Publicado 15-06-2000
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Resumen
La Europa finisecular experimentó una profunda «revolución inteledual», que puso en cuestión las bases filosóficas del positivismo y de la Ilustración. Frente a la razón, lo irracional resurgía; lo que tuvo como consecuencia la decadencia de las ideologías políticas tradicionales: conservadurismo y liberalismo. En el caso de la derecha, la crisis trajo consigo la formulación de un nuevo conservadurismo radical, en el que la grandeza de la nación, entendida como organismo colectivo, y la crítica al proyecto de la modernidad tuvieron un lugar prioritario. Ello se vio favorecido posteriormente por el estallido de la Gran Guerra, por el triunfo de la Revolución bolchevique en Rusia, e igualmente por el subsiguiente proceso de reconstitución del sistema capilalisla experimentado en el grueso de las sociedades europeas. Los exponentes más claros de este nuevo conservadurismo fueron, en Francia, el nacionalismo integral, de Charles Maurras y su l'Action Française; y en Alemania, la llamada «revolución conservadora», de Oswald Spengler, Carl Schmill, Ollunar Spann, etc. La sociedad española no escapó a esle signo de los tiempos, ni a la influencia de estas ideas; pero lo hizo en una situación distinta a la de las sociedades francesa y alemana. Su atraso económico-social, su situación subordinada en el marco internacional, su no participación en la Gran Guerra, su menor nivel de secularización y de «nacionalización de las masas» hicieron que estas ideas, aunque influyentes, quedaran desdibujadas anle la preeminencia del conservadurismo católico-tradicional.