Publicado 15-03-1997
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Resumen
Hace sólo algunas décadas, en pleno desarrollo del Estado del Bienestar, se llegó a creer que un ambicioso sistema de protección que combinase el crecimiento económico, la expansión del sistema productivo y la asistencia e intervención en las fracturas sociales sería la piedra filosofal que solucionaría la vieja cuestión social en las sociedades occidentales. Ciertamente, el Estado del Bienestar permitió una relativa integración de la mayoría de la clase obrera —que, incluso bajo formas poco igualitarias y conflictivas, se benefició de determinadas garantías en materia de seguridad en el empleo, de acceso a la educación y de participación en valores culturales comunes—, y, en general, supo asegurar durante varias décadas un notable incremento de la riqueza global y mejoras espectaculares —e históricamente desconocidas- en los niveles de vida de sectores muy considerables de la población. Sin embargo, estos burocratizados sistemas estatales de protección social estuvieron muy lejos de erradicar la pobreza y las desigualdades.