Publicado 15-09-1998
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Resumen
Imagino que los colegas que han concebido este coloquio esperan de los co-ponentes españoles que confronten su opinión con las sustentadas en los trabajos de sus colegas extranjeros. Implícitamente se supone que no han de ser las mismas; que no puede serlo la de quienes, además de tener por oficio la historia, la sufren o la heredan como ciudadanos, y la de quienes se han acercado a una historia ajena pero no la viven en su realidad diaria.
Para un contemporaneísta especialmente la diferencia es de peso: dedicar una tesis a la Guerra Civil o a las letras de los años de la República, a los inicios del socialismo o a un escritor del exilio en los años sesenta y setenta significaba, entre nosotros, una elección que comprometía muchos resortes de nuestra vida moral, que nos vinculaba o desvinculaba de la tradición de nuestras familias y que nos llevaba por vericuetos bibliográficos no siempre practicables. Y aparentemente para un extranjero no debía ser así... Pero ya no sabría decir si para un colega ultrapirenaico de la edad de Jean-François Botrel, que es la mía, una opción de esa naturaleza se sustanciaba simplemente en el plano profesional. Pertenecemos a una misma generación histórica y los reflejos son más o menos comunes: si nosotros teníamos la Guerra Civil y a Franco, ellos tenían la dramática experiencia de la ocupación, la resistencia y la colaboración. ¿,Y quién puede decir que las turbias luchas de la descolonización, o la crisis educacional de 1968, la experiencia moral existencialista o las fiebres estructuralistas no han sido también, de algún modo, referentes españoles? Quizá es la primera vez que esto ha ocurrido en la larga crónica del hispanismo...