían, sobre todo, de la común explotación. Allí se fueron conformando unas redes invisibles para el poder de turno, que se expresaron en esos hechos rupturistas y que evidenciaban algún grado de constitución, aunque más no fuese embrionario, de esos colectivos laborales en tanto sujeto colectivo.

Esto fue más evidente en el caso vitoriano, quizás porque allí el Estado central no podía ejercer la extorsión que sí se hacía efectiva en los polos de desarrollo. En ellos se amenazaba con que, de subsistir los conflictos, la particularidad que había atraído las empresas al polo dejaría de existir y el proyecto se derrumbaría: con él caerían los puestos laborales y las mejoras que los obreros habían conquistado. Esta presión operó como una limitación para las luchas obreras en los polos de desarrollo: muchas veces los trabajadores apoyaron los reclamos empresarios, tomando la demanda de la continuidad de subsidios a las fábricas como el único camino para conseguir la anhelada mejoría en sus condiciones de vida.

He destacado el gran componente femenino de estos colectivos laborales. Ellas eran las más explotadas, recibiendo salarios por debajo de sus colegas varones: el componente de género y sus condicionantes en los procesos de conformación de esos grupos de trabajadores son aspectos por profundizar en términos de análisis.

Otro elemento es el étnico: muchos trabajadores llegados a los polos de Amazonas y Patagonia eran integrantes de los pueblos indígenas de esas regiones, recientemente expropiados de sus formas tradicionales de subsistencia y obligados por ello a la venta de su fuerza de trabajo bajo un régimen asalariado y urbanizado. El golpe cultural que recibieron al verse insertos en una producción industrial y cronometrada fue aún más duro que el sufrido por sus compañeros de trabajo provenientes de otros orígenes.

No es viable responder a la pregunta sobre la conformación en clases de estos tres colectivos laborales en el marco de un solo artículo 94. Sin embargo, sí puedo destacar una serie de rasgos en común, que evidencian la influencia que el formato de industrialización acelerada tuvo sobre esos colectivos laborales: la mayoría de sus integrantes provinieron de procesos de expropiación en zonas rurales, sufrieron una rápida proletarización y una intensa acumulación de diversas experiencias y tiempos históricos; evidenciaron una desconexión con los procesos previos de organización y lucha sindical que hizo imprevisible el momento de la confrontación; sufrieron dificultades de adaptación al nuevo entorno fabril y urbano relativamente duraderas; la mujeres fueron un componente clave del colectivo, aunque sus reivindicaciones específicas no adquirieron el peso correspondiente a su peso cuantitativo, entre otros. Estos aspectos comunes, así como la expresión en acciones colectivas y la conformación de herramientas organizativas propias de los trabajadores, pusieron de manifiesto la constitución, al menos embrionaria, de algunos rasgos propios de ese sujeto colectivo al que denominamos clase obrera.


1 El artículo contiene resultados parciales de tres estadías de trabajo realizadas en universidades de Brasil y España. En 2014 desarrollé mi labor en la UNIFESP (Universidade Federal do São Paulo). Durante 2015 trabajé en la Universidad Autónoma de Barcelona, en el CEFID (Centro de Estudios sobre las Épocas Franquista y Democrática). En 2016 dicté un seminario en la Universidad del País Vasco, Instituto Universitario de Historia Social Valentín de Foronda.

2 Me refiero a colectivos obreros con significativo componente femenino, en varios casos mayoritario. Sin embargo, por razones de ordenamiento de la escritura, utilizo casi siempre el universal masculino propio del idioma castellano, pese a ser conciente de la problemática de ocultamiento e invisibilización que genera.

3 Si bien existen debates sobre la Amazonia legal, la Amazonia internacional, y otras posibles regionalizaciones, trabajamos el estado de Amazonas, del cual Manaos es su capital y principal ciudad.

4 Se entiende por Patagonia Argentina a las provincias de Neuquén, La Pampa, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego. Hago hincapié en la Patagonia Sur, que agrupa las últimas tres provincias.

5 Vitoria es la capital de Álava, la provincia más al sur de las tres integrantes del País Vasco (junto a Vizcaya y Guipúzcoa). Era la única provincia no industrializada de dicho territorio.

6 Edward P. Thompson: La formación de la clase obrera en Inglaterra, Madrid, Capitán Swing, 2012.

7 En ese sentido utilizo la expresión «colectivo obrero» o «colectivo laboral»: me refiero así al conjunto de trabajadores que integran la fuerza de trabajo disponible en cada región investigada. Que dicho colectivo laboral actuase como sujeto histórico con algún grado de autonomía dependerá de cómo se desarrolle su proceso de experiencias y organización. Mientras eso no suceda, el «colectivo» solo lo será con relación al capital.

8 João Salazar: O novo proletariado industrial de Manaus e as transformações sociais possíveis: estudo de um grupo de operários, tesis doctoral, Universidade de São Paulo, 1992.

9 Formulo aquí un especial agradecimiento a la generosidad del citado historiador, que me permitió utilizar esos testimonios, cuyo contenido aún es, en su mayoría, de carácter inédito.

10 Ángel Ugarte y Francisco Medina: Espía en el País Vasco, Barcelona, Plaza y Janés, 2005.

11 Carlos Carnicero: La ciudad donde nunca pasa nada. Vitoria 3 de marzo de 1976, Vitoria, Gobierno Vasco, 2009.

12 Xavier Domènech Sampere: «La clase obrera bajo el franquismo. Aproximación a sus elementos formativos», Ayer, 85 (2012), pp. 201-225.

13 Peré Ysàs: «Huelga laboral y huelga política. España, 1939-1975», Ayer, 4 (1991), pp. 193-211; Carme Molinero y Peré Ysàs: Productores disciplinados y minorías subversivas. Clase obrera y conflictividad laboral en la España franquista, Madrid, Siglo XXI, 1998; Álvaro Soto: «Huelgas en el franquismo: causas laborales-consecuencias políticas», Historia Social, 30 (1998), pp. 39-61; Manuel Pérez Ledesma: «Nuevos y viejos movimientos sociales en la transición», en Carme Molinero (ed.): La transición, treinta años después, Barcelona, Península, 2006, pp. 148-151, y Xavier Domènech Sampere: Cambio político y movimiento obrero bajo el franquismo, Barcelona, Icaria, 2012.

14 Javier de la Fuente: «Dinámicas de identidad local: cultura y vida cotidiana, 1936-1964», en Antonio Rivera (dir.): Dictadura y desarrollismo. El franquismo en Álava, Vitoria, Ayuntamiento de Vitoria, 2009, pp. 85-120, esp. p. 94.

15 Antonio Rivera: «Introducción», en Antonio Rivera (dir.): Dictadura y desarrollismo. El franquismo en Álava, Vitoria, Ayuntamiento de Vitoria, 2009, pp. 13-19, e íd.: «Amoldados, disidentes y opositores: antifranquistas en territorio leal», en Antonio Rivera (dir.): Dictadura y desarrollismo. El franquismo en Álava, Vitoria, Ayuntamiento de Vitoria, 2009, pp. 291-357.

16 Tomás Eloy Martínez: La pasión según Trelew, Madrid, Alfaguara, 2009, p. 10.

17 Véase, entre otros, Ana Pizarro: Amazônia: vozes do rio. Imaginário e modernização, Belo Horizonte, UFMG, 2012, y Regina Maria Fonseca Gadelha: «Conquista e ocupação da Amazônia: a fronteira Norte do Brasil», Estudos Avançados, 16-45 (2002), pp. 63-81.

18 Osvaldo Bayer: Los vengadores de la Patagonia trágica, t. I, Buenos Aires, Galerna, 1974.

19 Francois Perroux: «Notes sur la notion de pole de croissance», EconomieAppliquée, 8 (1955).

20 Iker Cantabrana: «Octavistas contra oriolistas. La lucha por el conrol de las instituciones 1936-1957», en Antonio Rivera (dir.): Dictadura y desarrollismo. El franquismo en Álava, Vitoria, Ayuntamiento de Vitoria, 2009, pp. 121-174, esp. p. 130.

21 Antonio Rivera: «Introducción...», p. 14.

22 Aitor González de Langarica: La ciudad revolucionada. Industrialización, inmigración, urbanización (Vitoria, 1946-1965), Vitoria-Gasteiz, Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, 2007, p. 23.

23 Martín Zárate: Vitoria: Transformación y cambio de un espacio urbano, Vitoria-Gasteiz, Caja de Ahorros de Vitoria, 1981, p. 118.

24 Carlos Carnicero: La ciudad donde nunca pasa nada..., p. 26.

25 Antonio Rivera: «Introducción...», p. 14.

26 Aitor González de Langarica: «El tercer modelo de industrialización vasca: Vitoria, 1936-1976», en Antonio Rivera (dir.): Dictadura y desarrollismo. El franquismo en Álava, Vitoria, Ayuntamiento de Vitoria, 2009, pp. 21-84, esp. p. 29.

27 Fernando Fernández et al.: Evaluación económica de los polos de desarrollo Huelva-Sevilla-La Coruña-Vigo, Madrid, Imprenta Nacional, Escuela Nacional de Administración Pública, 1972.

28 Gonzalo Pérez Álvarez: «Notas para una comparación de los proyectos de polos de desarrollo en la Amazonia brasilera y la Patagonia argentina», Anuario del Instituto de Historia Argentina, 16, 1 (2016), pp. 1-16.

29 Integrado por los departamentos Rawson y Biedma, donde en realidad impactó el desarrollo industrial: allí se ubican las ciudades de Trelew, Rawson y Puerto Madryn. La gran extensión patagónica seguiría sumida en la producción ovina, que ya sufría un estancamiento productivo, agravado ahora por la competencia de la producción textil sintética.

30 Horacio Ibarra y Carlos Hernández: Estado, Economía y Sociedad. Trelew y su hinterland: 1989-1999, Trelew-Chubut, INSHIS-UNP, Colección Desde Patagonia, 2016.

31 Aunque muy alejada del centro textil tradicional: Chubut ocupaba el segundo puesto en producción de medias (15 por 100, contra un 83 por 100 del área metropolitana), tejido de punto (11 por 100 contra un 81 por 100) e hilado de fibras textiles (6,4 por 100 contra un 76 por 100). Datos de Elsa Cimillo: Bloque textil: dinámica en la provincia del Chubut, 1973-1984, Buenos Aires, CFI-CEPAL, 1985, pp. 12-13.

32 Marcelo Rougier: Estado y empresarios de la industria del aluminio en la Argentina. El caso Aluar, Buenos Aires, Edit. UNQ, 2011.

33 Guajarino de Araujo Filho: Cooperação entre empresas no pólo industrial de Manaus, tesis doctoral, Universidade Federal do Rio de Janeiro, 2005.

34 João Salazar: O abrigo dos deserdados. Estudo sobre a remoção dos moradores da Cidade Flutuante e os reflexos da Zona Franca na habitação da população de baixa renda em Manaus, tesis de maestría, Universidade de São Paulo, 1985, p. 11.

35 Ibid., p. 24.

36 Gonzalo Pérez Álvarez: «El aporte de la migración chilena a la formación de una nueva clase obrera en el noreste de Chubut: 1956-1989», Cuadernos de Historia, 43 (2015), pp. 59-81.

37 Por su ubicación geográfica los inviernos son fríos y las horas de luz escasas. Con una jornada desde las seis a las dieciocho horas, esos obreros podían pasar días sin disfrutar de alguna hora de luz solar: el sufrimiento que provocaba esa realidad aparece reflejado en varias entrevistas.

38 Relevé conflictos desde fines del siglo xix, en Gonzalo Pérez Álvarez: «La “primera” formación de la clase obrera en el noreste del Chubut: de 1865 a las primeras décadas del siglo xx», en Actas de las XV Jornadas Interescuelas de Historia. 16 a 18 de septiembre de 2015, Comodoro Rivadavia-Chubut, Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, 2015.

39 Fernando, entrevista realizada el 2 de mayo de 2008. Es un cuadro técnico, llega a mediados de los ochenta desde La Plata y sin experiencia de militancia previa.

40 Héctor, entrevista realizada el 9 de mayo de 2008. Fue integrante de la lista opositora al oficialismo en la UOM (Unión Obrera Metalúrgica), la «Rafael Uribe». Era trabajador rural no tenía experiencia sindical y no tuvo participación política más allá del sindicato.

41 Daniel, entrevista realizada el 4 de abril de 2012 en la sede Trelew de la Universidad Nacional de la Patagonia. Militante del MAS, partido trotskista en la Argentina.

42 Miguel, entrevista realizada el 15 de junio de 2007 en el café Touring de Trelew. Era referente de la oposición en la AOT (Asociación Obrera Textil) y militante del PI (Partido Intransigente).

43 João Salazar: O novo proletariado industrial..., p. 27.

44 Eckhard Kupfer: «Amazônia: do cacau à borracha, da borracha à alta tecnologia», en Willi Bolle, Edna Castro y Marcel Vekmelka (coords.): Amazônia. Regiao universal e teatro do mundo, São Paulo, Globo, 2010, pp. 185-205, esp. p. 192.

45 Admilton Salazar: Amazônia. Globalização e sustentabilidade, Manaus, Valer Editora, 2006, p. 188.

46 João Salazar: O abrigo dos deserdados..., p. 11.

47 Entre otros trabajos clásicos que muestran el alto grado de activación obrera en las regiones tradicionalmente industriales de Brasil, véanse Florestan Fernández: A revolução burguesa no Brasil, Río de Janeiro, Zahar, 1975; Ricardo Antunes: A rebeldia do trabalho (o confronto operário no ABC paulista: as greves de 1978/80), São Paulo-Campinas, Editora Ensaio-Editora da UNICAMP, 1988; Celso Frederico: A Vanguarda Operária, São Paulo, Símbolo, 1979, y Salvador Sandoval: Os trabalhadores param. Greves e mudança social no Brasil 1945-1990, São Paulo, Atica,1994.

48 Salazar solo coloca iniciales de cada entrevistada/o y datos generales. En este caso se trata de un hombre, del interior de Amazonas, con treinta y cuatro años al momento del registro. João Salazar: O novo proletariado industrial..., p. 240.

49 Ibid., hombre, originario de la ciudad de Manaus, treinta y tres años, p. 236.

50 Ibid., hombre, proveniente del interior de Amazonas, treinta y un años, p. 245.

51 Ibid., p. 21.

52 Ernesto Pinto: Os trabalhadores da Juta: estudo sobre a constituição da produção mercantil simples no médio Amazonas, tesis de maestría, Universidade Federal do Rio Grande do Sul, 1982, p. 72.

53 Ibid., p. 75.

54 João Salazar: O novo proletariado industrial..., p. 23.

55 El concepto «precapitalista» es problemático en tanto parece dar por supuesto que esas estructuras debían «avanzar» hacia el capitalismo, que eran «rémoras» de un pasado que necesitaba ser transformado. El «precapitalismo» parece definirse por una carencia, una inadecuación con los tiempos: esos territorios y grupos sociales «aún» sostenían formas de producir «destinadas» a desaparecer. Las conquistas cumplen, por eso, un proceso de redención de esos espacios al margen de la historia (como denuncia Walter Benjamin, el marxismo mecanicista fue un activo cómplice de ese programa). Utilizo ese incómodo concepto a modo de síntesis de una serie de rasgos, que se definen por oposición (y no por carencia) al formato de relaciones sociales que impone el capitalismo: una economía donde se producía para el consumo y no para el lucro, donde los bienes se definían por su valor de uso, y no por su valor de cambio, y donde la relación del productor directo con sus medios de producción era más un vínculo de identidad que de propiedad.

56 João Salazar: O novo proletariado industrial..., mujer, proveniente del estado de Acre, veinticinco años, pp. 248-249.

57 Ibid., hombre, de Manaus, cuarenta años, p. 275.

58 Ibid., sin datos sobre la persona entrevistada, p. 282.

59 Ibid., hombre, proveniente del estado de Rodaina, cincuenta años, p. 284.

60 Ibid., mujer, del interior de Amazonas, treinta años, p. 266.

61 Ibid., p. 309.

62 Ibid., mujer, veintinueve años, nacida en el interior de Amazonas, soltera, pp. 268-269.

63 Ibid., p. 271.

64 Ibid., p. 277.

65 Ibid., mujer, soltera, de Manaus, veintiséis años, p. 308.

66 Ibid., mujer, de Manaus, veinticuatro años, p. 252.

67 Ibid., mujer, casada, treinta y dos años, p. 311.

68 Ibid., p. 255. Pretendo llamar la atención sobre la forma en que ciertos apriorismos pueden conducir a no procesar los resultados que nuestras propias pesquisas puedan haber construido, y la necesidad de ser críticos con los presupuestos sociales sobre las relaciones de género, que obviamente, también penetran la producción científica.

69 Ibid., hombre, del interior de Amazonas, veinticuatro años, p. 309.

70 Aitor González de Langarica: «El tercer modelo de industrialización vasca...», p. 47.

71 Carlos Carnicero: La ciudad donde nunca pasa nada..., p. 139.

72 Carme Molinero e Pere Ysàs: Productores disciplinados..., p. 263.

73 Guillermo González Prieto, sesenta y cuatro años, trabajador fabril. Como todas las entrevistas sobre Vitoria, fue realizada por José Antonio Pérez.

74 Antonio Rivera (dir.): Dictadura y...

75 Eva Barroso Chaparro, cuarenta y ocho años, trabajadora de servicios.

76 Guillermo González Prieto.

77 De setenta años, exjornalero agrícola, luego trabajador fabril.

78 De setenta y dos años, exjornalero agrícola, fue trabajador fabril, en la actualidad es pensionado.

79 Imanol Olabarría, setenta y un años, exsacerdote católico, luego trabajador fabril.

80 Las entrevistas aquí trabajadas se realizaron a obreros y obreras vinculados al proceso de luchas que tuvo su punto culminé en marzo de 1976. Son, por ello, testimonios de una fracción del colectivo obrero, justamente de la porción más radicalizada. No reflejan la experiencia de todos los trabajadores, pero sí de una fracción especialmente relevante para entender el aumento de la conflictividad.

81 El testimonio hace referencia a la masacre ocurrida en Vitoria el 3 de marzo de 1976, en la cual Guillermo fue gravemente herido.

82 Aritza Sáenz del Castillo: «Las damas del hierro. El proceso industrializador desde una perspectiva de género, 1950-1975», en Antonio Rivera (dir.): Dictadura y desarrollismo. El franquismo en Álava, Vitoria, Ayuntamiento de Vitoria, 2009, pp. 219-254.

83 Su padre, republicano, fue asesinado por el franquismo, y su tierra robada.

84 Nacido en Cáceres en 1958, llegó a Vitoria con cinco años, su padre era obrero de la construcción.

85 José Antonio Pérez: Los años del acero. La transformación del mundo laboral en el área industrial del Gran Bilbao (1958-1977). Trabajadores, convenios y conflictos, Madrid, Biblioteca Nueva, 2001, p. 32.

86 Nacido en Vitoria en 1951, trabajador fabril desde 1969. Su padre era vitoriano y su madre migrante, llegada a trabajar como doméstica.

87 Carlos Carnicero: La ciudad donde nunca pasa nada..., p. 42.

88 Carlos Carnicero: «De la calma a la «revolución». La conflictividad laboral en el final de la dictadura, 1966-1976», en Antonio Rivera (dir.): Dictadura y desarrollismo. El franquismo en Álava, Vitoria, Ayuntamiento de Vitoria, 2009, pp. 255-290, esp. p. 284.

89 Andoni Txasko, de familia vitoriana, sesenta y tres años, trabajador fabril especializado.

90 Carlos Carnicero: La ciudad donde nunca pasa nada..., p. 59.

91 Ibid., p. 116.

92 Ibid., p. 117.

93 En los polos de desarrollo de Amazonas y Patagonia la amenaza ante los conflictos provenía sobre todo del Estado central: si no se aseguraba la «paz social», se provocaría la caída del proyecto industrializador. Para Vitoria ese chantaje provenía de los empresarios, aunque los gobernantes locales se hacían eco del mismo: si continuaba ese nivel de conflictividad, trasladarían sus fábricas a otras regiones, entre las cuales podían contarse los polos impulsados por el gobierno de España durante ese periodo.

94 Pueden buscarse elementos para dichas respuestas en los resultados de tesis doctorales, como Gonzalo Pérez Álvarez: Patagonia, conflictividad social y neoliberalismo. El noreste de Chubut (1990-2005), Buenos Aires, Imago Mundi, 2013, para Patagonia; Carlos Carnicero: La ciudad donde nunca pasa nada..., para Vitoria, o João Salazar: O novo proletariado industrial..., para Manaus. O en artículos específicos, como Gonzalo Pérez Álvarez: «A Study on the Contextual Features that Shaped the Formation of a Working Class Fraction: the Workers of Northeast Chubut (Patagonia, Argentina)», Workers of the World. International Journal on Strikes and Social Conflict, 1, 6 (2015), pp. 84-104.