Publicado 15-12-1998
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Resumen
1995 fue un gran año para la conmemoración. Medio siglo antes, según las narraciones dominantes en Occidente, la justicia había vencido a dos tiranías en pro de un nuevo paradigma de la historia mundial. Tales conmemoraciones no se debieron exclusivamente a que 50 sea un número redondo; la reciente eclosión provocada por la conmemoración de los sucesos de hace cincuenta años, la Segunda Guerra Mundial, pone de manifiesto que en nuestra época hay un mayor interés por la memoria y que ocupa un lugar central en los debates, del nivel local al nacional, en todos los ámbitos. Los medios de comunicación de masas y la industria del espectáculo conocen el infinito atractivo que tiene la nostalgia para los consumidores; los gobiernos celebran las derrotas y las victorias en la misma medida, y los movimientos sociales y otros grupos de identidad recurren a las historias «reprimidas» como causas que justifican su cohesión y sus programas políticos. Ya sea porque se nos venden unos pasados idealizados, porque impera una política generalmente marcada por el arrepentimiento, o por una tendencia a buscar una identificación histórica, es la nuestra una era en la que el pasado -real o imaginario- tiene una presencia dominante y problemática a la vez. De hecho, muchos expertos han visto en esta persistente conciencia histórica una característica emblemática de nuestra condición de contemporáneos. La memoria colectiva se ha convertido en un término muy popular en muchas disciplinas y entre la opinión pública...