Publicado 15-12-1999
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Resumen
Atadura se define en la lengua castellana como la acción y efecto de atar, o también la cosa con que se ata. Tal ocurre con el nacionalismo, que también ejerce de atadero, esto es, de lo que sirve para atar, o de la parte por donde se ata alguna cosa, y por eso gancho o anillo son sinónimos de atadero; o también atadero puede significar impedimento y sujeción. Matizan, por tanto, ambos conceptos lo que quiero plantear en este texto sobre el nacionalismo, sobre sus implicaciones sociales e ideológicas, cuya vigencia es tan insoslayable en estos momentos —junio de 1999— para la convivencia ciudadana en nuestro país. Me centraré en un nacionalismo que con excesiva frecuencia no se hace explícito porque se presenta paradójicamente como si no fuese nacionalista, como si fuese menos excluyente que otros, o como si tuviera la capacidad de ser compatible con varios, eso sí, dentro de su propio redil y bajo las reglas de juego marcadas con criterio superior. Me refiero al nacionalismo que podemos calificar como español —¿quizá españolista?— y que se amasó desde el propio Estado durante el siglo XIX, al establecer la identificación entre España como realidad política y como unidad nacional cultural, cuando lo eierto es que políticamente nacía eomo tal en ese mismo siglo y culturalmente se perfilaba como nación desde la hegemonía eastellana. Creo que este paradigma, fraguado sobre todo por la historiografía liberal, es el que nos sigue condicionando o atando de tal modo que impide abrir el concepto de España a un...