Published 1998-06-15
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Abstract
Sobre el sistema educativo del País Vasco se cierne la constante sospecha de que enseña unos contenidos fundamentalmente nacionalistas; que niegan a España y que intentan construir un pasado imaginario, mítico, basado en la apología de un País Vasco -de Euskadien continua, perpetua e histórica lucha contra el Estado opresor. O sea, contra España. A comienzos de 1998 la Ministra de Educación, en una fulgurante visita al País Vasco, lo dejaba claro: en el País Vasco se extiende el «fundamentalismo», afirmaba; y relacionaba este hecho con la extirpación de España en la enseñanza de la historia. En otras palabras, llegó a Vitoria, enunció su doctrina básica sobre una supuesta realidad educativa y luego marchó, dejándonos sumidos en la perplejidad. No fue larga su visita y fue quizás una suerte, pues así las tropelías argumentales no fueron mayores.
De entrada, hay que afirmar que su aseveración es sustancialmente falsa -perversamente falsa-, que responde a estereotipos en boga, pero inexactos, y que revela un pasmoso desconocimiento sobre lo que aquí sucede con la enseñanza de la historia. Ciertamente, no hay dudas sobre la amenaza del fundamentalismo en el País Vasco (el que esto firma y otros muchos historiadores lo han venido denunciando con alguna frecuencia). Pero resulta injusto e inexacto ponerlo en relación con la presunta ausencia de España en la enseñanza de la historia. No hay tal. Es un lugar común que, en conjunto, no se corresponde con la realidad. Basta una visión somera de los textos que se enseñan en el País Vasco y de la legislación que hayal respecto para comprobarlo...